Source: The Conversation – (in Spanish) – By Salvador Sánchez Tapia, Profesor de Análisis de Conflictos y Seguridad Internacional, Universidad de Navarra

En declaraciones hechas en uno de los momentos más bajos de las relaciones transatlánticas desde 1945, el canciller alemán, Friedrich Merz, refiriéndose a las negociaciones mediadas por Pakistán, opinó que Estados Unidos está “siendo humillado por el liderazgo iraní.” En airada respuesta, el secretario de Guerra De Estados Unidos, Pete Hegseth, anunciaba hace unos días la intención de retirar de territorio alemán 5 000 de los más de 35 000 soldados norteamericanos actualmente desplegados en alguna de las cuarenta instalaciones que Estados Unidos mantiene en ese país.
El anuncio es algo oportunista, pues la reducción podría haber estado prevista desde antes de la declaración de Merz. Lo importante, sin embargo, es que, de nuevo, la administración norteamericana hace un uso instrumental de las bases como elemento coercitivo, como ya hizo días antes en España e Italia acogiéndose a su “falta de apoyo” a la guerra con Irán.
No está de más, por tanto, hacer ahora una reflexión sobre el sistema norteamericano de bases militares, su significado y su valor.
Hay bases militares desde la guerra del Peloponeso
El uso de bases militares es tan antiguo como la propia historia de la humanidad. En su Historia de la guerra del Peloponeso, Tucídides relata cómo Esparta establece una en Decelia para facilitar la derrota final de Atenas.
Más recientemente, Gran Bretaña apuntaló su imperio gracias a una tupida red global de instalaciones para el carboneo de los buques de la Royal Navy.
Hoy, países como el propio Reino Unido, Francia, Italia, Japón o China mantienen despliegues militares permanentes en bases allende sus fronteras, aunque de entidad relativamente reducida si se compara con la presencia militar exterior norteamericana, cifrada en unos 180 000 soldados estacionados permanentemente en no menos de 68 bases principales dispersas por todo el mundo.
Interés estrategico
Los Estados no abren bases por filantropía, sino por interés estratégico. En el caso concreto de Estados Unidos, las bases le ayudan a posicionarse de una manera ventajosa frente a potenciales rivales o enemigos. También permiten reducir el plazo de respuesta ante eventuales ataques y mejorar su conocimiento y alerta sobre posibles escenarios de empleo de sus fuerzas mediante, por ejemplo, la instalación de sensores.
Asimismo, facilitan la proyección de fuerzas desde esos escenarios, permiten el apoyo logístico a fuerzas en tránsito, o reducen los costes de transacción en los que se incurriría de no existir dichas instalaciones y hubiera que negociar su apertura ad hoc.
Junto a esas ventajas, la instalación y uso de bases comporta también un importante coste económico y, a veces, diplomático. Por regla general, establecer bases requiere el consentimiento soberano de la nación anfitriona, que a veces se obtiene negociando desde una posición de desigualdad. Así ocurrió en los casos de Alemania y Japón, inermes después de la guerra, ofreciendo, además, contraprestaciones para hacer más aceptable el acuerdo.
En otras ocasiones, su apertura es traumática, como sucedió en el caso del atolón de Chagos y la isla de Diego García, que implicó la deportación de unos 2 000 nativos chagosianos.
Cómo instala EE. UU. sus bases
Cuando decide instalar una base, Estados Unidos suscribe un acuerdo internacional con el Estado que la acoge en el que se detallan aspectos como los siguientes: los términos de la cesión, los límites al uso de la base y las autorizaciones específicas que deba hacer el Estado anfitrión y –muy importante– el estatus legal, fiscal y jurídico del personal que la ocupa.
Frecuentemente, como sucede en el caso de España, las bases son de uso compartido. La nación anfitriona obtiene importantes ventajas de la instalación de bases norteamericanas. En primer lugar, la convierte en un punto de interés preferencial para la seguridad de Estados Unidos, lo que puede disuadir a otros de cualquier intento de desestabilización o, en último extremo, agresión. La presencia de medios militares norteamericanos otorga, así, un plus de protección a la nación que los acoge –piénsese, por ejemplo, en lo ventajoso que es para España contar con ciertos medios de la US Navy en la base de Rota–, y puede granjearle un trato preferencial.
En el terreno económico, la presencia de bases militares norteamericanas puede comportar un importante impulso a zonas relativamente deprimidas como la Bahía de Cádiz.
Cómo surgen los problemas
No todo son ventajas, sin embargo. El despliegue de fuerzas militares norteamericanas en un país lo convierte, automáticamente, en objetivo potencial –en el caso más extremo, incluso nuclear– en conflictos en los que, en otras circunstancias, no estaría implicado.
Puede, también, ser un elemento de fricción indeseada entre usuario y anfitrión en casos en los que ambos difieran sobre la legitimidad de una causa que requiera el empleo de las bases. Las bases militares sirven, como se ha dicho, a los intereses estratégicos de la potencia que las despliega. Su número, ubicación, tipo y dimensiones están, por tanto, supeditados a esos intereses.
La disminución de la huella militar norteamericana en Europa es coherente con el incremento del interés de Estados Unidos en el Indo-Pacífico y con su voluntad de que el viejo continente asuma mayores cotas de responsabilidad en su propia defensa. Pero no tiene por qué ser preocupante si se hace con arreglo a un plan coordinado con los aliados que garantice el anclaje norteamericano a la seguridad continental.
La administración norteamericana puede optar por castigar a sus socios díscolos con el cierre de bases. Sin duda, estos sufrirán, pero también lo harán los propios intereses estratégicos de Estados Unidos, que perderá puntos de apoyo ya establecidos en Europa. Esto conduciría a destejer la tupida red de aliados y socios que fabricó pacientemente durante décadas y que tan útil le ha resultado.
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Salvador Sánchez Tapia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Dónde están y cómo se establecen las bases militares de EE. UU., el arma con la que Trump castiga a sus aliados – https://theconversation.com/donde-estan-y-como-se-establecen-las-bases-militares-de-ee-uu-el-arma-con-la-que-trump-castiga-a-sus-aliados-282938
