La conversación docente: el lenguaje es riqueza, y está mal repartida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

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No es que yo sea una persona melancólica o con tendencia a idealizar el pasado, pero a veces los objetos nos tienden emboscadas imposibles de resistir. Buscando otra cosa en un cajón, aparece un CD etiquetado “Graduación infantil”, por ejemplo, y qué difícil es reprimir las lágrimas viendo fotos de un montón de niños y niñas de cinco años subidos a un escenario disfrazados de flores.

Superado el ataque de nostalgia, hay algo especial en esa etapa de la vida en la que se abren tantas posibilidades. A esa edad lo tenemos todo por delante. Y nuestras mentes tienen capacidades asombrosas. El cole es una promesa de desarrollarlo, un proyecto común que supera contextos particulares y ofrece la oportunidad de enfrentarse en igualdad de condiciones (sin dejar de ser profundamente diferentes) al futuro.

Pero… ¿Y si les dijera que antes incluso de empezar primaria, a los 3 años, entre esas tiernas vocecitas infantiles se perciben ya diferencias enormes que condicionan sus probabilidades de éxito académico, y con ello, sus posibilidades de mejorar el estatus socioeconómico?

Los datos nos dicen que la educación pública no está logrando su objetivo de equidad, pues sistemáticamente sacan mejores notas y les va mejor a los alumnos de entornos favorecidos. Francisco Lorenzo, Adrián Granados Navarro y Ana Cabrera-Zlotnick, de la Universidad Pablo de Olavide, han investigado el papel del lenguaje en estos resultados. La desigualdad actúa a través de nuestra manera de expresarnos, explican en su artículo, “y lo hace de una manera tan silenciosa y tan temprana que para cuando el sistema educativo la detecta, ya es demasiado tarde.”

Hablan de capital cultural y de sociolectos (de las diferencias en la manera de expresarse y comunicarse de distintos grupos socioeconómicos). De la cantidad de palabras que un niño escucha desde su nacimiento en el hogar y el entorno directo, que pueden ser hasta 30 millones más en unos casos que en otros. De la complejidad de las estructuras gramaticales que se usan a su alrededor. También de dinámicas familiares determinantes: la costumbre de razonar en voz alta, de preguntarse el porqué de las cosas, de construir argumentos.

Y, sobre todo, de cómo y si la escuela está sirviendo para apoyar y construir este capital lingüístico cuando de verdad es clave y puede marcar la diferencia. Y de lo importante que es que los docentes no den por hecho que hay niños que se expresan mejor, niños que “da gusto con ellos”, que escriben espontáneamente bien en sus exámenes, a los que se premia desde el inicio por una ventaja de partida.

No se trata solo de mejorar, aunque también, la manera en la que enseñamos a vocabulario y gramática, o la manera en la que desde infantil animamos y ayudamos a la expresión oral. Se trata sobre todo de hacer explícitas las convenciones lingüísticas de cada materia y no darlas por hecho. Explicando, por ejemplo en Historia, no solo qué pasó, sino cómo se habla de lo que pasó. Es la única manera de romper esa barrera invisible que supone el lenguaje escolar o académico y hacerlo accesible para todos como herramienta de justicia social.

Estas semanas hemos hablado, además, de inteligencia artificial: qué ocurre cuando una herramienta se mete en territorios de toma de decisiones que antes solamente pertenecían a los docentes; cómo lograr que los estudiantes la usen con autocontrol y prudencia; y cómo analizando los tipos de respuesta que da cada una de estas herramientas comerciales (Chat GPT, Gemini y Claude) podemos entender por qué ofrecen los resultados que ofrecen y usarlas mejor. Nos hemos preguntado si los grupos de whatsapp de padres y madres ayudan o entorpecen la convivencia escolar; de los motivos para hacerse profesor de secundaria y cómo influyen en la formación docente; de por qué están tan cansados lo docentes; de exámenes orales grupales, de un libro con aplicaciones en el aula, y de si aprender a leer en un idioma u otro influye en la dislexia.

The Conversation

ref. La conversación docente: el lenguaje es riqueza, y está mal repartida – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-el-lenguaje-es-riqueza-y-esta-mal-repartida-285740