¿Por qué el peso de los salarios en el PIB se estanca pese al crecimiento del empleo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Victoria Lanzón, Associate professor, Universidad Pontificia Comillas

El porcentaje de la riqueza global correspondiente a los salarios de los trabajadores está en mínimos históricos. Este hecho, ampliamente documentado por organismos internacionales e investigaciones académicas, tiene consecuencias negativas en términos de bienestar: el aumento de la desigualdad, el estancamiento en el logro de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) o la falta de oportunidades de futuro para las personas jóvenes, entre otras.

Factores estructurales detrás de la caída

Desde hace varias décadas, ciertas macrotendencias han influido en la caída de la participación salarial en la renta. Entre ellas, están:

  • La revolución tecnológica, en particular la vinculada a los avances en automatización e inteligencia artificial, con la consiguiente sustitución de las tareas y ocupaciones más rutinarias.

  • El abaratamiento en el precio de los bienes de capital (por ejemplo, ordenadores, máquinas industriales, etc.) en comparación con el precio de contratar trabajadores.

  • La globalización y la deslocalización.

  • El aumento de la concentración y del poder de mercado de las empresas (la capacidad de influir en el precio y la cantidad de un producto o servicio ofertados).

  • La desregulación del mercado de trabajo, que ha provocado el debilitamiento del poder de negociación de los sindicatos.

  • Cambios normativos e institucionales que han reducido la protección de los derechos de los trabajadores.

El PIB según la renta

La contabilidad nacional mide la actividad económica de un país durante un periodo determinado. Uno de los indicadores más importantes dentro de este sistema contable es el producto interior bruto (PIB), que mide el valor total de los bienes y servicios producidos en una economía durante un período determinado (generalmente un mes, un trimestre o un año).

Hay tres enfoques posibles y equivalentes para calcularlo: el del gasto (“quiénes compran los bienes o servicios”), el del valor añadido (“qué bienes y servicios finales se producen en una economía y quién los produce”) y el método de las rentas. Este último responde a la cuestión de “quiénes reciben las rentas generadas por la producción nacional”.




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Si se calcula el PIB por el enfoque de la renta, se deben sumar los salarios (la “remuneración de los asalariados”, incluidas las cotizaciones sociales), la remuneración del factor capital (el “excedente de explotación bruto”, o sea, la rentabilidad generada tras cubrir los costes de producción: materias primas, personal, etc.) y la renta de los autónomos (“renta mixta bruta”, que combina la remuneración del trabajo y el rendimiento del capital, difíciles de separar en este caso), al margen de otros ajustes contables. De este modo, podemos calcular la proporción de los salarios sobre la renta como la remuneración de los asalariados respecto al PIB.

De dos tercios a la mitad del PIB

Esa proporción de los salarios en el PIB solía ser relativamente estable. De hecho, no hace tanto tiempo, en los cursos intermedios de Macroeconomía se explicaba, simplificando, que alcanzaba dos tercios, correspondiendo el tercio restante a las rentas del capital. Sin embargo, los últimos datos disponibles muestran que ahora esta cifra es mucho menor, situándose en torno al 50 %.

La tendencia a la caída de la participación salarial en la renta no es nueva, es generalizada y obedece a múltiples factores, algunos de los cuales se retroalimentan. Por ejemplo, la automatización, el mayor poder de mercado de las empresas, el abaratamiento de los bienes de producción y la pérdida de poder de negociación de los trabajadores.

Sin embargo, España parece ser una excepción a esta tendencia: según informaban los medios, y de acuerdo a la información proporcionada por el Instituto Nacional de Estadística, el peso de los salarios en el PIB ha alcanzado el máximo en 25 años.

Una métrica volátil según el ciclo económico

Si analizamos la evolución desde 2002 de la remuneración de los asalariados como porcentaje del PIB, lo primero que observamos es que esta métrica, aunque ha oscilado durante ese periodo en un intervalo de solo cinco puntos porcentuales (entre el 45 y el 50 %), es relativamente volátil: crece durante las recesiones y disminuye durante las expansiones. Así se ve, por ejemplo, en los años de la Gran Recesión y, más recientemente, durante la pandemia. Esto es debido a la incidencia de factores de corto plazo, como la reducción en el PIB durante las crisis, que hace aumentar el indicador.

Si descontamos los periodos de crisis observamos que, efectivamente, hemos recuperado los niveles de 2002, situándonos en torno al 48 %. Aunque esta cifra queda lejos del 54,3 % que se publicaba en medios (lo que puede deberse a discrepancias estadísticas o metodológicas sobre los precios e incluso sobre el tratamiento de las rentas del trabajo autónomo), se aprecia un cambio en la tendencia en el año 2024.

Entre los factores que impulsan este hecho, destaca el importante aumento del empleo (1,9 millones de personas ocupadas más desde antes de la pandemia), así como el papel de las subidas salariales pactadas en algunos convenios colectivos. Por otro lado, si bien se apunta a las recientes subidas del salario mínimo interprofesional como otro factor relevante, su efecto neto es más ambiguo: el aumento del salario se puede ver limitado por el menor crecimiento del empleo o por la reducción del número de horas trabajadas.

La gran paradoja: buenos datos macro, salarios reales estancados

Con todo, en este contexto de buenos datos macroeconómicos, la mayor paradoja sigue siendo por qué no hay un reflejo en la microeconomía: según datos de la OCDE, los salarios reales en España seguían, en el primer trimestre de 2025, un 4,2 % por debajo del nivel del primer trimestre de 2021, a diferencia de Francia o Alemania.

Los efectos de la inflación, pero, sobre todo, la tímida evolución del nivel general de los salarios (condicionada, en gran parte, por una productividad limitada), se siguen notando y suponen uno de los grandes retos de la economía española.

The Conversation

Carlos Victoria Lanzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué el peso de los salarios en el PIB se estanca pese al crecimiento del empleo? – https://theconversation.com/por-que-el-peso-de-los-salarios-en-el-pib-se-estanca-pese-al-crecimiento-del-empleo-276938