Cómo el consumo precoz de porno afecta a la sexualización de chicos y chicas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jose Daniel Rueda Estrada, Director programa Master Universitario Trabajo Social Sanitario, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

En España, el contacto con la pornografía se produce cada vez antes: un 20 % de los adolescentes ha accedido a estos contenidos antes de los diez años y más del 90 % lo ha hecho antes de los catorce.

Estas cifras revelan una infancia expuesta demasiado pronto a materiales que moldean su manera de entender el deseo, el consentimiento y las relaciones afectivas. En un contexto donde la educación sexual integral apenas existe en las familias ni en las aulas, internet se ha convertido en el maestro y la pornografía en su currículo.




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Una infancia expuesta demasiado pronto

Las investigaciones más recientes sitúan el inicio del consumo de pornografía entre los ocho y los trece años. El teléfono móvil es el principal dispositivo de acceso: permite un consumo privado, inmediato y difícil de supervisar por el entorno adulto.

Este acceso continuo no tiene los filtros familiares y educativos que podrían actuar como elementos de protección.

Lo que ven los chicos

La exposición precoz a contenidos sexuales explícitos en los que se reproducen actitudes de violencia, dominación y machismo, y el consumo como práctica integrada en la socialización digital de los adolescentes hacen que la violencia física, la coerción o la humillación hacia las mujeres, lejos de ser reconocidas como agresiones, se interpretan como comportamientos sexuales normales o incluso deseables.

Son contenidos y actitudes que refuerzan modelos de virilidad basados en la dominación y la cosificación.

Algunos investigadores han comprobado que los vídeos más vistos incluían tirones de pelo, bofetadas o insultos, e incluso una violación colectiva con más de 225 millones de reproducciones. Otras investigaciones han confirmado que el consumo habitual de pornografía violenta se asocia con actitudes de dominio y agresión sexual: el 100 % de los estudios vinculó la pornografía con la violencia sexual, el 80 % con la psicológica y el 66,7 % con la física.

En definitiva, en la adolescencia esta exposición moldea las primeras experiencias afectivas y normaliza la idea de que el poder, la sumisión y la violencia son parte del deseo

Las chicas frente al espejo de la violencia

Las adolescentes también acceden a la pornografía, aunque en menor medida y bajo un contexto marcado por la presión estética, los mandatos de género y la necesidad de validación externa, factores que influyen en cómo construyen su deseo y su relación con el cuerpo.

Este consumo suele vivirse con incomodidad o ambivalencia emocional, y rara vez se comparte entre iguales.

La nueva pornografía digital refuerza la cosificación femenina, presentando a las mujeres como instrumentos de placer masculino. Plataformas como OnlyFans reproducen esta lógica, mercantilizando el cuerpo femenino bajo una aparente libertad que responde a la demanda masculina. Así, las jóvenes aprenden que el reconocimiento social depende de su capacidad de exposición, generando una socialización basada en la autosexualización y el capital erótico.

Este aprendizaje perpetúa los mandatos de sumisión y consolida un modelo de deseo basado en la desigualdad. En consecuencia, la pornografía no solo moldea cómo los varones aprenden a desear, sino cómo las adolescentes aprenden a ser deseadas.

Una educación que llega tarde

La ausencia de una educación sexual adecuada es uno de los factores que más contribuyen al consumo temprano de pornografía. En el ámbito educativo persiste una carencia de programas que aborden las relaciones afectivo-sexuales con rigor, naturalidad y perspectiva de derechos, lo que favorece la interiorización de los contenidos pornográficos.

Además, las escuelas carecen de recursos para una alfabetización sexual integral y en las familias prevalecen el silencio y el tabú.

Ante esta falta de referentes, la pornografía se convierte en la principal fuente de información, anulando dimensiones esenciales de la sexualidad como el afecto, la igualdad y el respeto.




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Educación socioafectiva y enfoque de género

Por ello, la educación socioafectiva con enfoque de género se ha mostrado esencial para prevenir los efectos del consumo y promover relaciones igualitarias.

Incluir la reflexión sobre consentimiento, placer y diversidad permite contrarrestar los mensajes de dominación que transmiten las pantallas y empoderar a los adolescentes desde el respeto mutuo.

Un desafío de la salud pública

El consumo de pornografía en la adolescencia constituye un problema emergente de salud pública. Sus efectos trascienden lo individual y afectan al bienestar emocional, la socialización y la construcción de identidades de género, por lo que requiere un abordaje preventivo y comunitario desde el sistema sanitario.

Además, la evidencia demuestra que la exposición precoz a contenidos sexuales explícitos influye en conductas de riesgo, adicciones comportamentales y reproducción de desigualdades de género.

El papel del trabajo social sanitario

El trabajo social sanitario tiene un papel clave al situarse entre el sistema de salud, la comunidad y las familias. Desde esta posición puede detectar las consecuencias psicosociales del consumo –ansiedad, aislamiento o actitudes sexistas– e intervenir con acciones educativas y de acompañamiento.

Asimismo, como figura de enlace, el trabajador social sanitario contribuye al diseño de estrategias intersectoriales que integren la educación afectivo-sexual en la atención primaria y promuevan relaciones saludables desde edades tempranas. En última instancia, acompañar a las nuevas generaciones en una sexualidad basada en la empatía, el consentimiento y la igualdad es su mayor responsabilidad.

El consumo de pornografía ha dejado de ser un tema privado para convertirse en un desafío colectivo. No es un problema moral, sino un problema de salud y de igualdad. Si la pornografía enseña a desear con violencia, nuestra tarea es enseñar a desear con empatía. En este sentido, educar en igualdad, afecto y consentimiento no es una opción: es una urgencia social.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cómo el consumo precoz de porno afecta a la sexualización de chicos y chicas – https://theconversation.com/como-el-consumo-precoz-de-porno-afecta-a-la-sexualizacion-de-chicos-y-chicas-266619

‘¡Chica, qué dise!’: el bricolaje lingüístico detrás de la voz de Rosalía

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Fernández de Molina Ortés, Profesora Titular de Lengua Española, Universidad de Granada

Rosalía en un fotograma de “Berghain”. Rosalía/YouTube

En su nuevo single, “Berghain”, adelanto del álbum LUX, Rosalía ha conseguido sorprender al público con una canción que refleja una reinvención musical de la artista. Si bien Rosalía siempre ha experimentado con distintos géneros y subgéneros (flamenco, flamenco fusión, música latina o reguetón), esta nueva propuesta es una declaración de intenciones de la cantante sobre lo que podremos escuchar en su próxima propuesta musical.

Sin embargo, en la forma de cantar de Rosalía no solo ha cambiado la melodía: también ha cambiado su forma de pronunciar. Así, en lugar de utilizar algunos rasgos como el seseo (“¡chica, qué dise!”), la pérdida de la d (“pienso en tu mirá”) o utilizar el spanglish en sus canciones (“estamos worldwide a machete”), Rosalía mantiene en “Berghain” su propia variedad, la del español de Cataluña, y pronuncia azúcar o vienes. Ahora bien, ¿es este un recurso exclusivo de Rosalía?

En realidad, no. Los lingüistas llaman a esto “bricolaje lingüístico”: una capacidad de combinar y adaptar rasgos del habla para construir una identidad. Los artistas lo hacen conscientemente, modificando el acento o el registro según el género que interpretan, y representando una identidad sonora que el oyente espera encontrar.

¿Cambiamos nuestra forma de hablar cuando cantamos?

Los géneros musicales poseen elementos que los definen no solo desde el punto de vista musical. Si pensamos en artistas de pop, rock, hip-hop o reguetón, todos tenemos una imagen muy parecida de ellos teniendo en cuenta aspectos como el vestuario, el peinado o, incluso, la forma de expresarse corporalmente.

Sin embargo, a veces no somos conscientes de que el acento de los cantantes puede definir, también, el género musical. Si pensamos en una canción de reguetón, incluso si la tarareamos, seguro que utilizamos algún rasgo del español caribeño aunque no procedamos esa zona del español: si Bad Bunny dice nuevayol o corasón, nosotros también pronunciaremos su canción así.

Y es que los hablantes, en distintos ámbitos de nuestra vida, cambiamos nuestra forma de expresarnos según el contexto en el que nos encontremos (situaciones más o menos formales), según las personas con las que hablamos (familiares, amigos o desconocidos) y, también, según nuestro propósito comunicativo.

De hecho, un hablante puede cambiar completamente su forma de hablar para acomodarse a su entorno con fines personales o profesionales, como un método de mercado lingüístico. Le sucedió a la cantante española Aitana cuando dio una entrevista con acento colombiano.

Cada género tiene un registro

En la música ocurre algo parecido: los artistas cambian su forma de hablar según aquello que interpretan.

Y es que, a lo largo del tiempo, cada estilo musical va construyendo su propia firma sonora. La historia de cada género, su procedencia geográfica y su evolución originan rasgos lingüísticos que se asocian directamente a la forma de cantar: el flamenco, con el acento andaluz; el reguetón, con rasgos de la variedad caribeña; o la música country o el pop, con el inglés americano.

Con el tiempo, esas características se consolidan y el público acaba reconociéndolas como parte del estilo. Por eso, cuando alguien escucha una canción de reguetón o de flamenco espera inconscientemente encontrar un acento concreto, porque tiene registrados esos rasgos en su memoria cultural.

Los artistas conocen estos registros y, como si fueran actores que interpretan un papel, repiten esas tradiciones y se acomodan lingüísticamente a los patrones ya creados. Es una manera de encajar en el estilo musical y de recibir una respuesta positiva por parte del público mediante un bricolaje lingüístico: una forma creativa de combinar elementos del habla para construir una identidad sonora que encaje en un contexto, en este caso, en un género musical.

El flamenco: la variedad andaluza pronunciada por todos

El flamenco es un ejemplo perfecto de todo esto.

Este género empezó a popularizarse a finales del siglo XIX, cuando cantaores de Andalucía empezaron a actuar en cafés y teatros de forma profesional. El gran interés que despertó este tipo de espectáculos llevó a los flamencos a otras partes de España, y con ello los artistas llevaron consigo su acento andaluz, con rasgos fonéticos tan característicos como el seseo, la aspiración de la s, o el rotacismo, es decir, el cambio de l por r que convierte calma en carma.

Como la interpretación se hacía con acento andaluz, los nuevos cantaores de otras zonas de España lo imitaron, porque el público (y los nuevos cantaores) los identificaban como rasgos propios del género. Fue así como el acento se transformó en un símbolo de identidad artística.

De hecho, aunque el flamenco es un género en constante renovación, tanto en el flamenco puro como en el flamenco fusión se han mantenido sus rasgos más representativos. Y es que ¿quién diría, por ejemplo, que Miguel Poveda es catalán cuando interpreta un palo flamenco? Los patrones lingüísticos del género moldean su interpretación.

Bricolaje lingüístico en la voz de Rosalía

Como hemos dicho al comienzo, Rosalía es un ejemplo claro de cómo el acento puede transformarse según el género musical. Su formación en el cante flamenco y su conocimiento profundo de estos patrones musicales y lingüísticos le han permitido adaptarse con naturalidad a las tradiciones del género. Además, esa familiaridad con el flamenco le ha dado las herramientas para trasladar ciertos rasgos como el seseo, la aspiración o la omisión de sonidos a otros estilos con rasgos lingüísticos similares como el reguetón o la música latina.

En estas fusiones, Rosalía no solo mantiene elementos fonéticos andaluces, sino que también incorpora nuevos recursos como el uso del spanglish o palabras propias del español americano. Su voz se convierte así en un espacio de experimentación donde distintos acentos y lenguas se mezclan, creando una identidad sonora que se acomoda a los diferentes contextos lingüísticos.

En ocasiones incluso integra algunos rasgos fonéticos con una doble intención. Es interesante ver cómo pronuncia la palabra “perla” en uno de los adelantos que ha presentado de su nuevo disco. El cambio de la “r” recuerda a la variedad caribeña, y suena como pel-la. ¿Quizás se refiere a alguien con esta pronunciación?

Fuera del escenario, sin embargo, Rosalía recupera su forma habitual, propia del español hablado en Cataluña. Sin duda, su interpretación muestra que la voz artística es una construcción flexible que cambia con el contexto y con el género; en esa transformación se refleja también su identidad y su consciencia lingüística en la interpretación.

The Conversation

Elena Fernández de Molina Ortés no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘¡Chica, qué dise!’: el bricolaje lingüístico detrás de la voz de Rosalía – https://theconversation.com/chica-que-dise-el-bricolaje-linguistico-detras-de-la-voz-de-rosalia-269203

De las redes sociales a la calle: la ultraderecha española más joven sale en busca del desorden

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maite Aurrekoetxea Casaus, Profesora Doctora en Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Deusto

En las ultimas semanas, figuras como el influencer Vito Quiles han recorrido universidades y ciudades al grito de “libertad”. Con cámaras en mano y estética de youtuber insurgente y rodeado de seguidores que lo vitorean, ya no se esconden tras la pantalla del movil: la provocación digital se ha hecho carne, y el escenario ya no es un timeline, sino la plaza pública.

La escenografía invierte la estética tradicional de un mitin político. Ya no hay atril, el líder habla desde la calle, entre la multitud como si fuera uno más, pero con el control absoluto del relato y del plano. Cada aparición se convierte en un espectáculo que se graba, se corta y multiplica en las redes.

En algunos actos ondean banderas preconstitucionales, se entonan himnos y se corean lemas que evocan el franquismo. Y, sin embargo, no persiguen un regreso literal al pasado, sino algo más inquietante: la exaltación del desorden como forma de identidad y poder. Su objetivo no es restaurar el franquismo, sino reanimar su estética, vaciarla de historia y llenarla de adrenalina.

Expertos en polarizar

La ultraderecha digital ha aprendido a polarizar: simplificar conflictos, “emocionalizar” los debates y convertir al adversario en enemigo. Ahora ese aprendizaje ha salido del algoritmo para ocupar el espacio físico.

De TikTok y Telegram han pasado al mitin improvisado, del meme a la consigna amplificada con megáfonos. Quiles y otras nuevas figuras de la ultraderecha digital se autoproclaman “libertarios”, pero actúan como emprendedores del caos, disputando la atención mediática mediante escenificaciones calculadas.

Frente a ellos, las respuestas de la ultraizquierda suelen ser reactivas, sin el control simbólico ni la eficacia comunicativa de este nuevo extremismo. No disputan el relato, sino que responden a él, entrando en la lógica del adversario: reaccionan a sus provocaciones, y al hacerlo refuerzan su visibilidad.

Este enfrentamiento no es simétrico: quien domina la narrativa domina también la realidad. Mientras la ultraderecha juega en un terreno comunicativo que domina –la emocionalidad, la provocación, el lenguaje audiovisual–, la izquierda radical sigue apelando a marcos racionales o morales que no generan el mismo impacto emocional ni mediático.

La libertad como grito de guerra

El lema es claro: libertad. Libertad frente a la censura, al feminismo “impositivo”, a la “agenda 2030” o al supuesto adoctrinamiento progresista. Pero esa libertad es un caballo de Troya: se presenta como antisistema, aunque se propaga gracias a los mismos algoritmos y plataformas que sostienen el sistema.

La libertad se vuelve una coreografía de rebeldía que no busca deliberar, sino provocar. En cada vídeo viral se condensan los ingredientes del nuevo populismo juvenil: desafío, emoción y teatralidad.

Los datos ayudan a entender esta deriva. En España, los jóvenes muestran un desencanto creciente con la democracia y una mayor tolerancia hacia actitudes autoritarias. Mientras generaciones anteriores mostraban un compromiso más sólido con la democracia, entre los jóvenes actuales aumenta el apoyo potencial a regímenes autoritarios, sostienen algunos autores.

El enemigo no es un adversario político, sino un símbolo que activa emociones inmediatas: ira, orgullo, nostalgia, miedo. Y esas emociones se amplifican con estética de vídeo en TikTok: banderas, gritos, planos cenitales, frases cortas…

La European Parliament Youth Survey 2024 confirma que los jóvenes europeos priorizan la autoexpresión y los espacios simbólicos sobre la pertenencia partidaria tradicional. A su vez, el informe From Posts to Polls revela que el atractivo del mensaje radical aumenta entre los menores de 25 años, especialmente en el sur de Europa.

Mejor cuanto más escandaloso

Cuando estos influencers anuncian que van a “salir de las redes”, no buscan dialogar: buscan performar la libertad. Su presencia en universidades o plazas es una extensión del algoritmo: quien más escándalo genera, más visibilidad obtiene.

La provocación se ha convertido en marketing político. Su lenguaje es el del clickbait: breve, agresivo, eficaz. Pero lo que venden no es un proyecto, sino un sentimiento: la libertad entendida como rechazo a cualquier límite.

Mientras tanto, la participación democrática se desploma. Solo el 36 % de los menores de 25 años votaron en las elecciones europeas de 2024, frente al 42 % de 2019. En España, la participación total fue del 46,39 %. El Eurobarómetro 2024 confirma ese escepticismo: la mayoría de jóvenes reconoce que votar es importante, pero dudan de que sirva para algo. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, 2024) añade que el voto se sustituye por formas de participación simbólica, activismo digital, boicot o performance, que generan sensación de acción, pero poca transformación institucional.

Entre el ruido y la democracia

Frente a lo que se pudiera pensar, no asistimos al regreso del franquismo, aunque su escenografía revive en cada bandera y cada consigna. Lo que emerge es una mutación: el populismo digital convertido en espectáculo callejero. Lo que se busca es mantener la tensión y colonizar el imaginario juvenil con una idea adulterada de libertad.

La respuesta no puede ser el silencio ni la réplica airada. La pedagogía democrática debe recuperar el sentido crítico, la escucha y la complejidad. La libertad no se defiende en un grito ni en un tuit, sino en la capacidad de disentir sin destruir.

Mientras las redes se llenan de estas imágenes, la democracia se observa en silencio. Y quizá ese silencio, cómodo, cansado o incrédulo, sea hoy su mayor riesgo.

The Conversation

Maite Aurrekoetxea Casaus no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De las redes sociales a la calle: la ultraderecha española más joven sale en busca del desorden – https://theconversation.com/de-las-redes-sociales-a-la-calle-la-ultraderecha-espanola-mas-joven-sale-en-busca-del-desorden-269055

‘Duoteísmo’ mexicano: el idilio sagrado entre el Club Deportivo Guadalajara y la Virgen de Guadalupe

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

Aficionados del Club Deportivo Guadalajara durante el partido que le enfrentó al Club América el 15 de octubre de 2023. Ringo Chiu/Shutterstock

En enero de 1957, José Garibi Rivera, arzobispo de Guadalajara y representante del Vaticano, recibió a los jugadores del equipo de fútbol de las “chivas”, quienes acababan de ganar su primera liga tras derrotar al Irapuato, gracias a un gol de cabeza del histórico delantero Chava Reyes.

La sorpresa de los futbolistas fue mayúscula cuando el que fuera primer cardenal mexicano y miembro del cónclave que eligió a Pablo VI se levantó la sotana y dejó ver debajo de ella la mítica camiseta rojiblanca de las “chivas”, a las que en ese momento bautizó con el sobrenombre que han llevado hasta la fecha: “El rebaño sagrado”.

La fe que une a millones

En México, las pasiones se viven a flor de piel. Dos de las más intensas son la devoción a la Virgen de Guadalupe y el amor por el Club Deportivo Guadalajara, conocido como las “chivas”. A simple vista, parecen mundos distintos: uno religioso, otro deportivo. Pero si miramos de cerca, descubrimos que ambos comparten símbolos, emociones y un vínculo profundo con la identidad mexicana.

Los días 12 de diciembre de cada año, millones de personas llegan a la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. Jóvenes, familias y adultos mayores recorren caminos a pie, en bicicleta o incluso de rodillas para rendir tributo a la patrona de México. Esa fecha transforma al país en un mosaico de fe. Cantos, rezos y “mañanitas” (cumpleaños feliz) se sienten en todo México.

Millones de devotos de la Virgen de Guadalupe se dirigen a su Basílica el 12 de diciembre,
Angela Ostafichuk/Shutterstock

Algo similar ocurre cuando las “chivas” salen a la cancha. Sucede en vivo, dentro del estadio Akron, o frente a una televisión. Los colores rojo, blanco y azul generan la misma intensidad emocional que provoca el manto de la Virgen. Aficionados cantan, gritan goles y, en ocasiones, encomiendan el resultado a la “Morenita del Tepeyac”.

Rituales que emocionan

La religiosidad guadalupana y el fervor rojiblanco tienen algo en común: los rituales. Veladoras, rosarios y altares en un lado; playeras, banderas y porras (grupos de animación) en el otro. Ambos espacios, templo y estadio, transforman lo individual en colectivo. En una sociedad donde la humanidad está cada vez más encapsulada, la devoción compartida une a multitudes en el dolor, la esperanza y la alegría.

Estudios recientes muestran que los aficionados sienten orgullo no solo por los títulos, sino también por los valores de su equipo. Desde sus inicios, las “chivas” solo juegan con futbolistas mexicanos, un fenómeno similar al que encarna el Athletic Club de Bilbao en España, que sólo integra a futbolistas de origen vasco.

El marcado acento nacional de las alineaciones del Club Deportivo Guadalajara conecta con los valores asociados al imaginario de la devoción mariana guadalupana. Pocos mexicanos se sienten ajenos a estas manifestaciones populares, que ejercen de aglutinantes del sentir nacionalista.

Esta coincidencia hunde sus raíces en aquella bendición clerical del arzobispo Garibi Rivera y en el bautismo del “rebaño sagrado”. La conexión religiosa con el equipo de fútbol se ha mantenido y consolidado en la ciudad de Guadalajara, así como a lo largo y ancho del país. No en vano, el propio Papa Pio XII dio su bendición a las “chivas” a instancias de aquel cardenal con vocación de hincha.

Orgullo mexicano más allá de las fronteras

La devoción guadalupana también se adapta a la cultura local. En algunas regiones indígenas, los rituales mezclan elementos católicos y tradiciones locales, fortaleciendo la identidad cultural. Esta conexión explica por qué podemos ver a la Virgen y al escudo rojiblanco juntos en murales y tribunas. Son símbolos de orgullo y pertenencia.

El “duoteísmo” que reúne a la Virgen de Guadalupe y a las “chivas” no se queda en México. Millones de migrantes en Estados Unidos llevan estampitas y camisetas rojiblancas. Este hábito representa una forma de mantener viva su identidad mexicana a pesar de la distancia. Para ellos, ambos signos funcionan como “símbolos maestros”, que sostienen la cultura y comunidad lejos del país natal.

Cultura de emociones compartidas

Uno de los elementos distintivos de la cultura mexicana consiste en vivir las emociones en comunidad. Ya sea en la Basílica o en el estadio. Los cantos, lágrimas y gritos se multiplican. La Virgen de Guadalupe y las “chivas” funcionan como catalizadores de identidad: permiten reconocerse, sentirse acompañados y reforzar un sentido de pertenencia.

El diario Los Angeles Times señala que la Virgen también simboliza resistencia cultural y memoria indígena. Una característica compartida por el equipo de las “chivas”, que asimismo inspira ese sentimiento de raíz nacional.

A las puertas del mundial 2026

Con motivo de la celebración del mundial de fútbol 2026, el país vive ya un ambiente festivo. Para esta tercera justa (México ya fue sede en 1970 y 1986), la ciudad de Guadalajara se prepara para recibir a miles de aficionados y turistas.

Los tapatíos (ciudadanos de Guadalajara) y los jaliscienses (naturales de Jalisco) se convertirán por unas semanas en anfitriones de espectadores venidos de todo el mundo. Para recibirlos, las autoridades locales y estatales han anunciado grandes obras que buscan facilitar la estancia de los visitantes y mejorar los servicios.

Tan importante como esas obras será el papel que jugarán la devoción guadalupana y el color de la afición local. Estas expresiones de la cultura popular y de la arraigada fe mexicana constituyen signos distintivos que acompañarán a unos y otros, uniéndolos en un mismo acontecimiento festivo.

La conexión religioso-futbolística cobrará mayor relevancia si cabe en la capital, la Ciudad de México, ya que en este mismo espacio geográfico coexisten la “catedral” del fútbol mexicano (Estadio Azteca) y la Basílica de Guadalupe.

La pasión “sagrada” que late en el corazón mexicano

La Virgen de Guadalupe y las “chivas” del Guadalajara habitan mundos distintos, pero se tocan en el corazón mexicano. Ambas representan fe en lo imposible, esperanza frente a la adversidad y la necesidad de símbolos que den sentido a lo colectivo.

Entre rezos y goles, la cultura mexicana late con la misma intensidad. Para millones de personas, llevar en el corazón a la Virgen y a las “chivas” no es solo una costumbre. Es una forma de ser mexicano, de celebrar la identidad y compartir emociones que trascienden generaciones y fronteras.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ‘Duoteísmo’ mexicano: el idilio sagrado entre el Club Deportivo Guadalajara y la Virgen de Guadalupe – https://theconversation.com/duoteismo-mexicano-el-idilio-sagrado-entre-el-club-deportivo-guadalajara-y-la-virgen-de-guadalupe-266445

Los algoritmos adivinan cómo somos o cuánto ganamos solo con analizar nuestra foto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Garcia Torres, Doctorando en Deporte y Salud, Universidad Miguel Hernández

Cuando subimos una foto a una red social, igual no nos imaginamos todo lo que los algoritmos pueden deducir de nosotros solo por esa imagen. Antoine Beauvillain / Unsplash., CC BY

Es una sensación familiar para cualquiera que use redes sociales: el asombro, a veces inquietante, de que una plataforma parezca conocernos mejor que nadie. Un vídeo recomendado que acierta de lleno, un anuncio que responde a una conversación reciente, un recuerdo que aparece en el momento justo… Atribuimos esta aparente magia a los algoritmos que, suponemos, aprenden de nuestras interacciones directas. Sin embargo, esta es solo la capa más superficial de un sistema mucho más complejo.

La verdadera capacidad de estos sistemas no reside en registrar nuestras acciones explícitas, sino en su habilidad para interpretar nuestra identidad a partir de los datos que compartimos, a menudo, de forma inconsciente. Un sencillo experimento con una sola fotografía personal revela hasta qué punto estos sistemas construyen perfiles psicológicos, ideológicos y económicos que van mucho más allá de lo que el usuario pretende comunicar.

De la visión por computador a la interpretación semántica

Cuando subimos una imagen a internet, no solo la ven otros usuarios: también la “leen” los sistemas de visión por computador, como la API de Google Vision que, según anuncia Google, “extrae información valiosa de imágenes, documentos y vídeos”. Estas tecnologías ya no se limitan a identificar objetos o rostros. Su alcance llega a la interpretación semántica: pueden deducir emociones, contextos culturales o rasgos de personalidad.

Herramientas como TheySeeYourPhotos, creada por un exingeniero de Google para denunciar este tipo de prácticas, permiten comprobarlo. Su objetivo es mostrar cuánta información personal y sensible puede inferirse a partir de una sola fotografía, utilizando la misma tecnología que emplean las grandes corporaciones.

El problema no está en que las máquinas reconozcan lo que ven, sino en que interpreten lo que creen que esa imagen dice sobre nosotros. Y ahí surge una pregunta clave: ¿están diseñadas para servir nuestros intereses o para explotar patrones de comportamiento que ni siquiera reconocemos?

Caso de estudio: el perfil inferido de una fotografía

Para explorar los límites de esta capacidad interpretativa, en la Universidad Miguel Hernández realizamos un experimento: analizamos una fotografía personal mediante la herramienta mencionada anteriormente. Los resultados que obtuvimos se pueden clasificar en dos niveles.

Análisis que la herramienta TheySeeYourPhotos hace sobre una de las fotos empleadas en este estudio.

El primer nivel es el del análisis descriptivo, mediante el que la IA identifica elementos visuales objetivos. En este caso, describió correctamente la escena principal (un joven junto a una barandilla y un monumento) y se aproximó a la localización geográfica. Este nivel, aunque propenso a errores fácticos (como estimar una edad algo diferente), se mantiene en el plano de lo esperable.

El segundo nivel, el del análisis inferencial, es el que resulta más revelador y problemático. A partir de la misma imagen, el sistema construyó un perfil detallado basado en patrones estadísticos y, previsiblemente, en sesgos algorítmicos:

  • Origen étnico (raza mediterránea) y nivel de ingresos estimado (entre 25 000 y 35 000 euros).
  • Rasgos de personalidad (tranquilo, introvertido) y aficiones (viajes, fitness, comida).
  • Orientación ideológica y religiosa (agnostico, partido demócrata).

El propósito de este perfilado exhaustivo es, en última instancia, la segmentación comercial. La plataforma sugirió anunciantes específicos (Duolingo, Airbnb) que tendrían una alta probabilidad de éxito con el perfil inferido. Lo relevante no es el grado de acierto, sino la demostración de que una sola imagen es suficiente para que una máquina construya una identidad compleja y procesable de un individuo.

Del perfilado a la influencia: el riesgo de la manipulación algorítmica

Si un algoritmo puede inferir nuestra ideología, ¿su objetivo es simplemente ofrecernos contenido afín o reforzar esa inclinación para volvernos más predecibles y rentables?

Esa es la frontera difusa entre personalización y manipulación. Meta, por ejemplo, ha experimentado con usuarios generados por inteligencia artificial, diseñados para interactuar con perfiles solitarios y aumentar su tiempo en la plataforma. Y si los sistemas pueden simular compañía, también pueden crear entornos informativos que guíen sutilmente opiniones y decisiones.

A ello se suma la falta de control real sobre nuestros datos. La multa récord de 1 200 millones de euros impuesta a Meta en 2023 por transferencias ilegales de información de Europa a EE. UU. demuestra que el cumplimiento normativo se convierte, para las grandes tecnológicas, en un cálculo de riesgo-beneficio, más que en un principio ético.

La conciencia crítica como herramienta de defensa

El resultado de este perfilado masivo es la consolidación de las “burbujas de filtro”, un concepto acuñado por Eli Pariser para describir cómo los algoritmos nos encierran en entornos informativos que refuerzan nuestras creencias. Así, cada usuario habita un mundo digital hecho a su medida, pero también más cerrado y polarizado.

Ser conscientes de que cada interacción digital alimenta este ciclo es el primer paso para mitigar sus efectos. Herramientas como TheySeeYourPhotos son valiosas porque revelan cómo se construye la ilusión de personalización que define nuestra experiencia en línea.

Por tanto, el feed de nuestras redes sociales no es un reflejo del mundo real, sino una construcción algorítmica diseñada para nosotros. Comprender esto es indispensable para proteger el pensamiento crítico y navegar de forma consciente en un entorno digital cada vez más complejo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Los algoritmos adivinan cómo somos o cuánto ganamos solo con analizar nuestra foto – https://theconversation.com/los-algoritmos-adivinan-como-somos-o-cuanto-ganamos-solo-con-analizar-nuestra-foto-265994

Cuando el enemigo está dentro: las emociones que nos hacen vulnerables a un ciberataque

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía Halty, Profesora e investigadora del departamento de Psicología, Universidad Pontificia Comillas

Nanzeeba Ibnat / ISTOCK

¿Por qué algunas personas, incluso advertidas por las herramientas de seguridad y los antivirus, siguen haciendo clic en un enlace fraudulento? ¿Qué nos hace confiar más en un correo que nos promete un estupendo premio que en una alerta que nos invita a ser precavidos?

Cada día, millones de correos electrónicos intentan engañar a sus destinatarios mediante técnicas como el phishing, un tipo de ciberataque que busca obtener información confidencial –contraseñas, datos bancarios o credenciales corporativas– mediante la manipulación psicológica. Si bien la tecnología logra detener entre el 90 % y el 99 % de estos ataques, el pequeño porcentaje que logra pasar las barreras técnicas suele bastar para poner en peligro tanto a las organizaciones como al eslabón más débil de la cadena: el ser humano. Por eso, el siguiente gran avance pasa por comprender ese 1 % (y protegerlo).

El análisis del comportamiento de los usuarios ha sido, precisamente, el centro de la investigación del proyecto EVE (Emotions and Vulnerabilities Exposed and Protected), que ha dado como resultado un algoritmo capaz de aumentar nuestra ciberprotección. Integrado en una plataforma de neurociberseguridad, este algoritmo predice la vulnerabilidad del factor humano ante un ciberataque, basándose en diversas variables psicológicas. Se trata de un nuevo y pionero enfoque en ciberseguridad que une neurociencia, tecnología y psicología para predecir el riesgo humano ante un ataque digital y protegernos, así, de nosotros mismos.

Un cerebro preparado para sobrevivir… pero no en internet

Nuestro cerebro está programado para reaccionar con rapidez ante amenazas físicas. Cuando percibimos un peligro –un ruido repentino o una sombra inesperada–, se activa la amígdala, que pone en marcha una respuesta automática de defensa. Este mecanismo, conocido como sesgo de negatividad, nos ha permitido sobrevivir durante millones de años.

Sin embargo, en el entorno digital el sistema no se activa porque no tenemos factores de supervivencia: no hemos generado una respuesta instintiva a las amenazas, cosa que sí sucede cuando oímos el rugido de un león, incluso aunque nunca hayamos estado en la sabana. Como leer un correo electrónico aparentemente no pone en riesgo nuestra supervivencia, el cerebro no enciende la alarma emocional. Y cuando lo hace, suele ser en la dirección equivocada: el miedo se orienta hacia las consecuencias de no actuar, no hacia el ataque.

Mensajes como “Su cuenta será bloqueada si no actualiza sus datos” o “Ha perdido 1 000 euros de su cuenta bancaria, pulse aquí para recuperarlos” provocan miedo al castigo, no al engaño. Ese miedo “secuestra” la atención y deja todo el peso de la decisión al pensamiento racional, más lento y exigente. Si además estamos cansados, distraídos, estresados o bajo presión, nuestra capacidad para analizar el mensaje disminuye y el clic se vuelve casi inevitable.

Personalidad y contexto

El modelo científico que sustenta el algoritmo EVE se apoya en tres variables psicológicas y de personalidad clave, a las que se añaden variables contextuales, como la carga de trabajo, la multitarea, la presión del tiempo o el nivel de implicación con el asunto del correo. Todo ello puede aumentar o reducir nuestra capacidad para procesar la información de forma crítica.

La primera de esas variables es el Sistema de Inhibición del Comportamiento (BIS). Mediado por la ansiedad, quienes puntúan alto reaccionan con miedo ante posibles castigos y son más vulnerables a mensajes del tipo “si no actúas ahora, pierdes algo”.

Otro elemento a tener en cuenta es el Sistema de Activación del Comportamiento (BAS). Está asociado a la impulsividad y la búsqueda de recompensa, y los usuarios responden más fácilmente a mensajes que prometen beneficios inmediatos (“gana un premio”, “aprovecha la oferta”).

Finalmente, interviene la Necesidad de Cognición (NC), que mide la tendencia a disfrutar del pensamiento complejo. Las personas con NC suelen analizar más y caer menos, aunque pueden ser víctimas de correos que apelan a la curiosidad intelectual (“descubre más”, “lee este informe exclusivo”).

Integrando estos componentes, EVE ha generado un perfil dinámico de vulnerabilidad, que no pretende etiquetar a las personas sino entender en qué condiciones concretas cada individuo es más propenso a caer. Lejos de ser estático, el algoritmo entrena según la toma de decisiones y el comportamiento humano. Si cambia el nivel de vulnerabilidad, se alerta al usuario y a la organización de la transformación, porque lo que se pretende es un círculo virtuoso.

Este empieza con la validación del autodiagnóstico, de cómo somos, las variables psicológicas y rasgos de personalidad. A partir de ahí, se despliega un mecanismo que se basa en simulaciones de phishing para validar esa hipótesis continuamente. Así se genera un sistema de alerta, denominado semáforo, que se contrarresta con una serie de microhistorias que explican los procesos cognitivos por los que se ha caído o no en esa simulación. Y vuelta a empezar. En este círculo virtuoso, el algoritmo está siempre entrenando y aprendiendo del comportamiento de los usuarios.

Ciencia aplicada a una ciberseguridad más humana

Nuestro equipo probó el modelo en dos fases: primero con estudiantes universitarios y, después, con empleados de empresas, para aproximarse a contextos laborales reales. Cada participante completó pruebas de personalidad y se enfrentó a simulaciones de phishing mientras los investigadores medían tiempos de reacción, emociones evocadas y decisiones tomadas. Con esos datos, el algoritmo aprendió a predecir patrones de conducta y puntos débiles, y el usuario recibía píldoras de aprendizaje personalizadas sobre ciberseguridad.

Pero no todo el mundo tiene que recibir la misma formación para enfrentar una amenaza que llega por correo electrónico. Una persona con alta ansiedad no debería recibir el mismo entrenamiento que otra más impulsiva. Así, la formación adaptada al perfil psicológico puede reducir significativamente el riesgo de caer en la trampa y, sobre todo, evitar la falsa sensación de seguridad que generan los cursos genéricos.

De esta forma, el proyecto EVE marca un cambio de paradigma: entender la ciberseguridad no solo como un desafío técnico, sino como un fenómeno profundamente humano. Los ciberdelincuentes no atacan máquinas: atacan emociones. Por eso, los sistemas del futuro deberán aprender a protegernos también de nuestras propias vulnerabilidades.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

Lucía Halty no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando el enemigo está dentro: las emociones que nos hacen vulnerables a un ciberataque – https://theconversation.com/cuando-el-enemigo-esta-dentro-las-emociones-que-nos-hacen-vulnerables-a-un-ciberataque-269200

COP30: por qué debemos ser cautos ante el fondo de 125 000 millones de dólares para conservar bosques tropicales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Resco de Dios, Catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global, Universitat de Lleida

Selva amazónica en el Parque Nacional Yasuní, Ecuador. Maris Maskalans/Shutterstock

Los bosques absorben en torno al 30 % de las emisiones de gases con efecto invernadero. Lamentablemente, no sabemos cuánto tiempo durará este “sumidero” de carbono. A raíz de su creciente degradación, los bosques tropicales y boreales podrían liberar cantidades colosales de dióxido de carbono (CO₂) a la atmósfera. Si esto llegara a ocurrir, el cambio climático se aceleraría y amplificaría.

Algunos indicios sugieren que este proceso podría haber empezado ya: las emisiones de CO₂ batieron récords de crecimiento en 2024 debido a los megaincendios tropicales.

Preservar los bosques frente a su degradación y a la deforestación cuesta dinero. Por desgracia, muchos aumentan su valor tras ser transformados en cultivos o minas, o incluso después de un incendio, dado que se pueden cobrar créditos de carbono por la repoblación posterior. La clave para la conservación de los bosques pasa, por tanto, en lograr que el bosque en pie, sano y en buen estado de conservación valga más que un bosque quemado o roturado.

En la cumbre climática de Brasil, la COP30, se presentará un nuevo mecanismo financiero desarrollado con ese fin: la Tropical Forest Forever Facility (TFFF). Antes de explicar en qué consiste, conviene recordar que la TFFF no es la primera iniciativa financiera probiodiversidad.




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COP30 de Brasil: una cumbre incierta, pero imprescindible para la acción climática


Gestión por comunidades rurales e indígenas

Los bosques no son ambientes puramente naturales, sino también culturales. Más del 90 %, incluso de los tropicales, han sido gestionados por el hombre durante los últimos 10 000 años. Lo que determina su estado de conservación, por tanto, no es la presencia o ausencia del ser humano, sino qué han hecho los humanos que gestionaban esos ambientes.

Ancestralmente, la preservación de los bosques estaba ligada al aprovechamiento por parte de las comunidades rurales o indígenas, y al posterior desarrollo de cadenas de valor. Esto es, la necesidad de leñas durante muchas generaciones, por ejemplo, fomentaba una gestión de los bosques sostenible en el tiempo.

Esta gestión se vio reforzada a partir del siglo XIX, con la creación de escuelas especializadas como la de los ingenieros de montes, que evaluaron y elevaron el conocimiento tradicional a conocimientos científicos y técnicos. Otro cambio importante lo encontramos en los años 90: se desarrollaron sistemas de certificación forestal que acreditan la sostenibilidad ambiental y social del aprovechamiento y, por ende, aumentan el valor de los productos.

“Canjear deuda por naturaleza”

Durante el siglo XX, sobre todo en la segunda mitad, surge una conciencia ambiental en la sociedad que es capitalizada por oenegés ambientalistas. Estas oenegés han sido muy creativas a la hora de encontrar fuentes de financiación. Un ejemplo lo encontramos en la operativa “canjear deuda por naturaleza”, iniciada por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). A través de esta medida, un país del sur global puede ver reducida su deuda exterior (que es adquirida por una ONG o por los gobiernos de otros países) si acomete actuaciones de restauración de la naturaleza.

En 2021, por ejemplo, Belice redujo su deuda exterior en 216 millones de dólares tras comprometerse a destinar 107 millones a la conservación. En la actualidad existen más de 100 proyectos similares. Una parte importante de estos presupuestos se redirigen hacia entidades ambientalistas, que son las encargadas de acometer, o certificar, las actuaciones de restauración en colaboración con los gobiernos.

Los problemas con las entidades ambientalistas

Si bien los objetivos ambientales de estas iniciativas son positivos, se han denunciado los conflictos de interés y prácticas deficientes detrás de esos proyectos.

Este tipo de operativas implican, en la mayoría de casos, la sustitución de comunidades ancestrales por oenegés ambientalistas, tanto en su función como gestores de la tierra como en la recepción de los fondos. Como no podía ser de otra manera, estas medidas han desembocado en una gran tensión entre las oenegés y las comunidades rurales e indígenas.

En el año 2004, el antropólogo Mac Chapin ya advertía sobre cómo las entidades ambientalistas estaban abusando de las comunidades rurales e indígenas. En el tercer congreso de la Unión Internacional de la Naturaleza, Martin Saning’o, portavoz de los masái, declaraba abiertamente que eran enemigos de la conservación de la naturaleza: les estaban echando de sus tierras en pro de una supuesta conservación. Y en 2019 los periodistas Tom Warren y Katie Baker documentaron cómo esas expulsiones estaban siendo agravadas por violaciones, torturas y asesinatos a indígenas por parte de los guardas de reservas naturales, pertenecientes a grupos paramilitares, financiados por WWF.

Además, disciplinas científicas como la ecología o la dasonomía, junto con disciplinas sociales como la historia o la antropología, han documentado que la mejor forma de preservar los bosques está en su gestión por parte de las comunidades rurales o indígenas que de ella dependen.

Las oenegés ecologistas siempre han sido reticentes a admitir esta realidad: si el mejor gestor de la naturaleza está en las comunidades locales, estas entidades dejan de tener sentido. En la actualidad, las evidencias científicas sobre cómo las comunidades locales son las mejores gestoras tan abrumadoras, que han tenido que dar su brazo a torcer y admitirlo abiertamente.

El fondo que se lanzará en la COP30

Para conservar la biodiversidad, y asegurar que las comunidades rurales e indígenas siguen gestionando sus ecosistemas ancestrales, se ha diseñado la Tropical Forest Forever Facility (TFFF).

La TFFF sigue un esquema que en esencia ya se esbozó hace más de dos décadas: consiste en pagar por la preservación de los servicios que nos prestan los ecosistemas. Ahora bien, este mecanismo se articula a través de bonos.

En primer lugar, se crea un fondo de inversión alimentado por gobiernos e inversores privados que espera movilizar 125 000 millones de dólares. Este invierte su capital en un portafolio basado en mercados emergentes y economías en desarrollo, de manera que parte de las ganancias van a parar a los países con bosques tropicales seleccionados para recibir pagos.

Se utilizan sistemas de seguimiento forestal para vigilar si ha habido deforestación. Si se cumplen los objetivos, el país receptor recibe 4 dólares por cada hectárea forestal preservada, mientras que la deforestación y la degradación suponen una reducción de los pagos.

La creación de fondos financieros para la conservación de la biodiversidad no es nueva, ni tampoco lo es la venta de bonos, pero sí hay algunos detalles importantes del TFFF que son novedosos. El primero es que, por fin, las comunidades locales serán compensadas por su buen hacer: el 20 % de los ingresos, como mínimo, deben ir a esos gestores ancestrales.

El segundo es que no se financian proyectos particulares, sino políticas públicas. Esto es importante porque, a priori, garantiza que el Gobierno del país velará por su aplicación a escala nacional.

Ahora bien, tenemos que dejar bien claro que se trata de un fondo de inversión que, como cualquier otro, busca ganar dinero preservando la biodiversidad. El fondo especifica que los beneficios irán, en primer lugar, a los inversores y patrocinadores y el remanente, a pagos forestales.

Fondos de inversión parecidos a TFFF están en auge. A principios de año, Golden Sachs desarrolló un fondo que pretende movilizar 500 millones de dólares, nuevamente para preservar la naturaleza.

Estos fondos de inversión siguen la estela marcada por el Convenio de la ONU sobre Biodiversidad, que busca movilizar 200 000 millones de dólares anualmente para conservar la biodiversidad. Estamos hablando de mucho dinero y, en consecuencia, de un negocio colosal.

Necesitamos que los bosques cuidados valgan más que los destrozados. No sabemos si la TFFF, o el fondo de Goldman Sachs, servirá para tal fin. Lo que sí sabemos es que iniciativas similares estaban llenas de buenas intenciones y de grandes fracasos. Esperemos que esta vez sea diferente y que, por una vez, sean las comunidades locales, rurales e indígenas quienes resulten beneficiadas.

The Conversation

Víctor Resco de Dios recibe fondos del MICINN.

ref. COP30: por qué debemos ser cautos ante el fondo de 125 000 millones de dólares para conservar bosques tropicales – https://theconversation.com/cop30-por-que-debemos-ser-cautos-ante-el-fondo-de-125-000-millones-de-dolares-para-conservar-bosques-tropicales-269142

¿En qué medida aumentan los anticonceptivos hormonales el riesgo de contraer cáncer de mama?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Sayon Orea, Investigador Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad de Navarra

SeventyFour/Shutterstock

Según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), aproximadamente 1 de cada 8 mujeres españolas desarrollará cáncer de mama en algún momento de su vida. El origen de esta enfermedad es complejo: la predisposición genética explica menos del 10 % de los casos, mientras que el 90 % restante se atribuye a factores de riesgo, tanto modificables como no modificables.

Más concretamente, la Sociedad Estadounidense contra el Cáncer estima que el 30 % de los casos se deben a condicionantes que sí pueden controlarse, como el exceso de peso corporal, la inactividad física o el consumo de alcohol. Y en esta categoría, el uso de anticonceptivos hormonales ha atraído la atención de los investigadores al tratarse de una patología que depende básicamente de las hormonas.

Por ejemplo, la SEOM señala: “El uso de terapia hormonal sustitutiva después de la menopausia aumenta el riesgo de cáncer de mama, así como el uso de anticonceptivos orales, aunque el incremento absoluto es bajo”.




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Anticonceptivos orales: cuáles son sus verdaderos riesgos


Interrogantes y evidencias

En la actualidad persisten numerosos interrogantes sobre la relación entre la exposición a anticonceptivos hormonales y el riesgo de desarrollar esa dolencia. A pesar de que la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, que forma parte de la OMS, concluyó en junio de 2005 que los contraceptivos hormonales son carcinógenos para el cáncer de mama, de cuello de útero y de hígado, también es cierto que su efecto ha resultado protector frente a cánceres de ovario y endometrio.

Su impacto global continúa siendo controvertido; no hay consenso entre los especialistas. No obstante, destacan algunas investigaciones recientes e importantes que sí han detectado un incremento notable en las probabilidades de desarrollar cáncer de mama.

Así, tres grandes estudios que han seguido a muchos miles de mujeres a largo plazo –el Estudio de la Salud de las Enfermeras II (NHSII, por sus siglas en inglés), el Estudio del Registro Danés de Hormonas Sexuales y el Estudio Nacional Sueco de Mujeres Jóvenes– demostraron un riesgo significativamente superior entre las mujeres que emplearon anticonceptivos hormonales en comparación con las no usuarias.

Revisión exhaustiva

En este contexto, un nuevo estudio elaborado por investigadores de la Universidades de Navarra y Harvard, en colaboración con otras universidades y hospitales, ofrece la revisión sistemática más exhaustiva realizada hasta la fecha para medir la relación entre la duración del uso de anticonceptivos hormonales y el riesgo de desarrollar dicha patología. Publicado en la revista Maturitas, incluye 20 cohortes y 23 informes independientes, en los que participaron más de 5,5 millones de mujeres y se detectaron 72 000 casos de cáncer de mama.

La conclusión de los científicos que hemos participado en este trabajo es que usar píldoras, dispositivos intrauterinos o parches contraceptivos con hormonas durante cinco o más años se asocia con un aumento del 20 % en las probabilidades de desarrollar cáncer de mama. Asimismo, hemos observado que este riesgo no sigue un patrón lineal: se incrementa progresivamente en los primeros cinco años de uso, se estabiliza entre los cinco y diez años y vuelve a subir ligeramente a partir de la década.

La asociación fue más marcada en las mujeres más jóvenes que desarrollaron los tumores de mama más prematuramente, antes de la menopausia. En ellas, dicho aumento de riesgo fue un 41 % superior en comparación con las no usuarias. El estudio también confirma que este incremento, aunque moderado a nivel individual, puede tener un impacto poblacional muy relevante, ya que más de 150 millones de mujeres utilizan esos métodos.

Hallazgos coherentes

Los hallazgos son coherentes con los de varios trabajos de gran escala publicados en las últimas dos décadas. Además, la evidencia está respaldada por los mecanismos biológicos sobre el tejido mamario, como la acción proliferativa de estrógenos y progestágenos, que son precisamente las hormonas sexuales femeninas de los contraceptivos. Tales hormonas se utilizan –en forma sintética y en dosis superiores a las naturales– para bloquear la función natural del ovario. Así se logra que no haya ovulación, además de producir otros efectos.

En resumen, esta investigación respalda la existencia de una asociación entre el uso prolongado de anticonceptivos hormonales y un aumento de las probabilidades de sufrir cáncer de mama. Además, los resultados subrayan la importancia de un asesoramiento individualizado, que tenga en cuenta la historia reproductiva y el perfil de riesgo (mujeres con antecedentes o factores genéticos predisponentes), para valorar con información precisa los posibles beneficios a la luz de los riesgos.

Por otra parte, se requieren estudios adicionales para evaluar los efectos de las formulaciones hormonales más recientes, las vías alternativas de administración y los subtipos moleculares de cáncer de mama. El objetivo es mejorar la comprensión de los mecanismos subyacentes y optimizar las estrategias de prevención.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿En qué medida aumentan los anticonceptivos hormonales el riesgo de contraer cáncer de mama? – https://theconversation.com/en-que-medida-aumentan-los-anticonceptivos-hormonales-el-riesgo-de-contraer-cancer-de-mama-268544

Tensión entre EE. UU. y Colombia: un cóctel de antipatía personal, cambio geopolítico y disputa energética

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ulf Thoene, PhD, Profesor Asociado de Ética Empresarial y Organizacional, Negocios Internacionales y Geopolítica, Universidad de La Sabana

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, se manifestaba en Nueva York contra las políticas de Trump en el conflicto palestino-israelí el pasado 20 de octubre. Saku_rata160520/Shutterstock

La creciente tensión entre los Estados Unidos y Colombia, protagonizada de forma personal por los presidentes Donald Trump y Gustavo Petro, ha evolucionado hacia un conflicto multifacético. Este combina la animadversión personal de estos líderes, sanciones y tensiones comerciales, un nuevo orden mundial y choques en políticas antidrogas.

En un contexto marcado por las guerras en Gaza y Ucrania, la fragmentación económica global, el realineamiento geopolítico y un auge del intervencionismo económico estatal y la geoeconomía, este conflicto, aparentemente bilateral, ejemplifica el cambio del libre comercio a un escenario de bloques rivales.

El mundo se bifurca en esferas de influencia con reminiscencias de una guerra fría económica y transita hacia un orden mundial multipolar. Lo ilustra una Unión Europea en problemas, el ascenso de los BRICS y la creciente importancia de entidades como la Organización de Cooperación de Shanghái.

Las acciones a menudo impredecibles y erráticas de Trump, que incluyen recortes de ayuda, sanciones y amenazas de aranceles, ponen en riesgo décadas de cooperación entre Colombia y EE. UU. Pese a ello, el impacto sobre la economía y las empresas no reviste la gravedad que estas medidas suponen para otros países debido a las exenciones que operan en el caso colombiano.

Doctrina Monroe 2.0

La “Doctrina Monroe 2.0”, burlonamente llamada “Doctrina Donroe”, busca afirmar el dominio de EE. UU., una potencia en hidrocarburos, en el hemisferio occidental. La demanda de energía, que incluye combustibles fósiles, energía nuclear y renovables, así como de minerales, impulsan maniobras geopolíticas por parte de Trump. Estas buscan limitar la influencia china y rusa.

Esa disputa por el acceso a la energía y los minerales se comprende como parte de la carrera global por la inteligencia artificial. También se explica por la necesidad de satisfacer la creciente demanda de electricidad para cumplir con el deseo de las poblaciones, que aspiran a estándares de vida más altos.

Todo ello resulta clave para entender las tensiones globales crecientes. La existencia de importantes productores de hidrocarburos en el hemisferio occidental, como Canadá, EE. UU., México, Brasil, Guyana o Venezuela, sin olvidar el potencial petrolero del yacimiento Vaca Muerta en Argentina, convierte a esta región en un campo de batalla geopolítico intensamente disputado.

Colombia, un aliado tradicional

Colombia constituye un aliado tradicional de EE. UU. en Sudamérica. Las relaciones han estado ancladas en esfuerzos antidrogas. Desde el lanzamiento del Plan Colombia en 2000, EE. UU. ha invertido fondos significativos y capital político en la nación andina, con costas en el Caribe y el Pacífico. Esta asociación ha incluido entrenamiento militar, equipo e intercambio de inteligencia.

Por todo ello, Colombia sigue siendo un puesto vital de avanzada para la inteligencia estadounidense en los Andes. Sin embargo, las políticas del presidente Petro, que han ido acompañadas de críticas severas a la política exterior de EE. UU., y su postura sobre el conflicto en Gaza, han servido de justificación de la crisis actual. Siempre con el telón de fondo que representa el deseo de Trump de recuperar el control sobre las naciones del hemisferio occidental y de Sudamérica en particular.

Acercándose al final de su presidencia de cuatro años y cada vez más visto como un “pato cojo” (expresión basada en el término anglosajón lame duck, que hace referencia a la debilidad de los cargos electos salientes), Petro ha buscado posicionarse como una voz en el discurso sobre cambio climático y en el debate sobre los derechos del pueblo palestino, utilizando la disputa actual con Trump para reforzar su imagen.

Esta disputa se intensificó en octubre de 2025, cuando Trump acusó a Petro de permitir que los carteles florecieran. Trump detuvo la ayuda y los pagos de EE. UU., descertificó a Colombia como socio en la lucha contra los narcóticos e impuso sanciones a Petro, a parte de su familia y a un círculo cercano de asesores.

Estas crecientes tensiones se intensifican como consecuencia de los ataques fatales contra barcos venezolanos, que EE. UU. relaciona con el transporte de drogas. A bordo de dichas embarcaciones se encontraban ciudadanos colombianos, a quienes Petro llama “pescadores asesinados”. Esto ha provocado revocaciones de visas y un aumento de presencia militar en el Caribe.

Factores comerciales

Los factores comerciales amplifican la brecha. Trump anunció aranceles sobre las exportaciones colombianas junto con los recortes de ayuda, posiblemente escalando de advertencias a acciones. Esto, unido a las amenazas arancelarias contra Brasil y las sanciones estrictas sobre Venezuela, revela parte de la estrategia de Trump para atraer a naciones latinoamericanas, como la Argentina de Milei, al lado de EE. UU. en medio de realineamientos globales.

Sin embargo, las sanciones se dirigen a Petro sin castigar ampliamente a las empresas, evitando medidas aplastantes para la economía y temidas por las firmas colombianas. Este enfoque selectivo refleja la impredecibilidad de Trump y los desafíos con la aplicación de sanciones. También es difícil descifrar qué facción de la actual administración de EE. UU. está impulsando la política actual hacia Sudamérica en particular.

Las divergencias en políticas de drogas alimentan el fuego. Colombia, a través de Venezuela, se ve como un proveedor clave de narcóticos, con cárteles que han infiltrado el negocio de hidrocarburos en varias naciones productoras de petróleo y gas en América Latina. Quedan así ligados los conflictos sobre drogas y energía a la geopolítica.

El aumento de la producción de cocaína durante el mandato de Petro ha alarmado a Estados Unidos. Pero cortar la ayuda podría desestabilizar la seguridad, permitiendo que los grupos armados aumenten y adquieran más poder. También existe el temor de que este tipo de sanciones contra Colombia puedan dejar a EE. UU. sin un aliado tradicional e incluso sirvan para fortalecer indirectamente al líder asediado de Venezuela, Nicolás Maduro.

Animosidad personal entre Trump y Petro

El conflicto adquiere tintes dramáticos por las motivaciones personales de dos presidentes muy singulares, Trump y Petro. Ambos líderes nacionales están atendiendo a sus partidarios locales sin mostrar ninguna disposición a ceder, lo que convierte sus posturas en símbolos de desafío.

Con China y Rusia geográficamente alejadas, EE. UU. aprovecha su poderío militar y el peso del dólar para mantener el dominio en la escalada en gran parte del hemisferio occidental.

A medida que el mandato de Petro avanza hacia su finalización en 2026, existe la esperanza de que se produzca un pase de página. Pero las tensiones actuales subrayan cómo las animosidades personales, el realineamiento estratégico y la carrera por controlar recursos energéticos vitales exacerban las divisiones globales.

La posición de Colombia es poco envidiable, ya que este aliado tradicional de EE. UU. podría encontrarse bajo mayor presión para repensar sus políticas exteriores y comerciales y posiblemente trazar un nuevo curso. En este nuevo orden mundial multipolar, nadie parece ganar con la escalada de tensión que vivimos.

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Ulf Thoene, PhD no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Tensión entre EE. UU. y Colombia: un cóctel de antipatía personal, cambio geopolítico y disputa energética – https://theconversation.com/tension-entre-ee-uu-y-colombia-un-coctel-de-antipatia-personal-cambio-geopolitico-y-disputa-energetica-267949

Insultos, amenazas y agresiones: cómo dejar de normalizar la violencia en el fútbol

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eneko Sanchez Mencia, Profesor de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte Universidad de Deusto, Universidad de Deusto

dotshock/Shutterstock

La violencia en el fútbol volvió a ser noticia. En Écija, una pelea entre aficionados hace unos días terminó con varios heridos. Días después, un autobús de seguidores del Flamengo volcó y dejó decenas de lesionados.

Estos sucesos no son casualidad: muestran cómo algo tan apasionante como el deporte puede convertirse en un espacio de tensión y conflicto.

No se trata de episodios aislados, sino señales de un problema que mezcla identidad, pertenencia, rivalidad y falta de control. Lo que debería ser una celebración deportiva acaba convirtiéndose, demasiadas veces, en un escenario de confrontación.

El fútbol, como otros deportes de masas, no vive al margen de la sociedad. Lo que ocurre en los estadios, en las gradas o durante los desplazamientos masivos de hinchas, no puede entenderse sin observar lo que sucede fuera: una sociedad polarizada, emocionalmente desbordada y donde el conflicto parece cada vez más normalizado. En las gradas, la pasión se multiplica y, a veces, se desborda.
¿En qué momento la emoción que nos une empezó a ser también la que nos separa?

Pasión y conflicto en el campo

En el fútbol, la pasión no solo se siente: se comparte, se grita y se convierte en parte de quienes somos. Animar a un equipo no es solo seguir unos colores, sino formar parte de algo más grande, de un “nosotros” que da sentido y pertenencia. En muchos casos, ese sentimiento llega a llenar vacíos de reconocimiento o de comunidad que nuestro día a día no siempre ofrece.

Como explica un análisis sociológico sobre la cultura futbolística española, esta mezcla de emoción, pertenencia y conflicto complica las cosas. Hace que el estadio sea además de lo deportivo, un escenario donde también se expresan frustraciones y deseos de reconocimiento.

El problema aparece cuando esa identidad se construye en oposición al otro: el equipo rival deja de ser un adversario deportivo y pasa a verse como una amenaza. Lo que empezó siendo una expresión de emoción y orgullo se convierte en un espacio de enfrentamiento donde la rivalidad pesa más que el propio juego.

La violencia se previene, no se castiga

Los datos de la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte muestran que, a pesar de los esfuerzos institucionales, los incidentes en los estadios españoles se mantienen estables. La mayoría no implica agresiones físicas, pero la violencia verbal, simbólica y discriminatoria (insultos, humillaciones o cánticos ofensivos) sigue siendo habitual. Es la parte más invisible de la violencia, pero también la más normalizada. Castigar ayuda a frenar, pero no a cambiar.

Para encontrar soluciones hay que mirar más allá de las sanciones. En otros países ya se están probando enfoques diferentes. En Suecia, el equipo del investigador Clifford Stott, de la Universidad de Keele, vio que el diálogo con los aficionados ayuda a reducir los conflictos. Lo hacen a través de personas mediadoras, llamadas Supporter Liaison Officers –oficiales de enlace con los aficionados–, que escuchan, orientan y crean puentes entre hinchas y autoridades. No se trata de vigilar más, sino de escuchar mejor.

Educar la emoción

La violencia en el fútbol no empieza en los estadios, sino mucho antes. Nace en la forma en que enseñamos a competir, en los modelos que mostramos y en cómo aprendemos a gestionar la frustración.

En España también se están dando pasos. Algunos programas educativos y comunitarios promueven la convivencia y el respeto, sobre todo en el deporte base. Aun así, estudios recientes muestran que la violencia verbal y simbólica sigue presente incluso en las categorías infantiles. La presión por ganar, la falta de modelos positivos y la ausencia de formación emocional hacen que esos comportamientos se repitan desde edades muy tempranas.

Por eso, la solución no pasa solo por reforzar la seguridad, sino por educar la emoción. Los clubes, las escuelas y las familias tienen un papel clave. Enseñar a competir también significa enseñar a respetar, a perder y a controlar la rabia.

Los clubes y las federaciones deberían asumir un papel activo como agentes de transformación social. Invertir en formación, mediación y campañas de convivencia no es un gasto sino una inversión en salud pública y cohesión social.

Los medios de comunicación también tienen su parte. Cuando priorizan el espectáculo del conflicto, refuerzan la narrativa de la violencia. Mostrar referentes positivos, diversidad y respeto sería un paso mucho más poderoso hacia el cambio cultural que necesitamos.

La violencia ultra no es solo responsabilidad de unos pocos radicales. Es el reflejo de cómo entendemos la pasión, el éxito y la rivalidad. Si queremos que el fútbol vuelva a ser un espacio de unión, debemos empezar fuera de los estadios: en las aulas, en los barrios, en los clubes. Solo así podremos transformar la pasión en convivencia y la rivalidad en respeto.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Insultos, amenazas y agresiones: cómo dejar de normalizar la violencia en el fútbol – https://theconversation.com/insultos-amenazas-y-agresiones-como-dejar-de-normalizar-la-violencia-en-el-futbol-268638