El impacto psicológico de la cuarentena a bordo de un crucero

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jilly Gibson-Miller, Senior Lecturer in Psychology, University of Sheffield

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El MV Hondius zarpó de Ushuaia (Argentina) el 1 de abril. A los pocos días, un pasajero cayó enfermo. En cuestión de semanas, el viaje se convirtió en el centro de una respuesta sanitaria internacional tras detectarse casos del hantavirus Andes. A principios de mayo, varias personas habían fallecido. A estas alturas, los pasajeros y la tripulación han abandonado el barco, pero muchos se enfrentan ahora a la cuarentena y al seguimiento médico, además de a un intenso escrutinio público.

En definitiva, para los afectados la amenaza no es solo médica: también es psicológica. Los hantavirus son una familia de virus que suelen transmitirse a los seres humanos a través del contacto con roedores infectados o con su orina, excrementos o saliva. El hantavirus Andes es inusual porque también se han registrado casos de transmisión limitada de persona a persona.

Para los pasajeros y la tripulación, esto implica convivir con una amenaza grave, desconocida y difícil de evaluar. Además, lo hacen bajo la atenta mirada de los medios de comunicación de todo el mundo, en el centro de una respuesta médica de emergencia internacional, mientras se enfrentan a un aislamiento imprevisto lejos de casa. Se trata de un tipo particular de tensión psicológica.

La cuarentena les obliga a convivir con una difícil mezcla de miedo, incertidumbre y pérdida de control. Y las investigaciones nos indican que nuestra capacidad para tolerar la incertidumbre está estrechamente relacionada con nuestros niveles de angustia.

Un incidente similar ocurrió durante la pandemia de covid-19, cuando el crucero Diamond Princess estuvo en cuarentena durante varias semanas. Durante ese tiempo, los pasajeros experimentaron miedo a contagiarse, hipervigilancia –estar constantemente en alerta, escudriñando el cuerpo o el entorno en busca de señales de peligro–, preocupación por sus síntomas físicos y dificultad para dormir. Todas estas son características comunes de la ansiedad.

El coste psicológico del aislamiento

Ante un brote, las autoridades sanitarias suelen pedir a las personas que mantengan la distancia, se aíslen, ventilen los espacios compartidos, usen mascarillas y se laven las manos para reducir el riesgo de transmisión. Ese aislamiento social conlleva un coste psicológico. Las personas que se encuentran aisladas en cuarentena en hoteles, hospitales u otros entornos controlados pueden ser más propensas a sufrir ansiedad, trastornos del ánimo y problemas de sueño, especialmente si no pueden salir al exterior o mantener el contacto habitual con otras personas.

El modelo de autorregulación basado en el sentido común puede ayudar a entender lo que los pasajeros del MV Hondius están experimentando. Este modelo sugiere que, cuando las personas se enfrentan a una enfermedad, intentan dar sentido a dos cosas a la vez: lo que la enfermedad significa para ellas y las emociones que experimentan. Estas percepciones determinan qué estrategias de afrontamiento emplean.

Por ejemplo, cuando las personas pierden el control y creen que las consecuencias de la infección podrían ser graves, es más probable que experimenten angustia y pánico. “He estado expuesto, podría enfermar, podría morir”, puede pensar un pasajero. Pensamientos como estos pueden intensificar las reacciones emocionales, aumentar la percepción de peligro y desembocar en el uso de estrategias de afrontamiento poco útiles, como la comprobación repetida de síntomas, la rumiación, la ira o el aislamiento.

Por eso, durante un brote, es tan importante disponer de información precisa y coherente. Incluso reconocer con honestidad lo que aún se desconoce puede generar confianza de forma más eficaz que dar falsas garantías. Con una comunicación clara, a largo plazo la mayoría de las personas terminan adoptando estrategias de afrontamiento positivas, como seguir las directrices para hacerse pruebas, aislarse cuando sea necesario o buscar ayuda médica si aparecen síntomas. Y suelen recuperarse bien tras la cuarentena.

Las redes de apoyo informales, como los grupos de WhatsApp, las videollamadas o las rutinas diarias compartidas, también pueden proteger psicológicamente a las personas.

No es otra pandemia

La Organización Mundial de la Salud ha dejado claro que esto no es el inicio de una pandemia similar a la covid-19. Aunque el riesgo para la salud pública, en general, se considera bajo, para los pasajeros y la tripulación se han recomendado medidas de seguimiento y cuarentena.

A medida que la cuarentena avance, la tensión psicológica también puede prolongarse. Dado que el virus Andes puede tener un periodo de incubación –tiempo que transcurre entre la exposición al virus y la aparición de los síntomas– prolongado, es posible que los síntomas no aparezcan de inmediato. Esto significa que los pasajeros pueden permanecer en un estado de alerta física elevado durante varias semanas, lo que prolonga el estrés y el agotamiento.

Tras una experiencia altamente controlada y estresante, algunos pasajeros pueden necesitar seguimiento al volver a la vida normal, especialmente si han sido testigos de una enfermedad grave o están pasando por un duelo. También es posible que, si se confirman nuevos casos, los afectados sean estigmatizados o tratados por los demás como contagiosos. Esto conlleva dos riesgos: exclusión social que afecte a sus relaciones o a su trabajo; y culpa o dolor, si temen haber expuesto involuntariamente a otras personas al virus.

Gestionar la incertidumbre

Es absolutamente normal experimentar estrés como respuesta a la incertidumbre, el aislamiento y el miedo. Para minimizarlo, las personas en cuarentena necesitan un contacto social significativo, aunque sea virtual.

Hay estrategias sencillas que pueden ayudar a gestionar momentos de incertidumbre: mantener una rutina diaria predecible, cuidar el sueño, comer de forma saludable, hacer ejercicio siempre que sea posible y utilizar técnicas de relajación para calmar el sistema nervioso. Incluso los ejercicios de respiración, la meditación, darse una ducha o prepararse una taza de té o café puede ayudar.

Ante una experiencia como la de los afectados por el brote de hantavirus, recibir información clara, mantenerse en conexión con los demás y normalizar la angustia es esencial. La incertidumbre no puede eliminarse por completo: es la forma en que la gestionamos lo que nos protege de que el miedo a lo desconocido se apodere de nosotros.

The Conversation

Jilly Gibson-Miller no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El impacto psicológico de la cuarentena a bordo de un crucero – https://theconversation.com/el-impacto-psicologico-de-la-cuarentena-a-bordo-de-un-crucero-282884