No son inventos de la FIFA: Roma también tuvo sus palcos VIP

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Suárez Cortés, Investigador predoctoral (FPU) en Historia antigua, Universidad de Zaragoza

Gorodenkoff/Shutterstock

Los elevados precios de las entradas para el Mundial 2026 han generado un intenso debate. El sistema de precios dinámicos ha convertido los boletos en objetos de lujo. Por ejemplo, una localidad para el partido entre Colombia y Portugal de la fase de grupos costaba entre 2 600 y 26 000 dólares. Mientras tanto, las celebridades son invitadas por las marcas para disfrutar de una experiencia VIP en palcos privados.




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La situación en la antigua Roma era muy distinta: asistir al teatro era gratuito. También lo era ir a ver un combate de gladiadores o una carrera de carros.

Palcos VIP en la Roma antigua

Estos espectáculos o “juegos” (ludi) eran ofrecidos al pueblo por individuos de gran fortuna, que asumían personalmente todos los gastos de la organización. El objetivo de estas personas era aumentar su popularidad y obtener reconocimiento social. Los habitantes de Roma esperaban acudir cada año (gratuitamente) a una serie de espectáculos que se celebraban como parte de sus festividades religiosas (los Juegos Megalesios en abril, los Juegos Romanos en septiembre, los Juegos Plebeyos en noviembre…).

Así pues, el cambio de mentalidad entre el espectáculo antiguo y moderno es muy importante, especialmente en lo que refiere a su explotación económica. No obstante, esta diferencia no impidió que ya en la República romana surgieran discusiones similares a las que hoy provoca el Mundial.

Imagen del teatro romano de Pompeya
Teatro romano en Pompeya.
Wikimedia Commons, CC BY-SA

Por ejemplo, no tiene nada de nuevo reservar a los miembros más prominentes de la sociedad una serie de asientos separados del resto del público. En el año 194 a.e.c. se decidió que durante los espectáculos las primeras filas de asientos estarían reservadas para los senadores, la élite política y económica de Roma. Esto no fue bien recibido por muchos.

El historiador Tito Livio recogió una de las quejas planteadas entonces: “¿Por qué al rico le molestaba sentarse al lado de un pobre?”. La localidad ocupada se había convertido en un símbolo de la propia posición social.

Asientos reservados

Pasado un siglo, la medida seguía siendo polémica. El hecho de que el orador Cicerón, dependiendo del contexto inmediato en que hablaba, pudiera tanto alabarla como criticarla es buena muestra de ello.

En el 67 a.e.c. se dio un paso más en esta dirección. Una ley reservó también una serie de filas de asientos a los “caballeros” (equites), otra de las élites económicas de Roma junto a los senadores.

Según las fuentes antiguas, esta ley fue considerada por el pueblo como “una afrenta”. Nos han llegado incluso noticias de intercambios de insultos en las gradas entre caballeros y miembros de la plebe a este respecto.

La división de las gradas entre grupos sociales acabó consolidándose con el paso del tiempo y con nueva legislación. Los mejores asientos quedaron reservados para los VIP de la antigua Roma.

Fallida oportunidad de negocio

Otras medidas no tuvieron el mismo éxito. Este es el caso del intento, en el siglo II a.e.c., de anular el carácter gratuito de los espectáculos. Para comprender esta tentativa debemos tener en cuenta que en la ciudad de Roma no hubo teatros o anfiteatros permanentes hasta muy tarde.

El teatro de Pompeyo es del 55 a.e.c. y el Coliseo del 80 e.c. Previamente, los juegos tenían lugar en estructuras temporales de madera o en espacios abiertos como el foro.

Relieve mostrando combates entre gladiadores
Combates de gladiadores. Relieve hallado en Lucus Feroniae.
carolemage/flickr, CC BY-SA

Con ocasión de una serie de combates gladiatorios que se iban a celebrar en el foro en el 122 a.e.c., varios magistrados vieron una oportunidad de hacer negocio. Construyeron gradas y aunciaron que iban a cobrar la entrada a las butacas. Podemos imaginar que las estructuras de madera bloquearían la visión a todo aquel que no se encontrase sentado en ellas. Por lo tanto, los ciudadanos tenían dos opciones: abonar el precio o no ver las luchas de gladiadores.

Ante esta situación, el tribuno de la plebe Gayo Sempronio Graco decidió actuar. Primero, ordenó a los magistrados que retirasen los graderíos para que “los pobres pudiesen ver desde allí sin pagar”. Ante la negativa que recibió, decidió acudir al foro, la noche previa a la celebración del espectáculo, con una cuadrilla de obreros. Cuando amaneció, las gradas habían desaparecido. Gayo Graco las había desmontado y, así, el espectáculo volvía a ser gratuito. Según el biógrafo Plutarco, el pueblo le consideró por esta acción “un hombre íntegro”.

Activista romano

La acción de Graco no fue mera demagogia. Se enmarcaba dentro de un programa político y económico más amplio. Por ejemplo, entre sus diversas iniciativas estuvo la promoción de una ley para distribuir trigo a precio subvencionado entre la población de Roma. El rechazo de la mayoría senatorial a estas políticas, en un contexto de polarización, fue, de hecho, lo que le llevó a la muerte. Por tanto, su maniobra aquella noche fue más bien activismo ideológico.

Hace mucho tiempo que las gradas reflejan las jerarquías sociales y económicas. Sin embargo, la explotación económica del acceso a los espectáculos es un fenómeno mucho más reciente. La comparación entre los “juegos” antiguos y el fútbol moderno nos permite comprender cómo ha evolucionado el pensamiento económico en los últimos 2 000 años.

The Conversation

Carlos Suárez Cortés recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación.

Silvia Lacorte no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. No son inventos de la FIFA: Roma también tuvo sus palcos VIP – https://theconversation.com/no-son-inventos-de-la-fifa-roma-tambien-tuvo-sus-palcos-vip-286631