¿Cómo diseñar ciudades y edificios para afrontar el exceso de calor?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Teresa Cuerdo Vilches, Dra. Arquitecta. Investigadora, Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (IETcc – CSIC)

El pasado agosto asistimos en España al mes estival con récord histórico en cuanto a olas de calor, siendo la última la más intensa desde que hay registros, superando a todas las anteriores.

En los últimos años esto se ha convertido en un mantra: cada vez son más frecuentes, duraderas e intensas. Este escenario genera un sinfín de reacciones sociales, mediáticas y políticas. Surge entonces una pregunta recurrente: ¿puede una ciudad prepararse para una ola de calor?

Partimos de que no todas las ciudades son iguales. Difieren en tamaño, distribución, población, densidad o tipología edificatoria. La historia también pesa: los tejidos viarios, las plazas, las calles estrechas o los edificios emblemáticos marcan un comportamiento distinto frente a fenómenos meteorológicos.

En España y en Europa, la ciudad consolidada estrecha el margen de cambio. Sus materiales, colores y morfología condicionan cómo absorben o reflejan la radiación solar, además de su respuesta a precipitaciones o al viento.

El cambio climático y la transformación urbana

A lo largo de la historia, las ciudades se han adaptado a cambios económicos y sociales. Sin embargo, a mediados del siglo XX, la posguerra, el éxodo rural y la industrialización provocaron un crecimiento urbanístico acelerado, con viviendas de baja calidad.

La crisis energética de los 70 introdujo normas de ahorro energético aún incipientes, y en las últimas décadas la globalización y el consumo han intensificado el cambio climático. Para colmo, el acceso masivo al transporte aéreo, el aire acondicionado y el vehículo privado agravan aún más el problema.

El impacto se amplifica más aún en las grandes urbes. Tráfico, contaminación, infraestructuras de hormigón y asfalto, así como la falta de sombra y vegetación, refuerzan la isla de calor urbana.

El cambio climático incrementa la frecuencia de fenómenos extremos (olas de calor, sequías, inundaciones, incendios o frío extremo), lo que, sumado a migraciones hacia áreas urbanas en busca de servicios y seguridad, tensiona aún más la capacidad de las ciudades para responder.

Cómo frenar la hostilidad climática urbana

Muchas urbes ofrecen hoy una respuesta hostil a los eventos extremos. Esta hostilidad convierte los espacios públicos en lugares poco habitables, llegando a ser “no lugares” en palabras del antropólogo francés Marc Augé. La ausencia de arbolado, la desconexión de fuentes de agua o parques infantiles inutilizables en verano son claros ejemplos.

Las soluciones no deben ser aisladas ni temporales, sino integrales, sostenibles y participativas. Propuestas como colocar un sombrajo ineficaz o mantener aulas escolares activas a más de 30°C ilustra lo poco que sirven respuestas parciales. La clave está en desarrollar estrategias coordinadas entre administraciones, titulares de edificios y ciudadanía.

Entre las soluciones que permiten adaptar las ciudades al calor destacan:

  • Rehabilitación y eficiencia energética: Dar prioridad al aislamiento de fachadas, cubiertas y ventanas, incorporando sombreados y colores claros que reduzcan la absorción solar, y aprovechando la energía gratuita. En climas continentales, estas medidas son esenciales para equilibrar frío y calor.

  • Uso responsable de la energía: Reducir el aire acondicionado y la calefacción, aunque provengan de renovables, siguiendo el principio de suficiencia energética: usar solo la energía necesaria. Eso sí, nunca a costa de la salud o el bienestar, priorizando siempre equipos más eficientes, y sin olvidar la calidad del aire interior.

  • Infraestructura verde: Cubiertas y muros vegetales, huertos urbanos, arbolado y parques con especies compatibles, gestionadas eficientemente pueden reducir la temperatura ambiental y mejorar la habitabilidad.

  • Infraestructura azul: Fuentes, estanques, cursos de agua o jardines de lluvia ayudan a refrescar la atmósfera urbana, especialmente en las horas centrales del día.

  • Transporte sostenible: Redes de transporte público eficientes, carriles bici y peatonalización reducen la contaminación y la generación de las islas de calor. Modelos como las supermanzanas de Barcelona o la ciudad de 15 minutos de París favorecen la proximidad y la habitabilidad.

¿Y qué hay de los refugios climáticos? Sin duda se han multiplicado en los últimos años como oasis urbanos. Sin embargo, cuando presentan temperaturas muy diferentes al resto de la ciudad, pueden generar estrés térmico en personas vulnerables. Se recomienda diseñar, además, espacios intermedios atemperantes que permitan una transición gradual.

No olvidar las olas de frío

La adaptación no debe centrarse solo en las altas temperaturas: los edificios también deben almacenar calor en invierno. Existen materiales termoópticos que cambian de color según la temperatura, así como materiales de cambio de fase (PCMs) que acumulan calor y modifican sus propiedades. Otras soluciones eficaces incluyen los jardines verticales caducos, los sistemas de sombreado móvil o los toldos urbanos desplegados en verano.

La biomimética, por su parte, ofrece innovaciones inspiradas en la naturaleza, capaces de adaptar fachadas y cubiertas dinámicamente. Aunque inicialmente costosas, abren el camino hacia ciudades resilientes.

Lo que parece indiscutible es que no existen recetas únicas. Es necesario pensar en la escala del edificio, el barrio y la ciudad antes de identificar la solución óptima. La orientación, los vientos predominantes, las proporciones de las calles y el mobiliario urbano influyen en la habitabilidad. Integrar estos factores de manera conjunta en el diseño urbano garantiza espacios más saludables y resilientes, siempre adaptados a las condiciones locales, sociales y climáticas.

Además de planes estructurales globales, en eventos concretos o temporadas críticas puede ser útil diseñar acciones estratégicas temporales. Sevilla, por ejemplo, reparte agua en la Feria de Abril. Y en Madrid, algunos comercios ofrecen agua gratuita en verano. Estas medidas no sustituyen a la planificación a largo plazo, pero alivian en momentos de riesgo, un apoyo adicional a Planes Estratégicos de Prevención y Alerta.

En cualquier caso, las adaptaciones de las urbes a las temperaturas deben garantizar continuidad más allá de los cambios de gobierno.

Gobernanza y participación ciudadana

La información es poder. Explicar a los ciudadanos cómo mejorar sus viviendas o barrios favorece el cambio estructural. Los gobiernos pueden canalizar ayudas y fondos europeos para rehabilitación y eficiencia energética, apoyándose en la participación de comunidades de vecinos y entidades locales.

Las oficinas de ventanilla única (OSS) son un buen ejemplo de recurso de información y asesoramiento que fomenta la implicación ciudadana.

Igual que el clima cambia, también debe hacerlo el tejido urbano. La adaptación de las ciudades al calor no es estática: debe revisarse y ajustarse continuamente. La ciudad debe entenderse como un sistema único en el que viviendas y espacios públicos actúen al unísono, con soluciones oportunas y sostenibles en el tiempo.

La adaptación debe ser dinámica, multiescalar y multidisciplinar, con la participación de gobiernos, sector privado, academia y ciudadanía. Y aunque las medidas no resulten baratas ni rápidas, han de garantizarse con condiciones de operación y mantenimiento viables, independientemente del actor que las impulse.

El éxito de las ciudades resilientes ha de ser compartido: un proyecto de todos y para todos.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

María Teresa Cuerdo Vilches colabora con Telos, la revista que edita Fundación Telefónica.

ref. ¿Cómo diseñar ciudades y edificios para afrontar el exceso de calor? – https://theconversation.com/como-disenar-ciudades-y-edificios-para-afrontar-el-exceso-de-calor-266166

La difícil movilidad urbana de las mujeres trabajadoras en Latinoamérica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Celia Herrera, Directora Centro de Investigación y Desarrollo de Ingeniería, Universidad Católica Andrés Bello

Congestión de tráfico en el centro de Caracas. testing/Shutterstock

A las 5 de la mañana, Juana sale apurada de su casa, en Petare (Caracas), uno de los sectores populares de viviendas autoconstruidas más grande de América Latina, que se extiende por más de 45 kilómetros cuadrados de terrenos empinados.

Camina con su nieto hasta la parada, donde espera un jeep (que vendrá lleno). Estos todoterrenos son el transporte público más habitual del barrio por lo particular de su orografía. Juana deja al niño en la escuela, hace unas compras y luego camina hasta la estación de metro para seguir rumbo a su trabajo. Su día no terminará hasta muchas horas y trasbordos después.

Vista aérea de aglomeración de casas sobre unas colinas
Vista aérea del barrio de chabolas de Petare, en Caracas.
Eddvlp/Shutterstock

Esta es la rutina real de miles de mujeres de Petare, de Caracas, de Venezuela y de América Latina.

¿Qué son los viajes poligonales?

Los trayectos de Juana rara vez siguen el esquema pendular casa–trabajo–casa. Se parecen más a lo que Inés Sánchez de Madariaga, experta en urbanismo de género, llama “viajes poligonales”:

“Respecto a la movilidad, las mujeres hacen más viajes, más viajes encadenados, con patrones de tipo más poligonal y menos viajes pendulares. Usan más el transporte público, abarcan distancias y ámbitos geográficos menores y más en el entorno de la vivienda, y se mueven por más motivos diferentes, con patrones de movilidad menos predecibles y más irregulares. Todo esto tiene que ver con la doble carga de trabajo que asumen las mujeres dentro y fuera del hogar”.

En estas cadenas de recorridos fragmentados, el cuidado y otras responsabilidades domésticas marcan el ritmo. Esta lógica multiplica tiempos, costos y riesgos para las mujeres, pero suele pasar desapercibida.

Más tiempo, más riesgos, menos oportunidades

La movilidad del cuidado visibiliza cómo las mujeres organizan sus desplazamientos a partir de tareas domésticas y comunitarias.

Un estudio del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) estima que las mujeres en América Latina invierten hasta un 30 % más de tiempo) en sus recorridos diarios que los hombres.

En Caracas, un trayecto de media hora puede convertirse, a la larga, en horas perdidas, abandono de estudios, menos acceso a empleos dignos y mayor fatiga. Los recorridos extensos y fragmentados también exponen con más frecuencia a las mujeres al acoso y la violencia en el espacio público.

Esto se agrava por la crisis de transporte público en Caracas: un metro colapsado e inseguro, pocos autobuses y “camioneticas” (y muchos en mal estado), tarifas altas para los pasajeros (pero insuficientes para mantener la calidad del servicio), embotellamientos y calles en mal estado, inseguridad y, en general, una red informal y precaria de transporte.

Calle de Caracas.
Calle de Caracas.
Angel Corrales/Shutterstock

Políticas públicas: experiencias internacionales

Aplicar principios de urbanismo feminista –mejorar la iluminación en las paradas, situar los portales al mismo nivel de las fachadas, el uso de ascensores transparentes o diseñar calles sin recovecos– hacen que las mujeres perciban las vías urbanas como más seguras.

Algunas ciudades latinoamericanas han empezado a responder. Medellín incorporó los viajes del cuidado en sus planes de movilidad, diseñando rutas y servicios según patrones femeninos. En Ciudad de México y Buenos Aires se aplican programas para combatir el acoso en buses y metro, y el Banco Mundial promueve rutas escolares seguras, subsidios para mujeres de bajos ingresos y empleo femenino en el sector.

¿Qué se puede hacer en Caracas?

Más allá de las limitaciones presupuestarias, un barrio con condiciones tan complicadas como Petare (difícil orografía, transporte público limitado, grandes distancias a pie para llegar a los puntos nodales de transporte hacia otras zonas de Caracas), necesita medidas para mejorar la seguridad y la movilidad urbana femenina. Esto se traduce en paradas con mejor iluminación y vigilancia comunitaria, regularización del transporte público informal, promoción de la intermodalidad, creando nodos de intercambio (metro-autobús, por ejemplo) eficientes para mejorar la accesibilidad urbana.

Una referencia pionera para recopilar datos y diseñar políticas de movilidad urbana con enfoque de género es el índice de caminabilidad sensible al género desarrollado por el Banco Interamericano de Desarrollo. Este índice ofrece herramientas prácticas y criterios (estado de las aceras, conectividad, seguridad vial, fachadas y edificaciones, comodidad y mobiliario urbano, señalización) para evaluar la accesibilidad y seguridad urbana a partir de las experiencias de mujeres y niñas.

Quien habla de Petare, habla de muchos otros barrios y realidades similares en América Latina. Los viajes poligonales de las mujeres revelan desigualdades profundas. El transporte y la movilidad no son solo infraestructuras: define el derecho a habitar la ciudad. Ignorar cómo se mueven las mujeres es perpetuar una ciudad injusta y limitada.

Hablar de movilidad con perspectiva de género es, finalmente, hablar de democracia y derecho a la ciudad para todas las personas.

The Conversation

Celia Herrera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Nicolas Sarkozy condenado a cinco años de prisión: un punto de inflexión para la justicia francesa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Vincent Sizaire, Maître de conférence associé, membre du centre de droit pénal et de criminologie, Université Paris Nanterre – Université Paris Lumières

El expresidente francés Nicolas Sarkozy ha sido declarado culpable de conspiración criminal en un caso relacionado con la financiación libia de su campaña presidencial de 2007. Condenado a cinco años de prisión, deberá comparecer ante el tribunal el 13 de octubre para conocer la fecha de su encarcelamiento. Esta sentencia sin precedentes marca un punto de inflexión en las prácticas de la justicia francesa, que se ha ido liberando gradualmente del poder político. También consagra el principio republicano de la plena y completa igualdad de los ciudadanos ante la ley, proclamado en 1789, pero que durante mucho tiempo se mantuvo en el ámbito teórico.


Nicolas Sarkozy ha sido declarado culpable de conspiración criminal por el tribunal penal de París el jueves 25 de septiembre, tras la transferencia de millones de euros de fondos ilícitos del difunto líder libio Muamar el Gadafi para financiar su campaña electoral de 2007. Como era de esperar, la decisión provocó rápidamente la ira de gran parte de la clase política.

Es perfectamente legítimo argumentar en contra de la sentencia por considerarla injusta e infundada. Esto se aplica, en primer lugar, a los acusados, que tienen todo el derecho a recurrir la sentencia.

Sin embargo, el contexto en el que se producen estas protestas es un polvorín político: de hecho, en abril, la líder del partido de extrema derecha Agrupación Nacional, Marine Le Pen, ya fue condenada a cinco años de inhabilitación para ejercer cargos públicos tras ser declarada culpable de ayudar a malversar 2,9 millones de euros de fondos de la UE para su partido. A raíz de ello, la última sentencia de Sarkozy brinda una nueva oportunidad a una gran parte de las clases dirigentes para avivar la polémica sobre lo que los franceses denominan el “gobierno de los jueces” y otros llamarían “juristocracia”.

El primer presidente francés de la posguerra en ser encarcelado

Es cierto que la sentencia puede parecer especialmente severa: una multa de 100 000 euros, cinco años de inhabilitación y, sobre todo, cinco años de prisión con una orden de detención diferida que, combinada con la ejecución provisional, obliga al condenado a comenzar a cumplir su pena de prisión incluso si recurre.

Pero si analizamos más detenidamente los delitos cometidos, las penas no parecen desproporcionadas. Los hechos son innegablemente graves: organizar la financiación secreta de una campaña electoral con fondos procedentes de un régimen corrupto y autoritario, Libia –cuya responsabilidad en un atentado contra un avión en el que murieron más de 50 ciudadanos franceses ha sido reconocida por los tribunales–, a cambio de defenderlo en la escena internacional.

Dado que la pena máxima es de diez años de prisión, la sanción difícilmente puede considerarse demasiado severa. Pero lo que se cuestiona es el principio mismo de la condena de un líder político por los tribunales, que se considera y se presenta como un ataque intolerable al equilibrio institucional.

Sin embargo, si nos tomamos el tiempo de ponerlo en perspectiva histórica, vemos que las sentencias dictadas en los últimos años contra miembros de la clase dirigente forman parte, de hecho, de un movimiento para liberar al poder judicial de otros poderes, en particular del ejecutivo. Esta emancipación permite finalmente al poder judicial aplicar plenamente los requisitos del sistema jurídico republicano.

La igualdad de los ciudadanos ante la ley

Cabe recordar que el principio revolucionario proclamado en la noche del 4 al 5 de agosto de de 1789 fue el de la igualdad plena y completa ante la ley, lo que condujo a la correspondiente desaparición de todas las leyes especiales –“privilegios” en el sentido jurídico del término– de las que gozaban la nobleza y el alto clero. El Código Penal de 1791 fue aún más lejos: no solo los que estaban en el poder podían ser juzgados ante los mismos tribunales que los demás ciudadanos, sino que también se enfrentaban a penas más severas por determinados delitos, en particular los relacionados con la corrupción.

Los principios en los que se basa el sistema jurídico republicano no pueden ser más claros: en una sociedad democrática, en la que toda persona tiene derecho a exigir no solo el pleno disfrute de sus derechos, sino también, de manera más general, la aplicación de la ley, nadie puede pretender beneficiarse de un régimen de excepción, y menos aún los cargos electos. Es porque confiamos en que sus acciones ilegales serán castigadas de manera efectiva, al igual que las de los demás ciudadanos y sin esperar una sanción electoral altamente hipotética, que pueden realmente considerarse nuestros representantes.




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Cuando la ley favorecía a los poderosos

Sin embargo, durante mucho tiempo, este requisito de igualdad jurídica siguió siendo en gran medida teórico. Asumido y situado en una relación más o menos explícita de subordinación al Gobierno durante el Primer Imperio (1804-1814), el poder judicial permaneció bajo la influencia del ejecutivo al menos hasta mediados del siglo XX. Por eso, hasta finales del siglo pasado, el principio de igualdad ante la ley se topaba con un privilegio singular de “notabilidad” que, salvo en situaciones excepcionales o en casos especialmente graves y mediáticos, garantizaba una relativa impunidad a los miembros de las clases dirigentes cuya responsabilidad penal se ponía en tela de juicio.

La situación solo comenzó a cambiar tras el final de la Segunda Guerra Mundial, en la década de 1940. A partir de 1958, los magistrados fueron reclutados mediante concurso público y se beneficiaron de un estatus relativamente protegido, así como de una escuela dedicada, la Escuela Nacional de la Magistratura. Esta última adoptó gradualmente un exigente código ético, impulsado en particular por el reconocimiento del sindicalismo judicial en 1972.

Surgió así una nueva generación de jueces que se tomaban muy en serio su misión: garantizar, con total independencia, la correcta aplicación de la ley, independientemente de los antecedentes de los acusados.

Bernard Tapie, Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy…

En este contexto, ocurrió algo que había sido impensable unas décadas antes: el enjuiciamiento y la condena de figuras prominentes en las mismas condiciones que el resto de la población. A partir de mediados de la década de 1970, el movimiento cobró impulso en las décadas siguientes con la condena de importantes líderes empresariales, como el magnate del fútbol y de Adidas Bernard Tapie, y luego de figuras políticas nacionales, como el exministro conservador Alain Carignon o el alcalde y diputado de Lyon, Michel Noir.

La condena de antiguos presidentes de la República a partir de la década de 2010 –Jacques Chirac en 2011, Nicolas Sarkozy por primera vez en 2021– completaron la normalización de esta tendencia. O, más bien, pusieron fin a la anomalía democrática de dar un trato preferencial a los cargos electos y, en general, a las clases dirigentes.

Este movimiento, que inicialmente derivó de cambios en las prácticas judiciales, también se vio respaldado por ciertas modificaciones de la legislación francesa. Un ejemplo es la revisión constitucional de febrero de 2007, que consagra la jurisprudencia del Consejo Constitucional según la cual el presidente de la República no puede ser objeto de acciones penales durante su mandato, pero que permite reanudar el proceso tan pronto como abandone el cargo.

También cabe mencionar la creación, en diciembre de 2013, de la Fiscalía Nacional Financiera, que, aunque no goza de independencia estatutaria respecto al poder ejecutivo, ha podido demostrar su independencia de facto en los últimos años.

Cualquier referencia a la “tiranía judicial” tiene como objetivo atacar esta evolución histórica. Esta retórica busca defender menos la soberanía del pueblo que la de los gobernantes oligárquicos.

The Conversation

Vincent Sizaire no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Nicolas Sarkozy condenado a cinco años de prisión: un punto de inflexión para la justicia francesa – https://theconversation.com/nicolas-sarkozy-condenado-a-cinco-anos-de-prision-un-punto-de-inflexion-para-la-justicia-francesa-266182

La vacuna contra el VIH podría estar más cerca gracias a la tecnología del ARNm

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isidoro Martínez González, Científico Titular de OPIs, Instituto de Salud Carlos III

Novikov Aleksey/Shutterstock

Cuatro décadas después de su descubrimiento, el VIH sigue siendo uno de los principales desafíos de salud pública a nivel mundial. Hasta la fecha ha causado la muerte de más de 44 millones de personas y su transmisión continúa en todos los rincones del planeta.

Se estima que, a finales de 2024, casi 41 millones de personas vivían con VIH. Ese mismo año, alrededor de 630 000 murieron por causas relacionadas con el virus y, aproximadamente, 1,3 millones se contagiaron.

El VIH es un retrovirus, lo que significa que puede integrar su material genético en el ADN de las células infectadas para esconderse del sistema inmunitario, lo que dificulta su erradicación del organismo.

Aunque aún no existe una cura, los tratamientos antirretrovirales actuales han transformado la historia de la infección por VIH. Gracias a ellos, hoy es una enfermedad crónica manejable para aquellos pacientes con acceso a los fármacos. Las personas infectadas pueden llevar una vida larga y relativamente saludable, aunque suelen enfrentarse a un envejecimiento prematuro en comparación con quienes no tienen el virus.

El gran reto: encontrar una vacuna

Durante décadas, lograr una vacuna eficaz contra el VIH ha representado uno de los mayores desafíos de la medicina moderna. ¿Por qué es tan difícil? Estos son algunos de los principales obstáculos:

  1. El virus ataca directamente al sistema inmunitario, debilitando las defensas necesarias tanto para combatir la infección como para responder a la vacunación.

  2. Tiene una alta capacidad de mutación (cambio), lo que complica el diseño de una vacuna universalmente efectiva.

  3. Demuestra una considerable habilidad para evadir a nuestras defensas, lo que reduce la eficacia de las respuestas inmunitarias inducidas.

  4. La principal proteína de superficie del VIH, denominada Env, es la responsable de la unión y entrada del virus en las células. Sería el objetivo ideal de una vacuna, ya que los anticuerpos neutralizantes que se producen tras la vacunación se unen a ella e impiden esa entrada. Sin embargo, es muy compleja y variable, lo que hace que sea un blanco increíblemente difícil de acertar.

  5. El VIH se integra en el genoma humano, lo que le permite permanecer oculto e inactivo durante largos períodos.

¿Una nueva era para las vacunas contra el VIH?

La misma tecnología de ARN mensajero (ARNm) que permitió el rápido desarrollo de las vacunas contra la covid-19 está siendo adaptada para combatir el VIH.

Dos estudios recientes, publicados en Science Translational Medicine, muestran resultados prometedores: vacunas experimentales basadas en ARNm lograron inducir anticuerpos neutralizantes, las defensas capaces de bloquear al virus antes de que infecte una célula, potentes y específicos en animales y humanos.

Esto representa un avance importante en la carrera por lograr una vacuna efectiva contra el VIH.

¿Cómo funciona?

Tradicionalmente las vacunas experimentales utilizaban trímeros solubles de la proteína Env. Sin embargo, este método dejaba expuesta una parte de la proteína (la base del trímero) que normalmente está oculta en el virus real. Esto podía inducir respuestas inmunitarias fuertes, pero mal dirigidas. Como resultado, no lograban neutralizar el virus.

Para resolver este problema los investigadores diseñaron una vacuna de ARNm que instruye a las células para producir la proteína Env unida a la membrana celular. Así se imita mejor su forma natural en el virus.

En un primer estudio, realizado en conejos y primates no humanos, esta versión de la vacuna generó respuestas de anticuerpos neutralizantes más fuertes que la versión soluble.

Resultados en humanos

A partir de estos resultados prometedores se inició un ensayo clínico de fase 1 en humanos para comparar ambas versiones de la vacuna. Se trató de un estudio con unos cien voluntarios en el que se analizó la seguridad del fármaco y la respuesta inmunitaria que generaba.

Los resultados mostraron una diferencia abismal: un 80 % de los participantes que recibieron la vacuna con Env anclada a la membrana de la célula generaron la codiciada respuesta de anticuerpos neutralizantes.

En cambio, solo el 4 % de a quienes se administró la versión soluble lograron esa respuesta.

Se trata de un ensayo clínico en fase 1, todavía preliminar. Por lo tanto, serán necesarios más estudios con más participantes para entender si la vacuna protege contra la infección y durante cuánto tiempo.

¿Y los efectos secundarios?

Las vacunas fueron, en general, bien toleradas. Sin embargo, el ensayo identificó un efecto secundario inesperado: aproximadamente el 6,5 % de los participantes desarrollaron urticaria (ronchas), y algunos experimentaron síntomas duraderos.

Aunque tratables, esta tasa fue más alta de lo observado con otras vacunas de ARNm, como las de la covid-19.

Curiosamente, otro conjunto de ensayos, que probaba una estrategia diferente de vacunación basada en la administración de ARNm en varios pasos, también reportó efectos secundarios en la piel. Esto sugiere que la combinación entre antígenos del VIH y la tecnología de ARNm podría estar relacionada, aunque esto aún requiere mayor investigación.

Conclusión: un paso firme hacia el futuro

Si bien estas vacunas aún no representan una solución definitiva, han demostrado que la combinación de la tecnología de ARNm con una estrategia más realista de presentación del antígeno (Env anclada a la membrana de la célula) es una herramienta poderosa en la búsqueda de una vacuna eficaz contra el VIH.

Los investigadores se muestran optimistas. Ajustes como la reducción de la dosis de ARNm podrían mitigar los efectos secundarios observados y mejorar aún más esta prometedora vía de investigación. Quizá en unos años la lucha contra el VIH cuente en su arsenal con la tan ansiada vacuna.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La vacuna contra el VIH podría estar más cerca gracias a la tecnología del ARNm – https://theconversation.com/la-vacuna-contra-el-vih-podria-estar-mas-cerca-gracias-a-la-tecnologia-del-arnm-265204

El espejo robótico: ¿tan buenos somos los humanos como para querer copias?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nagore Osa Arzuaga, Docente e investigadora en Innovación en Diseño Industrial, con especialización en Diseño de Interacción Humano-Robot y Factores Humanos, Mondragon Unibertsitatea

El parecido humano en los robots atrae la atención, pero también revela el punto ciego del antropocentrismo tecnológico. Andy Kelly / Unsplash, CC BY

Los robots llenan titulares cuando nos imitan: conversan con voz casi humana, escriben textos que parecen nuestros o “leen” emociones en una pantalla. Pero el salto que de verdad importa es otro: dejar de copiarnos y empezar a complementarnos, diseñando capacidades que tapen nuestras grietas –atención, sesgos, fatiga– y valorar a las máquinas por su impacto en las personas, no por lo humanas que parecen.

Robótica cognitiva: ¿humanos digitales?

Tal vez, si nos hablan de robótica cognitiva, no sepamos qué es eso. Pero seguro que hemos leído alguna noticia sobre Neuralink, la empresa de Elon Musk que busca conectar cerebros y ordenadores; o hemos visto androides que bailan torpemente, o conocemos a los robots de Amazon, que recorren los almacenes cargados de paquetes.

La robótica cognitiva busca dar a la máquina algo más que fuerza y precisión: habilidades parecidas a las de los humanos o animales. No se trata solo de mover motores y sensores, sino de que sean capaces de percibir, recordar, aprender, anticipar y adaptarse cuando las cosas cambian. Su objetivo es pasar del “robot que repite” al que entiende el contexto. Para ello, integra disciplinas como la inteligencia artificial, las ciencias cognitivas o la biología.

Drones y prótesis cerebrales

Dentro de este campo, hay estrategias muy distintas. Por ejemplo, la robótica de enjambre, inspirada en hormigas o abejas, estudia cómo robots simples logran juntos lo que uno solo no podría: desde drones que se coordinan en rescates hasta máquinas que se reparten las tareas en un almacén.

En cambio, enfoques como la neurorrobótica o la robótica del desarrollo buscan imitar la cognición humana, modelando el cerebro o copiando los mecanismos de aprendizaje de los niños.

Lo que empezó como un reto académico ya está saliendo de los laboratorios. Vemos robots sociales en aulas y hospitales, enjambres en la industria logística o prótesis que se controlan con señales cerebrales. Avanzan, pero con límites: aún dependen de entornos controlados, carecen de “sentido común” y no generalizan bien lo aprendido.

Sin embargo, en nuestra investigación elegimos mirar en otra dirección. Más allá de resolver cada obstáculo técnico, nos preguntamos: ¿realmente nos beneficia que los robots se parezcan tanto a nosotros?

El punto ciego del antropocentrismo

Durante décadas, hemos medido el progreso en robótica con una vara muy concreta: ¿se parece a nosotros? Hablamos de visión “al nivel humano”, razonamiento “casi humano” o manos “tan hábiles como las nuestras”. Pero el parecido no garantiza impacto en contextos reales de trabajo o cuidado. Y ahí está la trampa: si aspiramos a copiar lo humano, también copiamos sus límites.

Pensemos en tareas críticas que requieren vigilancia constante: los humanos fallamos de forma predecible. La atención sostenida se desploma con el tiempo y el rendimiento cae. No podemos olvidar que el humano se cansa.

A esto se suman nuestros sesgos cognitivos. Tendemos a confirmar hipótesis previas, a confiar demasiado cuando una herramienta acierta a menudo, o a ignorar señales contradictorias. El resultado es conocido: errores evitables y decisiones poco fiables.

Un estudio reciente que analiza de forma sistemática los campos de la robótica cognitiva y la colaboración humano-robot apunta en la misma dirección: los temas de cognición (aprendizaje, predicción, intención) y de colaboración (tarea, control, seguridad, confianza) crecen, pero lo hacen por caminos separados. Los hallazgos clave indican que, si bien los avances en la robótica cognitiva han dado lugar a sistemas más autónomos y adaptables, integrarlos eficazmente en las prácticas de colaboración con las personas sigue siendo un desafío.

Si el estándar de éxito de un robot cognitivo es “parecerse a nosotros”, acabará heredando exactamente las mismas debilidades. Y si hablamos de colaboración con las personas, no parece el escenario más deseable.

La imagen del robot humanoide está anclada en el imaginario colectivo, pero puede no ser una solución tan necesaria en la práctica.
Taiki Ishikawa / Unsplash, CC BY

De heredar fallos a solucionarlos

Si copiar lo humano hace que el robot herede nuestras debilidades, cambiemos la pregunta: ¿qué puede aportar un robot precisamente por no ser humano? Partamos de nuestras limitaciones reales –lapsos de atención, sesgos, fatiga, carga física…– y dotemos a los robots de capacidades que las compensen.

A esta misma inquietud han respondido otros autores con propuestas como la de los “superpoderes robóticos”, desarrollada por Robin Neuhaus, experto en diseño de interacción humano-robot.

Hay tres familias de “superpoderes” fáciles de visualizar. Los físicos implican que los robots no sienten dolor ni fatiga y mantienen precisión constante. Sirven, por ejemplo, para sostener tareas largas y delicadas sin perder pulso ni ritmo.

Por otro lado, los cognitivos les dotan de cero necesidad de competir, paciencia infinita y foco sostenido. Pueden repetir una instrucción cien veces sin molestarse, pedir confirmación cuando algo es ambiguo y no tomar nada como algo personal.

Por último, tenemos los superpoderes comunicativos: se expresan sin ambigüedades ni dobles lecturas, no discriminan ni se ofenden. Traducen estados internos complejos en mensajes simples y oportunos (qué pasa, por qué importa y cuál es el siguiente paso), lo que elimina malentendidos.

Esquema de los ‘superpoderes’ robóticos o esas capacidades en que los robots podrían cubrir nuestras debilidades.
Nagore Osa Arzuaga.

De espejo a aliado

Este giro no es tanto tecnológico como metodológico. Las piezas técnicas ya existen. Falta cambiar el punto de partida: diseñar desde las personas, no desde el potencial de la máquina. Solo así podremos hablar de robots realmente centrados en el humano: definidos por nuestras necesidades, codiseñados con quienes los usan y evaluados por su impacto en el trabajo, la seguridad y el bienestar.

Seguir construyendo espejos solo hereda nuestras grietas. Si queremos robots que de verdad nos ayuden, cambiemos el guion: un superpoder útil antes que un “casi humano” brillante.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El espejo robótico: ¿tan buenos somos los humanos como para querer copias? – https://theconversation.com/el-espejo-robotico-tan-buenos-somos-los-humanos-como-para-querer-copias-265121

Unos pocos grados de diferencia pueden marcar la frontera entre la vida y la muerte de la vid

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Àlex Giménez Romero, Doctor en Física de Sistemas Complejos, Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (UIB-CSIC)

Hoja de una vid afectada por la enfermedad de Pierce. Emanuele Mazzoni Photo/Shutterstock

La vid es uno de los cultivos más emblemáticos del mundo. No solo es la base de la producción de vino, un motor económico y cultural en países de clima mediterráneo tales como España, Italia o Francia, sino que también forma parte de su paisaje, historia e identidad gastronómica.

Basta pensar en el valor que tienen los viñedos para el turismo, el empleo rural o la proyección internacional de nuestras regiones vinícolas para entender hasta qué punto el vino forma parte de lo que somos.

Desafortunadamente, este patrimonio está amenazado. Entre los muchos problemas que afectan a los viñedos destaca la enfermedad de Pierce, causada por la bacteria Xylella fastidiosa. Este patógeno, transmitido por insectos que se alimentan de la savia, coloniza los vasos del xilema, el tejido de las plantas que transporta agua y minerales desde las raíces, hasta bloquearlos. ¿El resultado? Hojas secas, un debilitamiento progresivo y, finalmente, la trágica muerte de la vid.




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Una enfermedad sensible al clima

Esta amenaza, sin embargo, no se distribuye por igual en todas las regiones, en las que el clima juega un papel crucial. La influencia de las condiciones climáticas es doble: por un lado, afecta directamente al crecimiento de la bacteria y, por otro, a los insectos que la transmiten. La temperatura, en particular, es determinante para el desarrollo de la fastidiosa Xylella dentro de la planta.

Por eso, mientras las regiones cálidas presentan una mayor incidencia de la enfermedad, en las zonas frías es prácticamente inexistente. Históricamente, de hecho, el frío invernal en zonas de Europa con temperaturas continentales ha actuado como un “escudo climático” natural, protegiendo a los viñedos de este devastador patógeno.

El progresivo aumento de las temperaturas globales, sin embargo, amenaza con desmantelar esta barrera natural. Según estudios recientes, el riesgo de que la enfermedad de Pierce se establezca en Europa aumenta de forma generalizada y significativa con el cambio climático.

De hecho, si la temperatura media global supera en 3 °C los niveles preindustriales, la enfermedad podría propagarse más allá de la región mediterránea. El impacto varía por países: Portugal y Grecia enfrentarían el aumento más drástico, mientras que en Francia e Italia el riesgo podría dispararse en las denominaciones de origen protegidas (DOP), con un clima más propicio a la enfermedad, llegando a afectar hasta al 41 % y 82 % de sus regiones vinícolas, respectivamente.

Curiosamente, salvo en zonas costeras de Cataluña, España parece mantener un nivel de riesgo similar independientemente del escenario de calentamiento.




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Una mirada con lupa: el papel de los microclimas

En nuestro estudio más reciente hemos querido cambiar la escala de observación. En lugar de analizar siglos de historia o escenarios futuros globales, hemos mirado con lupa al presente para hacernos una pregunta. ¿Qué ocurre si estudiamos la enfermedad a nivel de microclimas?

Para ello utilizamos datos climáticos de alta resolución espacial que permiten detectar variaciones locales de temperatura, incluso dentro de una misma región vitivinícola. No todos los viñedos experimentan el mismo clima: una orientación distinta, una mayor altitud o la proximidad a un valle pueden cambiar notablemente las condiciones térmicas. Asimismo, un mapa de inferior resolución, al dar valores promedio en zonas con relieve, no da cuenta de microclimas en riesgo.

Al combinar esos datos con modelos epidemiológicos, descubrimos que el riesgo de enfermedad no es homogéneo: unos grados de diferencia entre viñedos vecinos pueden marcar la frontera entre la seguridad y la vulnerabilidad de las cosecha.




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Cuando el detalle lo cambia todo

El análisis con datos climáticos de alta resolución que llevamos a cabo arrojó un resultado inesperado. En lugar de ofrecer simplemente una imagen más nítida de lo que ya se veía con mapas de menor detalle, las predicciones cambiaron de forma drástica. Zonas que antes parecían seguras, que se habían promediado con otras con menos riesgo, pasaban a mostrar un riesgo elevado cuando se tenían en cuenta las variaciones locales de temperatura.

Comparación del riesgo de la enfermedad de Pierce en el noroeste de la Península Ibérica según la resolución de los datos climáticos empleados. A la izquierda, el mapa elaborado con datos de media resolución sugiere un riesgo limitado a unas pocas áreas costeras. A la derecha, el análisis con datos de alta resolución revela un panorama muy distinto: aparecen extensas zonas de riesgo a lo largo de los valles fluviales y en áreas donde se concentran los viñedos.
CC BY-NC

Estas sorpresas se concentraron sobre todo en torno a los valles fluviales. En estos paisajes, el relieve genera fuertes gradientes de altitud, y con ellos cambios bruscos de temperatura en pocos kilómetros o incluso metros. Cuando se utilizan datos de baja resolución, esas diferencias quedan ocultas en los promedios, y el riesgo real no aparece. En cambio, al trabajar con datos más detallados, se revelan áreas vulnerables que antes permanecían invisibles.

La importancia de este hallazgo es doble. Por un lado, demuestra que la resolución climática puede transformar por completo la evaluación del riesgo. Por otro, es especialmente relevante porque precisamente en esos valles suelen concentrarse muchos viñedos. Lo que parecía una falsa tranquilidad en mapas de baja resolución se convierte, al mirarse con más detalle, en un foco de vulnerabilidad para la viticultura.




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¿Que significa este descubrimiento para la viticultura?

Estos resultados tienen implicaciones inmediatas. Si los mapas de baja resolución ofrecen una falsa sensación de seguridad, confiar en ellos puede llevar a subestimar el riesgo real en regiones clave. La consecuencia es evidente: se corre el peligro de que la enfermedad de Pierce se establezca en áreas que se creían protegidas y, por tanto, menos vigiladas.

Por eso, la resolución climática deja de ser un aspecto técnico secundario y se convierte en una herramienta crítica para la gestión vitivinícola. Mapas de riesgo de alta resolución permiten identificar parcelas especialmente vulnerables, diseñar planes de vigilancia más precisos y priorizar medidas de control en las zonas con mayor exposición.

Además, este trabajo muestra que la adaptación al cambio climático no se juega solo a nivel global, sino también en la gestión del territorio a pequeña escala. Las denominaciones de origen y las autoridades agrícolas pueden usar esta información para anticipar brotes, orientar prácticas de cultivo o incluso planificar la ubicación futura de los viñedos.

Ante la amenaza de los efectos del cambio climático, donde se esperan transformaciones aún mayores en la distribución del riesgo, trabajar con el máximo detalle disponible es esencial para proteger tanto la producción como el patrimonio cultural asociado al vino.

The Conversation

Àlex Giménez Romero recibe fondos de la Agencia Española de Investigación (AEI).

Manuel A. Matias recibe fondos de la Agencia Española de Investigación (AEI) y no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo y declara carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Eduardo Moralejo Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Unos pocos grados de diferencia pueden marcar la frontera entre la vida y la muerte de la vid – https://theconversation.com/unos-pocos-grados-de-diferencia-pueden-marcar-la-frontera-entre-la-vida-y-la-muerte-de-la-vid-264951

Claves para aumentar la eficacia del triptófano, aliado de nuestra salud mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beatriz Carpallo Porcar, Fisioterapeuta. Personal docente e investigador en el grado de Fisioterapia en la Universidad San Jorge. Miembro del grupo de investigación iPhysio., Universidad San Jorge

Cada vez hay más anuncios sobre suplementos de triptófano para mejorar el estado de ánimo. Es un remedio en boga contra la creciente ola de síntomas depresivos, trastornos del sueño y ansiedad. Sin embargo, su eficacia, a la luz de la evidencia científica, no siempre está garantizada.

¿Por qué es tan importante?

El triptófano es un aminoácido esencial para la producción de proteínas, la mejora de la circulación sanguínea y la regulación del sueño. Como el organismo no lo genera por sí mismo, lo tenemos que incorporar mediante el consumo de ciertos alimentos, tanto de origen animal como vegetal. Algunos de los más ricos en triptófano, según la Universidad de Navarra, son las semillas de calabaza y sésamo, la soja, el queso chédar, carnes como el pavo y el pollo, pescados como el atún y el salmón y los huevos.

En lo que se refiere a los suplementos de triptófano, se venden sin receta y es seguro su consumo, pero siempre resulta aconsejable consultar a un sanitario. Además, no se recomiendan en embarazadas, niños pequeños y personas con enfermedad renal o que tomen antidepresivos.

El viaje bioquímico del triptófano en la salud mental

Estos productos se utilizan principalmente para sintetizar serotonina y melatonina, dos neurotransmisores que regulan el estado de ánimo, el sueño y el apetito. Conocida como la “hormona del bienestar”, la serotonina está en todo el cuerpo, pero es la que se produce a nivel cerebral la que tiene efectos sobre el estado de ánimo, mejorando el humor, la concentración y el sueño.

Su principal materia prima es el triptófano, aunque sólo un 5 % de la cantidad ingerida se va a usar para este fin, después de convertirse en 5-hidroxitriptófano. Si todo va bien, el resto del aminoácido consumido se transformará en un metabolito llamado quinurenina, que a su vez pasará a ser ácido quinurénico, un potente neuroprotector.

Así pues, el triptófano contribuye tanto a la producción de serotonina como a la del ácido quinurénico, beneficiando nuestra salud emocional y neurológica. Sin embargo, la literatura científica actual no respalda su uso como suplemento en todos los casos.

La inflamación y otros obstáculos

Lo que hemos explicado antes es lo que ocurre en situaciones normales. Estudios recientes han encontrado que enfermedades como el síndrome de fatiga crónica, la Covid persistente y ciertas enfermedades neurodegenerativas o intestinales tienen alteradas las vías de conversión del triptófano.

Una clave puede estar en la llamada “inflamación de bajo grado”. A diferencia de la inflamación aguda, rápida y de corta duración, la de bajo grado es crónica y se caracteriza por niveles elevados de citoquinas inflamatorias mantenidos en el tiempo. Este tipo de inflamación está relacionado con enfermedades cardiometabólicas, autoinmunes y obesidad.

En primer lugar, en presencia de inflamación y estrés, puede disminuir el porcentaje de triptófano que se convierte en serotonina. Y a menores niveles de este neurotransmisor, más síntomas como la tristeza y la apatía.

En segundo lugar, con la inflamación se pone en marcha la molécula IDO-1. En presencia de ciertas citoquinas proinflamatorias (IL-6, IFN-gamma), la IDO-1 puede hacer que una parte de la quinurenina que debería convertirse en el beneficioso ácido quinurénico, pase a ser ácido quinolínico, un neurotóxico.

De hecho, una investigación reciente de 2023 detectó que, en pacientes con Covid persistente, la proporción entre quinurenina y triptófano era menor que en personas sanas. Y no solo eso: también encontraron una mayor conversión hacia el ácido quinolínico.

El papel decisivo de la microbiota

Otra clave que apuntan cada vez más estudios es la microbiota, esencial para transformar el triptófano y otras sustancias en metabolitos necesarios para mantener nuestra salud. Cuando nuestra comunidad de microorganismos intestinales se altera, los mecanismos “saludables” están comprometidos y pueden aparecer efectos no deseados. De hecho, conservar una microbiota sana es básica para la salud cerebral por el eje intestino-cerebro.

Investigaciones recientes han encontrado que una microbiota desequilibrada (disbiosis) puede contribuir al dolor crónico y a la depresión, debido a una alteración en los metabolitos derivados del triptófano. A nivel intestinal, este aminoácido también juega un papel importante en la regulación de procesos inmunológicos, controlando la inflamación.

En definitiva, el triptófano es un excelente neuroprotector, pero “no le gustan” los contextos con mucha inflamación y alteración de la microbiota.

Cómo ponérselo fácil al triptófano

¿Y cómo disminuimos la inflamación y mejoramos el estado de nuestros microorganismos intestinales? Antes que nada hay que consultar a un profesional sanitario, sobre todo, si sufrimos alguna patología. Como consejos generales para favorecer un estado antiinflamatorio, debemos priorizar el consumo de frutas, verduras y fuentes de grasas saludables como el aceite de oliva virgen extra, el aguacate y los frutos secos.

También es beneficioso condimentar las comidas con cúrcuma, jengibre, ajo, canela u otras especias e incluir en nuestra dieta pescado azul, ya que es muy rico en omega-3, un potente antiinflamatorio natural. Preferiblemente, optaremos por los peces de pequeño tamaño, como las sardinas, anchoas o boquerones.

Y, por último, mantener una hidratación adecuada, gestionar el estrés de manera efectiva, cuidar la salud emocional y garantizar una buena higiene del sueño son aspectos esenciales para lograr un bienestar integral.

Hay que moverse

La actividad física también desempeña un papel clave en la reducción de la inflamación sistémica. El ejercicio ayuda a disminuir la grasa corporal, siendo la grasa visceral una de las principales fuentes de inflamación. Además, incrementa los niveles de adiponectina, una hormona con propiedades antiinflamatorias que mejora la sensibilidad a la insulina y contribuye a mitigar la inflamación.

Moverse en ayunas también puede ayudar a controlarla, y el ejercicio interválico (que combina alta con baja intensidad) ha demostrado tener efectos en la reducción de la inflamación de bajo grado.

Pata finalizar, no debemos olvidar que la práctica regular de ejercicio físico influye positivamente en el estado de ánimo mediante la liberación de endorfinas y la reducción de los niveles de cortisol, lo que favorece el bienestar emocional y mental.


Paula Caro, graduada en Nutrición y Dietética por la Universidad de Zaragoza, ha colaborado en la elaboración de este artículo


The Conversation

Beatriz Carpallo Porcar no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Claves para aumentar la eficacia del triptófano, aliado de nuestra salud mental – https://theconversation.com/claves-para-aumentar-la-eficacia-del-triptofano-aliado-de-nuestra-salud-mental-228252

Pruebas genéticas en reproducción asistida: entre las promesas de salud y el ‘marketing’ dudoso

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mauro Turrini, Postdoctoral research fellow, Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS – CSIC)

Proceso de fertilización in vitro. Yelena Temirgaliyeva/Shutterstock

Existen miles de enfermedades genéticas, por lo que es lógico que a muchas parejas les preocupe la posibilidad de transmitir una a su descendencia, incluso aunque ellos estén sanos. Hoy existe una tecnología que puede evitar este riesgo. Suena a ciencia ficción, pero es cada vez más común leer este tipo de mensaje en los sitios web de las clínicas privadas de fertilidad españolas.

Y es que las posibilidades tecnológicas para intervenir en la reproducción asistida son muy amplias y están avanzando rápidamente. Esto permite actuar en etapas cada vez más tempranas del proceso reproductivo.

Entre las tecnologías de reproducción asistida se encuentra la “prueba genética preimplantacional” (PGT, por sus siglas en inglés). Esta técnica consiste en analizar el material genético de un embrión antes de colocarlo en el útero. Promete así evaluar la calidad de los embriones y poder descartar los “no saludables” o “anormales”.

Cada vez más personas se enfrentan a esta decisión. La mera oferta de estas tecnologías abre espacio para reflexionar sobre nuevas formas de responsabilidad y obligación. En España, el uso del PGT se está incrementando de manera constante. En los últimos diez años su utilización ha aumentado drásticamente, pasando de 3161 en 2012 a más de 20 500 en 2022.

En realidad, el PGT abarca tres tecnologías diferentes con distintos objetivos y destinatarios:

  • El PGT-M y el PGT-SR son herramientas diagnósticas utilizadas para evitar transmitir enfermedades genéticas específicas.

  • El PGT-A se presenta como una estrategia para mejorar las tasas de éxito de la fecundación in vitro (FIV) y prevenir mutaciones cromosómicas espontáneas. Por ejemplo, el síndrome de Down.

A diferencia de las otras variantes, el PGT-A puede ofrecerse a cualquier persona que se someta a una fecundación in vitro, pero su eficacia es muy debatida. Algunos estudios indican que podría incluso reducir las tasas de éxito. Esto ocurriría al descartar embriones que podrían haber resultado en embarazos viables.

En California esta controversia acabó en una demanda colectiva contra clínicas por haber descartado embriones que habrían podido convertirse en bebés sanos.

No sorprende que, mientras que el PGT-M y el PGT-SR se practican en la mayoría de países europeos, el uso del PGT-A esté mucho más restringido. Sin embargo, en España el sector de la fertilización in vitro es ampliamente comercial y privatizado y el PGT-A es bastante común. Las clínicas privadas ofrecen este test como un servicio extra con un coste adicional, llamado un “add-on” (complemento).

Entre la divulgación y la publicidad

Estudios recientes han investigado la comunicación online de las clínicas privadas españolas. Estos han revelado un discurso a medio camino entre la divulgación médica y el mensaje publicitario.

En muchos casos no se diferencia entre el PGT-A y las otras variantes (el PGT-M y el PGT-SR). Tampoco se mencionan las incertidumbres que rodean al primero. Esto lleva a que habitualmente las tecnologías se presenten como una sola –complementaria al tratamiento de fertilización in vitro– que puede aumentar las posibilidades de éxito, identificar mutaciones hereditarias en genes específicos y detectar mutaciones espontáneas.

Otro hallazgo relevante de estos estudios es que la comercialización del PGT está dirigida directamente a las mujeres. Frases como “cumple tu sueño de ser madre”, así como hashtags como #SerMadre, #Mujer o #Maternidad se repiten a lo largo de las páginas web y redes sociales de las clínicas.

Estos discursos reproducen la idea estereotipada de que son las mujeres de quienes se espera que tomen las decisiones reproductivas.

Un ‘seguro’ frente al reloj biológico

Las clínicas insisten en que la edad materna es un motivo importante para optar por el uso del PGT. Metáforas reiteradas como la del “reloj biológico” evocan de manera insistente que el deterioro de la fertilidad femenina, asociado a la edad, constituye una de las principales causas de la aparición de embriones “defectuosos” o “en riesgo” de desarrollar mutaciones espontáneas.

Las clínicas animan a las mujeres a no dejar que “el tiempo se les eche encima” y a recurrir a las tecnologías reproductivas si no han iniciado su proceso reproductivo “a tiempo”.

En este contexto, el PGT-A se presenta como una especie de seguro de fertilidad frente al paso del tiempo. Es decir, como un acto racional, una inversión inteligente que busca reducir no solo los costes económicos, sino sobre todo el sufrimiento emocional asociado a los abortos de repetición.

A la vez, las clínicas presentan la decisión de realizar el test como un “acto de amor” hacia el futuro hijo o hija, reforzando la idea de que una buena madre previene el dolor antes de que ocurra. El embrión, denominado “el paciente más pequeño de la clínica” y tratado como una “persona en formación”, legitima la intervención precoz y sitúa a las mujeres como responsables del bienestar de sus potenciales futuros hijos.

La tecnología no es neutra

Lógicas biomédicas, económicas y afectivas se entrelazan, responsabilizando a las mujeres de optimizar sus embriones en nombre del cuidado y de gestionar racionalmente su planificación familiar. Así, el PGT se convierte en objeto de vigilancia y evaluación que contribuye a moldear qué decisiones pueden (y deben) tomar las futuras madres.

En definitiva, la proliferación de innovaciones –especialmente en un ámbito tan privatizado y comercial como la reproducción asistida en España– puede ofrecer grandes oportunidades, pero estas tecnologías no son herramientas neutrales. La forma en que se presentan y se comercializan influye en cómo entendemos la maternidad, la responsabilidad genética y el acceso a la salud.

Por eso, resulta fundamental una comunicación clara, honesta y crítica, que priorice el bienestar de quienes atraviesan estos tratamientos por encima de los intereses del mercado.

The Conversation

Mauro Turrini recibe fondos proyecto de investigación «IfGene: Proyectando el futuro de la predicción genética» (PID2020‐115899GB‐I00), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (MICIU) a través de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) (MICIU/AEI/10.13039/501100011033), con el apoyo del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

Astrid Boe Hüttel ha recibido fondos del proyecto de investigación «IfGene: Proyectando el futuro de la predicción genética» (PID2020‐115899GB‐I00), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (MICIU) a través de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) (MICIU/AEI/10.13039/501100011033), con el apoyo del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

ref. Pruebas genéticas en reproducción asistida: entre las promesas de salud y el ‘marketing’ dudoso – https://theconversation.com/pruebas-geneticas-en-reproduccion-asistida-entre-las-promesas-de-salud-y-el-marketing-dudoso-255136

Cuando el pecado se hacía ley: prostitución regulada en la Edad Media

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna Peirats, IVEMIR-UCV, Universidad Católica de Valencia

_Burdel_, de Joachim Beuckelaer (siglo XVI). Walters Art Museum

En la Europa urbana del siglo XV, la prostitución no fue un vicio clandestino, sino una institución reconocida y gestionada por los propios concejos municipales. Lejos de limitarse a tolerarla, las ciudades la regularon, la fiscalizaron y la convirtieron en un instrumento de orden social. Esta política encontraba su legitimación en una doctrina teológica muy influyente: la del “mal menor”.

San Agustín lo expresó en De ordine (2, 4, 12):
“si suprimes a las meretrices, todo se llenará de pasiones desordenadas”. Tomás de Aquino convirtió este razonamiento en un principio de la teología moral, y predicadores como san Vicente Ferrer lo transformaron en una directriz práctica: segregar, vigilar y castigar para evitar el desorden.

La mancebía como instrumento de orden y fiscalidad

Miniatura en un documento medieval con hombres besando a mujeres.
Miniatura de ‘las prostitutas’, en el capítulo que Giovanni Boccaccio les dedica en De Claris mulieribus.
Bibliothèque nationale de France, CC BY

Desde finales del siglo XIII, muchas ciudades europeas establecieron burdeles públicos o mancebías. El objetivo era triple: concentrar la actividad en un espacio controlado, reducir los conflictos con los vecinos y garantizar una fuente estable de ingresos. Las ordenanzas detallaban horarios, cierres durante fiestas religiosas o epidemias, la designación de oficiales y un estricto régimen de sanciones.

El caso de Valencia es paradigmático. Su burdel municipal, conocido como Pobla de les fembres pecadrius, aparece documentado desde 1325. Estaba cercado por un muro con una sola puerta de acceso y, en su apogeo en el siglo XV, llegó a albergar a casi doscientas mujeres. Contaba con inspecciones médicas periódicas y una administración dual: un hostalero a cargo de la gestión diaria y un oficial público, el “rei dels arlots”, que actuaba como garante del orden. Se trataba de un negocio privado bajo estricta concesión pública.

Este modelo se repite en toda Europa. Florencia creó en 1403 la Onestà, una magistratura encargada del registro y la inspección. Venecia confinó el oficio en el barrio de las Carampane, imponiendo toques de queda. En Southwark (Londres), los stews funcionaron bajo jurisdicción episcopal hasta su clausura en 1546. En Núremberg, las Frauenhäuser fueron reguladas con ordenanzas que establecían deberes, turnos y sanciones.

Cambiaban los nombres, pero la lógica era común: concentración espacial, identificación visible y aprovechamiento fiscal.

Vestimenta, arquitectura y lenguaje

El control se extendía más allá de los muros del burdel. Varias ordenanzas municipales impusieron códigos de indumentaria para hacer reconocibles a las prostitutas en el espacio público.

En 1383, Valencia prohibió a las meretrices usar mantos, perlas o seda, obligándolas a cubrirse con una toalla. En Venecia, un pañuelo amarillo servía como señal obligatoria. En Florencia, mediante el decreto de 1388, se requería que llevaran una campana, para que resonara el símbolo de su vergüenza. En el ámbito germánico, las ordenanzas fijaban colores y peinados.

Una estatua de piedra de una mujer tocándose.
La gárgola de la Lonja de la Seda de Valencia que ‘señala’ el pecado.
Rafa Esteve/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El maquillaje también fue objeto de censura. Predicadores como Bernardino de Siena denunciaron el uso de cosméticos y afeites como símbolo de vanidad y engaño, que reforzaban la idea de un “rostro falso” asociado al pecado.

La propia arquitectura urbana funcionaba como recordatorio moral. En la Lonja de la Seda de Valencia, una gárgola representa a una mujer que se toca los genitales mientras señala hacia el burdel de la calle de la Valldigna. La piedra convertía la geografía moral en un mensaje visible para comerciantes y vecinos.

El lenguaje acompañaba este régimen visual: términos como “bagasses”, “fembres vils” o “mulieres viles de corpore” no solo describían a las prostitutas, sino que las convertían en una categoría jurídica sometida a intervención coercitiva.
Algunas de ellas habían entrado en la prostitución buscando la libertad, pero acababan maltratadas a menudo por los rufianes o los hostaleros.

Las fronteras de la ley: clandestinidad y castigo diferencial

La prostitución legal convivía con un sector clandestino en tabernas, posadas o casas particulares. Quienes ejercían fuera del perímetro autorizado quedaban expuestas a multas severas o, en caso de no poder pagarlas, a azotes públicos.

El sistema se mostraba más duro con las minorías religiosas. A los hombres judíos y musulmanes se les prohibía entrar en la mancebía, y las prostitutas de estas confesiones eran castigadas con más severidad. Es decir, a las prostitutas musulmanas que ejercían ilegalmente se las sancionaba y condenaba. Pero además, y a modo de ejemplo, Mariem, una mora que ejercía de forma legal, fue procesada por adulterio, y otra mujer, Nuzeya, recibió pena de muerte por lapidación por trabajar sin licencia. No se castigaba el sexo pagado en sí, sino la transgresión de los límites sociales, religiosos y espaciales impuestos por la autoridad cristiana.

Pintura con una escena de burdel.
Escena de burdel pintada por el artista anónimo conocido como Monogramista de Brunswick en el siglo XVI.
Gemäldegalerie Berlin/Wikimedia Commons

Como contrapartida, se crearon instituciones de “reforma”. En 1345 se fundó en Valencia el monasterio de las Repenedides, por iniciativa de la monja Na Soriana, que acogía a mujeres dispuestas a abandonar la prostitución, bajo la advocación de María Magdalena como ejemplo de mujer arrepentida. La entrada en este monasterio suponía al menos un año de clausura, concebida como penitencia y reinserción. Y se ordenaba que en todas las parroquias y en el obispado de Valencia se pusieran cepillos en los que se recaudaban limosnas destinadas a la casa de las arrepentidas. Estas casas, junto a las dotes otorgadas a quienes contraían matrimonio, prolongaban la tutela social sobre los cuerpos femeninos incluso después de abandonar el oficio.

Un precedente incómodo

Una mujer sirviéndole bebida a un hombre en una pintura.
Escena de burdel de Frans van Mieris the Elder.
Mauritshuis/Wikimedia Commons

El sistema de prostitución reglada medieval fue mucho más que un arreglo de conveniencia. Constituyó un engranaje político que utilizaba la teología, la ley, la arquitectura y la fiscalidad para administrar el deseo y contener sus efectos. Su lógica de confinamiento, marcaje y explotación económica revela una de las primeras formas de regulación sistemática de los cuerpos en la Europa urbana.

Los principios que lo sustentaban –segregación espacial, estigma y tensión entre recaudación y salud pública, entre otros– resuenan en los debates actuales sobre trabajo sexual, derechos, explotación y políticas de control. La Europa del siglo XV no ofrece un modelo que imitar, sino un precedente incómodo. Nos recuerda que las políticas sobre el sexo nunca son neutrales: son formas de poder que dejan huellas profundas y duraderas en los cuerpos más vulnerables.

The Conversation

Anna Peirats no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando el pecado se hacía ley: prostitución regulada en la Edad Media – https://theconversation.com/cuando-el-pecado-se-hacia-ley-prostitucion-regulada-en-la-edad-media-263877

‘Una batalla tras otra’ ofrece un poderoso retrato del Estados Unidos actual en el cine

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ruth Barton, Professor in Film Studies, Trinity College Dublin

Imagen de Leonardo DiCaprio en _Una batalla tras otra_. FilmAffinity

La reciente muerte de Robert Redford nos recordó hasta qué punto la película Todos los hombres del presidente sacudió las viejas certezas que existían sobre la democracia estadounidense. Al revelar el escándalo Watergate de 1972 (cuando se descubrió que miembros de la campaña para la reelección de Richard Nixon habían colocado dispositivos de grabación secretos en el edificio Watergate del Comité Nacional Demócrata), el filme de Alan J. Pakula alimentó la creciente sensación de que las instituciones del gobierno estadounidense estaban plagadas de corrupción.

Quizás no todo el mundo estaba de acuerdo con la visión pesimista de Pakula. Pero tampoco estaba solo. A lo largo de los años, Oliver Stone también se ha caracterizado por hacer un cine que muestre la situación del país, al igual que Martin Scorsese, y antes que ellos, Frank Capra. Sus obras intentaban capturar, normalmente con ánimo de crítica, el estado de ánimo nacional en aquel momento.

La nueva película de Paul Thomas Anderson, Una batalla tras otra, sugiere que todavía hay lugar para el cine provocador en la cultura actual. Junto con la recientemente estrenada Eddington, del director Ari Aster, explora un Estados Unidos en crisis y nos lo muestra en narrativas épicas y sobrecogedoras.

Ambos filmes hablan del caos de un orden social que se desmorona. Ambos, pero especialmente Eddington, también corren el riesgo de verse tan abrumados por este caos que acaban cayendo en la incoherencia.

El término “incoherencia” no se ha elegido al azar. Uno de los textos fundamentales para los estudiosos del cine de la década de 1980 fue The Incoherent Text, Narrative in the 70s, de Robin Wood. Al repasar una serie de películas de esta década, Wood argumentaba que “aquí, la incoherencia ya no es oculta y esotérica: las películas parecen abrirse ante nuestros ojos”. Estas dos hacen lo mismo, exponiendo a través del caos algo incomprensible sobre nuestra época y siendo incoherentes en el proceso.

Ambientada durante la pandemia en un pueblo desértico, Eddington salta de un punto álgido a otro. El sheriff Joe Cross (Joaquin Phoenix) se niega a llevar mascarilla y esta infracción aparentemente menor pronto lo enfrenta a su viejo enemigo y rival en el amor, el alcalde Ted García (Pedro Pascal). Inspirándose en una campaña al estilo MAGA (el eslogan de Trump, “Make America Great Again”), Cross se presenta a las elecciones a la alcaldía para competir con él.

En casa, Cross vive con su suegra Dawn (Deirdre O’Connell), amante de las teorías conspirativas, mientras su esposa Louise (Emma Stone) se sumerge cada vez más en la enfermedad mental y el aislamiento.

Al margen de todo esto, un misterioso conglomerado está construyendo un centro de datos a las afueras de la ciudad. También estallan disturbios raciales tras el asesinato de George Floyd. Y mucho más…

El director Ari Aster difícilmente podría haber imaginado más problemas que los que plantea aquí. Con tanto peso acumulado en la narrativa, Eddington concluye con un prolongado tiroteo que lleva a una película ya de por sí excesivamente extensa a un caos terminal.

Una batalla tras otra, al igual que Eddington, es un filme verdaderamente estadounidense. Mientras que Aster rodó su neo-western en el clásico Panavision, Anderson va un paso más allá y, siguiendo los pasos de El brutalista, crea una copia en VistaVision, un formato que se disfruta mejor en una pantalla de 70 mm. Estos formatos se remontan a las grandiosas epopeyas de Hollywood de la década de 1950, lo que se suma a la evocación histórica de las películas, tanto cinematográfica como social.

Otra capa que añade más historia es el material original en el que Anderson se basa para relatar Una batalla…: la novela de Thomas Pynchon Vineland.

Anderson actualiza la exhumación caleidoscópica de Vineland de los movimientos revolucionarios de los años 60 al presentar a su envejecido héroe hippie, ahora llamado Bob (Leonardo di Caprio), como una reliquia de una brigada ficticia de los años 2000, la French 75. Liderados por su amante Perfidia Beverley Hills (Teyana Taylor), robaron bancos, bombardearon edificios y liberaron centros de detención en nombre de su ideología de “fronteras libres, elecciones libres, libres del miedo”.

Ahora Bob, que acaba criando solo a su hija, Willa (Chase Infiniti), pasa sus días sin afeitarse, fumando marihuana y viendo el clásico drama político La batalla de Argel. Todo va (más o menos) bien hasta que el coronel Lockjaw (Sean Penn), brutal veterano del ejército que se cree el verdadero padre de Willa, irrumpe en sus vidas en busca de su “hija”.

Cartel al estilo de los años 50 de One Battle after another con Bob Ferguson y su hija.
Una batalla tras otra es un melodrama familiar que se remonta al gran cine clásico de Hollywood, que exploraba la idea misma de Estados Unidos.
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Al igual que Eddington, Una batalla tras otra es, en el fondo, un melodrama familiar. Se basa en los tropos clásicos del padre malo contra el padre bueno y la madre en conflicto, cuestionando la legitimidad de la unidad familiar. Sobre estos huesos narrativos, Anderson injerta una visión de un Estados Unidos post-Obama esclavo de oscuros intereses corporativos, un legado de redadas y deportaciones de inmigrantes, y un viejo orden masculino blanco empeñado en su propia agenda de venganza personal.

Robin Wood concluyó sus reflexiones sobre el cine estadounidense de los años 70 con el pronóstico de que, en su incoherencia, apuntaban a una solución ineludible: la necesidad lógica del radicalismo.

Aster y Anderson han mirado al radicalismo a los ojos y lo han descartado como otra ideología fallida más. Ninguno de los dos nombra las fuerzas que hay detrás de su visión del fin de la democracia estadounidense y, para ser justos, la crisis política actual es posterior al estreno de ambas películas a principios de 2024.

Mientras Aster solo ve derramamiento de sangre e impotencia, Anderson se aferra a un frágil utopismo que, en la actualidad, es tan improbable como consolador. Una vez se encienden las luces, es muy posible que lo que quede de su película sea la aterradora imagen de los centros de detención y el horror de las redadas de inmigrantes. Sin duda, esto es lo que llevó a Steven Spielberg a aclamar “esta película demencial” como más relevante de lo que Anderson jamás podría haber imaginado.

The Conversation

Ruth Barton no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Una batalla tras otra’ ofrece un poderoso retrato del Estados Unidos actual en el cine – https://theconversation.com/una-batalla-tras-otra-ofrece-un-poderoso-retrato-del-estados-unidos-actual-en-el-cine-266114