La ugandesa Jennifer Nansubuga Makumbi defiende el feminismo indígena en su novela ‘La primera mujer’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lara Tortosa-Signes, Doctoranda en Lenguas, Culturas y Literaturas, Universitat de València

Mujeres embarazadas esperan para hacerse una ecografía en el hospital de Kolonyi, en Uganda. Dennis Wegewijs/Shutterstock

Jennifer Nansubuga Makumbi es una escritora ugandesa que ofrece una visión distinta del feminismo más allá de los eslóganes hegemónicos. Su libro The First Woman (2021) acaba de ser traducido al castellano con el nombre de La primera mujer.

La novela propone una revisión de los parámetros patriarcales para demostrar que la desigualdad de género se ha encontrado siempre con formas de resistencia, incluso mucho antes de que el feminismo occidental tuviese presencia en África.

La autora presentó el libro junto a Marta Sofía López, su traductora, en varias ciudades españolas durante el mes de marzo. Ambas consideran que, pese a ser una historia contextualizada en la Uganda de finales del siglo XX que visibiliza las mujeres rurales, trata temas que pueden apelar al público universal.

La importancia de las historias ancestrales

Las autoras africanas han subrayado siempre la influencia de las antepasadas en su visión del mundo. Muchas de ellas, como la nigeriana Buchi Emecheta o la ghanesa Ama Ata Aidoo, contaban cómo las historias que escucharon de sus abuelas y tías les ayudaron a entender su realidad y construir sus propias narrativas.

En La primera mujer, la joven protagonista, Kirabo, experimenta incomodidad al tener que obedecer los mandatos patriarcales. Kirabo se siente atrapada en su cuerpo y cada vez que es obligada a arrodillarse delante de un hombre –una práctica tradicional–, se tensa y siente dolor. Esta situación la lleva a desdoblarse: mientras su cuerpo sigue las normas, su “otra yo” vuela hacia el exterior para escapar de la realidad.

Como consecuencia, Kirabo decide hablar con la bruja de la aldea, Nsuuta, para entender qué le ocurre. Nsuuta, una anciana ciega que ha vivido una vida fuera de los rígidos estándares de la sociedad, le revela el mito de “la primera mujer”. Este afirma que las mujeres eran en realidad tan poderosas que los hombres tuvieron que encontrar la forma de minimizarlas y anularlas. Para poder hacerlo, inventaron que ellas eran seres acuáticos que no pertenecían a la tierra (y, por tanto, no podían poseerla). De esta manera, ellos se adueñaron de los espacios físicos, relegándolas a un segundo plano y considerándolas inestables, como el agua.

Aunque la novela describe mayoritariamente la situación de las habitantes de una región de Uganda, se pueden encontrar muchas similitudes con la vida de una mujer en cualquier parte del planeta. Se tratan cuestiones como el alargamiento de los labios menores, la disparidad social y económica, el abandono y la idealización de las figuras masculinas.

Al hacerlo la autora muestra cómo las historias y los conocimientos ancestrales pueden explicar nuestra condición y enseñarnos a combatir las desigualdades.

‘Mwenkanonkano’ o el feminismo indígena

A pesar de que la lucha contra la violencia patriarcal forma parte de la vida de las africanas desde tiempos inmemoriales, el término “feminismo” no ha sido muy popular. En Uganda especialmente, la palabra sonaba demasiado extranjera y no acababa de ser aceptada por las escritoras.

Portada de La primera mujer de Jennifer N Makumbi.

Deleste

En el caso de la novela, su feminismo se asemeja al propuesto por la académica Obioma Nnameka, quien defendía que la teoría feminista debía edificarse sobre lo indígena y ser lo suficientemente flexible como para adaptarse a diferentes cosmovisiones.

En La primera mujer, Makumbi utiliza la palabra “mwenkanonkano”, una forma de resistencia indígena encabezada por Nsuuta. De hecho, Nsuuta rechaza los discursos occidentales porque siente que no representan a todas las mujeres. La autora ofrece la perspectiva de estas mujeres criadas en el entorno rural de una nación poscolonial. También hace referencia a las luchas diarias y las formas en las que éstas tienen que resistir a la opresión masculina en su propio contexto. La elección del término “mwenkanonkano” no es casual; Makumbi ha afirmado que ninguna de sus antepasadas se hubiese llamado a sí misma “feminista”.

Además, La primera mujer denuncia marcados casos de violencia simbólica cuando otros personajes de la novela se oponen a la rigidez patriarcal. Este es el caso de la tía paterna de Kirabo, quien le habla de la sexualidad y la anima a encontrar un hombre que le proporcione placer. Otra de sus tías se ve obligada a dejar el hogar porque la gente del pueblo la acosa y su abuelo la relega a las habitaciones de los sirvientes tras enterarse de que está viéndose con un chico.

Una mujer habla con un micrófono.
Jennifer Nansubuga Makumbi en el Festival Atlantide 2021 en Nantes (Francia).
DeuxPlusQuatre/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Por otro lado, cuando Kirabo asiste a una escuela privada, se da cuenta de que los chicos no sufren repercusiones si tienen relaciones sexuales, mientras que las chicas son expulsadas sin posibilidad de volver si quedan embarazadas. De esta manera, Makumbi subraya las desigualdades y la falta de autonomía de las adolescentes.

Aunque Nsuuta no ha recibido una educación feminista, recurre a los cuentos orales para demostrar la importancia de la sororidad, la resilencia y la independencia. A través de ese personaje, Makumbi refleja cómo el conocimiento puede venir de las madres y abuelas y reivindica la importancia de las voces femeninas. Así, la narración se convierte no solo en una forma de arte y belleza sino en un ejercicio de supervivencia.


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The Conversation

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ref. La ugandesa Jennifer Nansubuga Makumbi defiende el feminismo indígena en su novela ‘La primera mujer’ – https://theconversation.com/la-ugandesa-jennifer-nansubuga-makumbi-defiende-el-feminismo-indigena-en-su-novela-la-primera-mujer-277111