Los facsímiles protegen la memoria arqueológica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Ávila Rodríguez, PDI, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Estos visitantes no están realmente en la cueva de Lascaux sino en su facsímil: Lascaux II. Elya/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El desarrollo de tecnologías aplicadas al patrimonio ha transformado la manera en que conservamos, estudiamos y mostramos los restos del pasado. Gracias a ellas, hoy es posible hacer copias de piezas con precisión milimétrica. Y, lo más importante, sin necesidad de tocar el original.

Por este motivo, en museos o yacimientos arqueológicos a veces lo que estamos contemplando no tiene siglos de antigüedad: es un facsímil, una herramienta clave para proteger el patrimonio.

¿Qué es un facsímil?

Las piezas patrimoniales de cualquier índole (pintura, escultura, manuscritos, tumbas…) tienen un valor más allá del material. Son tesoros que hay que comprender desde su importancia espiritual, cultural e histórica. Durante siglos, las copias de las obras artísticas y arqueológicas se realizaron manualmente, con mediciones y moldes. Estos métodos requerían el contacto directo con la pieza y podían causar daños irreparables.

Las tecnologías 3D han cambiado radicalmente esta situación. Hoy es posible registrar la forma y la superficie de un objeto mediante escáneres láser o fotografías de alta resolución y generar un modelo digital tridimensional. Ese modelo puede analizarse, almacenarse y, si es necesario, materializarse mediante impresión 3D u otros sistemas de fabricación.

Imagen de una estatua de la Virgen en su versión original y su copia.
La Virgen del acueducto de Segovia (original y facsímil).
3D STOA

El facsímil es así una reproducción extremadamente fiel de un objeto. Su objetivo no es sustituir el original, sino protegerlo, permitir su estudio o su difusión sin ponerlo en riesgo. En este sentido, los facsímiles cumplen una función esencial: registrar el patrimonio.

Cuando la réplica protege el original

Uno de los usos más frecuentes de los facsímiles es evitar el traslado de las piezas extremadamente valiosas o delicadas.

Así sucede, por ejemplo, con la Dama de Elche. Para que no sea necesario mover el original, que forma parte de la exposición permanente del Museo Arqueológico Nacional, se creó una réplica que permite mostrar la obra en otros espacios sin asumir riesgos de transporte.

Algo similar ocurre con algunos espacios arqueológicos en los que el flujo constante de visitantes puede poner en peligro su conservación. Para preservar los originales se han creado replicas exactas de ellos. Es el caso de las cuevas prehistóricas de Altamira, Ekain o Lascaux, cuyas réplicas permiten experimentar el espacio sin alterar las condiciones ambientales fundamentales para la preservación de sus pinturas rupestres.

También sucede esto con la Tumba de Tutankamón, en el Valle de los Reyes (Egipto), que puede visitarse muy cerca de la auténtica. Aunque es posible acceder a la cámara funeraria decorada original, y la momia de Tutankamón sigue allí (en una urna climatizada), el espacio es pequeño y el tiempo de visita breve por los controles de humedad y CO₂. Por ello, visitar el facsímil hace que el asistente pueda recrearse en los detalles sin perjudicar la conservación del habitáculo.

Facsímil de la tumba de Tutankamón.

Un recurso para la investigación y la educación

Además de permitirnos proteger piezas o espacios singulares, los facsímiles amplían las posibilidades de investigación y divulgación. Los modelos 3D permiten estudiar objetos frágiles sin manipularlos físicamente y compartirlos con científicos de todo el mundo. Pero también pueden utilizarse en contextos educativos donde el contacto directo con el original sería impensable.

Un ejemplo interesante es la reproducción en 3D del cráneo del homínido Homo naledi que se encuentra en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. El fósil original es extremadamente delicado, pero su facsímil puede exponerse al público o utilizarse en actividades educativas, algo que diferentes museos han ido implementando para las labores didácticas y de divulgación.

Las réplicas también permiten algo impensable hasta hace pocos años: tocar el patrimonio. En algunos museos, las reproducciones se emplean en programas de accesibilidad para personas con discapacidad visual, que pueden explorar formas y detalles a través del tacto.

En ocasiones las piezas arqueológicas llegan a los museos incompletas o en fragmentos. En estos casos, las tecnologías digitales posibilitan virtualmente reconstruir íntegramente su forma original y crear facsímiles que devuelvan al público una imagen real de la pieza.

Un ejemplo reciente es la recreación del coloso del emperador Constantino, una escultura monumental del siglo IV que hoy solo se conserva en fragmentos.

También pueden ser de gran ayuda cuando las piezas originales son extremadamente pequeñas, como puso de relieve el Museo Arqueológico de Córdoba con la exposición “Lo que el ojo no ve”.

Varios obreros trabajan en la reconstrucción de una escultura colosal de un emperador romano.
La Factum Foundation trabaja en la reconstrucción del Coloso de Constantino, 2022.
Oak Taylor-Smith Factum Foundation –

Un registro para el futuro

En 2025 la UNESCO lanzó el Museo Virtual de Bienes Culturales Robados, cuyo principal objetivo es combatir el tráfico ilícito de piezas arqueológicas, sensibilizar al público y facilitar su recuperación. Creado en colaboración con la INTERPOL, incluye más de 200 ejemplares de museos, templos y yacimientos.

Todos los objetos depositados en museos cuentan con un registro lo más detallado posible (especialmente si son singulares o de gran valor), que incluye una descripción, sus medidas y dibujos o fotografías. En muchos casos esto ha permitido que, aunque se hayan robado piezas muy relevantes a nivel patrimonial, sea posible reconstruirlas de manera virtual mediante el procesamiento de imágenes y, a partir de ahí, trabajar para su modelado en 3D.

Lo ideal, sin embargo, sería que todas fuesen escaneadas en el momento en que son depositadas en el museo. El escaneado en alta resolución crea un documento digital extremadamente preciso que conserva información sobre la forma, textura y estado de conservación de una pieza en un momento concreto. Esto permite monitorizar su deterioro a lo largo del tiempo o incluso reconstruirla si llegara a sufrir daños o sustracción.

Una sala de exposiciones virtual que muestra tres pinturas, bajo el logo de la UNESCO.
Una de las imágenes de la página web del Museo Virtual de Bienes Culturales Robados.
UNESCO

En un contexto global marcado por conflictos, desastres naturales y tráfico ilegal de antigüedades, estos registros digitales pueden convertirse en una herramienta fundamental para preservar la memoria material del pasado. Y, también, en una gran ayuda para que las agencias internacionales dedicadas a la recuperación de patrimonio puedan identificarlas en el mercado.

El reto de la transparencia

Actualmente, en algunos museos encontramos que las reproducciones no están claramente identificadas. Para no generar confusión sobre qué es original y qué no lo es debemos avanzar en protocolos que regulen la producción de facsímiles y cómo se van a presentar al público.

Aunque un facsímil nunca va a sustituir al objeto original, puede convertirse en su mejor aliado para garantizar que el patrimonio llegue intacto a las generaciones futuras. Los bienes culturales son la base de nuestra propia identidad, las raíces que legitiman nuestro mundo, y, por tanto, todas las acciones encaminadas a conservarlos deben ocupar parte de nuestro presente.


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The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Los facsímiles protegen la memoria arqueológica – https://theconversation.com/los-facsimiles-protegen-la-memoria-arqueologica-278493