Una bacteria marina conecta la conservación de los delfines con la salud humana

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Adriana Cuevas Domínguez, Investigadora predoctoral en enfermedades emergentes de mamíferos marinos, Universidad Complutense de Madrid

Delfín varado en una playa. Eric Schipper/Shutterstock

Un delfín nada desorientado, incapaz de flotar o dando vueltas en círculos, hasta quedar varado en la arena. Esta escena, que se repite en las costas del Mediterráneo cada año, parece a simple vista un problema puntual. Pero, en realidad, es un mensaje sobre la salud del océano y los riesgos a los que nos enfrentamos todos, humanos y animales, dentro de un mismo ecosistema.

Las causas tras los varamientos de delfines

Para quienes trabajan en su rescate o estudio, los varamientos de delfines en las costas del Mediterráneo constituyen un fenómeno desgraciadamente común.

Puede tener múltiples causas, como choques con barcos o enfermedades. Entre estas últimas, las infecciones son frecuentes: virus, bacterias y parásitos pueden causar patologías graves, sobre todo si afectan al sistema nervioso.

Una bacteria marina que causa enfermedad en animales y personas

Una de esas infecciones, poco conocida fuera del ámbito científico pero con un impacto considerable, es causada por Brucella ceti, bacteria perteneciente al mismo género que causa la brucelosis en animales terrestres y humanos. En el mar, afecta principalmente a delfines y ballenas, y se ha detectado con especial frecuencia en el Mediterráneo, lo que sugiere que esta región podría actuar como un área endémica para el patógeno.

Como otras bacterias del género Brucella, puede causar zoonosis, es decir, una infección susceptible de transmitirse de animales a humanos, aunque en especies marinas es poco frecuente. En la mayoría de los casos, la brucelosis en personas no está relacionada con el contacto con delfines, sino con el consumo de productos marinos crudos o poco cocinados.

Para la población general, el riesgo es bajo, pero se recomienda mantener la precaución. El contacto directo con animales o con sus restos, especialmente sin protección, es una potencial vía de infección. Por este motivo, se recomienda no tocarlos si los vemos varados en las playas y avisar siempre a los servicios especializados.

Brucella ceti en la costa mediterránea española

Un estudio reciente llevado a cabo por investigadores españoles, principalmente del ámbito veterinario, analizó cetáceos varados en el Mediterráneo occidental durante una década. Los resultados mostraron que casi la mitad de los animales sospechosos estaban infectados.

Además, la investigación permitió caracterizar las lesiones asociadas a la infección y comprender mejor su impacto sobre la salud de los cetáceos, algo importante en la vigilancia sanitaria en el medio marino. En conjunto, los resultados muestran que es un problema relevante, con implicaciones para la conservación y la salud de los ecosistemas.

Una infección que afecta principalmente al cerebro

Lo más llamativo de la brucelosis marina es su afinidad por el sistema nervioso central. En los animales incluidos en el estudio, las lesiones se localizaron casi exclusivamente en el cerebro, con inflamación grave (meningoencefalitis). Este daño neurológico explica muchos de los signos previos al varamiento: pérdida de coordinación, desorientación, convulsiones o comportamiento anómalo.

Este patrón permite diferenciar la brucelosis de otras enfermedades infecciosas descritas en delfines, como las causadas por herpesvirus o morbillivirus. Estas también pueden afectar al sistema nervioso, pero suelen producir lesiones distintas.

Impacto en la conservación

La afectación neurológica puede causar la muerte del animal, ya sea por el propio daño cerebral o como consecuencia del varamiento.

Además, en otras regiones del mundo, la infección por Brucella en cetáceos se ha asociado a abortos, infertilidad y otros problemas reproductivos. Esto plantea dudas sobre su posible impacto a largo plazo en poblaciones vulnerables.

Es un aspecto especialmente relevante en especies con tasas reproductivas bajas como los delfines, donde cualquier impacto negativo puede ser decisivo para su supervivencia. Así, para entender y reducir estos efectos, es crucial poder diagnosticar la infección de forma fiable.

¿Cómo se diagnostica una enfermedad en un delfín?

El estudio de animales varados es clave para analizar enfermedades en delfines y ballenas. Técnicas como el cultivo o la PCR permiten detectar la bacteria con fiabilidad. Sin embargo, la identificación de anticuerpos específicos plantea más desafíos. A diferencia de lo que ocurre en animales domésticos, no existen pruebas serológicas plenamente validadas para delfines.

En el trabajo mencionado, los investigadores adaptaron y evaluaron un test comercial para su uso en delfines. Por primera vez lograron validarlo, mejorando la detección y evitando errores.

Este avance no solo mejora el diagnóstico, sino que también permite aplicar programas de vigilancia sanitaria, más allá del estudio de animales varados.

La genética ayuda a seguir la pista de la bacteria

El análisis genético de las bacterias aisladas permitió identificar distintos linajes de Brucella ceti en el Mediterráneo. Como una huella dactilar molecular, este análisis permite comparar cepas y establecer relaciones entre ellas. Algunas eran muy similares, incluso, en animales varados en distintos años. Esto sugiere que ciertos linajes podrían persistir a lo largo del tiempo.

Esta información es clave para entender cómo se mantiene y se dispersa la infección en el medio marino, así como para detectar posibles conexiones entre casos.

Delfines como centinelas del mar

Los delfines actúan como auténticos centinelas de la salud del océano. Comprender las enfermedades que los afectan es fundamental para evaluar riesgos que, a largo plazo, podrían tener consecuencias para su conservación.

El Mediterráneo es uno de los mares más dañados por la actividad humana y el cambio climático. Tales factores podrían debilitar su sistema inmunitario y aumentar su vulnerabilidad frente a infecciones como las causadas por Brucella ceti.

Los hallazgos muestran que estos animales ya se enfrentan a un riesgo sanitario relevante. Aunque los casos humanos asociados son raros, ilustran cómo los ecosistemas alterados pueden favorecer la aparición o propagación de enfermedades zoonóticas, con potencial impacto en la salud pública.

Por ello, es imprescindible adoptar un enfoque integral que aúne distintos factores medioambientales. Solo así se podrá comprender el panorama completo, anticipar posibles brotes y proteger tanto a los cetáceos como a los ecosistemas y a las comunidades humanas que dependen del mar.

En definitiva, escuchar lo que nos dicen los delfines varados no es solo proteger animales emblemáticos. También nos alertan sobre la salud del mar y sus riesgos.

The Conversation

Ignacio Vargas Castro es Profesor Ayudante en la Universidad Complutense de Madrid, y durante su etapa predoctoral fue beneficiario de una Beca FPU del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades

Jose Angel Barasona García-Arévalo es beneficiario de un contrato Ramón y Cajal (RYC2022-038060-I) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (MCIN/AEI) y el Fondo Social Europeo Plus (FSE+).

Adriana Cuevas Domínguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Una bacteria marina conecta la conservación de los delfines con la salud humana – https://theconversation.com/una-bacteria-marina-conecta-la-conservacion-de-los-delfines-con-la-salud-humana-279806

¿Pagar menos impuestos ayudaría a recuperar los territorios vaciados?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Guillermo Rodríguez Sánchez de la Nieta, Investigador, Hacienda Pública: Federalismo fiscal, Universidad de Castilla-La Mancha

Vistas de Alcalá del Júcar, población albaceteña que, según datos del INE (2023), ha sufrido un proceso de “intensa despoblación”.
Maria Albi/Shutterstock

En España, la despoblación rural se ha convertido en uno de los principales desafíos territoriales del siglo XXI. En amplias zonas del interior peninsular, la pérdida progresiva de habitantes está transformando el paisaje social, económico y demográfico. Municipios cada vez más pequeños, población envejecida y cierre de servicios básicos son algunas de sus consecuencias más visibles.

Ante esta situación, las políticas públicas están empezando a explorar nuevas herramientas. Entre ellas, una idea que hasta hace poco apenas formaba parte del debate público: utilizar la fiscalidad para atraer población y actividad económica al medio rural.

Ante esto, surge una pregunta inevitable: ¿pueden los incentivos fiscales ayudar realmente a revitalizar los pueblos?

Un problema estructural del territorio

La despoblación no es únicamente un fenómeno demográfico. También implica una profunda desigualdad territorial. Cuando un municipio pierde habitantes, mantener los servicios básicos –escuelas, centros sanitarios, transporte público o comercios– resulta cada vez más difícil.

En España, este fenómeno afecta especialmente a las regiones del interior. Castilla-La Mancha es un ejemplo claro. Aunque ocupa cerca del 16 % del territorio nacional, concentra apenas alrededor del 4,4 % de la población. Y más de la mitad de sus municipios tiene menos de 500 vecinos.

Además, en la última década, la región ha perdido más de 50 000 habitantes, una tendencia marcada por el envejecimiento de la población, la falta de oportunidades laborales para los jóvenes y la dificultad para acceder a determinados servicios.

Este proceso no solo tiene consecuencias económicas. También afecta al ejercicio efectivo de derechos fundamentales, como el acceso a servicios públicos, la igualdad de oportunidades o el desarrollo territorial equilibrado.

Una herramienta inesperada: la fiscalidad

Si, tradicionalmente, las políticas contra la despoblación se han centrado en mejorar infraestructuras, impulsar el desarrollo económico o reforzar los servicios públicos, ahora se plantea el uso del sistema fiscal como instrumento de política territorial. Las medidas fiscales por sí solas difícilmente revertirán décadas de pérdida de población. Sin embargo, pueden convertirse en una pieza relevante dentro de una estrategia más amplia.

En los últimos años, España ha comenzado a incorporar la despoblación como una prioridad en la agenda pública. A nivel estatal, se han impulsado iniciativas como la Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico, que reconoce la necesidad de abordar los desequilibrios territoriales mediante políticas coordinadas en ámbitos como la digitalización, el empleo o los servicios públicos. Además, varias comunidades autónomas han empezado a utilizar sus competencias normativas para introducir incentivos fiscales vinculados al territorio, explorando el potencial de la fiscalidad como herramienta para atraer población y actividad económica en zonas rurales.

Otros países han experimentado con este tipo de medidas para afrontar desequilibrios territoriales. En Italia, por ejemplo, se han aplicado reducciones impositivas y programas de atracción de residentes en municipios del sur y zonas rurales en declive, incluyendo beneficios para nuevos habitantes y emprendedores.
En Portugal, algunos territorios del interior cuentan con ventajas fiscales y programas de apoyo a la residencia en áreas de baja densidad. Y en el ámbito nórdico, países como Suecia o Finlandia han utilizado deducciones vinculadas a la residencia en regiones remotas para compensar los mayores costes de vivir en estos territorios.

¿Puede la fiscalidad cambiar la tendencia demográfica?

En este contexto, Castilla-La Mancha ha promulgado la Ley 2/2021 de medidas frente a la despoblación, que introduce incentivos fiscales específicos para quienes residan o desarrollen su actividad económica en municipios con riesgo demográfico. Entre los incentivos más destacados se encuentran:

  • Deducciones en el IRPF para quienes residan en municipios afectados por la despoblación.

  • Beneficios fiscales para la compra o rehabilitación de vivienda en localidades de menos de 5 000 habitantes.

  • Reducciones en el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados para la adquisición de vivienda o la instalación de empresas en zonas rurales.

La lógica de estas medidas es sencilla: reducir el coste de vivir, emprender o invertir en el medio rural para hacerlo más atractivo.

Además, estos incentivos se integran en una estrategia regional frente a la despoblación que también incluye políticas de vivienda, digitalización, transporte, emprendimiento rural y mejora de los servicios públicos. El objetivo es crear condiciones que permitan no solo atraer nuevos residentes, sino también facilitar que quienes viven en el medio rural puedan desarrollar allí sus proyectos de vida.

Aunque los principales incentivos fiscales siguen siendo los aprobados en la legislación de 2021 –especialmente las deducciones en el IRPF y las bonificaciones en impuestos patrimoniales–, su eficacia depende en gran medida de que haya políticas complementarias que refuercen el desarrollo económico y social del medio rural.

Según datos recientes del gobierno castellanomanchego, las zonas afectadas por la despoblación han sumado 4 700 habitantes desde la aprobación de la ley en 2021. Aunque estos datos son incipientes, sugieren que las políticas adoptadas podrían estar contribuyendo a frenar –o incluso revertir– la tendencia demográfica negativa en algunas de sus áreas rurales.

Repensar las políticas territoriales

Estas iniciativas abren una reflexión amplia sobre cómo diseñar políticas que permitan equilibrar las oportunidades entre territorios urbanos y rurales. La cuestión no es solo si pagar menos impuestos puede ayudar a salvar los territorios que se vacían. También es qué tipo de políticas públicas se necesitan para garantizar que vivir en el medio rural siga siendo una opción real para millones de personas.

The Conversation

José Guillermo Rodríguez Sánchez de la Nieta recibe fondos de un contrato investigador cofinanciado por la Universidad de Castilla -la Mancha y el Fondo Social Europeo.

Bárbara Marín-Cambronero y Juan José Rubio Guerrero no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. ¿Pagar menos impuestos ayudaría a recuperar los territorios vaciados? – https://theconversation.com/pagar-menos-impuestos-ayudaria-a-recuperar-los-territorios-vaciados-277874

¿Cuál es el valor de la literatura?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Gallego Cuiñas, Catedrática de literatura latinoamericana, Universidad de Granada

Gente revisando libros en los puestos de segunda mano en la Cuesta de Moyano de Madrid. rui vale sousa/Shutterstock

Nadie habla ya del valor de la literatura. O, cuando se hace, se confunde con otra cosa: precio, ventas, listas, premios, traducciones, número de seguidores. Es decir, se confunde valor con circulación. Pero ¿lo más visible es lo que más vale?

Hoy lo literario circula en el mercado como cualquier otro producto: un libro compite con una serie, un pódcast o un videojuego. Ya no organiza nuestra educación sentimental ni ciudadana, como lo hiciera desde el siglo XIX; es una pieza más en la economía de la atención. Y, como tal, obedece a sus reglas. No las del campo cultural –como pensaba el sociólogo francés Pierre Bourdieu–, sino las del mercado.

El valor es visibilidad

Durante décadas, el valor literario estuvo en manos de una élite: instituciones, academia, crítica, suplementos, premios. Ese ecosistema –nunca neutral, sino atravesado por lógicas mesocráticas, patriarcales y coloniales– dictaba qué valía y qué no, qué era “bueno” y qué quedaba fuera. Su legitimidad descansaba en una noción relativamente estable de “valor estético”: el uso del lenguaje, la complejidad formal. Hoy ese régimen no ha desaparecido, pero ha perdido el monopolio.

La cultura digital ha introducido una lógica distinta: la de la visibilidad, la circulación y la recomendación distribuida. En plataformas como X, TikTok o Instagram, un libro puede convertirse en fenómeno global en días. El caso de Romper el círculo, de Colleen Hoover, es elocuente: tras la atención de la comunidad #BookTok en TikTok el texto no cambió, cambió su circulación. Y con ella, su valor. O, mejor dicho, su visibilidad convertida en valor. Ya no importa solo cómo se escribe un libro: importa quién lo mueve. Ignorar estos nuevos parámetros no es defender la literatura: es renunciar a comprenderla.

Dos mujeres sobre un escenario.
Momento de los TikTok Book Awards durante la 77.ª Feria del Libro de Frankfurt en octubre de 2025.
Markus Wissmann/Shutterstock

No podemos obviar que el capital social, la juventud y lo nuevo han desplazado al valor estético en el capitalismo de plataformas. Importa menos la obra que quien la firma. El escritor ya no es solo autor: es marca, es relato, es cuerpo. Se convierte en lo que podríamos llamar un “sujeto-obra”: algo que se escribe tanto como se exhibe.

Pensemos en la centralidad de figuras como Mariana Enriquez, Sally Rooney u Ocean Vuong: su imagen, sus entrevistas, sus posts forman parte inseparable de la recepción de sus textos. La literatura entra así de lleno en la lógica del espectáculo –de la que siempre ha participado–, pero ahora la celebridad se intensifica y se vuelve radicalmente contingente. La “gran promesa” de hace diez años desaparece con la misma rapidez con la que fue consagrada. En este contexto, el valor ya no se consolida: circula y se agota.

Leer más o mejor

Este desplazamiento no solo afecta al presente: coloniza también el futuro. La literatura contemporánea aparece atravesada por un proceso de festivalización que pone en el centro la figura autoral. El valor no se produce únicamente en el texto, sino en el conjunto de dispositivos que lo rodean: editoriales, ferias, entrevistas, redes sociales. Es lo que el escritor y filósofo italiano Franco “Bifo” Berardi llama “futurabilidad”: no leer el valor, sino producirlo por adelantado.

El canon no se construye: se programa. Ya no se trata de reconocer el valor, sino de anticiparlo. Las listas, premios o festivales prescriben el canon, transforman la posibilidad en probabilidad y la probabilidad en mandato. En este régimen, lo que importa no es solo qué se escribe, sino lo que puede llegar a ser visible. El futuro de la literatura se fabrica en tiempo real.

Por otro lado, asistimos a una superproducción literaria sin precedentes: se publican más libros que nunca, todo el mundo quiere ser escritor, y, sin embargo, cada vez se lee menos literatura subversiva, en favor de formatos más evasivos.

En este contexto, leer literatura de vanguardia se ha vuelto un acto de resistencia. No porque sea minoritario, sino porque exige algo que el capitalismo neoliberal desincentiva: tiempo, atención, fricción. Leer literatura no es solo consumir historias, es aprender a percibir. Es detectar lo no dicho, sostener la ambigüedad, desconfiar de lo evidente. Es, en suma, una práctica crítica en un mundo que premia justo lo contrario.

Cómo leemos importa en un momento en que lo literario ya no se limita al libro, sino que se despliega en una cultura narrativa expandida –series, videojuegos, redes, oralidad– que consumimos sin descanso. Pero esa expansión no simplifica la lectura: la vuelve más compleja, más ineludible. Por eso siguen siendo imprescindibles espacios –aulas, librerías, bibliotecas– donde esa cultura se interrogue. Donde no solo consumamos relatos, sino que aprendamos a desmontarlos: a entender que una atmósfera puede ser un dispositivo de poder, que una voz narrativa construye ideología, que ninguna historia es inocente.

Biblioteca del Museo Nacional de Arte Reina Sofía de Madrid.
Biblioteca del Museo Nacional de Arte Reina Sofía de Madrid.
Fotokon/Shutterstock

El futuro de la literatura

En un ecosistema saturado de relatos rápidos, transparentes y diseñados para la identificación inmediata, la literatura introduce una anomalía: ralentiza, opacifica, incomoda.

Y ahí reside su valor de uso. Frente al valor de cambio –ventas, métricas, atención–, la literatura sigue siendo una tecnología de la conciencia: entrena la duda, desactiva automatismos, ensaya otras formas de vida. No confirma lo que somos: lo desarma. Por eso importa. No como refugio, sino como herramienta. En un mundo gobernado por algoritmos que refuerzan nuestras certezas, la literatura sigue siendo uno de los pocos dispositivos capaces de desprogramarnos.

Y tal vez ahí, en esa resistencia a volverse transparente, se juegue hoy su potencia más urgente: la de abrir grietas en el sentido común. La de devolvernos la posibilidad de pensar y, con ella, la de desobedecer.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Cultura Claudia Lorenzo.


The Conversation

Ana Gallego Cuiñas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cuál es el valor de la literatura? – https://theconversation.com/cual-es-el-valor-de-la-literatura-279819

Leopoldo Calvo-Sotelo: los 644 días de gobierno del presidente desconocido

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José-Vidal Pelaz López, Catedrático de Historia Contemporánea, Universidad de Valladolid

Leopoldo Calvo-Sotelo (izquierda) y el secretario general del PSOE, Felipe González, reunidos durante el traspaso de poderes el 3 de noviembre de 1982, tras las elecciones generales del 28 de octubre, en las que el PSOE obtuvo la mayoría absoluta. Presidencia del Gobierno de España/Wikimedia Commons, CC BY

Nadie cuestiona que el carisma de Adolfo Suárez fuera determinante para poner en marcha la transición a la democracia en España, del mismo modo que tampoco se plantea la importancia del liderazgo de Felipe González para acometer la modernización del país en los años siguientes.

Sin embargo, la duda surge cuando nos preguntamos por la aportación de Leopoldo Calvo-Sotelo, el presidente casi desconocido que ocupó el Palacio de la Moncloa entre aquellos dos grandes líderes.

Hasta hace poco la historiografía tendía a considerar la etapa de Calvo-Sotelo como un apéndice de los últimos gobiernos centristas o el prólogo de los socialistas que vinieron a continuación, pero últimas investigaciones avalan la idea de que se trata de un momento histórico con perfiles bien definidos e identidad propia.

Un monárquico convencido

Calvo-Sotelo nació hace cien años en Madrid (el 14 de abril de 1926), aunque su infancia transcurrió en Galicia. Ingeniero de caminos y empresario, católico convencido, fue un monárquico seguidor de Juan de Borbón, el abuelo de Felipe VI, que se incorporó al mundo de la política en el primer gobierno de Juan Carlos I en 1975.

Desde entonces ocupó los ministerios de Comercio, de Obras Públicas, de Relaciones con Europa y la vicepresidencia para Asuntos Económicos. Fue también uno de los creadores de Unión de Centro Democrático (UCD), y finalmente presidió el gobierno durante 644 días, entre febrero de 1981 y diciembre de 1982.

Por biografía, por talante, por convicción y por sus hechos pertenece a la generación que lideró el proceso de transición desde la dictadura franquista a la democracia sobre la base del consenso, la moderación y la reconciliación nacional.

El reto: consolidar la democracia

Calvo-Sotelo llegó al poder seguramente en el peor momento tras la muerte del dictador Francisco Franco. Adolfo Suárez había dimitido, él había sido designado su sucesor por UCD y en medio de la sesión de investidura se produjo el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

La entrada del teniente coronel de la guardia civil Antonio Tejero en el Congreso extendió la impresión de que la democracia española estaba en el alambre y condicionó de una u otra manera todo lo que ocurrió después.

Así pues, frente a la magia de Suárez, capaz de remodelar el edificio y que los grifos siguieran funcionando (según definió su labor en un conocido discurso), la misión del ingeniero Calvo-Sotelo sería conseguir que las nuevas estructuras aguantaran la tensión y se mantuvieran en pie, incluyendo la sacudida de un terremoto golpista.

De este modo, consolidar la democracia se convirtió en el eje de su mandato. Para ello tenía que afrontar problemas no resueltos de la etapa anterior y buscar soluciones para los nuevos.

Con este objetivo de fondo se adoptaron numerosas iniciativas políticas, algunas de las cuales pueden ser consideradas esenciales para la configuración de España tal y como hoy la conocemos. Todo ello se afrontó buscando el acuerdo, cuando fue posible, con el PSOE, principal partido de la oposición.

Las medidas: luces y sombras

En aquellos meses se avanzó decisivamente en nuestra incorporación a la Comunidad Económica Europea, cerrando capítulos importantes de la negociación, y se produjo en 1982 la incorporación de España a la OTAN, la organización militar que agrupa a las democracias occidentales, a pesar de la existencia de una fuerte movilización de la izquierda en su contra. De esta manera se acababa con el secular aislamiento de España durante la Edad Contemporánea.

En política interior se aprobó la ley del divorcio, con lo que se avanzó definitivamente en la secularización de la sociedad española. Calvo-Sotelo racionalizó y ordenó el proceso autonómico generalizando el modelo (se aprobaron nada menos que 12 Estatutos de Autonomía) y homogeneizando las competencias y la arquitectura institucional de las distintas comunidades.

España pasaba a ser un Estado fuertemente descentralizado en la que resultó ser la mayor operación de distribución territorial de poder desde la creación de las provincias en el siglo XIX por los liberales.

También se combatió el golpismo y se asentó la preeminencia del poder civil sobre el militar con el recurso al Tribunal Supremo de la sentencia del 23-F, cerrando la intervención de los militares en política tan característica de nuestra historia.

En otros terrenos los logros fueron menos decisivos. Se intentó combatir la crisis económica a través de un acuerdo entre empresarios y sindicatos (ANE) y se pusieron las bases para la reconversión industrial, si bien el paro siguió aumentando y no se consiguió controlar la inflación.

Los constantes atentados de la organización terrorista ETA continuaron siendo la mayor amenaza de desestabilización del nuevo régimen. El Gobierno luchó contra el terrorismo mejorando las dotaciones policiales, facilitando la disolución de ETA político-militar, deslegitimando el discurso nacionalista violento e intentando conseguir la colaboración internacional.

Hubo también proyectos fallidos. Así, por ejemplo, se intentó aprobar una Ley de Autonomía Universitaria (LAU) que modernizara la enseñanza superior pero, por diversas razones, no se consiguió. Tras una ardua negociación con el Reino Unido estuvo a punto de abrirse la verja de Gibraltar, pero el estallido de la guerra de las Malvinas frustró aquella iniciativa.

La derrota de 1982

El final de la presidencia de Calvo-Sotelo vino determinado por la crisis interna de UCD, minada por los personalismos y las deserciones. El fracaso a la hora de crear un partido sólido y coherente había sido ya decisivo en la salida de Adolfo Suárez, y Calvo-Sotelo no consiguió tampoco mejorar la situación.

Tras varias derrotas en elecciones autonómicas y después de conocer que Suárez creaba otro partido,el Centro Democrático y Social, Calvo-Sotelo decidió anticipar las elecciones generales. El resultado fue una histórica mayoría absoluta del PSOE y la práctica desaparición del partido centrista que había liderado la Transición.

En octubre de 1982 la democracia estaba ya lo suficientemente asentada como para que se produjera la alternancia política con plena normalidad. En último término ese sería el mayor legado de los 644 días de Leopoldo Calvo-Sotelo.

The Conversation

Investigador principal del proyecto La presidencia de gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo (1981-1982), Referencia HAR2010-20762 (subprograma HIST) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación desde 1-1-2011 hasta 31-12-2014.

Investigador principal del proyecto Perfiles del centro político : proyectos y realizaciones (1976-1986), Referencia HAR2016-75600-C2-2-P2., financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad desde el 30-12- 2016 hasta 29-12-2019.

Colaborador de la Fundación Transición Española

ref. Leopoldo Calvo-Sotelo: los 644 días de gobierno del presidente desconocido – https://theconversation.com/leopoldo-calvo-sotelo-los-644-dias-de-gobierno-del-presidente-desconocido-280689

¿Es posible construir carreteras sin petróleo? La respuesta está en los bioligantes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Mª Rodríguez Pasandín, Catedrática del área de Ingeniería e Infraestructura de los Transportes, Universidade da Coruña

Mayy Contributor/shutterstock

El betún asfáltico forma parte de nuestra vida cotidiana más de lo que imaginamos. Este derivado del petróleo es el ingrediente fundamental del asfalto por el que circulamos cada día.

No obstante, su utilización plantea varios inconvenientes. Por un lado, para poder trabajar con él se necesitan temperaturas muy altas, lo que deja una huella significativa. Se estima que la producción y puesta en obra del asfalto es responsable de aproximadamente el 0,35 % de todas las emisiones de CO₂ equivalente. Es decir, el 0.35 % de todos los gases de efecto invernadero que genera Europa convertidos a su impacto en CO₂.

Puede parecer una cifra pequeña, pero no es desdeñable. Y menos en un escenario como el actual en el que urge frenar la crisis climática y avanzar hacia modelos energéticos más limpios.

Por otro lado, nos encontramos en un entorno global cada vez más incierto. Las reservas de petróleo que se agotan, y las tensiones geopolíticas amenazan tanto su suministro como su calidad. En ese contexto, surge una pregunta inevitable: ¿seremos capaces de construir carreteras sin depender del petróleo? La ciencia empieza a apuntar que sí.

Concretamente, la investigación en bioligantes abre una vía prometedora. Estos materiales podrían reducir nuestra dependencia de los recursos fósiles y ayudarnos a avanzar hacia una economía más circular. Con ellos, las carreteras del futuro podrían ser más respetuosas con el medio ambiente, sin renunciar a la calidad.




Leer más:
La revolución de las carreteras que se autorreparan para hacer más sostenible el sector transporte


¿Qué son los bioligantes?

El betún asfáltico consiste en un material negruzco que actúa como adhesivo e impermeabilizante en el asfalto, lo que ayuda a soportar el tráfico. Aunque es prácticamente sólido a temperatura ambiente, se vuelve casi líquido a altas temperaturas (160 ºC). Por eso hay que calentarlo tanto para trabajar con él.

Si bien el betún asfáltico se utiliza desde hace más de cien años en múltiples aplicaciones como impermeabilizaciones, aislamientos y materiales para cubiertas, su principal destino es la pavimentación de carreteras. En concreto, de los 120 millones de toneladas de betún producidas el año 2022 en todo el mundo, el 85 % se destinó a la pavimentación de carreteras.

Entre las alternativas al betún despuntan los bioligantes, que pueden considerarse su versión más sostenible. Se elaboran a partir de resinas naturales y de bioaceites de biomasa, de frutos y de semillas.

La proporción de bioligante a emplear junto con el betún varía en función de la aplicación. Existen formulaciones que lo sustituyen por completo, en un 100 %. Y otras en las que se emplean porcentajes muy bajos, inferiores al 10 %, destinados a modificar y mejorar el comportamiento del betún.

Ejemplos y proyectos en marcha

Aunque la utilización de bioligantes no está todavía lo bastante extendida, existen diversas investigaciones y tramos de prueba. Por ejemplo, en tres tramos construidos recientemente en los Países Bajos, en la carretera N-375, el 30 % del betún se sustituyó por un bioligante.

También hay casos en España. En Tarragona, en la T-240, se llevó a cabo un tramo de prueba de unos 300 metros. En este caso, el asfalto contaba con un 40 % de árido reciclado procedente del fresado de asfalto. El 100 % del ligante que se añadió era de base vegetal.

¿Se pueden emulsionar los bioligantes?

En nuestro grupo de investigación de Carreteras, Geotecnia y Materiales (CGM) hemos podido corroborar que los bioligantes se pueden emulsionar, entendiendo por emulsionar mezclar dos líquidos que no se juntan naturalmente, como el aceite y el agua.

En concreto trabajamos con un bioligante 100 % natural, renovable, elaborado por una empresa externa a partir de resinas de pino. Su color ámbar, en lugar de negro, lo hace especialmente adecuado para utilizarlo en pavimentos de colores. Con él se fabricó un producto equivalente a una emulsión bituminosa, es decir, una emulsión compuesta por diminutas gotas de betún dispersas en agua. Al no hacer falta calentarla para su puesta en obra, es más respetuosa con el medio ambiente.

Destacan tres grandes logros en este trabajo: poder fabricar una emulsión de bioligante –pequeñas gotitas del material dispersas en agua–, la total sustitución de betún por bioligante en la emulsión y demostrar que podían obtenerse emulsiones estables con un 60 % e incluso un 70 % de bioligante (y el resto, agua). Este último porcentaje, algo que suele ser difícil de alcanzar con betunes convencionales.

Retos y limitaciones

Hasta la fecha, la adopción de los bioligantes es limitada. Su variabilidad, la falta de un marco normativo y el hecho de que todavía no se tenga un gran conocimiento sobre su comportamiento y durabilidad son algunas de las posibles causas de que no hayan reemplazado aún al betún asfáltico. Además, que aún no exista una producción a gran escala de los bioligantes, también podría constituir otro inconveniente.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el asfalto es un material 100 % reciclable. ¿Lo seguiría siendo si en lugar de utilizar betún se utilizasen bioligantes en su fabricación? Es una de las preguntas a responder si pretendemos que, en un futuro no muy lejano, las carreteras puedan construirse con mucho menos petróleo (o incluso sin él). Para que los bioligantes lleguen a convertirse en la alternativa real al betún se necesita más investigación, realizar nuevos tramos de prueba y una normativa que respalde su uso.

Los autores dan las gracias a Marc Serra Queralt, de la empresa Engiquia, por el desarrollo y suministro del bioligante a partir de resinas, así como por su participación en la caracterización del mismo. Y a Sabas Corraliza Tejeda, de la empresa Ecoasfalt, autor de la tesis doctoral vinculada a la investigación.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Es posible construir carreteras sin petróleo? La respuesta está en los bioligantes – https://theconversation.com/es-posible-construir-carreteras-sin-petroleo-la-respuesta-esta-en-los-bioligantes-273437

Por qué las familias dejan de implicarse en la vida académica de sus hijos cuando estos se hacen adolescentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Alexis Alonso Sánchez, Profesor en el Área de Didáctica y Organización Escolar, Departamento de Educación, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Frame Stock Footage/Shutterstock

En muchas escuelas se repite una escena conocida: reuniones de tutoría con varias sillas vacías o actividades organizadas por el centro a las que acuden pocas familias. Ante esto, suele aparecer una explicación rápida: “Las familias no se implican lo suficiente en la educación de sus hijos”. Pero ¿es realmente así?

Cuando hablamos de participación familiar en la escuela, muchas personas piensan únicamente en asistir a reuniones o tutorías. Sin embargo, la implicación de las familias es mucho más amplia. Incluye, por ejemplo, comunicarse con el profesorado, seguir el proceso educativo de los hijos, apoyar el aprendizaje en casa, colaborar en actividades del centro o participar en la gestión del centro.

Numerosas investigaciones han mostrado que cuando las familias se implican en la educación de sus hijos, los beneficios son claros: mejora el rendimiento académico, aumenta el bienestar del alumnado y se fortalece el clima escolar.

En España, la participación familiar no es solo una recomendación pedagógica, sino un derecho dentro del sistema educativo. Aun así, la participación real sigue siendo desigual. Estas son las principales conclusiones que hemos alcanzado tras nuestro reciente estudio entre 1 433 familias españolas con hijos escolarizados desde Educación Infantil hasta Bachillerato.

Tres perfiles de familias

Para comprender mejor cómo participan las familias, el estudio analizó diferentes dimensiones de la relación entre familia y escuela: comunicación, apoyo pedagógico, implicación en la vida escolar y necesidades formativas.

A partir de estos datos se identificaron tres perfiles principales de participación familiar.

  • Familias con hijos en primaria: con progenitores de entre 36 y 45 años, con dos hijos. Muestran los mayores niveles de participación en diferentes aspectos: comunicación con el centro, implicación en actividades escolares y seguimiento educativo. La etapa de primaria parece ser un momento especialmente activo en la relación entre familias y escuela, especialmente en las dimensiones de la comunicación y de la implicación en la vida escolar.

  • Familias con hijos en infantil, muchas veces con un solo hijo. Aunque no siempre presentan los niveles más altos de participación, sí muestran una implicación más constante en distintos ámbitos. Destacan especialmente en aspectos relacionados con la formación y orientación educativa, algo comprensible en los primeros años de escolarización.

  • El tercer perfil es el más numeroso. Está formado principalmente por padres y madres de 46 a 55 años con hijos en educación secundaria. En este grupo los niveles de participación suelen ser más bajos, especialmente en la implicación directa en la vida del centro.

Este patrón no es exclusivo de España. Diversos estudios han mostrado que la participación familiar tiende a disminuir a medida que los hijos crecen, en parte porque los adolescentes buscan mayor autonomía y las dinámicas educativas cambian.




Leer más:
La adolescencia no solo cambia a los hijos: también transforma a quienes los crían


Maneras de implicarse en secundaria

Con frecuencia se asume que en Educación Secundaria la implicación de las familias no solo disminuye, sino que incluso resulta poco deseada, tanto por los propios adolescentes –que buscan mayor autonomía– como por algunos profesores. Sin embargo, más que desaparecer, la participación familiar se transforma.

En lugar de una presencia constante en el centro, adopta formas más discretas pero igualmente relevantes, como el acompañamiento académico, la orientación en la toma de decisiones o la comunicación puntual con el profesorado. Es decir: es deseable que en la adolescencia los estudiantes adquieran mayor autonomía y capacidad de gestionar sus problemas académicos directamente, pero esto no quiere decir que las familias no sean igualmente fundamentales, de manera más indirecta, aconsejando, supervisando desde casa o hablando directamente con los docentes si es necesario.

Revisar con los docentes los informes de evaluación para acordar pautas de mejora, asistir a tutorías individuales y grupales, asistir a charlas sobre itinerarios académicos, participar en el Consejo Escolar, colaborar en grupos de trabajo del centro, e incluso ofrecerse para dar charlas en relación a experiencia profesional relevante son algunas de las muchas maneras en las que las familias se pueden sentir implicadas en esta etapa.




Leer más:
Resiliencia en casa: cómo ayudar a los niños a crecer fuertes día a día


Las madres participan más

Nuestro estudio también confirma algo que muchos docentes observan en su experiencia cotidiana: las madres siguen participando más que los padres. En promedio, las madres obtienen puntuaciones ligeramente superiores en todas las dimensiones analizadas, especialmente en la relación con el centro y en la implicación en la vida escolar.

Este resultado abre un debate relevante sobre la corresponsabilidad educativa y sobre cómo siguen influyendo ciertos roles de género en el seguimiento escolar de los hijos.

Un equilibrio necesario

En definitiva, nuestra investigación apunta a que a medida que los hijos se hacen mayores la implicación de los padres en la vida escolar disminuye. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así, y de hecho, incluso en la adolescencia la participación de las familias en los centros escolares es beneficiosa para los estudiantes. Sin caer en la sobreprotección, y dejando espacio para el desarrollo de la autonomía, las madres y sobre todo los padres del alumnado de secundaria podrían y deberían, implicarse más.

Esto puede fomentarse mediante la puesta en marcha de estrategias sencillas pero efectivas por parte de los centros educativos, como facilitar canales de comunicación más flexibles y accesibles (por ejemplo, a través de plataformas digitales, tutorías en línea o en horarios adaptados, y sistemas de mensajería), ofrecer orientaciones claras sobre cómo acompañar el aprendizaje desde casa o compartir información comprensible y periódica sobre el progreso del alumnado.

También resulta clave implicar activamente a los padres, tradicionalmente menos presentes, y generar una cultura de colaboración en la que la participación no se limite a acudir al centro, sino que se entienda como un proceso compartido de apoyo al desarrollo académico y personal del alumnado.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Por qué las familias dejan de implicarse en la vida académica de sus hijos cuando estos se hacen adolescentes – https://theconversation.com/por-que-las-familias-dejan-de-implicarse-en-la-vida-academica-de-sus-hijos-cuando-estos-se-hacen-adolescentes-276451

¿Cuál era la condición física de Michael Jackson en los últimos días de su vida?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Soriano del Castillo, Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València

Fotograma del documental _This is it_. Sony Pictures

El estreno de Michael, el biopic dirigido por Antoine Fuqua y protagonizado por Jaafar Jackson, vuelve a poner en circulación una vieja pregunta: ¿cómo era, en términos físicos, la vida cotidiana de Michael Jackson?

Ahora que el cine revive su legado, vuelve el interés por examinar no solo el mito, sino los datos concretos sobre su condición física en sus últimos años; especialmente en 2009, el año que falleció, cuando preparaba su regreso con la gira This Is It. En ese momento, el artista mantenía una actividad física exigente y una dieta relativamente ligera, al tiempo que vivía con una calidad de vida profundamente deteriorada por el insomnio y la medicalización.

No era un hombre incapacitado

La primera paradoja radica en la condición física de Michael Jackson en 2009: no era, según la documentación forense, un hombre ni mucho menos incapacitado. La autopsia oficial, realizada tras su muerte el 25 de junio de ese año, reveló que medía aproximadamente 175 centímetros y pesaba 62 kilogramos, un índice de masa corporal de alrededor de 20,1 kg/m², dentro de un rango considerado aceptable.

El documento no afirma que sus músculos mostraran, por ejemplo, “signos de vigor” ni diagnostica de forma expresa desnutrición severa. Lo que sí indica es que presentaba muy poca grasa subcutánea abdominal, un dato consistente con una complexión delgada y con escasas reservas grasas. En otras palabras, la autopsia no dibuja un cuerpo atlético en sentido estricto, pero tampoco uno terminal o físicamente colapsado.

El informe forense del Condado de Los Ángeles fue aún más revelador: Michael estaba realizando “ejercicio extenuante diario” como preparación para los conciertos programados. Este detalle no es anécdota: refleja una rutina que incluía horas de baile, coreografías complejas y acondicionamiento cardiovascular. Esto coincide perfectamente con los que se puede ver en los ensayos de This Is It, capturados en vídeo y presenciados por el equipo técnico.

La agencia Reuters y otros medios recogieron el testimonio del fotógrafo Kevin Mazur, quien lo retrató menos de 48 horas antes de su muerte. Mazur lo describió como alguien “lleno de energía”, alegre, interactuando con el equipo y capaz de ensayar alrededor de una docena de canciones con pausas breves solo para ajustar música, luces y coreografía. Las imágenes de esos días muestran a un artista delgado, sí, pero funcional: saltos precisos, giros rápidos y una presencia escénica intacta.

Estimaciones sobre su gasto energético diario

¿Qué significa eso en términos de gasto energético? Aunque no hay datos personalizados, sí es posible hacer una estimación con herramientas estándar de fisiología del ejercicio. El Compendio de Actividades Físicas asigna 5 MET (1 MET equivale al consumo de aproximadamente 1 kcal por hora por cada kg de peso corporal) a ensayos de danza moderna, jazz o ballet, y 6,8 MET a actuaciones escénicas vigorosas.

Un cálculo razonable situaría su gasto energético total diario en torno a 2 800-3 100 kcal durante los ensayos intensos de This Is It. Esa cifra resulta de sumar un gasto basal de unas 1 470 kcal, el coste de la actividad física derivado de varias horas de ensayo y baile, y la termogénesis inducida por la dieta, estimada en torno al 10 % del gasto basal. En jornadas especialmente exigentes, el total podría acercarse incluso a 3 300 kcal diarias.

Dieta: controlada pero insuficiente para el desgaste

Su dieta no parece la de una estrella entregada al exceso en esos últimos meses, sino la de alguien intentando llegar ligero y funcional a los ensayos. Su chef personal, Kai Chase, explicó que el patrón general era de comidas frescas y relativamente ligeras. La mañana podía empezar con bebidas de fruta, granola y almendra, mientras que para el almuerzo o la cena había ensaladas con pollo o atún sellado. La lógica parecía clara: sostener la energía sin pesadez.

Ese tipo de alimentación encaja con las exigencias de un artista cuyo instrumento de trabajo era el cuerpo entero. El estilo de Jackson dependía de coordinación, velocidad, control postural y resistencia para cada uno de los conciertos. En ese contexto, una dieta ligera podía favorecer el rendimiento escénico, aunque también resulta plausible que fuera escasa para compensar un gasto físico elevado y una situación de estrés crónico.

La autopsia añade aquí un matiz importante. No permite reconstruir una última comida concreta ni identifica alimentos específicos en el estómago. Lo que sí indica es que el estómago contenía 70 gramos de líquido oscuro, y que en el contenido gástrico se detectaron propofol y lidocaína, dos compuestos anestésicos.

La fragilidad subyacente: insomnio y medicalización

Aquí emerge la segunda paradoja, más trágica: tener capacidad de rendimiento no equivale a tener buena calidad de vida. La misma documentación forense que muestra a Jackson en preparación física activa también apunta a una situación profundamente precaria. Según el relato del forense del condado de Los Ángeles, que recoge información comunicada por el detective S. Smith, Jackson se había quejado de deshidratación y de no poder dormir. La autopsia concluyó que la causa de la muerte fue intoxicación aguda por propofol, a lo que contribuyó la ingesta de benzodiacepinas.

Conviene ser precisos. La autopsia no demuestra anatómicamente una “deshidratación severa”, pero sí incorpora la referencia a esa queja en la reconstrucción del caso. Y tampoco habla de un estómago en el que solo hubiera píldoras, sino de un líquido oscuro con presencia de propofol y lidocaína. Más que una escena de alimentación normal o recuperación física, el informe dibuja la de un organismo profundamente atravesado por la farmacología.

El contraste es clave para entender su final. Un individuo puede conservar aptitud escénica (bailar, ensayar, responder al trabajo coreográfico) y, al mismo tiempo, vivir en un equilibrio muy precario. Michael parecía mantener la capacidad de ejecutar trabajo físico exigente, pero estaba atrapado en una dinámica de insomnio, dependencia farmacológica y presión profesional que comprometía seriamente su bienestar.

El cuerpo detrás del mito

Visto así, el caso del cantante ofrece una lección más amplia sobre la cultura del rendimiento. Tendemos a interpretar delgadez, energía visible y capacidad de trabajo como sinónimos de salud. Pero la evidencia disponible sugiere algo más complejo: en sus últimos días convivían un entrenamiento real, una alimentación aparentemente cuidada y una fragilidad extrema. El cuerpo que aún podía ensayar era también un cuerpo sometido a una gran tensión fisiológica y farmacológica.

Por eso, quizá el dato más revelador no sea cuántas calorías gastaba Michael Jackson al día, una cifra que nunca conoceremos con precisión, sino la contradicción que encarnaba: la de un artista capaz de parecer invencible mientras su vida cotidiana se volvía cada vez más vulnerable. Su caso recuerda que la excelencia escénica puede convivir con un deterioro silencioso.

Y es que, a veces, el mito oculta precisamente aquello que más convendría mirar: el coste humano de sostener durante décadas la obligación de ser extraordinario.

The Conversation

José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cuál era la condición física de Michael Jackson en los últimos días de su vida? – https://theconversation.com/cual-era-la-condicion-fisica-de-michael-jackson-en-los-ultimos-dias-de-su-vida-281059

Un “lobo solitario” asalta la pirámide sagrada de Teotihuacán y siembra el terror en vísperas del Mundial 2026

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

El ataque armado registrado después del mediodía del 20 de abril en la Pirámide de la Luna de la zona arqueológica de Teotihuacán no solo deja un saldo trágico –dos fallecidos, una ciudadana canadiense y el agresor, y 13 heridos–. También fractura la narrativa de seguridad que México ha intentado proyectar de cara a la Copa del Mundo FIFA 2026, que inicia en menos de dos meses.

Este hito sangriento no fue perpetrado por las estructuras previsibles del crimen organizado, sino por un “lobo solitario”. Un hecho que marca una transición inquietante en la percepción social de la violencia: el paso del “narcocrimen” territorial al terrorismo de masas aleatorio.

Santuario de identidad

Teotihuacán no debe entenderse meramente como un activo turístico, sino como un locus religiosus y político que ha sobrevivido milenios. Cuando la violencia alcanza la Pirámide de la Luna, no solo se dañan las estructuras físicas: se profana un santuario de la identidad. No en vano, Teotihuacán, en lengua nahua, quiere decir “lugar donde se hacen los dioses”. Y, como explica Eduardo Matos Moctezuma, representa el origen de “toda una serie de manifestaciones que tendrán presencia definitiva en sociedades posteriores”.

El Estado mexicano ha operado bajo la premisa de que los recintos arqueológicos son zonas de excepción, protegidas por un respeto tácito y una vigilancia especializada del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Este organismo, del que dependen 194 zonas arqueológicas y el Museo Nacional de Antropología, premio Princesa de Asturias de la Concordia 2025, ha emitido un escueto comunicado anunciando el cierre de Teotihuacán “hasta nuevo aviso”.

El simbolismo de la vulnerabilidad

Teotihuacán es el segundo sitio arqueológico más visitado de México y un baluarte del patrimonio mundial. Según la UNESCO, la integridad de un sitio de esta categoría no se limita a su conservación material, sino a su función como espacio de diálogo y paz.

Al transformarse en un escenario de crimen, el enclave pierde su valor de uso social y se convierte en un símbolo de la pérdida de control simbólico del territorio. El daño trasciende lo humano para convertirse en un golpe al corazón de la identidad nacional.

Si el Estado no puede garantizar la paz en “el lugar donde los hombres se convierten en dioses”, la percepción de ingobernabilidad se extiende a todo el territorio nacional.

Históricamente, la violencia en México ha sido interpretada bajo la lente de la “nota roja”, como se conoce popularmente a la información sobre sucesos, y el enfrentamiento entre carteles. La irrupción de un tirador masivo en un recinto sagrado rompe la burbuja de seguridad del turista.

El visitante ya no teme quedar atrapado en un fuego cruzado entre bandas; ahora teme ser el blanco directo de una patología social atomizada, similar a los fenómenos vistos en centros comerciales, lugares de culto o escuelas de Estados Unidos.

La mutación del miedo: Del “narcocrimen” al “lobo solitario”

La literatura sociológica contemporánea expone y sugiere que México enfrenta una violencia fruto de patrones relacionales que se teje en las interacciones de vida cotidiana. Un modelo que se normaliza y se socializa a través de los vínculos comunitarios y las dinámicas institucionales.

Esta visión de la violencia relacional conecta con el narcotráfico, cuyas motivaciones son económicas y territoriales. En cambio, el “lobo solitario” busca el máximo impacto mediático y el colapso simbólico. Por ello, la transición del “narcocrimen” al “lobo solitario” representa un cambio de paradigma en la criminología mexicana.

Mientras que el “narcocrimen” suele seguir una lógica de mercado (territorialidad, rutas, ajustes de cuentas), la figura del tirador masivo o “lobo solitario” se rige por la anomia y la búsqueda de una catarsis mediática a través del terror. La violencia aleatoria lleva más allá la frontera de ese terror. El “lobo solitario” es impredecible y ataca en los momentos de mayor esparcimiento. Un quiebre en la percepción del turista internacional, que había aprendido, erróneamente o no, a navegar la realidad de países con crimen organizado evitando zonas de conflicto u horarios de riesgo.

Esta vulnerabilidad aleatoria es psicológicamente más devastadora que el crimen focalizado, ya que anula cualquier estrategia de prevención individual, generando un sentimiento de desamparo que ahuyenta incluso al viajero más experimentado. Pasamos de una violencia con motivo a una violencia con mensaje, donde el mensaje es que nadie está a salvo.

El cisne negro del Mundial 2026

Esta transición es crítica para la percepción pública. Mientras que la sociedad mexicana ha desarrollado mecanismos de resiliencia (y a veces normalización) ante el crimen organizado, no tiene defensas psicológicas contra el asesinato en masa impredecible en sitios de ocio y cultura.

En la teoría del riesgo, un cisne negro es un evento sorpresivo de gran impacto que, a posteriori, se intenta racionalizar. El tiroteo en Teotihuacán es precisamente eso para la Copa del Mundo de fútbol 2026.

Con una derrama proyectada de 60,000 millones de pesos (cerca de 3.500 millones de dólares), la economía mexicana ha apostado gran parte de su crecimiento anual a este evento.

El peligro real no es solo el evento en sí, sino la reacción en cadena en la diplomacia consular. Países como Estados Unidos y Canadá, socios organizadores del Mundial, poseen sistemas de alertas de viaje altamente sensibles.

Un incidente en un sitio de interés mundial puede reclasificar a México en niveles de alerta que prohíben o desaconsejan el viaje a ciudadanos extranjeros, lo que activaría cláusulas de cancelación masiva en seguros de viaje y patrocinios.

Estamos ante la economía del miedo: un fenómeno donde el valor de un destino se desploma no por la falta de infraestructura, sino por la percepción de que el costo de la visita podría ser la vida.

Este fenómeno genera un terrorismo de baja intensidad que paraliza la movilidad social y, por ende, el flujo turístico.

Economía en riesgo

México, junto con Estados Unidos y Canadá, se prepara para la mayor cita deportiva de la historia, pero el turismo es una industria de percepciones. El impacto económico de un tiroteo en Teotihuacán no se limita a la cancelación de boletos para la zona arqueológica. Afecta a la marca país.

Si el Estado no puede garantizar la seguridad en un recinto custodiado por el INAH y fuerzas federales, surge la pregunta inevitable: ¿están seguras las sedes de la FIFA? La economía del miedo podría desviar el flujo de divisas hacia las sedes del norte, dejando a México con estadios llenos pero corredores turísticos vacíos.

Un llamado a la reflexión y al debate

Este hito sangriento obliga a las autoridades y a la sociedad a replantear los protocolos de seguridad de cara a 2026. No basta con blindar los estadios; es necesario proteger los nodos culturales que dan sentido a la visita del extranjero.

La seguridad en sitios de patrimonio mundial no debe ser vista solo como una medida policial, sino como una estrategia de defensa de la soberanía simbólica y económica.

¿Estamos ante el fin de la “excepcionalidad” de los sitios culturales mexicanos frente a la violencia? ¿Es este el inicio de una era donde el terrorismo individual eclipsará al crimen organizado como principal amenaza a la paz pública?

El debate está abierto, y la respuesta definirá no solo el éxito del Mundial 2026, sino el futuro de México como destino cultural global.

The Conversation

Juan Martín Flores Almendárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Un “lobo solitario” asalta la pirámide sagrada de Teotihuacán y siembra el terror en vísperas del Mundial 2026 – https://theconversation.com/un-lobo-solitario-asalta-la-piramide-sagrada-de-teotihuacan-y-siembra-el-terror-en-visperas-del-mundial-2026-281198

La mitad de una bolsa de patatas fritas es aire

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge E. Olmos Cornejo, Profesor de Ingeniería Agroindustrial, Universidad de Guadalajara

¿Qué secretos oculta una bolsa de patatas fritas? Bermix Studio / Unsplash. , CC BY-SA

Esa sensación de decepción al abrir una bolsa de patatas fritas y encontrarla a medias es una experiencia que une a consumidores de todo el mundo. Sin embargo, ese espacio vacío no es una estafa comercial, sino una precisa solución de ingeniería que garantiza que el producto llegue crujiente a su boca.

No es aire, es el “guardaespaldas” de su aperitivo

Aunque lo llamamos aire, las bolsas se inflan con nitrógeno. El aire común tiene mucho oxígeno y eso daña la comida, pues oxida las grasas de las patatas en pocos días.

El resultado de esa oxidación es un sabor rancio. Además, las patatas pierden su textura crujiente y se ablandan. Por eso, el nitrógeno, un gas inerte y que no reacciona con el alimento, es la solución perfecta. Su función principal no solo reside en desplazar al oxígeno, manteniendo el sabor original fresco durante meses, sino que también impide que crezcan microbios que necesitan aire para vivir.

El escudo invisible contra los golpes

Además de conservar el sabor, ese gas tiene una misión física vital: funciona como un cojín que protege el contenido durante el transporte. Las patatas fritas son extremadamente frágiles y se rompen con facilidad.

Piense en el viaje que realiza una bolsa, que pasa por camiones, almacenes, cajas y estantes de supermercado. Sin ese colchón de gas a presión, la bolsa se aplastaría, y en lugar de patatas enteras, usted recibiría un montón de migas y polvo.

Por eso, la bolsa suele verse tan inflada. No es para aparentar que hay más producto, sino para crear una cámara de seguridad. Ese espacio vacío permite que las bolsas se apilen sin que las patatas sufran daños.

Una bolsa de patatas posee delgadas capas superpuestas, cada una con una misión para proteger el contenido de la oxidación y la humedad.
Carmen Leticia Orozco López y Jorge Eduardo Olmos Cornejo.

Más que una simple bolsa de plástico

El envase también es una pieza clave de tecnología. No se trata de una bolsa de plástico común como las que usamos para la basura: en realidad, se trata de una estructura formada por varias capas delgadísimas.

Cada capa tiene una función específica. Mientras que una impide que entre la humedad del ambiente para que las patatas no se ablanden, otra bloquea la luz del sol, evitando que las grasas se degraden por la iluminación.

La capa metálica brillante que vemos al abrir la bolsa suele ser aluminio, material que actúa como una barrera total contra el exterior. Gracias a esta ingeniería de materiales, el “guardaespaldas” de nitrógeno puede cumplir su misión durante meses.

Aprenda a leer la etiqueta: el peso es lo que cuenta

Es importante que el consumidor no se sienta engañado por el tamaño del envase. La ley obliga a los fabricantes a indicar claramente el contenido neto en la bolsa, un dato que representa el peso real del alimento que usted va a consumir.

El volumen extra de gas es un servicio de protección; no influye en el precio final del producto, que se calcula por gramos. Por eso, dos bolsas de diferentes marcas pueden parecer de distinto tamaño pero contener la misma cantidad.

Así que la próxima vez que vaya al supermercado, compare el peso neto de los envases. Verá que la cantidad de producto suele ser justa con lo que marca la etiqueta. El “aire” que tanto nos molesta es solo ingeniería trabajando para nosotros.

El peso de una bolsa de patatas –y no su tamaño– es lo que debemos mirar para saber qué cantidad de producto estamos comprando.
Carmen Leticia Orozco López y Jorge Eduardo Olmos Cornejo.

El misterio de las bolsas que “explotan” en el avión

Quizás haya notado algo extraño al viajar en avión o al subir a una montaña con una bolsa de patatas: el envase parece estar a punto de reventar. Este fenómeno es una prueba física de la presión del gas en su interior.

A gran altura, la presión del aire exterior disminuye, mientras que la presión del nitrógeno dentro de la bolsa se mantiene igual. Esto hace que el envase se infle todavía más, como si fuera un globo.

Los ingenieros agroindustriales deben prever estos cambios de presión durante el diseño. Si la bolsa no fuera lo suficientemente resistente, se abriría durante el transporte en zonas altas. Es otra capa de ciencia invisible que garantiza que su snack llegue intacto.

El reto de reciclar un sándwich de materiales

Tanta tecnología tiene un precio para el medio ambiente. Como hemos visto, estas bolsas no son de un solo material, sino que conforman un sándwich de diferentes capas de plásticos y metales unidas entre sí.

Esta estructura multicapa dificulta mucho su reciclaje. Al estar los materiales tan pegados, las plantas de tratamiento comunes no pueden separarlos fácilmente.

Por eso, el siguiente gran reto de la ingeniería agroindustrial es diseñar envases más sostenibles. Se está trabajando en materiales que protejan igual de bien, pero que sean biodegradables o más sencillos de reciclar. Por otro lado, como consumidores, nuestra tarea es depositar siempre estos envases en el contenedor amarillo para fomentar su correcto tratamiento.

Ciencia invisible en su despensa

Como ingenieros, nuestro trabajo es garantizar que los alimentos no solo sean seguros, sino que mantengan su calidad desde la fábrica hasta su mesa. La agroindustria utiliza estas herramientas invisibles para que un producto tan frágil pueda disfrutarse en cualquier lugar y momento.

Así, detrás de cada bocado crujiente hay años de investigación en química de gases, física de materiales y logística industrial.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La mitad de una bolsa de patatas fritas es aire – https://theconversation.com/la-mitad-de-una-bolsa-de-patatas-fritas-es-aire-279994

Cómo convertir los restos de uva en un filtro que limpia antibióticos del agua

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Salvador Cotillas Soriano, Profesor Titular de Universidad. Departamento de Ingeniería Química y de Materiales. Facultad de Ciencias Químicas, Universidad Complutense de Madrid

Los hospitales están diseñados para curar, aunque también generan un problema ambiental. En sus aguas residuales acaban restos de medicamentos que el cuerpo humano no ha metabolizado, junto con desinfectantes y otros productos químicos. Entre esos compuestos, hay antibióticos de última generación que, una vez liberados al medio ambiente, pueden tener consecuencias indeseadas.

Cuando estos fármacos alcanzan ríos y suelos, incluso en concentraciones muy bajas, pueden alterar las comunidades microbianas naturales. Este proceso favorece la aparición y la propagación de bacterias resistentes a los antibióticos, uno de los grandes retos sanitarios del siglo XXI. Por eso, reducir la presencia de estos compuestos en las aguas residuales no es solo una cuestión ambiental, sino también un problema de salud pública.

Uno de los antibióticos más preocupantes es el meropenem. Se trata de un fármaco que se utiliza en hospitales para tratar infecciones graves: en muchos casos, es la última opción terapéutica disponible cuando otros antibióticos han dejado de ser eficaces. Su valor clínico es incuestionable, pero también lo es su persistencia en el medio acuático: los tratamientos convencionales de depuración no siempre consiguen eliminarlo por completo antes de que el agua sea devuelta al entorno.

De residuo agrícola a aliado ambiental

En este contexto, nuestra investigación, dentro del grupo INPROQUIMA de la Universidad Complutense de Madrid y en colaboración con la Universidad Politécnica de Madrid, propone una solución basada en la economía circular. La idea es sencilla: convertir un residuo agrícola abundante en un material capaz de eliminar antibióticos del agua antes de que lleguen al medio ambiente.

El punto de partida son los raspones de uva, los restos leñosos del racimo que quedan tras la vendimia. En las regiones vitivinícolas, se generan grandes cantidades de este residuo cada año, cuyo aprovechamiento suele ser limitado. A menudo, se destina a compostaje o se desecha, pese a tratarse de una biomasa rica en carbono y con una estructura adecuada para aplicaciones ambientales.

La elección de los raspones de uva no es casual. Además de ser abundantes y locales, presentan características que los hacen especialmente interesantes para su transformación en materiales porosos. Al tratarse de un residuo vegetal lignocelulósico, puede convertirse mediante procesos relativamente simples en un material estable, con una estructura interna capaz de interactuar con distintos contaminantes. Esto permite desarrollar soluciones de bajo coste y menor impacto ambiental, sin recurrir a materiales sintéticos ni a procesos complejos.

A partir de los raspones de uva se produce biochar, un material carbonoso obtenido mediante pirólisis, es decir, calentamiento en ausencia de oxígeno. El biochar tiene una estructura porosa y una gran superficie interna, dos características clave para capturar contaminantes disueltos en el agua. Además, puede someterse a un proceso de activación suave que mejora aún más su capacidad de interacción con otras moléculas.

Atrapar antibióticos antes de que lleguen al río

El biochar obtenido a partir de residuos de uva presenta propiedades especialmente adecuadas para atrapar antibióticos como el meropenem. Pero más allá de su comportamiento en condiciones ideales de laboratorio, el aspecto clave era comprobar si funcionaría en un escenario más realista.

Para ello, realizamos ensayos con un agua que simulaba un efluente hospitalario, con una composición salina similar a la que se encuentra en este tipo de vertidos. Este es un entorno especialmente exigente, ya que las sales y otras sustancias presentes compiten entre sí y dificultan los procesos de eliminación de contaminantes.

Aun así, el biochar fue capaz de eliminar completamente el meropenem en un amplio rango de concentraciones. Este resultado indica que el material mantiene su eficacia también en aguas complejas, una condición imprescindible para pensar en aplicaciones prácticas en el tratamiento de aguas residuales.

Además, el proceso mostró un efecto adicional interesante: este compuesto también redujo parcialmente la salinidad del agua, capturando algunos de los iones disueltos. Aunque este no era el objetivo principal del estudio, podría contribuir a mejorar la calidad del efluente tratado y facilitar etapas posteriores de depuración o reutilización del agua.

Un material que puede reutilizarse

La sostenibilidad de cualquier tecnología de tratamiento depende en gran medida de su capacidad de reutilización. Un material que solo puede usarse una vez difícilmente puede considerarse una solución viable a gran escala.

En este caso, el biochar obtenido a partir de residuos de uva puede regenerarse tras captar el antibiótico mediante un procedimiento sencillo. Esto permite recuperar el material y emplearlo de nuevo en varios ciclos consecutivos de tratamiento. Tras varios usos, el biochar mantiene una elevada eficacia y sigue eliminando alrededor del 90 % del antibiótico presente en el agua.

Aunque se observa una ligera pérdida de rendimiento con el número de ciclos, los resultados indican que el material es estable y reutilizable, lo que refuerza su interés desde el punto de vista ambiental y económico.

Pequeñas soluciones para un problema global

Este trabajo se suma a un enfoque cada vez más necesario en el tratamiento de aguas: aprovechar residuos y convertirlos en recursos. Transformar un subproducto agrícola en una herramienta para reducir la contaminación farmacéutica permite cerrar ciclos, disminuir costes y reducir el impacto ambiental asociado tanto a los residuos como a los tratamientos convencionales.

Aún es necesario avanzar hacia pruebas a mayor escala y con aguas residuales reales, donde la composición es más variable y compleja. Mientras, los resultados muestran que materiales sencillos, de origen vegetal y obtenidos mediante procesos poco agresivos pueden contribuir de forma significativa a frenar la dispersión de antibióticos en el medio ambiente.

Combatir la resistencia antimicrobiana no depende solo de cómo usamos los antibióticos en hospitales y centros de salud. También pasa por evitar que sus restos sigan circulando fuera de ellos. Y, en ese camino, desechos tan comunes como los de la uva pueden desempeñar un papel inesperado.

The Conversation

Salvador Cotillas Soriano recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU/AEI /10.13039/501100011033) y la Unión Europea NextGenerationEU/PRTR a través de la ayuda CNS2022-135764

Ana Hayat Berros recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU/AEI /10.13039/501100011033) y la Unión Europea NextGenerationEU/PRTR a través de la ayuda CNS2022-135764.

Carmen María Domínguez Torre, José Leandro da Silva Duarte y Mario de la Fuente Lloreda no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Cómo convertir los restos de uva en un filtro que limpia antibióticos del agua – https://theconversation.com/como-convertir-los-restos-de-uva-en-un-filtro-que-limpia-antibioticos-del-agua-273820