La obsesión por el rendimiento puede quitarnos el placer de practicar deporte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gonzalo Martín Pérez Arana, Profesor Titular de Anatomía y Embriología Humanas, Universidad de Cádiz

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En las últimas décadas, la frontera entre la actividad física y la lógica de mercado se ha vuelto casi invisible. Lo que antes era una expansión natural del cuerpo, un espacio de recreo, ha sido colonizado por la lógica productiva. Hoy no “hacemos deporte”, sino que más bien “producimos bienestar”. El ejercicio físico se ha transformado en una extensión de la jornada laboral, afectando a la salud física y mental de niños y adultos, y desconectándonos de la esencia misma del movimiento humano: el placer.

La infancia bajo el cronómetro: el fin del juego libre

Un impacto preocupante de esto se observa en la infancia. Tradicionalmente, el juego era un espacio autogestionado, sin más reglas que las que los propios niños establecían y sin más fin que el disfrute. Sin embargo, la obsesión actual por el rendimiento competitivo precoz ha profesionalizado el patio de recreo.

Cada vez más temprano, los niños son inscritos en disciplinas con entrenamientos estructurados y metas rígidas. Esta exigencia no es gratuita. Desde el punto de vista fisiológico, la especialización temprana y el entrenamiento de alta intensidad provocan una epidemia de daños musculoesqueléticos antes exclusivos de atletas olímpicos: fracturas por estrés, tendinitis crónicas y daños en las placas de crecimiento, desoyendo los consejos de sociedades como la American Medical Society for Sports Medicine que recomiendan como norma no entrenar más horas semanales que la edad del niño en años.

Pero el daño más profundo es el simbólico. Al sustituir el juego libre por la competencia reglada, el niño deja de explorar su cuerpo de forma creativa. El movimiento se vuelve una respuesta a una orden externa, no un impulso interno. Cuando el deporte se convierte en “trabajo” antes de los diez años, el riesgo de abandono deportivo –el burnout infantil– es altísimo.

Al llegar a la adolescencia, muchos jóvenes asocian el ejercicio con la presión y el fracaso, alejándose para siempre de una vida activa.




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El adulto y el fitness como “segundo empleo”

En la edad adulta, la distorsión toma otra forma: la cuantificación. Vivimos en la era del self-tracking, la práctica de registrar y analizar datos personales de manera sistemática a través de la tecnología. Relojes inteligentes, aplicaciones de rendimiento y redes sociales han convertido el trote matutino o la sesión de gimnasio en un conjunto de datos que deben ser optimizados. El ejercicio ha pasado de ser un alivio del estrés a ser una de sus fuentes.

Cuando el valor de una actividad física depende exclusivamente de las calorías quemadas, los kilómetros recorridos o la comparación con los estándares de una comunidad digital, el cuerpo deja de ser un sujeto para convertirse en un objeto de gestión. Esta “obligación medible” genera una relación neurótica con la salud. Si el reloj no registra la actividad, parece que esta no ha ocurrido. Si no se superan las marcas del día anterior, el sentimiento es de ineficacia.

Esta presión no solo agota la mente: destruye el cuerpo. La lesión por sobreuso en aficionados es el resultado directo de ignorar las señales propioceptivas del organismo en favor de las métricas.

El adulto moderno, agotado por su jornada laboral, se impone un entrenamiento extenuante bajo la premisa del “no pain, no gain” (sin dolor no hay ganancia), ignorando que el cortisol generado por el estrés competitivo se suma al estrés profesional, lo que desemboca en fatiga crónica y desmotivación.

La desnaturalización del placer

La consecuencia final de todo lo anterior es la pérdida del placer natural. El cuerpo está diseñado para moverse; la dopamina y las endorfinas son los premios evolutivos por el movimiento. Sin embargo, cuando ese movimiento está mediado por la presión del resultado, la gratificación se desplaza del proceso al dato final. Ya no se disfruta el correr, se disfruta el haber terminado y haber cumplido la meta.

Esta desconexión nos vuelve analfabetos corporales. Dejamos de saber cuándo nuestro cuerpo necesita descanso, cuándo necesita un estiramiento suave o cuándo pide un esfuerzo explosivo, porque la planificación externa manda sobre la sensación interna. El ejercicio se despoja de su aura de libertad y se vuelve una tarea pendiente en una lista de deberes.




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Por la recuperación del movimiento lúdico

Para restablecer nuestra salud y equilibrio, es necesario desmantelar la idea del deporte como producción. Volver al movimiento lúdico significa redescubrir la actividad física como fin en sí mismo. No abandonar el esfuerzo, sino de cambiar el motor que lo impulsa.

En la infancia debemos reivindicar el juego, devolviendo a los niños ese tiempo no estructurado, con menos ligas competitivas y más árboles a los que trepar. El juego libre es la base del desarrollo cognitivo y emocional: el espacio donde se aprende a negociar, a imaginar y a amar el movimiento por lo que se siente, no por la medalla que se gana.

En los adultos, el primer paso hacia la salud es, paradójicamente, dejar el reloj en casa de vez en cuando. Escuchar el ritmo de la respiración sin compararlo con un gráfico de frecuencia cardíaca. Permitirse entrenar a una intensidad baja solo por el placer de sentir el aire o la fuerza de los músculos, sin la presión de la “quema calórica” y centrándonos en el propio movimiento lúdico como una invitación a la exploración. Probar una disciplina nueva no para ser el mejor, sino por la curiosidad de aprender un patrón motor diferente. Bailar, nadar sin contar largos, caminar por el monte sin mirar el GPS.

En definitiva, el ejercicio no debería ser un castigo por lo que comimos, ni una competencia contra nosotros mismos para demostrar productividad. Es, fundamentalmente, la celebración de estar vivos y capaces de interactuar con el mundo. Si logramos separar el movimiento de la lógica del beneficio y el rendimiento, no solo reduciremos las lesiones y el agotamiento, sino que recuperaremos un pilar esencial del bienestar humano: la alegría de moverse por el simple y maravilloso hecho de hacerlo. Solo así el ejercicio dejará de ser una carga para volver a ser una medicina no sólo para el cuerpo, sino para el alma.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La obsesión por el rendimiento puede quitarnos el placer de practicar deporte – https://theconversation.com/la-obsesion-por-el-rendimiento-puede-quitarnos-el-placer-de-practicar-deporte-279707

La crisis del queroseno amenaza al verano europeo: por qué España está mejor preparada

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

Repostaje de queroseno. Jaromir Chalabala/Shutterstock

A principios de este año, el verano de 2026 prometía batir todos los registros históricos de visitantes para España. La patronal de líneas aéreas, ALA, tiene programados unos 260 millones de asientos, un 5,7 % más que en 2025, y Aena preveía, antes del inicio de la guerra en Oriente Medio, un incremento del 1,3 % de pasajeros hasta los 326 millones.

Pero el cierre efectivo del estrecho de Ormuz desde el pasado 28 de febrero ha desencadenado lo que la Agencia Internacional de la Energía ha calificado como “la mayor disrupción de suministro petrolero de la historia”.

No obstante, mientras Lufthansa cancela 20 000 vuelos y Bruselas busca activar un plan de emergencia, las aerolíneas españolas parecieran mantener su programación. La explicación no está en los contratos de suministro ni en las reservas estratégicas: está, en parte, en una carambola industrial decidida hace tres lustros y en una logística doméstica diseñada hace décadas.

La anomalía española: una inversión de hace quince años

España consumió 7,74 millones de toneladas de queroseno en 2025, según la Corporación de Reservas Estrategicas de Productos Petrolíferos (CORES), un récord histórico. El 78 % de ese combustible se produce en refinerías españolas lo suficientemente avanzadas para poder incrementar el rendimiento del crudo cuando las señales de precio lo justifican.

Infraestructuras petrolíferas (refinerías y oleoductos) en España (2015).
Fuente: Instituto Geográfico Nacional, CC BY

Esa flexibilidad operativa es resultado, en parte, de dos inversiones industriales ejecutadas hace tres lustros, cuando España importaba 13 millones de toneladas anuales de diésel y queroseno. En 2010 Cepsa (hoy Moeve), amplió y mejoró su planta de La Rábida (Huelva) y en 2011 Repsol hizo lo propio en su planta de Cartagena.

El objetivo de esos proyectos era el mismo: ajustar el binomio oferta-demanda de destilados medios –diésel y queroseno– del mercado español. La paradoja es que aquellas decisiones se tomaron pensando en asegurar el suministro de diésel y no en una crisis de queroseno por el cierre de Ormuz quince años después.

La carambola molecular

Para entender por qué España resiste hay que mirar dentro de una refinería. El petróleo se separa en una torre de destilación atmosférica por temperaturas: el queroseno (base del Jet A-1, el combustible estándar para los aviones de turbinas), más ligero, y el gasóleo, más pesado, son dos fracciones de destilados medios vecinos de piso. Y aquí está la clave: los límites entre ambos no son inamovibles.

Los técnicos de refinería pueden mover los puntos de corte para estirar la fracción de queroseno, robando moléculas que normalmente irían al depósito de un camión. Aunque existen restricciones físicas: un queroseno con demasiadas moléculas pesadas podría cristalizar a 10 000 metros, donde la temperatura cae por debajo de los -40ºC, y la seguridad aérea es el primer árbitro del juego. Pero, dentro de esos márgenes, hay flexibilidad operativa real. Siempre que se disponga de materia prima: petróleo.

No obstante, esa flexibilidad no es uniforme. En una refinería compleja se pueden romper las moléculas pesadas para fabricar destilados medios extra a partir de fracciones que, de otro modo, serían menos valiosas. La planta de hidrógeno se convierte así en el factor limitante: sin hidrógeno suficiente para esa transformación y para los hidrotratamientos posteriores, la flexibilidad operativa se acaba.

Y hay un competidor industrial silencioso para esa misma fracción del barril: la fabricación de alquilbenceno lineal, materia prima de los detergentes biodegradables y en la que España es potencia mundial, también utiliza moléculas que de otro modo irían al queroseno. Cuando las aerolíneas pujan por el combustible, los detergentes también pujan.

Hay que destacar que para la optimización de la producción de refinerías se utilizan modelos de programación lineal que integran miles de variables: los crudos disponibles, las especificaciones de cada unidad y las señales del mercado.

Reabrir Ormuz no resolverá el problema

Antes del conflicto, el golfo Pérsico exportaba 400 000 barriles diarios de jet fuel –un 20 % del comercio mundial– y, además, suministraba el crudo que refinan los grandes exportadores asiáticos. Al cerrarse Ormuz, la doble dependencia europea se activó en simultáneo (la del crudo y la de sus derivados ya refinados): Europa importaba 470 000 barriles diarios netos de queroseno, de los que hasta 375 000 procedían del Golfo.

Y aquí hay una idea que no se ha recogido bien: aunque Ormuz se reabriera mañana, la recuperación no sería ni rápida ni completa: los daños militares a las refinerías clave han provocado una pérdida estructural de oferta global de queroseno de 200 000 barriles diarios en 2026, con un pico de 500 000 en el segundo trimestre.

El cuello de botella no es el estrecho, sino la capacidad industrial destruida.

Crisis en los cielos de Europa

Casi dos meses después del inicio de la guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán, las aerolíneas europeas viven su peor momento desde la pandemia: cancelaciones masivas, el precio del queroseno se ha duplicado y hay una advertencia del comisario europeo de Energía: el continente avanza “muy rápidamente” hacia una crisis de suministro que podría obligar a cancelar vuelos masivamente antes de que termine el verano.

En este contexto, la fotografía española desentona. Por ahora, Iberia, Vueling y Air Europa no han anunciado recortes y solo Volotea ha reducido sus vuelos (menos de un 1 %). Exolum –la empresa logística que mueve la mayor parte de los productos desde las refinerías– declara que la actividad de queroseno en marzo supera la del año pasado, mientras las petroleras españolas señalan que sus refinerías están operando al máximo.

No obstante, hay una distinción crucial que hacer: seguridad de suministro no es lo mismo que inmunidad al precio. Las aerolíneas españolas compran su combustible a precio de mercado, que hoy está un 80 % por encima de los niveles de febrero. Que la refinería sea española no abarata el billete, lo que hace es garantizar que el avión puede despegar. Escasez y precio son dos problemas distintos que exigen soluciones diferentes.

La paradoja regulatoria y el talón de Aquiles

Hay un factor regulatorio europeo que conviene conectar con la actual crisis energética. El Reglamento ReFuelEU Aviation, vigente desde enero de 2025, obliga a los operadores comerciales a repostar al menos el 90 % del combustible que necesitan en el aeropuerto europeo de salida para impedir el tankering –cargar deliberadamente más o menos combustible del necesario– como práctica de optimización de costes. Pero el mismo reglamento permite excepciones cuando hay restricciones de disponibilidad en destino.

Bruselas estudia activar entre sus Estados miembros un mecanismo de reparto de queroseno, el plan AccelerateEU. Si se pone en práctica, la capacidad productiva de España dejaría de ser un activo nacional para convertirse en un recurso compartido y la ventaja comparativa se diluiría por la vía de la solidaridad europea.

Jordi Hereu, ministro de Industria y Turismo, ha resumido en una frase el talón de Aquiles español: “Podemos llenar los aviones en Málaga, Barcelona o Madrid, pero también vivimos de que en Heathrow o Hannover puedan llenar los aviones de queroseno”. España puede garantizar el combustible en sus aeropuertos en los vuelos de vuelta, pero no que los de ida salgan de los aeropuertos de origen de sus turistas (alemanes, franceses, británicos).

Una soberanía escrita en la industria

La crisis del queroseno es un recordatorio de que tener capacidad industrial de refino e infraestructura logística doméstica son activos de seguridad nacional. No bastan los contratos de suministro ni las reservas estratégicas si el sistema depende estructuralmente de una cadena de valor que empieza y termina fuera de las fronteras.

En los últimos años, Europa ha cerrado o reconvertido sus refinerías en nombre de la eficiencia y la transición ecológica, subcontratando implícitamente el refino a Oriente Medio y Asia. El diseño fue racional para tiempos de paz y oferta abundante, pero en tiempos de incertidumbre geopolítica ha resultado ser frágil. Y España, que conservó y modernizó sus refinerías, tiene hoy uno de los sistemas más resilientes del continente.

La crisis de Ormuz es un aviso sobre en qué arena se jugará la siguiente ronda de seguridad energética. Esta vez la respuesta no está en los mercados sino en las plantas industriales y en los oleoductos.

The Conversation

Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La crisis del queroseno amenaza al verano europeo: por qué España está mejor preparada – https://theconversation.com/la-crisis-del-queroseno-amenaza-al-verano-europeo-por-que-espana-esta-mejor-preparada-281570

Buscando alcanzar la experiencia de lo sublime con el arte contemporáneo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Echarri Iribarren, Responsable del Área Educativa del Museo Universidad de Navarra, Universidad de Navarra

El arte contemporáneo puede generar vivencias muy intensas y significativas para las personas. Así le sucedió por ejemplo a la coleccionista Dominique de Menil al contemplar la obra del estadounidense Mark Rothko. Se sintió en paz, abrazada y libre. Las lágrimas acudieron a sus ojos. A tenor de su experiencia, podríamos decir que la obra de Rothko permite experimentar lo sublime, ya que en sus rectángulos de color puede recogerse toda la vastedad de un paisaje inmenso.

Los museos de arte contemporáneo pueden promover la educación estética de los visitantes. Cada obra envía constantemente diferentes mensajes al espectador y crea una conexión entre la persona y el arte que proporciona experiencias significativas. Estas conexiones pueden establecerse también para la contemplación de lo sublime, frecuentemente desarrollado en el arte, ya que suele tener fuertes repercusiones tanto cognitivas como emocionales y espirituales.

Aunque lo sublime surge en el siglo I, el concepto se atribuye, sobre todo, a los filósofos Edmund Burke e Immanuel Kant quienes, en el siglo XVIII, ahondaron en sus posibilidades filosóficas. El término hace referencia a la magnificencia de la naturaleza, a su enorme vastedad y belleza. Pero también tiene un componente de sentimiento hacia lo terrible de la pequeñez de la persona frente a la magnitud del mundo. Lo sublime es algo que puede hacer que la persona se pregunte sobre el sentido de su existencia.

¿Arte figurativo o abstracto?

Para entender cómo ocurren las conexiones entre los espectadores y el arte, realizamos un estudio sobre la relación que puede haber entre la experiencia estética y lo sublime. Lo hicimos a través de la contemplación del arte contemporáneo en oposición al figurativo. Además, decidimos analizarlo específicamente en un grupo de Personas Altamente Sensibles (PAS), algo que nunca se había hecho antes.

Las PAS pertenecen a un grupo escasamente estudiado en literatura científica. Se caracterizan por tener una alta sensibilidad hacia la estética y una fuerte capacidad para obtener profundos y trascendentes significados desde la obra de arte. Nuestro objetivo era conocer su respuesta concreta a la contemplación del arte contemporáneo.

Con este objetivo, utilizamos dos obras del Museo Universidad de Navarra, pertenecientes a dos corrientes artísticas diferentes. Para el estudio del estilo figurativo, caracterizado por poder reconocer en él los objetos representados, se escogieron paisajes montañosos en blanco y negro de Infinito artificial (2014) del artista Fernando Maselli. Para el estudio del estilo abstracto, en concreto el expresionismo abstracto de Mark Rothko, analizaron su obra Sin título (1969), donde no se detectan objetos concretos sino que solo existen campos de color. Queríamos ver si, dependiendo de cada uno de los estilos, existían diferencias en la experiencia estética obtenida.

Para la evaluación de la “experiencia estética de lo sublime” creamos una escala propia, en la que se consideraron cuatro dimensiones: percepción, emoción, cognición y espiritualidad. En cada una de ellas se incluían diferentes ítems que permitían obtener información desglosada sobre aspectos como la admiración, el sentido de la vida, la belleza, el miedo o el asombro. La conjunción de todas estas dimensiones determinaba en conjunto la experiencia obtenida.

Además se realizó una pregunta cualitativa en la que se les pedía describir con sus propias palabras cómo había sido su experiencia de contemplación de la obra de arte.

Alcanzar lo sublime

Tras la contemplación de las obras de arte, podemos decir que los resultados muestran que estos individuos pueden experimentar intensamente las obras de arte contemporáneo en relación con lo sublime, sean figurativas o abstractas.

En el análisis cualitativo se recogieron respuestas como “es maravilloso”, “me he encontrado increíblemente bien”, “el poder de contemplar un paisaje sublime me ha permitido acceder a sus misterios y empatizar con ello”. El concepto de lo sublime aparece representado a través de palabras que implican relación directa con ello, como “lo infinito”, “lo inalcanzable” o “la inmensidad”. Además, se ve reflejado con altas puntuaciones en las experiencias y en las diferentes dimensiones personales: perceptuales, cognitivas, emocionales y espirituales, tanto para el estilo figurativo como para el abstracto.

Aunque las conclusiones no permiten extrapolar los resultados a personas que no sean PAS, sí que permiten afirmar que el arte puede generar experiencias intensas y muy significativas relacionadas con el concepto de sublime. Hasta ahora, solo existían análisis teóricos sobre la experiencia de lo sublime a través del arte en un grupo concreto de personas, no empíricos. Por lo tanto, sería conveniente seguir realizando investigaciones para estudiarla con otras obras de arte y otros estilos.


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The Conversation

Fernando Echarri Iribarren trabaja para el Museo Universidad de Navarra

Natalia Verea García es delegada en Navarra de la Asociación Española de Educación Sensible (AEES). La AEES participa en el programa SociARTE del Museo Universidad de Navarra, que se desarrolla con el apoyo de Fundación La Caixa.

Teresa Barrio Fernández no recibe financiación externa relevante a título personal, pero sí la organización para la que trabaja. Concretamente el proyecto SociArte, que permite la realización de actividades como la descrita, es financiado por la Fundación la Caixa. Trabaja para el MUN (Universidad de Navarra) y es miembro individual del Consejo Internacional de Museos (ICOM), organización internacional de museos y profesionales de museos.

Ignacio Miguéliz Valcarlos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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10 claves por las que la ciencia puede perder terreno en una sociedad desinformada

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Muñoz van den Eynde, Responsable de la Unidad de Investigación en Ciencia, Tecnología y Sociedad (UICTS), Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)

Roman Samborskyi/Shutterstock

Las transformaciones que han tenido lugar desde el fin de la Guerra Fría han aumentado la polarización política en muchas partes del mundo hasta niveles nunca vistos. Las diferencias y los conflictos se alinean, generando además una intensa reacción emocional: negativa hacia el “otro”, pero positiva y acrítica hacia los “nuestros”. Se construye así una dinámica pueblo-antipueblo.

En combinación con la desinformación, la verdad también se polariza: hay una por cada ideología o clase social. Por ello, se hace difícil construir significados compartidos.

La polarización afecta a la esfera política y social, influye en la confianza en las instituciones y condiciona cómo se percibe la ciencia.

En el siglo XXI se suceden las crisis. La combinación de la polarización con el malestar que las crisis generan está produciendo a nivel mundial una tendencia a desconfiar de las personas que piensan de manera distinta, creen en otros valores, afrontan los problemas de manera diferente o tienen un estilo de vida o un nivel cultural distinto del nuestro. Eso contribuye a que se confíe más en las recomendaciones de personas cercanas que en las de los expertos.

La información se valora por su utilidad identitaria

La desinformación es un elemento central a la hora de construir los nuevos contextos en los que se inscribe la percepción social de la ciencia. No se reduce únicamente a la difusión de contenidos falsos, sino que configura un ecosistema en el que la información contrastada compite con bulos, interpretaciones interesadas y mensajes orientados a activar emociones.

La información deja de valorarse por su veracidad y pasa a consumirse en función de su utilidad identitaria y emocional. Es lo que conocemos como razonamiento motivado, entendido como la tendencia a aceptar y compartir aquella información que confirma las propias creencias, y a sospechar de la que las contradice.

Como señaló Harry Frankfurt en su libro On Bullshit: sobre la manipulación de la verdad, cuando las personas mienten, creen en la verdad y, como les importa, se esfuerzan por ocultarla. En un contexto de desinformación, la verdad deja de ser importante y se tergiversa para conseguir un objetivo o, simplemente, para controlar la narrativa.

Este es el caldo de cultivo del que se nutre el conspiracionismo. Ofrece relatos simples, cohesionadores y críticos, capaces de ordenar la incertidumbre atribuyendo causalidad a la acción oculta de élites, gobiernos o intereses privados.

La pandemia de la covid-19 intensificó de forma extraordinaria la interacción de estos elementos en su relación con el conocimiento científico. El temor social, la incertidumbre en las decisiones y el conocimiento limitado, coincidieron con una circulación masiva de bulos sobre el origen del virus, las medidas sanitarias y las vacunas. Como resultado, se dudó de la veracidad de la información y se cuestionó la legitimidad de las instituciones científicas, sanitarias y políticas.

Esta sospecha hacia la ciencia y las instituciones adquiere una expresión política e identitaria, dando lugar a lo que conocemos como populismo científico: la idea de que la gente corriente es una fuente legítima, o incluso superior, de conocimiento frente a unas elites académicas corruptas que se perciben como agentes con agenda propia que proclaman la verdad desde su torre de marfil. Esta revolución del sentido común supone una impugnación de la hegemonía cultural de los expertos en la que se cuestiona el privilegio de decidir qué cuenta como verdad.

La percepción social de la ciencia

Teniendo en cuenta este contexto, hemos preguntado a la población su opinión sobre distintos aspectos involucrados en la percepción social de la ciencia en el marco del proyecto PICA-CI y hemos analizado algunas de estas tendencias para intentar entender mejor la situación en la que nos encontramos. Estas son algunas de las conclusiones:

  1. Explicamos bien el conspiracionismo con cuatro variables: ideología (la más importante), exposición a noticias positivas sobre ciencia, exposición a noticias negativas sobre ciencia y actitud conspirativa hacia la misma. Cuanto más conservadoras las personas, más exposición a noticias negativas y más actitud conspirativa hacia la ciencia.

  2. La actitud conspirativa hacia la ciencia no es en realidad una actitud hacia la ciencia, sino un componente del conspiracionismo. Es decir, la ciencia se ha convertido en una institución más de las que desconfiar para quienes piensan de manera conspirativa.

  3. Las personas más conservadoras confían menos en el gobierno, la democracia y la justicia. Se puede interpretar este resultado como un efecto de la polarización. Habría que ver qué ocurre con un gobierno conservador.

  4. La ideología tiene un efecto doble en la imagen de la ciencia que va en sentido contrario. Influye negativamente a través del conspiracionismo. Pero influye positivamente de manera directa: las personas más conservadoras tienen una actitud más positiva ante la ciencia y mayor conocimiento de ella, aunque su actitud ante la ciencia es más idealizada y acrítica.

  5. Cuanto más se piensa de manera conspirativa, menor conocimiento se tiene sobre ciencia.

  6. Las personas muestran una imagen positiva de sí mismas, pero muestran una peor imagen de los demás; por ejemplo, están de acuerdo con la frase “la gente se irrita por cualquier cosa”. Es lo que hemos llamado clima social.

  7. Al intentar medir la actitud negativa hacia la ciencia, ha tenido más peso la idea de que está manipulada (“La ciencia está al servicio del poder”) que la actitud puramente negativa (“La ciencia no se preocupa por las necesidades de la gente”).

  8. Las personas más interesadas, y las que saben más, tienen una actitud más positiva hacia la ciencia. En cambio, el conspiracionismo disminuye esa actitud positiva.

  9. Confiar en las instituciones contribuye a tener una actitud idealizada hacia la ciencia. El conspiracionismo, sin embargo, ejerce el efecto contrario, pero influye menos en esta actitud que en la positiva. Esto sugiere que las maneras de pensar extremas se acaban tocando porque tener una imagen idealizada y poco realista de la ciencia también es negativo.

  10. Es habitual encontrar un alto interés por la ciencia en la población. Nuestros resultados coinciden pero, al mismo tiempo, muestran un menor interés por aprender o por invertir tiempo y esfuerzo en mejorar la comprensión de la ciencia.

Los resultados muestran que la realidad no es blanca y negra. Muestran también que la imagen de la ciencia es muy compleja. En este escenario, reconstruir la confianza en la ciencia exige algo más que combatir bulos: implica generar espacios compartidos, reforzar la educación crítica y reducir la polarización.

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Ana Muñoz van den Eynde recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología y es socia de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia.

Ramón Iker Soria Royuela recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología.

Unai Coto Suárez recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología

ref. 10 claves por las que la ciencia puede perder terreno en una sociedad desinformada – https://theconversation.com/10-claves-por-las-que-la-ciencia-puede-perder-terreno-en-una-sociedad-desinformada-280237

Atender trastornos de desarrollo en las aulas de infantil: enfoques que funcionan

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Valentín Iglesias Sarmiento, Profesor, Universidade de Vigo

Robert Kneschke/Shutterstock

La escuela es hoy uno de los entornos más decisivos –y más infrautilizados– para garantizar que los niños con trastornos del desarrollo o en riesgo reciban la atención que necesitan en el momento en que más importa.

Para entender por qué, hay que empezar por el principio.

Qué es la atención temprana y a quién va dirigida

La atención temprana es el conjunto de intervenciones dirigidas a la población infantil de 0 a 6 años –con trastornos en el desarrollo o en riesgo de padecerlos– con el objetivo de responder lo antes posible a sus necesidades transitorias o permanentes. Pueden ser trastornos del desarrollo motor, cognitivo, sensorial, del lenguaje, generalizado, conductual y emocional; o la monitorización de niños con factores de riesgo biológico –nacimiento prematuro, bajo peso al nacer, enfermedades crónicas– y de niños con riesgo psicosocial derivado de situaciones de vulnerabilidad familiar o socioeconómica.

Las experiencias tempranas –la calidad de los vínculos afectivos, la respuesta a las necesidades específicas de cada niño, la riqueza del entorno– contruyen el desarrollo de los más pequeños porque las conexiones que el cerebro establece en estos primeros años forman la arquitectura sobre la que se edificarán todos los aprendizajes y comportamientos posteriores. Y esa arquitectura es extraordinariamente plástica en los primeros años –especialmente entre los 0 y los 6– y más difícil de modificar con el tiempo.




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El enfoque contemporáneo de la atención temprana apuesta por trabajar en los entornos naturales del niño, integrando los apoyos en las rutinas cotidianas, con la familia como agente activo y con los profesionales de la educación como colaboradores esenciales.

En este marco, la escuela infantil deja de ser el destino al que llega el niño después de la atención temprana: debe actuar como receptora de los servicios de atención temprana y, al mismo tiempo, trabajar activamente en la detección de estas necesidades y en atenderlas.




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Un mandato legal con mucho por desarrollar

Aunque la ley de educación española y el Real Decreto 95/2022 establecen los principios de educación inclusiva y apuestan por la detección precoz y la atención temprana, los datos más recientes muestran que solo algunas comunidades han dado pasos concretos en la articulación entre servicios.

La transición del servicio de atención temprana a la escuela es uno de los momentos más angustiosos del proceso para muchas familias. En un breve periodo de tiempo, estos pequeños pueden pasar por distintos sistemas –sanitario, servicios sociales, asociaciones, atención temprana y el propio centro educativo– y, dentro de la propia escuela, por espacios como el aula ordinaria, el aula de apoyo, el comedor o el gimnasio, entre otros lugares donde se desarrollan actividades escolares y extraescolares.

Los equipos que les han acompañado desde el diagnóstico ceden el relevo a maestros que, en demasiados casos, no han recibido información suficiente sobre sus necesidades e identifican la coordinación con los servicios de atención temprana como el punto más débil de toda la práctica docente, pese a que desde 2023 existe una Hoja de Ruta para la mejora de la atención temprana en España para la coordinación interadministrativa entre los ámbitos sanitario, social y educativo.

Objetivos inalcanzables de inclusión

Los datos españoles son preocupantes. La investigación reciente muestra que solo una minoría de los docentes de educación infantil y primaria se considera realmente preparada para objetivos inclusivos. Además, alrededor de la mitad no se siente competente para dar respuesta a las necesidades educativas de su alumnado. Los propios maestros señalan que la formación universitaria recibida no les capacita para diseñar currículums inclusivos.

Ubicar a un alumno con discapacidad en un aula ordinaria sin cambiar la organización, el currículum ni las estrategias de enseñanza no garantiza su participación, solo su acceso al sistema educativo y, por tanto, no es inclusión.

Los expertos definen cinco condiciones para que la inclusión sea real: acceso progresivo y universal a la educación infantil, equipos con formación adecuada para atender la diversidad, currículum holístico que responda a todos los niños, sistemas de evaluación basados en evidencia, y liderazgo institucional comprometido. En España, la mayoría siguen siendo asignaturas pendientes.

Tres enfoques inspiradores para el aula de infantil

¿Y qué puede hacer un maestro de educación infantil –aquí y ahora– para avanzar hacia esa escuela inclusiva? La evidencia apunta a tres enfoques complementarios:

  • La enseñanza estructurada (TEACCH). Desarrollado inicialmente para niños con trastorno del espectro autista, el enfoque TEACCH –basado en la estructuración del espacio, el tiempo, los sistemas de actividad y los apoyos visuales– ha demostrado ser beneficioso para todo el alumnado. Un aula con espacios bien definidos, horarios visuales y rutinas predecibles reduce la ansiedad, facilita la anticipación y libera recursos cognitivos para el aprendizaje. No es una adaptación para unos pocos: es buena pedagogía para todos.

  • El diseño universal para el aprendizaje (DUA 3.0) ayuda a los docentes a diseñar propuestas que respondan desde el principio a la diversidad del aula, en lugar de adaptar a posteriori lo que no funciona para algunos. La última versión (3.0) refuerza sus tres principios clásicos –múltiples formas de implicación, de representación, y de acción y expresión– con nuevos énfasis: la identidad del aprendiz, el aprendizaje colectivo e interdependiente, y el reconocimiento de los sesgos sistémicos como barreras para el aprendizaje.

  • El sistema de apoyo multinivel (MTSS). El MTSS organiza la respuesta educativa en tres niveles de intensidad creciente: intervención universal para todo el alumnado, intervención dirigida para quienes muestran dificultades, e intervención intensiva e individualizada. Su fortaleza reside en que integra detección precoz, seguimiento continuo del progreso, toma de decisiones basada en evidencia y coordinación entre docentes, especialistas, familias y servicios externos.




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El currículo multinivel: todos aprenden juntos

Un cuarto elemento, complementario a los anteriores, es el currículo multinivel, sistematizado en España por Asunción González del Yerro en colaboración con Plena Inclusión.

Si el DUA es el marco que orienta cómo diseñar propuestas accesibles para todos, el currículo multinivel es la herramienta que lo concreta en una lección específica: todos los alumnos trabajan el mismo concepto al mismo tiempo, pero con distintos niveles de complejidad en la presentación, la práctica y la evaluación.

El punto de partida es el perfil de aprendizaje: una recogida sistemática de información sobre las capacidades, intereses, estilo de aprendizaje y necesidades de cada niño, que la maestra construye al inicio del curso y actualiza a lo largo del tiempo. Esto es lo que permite planificar con sentido.

Imaginemos una actividad sobre los animales del entorno. Algunos niños están comenzando a categorizar: identifican y nombran animales de su vida cotidiana con apoyo de imágenes. Otros son ya capaces de agruparlos según donde viven –tierra, agua, aire– con materiales manipulativos. Y otros, con mayor dominio del lenguaje, inventan una historia protagonizada por uno de ellos y la cuentan al grupo. Tres formas de acceder al mismo contenido; todos presentes en la misma asamblea, todos aportando y aprendiendo.

Atención temprana en la escuela

Los niños con trastornos del desarrollo o en riesgo llegan a la escuela con una historia de apoyos, de vínculos terapéuticos, de estrategias familiares construidas a lo largo de años. La escuela infantil tiene la responsabilidad –y la oportunidad– de recoger esa historia y construir sobre ella, en coordinación estrecha con las familias y con los profesionales que han acompañado al niño antes.

Eso requiere formación, recursos y liderazgo pedagógico comprometido. Pero, sobre todo, requiere un cambio de perspectiva colectivo. La atención temprana no termina cuando el niño entra al aula. En buena medida, ahí es donde empieza de verdad.

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Valentín Iglesias Sarmiento recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades en el marco del proyecto “Predictores Longitudinales del logro matemático multicomponente (LOPREMMA)”. Ref: PID2023-148052NB-I00.

Leire Pérez Pérez recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades en el marco del proyecto “Predictores Longitudinales del logro matemático multicomponente (LOPREMMA)”. Ref: PID2023-148052NB-I00.

ref. Atender trastornos de desarrollo en las aulas de infantil: enfoques que funcionan – https://theconversation.com/atender-trastornos-de-desarrollo-en-las-aulas-de-infantil-enfoques-que-funcionan-279589

¿Qué imaginamos cuando alguien dice ‘mena’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iraide Ibarretxe-Antuñano, Catedrática de Lingüística General, Universidad de Zaragoza

¿Ve esto cuando piensa en dos menores extranjeros no acompañados? oneinchpunch/Shutterstock

¿Ha visto la película Cuando ruge la marabunta? En este clásico del cine de aventuras de los años cincuenta, una plantación en la selva sudamericana se enfrenta a una masa de hormigas que avanza sin detenerse, devorándolo todo a su paso. No se trata de criaturas gigantes ni especialmente sofisticadas. Son, simplemente, millones de insectos organizados en movimiento continuo.

Ahora bien, piense en esto: ¿qué le produce más inquietud, decir “se acerca una marabunta” o “se acerca un grupo numeroso de hormigas”? En términos estrictos, ambas expresiones pueden referirse a lo mismo. Sin embargo, no provocan la misma reacción.

La diferencia no está en la realidad, sino en el lenguaje.

La palabra marabunta no describe únicamente un conjunto de insectos. Activa una imagen mental muy concreta: masa, descontrol, amenaza. No pensamos en individuos, sino en una entidad colectiva que avanza sin rostro ni matices.

Ese efecto no es casual. Desde la lingüística cognitiva sabemos que las palabras no solo nombran, sino que activan marcos interpretativos y prototipos que simplifican la realidad y orientan nuestra percepción. Este mismo mecanismo, que nos ayuda a procesar el mundo de forma rápida y eficiente, también opera cuando hablamos de grupos humanos.

Cuando una palabra deja de describir y empieza a construir

Un ejemplo claro en el contexto actual español es el término mena. En origen, se trata de un acrónimo administrativo, MENA –menor extranjero no acompañado–, utilizado en el ámbito jurídico para describir una situación específica dentro del sistema de protección de la infancia. Su función era técnica: identificar a menores en situación de desprotección que requieren tutela institucional.

Sin embargo, como ha ocurrido con otros acrónimos, su uso se ha extendido más allá de ese contexto. No solo ha cambiado su “ropaje formal” –ya no se escribe en mayúsculas ni se percibe como una secuencia de iniciales–, sino que se ha integrado plenamente en el sistema léxico del español: se pronuncia como una unidad –[ména]–, admite plural –menas–, determinantes –los menas–… Y lo más importante: su significado también ha cambiado.

Hoy, mena ya no funciona únicamente como una descripción administrativa. Funciona como una categoría social. Y, como ocurre con marabunta, esa categoría no es neutra.

De la categoría al prototipo

Cuando utilizamos la palabra mena, no solemos activar la definición jurídica completa. No pensamos necesariamente en menores, en su situación de vulnerabilidad o en la obligación del Estado de tutelarlos. En su lugar, se activa una imagen más simple y más inmediata: un prototipo.

Dos niños juegan al fútbol en una plaza, a contraluz.
Las realidades siempre son muy complejas.
bepsy/Shutterstock

Ese prototipo ha ido construyéndose en los últimos años. Interrumpa la lectura un momento y responda a esta sencilla pregunta: ¿a quién se ha imaginado cuando ha leído la palabra mena?

Ojalá me equivocara, pero seguramente la imagen corresponde a la de un chico adolescente, de origen magrebí –especialmente marroquí–, situado en entornos urbanos y frecuentemente vinculado, en el discurso mediático, a narrativas de conflicto o problematización social. ¿He adivinado? Si es así, no es casualidad. De hecho, cuando le pedí a una inteligencia artificial que generara una imagen de menas, el resultado fue muy parecido. Esta imagen no representa la diversidad real del colectivo, pero funciona como referencia dominante.

La teoría de los prototipos, desarrollada por Eleanor Rosch, explica precisamente este fenómeno: no pensamos en categorías como listas de características, sino a partir de ejemplos representativos. El problema es que, una vez fijado, ese prototipo acaba funcionando como modelo para todo el grupo, incluso para aquellos miembros que no encajan en él.

Y aquí aparece una cuestión clave: cuando una categoría activa sistemáticamente el mismo prototipo, deja de ser descriptiva y pasa a ser reductora.

De situación a identidad

Este proceso tiene un efecto especialmente importante: la reificación, el paso de una situación temporal a una característica percibida como estable. Ser “menor extranjero no acompañado” es, en origen, una situación circunstancial. Es algo contingente, que depende de la edad, el momento migratorio y la situación administrativa. Sin embargo, cuando el término se convierte en sustantivo –un mena– esa condición se transforma en identidad.

No es alguien que está en esa situación, sino alguien que es eso.

Este desplazamiento es crucial porque convierte la categoría en algo aparentemente estable y definitorio. Y, al hacerlo, dificulta percibirla como una condición temporal vinculada a una situación de vulnerabilidad. Desde el punto de vista lingüístico, es un ejemplo claro de cómo el lenguaje puede transformar situaciones en identidades.

La simplificación de la complejidad

El siguiente paso es la simplificación. Y aquí es donde el paralelismo con la marabunta se vuelve especialmente revelador.

Al igual que dejamos de ver hormigas individuales para ver una masa, el uso de una etiqueta como mena favorece la percepción del grupo como un colectivo homogéneo. Se produce un proceso de desindividualización: las personas dejan de tener historia, contexto y circunstancias propias, y pasan a ser miembros de una categoría abstracta.

A esto se suma la activación del prototipo. Una vez fijado, sus características se proyectan sobre todo el grupo, incluso cuando no se corresponden con la realidad. Se produce así una sobregeneralización: lo que es representativo en el discurso se interpreta como definitorio.

Este doble proceso es lo que permite hablar de deshumanización en sentido discursivo. No porque el término niegue explícitamente la condición humana, sino porque reduce la complejidad de las personas a una imagen simplificada.

¿Quién legitima estas categorías?

Estos procesos no ocurren de forma aislada. Se consolidan en el espacio público a través de su circulación en determinados ámbitos, insertos en marcos discursivos concretos. Cuando los medios repiten “mena” en titulares y noticias no solo lo popularizan, sino que contribuyen a fijar los contextos en los que aparece. Y esos contextos –seguridad, conflicto, gestión de recursos– acaban formando parte de su significado. Cuando en el discurso político se utilizan estas categorías, se activan asociaciones de forma inmediata y se estructura el debate sin necesidad de explicitar todos los matices.

Tres adolescentes caminan por una acera con las mochilas a la espalda.
No hay categorías inmutables que definan a los menas.
Jose HERNANDEZ Camera 51/Shutterstock

Entonces, ¿cuando instituciones como la Real Academia Española incluyen mena es su diccionario contribuyen también a este proceso? No, su incorporación, como ocurre con otras palabras, responde a su uso extendido.

Ahora bien, el problema no es que esté en el diccionario, sino la forma en que se define:

Acrón. de menor extranjero no acompañado.

m. y f. Esp. Inmigrante menor de edad que no cuenta con la atención de ninguna persona que se responsabilice de él. U. a veces en sent. despect.

La definición recoge su origen administrativo, pero no refleja plenamente su transformación en el uso social. Presenta su posible carácter despectivo como algo ocasional y formula la idea de que estos menores “no cuentan con ningún adulto”, obviando la obligación legal de tutela por parte del Estado. Además, el uso del término “inmigrante” y del masculino genérico contribuye a reforzar el prototipo dominante.

El diccionario no solo recopila el lenguaje, también contribuye a fijar determinadas interpretaciones. Y eso sí que es criticable, porque se legitiman determinadas formas de nombrar y, con ellas, determinadas formas de percibir.

Volver a la marabunta

La marabunta nos inquieta no por lo que es, sino por cómo la nombramos. Algo parecido ocurre cuando utilizamos ciertas etiquetas para referirnos a grupos humanos. No es solo que simplifiquen, es cómo simplifican.

En un momento en el que expresiones como “prioridad nacional” ocupan el centro del debate público, conviene recordar algo básico: las palabras no son neutrales. No solo describen el mundo; deciden qué parte de ese mundo vemos y cuál dejamos de ver.

Quizá la pregunta no sea solo qué es prioritario, sino a quién miramos cuando hablamos: si vemos una marabunta… o a cada una de las hormigas.


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Iraide Ibarretxe-Antuñano es Investigadora Principal en el proyecto “Motivación, iconicidad y arbitrariedad en el procesamiento del lenguaje multimodal (MOTIV)” (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, PID2021-123302NB-I00). Coordina el Grupo de Acción ICON del Campus Íberus, el grupo de innovación Innolingua+ y la iniciativa Lingüística para Todos. Dirige la plataforma de divulgación Zaragoza Lingüística a la Carta (Grupo Psylex, H-11-17R).

ref. ¿Qué imaginamos cuando alguien dice ‘mena’? – https://theconversation.com/que-imaginamos-cuando-alguien-dice-mena-273168

Claves para buscar el mejor lugar desde donde observar el próximo eclipse de sol

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Torcal Milla, Profesor Titular. Departamento de Física Aplicada. Centro: EINA. Instituto: I3A, Universidad de Zaragoza

No queda prácticamente nada para que podamos disfrutar del eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026, un fenómeno excepcional que ensombrecerá buena parte del noreste de España cerca del ocaso. Muchos aficionados ya están pensando desde qué lugar lo observarán.

El pasado 29 de abril actuó como un día “espejo” del eclipse, ya que el Sol se situaba aproximadamente a la misma hora en una posición muy parecida a la que ocupará durante el esperado 12 de agosto, comenzando la parcialidad en el intervalo entre las 17:30 y las 19:30 (hora peninsular) y la totalidad cerca de las 20:30, justo antes de la puesta de sol.




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El movimiento de los astros

Desde la Antigüedad, la observación del cielo ha permitido comprobar que los astros presentan movimientos periódicos, es decir, repiten posiciones y trayectorias siguiendo intervalos regulares de tiempo. Esta periodicidad se manifiesta en fenómenos tan conocidos como la sucesión del día y la noche, las fases de la Luna, las estaciones del año o la reaparición cíclica de determinados cuerpos celestes.




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La gran alineación planetaria que esperábamos ya está aquí


El estudio de estos ciclos fue esencial para el desarrollo de los calendarios, la navegación y, en definitiva, para el nacimiento de la astronomía científica.

En el sistema solar, esta regularidad se debe principalmente a los movimientos de rotación y traslación de sus cuerpos: la Tierra gira sobre su eje cada 24 horas y completa una vuelta alrededor del Sol cada año; la Luna orbita la Tierra aproximadamente cada 28 días; y el resto de los planetas siguen órbitas regulares con periodos que van desde los 88 días de Mercurio hasta los 165 años de Neptuno, hablando siempre en términos terrestres.

El 29 de abril fue el día espejo

Durante los últimos días se ha popularizado en redes sociales y medios de comunicación la expresión día “espejo” del eclipse total de Sol de agosto de 2026. Con ello se hace referencia a una fecha en la que la posición aparente del Sol y su recorrido diario por el cielo son muy similares a los que tendrá el día del eclipse.

Si fuéramos completamente estrictos, habría que matizar que la posición exacta del Sol en un punto del cielo solo se repite de forma precisa al cabo de un año. Sin embargo, dentro del ciclo anual existen fechas que presentan una geometría solar muy parecida y que resultan enormemente útiles para planificar observaciones.

Pues bien, el 29 de abril nuestra estrella se encontraba prácticamente a la misma distancia temporal del solsticio de verano que el 12 de agosto de 2026: unos 52 días antes y 52 días después, respectivamente.

Esta disposición casi simétrica dentro del año provoca que la trayectoria aparente del Sol en ambas fechas sea muy semejante. Como consecuencia, la altura del Sol sobre el horizonte, la duración del día y el arco que describe desde el amanecer hasta el atardecer resultan muy parecidos.

Eso convertía el día espejo (y el día siguiente, como referencia, tampoco estaba mal) en una excelente ocasión para comprobar si el lugar que habíamos pensado para ver el eclipse ofrece buenas condiciones: horizonte despejado, ausencia de obstáculos, accesos cómodos o una buena panorámica hacia la zona donde se pondrá el Sol.

Un “mapa de sombra”

Calma. Si no pudo desplazarse el 29 de abril al lugar elegido, no hay problema. El Instituto Geográfico Nacional pone a disposición del público su conocido “mapa de sombra”: un visualizador interactivo con información detallada del eclipse, horarios y localizaciones. A través de esta herramienta es posible conocer de forma inmediata la hora de inicio y final del eclipse en cualquier punto concreto, así como la altura del Sol sobre el horizonte en cada fase del fenómeno. Resulta especialmente útil para comparar distintos lugares y decidir cuál puede ofrecer mejores condiciones de observación.

Eso sí, conviene recordar que el visor se basa en modelos de relieve y no contempla obstáculos cercanos como edificios, árboles u otras estructuras que sí podrían afectar a la visibilidad real.

El eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026 será uno de los grandes acontecimientos astronómicos de las próximas décadas en España. Por eso, cualquier oportunidad para preparar con antelación la observación merece la pena. Y hoy, 29 de abril, tenemos una ocasión privilegiada para hacerlo, simplemente mirando al cielo.

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Francisco José Torcal Milla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Claves para buscar el mejor lugar desde donde observar el próximo eclipse de sol – https://theconversation.com/claves-para-buscar-el-mejor-lugar-desde-donde-observar-el-proximo-eclipse-de-sol-281658

Luz matutina y otros trucos para que la edad no nos quite el sueño

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Astasio Picado, Profesor de Enfermería Médico-Quirúrgica. Doctor en Biomedicina Aplicada., Universidad de Castilla-La Mancha

Muchas personas observan que, con el paso de los años, dormir “como un niño” se vuelve más difícil. El sueño parece menos profundo, los despertares nocturnos son más frecuentes y cualquier ruido leve o preocupación puede interrumpir el descanso.

Esta experiencia no es una simple percepción subjetiva: la ciencia del sueño ha demostrado que el envejecimiento se asocia a cambios bien definidos en la estructura y la regulación del sueño.

La arquitectura del sueño cambia con la edad

El sueño humano se organiza en ciclos que incluyen fases de sueño no REM (N1, N2 y N3) y sueño REM. La fase N3, también conocida como sueño de ondas lentas o sueño profundo, es especialmente importante para la recuperación física y cerebral.

Diversos estudios han demostrado que, a partir de la edad adulta media, se produce una reducción progresiva del sueño de ondas lentas, junto con un aumento del número de despertares y del tiempo despierto tras el inicio del sueño. En concreto, un metaanálisis clásico basado en datos de más de 65 estudios y miles de individuos sanos mostró que el porcentaje de sueño profundo disminuye de forma significativa con la edad, a la vez que el sueño se vuelve más fragmentado y menos eficiente.

Este cambio en la arquitectura del sueño explica en gran medida la sensación de “sueño ligero” que refieren muchas personas mayores.

El envejecimiento cerebral desestabiliza el sueño

Dormir no es un proceso pasivo. El cerebro mantiene activamente el estado de sueño mediante redes neuronales que inhiben la vigilia y protegen frente a estímulos externos. Con el envejecimiento, estas redes se vuelven menos eficaces.

Los cambios estructurales y funcionales del cerebro envejecido, especialmente en regiones frontales, reducen la generación de ondas lentas y disminuyen la capacidad del órgano para mantener un sueño profundo y estable. Como consecuencia, el umbral para despertarse baja, haciendo que estímulos menores provoquen microdespertares o despertares completos.

Además, con la edad se altera la microarquitectura del sueño, como los husos del sueño, que desempeñan un papel clave en la consolidación del descanso nocturno y la protección frente a interrupciones.

Estudios con actigrafía también muestran que los patrones de descanso-actividad se vuelven más fragmentados con la edad, reflejando una pérdida de continuidad del sueño. Y somos más vulnerables al insomnio

Amanece más temprano

Otro factor clave es el envejecimiento del sistema circadiano, el “reloj interno” que regula los ciclos de sueño y vigilia. Con la edad, se produce un adelanto de fase circadiana, como si el día comenzase antes para nuestro cerebro. Eso explica por qué muchas personas mayores tienen sueño más temprano por la tarde y se despiertan muy pronto por la mañana.

Además, las señales circadianas que inducen al descanso, como la secreción de melatonina o los cambios de temperatura corporal, se reducen, haciendo que el sueño sea más vulnerable a interrupciones.

Aunque el envejecimiento biológico explica parte del fenómeno, el sueño ligero no debe atribuirse únicamente a la edad. En las personas mayores aumenta la frecuencia del dolor crónico, las enfermedades respiratorias o cardiovasculares y la nicturia (necesidad frecuente de orinar por la noche), que pueden hacernos despertar. Además, es habitual consumir alguno de los múltiples fármacos que alteran el sueño.

¿Por qué necesitamos el sueño profundo?

La pérdida de sueño de ondas lentas no solo afecta a la sensación subjetiva de descanso. Investigaciones recientes sugieren que este tipo de sueño está implicado en procesos de limpieza metabólica cerebral y en la salud cognitiva.

Un estudio longitudinal publicado en JAMA Neurology encontró que la reducción del sueño de ondas lentas se asociaba con un mayor riesgo de desarrollar demencia en adultos mayores, lo que refuerza la importancia de preservar la calidad del sueño en el envejecimiento.

Llegados a este punto, ¿qué se puede hacer para dormir “más profundo” al envejecer (sin caer en mitos)?

Aunque parte de los cambios del sueño forman parte del envejecimiento normal, existen estrategias eficaces para mejorar la continuidad y profundidad del sueño en personas mayores, basadas en mecanismos fisiológicos bien descritos.

Luz matutina: reforzar el reloj biológico

La exposición a luz por la mañana, preferentemente luz natural, es una de las intervenciones no farmacológicas mejor fundamentadas. La luz actúa como el principal sincronizador (zeitgeber) del ritmo circadiano, reforzando la señal de vigilia diurna y ayudando a que el sueño nocturno se consolide.

En adultos mayores, cuya señal circadiana suele ser más débil, la luz matutina ayuda a estabilizar los horarios de sueño y a reducir despertares nocturnos. Estudios y revisiones en cronobiología del envejecimiento subrayan que una adecuada exposición lumínica mejora la alineación circadiana y la calidad del descanso.

Regularidad de horarios: el valor de la rutina

Mantener horarios regulares de acostarse y levantarse, incluso los fines de semana, es especialmente importante con la edad. El cerebro envejecido depende más de señales externas y rutinas conductuales para mantener la estabilidad del sueño.

Los trabajos clásicos de D. J. Dijk y J. F. Duffy demostraron que la interacción entre el ritmo circadiano y la presión homeostática del sueño se vuelve más frágil con la edad. Por ello, la regularidad actúa como un “andamiaje externo” que compensa esta pérdida de robustez circadiana. Por el contrario, un horario irregular hace que el sueño se fragmente.

Ejercicio y actividad diurna: aumentar la presión de sueño

La actividad física regular, especialmente durante el día, contribuye a mejorar la llamada presión homeostática del sueño, es decir, la necesidad biológica de dormir que se acumula durante la vigilia. Llegar a la noche con suficiente “hambre de sueño” facilita un inicio más rápido del sueño y una mayor continuidad nocturna.

Revisiones sistemáticas indican que el ejercicio aeróbico y de fuerza en personas mayores se asocia con mejoras en la eficiencia del sueño y reducción de despertares, además de proporcionar beneficios cardiovasculares y funcionales.

Identificar y tratar las causas de los despertares nocturnos

En cuanto a las señales de alarma, el sueño ligero merece una evaluación clínica cuando se acompaña de somnolencia diurna intensa, ronquidos habituales con pausas respiratorias, despertares por sensación de ahogo, movimientos molestos en piernas al acostarse, empeoramiento progresivo o impacto significativo en la calidad de vida.

En estos casos, la causa subyacente suele ser identificable y potencialmente tratable, lo que puede mejorar de forma sustancial el descanso nocturno y la salud global.

Un principio clave en geriatría del sueño es que despertarse con frecuencia no siempre es un problema primario del sueño. El dolor crónico, el reflujo gastroesofágico, la nicturia, la apnea obstructiva del sueño y el síndrome de piernas inquietas son causas frecuentes de sueño fragmentado en personas mayores.

La evaluación y el tratamiento dirigidos a mejorar estas condiciones pueden contribuir de forma notable a una mejor calidad del sueño sin necesidad de fármacos hipnóticos.

Precaución con los hipnóticos: priorizar intervenciones no farmacológicas

El uso de hipnóticos en personas mayores se asocia a mayor riesgo de caídas, deterioro cognitivo, confusión y dependencia, especialmente cuando se consumen benzodiacepinas y fármacos Z. Por este motivo, las guías clínicas y revisiones recomiendan evitar su uso prolongado en este grupo de edad.

La terapia cognitivo-conductual (TCC-I) es considerada el tratamiento de primera línea para el insomnio crónico en adultos mayores, con eficacia demostrada y un perfil de seguridad claramente superior al de los fármacos.

Por más que el refranero nos asegure que “A la vejez se apoca el dormir y se aumenta el gruñir”, lograr que el cerebro envejecido tenga un buen descanso nocturno es posible.

The Conversation

Álvaro Astasio Picado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Luz matutina y otros trucos para que la edad no nos quite el sueño – https://theconversation.com/luz-matutina-y-otros-trucos-para-que-la-edad-no-nos-quite-el-sueno-273747

¿Toda intervención humana en la naturaleza es negativa? Lecciones de Darwin sobre adaptación al cambio climático

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Resco de Dios, Catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global, Universitat de Lleida

Bosques como el de Irati, en Navarra, son el resultado de la gestión forestal. Tolobalaguer.com/Shutterstock

Cuando hace un par de años me pidieron una charla sobre innovación forestal, con motivo del Día Forestal Mundial en Argentina, me encontré pidiendo ayuda a la Enciclopedia de Diderot (siglo XVIII). El tema que me habían propuesto era tan amplio que no sabía por dónde empezar. Desconcertado, me sumergí en la enciclopédica entrada sobre bosques, buscando inspiración sobre cómo enfocar y estructurar la charla. Las obras clásicas destacan precisamente por eso: siempre te echan un cable cuando las necesitas. Da igual cuánto haga desde que se escribieron, son obras perennes que incluso nos ayudan a resolver problemas contemporáneos.

Fotografía en colores ocre de Charles Darwin vestido con chaqueta, chaleco y pantalón de cuadros sentado de perfil
Charles Darwin.
Henry Maull y John Fox

Las lecturas de Charles Darwin no son una excepción. Por ejemplo, el padre de la biología evolutiva nos dejó muchas pistas sobre cómo adaptar los montes al cambio climático en su Origen de las Especies. La grandeza de la obra yace en cómo desarrolla una forma de pensar extraordinariamente útil para entender cómo funciona la naturaleza, y cómo responde a los cambios.

La supervivencia de los más adecuados

El tema central del Origen de las Especies es el desarrollo de la teoría de la evolución por selección natural, un proceso que se resume como la supervivencia de los más adecuados, es decir, los mejor adaptados a las condiciones del entorno. Estos organismos tendrán más posibilidades de reproducirse y, por tanto, de transferir sus características a las siguientes generaciones.

El cambio climático, junto con otras actividades humanas, están poniendo el turbo al proceso de la selección natural. Los aumentos en la duración de las sequías y en la frecuencia e intensidad de los incendios y de otras perturbaciones están aumentando la presión sobre la fauna y la flora.




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Pero ¿estamos teniendo en cuenta la selección natural y su intensificación por el aumento del estrés ambiental en nuestra forma de pensar y diseñar la adaptación al cambio climático?

¿Toda acción humana sobre la naturaleza es negativa?

El pensamiento darwinista sobre cómo adaptarnos al cambio climático pasa por centrarse en la adecuación de las especies al porvenir. Sin embargo, tal y como describen los geógrafos Paul Robbins y Sarah Moore, existe una corriente científica, muy influyente en la actualidad, que está impregnada por un pensamiento contrario. Parte de la base epistemológica de que deberíamos lograr ecosistemas como los que se daban en un momento indeterminado del pasado, donde la huella humana apenas estaba presente, algo que describen como ciencia edénica.

Robbins y Moore señalan que una consecuencia del edenismo es la antropofobia: la creencia de que cualquier acción humana sobre la naturaleza será necesariamente negativa. Por ende, la recuperación de la naturaleza pasa por evitar la acción humana sobre el medio.




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Cómo aplicar el darwinismo en conservación y restauración

Los postulados edenistas están guiando muchos de los supuestos esfuerzos de adaptación al cambio climático. Sin embargo, esta visión resulta contraproducente bajo un escenario de crecientes estreses y perturbaciones, ya que ignora el darwinismo. Estos son algunos de los postulados promovidos por la ciencia edénica que cabría revisar:

  • “Hay que utilizar siempre especies o variedades nativas en actuaciones de restauración”. ¿Qué sentido tiene favorecer poblaciones nativas en su supuesta ubicación de origen cuando sabemos que sucumbirán bajo el clima actual o futuro? Siguiendo la lógica darwiniana, el pasaporte de una especie no debería determinar qué especies se usarán en actuaciones de restauración: puede ser un criterio más a considerar, sin duda, pero siempre debería prevalecer el de su adecuación.

  • “Tenemos que evitar a toda costa la extinción de especies locales sin hibridaciones”. Convendría aceptar la extinción de endemismos muy locales cuando la variabilidad genética sea muy baja o el grado de endogamia muy elevado. Los recursos de los que disponemos para la conservación son limitados y la variabilidad genética es la materia prima de la adaptación a cualquier cambio: sin ella, poco podemos hacer.

    En algunos casos, son los propios programas de conservación los que condenan a los localismos. Un ejemplo lo encontramos en el urogallo cantábrico, que muestra un grado de endogamia tan elevado que apenas puede reproducirse. Podríamos solucionar este problema hibridando la población cantábrica con otras, pero los programas de conservación actuales, de inversiones millonarias, priorizan preservar la “pureza de la sangre” de la población cantábrica.




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  • “Toda acción humana sobre la naturaleza es negativa”. Muchos de los montes mejor conservados son culturales. Es decir, no salvajes, sino vástagos de la ciencia y técnica forestal. El geógrafo y biólogo Jared Diamond narra en su libro Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen cómo Europa y Japón llegaron a la Edad Contemporánea con una rampante degradación forestal. Algo que fuimos capaces de revertir, compatibilizando la conservación y aprovechamiento, a través del desarrollo de programas de reforestación y gestión forestal con base científica. Los bosques de Irati (en los Pirineos), Valsaín (Segovia), Poblet (Tarragona) y los Montes Universales (entre Teruel, Guadalajara y Cuenca) son apenas unos de los muchos ejemplos que encontramos en España.
Bosques de pinos y montañas
Vista de los Montes Universales.
B25es/Wikimedia Commons

La antropofobia en muchos programas de conservación edenistas olvida, o ignora deliberadamente, la influencia cultural de la mayoría de los bosques, y contribuyen a eliminar esa gestión. Pero así se perderán los atributos que supuestamente se quieren preservar. Sin esa gestión, por ejemplo, no se podría reducir la espesura de los montes para que los árboles dispongan de más agua bajo condiciones de sequía, ni gestionar el combustible para reducir el riesgo de incendios.

Precisamente ahora que estamos al albor de una de las mayores crisis ecológicas que haya vivido nunca la humanidad, necesitamos más que nunca recurrir a los clásicos como Darwin. Si partimos de una epistemología limitada, como el edenismo, los resultados pueden ser catastróficos.

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Víctor Resco de Dios recibe fondos del MICINN.

ref. ¿Toda intervención humana en la naturaleza es negativa? Lecciones de Darwin sobre adaptación al cambio climático – https://theconversation.com/toda-intervencion-humana-en-la-naturaleza-es-negativa-lecciones-de-darwin-sobre-adaptacion-al-cambio-climatico-280485

Entrenada para tratar al ‘varón blanco estándar’: inteligencia artificial y sesgo de género en salud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Blanca Obón Azuara, Especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y en Medicina Intensiva, Departamento de Sanidad de Aragón

PreciousJ/Shutterstock

La integración de la inteligencia artificial (IA) en la práctica clínica a través de herramientas de diagnóstico y pronóstico ofrece una oportunidad sin precedentes para mejorar la salud. Sin embargo, es fundamental asegurar que sus algoritmos se desarrollen de manera equitativa.

Porque, tal y como advierte la Organización Mundial de la Salud, la IA puede reproducir y amplificar sesgos preexistentes en los datos y equipos de desarrollo. Es un riesgo epidemiológico emergente. Un ejemplo paradigmático se observa en algoritmos de gestión sanitaria con sesgos raciales, que infravaloran las necesidades de poblaciones minoritarias.

Si los algoritmos epidemiológicos son diseñados por equipos homogéneos, existe un riesgo de agravar las desigualdades. Y eso se traduce en una gestión poco igualitaria de los recursos.

Invisibilidad de datos

Uno de los principales desafíos reside en los datos históricos de entrenamiento. En salud, ha sido práctica extendida el uso del “varón blanco estándar” como perfil clínico de referencia. Esta aproximación invisibiliza sistemáticamente los síntomas, necesidades y particularidades fisiológicas de las mujeres.

Cuando un algoritmo se adiestra con datos no representativos, su capacidad predictiva es menos precisa para los grupos infrarrepresentados. Investigaciones revelan que hasta un 31 % de los estudios sobre IA en salud omiten el género en sus conjuntos de datos. Esta invisibilidad distorsiona la planificación de políticas sanitarias y estrategias de prevención y tratamiento.

Es un fenómeno que trasciende lo sanitario. Los grandes modelos de lenguaje (LLM) tienden a asociar una mayor responsabilidad en la crianza y cuidados a las mujeres. Aprendido de los corpus de texto, este sesgo refleja normas sociales tradicionales y afecta a la igualdad en la conciliación.

Un impacto con múltiples ramificaciones

El sesgo de género algorítmico es un desafío que afecta a diversos ámbitos:

Repercusiones para la epidemiología y la salud pública

Desde la salud pública, el sesgo de género en la IA plantea los siguientes desafíos estructurales:

  1. Vigilancia epidemiológica comprometida: los sistemas de vigilancia basados en IA pueden generar estimaciones sesgadas de prevalencia e incidencia en mujeres si los algoritmos están entrenados con datos no representativos.

  2. Inequidad en recursos sanitarios: algoritmos que predicen riesgo de hospitalización pueden subestimar las necesidades de las mujeres, materializándose en un menor acceso a cuidados intensivos y la perpetuación de inequidades en la asignación de recursos.

  3. Ineficacia preventiva: los modelos de estratificación de riesgo pueden fallar al identificar a mujeres en situación de vulnerabilidad en cribados de cáncer o prevención cardiovascular, dejando a una parte de la población desprotegida.

  4. Perpetuación de determinantes sociales: el sesgo en los sistemas de inteligencia artificial aplicados al empleo o las finanzas perpetúa la precariedad laboral y pobreza, factores de riesgo sólidamente establecidos para el desarrollo enfermedades crónicas.

  5. Erosión de la confianza: diagnósticos menos precisos y retrasos en la atención erosionan la confianza de las mujeres en el sistema sanitario, con consecuencias directas en la aderehencia a los tratamientos y la participación en programas de salud pública.

En definitiva, la inteligencia artificial tiene un gran potencial para transformar la salud, pero su desarrollo debe ser inclusivo y basado en evidencia epidemiológica para no perpetuar la desigualdad. Desde la salud pública, tenemos la responsabilidad de guiar el desarrollo tecnológico para reducir, y no amplificar, la brecha de género.


Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología.


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ref. Entrenada para tratar al ‘varón blanco estándar’: inteligencia artificial y sesgo de género en salud – https://theconversation.com/entrenada-para-tratar-al-varon-blanco-estandar-inteligencia-artificial-y-sesgo-de-genero-en-salud-279990