Corrientes de resaca: saber cómo y cuándo se forman puede salvarnos la vida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Deva Menéndez Teleña, Profesora del Departamento de Ciencia y Tecnología Náutica, Universidad de Oviedo

Fotografía de la playa de Salinas, escenario de la investigación llevada a cabo por la Universidad de Oviedo sobre su sistema de corrientes de resaca. En la imagen se distingue una depresión en la zona intermareal, causada por la acción de una de estas corrientes. Aitor Marqués Alonso.

Cada verano, miles de personas disfrutan del mar sin saber que bajo sus pies se esconde una fuerza peligrosa: las corrientes de resaca. Estas corrientes son responsables de más de mil muertes al año en todo el mundo. No se trata de olas gigantes, sino de flujos de agua que pueden empujar mar adentro a quien se cruza en su camino.

Cuando una persona intenta nadar de frente hacia la costa, se fatiga rápidamente. La corriente sigue tirando y el pánico hace el resto. Por eso, comprender cómo y cuándo se forman estas corrientes puede marcar la diferencia entre un baño seguro y una tragedia.

Todo empieza con las olas

Las corrientes de resaca se originan en la zona donde rompen las olas. El oleaje empuja grandes volúmenes de agua hacia la orilla y genera una sobrepresión en la costa. El agua busca, entonces, una vía de escape y regresa al mar formando canales estrechos y veloces que avanzan perpendicularmente a la línea de playa.

Esquema de una corriente de resaca.
Aitor Marqués, adaptado MacMahan et al 2006 doi.org/10.1016/j.coastaleng.2005.10.009

Durante décadas, se pensó que todas las corrientes de resaca eran similares: flujos rectos y concentrados, como se describió en 1941. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que cada playa tiene su propio sistema de corrientes. Su forma, intensidad y duración dependen del tipo de arena, la pendiente del fondo, las mareas y las condiciones del oleaje. En otras palabras, no hay dos playas iguales.

Cada playa tiene sus resacas

En la Universidad de Oviedo estamos desarrollando el primer experimento en España para analizar y categorizar el sistema de corrientes de resaca de la playa de Salinas-El Espartal, en Asturias. El objetivo es comprender cómo se forman, qué extensión alcanzan y en qué momentos de la condición de marea representan un mayor riesgo para los bañistas.

Playa de Espartal-Salinas, en Asturias.
Wikimedia Commons., CC BY

El reto no es pequeño: estudiar el movimiento del agua requiere tecnología precisa y equipo adecuado. Para hacerlo más accesible, hemos diseñado una metodología de bajo coste que combina tres herramientas. Primero, un drifter GNSS-RTK, un dispositivo flotante que registra su posición cada segundo con un margen de error de menos de un centímetro. También usamos tintes biodegradables (a base del colorante uranina) que permiten visualizar la trayectoria exacta de la corriente sin dañar el ecosistema; y drones, que capturan desde el aire la evolución de la mancha de color y del movimiento del drifter.

Con esta combinación, obtenemos un mapa detallado de la velocidad, dirección y forma de las corrientes bajo distintas condiciones de marea, viento y oleaje.

Equipo del muestreo de las corrientes. A) socorrista con el drifter en el agua; B) maniquí para hacer de victima en el agua; C) bolsa de tinta; y D) dron para tomar las imágenes de la tinta.
Aitor Marqués.

Mejor seguridad para bañistas

Este estudio no solo amplía nuestro conocimiento sobre la dinámica costera, sino que también ofrece una base para mejorar la seguridad en las playas. Con datos precisos, podremos diseñar sistemas de alerta temprana, señalizaciones más efectivas y estrategias de rescate adaptadas a cada playa.

Ejemplo de como las corrientes de resaca son marcadas por la tinta y se toman las imágenes desde el dron.
Aitor Marqués.

Pero comprender las corrientes de resaca no solo sirve para prevenir accidentes. También ayuda a entender mejor el papel que desempeñan en el ecosistema: distribuyen nutrientes, modifican la morfología del litoral y afectan a la vida marina en la zona intermareal.

Cómo reconocerlas

No estamos hablando de monstruos marinos que engullen bañistas, sino fenómenos naturales tan comunes como las olas. Saber reconocer las corrientes y reaccionar adecuadamente puede salvar vidas.

Para ello, lo primero es entrenar la vista. Antes de entrar en el agua, conviene observar durante unos minutos la línea del oleaje y el movimiento general de las olas. Hay varias señales que pueden delatar su presencia:

• Zonas sin rompiente. Es el indicio más evidente. Si en un tramo de la playa las olas no rompen, es muy probable que allí exista una corriente de resaca.

• Bandas de agua más oscura. Un color azul más profundo suele indicar un canal de mayor profundidad por donde el agua está regresando al mar. Estas zonas pueden albergar corrientes persistentes.

• Arena en suspensión. Algunas corrientes registran velocidades muy altas. Lo habitual es que alcancen entre 0,5 y 0,8 m/s con oleaje moderado, pero en ciertas condiciones pueden llegar hasta los 2 m/s. Esa fuerza es suficiente para arrancar arena del fondo y transportarla mar adentro, creando franjas de agua turbia que permiten identificarlas desde la orilla.

Y cómo actuar

Saber detectarlas es fundamental, pero también lo es actuar con calma, si alguna vez nos atrapa una. Lo más importante es no intentar nadar contra la corriente. Ese esfuerzo solo conduce al agotamiento.

Si la playa cuenta con servicio de salvamento, lo recomendable es dejarse llevar y pedir ayuda. Guardar fuerzas facilita que los socorristas puedan asistirle y que pueda colaborar durante el rescate.

Si no hay socorristas, mantenga la serenidad. Estas corrientes suelen perder intensidad una vez superan la zona de rompiente, por lo que lo más eficaz suele ser dejar que nos arrastre hasta que afloje. Una vez fuera de su influencia, podemos nadar en paralelo a la costa antes de dirigirnos de nuevo a la orilla.

Otra opción válida es nadar hacia zonas donde las olas rompen. Allí, el agua avanza hacia tierra y puede ayudarnos a regresar. En cualquier caso, la clave es evaluar la situación, conocer nuestras capacidades y escoger la estrategia más segura en cada momento.

Fomentar una cultura de seguridad, identificar las zonas de riesgo y entender cómo actúan estas corrientes son pasos esenciales para reducir los ahogamientos y disfrutar del mar con respeto y conocimiento.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Corrientes de resaca: saber cómo y cuándo se forman puede salvarnos la vida – https://theconversation.com/corrientes-de-resaca-saber-como-y-cuando-se-forman-puede-salvarnos-la-vida-269833

La violencia que aprendemos a mirar: series juveniles y responsabilidad social

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bárbara Castillo Abdul, Docente e Investigadora Senior, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Fotograma de la serie _Euphoria_ donde aparece Zendaya, su protagonista. HBO

Las series se han convertido en uno de los dispositivos culturales más influyentes de nuestro tiempo. No solo porque acumulan millones de visualizaciones, sino porque intervienen directamente en la manera en que la sociedad interpreta la violencia, el sufrimiento y la responsabilidad colectiva, como ocurre en el caso de Adolescencia. Ya no estamos únicamente ante productos de entretenimiento: estamos ante relatos con efectos sociales medibles.

Tráiler de la serie Adolescencia.

Desde la investigación académica en comunicación, ética y cultura digital se observa una tendencia significativa: muchas de estas narrativas construyen un marco estético y emocional en el que la violencia deja de ser un acontecimiento excepcional para integrarse en lo cotidiano.

No se muestra de forma explícita ni espectacular, sino envuelta en una estética cuidada, íntima e incluso amable. Esta combinación de visualidad pulida y contenido profundamente perturbador no es inocente. Un ejemplo de este marco estético aparece en secuencias cotidianas ambientadas en espacios domésticos o escolares, filmadas con luz suave, encuadres estáticos y un ritmo pausado.

En Adolescencia, escenas aparentemente triviales –una conversación en la cocina, un trayecto en autobús o un pasillo escolar en silencio– se convierten en el escenario donde se filtra el malestar, sin necesidad de mostrar la violencia de forma directa. La calma visual contrasta con la gravedad de lo que se sugiere, integrando el conflicto en la rutina diaria y naturalizando su presencia.

Belleza visual en consumo de drogas

Algo similar ocurre en Euphoria, donde situaciones de abuso, autolesión o consumo de drogas se integran en escenas de gran belleza visual, con una fotografía estilizada, colores saturados y una puesta en escena cuidadosamente coreografiada.

Tráiler de la tercera temporada de Euphoria

La violencia y el malestar no aparecen como rupturas excepcionales del relato, sino como parte del día a día de los personajes, envueltos en una estética que resulta emocionalmente atractiva para el espectador, incluso cuando representa experiencias profundamente perturbadoras.

Las evidencias científicas indican que estas producciones operan a través de una ambivalencia ética estructural: invitan al espectador a empatizar intensamente con el dolor, pero sin proporcionarle herramientas suficientes para interpretarlo críticamente ni para situarlo en un marco claro de responsabilidades sociales, institucionales o políticas. El resultado es una experiencia emocional intensa, pero moralmente abierta y ambigua.

En este tipo de narrativas, presentes en distintas series juveniles recientes, la violencia se desplaza hacia los silencios, los primeros planos de rostros devastados, la culpa que no encuentra causa ni solución y la impotencia de familias, escuelas y autoridades. Este patrón no se limita a un solo título, sino que se repite en producciones que integran el conflicto en la experiencia cotidiana de los personajes.

Conmoverse para seguir consumiendo

El espectador no es llamado a comprender las raíces del conflicto ni a cuestionar los sistemas que lo producen, sino a sentir, conmoverse y seguir mirando. El sufrimiento se transforma en un recurso narrativo eficaz, capaz de generar atención, conversación y consumo continuado.

Este modelo encaja con la lógica de las plataformas digitales, donde el impacto emocional sostenido, la ambigüedad y el debate maximizan la permanencia y la rentabilidad.

En este sentido, las plataformas no actúan únicamente como intermediarias culturales: funcionan como agentes de socialización, influyendo en la manera en que se normalizan la violencia, el malestar y la fragilidad institucional.

Un aspecto especialmente relevante del análisis, señalado por estudios recientes, es el modo en que estas narrativas desplazan la responsabilidad. En lugar de situar la violencia en causas estructurales claramente identificables, construyen una culpa difusa que recae simultáneamente sobre familias, escuelas e instituciones desbordadas. Este reparto emocional de la responsabilidad genera una sensación de impotencia colectiva que, lejos de activar el debate público, puede contribuir a la parálisis social.

Desde una perspectiva de política pública, el riesgo no está en mostrar realidades incómodas, sino en habituar a la ciudadanía, y especialmente a los jóvenes, a convivir con ellas sin claves de interpretación. Cuando la violencia se consume como experiencia estética, se debilita la frontera entre empatía y banalización. Y cuando esa frontera se erosiona, la capacidad crítica de la sociedad se resiente.

En el Reino Unido, este debate ya ha comenzado a trasladarse al ámbito educativo. Algunas series juveniles recientes como Adolescencia han sido recomendadas o utilizadas como material de apoyo en contextos escolares para abordar cuestiones como la violencia juvenil, la salud mental o la convivencia, bajo la premisa de que su impacto emocional puede favorecer la reflexión y el diálogo.

No obstante, diversos análisis advierten de que, sin una mediación pedagógica clara y objetivos formativos definidos, este tipo de iniciativas corre el riesgo de confundir la potencia emocional del relato con una intervención educativa eficaz, trasladando a la ficción responsabilidades que corresponden a las políticas públicas y a la acción institucional.

Por ello, la alfabetización mediática ya no puede seguir tratándose como una competencia secundaria o meramente técnica. Es necesario integrarla de forma explícita en las políticas públicas educativas: incorporar la ética audiovisual en los currículos, reforzar la formación del profesorado en lectura crítica de narrativas digitales y promover una mayor corresponsabilidad de las plataformas como actores culturales con impacto social. No se trata de censurar ni de prohibir, sino de formar ciudadanía crítica en un ecosistema mediático dominado por la emoción.

La responsabilidad de las plataformas

Junto a la alfabetización mediática, este debate interpela también a las propias plataformas. Como actores centrales en la circulación y promoción de contenidos, su responsabilidad no se limita a ofrecer acceso, sino que incluye decisiones editoriales, sistemas de recomendación y políticas de visibilidad que influyen directamente en qué narrativas se consumen y en qué condiciones. Incorporar criterios éticos en estos procesos forma parte del debate público pendiente sobre la gobernanza de la cultura digital.

En este sentido, trasladar el conocimiento generado por la investigación académica al debate público se vuelve fundamental para dotar a la ciudadanía de herramientas críticas frente a narrativas audiovisuales cada vez más influyentes.

Porque cuando la violencia se vuelve normal en las pantallas, el verdadero riesgo es que también lo haga en nuestra forma de entender el mundo.

The Conversation

Bárbara Castillo Abdul no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La violencia que aprendemos a mirar: series juveniles y responsabilidad social – https://theconversation.com/la-violencia-que-aprendemos-a-mirar-series-juveniles-y-responsabilidad-social-273151

Cuando las mascotas devoran la biodiversidad: un conflicto sin regular en la Unión Europea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Gómez-Serrano, Assistant lecturer, Universitat de València

Cerca del 44 % de los hogares de la Unión Europea tiene al menos un animal de compañía, de los cuales más del 90 % son perros o gatos.

La tendencia de incorporar mascotas a nuestras vidas no ha parado de crecer en las últimas décadas, pero se disparó a partir de la pandemia de la covid-19. En concreto, se estima que la población europea de animales de compañía creció un 11 % en 2022, alcanzando los 340 millones, principalmente gatos (127 millones) y perros (104 millones.

Y se sabe que, a medida que crece la población humana en contacto con los animales de compañía, aumenta también el interés por el bienestar animal en la sociedad. Algo similar sucede con la vida salvaje. Cuando las poblaciones de las especies silvestres disminuyen, la preocupación por la conservación de la biodiversidad se intensifica.

Pero esta confluencia no siempre convive en armonía. Aunque existe cierto solapamiento entre los objetivos del bienestar animal y los de la conservación de la fauna silvestre, es evidente la existencia de un sesgo a la hora de priorizar entre los animales de compañía y los silvestres, especialmente cuando ambos grupos interactúan.

Un estudio reciente identifica las claves del conflicto entre los defensores del bienestar animal de las mascotas y los partidarios de la conservación de la naturaleza. El trabajo analiza las oportunidades legales en el marco de la Unión Europea para reducir el impacto de las primeras sobre los animales silvestres.

Dos marcos legales que no encajan entre ellos

La Unión Europea cuenta con una sólida legislación ambiental, en la que las directivas sobre aves y hábitats han sido claves para proteger la vida silvestre. En cambio, la legislación sobre bienestar animal —sobre todo la relativa a animales de compañía— es mucho más reciente y aún está en incipiente desarrollo.

Lógicamente, el bienestar animal se ha vinculado únicamente a las especies domésticas, dejando a las silvestres bajo la legislación ambiental. Sin embargo, este desequilibrio ha generado un vacío normativo importante: ¿qué ocurre cuando las mascotas causan daños a la fauna silvestre?




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Mascotas que se volvieron silvestres

Entre los tipos de impactos más importantes de las mascotas sobre la vida silvestre están los derivados de las que se asilvestran. Los animales abandonados o escapados pueden formar poblaciones autosuficientes en la naturaleza, con consecuencias graves para las especies autóctonas.

Los loros que se escapan de los hogares son un buen ejemplo de ello. Especies como la cotorra de Kramer o la cotorra argentina han establecido colonias en muchas ciudades europeas. Aunque existe cierto consenso en considerarlas como especies invasoras, su gestión representa un complejo conflicto socioambiental.

No hay dudas de que los loros compiten con especies nativas por lugares de nidificación y recursos, pero representan especies carismáticas y apreciadas por parte de la ciudadanía, por lo que su control genera fuertes controversias sociales.

No obstante, si existe una mascota asilvestrada como centro de las preocupaciones es el gato doméstico, considerado como uno de los depredadores invasores más dañinos del planeta, responsables de alrededor del 25 % de las extinciones contemporáneas de reptiles, aves y mamíferos en todo el mundo.

A pesar de las evidencias, en Europa sigue existiendo una gran resistencia a reconocer a los gatos asilvestrados como especies invasoras, lo que limita las opciones legales para gestionar su impacto.

Mascotas con libertad de movimientos

Muchas mascotas con propietario pasan parte de su tiempo sin supervisión en el exterior. En el caso de los perros, los impactos se centran en la depredación de la fauna silvestre y la transmisión de enfermedades.

Por su parte, los gatos que deambulan libremente desde sus hogares también depredan, incluso cuando están bien alimentados, afectando especialmente a aves y pequeños vertebrados en entornos urbanos y periurbanos.

Un caso particular es el de las colonias felinas. El control de las poblaciones de gatos callejeros suele recaer en los Estados miembros de la UE, lo que da lugar a enfoques muy dispares, que van desde la retirada de animales hasta los programas de captura, esterilización y retorno método CER.

Aunque se trata de un método socialmente aceptado, la evidencia científica muestra que, en la mayoría de casos, no es eficaz para reducir las población de gatos ni tampoco el impacto sobre la fauna silvestre a corto plazo.

El paseo de mascotas en la naturaleza

Pasear al perro en la naturaleza se ha convertido en una de las actividades de ocio más comunes. Un buen ejemplo de esta tendencia es la creciente popularidad de las playas para canes. Un tipo de gestión que probablemente sea positiva para la salud de las mascotas y de sus propietarios, pero no para la fauna silvestre.

En playas naturales, por ejemplo, los perros pueden afectar gravemente a aves que nidifican en el suelo, como los chorlitejos patinegros. Incluso cuando no hay depredación directa, la simple presencia de un perro puede provocar que las aves abandonen sus nidos o reduzcan el tiempo de incubación, con efectos negativos sobre el éxito reproductor.




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Reconciliar el bienestar animal con la conservación

A medida que la biodiversidad disminuye y la población de animales de compañía aumenta en los hogares europeos, el conflicto entre la conservación de la fauna silvestre y la defensa del bienestar animal se intensifica. Por eso resulta tan urgente reconciliar estas perspectivas divergentes y alinear sus respectivos marcos jurídicos.

La Unión Europea tiene margen legal para actuar. Las directivas ambientales ya obligan a los Estados miembros a prevenir daños a especies protegidas, lo que podría traducirse en restricciones más claras sobre la libre deambulación de mascotas, especialmente en espacios naturales protegidos.

Al mismo tiempo, el desarrollo de una nueva legislación sobre bienestar animal ofrece una oportunidad para reforzar la responsabilidad de los propietarios a la vez que reduce el impacto de la libertad de movimientos y previene el abandono o el asilvestramiento.

Es necesario que las autoridades se tomen en serio la necesidad de regular los impactos de las mascotas y que sus propietarios se impliquen en la tarea de evitarlos. Sólo así no llegaremos al punto irreversible en el que los únicos animales silvestres que observemos en nuestros paseos por la naturaleza sean nuestras propias mascotas.

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Miguel Ángel Gómez-Serrano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando las mascotas devoran la biodiversidad: un conflicto sin regular en la Unión Europea – https://theconversation.com/cuando-las-mascotas-devoran-la-biodiversidad-un-conflicto-sin-regular-en-la-union-europea-273157

El problema de Monty Hall explicado, sin tecnicismos, ni simulaciones, ni fórmulas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Belloso Ezcurra, Profesor Departamento Estadística, Informática y Matemáticas, Universidad Pública de Navarra

El dilema de un coche oculto como premio en un concurso de televisión nos sirve para comprender el problema de Monty Hall. Roman Petrov / Unsplash., CC BY

Imagine que participa en un concurso de televisión donde ganar un coche es el premio. Frente a usted hay tres puertas cerradas: detrás de una hay un coche y detrás de las otras dos, sendas cabras. Para ganar el coche, tiene que acertar la puerta tras la que está. Y puede ser cualquiera de las tres.

El presentador le pide que elija una. Lo hace. Después, él abre una de las puertas no elegidas y muestra una cabra. Entonces llega la pregunta clave: ¿quiere mantener su elección o cambiar a la otra?

La mayoría de la gente cree que da igual: al principio, con tres puertas, la probabilidad de esconder el coche se repartía 33–33–33; ahora que hay dos, nos quedamos con 50–50. Pero no es así.

El coche tiene una probabilidad de 1/3 de estar detrás de la puerta elegida por el jugador. Las otras dos puertas tienen una probabilidad de 2/3.
Joaquín Córdova / Wikimedia Commons., CC BY

Ilusiones estadísticas

Este pequeño juego fue bautizado como el problema de Monty Hall, en honor al nombre del presentador del concurso televisivo estadounidense Let’s Make a Deal. El problema fue planteado y resuelto por el matemático Steve Selvin, en 1975. Y se ha convertido en uno de los rompecabezas más famosos de la estadística, porque desafía nuestra intuición de una forma casi incómoda.

En ocasiones, se describe como una ilusión estadística, incluso en publicaciones especializadas, por la distancia entre lo que sentimos que debería ocurrir y lo que realmente ocurre.

Cuando el anfitrión abre una puerta, las probabilidades para los dos conjuntos no cambian, pero las probabilidades se mueven a 0 para la puerta abierta; y 2/3 para la puerta cerrada (2).
Joaquín Córdova / Wikimedia Commons., CC BY

Lo fascinante es que, detrás de esta decisión aparentemente trivial, se esconde que, cuando recibimos nueva información –a pesar de que parezca irrelevante– nuestras probabilidades cambian, aunque no siempre sepamos cómo actualizarlas correctamente. Entramos en el terreno de las matemáticas, la probabilidad condicionada y el teorema de Bayes, donde todo se vuelve menos intuitivo.

Sin embargo, podemos explicarlos sin necesidad de todo esto: basta con la lógica, la proporcionalidad y el sentido común para entender por qué la elección del presentador ha hecho que la balanza se incline claramente y una de las puertas sea más prometedora que la otra a la hora de esconder el coche.

Enunciado del teorema de Bayes.
Mattbuck / Wikimedia Commons., CC BY

La explicación

Suponemos que el concursante ha elegido la puerta A, aunque el razonamiento sería exactamente el mismo si hubiera elegido la B o la C.

Si el concursante ha elegido la puerta A, entonces, le toca el turno al presentador que puede abrir la B o la C indistintamente, siempre con la única condición de no mostrar el coche, de modo que se mantenga el enigma de dónde está, que es la clave del juego.

Supongamos que ha abierto la B, abrir la C habría llevado exactamente al mismo punto. Al hacerlo quedan dos opciones ya que B está descartada:

  • Si el coche está en A, podía haber abierto B o C indistintamente (ambas tienen cabra). Por tanto, la probabilidad de que abra B no es del 100 %, sino del 50% compartida con C.

  • Si el coche está en C, entonces la puerta B es la única que podía haber abierto. En ese caso, la probabilidad de que abra B es del 100 %. El doble que el anterior.

Esto implica que el hecho de que el presentador haya abierto B es más compatible con el escenario “el coche estaba en C” que con el escenario “el coche estaba en A”.

Desde el otro lado

Damos la vuelta al razonamiento y pensamos en términos del concursante, que es quien tiene que tomar la decisión. Al observar que el presentador ha abierto la B, y como esa acción es más probable cuando el coche está en C que cuando está en A, entonces, para él, pasa a ser más probable que el coche esté en C que en A.

Por tanto, si es más probable que el coche esté en C, entonces cambiar a C incrementa la probabilidad de ganar, porque el comportamiento del presentador revela información que favorece ese escenario más que el otro.

¿En qué medida? teniendo en cuenta que una es el doble de la otra (de 50 % a 100 %) y no hay más opciones, para completar el 100 % como suma de ambas nos queda un reparto de 33%-66% para las opciones A y C, respectivamente.

La intución puede fallar

En la motivación del presentador, al abrir la puerta B, tiene más peso el hecho de que el coche esté tras la puerta C que tras la puerta A. Y, por eso, es más probable que esté tras esa puerta. Esta es la razón por la cual, si el concursante cambia de elección, las probabilidades de ganar son mayores.

Esta explicación vale si el concursante ha elegido A. Para las otras dos opciones el planteamiento es el mismo: si elige B, se intercambia A con B. Si elige C, se intercambia A con C.

En el fondo, el problema de Monty Hall nos recuerda que la intuición puede fallar, hasta en situaciones simples. Actualizar la información correctamente no solo cambia el resultado: cambia nuestra comprensión de cómo funciona realmente el azar.

Y aceptar esa idea, aunque desafíe lo que “nos parece lógico”, es parte esencial de pensar mejor.

The Conversation

Javier Belloso Ezcurra no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El problema de Monty Hall explicado, sin tecnicismos, ni simulaciones, ni fórmulas – https://theconversation.com/el-problema-de-monty-hall-explicado-sin-tecnicismos-ni-simulaciones-ni-formulas-273474

La educación de 0 a 3 años no es un gasto, sino una inversión en equidad educativa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Estefanía Hita Egea, Docente y formadora de profesorado experta en tecnología educativa y liderazgo, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Lordn/Shutterstock

Los primeros tres años de vida son decisivos para el desarrollo infantil. En este periodo se sientan las bases del lenguaje, la seguridad emocional y la forma en la que los niños se relacionan con su entorno. Lo que ocurre en este periodo influye en el aprendizaje y el bienestar a lo largo de toda la vida.

Por eso, la educación de 0 a 3 años no es solo una ayuda para conciliar. Es una herramienta clave para reducir desigualdades. Actuar en esta etapa permite compensar diferencias sociales antes de que se hagan visibles en la escuela.

Sin embargo, no todos los niños acceden a las mismas condiciones. El precio, los horarios, la estabilidad de los centros o la calidad de los proyectos cambian mucho según el lugar. Estas diferencias aparecen incluso antes de que los niños empiecen a hablar, y tienen consecuencias reales en su desarrollo.

España tiene una alta tasa de escolarización en la etapa de 0 a 3 años, con un 41,8 % de niños escolarizados, por encima de la media de la OCDE. Pero escolarizar no es lo mismo que garantizar igualdad de oportunidades. Lo importante no es solo cuántos niños asisten, sino en qué condiciones lo hacen.

La educación infantil como ascensor social

Hasta los tres años se desarrollan capacidades fundamentales para aprender. El lenguaje, la atención o la regulación emocional dependen en gran medida de los entornos en los que crecen los niños. Cuando estos entornos son estables y de calidad, los beneficios se mantienen en el tiempo.

Numerosos estudios internacionales coinciden en este punto. Organismos como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, la Organización Mundial de la Salud o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos señalan que la educación temprana tiene un impacto especialmente positivo en los niños que crecen en contextos más vulnerables. https://www.who.int/publications/i/item/97892400020986




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Actuar pronto es más eficaz que intervenir tarde. Corregir desigualdades cuando ya están consolidadas resulta más difícil y costoso. Por eso, la etapa de 0 a 3 años tiene un enorme potencial como ascensor social.

Pero este ascensor solo funciona con equipos estables, profesionales bien formados y una relación cercana con las familias.

España: una responsabilidad compartida

En España, esa etapa infantil sigue sin ocupar un lugar claro en las políticas educativas. El Gobierno central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos comparten competencias. Sin embargo, la responsabilidad se reparte de tal forma que, en la práctica, nadie la asume del todo.

La falta de una apuesta clara y sostenida convierte dicho periodo de la vida en un espacio frágil. Las decisiones suelen depender del presupuesto disponible y cambian con facilidad. Esto afecta a la estabilidad de los centros, a los equipos educativos y a las familias.




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Aunque la escolarización ha crecido, las condiciones son muy desiguales según el territorio. Precios, horarios y calidad varían de una comunidad a otra, e incluso entre municipios. Con frecuencia, cada administración traslada el problema a la siguiente, sin poner en el centro lo que está en juego.

El caso del País Vasco ilustra bien estas tensiones entre administraciones. En municipios como Vitoria-Gasteiz, Oiartzun, Andoain o Irún, entre otros,familias y profesionales han alertado del impacto que determinados cambios en financiación y organización pueden tener sobre proyectos educativos ya consolidados.

Las decisiones, centradas fundamentalmente en criterios económicos y en el debate sobre el modelo de gestión y el reparto de responsabilidades sobre el reparto de responsabilidades entre el Gobierno autonómico y los ayuntamientos, afectan directamente a la estabilidad de los equipos, a la continuidad de los proyectos ya consolidados y a la posibilidad de generar vínculos educativos sólidos con los niños y sus familias. Cuando ninguna administración asume plenamente esta etapa como una prioridad educativa, son las familias y los propios centros quienes soportan las consecuencias.

Esta situación no es exclusiva del País Vasco. En otras comunidades autónomas se repite un patrón similar: cambios en regulación, financiación o ratios que responden más a la contención del gasto que a una planificación educativa a largo plazo. Aunque los contextos territoriales son distintos, el resultado se repite. Cuando la educación de 0 a 3 años queda atrapada en un juego de responsabilidades compartidas pero no asumidas, su potencial para reducir desigualdades se debilita de forma significativa.

Europa: cuando invertir en la infancia es una prioridad

En otros países europeos, la educación en esa etapa entiende de otra manera. No es un recurso complementario, sino una política educativa básica. Forma parte del estado del bienestar.

En Finlandia, por ejemplo, todas las familias tienen derecho a una plaza tras el permiso parental. El sistema combina educación, salud y apoyo a las familias. La pregunta no es cuánto cuesta, sino qué aporta.

En países como Suecia o Dinamarca ocurre algo similar. Los equipos son estables y los proyectos no dependen de decisiones puntuales. Existe un acuerdo amplio sobre la importancia de invertir en la primera infancia.

Estos países han entendido que invertir al principio reduce problemas después. Por eso, la educación de 0 a 3 años no se discute como un gasto, sino como una inversión social.

El reto pendiente

La etapa de 0 a 3 años es breve, pero fundamental. Una educación infantil de calidad en estos años no solo acompaña el desarrollo madurativo, sino que ayuda a prevenir desigualdades antes de que aparezcan en la escuela.

Aunque España ha avanzado en escolarización, el verdadero reto está en cómo se cuida esa etapa. Garantizar condiciones estables, profesionales formados y proyectos educativos sólidos requiere una apuesta clara y compartida por parte del Gobierno central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Cuando estas decisiones se toman solo desde el criterio económico, se pierde de vista lo más importante: el desarrollo infantil.

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Estefanía Hita Egea no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La educación de 0 a 3 años no es un gasto, sino una inversión en equidad educativa – https://theconversation.com/la-educacion-de-0-a-3-anos-no-es-un-gasto-sino-una-inversion-en-equidad-educativa-270999

Comprender la competencia en clave constructiva: del boxeo a la empresa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Freije Uriarte, Catedrático emérito de Estrategia Empresarial, Universidad de Deusto

Jonathan Tomas, Unplash

En los últimos tiempos estamos volviendo a un ambiente internacional de confrontación geopolítica y económica. Junto con el temor a los conflictos bélicos, asistimos a la vuelta a tensiones proteccionistas que parecían cosa del pasado.

¿Es natural y sano que cada uno defienda lo suyo frente a sus rivales? En economía, ¿debe una región o una empresa luchar contra la competencia hasta eliminarla? ¿Puede la confrontación ser una fuente de autodesarrollo? ¿Qué podemos aprender de un contexto de confrontación constante como el boxeo?

La competencia es el pilar de la economía de mercado

En economía, la competencia se considera un pilar fundamental para el buen funcionamiento de los mercados y el crecimiento a largo plazo: incentiva la eficiencia global del sistema, conduce a un mejor uso de los recursos, a la innovación y al progreso tecnológico.

Las empresas, para conseguir atraer a los clientes, deben realizar mejoras continuas en la oferta. Eso incluye adaptaciones a los diferentes segmentos y ofertas con condiciones más ajustadas. Como resultado, mejora el bienestar de los consumidores y el crecimiento económico.

Por esa razón, la competencia debe protegerse a través de normas, procedimientos e instituciones (como las autoridades de defensa de la competencia existentes a nivel europeo, estatal y autonómico).

Competencia y empresa

En las memorias de sostenibilidad de las empresas también se considera a la competencia como uno de los stakeholders o partícipes sociales. Sin embargo, los criterios de la relación con este grupo están poco desarrollados.

En la lógica empresarial domina la confrontación. Tiene sentido, dado que la base de la competencia es el enfrentamiento en los mercados, la rivalidad, la lucha.
Además, la estrategia empresarial está repleta de lenguaje bélico: guerras comerciales, estrategias defensivas y ofensivas, dominio del mercado, poder de negociación, tomado de los tratados de estrategia militar, como el clásico “El Arte de la Guerra”, de Sun Tzu.

Las empresas, siguiendo esa lógica de rivalidad, tratan de destruir a sus competidores y adquirir posiciones dominantes. Por su parte, las autoridades públicas deben poner freno a estas prácticas, limitando la excesiva concentración en los mercados y evitando así los posibles abusos de poder.

Respetar al rival merece la pena

Ahora, hagamos un paralelismo entre la competencia entre empresas y el boxeo. Desde el punto de vista psicológico, se han identificado capacidades transformativas de los elementos involucrados en el combate. Como en la economía, un reto desafiante hace crecer significativamente los niveles de motivación, resiliencia y autoexigencia.

La fuerza emocional generada por el desafío es un punto crítico de ajuste: puede facilitar el autoconocimiento o generar una experiencia destructiva. En su mejor expresión, la tensión competitiva obliga a reconocer los límites y a reorganizar, con más consciencia y equilibrio, los recursos propios y la acción.

Algo similar ocurre en la empresa. La comparación con competidores de referencia se convierte en la base de un proceso de mejora continua que propicia el crecimiento de la organización.

Para que surjan oportunidades hay que sembrar

En el deporte y en la empresa, el respeto y reconocimiento mutuo abonan el campo de la colaboración y el crecimiento compartido. Aunque en un principio no parezcan los socios idóneos, también son posibles las alianzas entre competidores. Lógicamente son más sencillas cuando la competencia no es directa y se pueden aprovechar las complementariedades entre los colaboradores.

Esto ocurre cuando los competidores están especializados en segmentos de actividad diferentes o tienen fuertes capacidades en zonas geográficas diversas, sean de distribución o acceso a autorizaciones.

Las farmacéuticas o las empresas cerveceras intercambian habitualmente licencias y marcas. De esa manera pueden acceder, con menor inversión y riesgo, a negocios que quedarían fuera de su alcance.

También en el deporte el respeto en la confrontación directa puede abonar el campo para nuevas oportunidades. Es el caso de los boxeadores Marco Antonio Barrera y Erik Morales. Durante años protagonizaron una rivalidad épica que, además de forjarlos como leyendas, los hizo reconocerse mutuamente. Años después, dirigen juntos uno de los pódcast en español más exitosos sobre boxeo. Juntos han demostrado que la competencia puede dar pie no solo al rendimiento sino también al crecimiento en distintos ámbitos.

Coopetir: colaborar y competir a la vez

El término coopetición, acuñado en 1996 por los profesores e investigadores Adam Brandenburger y Barry Nalebuff, combina cooperación y competencia, y consiste, básicamente, en la colaboración estratégica entre empresas que, al mismo tiempo, compiten en otros ámbitos del mercado. Las empresas pueden colaborar con rivales para alcanzar objetivos que ninguna podría lograr por sí sola. Pueden acceder a tecnologías, compartir costos o ampliar mercados.

Aunque tradicionalmente las empresas consideran que la competencia es incompatible con la cooperación, en la práctica esto es cada vez más común y una acción estratégica en diversos sectores. Grandes rivales, como Apple y Samsung en el suministro de componentes, o DHL y UPS compartiendo capacidades logísticas, han protagonizado grandes acuerdos cooperativos.




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Un beneficio para todos

La competencia respetuosa favorece a todos. A nivel colectivo, actúa como un mecanismo dinamizador de la economía, promoviendo la eficiencia, la innovación y el bienestar social. Individualmente, incentiva la mejora y crecimiento de los propios competidores. Y, por último, hace posible que surjan oportunidades de colaboración que no podrían generarse en entornos empresariales hostiles.

En definitiva, la competición debe venir acompañada de respeto. Y el respeto es contrario a la destrucción. De esta manera, además de mejorar el funcionamiento de los mercados, se abrirán más oportunidades para las empresas, más allá del puro incentivo de ganar a sus competidores.

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The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Comprender la competencia en clave constructiva: del boxeo a la empresa – https://theconversation.com/comprender-la-competencia-en-clave-constructiva-del-boxeo-a-la-empresa-272247

La “flota fantasma” rusa incrementa su operación en puertos españoles para burlar el bloqueo de la UE

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio García-Amate, Lecturer in Finance, Universidad Pública de Navarra

Buque Kairos de la “flota fantasma” rusa, sancionado por la Unión Europea, el Reino Unido y Suiza por el tráfico ilegal de petróleo. Todor Stoyanov-Raveo/Shutterstock

Las cifras extraídas de la base de datos LSEG (London Stock Exchange Group) indican un incremento significativo en el tránsito de petróleo ruso por aguas españolas. Antes de las sanciones que la Unión Europea (UE) impuso a Rusia con motivo de la invasión de Ucrania, el puerto de Ceuta ocupaba la posición 90.ª en el ranking europeo de descargas de petróleo ruso. Hoy, está en la 11.ª posición.

Mientras Bruselas trata de bloquear este tráfico, la “flota fantasma” rusa utiliza puertos españoles para exportar crudo a Europa. El objetivo es eludir las sanciones impuestas por la UE. Las consecuencias son económicas y geopolíticas, pero también medioambientales.

El sur de Europa como vía de entrada

Las sanciones a Rusia han redefinido el mapa de flujos de petróleo y gas rusos hacia la UE. La normativa vigente prohíbe la entrada de los barcos de la “flota fantasma” en puertos europeos. Sin embargo, la realidad es otra. Aunque en diciembre de 2025 el número de buques sancionados ascendía a casi 600, la lentitud en trasponer la Directiva UE 2024/1226 y en aplicar de forma efectiva las restricciones aprobadas por la UE genera una laguna jurídica que es aprovechada por la flota rusa.

Así, se han detectado violaciones de las sanciones europeas por entradas de buques sancionados en países como Chipre, España, Estonia, Grecia, Malta y Países Bajos.

Al cerrarse el norte de Europa, la flota rusa ha encontrado una vía alternativa de entrada en los países del sur. Entre 2022 y 2025, los países con más descargas de buques con petróleo de origen ruso fueron Italia, Grecia y España. La mayoría de estos buques han sido sancionados en algún momento posterior a su atraque en puertos europeos.

Pese a las prohibiciones, el crudo ruso sigue llegando a la UE, a menudo haciendo escalas en otros países. Los cargamentos provienen principalmente de Rusia, pero también de Egipto y Turquía, que actúan como intermediarios.

Esta infraestructura operativa no surgió de la noche a la mañana. La Unión Europea no empezó a sancionar oficialmente a buques de la “flota fantasma” hasta junio de 2024. Ese retraso hizo que Rusia tuviera tiempo suficiente para reorganizar su estrategia logística para exportar petróleo a la UE.

En el sur se han dado cada vez más casos de traspase de petróleo de un barco a otro en alta mar, con los daños medioambientales que esto pueda ocasionar. Eligen el sur porque necesitan aguas tranquilas y una ubicación estratégica para conectar con Asia, algo que el mar del Norte no ofrece.

Así actúa la “flota fantasma”

Las implicaciones de la operación de la “flota fantasma” van más allá de cuestiones económicas o geopolíticas. Estos buques generan riesgos físicos y medioambientales significativos. Se trata de una flota con barcos de gran edad y una operación insegura y precaria. Los petroleros con una antigüedad de entre 16 y 22 años son los más sancionados. Según el KSE Institute ucraniano, a partir de los 15 años decae el mantenimiento y las aseguradoras de primer nivel retiran su cobertura.

Para operar sorteando las restricciones legales, los buques suelen cambiar su bandera, su nombre o el armador. Las cinco banderas más sancionadas son las de Rusia, Gambia, Sierra Leona, Camerún y Omán. Los buques más antiguos, con máximo riesgo físico y medioambiental, utilizan principalmente la bandera rusa, seguida por la de países con regulación laxa como Curazao, Benín, Comoras, Guyana y Omán.

Además, la propiedad del buque se esconde para evitar posibles sanciones: las tres compañías con el mayor número de buques sancionados tienen su sede en UAE (Emiratos Árabes Unidos).




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España como centro logístico

España ha pasado a ser un enclave protagonista en la red de flujos del petróleo ruso. Entre los 20 puertos de la UE donde se han producido más atraques de buques posteriormente sancionados se encuentran Ceuta (11.º), Huelva (17.º) y Cartagena (20.º).

Un gráfico que muestra las principales rutas de buques sancionados con líneas de colores
Principales rutas de buques sancionados (2022-2025). A la izquierda, el país de carga, a la derecha, el país de destino.
Los autores, CC BY-SA

El riesgo físico y medioambiental en estos puertos derivado de la operación de la “flota fantasma” es elevado. Los buques sancionados por dos jurisdicciones (por ejemplo, UE y EE. UU.) tienen entre 15 y 30 años de antigüedad, con banderas de países variados. Por otro lado, la flota de buques sancionados por tres jurisdicciones destaca por su alto volumen de comercialización y la utilización de la bandera rusa.

Gráfico que muestra con colores la antigüedad y la bandera de los buques atracados en puertos españoles entre 2022-2025
Perfil de riesgo que suponen los buques en puertos españoles (2022-2025) según su antigüedad, con cada color indicando una procedencia.
Los autores, CC BY-SA

El caso de Ceuta presenta el escenario más preocupante desde el punto de vista medioambiental. Se trata de un puerto con un alto volumen de descargas, la mayoría desde buques posteriormente sancionados por hasta dos y tres jurisdicciones, con antigüedad de entre 15 y 28 años y banderas como las de Sierra Leona, Camerún y Panamá. Estos buques operan con estándares de seguridad poco estrictos.

Gráfico que muestra con colores la antigüedad y la bandera de los buques atracados en Ceuta entre 2022-2025
Perfil de riesgo en el puerto de Ceuta (2022-2025) según la antigüedad de los buques, con cada color indicando el país de la bandera.
Los autores, CC BY-SA

Un problema creciente

Los datos revelan un caso flagrante. Se trata de un buque con bandera de Camerún, sancionado el 25 de febrero de 2025 por la UE, que descargó en Ceuta casi 900 000 barriles de crudo el 12 de septiembre de 2025. Este barco provenía del puerto de Murmansk (Rusia).

Además, la “flota fantasma” rusa busca nuevas entradas a la UE. Puertos como los de El Hierro, Motril y Vilagarcía de Arousa, que no habían recibido cargamentos antes de las sanciones a Rusia, sí lo han hecho tras el estallido de la guerra. En 2023, por ejemplo, fueron descargados en ellos más de 1 800 000 barriles por buques provenientes de Rusia con una antigüedad de entre 15 y 23 años.

El volumen de operaciones de la “flota fantasma” rusa en aguas españolas está aumentando. España importa millones de barriles de petróleo ruso transportados en buques antiguos e inseguros. Esto no solo contraviene la normativa europea sobre las sanciones a Rusia, sino que genera riesgos medioambientales y físicos que no pueden ignorarse.

La solución a este problema implica no solo aplicar las sanciones vigentes a los buques de la “flota fantasma” rusa, sino también buscar vías para impedir el atraque y las operaciones de trasvase de buques sospechosos. Si no se actúa ya, la próxima noticia podría ser una catástrofe ecológica como la ocurrida a finales de 2002 frente las costas de Galicia.

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Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad se financia en parte a través de convenios de investigación sobre temas diversos relacionados con energía y medioambiente firmados con el Ente Vasco de la Energía, Iberdrola, Petronor e Ihobe-Agencia Vasca del Medioambiente.

Antonio García-Amate no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La “flota fantasma” rusa incrementa su operación en puertos españoles para burlar el bloqueo de la UE – https://theconversation.com/la-flota-fantasma-rusa-incrementa-su-operacion-en-puertos-espanoles-para-burlar-el-bloqueo-de-la-ue-273250

Accidente de Adamuz: por qué el acero no tiene la culpa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Torralba, Catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, IMDEA MATERIALES

Cuando los ingenieros diseñamos materiales para una determinada aplicación, lo hacemos de acuerdo a normas que nos indican qué propiedades deben reunir esos materiales para soportar sus condiciones más extremas de uso.

Si consideramos un raíl de ferrocarril, puede estar expuesto a fenómenos de corrosión, desgaste y, sobre todo, tensiones de tipo dinámico, que pueden provocar daños por fatiga. Combinar todas estas propiedades no es sencillo, por lo que al diseñar y fabricar el acero para raíles es esencial buscar un equilibrio y poner toda la atención en el daño que podría provocar un fallo motivado por cada uno de estos requerimientos.

La corrosión y el desgaste pueden generar defectos perfectamente detectables en inspecciones que no tienen por qué ser muy próximas entre sí, ya que el daño sobre el raíl nunca provocaría una rotura catastrófica en un periodo breve de tiempo (semanas o meses).

Otra cosa son las tensiones de tipo dinámico. Si un material supera su límite de fatiga –el número de ciclos de tensión que es capaz de soportar sin que se inicie una grieta–, esta aparecerá y empezará a crecer, inicialmente despacio, hasta alcanzar un tamaño crítico. Una vez se alcanza ese tamaño crítico, la grieta crece a tal velocidad que puede producir un fallo catastrófico en minutos, o incluso segundos.

El acero es el material más fiable de todos

Que un accidente ferroviario como el que ha tenido lugar recientemente en Adamuz se deba a una “mala calidad” del acero es poco probable, por varias razones. Para empezar, el acero es, sin duda, de entre todos los materiales de construcción, el más fiable: de cada cien probetas ensayadas, cien tienen resultados dentro de un estrechísimo margen de error.

En el caso de los aceros para raíles, hablamos de aceros de composiciones muy ajustadas para que cumplan con las propiedades mecánicas requeridas y que, además, permita que se puedan soldar.

Los ingenieros, que avalan con su firma los proyectos, calculan con márgenes de seguridad muy amplios y estándares de calidad que garantizan que los materiales nunca lleguen a superar sus límites de fatiga. Y esos márgenes vienen establecidos por normas internacionales.

Los fabricantes de los aceros implicados en el accidente (uno más antiguo y otro muy reciente) han producido miles de kilómetros de raíles, de acuerdo con normas muy estrictas y bajo criterios de garantía de calidad extremos. Hablamos de raíles que no han tenido ningún problema, fabricados con acero ajustado a norma, soldable y calculado para soportar la carga estática de un tren de varios cientos de toneladas y que, circulando a 250 kilómetros por hora, produce unas tensiones dinámicas muy por debajo de su límite de fatiga.

Si el acero está bien fabricado, y las certificaciones de calidad así lo aseguran, es muy improbable que ese acero se rompa en “condiciones de servicio”.

Soldaduras en el punto de mira

¿Y qué se debe esperar de la soldadura? Los raíles de ferrocarril se sueldan mediante una tecnología, llamada aluminotermia, que asegura la continuidad metálica con un acero de composición muy parecida a los de los raíles que tiene la futura soldadura a cada lado.

Parece que, en el caso concreto de las vías donde se produjo el accidente de Adamuz, había aceros de distinta composición. Los raíles de ambos lados están hechos con aceros de alta soldabilidad, por lo que es seguro que en la llamada “zona afectada por el calor” no se han producido fragilizaciones. De ser así, hubieran dado lugar a un accidente mucho antes.

Una soldadura “puede dar problemas” si se ejecuta de forma inapropiada, pero aquí la calidad se asegura de dos maneras. En primer lugar, dejando en manos de soldadores acreditados su ejecución. Y en segundo lugar, inspeccionando una por una, por inspección visual y por métodos que permiten ver la soldadura “por dentro”, todas las soldaduras realizadas. Por tanto, cuando se entrega una ejecución, se garantiza que todas las soldaduras se han hecho correctamente.

Cómo ha ocurrido lo imposible

A pesar de todo, en la tragedia de Alcamuz se baraja la opción de que una soldadura haya fallado y un trozo de raíl se haya fracturado, de forma catastrófica.

¿Cómo ha podido ocurrir, si era imposible que ocurriera?

Si la continuidad metálica desaparece (porque falla la soldadura) y los dos tramos de raíl quedan separados, cada vez que una rueda pase por encima de esos raíles estará trasladando una tensión en las proximidades de los extremos, muy superior a la tensión de diseño. Esto provocará que, en algún momento, se supere el límite de fatiga y se genere una grieta en el raíl. Esa grieta empezará a crecer y, cuando supere un determinado tamaño crítico, provocará una rotura catastrófica.

¿Y qué le pudo pasar a la soldadura?. Pues de momento todo indica que o bien hubo un mal diseño del material de la soldadura (en este momento, se está hablando de una posible elección inapropiada por culpa de una redacción equivocada del pliego de condiciones); o bien se produjo un defecto inicial en la ejecución de la soldadura tan pequeño que no fue detectado en el análisis posterior a su ejecución. Por supuesto pudieron pasar otras cosas, pero a priori no podemos presuponer malas practicas sin un peritaje adecuado.

Prevenir mejor que curar

Cuando somos jóvenes, es difícil que fallen algunos sistemas y no precisamos de revisiones periódicas; vamos al médico cuando nos duele algo. Y el médico, entonces, utiliza diversos medios para hacer un diagnóstico y arreglar el problema. Cuando alcanzamos cierta edad, no podemos esperar a que los problemas den la cara, debemos hacernos revisiones cada vez más frecuentes para evitar que los problemas generen un fallo catastrófico.

Lo de Alcamuz posiblemente no hubiera pasado si se hubiera atendido a los síntomas –tanto usuarios como algunos trabajadores de los trenes llevaban meses reportando vibraciones fuera de lo normal– y se hubieran hecho las revisiones pertinentes.

Todavía ignoramos lo que realmente pasó: habrá que esperar a la evaluación definitiva de los peritos. Para tranquilidad de todos, los ingenieros metalúrgicos tenemos medios, herramientas y conocimientos suficientes para escudriñar lo ocurrido. Exactamente del mismo modo que un médico forense puede averiguar con precisión la causa de un fallecimiento.

No tengo la menor duda de que pronto se sabrá, con todo detalle, qué generó el fallo y qué repercusiones tuvo en el resto de la infraestructura. Y ese informe también podrá aclarar si se pudo prevenir.

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José Manuel Torralba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Accidente de Adamuz: por qué el acero no tiene la culpa – https://theconversation.com/accidente-de-adamuz-por-que-el-acero-no-tiene-la-culpa-274491

El acero en el centro del debate

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Alvaredo Olmos, Profesora Titular en Ciencia e Ingeniería de Materiales, Universidad Carlos III

Apirak Rungrueang/Shutterstock

Cada vez que se habla de infraestructuras, transición energética o reindustrialización, el acero vuelve al centro del debate. No es sorprendente: se trata del material estructural más utilizado del planeta.

El acero está ahí cuando cruzamos un puente, cuando entramos en un edificio, cuando subimos a un tren o encendemos la luz. Buena parte del entorno construido que hace posible nuestra vida cotidiana depende directa o indirectamente de este material.

¿Por qué es el material más utilizado? Porque combina bajo coste y disponibilidad, eso sin duda. Pero también porque reúne propiedades difíciles de encontrar juntas en otros materiales: alta resistencia mecánica, capacidad de deformarse sin romperse, durabilidad, facilidad de fabricación, reciclabilidad y una enorme versatilidad. Precisamente por eso es también uno de los materiales más estudiados y mejor conocidos por la ingeniería moderna.

Sin embargo, esa fiabilidad no es automática. El buen comportamiento del acero depende de cómo se fabrica, de su composición química y, de forma muy especial, de cómo se calienta y se enfría a lo largo de su vida. Es decir, de su historia térmica.

Entender cómo influyen el calor, el enfriamiento y el contenido de carbono es clave para explicar por qué el acero funciona tan bien… y por qué ciertos procesos industriales exigen un control tan estricto.

El acero “recuerda” el calor

Una idea fundamental, y a lo mejor poco intuitiva de la ciencia de materiales, es que el acero no tiene propiedades fijas e inmutables. Su dureza, su resistencia o su capacidad para absorber energía dependen no solo de qué acero es, sino también de su historia térmica. Es decir, de cómo ha sido calentado y enfriado durante su fabricación y transformación.

Podemos decir que el acero, en cierto modo, “recuerda” el calor. Aunque una pieza no muestre ningún cambio visible, a nivel interno pueden producirse reorganizaciones que alteran su comportamiento mecánico. Por eso, dos componentes fabricados con el mismo acero pueden responder de forma distinta ante una misma carga si han seguido trayectorias térmicas diferentes. Esta “memoria térmica” explica tanto la enorme versatilidad del acero como la necesidad de controlar cuidadosamente los procesos térmicos.

La ventaja de la sensibilidad al calor

Lejos de ser un inconveniente, la sensibilidad al calor es una de las grandes ventajas del acero. La ingeniería la aprovecha mediante los tratamientos térmicos, que permiten ajustar sus propiedades utilizando la temperatura y el tiempo como herramientas de diseño.

Un tratamiento térmico consiste, de forma simplificada, en calentar el acero hasta una determinada temperatura, mantenerlo durante un tiempo controlado y enfriarlo después a una velocidad concreta. El objetivo no es maximizar una propiedad aislada, sino encontrar el equilibrio adecuado entre resistencia y capacidad de deformarse sin romperse, del que depende la fiabilidad de muchas estructuras durante décadas de servicio.

Aquí aparece una idea clave: el tiempo es tan importante como la temperatura. Dos aceros pueden alcanzar la misma temperatura máxima y, sin embargo, comportarse de forma muy distinta si el enfriamiento ha sido más rápido o más lento. Este principio explica por qué un mismo acero puede ofrecer prestaciones muy diferentes dependiendo de cómo se haya tratado térmicamente.

Esta idea resulta intuitiva incluso fuera del ámbito técnico. Programas televisivos como “Forjado a fuego” muestran cómo una misma pieza de acero puede comportarse de forma radicalmente distinta según cómo se enfríe tras salir del fuego. Aunque en televisión el proceso parezca artesanal, el principio es exactamente el mismo que rige los tratamientos térmicos industriales: entender cómo la temperatura, el tiempo y la composición interactúan para determinar el comportamiento final del material.

El papel de la composición: pequeñas cantidades, grandes efectos

El acero es, esencialmente, una aleación de hierro y carbono. Aunque el carbono esté presente en pequeñas cantidades, su influencia es enorme: variaciones muy pequeñas pueden cambiar de forma significativa cómo el acero responde al calentamiento y al enfriamiento.

El carbono determina en gran medida la respuesta del acero a los tratamientos térmicos, pero no actúa solo. Otros elementos de aleación, añadidos en cantidades controladas, permiten ajustar propiedades como la resistencia, la tenacidad o la durabilidad. Por eso, aceros con composiciones muy similares pueden comportarse de forma distinta si su composición o su historia térmica no son exactamente iguales.

Para entender esta relación entre composición y temperatura, ingenieros y científicos utilizan modelos conceptuales como el diagrama hierro–carbono, bien conocido —y sufrido— por generaciones de estudiantes de ingeniería. Aunque no describe piezas reales, actúa como un mapa que ayuda a comprender por qué pequeñas variaciones de composición y temperatura tienen un efecto tan grande en el comportamiento del acero.

Por qué las vías ferroviarias se fabrican con acero

Nada de esto significa que el acero utilizado en infraestructuras críticas sea un material impredecible. Todo lo contrario: en aplicaciones como las vías ferroviarias se emplean aceros al carbono específicamente diseñados para uso ferroviario, con composiciones cuidadosamente ajustadas para ofrecer un comportamiento mecánico estable, predecible y duradero.

Estos aceros se seleccionan precisamente por su fiabilidad frente a cargas repetidas, desgaste y largos periodos de servicio. Su composición y sus tratamientos térmicos no son fruto del azar, sino del conocimiento acumulado sobre cómo responde el acero cuando se controla correctamente el calor.

Cuando el calor deja de ser uniforme: soldadura y zona afectada por el calor

La mayor parte de los tratamientos térmicos industriales se realizan en condiciones muy controladas y uniformes. Sin embargo, no todos los procesos que implican calor permiten ese mismo grado de control. En algunos casos, el calor se aplica de forma intensa y localizada.

La soldadura es un buen ejemplo. Durante este proceso, una región muy concreta del acero alcanza temperaturas elevadas, mientras que el material circundante permanece relativamente frío. El enfriamiento posterior se produce de manera rápida y no homogénea, dando lugar a una zona cercana a la unión que ha experimentado un ciclo térmico distinto al del resto del componente: la zona afectada por el calor (ZAC).

Aunque visualmente no se distinga, la ZAC puede presentar propiedades diferentes porque su historia térmica ha cambiado. Por eso, la soldadura exige procedimientos tan estrictos: no porque el acero sea un material poco fiable, sino precisamente porque su comportamiento frente al calor es bien conocido y debe gestionarse con cuidado.

La soldadura del acero exige procedimientos estrictos. No porque el acero sea un material poco fiable, sino precisamente porque su comportamiento frente al calor es bien conocido y debe gestionarse con cuidado.

Entender el acero para confiar en él

Que el acero sea el material estructural más utilizado del mundo no es una coincidencia. Su éxito no se basa en que sea insensible o inmutable, sino en que su respuesta a la temperatura, al tiempo y a la composición es conocida, predecible y controlable. Esa sensibilidad al calor, lejos de ser una debilidad, es lo que permite adaptar el acero a aplicaciones muy distintas manteniendo altos niveles de fiabilidad.

Comprender cómo el acero cambia —aunque no lo veamos— es clave para valorar la ingeniería que hay detrás de las infraestructuras que utilizamos cada día. En un mundo que sigue construyéndose, moviéndose y transformándose sobre acero, entender el papel del calor y del carbono es una forma de entender por qué este material sigue siendo, y seguirá siendo, uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad.

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Paula Alvaredo Olmos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El acero en el centro del debate – https://theconversation.com/el-acero-en-el-centro-del-debate-274492

¿Es mayor de 35 años y aún no es madre? Así es el estigma que viven las mujeres ‘incompletas’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María del Carmen Sánchez-Miranda, Área de Antropología Social, Universidad de Jaén

Drazen Zigic/Shutterstock

Aunque en las últimas décadas se ha ampliado el reconocimiento social de la diversidad de trayectorias vitales, la maternidad opera como una norma que condiciona la vida de muchas mujeres. No ser madre después de los 35 años sigue generando presiones, estigmas y desigualdades que atraviesan los ámbitos social, laboral y emocional.

El discurso contemporáneo sobre las mujeres incorpora de forma creciente la idea de elección individual. La maternidad aparece, al menos en términos normativos, como una posibilidad entre otras. Sin embargo, esta aparente apertura convive con una realidad persistente: la maternidad continúa ocupando un lugar central en la construcción social de la identidad femenina.

Cuando una mujer supera los 35 años sin haber sido madre –ya sea por decisión propia, por dificultades reproductivas o por circunstancias vitales– su trayectoria sigue siendo objeto de juicio.

La maternidad como norma cultural

A pesar de los cambios sociales, la maternidad se sigue asociando a la idea de una vida femenina “plena” o “realizada”. El mandato de la maternidad adopta formas más sutiles, pero no desaparece. No se presenta únicamente como una opción vital, sino como una expectativa implícita que estructura las representaciones sobre lo que significa ser mujer.

Dicha expectativa se intensifica a partir de cierta edad: a partir de los 35 años se activa el discurso del llamado “reloj biológico”. Más allá de su dimensión biológica, se trata de una construcción social que establece una temporalidad normativa para la maternidad y refuerza el control simbólico sobre el cuerpo y las decisiones reproductivas de las mujeres.

En este contexto, la ausencia de maternidad suele interpretarse como una responsabilidad individual y rodeada de la necesidad de justificar las decisiones personales de las mujeres. La maternidad deja así de situarse en el ámbito de la elección para convertirse en una norma cultural cuyo incumplimiento requiere demasiadas explicaciones.

Invisibilidad social y jerarquías simbólicas

La no maternidad también tiene implicaciones en el ámbito de las relaciones. En muchos entornos, el hecho de ser madre continúa funcionando como eje organizador de la vida adulta y genera dinámicas de pertenencia y exclusión que sitúa a las mujeres sin hijos en una posición periférica.

Persisten representaciones que asocian la no maternidad con la soledad, la falta de vínculos o una supuesta orientación individualista.

Estas ideas colocan a las mujeres sin hijos en un lugar secundario dentro de espacios de la vida adulta y se convierte en tema central de socialización. Conversaciones y actividades cotidianas giran en torno a la crianza, reforzando la idea de que esta experiencia constituye el núcleo de la vida femenina.

Esta jerarquización simbólica genera la invisibilidad de otras formas de relación, cuidado y compromiso y contribuyen a percibir la identidad de las mujeres en una sociedad marcada por profundos roles tradicionales.

Impacto emocional, legitimidad y estigma

A pesar de los avances normativos y culturales, los estigmas asociados a la no maternidad siguen presentes. La idea de la mujer “incompleta”, “egoísta” o “fracasada” continúa formando parte del imaginario colectivo, aunque se exprese de manera menos explícita que en décadas anteriores.

El discurso del reloj biológico refuerza los estigmas al situar la responsabilidad de la no maternidad exclusivamente en las mujeres. La presión social no procede únicamente del entorno cercano, sino también de representaciones mediáticas y culturales que siguen mostrando la maternidad como destino natural e inevitable.

Las narrativas influyen tanto en la valoración social como en la forma en que las propias mujeres interpretan su experiencia vital, con efectos directos sobre la autoestima y el sentido de pertenencia.

Las consecuencias emocionales de este mandato social son relevantes. La presión constante por explicar la no maternidad puede generar sentimientos de culpa, inseguridad o insuficiencia, incluso cuando las decisiones tomadas responden a un proyecto de vida coherente.

Más allá de la maternidad

El análisis de estas dinámicas muestra que, pese a los avances discursivos, la maternidad sigue funcionando como una norma social que organiza la vida de las mujeres. No ser madre después de los 35 años se mantiene como una desviación respecto al modelo dominante.

Cuestionar esta lógica no implica restar valor a la maternidad, sino situarla claramente en el ámbito de la elección y no de la obligación. Reconocer la diversidad de trayectorias vitales resulta fundamental para avanzar hacia una sociedad en la que las mujeres no tengan que justificar continuamente sus decisiones ni su validez en función de un único modelo de vida.

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María del Carmen Sánchez-Miranda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es mayor de 35 años y aún no es madre? Así es el estigma que viven las mujeres ‘incompletas’ – https://theconversation.com/es-mayor-de-35-anos-y-aun-no-es-madre-asi-es-el-estigma-que-viven-las-mujeres-incompletas-273152