Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Sánchez Navas, Editor. Delegación México, The Conversation

La historia se cuenta siempre desde la guerra y no desde la paz. Los dirigentes políticos actuales lo saben y usan esas narrativas sesgadas, que privilegian el lado bélico y confrontativo del pasado, para poner a la opinión pública al servicio de sus estrategias de poder.
La respuesta a esta beligerante y oportunista tendencia consiste en auscultar los acontecimientos históricos con el fonendoscopio preciso de la ciencia y el tacto sutil de la cultura. Una fórmula interpretativa que nos aísla del ruido y las alharacas y permite tirar de un hilo que engasta perlas de diálogo, convivencia y aprendizaje mutuo.
Ese hilo conecta la Real Academia Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales con su homóloga de México. A finales del siglo XIX, la primera, en cuya nómina figuraban José Echegaray, Blas Cabrera o Santiago Ramón y Cajal, sirvió de inspiración a la segunda. Esta última no le iba a la zaga en conocimiento: Mariano Bárcena y Vicente Riva Palacio, artífices de las principales instituciones científicas mexicanas, estaban al timón.
Nos lo cuenta el investigador y divulgador de la Universidad de Guadalajara, Juan Nepote, para quien la memoria acerca de estos vínculos constituye “una invitación a no borrar la historia de colaboración científica que ha unido a España y México”.
Ese fértil vínculo nos devuelve con justicia al presente algunos nombres propios. El ya mencionado Blas Cabrera, rector de la Universidad Central de Madrid, presidente de la Sociedad Española de Física y Química y amigo personal de Einstein, quien encontró reposo en el exilio mexicano tras ser represaliado por las dos Españas.
También hallamos esa conexión España-México en la biografía del músico Gustavo Pittaluga. Su periplo dibuja puentes de talento, arte y compromiso, que asimismo atravesó María Zambrano, primera mujer en obtener el Premio Cervantes. Un premio que, por cierto, ha recaído en su última edición en el escritor mexicano Gonzalo Celorio, quien se ha declarado discípulo del exilio español.
La cultura popular sirve igualmente de ejemplo para ese círculo virtuoso que desmiente la dialéctica sobre la conquista gracias a los ecos de la poesía y el flamenco de los cantes de ida y vuelta. Un acervo artístico con raíces en el comercio y la transmisión humana, fundamental para el arraigo de los emigrantes y exiliados españoles que llegaron en oleadas a México y otros países latinoamericanos a lo largo del siglo XX.
Este venero cargado de dignidad, memoria y creación humana es el que reivindican las autoridades de España y México para reconducir la relación entre ambos países. La diplomacia cultural está jugando un papel esencial en esa estrategia de acercamiento, como manifestó la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, inaugurada en Madrid el pasado otoño, coincidiendo con las celebraciones del año de la mujer indígena en ese país.
Otros hitos recientes han puesto de relieve lazos de respeto y miradas que acercan. Es el caso de la concesión en 2025 del Premio Princesa de Asturias de la Concordia al Museo Nacional de Antropolgía de México y el de las Artes a la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide. Aunque ajenos a las lógicas políticas o institucionales, estos reconocimientos expresan esa convergencia fraterna desde lo cultural.
En 2022 había recibido este mismo galardón en la categoría de Ciencias Sociales el arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma, referente de las excavaciones del Templo Mayor de Tenochtitlán. Un par de años antes, en 2020, la Feria Internacional del Libro (FIL), organizada por la Universidad de Guadalajara, se alzaba con el de Comunicación y Humanidades. Una feria que tuvo como invitada de honor a España en su edición 2024 y a la ciudad de Barcelona en 2025, hecho análogo al ocurrido con FITUR, la gran cita del sector turístico español, que ha convertido a México en su socio este 2026.
No estamos ante una ecuación de intereses cruzados en un delicado momento geopolítico. Tampoco ante los frutos maduros del milagro de una lengua compartida. Se trata de una urdimbre de sueños, comunidades y trayectorias personales, hilvanados cuidadosamente a través del tiempo, que difícilmente podrán destejer simplificaciones históricas interesadas.
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– ref. La selección: México y España, ciencia y cultura de ida y vuelta – https://theconversation.com/la-seleccion-mexico-y-espana-ciencia-y-cultura-de-ida-y-vuelta-283398
