Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

Durante una época, la primera época imagino, leía sobre todo en busca de aventuras, de experiencias, de multiversos posibles. Pero esas aventuras me pasaban a mí. Adoraba Matilda porque hablaba de mí. Me gustaba Manolito Gafotas porque sus referencias eran las mías. Releía Mi amigo Luki-Live porque su protagonista empezaba a enamorarse como yo.
O eso pensaba.
En realidad, mientras creía vivir todas esas correrías desde mi silla lo que sucedía es que estaba utilizando las narraciones como vehículo para entender cómo eran los otros. Cómo eran aquellos niños que vivían en familias disfuncionales, como la de Matilda; aquellos niños que no podían irse de vacaciones, como Manolito, o aquellas adolescentes que no entendían muy bien qué significaba enamorarse, aunque su contraparte lo tuviese claro.
Los libros me cebaron de relatos para acabar llenándome de humanidad. Como dice Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, catedrático de Literatura Española y poeta, “el que escribe, escribe para que su historia no sea solo una confesión biográfica, sino algo que represente a la condición humana, y que el que la lea se sienta identificado con esa historia”. Con sus reflexiones sobre la literatura, la poesía, Federico García Lorca y el español arrancamos hoy.
Al hilo de lo que mencionaba García Montero, cuanto más variadas y eclécticas sean las voces que leemos, más podremos conocer a otros seres humanos y más podremos comprender sus alegrías, sus penas y sus miedos.
Cuando Svetlana Alexiévich se sentó frente a los supervivientes de Chernóbil, buscaba que sus testimonios resonasen a lo largo del tiempo, como así ha ocurrido en gran parte del mundo –aunque no en las zonas afectadas–. Y cuando Jennifer Nansubuga Makumbi se puso a narrar la historia de La primera mujer consiguió que la realidad de una joven ugandesa que busca luchar por su independencia derribase fronteras.
Es interesante dar un paso atrás y plantearse cuál es el valor real que tiene la literatura. ¿Lo definen los suplementos culturales? ¿Las listas de los más vendidos? ¿Los premios? ¿O está ese valor escondido en la complejidad y, a la vez, sencillez de conseguir ser otro simplemente por leer lo que le pasa?
Palabras cantadas
La semana pasada la sede madrileña del Instituto Cervantes inauguró una exposición de las letras que numerosos músicos de nuestro idioma esbozaron en libretas y acabaron convirtiéndose en composiciones musicales icónicas. La noticia me hizo pensar en el artículo de Javier Soto Zaragoza de hace unos días, en donde analiza si sería posible –e incluso justo– darle en algún momento el Premio Cervantes a un cantautor.
Tras leer su análisis una se pregunta: ¿puede considerarse un maestro de la literatura quien escribió: “Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel por mis venas va, ligero de equipaje sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje”? ¿O quien compuso “Si yo pudiera unirme a un vuelo de palomas y atravesando lomas dejar mi pueblo atrás, os juro por lo que fui que me iría de aquí. Pero los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio”?
Es decir, ¿merecerían ese reconocimiento Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat por su magistral pericia a la hora de moldear el lenguaje? Probablemente, como dice Soto Zaragoza, sí.
Algo más que libros
Es momento de libros, pero no solo. En las últimas semanas en The Conversation hemos tratado diversos temas porque eso es lo bonito del arte y las humanidades, que se trenzan constantemente con otros aspectos de la realidad.
Cuando escribo estas líneas, Torrente, presidente ha vendido más de 3 600 000 entradas en España. Algunas de ellas probablemente sean responsabilidad de Ana María Iglesias Botrán, que ha recomendado su visionado a los alumnos de su asignatura de Análisis del discurso. ¿Y por qué? Ella misma da nueve razones en su artículo.
Ahora que los vinilos vuelven a estar de moda, una pregunta que todos nos hacemos es… ¿merece la pena invertir en discos si tenemos todo el audio disponible en el ordenador? ¿Suenan mejor los vinilos? Los expertos se alejan de la disyuntiva entre mejor o peor para desglosar los diferentes formatos, con sus fortalezas y sus debilidades.
Y cerramos con algo de historia. Historia medieval, para más señas. Abel de Lorenzo Rodríguez describe en su investigación qué delitos se pagaban entonces con la pena de muerte y qué métodos se elegían para matar. Los hechos recogidos en las fuentes ayudan a conocer qué era cierto, qué es mito y de qué costumbres, afortunadamente, nos hemos alejado.
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– ref. Suplemento cultural: el mejor contrato social – https://theconversation.com/suplemento-cultural-el-mejor-contrato-social-281378
