¿Cómo se consigue acabar una etapa del Tour de Francia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcela Herrera Garin, Doctora en Psicologia i Màster en Psicologia de l’Esport (UAB) especialista en rendiment i benestar humà i esportiu.Professora de Psicoloia del rendiment (CAFE) i Psicologia de l’Esport (Psicologia). Membre del Grup de recerca SEaHM. Col·laboradora del Centre d’Estudis en Esport i Activitat Física (CEEAF) de la UVic-UCC, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

Imagen de un momento de la etapa del Tourmalet, una de las más complicadas del Tour de Francia. rui vale sousa/Shutterstock

Convertirse en finalista de una prueba de larga distancia no se consigue de cualquier manera. Imaginen que participan en el Tour de Francia…

El ciclismo (dentro del ámbito del deporte profesional) es una actividad de resistencia en la que los aspectos físicos y fisiológicos están presentes en todos los participantes. Estos deben afrontar pruebas que pueden ir desde los 100 hasta los 300 kilómetros (entre 2 y 7 horas de competición). Pueden ser de un solo día (como la París-Roubaix) o encadenar varios días (pruebas de una semana, como la Volta a Catalunya, o de tres semanas, como el Tour de Francia).

También existe la modalidad de la contrarreloj, que puede ser individual o por equipos y recorrer desde los 5 kilómetros (prólogos) hasta los 50 kilómetros (entre unos 10 minutos y una hora). Este año, la primera etapa de la gran ronda francesa tendrá lugar en Barcelona precisamente con una contrarreloj por equipos.

Todo ello implica que el volumen y la intensidad de los entrenamientos de los participantes sean muy elevados.

Agotar al rival

En el ciclismo, el cansancio es una parte inherente de la competición. De hecho, es un deporte de resistencia en el que gana quien más aguanta. Es decir, consiste en generar situaciones de desgaste y fatiga en los rivales para cruzar la línea de meta primero. ¿Cómo lo llevan? ¿Ya se han cansado?

La psicología de los atletas de resistencia extrema.

Sabemos que sin preparación física no se llega a ninguna parte, pero ¿por qué es tan importante realizar una buena preparación psicológica? La periodista deportiva Laura Meseguer, en su libro Metiendo codos: Voces y confidencias de la mejor generación del ciclismo español, menciona que cuando montamos en bicicleta es inevitable experimentar emociones, tanto negativas como positivas. También señala que, a partir de una buena planificación psicológica, pueden utilizarse diversas estrategias para controlar dichas emociones.

La propia autora identifica en sus entrevistas diferentes variables psicológicas que se definen como procesos con repercusiones a nivel cognitivo, conductual o fisiológico y que surgen a partir de pensamientos positivos (“arrancaré en la última subida y ganaré”) o negativos (“me caeré en esta bajada porque tengo miedo”).

Pero, en realidad, ¿contra quién compiten los ciclistas: contra los demás o contra sí mismos?

Cuando el dolor aparece

Cuando hablamos de dolor, nos referimos al nivel de sufrimiento que un corredor o corredora soporta sobre la bicicleta. El que debe aguantar para ganar, no perder el contacto con el pelotón, coronar un puerto con el grupo líder, etc. Sabemos que la competición en ciclismo es muy variada en cuanto a kilometraje, intensidad, orografía y otros factores. Por tanto, los participantes experimentan distintos tipos de dolor según el tipo de prueba.

¿Podemos por tanto incluir el dolor como un parámetro dentro de una planificación de entrenamiento psicológico? Existen reflexiones interesantes, como las de Matt Fitzgerald, especialista en deportes de fondo, sobre las evidencias científicas relacionadas con la resistencia al dolor. Esta depende en muchas ocasiones de la genética, pero también es un parámetro entrenable y variable, ya que está condicionado por la preparación y el estilo de vida. Fitzgerald también sostiene que los deportistas, en general, son capaces de tolerarlo mejor que la población en general.

El dolor que soporta el ciclista puede ser derivado de dos aspectos: una mejora del rendimiento o una disminución de la confianza y la motivación. Por ello, el entrenamiento psicológico debe orientarse a favorecer el primero: mejorar el rendimiento.

Técnicas de entrenamiento mental para estar a la altura

El rendimiento en los deportes de resistencia ha sido estudiado tradicionalmente desde una perspectiva fisiológica; sin embargo, investigaciones recientes ponen de manifiesto que los factores psicológicos constituyen determinantes críticos del rendimiento competitivo.

Especialmente en situaciones de fatiga elevada, la decisión de continuar o reducir la intensidad no depende únicamente de los límites fisiológicos, sino de la interacción entre los componentes físicos y psicológicos que determinan el rendimiento.

Existen diversos métodos y habilidades psicológicas que han demostrado una gran eficacia para optimizar el rendimiento durante la competición. Estas técnicas ayudan al deportista a tolerar mejor el dolor y la fatiga, así como a mantener un ritmo de competición adecuado. Según la evidencia científica actual en distintos deportes de resistencia, las principales son:

  • El self-talk (diálogo interior) motivacional: es la técnica con más presencia y utilidad percibida por los deportistas (maratonianos, nadadores profesionales y ciclistas), especialmente cuando se planifica y automatiza mediante una práctica sistemática. Su accesibilidad, ya que no depende de ningún factor externo, la convierte en la herramienta psicológica cuyo uso es más universal en los deportes de resistencia.

  • La visualización es especialmente eficaz cuando se realiza mediante guiones detallados y multisensoriales, orientados tanto a la ejecución técnica como a la toma de decisiones y a la preparación para escenarios adversos. Su práctica sistemática es el principal factor que diferencia a quienes obtienen un mayor beneficio.

  • Los objetivos de proceso (y su fragmentación en microhitos alcanzables) constituyen la estrategia de regulación cognitiva más funcional durante la fase competitiva, especialmente en momentos de fatiga elevada. Los objetivos de resultado siguen siendo útiles en la fase de preparación, pero pueden ser contraproducentes si se activan durante la prueba.

  • La fatiga mental precompetitiva es un factor limitador del rendimiento que los deportistas de resistencia tienen que aprender a gestionar con la misma atención que la fatiga física. La identificación y gestión de las fuentes individuales de carga mental (académica, interpersonal, digital, etc.) constituye una competencia psicológica clave para optimizar el rendimiento.

Prevención de la fatiga mental y control

Tanto si participan en el Tour de Francia como si corren una media maratón, deben tener en cuenta que comenzar una prueba con fatiga mental implica percibir un esfuerzo mayor desde el principio. Esta situación conduce a un agotamiento prematuro y a ritmos de carrera más lentos, ya que la carga cognitiva altera la evaluación cerebral de las señales fisiológicas y reduce el tiempo hasta el agotamiento.

Convertirse en finalista de una competición requiere encontrar un equilibrio ante las situaciones difíciles y afrontar la prueba con criterio, determinación y una preparación adecuadamente estructurada en el momento oportuno.

Se pueden poseer excelentes cualidades físicas, pero de poco sirven si no existe un control psicológico adecuado. Todos los factores implicados en la competición deben mantenerse en equilibrio constante, ya que cada uno de ellos adquiere su protagonismo en el momento preciso.

Los factores psicológicos de cada ciclista, y de cualquier deportista de resistencia en general, nunca dejan de entrenarse.

The Conversation

Marcela Herrera Garin no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Cómo se consigue acabar una etapa del Tour de Francia? – https://theconversation.com/como-se-consigue-acabar-una-etapa-del-tour-de-francia-286580

Melón, Pancrudo, Guasa… ¿Por qué muchos nombres de lugar no significan lo que parecen?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Giralt Latorre, Profesor Titular de Universidad de Filología Catalana Departamento de Lingüística y Literaturas Hispánicas, Universidad de Zaragoza

Vista de Pancorbo (Burgos), cuyo nombre procede del latín _pandu curvu_ (“terreno inclinado o curvado”). Luis Rogelio HM/Flickr, CC BY

Melón es el nombre de una localidad gallega en la comarca del Ribeiro, en la provincia española de Orense. Es muy probable que, si no lo conocemos y pasamos por él en nuestro camino hacia las Rías Bajas, pensemos que se llama así porque existen o existieron campos de melones o alguna relación de este lugar con dicha fruta. Lo mismo que municipios como Pancorbo, en Burgos, o Pancrudo, en Teruel, tienen algo que ver con pan. Pero estaríamos muy equivocados en estas interpretaciones.

En los nombres de lugares sobreviven palabras desaparecidas, ecos de lenguas habladas hace siglos, memorias de antiguos habitantes o paisajes que ya no existen. Los topónimos funcionan como auténticos archivos del territorio, capaces de conservar huellas lingüísticas e históricas que los hablantes ya no reconocen.

En los últimos años han proliferado noticias sobre supuestas “lenguas ancestrales” escondidas en la toponimia. Muchas parten de una intuición correcta: los nombres de lugar suelen ser extraordinariamente conservadores y pueden preservar elementos muy antiguos. Pero también existe un riesgo evidente: interpretar cualquier topónimo como un misterio prerromano o como la huella automática de una lengua perdida.

No son lo que parecen

Mientras la lengua cambia, los topónimos pueden mantener palabras desaparecidas, formas dialectales antiguas o significados que hoy no reconocemos. Y precisamente por eso muchos acaban siendo reinterpretados con el paso del tiempo.

Cuando un nombre deja de entenderse, lo explicamos a partir de palabras conocidas de nuestra lengua actual. Pero el nombre de Melón no tiene nada que ver con la fruta, sino que realmente procede del antropónimo latino Mellonius, probablemente representado en el medieval gallego Mellone, referido a un antiguo poseedor del lugar.

Observemos otro caso curioso. En Huesca hay una localidad llamada Guasa. Su nombre no tiene nada que ver con estar de broma. Proviene de una voz de origen vasco, en concreto gogor “duro”, un adjetivo que surge de la reduplicación de gor, que significa actualmente “sordo”.




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En Teruel podemos ir a Libros, un pequeño y pintoresco pueblo a orillas del Turia cuyos habitantes puede que disfruten mucho de la lectura, o no, pero cuyo nombre está vinculado a una condición fiscal medieval del lugar.

¿Y qué decir de Mozota, en Zaragoza? Lejos de referirse a alguna “moza” de esa localidad, proviene del árabe mawsaṭa, “centro, punto central”, en referencia a la porción de tierra firme que queda en el centro del pronunciado meandro que describe en ese punto geográfico el río Huerva.

Seguimos: Griegos, también en Teruel, además de ser el pueblo más frío de España, está sobre un antiguo asentamiento de helenos. Y, sin embargo, conserva la raíz lingüística céltica brig-, presente en topónimos hispanos antiguos (Brigaecium, Brigantium, Segobriga) y en el origen de numerosos topónimos actuales (Coimbra, Sanabria, Sepúlveda, Setúbal), cuyo significado primitivo es “colina, altura” y que, por extensión metonímica, se convirtió en sinónimo de “fortaleza, lugar fortificado”.

Como vemos, pues, las apariencias engañan, y así se pone de manifiesto en muchos de los topónimos que ya hemos incorporado en Toponomasticon Hispaniae, un proyecto que tiene como objetivo el estudio y divulgación de los nombres de lugar de todo el territorio español y portugués, considerando todas las lenguas peninsulares.

Adaptaciones a palabras más cercanas

Incluso hay casos en los que un nombre de lugar acaba siendo reanalizado a partir de palabras que resultan más familiares para los hablantes, fenómeno este al que el filólogo catalán Joan Coromines llamó metacedeusis.

Cuando la forma de un topónimo es opaca, es decir, cuando el hablante no identifica su significado, el nombre se adapta poco a poco a otras palabras que resultan más reconocibles. Un ejemplo sería el de Santaliestra en Aragón (o Santallestra en Huesca), probablemente procedente de silva ilicestra (en latín, “bosque de encinas”). Pasados los siglos, la voz latina inicial fue sustituida por el adjetivo santa, dando lugar a un hagiotopónimo (nombre de lugar relacionado con un santo) que se ha vinculado a Santa Eleuteria.

El mapa conserva palabras y paisajes desaparecidos

Los topónimos no solo conservan palabras antiguas. También guardan paisajes y formas de vida desaparecidas. Así, Valdenoches, en Guadalajara, parece hoy un nombre perfectamente comprensible: un “valle de noches”.

Sin embargo, es probable que el sustantivo noches proceda de una forma romance antigua derivada del latín nuces, plural de nux, “nogal”, seguramente con una evolución fonética mozárabe.




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Fósiles lingüísticos

Y este origen a partir de un fitónimo (nombre de planta) es el que también se ha dado a algunos ríos del área este peninsular, como el Noguera Ribagorzana o el Noguera Pallaresa: popularmente se interpreta que ese “noguera” tiene el sentido de “nogal” y, sin embargo, está haciendo referencia a la actividad de transportar troncos por el río desde los altos valles pirenaicos: proviene de naucaria, “almadía” o balsa de troncos.

Algo semejante ocurre con Pancorbo (Burgos) y Pancrudo (Teruel). Aunque hoy el primer elemento parece vincularse inevitablemente al pan, los nombres nos remiten, respectivamente, al latín pandu curvu, “terreno inclinado o curvado” y pandu crudu, “vertiente cruda, de extrema dureza”. Estos topónimos habrían conservado una voz antigua ya desaparecida de la lengua actual. El mapa funciona, pues, como una especie de fósil dialectal.

Lugares desaparecidos

En otros casos, la toponimia conserva incluso nombres de lugares que ya no existen. El río Mesquí/Mezquín, en Teruel, podría derivar del árabe andalusí masākin (“moradas”, “casas”). La documentación medieval menciona un lugar desaparecido llamado Mezchino, pero el río conservó su nombre aun cuando el asentamiento ya había dejado de existir. El paisaje actual guarda así la huella lingüística de una población de origen árabe perdida hace siglos.

No basta con la intuición

Por eso la toponimia no puede estudiarse solo a partir de parecidos fonéticos o corazonadas ingeniosas. Para reconstruir el origen de un nombre de lugar es necesario tener muy presentes los testimonios antiguos, y para ello hay que acudir a la documentación, donde podemos encontrar variantes muy valiosas que nos ayudarán comprender la evolución del topónimo a lo largo del tiempo e intuir su etimología (la palabra de la que procede) y su etiología (la razón que lo motivó).

Aunque siempre con extrema prudencia, puesto que los registros medievales pueden proporcionar en ocasiones “falsos amigos” que conduzcan a propuestas erróneas. Así ocurre, por ejemplo, con Vadocondes (Burgos) junto a las formas antiguas que apuntan a un compuesto “vado de los condes”, la documentación transmite variantes como Valdecuendas o Vadacondas, posiblemente debidas a errores de lectura o de transcripción repetidos en la cadena documental. Tomarlas como testimonios fidedignos de la forma antigua podría alterar por completo la interpretación del topónimo.

Los topónimos no son simples etiquetas geográficas. Son fósiles lingüísticos donde sobreviven palabras, sonidos y paisajes que ya han desaparecido de la lengua cotidiana. A veces creemos entender un nombre porque reconocemos una palabra familiar. Pero el mapa conserva voces mucho más antiguas que nosotros.

The Conversation

Javier Giralt Latorre recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación para el proyecto de investigación “Toponimia centropeninsular e insular atlántica” (PID2024-159776OB-C42).

María Teresa Moret Oliver recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación para el proyecto de investigación “Toponimia centropeninsular e insular atlántica” (PID2024-159776OB-C42).

– ref. Melón, Pancrudo, Guasa… ¿Por qué muchos nombres de lugar no significan lo que parecen? – https://theconversation.com/melon-pancrudo-guasa-por-que-muchos-nombres-de-lugar-no-significan-lo-que-parecen-286165

¿Puede una inteligencia artificial ganar una porra del Mundial?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

Zoran Jesic/Shutterstock

Cada vez que empieza un Mundial, en la oficina, en el grupo de WhatsApp de la familia o entre amigos reaparece uno de los rituales más persistentes del torneo: la porra. Durante unos minutos, todos nos convertimos en seleccionadores, analistas y expertos en probabilidades. Elegimos campeón, finalistas y revelaciones convencidos de que, esta vez sí, hemos encontrado el criterio definitivo.

Ahora, los métodos de “adivinación” tienen su propia tecnología, la inteligencia artificial. Cada vez es más frecuente pedirle a ChatGPT o a otro modelo similar que rellene una porra. Después de todo, si puede resumir artículos científicos, escribir código o traducir idiomas, ¿por qué no iba a ser capaz de predecir un Mundial? La respuesta corta es que, probablemente, lo haga mejor que la mayoría de nosotros. La larga es bastante más interesante.

La diferencia entre adivinar y calcular

Por supuesto, los programas de inteligencia artificial no entienden de fútbol como un aficionado que lleva treinta años viendo partidos. No recuerdan aquel gol imposible, ni tienen manías con determinados entrenadores, ni sienten que una selección “siempre compite mejor en los grandes torneos”. Lo que hacen es otra cosa.

Pueden combinar miles de datos: rankings internacionales, resultados recientes, rendimiento individual de los jugadores, edad de las plantillas, lesiones, minutos acumulados, historial entre selecciones o ventaja de jugar cerca de casa. Después, pueden ejecutar miles (o millones) de simulaciones para estimar qué desenlaces aparecen con más frecuencia.

Es decir, no predicen el futuro. Calculan qué futuros parecen más plausibles. La diferencia puede parecer sutil, pero cambia por completo el escenario.

El problema es que el fútbol se empeña en desobedecer

En una liga de treinta y ocho jornadas, los mejores equipos casi siempre terminan arriba. En un Mundial, es suficiente con tener una mala tarde para volver a casa.

El fútbol es un deporte especialmente difícil de predecir, porque suceden pocas cosas decisivas –durante los noventa minutos que dura, las acciones determinantes son escasas (los goles, las asistencias o las salvadas cruciales). El resto del tiempo se compone de microdecisiones tácticas, presión y acumulación de jugadas–.Un gol o una expulsión alteran un partido entero y un rebote puede cambiar una eliminatoria. Cuanto menor es el número de acontecimientos relevantes, mayor es el peso del azar.

Por eso, un modelo que estime un 70 % de probabilidades de victoria no está diciendo que un equipo vaya a ganar. Está diciendo que perderá aproximadamente tres de cada diez veces. Y los Mundiales tienen una extraña habilidad para recordarnos precisamente esas tres.

Ni la intuición ni el algoritmo son imparciales

Las personas no hacemos nuestras predicciones desde la objetividad. Sobrevaloramos a nuestra selección, desconfiamos del rival que nos eliminó hace años y convertimos una buena racha en una certeza. Nos cuesta distinguir entre lo que creemos que ocurrirá y lo que deseamos que ocurra.

Los algoritmos tampoco están libres de sesgos. Dependen de los datos con los que fueron entrenados, de las variables que consideran importantes y de las regularidades que encuentran en el pasado. Si el fútbol cambia, si aparece una generación excepcional o si un jugador decisivo se lesiona, sus predicciones también se resienten.

Así, las probabilidades de ganar una porra o bien con nuestra propia sesera o bien con IA no son un combate entre intuición y objetividad. Son dos formas distintas de lidiar con la incertidumbre.

La paradoja de las porras

Hay, además, un detalle que suele pasar desapercibido. Una porra no consiste únicamente en acertar resultados. Consiste en acertarlos mejor que los demás.
Si todos los participantes utilizan la misma inteligencia artificial, es probable que todos acaben escogiendo campeones parecidos, sorpresas parecidas y marcadores muy similares. La mejor predicción deja de ser una ventaja en el momento en que todos tienen acceso a ella.

Paradójicamente, para ganar una porra puede ser más rentable alejarse un poco del escenario más probable y apostar por un desenlace razonable que casi nadie haya elegido. En este contexto, la estrategia óptima no siempre coincide con la predicción óptima.

El almanaque que nunca existirá

La inteligencia artificial puede mejorar nuestras estimaciones. Puede ayudarnos a ordenar información, reducir algunos sesgos e identificar patrones que, a simple vista pasarían desapercibidos. Lo que no puede hacer es fabricar el almanaque de Biff Tannen, el personaje de la película Regreso al futuro II que encuentra un almanaque con los resultados deportivos de las décadas siguientes. Gracias a él gana todas las apuestas, amasa una fortuna y demuestra que conocer el futuro convierte el azar en un negocio.

Y es que el problema nunca ha sido la cantidad de información disponible. Es la naturaleza del propio juego: el fútbol pertenece a esa categoría de sistemas donde una enorme parte del resultado depende de acontecimientos imposibles de anticipar con precisión.

Quizá, por eso, seguimos organizando porras cada cuatro años. Intuimos que todavía existe un espacio donde ni el mejor modelo de inteligencia artificial puede reemplazar la incertidumbre. Mientras un balón pueda desviarse en una espinillera y cambiar la historia de un Mundial, seguirá habiendo margen para que un grupo de amigos, una hoja compartida y una corazonada acaben derrotando al algoritmo.

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Paula Lamo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Puede una inteligencia artificial ganar una porra del Mundial? – https://theconversation.com/puede-una-inteligencia-artificial-ganar-una-porra-del-mundial-286339

¿Por qué nos enganchan tanto las series?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Valenzuela-Monreal, Ayudante de Investigación en el Departamento de Comunicación y Educación, Universidad Loyola Andalucía

Yuganov Konstantin/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Marcos Matarán Delgado, de 15 años, alumno del IES Miguel de Cervantes (Granada).


Seguro que alguna vez has pensado: “ese personaje soy yo” o “me encantaría vivir lo que ocurre en este episodio”. La investigación en comunicación lleva décadas intentando entender por qué conectamos tanto con las historias que vemos. Y también con sus personajes. ¿Por qué sufrimos, nos alegramos o nos enfadamos por alguien que, en realidad, ni siquiera existe? Y, sobre todo, ¿por qué siempre queremos ver “un episodio más”?

No existe un único motivo. Que una serie nos enganche es algo muy personal y, por supuesto, depende de la historia, de los personajes e, incluso, del momento vital en el que nos encontremos. No todos buscamos lo mismo y, precisamente por eso, guionistas, directores, cadenas y plataformas trabajan para crear historias capaces de conectar con distintos tipos de público.

Una capítulo detrás de otro

También es habitual que llegue la noche y elijamos poner una serie en lugar de una película. ¿Por qué? Uno de los motivos es porque están divididas en episodios. Si nos decantamos por un largometraje, sabemos que debemos comprometernos con, al menos, hora y media de nuestro tiempo. En ese margen, nos podemos ver dos o tres episodios de la serie que nos gusta. Pero esta percepción es un poco engañosa.

Una temporada de una serie juvenil actual, como Off Campus, puede durar alrededor de 400 minutos, es decir, unas cuatro películas. Y, además, cuando termina el capítulo no solemos levantarnos del sofá: queremos ver el siguiente.

Los episodios suelen terminar con escenas abiertas en las que sentimos la necesidad de saber qué va a ocurrir a continuación. Puede ser que dos personajes estén a punto de besarse, que alguien esté en peligro de muerte o que empiece el momento decisivo para el que los protagonistas se llevan preparando durante toda la historia. Justo ahí acabará siempre el capítulo. A este recurso narrativo se le llama cliffhanger y es uno de los más utilizados por los guionistas de televisión. Si a esto le sumamos un botón que dice que “el próximo episodio comenzará en 10 segundos” con una cuenta atrás, tenemos el cóctel perfecto para que hagas click. Total, solo serán “diez minutos más”.

Diferencias clave con las películas

Por otro lado, una serie no se crea igual que una película. Puede durar muchas temporadas y tiene que manejar un gran número de personajes e historias al mismo tiempo. Por eso, utiliza sus propios formatos, que en comunicación audiovisual se conocen como estructuras seriales. En una serie de thriller o suspense, podemos ver el pasado del protagonista, la investigación policial, el papel de la prensa o, incluso, la historia del culpable. Aunque haya un punto de vista principal, no hay que elegir uno solo, como sí ocurre en una película.

Para organizar todo esto, se utilizan herramientas como el mapa de tramas, una guía que relaciona todos los episodios de una temporada y los personajes implicados. Porque si no, es muy fácil perderse durante la escritura de guion. Y toda esa complejidad también contribuye a que nos enganchemos.

Personajes que son como de la familia

Cuantos más personajes hay en una serie, más fácil es que encontremos alguno con el que conectemos. Siempre hay algo en su personalidad, su contexto o su historia que encaja con nosotros. De hecho, varios estudios han analizado nuestra forma de implicarnos con los personajes ficticios, que no dista mucho de lo que nos ocurre, por ejemplo, con personas reales, como influencers o youtubers.

Probablemente has escuchado a alguien decir que está enamorado de un personaje, que quiere ser como él o ella, o eso de que “es que soy yo literal”. Estos fenómenos, aunque se parezcan mucho, no son lo mismo. El mayor nivel de implicación con un personaje es la identificación, cuando experimentamos lo que vive como si nos pasara a nosotros. A veces, simplemente sentimos que compartimos características o contextos con un personaje, es decir, percibimos similitud entre lo que le ocurre y nuestra propia vida.

También puede ser que veamos al personaje como alguien cercano; nos recuerda a nuestro círculo y “le cogemos cariño”. A eso se le llama interacción parasocial. La última opción es cuando admiramos al personaje o, incluso, lo vemos atractivo y nos queremos parecer a él o a ella. A esto se le llama “deseo de identificación”.

Todas estas formas de implicación y, por tanto, de engancharnos y empatizar más con lo que vemos, tienen una gran relevancia cuando estamos creciendo, porque nos acompañan al crear referentes en nuestro día a día.

Una temática para cada perfil de persona

Todo esto tiene mucho que ver con la amplia variedad de series que podemos encontrar hoy en plataformas y cadenas. España ha pasado de estrenar 48 títulos en 2010 a 86 en 2024. ¿Esto qué quiere decir? Que cada vez tenemos más opciones donde elegir y que pueden existir más “series de nicho”, es decir, creadas para personas con un interés concreto.

Las plataformas como Netflix no necesitan que todos veamos lo mismo: buscan que siempre haya una serie que encaje con lo que queremos consumir, seamos como seamos y nos guste lo que nos guste. Por ejemplo, si quieres ver una serie juvenil, ya no se incorporan tramas de toda la familia, sino que se centran en personajes de esta edad y los [problemas relacionados con la adolescencia]. Más opciones de protagonistas, por tanto, para sentir esta implicación.

Así que las series no nos enganchan por casualidad. En muchas ocasiones, están diseñadas para continuar, para que profundicemos en sus historias y conectemos con sus personajes… y para que verlas nos resulte cómodo y (casi) adictivo. Pero no es fácil desgranar eso que nos hace experimentarlas como si, durante el rato que duran los episodios, formáramos parte de un mundo diferente. Y es que la serie que te encanta puede no gustarle nada a tu amigo o a tus padres, porque siempre hay una parte esencial que tiene que ver con quiénes somos.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


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Sara Valenzuela-Monreal realizó su tesis doctoral sobre series de ficción financiada por un contrato de Formación al Profesorado Universitario (FPU).

– ref. ¿Por qué nos enganchan tanto las series? – https://theconversation.com/por-que-nos-enganchan-tanto-las-series-284319

Venezuela seis meses después de la salida de Maduro: democracia frente a rendimiento económico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tulio Alberto Álvarez-Ramos, Profesor/Investigador Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Católica Andrés Bello. Jefe de Cátedra de Derecho Constitucional de la Universidad Central de Venezuela, Universidad Católica Andrés Bello

La amenaza que hoy acecha a los Estados constitucionales parece provenir “de más lejos que más nunca”, como el origen incierto de la barbarie que describió el escritor venezolano Rómulo Gallegos en su novela Doña Bárbara. No nace de una carencia de leyes, sino de una mutación del derecho: la transición hacia el Estado sin garantías y sin bienestar.

Mientras el siglo XX prometió que la apertura económica traería libertad, el siglo XXI sacrifica las garantías ciudadanas en el pragmatismo extractivo y la seguridad energética. Este modelo no es un fenómeno aislado: resuena en las grandes economías globales, que comienzan a privilegiar la competitividad y el rendimiento sobre los estándares democráticos tradicionales.

También se consolida en la validación (tras años de colapso) del gobierno venezolano por parte de Estados y organismos internacionales, sin que se haya producido una transformación política real cuando se cumplen seis meses de la captura de Nicolás Maduro, en enero de 2026, y Venezuela enfrenta las primeras semanas tras los devastadores terremotos del pasado 24 de junio y sus sucesivas réplicas. El desastre ha puesto en evidencia la deficiente preparación del Estado para atender una catástrofe de esa magnitud.




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El ocaso del consenso político

Históricamente, la arquitectura del constitucionalismo se diseñó para dignificar el ser humano. Con la Declaración Universal de Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, que atribuía las “desgracias públicas” al desprecio de los derechos, y la Constitución de 1787 de los Estados Unidos, que fijó como meta “promover el bienestar general”, el buen gobierno se convirtió en sinónimo de felicidad colectiva.

Este legado, recogido por el constitucionalismo venezolano de 1811, sostiene que la legitimidad de los gobiernos, que nace del consentimiento de los gobernados, y la división de poderes evitan las tiranías.

Ahora, como decíamos, surge el Estado sin bienestar, que rompe este pacto de siglos y sustituye la “búsqueda de la felicidad” de los padres fundadores estadounidenses por la búsqueda de la rentabilidad, y la “voluntad general” de los derecho de mujeres y hombres por el pragmatismo extractivo.

Olvidar que el fin último del Estado es el bienestar y la felicidad ciudadana es, en esencia, renunciar a la civilización política.

Cuando la democracia es sorprendida

El camino hacia un Estado sin bienestar no es nuevo, pero lleva más recorrido de lo que la teoría democrática pudo prever. En Venezuela, los eventos electorales de julio de 2024 mostraron cómo la norma jurídica quedó desplazada por un bloque normativo represivo.

Aunque la salida de Maduro generó una renovada expectativa de cambio político, la restauración democrática exige, además, el retorno de Venezuela al Sistema Interamericano de Derechos Humanos del que se separó formalmente en septiembre de 2013. Esta reincorporación no busca ser una mera formalidad diplomática: representaría el restablecimiento de un bloque de garantías supranacionales que actúe como contrapeso a la arbitrariedad interna.

La transición hacia un marco jurídico que proteja la pluralidad política –y no que la castigue– requiere la derogación de leyes venezolanas que han ido anulando la libertad de asociación y expresión, pues la labor del ciudadano y el periodista es el termómetro final de la salud republicana.

Restaurar la vigencia de la Constitución implica reconocer que ningún crecimiento económico o estabilidad técnica puede sustituir la justicia integral y el respeto a la voluntad popular. El desafío político venezolano es, en última instancia, demostrar que es posible desmantelar un sistema de exclusión para recuperar la senda de una democracia plena y vinculante.

El pragmatismo multilateral como aval del autoritarismo

La reanudación simultánea de operaciones con Venezuela por parte del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en abril de este año marca un hito en la geopolítica venezolana.

Al restablecer relaciones bajo criterios de “mayoría de voto” y “necesidades técnicas”, estos organismos desplazaron el estándar de la legitimidad democrática en favor de una normalización operativa. Este movimiento valida la tesis del Estado sin bienestar: se acepta la inserción de un país en el engranaje internacional no por su apertura política, sino por su disposición a ajustar sus sectores estratégicos –energía y minas– a las demandas del mercado global y las directrices de la administración estadounidense.

Con este respaldo, que prioriza sobre las garantías ciudadanas la estabilidad macroeconómica y la negociación de una deuda de 240 000 millones de dólares, se envía el mensaje de que cumplir con las reglas del capital es suficiente, incluso si se mantiene el colapso de las instituciones democráticas.

Obviamente, la estabilidad económica es compatible con el ideal democrático, pero sin libertades económicas ni Estado de derecho no hay desarrollo económico real.

Entre el ‘dominium’ de Trump y la muralla económica china

El camino hacia el Estado sin bienestar es también el resultado de una pinza geoeconómica. Por un lado, la administración Trump ha consolidado su agenda de Dominus Quiritario, utilizando el petróleo y el gas como herramientas de diplomacia dura. Al priorizar el “Fossil-Fuel First” y asegurar el control de minerales críticos, Washington ha rediseñado las reglas: la seguridad nacional es ahora seguridad energética.

En este esquema, países como Venezuela son vistos menos como democracias a restaurar y más como suministradores estratégicos que deben ser estabilizados para que los recursos energéticos fluyan hacia los mercados.

Frente a esto, China ha perfeccionado su propia versión del autoritarismo desarrollista. Al controlar entre el 40 % y el 90 % del procesamiento global de materiales clave, Pekín ha transformado la dependencia de sus suministros en un arma geoeconómica, capaz de asfixiar economías mediante restricciones a la exportación, como las aplicadas al grafito y las tierras raras en 2025.

Frente a estas dos fuerzas contrarias, la respuesta de la Unión Europea ha sido el lanzamiento, en marzo de 2026, del plan RESourceEU y la Ley de Aceleración Industrial, buscando impulsar la reindustrialización y la transición energética, y asegurarse el suministro de materias primas críticas.

Sin embargo, esta búsqueda de autonomía estratégica corre el riesgo de validar los modelos chino y estadounidense, donde la competitividad industrial y el acceso a rentas justifican el debilitamiento de los marcos de control democrático y ambiental transnacional.

Rendidos ante las nuevas reglas

El reconocimiento financiero de una Venezuela sin libertades, pero con recursos que ofrecer a los mercados, marca el acta de defunción de los consensos políticos de la posguerra para la construcción del Estado del bienestar. Si el éxito de un Estado se mide por su capacidad de extraer rentas, y no por su capacidad de proteger los derechos de sus ciudadanos, estamos ante una involución global irreversible.

La crisis de las instituciones no es un fallo técnico, sino una rendición ante un nuevo diseño de las reglas mundiales. Anuncia un futuro donde la eficiencia del capital convive cómodamente con la asfixia de la política real, dejándonos un mundo con recursos, pero trágicamente vacío de humanidad.

The Conversation

Tulio Alberto Álvarez-Ramos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Venezuela seis meses después de la salida de Maduro: democracia frente a rendimiento económico – https://theconversation.com/venezuela-seis-meses-despues-de-la-salida-de-maduro-democracia-frente-a-rendimiento-economico-280757

8.º aniversario The Conversation: las fuentes académicas necesitan el altavoz periodístico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

¿Cómo combatir los bulos? ¿Qué es una fuente fiable? ¿Por qué fomentar el pensamiento crítico? ¿En qué situación se encuentra el periodismo?

Durante años, los aniversarios de The Conversation en Fundación Telefónica han celebrado la pata más científica de nuestro lema “rigor académico, oficio periodístico”. Sin embargo, en este octavo cumpleaños reunimos a tres pesos pesados de la comunicación –Aitana Castaño, periodista asturiana especializada en la información de las cuencas mineras y colaboradora del Hoy por hoy; Ángeles Caballero, participante en diferentes tertulias televisivas y colaboradora en Hora 25, y Martín Barreiro, físico y divulgador del clima en RTVE– para hablar de la otra, la periodística.

Porque uno de los objetivos de The Conversation cuando se creó en Australia, allá por 2011, o cuando se lanzó en España, en 2018, es salvar la brecha que a veces existe entre la prensa y la universidad: unos creen que los académicos son ininteligibles, y otros creen que los periodistas solo buscan el titular fácil.

Así, en la introducción, tanto Rafa Sarralde, director general de The Conversation España, como Elea Giménez Toledo, presidenta de su comité asesor, hicieron referencia a esta voluntad de unir dos disciplinas para, sobre todo, llegar a todo tipo de lectores.

¿Qué buscan los periodistas en los expertos universitarios?

Desde la prensa local, los investigadores de la Universidad de Oviedo han sido siempre un recurso esencial para que Aitana Castaño le explique a la gente “el mundo que ya conocen”.

Ángeles Caballero, también antigua editora de Economía en The Conversation, utiliza la información de los expertos para aferrarse al dato cuando en las tertulias le piden una opinión sobre temas complejos en 25 segundos. Martín Barreiro, que encarna en sí mismo la divulgación, saltó hace años del mundo académico al comunicativo, y considera que el espectáculo “no es el enemigo”.

Aunque ya tienen integrado el lenguaje periodístico en su día a día y no se paran a analizarlo, los tres estuvieron de acuerdo en que al informar buscan ofrecer respuestas comprensibles. Algunos, en los inicios, habían recibido de sus superiores la directriz de “escribir para que lo entendiese su abuela”. Otros, “escribir para que un abogado de Garrigues entienda una información sobre astrofísica”.

Fuese quien fuese la persona a la que tenían en la cabeza a la hora de narrar, el objetivo final siempre es comunicar y, como añadió Barreiro, buscar hacerlo por capas: “que todo el mundo entienda lo básico pero que también existan estímulos que hagan la información más sugestiva para lectores más experimentados en el tema”. En definitiva, el periodista (y el divulgador) debe abstraerse de querer aparentar que es la persona más lista del planeta y simplemente intentar que todo el mundo lo entienda.

Y con el lenguaje y los datos a su favor, ¿cómo intentan combatir las informaciones falsas con los que se topan?

Castaño recordó que ella estaba frente a Sorpresa, sorpresa el día en el que, supuestamente, sucedió el bulo de Ricky Martin y la mermelada. Cuando aseguró que no había visto tal cosa en la tele recibió como respuesta: “¿Y tú que no lo viste vas a saber más que todos los que dicen que pasó?”. Así que, entre risas, determinó que “es dificilísimo luchar contra ellos”: “El bulo se suelta de forma colectiva pero después hay que desmontarlo individualmente”.

Barreiro ha pasado de no querer mezclarse con quienes propagan bulos “a bajar a discutir con ellos”. Sin embargo, los bulos muchas veces provienen de creyentes en algo, de gente que basa su teoría en la fe, y es muy complicado intentar convencerles con razonamientos.

El problema y la solución

Para Castaño, parte de la culpa de la proliferación de mentiras la tienen los medios y las redes. Parte de la solución también la tienen los medios y las redes. El periodismo está, según ella, “muy mal y muy bien”: hay grandes problemas económicos e ideológicos pero también oportunidades que antes no existían. El problema, según Barreiro, “está fuera del periodismo, porque la información ya no está solo en los medios de comunicación”. Y así uno se puede encontrar fuentes fiables en internet pero también auténticas barbaridades informativas.

Aunque todos defendieron que hay buenos divulgadores en las redes, la realidad es que muchas veces quienes triunfan no son quienes tienen el mensaje más científico. Porque… ¿qué es una fuente fiable? “En el momento en que la gente cree que las instituciones mienten con sus datos y sus informes, la expresión ‘fuente fiable’ depende de cada uno”, comentó Ángeles Caballero.

Por eso las dos intervenciones finales del público cerraron estupendamente la charla. Porque aunaron en sus preguntas, anécdotas y argumentos muchos de los temas centrales de la conversación.

Así, José Manuel Torralba, catedrático de Materiales, compartió su accidentada experiencia inicial con la prensa. Cuando sucedió el desastre del Prestige, atendió a un redactor al que le explicó las causas que podían haber contribuido a la rotura del casco del barco. Al día siguiente comprobó que habían quedado resumidas en la frase “el acero puede cascar”, a su juicio una simplificación de la ciencia que él había intentado sintetizar. Aunque los tres periodistas de la mesa lo definieron como “un titular buenísimo”.

Marga Sánchez Romero, catedrática de Prehistoria, por su parte, contó que intentó explicar científicamente, en un pódcast, que las mujeres cazaban en la prehistoria y lo hizo utilizando el ejemplo de los restos encontrados en un yacimiento peruano de 9000 años de antigüedad. “Pero”, dijo ella, “¿cómo luchas con un comentario como el que yo recibí y que decía ‘yo soy peruano y eso en mi país no ha pasado nunca’?”

Sin rendirse, Aitana Castaño insistió en su mensaje a los investigadores: “Si un periodista llama, coged el teléfono. Nosotros os necesitamos como fuentes y vosotros nos necesitáis como altavoz”. Porque hay que seguir trabajando para ofrecer la verdad. “Se necesitan recursos para frenar las mentiras”, defendió Barreiro.

Y no hay mejor recurso, en este octavo año de vida, que The Conversation. Por algo Juan Ignacio Pérez Iglesias, antiguo rector de la Universidad del País Vasco y actual consejero de Ciencia, Universidades e Innovación del Gobierno Vasco, que nos acompañó en el aniversario, lo definió ya hace años como “el inventazo”.

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– ref. 8.º aniversario The Conversation: las fuentes académicas necesitan el altavoz periodístico – https://theconversation.com/8-aniversario-the-conversation-las-fuentes-academicas-necesitan-el-altavoz-periodistico-286289

La paradoja nórdica: ni siquiera los países más igualitarios del mundo logran reducir la violencia contra las mujeres

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Gracia, Full Professor of Social Psychology, Universitat de València

PH888/Shutterstock

Casi una de cada tres mujeres de la Unión Europea ha sufrido violencia física, amenazas o violencia sexual desde los 15 años. Es decir, aproximadamente 50 millones de mujeres. Estas son las conclusiones de la última encuesta de la UE sobre violencia de género, basada en entrevistas a más de 114 000 mujeres.

Lo que hace que esta cifra sea alarmante no es solo su magnitud, sino su persistencia. Diez años antes, la primera encuesta a escala de la UE reveló el mismo patrón. Tal y como señaló el director de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE: “Una década después, seguimos siendo testigos de los mismos niveles impactantes de violencia”.

En un artículo reciente, publicado en Nature Communications, analicé si la Meta 5.2 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas –que tiene como objetivo eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas para 2030– es realista.

La incómoda respuesta es no, ni para 2030 ni al ritmo actual.

Un problema que se agrava

Las estadísticas de la UE coinciden de forma llamativa con lo que observamos a nivel mundial. La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe la violencia contra las mujeres como un problema de salud pública de “proporciones pandémicas”. Sus últimas estimaciones, publicadas en 2025, sugieren que el 30,4 % de las mujeres de todo el mundo –aproximadamente 840 millones de mujeres — han sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida.

Estas cifras se han mantenido prácticamente sin cambios durante más de dos décadas. La OMS califica las reducciones recientes de mínimas, demasiado lentas y muy insuficientes. Es posible que incluso esto subestime la magnitud real, ya que muchas mujeres no revelan la violencia que sufren en las encuestas, y algunas formas de maltrato (violencia psicológica, control coercitivo, maltrato económico, acoso en línea) apenas se reflejan en las estadísticas generales.

La paradoja nórdica

Quizás el hallazgo más sorprendente sea dónde se registran los niveles más altos de violencia. En la encuesta de la UE de 2024, la prevalencia fue del 57 % en Finlandia, del 52 % en Suecia y del 47 % en Dinamarca, todas ellas muy por encima de la media de la UE, que se sitúa en el 30,7 %. Estos países se encuentran entre los más desarrollados del mundo y ocupan sistemáticamente los primeros puestos en las clasificaciones mundiales de igualdad de género.

Este patrón, a menudo denominado “paradoja nórdica”, pone en tela de juicio una suposición común: que el desarrollo económico y la igualdad de género, por sí solos, conducirán a una reducción de la violencia. Estos avances son esenciales, pero está claro que no bastan por sí solos para prevenir la violencia.

Si las sociedades más avanzadas e igualitarias del mundo no logran reducir la violencia contra las mujeres, ¿qué perspectivas hay en el resto del mundo?




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Improving gender equality will help end violence against women, but it’s only part of the puzzle


Las mujeres jóvenes son más vulnerables

En la UE, las mujeres de entre 18 y 29 años ya denuncian niveles de violencia superiores a la media general. Esta tendencia ya era visible hace una década y no ha mejorado. Las generaciones más jóvenes han crecido en un entorno con más debate público sobre la igualdad de género y más campañas de sensibilización que ninguna otra generación anterior.

Si las medidas de prevención actuales funcionaran, cabría esperar ver reducciones claras. Los datos no lo reflejan.

Al mismo tiempo, la propia violencia está cambiando. La tecnología digital ha abierto nuevas vías para el acoso, el control y la humillación: el acoso en línea, las amenazas en las redes sociales, la sextorsión, la difusión no consentida de imágenes íntimas y los deepfakes sexuales generados por IA. Aunque estas herramientas no causan violencia física directa, facilitan la comisión de los abusos, dificultan escapar de ellos y aceleran su difusión.




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El conocimiento existe, pero las respuestas se quedan cortas

La realidad de la violencia contra las mujeres es profundamente preocupante. Pero ser realista no significa resignarse. Al contrario, la magnitud persistente del problema exige una respuesta mucho más ambiciosa.

Los datos no indican que el objetivo de eliminar toda la violencia contra las mujeres y las niñas para 2030 –la meta 5.2 de la ONU– haya fracasado, ni que sea imposible. Lo que revelan es la enorme brecha que existe entre la ambición del objetivo y la magnitud, la intensidad y la coherencia de los esfuerzos actuales para alcanzarlo.

Y ya disponemos de herramientas para hacerle frente. Las investigaciones realizadas durante la última década han identificado estrategias de prevención con efectos demostrados en la reducción de la violencia. El marco “RESPECT Women” de la OMS, que se ha actualizado recientemente a partir de revisiones sistemáticas a nivel mundial, organiza esta evidencia en siete estrategias interconectadas. Estas abarcan desde el empoderamiento de las mujeres y la transformación de las normas de género nocivas hasta el refuerzo de los servicios para las supervivientes y la reducción de la pobreza.

El marco evalúa la evidencia por separado para los países de ingresos altos y para los de ingresos bajos y medios. Esta característica estructural es reveladora en sí misma, ya que pone de manifiesto la desigualdad con la que se ha desarrollado la investigación sobre prevención en los distintos contextos.

Pero ninguna estrategia por sí sola es suficiente. Una prevención eficaz implica combinar enfoques a nivel individual, comunitario y social. Y el criterio de referencia definitivo, tal y como subraya el propio RESPECT, es si estos esfuerzos conducen a reducciones cuantificables en la prevalencia de la violencia a nivel poblacional. Según ese criterio, los esfuerzos actuales se quedan claramente cortos.

El problema es que las herramientas de eficacia probada no se están aplicando a la escala ni durante el tiempo necesarios. Se lanzan campañas, pero no se mantienen. Se aprueban leyes, pero no se financian ni se hacen cumplir adecuadamente. El principal obstáculo no es la falta de conocimientos. Es una brecha persistente entre los compromisos y la acción, y entre los recursos disponibles, la voluntad política y la rendición de cuentas necesaria para garantizar su uso.

Una crisis de proporciones pandémicas

Puede que el plazo de 2030 ya esté fuera de nuestro alcance, pero no debe abandonarse el objetivo en sí. Un problema que afecta a millones de mujeres no puede tratarse como una cuestión política secundaria.

Cuando el mundo se enfrenta a otras emergencias sanitarias graves, moviliza la ciencia, la financiación y la cooperación internacional. La violencia contra las mujeres requiere una ambición comparable: inversión a largo plazo, pruebas más sólidas y rendición de cuentas pública.

Lo que muestra la paradoja nórdica es que la violencia contra las mujeres no se eliminará automáticamente a medida que las sociedades se vuelvan más ricas o más igualitarias. Se necesitarán medidas deliberadas, sostenidas y cuantificables, respaldadas por la voluntad política y la rendición de cuentas necesarias para estar a la altura de la magnitud de la crisis. La promesa de eliminar la violencia contra las mujeres debe pasar de ser una aspiración a convertirse en realidad.

The Conversation

El artículo académico en el que se basa este texto ha recibido financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación de España/Agencia Estatal de Investigación y del Fondo Europeo de Desarrollo Regional, así como de la Generalitat Valenciana/Programa Prometeo. Las entidades financiadoras no han intervenido en la redacción ni en la revisión del artículo académico.

– ref. La paradoja nórdica: ni siquiera los países más igualitarios del mundo logran reducir la violencia contra las mujeres – https://theconversation.com/la-paradoja-nordica-ni-siquiera-los-paises-mas-igualitarios-del-mundo-logran-reducir-la-violencia-contra-las-mujeres-286565

50 años del nombramiento de Adolfo Suárez como presidente de España: un líder en tiempos turbulentos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gaizka Fernández Soldevilla, Responsable del Área de Archivo, Investigación y Documentación, Centro Memorial para las Víctimas del Terrorismo

Con solo 43 años, el 3 de julio de 1976 Adolfo Suárez se convirtió en presidente del Gobierno. Su ascenso fue solo el principio. En los meses siguientes, este político que había hecho carrera en el franquismo, director general de Radio Televisión Española entre 1969 y 1973 y, desde abril de 1975, ministro secretario general del Movimiento (el partido único del régimen), protagonizó la transformación de la dictadura en una democracia.

A través de la Ley de Reforma Política, aprobada en referéndum en diciembre de 1976, desmanteló el aparato institucional al que pertenecía y pilotó la transición democrática buscando el consenso. Las decisiones de sus primeros meses de mandato fueron controvertidas (amnistía, legalización del PCE, Pactos de la Moncloa, convocatoria de elecciones democráticas…) y generaron desconfianza, tanto entre los sectores inmovilistas como entre la oposición, que recelaba de sus orígenes.

Nombramiento

Los desacuerdos entre el rey Juan Carlos I y el presidente Carlos Arias Navarro, que había sido incapaz de reformar la dictadura, provocaron la dimisión de este último. El 3 de julio de 1976, el monarca encargó la formación de un nuevo gobierno a Adolfo Suárez. A pesar de la lógica desconfianza de la oposición, fue sumando voluntades y lideró la transición de la dictadura de Franco (1939-1975) a la democracia.

Adolfo Suárez, 30 de marzo de 1979.
FAL

Primeros pasos: aministía y diálogo

Suárez anunció que iba a convocar elecciones al año siguiente. Y reforzó sus palabras con una amnistía para “todos los delitos y faltas de intencionalidad política y de opinión” con la única exclusión de la violencia. Aunque continuaron exigiendo una “amnistía total”, los antifranquistas valoraron positivamente el gesto.

Además, el Gobierno estableció un diálogo con toda la oposición, incluyendo a las organizaciones terroristas. Por medio del Servicio Central de Documentación (SECED), entró en contacto con las dos ramas de ETA, que aquel año asesinaron a 17 personas. ETA político-militar aceptó esa vía, pero ETA militar se cerró en banda.

Los ultras

También se cerró la extrema derecha, que tachaba al presidente de “traidor”, “perjuro”, “masón” y “Judas”. En palabras de uno de sus militantes más conocidos, Ernesto Milà, Suárez constituía “la quintaesencia de lo que todos nosotros odiábamos”. Era “indiscutiblemente la bestia negra de la ultraderecha, al mismo nivel que Santiago Carrillo”.

Este sector conservaba una fuerte presencia en sectores clave de las estructuras del Estado, desde los que intentó torpedear los esfuerzos de Suárez. En septiembre el general Fernando de Santiago dimitió como vicepresidente del Gobierno. Al mes siguiente, el Consejo Nacional del Movimiento elaboró un informe contra la Ley para la Reforma Política, diseñada para desmantelar las estructuras franquistas y convocar unas elecciones libres.

Ley para la Reforma Política.
BOE

Con todo, el 18 de noviembre la ley llegó a las Cortes: 13 procuradores se abstuvieron, 425 votaron a favor y otros 59 lo hicieron en contra. Entre quienes se opusieron estaba Blas Piñar, quien denunció que el texto pretendía “la sustitución del Estado nacional por el Estado liberal. La liquidación de la obra de Franco”. No le faltaba razón.

Manuel Gutiérrez Mellado y Adolfo Suárez. Diario 16, 19-11-1976.
Archivo Linz de la Transición española, FAL

Por “perjuro” y por “masón”

Como reacción, los involucionistas se echaron a la calle. El 20 de noviembre la Confederación Nacional de Combatientes conmemoró el primer aniversario del fallecimiento del “Caudillo” y el cuadragésimo del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera con una concentración en la plaza de Oriente. Los cerca de 100 000 asistentes lanzaron gritos contra sus enemigos: “¡Procuradores, sois unos traidores!”, “¡Juan Carlos, Sofía, el pueblo no se fía!”, “¡Suárez dimisión, por perjuro y por masón!” y “¡Tarancón al paredón!”. También hubo lemas nostálgicos como “¡Franco resucita, España te necesita!” y apelaciones directas al golpismo: “¡Ejército al poder!”.

1976: el año de la violencia

A decir del entonces ministro de la Gobernación, Rodolfo Martín Villa, la extrema derecha “pisaba a fondo el acelerador del activismo para intentar contrarrestar la marea que se avecinaba”. A lo largo de noviembre se produjeron ocho atentados contra el mundo del libro. En la librería Pórtico (Zaragoza) los atacantes dibujaron cruces gamadas en el escaparate de junto a un mensaje amenazador que incluía estas palabras: “Los comunistas, como los bárbaros, necesitan traidores que les abran las puertas”.

Tal vez por eso, como ha calculado la hispanista Sophie Baby, 1976 fue el año en el que se produjeron más atentados de signo ultra en toda la Transición. Obviando las amenazas, hay 153 contabilizados. Las estadísticas del Ministerio del Interior elevaban la cifra a 243. Se registraron cuatro víctimas mortales: Aniano Jiménez Santos y Ricardo García Pellejero el 9 de mayo, María Norma Menchaca, el 9 de julio, y Carlos González Martínez, el 27 de septiembre.

La Ley de Reforma Política

De acuerdo con una circular interna, el Gobierno era consciente de que, si el resultado del referéndum le resultaba adverso, las consecuencias “pueden ser graves”. El conjunto de la oposición, tanto la democrática como la vinculada a ETA y la adscrita a la rama “auténtica” de Falange, se decantó por la abstención. En cambio, la ultraderecha pidió a la ciudadanía que emitiese una papeleta negativa: “Franco hubiera votado no”. Según el diario derechista El Alcázar, la ley “favorece los esfuerzos de los marxistas para convertir España en una república marxista, federal y descristianizada”.

Tan solo cuatro días antes del plebiscito, el 11 de diciembre, los GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre) secuestraron a Antonio María de Oriol Urquijo, presidente del Consejo de Estado y antiguo ministro de Justicia. La extrema izquierda violenta trataba de torpedear el proceso de democratización. Se trataba de un objetivo compartido por la ultraderecha. Esa misma jornada comenzó el I Congreso de Fuerza Nueva (partido de extrema derecha), que terminó el 13 de diciembre. Su líder, Blas Piñar, dedicó el discurso de cierre a atacar al PSOE, a Alianza Popular, al Gobierno y al rey. De acuerdo con la crónica de El País, “su intervención fue constantemente interrumpida con aplausos, gritos de ‘traidores’ y asentimientos fervorosos”.

Diario 16, 13-12-1976.
Archivo Linz de la Transición española, FAL

A pesar de los GRAPO y de la extrema derecha, el referéndum se desarrolló con normalidad el 15 de diciembre. Con un 77,72 % de participación, el “sí” a la Ley para la Reforma Política obtuvo 16 573 180 votos (el 94,45 % del total) y el “no”, únicamente 450 102 (el 2,56 %).

Aquel resultado demostraba que solo una exigua minoría de los españoles deseaba un franquismo sin Franco. Fue el primer gran éxito de Adolfo Suárez y su equipo.

Luego vendrían la Constitución de 1978, la crisis de su partido (la Unión de Centro Democrático), el acoso político, su dimisión el 29 de enero de 1981, el 23-F, la etapa del CDS (Centro Democrático Social) y la tragedia personal del alzhéimer, que borró sus recuerdos mientras su figura como líder histórico de la transición política se instalaba definitivamente en la memoria colectiva.

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Gaizka Fernández Soldevilla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. 50 años del nombramiento de Adolfo Suárez como presidente de España: un líder en tiempos turbulentos – https://theconversation.com/50-anos-del-nombramiento-de-adolfo-suarez-como-presidente-de-espana-un-lider-en-tiempos-turbulentos-284586

Mundial de 2026: cómo la FIFA ha convertido el evento deportivo en una herramienta del poder autoritario

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Alvarado, Associate professor, Universidade de Vigo

Donald Trump y Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, asisten al sorteo de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas en Washington, DC, el 5 de diciembre de 2025. lev radin/Shutterstock

El Mundial de fútbol 2026, que comenzó el 11 de junio en Estados Unidos, México y Canadá, es el mayor torneo de selecciones jamás organizado: 48 equipos, 104 partidos y 16 ciudades sede, con ingresos previstos de 13 000 millones de dólares para la FIFA. Y, sin embargo, los hoteles de las ciudades sede declaran reservas por debajo de las previsiones y 180 000 entradas quedaban sin vender dos días antes del inicio.

Mientras el mundo registraba en 2025 un incremento del turismo del 4 %, las llegadas a Estados Unidos caían un 5,4 %. Los Travel bans, requisitos ampliados de visado y controles en frontera que definen la política migratoria de Trump, disuaden a los visitantes que el torneo debiera atraer.

En contraposición a la coerción del hard power –poder duro o de mano dura–militar y económico, el concepto de soft power –poder blando– fue acuñado por el geopolitólogo estadounidense Joseph Nye para describir la capacidad de un Estado de influir en otros mediante valores, cultura e instituciones.

Los grandes eventos deportivos han sido uno de sus instrumentos más eficaces. Rusia en 2018 y Catar en 2022, a pesar de sus contradicciones en materia de derechos humanos, buscaban proyectar una imagen de países modernos y legitimarse internacionalmente. Días antes de fallecer, en mayo de 2025, Nye explicaba: “Si piensas en el poder como palos, zanahorias y miel, Trump deja de lado la miel”. El Mundial 2026 lo confirma: el país anfitrión no quiere resultar atractivo y prefiere exhibir su dominio. Es la política del espectáculo, una forma de poder que no convence, sino que impresiona.

La captura de la institución

El modelo tiene en Gianni Infantino uno de sus operadores más visibles. El presidente de la FIFA llegó al cargo en 2016 prometiendo transparencia tras el Fifagate, el mayor escándalo de corrupción de la institución, y ha construido desde entonces un sistema de poder personal sin contrapesos efectivos.

Lo que la ciencia política identifica como personalist rule –gobierno por acumulación de lealtades individuales, no por procedimientos institucionales– define con precisión el estilo Infantino: remunera a 211 federaciones nacionales mediante el programa Forward y las fideliza, vacía los órganos de control independientes y no rinde cuentas ante ningún mecanismo democrático real. La captura institucional –proceso por el que una organización pierde su mandato original para servir a intereses de quienes la controlan– es completa.

La secuencia de países anfitriones bajo su mandato traza una línea coherente. Putin en 2018, el emir Al-Thani en 2022, Trump en Estados Unidos 2026, Mohammed bin Salman en Arabia Saudí 2034. La edición de 2030, compartida entre España, Portugal y Marruecos, refina el patrón. Mohamed VI obtiene la legitimidad que anhela asociándose a dos democracias consolidadas, un mecanismo de lavado deportivo más sofisticado que el modelo de anfitrión único.

Infantino se apoya en su red clientelar de federaciones, que son también quienes lo reeligen y aseguran su permanencia en el cargo. Actúa como cortesano que no defiende los derechos de los aficionados, ni los de los equipos, ni los del propio fútbol. El lavado deportivo no es un efecto residual del sistema. Es su lógica central.

Infantino y Trump, dos grandes amigos

La convergencia entre Infantino y Trump desborda el cálculo táctico. Elegidos ambos en 2016, comparten el desprecio por los mecanismos de control independiente y la fascinación por el poder personalista. El primero asistió a la investidura del presidente estadounidense en enero de 2025, le acompañó a la cumbre de paz de Sharm el-Sheij (Egipto) en octubre, como único participante sin responsabilidad política entre 20 jefes de Estado, y creó el “Premio FIFA a la Paz” para entregárselo al presidente en diciembre, en una ceremonia sin criterios públicos ni jurado independiente.

El exfutbolista, exentrenador y dirigente deportivo francés que desde 2007 hasta 2015 fue presidente de la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA), Michel François Platini, que presentó denuncia penal contra Infantino por tráfico de influencias, trazó su perfil con una frase: “Ama a los ricos y poderosos, a los que tienen dinero”.

La FIFA ocupa hoy espacios que antes correspondían al sistema multilateral: presencia en ceremonias diplomáticas de primer nivel, imposición de normas a sus federaciones nacionales e incluso mediación implícita entre Estados en conflicto. Es un actor no estatal con funciones cuasi-soberanas que opera sin elecciones, sin separación de poderes y sin rendición de cuentas, llenando el vacío dejado por el declive del multilateralismo formal.

Simon Chadwick, de la Emlyon Business School, sostiene que esa posición monopolística le permite adjudicar el torneo a cualquier régimen sin que el sistema pueda impedirlo. Es el multilateralismo privatizado, donde las reglas las dicta quien controla el entretenimiento, no quien tiene un mandato democrático.

Del fascismo al trumpismo

El doble rasero geopolítico es la expresión coherente de ese sistema, no un fallo de gobernanza. Rusia fue suspendida cuatro días después de invadir Ucrania, en febrero de 2022, pero la FIFA guardó silencio ante los bombardeos israelíes en Gaza. Cuando la administración Trump declaró la presencia de Irán “no apropiada”, violando sus propios estatutos, la selección iraní fue desplazada de su campo base en Arizona a Tijuana, con permiso de entrada al país anfitrión de 24 horas por partido y 11 miembros de su cuerpo técnico sin visado.

Al ser eliminados, el seleccionador Amir Ghalenoei lo resumió en una frase: “El país anfitrión nos trató de forma muy injusta”. Infantino había visitado el vestuario iraní prometiendo soluciones que nunca llegaron.

Mussolini utilizó la Copa del Mundo de 1934 para proyectar el fascismo italiano ante la opinión internacional; Hitler, los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 con idéntico propósito; la junta argentina, el Mundial de 1978, mientras en la Escuela de Mecánica de la Armada, el principal centro de detención de la dictadura, a un kilómetro del estadio, se torturaba.

Trump llega al torneo con una aprobación del 37 %, un acuerdo con Irán que sus propios aliados interpretan como humillación y más de 700 resoluciones judiciales bloqueando sus decretos. El Mundial inaugura un verano diseñado como espectáculo continuo: combates de MMA en la Casa Blanca, un Grand Prix y los actos del 250 aniversario de la independencia, todos alrededor de la figura de Trump.

El fútbol y el desorden mundial

En un mundo donde el orden multilateral basado en normas e instituciones compartidas cede ante potencias que rechazan sus principios, la FIFA ocupa un lugar singular. No representa a ningún bloque geopolítico, pero los países a los que ha adjudicado su principal torneo revelan una afinidad estructural con regímenes que anteponen el espectáculo al escrutinio y el beneficio a la rendición de cuentas.

Varios expertos en relaciones internacionales identifican esta dinámica como la “nueva guerra fría del deporte”, una contienda no entre bloques ideológicos fijos, ni entre modelos de gobernanza, sino entre quienes exigen transparencia institucional y quienes la rechazan y convierten los estadios en teatros de expresión de poder.

El “Mundial más inclusivo de la historia”, eslogan oficial de la FIFA, es el más restrictivo en términos de acceso real. Haití se clasificó por primera vez en más de cincuenta años, pero el Travel ban de Trump impide que el grueso de sus aficionados accediera al país.

Por otra parte, la entrada más barata para la final alcanzó 4 185 dólares en la venta general de diciembre, más de siete veces el precio de Catar 2022. Football Supporters Europe y Euroconsumers presentaron en marzo una denuncia formal ante la Comisión Europea por abuso de posición dominante, precios abusivos, publicidad engañosa y opacidad.

En suma, la FIFA administra el espectáculo que media humanidad contempla sin rendir cuentas ante gobiernos, parlamentos o aficionados. El problema no es de gobernanza deportiva. Es de desorden mundial.

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David Alvarado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Mundial de 2026: cómo la FIFA ha convertido el evento deportivo en una herramienta del poder autoritario – https://theconversation.com/mundial-de-2026-como-la-fifa-ha-convertido-el-evento-deportivo-en-una-herramienta-del-poder-autoritario-285974

¿Qué queda aún por explorar de la guerra civil española?: tres posibles futuros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaume Claret, Historiador. Profesor agregado en los Estudios de Artes y Humanidades y director del Máster Universitario de Historia del Mundo Contemporáneo, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Reproducción de fotografía del Fondo de la guerra civil española. BNE Digital/Biblioteca Nacional de España

La bibliografía sobre la guerra civil española no es infinita. Y aunque es frecuente oír lo contrario, tampoco podemos considerarla desproporcionada respecto a otros acontecimientos históricos. Basta ver los listados de novedades sobre el Imperio romano o la Segunda Guerra Mundial para comparar.

Se produce entonces una doble paradoja. Por un lado, resulta casi imposible estar al corriente de lo publicado sobre la contienda española. Como calculaba recientemente el historiador Joan Esculies, en los últimos veinte años –y sin tener en cuenta artículos científicos y tesis doctorales, ni la divulgación multiplataforma–, se habrán publicado unas 5 000 obras en las principales lenguas.

Entre ellas se encuentran tres novedades recientes. La guerre d’Espagne 1936-1939, a cargo de tres referentes del hispanismo francés (Mercedes Yusta, François Godicheau y Pierre Salmon), sitúa el conflicto en su dimensión internacional. Por su parte, en La guerra civil española conviven aportes colectivos yuxtapuestos para dibujar el actual estado de las investigaciones. Y la versión cómic de España partida en dos revisita el libro homónimo de Julián Casanova de la mano del guionista Miguel Casanova y el dibujante Carles Esquembre.

No obstante, y a pesar de esta continua publicación, todavía quedan vías por explorar.

La historia militar

Sin ánimo de exhaustividad y con el sesgo inevitable a toda selección, destacaría tres ámbitos de futuro especialmente sugerentes.

El primero quizás sea el más obvio –y, de hecho, ya formaba parte de un artículo similar que escribí hace cuatro años–: la historia militar del conflicto. Algunos avances se han realizado, pues diferentes investigadores formados en la UAB y crecidos en torno a la Revista Universitaria de Historia Militar han publicado aportaciones relevantes.

Entre ellas se encuentra Cruzados sin gloria, de Miguel Alonso Ibarra, que comprende todo el conflicto desde el punto de vista bélico. Así, abre el campo para futuros trabajos que incidan en el armamento usado –desde las redes de contrabando hasta el uso de la guerra de España como terreno de experimentación militar, pasando por formatos todavía inexplorados como las infografías o, poco explotados, como la cartografía–.

También posibilita posteriores investigaciones en las condiciones materiales de la guerra (véase el singular trabajo de Oriol Riart a partir de dietarios de soldados) o en frentes todavía marginales para el gran público, como el de la defensa pasiva, el intento de desembargo republicano en Mallorca (objetivo del reciente Una isla brutalizada) o episodios concretos como el desenlace de la guerra en Madrid.

Edificios destruidos por los efectos de la guerra civil española.
Edificios destruidos por los efectos de la guerra civil española.
BNE Digital/Biblioteca Nacional de España

Por su parte, Hasta su total exterminio de Arnau Fernández Pasalodos y Verdugos del 36 de David Alegre Lorenz se centran en el ejercicio de la violencia, su diversidad y su crueldad. El primero lo hace sobre las actuaciones antipartisanas, es decir, la neutralización de movimientos de resistencia por parte de las fuerzas militares –el maquis, en España–; mientras que el segundo se interesa por los perpetradores, tanto planificadores como ejecutores. Esto útimo nunca es sencillo ni, sobre todo, inofensivo, pues a menudo genera denuncias por parte de los familiares.

Además, el acceso documental sigue siendo complejo, ya sea por la escasa documentación referida a Falange y la necesidad de recurrir a archivos personales o por la poca colaboración desde la Iglesia, que obliga al encaje de bolillos.

Los estudios sobre la violencia

En este sentido, y ya entrando en el segundo ámbito de futuro, los estudios sobre violencia se habían centrado hasta hace poco en la contabilización de las víctimas y, posteriormente, en su identificación. Esto último incluía desde el rescate de sus biografías a la recuperación de sus restos mortales.

Quizás Valencia sea uno de los epicentros de estas actuaciones y, en especial, el cementerio de Paterna. Allí, entre abril de 1939 y diciembre de 1956, se fusilaron 2 238 personas y, entre 2005 y 2024 dichas fosas fueron excavadas. De esta actuación, además de la dignificación de las víctimas y del retorno a sus familiares, surgieron dos exposiciones excepcionales: “Arqueologia de la Memòria. Les fosses de Paterna” y “2238. Paterna, lloc de perpetració i memòria”.

Pero también se generaron publicaciones más allá de las estrictamente académicas, como el cómic El abismo del olvido de Paco Roca y Rodrigo Terrassa o la novela Ingrata patria mía sobre Joan B. Peset Aleixandre, rector de la Universitat de València, médico prestigioso y ciudadano comprometido asesinado por el franquismo.

Una página del cómic _El abismo del olvido_, de Paco Roca y Rodrigo Terrasa.
Una página del cómic El abismo del olvido, de Paco Roca y Rodrigo Terrasa.
Astiberri

Sin olvidar a las víctimas, los estudios sobre violencia están evolucionando hacia otras formas de ejercerla, como el expolio patrimonial, económico o incluso científico. Como en todo acontecimiento bélico, para muchos la guerra fue la ocasión para hacerse con su particular botín, generó profundos cambios en el tejido industrial y comercial, y facilitó los abusos de todo tipo.

Abrir este melón obliga a comprobar la propiedad de ciertos fondos –como ya han empezado a hacer el Museo del Prado o el MNAC–, plantea la posible reclamación de indemnizaciones o del retorno patrimonial y, sobre todo, cuestiona nuestra mirada sobre la guerra, la posguerra y la Transición. Así, la primera se nos aparece como una guerra también económica y de rapiña, la segunda como un expolio hacia los vencidos a favor de los vencedores (particulares e institucionales) y la tercera como un conjunto de actuaciones de ocultación.

De la colaboración con otros

Y el tercer ámbito debe surgir de la colaboración de la historia con otras disciplinas. Porque de la alineación de conocimientos y herramientas siempre pueden surgir nuevas perspectivas e interpretaciones que enriquezcan nuestra mirada.

Contactos fotográficos de la Guerra Civil española que retratan a milicianos del ejército republicano.
Contactos fotográficos de la Guerra Civil española que retratan a milicianos del ejército republicano.
BNE Digital/Biblioteca Nacional de España

Lo hemos visto recientemente con las aportaciones realizadas desde la arqueología en País en ruinas, desde la genética para comprender los efectos del hambre (como ya sugiere Miguel Ángel del Arco) o desde la antropología, como hace Alfonso Villalta para plantear nuevas preguntas a los archivos. Si estas sinergias se incrementan en el futuro, también lo hará nuestro conocimiento.

La guerra civil española permanece como el gran parteaguas de la historia contemporánea del país. Aunque el paso del tiempo diversificará el interés de los historiadores hacia otros acontecimientos más recientes (el segundo franquismo, la Transición, el 23F, el felipismo, etc.), cada nueva generación tenderá a revisitarla, ya sea con la excusa del aniversario, ya sea a raíz de la incorporación de nuevas perspectivas o nuevos archivos.

Esos futuros libros serán también evidencias de la evolución de la propia sociedad pues, como dejó escrito el historiador y político italiano Benedetto Croce, “toda historia es historia contemporánea”. Es decir, como nos recuerda el escritor y editor estadounidense Frank Cogliano, “las preocupaciones actuales influyen en las preguntas que le hacemos al pasado”.


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The Conversation

Jaume Claret no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Qué queda aún por explorar de la guerra civil española?: tres posibles futuros – https://theconversation.com/que-queda-aun-por-explorar-de-la-guerra-civil-espanola-tres-posibles-futuros-286304