También la digitalización y la brecha digital influyen en el derecho a la vivienda

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisa Brey, Profesora en sociología y opinión pública, experta en migraciones y vida urbana, Universidad Complutense de Madrid

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La brecha digital se une a las dinámicas excluyentes del mercado de la vivienda (proliferación de alquileres de corta estancia, retirada de viviendas del mercado alquiler) y a la escasez de iniciativas públicas. Como resultado, se refuerzan las dificultades de acceso a la vivienda, especialmente para las personas más vulnerables.

Así lo hemos comprobado en un estudio reciente, realizado en tres ciudades del sur de Europa: Madrid, Bolonia y Atenas.

Esta digitalización coloca a algunos grupos sociales en una situación de especial ventaja (nativos digitales, turistas o nómadas digitales) mientras otros (personas mayores o en situación de pobreza, por ejemplo) se ven especialmente excluidos.

Qué entendemos por digitalización en el sector vivienda

La digitalización se observa en tres niveles. El primero opera en el mercado inmobiliario en su conjunto, y está vinculado al auge del capitalismo digital. Un indicador es el aumento de los propietarios corporativos que gestionan el alquiler de sus propiedades anónimamente, con datos, y a través de intermediarios.

La lógica de datos rompe el vínculo entre propietarios e inquilinos, centrándose en maximizar beneficios y minimizar riesgos. Esto permite una gestión impersonal de los desahucios y discrimina a los inquilinos más vulnerables. Además, las plataformas digitales fomentan los aumentos en los precios de compra y alquiler.

El segundo nivel se refiere al uso de las redes por parte de movimientos sociales para dar visibilidad a las necesidades de vivienda. En España, ha sido relevante la acción en plataformas digitales de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y, más recientemente, de los Sindicatos de inquilinas e inquilinos.

El tercer nivel se refiere a la promoción de plataformas digitales por las autoridades públicas. El objetivo es ampliar el acceso a la información y la transparencia de las iniciativas públicas.

La digitalización beneficia a unos, no a todos

Según las entrevistas hechas en Madrid, Bolonia y Atenas, la brecha digital modula el impacto de la digitalización en el derecho a la vivienda. Este impacto depende de los grupos de población y el tipo de plataforma digital.

Las personas mayores, los migrantes, las personas sin hogar, los refugiados y los inquilinos se encuentran en una situación más vulnerable en la era digital. Por el contrario, propietarios e inquilinos a corto plazo (como los turistas o los nómadas digitales) pueden estar más protegidos.

La situación de los jóvenes es ambigua. En general, se ven menos afectados por la brecha digital, pero se encuentran en una situación vulnerable para acceder a una vivienda asequible y digna.

La generación de alquiler (generation rent), menores de 40 años que no pueden permitirse comprar una vivienda, que emergió como consecuencia a largo plazo de la crisis de 2008, agravado por la pandemia de covid-19, se ha consolidado como una generación de inquilinos. Para ellos, el régimen de tenencia tiene consecuencias vitales más allá de la vivienda: se retrasa la salida del hogar familiar y se pospone la formación de una familia propia, lo que a su vez provoca un desplome de la natalidad.

En los tres países que estudiamos es clara la posición de fuerza de las personas con mayores conocimientos digitales en el acceso a la vivienda. Tienen más poder para acceder a la información y negociar las condiciones del alojamiento. Un posible factor de protección ante la brecha digital sería unirse a movimientos sociales y organizaciones de defensa a través de la participación digital y analógica, dadas las consecuencias reales que tiene la brecha digital en el derecho a la vivienda.

En cuanto al tipo de plataformas digitales utilizadas por los ciudadanos, las plataformas austeras –que funcionan como intermediarias entre quien ofrece y quien recibe el servicio (por ejemplo, Idealista o Airbnb)–, benefician a los propietarios, especialmente si se trata de fondos de inversión transnacionales. Las redes sociales pueden convertirse en plataformas digitales de networking, defensa y diálogo. Ofrecen así mayor visibilidad al derecho a una vivienda digna.

Familiaridad versus brecha digital

En España, la digitalización puede facilitar el acceso a la vivienda a determinados grupos de población. Por ejemplo, los jóvenes, gracias a su familiaridad con el mundo digital y los anuncios en línea pueden encontrar compañeros de piso más rápidamente.

Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería (WhatsApp, Telegram y similares) son otros canales informales de acceso a la vivienda para jóvenes y otros grupos vulnerables. Allí pueden encontrar y compartir recursos de forma pública, o con un grupo limitado de personas de su confianza.

La brecha digital afecta al acceso a la vivienda de distintos modos. Interfiere al solicitar vivienda pública y ayudas económicas o al registrarse en el censo. Incide en otros procesos del ámbito privado, como el pago del alquiler y los servicios a través de oficinas electrónicas.

Más allá de la disponibilidad de dispositivos electrónicos, también el acceso a una conexión a internet adecuada es parte fundamental de la integración en la sociedad actual, junto con tener competencias digitales básicas.

Son notables los problemas que enfrentan las personas vulnerables cuando realizan tareas burocráticas complejas en los sitios web del gobierno. El acceso se ve agravado por la falta de conocimiento sobre dónde buscar la información. La brecha digital aumenta las dificultades para acceder a la información sobre la oferta de vivienda, ya que gran parte de ella se publica en listados en línea.

Retos de futuro

En materia de digitalización y vivienda, algunos temas merecen mayor atención. Es el caso de la gobernanza democrática (en el plano digital) de los sistemas de vivienda: la igualdad de acceso a la información digital sobre los programas de vivienda pública, el papel del Estado en la alfabetización digital, la política de vivienda asequible y la regulación de los mercados inmobiliarios, incluidos los alquileres a corto y medio plazo.

Estos nuevos conocimientos permitirán a las sociedades estar mejor preparadas para prevenir las crisis de vivienda y reconocer, proteger y cumplir el derecho a la vivienda para todos y por todos en la era digital.

The Conversation

Elisa Brey recibió fondos de UNA Europa, en 2022, como investigadora principal del proyecto “Digitalized exclusion, public opinion, and the right to housing in Europe” (Referencia: SF21D2). En el proyecto, liderado desde la Universidad Complutense de Madrid, colaboraron la Universidad de Bolonia (Giulia Ganugi & Sara Chinaglia) y KU Leuven (Angeliki Paidakaki & Maria Geldimi).

Ainhoa Ezquiaga Bravo recibió fondos de UNA Europa, en 2022, como colaboradora externa en el proyecto “Digitalized exclusion, public opinion, and the right to housing in Europe” (Referencia: SF21D2). En el proyecto, liderado desde la Universidad Complutense de Madrid, colaboraron la Universidad de Bolonia y KU Leuven.

– ref. También la digitalización y la brecha digital influyen en el derecho a la vivienda – https://theconversation.com/tambien-la-digitalizacion-y-la-brecha-digital-influyen-en-el-derecho-a-la-vivienda-274488

¿Puede una bebida deportiva casera ser tan efectiva como una comercial?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Pérez-López, Profesor Titular de Universidad. Ejercicio físico, Nutrición y Metabolismo, Universidad de Alcalá

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En carreras populares, entrenamientos de ciclismo y partidos de cualquier deporte bajo el sol, puede observarse una escena habitual. Alguien abre una botella fluorescente y bebe de ella para hidratarse mientras se recupera del esfuerzo. Sin embargo, cada vez son más las personas que plantean una alternativa a estas bebidas deportivas comerciales: prepararla en casa con agua, zumo de fruta y una pizca de sal.

Ante esta situación, la pregunta surge: ¿realmente necesitamos una bebida deportiva comercial para rendir mejor o es posible obtener beneficios similares con una preparación casera? Ni la primera es mágica, ni el zumo con sal que preparamos nosotros es siempre suficiente. La clave está en un pequeño transportador que trabaja en nuestro intestino.

La ciencia de la hidratación deportiva muestra que lo importante no es tanto la marca, sino la fisiología que hay detrás de la formulación.

Qué hace realmente una bebida deportiva

Una bebida deportiva no es simplemente agua con sabor. Está diseñada para cumplir tres funciones clave durante el ejercicio prolongado o intenso:

  1. Rehidratar, compensando la pérdida de líquidos por el sudor.

  2. Reponer electrolitos, especialmente sodio.

  3. Aportar energía, principalmente en forma de carbohidratos.

Las recomendaciones fisiológicas más citadas para actividades prolongadas sugieren que una bebida eficaz debería contener aproximadamente:

• Entre 5 y 10 % de carbohidratos.

• Entre 20 y 30 mmol/L de sodio.

• Entre 2 y 5 mmol/L de potasio.

Estas proporciones no son arbitrarias. Están pensadas para favorecer la absorción intestinal de agua y nutrientes y evitar tanto la deshidratación como la saturación digestiva.

Qué ocurre en el cuerpo durante el ejercicio

Cuando realizamos ejercicio físico intenso o prolongado ocurren tres procesos importantes. Por un lado, perdemos agua a través del sudor, pero también perdemos electrolitos, sobre todo sodio. Además consumimos glucógeno muscular, una de las principales reservas de energía rápida.

Si estas pérdidas no se compensan puede aparecer la fatiga de manera prematura, disminuir el rendimiento, experimentar calambres o mayor estrés cardiovascular.

Por ello, las bebidas deportivas combinan líquidos, electrolitos y carbohidratos. De este modo intentan restaurar simultáneamente estos tres componentes.

El secreto está en el intestino

Parte clave de la eficacia de estas bebidas tiene que ver con algo que ocurre en el intestino delgado. Allí existe un mecanismo llamado cotransportador sodio-glucosa (SGLT1), que transporta al mismo tiempo sodio y glucosa hacia el interior del organismo. Al hacerlo, arrastra agua con ellos. En otras palabras, la presencia conjunta de sodio y glucosa facilita una absorción de líquidos más rápida y eficiente.

Este principio fisiológico explica por qué muchas bebidas deportivas contienen simultáneamente carbohidratos y sodio. La combinación favorece la rehidratación y ayuda a mantener el equilibrio de líquidos durante el ejercicio físico intenso o prolongado.

Sin embargo, la absorción intestinal de carbohidratos no depende únicamente de este mecanismo. En el intestino también existen otros transportadores, como GLUT5, que permiten absorber fructosa, y GLUT2, implicado en el transporte de distintos azúcares hacia la sangre.

Gracias a la participación de varios transportadores, el intestino puede absorber cantidades relativamente elevadas de carbohidratos cuando se combinan diferentes tipos de azúcares. Por esta razón muchas bebidas deportivas modernas utilizan mezclas de glucosa, fructosa o maltodextrina.

Gran parte de las bebidas comerciales están formuladas según este principio fisiológico. En la práctica las bebidas diseñadas para ejercicio físico intenso o prolongado suelen contener entre 30 y 80 g de carbohidratos por litro (entre un 3 y un 8 %) y alrededor de entre 0,5 y 0,7 g de sodio por litro. Se trata de concentraciones que favorecen la absorción intestinal sin provocar molestias digestivas.

¿Qué dice la evidencia sobre las bebidas caseras?

Durante décadas, atletas, entrenadores y dietistas-nutricionistas han preparado bebidas caseras para intentar aproximarse a estas recomendaciones. Una receta típica es la que incluye 1 litro de agua, 60 gramos de azúcar o miel, ¼ de cucharadita de sal y zumo de fruta, para mejorar el sabor. Es decir, una combinación de agua, carbohidratos y sodio.

Sin embargo, algunos estudios sugieren que la precisión de la fórmula importa. En una investigación en la que se comparó una bebida deportiva comercial y una bebida popular y casera alemana llamada Apfelschorle (compuesta por agua con gas mezclada con zumo de manzana), la bebida casera se comportó de forma similar al agua en términos de rehidratación. Pero fue menos eficaz que la bebida deportiva comercial.

Esto se explica porque la Apfelschorle contiene principalmente fructosa –un azúcar que no activa el cotransportador SGLT1– y muy poco sodio. Esto demuestra que no basta con añadir zumo: la proporción exacta de carbohidratos y sodio influye en la absorción y en el rendimiento.

Más allá de la fórmula básica

Las bebidas comerciales modernas suelen incorporar elementos adicionales que pueden influir en su eficacia como aminóacidos y electrolitos, cafeína y otros estimulantes que mejoran el rendimiento. Ademas, su eficacia depende del tipo de carbohidratos (glucosa, fructosa, maltodextrina) y de su sabor y palatabilidad, ya que estos determinan cuánto se bebe voluntariamente.

Además, hay que tener en cuenta que las bebidas industriales se producen bajo estándares de seguridad alimentaria. En cambio, las bebidas caseras con azúcar pueden favorecer el crecimiento microbiano si se almacenan durante horas en ambientes calurosos o sin refrigeración.

El contexto lo cambia todo

No todos los tipos de ejercicio y entrenamiento requieren la misma estrategia de hidratación. De manera muy resumida y centrados en la duración de la actividad, podríamos establecer lo siguiente:

• Para menos de 60 minutos, el agua suele ser suficiente.

• Entre 60 y 120 minutos, los carbohidratos empiezan a ser útiles.

• Si se superan las 2 horas, la reposición precisa de carbohidratos y sodio se vuelve crítica.

También influyen otros factores como la temperatura ambiental, la tasa individual de sudoración, la adaptación al calor o el estado de hidratación previo.

De ahí la importancia de personalizar la hidratación deportiva.

Entonces, ¿merece la pena preparar una bebida casera o utilizo una bebida comercial?

La evidencia sugiere que una bebida casera bien formulada puede ofrecer beneficios similares a los de una comercial, siempre que contenga proporciones adecuadas de agua, carbohidratos y sodio.

Sin embargo, las bebidas comerciales presentan algunas ventajas: mayor precisión en la composición, pruebas experimentales más extensas y mayor estabilidad microbiológica.

Cómo hacer una bebida casera efectiva (si decide optar por ella)

Para que nuestra preparación casera sea realmente útil hay que tener en cuenta estos puntos:

  1. Las proporciones importan. Una fórmula de partida probada es: 1 litro de agua, entre 30 y 60 g de azúcar (según la duración del ejercicio) y entre 1 y 2 g de sal (aproximadamente ⅓ de cucharadita de postre). Esto da una concentración de carbohidratos de entre el 3 y el 6 % y unos entre 400 y 800 mg de sodio por litro. Es un rango similar al de muchas bebidas comerciales.

  2. Ojo con el zumo. Añadir zumo de fruta mejora el sabor, pero también aporta azúcares adicionales (principalmente fructosa). Si lo usamos hay que ajustar la cantidad de azúcar añadido para no superar el 8 % de carbohidratos totales. Concentraciones más altas pueden ralentizar la absorción de agua.

  3. La seguridad también cuenta. Las bebidas con azúcar son un medio de cultivo para bacterias. Es importante consumirlas en las 2 o 3 horas posteriores a su preparación o mantenlas refrigeradas. En competiciones largas con temperaturas elevadas hay que valorar si la comodidad y seguridad de una bebida comercial pueden ser una ventaja.

  4. Debemos entrenar también la hidratación. Igual que preparamos el cuerpo para la competición, pruebe la bebida casera en entrenamientos previos. El intestino también necesita adaptarse, y lo que funciona en reposo puede no sentar bien durante el ejercicio intenso o prolongado.

Cuando comprendemos cómo funciona el cuerpo podemos diseñar estrategias inteligentes, ya sea con una bebida comercial o con una mezcla casera bien calculada.

La fisiología no entiende de marcas. Una bebida casera bien formulada puede ser tan efectiva como una comercial. Pero mientras que la comercial ofrece precisión y comodidad, la casera exige entender nuestro cuerpo, medir los ingredientes y, sobre todo, entrenar también la estrategia de hidratación.

The Conversation

Alberto Pérez-López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Puede una bebida deportiva casera ser tan efectiva como una comercial? – https://theconversation.com/puede-una-bebida-deportiva-casera-ser-tan-efectiva-como-una-comercial-278638

Cómo conseguimos volar una cometa (y qué tiene eso que ver con los aviones)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Hoyas Calvo, Catedrático de Ingeniería Aeroespacial, Universitat Politècnica de València

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Casi todos hemos visto alguna vez una cometa volar, ya sea en una playa, en un parque o en una tarde de viento. Parece un simple juguete, pero detrás de esa imagen familiar hay una historia mucho más larga de lo que podría parecer.

Las cometas surgieron en China hace más de dos mil años, donde se utilizaron con fines militares y científicos antes de convertirse también en una forma de entretenimiento. Siglos después, figuras como Benjamin Franklin las emplearon para estudiar la electricidad y los fenómenos atmosféricos, en uno de los experimentos más conocidos de la historia.

Cometas para generar electricidad, impulsar barcos… y jugar

Hoy, lejos de haber quedado como una curiosidad del pasado, están encontrando nuevas aplicaciones. Se investiga cómo utilizar grandes cometas que vuelan a cientos de metros de altura para generar electricidad, y también cómo pueden ayudar a impulsar barcos aprovechando vientos más intensos y constantes en capas altas de la atmósfera.

Y, por supuesto, seguimos utilizándolas para algo mucho más simple: jugar. Basta acercarse a una playa en un día de viento para ver esta evolución en acción: niños corriendo con pequeñas cometas, deportistas deslizándose sobre el agua en kitesurf y, en ocasiones, grandes estructuras de tela que parecen criaturas suspendidas en el cielo durante exhibiciones.

El equilibrio de las fuerzas

Pero, más allá de su historia, hay una pregunta que sigue despertando curiosidad: ¿por qué vuela una cometa?

Una cometa se suspende en el aire gracias a un equilibrio de fuerzas. Por un lado, su peso tira hacia abajo. Por otro, el aire, al chocar con su superficie, genera una fuerza que no actúa en una única dirección, sino que puede descomponerse en dos: una componente vertical, la sustentación, que empuja hacia arriba, y otra horizontal, que tiende a arrastrar la cometa en la dirección del viento.

La cuerda que sujetamos juega un papel fundamental, ya que compensa esa fuerza horizontal y transmite parte de las fuerzas hacia nosotros, fijando la posición de la cometa en el aire. Cuando todo está bien ajustado, estas fuerzas se equilibran y la cometa se mantiene volando. No está completamente quieta, pero tampoco cae: se encuentra en un equilibrio dinámico que depende del viento y de cómo la controlamos.

El verdadero reto: estabilizarla en el aire

Sin embargo, que una cometa suba no es lo más difícil. El verdadero reto es que sea estable.

Si alguna vez ha sacado la mano por la ventanilla de un coche, habrá notado algo curioso: según cómo la incline, el aire puede empujarla hacia arriba, hacia abajo o hacer que gire. Además, seguro que nota que esa corriente no es estable, sino que cambia: aparecen las temidas turbulencias. Con las cometas ocurre exactamente lo mismo. No es solo cuestión de que el viento empuje, sino de cómo lo hace.

Para que una cometa vuele bien, todas las fuerzas tienen que estar en equilibrio: el viento empuja, el peso tira hacia abajo y la cuerda mantiene todo “conectado” con nosotros. Cuando ese equilibrio es correcto, la cometa se queda tranquila en el cielo. Pero si algo se desajusta, empieza a girar, a perder estabilidad… o simplemente cae.

El papel de la cola de la cometa

Aquí entra en juego un elemento que todos hemos visto, pero pocas veces nos preguntamos para qué sirve: la cola. Esa tira de tela que cuelga por detrás no está ahí solo para decorar. Su función es ayudar a que la cometa se mantenga correctamente orientada frente al viento, actuando como un pequeño estabilizador.

También es clave el punto donde se ata la cuerda. Un pequeño cambio en esa posición modifica el ángulo con el que la cometa recibe el viento. Si el ángulo es el adecuado, sube con facilidad; si no lo es, puede volverse inestable o perder la capacidad de volar.

Los modelos con dos cuerdas permiten un grado de control mucho mayor. Al manejar cada lado por separado, es posible modificar las fuerzas que actúan en la cometa, haciendo que gire, se incline o cambie de dirección.

Este desequilibrio controlado entre ambos lados es lo que permite realizar acrobacias, desde giros suaves hasta maniobras rápidas, de forma similar a cómo un avión utiliza sus superficies de control.

La ciencia de las cometas gigantes

En el caso de las cometas de gran tamaño, el desafío es distinto. No se trata solo de generar fuerza, sino de hacerlo de manera estable y predecible. Para ello, su diseño requiere un estudio cuidadoso de la aerodinámica, buscando que el aire fluya de forma ordenada y que la cometa mantenga su forma y orientación incluso en condiciones de viento cambiantes.

Sin embargo, el aire rara vez es completamente dócil. La turbulencia, los remolinos y los pequeños vórtices que se forman a su alrededor hacen que la cometa vibre, se tense y se relaje en un movimiento continuo.

Hay algo casi hipnótico en observar estas grandes superficies ondular en el cielo, como si el viento dibujara sobre ellas. Detrás de esa belleza hay una interacción compleja que todavía no comprendemos del todo, y que sigue desafiando a la física y a la ingeniería.

Muy cerca de los aviones

Y aquí aparece una conexión fascinante. El problema que resuelve una cometa, cómo mantenerse en el aire de forma estable, es exactamente el mismo que tuvieron que afrontar los pioneros de la aviación. Los primeros planeadores de los hermanos Wright pueden entenderse, en cierto modo, como cometas sofisticadas que, en lugar de estar atadas al suelo, eran controladas directamente por el piloto. Añadir un motor fue solo el siguiente paso.

Quizá por eso las cometas siguen llamándonos la atención: por la forma en que se mueven y parecen cobrar vida en el aire, como si el viento se hiciera visible. Al fin y al cabo, es el mismo juego de fuerzas que, de forma menos evidente, mantiene en vuelo a un avión.

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Sergio Hoyas Calvo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Vivimos en una sociedad más insegura o solo lo parece? Las estadísticas se alejan de lo que percibimos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dolores Fernández Pérez, Profesora Ayudante Doctora. Departamento de Psicología, Universidad de Castilla-La Mancha

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En los últimos años, la criminalidad ha mostrado una evolución desigual en España. Según el último balance del Ministerio del Interior, en 2025 se registraron más de 2,47 millones de infracciones penales con variaciones importantes según el territorio. Mientras algunas comunidades experimentaron aumentos –por ejemplo, Castilla y León, donde la criminalidad creció cerca de un 5,8 %– otras como Cataluña o Madrid mostraron descensos en torno al 2,9 % y al 1,7 %, respectivamente.

La evolución tampoco es homogénea entre tipos de delitos. Algunos, como los patrimoniales, se han estabilizado e incluso descendido en algunas zonas. Otros, como las agresiones sexuales o los intentos de homicidio, han aumentado. En otras palabras, la evolución de la delincuencia es compleja y difícil de resumir en una única tendencia.

Sin embargo, más allá de estas cifras hay un fenómeno que cada vez ocupa más espacio en el debate público: la preocupación por la inseguridad percibida por la ciudadanía. Y esta sensación no siempre evoluciona al mismo ritmo que la criminalidad registrada.

En la literatura científica especializada, esta percepción de inseguridad se conoce como “miedo al delito”. No se refiere únicamente a la reacción emocional ante un peligro inmediato (como un intento de robo), sino también a la percepción de riesgo que las personas construyen sobre la posibilidad de ser víctimas de un crimen.

¿Qué es el miedo anticipado?

En este sentido, hablamos de un miedo anticipado. Ese temor puede surgir ante señales cotidianas del entorno: caminar por una calle mal iluminada, atravesar un parque vacío por la noche o percibir signos de deterioro urbano en un barrio.

Desde el punto de vista psicológico, es un fenómeno que combina tres dimensiones: una emocional (sentir miedo), una cognitiva (evaluar el riesgo) y una conductual (modificar comportamientos, por ejemplo, evitando determinados lugares o situaciones). Las personas no evaluamos el riesgo de ser víctimas de un delito solo a partir de estadísticas oficiales. También influyen nuestras experiencias personales, los cambios que percibimos en el entorno y la información que recibimos sobre los hechos delictivos.

Los medios de comunicación han sido tradicionalmente uno de los principales canales a través de los cuales la ciudadanía conoce la criminalidad. Algunas investigaciones estiman que alrededor del 30 % de las noticias en los medios tratan sobre delitos.

Además, la cobertura mediática suele prestar mayor atención a los actos delictivos violentos que a los más comunes. Este sesgo puede generar una imagen distorsionada de la criminalidad, ya que los sucesos que más aparecen en las noticias no coinciden con los que ocurren con mayor frecuencia.

Los medios de comunicación no ayudan

La investigación en comunicación también muestra que la exposición prolongada a contenidos mediáticos puede influir en la forma en que las personas interpretan la realidad social. Según la teoría del cultivo de George Gerbner (1969), cuanto más tiempo pasa una persona consumiendo contenidos mediáticos, más probable es que interprete la realidad a través de esas representaciones.

La forma en que los medios presentan los delitos también puede reforzar determinados estereotipos sociales sobre quién los comete o dónde ocurren. Cuando ciertos grupos sociales o barrios aparecen de forma recurrente asociados a la criminalidad en las noticias, estas representaciones pueden influir en cómo el público percibe la inseguridad y en a quién identifica como una posible amenaza.

Según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el 72,1 % de los españoles asegura estar informado sobre la actualidad. La televisión sigue siendo el medio preferido (69,8 %), seguida de la radio (55 %), considerada además la fuente más fiable. Sin embargo, más de la mitad de la población (54,9 %) también utiliza habitualmente redes sociales para informarse.

En este contexto de exposición constante a contenidos informativos, los relatos sobre sucesos –detenciones, desapariciones, agresiones o juicios mediáticos– circulan con gran rapidez y pueden amplificar la percepción de inseguridad. No es que los delitos no existan, pero su presencia constante en el ecosistema mediático puede hacer que parezcan más frecuentes y cercanos de lo que indican las estadísticas oficiales.

Las redes sociales han transformado especialmente la forma en que circula la información sobre el crimen. Las plataformas digitales favorecen contenidos breves, visuales y emocionalmente intensos, lo que puede impulsar narrativas simplificadas o alarmistas. Investigaciones recientes sugieren que la lógica de viralidad propia de estas plataformas puede contribuir a nuevas formas de pánicos morales en torno al delito, en las que la percepción de amenaza se construye a partir de narrativas que circulan y se refuerzan digitalmente más que de la experiencia directa de la criminalidad.

La distancia entre criminalidad real y percepción de inseguridad se ha hecho visible en debates recientes sobre seguridad urbana. Un ejemplo es el caso de Bilbao. Durante la presentación del diagnóstico técnico del Plan Municipal de Seguridad, investigadores de la Universidad del País Vasco señalaron que los indicadores delictivos no mostraban un incremento estructural comparable con la percepción de inseguridad entre la ciudadanía.

La controversia que generó esta conclusión refleja una cuestión incómoda: ¿qué pesa más en la percepción ciudadana, las estadísticas sobre criminalidad o las narrativas que se construyen sobre ellas a través de los medios?

Criminalidad registrada vs percepción

Aunque no siempre coincida con la probabilidad objetiva de victimización, el miedo al delito tiene efectos en la vida cotidiana. Puede modificar rutinas, limitar actividades nocturnas y reducir el uso de determinados espacios públicos. En definitiva, puede alterar la forma en que las personas se relacionan con su entorno.

Además, este miedo no se distribuye de forma homogénea. Las investigaciones muestran que las mujeres suelen reportar niveles más elevados de temor al delito que los hombres, incluso cuando las tasas de victimización para algunos delitos violentos son menores.

Comprender estas diferencias entre criminalidad registrada y percepción de inseguridad es fundamental para diseñar políticas públicas eficaces. La seguridad de una sociedad no depende únicamente de reducir los delitos, sino también de entender cómo las personas perciben el riesgo y cómo se construyen socialmente esas percepciones.

En una sociedad hiperconectada, el miedo puede difundirse mucho más rápido que los propios delitos. Quizá la pregunta más importante no sea si vivimos en una sociedad cada vez más peligrosa, sino por qué cada vez resulta más fácil sentir que lo es.

The Conversation

Dolores Fernández Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Vivimos en una sociedad más insegura o solo lo parece? Las estadísticas se alejan de lo que percibimos – https://theconversation.com/vivimos-en-una-sociedad-mas-insegura-o-solo-lo-parece-las-estadisticas-se-alejan-de-lo-que-percibimos-277430

Ampersand: dos mil años de historia en un solo trazo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maximiliano Pascual Gómez Rodríguez, Profesor asociado de Diseño, Universidad de Murcia

Pelikanz/Shutterstock

Lo encontramos encima de la tecla del número 6, en un gran número de logotipos –desde firmas de abogados hasta marcas de ropa– y lo garabateamos en muchas ocasiones sin pensar –y como podemos– cuando tomamos notas.

El símbolo & nos resulta tan familiar que casi nunca nos preguntamos qué es exactamente. Pero no es un signo arbitrario ni una invención moderna, sino una ligadura tipográfica con casi dos mil años de historia documentada. En su forma actual todavía guarda los trazos de las dos letras latinas que le dieron origen.

Cuando la velocidad crea un símbolo

Para entender el origen del ampersand hay que situarse en la Roma del siglo I y recordar un dato básico de latín: que la conjunción “y” se escribía et. Los escribas romanos, y más tarde los copistas medievales, trabajaban con materiales costosos y lentos. El pergamino requería un proceso laborioso de preparación y el trabajo manuscrito consumía horas. Para ganar tiempo y espacio, desarrollaron las ligaduras, es decir, la fusión gráfica de dos o más letras en un solo trazo.

Cuando se escribía et con rapidez, la curva inferior de la “e” tendía a conectarse de forma natural con el trazo vertical de la “t”. El resultado era un signo nuevo que representaba las dos letras juntas. El ejemplo más antiguo conocido de esta ligadura procede de Pompeya y es anterior al año 79, fecha en que la erupción del Vesubio sepultó la ciudad. Si se observa una tipografía clásica como Garamond o Baskerville en su versión cursiva, la “e” y la “t” todavía son reconocibles a simple vista dentro del símbolo.

Evolución del símbolo &. De izquierda a derecha: antigua cursiva romana, del año 131; dos cursivas romana nueva, mediados del siglo IV; uncial, de un manuscrito, antes del 509; uncial, de un manuscrito, siglo VII; y minúscula carolingia, 810.
Evolución del símbolo &. De izquierda a derecha: antigua cursiva romana, del año 131; dos cursivas romana nueva, mediados del siglo IV; uncial, de un manuscrito, antes del 509; uncial, de un manuscrito, siglo VII; y minúscula carolingia, 810.
Wikimedia Commons, CC BY-SA

Jan Tschichold, uno de los tipógrafos más influyentes del siglo XX, documentó en su obra The Ampersand: its origin and development (1957) la evolución del símbolo a lo largo de los siglos, desde esa primera forma pompeyana hasta las variantes en uso a finales del XIX. Su catálogo muestra que, aunque la ligadura básica se mantuvo reconocible, cada período histórico y cada tradición caligráfica produjo versiones propias, algunas muy alejadas formalmente de las dos letras originales.

Del abecedario a la lengua cotidiana

Si el símbolo tiene origen latino, ¿por qué su nombre es tan marcadamente anglosajón? La respuesta está en las aulas británicas del siglo XIX.

Hasta mediados de ese siglo, el símbolo & se consideraba la letra número 27 del alfabeto inglés y se recitaba al final del abecedario junto a la “z”. El problema era que nombrar el símbolo resultaba confuso, porque decir “and” para referirse al signo significaba pronunciar “and and”, que sonaba redundante y cacofónico.

Para aclarar que se hablaba del símbolo en sí mismo y no de la conjunción, se recurría a la fórmula latina per se, que significa “por sí mismo”. La recitación completa sonaba así: “X, Y, Z, and per se and”. Pronunciada con rapidez y de corrido, esa cadena de sílabas fue contrayéndose por el uso hasta producir una nueva palabra: ampersand.

De la escritura carolingia a la pantalla

A lo largo de los siglos, el diseño del ampersand fue cambiando al ritmo de las transformaciones en los sistemas de escritura. En el período carolingio adoptó formas más redondeadas, acordes con la caligrafía minúscula que se estandarizaba en los scriptoriums de la época. Durante el Renacimiento, los maestros tipógrafos lo refinaron hasta las versiones que hoy asociamos con las fuentes clásicas. Cada período dejó su impronta en el símbolo sin borrar del todo la anterior.

La transición al entorno digital no fue del todo sencilla para el ampersand. Los lenguajes de programación web asignaron al carácter “&” una función técnica dentro de su propia sintaxis, lo que durante años provocó que el símbolo apareciera mal representado en páginas web cuando los programadores no lo trataban de forma especial. Resultaba curioso que un signo nacido para agilizar la escritura se convirtiera, en determinados contextos informáticos, en una fuente de errores.

Con el tiempo, las herramientas de edición digital aprendieron a gestionarlo de forma automática y el problema desapareció para la mayoría de los usuarios.


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Por qué el ampersand nunca ha quedado obsoleto

El ampersand pertenece a una categoría escasa de signos que los lingüistas llaman logogramas, símbolos que representan directamente una palabra o concepto en lugar de un sonido. En ese sentido se comporta de forma distinta a las letras del alfabeto, pues no se pronuncia deletreando, sino que se lee directamente como “y” en español, “and” en inglés o “et” en francés o italiano, según el idioma del texto al que aparezca.

Lo que hace singular al ampersand no es solo su antigüedad, sino su continuidad. A diferencia de otros signos medievales que cayeron en desuso, nunca dejó de emplearse. Sobrevivió a la imprenta de tipos móviles, a la máquina de escribir y a los primeros teclados digitales. Hoy aparece en nombres de empresa, en titulares de prensa o en el código de programación. En ese recorrido de dos mil años hay algo que va más allá de la utilidad, y es la capacidad de un trazo sencillo para condensar, en cada época, una forma de entender la escritura como gesto vivo.

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Maximiliano Pascual Gómez Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Ampersand: dos mil años de historia en un solo trazo – https://theconversation.com/ampersand-dos-mil-anos-de-historia-en-un-solo-trazo-277700

Volver a pisar la Luna: Artemis III y la promesa del primer gran salto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

Representación artística del sistema de aterrizaje tripulado (HLS) de la nave Starship de SpaceX en la Luna. La NASA está colaborando con SpaceX en el desarrollo del HLS de la nave Starship para transportar a los astronautas desde la órbita lunar hasta la superficie lunar y de vuelta, en el marco de las misiones Artemis III y Artemis IV.
Space X., CC BY

La vuelta a la Luna ya no se parece al relato lineal de las misiones Apolo. Hoy es un problema de sistema, de arquitectura y de permanencia.

En febrero de 2026, NASA actualizó su programa Artemis con una idea clave: aumentar la cadencia de misiones (incluyendo una adicional en 2027) y aspirar más adelante a, por lo menos, un alunizaje por año. En ese rediseño, la segunda misión tripulada, Artemis III, prevista para mediados de 2027, dejará de ser el primer aterrizaje –como se había previsto en un principio– y pasará a convertirse en una misión de demostración en órbita terrestre. Mientras, Artemis IV asumirá el regreso humano a la superficie lunar, previsto para finales de la década.

Este cambio no es un retroceso, sino una señal de madurez. Explorar la Luna hoy no consiste en repetir un hito, sino en construir una capacidad sostenida.

La misión invisible que lo hace posible

A primera vista, Artemis III puede parecer menos espectacular que un alunizaje. Sin embargo, es una de las misiones más críticas del programa. Su objetivo es validar el funcionamiento conjunto de todos los elementos clave: el lanzamiento con el cohete SLS, el viaje en la nave Orión y, sobre todo, el encuentro y acoplamiento con naves comerciales en órbita.

Ese “ensayo general” es fundamental. Las futuras misiones dependerán de una coreografía precisa entre vehículos desarrollados por distintos actores. Si algo falla en esa cadena (acoplamientos, transferencias de tripulación, comunicaciones…), el sistema completo se resiente. Artemis III sirve, por tanto, para probar que esa arquitectura compleja funciona antes de arriesgar un descenso a la superficie lunar.

Tecnologías que cambian las reglas del juego

El programa Artemis introduce una diferencia esencial respecto a Apolo: ya no depende de un único sistema cerrado, sino de una red de tecnologías interconectadas.

El cohete SLS proporciona la potencia necesaria para salir de la órbita terrestre con tripulación. La nave Orión permite transportar astronautas en el espacio profundo con sistemas avanzados de soporte vital. A esto se suman los sistemas de tierra y control de misión, diseñados para hacer que cada vuelo sea repetible y escalable.

Nave Orión.
NASA., CC BY

Pero el cambio más profundo está en la integración con la industria privada. Los sistemas de aterrizaje humano (aún en desarrollo) serán construidos por empresas, no directamente por la NASA. Esto marca una transición hacia un modelo híbrido: la agencia define los objetivos científicos y de seguridad, mientras que el sector privado aporta flexibilidad e innovación tecnológica.

El polo sur lunar: ciencia y estrategia

El destino elegido para las futuras misiones no es casual. El polo sur lunar concentra algunos de los lugares más interesantes del satélite: regiones en sombra permanente que podrían albergar hielo de agua, materiales extremadamente antiguos y registros de la historia temprana del sistema solar.

Polo sur de la Luna y los cráteres de su entorno.
NASA.

El interés es doble. Por un lado, científico: estudiar la evolución de la Luna, los impactos y la actividad solar primitiva. Por otro, estratégico: si existe agua utilizable, podría convertirse en recurso clave para sostener misiones humanas, produciendo oxígeno o, incluso, combustible.

Artemis no solo pretende llegar allí, sino que hace posible trabajar sobre el terreno: desplegar instrumentos, utilizar rovers y operar con trajes diseñados para largas actividades extravehiculares.

Gateway y la Luna como infraestructura

Otro de los pilares del programa es Gateway, una pequeña estación espacial en órbita lunar. Su función no será únicamente servir como punto de paso, sino como nodo logístico y científico.

Elementos de Gateway.
NASA.

Gateway permitirá coordinar misiones, almacenar suministros y facilitar operaciones más complejas. En lugar de misiones aisladas, la exploración se convierte en una red de tránsito: una infraestructura que conecta la Tierra, la órbita lunar y la superficie.

Este enfoque marca un cambio conceptual profundo. La Luna deja de ser un destino puntual para convertirse en un entorno operativo.

Más allá de la Luna: el camino hacia Marte

El verdadero objetivo de Artemis no termina en la Luna. NASA lo enmarca dentro de su estrategia “Moon to Mars”: utilizar el entorno lunar como banco de pruebas para misiones aún más ambiciosas.

Vivir y trabajar en la Luna implica resolver problemas que también aparecerán en Marte: radiación, aislamiento, autonomía operativa, uso de recursos locales y fiabilidad de sistemas a largo plazo. Cada misión Artemis aporta datos y experiencia en estos ámbitos.

El primer gran salto… antes de darlo

Artemis III, en su nueva definición, puede parecer una etapa intermedia. Pero es, en realidad, el punto en el que la exploración espacial cambia de naturaleza. Ya no se trata de demostrar que podemos llegar, sino de demostrar que podemos volver, repetir y mantenernos.

Si tiene éxito, la humanidad estará más cerca de convertir la presencia en la Luna en algo habitual. Y ese será, quizás, el verdadero gran salto: no volver a pisarla una vez más, sino aprender a no dejar de hacerlo.

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Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Volver a pisar la Luna: Artemis III y la promesa del primer gran salto – https://theconversation.com/volver-a-pisar-la-luna-artemis-iii-y-la-promesa-del-primer-gran-salto-279877

Menores ‘googelizados’ desde la escuela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Rodriguez Prieto, Catedrático de Universidad. Filosofía del Derecho y Política., Universidad Pablo de Olavide

“Datafication”, una ilustración de K. Conrad. Kathryn Conrad / https://betterimagesofai.org , CC BY-SA

Recientemente, el Consejo de Transparencia y Protección de Datos de Andalucía abrió un procedimiento sancionador por infracción de la normativa de protección de datos personales contra la Junta de Andalucía, por vulneración de varios artículos del Reglamento de Protección de Datos en su acuerdo con Google Irlanda. Este convenio facilitó el uso de la plataforma educativa Google workplace for Education en los colegios. En el posterior informe sobre el estado de cumplimiento de la resolución, el Consejo señaló que la propia evaluación de impacto relativa a la protección de datos reconocía un riesgo “muy alto”.

Datos de estudiantes, en riesgo

Tras las medidas correctoras propuestas por el Consejo, el riesgo se rebajó a “aceptable”. No obstante, este organismo advirtió que dicha transformación del riesgo, aunque plausible, no quedaba suficientemente documentada.

El Consejo afirmó que el riesgo intrínseco del tratamiento de estos datos es muy alto por “la naturaleza del tratamiento, el volumen de interesados y la especial protección debida a los menores”.

Plataformas educativas de gigantes tecnológicos

Este tipo de acuerdos no son exclusivos de Andalucía. Desde la pandemia, se extendieron por otras comunidades autónomas. ¿Qué implican para los menores y la propia idea de educación?

En primer lugar, convendría resaltar que Google es una empresa que se debe a sus accionistas y opera desde el extranjero, con una infraestructura repartida por el mundo. Su negocio son los datos. Según Randall Stross, autor de Planet Google, lleva años recolectando diferentes categorías de información de forma masiva. En ocasiones, sin relación directa con su negocio.

Se trata de una compañía que ha sido condenada por prácticas monopolísticas en EE.UU. y multada repetidamente por la Unión Europea. La última vez fue hace tan solo seis meses por abuso de posición dominante.

La importancia del principio de precaución

Vivimos en un contexto global marcado por la conflictividad en las relaciones transatlánticas y el cuestionamiento activo por parte de destacados actores estadounidenses de los reglamentos europeos que regulan internet. Esta legislación, sin ser una panacea, establece algunos límites a estas grandes corporaciones y garantiza algunos derechos a los usuarios.

Todo ello debería bastar para observar una cierta cautela o la aplicación de un principio de precaución tecnológico, especialmente, en este caso donde están en juego bienes jurídicos básicos. Este principio sería similar al que se aplica a riesgos medioambientales o sanitarios.

Por otro lado, no existen soluciones aisladas a problemas estructurales. Y menos en internet, donde se despliegan relaciones de dominio. La opinión pública comienza a atisbar la complejidad del desafío tecnológico cuando las consecuencias del acceso de menores a redes sociales, la difusión del odio o de noticias falsas y el uso cuestionable, cuando no delictivo, de la IA generan alarma social.

La educación es uno de los pilares de nuestras sociedades y cobra todo el sentido permanecer vigilantes, cuando se trata de desmentir ficciones –como, por ejemplo, la inocuidad en términos medioambientales de internet– o reducir el halo mítico que aun conserva esta tecnología.

Los cambios que se realicen deben estar bien pensados y tendrían que estar sujetos a procesos de reflexión y deliberación colectiva serios y rigurosos.

Educación, un bien colectivo

La educación debería considerarse prioritariamente una necesidad social, sujeta al bien común, donde entes privados pueden tomar decisiones, pero sometidas siempre a la estricta garantía de los derechos fundamentales.

Educar es guiar. En una época de demasiados automatismos y escasas referencias al arte y el pensamiento que nos ha construido como personas, es necesario potenciar una inteligencia crítica. Nuestros estudiantes deberían tener un mayor conocimiento de las posibilidades que ofrece internet. Quizá debiera existir una asignatura en la que aprendieran sobre sus posibilidades y riesgos.

En este escenario, puede tener consecuencias no deseables normalizar en nuestros alumnos el ecosistema tecnológico de una gran corporación cuyo fin es ganar dinero. Ya lo decían nuestras abuelas: nadie da duros a 4 pesetas.

Existen alternativas transparentes, auditables y modificables de acuerdo con las necesidades de los centros. No se debieran descartar vías abiertas, colectivas y creativas, vinculadas al software libre y la transparencia, como ocurre con la plataforma educativa de código abierto Moodle.

Nadie nos preguntó qué internet queríamos. Ahora tampoco se plantea un debate serio sobre el uso de la inteligencia artificial, relativo a sus objetivos y sectores en que se aplica.

En la práctica, los valores que constituyen las democracias están crecientemente condicionados por decisiones tomadas por entes principalmente privados y con ánimo de lucro. ¿Deben los Estados sociales y democráticos de derecho “adaptarse” al cambio tecnológico? ¿O, más bien, debería ser al contrario?

*PENDIENTE DE QUE EL ARTÍCULO AL QUE ENLAZA EL ÚLTIMO LINK SE PUBLIQUE, PUES COMPLEMENTA MUY BIEN ESTE ARTÍCULO
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Rafael Rodriguez Prieto no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Menores ‘googelizados’ desde la escuela – https://theconversation.com/menores-googelizados-desde-la-escuela-276704

¿Adiós al “sueño americano” del turista? Por qué su visa ya no le garantiza la entrada en los aeropuertos de EE.UU.

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

Comprobación de documentos en el aeropuerto de San José (California, Estados Unidos). Matt Gush/Shutterstock

El prestigio de una nación no se mide solo por sus portaaviones, sino por la facilidad con la que el mundo desea visitarla, invertir en ella y emular su estilo de vida. Es lo que Joseph Nye, ilustre politólogo y profesor emérito de Harvard fallecido el año pasado, denominó soft power o poder blando.

Imagine que ha planeado sus vacaciones durante meses, tiene sus boletos, un hotel reservado y, lo más importante, una visa válida estampada en su pasaporte.

Llega al aeropuerto de Miami o Nueva York, pero al acercarse al mostrador no le recibe un oficial de aduanas estándar, sino un agente armado del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

De repente, las preguntas de rutina desaparecen y se encuentra en un interrogatorio sobre sus redes sociales, sus opiniones políticas o el contenido de su teléfono móvil.

Esta escena, que parece sacada de una distopía, se ha convertido en la nueva realidad de los aeropuertos estadounidenses en 2026.

La parálisis presupuestaria del gobierno federal ha provocado que el ICE tome el control total de los puntos de entrada, desplazando a la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA).

Cerca de 61 000 empleados del TSA han estado trabajando sin cobrar desde el cierre parcial del Gobierno, iniciado en octubre de 2025 y extendido el pasado 14 de febrero. Otros han buscado nuevas ocupaciones o, simplemente, han renunciado a su puesto.

El fin de la cortesía en la frontera

Hoy, el capital intangible de EE. UU. se está evaporando en las salas de migración de los aeropuertos estadounidenses. Las terminales aéreas han dejado de ser espacios de tránsito para convertirse en lugares de vigilancia ideológica y detención.

Estas medidas afectan a garantías civiles consolidadas, como el derecho al libre tránsito y el respeto a la dignidad del viajero. La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), una organización sin fines de lucro que ha marcado la evolución constitucional del país a través de sus demandas, reunió 410 000 firmas para pedir a los congresistas que el ICE no tomara el control de los aeropuertos.

El pasado 22 de marzo, ACLU publicó un comunicado que arranca con la siguiente declaración: “Nunca en nuestra historia, un presidente había desplegado agentes armados en los aeropuertos para inspirar temor a nuestras familias”.

También ha elaborado una práctica guía en línea para conocer los derechos y obligaciones del viajero a la hora de interactuar con las fuerzas de seguridad en los aeropuertos.

El nuevo escenario de los destinos aéreos de EE. UU. se basa en los recientes cambios en la Ley Laken Riley y las órdenes ejecutivas introducidas por la Presidencia en 2026. El actual marco legal establece que el visado ya no es un salvoconducto, sino un documento sujeto a una interpretación arbitraria sin precedentes.

México: El costo humano del “trámite de rutina”

Para el ciudadano mexicano, la relación con la frontera siempre ha sido compleja, pero nunca tan precaria para quienes cumplen con la ley.

Cientos de miles de profesionales, estudiantes y familias mexicanas dedican meses de espera y recursos considerables para obtener o renovar una visa. Para ellos, el visado era un contrato de confianza.

Sin embargo, bajo el nuevo despliegue del ICE, ese contrato ha sido denunciado unilateralmente. Reportes recientes indican que viajeros mexicanos con perfiles profesionales sólidos están siendo sometidos a rechazos sistemáticos basados en la discrecionalidad del agente de turno.

No se trata solo de una fila más larga; es la vulneración de derechos esenciales, como la privacidad de las comunicaciones y la presunción de buena fe.

La incertidumbre de no saber si verás a tu familia o llegarás a una junta de negocios, a pesar de tener los papeles en regla, está fracturando la integración social y económica de la región norteamericana.

El Mundial 2026: Una colisión inminente

Este endurecimiento fronterizo ocurre en el peor momento posible: la antesala de la Copa del Mundo de la FIFA 2026. Estados Unidos, que se comprometió a ser un anfitrión abierto, enfrenta ahora una contradicción flagrante. Millones de aficionados de países con diversas realidades políticas han invertido sus ahorros en boletos y traslados.

¿Cómo planea el gobierno de EE. UU. gestionar la llegada de esos aficionados de los cinco continentes bajo una consigna de rechazo y sospecha? La logística de ICE, centrada en la detención, es incompatible con un evento de esta magnitud.

El riesgo no es solo el caos en los aeropuertos de Dallas, Los Ángeles o Atlanta, sedes del mundial, sino la posibilidad de crisis diplomáticas en cadena cuando aficionados con entradas y visas sean devueltos a sus países por criterios ideológicos o falta de presupuesto para procesar su acceso al país.

El precio de la desconfianza

El derecho al libre tránsito y el respeto a la dignidad del viajero no son concesiones, son pilares de la convivencia internacional. Al permitir que una fuerza policial de control interno dicte las normas en los aeropuertos, Estados Unidos está sacrificando su activo más valioso: la admiración del mundo.

Como comunidad internacional, es imperativo exigir que se restablezcan las garantías mínimas para los visitantes. Mientras el visado sea un documento sin valor frente a la arbitrariedad de un agente de ICE, viajar a los Estados Unidos, ya sea por una escala técnica, un compromiso familiar o un evento deportivo, representa un riesgo jurídico que nadie debería estar obligado a correr.

El costo de esta medida no se contará solo en dólares perdidos en turismo, sino en la erosión de la autoridad moral de una nación que alguna vez se llamó a sí misma la puerta del mundo.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Adiós al “sueño americano” del turista? Por qué su visa ya no le garantiza la entrada en los aeropuertos de EE.UU. – https://theconversation.com/adios-al-sueno-americano-del-turista-por-que-su-visa-ya-no-le-garantiza-la-entrada-en-los-aeropuertos-de-ee-uu-279602

La UE quiere que la IA escanee nuestros mensajes privados en busca de abuso sexual infantil: ¿a qué precio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Meem Arafat Manab, Investigadora en ética y derecho de datos y IA, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

shutterstock Sander van der Werf/Shutterstock

Imagine un sistema que acierta el 90 % de las veces. Ahora imagine que el test al que alimenta a continuación acierta el 88 %. Cabría esperar que el resultado combinado estuviera en algún punto intermedio. No es así: es inferior a cualquiera de los dos por separado. Esto sucede porque los errores no se suman: se multiplican.

¿Qué sucede si aplicamos esta lógica a los miles de millones de mensajes privados que la Unión Europea permitía que las plataformas digitales escanearan, según el reglamento europeo, para prevenir el abuso sexual de menores? El número de inocentes erróneamente señalados como abusadores por esta propuesta bautizada como “Chat Control” no sería un “error de redondeo”. Sería mucho mayor.

Chat control, bloqueado por los pelos

La semana pasada, el Parlamento Europeo canceló la prórroga del Chat Control 1.0 por un solo voto. El experimento de cinco años que permitía –no obligaba– a las plataformas escanear mensajes privados en busca de material de abuso sexual infantil termina, por tanto, este mes de abril. Pero la batalla no.

Las negociaciones sobre el Chat Control 2.0, un reglamento permanente con requisitos técnicos mucho más ambiciosos, están en marcha entre la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Consejo de la UE, que representa a los gobiernos de los estados miembros. Se espera un acuerdo final para julio de 2026.


Clarote & AI4Media / https://betterimagesofai.org., CC BY-SA

Lo que el reglamento exige realmente

El Chat Control 1.0, el marco provisional que acaba de expirar, se basaba principalmente en la comparación de huellas digitales, conocida como hash-matching. Cada imagen genera una firma matemática única, y a continuación el sistema compara esa firma con una base de datos de material de abuso sexual infantil (CSAM) ya conocido. No siempre era eficaz, como documentan los propios informes de aplicación de la Comisión Europea, pero al menos tenía un objetivo definido.

Sin embargo, el Chat Control 2.0 es una propuesta radicalmente distinta. El reglamento permanente propuesto obligaría a las plataformas a detectar CSAM desconocido y comportamientos de grooming que nunca han sido identificado previamente, mediante clasificadores de inteligencia artificial.

Este nuevo reglamento, de aprobarse, mantendría el escaneo voluntario por parte de las plataformas digitales. Además, requisitos de verificación de edad que pondrían fin a la comunicación anónima. Los críticos, entre ellos el Parlamento Europeo en su propia evaluación de impacto, argumentan que este escenario empujaría a las plataformas hacia la vigilancia masiva.

Por qué la tecnología no puede hacer lo que la ley exige

En los sistemas de detección en cadena, cada clasificador –programa de inteligencia artificial entrenado para categorizar contenido automáticamente– tiene su propio margen de error. Si estos errores se encadenan, cada paso colapsa silenciosamente la confianza en los resultados.

El propio informe de aplicación de la Comisión Europea de 2025 reconoció tasas de error de entre el 13 y el 20 por ciento para las tecnologías de detección utilizadas con el Chat Control 1.0. Eso significa que una de cada cinco alertas recayó sobre alguien que no había hecho nada malo.

El problema de la detección del grooming es aún más revelador. El projecto Artemis de Microsoft, la herramienta más citada en los debates políticos europeos sobre esta materia, tiene una precisión declarada del 88 %. La propia Microsoft desaconseja basarse en esa cifra –señalando que se obtuvo a partir de una única técnica en inglés entrenada con un conjunto de datos reducido de casos conocidos– y que la tasa real de error podría ser mayor.

Así, no existe ninguna revisión independiente de la tecnología. Los expertos en detección de texto estiman que las tasas de error difícilmente bajan del 5 al 10 por ciento, dependiendo del tipo de material. Para mil millones de mensajes intercambiados diariamente, eso supone entre 50 y 100 millones de falsos positivos cada día.

El peligro de los falsos positivos

El problema va más allá de los números. Los sistemas de detección no pueden distinguir de forma fiable entre contenido legal e ilegal en casos ambiguos. Un niño en la bañera. Una fotografía médica. Desnudez artística. Una foto familiar de vacaciones. Todo potencialmente marcado como positivo.

La detección del grooming es aún más compleja: exige comprender el contexto, la intención, el subtexto y los matices culturales en decenas de idiomas. Thorn, una compañía que desarrolla las principales herramientas comerciales de inteligencia artificial para la protección de menores frente a abusos sexuales online, describe explícitamente como inadecuada la solución simplista de combinar clasificadores de pornografía y estimación de edad.

Estos no son problemas que una IA mejor vaya a resolver. Son intrínsecos por sí mismos a la tarea de clasificación de potenciales contenidos ilegales.

En mi experiencia como investigadora e ingeniera de IA
especializada en sistemas de detección de CSAM para el Centro Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) y la cooperativa Panacea, he sido testigo de que lo que tenemos ahora no es una tecnología lista para integrarse en un marco jurídico de aplicación coercitiva. Es una tecnología que aún intenta entender lo que tiene delante.

¿Incomprensión, o algo más?

Hay dos maneras de explicar por qué una legislación tan deficiente desde el punto de vista de las capacidades tecnolológicas sigue avanzando.

La primera es caritativa: los legisladores creen genuinamente que estas tasas de error son aceptables, y nadie en la sala les ha explicado que cada paso adicional en la cadena de clasificación multiplica, en lugar de promediar, el error acumulado. La complejidad técnica y la urgencia en torno a la protección de la infancia dificultan detenerse a hacer los cálculos.

La segunda es menos cómoda: la infraestructura de vigilancia que se está construyendo tiene valor, independientemente de si detecta CSAM de manera efectiva. Un marco que obliga a las plataformas a escanear comunicaciones privadas a gran escala, notificar a las fuerzas del orden y retener datos no deja de ser útil solo porque sus clasificadores de IA sean imprecisos. Se convierte en un instrumento distinto.

La pregunta queda abierta para todos: ¿por qué, después de años de objeciones consistentes por parte de criptógrafos, autoridades de protección de datos, el Supervisor Europeo de Protección de Datos y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos esta legislación sigue encontrando nuevas formas de sobrevivir?

Qué ocurre ahora

El Chat Control 1.0 ha muerto, por un margen de un solo voto. Pero las negociaciones a tres bandas sobre el Chat Control 2.0, entre la Comisión, el Parlamento y los gobiernos de los estados miembros, continúan. Las sesiones están previstas para el 4 de mayo y el 29 de junio, con un acuerdo final esperado para julio. Los estados miembros siguen insistiendo en capacidades de vigilancia que el Parlamento ha rechazado repetidamente. El Consejo no aceptó ni una sola de las demandas sustanciales del Parlamento durante las negociaciones que acaban de colapsar.

Eso sí, si el reglamento permanente se aprueba en una forma que exija detección basada en IA de forma masiva, no funcionará como se describe. Según sus críticos, producirá millones de falsas acusaciones, sobrecargará a las fuerzas del orden con ruido e inútiles alertas y desviará recursos de las investigaciones judicialmente autorizadas y dirigidas que realmente condenan a los perpetradores.

Alexander Hanff, superviviente de abusos sexuales y defensor de los derechos digitales, ha argumentado que la vigilancia masiva perjudica activamente a las víctimas, al destruir los espacios seguros de los que dependen.

De hecho, en este sentido, una víctima de abusos ha presentado una demanda a través de la organización alemana de libertades civiles GFF contra Meta por las prácticas de escaneo que el Chat Control 1.0 había hecho posibles. El demandante señala que no puede hablar libremente de su propia experiencia a través de estas plataformas sin riesgo de ser marcado por los mismos sistemas diseñados para protegerlo.

Por algo esta regulación no se conoce popularmente como la Ley de Protección de Menores en Línea: se ganó el sobrenombre de Chat Control. En una era en que el abuso infantil se hace cada vez más visible con la irrupción de la inteligencia artificial, sigue siendo válido preguntarse si nuestro objetivo es la protección de los menores o el control a secas.

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Meem Arafat Manab no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La UE quiere que la IA escanee nuestros mensajes privados en busca de abuso sexual infantil: ¿a qué precio? – https://theconversation.com/la-ue-quiere-que-la-ia-escanee-nuestros-mensajes-privados-en-busca-de-abuso-sexual-infantil-a-que-precio-279122

Radiación espacial: a qué se arriesgan los astronautas de Artemis II y las misiones del futuro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfonso Blázquez Castro, Profesor Departamento de Biología UAM, Universidad Autónoma de Madrid

Tripulación de Artemis II, el 1 de abril de 2026. NASA Kennedy Space Center / NASA/John Kraus.

El 1 de abril de 2026, la misión Artemis II de la NASA emprendió el camino hacia la Luna. Un camino que los humanos no hemos transitado desde diciembre de 1972 con la misión Apolo 17.

Artemis II, que supone el primer paso en la colonización permanente de nuestro satélite, acarrea múltiples retos. Uno de los más relevantes es lidiar con la radiación espacial, compuesta de partículas cargadas de muy alta energía. Evitar o, al menos, minimizar sus efectos es esencial para el éxito de esta y futuras misiones.

Radiación ubicua en el espacio

El origen de esa radiación espacial es variable: procede del espacio galáctico e intergaláctico, pero también de nuestro propio Sol –por su actividad nuclear y electromagnética– y de partículas atrapadas por el campo magnético terrestre, en los denominados cinturones de Van Allen.

Aunque las características de las radiaciones galácticas y solares no son iguales, sus efectos sobre los seres vivos sí se pueden generalizar.

Los cinturones de Van Allen atrapan radiación procedente del espacio en torno a la Tierra. En rojo, el cinturón interior, compuesto principalmente por electrones. En azul, el cinturón exterior, compuesto por electrones energéticos, protones y núcleos más pesados.
Wikimedia Commons.

¿Cómo interactúa con el organismo humano?

Dichos efectos son negativos, muy parecidos a los que ocurren por la radiactividad de explosiones atómicas o accidentes en reactores nucleares. Su interacción con las células supone graves alteraciones de su función.

Por lo general, la radiación provoca roturas de las distintas moléculas de las células, bien directamente por su altísima energía, bien indirectamente porque esa energía se va disipando y genera especies químicas muy reactivas en altas concentraciones.

Estos cambios drásticos en las biomoléculas llevan a la pérdida de la función de las células. Lógicamente, es un daño que se puede traducir en trastornos graves o, incluso, la muerte de los astronautas. Estudios previos ya han puesto de manifiesto alteraciones de distintos sistemas, como el sistema nervioso central o el cardiovascular, en las personas expuestas.

Lo más temido: daña el ADN

La radiación puede alterar o romper el material genético, el ADN. Dado que esta molécula es la que aporta la información para todas las funciones de la célula, su alteración o destrucción supone un grave peligro.

A corto plazo, el daño puede provocar enfermedad o la muerte del individuo. A más largo plazo, puede suponer la pérdida crónica de distintas funciones o el desarrollo de cáncer.

La radiación espacial puede generar un daño directo al ADN, que provoca normalmente su rotura. O bien, un daño indirecto produciendo moléculas muy reactivas que después alteran o rompen el ADN.
A. Blazquez, modificado de OA/CC https://www.mdpi.com/1422-0067/18/12/2749.

La gravedad del impacto va a depender de distintos factores, como el tipo concreto de partícula ionizante, la energía de cada una de ellas o el tiempo de exposición.

¿Cuánta radiación puede asumir un astronauta?

Una característica que resume de forma general el daño potencial es la dosis absorbida. Una de las unidades empleadas es el sievert y su milésima parte, el milisievert. Por ejemplo, una dosis súbita de 5-6 sieverts suele provocar la muerte en pocos días. Para hacernos una idea, la dosis anual máxima para tripulaciones de vuelos comerciales se sitúa en 1-2 milisievert (0,001-0,002 sieverts).

En las misiones Apolo, los astronautas recibieron unas dosis de 0,5-3 milisievert cada día, con una duración de las misiones en torno a una semana. Es decir, dosis totales de unos 10-20 milisieverts.

Por ahora, el seguimiento de la salud de los astronautas que han participado en anteriores misiones a la Luna no parece indicar que presenten mayor incidencia de cáncer o mayor mortalidad. Pero es cierto que se expusieron durante tiempos relativamente cortos (algo más de 12 días en el caso de la misión más larga, el Apolo 17).

Aunque estas cantidades parecen asumibles, por el momento, no debemos perder de vista lo cambiante del ambiente espacial. Por ejemplo, si las misiones Apolo 16 y 17, que volaron en abril y diciembre de 1972, hubiesen tenido lugar en agosto de ese mismo año, la dosis de radiación hubiese sido letal debido a una erupción solar que tuvo lugar entonces. A menudo, tales erupciones ocurren con muy poca advertencia previa.

Mecanismos de protección

Desde luego, las distintas organizaciones involucradas en promover los vuelos espaciales investigan maneras para evitar o, al menos, reducir el impacto de la radiación sobre los astronautas. Dentro de las limitaciones obvias de peso y espacio, existen materiales que actúan de barreras para la radiación.

Ahora bien, al actuar sobre estos materiales se puede generar una radiación secundaria, también dañina, dentro de la cápsula. Se están estudiando mecanismos físicos, como generar campos electrostáticos o magnéticos, para desviar o frenar parte de la radiación.

Por último, se proponen estrategias de tipo nutricional o farmacéuticas para ayudar en la reparación correcta del daño al ADN y a las células. Una vez sobre la Luna, se baraja construir bases subterráneas para aprovechar la protección que suponen los primeros metros de suelo lunar.

Muchos son los retos a los que nos enfrentamos en la exploración espacial, incluso en los primeros pasos, como es establecer una base lunar. Uno de ellos será cómo evitar o disminuir de la mejor manera la radiación a la que los humanos estaremos expuestos en nuestro satélite, bien en su órbita o en su superficie. Las misiones Artemis nos proporcionarán, sin duda, respuestas a estos interrogantes.

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Alfonso Blázquez Castro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Radiación espacial: a qué se arriesgan los astronautas de Artemis II y las misiones del futuro – https://theconversation.com/radiacion-espacial-a-que-se-arriesgan-los-astronautas-de-artemis-ii-y-las-misiones-del-futuro-279790