Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Varo Varo, Catedrática de Lingüística General en la UCA, investigadora del Instituto de Lingüística Aplicada (ILA). Semántica léxica, déficits semánticos y perfiles lingüísticos en trastornos ddel neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas, Universidad de Cádiz
Hay familias que llevan años en lo que los especialistas llaman un limbo diagnóstico: saben que “algo” ocurre, pero ninguna prueba lo confirma con suficiente claridad. A veces se trata de un hijo que, superando los umbrales mínimos en las pruebas estandarizadas, tiene “algo” que no encaja. Otras es un mayor en el que “algo” ha cambiado, pero de una forma difícil de explicar. En estos contextos, deberíamos prestar más atención al lenguaje.
Puesto que tendemos a pensar en el lenguaje como un instrumento de comunicación social, los problemas de lenguaje son entendidos como aquellos que interfieren con esa función comunicativa. En estos casos, la intervención consiste, fundamentalmente, en restaurarla o, al menos, compensarla.
Este enfoque funcional relega a un segundo plano el hecho de que en el lenguaje también se proyectan los principales mecanismos de la cognición: la memoria, la atención, la categorización, la función ejecutiva, e incluso la emoción.
De hecho, el análisis lingüístico no solo nos informa sobre las competencias relacionadas con lenguaje sino, de manera especial, sobre la arquitectura cognitiva de cada persona.
Cuando el lenguaje se deteriora
Cuando el lenguaje se deteriora o se desarrolla de forma atípica no lo hace al azar: sigue patrones que reflejan la peculiar organización de los sistemas cognitivos subyacentes.
La neuropsicología cognitiva distingue dos sistemas de memoria con sustratos cerebrales diferenciados.
Por un lado, la memoria declarativa actúa como un almacén mental para hechos y palabras. De ella dependen tanto el vocabulario como la capacidad para captar la intención de un mensaje en su contexto social.
Por otro lado, la memoria procedimental se encarga de las habilidades y secuencias automatizadas. Este sistema gestiona la arquitectura estructural del lenguaje, desde la combinación de sonidos hasta la formación de palabras y la construcción de oraciones.
A partir de esta distinción, la mirada clínica permite interpretar perfiles lingüísticos que, a primera vista, resultan desconcertantes.
Corta pero no es un cuchillo
Imaginemos un paciente que, cuando habla, construye oraciones gramaticalmente válidas pero vacías de contenido semántico. Por ejemplo, dice: “necesito algo para cortar… no es un cuchillo… algo que corta” para referirse a un serrucho. Se trata de una disociación entre fonología y gramática frente al léxico que puede alertar de que hay una demencia semántica.
Este patrón tan específico puede indicar la atrofia de una zona del cerebro llamada neocórtex temporal izquierdo, región cerebral que funciona como el centro logístico de nuestros conceptos y conocimientos.
Torpeza en el discurso y torpeza motora
La disociación puede encontrarse también en dirección contraria. Pensemos en una niña de diez años con una alteración genética poco habitual con un discurso lento, que tiende a acumular comienzos oracionales (“Ella…es que… es que… es que ella quería…”), con largas pausas y excesivas autocorrecciones. Es el rastro de una mente que sabe lo que quiere decir, pero que lucha contra la maquinaria que se ocupa de unir las piezas.
Su comprensión y su vocabulario son excelentes, incluso es capaz de producir expresiones como “Va al cole guapa vestida”, donde el orden está alterado pero el sentido es nítido. O puede construir frases como “Conmigo se lleva bien de generosa”, que muestran cómo su mente ha fusionado dos estructuras distintas en el intento de ensamblar el mensaje.
Este perfil, que suele acompañarse de torpeza motora y dificultades atencionales, muestra que el problema no está en el conocimiento del mundo o el almacén de conceptos, sino en la maquinaria encargada de secuenciar y automatizar las reglas del lenguaje.
El diagnóstico del lingüista
¿Cómo puede la lingüística ayudar en estos casos? La clave no está en analizar el habla espontánea en situaciones reales, en las que la mente debe gestionar el lenguaje, a la vez que la atención y la memoria. No se trata simplemente de hacer un inventario de errores –como quien cuenta piezas rotas–, sino de interpretar esos fallos como un mapa coherente. Al observar qué piezas fallan y cuáles resisten, el lingüista puede realizar un diagnóstico funcional: una explicación detallada de cómo está organizado el cerebro de esa persona.
Así, el lenguaje deja de ser el problema para convertirse en la herramienta que nos dice exactamente dónde necesita apoyo la paciente.
Desde trastornos del neurodesarrollo hasta enfermedades neurodegenerativas
Esto vale tanto para los trastornos del neurodesarrollo (en niños) como para las enfermedades neurodegenerativas en sus fases iniciales (en mayores). En ambos, casos, los cambios en el lenguaje suelen preceder a la confirmación diagnóstica por otras vías. Y se puede llevar a cabo sin procedimientos invasivos y con un impacto directo sobre la calidad de vida cotidiana.
Hay veces en que falla la fluidez verbal en la categorización semántica, es decir, al organizar y clasificar los significados. Por ejemplo, cuando una persona, al tratar de decir “tenedor”, es incapaz de decidir entre la palabra correcta y opciones como “cuchara” y “cuchillo”, que se encuentran semánticamente cercanas.
Si alguien pierde la especificidad del contenido de forma progresiva, por ejemplo pasando de decir “canario” a “pájaro”, hasta finalmente referirse a él como “animal” o “bicho”, hablamos de un deterioro de la memoria semántica a largo plazo.
La importancia de identificar lo que está preservado
La terapia más eficaz no es la que intenta reconstruir lo que se ha perdido o nunca se desarrolló de manera típica, sino la que identifica lo que está preservado y lo convierte en apoyo para lo que ya está comprometido.
En el adulto con demencia semántica en fase temprana, las rutas fonológica y gramatical intactas sostienen todavía durante un tiempo la comunicación que el vaciamiento semántico –esa pérdida progresiva de los conceptos y los nombres de las cosas que deja el lenguaje como una estructura hueca– irá erosionando.
En la niña con la alteración genética, su excelente capacidad para entender la intención del otro, respetar los turnos de palabra y usar el contexto para hacerse entender nos permiten construir estrategias de comunicación funcional eficaces.
Aprender a leer esos patrones, en lugar de simplemente catalogar déficits por niveles lingüísticos, es lo que convierte el análisis del lenguaje en un instrumento de diagnóstico cognitivo temprano.
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Carmen Varo Varo recibe fondos de: Proyecto: «Estudio neurocognitivo longitudinal y transversal de las capacidades acústico-perceptivas y la función lingüística en niños prematuros», Proyecto de Excelencia (Modalidad Reto Consolidado): «Estudio psicolingüístico longitudinal de niños con cromosomopatías de baja prevalencia» y Proyecto de Investigación (Responsabilidad Social): «Herramientas para la evaluación y rehabilitación del lenguaje en niños con cromosomopatías de baja prevalencia».
– ref. Escuchar cómo habla una persona puede cambiar su diagnóstico (y su vida) – https://theconversation.com/escuchar-como-habla-una-persona-puede-cambiar-su-diagnostico-y-su-vida-277159

