El farol de Washington: por qué EE.UU. no puede echar a España de la OTAN

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Las banderas nacionales de los países miembros de la OTAN ondean fuera de la sede de la organización en Bruselas. Alexandros Michailidis/Shutterstock

En los últimos días ha circulado una idea tan llamativa como difícil de sostener: que Estados Unidos podría expulsar a España de la OTAN. La pregunta suena urgente porque conecta con la guerra de Irán, con el papel de las bases de Rota y Morón y con el pulso político entre Donald Trump y varios gobiernos europeos. Pero la respuesta jurídica es bastante clara: Estados Unidos no puede echar unilateralmente a España de la Alianza Atlántica porque el Tratado del Atlántico Norte no prevé ese mecanismo.

Lo que sí existe es presión política, militar y diplomática. Y eso importa mucho, porque aunque una expulsión formal no sea posible, el choque entre Washington y Madrid puede traducirse en tensiones reales dentro de la Alianza.

La OTAN se rige por el Tratado del Atlántico Norte, firmado en 1949. En ese texto no aparece ninguna cláusula que permita expulsar a un Estado miembro por decisión de otro país, ni siquiera de Estados Unidos. La única vía prevista para abandonar la organización es la retirada voluntaria, recogida en el artículo 13, que exige una notificación formal y un plazo de un año.

Cosas de la retórica política

Esto significa que la idea de “expulsar” a España pertenece más al terreno de la retórica política que al del derecho internacional. Dicho de otro modo, España no puede ser “sacada” de la OTAN por una orden de Washington. Lo que sí puede ocurrir es un deterioro de la relación bilateral o una reducción de apoyos y cooperación dentro de la propia Alianza.

El origen inmediato del conflicto está en la actual confrontación con Irán y en el grado de implicación que Estados Unidos esperaba de sus aliados europeos. España ha mantenido una posición más cauta y ha defendido que cualquier cooperación debe enmarcarse en el derecho internacional. Esa postura ha molestado en Washington, especialmente por el debate sobre el uso de bases militares españolas para operaciones en el exterior.

Rota y Morón son instalaciones de enorme valor estratégico. Su relevancia explica por qué cualquier discusión sobre su uso genera tanta tensión política. Sin embargo, incluso en un escenario de desacuerdo, su existencia no depende de un gesto unilateral de Estados Unidos, sino de acuerdos bilaterales y del marco general de la relación entre ambos países.

Si expulsar a España no es posible, ¿qué margen real tiene Estados Unidos? Bastante, aunque no en forma de expulsión formal. Puede limitar cooperación militar, enfriar la colaboración en inteligencia, ejercer presión económica o intentar aislar políticamente a Madrid dentro de la OTAN. También puede usar el debate público para enviar un mensaje al resto de Europa: quien no siga la línea de Washington puede pagar un coste político.

No puede haber expulsión, pero sí presión

Esa es, probablemente, la clave del tema. Más que una ruptura jurídica, estamos ante un pulso en el que la dimensión simbólica importa tanto como la norma. La amenaza de “expulsar” a España puede no tener recorrido legal, pero sí sirve para marcar posiciones, movilizar electores y presionar a los socios, aunque todo no pase de un auténtico farol de Estados Unidos diseñado para escenificar un castigo político allí donde el derecho internacional cierra la puerta.

Para España este debate no es menor. Afecta a su papel dentro de la OTAN, a su relación con Estados Unidos y a su margen de maniobra en la política exterior europea. También reabre una pregunta más amplia: hasta qué punto puede Europa construir una estrategia propia de defensa sin depender por completo de Washington.

Asimismo, el caso español conecta con otros frentes geopolíticos: Marruecos, Ceuta y Melilla, las Malvinas y la posible reasignación de alianzas por parte de Estados Unidos. El problema no es específicamente España sino el reordenamiento de prioridades estratégicas en un escenario internacional bastante inestable.

La discusión también revela que la seguridad europea sigue dependiendo de decisiones tomadas en Washington, aunque Europa aspire a mayor autonomía estratégica. Por eso, incluso una amenaza jurídicamente vacía puede tener efectos políticos reales. La confianza entre aliados, la credibilidad de los compromisos y el uso compartido de recursos militares son piezas esenciales del sistema.

En paralelo, el conflicto pone de relieve el valor del derecho internacional como límite frente a la improvisación política. Si un tratado no prevé expulsiones, no se puede inventar ese mecanismo por presión o por impulso presidencial. Y esa es precisamente una de las funciones más valiosas de las organizaciones internacionales: reducir la arbitrariedad.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El farol de Washington: por qué EE.UU. no puede echar a España de la OTAN – https://theconversation.com/el-farol-de-washington-por-que-ee-uu-no-puede-echar-a-espana-de-la-otan-281580