Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Pita Galán, Científico Titular, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
El 16 de diciembre de 1668 Cosme de Médici, príncipe de la Toscana, y su séquito llegaban a Granada. Llevaban meses viajando por España, en un periplo donde el futuro gran duque pretendía conocer los países de su entorno. Su intención: establecer estrategias de futuro en sus relaciones diplomáticas y comerciales.
En este itinerario por la península ibérica, Granada constituía una parada obligada. Su pasado islámico y la gestión política, cultural y religiosa iniciada por los Reyes Católicos tras la conquista de la ciudad la hacían muy atractiva a ojos de los extranjeros.

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La estancia del príncipe y sus hombres quedó registrada en la crónica oficial del viaje, escrita por el diplomático Lorenzo Magalotti, un magnífico documento histórico y artístico conservado en la Biblioteca Laurenciana de Florencia.
Gracias a ella sabemos que la llegada a la ciudad se produjo de noche y con discreción. Su alojamiento granadino fue el convento de San Francisco y durante su estancia visitaron los principales edificios de la ciudad: la Alhambra, la Catedral y la Capilla Real, los monasterios de la Cartuja, San Jerónimo y del Sacromonte, los conventos de los jesuitas y de los dominicos y la basílica de las Angustias.
También recorrieron espacios todavía hoy emblemáticos como la calle Zacatín, la alcaicería, la plaza de la Bib-rambla, la Carrera de la Virgen y Plaza Nueva. Y mencionan edificios vistos desde el exterior como el palacio de la Chancillería, las Torres Bermejas o el desaparecido Castillo de Bibataubín.
Una mirada italiana
Según el texto, Granada les provocó sensaciones desiguales. Alabaron su ubicación y paisajes, describiendo la ciudad y su entorno como el lugar más bello, delicioso, encantador y poblado de España. Desde el punto de vista económico destacaron su industria textil y la fertilidad de la vega granadina. De su patrimonio señalaron la presencia de dos colegiatas, las iglesias y conventos de las órdenes mendicantes, además de la Alhambra y la Catedral.
Sin embargo, consideraron que la pobreza de los materiales de construcción y la estrechez y suciedad de las calles le restaban belleza.
Las impresiones sobre los monumentos granadinos reflejan el sesgo cultural de los italianos. Alaban edificios clasicistas como la Catedral, de la cual dicen que será uno de los edificios más bellos y nobles de España una vez que esté terminada; o el convento dominico de Santa Cruz, cuyo claustro es de las pocas que califican de bellísimas.
Pero la arquitectura “a la morisca” de la Alhambra no sólo no parece impactarles, sino que desprecian la abstracción de sus formas y proporciones anticlásicas. Describen la combinación de azulejos de colores a modo de zócalo, el uso de estucos con decoración de “arabescos” mezclados con caracteres árabes en los muros, y las techumbres de madera de formas diversas.
De lugares emblemáticos como el Patio de los arrayanes sólo mencionan el estanque y el mirto, cuya especie (el arrayán) es diferente a la conocida en Italia. De la sala de los Abencerrajes, la cúpula de mocárabes, la fuente central y su leyenda. Y del Patio de los leones, que se cierra mediante columnas “de imperfecta arquitectura” y que la fuente central está sostenida por leones “mal formados”.
Ante esta percepción no es de extrañar que lo más alabado del palacio fuera la decoración de las estancias construidas por Carlos V, especialmente la Sala de las frutas.
La vista de Granada
La crónica oficial del viaje se complementa con un conjunto de vistas panorámicas de los lugares transitados por los toscanos que salieron de los pinceles de Pier María Baldi.
El pintor viajó junto al príncipe tomando bocetos preparatorios que completaría meses más tarde en Florencia. Se trataba de un trabajo veloz en el que el artista debía capturar la esencia del lugar reflejando su entorno geográfico, perfil (lo que hoy llamamos skyline) y las características esenciales de sus principales edificios.
Baldi dispuso de dos jornadas para tomar los apuntes que le permitieron componer una de las vistas modernas más hermosas de Granada. Siguiendo el patrón marcado para unificar estos paisajes, la vista se realiza, aparentemente, desde un punto alejado de la localidad, pero situando en las inmediaciones del camino seguido por los italianos en su llegada a la ciudad.
En ella se pueden distinguir 23 edificios significativos, muchos de los cuales se conservan en la actualidad. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, el monasterio de la Cartuja, el Hospital Real, el convento de Santa Paula, Puerta Monaita, la Alhambra, las Torres Bermejas, la Catedral o el monasterio de San Jerónimo.
Sin embargo, las panorámicas de Baldi nunca responden a un único punto de vista. Se elegía un lugar desde el que se recomponían los elementos principales de la geografía de la ciudad –en este caso las colinas sobre las que se desarrolla la ciudad, los montes que rodean Granada y las cumbres de Sierra Nevada–. Posteriormente, se movía por el entorno para tratar de captar la mayor información posible sobre los edificios destacados.
En la vista granadina se detectan al menos dos puntos de vista principales desde el cual se construye la panorámica. Uno de ellos se encuentra en las inmediaciones del parque de Fuentenueva, y desde él se construye la mitad izquierda del dibujo. La derecha se realizó desde un punto no muy lejano del primero. Y en primer término sitúa el arranque de la vega representada como un vergel rico en árboles e instalaciones agrícolas como la granja.
¿Realidad o ficción?
A pesar de parecer una vista sólida que refleja la realidad arquitectónica de Granada en 1668, una mirada cuidadosa descubre incoherencias en la disposición de edificios e, incluso, invenciones mediante las cuales el artista resuelve la falta de información.
Entre las primeras una de las más evidentes corresponde a la orientación de la iglesia de San Ildefonso que se representa desde un punto mucho más desplazado hacia el sur. A la derecha de ella se aprecia un gran arco oscuro que podría corresponderse con el convento de la Merced. Sin embargo, el edificio no es en absoluto realista y no refleja la arquitectura del convento.
Dado el tiempo transcurrido entre la toma de los apuntes y la elaboración de las acuarelas, es muy posible que el pintor olvidase algunos de los detalles de los edificios representados, resolviéndolos de una manera visualmente solvente pero arquitectónicamente inadecuada.
En estudios sobre otras vistas de Baldi hemos demostrado que el artista completaba con su imaginación y conocimientos algunos elementos arquitectónicos de los cuales carecía de datos precisos, en ocasiones buscando completar una imagen más o menos elegante o grandiosa de la ciudad.
La vista de Granada está, entonces, parcialmente inventada pero resulta efectiva. O, como dirían los italianos, “se non è vera è ben trovata”.
El proyecto cuenta con el apoyo del The Medici Archive Project de Florencia, dirigido por Alessio Assonitis, experto internacional en los Medici, y del Centro Interdipartimentale di Ricerca sull’Iconografia della Città Europea, dirigido por Alfredo Buccaro, experto internacional en coreografías urbanas. Además, colaboran la Biblioteca Medicea Laurenziana y el Kunsthistorisches Institut de Florencia.
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Paula Pita Galán recibe fondos del proyecto de investigación PID2023-147647NB-I00 financiado por MCIU /AEI /10.13039/501100011033 / FEDER, UE, concedido para el período 2024-2027.
– ref. Un retrato de Granada de hace cuatro siglos: ¿realidad o invención? – https://theconversation.com/un-retrato-de-granada-de-hace-cuatro-siglos-realidad-o-invencion-280822
