Source: The Conversation – (in Spanish) – By Chloe Sharpe, Profesora e investigadora en Historia del Arte., UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología
Imagine una persona que siente que le ha salido un bulto en el costado. Va al médico, angustiada, y este, al palpar, dice: “Eso no es un bulto, es una costilla flotante”. La anécdota es simpática para contar en la sobremesa (y bromear sobre la posible hipocondría del aludido) porque ha sido fácil para el especialista detectar el problema y tranquilizar al paciente. Sin embargo, esta sabiduría, que damos por hecha, se ha adquirido con el tiempo. Después de todo, esperamos que los médicos que nos diagnostican, tratan y operan hayan adquirido un profundo conocimiento del cuerpo humano y sus enfermedades.
Pero no siempre ha sido fácil acceder a ese aprendizaje. Antes de internet, del vídeo e incluso de la fotografía en color, ¿cómo se formaba esa experiencia? En cierto sentido… con arte.
Escultores para formar a médicos
Junto a las disecciones, los modelos anatómicos desempeñaron un papel fundamental en la enseñanza de la medicina: reproducían con gran fidelidad –en tres dimensiones, en color y a escala natural– el cuerpo humano y sus patologías.

Fundación Joaquín Díaz/Wikimedia Commons, CC BY-SA
Durante los siglos XVIII y XIX fue habitual que las instituciones médicas reunieran colecciones anatómicas destinadas a museos didácticos. En España, esta práctica se formalizó mediante un Real Decreto de 1862, que obligó a las siete universidades –ocho a partir de 1876– a crear plazas públicas de escultores anatómicos y sus asistentes, encargados de producir estas piezas.
Sin embargo, pese a ser durante más de un siglo los únicos escultores con puesto estable en la universidad, su trabajo fue poco valorado y hoy permanece casi olvidado.
Los museos anatómicos creados en España en el siglo XVIII, vinculados a los reales colegios de cirugía, se inspiraron en modelos italianos como La Specola de Florencia, con sus célebres figuras en cera de Clemente Susini. Estas piezas privilegiaban la anatomía de un cuerpo a menudo idealizado y, en el caso de las venus anatómicas, con una dimensión erótica dirigida al espectador masculino.

Museo di Palazzo Poggi, Bologna/Wikimedia Commons, CC BY
Con el fortalecimiento de las facultades de Medicina y sus museos, este enfoque cambió ligeramente. A mediados del siglo XIX, se consolidaron los conceptos binarios de subjetividad y objetividad y este último se convirtió en el ideal de la práctica médica; el realismo pasó a ser su principal aliado. En ese contexto, la escultura anatómica se orientó hacia la representación directa de la enfermedad, abarcando desde las patologías más comunes hasta las más excepcionales. Paralelamente, la cera fue sustituida progresivamente por la escayola, más económica y resistente.
Profesionales entre arte y medicina
El acceso a una plaza de escultor anatómico exigía una doble formación, artística y anatómica, y tribunales mixtos de Bellas Artes y Medicina. Era un perfil difícil de sostener en un puesto poco reconocido y mal remunerado. Como lamentaba el doctor Ángel Pulido en 1883, quien lo ocupaba “renuncia a ser pintor, escultor y médico, para convertirse en un ser híbrido, mezcla de todo a la vez” sin el prestigio ni de unos ni de otros.
Aun así, la precariedad del mundo artístico llevó a numerosos escultores a trabajar en facultades de Medicina. Muchos de ellos llegaron a destacar en el ámbito artístico, con premios en las exposiciones nacionales de Bellas Artes, obra adquirida por el Estado y presencia en museos como el Prado o el Museo Nacional de Arte de Cataluña, además de encargos para monumentos públicos. Sus nombres aparecen en archivos universitarios y, ocasionalmente, en las firmas de las piezas conservadas.
Así, el archivo de la Universidad Complutense de Madrid revela la presencia en la facultad madrileña de reconocidos escultores como Maximino Sala, Miguel de la Cruz, José Ortells o José Pérez (“Peresejo”). A ellos se suman artistas vinculados a Santiago de Compostela, como Juan Sanmartín y Francisco Asorey, o a Granada, con Francisco Morales. El caso más destacado es Barcelona, donde trabajaron Juan Samsó, Rosendo Nobas, Torquato Tasso, Dionisio Renart y Enric Monjo.
Sin embargo, esta faceta anatómica apenas figura en sus biografías, al considerarse marginal respecto al “verdadero” arte. Es el caso de Samsó, activo en la Facultad de Barcelona entre 1863 y 1878, que compaginó la producción de modelos anatómicos –tumores, malformaciones y partos– con una exitosa participación en exposiciones nacionales.
Nobas, su sucesor, creó La Cuádriga de la Aurora, un gran monumento publico bañado en oro, mientras fabricaba series en yeso pintado que mostraban el antes, durante y después de operaciones quirúrgicas. También dejó un singular testimonio del cruce entre arte y medicina en la sepultura de mármol del anatomista Jaime Farreras Framis. En ella, un esqueleto envuelto en un sudario aparece con un realismo sobrecogedor.

Cementerio de Montjuïc, Barcelona/Wikimedia Commons, CC BY-SA
Patrimonio olvidado
Basta con ojear los inventarios de los museos anatómicos del siglo XIX para comprobar que la mayor parte de las piezas se ha perdido, por extravío, deterioro o destrucción. Aunque el patrimonio conservado ha quedado, en general, en manos de las universidades, la mayoría de estos museos han sido desmantelados. Entre todos ellos, destaca el Museo de Anatomía Javier Puerta como un caso excepcional de supervivencia.
En Barcelona, las piezas conservadas acabaron en el Museo de la Historia de la Medicina de Cataluña, donde permanecen casi inaccesibles al público. El cierre inminente del Museo Olavide de modelos dermatológicos pone de manifiesto la fragilidad de este patrimonio.
Se trata, sin embargo, de un legado esencial para comprender cómo se concebían el cuerpo y la enfermedad en el siglo XIX. Y también, y no es menos importante, para completar la historia de la escultura en España.
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Chloe Sharpe no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Enseñar la medicina a través del arte: la escultura anatómica en la universidad española – https://theconversation.com/ensenar-la-medicina-a-traves-del-arte-la-escultura-anatomica-en-la-universidad-espanola-277109
