El scroll infinito en redes: una experiencia inmersiva que multiplica el riesgo de comprar por impulso

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Coloma Álvarez Santamaría, Personal Investigador en Formación en Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de La Rioja

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¿Alguna vez ha entrado en Instagram “solo cinco minutos” y de repente, al fijarse, ya ha pasado casi una hora? Ese estado, en el que perdemos la noción del tiempo, se llama flow. Y es el factor que más influye en nuestras compras online: por sí solo representa casi un tercio de lo que nos empuja a comprar.

Las redes sociales se han convertido en un gran escaparate comercial que influye en lo que compramos, a menudo sin que nos demos cuenta.

El poder de las reseñas y recomendaciones

Antes de comprar, casi la mitad de los consumidores consulta redes sociales para buscar información sobre productos. Entre los jóvenes de 18 a 30 años, esta cifra sube al 66 %. No se trata solo de mirar: un 44 % reconoce que las redes condicionaron su compra final.

Ejemplos sobran. En Amazon, el número de estrellas es el primer filtro para muchos compradores. En TikTok proliferan los vídeos de unboxing y reseñas espontáneas de usuarios. Y en Instagram, los reels de recomendaciones llegan a compartirse miles de veces en cuestión de horas.




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Cada clic y reseña moldea el comportamiento de otros

En redes sociales se distinguen tres comportamientos que impulsan esa influencia:

  1. Buscar opiniones (consultar reseñas o preguntar a otros usuarios).

  2. Transmitir opiniones (reenviar recomendaciones, compartir lo que otros dijeron).

  3. Generar opiniones (escribir reseñas propias).

Todos influyen en que los usuarios terminen comprando, pero son más determinantes la búsqueda y reenvío de opiniones.

En la práctica, eso significa que cada clic y cada reseña contribuye a moldear el comportamiento de otros. Incluso cuando solo compartimos una opinión ajena, estamos alimentando un círculo de influencia que multiplica su alcance.

Qué es el ‘flow’ y por qué importa

El flow es un estado psicológico en el que nos sentimos tan inmersos en una actividad que perdemos la noción del tiempo y actuamos casi en piloto automático.

El flow no es exclusivo de las redes. También aparece al leer una novela absorbente, practicar un deporte o jugar a un videojuego.

La diferencia es que en redes sociales como TikTok o Instagram ese estado se combina con un bombardeo constante de estímulos comerciales, incluyendo anuncios, recomendaciones y enlaces de compra integrados en el propio contenido. En este contexto, el estado de flow se traduce en navegar más, ver más contenido, leer más reseñas y, según los datos, en una mayor probabilidad de compra.

De todos los factores analizados, el que más pesa es el flow. Por sí solo representa casi un tercio de lo que nos empuja a comprar. La búsqueda de opiniones supone algo más de una cuarta parte, la transmisión de recomendaciones algo menos y la emisión de reseñas propias queda muy atrás.

El flow no solo nos mantiene enganchados: también hace que las reseñas calen más hondo. Cuanto más inmersos estamos, más fácil es que las opiniones de otros acaben guiando nuestra compra. En otras palabras: el tiempo vuela y nuestra resistencia baja.




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Redes sociales como escaparates de compra

Plataformas como TikTok o Instagram no solo muestran vídeos de entretenimiento: son auténticos catálogos de venta, diseñados para captar la atención y fomentar la interacción. La combinación de reseñas de otros consumidores con la experiencia inmersiva de desplazarse sin parar en un “scroll infinito” crea el entorno perfecto para que terminemos comprando.

Los algoritmos también contribuyen: personalizan los contenidos, muestran productos afines a nuestros intereses y refuerzan la sensación de relevancia inmediata. Todo ello nos mantiene más tiempo conectados, más dispuestos a interactuar y, lo que es más importante, a comprar.

El fenómeno de compra a través de las redes sociales tiene nombre propio: social commerce. Con un crecimiento sostenido, las previsiones apuntan a que en 2025 generará unos 819 000 millones de dólares en 2025 y en 2029 podría superar el billón. Eso significa que las redes sociales están pasando de ser solo un escaparate a convertirse en uno de los canales de compra más potentes del mundo.

Implicaciones para consumidores y empresas

Para los consumidores es clave entender este mecanismo. Saber que el flow puede nublar nuestra percepción del tiempo y hacernos más proclives a comprar impulsivamente nos permite tomar decisiones más conscientes. Un pequeño ejercicio de autocrítica: preguntarse “¿realmente necesito esto o me estoy dejando llevar por el momento?” puede ser suficiente para recuperar el control.

También conviene estar atentos a señales de alarma. Sentir ansiedad si no se compra, acumular productos sin uso o gastar más de lo previsto son indicadores de que el scroll se está convirtiendo en un disparador de compras compulsivas.

Para las empresas, la lección es clara: la experiencia inmersiva es tan importante como el producto en sí. Crear entornos que fomenten la interacción, las reseñas y el flow puede ser muy eficaz, pero plantea un desafío ético. Diseñar estrategias de marketing que aprovechen estas dinámicas pero que no manipulen al consumidor debería ser la meta.

Un consumo más consciente

Las redes sociales han ampliado nuestras posibilidades como compradores, pero también han multiplicado los sesgos que afectan a nuestras decisiones. Ser conscientes de cómo funcionan –y de cómo influye el flow en lo que compramos– es el primer paso para consumir de forma más crítica y equilibrada.

Porque lo que parece solo diversión tiene truco. El flow convierte a las redes en el escaparate de venta perfecto. Y si a esa inmersión se le suman reseñas y recomendaciones, el resultado es un empuje invisible hacia la compra.

En definitiva, la próxima vez que pierda la noción del tiempo en Instagram o TikTok recuerda que ese viaje mental puede acabar influyendo mucho más de lo que cree en su carrito de la compra y en sus finanzas personales.

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Coloma Álvarez Santamaría recibe financiación a través de un contrato predoctoral FPI/CAR 2024.

Agustín V. Ruiz Vega no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El scroll infinito en redes: una experiencia inmersiva que multiplica el riesgo de comprar por impulso – https://theconversation.com/el-scroll-infinito-en-redes-una-experiencia-inmersiva-que-multiplica-el-riesgo-de-comprar-por-impulso-266268

La ‘lunitis’ existe (e incluso afecta a los jubilados)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María J. García-Rubio, Profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia – Codirectora de la Cátedra VIU-NED de Neurociencia global y cambio social – Miembro del Grupo de Investigación Psicología y Calidad de vida (PsiCal), Universidad Internacional de Valencia

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Pepa (72 años) se levanta cada lunes con una sensación de malestar y desmotivación aunque no tenga obligaciones laborales. Siente apatía incluso por tareas sencillas como hacerse el desayuno o bajar al supermercado para comprar la comida. Sin embargo, esas sensaciones van desapareciendo según avanza la semana. A veces, el mismo martes ya siente que ha recuperado la energía.

Parece lógico que alguien que trabaja sucumba a lo que podríamos llamar “ansiedad del lunes”. Entonces, ¿por qué se siente así Pepa? Pues según un reciente estudio publicado en Journal of Affective Disorders, esa desazón propia del inicio de la semana está tan arraigada en nuestra psiquis que también afecta a las personas jubiladas.

Un día para borrar del calendario

De lo que no cabe duda es que los lunes son, para muchos, un día fatídico. Desde hace décadas sabemos que concentran más episodios de infarto y crisis de ansiedad que el resto de de la semana y que muchas personas experimentan una alteración del estado de ánimo similar a un “síndrome de abstinencia”. Estos son los factores psicológicos y fisiológicos que ha identificado la ciencia:

  1. Anticipación negativa: culturalmente, el lunes se percibe como el inicio de obligaciones y responsabilidades. Ese pensamiento anticipatorio activa el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HPA), encargado de la respuesta al estrés. Cuando esto ocurre, aumenta la producción de cortisol y adrenalina, hormonas que, mantenidas en niveles altos, pueden alterar el estado de ánimo y la regulación emocional.

  2. Cambios en los ritmos circadianos: se llama jet lag social al desajuste entre el reloj biológico interno y el horario social. Dormir más o más tarde durante el fin de semana retrasa la liberación de melatonina y desordena el ciclo sueño-vigilia. El lunes, al tener que despertarnos antes, se genera una privación parcial de sueño que afecta a la corteza prefrontal (clave en atención y toma de decisiones) y a la amígdala (centro de gestión emocional), aumentando la irritabilidad y la reactividad emocional.

  3. Estrés social: aunque no se trabaje, el entorno mantiene rutinas semanales (bancos, médicos, colegios, familiares), lo que reactiva la sensación de “inicio de semana”. Estudios de neuroimagen muestran que la actividad de la red neuronal por defecto (default mode network), relacionada con la rumiación y la anticipación, se incrementa en situaciones de expectativa negativa. Esto podría explicar por qué, incluso en jubilados, el lunes se percibe como un día de mayor carga psicológica.

  4. Mayor riesgo cardíaco: algunas investigaciones han encontrado un aumento de hasta un 20 % en la incidencia de infartos y accidentes cerebrovasculares los lunes en comparación con otros días de la semana. También se observan picos de presión arterial y frecuencia cardíaca, lo que sugiere una respuesta fisiológica marcada al estrés del lunes.

  5. Alteraciones neuroquímicas: se han descrito variaciones semanales en la regulación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, implicados en la motivación y el bienestar. El descenso relativo de serotonina al comenzar la semana puede contribuir a la sensación de apatía, mientras que la oscilación en los niveles de dopamina impacta en la motivación y la energía.

¿Y qué ocurre en los jubilados?

El estudio citado observó que, en mayores retirados, los lunes también se asociaban a un incremento medio del 23 % en los niveles de cortisol matutino. Esto sugiere que la estructura social y cultural de la semana pesa más de lo que creemos: incluso sin trabajo, el lunes sigue siendo “distinto”.

Además, en jubilados influyen otros factores: soledad, rutinas menos estructuradas o menor actividad social. Todo ello puede amplificar la percepción negativa del inicio de semana.

Cómo combatir la “lunitis”

La buena noticia es que hay estrategias sencillas y avaladas por la evidencia para comenzar airosamente la semana:

• Mantener rutinas estables de sueño durante toda la semana.

• Planificar actividades agradables los lunes, para asociar el día a estímulos positivos.

• Practicar ejercicio moderado: la actividad física reduce el estrés y regula el ánimo.

• Hacer mindfulness o meditación: técnicas de respiración y atención plena ayudan a disminuir la anticipación negativa.

• Participación social: en jubilados, actividades como voluntariado o talleres proporcionan estructura semanal y reducen la sensación de vacío.

Más allá de la anécdota

Que la “lunitis” afecte incluso a personas retiradas nos recuerda que los estados de ánimo no dependen solo de obligaciones laborales. Factores biológicos, sociales y culturales moldean cómo vivimos cada día de la semana.

El reto está en transformar el lunes, tradicionalmente un enemigo, en una oportunidad: el punto de partida para empezar la semana con propósito, y no con resignación.

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María J. García-Rubio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La ‘lunitis’ existe (e incluso afecta a los jubilados) – https://theconversation.com/la-lunitis-existe-e-incluso-afecta-a-los-jubilados-264997

Así utiliza Europa los impuestos para poner freno a la moda rápida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Albert Navarro García, Profesor titular de Derecho Financiero y Tributario, Universitat de Girona

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¿Sabía que fabricar una sola camiseta de algodón requiere unos 2 700 litros de agua, lo mismo que una persona bebería en casi tres años? La llamada fast fashion o moda rápida nos ofrece ropa barata y de tendencia, pero también genera 12 kilos de residuos textiles por persona al año en Europa, y apenas un 1 % se recicla en nuevas prendas.

Ante este problema, la Unión Europea (UE) y varios países han empezado a usar los impuestos y las normas fiscales como herramientas para frenar un modelo que produce mucho, vende barato y desecha rápido.

Europa corta el chollo fiscal de las compras baratas

Hasta 2021, millones de paquetes de plataformas como Shein o Temu llegaban a Europa sin pagar IVA si costaban menos de 22 euros. Era una ventaja injusta frente a las tiendas locales. Desde entonces, todas las importaciones pagan IVA.

La Comisión Europea quiere ir más allá. Por una parte, propone la introducción de una tasa de tramitación de 2 € por cada envío a la UE. Por otra, quiere eliminar también la exención arancelaria de 150 €, de modo que incluso los pedidos pequeños paguen derechos de aduana. Con esto se evita que los vendedores dividan artificialmente los pedidos y se refuerza el control sobre productos que a menudo se fabrican en condiciones poco sostenibles o con malas prácticas laborales. El 91 % de todos los envíos de comercio electrónico valorados en menos de 150 euros procedían de China en 2024.

Al mismo tiempo, Bruselas ha aprobado la Directiva (UE) 2024/825, contra el greenwashing. Desde 2026, las marcas no podrán presentarse como “neutras en carbono” o “eco” sin pruebas verificables, ni podrán ocultar información sobre la durabilidad o la posibilidad de reparar de las prendas.




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Francia: un impuesto por prenda de moda rápida

Francia es el primer país europeo en aprobar un impuesto contra la moda rápida. En junio de 2025, el Senado dio luz verde a una ley que introduce un sistema de penalización progresiva por prenda (bonus-malus). Las marcas de ultra fast fashion (moda ultrarápida) deberán pagar 5 euros extra por artículo, lo que encarecerá especialmente camisetas, vestidos o pantalones de bajo coste. La cifra aumentará poco a poco hasta llegar a 10 euros en 2030, duplicando el tributo en apenas cinco años.

El impuesto dependerá del impacto ambiental y de las prácticas de cada empresa, y no podrá superar el 50 % del precio de venta sin IVA.

Con este sistema, el Estado francés lanza una señal clara: las prendas extremadamente baratas, diseñadas para durar apenas una temporada, deben pagar por el daño que generan. Al mismo tiempo, se premia a aquellas marcas que fabrican ropa más duradera, reciclable y con menor huella ambiental. Es un modelo inspirado en los impuestos ambientales que ya se aplican en carburantes o plásticos de un solo uso.




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Reino Unido: la idea del “penique por prenda”

En 2019, un comité del Parlamento británico recomendó un impuesto de un penique por cada prenda vendida para financiar la recogida y el reciclaje de textiles. Aunque el Gobierno no lo aplicó, la propuesta abrió un debate que hoy se centra en la responsabilidad ampliada del productor: que las marcas paguen en función de la basura que generan. Cuanto más baja sea la calidad de sus productos, más alto será el coste; cuanto más duraderos y reciclables sean, menos tendrán que pagar.




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Suecia, Países Bajos y Francia: reparar en vez de tirar

Otros países han optado por incentivar la reparación. En Suecia, el IVA para arreglos de ropa y calzado bajó del 25 % al 12 %. En Países Bajos, el tipo reducido del 9 % se aplica a servicios como coser agujeros, cambiar cremalleras o ajustar tallas. Y en Francia, a partir de 2025, se aplica un tipo reducido del 5,5 % en reparaciones textiles y de calzado, junto con un “bono reparación” que descuenta parte del coste a los consumidores que arreglan su ropa en talleres certificados.

El objetivo de todas estas medidas es sencillo: que coser una cremallera salga más barato que comprar una prenda nueva.

España: normativa avanzada, fiscalidad pendiente

En España, la Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados para una economía circular establece que, a partir de 2025, las marcas textiles deberán financiar sistemas de recogida y reciclaje, además de informar sobre la durabilidad y reparabilidad de sus productos. Es un paso adelante, porque obliga a las empresas a asumir costes que hasta ahora recaían en los municipios y los contribuyentes.

Sin embargo, el gran reto sigue siendo la fiscalidad: todavía no se han adoptado impuestos o incentivos fiscales como los de Francia, Suecia y Países Bajos, lo que deja a España rezagada en este aspecto.

¿Funcionan estas medidas y cómo impactarán en la industria?

Los efectos de los mecanismos fiscales ya empiezan a notarse. La eliminación de exenciones fiscales ha igualado la competencia y ha obligado a las grandes plataformas internacionales a modificar su estrategia de precios y logística.

La reducción del IVA en reparaciones está revitalizando talleres locales, apoyando pequeños negocios y cambiando poco a poco los hábitos de consumo. Y los nuevos impuestos, como en Francia, harán que las prendas de usar y tirar sean más caras, obligando a las grandes marcas a mejorar su diseño, trazabilidad y materiales.

En conjunto, la fiscalidad y la normativa buscan cambiar la lógica de la industria textil: que lo barato y desechable deje de ser la opción más atractiva y que reparar, reutilizar o comprar ropa de calidad se convierta en lo normal. Si estas medidas se consolidan, la industria textil europea podría transformarse en una de las más avanzadas en sostenibilidad, situando a Europa como referente mundial en la lucha contra la moda rápida.

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Albert Navarro García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así utiliza Europa los impuestos para poner freno a la moda rápida – https://theconversation.com/asi-utiliza-europa-los-impuestos-para-poner-freno-a-la-moda-rapida-266635

¿Llevará el plan de Trump la paz a Gaza?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Professor de Direito Internacional, Relações Internacionais e Geopolítica/Geoeconomia, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

La guerra en Gaza ha dejado decenas de miles de muertos y una sociedad devastada. Dos años después del inicio del conflicto, la comunidad internacional busca una salida que reduzca la violencia y alivie la crisis humanitaria.

En este contexto, Donald Trump y Benjamín Netanyahu han presentado un plan de veinte puntos que pretenden que sea una hoja de ruta hacia la paz. Ha sorprendido el respaldo obtenido por la propuesta: desde potencias occidentales y Rusia hasta varios Estados árabes y musulmanes. Pero la pregunta central sigue abierta: ¿se trata de una oportunidad real para un acuerdo duradero?

Liberación de rehenes y gobierno de Gaza

El texto arranca con un intercambio inmediato de rehenes y prisioneros. Tras la aceptación del plan, Hamás debería entregar a los últimos rehenes en su poder en un plazo de 72 horas. A cambio, Israel liberaría a más de 1 700 detenidos y 250 condenados a cadena perpetua. Ese primer movimiento funcionaría como el gesto inicial para un alto el fuego. Una vez liberados los rehenes, comenzaría el suministro masivo de ayuda humanitaria, con alimentos, medicinas, agua y electricidad.

Tras esa fase, el plan fija un cambio en la administración de Gaza. La propuesta establece un comité tecnócrata palestino, supervisado por un organismo internacional («Junta de la Paz») encabezado por Trump e integrado, entre otros, por el ex primer ministro británico Tony Blair.

Ese organismo tendría la misión de gestionar los servicios básicos, atraer inversiones y sentar las bases para la reconstrucción. La idea es que, en lugar de instituciones vinculadas a facciones políticas, el enclave sea administrado de forma interina por expertos y supervisores externos.

Seguridad y economía

El plan incluye la desmilitarización completa de Gaza. Bajo la vigilancia de observadores internacionales, se prevé la destrucción de túneles, depósitos de armas y fábricas de municiones. Paralelamente, se crearía una fuerza internacional de estabilización en la que participarían países árabes y estaría coordinada por Israel y Egipto.

Su función sería entrenar a las fuerzas locales de seguridad y garantizar que el territorio no vuelva a convertirse en foco de enfrentamientos armados. Es una fórmula semejante a la desplegada en otras zonas en conflicto, como Líbano tras los acuerdos de 2006, aunque en este caso bajo la supervisión de Estados Unidos y no de la ONU.

Uno de los elementos más llamativos del plan es el componente económico. Trump lo ha presentado como un «plan de desarrollo» que imagina Gaza convertida en un espacio de prosperidad, con proyectos urbanísticos, nuevas infraestructuras y un entorno apto para la inversión.

El texto incluso menciona la posibilidad de una zona económica especial, con condiciones comerciales preferenciales. La narrativa recuerda, aunque con situaciones bastante distintas, a otras transformaciones urbanas rápidas en Oriente Medio, desde Dubái hasta ciudades planificadas en Arabia Saudí. La promesa implícita es que la paz llegaría acompañada de empleos, crecimiento y oportunidades para la población local.




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Más allá de los dos Estados: una cuestión geopolítica

El documento también reconoce, de forma condicional, la aspiración palestina a tener su propio Estado. Ese punto figura hacia el final del plan y aparece formulado como un horizonte posible si se cumplen reformas institucionales en la Autoridad Nacional Palestina y se garantiza la estabilidad en la región.

Aunque no hay plazos ni compromisos concretos, el simple reconocimiento de esa aspiración conecta de alguna manera con la agenda internacional, que sigue defendiendo mayoritariamente la solución de los dos Estados.




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La propuesta ha recibido el apoyo de Estados árabes clave, como Arabia Saudí, Egipto o Turquía, y de la Unión Europea, Rusia y China, entre otros países.

La iniciativa representa una oportunidad de reducir la violencia y de evitar que el conflicto siga desestabilizando la región. Desde una perspectiva geopolítica, el plan reafirma a Estados Unidos como mediador central y otorga a Israel un marco internacional que respalda su seguridad. Al mismo tiempo, permite a los países árabes implicarse en la fase de reconstrucción y presentarse como garantes de estabilidad.

Lo que queda por aclarar

No obstante, el texto deja abiertas varias incógnitas. No se detalla con precisión el calendario de retirada de las fuerzas israelíes, lo que introduce incertidumbre sobre la transición. El organismo internacional que supervisaría Gaza [estaría presidido por un jefe de Estado extranjero], un elemento a tomar en cuenta en la gestión de un territorio en disputa, y que seguramente generará críticas.

Además, la promesa de desarrollo económico enfrenta el desafío de aplicarse en un contexto social marcado por la destrucción, los desplazamientos masivos y las profundas fracturas políticas de estos dos años de ataques.

El plan combina medidas inmediatas, como el intercambio de rehenes y prisioneros, con metas de largo plazo, como la autodeterminación palestina. Esa mezcla de urgencia y horizonte lejano refleja la complejidad del conflicto. Se asemeja a tender un puente sobre un río caudaloso: los primeros tablones buscan estabilizar la estructura, mientras que el tramo final, más ambicioso, depende de que los pilares iniciales resistan.

¿Una estabilidad suficiente?

El desenlace aún es incierto. Si el plan avanza, marcará un punto de inflexión en la región. Si se bloquea, existe el riesgo de que la guerra retome toda su intensidad.

Lo que resulta evidente es que el documento ya se ha convertido en referencia obligada para medir la diplomacia internacional en Oriente Medio. Para una población exhausta, tras dos años de sufrimiento, la propuesta abre al menos la expectativa de un alto el fuego inmediato y de un respiro humanitario.

El reto será transformar esa expectativa en un proceso político con estabilidad suficiente para sostener la paz.

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Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Llevará el plan de Trump la paz a Gaza? – https://theconversation.com/llevara-el-plan-de-trump-la-paz-a-gaza-266522

La Flotilla pone de manifiesto la ilegalidad del bloqueo naval israelí sobre Gaza y la complicidad de EE.UU. y Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Bustos García de Castro, Profesor e investigador, Universidad Complutense de Madrid

Tricani Alessio/Shutterstock

Ni los Estados más sensibilizados ni, por supuesto, los medios de comunicación explican que, más allá de la obligación erga omnes de impedir el genocidio y de detener el uso del hambre como arma de guerra, subyace un bloqueo de la franja de Gaza por tierra, mar y aire que es nulo e ilegal desde que Israel lo estableció.

Es importante recordar por qué estos Estados, muchos de ellos europeos, consideran el bloqueo naval sobre la franja de Gaza un hecho consumado que no deben cuestionar. La razón fundamental es que en 2006, cuando Hamás –tras ganar democráticamente las elecciones legislativas y producirse la ruptura con Fatah– se hizo con el control de facto de la franja, los países europeos y EE. UU. aceptaron de buen grado que Israel aplicara a la franja de Gaza un bloqueo indefinido por tierra desde 2007 y por mar a partir de 2009, que se añadió al control israelí del espacio aéreo desde 1967.

De aquella complacencia occidental que convertía un territorio ya de por sí enclavado en la prisión más grande al aire libre –con dos millones de personas– por el hecho de haber votado a un partido islamista, Hamás, viene ahora un silencio incapaz de levantar la voz contra un bloqueo que nació nulo y sigue siendo ilegal.

La Flotilla fue advertida de no traspasar la llamada “zona de exclusión israelí” de 120 millas náuticas alrededor de la franja porque, como advirtió el propio gobierno, el buque de rescate Furor no podría prestar auxilio a la Flotilla una vez se adentrara en esa zona y sus integrantes pondrían en peligro su propia seguridad.

Comunicado de 16 gobiernos

En un comunicado, 16 gobiernos pidieron a Israel que se abstuviera de actos violentos y, tras su detención, la liberación inmediata de sus nacionales, sobre los cuales dicen ejercer la protección diplomática y consular, a la que por otra parte están obligados. Pero ninguno de ellos quiere entrar en el fondo de la cuestión: la existencia de un bloqueo naval sobre un territorio ocupado.

Israel sostiene que, de acuerdo con el derecho bélico del mar, es lícito mantener un bloqueo naval. Y que como la Flotilla había anunciado su voluntad de romperlo, tiene derecho a asaltar y detener a su tripulación e incluso hacerlo a 80 millas de la costa de Gaza, donde se encontraba.

Ningún Estado parece poner en duda eso y se limitan a pedirle un buen trato a sus ciudadanos, olvidando la exigencia de levantar un bloqueo ilegítimo que supone un castigo colectivo permanente sobre una población, que para mayor agravio está compuesta por refugiados y sus descendientes, ya expulsados por Israel de otras partes de Palestina.

Las prohibiciones de un bloqueo naval

Incluso si diéramos por bueno el argumento del derecho de Israel a mantener un bloqueo naval, las prohibiciones que se imponen en el Manual de San Remo (1994) son claras:

  • El bloqueo no puede tener el objetivo único de hacer pasar una hambruna a la población o privarla de otros artículos esenciales.

  • El daño a la población civil no puede ser desproporcionado en relación con la ventaja militar obtenida con él (art. 102).

Sobre esta última prohibición, los artículos 103 y 104 establecen que, si la población sometida al bloqueo carece de suficiente aprovisionamiento de comida y objetos esenciales, la potencia bloqueante “permitirá libremente el paso” y entrega de comida y medicina “una vez sea inspeccionada la carga y distribuida bajo la supervisión de otro estado o de una ONG humanitaria como el Comité Internacional de la Cruz Roja”.

Sin embargo, Israel no ha pretendido en ningún caso dejar pasar a la Flotilla ni su cargamento humanitario ni ha tratado de fijar las condiciones para la inspección y distribución de alimentos y medicinas con un tercero neutral. Con respecto a la proporcionalidad, es evidente que el daño indiscriminado que produce en una población sumamente vulnerable –con mayoría de mujeres y niños, privada de comercio por mar y de la pesca y con un bloqueo naval de 16 años– excede, con mucho, toda ventaja militar que pueda obtenerse.

Argumentos que demuestran la ilegalidad del bloqueo naval

Pero es que, además, hay al menos tres argumentos que demuestran la ilegalidad y nulidad desde el inicio del bloqueo naval.

Por un lado, la Corte Internacional de Justicia dictó tres órdenes en enero, marzo y mayo de 2024 indicando medidas provisionales en aplicación de la Convención de Genocidio. En ellas ordenaba “permitir toda la ayuda alimentaria y médica necesaria” para responder a la “catastrófica situación” de la población palestina en Gaza. También recordaba la prohibición de “no infligir condiciones de vida que pongan en riesgo la supervivencia parcial o total del grupo” constitutiva de genocidio (CIJ, 26-01-2024 y 28-03-2024).

Por otro lado, la misma corte concluyó en el Dictamen Consultivo de 19 de julio de 2024 que “la continuada presencia de Israel en los Territorios palestinos ocupados es ilegal” y constituye una violación de derecho internacional que genera obligaciones en todos los Estados.

Puesto que Gaza forma parte de los territorios palestinos ocupados, la ocupación de facto de Gaza –después de la desconexión formal israelí de 2005 se evidencia por el control absoluto del territorio y las frecuentes invasiones terrestres, que llegan al punto más extremo a partir de 2023– es también ilegal, de lo que se deduce la ilegalidad del bloqueo sobre Gaza. Por tanto, a Gaza debe aplicarse el derecho internacional de ocupación (IV Convenio de Ginebra).

Además, no caben bloqueos navales en territorios ocupados. El derecho bélico naval consuetudinario concebía los bloqueos exclusivamente sobre puertos o costas de Estados enemigos o capturados por ellos. No hay evidencia de que, posteriormente, la práctica estatal de los bloqueos se haya ampliado a territorios ocupados ni coloniales.

El equivalente a un asedio por tierra

La lógica es que un bloqueo naval es el equivalente a un asedio por tierra. Y ningún Estado ocupante asediaría un territorio que ya controla militarmente. Esto causaría un daño excesivo, así como un castigo colectivo, prohibido expresamente por el IV Convenio de Ginebra (artículo 33).

En consecuencia, debido a la incompatibilidad del derecho del bloqueo y del derecho de la ocupación, Israel no puede legalmente imponer un bloqueo mientras siga siendo potencia ocupante.

Todos los Estados, incluyendo a los que tienen nacionales en la Flotilla Global Sumud, están obligados a exigir el levantamiento inmediato del bloqueo israelí sobre Gaza y no simplemente la liberación de sus integrantes.

Desde su inicio el bloqueo de Gaza es ilegal tanto por su desproporcionalidad (derecho bélico naval) como por constituir una forma de castigo colectivo contra la población ocupada (derecho de la ocupación), al tiempo que contraviene las medidas provisionales ordenadas por la Corte Internacional de Justicia.

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Rafael Bustos García de Castro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La Flotilla pone de manifiesto la ilegalidad del bloqueo naval israelí sobre Gaza y la complicidad de EE.UU. y Europa – https://theconversation.com/la-flotilla-pone-de-manifiesto-la-ilegalidad-del-bloqueo-naval-israeli-sobre-gaza-y-la-complicidad-de-ee-uu-y-europa-266700

Por qué la interceptación de la flotilla de ayuda a Gaza es una clara violación del derecho internacional

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Donald Rothwell, Professor of International Law, Australian National University

Las Fuerzas de Defensa de Israel han interceptado una flotilla de buques humanitarios que intentaban llevar ayuda a Gaza, tomando el control de varios barcos y deteniendo a numerosos activistas, entre ellos Greta Thunberg.

Las interceptaciones tuvieron lugar en el mar Mediterráneo, entre 70 y 80 millas náuticas de la costa de Gaza. Se trata de aguas internacionales en las que existe la libertad de navegación para todos los buques.

Israel ha respondido argumentando que tiene un bloqueo marítimo que prohíbe la entrada a Gaza de buques extranjeros. También ha sugerido que la flotilla contaba con el apoyo de Hamás, una afirmación que los organizadores han desmentido tajantemente.

Flotillas de ayuda humanitaria a Gaza

La Flotilla Global Sumud estaba compuesta por más de 40 barcos que transportaban ayuda humanitaria (alimentos, suministros médicos y otros artículos esenciales), junto con varios cientos de parlamentarios, abogados y activistas de docenas de países.

La flotilla partió de España a finales de agosto y ha estado navegando hacia el este, con escalas en Túnez, Italia y Grecia. Durante el trayecto, los gobiernos italiano, español y griego desplegaron escoltas navales para garantizar su paso seguro.

Los pasajeros de los barcos denunciaron que habían sido acosados por drones en múltiples puntos del viaje.

Esta campaña es la última versión de un movimiento que existe desde hace más de 15 años para desafiar el bloqueo prolongado de Israel sobre la Franja de Gaza.

A principios de este año, un barco llamado Conscience que transportaba activistas y ayuda humanitaria con destino a Gaza fue alcanzado por explosiones frente a la costa de Malta.

Israel interceptó entonces el Madleen, con Thunberg y otros activistas a bordo, en junio, y el Handala en julio.

Y en 2010, una flotilla intentó llegar a Gaza con ayuda humanitaria y cientos de activistas. Comandos israelíes abordaron el Mavi Marmara, de bandera turca, lo que provocó un enfrentamiento violento que causó la muerte de diez activistas. Las muertes provocaron una condena generalizada y tensaron las relaciones entre Israel y Turquía durante años.

La legalidad del bloqueo naval de Gaza

El derecho internacional relativo a las acciones de los barcos de la flotilla y la capacidad de intervención de Israel es complejo.

Israel ha impuesto bloqueos a Gaza de diversas formas durante casi 20 años.

La base jurídica de los bloqueos y su compatibilidad con el derecho internacional, en particular el derecho del mar, ha sido objeto de controversia, lo que se puso de manifiesto durante una investigación de la ONU que siguió al incidente del Mavi Marmara.

Actualmente se considera a Israel una potencia ocupante en Gaza en virtud del derecho internacional.

Las funciones de las potencias ocupantes se codificaron en el Cuarto Convenio de Ginebra de 1949 y se basaron en las obligaciones legales que las potencias aliadas asumieron en Alemania y Japón al final de la Segunda Guerra Mundial. El Convenio de Ginebra establece un marco jurídico claro para las potencias ocupantes.

En las últimas décadas, Israel ha sido tanto una potencia ocupante de jure (reconocida por la ley) como de facto en Palestina.

En 2024, la Corte Internacional de Justicia dictaminó que la ocupación de los territorios palestinos era ilegal según el derecho internacional.

Como potencia ocupante, Israel controla todo el acceso a Gaza, ya sea por tierra, aire o mar. Los camiones de ayuda solo pueden entrar en este territorio palestino bajo estrictos controles. Los lanzamientos de ayuda de las fuerzas aéreas extranjeras que se han producido en los últimos meses también solo se han permitido bajo el estricto control de Israel.

Desde que comenzó la guerra, ha llegado muy poca ayuda por mar, ya que Israel ha restringido severamente el acceso marítimo. En 2024, Estados Unidos construyó un muelle flotante frente a la costa para entregar ayuda, pero pronto se abandonó debido a problemas meteorológicos, de seguridad y técnicos.

Sin embargo, esto indicaba claramente que Israel estaba dispuesto a permitir el flujo de ayuda marítima de su aliado más cercano, Estados Unidos. Esta excepción al bloqueo no se aplicó a otros actores humanitarios.

Interceptación de barcos en aguas internacionales

Aunque la entrega de ayuda por mar es legalmente problemática en este momento, la capacidad de Israel para interrumpir las flotillas tiene sus límites. La libertad de navegación es fundamental para el derecho del mar. Como tal, la flotilla tiene derecho a navegar sin obstáculos por el mar Mediterráneo.

Por lo tanto, cualquier acoso o detención de la flotilla en aguas internacionales constituye una clara violación del derecho internacional.

Israel puede, sin duda, ejercer control sobre las 12 millas náuticas de mar territorial frente a las costas de Gaza. El cierre del mar territorial a los buques extranjeros estaría justificado por el derecho internacional como medida de seguridad, así como para garantizar la seguridad de los buques neutrales debido a la guerra en curso.

Los organizadores de la flotilla afirmaron que sus barcos fueron interceptados entre 70 y 80 millas náuticas de la costa, mucho más allá del mar territorial de Gaza.

Sin duda, esto se hizo por razones operativas. Cuanto más se acercaba la flotilla a la costa de Gaza, más difícil sería para las Fuerzas de Defensa de Israel interceptar con éxito cada barco, lo que aumentaba la posibilidad de que al menos uno de ellos llegara a tierra.

Decenas de activistas a bordo de los barcos han sido detenidos, según se ha informado y serán puestos bajo custodia en el puerto israelí de Ashdod. Es probable que luego sean deportados rápidamente.

Los activistas también gozan de protección en virtud del derecho internacional de los derechos humanos, incluido el acceso a diplomáticos extranjeros que ejercen la protección consular de sus ciudadanos.

The Conversation

Donald Rothwell no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué la interceptación de la flotilla de ayuda a Gaza es una clara violación del derecho internacional – https://theconversation.com/por-que-la-interceptacion-de-la-flotilla-de-ayuda-a-gaza-es-una-clara-violacion-del-derecho-internacional-266667

¿Puede Jonathan Anderson traer de vuelta la ilusión por la moda en Dior?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Un momento del desfile de Dior mujer de primavera-verano 2026. Dior/Facebook

La moda parecía haber perdido su capacidad de sorprender. Demasiados desfiles convertidos en clones de sí mismos, demasiadas colecciones construidas a base de nostalgia reciclada, demasiados logotipos sustituyendo a las ideas. El sistema, atrapado entre la inmediatez de las redes sociales y la presión de los balances trimestrales, parecía condenado a repetir fórmulas hasta el agotamiento. Esa fatiga creativa no es un secreto: la perciben los críticos, la sienten los consumidores y la arrastran incluso las grandes maisons (casas de moda).

Y, sin embargo, en París ocurrió algo distinto. El diseñador Jonathan Anderson debutó esta semana al frente de Dior mujer presentando la colección de primavera-verano. Y podemos decir que el suyo no fue un desfile más: fue una demostración de que la moda aún puede ilusionar. ¿Por qué? Porque frente a la repetición habitual, Anderson propuso un diálogo vivo con el archivo de Dior, ofreciendo nuevas lecturas de símbolos históricos de la casa y una puesta en escena que convertía la pasarela en un relato cultural.

El archivo como motor creativo

Una mujer desfilando con un vestido negro.
Uno de los modelos de la nueva colección de Dior mujer para la primavera-verano 2026.
Dior/Facebook

La clave de su éxito reside en una habilidad poco frecuente: la de transformar el archivo histórico en una plataforma para el futuro. Dior es una maison cargada de símbolos –la chaqueta Bar, el vestido Junon, las siluetas del New Look– y cualquier intento de revisitarla corre el riesgo de quedarse en homenaje vacío o, peor aún, en repetición nostálgica. Anderson evita esa trampa. No copia ni reverencia: distorsiona, desarma, multiplica.

Así, la clásica chaqueta Bar apareció recortada y sobredimensionada en proporciones inesperadas; las faldas de aire New Look se mostraron con cortes irregulares y tejidos técnicos, desmontando la idea de feminidad cerrada y rígida; e incluso la invitación al desfile reforzaba esta idea de archivo vivo: un plato de cerámica reeditado de los archivos de Dior, acompañado por tres huevos, que convertía un objeto doméstico en pieza de lujo y en clave de lectura de la colección. Un gesto irónico y a la vez simbólico, que recordaba cómo lo cotidiano puede convertirse en emblema cultural cuando pasa por el filtro de la moda.

Una mujer con un traje chaqueta con minifalda.
Uno de los trajes de la nueva colección de Dior.
Dior/Facebook

En términos sociológicos, el filósofo francés Roland Barthes definió la moda como un lenguaje en constante resignificación. Anderson entiende esa lógica: un mismo signo puede transformarse en otro al ser leído en un nuevo contexto. El archivo no es museo, es laboratorio. Y esa alquimia entre pasado y presente es lo que permite que Dior vuelva a ilusionar.

Su llegada a la maison no ha sido casualidad. Al frente de Loewe, donde estuvo 11 años, demostró una capacidad extraordinaria para redefinir el lujo contemporáneo, conectando la artesanía española con códigos globales y con un imaginario cercano a las nuevas generaciones. En su propia firma, JW Anderson, lleva años explorando volúmenes distorsionados, géneros fluidos y referencias visuales híbridas.

Ahora, en Dior, no se disfraza de guardián del archivo, sino que conversa con él desde su propia voz. Y esa voz es inconfundible: audaz, juguetona, intelectual sin perder lo popular, teatral sin perder lo funcional. Como ya demostraron Yves Saint Laurent en los sesenta, Karl Lagerfeld en Chanel o John Galliano en los noventa, enfrentarse a un archivo tan cargado significa medirse con la sombra de la historia. Anderson ha aceptado ese desafío y, como subraya Vogue, lo ha resuelto con un sello propio, reconocible y contemporáneo.

Moda como dramaturgia

Pero Anderson no solo diseña ropa: diseña escenas. Su debut en París incluyó una película que mezclaba imágenes de archivo de Dior con atmósferas inquietantes y una pasarela convertida en escenario simbólico. La pirámide invertida que dominaba el espacio podía leerse como metáfora del archivo visto del revés, invitando a releer la historia desde un ángulo distinto; la película, entre onírica y perturbadora, yuxtaponía memoria y futuro. Cada detalle hablaba de la moda no solo como presentación de prendas, sino como relato cultural expandido.

Puesta en escena del desfile Dior primavera-verano 2026.
Puesta en escena del desfile Dior primavera-verano 2026.
Dior/YouTube

El filósofo alemán Georg Simmel ya señalaba que la moda es, ante todo, un fenómeno social de diferenciación y pertenencia. En tiempos digitales, esa pertenencia no pasa solo por vestir Dior, sino por compartir el “relato Dior”: una narrativa que asocia la marca con su legado, feminidad, elegancia parisina y poder cultural.

Vestir Dior significa entrar en una comunidad simbólica, pero también participar de un ecosistema digital donde todo se multiplica. Anderson entiende esa dimensión contemporánea de la moda como dramaturgia expandida: cada desfile es también contenido cultural; cada look, imágenes y hashtags para Instagram o TikTok y titulares globales en los medios de comunicación.

Lo más seductor de su propuesta es que se mueve en la tensión: entre lo masculino y lo femenino, lo estructural y lo etéreo, lo histórico y lo pop. No resuelve esas dicotomías, las pone en juego. Y esa ambigüedad es profundamente contemporánea. Como apuntaba el sociólogo Zygmunt Bauman al hablar de la modernidad líquida, vivimos en un tiempo donde las fronteras son difusas, donde la solidez se disuelve en fluidez. Anderson traduce esa condición en siluetas y tejidos que dialogan con la inestabilidad del presente.

Cuatro modelos desfilan con diferentes vestidos en la pasarela.
Imagen del último desfile de Dior mujer.
Dior/Facebook

Por supuesto, no todos ven en él a un mesías de la moda. Reuters destaca que la transformación de la icónica chaqueta Bar con un encaje más holgado y volúmenes en la espalda es un “salto creativo” para Dior. AP News, por su parte, subraya que, aunque la colección generó entusiasmo, la ausencia de una silueta dominante deja la sensación de que falta una idea central que cohesione el conjunto. Desde Vogue Hong Kong se insiste en que Anderson ha conseguido combinar elementos históricos –la silueta princesa, los volúmenes arquitectónicos, las texturas características de Dior– con propuestas radicalmente contemporáneas.

Más allá de estas reservas, lo cierto es que Anderson ha logrado devolver a la pasarela el riesgo y la experimentación, en un sistema que a menudo tiende a repetirse. Y en ese equilibrio entre aplauso y crítica reside precisamente la fuerza de su propuesta: la moda vuelve a debatirse, a provocar conversación, a ilusionar.

El poder de ilusionar

En un momento de fatiga creativa, de consumidores desencantados y de tendencias que se agotan casi antes de empezar, Anderson representa una rareza: un diseñador capaz de emocionar. El filósofo francés Gilles Lipovetsky ha descrito la moda como el motor de la ilusión de novedad en la sociedad contemporánea. Durante años, esa promesa pareció desinflarse en un mercado saturado. Con Anderson en Dior, esa ilusión renace.

Su trabajo es, al mismo tiempo, un homenaje a la historia de la maison y una apuesta por un futuro aún posible para la moda: un futuro en el que el archivo no es peso muerto, sino semilla viva; en el que la pasarela no es solo comercio, sino cultura; en el que un diseñador puede devolvernos la sensación de estar viendo algo realmente nuevo.

En tiempos de fatiga, Anderson parece haber dejado patente que la moda todavía puede enamorar. Ese gesto no es solo un triunfo creativo: es un acto de fe en lo que el sector puede llegar a ser.

The Conversation

Sandra Bravo Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Puede Jonathan Anderson traer de vuelta la ilusión por la moda en Dior? – https://theconversation.com/puede-jonathan-anderson-traer-de-vuelta-la-ilusion-por-la-moda-en-dior-266620

Vuelve Jon Fosse y, con él, la literatura de lo rural

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Nila Martínez Díaz, Profesor Acreditado Contratado Doctor Filología Hispánica, Universidad Villanueva

Jon Fosse en la Feria del Libro de Frankfurt en 2019. Markus Wissmann/Shutterstock

El 9 de octubre se publica en español Vaim, la última novela del noruego Jon Fosse y primera que escribe desde que le otorgaron el Premio Nobel de Literatura en 2023. Su publicación sitúa en primer plano las “literaturas de la ruralidad”, historias en las que los entornos rurales reflejan las tensiones y preguntas de la existencia contemporánea.

Desde el poeta romano Horacio hasta Fosse, pasando por Henry David Thoreau, William Wordsworth o el también noruego Knut Hamsun, la literatura ha hecho del mundo rural un espejo desde el que repensar la vida humana.

Muchos escritores reavivan hoy esta rica tradición literaria para afrontar un desafío esencial: ¿es momento de regresar a la tierra?

Lejos, muy lejos del mundanal ruido

Portada de la edición en español de Vaim, de Jon Fosse.

Penguin Libros

En Vaim se despliega la historia de Jatgeir, un hombre solitario instalado en la aldea pesquera cuyo nombre da título al libro. Un viaje a Bergen lo enfrentará al pasado: allí se reencuentra con Eline, ese amor de juventud que nunca se extinguió. Recién separada de Frank, ella le propondrá regresar juntos a Vaim.

Desde ese instante, la narración se adentra en la frágil arquitectura de un triángulo amoroso. La cotidianidad y la fuerza del paisaje pesquero noruego se convierten en catalizadores de las pasiones y dilemas que atraviesan toda existencia humana.

No obstante, la predilección de Fosse por el ámbito rural no constituye una sorpresa. Tanto en Vaim como en sus obras anteriores la vida de los personajes se enraíza en aldeas diminutas, granjas solitarias o apartados pueblos pesqueros, donde el paisaje marca el pulso narrativo de la historia.

Una narrativa que brota de la tierra

Fosse insiste en volver la mirada hacia esos territorios remotos que condensan intimidad, memoria y vulnerabilidad. Surge entonces la pregunta inevitable: ¿de dónde nace esta atracción por narrar historias ancladas en parajes rurales?

Quizá la clave resida en la centralidad del espacio en la obra de Fosse. Más que escenario, el paisaje se convierte en protagonista silencioso, cargado de símbolos y resonancias. En Trilogía, Asle y Alida vagan por aldeas pesqueras que reflejan su desamparo; en Vaim, el pueblo concentra tanto la melancolía del amor perdido como la certeza de que toda vida oscila entre permanencia y exilio.

El espacio deja así de ser territorio para transformarse en experiencia interior: un mapa íntimo, tejido de memoria y fragilidad, donde –como recordó el jurado de la Academia sueca– se alcanza a “dar voz a lo indescriptible”.

Los recuerdos de infancia del escritor ocupan un lugar decisivo en su obra. Fosse ha contado que pasó parte de su niñez junto al fiordo Hardanger, un entorno cuya cadencia natural dejaría una huella imborrable en su sensibilidad.

“Ese sonido, ese ritmo de la naturaleza lo encarno de alguna manera en todo lo que escribo. La música de mi prosa y mis poemas está conectada con ese paisaje”, confesaba en una entrevista.

Imagen de un fiordo con nubes que se meten casi en el agua.
El fiordo de Hardanger a primera hora de la mañana.
Holger Uwe Schmitt/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Una mirada planetaria para un escritor de pueblo

Al igual que el irlandés Samuel Beckett o el estadounidense William Faulkner, la mirada de Fosse conjuga lo local y lo universal en los elementos del paisaje de su Noruega natal. Objetos cotidianos –una barca, un haz de leña– se cargan de significado y revelan una dimensión trascendente que recorre toda su obra.

Como él mismo señala en Mañana y tarde, “las cosas más simples son las que llevan más peso”, una declaración que funciona casi como poética de su obra: lo cotidiano nunca se agota en su materialidad, sino que se convierte en símbolo y reflejo de lo primordial.

“Para ser universal habla de tu pueblo”, dice el viejo adagio, y acaso en esa premisa resida la fuerza de la literatura de Fosse, capaz de encontrar resonancia en lectores de cualquier latitud.

Escribe desde su Noruega natal y, sin embargo, lo que emerge de sus páginas nos concierne a todos. En su literatura lo íntimo acaba revelándose como verdad compartida y perdurable.

El retorno a la tierra

Mucho ha llovido desde el clásico beatus ille –con su invitación a la vida retirada en la naturaleza– hasta los los villorrios destartalados del viejo Sur que Faulkner transformó en literatura. Sin embargo, la fascinación por la cabaña de Walden en la que se instalaba Thoreau, la primavera de Wordsworth o la “vida retirada” de fray Luis de León continúa intacta.

Más allá de modas pasajeras o ideales estéticos, la literatura ha demostrado que la naturaleza abre al hombre dimensiones insospechadas de su existencia. La obra de Fosse se suma a este movimiento contemporáneo que devuelve a la tierra su fuerza simbólica dentro del relato.

Retrato en blanco y negro de un hombre de barba y pelo blanco.
Retrato de Jon Fosse en 2020.
Tom A. Kolstad/Det norske samlaget., CC BY-SA

Este giro literario se enmarca en lo que algunos críticos han llamado “neorruralismo”, la corriente de la narrativa contemporánea que mira hacia lo rural como metáfora donde se libran luchas éticas, se despliega la introspección o se buscan formas de resistencia.

En el ámbito español, voces como las de José Jiménez Lozano y Jesús Carrasco ilustran bien esta renovada sensibilidad hacia la vida en contacto con la tierra.

Más allá de nuestras fronteras, otros escritores también han vuelto su mirada hacia los entornos rurales como fuente de de inspiración y reflexión sobre la vida humana.

En las páginas de Peter Handke, en la memoria de Annie Ernaux o en las crónicas de Karl Ove Knausgård, la naturaleza y las aldeas perdidas son fuerzas que modelan la vida de los personajes, obligándoles a confrontar sus destinos.

Todos ellos toman ahora el testigo y se lanzan a reflejar una necesidad constante. Regresar a la tierra, sí, pero sin nostalgia. Volver para reflexionar y afrontar con sosiego las tensiones que desgarran nuestro presente.

El mundo rural se presenta como espacio privilegiado donde reencontrarse con lo esencial y aprender a diferenciar lo importante de lo superfluo.

Mares o fiordos, picos o valles, poco importa el enclave. Se han convertido en coordenadas esenciales desde las que buscar, explorar y redefinir nuestro propio lugar en el mundo.

The Conversation

Alicia Nila Martínez Díaz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Vuelve Jon Fosse y, con él, la literatura de lo rural – https://theconversation.com/vuelve-jon-fosse-y-con-el-la-literatura-de-lo-rural-264603

Jane Goodall cambió el paradigma de la evolución humana y el lugar que ocupamos en la naturaleza

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paul Palmqvist Barrena, Catedrático de Paleontología, Universidad de Málaga

Jane Goodall (1934-2025). vitrolphoto/Shutterstock

Parque Nacional de Gombe Stream, Tanzania, finales de noviembre del año 1960. Jane Goodall, una londinense de 26 años, amante de los animales, lleva desde julio viviendo en una choza rodeada por la densa vegetacion selvática, acompañada tan solo por su madre y un cocinero. Durante los meses transcurridos, ha documentado cómo se desplazan los chimpancés, de qué se alimentan y cómo fabrican los nidos de hojarasca donde pasan la noche. Pero estos simios son solo sombras fugaces y esquivas que se mueven entre la densa vegetación, evitando el contacto con ella.

La financiación se acaba y teme defraudar a Louis S.B. Leakey, el gran paleoantropólogo a quien había conocido tres años antes y que confió en ella para encomendarle tamaño trabajo pionero de campo, pese a carecer de formación académica.

Es precisamente en este momento de dudas cuando, por sorpresa, un chimpancé macho a quien bautizará como David Greybeard (“barba gris”) se acerca confiado a ella, sin mostrar una actitud agresiva, sentándose junto a un montículo que alberga un nido de termitas. Toma una ramita, la manipula y la rompe hasta dar con las dimensiones adecuadas, introduciéndola repetidamente en el nido para sacar a las termitas, que se aprestan a defenderlo, y se las come con delectación. Al ser informado por Jane sobre el hallazgo, Leakey respondió entusiasmado con un telegrama que ha pasado a los anales de la evolución humana:

“Ahora debemos redefinir el concepto de herramienta, redefinir el concepto de humano o aceptar también a los chimpancés como seres humanos”.

Cambio de paradigma

Una abrumadora mayoría de las personas pasan por este mundo sin dejar una huella duradera. Muy pocas hacen aportaciones significativas al acervo general de conocimiento de la humanidad, y aún menos aportan una visión que se traduce en un cambio de paradigma. Jane Goodall, quien falleció por causas naturales el pasado 1 de octubre a los 91 años de edad, fue sin duda una de estas personas singulares.

Su legado es inmenso, no solo en los campos científicos de la etología (el análisis del comportamiento animal) y la primatología (el estudio de los primates, el orden de mamíferos al que pertenecemos los seres humanos y nuestros parientes vivos más próximos, los chimpancés), sino también en la concienciación social sobre la necesidad de conservar la biodiversidad y los espacios naturales que la albergan.

Hay múltiples razones para poner en valor el legado excepcional de Jane Goodall, pues antes de que se desplazase a Gombe sabíamos muy poco sobre la conducta de los chimpancés en su medio natural. Sin verse condicionada por los sesgos inherentes a una formación académica reglada, Jane adoptó una metodología heterodoxa.

Entre otras cosas, rehusó seguir la práctica habitual de numerar a los objetos de estudio, justificada por la supuesta pérdida de objetividad que implica el apego emocional al individuo estudiado. En cambio, procedió a darles nombres a los chimpancés, eligiendo los apodos en función de los rasgos observados de su carácter o los parecidos físicos que creía ver con personas conocidas.

Gracias a esta proximidad emocional, y a su inmensa paciencia, documentó aspectos inquietantemente humanos en su comportamiento, como el hecho de que cada uno de los individuos tenía una personalidad única, siendo capaz de desarrollar pensamientos racionales, experimentar emociones –como alegría y tristeza– o desarrollar alianzas complejas –y mudables en el tiempo– con otros congéneres. Algo que por aquella época no resultaba nada convencional.

En sus estudios de campo, cuyos primeros resultados relató magistralmente en su libro En la senda del hombre, publicado en 1971, Jane documentó que, pese a que los chimpancés se habían considerado como estrictamente vegetarianos, consumían carne siempre que les era posible, cazando monos colobos con regularidad. De hecho, se ha estimado que hasta un tercio de la población de estos monos en el parque es devorada cada año por los chimpancés.

En las partidas de caza, cuyo éxito depende en gran medida del número de ejemplares que colaboran para aislar al mono en la copa de un árbol, bloqueando las posibles salidas, el reparto de la carne una vez cobrada la pieza adquiere especial relevancia. Los machos la comparten preferentemente con aquellos otros de quienes depende asegurar su posición en la jerarquía, pero atienden también las solicitudes de las hembras sexualmente receptivas (esto es, pagan a cambio de tener sexo).

Los chimpancés también se enfrascan en guerras

Otro hallazgo inquietante fue que las hembras dominantes del grupo matan ocasionalmente a otras más jóvenes para mantener su posición en la jerarquía, practicando el infanticidio e incluso, a veces, el canibalismo. Pero quizás la mayor conmoción ocasionada por sus estudios fue la de que los chimpancés se enfrascan en conflictos territoriales duraderos con los grupos vecinos, a cuyos miembros matan sistemática y deliberadamente en lo que se pueden denominar con propiedad como auténticas guerras entre clanes. Así lo relató en su libro de 1989, titulado A través de una ventana: treinta años estudiando a los chimpancés.

Transmisión cultural de las madres a sus crías

En definitiva, los estudios pioneros de Jane Goodall han cambiado nuestra percepción sobre la evolución humana y el lugar que ocupamos en la naturaleza. Sus observaciones inspiraron los trabajos de nuevas generaciones de primatólogos, quienes crecieron con el estímulo de sus escritos. Por ejemplo, los relativos al aspecto no trivial de si podemos considerar que los chimpancés tienen una cultura propia, lo que siempre se consideró como algo exclusivamente humano.

Así, en dos trabajos posteriores, en los que también participó Jane, se estudió la distribución de más de seis decenas de rasgos de comportamiento en ocho poblaciones de chimpancés diferentes de África central, detectando en dos tercios de ellos variantes culturales según la aparición o no de tales rasgos en esas poblaciones. Son este tipo de diferencias las que precisamente nos permiten hablar de culturas humanas. No obstante, conviene indicar que las poblaciones estudiadas pertenecen a las tres subespecies de chimpancé, Pan troglodytes troglodytes, P. t. schweinfurthii y P. t. verus, la última de las cuales divergió evolutivamente de las otras dos hace casi 1,6 millones de años según indican los datos genéticos.

Por otra parte, en los chimpancés se produce exogamia femenina (esto es, son las hembras las que se dispersan, cambiando de grupo familiar al alcanzar la edad reproductiva). Esto significa que la diseminación de las variables culturales depende del sexo femenino, como también lo sugiere el hecho de que la transmisión cultural por aprendizaje se da preferentemente desde las madres hacia sus crías. Ello parece venir apoyado por el hecho de que es el número de chimpancés hembras el que se correlaciona con la variedad de hábitos culturales en el grupo, no el de los machos.

En definitiva, resulta difícil calibrar el legado científico y cultural de Jane Goodall sin disponer de la perspectiva temporal adecuada. Este legado se ha materializado, por el momento, en el Instituto Jane Goodall, con treinta oficinas alrededor del mundo, cuyo objetivo es proteger los hábitats de los animales salvajes, realizar investigaciones y promover la educación ambiental. Pero también en el programa mundial para jóvenes “Roots & Shoots” (raíces y brotes), que patrocina unos 10 000 proyectos de impacto local en más de sesenta países, impulsando iniciativas de reciclaje, reforestación y defensa del bienestar animal.

Aunque es mucho lo conseguido en su larga vida, las generaciones venideras, inspiradas por su memoria, tienen todavía bastante por hacer.

The Conversation

Paul Palmqvist Barrena no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Jane Goodall cambió el paradigma de la evolución humana y el lugar que ocupamos en la naturaleza – https://theconversation.com/jane-goodall-cambio-el-paradigma-de-la-evolucion-humana-y-el-lugar-que-ocupamos-en-la-naturaleza-266606

¿Se le puede llamar a una hamburguesa sin carne ‘hamburguesa’? El debate legal sobre los productos vegetales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina Blanco Llamero, Profesora en el Grado de Nutrición Humana y Dietética y Doctora en Ciencias de la Alimentación, Universidad Francisco de Vitoria

Sundry Photography/Shutterstock

En los últimos años hemos visto cómo los supermercados se van llenando de productos elaborados solo con materias primas de origen vegetal, también conocidos como plant-based: “filetes” de soja, “salchichas” veganas, “hamburguesas” vegetales…

No obstante, en el etiquetado de este último producto podemos ver variaciones terminológicas como veg burger, veg-hamburguesa, burger vegetal, o incluso nombres más discretos que evitan por completo la denominación tradicional. ¿Casualidad? ¿Estrategia de marketing? ¿Reflejo de la situación legal?

Lo cierto es que muchas definiciones, regulaciones y normativas se quedan por detrás de la realidad del consumidor, del mercado y de la innovación alimentaria, lo que alimenta la polémica. Veamos cuál es la situación actual.

Hamburguesa vegetal.
Pexels

Legislación y lagunas

En Europa, es la UE quien se encarga de legislar en materia de alimentación, pero si hay vacío legal, cada país puede establecer sus normas (siempre y cuando no contradigan otra regulación europea). Este es el motivo por el que a veces encontramos discrepancias entre países en ciertas materias mientras que en otras existe uniformidad. Todo depende de lo que marque o no Europa.

Si indagamos un poco en la nomenclatura de los productos elaborados con plantas, encontramos el Reglamento (UE) nº 1169/2011 sobre la información alimentaria al consumidor. Aquí se establece que la denominación de un alimento debe ser clara, no inducir a engaño, y reflejar su naturaleza.

A esta normativa se agarran quienes defienden no llamar a las cosas por el nombre de otras, ya que podemos llevarnos un disgusto cuando descubrimos al preparar la barbacoa del sábado que hemos comprado “hamburguesas” de berenjena sin querer.

Ante la ausencia de normas europeas más concretas, ahora examinaremos la legislación española, que incluye definiciones oficiales de lo que constituye una “hamburguesa”, una “salchicha”, un “embutido”, etc. Por ejemplo, solo se puede llamar hamburguesa a un producto en el que participe carne, en ciertas proporciones y condiciones de elaboración, sin añadir ingredientes que desvirtúen esa categoría legal. Por eso, nos encontramos las etiquetas que nos encontramos en el supermercado.

Pero entonces, ¿existe en España otro término legal llamado “hamburguesa vegetal”? ¿O al menos uno que nos diga cómo llamar a estos productos al igual que ocurre con los animales? La respuesta es no.

Por contra, el uso de términos de la industria láctea (“leche”, “queso”, etc.) sí está regulado desde hace años: la normativa y la jusrisprudencia de la UE han dejado claro que los productos vegetales no pueden usar los términos reservados para productos hechos con leche animal, y obliga a usar el término “bebida vegetal” en vez de “leche vegetal”. Esa regulación es bastante antigua y está establecida sin suscitar demasiada polémica.

Sin embargo, el creciente auge de productos vegetales exige ponernos al día e introducir nuevos términos.

¿Le apetece un ‘disco vegetal’ a la parrilla?

En el caso de los análogos de los productos cárnicos, algunos países sí han legislado. Así, Francia fue pionera en prohibir tajantemente el uso de términos como “hamburguesa” o “salchicha” para productos vegetales, aun cuando estos iban acompañados de la aclaración “vegano” o “vegetal”. El objetivo declarado era “proteger al consumidor” frente a la supuesta confusión que podría generar encontrarse un “steak végétal” en la estantería.

El resultado fue, cuando menos, surrealista: el legislador francés llegó a proponer que se sustituyera el término “hamburguesa vegetal” por el mucho menos apetecible “disco vegetal”. Difícil imaginar a alguien invitando a sus amigos con la promesa de preparar unos “discos vegetales a la parrilla”. Quien acuñó ese término, probablemente, no era consumidor habitual de este tipo de productos.

La Unión Europea zanja el debate… ¿o no?

Durante años, la Unión Europea permaneció en silencio. Eso provocó un mosaico normativo en el que un mismo producto podía llamarse “burger vegana” en Alemania, pero estaba prohibido bajo amenaza de multa en Francia.

Ese vacío legal, lejos de proteger al consumidor, creaba más confusión: un ciudadano que viajaba dentro del propio mercado común podía encontrarse con etiquetas distintas para el mismo producto. Y si algo debería garantizar la Unión Europea es precisamente la coherencia del mercado único.




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Alternativas vegetales a los alimentos de origen animal: ¿de verdad son más saludables?


Tras años de presión por parte de asociaciones de consumidores, productores y defensores de la alimentación sostenible, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) puso fin a la controversia en octubre de 2024.

En su sentencia, declaró que los Estados no pueden prohibir de forma general el uso de denominaciones como “hamburguesa” o “salchicha” en productos vegetales sin ser considerados publicidad engañosa, un fallo que permite a estos productos utilizar términos asociados tradicionalmente a la carne y les protege de restricciones nacionales, siempre que quede claro en el etiquetado que no contienen carne. Es decir, el consumidor tiene derecho a comprar una “hamburguesa vegetal” sin que la etiqueta deba disfrazarla de “disco vegetal”.

Esto está muy bien, pero aún tenemos el citado Reglamento (UE) nº 1169/2011 sobre la información alimentaria al consumidor establece que la denominación de un alimento debe ser clara, no inducir a engaño. Y esto deja espacio, en muchos casos, a la subjetividad de cada uno.

En cualquier caso, la resolución supuso un golpe duro para Francia, que tuvo que derogar su normativa nacional, pero fue celebrada por la industria plant-based en toda Europa. Después de años de incertidumbre, por fin se reconocía algo obvio: la palabra “hamburguesa” ya no pertenece en exclusiva a la carne, sino al formato culinario y a la cultura alimentaria compartida. El lenguaje evoluciona con la sociedad, y pretender lo contrario es quedarse anclado en un pasado que ya no responde a las necesidades del presente.

En definitiva, la demanda de productos vegetales no es algo marginal: va en aumento. El consumidor está cambiando sus hábitos, motivado por la salud, la sostenibilidad o la ética. No adaptar la ley es ignorar una realidad de mercado. De hecho, las leyes antiguas o las definiciones técnicas rígidas funcionan peor en tiempos de innovación alimentaria como la que vivimos. Productos que antes no existían (proteína vegetal procesada, fermentada, cultivada…) desafían las clasificaciones antiguas de “carne”, “preparado de carne”, etcétera.

The Conversation

Cristina Blanco Llamero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Se le puede llamar a una hamburguesa sin carne ‘hamburguesa’? El debate legal sobre los productos vegetales – https://theconversation.com/se-le-puede-llamar-a-una-hamburguesa-sin-carne-hamburguesa-el-debate-legal-sobre-los-productos-vegetales-264799