Dioses, héroes y fútbol: por qué la mitología clásica sigue jugando al balompié

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Albitre Lamata, Profesora ayudante doctora, experta en lengua española, Universidad Complutense de Madrid

Unai Simón, portero de la Selección Española en el partido de Portugal contra España en la final de la Liga de Naciones de la UEFA 2025. Mikolaj Barbanell/Shutterstock

Vivimos en la era del fútbol moderno, un ecosistema dominado por los mapas de calor, las estadísticas de posesión y la precisión milimétrica del VAR. Sin embargo, cuando la pelota echa a rodar, toda esa frialdad tecnológica desaparece. De pronto, el estadio vuelve a ser un templo, los jugadores se transforman en héroes y la grada exige sangre, sudor y lágrimas.

¿Por qué ocurre esto? Porque el fútbol ha absorbido la función social que en la Antigüedad cumplían los mitos clásicos. Y, aunque no nos demos cuenta, el deporte está plagado de guiños directos a las leyendas de Grecia y Roma.

Héroes en el escudo: la identidad del club

La mitología clásica se pone las botas de tacos de diferentes formas. Una de ellas es a través de los nombres de clubes históricos europeos. No son elecciones casuales, son declaraciones de intenciones. Al elegir el nombre de un mito, los fundadores del club pretendían transferir las cualidades de ese héroe a sus once jugadores.

Pensemos en el Ajax de Ámsterdam, uno de los clubes más laureados de Europa. Su nombre rinde homenaje a Áyax el Grande, el heroico guerrero de la Ilíada que, junto a Aquiles, lideró el asedio a Troya. Áyax era famoso por su tamaño colosal, su valentía inquebrantable y por ser el único héroe que nunca necesitó la ayuda directa de los dioses para ganar sus batallas. ¿Qué mejor nombre para un equipo que ganó tres copas de Europa –antigua Liga de Campeones– seguidas? Tuvieron que pasar más de cuarenta años para que otro equipo, el Real Madrid, repitiese esta gesta.

En los Países Bajos también encontramos al Sparta de Róterdam, un guiño directo a Esparta, la polis griega que hizo de la disciplina férrea, la austeridad y el sacrificio colectivo su seña de identidad; valores que cualquier entrenador firmaría para su línea defensiva.

Igual de poético es el caso de la Atalanta, el equipo de la ciudad italiana de Bérgamo. Toma su nombre de la heroína griega Atalanta, una cazadora infalible que juró mantenerse virgen y que desafiaba a sus pretendientes a una carrera: solo se casaría con quien lograra vencerla, mientras que los perdedores pagarían con su vida.

Según el mito, Atalanta y quien finalmente la venció y se convirtió en su esposo, Hipómenes, fueron castigados por la diosa Cibeles, quien los transformó en leones para que tiraran eternamente de su carro sin poder ni siquiera mirarse. Esos mismos leones son los que esculpió Ventura Rodríguez en la famosa fuente de Cibeles en Madrid. Así que cada vez que el Real Madrid celebra un título de fútbol en su icónica fuente lo hace alrededor de la mismísima Atalanta.

Fuente de Cibeles en Madrid, con los leones Atalanta e Hipómenes tirando del carro.
Fuente de Cibeles en Madrid, con los leones Atalanta e Hipómenes tirando del carro.
Carlos Delgado/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Esta conexión divina con el fútbol no termina ahí. La rivalidad de la capital española se traslada también al Olimpo, ya que el otro gran equipo de la ciudad, el Atlético de Madrid, organiza sus fiestas en otra fuente vinculada a la mitología: la de Neptuno. Así, el derbi madrileño deja de ser un simple partido para convertirse en un duelo cósmico entre la Madre Tierra (Cibeles) y el rey del mar (Neptuno).

La resistencia hispana: de Hércules a Numancia

El fútbol español tampoco se queda atrás en estos guiños hacia la Antigüedad Clásica. En Alicante juega el Hércules C. F., bautizado así para infundir respeto a sus rivales, invocando al semidiós romano (Heracles en la mitología griega) famoso por su fuerza sobrehumana y sus doce trabajos imposibles.

En Soria lo hace el C. D. Numancia. Al adoptar el nombre de la ciudad celtíbera que resistió heroicamente el asedio del Imperio Romano durante 20 años antes de suicidarse en masa, el club soriano reivindica con su nombre el mito de la rebeldía y la resistencia ante el poderoso: el mito de David contra Goliat. De hecho, en el periodismo deportivo actual es muy habitual hablar de una “defensa numantina” cuando un equipo se encierra en su área para resistir los ataques de un rival, muchas veces superior.

La obra representa el momento en que los últimos defensores de la ciudad hispana de Numancia se dieron muerte a sí mismos a fin de impedir que fueran capturados vivos por los romanos, que en esta obra aparecen entrando en la ciudad mientras los numantinos
Numancia de Alejo Vera y Estaca.
Museo del Prado/Wikimedia Commons

Unai Simón, Vozinha o Courtois: cuidadores de las puertas del inframundo

Más allá de los nombres propios de los equipos, el lenguaje que utiliza el periodismo deportivo cada partido conecta directamente en la Antigüedad. Las crónicas hablan de choque de titanes, de talones de Aquiles, de esfuerzos maratonianos y de tragedias en el minuto 93. Pero hay un término por encima de todos que demuestra esta pervivencia del mito: el cancerbero.

Estos días es muy común leer titulares como “Vozinha: el cancerbero que está siendo la sensación del Mundial” para referirse al portero de Cabo Verde. Esta metáfora nos transporta de nuevo a la mitología griega, donde Cerbero era el perro de tres cabezas y cola de serpiente que guardaba las puertas del Hades. Su misión era asegurar que los muertos no salieran y, sobre todo, que los vivos no pudieran entrar al infierno sin permiso. En un partido de fútbol, la portería es ese inframundo sagrado, y el guardameta es el perro fiero, solitario e infranqueable que debe evitar a toda costa que el balón cruce la línea y profane su territorio.

El Mundial de 2026 vuelve a recordar que el lenguaje no es inocente. Las palabras que elegimos moldean la forma en la que entendemos la realidad. Que sigamos utilizando a Hércules, a Atalanta, a la defensa numantina o al guardián del inframundo para describir un partido de fútbol demuestra algo maravilloso: los mitos clásicos no están muertos ni encerrados bajo llave en bibliotecas. Siguen vivos, latiendo partido a partido, explicándonos que, aunque pasen miles de años, seguimos necesitando héroes, relatos de resistencia y epopeyas colectivas para emocionarnos y dar sentido a nuestra comunidad.


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The Conversation

Paula Albitre Lamata trabaja para la Universidad Complutense de Madrid.
Financiación del proyecto de I+D IMCORDIS II (PR27/25-32466) de la Universidad Complutense de Madrid.

ref. Dioses, héroes y fútbol: por qué la mitología clásica sigue jugando al balompié – https://theconversation.com/dioses-heroes-y-futbol-por-que-la-mitologia-clasica-sigue-jugando-al-balompie-285982