El tenaz “hongo ingeniero” que superó el intelecto humano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Fuentes Antón, Profesor de Didáctica de las Ciencias Experimentales, Universidad de Salamanca

Physarum polycephalum_, también conocido como “blob” por su aspecto gelatinoso y su comportamiento asombroso a la hora de buscar las mejores rutas para avanzar. Lebrac / Wikimedia Commons., CC BY

En el subsuelo húmedo de los bosques y en la materia en descomposición, existe un organismo que, pese a no tener cerebro ni sistema nervioso, actúa con lógica y meticulosidad.

Se llama Physarum polycephalum y es una especie de hongo capaz de resolver laberintos, diseñar y seguir rutas óptimas. Sus logros, a veces, superan a trabajos hechos por ingenieros, urbanistas y programadores de software.

¿Cómo es posible que algo aparentemente tan simple tenga una capacidad tan compleja? ¿Cómo puede este “hongo ingeniero” inspirar nuevas formas de computación o diseño urbano?

Un cerebro sin cerebro

Physarum polycephalum actualmente está incluido en el Reino Protista, donde se categorizan los hongos mucilaginosos o Myxomiycetos.

Vive en ambientes húmedos y sombreados, alimentándose de bacterias y materia orgánica en descomposición. Su apariencia amarillenta y su textura viscosa lo hacen poco atractivo a simple vista, pero su comportamiento es asombroso.

No es de extrañar que comúnmente se le llame blob, en alusión a la película de terror de los años 1950, The Blob.

La biología de Physarum ha captado la atención de neurocientíficos, ingenieros y filósofos, ya que cuestiona la idea de que la inteligencia requiere de neuronas.

A pesar de carecer de sistema nervioso, es capaz de recordar rutas, evitar obstáculos previamente recorridos y adaptar sus movimientos según las condiciones del entorno.

Esto es posible gracias a un sistema de movimiento interno. Su protoplasma –material interior de la célula– es capaz de oscilar con vaivenes de aproximadamente dos minutos entre la ida y la vuelta, generando patrones de movimiento coordinados.

Cómo resuelve laberintos

En el año 2000, investigadores japoneses realizaron experimentos donde colocaron a Physarum en un laberinto con comida al inicio y al final. En apenas unas horas, el organismo había encontrado la ruta que lo resolvía con el mínimo recorrido posible.

Otro experimento llevado a cabo en la Universidad de Toulouse, puso al hongo en contacto con sustancias amargas como la cafeína y la quinina. Los investigadores observaron que, al cabo de pocos días, el hongo evitaba e ignoraba dichas sustancias con las que se iba encontrando y conocía como frecuentes.

El experimento de Tokio

Con todas estas funciones “inteligentes” y complejas derivadas de Physarum, no es de extrañar que su sorprendente comportamiento haya sido estudiado para tratar de mejorar la sociedad humana.

En 2010, otros investigadores japoneses llevaron a cabo un experimento tan simple como brillante. Prepararon un gel con la forma del mapa de la región de Tokio y colocaron copos de avena (a modo de alimento) en las posiciones correspondientes a las principales estaciones del metro. Luego introdujeron Physarum polycephalum en el centro del mapa y lo dejaron actuar.

En cuestión de horas, el hongo comenzó a extenderse, conectando los puntos de alimento mediante redes de tubos. Lo sorprendente fue que, al cabo de unos días, la red creada por el hongo coincidía en gran parte con la red real del metro de Tokio.

Pero había una diferencia: era más eficiente. El organismo había eliminado algunas conexiones redundantes y estableció rutas más cortas o económicas.

Rutas trazadas por Physarum polycephalum en el experimento de Tokio, 2010.
Wikimedia Commons., CC BY

El estudio demostró que Physarum utiliza principios similares a los del diseño humano: coste mínimo, cobertura máxima y adaptación al entorno. Todo ello sin cálculos, sin planos y sin ordenadores. La naturaleza estaba poniendo en práctica la optimización urbana.

Biocomputación y robótica blanda

También se han llevado a cabo experimentos simulando autopistas americanas y británicas. En España, se han hecho simulaciones parecidas con la red de carreteras de Madrid.

Tras todos estos casos de estudio, Physarum se ha convertido en un organismo modelo para la investigación en otros campos.

En biocomputación, se estudia cómo este moho puede resolver problemas complejos como encontrar rutas mínimas entre nodos o adaptarse dinámicamente a cambios en el entorno. Todo esto sin necesidad de procesadores ni software: su cuerpo es el sistema de cálculo.

Así, se explora su uso en robótica blanda y sistemas bio-cibernéticos, donde la lógica de movimiento pulsátil y adaptable podría aplicarse al diseño de robots que se autorregulan o reparan e, incluso, prótesis, polímeros y recubrimientos bioeléctricos.

El hongo ingeniero está empezando a tomar protagonismo en nuestra sociedad actual, permitiendo al ser humano adquirir estructuras más eficientes y comprender procesos que, de otra manera, tardaríamos años en desarrollar por nosotros mismos.

Interrogantes filosóficos

En términos filosóficos, Physarum está ayudando a redefinir lo que entendemos por inteligencia y decisión: no como procesos conscientes, sino como respuestas emergentes a la información del entorno.

Blob es una prueba viviente de que la inteligencia no siempre necesita neuronas, ni circuitos, ni algoritmos artificiales. Su cuerpo blando, sin órganos ni estructura aparente, ha demostrado ser capaz de resolver problemas complejos que nosotros resolvemos con planos, cálculos y simulaciones.

En un momento en que la humanidad busca inspiración para diseñar sistemas más sostenibles, adaptativos y eficientes, quizás no tengamos que mirar hacia Marte o Silicon Valley. Muy posiblemente, la solución esté oculta bajo nuestros pies, desplazándose con calma, pero con claridad y objetivo.

The Conversation

Sergio Fuentes Antón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El tenaz “hongo ingeniero” que superó el intelecto humano – https://theconversation.com/el-tenaz-hongo-ingeniero-que-supero-el-intelecto-humano-272600

La incertidumbre geopolítica cambia la logística y el transporte de mercancías

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Silvia Pinto Valero, Profesora Asociada Departamento de Financiación e Investigación Comercial , Universidad Autónoma de Madrid

Fahroni/Shutterstock

Nueve meses después del inicio de la guerra arancelaria impulsada por la administración Trump, las cadenas de suministro atraviesan un momento de enorme fragilidad: se han redibujado rutas comerciales, renegociado contratos y revisado planes logísticos. Pero la tensión no se explica únicamente por el pulso entre Washington y Pekín. El mapa geopolítico al completo se ha convertido en un factor determinante para cualquier operador global.




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Repaso geopolítico

En Europa del Este, el conflicto entre Rusia y Ucrania, que el próximo febrero cumplirá 4 años de duración, continúa ejerciendo presión sobre el mercado energético y agrícola. La volatilidad de los precios del gas y del diésel y las dificultades para operar en el mar Negro han afectado de lleno a sectores tan dispares como la automoción, la química o la alimentación. Las materias primas siguen sujetas a oscilaciones repentinas y el riesgo de interrupciones persiste en cada campaña agrícola.

En Oriente Medio, la incertidumbre geopolítica en torno al mar Rojo y los estrechos de Bab el-Mandeb y Ormuz ha desestabilizado al transporte marítimo. Los desvíos por el cabo de Buena Esperanza añaden hasta dos semanas de tránsito hacia Europa, tensionan la oferta global de capacidad y disparan los seguros. Las líneas intentan normalizar sus escalas, pero cada incidente puntual obliga a replantear los desvíos, generando un efecto dominó en los puertos de tres continentes.

Mientras tanto, China observa cómo la estrategia China Plus One (evitar producir únicamente en China y diversificar hacia otros países con bajos costes de fabricación) gana fuerza: parte de la producción se desplaza a India, Vietnam o México, creando nuevos corredores logísticos que aún buscan consolidarse.

La disputa por los minerales críticos, el pulso tecnológico en torno a los chips y la sombra permanente de Taiwán completan un tablero geoestratégico cada vez más complejo.




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China y Estados Unidos: De Taiwán a la guerra de los chips, una historia geopolítica


El negocio del flete en 2026

El mercado logístico avanza, pero con el freno de mano echado. Los costes de los fletes han rebotado desde los mínimos del verano, aunque siguen sujetos a variaciones. La fiabilidad operativa apenas supera el 60 % y la congestión vuelve a ser un problema recurrente en corredores puntuales. Paralelamente, el transporte aéreo continúa tensionado por la demanda del comercio electrónico y por la necesidad de alternativas rápidas cuando el transporte marítimo se ve alterado.

Este año, la pregunta ya no es solo cuánto costará mover un contenedor, sino qué grado de certeza puede aportar cada ruta en un mundo donde la geopolítica pesa tanto como la demanda y donde cada incidente local tiene repercusión global.
Los analistas coinciden en que, en 2026, las cadenas de suministro se moverán en un escenario híbrido, donde conviven avances tecnológicos prometedores con tensiones estructurales aún sin resolver.

Reconfiguración de las rutas Asia–Europa

Los desvíos por el cabo de Buena Esperanza podrían dejar de ser una solución temporal si la seguridad en el mar Rojo no mejora de forma sostenida. Algunas navieras ya están diseñando redes permanentes basadas en tránsitos más largos, pero más predecibles, priorizando la estabilidad frente a la velocidad.

Se mantiene el ‘nearshore’

Continuará la relocalización parcial hacia México, Europa del Este o el Sudeste Asiático, pero la fabricación de componentes clave, como baterías, paneles solares o electrónica, seguirá dependiendo de China, lo que mantendrá la vulnerabilidad ante cualquier tensión geopolítica.

Automatización de almacenes y puertos

La presión sobre los costes laborales y la necesidad de una mayor adaptación al cambio van a impulsar las inversiones en automatización de terminales, gestión de almacenes, digitalización documental y trazabilidad. No será un avance homogéneo, pero sí muy visible en los principales centros logísticos europeos.

El avión, la válvula de escape a las presiones logísticas

El comercio electrónico, el transporte de productos de alto valor y las urgencias derivadas de disrupciones marítimas harán que se mantenga alta la demanda de carga aérea. En este escenario, Europa y Oriente Medio van a competir por convertirse en el gran centro de interconexión este–oeste.

Proveedores integrales

Las empresas buscan tener menos proveedores y más soluciones integrales (contratos “de principio a fin”, end to end o E2E) en un modelo en el que la naviera, los agentes de carga o el operador logístico asumen toda la cadena, desde la fábrica hasta el cliente final, integrando transporte, almacenamiento, rastreo y gestión de riesgos.

Volatilidad persistente en los fletes

Aunque es probable que los precios se estabilicen respecto a 2025, la volatilidad seguirá siendo la norma. Un solo incidente (un puerto bloqueado, un conflicto regional o una subida arancelaria) puede alterar las tarifas en cuestión de días. Por otra parte, la oferta logística marítima seguirá siendo limitada.

Un cliente más exigente y menos tolerante al retraso

En 2026 se consolidará un cambio cultural: las empresas exigirán no solo precio y capacidad, sino también previsibilidad y visibilidad en tiempo real. Quien no pueda ofrecerla quedará atrás.

Entre la fragilidad de los mercados y la presión por mantener el flujo de mercancías, el sector afronta una pregunta inevitable: ¿será capaz la logística de anticiparse al próximo shock antes de que suceda?

El desafío está servido. La adaptación, en curso.

The Conversation

Silvia Pinto Valero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Menstruación y parto en la Edad Media: entre el miedo y la superstición

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna Peirats, Catedrática de Humanidades, Universidad Católica de Valencia

Manuscrito medieval _Aurora Consurgens_. GAllegre/Biblioteca Central de Zúrich.

En la Edad Media, la sangre femenina no se entendía como un hecho natural, sino como un signo de peligro y sospecha. La menstruación se veía como impura, el embarazo se cargaba de supersticiones y el parto se interpretaba como castigo divino. Medicina, teología y literatura coincidieron en asociar el cuerpo de la mujer al miedo, el control y el pecado.

Sangre tóxica

El punto de partida se encuentra en los textos bíblicos. El Antiguo Testamento, concretamente el Levítico, estableció que la mujer en período de menstruación quedaba impura durante siete días, en los que no podía entrar al templo.

El imaginario naturalista reforzó esta idea. En el siglo I, Plinio el Viejo reunió en su Historia natural afirmaciones que hoy resultan inverosímiles: la sangre menstrual arruinaba cosechas, oxidaba el hierro y provocaba la rabia en los perros, entre otros efectos destructores. San Isidoro de Sevilla incorporó estas creencias al libro de las Etimologías, en el siglo VII, y las transfirió a la cultura cristiana.

La medicina humoral, desarrollada en la antigua Grecia y cuyos máximos defensores fueron Hipócrates y Galeno, entendió la sangre del período como exceso de humores en el cuerpo frío y húmedo de la mujer. La regla pasó a figurar como prueba de inferioridad fisiológica. De esta creencia se explican las prohibiciones de acceso al culto, así como las recetas para “corregir” sangrados irregulares, entre otros aspectos.

La teología, a su vez, potenció el vínculo entre cuerpo y culpa. En el siglo XII, Inocencio III, en el De miseria conditionis humanae (también conocido como De contemptu mundi), describió al ser humano como nacido de la inmundicia del pecado, y de la sangre impura retenida de la menstruación.

El mito de la sangre impura, con raíces en la antigüedad, se reelaboró y difundió ampliamente en la tradición medieval. Así, también se popularizó la leyenda de la doncella venenosa que asociaba la muerte de Alejandro Magno al contacto con una joven curandera durante su menstruación y reforzaba la idea de una feminidad peligrosa por naturaleza.

La literatura también popularizó la desconfianza. En el Espill, Jaume Roig, en el siglo XV, ridiculizó el cuerpo femenino con un repertorio de escenas hiperbólicas en las que la menstruación se asociaba a efectos mágicos y demoníacos, además de provocar repugnancia. Se entendía que la mujer tenía en su interior el veneno de su sangre.

El origen: placer y concepción

La anatomía medieval reforzó la jerarquía entre hombre y mujer. Los tratados describían la vulva como un “miembro viril hacia dentro”. Los órganos genitales, como los ovarios, se entendían como “testículos femeninos”, la vagina como canal pasivo y el útero como recipiente frío. El sistema de “canales espermáticos” completaba el cuadro. Solo en el siglo XVI Gabriele Fallopio detalló las trompas que hoy llevan su nombre y abrió la puerta a la comprensión científica del aparato reproductor femenino.

Folio 14r del compendio médico _Bodleian Libraries MS Ashmole 399_, del siglo XIII, con un diagrama del útero.
Folio 14r del compendio médico Bodleian Libraries MS Ashmole 399, del siglo XIII, con un diagrama del útero.
Bodleian Libraries, University of Oxford, CC BY-NC

El debate sobre la concepción definió el papel de la mujer. Aristóteles había negado la existencia de semen femenino y había reservado al varón la “forma”, mientras la mujer aportaba la “materia”. De ahí la célebre definición de la mujer como mas occasionatus (“hombre imperfecto”). Galeno había propuesto otra lectura: la mujer emitía un semen menos perfecto y su placer favorecía la fecundación. Siglos después, el médico andalusí Averroes redujo la relevancia del placer femenino. Tras estas fórmulas se planteaba una cuestión de autoridad sobre el cuerpo de la mujer: deseo con valor fisiológico o deseo como problema.

En cuanto a la imposibilidad de concebir, el aspecto clínico convivió con una lectura religiosa. La infertilidad se interpretó a menudo como prueba enviada por Dios o como castigo.

A fin de servir de ayuda en estos temas, en el siglo XI la italiana Trotula de Salerno reunió en la Trotula maior remedios para desarreglos menstruales, pruebas de fertilidad y tratamientos con hierbas. Sus textos circularon por toda Europa y legitimaron una voz técnica cercana a la experiencia femenina.

El Lilium medicinae de Bernardo de Gordon señaló causas de esterilidad en ambos sexos: semen demasiado líquido o frío, útero poco cálido, obstrucciones internas, debilidad de los órganos principales, etc. La culpa no recaía siempre sobre la mujer, aunque la cultura así lo acentuó. Los diagnósticos sobre la fertilidad femenina incluyeron pruebas que hoy nos resultan pintorescas, como la práctica de meter un ajo bajo la almohada de una mujer: si a la mañana siguiente su aliento no olía a ese bulbo era una señal de que estaba embarazada.

¿Niño o niña?

Folio 14r del compendio médico Bodleian Libraries MS Ashmole 399, del siglo XIII, con diagramas del útero en diversas etapas del embarazo.
Bodleian Libraries, University of Oxford, CC BY-NC

El embarazo recibió una capa simbólica precisa. La tradición aristotélica y pitagórica había asociado la parte derecha del útero a la calidez y la nobleza –por tanto, a los varones– y la parte izquierda a lo frío –y femenino–. A partir de ahí se interpretaban las señales o contracciones en la práctica: si había movimientos tempranos y vigorosos, nacería un niño; si eran tardíos y débiles, niña.

La imaginación materna también entraba en la ecuación. Se entendía que una mujer que pensaba en su marido durante el coito aseguraba el parecido del hijo con él. Esa misma idea sirvió para sospechar adulterio cuando el parecido apuntaba a otro hombre.

En este caso, se debía tener en cuenta la dimensión jurídica. El parecido del recién nacido alimentó pleitos de filiación y herencia. La sala del parto se convirtió en sala de reconocimiento del derecho, la moral y la fisiología.

El desenlace: parto entre dolor, miedo y ritual

La cadena de reproducción femenina tenía un desenlace también cargado de connotaciones y supersticiones. Desde el precepto del bíblico Génesis “parirás con dolor”, la teología leyó ese dolor como memoria del pecado original. El parto pasó a ser un umbral entre vida y salvación.

Los manuales describieron la escena precisa. La casa debía ofrecer calor moderado. La mujer se sentaba en la silla obstétrica. La partera, elegida por sus manos finas, untaba sus dedos con aceites de sésamo, lino o almendra. Otras mujeres sostenían y consolaban a la parturienta.

La prioridad consistía en acelerar la dilatación y evitar el agotamiento. Para ello, las recetas incluían baños con artemisa, malva o semillas de lino, ungüentos con mirra o trementina y masajes suaves. Trotula dejó pautas concretas de eficacia práctica. En el siglo XVI, Giovanni Marinello añadió dietas, purgas y pruebas discutibles, junto a un caudal de consejos útiles. Su decisión de escribir en lengua vulgar abrió el conocimiento a lectoras y lectores sin conocimientos de latín.

Dos matronas asistiendo un parto, de Eucharius Roeslin.
Dos matronas asistiendo un parto, de Eucharius Roeslin.
Wikimedia Commons

El dispositivo ritual añadió símbolos de protección. Muchas parteras conocían oraciones para casos difíciles. El bautismo sub conditione entró en escena cuando el bebé no ofrecía garantías de vida. Amuletos como el coral rojo o la piedra imán se consideraron ayudas legítimas. La criatura envuelta en la membrana placentaria recibió interpretaciones opuestas: señal de fortuna para unos, presagio inquietante para otros. El conjunto muestra una frontera porosa: remedios razonables, plegarias aceptadas y supersticiones resistentes.

La última capa fue inquisitorial. El Malleus maleficarum convirtió a sanadoras y comadres en sospechosas de maleficio. La partera pasó de “sapiens matrona” a blanco fácil. La misma cultura que necesitaba sus manos puso bajo sospecha su oficio.

La herencia de este sistema de lecturas no desapareció con los siglos. Tabúes sobre la regla, silencios sobre el placer y sospechas sobre la autonomía del cuerpo femenino siguen asomando en la vida pública y en conversaciones privadas. La mirada medieval no fue un accidente. Se apoyó en normas, autoridades y libros. La comunidad científica de entonces acomodó la fisiología a una moral. La teología y la literatura dieron a esa moral un lenguaje inolvidable.

Revisar ese archivo no exige indulgencia ni caricatura, sino precisión. La menstruación se asoció a impureza legal y superstición. La anatomía definió a la mujer como copia defectuosa y la concepción se vinculó a la imaginación y a la honra. El parto combinó clínica, oración y amuleto. Nombrar esa trama ayuda a entender el origen de ciertos reflejos culturales. También permite desmontarlos. La historia ilumina el camino cuando devuelve al cuerpo femenino su condición de realidad biológica digna de respeto, sin lastre de culpa ni sombra de sospecha.


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The Conversation

Anna Peirats no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Menstruación y parto en la Edad Media: entre el miedo y la superstición – https://theconversation.com/menstruacion-y-parto-en-la-edad-media-entre-el-miedo-y-la-supersticion-267258

¿Poner notas antes de los seis años? Qué y cómo evaluar en aulas de infantil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Escolano Pérez, Profesora Titular. Área de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Zaragoza

SeventyFour/Shutterstock

Imaginemos el último día del trimestre en cualquier colegio. Las familias están esperando en la puerta y los niños de cuatro años salen corriendo con un sobre bajo el brazo. Dentro está la famosa “cartilla”: una cuadrícula llena de cruces que nos dicen si nuestro hijo “identifica los colores”, “mantiene el equilibrio” o “se relaciona con sus iguales”. Y nos lo dicen con un “sí/no/a veces” o “progresa adecuadamente”.

A primera vista, esas cruces parecen claras y objetivas. Pero tras ellas se esconde una realidad mucho más compleja. ¿Qué significa realmente que un niño de cuatro años “se relaciona con sus iguales”? ¿Quiere decir que no pelea por un juguete? ¿O que ha aprendido a pedir permiso? ¿Bajo qué criterio decidimos que un niño va “mejor” que otro?

Un niño puede saberse todos los nombres de los dinosaurios (capacidad de memoria), pero a lo mejor se echa a llorar si pierde un lápiz (gestión de emociones). Otra niña puede saltar a la pata coja perfectamente (desarrollo motor), pero le cuesta pedir las cosas por favor (habilidades sociales). ¿Cuál de los dos merece “mejores” calificaciones? Ninguno.

A estas edades, el desarrollo y aprendizaje son explosivos, rápidos y, sobre todo, diferentes en cada niño. El desarrollo y el aprendizaje no son como subir una escalera peldaño a peldaño. Son más bien como montar un rompecabezas. Y cada niño puede estar completando una parte distinta de su “puzle” personal.

Evaluación en infantil

La evaluación es un elemento muy importante en la educación, y pese a lo que podríamos pensar, en la etapa infantil también tiene su papel. No es clasificar sino actuar como una brújula. Para que esa brújula guíe bien, la evaluación debe tener en cuenta tres aspectos fundamentales: ¿qué sabe hacer el niño? ¿Está siguiendo el camino correcto? ¿Y qué necesita para seguir mejorando?

Responder a ello nos permite entender el desarrollo físico, mental y emocional de cada niño. Es lo que nos da las pistas necesarias para saber qué pieza del puzle le falta a cada niño. No se trata de medir cuánto saben, sino de captar cómo descubren el mundo para poder acompañarlos mejor.

Objetividad y rigor

Para que la evaluación sea útil, la información que recogemos debe ser información objetiva (es decir, ajustada a lo que vemos sin prejuicios ni ideas previas). Además, tenemos que recoger esta información de modo organizado y riguroso (es decir, de manera detallada y cuidadosa, siguiendo un plan). Para ayudarnos en todo ello, existe una herramienta fundamental: la observación sistemática.

La observación sistemática supone ir más allá de una mirada general o esporádica; implica que el docente observe de forma atenta y organizada mientras los niños juegan o realizan actividades de manera libre y espontánea.




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Observar al niño mientras se comporta tal cual él es permite recoger información valiosa y real sobre cómo interactúa, cómo resuelve problemas y cómo aprende día a día. Por ejemplo, no es suficiente decir: “Jorge se porta mal”. Para que el niño mejore su comportamiento tenemos que recoger información más detallada y precisa que nos permita diseñar estrategias de respuesta.

¿Cómo se realiza la observación sistemática?

Antes de empezar a observar al niño, deberíamos elaborar un plan que responda a las cuatro preguntas siguientes:

  • ¿Qué voy a observar? Es decir, ¿en qué conductas concretas y detalladas voy a fijarme? Para que la observación sea útil, debemos huir de etiquetas genéricas. No basta con anotar que el niño “se porta bien” o “es muy creativo”. Debemos desglosar la realidad en conductas mínimas observables: ¿está en silencio cuando la maestra explica?, ¿utiliza materiales del aula de forma inusual (por ejemplo, usa una tela como si fuera un río o un bosque)?

    Este listado de conductas a observar se llama instrumento de observación. Es como nuestro mapa. Determina a qué tenemos que prestar atención. Estos indicadores concretos son los que transforman una impresión subjetiva en un dato pedagógico riguroso.

  • ¿Dónde lo observaré? Es importante que la observación se realice en un lugar conocido y habitual para el niño, sin alterar ese contexto. Ello favorece que el niño se comporte de manera espontánea, demostrando así todas sus capacidades.

    Por ejemplo, si queremos evaluar la motricidad fina y la autonomía, no tendría sentido pedirle al niño de forma artificial que haga una lazada con una cuerda sobre una mesa, ni preguntarle directamente si sabe atarse las zapatillas (que, probablemente, serán de velcro). En su lugar, la observación sistemática se realiza de forma “invisible”, por ejemplo, en el rincón del juego simbólico: mientras el niño viste a la mascota de la clase para salir de paseo y se concentra en atarle sus pequeños zapatos. Es en ese momento de juego real, sin presiones ni nervios, donde el docente puede registrar de forma objetiva el nivel real de destreza y coordinación del alumno.

    Por el contrario, si el niño se siente evaluado u observado, podría cambiar su comportamiento habitual. Es el llamado “sesgo de reactividad”, y nos puede llevar a conclusiones erróneas sobre su desarrollo y aprendizaje.

  • ¿Cómo lo voy a medir? No es suficiente decir “habla mucho” o “muchas veces Jorge habla mientras la maestra explica”. Hay que precisar exactamente cuántas veces sucede, durante cuántos segundos o minutos… Por ejemplo: “El 75 % de las ocasiones en las que la maestra está explicando, el niño está hablando con su compañero de al lado”. Al sustituir el “habla mucho” o “habla muchas veces” por un dato concreto (el 75 % de las ocasiones en las que la maestra está explicando), logramos tres objetivos fundamentales: objetivar la realidad, evitando por ejemplo que el cansancio del docente nuble su percepción; establecer un punto de partida real para comprobar si nuestras estrategias de aula están funcionando; y proporcionar una información transparente y profesional a las familias.

  • ¿Cuándo lo observaré? Se debe observar de manera regular a lo largo del tiempo para poder identificar el ritmo de desarrollo y la evolución de cada niño. Por ejemplo: “Lo observaré cada 15 días, los martes al inicio de la clase de motricidad, durante 10 minutos, de 10 h a 10:15, durante todo el curso”.

Esta sistematización hace la evaluación fiable, de manera que si dos personas evalúan al mismo niño con el mismo instrumento de observación, el resultado tiene que ser muy similar.




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Una evaluación que ayude y no juzgue

La observación sistemática es la mejor herramienta para comprender y potenciar el desarrollo y aprendizaje del alumnado en Educación Infantil. Permite dejar de lado las impresiones y los juicios subjetivos, y evita que el niño se sienta juzgado.

Por ejemplo, si anotamos que Jorge se levanta de su silla 10 veces en una mañana, o que Ana tropieza con los materiales del suelo cuatro veces al día, descubrimos que el problema no es su personalidad. En el caso de Jorge, puede ser una necesidad de movimiento; en el de Ana, un reto en su coordinación motriz.

¿Qué haríamos en estos casos? En lugar de ir a lo fácil, que es el castigo (dejar a Jorge sin recreo porque no para quieto o echar la bronca a Ana por “descuidada”) optamos por respuestas pedagógicas, es decir, estrategias de aula. A Jorge, que tiene energía de sobra, le damos una responsabilidad: ser el encargado de repartir el material. Así, su necesidad de moverse se convierte en algo útil y positivo para la clase. A Ana, le proponemos retos y juegos de equilibrio. Así, poco a poco, irá ganando la seguridad que le falta sin sentirse señalada.

La diferencia es enorme: el castigo hace que el niño se sienta mal o inseguro. En cambio, observar lo que pasa sirve para entender qué necesita cada uno y ayudarle a confiar en sí mismo. Pasamos de “ser jueces que ponen multas” a ser “entrenadores que ayudan a mejorar”.

The Conversation

Elena Escolano Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Poner notas antes de los seis años? Qué y cómo evaluar en aulas de infantil – https://theconversation.com/poner-notas-antes-de-los-seis-anos-que-y-como-evaluar-en-aulas-de-infantil-266178

¿Qué pasa en Sudán? Política y geopolítica de un gran desastre humanitario

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Campos Serrano, Profesora Titular de Estudios Africanos y Antropología de las Relaciones Internacionales, Universidad Autónoma de Madrid

Decenas de refugiados sudaneses hacen fila para recibir comida en Kufrun (Chad) en 2023. EU Civil Protection and Humanitarian Aid/Flickr, CC BY

A finales de la década pasada, la paz y la democracia parecieron aumentar sus posibilidades en la región del Nilo Blanco. En Sudán, un movimiento popular contribuía a la caída de la dictadura de Omar al-Bashir tras casi 30 años en el poder. Hoy, sin embargo, el país está fracturado y constituye el escenario de una de las peores crisis humanitarias del mundo según Naciones Unidas.

Estos son los principales actores y lógicas del conflicto que arrasa el país y algunas claves para explicarlo.

2019: el ejército depone al dictador

En abril de 2019, tras meses de protestas populares contra el largo gobierno autoritario de Omar al-Bashir, el ejército, liderado por el teniente-general Abdel Fattah al-Burhan, depuso al dictador y estableció un Consejo Militar Transitorio. Posteriormente, se creó un Consejo Soberano compuesto de miembros civiles y militares con el objetivo de organizar unos comicios para la elección de un nuevo gobierno.

Un nuevo golpe militar en octubre de 2021 puso en cuestión la participación civil en el Consejo, que se convirtió en plenamente militar cuando el primer ministro Abdalla Hamdok lo abandonó en 2022. Estas maniobras no dejaron de tener una fuerte contestación social en las calles, duramente reprimida.

En abril de 2023 estalló un cruento conflicto por el control del país entre antiguos aliados: el ejército regular (Fuerzas Armadas de Sudán-SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RFS) dirigidas por el general Mohamed Hamdan Dagalo Hemetti. Las RFS son los herederos de la milicia paramilitar janjaweed creada por al-Bashir durante la guerra de Darfur (2003-2020), que luchó junto con el ejército contra el Movimiento de Liberación de Sudán y el Movimiento Justicia e Igualdad.

Ambos grupos, apoyados por otras milicias locales, tratan de mantener estructuras estatales en los territorios que controlan: las SAF en la parte oriental desde Puerto Sudán y las RFS en la parte occidental. Al mismo tiempo, tanto las RFS como las SAF son responsables de masacres contra población civil considerada hostil sobre bases étnicas, como es el caso de aquellos no identificados como árabes en las regiones de Darfur y Kurdufán, al este del país.

La última de dichas matanzas, calificada de genocida, ha tenido lugar durante el asedio y ocupación de la ciudad de El-Fasher por las RFS, donde se calcula que han sido asesinados o desaparecidos decenas de miles de civiles.

Integración forzosa en un orden político discriminatorio

La guerra ha conformado parte de la historia política de la región desde la independencia de Sudán en 1956. La primera guerra civil sudanesa (1955-1972) ya se planteaba en torno a la independencia del sur del país, que se reprodujo entre 1985 y 2005 y propició la independencia de Sudán del Sur en 2011.

Dos años más tarde estalló otra guerra en Darfur, en la que se enfrentaron milicias surgidas de poblaciones agrícolas con las milicias janjaweed, procedentes de poblaciones mayoritariamente ganaderas y apoyadas por mismo gobierno sudanés.

Una de las claves de estos conflictos ha sido la integración forzosa de diferentes poblaciones y regiones en un orden profundamente jerárquico y desigual. El predominio de la élite arabizada de la capital, Jartum, y la ausencia de políticas de redistribución del poder y la riqueza han generado profundos agravios, interpretados a menudo en clave étnica y aprovechados por élites alternativas.

La fragmentación y la segmentación alcanzan a los mismos grupos que ocupan el poder, como vemos actualmente. También en Sudán del Sur el movimiento independentista se fracturó muy pronto entre el Ejército Popular de Liberación de Sudán (SPLA) y una facción de este (SPLA In Opposition).

Un fenómeno que contribuye a la violencia de los conflictos sociales, aquí y en muchos otros lugares en África, es la existencia de milicias locales armadas de distinto perfil que participan en coaliciones complejas con las fuerzas del gobierno o contra las mismas. Líderes políticos, en el gobierno y en la oposición, alimentan a grupos armados paralelos a los ejércitos y las policías nacionales, formados por jóvenes que no encuentran proyectos vitales y económicos alternativos.

Con recursos naturales, pero en la cola del desarrollo

La extracción y comercialización de recursos naturales en mercados internacionales constituyen un elemento clave del mantenimiento de la guerra, aunque también se han visto muy afectadas por la misma. Las áreas de producción de petróleo están en la región atravesadas por la frontera con Sudán del Sur y se transporta a través de oleoductos hasta Puerto Sudán. El destino de este petróleo incluye Malasia, Italia, China, Singapur y Alemania.

El principal actor local beneficiario del petróleo es el gobierno, junto con las grandes operadoras, que son de capital indio, chino, malasio y sudanés. Pero en el caso del oro, extraído a través de minería artesanal, no solo las SAF sino también las RSF se lucran con su venta, mayoritariamente hacia Emiratos Árabes Unidos.

A pesar de la riqueza mineral e hidrocarburífera, el Índice de Desarrollo Humano de Sudán es de los más bajos del mundo, ocupando el puesto 176 de 193 países. Lejos de ser una paradoja, la abundancia de recursos que adquieren su valor a través de la exportación contribuye al desempoderamiento de la mayoría de la población y a la debilidad de los contratos sociales. A su vez, la pobreza proporciona un caldo de cultivo fructífero para los grupos armados en conflicto.

Geopolítica de la guerra

En Sudán se llevan a cabo proxy wars o guerras subsidiarias donde los contendientes de otros conflictos se enfrentan indirectamente apoyando a uno u otro de los bandos.

El gobierno sudsudanés de SPLA parece estar apoyando a las RSF, que ha llegado a enfrentarse directamente con las milicias opositoras del SPLA-IO. Ello no ha impedido un acuerdo entre todas las partes para que el ejército de Sudán del Sur garantice la neutralidad del área petrolífera de Hegling.

El gobierno de Etiopía también ha intervenido en el conflicto en Sudán financiando a las guerrillas contra el gobierno, al que acusa de haber apoyado a las autoridades insurgentes en la guerra en la región etíope de Tigray (2020-2022).

El principal apoyo tanto diplomático como militar de las SAF de Sudán es el gobierno de Egipto, que actualmente mantiene una tensión regional con el de Etiopía por la construcción de la Presa del Milenio en el curso alto del Nilo. Otros gobiernos de la región como los de Chad, República Centroafricana, el Ejército Nacional Libio, Kenia, Uganda y el ya mencionado de Etiopía, han facilitado la llegada de armas a las RSF e incluso tropas o entrenamiento militar.

Uno de los actores externos más relevantes son los Emiratos Árabes Unidos, que importan la mayor parte del oro sudanés y son el principal proveedor de armas al RSF. Por su parte, Irán, Catar, Arabia Saudí y Turquía se han posicionado a favor del gobierno sudanés, aunque estos dos últimos de manera menos explícita, y tratando de convertirse también en facilitadores de un posible acuerdo de paz.

Por último, las grandes potencias están presentes en el conflicto de Sudán con posicionamientos menos unívocos. Mientras Putin apoya oficialmente a Puerto Sudán, también lo hace a grupos alineados con RSF en las zonas de producción de oro. Por su parte, Ucrania también apoya a las SAF en su conflicto con estos grupos. La misma paradoja se da con China, que al tiempo en que se manifiesta a favor del gobierno sudanés, produce las armas que llegan a las RSF.

Washington ha intentado jugar un papel relevante en los intentos de acabar con el conflicto liderando la iniciativa Quad, planteada en septiembre de 2025 por Estados Unidos, Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes Unidos con una ruta para la paz sin mayores efectos. Lo que sí está teniendo consecuencias devastadoras para millones de refugiados es la drástica reducción de ayuda humanitaria realizada por la administración Trump.

Muchos actores y pocas normas

Las causas y dinámicas del conflicto en Sudán son complejas, y no se derivan directamente de las estrategias y enfrentamientos entre las grandes o medianas potencias. Pero actores tanto locales como extranjeros tratan de sacar provecho de una situación donde millones de personas sufren violaciones sistemáticas de sus derechos. Los múltiples actores internos y externos dificultan enormemente el éxito de las propuestas de acuerdo.

El contexto belicista internacional, en el que están reduciendo su poder las instituciones de seguridad colectiva y se cuestionan principios básicos de derecho internacional en torno a la soberanía y los derechos humanos, contribuye de manera decisiva al mantenimiento de conflictos devastadores.

The Conversation

Alicia Campos Serrano es socia de varias ONG: ACNUR, Amnistía Internacional, Comisión Española de Ayuda al Refugiado, Ecologistas en Acción, Madre África y UNICEF.

ref. ¿Qué pasa en Sudán? Política y geopolítica de un gran desastre humanitario – https://theconversation.com/que-pasa-en-sudan-politica-y-geopolitica-de-un-gran-desastre-humanitario-273791

Por qué la ciencia forense no siempre puede dar respuestas inmediatas y concluyentes: el caso de México

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Uriel González Lozano, Perito profesional de Química Forense, Universidad Autónoma del Estado de Morelos

PeopleImages.com /Shutterstock

Durante años, la ciencia forense se ha presentado ante el público como una herramienta casi infalible. Series de televisión, documentales y titulares periodísticos han reforzado la idea de que basta una prueba de laboratorio para resolver cualquier caso de forma rápida y concluyente. En ese relato, el análisis químico aparece como una especie de árbitro final: objetivo, inmediato y definitivo. La realidad del trabajo forense, sin embargo, es mucho más compleja.

Quienes trabajamos en laboratorios forenses sabemos que los resultados no dependen únicamente de la técnica utilizada o del equipo disponible. Cada análisis está condicionado por una cadena de factores que comienza en el lugar de los hechos, continúa con la recolección y conservación de la muestra, y culmina con la interpretación de los resultados dentro de un marco legal específico. La ciencia forense no es lenta por falta de capacidad, sino porque su rigor exige tiempo y cautela.

El tiempo no es un lujo, es una necesidad

Uno de los principales malentendidos tiene que ver con los tiempos de análisis. Existen pruebas rápidas, como los ensayos colorimétricos utilizados para la detección preliminar de drogas o ciertas sustancias químicas, pero su función es orientativa. Un cambio de color puede sugerir la presencia de un compuesto, pero no confirma su identidad ni su pureza.

Las técnicas confirmatorias –como la cromatografía de gases o la espectroscopía infrarroja– requieren preparación de la muestra, controles de calidad, calibraciones y, en muchos casos, análisis comparativos con patrones certificados. Este proceso no puede acelerarse sin comprometer la confiabilidad del resultado. En contextos judiciales, donde la presión por obtener respuestas es alta, esta diferencia entre urgencia institucional y tiempos científicos suele generar tensiones.

Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) del Gobierno de México, existen en la actualidad 132 135 desaparecidos en el país. Solo en el estado de Jalisco se han encontrado 186 lugares de inhumación clandestina entre diciembre de 2018 y febrero de 2025. Las cifras oficiales contabilizaron, además, 20 674 homicidios dolosos durante el pasado año.

Estas cifras ilustran la complejidad a la que se enfrenta los servicios que hacen de puente necesario entre la ciencia forense y la impartición de justicia. A la saturación de los SEMEFO (Servicio Médico Forense) o INCIFO (Instituto Científico Forense), se suma la presión política y mediática que desencadenan los hallazgos de fosas y otras circunstancias relacionadas con el crimen organizado.

La calidad de la muestra condiciona el resultado

Otro límite poco visible para el público es la calidad de la evidencia analizada. A diferencia de la investigación académica, donde las condiciones pueden controlarse, el laboratorio forense trabaja con muestras reales: pequeñas, degradadas, contaminadas o mal conservadas. En ocasiones, la cantidad disponible es mínima o el material ha sufrido alteraciones por factores ambientales, manipulación previa o almacenamiento inadecuado.

Un análisis químico solo puede ser tan sólido como la muestra que lo sustenta. Cuando esta presenta interferencias o no cumple condiciones mínimas, el resultado puede ser inconcluso o limitado. Esto no implica una falla del laboratorio, sino una consecuencia directa de trabajar con evidencias que no siempre llegan en condiciones ideales.

Precisión técnica no equivale a certeza absoluta

También existe la idea de que un resultado instrumental es, por definición, incuestionable. Sin embargo, toda técnica analítica tiene límites de detección, márgenes de error y criterios de validación. Un espectro bien definido o un cromatograma claro no eliminan la necesidad de interpretación experta.

Muchas sustancias comparten estructuras químicas similares o generan productos de degradación que pueden inducir a conclusiones erróneas si no se analizan con cuidado. Por eso, el dictamen forense no es un simple reporte automático del equipo, sino una evaluación técnica que integra datos analíticos, controles de calidad y contexto del caso.

El peso del contexto legal y social

La ciencia forense no opera en el vacío. Sus conclusiones influyen en decisiones judiciales, administrativas y sociales que pueden afectar directamente la vida de las personas. Esta responsabilidad obliga a los peritos a ser especialmente prudentes en el alcance de sus afirmaciones.

En algunos casos, la conclusión más honesta es reconocer que no es posible determinar algo con certeza. Lejos de ser una debilidad, esta postura refleja un compromiso con el método científico. Sin embargo, en un entorno que espera respuestas claras y rápidas, las conclusiones condicionadas o negativas suelen generar frustración y desconfianza.

Reconocer que la ciencia forense tiene límites no la debilita; al contrario, la fortalece. La transparencia sobre lo que un análisis puede y no puede resolver protege tanto a los profesionales como a las instituciones, y reduce el riesgo de decisiones basadas en expectativas irreales.

The Conversation

Rafael Uriel González Lozano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué la ciencia forense no siempre puede dar respuestas inmediatas y concluyentes: el caso de México – https://theconversation.com/por-que-la-ciencia-forense-no-siempre-puede-dar-respuestas-inmediatas-y-concluyentes-el-caso-de-mexico-273515

¿De verdad fuimos más felices en 2016? Por qué idealizamos el pasado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tatiana Romero Arias, Facultad de Ciencias de la Salud. Dpto. de Psicología, Universidad Europea

En redes sociales se multiplican estos días las imágenes comparativas. Una foto de 2016 aparece junto a otra de 2026. Diversos textos las acompañan: “Así éramos entonces”, “cuando todo era más sencillo”, “antes de que el mundo se torciera”. Contemplamos rostros más jóvenes, sonrisas despreocupadas. Una vida que, vista desde hoy, parece más ligera.

No es solo una moda visual. Detrás de estas comparaciones late una idea cada vez más extendida: que 2016 fue el “último año bueno”. Un tiempo previo a la pandemia, a las crisis encadenadas y a la sensación de incertidumbre permanente que define el presente. Pero ¿es correcta esta percepción?

Llega un momento en la vida en que el pasado empieza a parecer más amable. No importa si hablamos de la infancia, de la juventud o de cuando trabajábamos. Algo cambia y, de pronto, los recuerdos se llenan de veranos interminables, conversaciones sin prisas y problemas que hoy parecen pequeños. Entonces surge la frase: “Antes se vivía mejor”.

Pero ¿realmente vivíamos mejor entonces? ¿O estamos mirando ese pasado a través del filtro de la nostalgia? ¿Y si lo que ha cambiado no es tanto lo que vivimos, sino la forma en que lo recordamos?

Para entender por qué tendemos a idealizar determinados momentos de nuestra vida y por qué lo hacemos con tanta fuerza cuando el presente se vuelve incierto, conviene fijarse menos en lo que ocurrió en 2016 y en cómo funciona nuestra memoria.

Recordar no es volver atrás

Solemos pensar que la memoria funciona como una especie de archivo: guardamos experiencias y, cuando queremos, las sacamos intactas. Sin embargo, la memoria no reproduce el pasado: lo reconstruye. Cada recuerdo es una versión actualizada de lo que vivimos, filtrada por lo que somos hoy.

Cada vez que recordamos, el recuerdo se activa, se reordena y se guarda de nuevo. Por eso el pasado no permanece fijo. Cambia con nosotros. Recordar es, en cierto modo, reinterpretar.

Esto explica algunas experiencias que todos hemos vivido alguna vez. Por ejemplo, cómo un mismo episodio puede parecernos distinto con los años. O cómo dos personas recuerdan de forma muy diferente una historia compartida.

La memoria no guarda todo, ni lo guarda igual

Nuestra memoria no es neutral. No almacena cada detalle ni trata todos los recuerdos por igual. Algunos permanecen accesibles durante décadas; otros se van difuminando sin que sepamos muy bien cuándo.

Las emociones tienen mucho que ver con esto. Los recuerdos cargados de emoción se consolidan mejor que los neutros, pero con el tiempo ocurre algo curioso: muchas experiencias negativas pierden fuerza, mientras que las positivas se mantienen más vivas. No porque las primeras desaparezcan, sino porque se vuelven menos accesibles.

Olvidar, en este sentido, no es un fallo: es una forma de protección.

Cuando el pasado se vuelve más bonito

Esto da lugar a lo que la psicología llama “sesgo de positividad”: la tendencia a recordar nuestra vida como mejor de lo que fue en realidad. No es que inventemos recuerdos felices, sino que los negativos ocupan cada vez menos espacio cuando miramos atrás.

Este sesgo se intensifica con la edad y se vuelve especialmente visible a partir de los 60 años. En ese momento el recuerdo del pasado empieza a cumplir otra función. Ya no sirve tanto para aprender o planificar, sino para dar sentido, reafirmar quiénes somos y sentirnos bien con la vida vivida.

La jubilación: cuando cambia la forma de mirar atrás

La jubilación suele marcar un antes y un después. No solo porque cambie la rutina, sino porque cambia la manera en que percibimos el tiempo. El futuro deja de ser un espacio infinito y se vuelve más concreto. Y cuando eso ocurre, nuestras prioridades psicológicas se reorganizan.

En esta etapa muchas personas se vuelven más hábiles regulando sus emociones. Aprenden, a veces sin darse cuenta, a no recrearse tanto en lo negativo y a rescatar con más facilidad los recuerdos que aportan calma, orgullo y afecto. La memoria autobiográfica se convierte en una aliada para mantener el equilibrio emocional en un momento de grandes cambios.

Por eso, al mirar atrás, la vida parece más amable. No porque lo fuera más, sino porque ahora necesitamos que lo sea.

Nostalgia: no es debilidad, es adaptación

La nostalgia suele verse como una forma de vivir anclados en el pasado. Sin embargo, desde la psicología sabemos que cumple una función importante. Recordar “los buenos tiempos” refuerza nuestra identidad, nos recuerda de dónde venimos y nos ayuda a afrontar el presente con más serenidad.

La nostalgia no nos aleja de la realidad, sino que nos permite habitarla con más sentido. Solo se vuelve problemática cuando impide vivir el presente. En la mayoría de los casos, recordar con cariño es una forma sana de seguir adelante.

Entonces, ¿antes todo era mejor?

Probablemente no, pero nuestra memoria no está diseñada para ser justa con el pasado, sino útil para el presente. Al seleccionar, suavizar y reconstruir lo vivido, la memoria nos ayuda a mantener una historia personal coherente y emocionalmente sostenible.

Quizá, cuando decimos que antes todo era mejor, no estamos hablando del pasado. Estamos hablando de una memoria que hace lo que siempre ha hecho: cuidarnos.

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Tatiana Romero Arias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿De verdad fuimos más felices en 2016? Por qué idealizamos el pasado – https://theconversation.com/de-verdad-fuimos-mas-felices-en-2016-por-que-idealizamos-el-pasado-274157

¿Provocan las regularizaciones de migrantes un efecto llamada? Esto dicen los datos de los últimos 80 años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Inmaculada Martínez-Zarzoso, Professor in Economics, Universitat Jaume I

La gestión de la inmigración irregular es uno de los desafíos más controvertidos en la agenda política actual. España ha vuelto a situar este tema en el centro del tablero con el anuncio este 27 de enero de 2026 de un nuevo programa temporal de regularización.

Estos programas suelen suplir la ausencia de marcos legales permanentes de regularización. Aunque España ya cuenta con mecanismos ordinarios –vía arraigo– tras la reforma de 2025, el nuevo programa se plantea como una herramienta extraordinaria para acelerar la incorporación laboral en sectores con déficit crítico de mano de obra.

Sin embargo, cada vez que un gobierno decide otorgar estatus legal a quienes ya viven y trabajan en su territorio, surge la misma pregunta: ¿genera esto un efecto llamada?

El argumento suele ser sencillo: si regularizamos hoy, incentivamos que más personas crucen las fronteras mañana con la esperanza de obtener papeles en el futuro. Ante este temor, muchos Estados optan por la parálisis, la expulsión o la “tolerancia informal”, una zona gris donde miles de personas viven sin derechos, pero plenamente integradas en la economía.

Para arrojar luz sobre este debate, hemos analizado datos históricos que abarcan ocho décadas de políticas migratorias en 38 países de la OCDE.

Una base de datos sin precedentes

Hasta ahora, la evidencia científica sobre el efecto llamada era inconclusa. La mayoría de los estudios se centraban en un solo país o en un programa específico (como la famosa amnistía de Ronald Reagan en EE. UU. en 1986), lo que impedía extraer lecciones globales.

Para superar esta limitación, hemos utilizado la base de datos RegMig que documenta 159 programas de regularización desde 1945 hasta 2024, revelando una cifra impactante: al menos 17,8 millones de personas se han beneficiado de estas medidas en el mundo desarrollado.

Con esta perspectiva histórica, hemos analizado flujos migratorios de 196 países de origen hacia 32 destinos de la OCDE entre 1996 y 2022.

Existe, pero con matices

Nuestra investigación confirma que, en términos generales, los programas de regularización pueden actuar como un factor de atracción. Según los datos analizados, tras la implementación de un programa, los flujos migratorios futuros hacia ese país aumentan.

Sin embargo, este aumento no ocurre de forma aleatoria ni uniforme. El análisis muestra que el principal motor de este incremento no es solo la promesa de papeles, sino la fuerza de las redes sociales y las redes familiares. El “efecto llamada” es significativamente mayor en países que ya cuentan con una comunidad de inmigrantes establecida del mismo origen.

Esto confirma la “hipótesis de difusión”: la información sobre las nuevas oportunidades legales viaja a través de familias y amigos, reduciendo los costes y riesgos percibidos del viaje.

La clave está en el diseño del programa

La conclusión más relevante para los diseñadores de políticas públicas no es que la regularización deba evitarse, sino que su impacto depende de cómo se diseñe el programa. Uno de los mayores temores de los gobiernos es que la regularización parezca “fácil” o inmediata.

En nuestro estudio, analizamos una variable crucial: el requisito de residencia previa. En general, los programas exigen que el inmigrante demuestre haber vivido de forma irregular en el país durante un tiempo determinado antes de poder solicitar la legalización.

Los resultados son reveladores:

  • La exigencia de un periodo de residencia previa actúa como un potente freno.

  • Nuestros modelos indican que un requisito de al menos ocho meses de residencia irregular previa es suficiente para neutralizar por completo el efecto llamada.

En otras palabras, cuando el camino hacia la legalidad implica una espera y el riesgo de vivir en la sombra durante casi un año, el incentivo para migrar exclusivamente por el programa desaparece.

Una realidad gestionable

El dilema de la regularización no es blanco o negro. Si bien es cierto que estas medidas pueden aumentar el flujo migratorio a través de las redes de contacto, el estudio demuestra que los Gobiernos tienen herramientas técnicas para mitigar estas consecuencias.

La regularización no es solo una cuestión de control fronterizo; es una herramienta de gestión social y económica. Ignorar la presencia de miles de personas indocumentadas tiene costes en términos de derechos humanos, recaudación fiscal y cohesión social.

Los datos de los últimos 80 años nos dicen que el efecto llamada es una realidad gestionable. Si las políticas se diseñan con criterios de residencia previa suficientemente larga, es posible integrar a quienes ya están presentes sin incentivar los flujos futuros.

En el complejo equilibrio de la política migratoria, la evidencia sugiere que el rigor en los requisitos puede ser el mejor aliado de la generosidad en la acogida.

The Conversation

Paúl Elguezabal recibe fondos de la Fundación Konrad Adenauer para su doctorado

Inmaculada Martínez-Zarzoso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Provocan las regularizaciones de migrantes un efecto llamada? Esto dicen los datos de los últimos 80 años – https://theconversation.com/provocan-las-regularizaciones-de-migrantes-un-efecto-llamada-esto-dicen-los-datos-de-los-ultimos-80-anos-274500

El pimpón más allá de ‘Marty Supreme’: un deporte y una forma de diplomacia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Félix Valdivieso, Chairman of IE China Observatory, IE University

Timothée Chalamet en un fotograma de _Marty Supreme_. A24

Las buenas películas cumplen muchas funciones: entretienen, hacen pensar y suelen dejar tras de sí el gusanillo de volver a verlas. Pero hay un paso más. Cuando una película, además de estar bien contada, despliega varias capas de sentido que admiten lecturas diversas deja de ser simplemente una buena película para convertirse en una obra de arte. Eso es, ni más ni menos, lo que ocurre con Marty Supreme.

Abran paso

A primera vista –y eso es parte del truco– es la historia de un granuja judío neoyorquino que se quiere abrir paso en la vida exprimiendo su talento con el tenis de mesa, del que quiere ser campeón del mundo.

El director Josh Safdie abre el telón en una zapatería familiar del Lower East Side con su protagonista, Marty Mauser (Timothée Chalamet), intentando encajar un pie en un zapato que no es de su talla. Esto parece ser ya una metáfora de su propia vida: la de un futuro de pequeño burgués que no se corresponde con el tamaño de su esperanza.

A partir de aquí se pone la bola en juego y asistimos al ir y venir de Marty con la misma rapidez que va y vuelve una pelota de pimpón. Roba, embaraza a su antigua novia (ya casada), juega y apuesta. Todo, con el único propósito de reunir dinero para viajar a Londres, donde pretende enfrentarse al campeón mundial de tenis de mesa, el japonés Koto Endo.

Sueños nacionales

Hasta aquí, uno puede pensar que está viendo una película sobre un deporte en el que se va a batir épicamente un récord. Se baten récords, sí, pero no son los deportivos los más interesantes. En el campeonato londinense, Marty, aparte de verse las caras con el mejor jugador del mundo, seduce a una rica exestrella de cine. Si alguien está buscando consuelo moral o amoroso, que se olvide. La película es cruda, como la vida misma.

Por una décima de segundo, el espectador podría engañarse y pensar que lo que mueve a Marty es algún ideal amoroso o una versión más o menos bastarda del sueño americano, ese que preconiza que a través del trabajo duro, la determinación y la iniciativa propia, cualquier persona, sin importar su origen, puede alcanzar el éxito, la prosperidad y una mejor calidad de vida.

Pero el propio Marty se encarga pronto de desmentirlo. Lo que realmente le interesa es el dinero. Tal vez sea esta versión descarnada y sin épica del sueño americano, que luce músculo antiemigrante y poder bruto (como ocurre en estos días), lo que haya conectado con el público contemporáneo estadounidense, especialmente el menor de 35 años.

Esta lectura del sueño americano tiene su eco y antítesis en otro relato aspiracional: el sueño chino, que sustituye el ascenso individual por la eficiencia, la disciplina y el éxito colectivo.

En cualquier caso, lo que sabemos es que pocas cosas exaltan más que los colores nacionales en el deporte, aunque el deporte en cuestión sea uno menor, como el tenis de mesa. Así que tendremos varios sueños proyectados, incluso fuera de las pantallas.

Sueños, poder y deporte

Todos los sueños políticos, y el americano y el chino lo son, necesitan de campeones que los encarnen. Por eso los políticos siempre han hecho suyos a los deportistas, y no pierden oportunidad de sacarse una foto con ellos en cuanto baten cualquier récord. Se sabe que el récord encarna la nación, y toda nación es la encarnación de un sueño.

Durante décadas, el éxito olímpico de China no ha sido fruto solo del azar o del talento individual, sino de una estrategia deportiva claramente planificada. Desde los años noventa, el sistema chino ha priorizado disciplinas con “alta rentabilidad olímpica”: deportes que concentran muchas pruebas, exigen una elevada especialización técnica, son muy compatibles con un sistema de detección temprana de talento y entrenamientos centralizados, y con un muy limitado número de países realmente competitivos.

El objetivo no ha sido tanto dominar los deportes más populares a escala global como maximizar el número de medallas dentro del marco olímpico.

Pimpón, paradigma deportivo

El ejemplo más evidente es el tenis de mesa, donde China ha alcanzado un dominio casi absoluto. En los Juegos de Pekín 2008, el país ganó las cuatro medallas de oro posibles y, en algunas pruebas, ocupó la totalidad del podio. Algo similar ha ocurrido con los saltos de trampolín, considerados durante años una auténtica “fábrica de oros”: en Atenas 2004 y Pekín 2008, China se llevó seis y siete de las ocho medallas de oro disponibles.

Dos jugadores chinos sostienen una bandera roja con estrellas amarillas en una esquina.
En Río 2016, Ma Long consiguió la medalla de oro en tenis de mesa individual tras batirse en la final con su compatriota Zhang Jike, uno de los múltiples ejemplos en los últimos años del dominio chino en este deporte.
Celso Pupo/Shutterstock

Otros deportes menos visibles para el gran público han sido igualmente clave. En halterofilia, gracias a la multiplicación de categorías por peso y al fuerte desarrollo del deporte femenino, China ha conseguido resultados extraordinarios con equipos relativamente pequeños. En tiro deportivo, un deporte silencioso y poco mediático, llegó a obtener ocho oros en Atenas 2004. El bádminton representa otro caso extremo: en Londres 2012, el país asiático ganó los cinco oros en juego, hasta el punto de que el COI tuvo que intervenir por la falta de competitividad real en algunas pruebas.

Lógica imperial

Esta lógica estratégica se hizo explícita con Project 119, un programa lanzado para los Juegos de Pekín 2008 con el fin de sumar medallas en deportes donde China no había destacado tradicionalmente, como la natación, el remo o la vela. Aunque no logró transformar disciplinas como el atletismo, sí permitió ampliar el medallero (hasta 122, tres por encima del objetivo inicial) y consolidar el liderazgo chino como país anfitrión.

Es revelador el contraste con deportes globales como el fútbol, el baloncesto o el atletismo, disciplinas con enorme competencia internacional, menos pruebas y resultados mucho más imprevisibles. Desde una lógica puramente instrumental, resultan menos eficientes para el sistema chino, que mide el éxito en términos de medallas.

Más que una apuesta por “deportes menores”, lo que revela el caso chino es una visión pragmática del deporte como herramienta de prestigio nacional, donde la planificación, la eficiencia y el control del riesgo pesan más que la popularidad o el espectáculo. Una estrategia discutible desde algunos puntos de vista, pero innegablemente eficaz dentro del sistema olímpico.

La diplomacia blanda

Volviendo a nuestro filme, aunque el archirrival de Marty es japonés, uno no puede dejar de pensar en que las relaciones sino-americanas, en su forma contemporánea, nacieron bajo el signo amable de la “diplomacia del pimpón”, una modalidad más de poder blando aplicado por China en tiempos de la Guerra Fría.

El episodio fundacional tuvo lugar en 1971, durante el Campeonato Mundial de Tenis de Mesa celebrado en Nagoya (Japón), cuando un gesto aparentemente trivial desencadenó un cambio histórico.

El jugador estadounidense Glenn Cowan, tras perder el autobús de su equipo, fue invitado a subir al vehículo de la delegación china. Allí, Zhuang Zedong, triple campeón del mundo y figura legendaria del deporte chino, se acercó a saludarlo y le regaló un retrato en seda de las montañas Huangshan. El intercambio fue captado por fotógrafos japoneses y difundido al mundo entero.

Bienvenidos a China

En el enrarecido clima ideológico de los tiempos de la Guerra Fría y la Revolución Cultural, aquella imagen de cordialidad entre un atleta chino y uno estadounidense resultó explosiva. De aquel encuentro casual, amplificado por los medios, surgió una invitación oficial al equipo estadounidense para visitar China.

El pimpón, convertido en lenguaje diplomático, abrió así una grieta por la que pronto se colarían el presidente estadounidense Richard Nixon, su secretario de Estado, Henry Kissinger, y el deshielo estratégico entre dos potencias hasta entonces irreconciliables. Esa grieta de diplomacia deportiva parece que la quieren explotar ahora los países árabes, entre otros.




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Aquel gesto no sería solo un accidente feliz ni una anécdota sentimental de la Guerra Fría. El pimpón finalmente operó como un dispositivo geoestratégico de poder blando, esa “capacidad de moldear preferencias ajenas sin recurrir a la coerción” sobre la que en 1990 teorizaría el politólogo estadounidense Joseph Nye.

China ensayaba entonces una fase diplomática basada en la desdramatización del conflicto, en el intercambio reglado y simbólicamente igualitario: pasarse la pelota como metáfora de una relación no competitiva (en apariencia), paciente, reversible y cuidadosamente coreografiada. Esa fase conviviría más tarde con otras estrategias de seducción estatal, como la diplomacia del panda, orientada a construir una imagen de benignidad cultural y excepcionalismo civilizatorio.

El ciclo ha mutado y el registro ha cambiado: la pedagogía del gesto ha sido sustituida por la afirmación explícita de intereses, y la actual diplomacia de los lobos guerreros marca el paso de un poder insinuado a un poder verbalmente agresivo, menos interesado en atraer que en delimitar. La mesa de pimpón ya no está en el centro: el juego continúa, pero en otro tablero, con otras reglas y en un tono radicalmente distinto.

Marty Supreme invita a pensar sobre todo esto y muchas cosas más (antisemitismo, antihéroes…).

The Conversation

Félix Valdivieso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El pimpón más allá de ‘Marty Supreme’: un deporte y una forma de diplomacia – https://theconversation.com/el-pimpon-mas-alla-de-marty-supreme-un-deporte-y-una-forma-de-diplomacia-274442

Hablar para ser escuchado: ¿por qué el discurso de Mark Carney se ha convertido ya en un ejemplo de comunicación creativa?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Caballé May, Profesor de creatividad, storytelling y comunicación política creativa, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Mark Carney, presidente de Canadá, durante su intervención en el Foro Económico Mundial el pasado 20 de enero. World Economic Forum/Ciaran McCrickard

Cada año, el Foro Económico Mundial de Davos se convierte en un escenario privilegiado para fijar agendas globales. Pero también en un espacio profundamente saturado de discursos, informes y grandes palabras. Un lugar donde la atención no está garantizada: se disputa.

Por eso resulta especialmente relevante el discurso que el pasado día 20 de enero pronunció el primer ministro de Canadá, Mark Carney. No solo por su contenido político y económico, sino por cómo está construido para merecer atención en un contexto donde la escucha no se presupone, se gana.

Antes de seguir leyendo, conviene escuchar el discurso completo. Solo así puede apreciarse hasta qué punto su eficacia no reside únicamente en lo que dice, sino en cómo está pensado para ser escuchado y recordado.

Fuente: Grupo REFORMA.

Poner la creatividad en el centro

Lejos de improvisar o limitarse a una exposición técnica, Carney ofrece un discurso cuidadosamente trabajado desde el punto de vista narrativo. Aplica recursos propios del storytelling, el copywriting y la escritura de guion para convertir mensajes complejos en relatos comprensibles, memorables y capaces de conectar con el público.

No se trata de adornar el contenido ni de buscar el aplauso fácil. Es una muestra de que la comunicación creativa, cuando se usa con responsabilidad, puede ser una herramienta poderosa para mejorar el debate público. Especialmente cuando el contexto invita más al ruido que a la reflexión.

¿Por qué competir por la atención cuando puedes merecerla?

Ante la saturación informativa, muchos discursos optan por gritar más fuerte, simplificar en exceso o provocar artificialmente para destacar. El discurso de Carney sigue una lógica distinta.

No acelera, no dramatiza ni busca el titular inmediato. Su estrategia es otra: renunciar a competir por la atención para construir relevancia. Asume que la audiencia de Davos es exigente, diversa y saturada, y que solo escuchará aquello que perciba como claro, coherente y respetuoso.

Esta elección no es ingenua. Implica aceptar que no todo mensaje será escuchado, pero también confiar en la capacidad del público para seguir un razonamiento complejo si se presenta de forma comprensible y cautivadora.

En lugar de gritar, Carney quiere interesar.

Un discurso, una idea

Una de las reglas básicas de cualquier buen discurso es tener claro qué se quiere comunicar. No acumular mensajes, sino articular una idea central capaz de sostener todo el relato. La idea madre puede cobijar otras ideas subsidiarias, pero el mensaje debe ser claro y reconocible.

Carney inicia su intervención con una idea directa y poderosa que vertebra todo el discurso: “Nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición”. No cambia de tema, no abre nuevos debates, no dice nada que no refuerce la idea.

Esta coherencia no solo aporta claridad, también genera credibilidad. El oyente percibe que hay una dirección clara y que cada argumento cumple una función dentro del conjunto.

Hablar de tú a tú

Otro de los rasgos más llamativos del discurso es su tono. Carney habla desde una posición de autoridad institucional, pero evita el registro distante o grandilocuente.

Utiliza frases directas, un lenguaje accesible y un “nosotros” inclusivo que implica a la audiencia en el diagnóstico y en la responsabilidad compartida.

En comunicación pública, la autoridad no se impone solo por el cargo: se construye a través de la confianza. Y la confianza nace, en buena medida, de la sensación de estar ante alguien que habla al que escucha y no se pone por encima de él.

Algunos gestos refuerzan esa cercanía. Iniciar el discurso en francés antes de pasar al inglés funciona como un gesto simbólico de un país con dos lenguas oficiales y en un contexto global. Expresiones como “todos en esta sala sabemos que…” construyen un marco compartido que refuerza la complicidad y la credibilidad del orador.

Storytelling y metáforas para hacer comprensible lo complejo

Carney aborda cuestiones abstractas y de gran escala: el orden internacional, el poder, la democracia, la economía global. Podría hacerlo desde un lenguaje técnico o normativo, pero opta por convertir lo abstracto en experiencia compartida mediante historias, analogías y referencias culturales.

Las metáforas no simplifican el contenido, lo hacen imaginable. Ayudan a organizar el pensamiento de la audiencia y a dotar de sentido ideas complejas. No recordamos datos aislados, recordamos historias. Podemos olvidar un discurso, pero no cómo nos hizo sentir.

Un ejemplo claro es la referencia a Václav Havel, que da respuesta a la pregunta: ¿cómo se mantenía el sistema comunista? Es la historia del tendero que coloca el cartel de “¡Proletarios de todos los países, uníos!” en su escaparate sin creer en él.

Esa historia sirve para explicar una idea compleja: que el poder de un sistema no reside en su verdad, sino en la voluntad colectiva de actuar como si lo fuera. Y que su fragilidad comienza cuando alguien deja de fingir.

Carney la recupera más tarde (se llama callback narrativo) cuando afirma que “entendemos que esta ruptura exige algo más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal y como es. Estamos quitando el cartel de la ventana”, usando la metáfora para anclar la idea de forma coherente y profunda.

Otra metáfora poderosa como “las potencias medias deben actuar juntas. Si no estás en la mesa, estás en el menú” condensa en una frase comprensible una lógica geopolítica compleja.

Recursos creativos, oratoria y retórica

Desde el punto de vista formal, el discurso está cuidadosamente construido. Aparecen recursos habituales de la escritura creativa que cumplen una función cognitiva: ordenar la información, jerarquizar ideas y facilitar la memoria.

Carney utiliza anáforas para dar ritmo (“nos unimos…”, “nos elogiamos…”, “nos beneficiamos…”), contrastes para dirigir la atención (“una ruptura, no una transición”) y quiasmos que refuerzan el mensaje (“no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza”).

El uso de tríadas, paralelismos y repeticiones aporta claridad y facilita la escucha. Estas técnicas no buscan lucimiento estilístico. Cuando están bien aplicadas, pasan desapercibidas. El oyente no piensa que el discurso está bien escrito, piensa que lo entiende.

Emoción sin populismo

El uso de emoción en discursos políticos suele generar recelos. Sin embargo, no existe comunicación significativa sin un mínimo de conexión emocional. Emoción y manipulación no son lo mismo.

Carney activa emociones como la preocupación compartida, la responsabilidad colectiva o una esperanza prudente. Evita deliberadamente otras más polarizadoras, como el miedo o la ira.

La emoción no sustituye al argumento, lo acompaña y lo hace accesible. Como recordaba Eduard Punset, “las palabras generan imágenes, consolidan marcos y son la antesala de las emociones. Las emociones son la comprensión”.

Lo que queda cuando termina el discurso

Más allá del aplauso inmediato o del impacto mediático, la pregunta clave es otra: ¿qué queda cuando el discurso termina?

Comunicar no es solo transmitir información, sino contribuir a construir marcos de interpretación compartidos. Las palabras no solo describen el mundo, también lo configuran.

Carney no ofrece soluciones cerradas ni promesas grandilocuentes. Ofrece un marco desde el que pensar los desafíos globales y la responsabilidad de quienes los afrontan.

El discurso del primer ministro canadiense en Davos demuestra que la creatividad no es patrimonio de la publicidad ni un adorno estético. Es una herramienta democrática cuando se pone al servicio de la comprensión, la responsabilidad y el respeto por la ciudadanía.

Es la herramienta que puede convertir un buen discurso en un gran discurso.

En un tiempo en el que muchos buscan solo ocupar espacio, algunos todavía aspiran a ayudar a comprender, ordenar ideas y activar emociones responsables.

En comunicación institucional, comunicar bien no es solo una cuestión de estilo: es una forma de liderar. Y la creatividad, su mejor aliada para conectar de forma genuina con la ciudadanía.

The Conversation

Jordi Caballé May no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Hablar para ser escuchado: ¿por qué el discurso de Mark Carney se ha convertido ya en un ejemplo de comunicación creativa? – https://theconversation.com/hablar-para-ser-escuchado-por-que-el-discurso-de-mark-carney-se-ha-convertido-ya-en-un-ejemplo-de-comunicacion-creativa-274231