El arte como espejo de la ciencia: de los cielos volcánicos a la cámara oscura

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Manuel Peña García, Catedrático del Área de Ingeniería Eléctrica, Universidad de Granada

Cuadros como este _Paisaje nevado con patinadores_ (1565), de Pieter Brueghel el Viejo, ilustran el enfriamiento que sufrió el clima durante la llamada Pequeña Edad de Hielo (siglos XVI a XIX). Wikimedia Commons, CC BY

El 25 de octubre se celebra el Día Internacional del Artista, un buen momento para señalar que arte y ciencia y, más concretamente, pintura y física, siguen caminos frecuentemente entrelazados.

Aunque existen incontables ejemplos, si hay un terreno en el que físicos y pintores aprendemos unos de otros, ése es la atmósfera. Desde su modo caprichoso de tratar a los rayos solares hasta sus más violentas rabietas, la envoltura gaseosa que nos acoge y protege es el laboratorio total para científicos y artistas.

El ejemplo más famoso lo brindó el volcán Krakatoa que, tras varios días de actividad, el 27 de agosto de 1883 experimentó una de las erupciones más violentas jamás registradas. Ese fatídico día se produjeron decenas de miles de muertes y otros efectos que siglo y medio después siguen sonando a ciencia ficción. Pero también supuso un hito en la historia del arte.

El grito, de Edvard Munch (1893)
Wikimedia commons, CC BY

Una década después, el genial Edvard Munch plasmaba una angustiosa experiencia vivida años antes en El grito, obra maestra del expresionismo y quizá el testimonio más sobrecogedor de la unión entre arte y física. Su cielo estremecedor, que según el propio Munch “se tiñó de rojo sangre” al ponerse el sol, pudo ser algo más que una licencia artística.

El color de un volcán

Existe consenso en que durante los años posteriores a la erupción del volcán Krakatoa los atardeceres fueron especialmente rojizos en ciertas latitudes debido a la acumulación de sus cenizas en la alta atmósfera. Estas cenizas acentúan el fenómeno físico llamado scattering, que hace que las luces azules se distribuyan por toda la bóveda celeste (por eso es azul el cielo) y que las rojas nos lleguen en mayor medida cuando tienen que atravesar más distancia, es decir, al amanecer y en el ocaso.

O, al menos, eso pensábamos, porque un grupo de meteorólogos noruegos ha apuntado que aquel espectáculo de luces pudo deberse a la eventual presencia de un raro tipo de nubes que de cuando en cuando se dejan ver en las altas latitudes. Su afirmación se basa en aspectos concretos del trazo y colorido empleados por Munch. Controversias físicas por unas pinceladas.

Entonces, ¿volcán o nubes exóticas? La polémica sigue viva.

Munch no fue el único artista que incidió en atardeceres muy rojos en aquellos años. Entre una lista considerable, destaca William Ascroft, autor inglés que, sin sospechar la verdadera causa, dejó toda una colección de cielos en llamas en los años inmediatamente posteriores a la erupción del Krakatoa.

atardecer pintado
Un atardecer de junio de 1883, obra de William Ascroft.
WordPress.com, CC BY

Parece que esos cielos rojos que tanto fascinaron a los pintores de finales del XIX se vieron en muchos momentos y latitudes, independientemente de la eventual presencia de nubes polares.

Cambio climático en el museo

La pintura no solo nos muestra el aspecto del cielo. También es una valiosa herramienta para el estudio del paleoclima, pues aporta valiosas lecciones sobre la evolución climática desde tiempos remotos y la posible influencia antropogénica sobre la situación actual.

El estudio de pinturas rupestres en cuevas del actual desierto del Sáhara ha sido fundamental para saber que, hace miles de años, la vida de sus moradores y la fauna que los alimentaba eran muy distintas a las actuales, prueba de unas condiciones meteorológicas mucho más moderadas en ese inhóspito desierto africano.

Más recientemente, la llamada Pequeña Edad de Hielo que tuvo lugar entre los siglos XIV y XIX influyó poderosamente sobre la pintura, quedando numerosos testimonios de nevadas o ríos congelados en regiones en las que el clima es hoy más benigno.

El secreto de los maestros

Retrato del cardenal Hugo de Saint-Cher (fallecido en 1263) por Tommaso da Modena (1352). Es la primera representación conocida de unas gafas.
Wikimedia commons, CC BY

Podría pensarse que entre todos los físicos, solo los meteorólogos se benefician del estudio de las obras maestras. Nada más lejos de la realidad. La óptica, la optometría e incluso la fotografía están en deuda con la pintura.

Lo que hoy llamamos gafas fue un invento italiano de finales del XIII, aunque se usasen lentes para leer anteriormente. Su evolución técnica la podemos estudiar a través de retratos pintados hace siglos.

Pero hay más. Entre las incontables controversias del universo pictórico, pocas tan misteriosas como la de la cámara oscura, un invento que impulsó la física de la luz y la pintura a pares. La inventó un científico árabe, Alhacén, hace 1 000 años, y llegó a ella para rebatir las teorías aristotélicas de la luz. La cámara oscura consiste en la proyección de los rayos reflejados por un objeto a través de un agujero o lente sobre la pared de una estancia oscura. Con un papel fino permite calcarse fácilmente la imagen a menor tamaño o dibujar contornos de manera más fiel que si se pinta “a ojo”.

Ilustraciones de una cámara oscura pertenecientes al libro : El mundo físico : gravedad, gravitación, luz, calor, electricidad, magnetismo, etc. / A. Guillemin. – Barcelona Montaner y Simón, 1882.
Wikimedia commons, CC BY

Hoy sabemos casi con total seguridad que la cámara oscura la usaron grandes maestros como Leonardo da Vinci, Vermeer o Caravaggio, quien además fijaba las imágenes con sustancias químicas, estableciendo el germen de la fotografía (¡en el siglo XVI!). También se sospecha de Velázquez, pero solo Leonardo da Vinci lo admitió e incluso describió sus experimentos.

Celebramos el Día Internacional del Artista atónitos ante tanta belleza, pero también agradecidos a los artistas que nos han ayudado a estudiar los cielos, a comprender el cambio climático o a ver más allá de nuestras narices gracias a los instrumentos ópticos que perfeccionaron.

The Conversation

Antonio Manuel Peña García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El arte como espejo de la ciencia: de los cielos volcánicos a la cámara oscura – https://theconversation.com/el-arte-como-espejo-de-la-ciencia-de-los-cielos-volcanicos-a-la-camara-oscura-264438

Doctora, no puedo oler: ¿tengo párkinson?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jannette Rodríguez Pallares, Profesora Titular de Anatomía y Embriología Humana, Universidade de Santiago de Compostela

Denys Kurbatov/Shutterstock

En una mágica escena de la película Ratatouille (2007), el crítico gastronómico Anton Ego, famoso por su carácter hostil y oscuro, viaja instantáneamente al pasado al probar un plato que le revive su infancia. No fueron necesarias imágenes; solo un aroma.

El olfato es el más silencioso de nuestros sentidos, pero también uno de los más poderosos. Puede abrir de golpe la puerta a recuerdos que creíamos olvidados.

También es el más personal y subjetivo. De ahí que sea tan difícil establecer un ranking de los mejores olores. Donde sí parece haber consenso es en el “peor olor del mundo”, y no son sus zapatos. En 1889, en un laboratorio alemán, tras una reacción química con un compuesto químico llamado tioacetona se produjo un hedor tan terrible que causó vómitos y desmayos a kilómetros de distancia, obligando a evacuar la ciudad de Friburgo. Se desconoce en qué se convirtió la tioacetona para generar tal pestilencia, aunque nadie parece interesado en averiguarlo.

¿Pero qué ocurre cuando empieza a fallar? ¿Y si la pérdida de olfato fuera algo más que un síntoma pasajero?

Cuando un aroma habla de lo que sentimos

El olfato es una ventaja evolutiva: nos advierte de peligros invisibles y nos pone en guardia. Pero un aroma también puede influir en nuestras decisiones. Y esto lo saben bien las grandes marcas, que perfuman sus tiendas con fragancias que conectan con nuestras emociones y nos invitan a quedarnos.




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Y es que los olores tienen la capacidad despertar recuerdos y emociones intensas. El responsable es el bulbo olfatorio. Esta pequeña región, localizada muy cerca de la nariz, recibe las señales olfativas y las envía a las zonas del cerebro que manejan nuestra memoria y emociones.

Imagen anatómica con la localización del bulbo olfatorio y los nervios olfativos.
Localización del bulbo olfatorio y los nervios olfativos.
MattL_Images/Shutterstock

A pesar de su importancia, el olfato sigue siendo el más desconocido de los sentidos y, a menudo, el más subestimado. Cuando se desvanece, suele pasar desapercibido.

Y no somos conscientes de su importancia hasta que nos falta. Como le ocurrió a Michele Crippa, un afamado supercatador italiano que perdió su “herramienta de trabajo” durante la pandemia. Aunque recuperó el olfato semanas después, empezó su pesadilla particular. Su olfato se había distorsionado: las naranjas olían a plástico quemado, el melocotón a albahaca y la vainilla le daba asco. Posiblemente porque las neuronas de su bulbo olfatorio se habían dañado.

Sin embargo, su ausencia podría significar más: una señal de alerta que nos envía nuestro cerebro desde lo más profundo.

Pérdida de olfato, ¿resfriado o un signo de párkinson?

Todos, en alguna ocasión, nos hemos quedado sin olfato; basta un simple resfriado. Sin embargo, es mucho menos conocido que puede ser un síntoma temprano de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer o el párkinson. Es más, se sabe desde hace tiempo. Lo sorprendente es que la pérdida ocurre años antes de que aparezcan los síntomas de estas enfermedades.

Entonces, ¿podría servir la pérdida de olfato para predecir el párkinson? Y la respuesta, como buena gallega, es: depende. Vayamos por partes.

Una señal de socorro cuando los olores se desvanecen

Uno de los grandes problemas de las enfermedades neurodegenerativas es que, en el momento de diagnosticarlas, el daño ya está muy avanzado. En el caso de la enfermedad de Parkinson, cuando aparecen los primeros síntomas, como rigidez y temblores, se han perdido más de la mitad de las neuronas que producen dopamina, neurotransmisor que controla el movimiento.

La identificación de síntomas tempranos como la pérdida de olfato –que afecta hasta al 90 % de los pacientes– podría servir como biomarcador, alertándonos de la presencia de la enfermedad. De esta manera sería posible diagnosticarla mucho antes y acceder a tratamientos más efectivos.

El problema es que no es una manifestación exclusiva del párkinson: también puede aparecer con el envejecimiento, el estrés u otras patologías. Y, a menudo, le restamos importancia.

Aún no sabemos con certeza por qué se produce la pérdida de olfato en las enfermedades neurodegenerativas, aunque tenemos algunas pistas. En algunos pacientes de párkinson, la enfermedad podría comenzar en el bulbo olfatorio mucho antes de extenderse a las zonas que controlan el movimiento. La razón es que ciertos virus, pesticidas o toxinas que inhalamos podrían dañarlo y provocar alteraciones de ese sentido.

En el caso de la enfermedad de Alzheimer, los daños podrían empezar en una minúscula región azulada del tallo del encéfalo llamada locus coeruleus, como acaba de revelar un reciente estudio. Este “botón de alerta” nos mantiene despiertos y concentrados y conecta con el bulbo olfatorio, relacionando olores y emociones. Cuando esa comunicación se rompe, se producen problemas de olfato mucho antes de que aparezcan los primeros signos de demencia.

En definitiva, la pérdida de la capacidad de oler no sería un síntoma de la enfermedad en sí misma, sino una señal que nos alerta de que el proceso degenerativo ha comenzado.

El olfato al servicio del diagnóstico: cuando la nariz habla

Cuando un paciente llega a la consulta, no siempre es fácil distinguir entre la enfermedad de Parkinson y otras patologías motoras similares. La pérdida de olfato, combinada con otras pruebas y señales, podría ayudar a confirmar el diagnóstico.

Y no solo eso. Esa señal también podría ayudarnos a predecir su progresión, ya que se relaciona con formas más severas de la enfermedad.

Además, la pérdida de olfato en el párkinson es selectiva. Es decir, los pacientes perciben con normalidad olores agradables como el del chocolate, pero tienen dificultades para captar los neutros o desagradables, como el que emana el jabón, el humo o el caucho.

Otros pacientes, sobre todo mujeres, experimentan algo todavía más extraño: alucinaciones olfativas. Perciben olores “fantasma”, como tabaco o leña quemada, cuando realmente no existen.

Incluso, por increíble que parezca, el párkinson tiene su propio aroma: amaderado y almizclado. Y esto lo sabemos gracias a Joy Milne, una escocesa con un olfato extraordinario que logró reconocer este olor particular en su marido, afectado por la enfermedad.

La pérdida de olfato puede parecer solo una cuestión de “nariz”, pero en realidad es una ventana abierta al cerebro, y la ciencia lo sabe. Gracias a ella podremos asomarnos para descifrar sus secretos. Y esa valiosa información nos ayudará a cuidar y mejorar la calidad de vida de quienes padecen estas enfermedades.

The Conversation

Jannette Rodríguez Pallares es miembro de la Sociedad Española de Neurociencia y recibe fondos de investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. El grupo de investigación del que forma parte recibe fondos de investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Xunta de Galicia y FEDER.

ref. Doctora, no puedo oler: ¿tengo párkinson? – https://theconversation.com/doctora-no-puedo-oler-tengo-parkinson-264946

El número de Dios o el cuerpo como mapa del universo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amador Miguel González Crespo, Director ETS Ingeniería y Sistemas de Telecomunicación-UPM, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

El número áureo esta relacionado con la sucesión de Fibonacci (1,1,2,3,5,8,13,21…) la cual se encuentra presente en proporciones de todo tipo, desde proporciones en el arte, la naturaleza en general hasta estructuras arquitectónicas. Roberta Conti / Wikimedia Commons., CC BY

Hace 2500 años, un griego, cansado de discutir en el ágora sobre justicia, filosofía, política y matemáticas, decidió que lo verdaderamente importante era medir el cuerpo humano. Así germinó el canon de Policleto el Viejo: la obsesión por encontrar la simetría perfecta.

Copia romana del Doríforo («portador de una lanza») de Policleto, conservada en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
Wikimedia Commons., CC BY

El selfi más famoso de la historia

Veinte siglos después, Leonardo da Vinci dibujó el célebre Hombre de Vitrubio, basado en el canon romano de la arquitectura, como reflejo del orden de la naturaleza. El resultado fue ese señor desnudo atrapado en un círculo y un cuadrado. El mensaje era –y sigue siendo– provocador: si extendemos los brazos, somos tan anchos como altos, con nuestro ombligo en el centro geométrico de este universo de belleza perfecta.

Da Vinci, adelantado a su tiempo en tantos campos, convirtió las proporciones humanas en un diagrama viral cinco siglos antes de Instagram y la cirugía estética masiva.

La fiebre del número de Dios

Detrás de todo esto acechaba la proporción áurea (o divina proporción): 1,618…. Este número parece materializarse por primera vez en varias estelas de Babilonia y Asiria hace 4 000 años, pero también en las conchas marinas, en la Gioconda, [en las pirámides, en los templos griegos y romanos] y en la torre Eiffel.

También aparece al subir una escalera: nuestros pies encuentran un equilibrio natural entre la huella (parte horizontal) y la contrahuella (parte vertical). Curiosamente, la relación entre ambas suele rondar 1,6, muy próxima al número áureo. No es porque los arquitectos lo hayan buscado, sino porque el cuerpo humano dicta medidas cómodas que terminan rozando la divina proporción. Así, igual que con las baldosas de 3,16 decímetros que pisamos, la matemática se nos cuela en lo cotidiano casi sin darnos cuenta.

Receta de la belleza

Este número irracional de infinitos decimales fue descrito detalladamente en el siglo XIII por Leonardo de Pisa, más conocido como Fibonacci. Todo comenzó con un problema aparentemente inofensivo: ¿cuántos pares de conejos pueden nacer de una sola pareja en un año, si cada mes cada pareja madura y empieza a reproducirse? Sin quererlo, dio pie a una de las historias más bellas de las matemáticas. La secuencia de número naturales resultante es la famosa sucesión de Fibonacci:

1 , 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144…

Inicialmente tenemos dos unos, un conejo y una coneja, y cada nuevo término surge de sumar los dos anteriores: como si los números también tuvieran su propio instinto de apareamiento.

Hasta aquí, nada más que una simpática progresión. Pero si dividimos cada número por el anterior, surge la magia: 3/2 = 1,5; 5/3 = 1,66; 8/5 = 1,6… y así hasta alcanzar en el límite del infinito el número de Dios: 1,6180339… Es como si los conejos de Fibonacci, además de multiplicarse seductora y enigmáticamente, hubieran inventado un canon estético.

Y es que la sucesión de Fibonacci también parece habitar en nuestro cuerpo: la relación entre nuestra altura y la altura hasta el ombligo, entre la distancia del hombro a los dedos y la distancia del codo a los dedos, entre la altura de la cadera y la altura de la rodilla, entre el primer hueso de los dedos (metacarpiano) y la primera falange. Y también la relación entre falanges sucesivas, entre nuestra sonrisa y nuestra mandíbula. Un festival matemático que algunos presentan como la “receta secreta” de la belleza.

El Hombre de Vitrubio, dibujado por Leonardo da Vinci en 1492.
Wikimedia Commons., CC BY

El eco cósmico de una proporción humana

Incluso, algunos astrofísicos nos muestran que patrones parecidos aparecen en lugares inesperados: algunas galaxias espirales o las vibraciones ocultas de las estrellas parecen resonar con el mismo número misterioso.

La proporción áurea parece tan ubicua que uno empieza a sospechar que hay trampa. ¿De verdad está en todo o simplemente la buscamos con la misma fe con la que algunos encuentran a su signo zodiacal en el horóscopo?
¿Cuánto hay de verdad y cuánto de necesidad humana en reducir todo a relaciones sencillas que podamos entender?

La proporción áurea no es un patrón demostrado en la estructura del cosmos, aunque pueda aparecer como aproximación en múltiples sistemas naturales. Su fuerza divina reside más en lo metafórico y lo simbólico: un puente entre la escala humana (arte, cuerpo, arquitectura) y el universo (galaxias, dinámica natural).

Sin embargo, el debate inveterado persiste entre el deseo de un dios matemático perfecto que da sentido a la existencia y la cuantificación matemática de la realidad.

Medirse para entenderlo todo

El número de Fibonacci, aplicado al Quijote.
Armando Ríos Almarza. Medir sin metro, Ayuntamiento de Ávila, 2006.

El hecho de llamar a las matemáticas “un lenguaje universal que conecta al ser humano con los patrones del arte, la biología y el cosmos” no significa que exista un único número mágico gobernándolo todo. Lo que realmente conecta esas dimensiones es la tendencia de la naturaleza y del ser humano a generar proporciones, simetrías y regularidades que nos ayudan a entender el mundo y predecir el incierto futuro. La proporción áurea es solo una de tantas fórmulas posibles, quizá la más célebre por su elegancia y por las veces que parece aproximarse a fenómenos naturales y creaciones humanas.

La incógnita interesante no es si el número áureo está realmente en todas partes, sino por qué seguimos buscándolo, por qué nos atrae tanto la idea de que una simple proporción pueda tender un puente entre nuestra anatomía, los templos griegos y las espirales galácticas.

La pregunta queda flotando

Tal vez todo sea fruto de nuestra obstinación en encontrar sentido donde, quizás, solo hay azar. ¿De verdad compartimos un patrón secreto con las estrellas, o lo inventamos porque nos fascina reconocernos en todo lo que brilla?

Esa respuesta, queridos lectores, nos obligaría a desplegar toda la artillería del pensamiento, la filosofía, el arte, la historia, la física y, por supuesto, las matemáticas. Habría que escribir tratados enteros, organizar congresos y quizá hasta invocar a los mismísimos Policleto y Fibonacci para que nos marquen el compás. Difícil, ¿verdad?

Aunque, si lo pensamos bien, más difícil todavía es resistirse a seguir midiéndonos la nariz frente al espejo con la esperanza de descubrir en ella los secretos del universo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Cómo afrontar el discurso de odio en la escuela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Soto Carballo, Profesor Contratado Doctor, Universidade de Vigo

Unai Huizi Photography/Shutterstock

En las escuelas conviven culturas, idiomas y trayectorias diversas. Los espacios escolares, sin embargo, no están a salvo de determinadas actitudes de hostilidad de mayor o menor intensidad hacia el diferente, que pueden traducirse en chistes repetidos en el recreo, silencios incómodos en clase cuando alguien alza la voz contra un estereotipo o la infravaloración académica de estudiantes por su origen.

¿Qué sucede cuando una niña migrante escucha que “viene a quitarnos las ayudas”? ¿O cuando un adolescente racializado es excluido de ciertos espacios escolares? El aumento de la xenofobia, el racismo o la islamofobia está documentado por organismos internacionales, y ese odio se cuela en los pasillos de los centros escolares y en las pantallas de los móviles, reforzado por algoritmos que premian el contenido sensacionalista y polarizador.

Según datos del Consejo de Europa, los mensajes de odio en línea han crecido de forma exponencial en la última década. La OSCE advierte que estos discursos están vinculados al aumento de delitos motivados por prejuicios. Y las Naciones Unidas lo señalan como una de las amenazas más serias para la convivencia democrática del siglo XXI en su United Nations Human Rights Report 2022 (OHCHR).

¿Qué entendemos por discurso del odio?

El discurso del odio no es solo una opinión desagradable. Es una forma de comunicación, verbal, escrita o simbólica, que ataca a personas o colectivos por lo que son: su color de piel, su religión, su orientación sexual, su procedencia… Su objetivo no es debatir, sino deshumanizar. Y cuando esto ocurre, lo que viene después rara vez es pacífico.

No hay una definición única aceptada a nivel internacional, pero sí un consenso creciente: el odio no es una emoción neutra. Es un acto político, social y comunicativo que deja huellas profundas en quienes lo sufren y en quienes lo reproducen. La frontera entre libertad de expresión y fomento del odio sigue siendo espinosa. Mientras en Europa existen límites legales claros al discurso del odio, en Estados Unidos prima la Primera Enmienda, que lo protege como una manifestación de la libertad de expresión.

Inmigración, adolescencia y resiliencia

Los menores migrantes no acompañados son a menudo los más expuestos a estereotipos negativos. En España, más de 10 000 jóvenes estuvieron tutelados por las comunidades autónomas. Muchos llegan tras trayectos marcados por el desarraigo y la violencia. Frente a la narrativa de la amenaza, es urgente visibilizar su resiliencia, su esfuerzo y su deseo de construir un futuro digno.

Pero el sistema no siempre está preparado. Al cumplir 18 años, muchos jóvenes quedan fuera de las redes de protección y se enfrentan a un mercado laboral hostil, sin apoyos suficientes.




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Cuando el odio se cuela en el aula

Aunque hay iniciativas positivas, aún falta investigación sobre cómo el odio opera entre el alumnado y cómo contrarrestarlo. Sabemos que los mensajes de odio se propagan más rápido que las estrategias pedagógicas para frenarlos. Pero también sabemos que el aula es un espacio privilegiado para construir ciudadanía crítica, empática y plural. Esto requiere profesorado formado, con recursos didácticos adecuados y apoyo institucional para abordar la diversidad desde la inclusión y no desde la mera tolerancia.

La respuesta no puede ser solo jurídica o policial. El discurso del odio se combate también con educación: una educación que enseñe a pensar, a convivir y a empatizar. Proyectos pedagógicos que incorporen testimonios migrantes, análisis críticos del lenguaje, experiencias de aprendizaje-servicio o formación docente en justicia social son caminos posibles.




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Muchas escuelas han implementado talleres de alfabetización mediática y programas de convivencia intercultural. En Galicia, por ejemplo, algunos centros han trabajado con asociaciones locales en proyectos de aprendizaje servicio que conectan alumnado y comunidades migrantes.

Iniciativas para estudiantes

En el ámbito educativo se han desarrollado distintas iniciativas orientadas a contrarrestar el discurso de odio y favorecer la inclusión. Un ejemplo es Break the Hate Chain!, guía educativa impulsada en España por la Fundación FAD Juventud (FAD) y Maldita.es con el apoyo de Google.org, que propone actividades dirigidas a jóvenes de entre 14 y 19 años con el objetivo de trabajar la convivencia, el pensamiento crítico y la construcción de discursos inclusivos.




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En el plano europeo, la iniciativa Education Stops Hate genera recursos educativos abiertos, guías prácticas y kits pedagógicos que permiten al profesorado abordar el odio en las aulas y promover el diálogo intercultural. Finalmente, el proyecto Inmigración, adolescencia y resiliencia centra su atención en los desafíos que atraviesan los adolescentes en contextos migratorios, al tiempo que pone en valor los factores de resiliencia como claves para avanzar en la inclusión social y educativa.

Contra el odio, una pedagogía del cuidado

Frente a la banalización del odio, necesitamos pedagogías del cuidado, de la escucha, de la palabra compartida. Una ciudadanía capaz de detectar y desmontar el odio no se construye solo con leyes o con tuits. Se construye en las aulas, con vínculos, con presencia, con proyectos como los ya citados, que demuestran que es posible.

La Agenda 2030, en su Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4), recuerda que una educación inclusiva y de calidad es clave para promover la igualdad y la paz. Combatir el odio no es únicamente frenar un problema puntual: es apostar por un futuro en el que la diversidad sea reconocida como una riqueza y no como una amenaza.

Porque el odio no se combate con silencio: se combate con una educación que no deja a nadie atrás.

The Conversation

Jorge Soto Carballo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo afrontar el discurso de odio en la escuela – https://theconversation.com/como-afrontar-el-discurso-de-odio-en-la-escuela-223891

De inmóviles, nada: estas son las plantas más veloces

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis Acebes Arranz, Catedrático de Fisiología Vegetal, Universidad de León

Las veloces trampas de _Dionaea muscipula_. Tippitiwichet/Wikimedia Commons, CC BY-NC

“Ser vivo autótrofo y fotosintético, cuyas células poseen pared compuesta principalmente de celulosa y carece de capacidad locomotora”. Es la definición de planta que nos da la RAE. Quizá, esto podría llevarnos a pensar que están condenadas a no cambiar de lugar o posición. Pero nada más lejos de la realidad.

Hace ya casi siglo y medio (en 1880), Charles Darwin y su hijo Francis se interesaron por el tema y publicaron El poder del movimiento de las plantas. Hoy en día se reconocen numerosos movimientos en el mundo de las plantas, y muchos de ellos figuran en los libros de texto de Biología. Entre ellos, destacan el repliegue de los foliolos –hojuelas que forman parte de una hoja compuesta– de las mimosas, que se produce en el orden de un segundo, o el cierre de la trampa de la atrapamoscas –Dionaea muscipula–, que tarda en dispararse entre 0,1 y 0,3 segundos.

Humano provoca el cierre de los foliolos (cada una de las hojitas que forma una hoja compuesta) de la mimosa.
University of Oxford Botanic Garden and Arboretum, CC BY-NC
Drosera glanduligera o hierba del rocío, una de las plantas carnívoras más veloces.
Wikimedia Commons., CC BY

Más rápidos aún son los desplazamientos de los tentáculos de otra planta carnívora, la hierba del rocío o Drosera glanduligera, que vive en Australia y actúa en apenas 75 milisegundos.

Invisibles al ojo humano

Estos ejemplos, aun siendo tan rápidos, pueden ser percibidos sin dificultad por el ojo humano, capaz de detectar cambios en el entorno a partir de los 15 milisegundos (nuestra percepción se sitúa entre 30 y 60 fotogramas por segundo).

Sin embargo, hay ciertos movimientos vegetales que no podemos percibir en el momento exacto en el que se activan, ya que suceden por debajo de ese umbral de percepción humano: en menos de 10 milisegundos.

Un buen exponente es el lanzamiento de polen en especies como la morera (Morus alba) –la misma con la que alimentamos a los gusanos de seda–, que expulsa su polen en apenas 25 microsegundos. Esto supone una velocidad cercana a los 560 km/h.

También es extremadamente rápido el disparo del polen del cornejo canadiense (Cornus canadensis), un arbusto de Norteamérica y el este de Asia, que tiene lugar en menos de 5 milisegundos.

Lanzamiento de polen de Cornus canadensis. Alejandro Acosta, J. Edwards, Marta Laskowski and D. Whitaker.

Cazadoras veloces

También se accionan a una velocidad sorprendente las trampas de algunas plantas carnívoras acuáticas, con las que capturan pequeños animales del tipo de las pulgas de agua. Aquí se llevan la palma la Utricularia sp_, que se cierra en entre 300 y 700 microsegundos, y Aldrovanda vesiculosa, que solo necesita entre 10 y 20 milisegundos.

Además, se han descrito mecanismos explosivos de dispersión de semillas como los del pepinillo del diablo (Ecballium elaterium) y la balsamina del Himalaya (Impatiens glandulifera), que las disparan en apenas 2 milisegundos.

La defensa del tomate

Recientemente, científicos de la Universidad de Ámsterdam han descrito un movimiento más rápido aún, relacionado esta vez con la defensa frente a insectos. Lo han encontrado en una planta tan familiar como el tomate, en la que, cuando la miramos a contraluz, se aprecian multitud de pelos finos llamados tricomas. Algunos son muy largos e impiden el “aterrizaje” de muchos insectos, pero otros de tamaño mucho menor tienen funciones sorprendentes. Entre ellos, están los tricomas glandulares de tipo VI, que constan de un tallo, una célula del cuello y una cabeza glandular compuesta por cuatro células.

Epidermis del tallo de la planta de tomate (Solanum lycopersicum).
Lucía López López.
Una ninfa de trips rompe algunos tricomas tipo VI de la planta de tomate.
Jared Popowski, Lucas Warma, Alicia Abarca Cifuentes, Petra Bleeker, Maziyar Jalaal, Glandular trichome rupture in tomato plants is an ultra-fast and sensitive defense mechanism against insects, Journal of Experimental Botany, 2025.

Cuando esta cabeza pierde su integridad –por ejemplo, al ser tocada por un insecto diminuto–, libera el fluido que contiene en menos de un milisegundo. Este líquido es pegajoso y se adhiere al cuerpo del insecto, inmovilizándolo hasta provocar su muerte. Y es que, aunque no se desplacen, en las plantas la velocidad también puede ser cuestión de vida o muerte.

Los 10 movimientos más rápidos en plantas

Ranking de los movimientos más rápidos reportados en las plantas. En fondo amarillo aquellos movimientos que están por debajo del límite de detección del ojo humano.
Authors provided, CC BY-NC

Este artículo se benefició de la participación de Lucía López López en la aportación de la fotografía y en la búsqueda y revisión del texto y los materiales.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Solo una de cada diez se recicla: el reto de introducir las baterías de litio en la economía circular

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Jesús Navarrete Segado, Personal Docente Investigador, Universidad de Jaén

Baloncici/Shutterstock

De los smartphones a los vehículos eléctricos, las baterías de litio son componentes tecnológicos críticos para una transición energética sostenible.
Como parte de la estrategia europea para lograr la neutralidad climática para 2050, Europa está realizando una firme apuesta por su reciclaje, para contribuir a la economía circular y a la reducción de residuos. España, por su parte, tiene varias plantas y proyectos en marcha para recuperar materias primas con alto valor añadido, como litio, cobalto y níquel.

Contexto global: la demanda crece

La demanda global de baterías, con un crecimiento exponencial impulsado por la movilidad eléctrica y el almacenamiento de energías renovables, requerirá de una producción global equivalente a 2,7 teravatios-hora al año para 2030. Sin embargo, nos enfrentamos a un desafío crítico: la escasez inminente de litio. Porque, a pesar de que las reservas mundiales se estiman en 22 millones de toneladas (suficientes para producir casi 2 500 millones de baterías), la Agencia Internacional de la Energía prevé un desabastecimiento para 2025.

Este hecho se debe principalmente a la dificultad que tiene la industria para extraer litio y procesarlo a un ritmo suficientemente rápido: los nuevos proyectos mineros tardan más de una década en desarrollarse. Ante este desafío, el reciclaje de baterías se presenta como una solución clave, con el potencial de reducir la necesidad de nuevo litio en un 10 % para 2040.

Esto resulta especialmente relevante en Europa, cuya dependencia de la importación de materias primas críticas es muy elevada (100 % en el caso del litio y 98 % en el del grafito natural).

Reciclaje en España

España, aunque sin minas de litio en explotación comercial, demuestra su compromiso con la economía circular a través de iniciativas concretas. Por ejemplo, están las plantas de A.3 Aprofitament Assessorament Ambiental en Granollers (Barcelona) y Novolitio en León –con una capacidad de reciclaje estimada de hasta 25 000 toneladas anuales–, o la iniciativa BeeCycle en Navarra.

Por otro lado, el interés de gigantes en el sector, como la empresa china Tianneng, que tiene prevista la implantación de una planta local en Jaén, pone de manifiesto el gran potencial industrial y estratégico de España.

La reutilización de las baterías es otra solución estratégica, ya que darles una segunda aplicación al final de su vida útil puede reducir las emisiones de carbono en 56 millones de toneladas para 2050, según un estudio reciente liderado por la Universidad de Münster (Alemania).

China lleva la delantera

Según un artículo de 2023, solo un reducido número de países tiene empresas capaces de gestionar el ciclo completo del reciclaje, incluyendo recogida, desmontaje y procesado químico y mecánico.

Dos operarios supervisan una gran batería.
Mantenimiento de baterías.
Washburn HM/Shutterstock

Actualmente, China lidera el sector, mientras Europa y Estados Unidos invierten en la ampliación de infraestructuras. En Europa, se reciclan aproximadamente 50 000 toneladas de baterías usadas al año y se estima que, para 2030, alcance una capacidad de unas 420 000 toneladas anuales.

Retos por delante

El proceso de reciclaje presenta importantes desafíos, como las bajas tasas de recolección, los altos costos de transporte y los posibles problemas de seguridad. Este último aspecto se ha puesto de manifiesto por los incidentes ocurridos recientemente en las plantas de reciclado de baterías de Sant Julià de Llor (Girona), el pasado mes de abril, y Azuqueca de Henares (Guadalajara), en julio.

Otro desafío es la baja tasa de reciclaje: solo se da una segunda vida al 12 % de las baterías en el mundo. Esto se debe principalmente a tres factores: la complejidad química de las baterías, la falta de infraestructura y personal técnico cualificado y la ausencia de normativas claras sobre actores y responsabilidades en el reciclaje.

Además, el transporte de las baterías hasta las plantas de reciclaje impacta directamente en la viabilidad económica del proceso y puede suponer más de un 70 % del coste total.

De este modo, diversos estudios ponen de manifiesto que la viabilidad económica se alcanza en aquellos supuestos donde el punto de recolección de las baterías y las plantas de reciclado se encuentran dentro del mismo país.

El reciclaje incluye desde la recogida y desmontaje hasta la separación de materiales críticos.
Pedro Jesús Navarrete.

Hacia una economía circular avanzada

Para superar estos retos, Europa está impulsando activamente la innovación y una sólida política regulatoria. El Reglamento de Baterías de la UE (2023) fija los objetivos de reciclaje y exige un contenido mínimo de componentes reciclados en las baterías.

La tecnología también está evolucionando, con investigaciones centradas en el reciclaje directo, que permite preservar la estructura de la batería a la vez que reduce el coste energético y la complejidad del proceso. Además, la robotización minimiza riesgos y dependencia del trabajo manual.

Otra innovación clave es el pasaporte digital de baterías, que permitirá rastrear cada una con datos de composición, origen e historial. Esto facilitará enormemente los procesos de reutilización y reciclaje al final de su vida útil.

Manos a la obra

Proyectos europeos como BeyondBattRec, RESTORE y RECYCALYSE, buscan desarrollar procesos de reciclaje más sostenibles y rentables.

Así, BeyondBattRec, con la participación de socios españoles como la Universidad de Jaén y Andaltec, aspira a recuperar hasta un 95 % de materiales críticos y a reducir las emisiones de CO₂ del proceso en un 50 %.

Por su parte, RESTORE –liderado por la fundación LEITAT, con participación de las empresas españolas Toratecnica SLU, Indumental Recycling SA y Dlyte Chemicals– tiene como objetivo revolucionar la gestión de los residuos procedentes de baterías al final de su vida útil.

Complementando este esfuerzo, el proyecto RECYCALYSE se enfoca en perfeccionar un sistema de circuito completamente cerrado que recupere y reutilice los materiales directamente, con la empresa española Sustainable Innovations como socio.

Aunque afronta retos significativos, el reciclaje de baterías es clave para la autonomía tecnológica de Europa y España. Con iniciativas locales, regulación ambiciosa y nuevas tecnologías, el desafío se convierte en oportunidad: no basta con extraer, hay que recuperar y reutilizar lo ya consumido para garantizar una transición energética y un futuro más sostenibles.

The Conversation

Pedro J. Navarrete desarrolla su labor como investigador en el proyecto BeyondBattRec, referido en este artículo. Esta vinculación no ha condicionado el contenido, que refleja exclusivamente su propio análisis y opinión.

Antonio Peñas Sanjuán es investigador en el proyecto BeyondBattRec, referido en este artículo. Esta vinculación no ha condicionado el contenido, que refleja exclusivamente su propio análisis y opinión

ref. Solo una de cada diez se recicla: el reto de introducir las baterías de litio en la economía circular – https://theconversation.com/solo-una-de-cada-diez-se-recicla-el-reto-de-introducir-las-baterias-de-litio-en-la-economia-circular-264506

Piense en cómo piensa antes de preguntarle nada a la IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

Login/Shutterstock

“¿Cómo pensamos?”. Aunque parece una pregunta sencilla, en realidad es una de las más profundas que una persona puede plantearse.

La educación puede ayudar a responderla, pero no mediante soluciones prefabricadas sino enseñando a las personas a pensar por sí mismas, a cultivar su autonomía y a convertirse en seres reflexivos y capaces de dirigir su propio aprendizaje. Pensar no es memorizar: requiere de métodos que afinen el juicio y amplíen la mirada.

  • El método socrático, por ejemplo, obliga a justificar las propuestas con argumentos razonables y convincentes.

  • La técnica del juego del rol invita a ponerse en la piel del otro, a asumir sus valores e intereses para comprender cómo toma sus decisiones.

  • El estudio comparado, por su parte, reconoce que la cultura y el idioma moldean el conocimiento: personas de distintas geografías pueden razonar de manera muy distinta, y reconocer esas diferencias enriquece nuestra propia vida intelectual.

En conjunto, todas estas metodologías muestran que existen múltiples maneras de pensar, cada una de las cuales configura la forma en que deliberamos, decidimos y actuamos.

En psicología cognitiva, el análisis de este proceso se denomina metacognición. Practicar la metacognición significa tomar conciencia de nuestros procesos mentales, detectar los patrones que los guían y dar un paso atrás para preguntarnos:

  • ¿Qué problema intento resolver?

  • ¿Cómo lo estoy abordando?

  • ¿Acepto esta respuesta demasiado deprisa?

En educación, la metacognición es lo que permite a los estudiantes planificar sus estrategias, supervisar su aprendizaje y ajustar sus métodos. Pero estas habilidades no surgen de manera espontánea, sino que deben cultivarse de forma deliberada.

Intuición versus análisis

Un avance decisivo en la comprensión de la metacognición llegó de la mano de Daniel Kahneman, Nobel de Economía en 2002, quien sintetizó décadas de investigación en psicología en su libro Pensar rápido, pensar despacio. Kahneman mostró que la mente no funciona como un único motor racional, sino a través de dos sistemas complementarios.

  1. El sistema 1, rápido, intuitivo y automático, permite reconocer al instante el rostro de un amigo, terminar la frase de otra persona o frenar bruscamente antes de que el peligro llegue siquiera a registrarse conscientemente. Es eficaz, pero propenso al error, porque se basa en atajos mentales construidos a partir de la experiencia.

  2. El sistema 2, en cambio, es lento, deliberado y analítico y se activa cuando resolvemos un problema complejo, hacemos una evaluación detallada o cuestionamos nuestras primeras impresiones. Es más preciso, pero también más exigente, razón por la cual solemos evitarlo.

Kahneman y su coautor Amos Tversky demostraron que muchos de nuestros errores de juicio provienen de confiar en exceso en el sistema 1 y no activar el sistema 2 cuando la exactitud resulta crucial.

En este sentido, Kahneman prolonga una tradición filosófica que se extiende de Platón y Aristóteles a Hume, Locke y Wittgenstein: la búsqueda de marcos conceptuales para comprender cómo razonamos, decidimos y actuamos.

Alimentar la experiencia

La llegada de la inteligencia artificial ha alterado el equilibrio. Si se delega demasiado en las máquinas la resolución de problemas, el riesgo no es solo que el sistema 2 quede infrautilizado, sino que el sistema 1 también se debilite. La intuición no surge de la nada: se entrena y se alimenta con el trabajo paciente de la razón.

Cada vez que nos enfrentamos a un problema, probamos soluciones y refinamos nuestros juicios, estamos nutriendo al sistema 1 con la experiencia que necesita para, en el futuro, elaborar evaluaciones rápidas y certeras. Si la IA hace esos pasos en nuestro lugar, el depósito de experiencias se reduce. El sistema 1 seguirá funcionando, pero su biblioteca de experiencias será más pobre y menos fiable.

El reto es claro: si se usa de manera acrítica, la herramienta que promete liberar nuestra energía mental puede dejarnos con menor capacidad tanto para el análisis profundo como para la intuición rápida. Y dado que la IA no solo refleja sino que puede amplificar los sesgos humanos –y, además, es capaz de generar sus propias alucinaciones–, el ejercicio disciplinado del sistema 2 se vuelve más necesario que nunca.

Sin embargo, usada con criterio, la IA puede ayudar a estructurar el pensamiento, ofrecer perspectivas alternativas y estimular la reflexión. Pero esto exige diseñar experiencias de aprendizaje en las que los usuarios comparen, cuestionen y vuelvan a comparar y cuestionar los resultados que ofrece la máquina.

En cambio, usada sin cuidado la IA se convierte en una muleta cognitiva, una manera de evitar el esfuerzo reflexivo y de conformarse con respuestas fáciles.

La cuestión es el cómo

Un estudio reciente en China ilustra bien esta tensión. En un curso de inglés académico, los estudiantes llevaban diarios reflexivos y participaban en entrevistas. Aplicando la teoría del aprendizaje experiencial –según el cual, el aprendizaje se produce en un ciclo de acción, reflexión, conceptualización y experimentación– los investigadores observaron que los estudiantes que reflexionaban sobre el uso de la IA desarrollaban un conocimiento más profundo e integrado sobre cuándo, por qué y cómo utilizarla. Otros, en cambio, la trataban como un atajo y temían que debilitara sus competencias lingüísticas.

Los autores concluyeron que el uso excesivo de la IA con fines instrumentales puede minar el desarrollo del lenguaje, lo que subraya la necesidad de una utilización reflexiva más que solo funcional. La enseñanza es clara: lo decisivo no es si se usa la inteligencia artificial sino cómo.

¿Por qué?

El método de gestión los cinco porqués de Toyota es una herramienta simple y poderosa para llegar a la raíz de un problema. El principio es directo: al preguntar repetidamente, y al menos cinco veces, “¿por qué?” ante cada explicación, quedan atrás las respuestas superficiales y se llega a sus causas profundas. Este método es un recurso de gestión pero también una forma de metacognición: obliga a ir más allá de la primera respuesta, a interrogar las propias suposiciones y a dirigir de manera consciente el pensamiento.

En un mundo donde la IA puede generar en segundos una respuesta a casi cualquier cuestión, la verdadera ventaja pertenece a quienes saben interrogar esas respuestas, rastrear su propio razonamiento y elegir deliberadamente cómo proceder. La IA puede ser una compañera en ese proceso, pero solo si seguimos siendo los autores de nuestro pensamiento.

Por ello es fundamental adoptar estrategias prácticas que impidan que la IA erosione ese músculo intelectual tan esencial que es la metacognición. Algunas recomendaciones útiles son:

  • Delimitar el problema antes de consultar a la IA: definir el propósito, la pregunta central y la conclusión que se espera alcanzar.

  • Verificar las fuentes que ofrece la IA, seleccionar las más creíbles y leerlas con espíritu crítico.

  • No permitir que la IA dicte las conclusiones; anticiparlas uno mismo.

  • Trabajar en varias iteraciones, idealmente cinco o más, afinando el razonamiento en cada intercambio.

  • Añadir experiencias personales y reflexiones propias para hacer el texto original e inconfundible.

  • Al terminar, reflexionar explícitamente sobre lo que se ha aprendido en el proceso; cada reflexión refuerza la metacognición.

En definitiva, la metacognición no consiste en demorarse ni en dudar por dudar. Consiste en asumir la autoría consciente de nuestros procesos mentales. En una era en la que la IA puede ofrecer una respuesta instantánea a casi cualquier pregunta, la verdadera inteligencia no pertenece a quien responde más rápido, sino a quien es capaz de cuestionar esa respuesta, repensarla y decidir conscientemente cómo avanzar.


Una versión de este artículo se publicó en LinkedIn.

The Conversation

Santiago Iñiguez de Onzoño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Piense en cómo piensa antes de preguntarle nada a la IA – https://theconversation.com/piense-en-como-piensa-antes-de-preguntarle-nada-a-la-ia-265817

¿Qué pasaría si dejásemos de recibir imágenes de Gaza?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Olga Cruz Moya, Profesora titular de universidad, área de Lengua española, Universidad Pablo de Olavide

Gazatíes desplazados a las escuelas de UNRWA de Khan Yunis desde Ciudad de Gaza, siguiendo las órdenes del ejército israelí en preparación para una operación y ocupación terrestre, el 7 de septiembre de 2025. Anas-Mohammed/Shutterstock

El pasado 1 de septiembre, la ONG Reporteros sin Fronteras publicó un informe que comenzaba con una frase estremecedora: “Si el Ejército israelí sigue asesinando periodistas a este ritmo, pronto no quedará ninguno en Gaza para informarte”.

Declaración de Reporteros sin Fronteras (1 de septiembre de 2025).
Declaración de la ONG Reporteros sin Fronteras del 1 de septiembre de 2025.
Reporteros sin Fronteras

Días después, la Franja sufrió un corte de comunicaciones que la mantuvo aislada durante más de 24 horas. De no haberse restablecido, desde fuera nos hubiésemos quedado sin imágenes de lo que sucede dentro (Israel prohíbe el acceso a periodistas internacionales; los únicos que están sobre el terreno son los gazatíes).

Y ¿qué consecuencias tiene que dejemos de recibir noticias sobre acontecimientos que implican la pérdida violenta de vidas humanas, como guerras, catástrofes humanitarias o masacres genocidas como la actual?

En la era de la información global, que un conflicto lejano como el de Gaza tenga relevancia en la agenda informativa depende de una compleja cadena de decisiones editoriales. Desde la perspectiva de análisis crítico del discurso, poder-decir es una forma de poder simbólico que se manifiesta en la capacidad de definir la realidad que se expone en el espacio público, lo que influye directamente en la conformación de la opinión pública o el consenso social.

Los medios son nuestras ventanas al mundo

El papel de los medios resulta crucial en todo aquello que queda más allá de la experiencia directa de las personas. Seleccionar lo que se considera noticia implica, necesariamente, silenciar otros hechos. Los criterios de publicación suelen priorizar la imprevisibilidad, lo inusual, la “convulsión informativa” y las situaciones de urgencia.

Este sesgo favorece una cobertura intensiva y circunstancial, pero efímera: las crisis humanitarias irrumpen con fuerza en la agenda mediática durante sus momentos más dramáticos, pero rara vez se sostienen en el tiempo. La atención inicial contrasta con el olvido posterior, lo que debilita la comprensión de las consecuencias a largo plazo.

En el caso de un conflicto prolongado, como el palestino-israelí, cobra especial relevancia el recuerdo mediático, entendido como el proceso mediante el cual la prensa reactualiza episodios pasados, construyendo una memoria compartida que legitima actores y orienta la percepción pública. Así, los medios no solo registran hechos: también sedimentan visiones que configuran el imaginario colectivo.

La importancia de la imagen y el riesgo de saturación

Las imágenes transmitidas desde zonas en conflicto permiten dimensionar la destrucción y el sufrimiento humano, despertando empatía, reacción ciudadana e incluso presión política sobre los gobiernos. Sin embargo, en muchos casos, los medios privilegian el impacto visual por encima de la explicación o el análisis. La televisión, en particular, tiende a conmover antes que a contextualizar, movilizando emociones inmediatas más que comprensión crítica.

En lugar de explicar, informar, educar o analizar, a menudo se busca sacudir al espectador por motivos fundamentalmente humanos y psicológicos, pero también de mero espectáculo. Así sucedió con la retransmisión de la primera guerra de Irak. La prensa puede dar margen a la reflexión y la profundidad, pero la televisión establece el puente hacia los sentimientos, la emoción y la subjetividad.

Imagen de diferentes mujeres con bebés en brazos.
Mujeres con niños con desnutrición en la clínica ambulatoria del Hospital Nasser en Khan Yunis, al sur de la Franja de Gaza, el 13 de septiembre de 2025.
Anas-Mohammed/Shutterstock

Como señaló el filósofo francés Roland Barthes, la imagen funciona como un anclaje semiótico que otorga prueba y densidad al discurso. En España, diversos estudios muestran que la violencia televisada intensifica la implicación moral cuando las víctimas se presentan como cercanas y humanizadas. Pero la abundancia de imágenes puede tener el efecto contrario: la llamada “fatiga compasiva” transforma la tragedia en un espectáculo rutinario, incapaz ya de conmover ni movilizar.

El peso del relato

La manera en la que se describen las crisis no es casual. La información se elabora según una estructura en torno a un “molde” o marco interpretativo (framing) preestablecido que condiciona la interpretación de los hechos.

En los picos de atención mediática, el énfasis suele recaer en el despliegue armamentístico y el sufrimiento de los civiles, mientras se silencian las raíces de los conflictos, de carácter político y económico. Las estrategias discursivas importan: las representaciones personalizadas y humanizadas favorecen la empatía, mientras que las metáforas deshumanizadoras o expresiones connotadas negativamente refuerzan estereotipos y limitan la compasión.

En el caso palestino-israelí, la prensa española ha mostrado una atención intermitente en estos últimos setenta años, recurriendo a denominaciones que fluctúan entre la amplificación y la minimización de estos episodios: “conflicto”, “oleada de ataques”, “espiral de violencia”, “escalada de tensión”, “terrorismo”, “intifada”. Cada elección léxica moldea la forma en que el público percibe la magnitud y legitimidad de los hechos.

Un hombre camina por una calle llena de escombros.
Destrucción en Hamad City, en Khan Yunis, al sur de la Franja de Gaza.
Mohammad Abu Elsebah/Shutterstock

Matar al mensajero: censura, bloqueo y desinformación

La información en contextos de guerra es también un campo de disputa política. Gobiernos y actores en conflicto buscan controlar el flujo de imágenes o manipular narrativas para justificar sus acciones o evitar el descrédito internacional. Esto queda claramente ejemplificado en el hecho de que los periodistas internacionales no puedan acceder a Gaza. La censura y la desinformación niegan a la ciudadanía la posibilidad de formarse una opinión crítica, debilitando los pilares democráticos y desmovilizando la solidaridad internacional.

En el ecosistema digital, además, la lógica algorítmica y la circulación acrítica de fuentes multiplican la fragmentación y la distorsión de los hechos. La verificación periodística y la autorregulación profesional se vuelven, por ello, herramientas imprescindibles para contrarrestar la manipulación interesada y la polarización.

Ojos que no ven…

Dejar de recibir imágenes de Gaza no implica únicamente ignorar lo que ocurre: supone perder los marcos discursivos que sostienen la memoria social y la empatía ciudadana. Cortar las comunicaciones es cortar narrativas, y sin narrativas se debilitan tanto la solidaridad como la rendición de cuentas en la esfera internacional. Y también significa darles la espalda a los periodistas que han muerto para que el mundo pueda ver lo que allí sucede.

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Olga Cruz Moya no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué pasaría si dejásemos de recibir imágenes de Gaza? – https://theconversation.com/que-pasaria-si-dejasemos-de-recibir-imagenes-de-gaza-265721

Así sería vivir con un gemelo digital al lado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jon Andoni Duñabeitia, Director del Centro de Investigación Nebrija en Cognición (CINC) y Director de la International Chair in Cognitive Health (ICCH) en la Universidad Nebrija, Universidad Nebrija

metamorworks/Shutterstock

Cuando escuchamos la palabra gemelos, pensamos en dos personas idénticas que comparten rasgos físicos y, en ocasiones, hasta ciertas manías. Pero en el mundo de la tecnología ha nacido otro tipo de gemelos, tan revolucionarios como desconocidos: los gemelos digitales.

Un gemelo digital es una réplica virtual de un sistema real. Se trata de un modelo dinámico que, alimentado por datos en tiempo real, imita el comportamiento de aquello que representa. Es como tener un espejo inteligente que no solo refleja nuestro estado, sino que aprende de cada movimiento para anticipar el siguiente.

En diferentes sectores ya se utilizan desde hace años. Gracias a ellos se predicen fallos en aviones antes de que ocurran, se optimizan fábricas enteras o se diseñan coches que han aprendido de los datos de conducción de miles de usuarios. Más recientemente, su aplicación en contextos del sector de la agricultura está suponiendo un avance significativo en la predicción del impacto del clima y los cambios debidos a situaciones naturales sobre las cosechas, por ejemplo.

En el ámbito médico, los gemelos digitales están marcando un antes y un después. Existen, por ejemplo, propuestas basadas en gemelos cardiacos digitales orientadas a simular el funcionamiento del corazón de cada paciente con un nivel de detalle asombroso. Gracias a ellos, los médicos podrán anticipar cómo responderá un corazón concreto ante una arritmia o un tratamiento específico, sin necesidad de arriesgar al paciente real.

Esta combinación de modelado virtual y datos clínicos abre la puerta a una medicina más predictiva, personalizada y segura, en la que las decisiones terapéuticas se basan no solo en la experiencia médica, sino también en la simulación de lo que ocurrirá en nuestro doble digital.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando esta idea se traslada al terreno del cerebro humano?

De la fábrica al cerebro: una revolución en marcha

La salud cognitiva y la salud mental son pilares de nuestro bienestar, pero también son frágiles. El deterioro asociado a la edad, la depresión, la ansiedad o los trastornos neurodegenerativos siguen siendo grandes retos para la medicina.

Aquí es donde la inteligencia artificial abre una ventana de esperanza. Al integrar y analizar grandes volúmenes de datos, la IA puede ayudar a detectar antes la enfermedad, seleccionar mejor a los pacientes para ensayos clínicos y hasta simular la evolución de cada individuo mediante gemelos digitales. En otras palabras, la IA nos ofrece la posibilidad de adelantarnos al deterioro, diseñar intervenciones a medida y acelerar la llegada de terapias más eficaces y seguras.

Recientemente, un equipo de científicos de la Universidad Duke, la Universidad de Columbia, la Universidad Nebrija y CogniFit han desarrollado un nuevo marco de trabajo para abordar la salud mental y cognitiva de las personas basado en los gemelos cognitivos digitales. Se trata de representaciones virtuales que integran datos de nuestra actividad cerebral y conductual, nuestros hábitos diarios y nuestras respuestas emocionales. Gracias a la IA, estos modelos dinámicos pueden aprender y actualizarse con cada nueva interacción.

Imaginemos que cada persona pudiera tener su “doble digital” cognitivo, que predice cómo va a evolucionar su memoria o su atención, y que propone actividades personalizadas para entrenar la mente antes de que aparezca un problema grave. ¿Asombroso, verdad?

Los aliados invisibles: ‘wearables’ e inteligencia artificial

La clave de esta revolución está en la integración con los dispositivos que ya llevamos encima. Los relojes inteligentes, las pulseras de actividad o los sensores de sueño proporcionan información continua sobre nuestro cuerpo. Los datos asociados al ritmo cardíaco, a la calidad del descanso, al nivel de actividad o al estrés podría ya estar nutriendo en tiempo real a nuestro “doble digital”, que aprende de esas señales y adapta las recomendaciones o entrenamientos cognitivos a nuestro estado físico y mental de cada momento.

La IA actúa como el director de orquesta que coordina todos estos datos, integrándolos en un sistema que no solo reacciona, sino que se adelanta a nuestras necesidades.

Mucho más que un videojuego para el cerebro

Hasta ahora, los entrenamientos cognitivos digitales han sido percibidos como juegos más o menos entretenidos, con beneficios limitados. La diferencia con los gemelos cognitivos es enorme: no hablamos de ejercicios genéricos, sino de un ecosistema dinámico, ajustado en tiempo real a cada persona, supervisado por profesionales de la salud y apoyado en evidencia científica. Este cambio de paradigma supone pasar de un enfoque de “café para todos” a una medicina verdaderamente personalizada y preventiva.

Por supuesto, no todo son promesas. Los gemelos digitales en este campo deben superar desafíos cruciales que garanticen la privacidad de los datos. Además, es necesario evitar la brecha digital que podría excluir a las personas mayores o con menos acceso tecnológico, y asegurar que las decisiones que tomen los algoritmos sean transparentes y éticas. En este punto, no debemos olvidar que los estudios más recientes indican que el uso de la tecnología ayuda a prevenir y retrasar el deterioro cognitivo, tanto normal como patológico.

Los gemelos digitales están llamados a ser una de las grandes revoluciones de la medicina y la ciencia cognitiva de este siglo. Igual que hace décadas nos parecía ciencia ficción hablar de llevar un ordenador en el bolsillo, en pocos años resultará natural tener un gemelo cognitivo que nos acompañe y nos cuide. Al fin y al cabo, ¿quién mejor que nuestro propio doble digital para ayudarnos a entendernos, anticiparnos y cuidarnos?

The Conversation

Jon Andoni Duñabeitia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así sería vivir con un gemelo digital al lado – https://theconversation.com/asi-seria-vivir-con-un-gemelo-digital-al-lado-265320

El paracetamol no provoca autismo y se puede usar durante el embarazo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nicholas Wood, Professor, The Children’s Hospital at Westmead Clinical School, University of Sydney

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha instado a las mujeres embarazadas a evitar el paracetamol, salvo en casos de fiebre muy alta, debido a su posible relación con el autismo.

El paracetamol, conocido por el nombre comercial Tylenol en EE. UU., se utiliza comúnmente para aliviar dolores, como el dolor de espalda y de cabeza, y para reducir la fiebre durante el embarazo.

Este fármaco está clasificado como un medicamento de categoría A por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. Esto significa que muchas mujeres embarazadas y en edad fértil lo han utilizado durante mucho tiempo sin que se haya producido un aumento de los defectos congénitos ni efectos nocivos para el feto.

Y es que es importante tratar la fiebre durante el embarazo. La temperatura corporal alta no tratada al principio de la gestación está relacionada con abortos espontáneos, defectos del tubo neural, labio leporino y paladar hendido, y defectos cardíacos. Las infecciones durante el embarazo también se han relacionado con un mayor riesgo de autismo.

¿Cómo ha evolucionado la investigación en los últimos años?

En 2021, un panel internacional de expertos analizó las pruebas de estudios en humanos y animales sobre el uso del paracetamol durante el embarazo. Su declaración de consenso advirtió de que puede alterar el desarrollo fetal, con efectos negativos para la salud del niño.

Más recientemente, el mes pasado, un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard examinó la asociación entre el paracetamol y los trastornos del desarrollo neurológico, incluidos el autismo y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), en las investigaciones existentes.

Identificaron 46 estudios y encontraron que 27 de ellos informaban de una relación entre el consumo del medicamento durante la gestación y los trastornos del desarrollo neurológico en los hijos, mientras que nueve no mostraban ninguna relación significativa y cuatro indicaban que se asociaba con un menor riesgo.

El trabajo más destacado de su revisión, debido a su sofisticado análisis estadístico, abarcó a casi 2,5 millones de niños nacidos en Suecia entre 1995 y 2019, y se publicó en 2024.

Los autores descubrieron que existía un riesgo ligeramente mayor de autismo y TDAH asociado al uso de paracetamol durante el embarazo. Sin embargo, cuando los investigadores analizaron pares de hermanos completos emparejados, para tener en cuenta las influencias genéticas y ambientales que compartían, no encontraron pruebas de un mayor riesgo de autismo, TDAH o discapacidad intelectual asociado al consumo del fármaco en cuestión.

Los hermanos de niños autistas tienen un 20 % de probabilidades de ser también autistas. Así mismo, los factores ambientales dentro del hogar pueden incrementar el riesgo. Para tener en cuenta estas influencias, los investigadores compararon los resultados de hermanos en los que uno de los niños había estado expuesto al paracetamol en el útero y el otro no, o cuando los hermanos tenían diferentes niveles de exposición.

Los autores del trabajo de 2024 concluyeron que las asociaciones encontradas en otros estudios pueden atribuirse a factores “confusos”: influencias que pueden distorsionar los resultados de la investigación.

Además, otra revisión publicada en febrero examinó los puntos fuertes y las limitaciones de la bibliografía publicada sobre el efecto del uso del paracetamol durante el embarazo en el riesgo de que el niño desarrollara TDAH y autismo. Los autores señalaron que la mayoría de los estudios eran difíciles de interpretar porque tenían sesgos, incluso en la selección de los participantes, y no tenían en cuenta los factores de confusión.

Cuando se tuvieron en cuenta los factores de confusión entre hermanos, se observó que cualquier asociación se debilitaba sustancialmente. Esto sugiere que los factores genéticos y ambientales compartidos pueden haber causado sesgos en las observaciones originales.

Determinar qué causa o aumenta el riesgo de autismo

Un aspecto clave a tener en cuenta al evaluar el riesgo del paracetamol y cualquier relación con los trastornos del desarrollo neurológico es cómo tener en cuenta de la mejor manera posible muchos otros factores potencialmente relevantes.

Aún no conocemos todas las causas del autismo, pero se han implicado varios factores genéticos y no genéticos: el uso de medicamentos por parte de la madre, enfermedades, índice de masa corporal, consumo de alcohol, tabaquismo, complicaciones durante el embarazo (como preeclampsia y restricción del crecimiento fetal), la edad de la madre y el padre, si el niño es el mayor o el menor de los hermanos, el llamado test de Apgar del recién nacido para determinar su estado de salud, la lactancia materna, la genética, el estatus socioeconómico y las características sociales.

Es especialmente difícil medir las tres últimas características, por lo que a menudo no se tienen debidamente en cuenta en los estudios.

En otras ocasiones, puede que lo importante no sea el uso del paracetamol, sino la enfermedad subyacente o la razón por la que se toma el medicamento, como la fiebre asociada a una infección, lo que influye en el desarrollo del niño.

Estoy embarazada, ¿qué significa esto para mí?

No hay pruebas claras de que el paracetamol tenga efectos nocivos para el feto. Sin embargo, al igual que con cualquier medicamento que se tome durante el embarazo, debe utilizarse en la dosis mínima eficaz y durante el menor tiempo posible.

Si está embarazada y tiene fiebre, es importante tratarla, incluso con paracetamol.

Si la dosis recomendada no controla sus síntomas o siente dolor, póngase en contacto con su médico, comadrona o hospital materno para obtener más asesoramiento médico.

Y, por último, recuerde que las recomendaciones para tomar ibuprofeno y otros antiinflamatorios no esteroideos (AINE) durante el embarazo son diferentes. El ibuprofeno no debe administrarse durante el embarazo.

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Nicholas Wood ha recibido financiación del NHMRC y ha disfrutado de una beca Churchill.

Debra Kennedy no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El paracetamol no provoca autismo y se puede usar durante el embarazo – https://theconversation.com/el-paracetamol-no-provoca-autismo-y-se-puede-usar-durante-el-embarazo-265884