Los bancos están preparados para las crisis, pero si todos reaccionan igual la historia puede acabar mal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bàrbara Llacay Pintat, Profesora agregada, Universitat de Barcelona

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Cuando se inauguró el Puente del Milenio de Londres, en el año 2000, el acontecimiento terminó de una forma totalmente inesperada. Al cruzarlo, los peatones hicieron que el puente empezara a vibrar.

Para no perder el equilibrio, cada persona ajustó su paso de manera instintiva. Pero al hacerlo, todos acabaron moviéndose al mismo ritmo. Esta sincronización amplificó el balanceo y el puente tuvo que cerrarse tan solo dos días después.

Cada peatón actuaba de forma sensata: reaccionaba a la vibración bajo sus pies para no caerse. Pero la suma de esos pequeños movimientos creó un escenario peligroso.
Es lo que los filósofos llaman falacia de la composición. Lo que funciona a nivel individual puede resultar desastroso para el conjunto.

Esta misma situación puede darse en el sistema financiero. Entenderlo importa a cualquiera que tenga una hipoteca, un fondo de pensiones o ahorros en el banco. Porque cuando el sistema financiero se tambalea, las consecuencias llegan a todos.

Los Acuerdos de Basilea

Tras varias crisis bancarias a finales del siglo XX, los reguladores internacionales crearon los Acuerdos de Basilea con el objetivo de fortalecer la estabilidad del sistema bancario mundial. La idea básica es sencilla: los bancos deben guardar reservas de capital según el riesgo que asumen. Cuanto mayor sea el riesgo, más capital deben tener en reserva para absorber posibles pérdidas.

Para medir el riesgo de sus inversiones, los bancos han utilizado durante años el valor en riesgo, conocido como VaR. El VaR calcula la pérdida máxima esperable en un día normal, con un cierto nivel de confianza. Por ejemplo: si el VaR de un banco es de 10 millones de euros al 99 %, solo hay un 1 % de probabilidad de perder más.

El último Acuerdo de Basilea para riesgo de mercado (FRTB) introduce una nueva medida: el Expected Shortfall (ES). Esta herramienta va un paso más allá del VaR y estima cuánto se puede perder en caso de que las cosas se pongan realmente feas y se sufra una pérdida superior al umbral del VaR.

Los reguladores prefieren esta medida porque captura mejor los eventos extremos. Son precisamente esos acontecimientos los que pueden poner en jaque al sistema financiero. Por eso, Basilea ha sustituido el VaR por el Expected Shortfall como referencia.

El círculo vicioso: cuando todos venden al mismo tiempo

El VaR y el ES no solo sirven para calcular las reservas de capital. Los bancos también las usan para controlar de manera interna el riesgo de sus inversiones. Cuando detectan un riesgo excesivo, reducen posiciones para limitar pérdidas. Un comportamiento totalmente prudente desde el punto de vista individual.

El problema aparece cuando todos los bancos usan modelos similares de gestión de riesgo y tienen inversiones parecidas. Imaginemos que la volatilidad del mercado sube por un suceso inesperado. Los modelos de riesgo dan la alerta y muchos bancos se ven obligados a vender activos a la vez. Pero esas ventas simultáneas hunden los precios y disparan aún más la volatilidad. Lo que empezó como una pequeña perturbación se convierte en una bola de nieve.

¿Cuál es el resultado? Más ventas forzadas, más caídas y más inestabilidad. Se genera así un círculo vicioso: los modelos sincronizan a las entidades y las ventas forzadas se retroalimentan.

Igual que los peatones del Puente del Milenio, cada entidad actúa de manera sensata. Pero el efecto colectivo es el opuesto al deseado: amplifica la inestabilidad en lugar de contenerla.

Evidencia académica y precedentes históricos

Académicos y reguladores han estudiado estas dinámicas con modelos analíticos y de simulación. Sus resultados confirman la relación entre el uso generalizado de estos modelos y la aparición de episodios de inestabilidad.

Y no se trata solo de teoría. En el verano de 1998, Rusia dejó de pagar su deuda. Muchos inversores tenían posiciones similares y se vieron obligados a vender al mismo tiempo. La cascada de ventas drenó la liquidez del mercado, amplió las pérdidas y llevó al hedge fund Long-Term Capital Management (LTCM) al borde del colapso. La situación fue tan grave que la Reserva Federal de Estados Unidos tuvo que coordinar un rescate de emergencia.

El Banco de Pagos Internacionales identificó el uso masivo de modelos VaR como un factor clave en la propagación de aquella crisis. Algo parecido se observó durante la crisis de 2007-2008: el VaR contribuyó a sincronizar la respuesta de los bancos, amplificando el shock inicial de las hipotecas subprime hasta convertirlo en una crisis sistémica global.

Moraleja: La gestión del riesgo requiere una visión de conjunto

La conclusión no es que los bancos dejen de usar modelos de gestión de riesgo. Al contrario, es imprescindible que las entidades financieras sean disciplinadas en cuanto al riesgo que asumen. Pero estas herramientas deben complementarse con una visión global.

Un buen ejemplo son las pruebas de estrés. Son ejercicios que simulan escenarios de crisis para ver si un banco puede aguantarlos. Pero hoy en día estos test evalúan a cada banco por separado. No tienen en cuenta que los demás bancos también reaccionarán. Y esa reacción colectiva puede empeorar la situación.

Los reguladores también deberían considerar el efecto sincronizador de sus propias normas. Cuando todos los bancos siguen las mismas reglas, tienden a actuar igual. Si cada banco usara un modelo de riesgo distinto, el sistema probablemente sería más robusto. La diversidad reduciría la probabilidad de que todos vendieran a la vez.

En última instancia, lo que protege a cada banco por separado no necesariamente protege al sistema en su conjunto. Como los peatones del Puente del Milenio, el camino hacia la estabilidad colectiva puede requerir que no todos marchen al mismo paso.

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Bàrbara Llacay Pintat no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Y después de los 16 años, qué? Redes sociales, comparación y salud mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ruth Castillo Gualda, Doctora en Psicología, Profesora Titular de la Universidad Camilo José Cela. Consultora Senior del Yale Center for Emotional Intelligence, Universidad Camilo José Cela

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Durante años, el debate sobre redes sociales y salud mental se ha resumido a una idea: cuantas más horas, peor. Tradicionalmente las iniciativas se han centrado en activar límites de uso de ciertas plataformas, los sistemas de control de notificaciones, las herramientas de bienestar digital, las iniciativas “detox” digital o, recientemente, en limitar la edad a los 16 años, como si la “madurez digital” apareciera de golpe. Sin embargo, la realidad psicológica parece bastante más compleja.

Imaginemos a Marina. Tiene 17 años y abre su usuario en Instagram con una idea muy simple: “Voy a distraerme un rato, que estoy aburrida”. Empieza a deslizar el dedo. Aparece la influencer que sigue siempre, con la piel perfecta, el cuerpo perfecto, la familia perfecta. Sin darse cuenta, algo se activa dentro de ella. “¿Por qué mi vida no es así?”, se pregunta.

Sigue bajando. Ve a sus compañeros de clase en una cena a la que ella no fue. Entonces aparece otra sensación: “Ellos pasándoselo bien y yo aquí aburrida”, se anticipa. Y luego duda: “¿Me llamarán la próxima vez que salgan?”.

Un poco más abajo, su prima comparte fotos de un viaje espectacular, pero ella en su habitación no sabe cuándo podrá hacer un viaje así. Y lo que iba a ser una distracción empieza a convertirse en fuente de inquietud, en sensación de quedarse atrás. Al rato, piensa voy a subir una foto, a ver si esto me anima, abre la cámara, se pone un filtro y piensa, casi sin palabras: “Mejor lo uso porque no me gusta nada lo que veo”.

Entre publicación y publicación, también busca algo más difícil de nombrar: aprobación para calmar inseguridades, referentes con los que identificarse, etiquetas que le digan quién es y dónde encaja. No ha discutido con nadie, no ha recibido una mala noticia, ni siquiera ha pasado tanto tiempo conectada. Pero al cerrar la aplicación se siente un poco peor. Menos satisfecha, más inquieta, quizá más irritable. Y eso que Marina se supone ya ha alcanzado la “madurez digital” para desenvolverse en las redes sociales.

Efectos psicológicos de las redes sociales

Esta escena, cada vez más habitual, ayuda a entender por qué el debate sobre el uso de las redes sociales y la salud mental no puede reducirse al número de horas frente a una pantalla. Y tampoco limitarse a una cuestión de edad, exclusivamente. A veces, lo que más pesa no es cuánto tiempo pasamos conectados, sino qué procesos psicológicos se activan cuando lo hacemos.

No solo vemos contenidos, sino que a menudo tendemos a usarlos como espejo: comparamos nuestro cuerpo, éxito, relaciones, trabajo, ocio o situaciones con versiones idealizadas de otras personas. Ante la frustración, el desánimo o la preocupación que esto nos provoca, no tenemos habilidades para manejarlo. Y acabamos dándole vueltas una y otra vez a lo mismo, exageramos mentalmente lo negativo o nos quedamos atrapados en pensamientos que solo aumentan el malestar.

No solo importa el tiempo en redes sociales, sino sobre todo cómo interpretamos y regulamos lo que sentimos al usarlas.




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Hiperconectados pero vulnerables

Ese es justamente el mecanismo explicativo que hemos demostrado en nuestra investigación: el vínculo entre el uso de redes sociales y malestar psicológico parece explicarse mejor cuando atendemos a mecanismos como la comparación social y a la manera en que manejamos las emociones que sentimos.

La muestra de nuestro estudio es de 1 707 personas de entre 16 y 75 años, con una edad media de 44,5 años y una distribución equilibrada por género, de todas las comunidades autónomas en España con una amplia diversidad de perfiles educativos y laborales: el 44,1 % tenía estudios universitarios, el 42,9 % estudios secundarios y el 67,6 % estaba trabajando.




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La generación Z, entre 16 y 30 años, es, con diferencia, el grupo más vulnerable. Obtiene las puntuaciones más altas en tiempo de uso, pasan más de 4 horas al día conectados, se comparan más con los demás y cuentan con menos habilidades de regulación emocional.

Además, obtienen puntuaciones más elevadas en síntomas de ansiedad, depresión e ira o agresividad desplazada, lo que confirma que la población joven cuenta con peor salud mental, en comparación con los mayores de 56 años.

También se observaron diferencias de género. Las mujeres pasan más tiempo conectadas, se comparan más y tienen menos herramientas para regular el impacto de esta comparación en su estado emocional.

Más allá de la mayoría de edad digital

El debate público suele centrarse en la edad ¿Cuándo puede un adolescente abrir una cuenta? ¿A partir de qué momento debería tener móvil propio? ¿Cuánto tiempo conviene que pase en redes? Pero nuestros datos apuntan a que la pregunta decisiva no es solo cuándo entra en ese entorno, sino con qué recursos psicológicos cuenta.

Nuestro estudio sugiere que el tiempo de uso, por sí solo, tiene peso, sí. Pero es especialmente dañino cuando la experiencia digital activa un circuito psicológico concreto: compararse más con los demás y manejar peor lo que se siente. Contar con baja regulación emocional fue, de hecho, el predictor más intenso de los síntomas de malestar psicológico.




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Visto así, quizá la conversación social debería ir más allá de la prohibición o del simple control horario. La cuestión no es solo retrasar la entrada a las redes, sino preparar mejor a las nuevas generaciones para habitar ese espacio.

En un ecosistema diseñado para enganchar, captar atención y amplificar emociones, una forma de protección realista y ajustada podría ser trabajar la autoestima desde la infancia y durante la adolescencia, promover una construcción saludable de la identidad y ayudar a desarrollar recursos psicológicos de afrontamiento y regulación de emociones, como la toma de distancia, la forma de interpretar lo que se ve o el autodiálogo. Es decir, esa “conversación” que tenemos con nosotros mismos cuando sentimos emociones desagradables.

Personas como Marina pueden tener una edad cronológica “suficiente” para usar las redes sociales y, sin embargo, no alcanzar una adecuada experiencia digital. Manejar la exposición constante a vidas idealizadas, la necesidad de validación, la frustración, los celos, la sensación de quedarse fuera o la rabia no son logros automáticos que se alcanzan al cumplir 16 años.

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Ruth Castillo Gualda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Por qué cada vez tenemos más alergias?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandra Pera Rojas, Profesora Titular de Inmunología, Universidad de Córdoba

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Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Alberto, de 15 años. IES Miguel de Cervantes (Granada).


Asma, rinitis (que provoca estornudos, ojos llorosos, picazón o mocos), alergias a los alimentos… Cada vez son más las personas que sufren enfermedades alérgicas. Pero este aumento no puede explicarse por cambios en nuestros genes, ya que tendrían que ocurrir a lo largo de varias generaciones. Entonces, ¿qué está pasando?

Factores como los cambios en la dieta, la contaminación o el estilo de vida moderno están modificando nuestra relación con el mundo que nos rodea… haciendo que a nuestro sistema inmunitario le cueste distinguir entre lo peligroso y lo inofensivo.

Vivimos en un entorno nuevo para el que nuestro cuerpo no está preparado

A diferencia de nuestro sistema inmunitario, el entorno ha cambiado de forma radical en las últimas décadas. Ahora pasamos mucho tiempo en espacios cerrados con menos contacto con animales y naturaleza. En estos ambientes tan controlados, estamos menos expuestos a microorganismos.

Según la llamada “hipótesis de la higiene”, menos infecciones en la infancia aumentarán el riesgo de alergias. Las personas que crecen en entornos rurales están más expuestos a microbios y esto les ayuda a regular su sistema inmunitario.

No se trata de vivir sin higiene, sino de recuperar el equilibrio entre protección frente a infecciones y contacto con el entorno natural.

Pero el problema va más allá. Los científicos hablan de exposoma, es decir, el conjunto de exposiciones ambientales a lo largo de la vida. Entre estos factores emergentes, algunos de los más estudiados en los últimos años son los contaminantes químicos y los microplásticos, que veremos más adelante.

La barrera epitelial: la clave que conecta todo

Nuestra piel, el intestino y las vías respiratorias actúan como una barrera frente al exterior. Son la primera línea de defensa del organismo. Cuando esta muralla está intacta, evita la entrada de sustancias potencialmente dañinas.

Factores como la contaminación, ciertos productos químicos o la dieta pueden alterarla. Si la protección se debilita, los alérgenos penetran con más facilidad y el sistema inmunitario se activa en un contexto de inflamación. Esto favorece respuestas exageradas de nuestro organismo, características de las enfermedades alérgicas.

Nuestro sistema inmunitario también va a estar influido por la calidad del aire. Las partículas finas, los gases contaminantes y otros compuestos dañan la mucosa respiratoria.

En definitiva, la pérdida de la barrera y la entrada de alérgenos activan al sistema inmunitario, exagerando su reacción.

Más polen y más tiempo flotando en el aire

Y por si fuera poco, el cambio climático está modificando el calendario de las alergias.

Las altas temperaturas y el aumento de CO₂ hacen que las plantas produzcan más polen y durante más tiempo, prolongando el tiempo de exposición de las personas alérgicas.

A esto se suman otros factores, como las tormentas o los incendios, que pueden incrementar la concentración de partículas irritantes en el aire.

Todo ello no solo aumenta el número de personas afectadas, sino también la intensidad de los síntomas. El resultado es una combinación cada vez más difícil de evitar: más alérgenos y durante más tiempo.

El nuevo factor invisible: químicos, plásticos y vida cotidiana

En nuestro día a día estamos expuestos a una gran cantidad de sustancias químicas: en el aire, en los alimentos, en la ropa, en productos de limpieza o en cosméticos. Algunos de estos compuestos, como los llamados disruptores endocrinos o ciertos aditivos, pueden alterar el sistema inmunitario y favorecer respuestas alérgicas. Otros, como los microplásticos, se están investigando por su capacidad para inducir inflamación y transportar contaminantes.

Por tanto, muchos productos cotidianos pueden dañar las barreras naturales del cuerpo, como la piel o las mucosas, facilitando la entrada de alérgenos. Aunque aún se investiga su impacto exacto, cada vez hay más pruebas de que estas exposiciones forman parte del problema.

Los primeros años de vida: el momento clave

Y también hay que tener en cuenta que el riesgo de desarrollar alergias se decide, en gran parte, durante el embarazo y los primeros años de vida. En esta etapa, el sistema inmunitario aprende a diferenciar entre lo peligroso y lo inofensivo.

Factores como la microbiota, la alimentación y la exposición a microbios o a contaminantes dejan una “huella” que puede influir a largo plazo. Por eso, elementos como la lactancia materna, evitar el uso innecesario de antibióticos o el contacto con entornos naturales son importantes para un desarrollo inmunitario equilibrado.

Lo que ocurre en nuestros primeros años de vida puede condicionar la salud durante décadas.

¿Qué podemos hacer?

Aunque no podemos volver a las condiciones del pasado, sí podemos aplicar medidas que ayuden a reducir el riesgo de alergias. A nivel individual, especialmente en niños y jóvenes, algunos hábitos pueden marcar la diferencia:

  • Priorizar alimentos frescos frente a ultraprocesados o formulados.

  • Reducir el uso de envases plásticos (sobre todo para calentar comida).

  • Ventilar bien los espacios interiores y limitar el uso de productos de limpieza o cosméticos con muchos compuestos químicos innecesarios.

  • Cambiar las prendas hechas con material sintético por ropa de materiales orgánicos como el algodón o el lino.

Los pequeños cambios cotidianos, como llevar una botella reutilizable de cristal para el agua, elegir productos menos procesados o pasar más tiempo al aire libre y salir al campo, pueden ayudar a reducir la exposición a contaminantes y favorecer un desarrollo inmunitario más equilibrado.

Aunque la prevención no depende solo de decisiones individuales, sino también del entorno en el que vivimos. Por eso, es muy importante que se hagan políticas públicas que regulen la contaminación y los productos químicos y que promuevan entornos más saludables.

El aumento de las alergias, por tanto, no se debe a que nuestro sistema inmunitario sea más débil, sino a que vive en un entorno muy diferente para el que evolucionó. Menos contacto con microorganismos beneficiosos, más contaminantes y cambios en nuestra forma de vida han alterado su equilibrio.

Entender estas causas no solo ayuda a explicar el problema, sino también nos permitirá orientar soluciones para recuperar, al menos en parte, esa relación perdida con nuestro entorno.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Por qué cada vez tenemos más alergias? – https://theconversation.com/por-que-cada-vez-tenemos-mas-alergias-276296

¿Cómo avanza la guerra contra la peste porcina africana en Barcelona? 10 claves sobre la situación actual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Christian Gortazar, Catedrático de Sanidad Animal en el IREC, responsable del grupo SaBio, Universidad de Castilla-La Mancha

En noviembre de 2025 España se sumó a la lista de países afectados por la peste porcina africana. Desde entonces son muchos los esfuerzos para erradicarla. Aquí se resume la situación actual en 10 puntos.

1. ¿Qué sabemos del virus y su origen?

El virus de la peste porcina africana es grande y encapsulado, lo que le permite resistir durante meses en materiales contaminados y especialmente en cadáveres. El del brote detectado en Bellaterra (Barcelona) se parece mucho al virus que entró en Europa desde Georgia en 2007, causando la actual epidemia.

Sin embargo, al patógeno detectado en el municipio catalán le faltan varios genes, algo que lo diferencia del virus original. En consecuencia, se le clasifica como nuevo grupo genético 29 dentro del genotipo II. No obstante, ahora mismo el origen es lo de menos: el problema está aquí y necesitamos una respuesta eficaz.

2. ¿Cómo es el escenario actual en Barcelona?

Muy complejo. Los modelos matemáticos y el sentido común predicen que la probabilidad de éxito a la hora de erradicar un brote de este virus será mayor cuanto antes se detecte el primer caso y cuanto más baja sea la calidad del hábitat y, en consecuencia, la densidad de jabalíes.

A juzgar por la edad de los cadáveres encontrados, el brote de Bellaterra se detectó con algún mes de retraso. Y tiene lugar en un hábitat óptimo para el jabalí, que presenta en la provincia de Barcelona algunas de las densidades más altas de toda España. Para colmo, se trata de un entorno periurbano, en el que el control poblacional de estos animales mediante la caza está limitado, con millones de personas desplazándose diariamente; entre ellos, los que quieren disfrutar del medio natural o incluso los que vandalizan los cerramientos. Todo esto favorece la persistencia y diseminación del virus y dificulta su control.

3. ¿Qué medidas de erradicación se aplican?

Hay al menos seis casos exitosos en los que se logró erradicar el virus tras introducciones puntuales: República Checa en 2017-2018, Bélgica en 2018-2019, tres en Italia entre 2022 y 2025 y Suecia en 2023. La experiencia de estos casos exitosos más los modelos matemáticos indican que la erradicación puede lograrse combinando con intensidad y eficacia tres herramientas: la contención mediante barreras y vallados, la retirada de cadáveres y la eliminación de jabalíes.

En el brote de Bellaterra se están aplicando las tres medidas: aprovechando las vías de comunicación para cerrar pasos de fauna; mediante búsquedas en equipo o con ayuda de perros entrenados para retirar cadáveres; y mediante control profesional en la zona infectada central y con ayuda de cazadores en la periferia del brote para hacer efectiva la eliminación.




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4. ¿Cómo se mide la eficacia de esas intervenciones?

Para valorar la eficacia de una medida hay que monitorizar indicadores. En el caso del virus de la peste porcina africana, los más útiles son los sanitarios, como la extensión geográfica de los casos y la mortalidad. Esos datos ya se tienen, al igual que hay un buen registro del número de jabalíes eliminados cada semana mediante trampeo, control y caza.

Sin embargo, también conviene contar con un registro del número de cadáveres encontrados y retirados considerando, cada semana, la superficie prospectada. Es decir, el área total de terreno objeto de una búsqueda. Por otro lado, es imprescindible contar con indicadores de abundancia de la población de jabalíes dentro de y en torno a la zona infectada.

5. ¿Y entonces, cómo va la guerra?

Los virus no difunden partes de guerra, pero, si lo hiciesen, podría sonar a algo como:

“Parte de Guerra – Frente Barcelona. Seis meses de campaña y seguimos vivos. Vuestros vallados aún nos contienen, pero habrá que ver si nos detienen; la retirada de caídos necesita más rapidez y efectivos; y vais tarde con la eliminación de nuestros efectivos de apoyo en la periferia. En tres meses hemos quintuplicado la superficie minada. Nuestra carga viral sigue siendo letal. El enemigo aún cree que puede erradicarnos. ¡La moral sigue intacta!

Firmado: ASFV-Barcelona, Genotipo II.”

6. ¿Qué pasaría si las intervenciones fracasan?

El porcino representa una quinta parte del PIB agrario español, generando cientos de miles de puestos de trabajo y sosteniendo la economía de muchos núcleos rurales. Si las intervenciones no logran erradicar el virus, ocurrirán dos eventos muy negativos. Por un lado, el brote local se convertirá en un frente epidémico, mucho más difícil de controlar y propenso a expandirse a comarcas con alta densidad de producción porcina. Y por otro, tarde o temprano el virus saltará a alguna explotación de cerdos, con las implicaciones comerciales y sociales que eso tendría.

7. ¿Cómo reforzar las medidas de erradicación?

No se puede luchar en tiempos de guerra con los recursos de tiempos de paz. Situaciones extraordinarias requieren acciones extraordinarias, con movilización adicional de medios y personal. Más vale sobredimensionar los recursos y descubrir que el brote se erradica antes de lo esperado, que quedarnos cortos y descubrir demasiado tarde que los cálculos y los esfuerzos no eran suficientes.

La zona infectada y su entorno inmediato drenan muchos recursos humanos y materiales para la instalación y mantenimiento de vallados, la búsqueda y retirada de cadáveres, y la eliminación de jabalíes. Las capacidades crecen, pero siguen siendo limitadas.

Fuera de la zona infectada, una medida clave basada en la eliminación de jabalíes es la creación de un anillo periférico, la llamada “zona blanca”. Se trata de una franja continua, de unos 6 km de ancho, que rodea la zona con casos del virus a una distancia prudencial. Para que funcione, es esencial eliminar en ese anillo el máximo de jabalíes en el menor tiempo posible. Y para eso, considerando además que estamos en época de partos, no basta con la caza. Además, las trampas actúan de forma lenta.

En definitiva, hacen falta más recursos, y esperemos que lleguen pronto.




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8. ¿Qué cambios son esperables el próximo mes?

Abril marca el pico de partos de las jabalinas en la periferia de Barcelona, con lo que se triplicará la población de estos animales. Los rayones de jabalí son gregarios y muy susceptibles a la infección, lo que podría dar lugar a un aumento de casos. Las mayores temperaturas traerán consigo que dejen de celebrarse batidas de caza, ya que los perros no trabajan bien con calor.

Adicionalmente, el aumento de temperaturas implica la reaparición de los vectores mecánicos (por ejemplo, la mosca de los establos), capaces de trasladar el virus a distancias cortas. También promueve más visitas a los espacios naturales periurbanos, así como más desplazamientos de personas en general y mayor presencia de jabalíes en zonas urbanas.

9. ¿Qué garantías de seguridad hay en el resto de España?

No las hay. Italia sufrió cuatro introducciones en dos años, causadas por virus de varios grupos genéticos distintos dentro del genotipo II. Y Alemania ha vivido varios saltos a larga distancia del virus desde las zonas infectadas. Es decir, en cualquier momento y en cualquier lugar puede surgir un nuevo brote del agente responsable de la peste porcina africana, ya sea por la expansión desde la provincia de Barcelona o por una nueva introducción.

Por ello, conviene reforzar la vigilancia sanitaria y prestar mucha atención a cualquier cadáver de jabalí, especialmente si aparecen casos agrupados, lejos de carreteras o sin heridas de disparo. Y, por supuesto, hay que prestar atención a la actividad humana, que en numerosos casos es el principal riesgo de diseminación del virus.

10. ¿Qué hemos aprendido para la próxima crisis?

Que las emergencias por virus exóticos como éste no se controlan: o se erradican o se descontrolan. Por otro lado, la próxima crisis no tiene por qué ser de la peste porcina africana sino de otras infecciones. Hay presencia de dermatosis nodular en Huesca y de fiebre aftosa en Grecia, la cual llegó desde Chipre. Y la influenza aviar altamente patógena no deja de circular.

Por eso es importante contar unos servicios veterinarios bien preparados, que lo están: sólo hay que darles más recursos y autoridad. Prever fondos suficientes para actuar ante urgencias de sanidad animal evitaría tener que esperar meses para contratar personal o adquirir el equipamiento necesario. En el caso concreto de la la peste porcina africana, con el jabalí como protagonista, resulta fundamental coordinar a los servicios veterinarios con los de caza.

Si el brote ocurre en regiones cuyos servicios veterinarios y de caza conocen bien las capacidades propias y las de los cazadores, cuentan con equipos de perros entrenados, e incluso ya ensayaron la creación de zonas blancas, las perspectivas serán optimistas. Paralelamente hay que reforzar y monitorizar la bioseguridad en las explotaciones.

The Conversation

Christian Gortazar recibe fondos del programa EU Horizon Europe (ASFaVIP; reference number 101136676). Además, es miembro del comité científico para el asesoramiento en relación con el brote de peste porcina africana en España (MAPA) y participa en las reuniones del comité de expertos catalán.

Jorge Ramón López Olvera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Cómo avanza la guerra contra la peste porcina africana en Barcelona? 10 claves sobre la situación actual – https://theconversation.com/como-avanza-la-guerra-contra-la-peste-porcina-africana-en-barcelona-10-claves-sobre-la-situacion-actual-280001

La sequía se gesta en los años lluviosos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Rodríguez-Chueca, Profesor Titular de Universidad, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Iglesia sumergida del embalse de Mediano, Huesca, en abril de 2026. RudiErnst/Shutterstock

¿Qué ocurriría si no volviese a llover en España en todo este año? Puede parecer una pregunta exagerada en un momento en el que los embalses están llenos. Sin embargo, es precisamente en estos momentos cuando conviene pensar en la sequía.

Actualmente, en España hay almacenada 46 821 hm³ de agua para consumo humano, agrícola e industrial, lo que representa el 83,5 % de la capacidad. Es el nivel más alto registrado en un mes de marzo en toda la serie histórica.

El agua almacenada equivale a unos 31 000 estadios Santiago Bernabéu. Este dato se explica por un invierno excepcionalmente lluvioso que ha superado ampliamente los valores medios recientes. En algunas regiones, se han batido récords históricos.

Esta situación ha permitido dejar atrás, al menos de forma temporal, el estado de sequía que se arrastraba desde 2021. Lo que ha llevado a eliminar las restricciones de uso de agua. Sin embargo, es precisamente ahora, cuando los embalses están llenos, cuando debe abordarse la sequía desde la planificación y la concienciación.

Mapa de España con el porcentaje de agua embalsada en las diferentes comunidades españolas
Reserva hídrica en abril de 2026 en las diferentes comunidades españolas.
MITECO

Los embalses llenos no garantizan la seguridad hídrica

La aparente abundancia puede generar una falsa sensación de seguridad. La cantidad de agua embalsada es solo una imagen puntual, no una garantía de futuro. El consumo anual de agua en España se sitúa en torno a los 32 000 hm³, una cifra cercana al volumen actualmente almacenado.

La sequía no aparece de repente, es un proceso acumulativo. Si el consumo sigue siendo alto, el sistema puede parecer seguro. Pero si además llueve menos, puede volverse vulnerable rápidamente. Como en la economía personal, si los gastos superan los ingresos, los ahorros se agotan.




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La sequía no empieza cuando falta agua, sino mucho antes

Tendemos a asociar la sequía con embalses vacíos. Pero empieza mucho antes. Ocurre cuando llueve menos de lo normal durante un periodo prolongado.

Para entender una sequía no basta con tener en cuenta la lluvia. Conviene también observar el estado de ríos, embalses y el consumo. Es fundamental diferenciar entre sequía meteorológica, asociada a la falta de precipitaciones, y sequía hidrológica, que afecta a los recursos almacenados.

La sequía hidrológica puede tardar meses o años en manifestarse si hay reservas elevadas y buena gestión del agua. Aunque no se puede evitar la sequía meteorológica, sí se pueden retrasar sus efectos más graves. Esto es posible con una gestión adecuada.




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El verdadero riesgo es cuánto consumimos

Dado que no podemos controlar la lluvia, el foco debe ponerse en el consumo. Este se reparte entre la agricultura, la industria y los hogares.

La agricultura es, con diferencia, el principal consumidor. Aunque hay avances en eficiencia, especialmente con riego localizado, aún existe margen de mejora.

En la industria, el consumo ha bajado en los últimos años. Aun así, surgen nuevas incertidumbres, como el crecimiento de los centros de datos.

En el ámbito doméstico, la responsabilidad es individual y colectiva. Como ciudadanos, cada uno debemos hacer un uso sensato del agua y a nivel de sociedad, se deben crear hábitos y conciencia de gestión sostenible.

En todos los casos, no se trata solo de reducir el consumo en escasez, también es necesario hacerlo cuando el agua parece abundante.

Cuando hay agua, nos relajamos

La relajación en periodos de abundancia es una reacción habitual. No se trata solo de un comportamiento individual, sino de un patrón general.

La disponibilidad de agua en años favorables suele ir acompañada de un aumento de la demanda, que después resulta difícil de reducir. Del mismo modo, las medidas de ahorro suelen intensificarse cuando el problema ya es evidente. Pero rara vez se mantienen en el tiempo. Cuando la percepción de riesgo disminuye, también lo hace el esfuerzo por contener el consumo.

Gestión del agua anticipada, no de emergencia

Sin embargo, la gestión del agua no comienza cuando llega la sequía, sino mucho antes. Es lo que se conoce como planificación hidrológica.

Esta planificación permite anticipar la demanda y la disponibilidad de agua. Se trabaja con distintos escenarios, desde periodos húmedos hasta situaciones de sequía extrema. A partir de ello, se establecen reglas de operación para los embalses.

Pero no solo se gestiona la oferta, también se actúa sobre la demanda. De este modo se establecen prioridades en función de la disponibilidad presente y futura.

Más variabilidad, más necesidad de prevención

El cambio climático introduce un nuevo elemento de incertidumbre. En la última década se observa mayor alternancia de eventos extremos. Por ejemplo, hay sequías más intensas. Pero también precipitaciones extremas, concentradas en el tiempo y el espacio, con aprovechamiento limitado.

Esto reduce la fiabilidad de los datos históricos como referencia para la planificación. Por ello, es necesario trabajar con un mayor número de escenarios y adaptarse a una mayor variabilidad.




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Actualmente, España no sufre sequía hidrológica. Sin embargo, podría estar entrando en un nuevo ciclo de sequía meteorológica en cualquier momento.

La relajación cuando los embalses están llenos puede aumentar el riesgo futuro. La estabilidad de las reservas de agua depende del equilibrio entre entradas y consumo y la previsión de ahorrar recursos para los imprevistos del futuro.

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Jorge Rodríguez-Chueca recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación a través de la Agencia Estatal de Investigación.

– ref. La sequía se gesta en los años lluviosos – https://theconversation.com/la-sequia-se-gesta-en-los-anos-lluviosos-279984

La algarroba: una sorpresa nutricional con profundas raíces mediterráneas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jara Pérez Jiménez, Doctora en Ciencia y Tecnología de los Alimentos. Científico Titular en el ICTAN-CSIC. Centro de Investigación Biomédica en Red en Diabetes y Enfermedades Metabólicas, Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN – CSIC)

Puede que, paseando por alguna ciudad española, haya visto en el suelo unas vainas marrones. Igual las ha identificado como vainas de algarroba. Pero ¿sabía que se trata del fruto de un cultivo muy mediterráneo, el algarrobo, con una composición nutricional muy interesante? Vayamos por partes…

Lo que la arqueobotánica nos ha enseñado sobre el algarrobo

El algarrobo (Ceratonia siliqua) es un árbol perenne y longevo, capaz de soportar temperaturas cercanas a 40 °C y periodos de sequía. Esto explica su presencia frecuente en suelos pobres y zonas marginales, allí donde otros cultivos no sobreviven.

Durante mucho tiempo se creyó que había sido introducido en el Mediterráneo occidental desde Oriente Próximo por fenicios, griegos o romanos. Sin embargo, los avances en genética vegetal y paleoecología han modificado esta visión. La evidencia muestra hoy que el algarrobo silvestre es autóctono del sur de la península ibérica y del noroeste de África. Su domesticación implicó selecciones locales e hibridaciones entre poblaciones silvestres y cultivadas en diferentes regiones mediterráneas.

La arqueobotánica ha contribuido a reforzar esta nueva perspectiva. Los análisis de carbones documentan la presencia de Ceratonia siliqua en yacimientos ya desde la Edad del Bronce en el área valenciana, el sureste peninsular y zonas de Extremadura. En cuanto a semillas, hasta ahora solo se ha identificado un conjunto procedente del yacimiento medieval de Mojácar la Vieja (Almería).

Respecto a las fuentes escritas, autores romanos ya mencionan su cultivo. Pero fue durante la etapa andalusí cuando el algarrobo alcanzó una mayor expansión y atención en los tratados agronómicos.

Los agrónomos de Al-Ándalus describieron distintas variedades y detallaron prácticas de cultivo, mostrando su importancia en los sistemas agrícolas medievales. Las vainas fueron utilizadas tradicionalmente como forraje, mientras que las semillas, algo dulces, se consumieron confitadas, mezcladas con zumo de uva como edulcorante o empleadas con fines medicinales; en épocas de escasez podían molerse y mezclarse con harina para elaborar panes de subsistencia.

Entre sus derivados figura también la llamada “miel de algarrobo”, una melaza obtenida mediante la cocción y reducción de las vainas. Se empleaba como edulcorante alternativo y se valoraba por sus propiedades astringentes y su utilidad en el tratamiento de trastornos digestivos.

Estas evidencias muestran que la historia del algarrobo es más antigua, compleja y mediterránea de lo que se creía. Además, su potencial vuelve a ser relevante en el contexto actual de creciente aridez.

La harina de algarroba: un ingrediente desconocido y sostenible

Pero ¿es posible consumir hoy harina de algarroba? Sí, podemos encontrarla como tal o como ingrediente en distintos alimentos, muchas veces reemplazando al cacao por sus propiedades singulares. No obstante, sigue siendo una gran desconocida, a pesar de sus dos grandes virtudes: su valor nutricional y su carácter sostenible.

La harina de algarroba, obtenida de la vaina, es uno de los alimentos con mayor contenido en fibra (hasta el 40 %). Por otro lado, sus azúcares tienen dos características muy relevantes. La primera es que su asociación con la fibra hace que sean absorbidos más lentamente, generando una baja carga glicémica. Y la segunda es que incluyen D-pinitol, un azúcar característico de la algarroba y que se asocia con alguna de las propiedades que mencionaremos después.

Finalmente, esta harina tiene un alto contenido en polifenoles, compuestos antioxidantes y antiinflamatorios.

Además, el uso de harina de algarroba permite aprovechar la vaina, un subproducto de la industria alimentaria. Y es que el algarrobo suele cultivarse por sus semillas (contenidas en dicha vaina) para la obtención de goma garrofín, un aditivo alimentario (E-410) empleado como espesante en yogures o mermeladas. De ahí que tradicionalmente se hayan generado toneladas de vainas, descartadas a pesar de su interesante composición nutricional.

Por tanto, el consumo de harina de algarroba contribuye también a una economía circular.

Beneficios del consumo de harina de algarroba

Para poder tener certeza acerca de los efectos en salud de un alimento es necesario demostrarlos en estudios científicos y no solo deducir sus beneficios a partir de su composición. La harina de algarroba ha mostrado en investigaciones con animales resultados muy prometedores en relación con el metabolismo de la glucosa o de la microbiota intestinal. Esto último se ha visto al usarla añadida a una carne o en combinación con cacao. Algún estudio en humanos ha obtenido resultados en la misma línea, aunque son todavía muy escasos.

Todo ello anima a continuar las investigaciones para fomentar el cultivo del algarrobo y el uso de la harina de algarroba como ingrediente. Eso sí, sin pretender convertirla en un “superalimento”, término sin validez científica.

Mientras seguimos avanzando en este conocimiento, tal vez pueda empezar a incorporar esta harina en algunas recetas… y a ver con otros ojos esas vainas tiradas en la calle.

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Jara Pérez Jiménez recibe para su invesrtigación sobre la harina de algarroba fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (proyecto PID2024-155959OB-I00, financiado por MCIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE) y ha coordinado Contratos de Apoyo Tecnológico con empresas que elaboran extractos de harina de algarroba.

María Ángeles Martín Arribas para su investigación sobre la harina de algarroba recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (proyecto PID2024-155959OB-I00, financiado por MCIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE).

Sonia Ramos recibe para su investigación sobre la harina de algarroba fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (proyecto PID2024-155959OB-I00, financiado por MCIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE)

Antonio Peralta-Gómez y Leonor Peña-Chocarro no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. La algarroba: una sorpresa nutricional con profundas raíces mediterráneas – https://theconversation.com/la-algarroba-una-sorpresa-nutricional-con-profundas-raices-mediterraneas-276685

Ella no siempre temblaba: los otros síntomas del ‘párkinson invisible’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José A. Morales García, Investigador Científico en enfermedades neurodegenerativas y Profesor Titular de la Facultad de Medicina, Universidad Complutense de Madrid

Dragana Gordic/Shutterstock

A principio de los años 80, el horticultor holandés J. W. S. Van der Wereld, enfermo de párkinson, creó una nueva variedad de tulipán: rojo y con rayas blancas. Lo bautizó como “Tulipán Dr. James Parkinson” en honor al médico inglés que identificó y describió la enfermedad en 1817.

El tulipán simboliza la diversidad y la fortaleza que caracteriza a las personas que la sufren. El color rojo es un reflejo de la pasión y la lucha por la enfermedad, mientras que las rayas blancas representan los temblores, un síntoma característico.

El arquetipo del hombre tembloroso

Cada 11 de abril, los tulipanes rojos de trazos blancos invaden calles y pantallas para dar visibilidad al párkinson. Al verlos, casi por instinto, nuestra mente dibuja un retrato automático: el de un hombre de edad avanzada, tembloroso y dificultad para caminar. Es el arquetipo más extendido de la enfermedad, pero también el más incompleto. Aunque durante décadas se ha definido por sus síntomas motores, la evidencia científica muestra que esta imagen de la dolencia es solo la punta de un iceberg mucho más profundo y complejo.

En el párkinson también existen síntomas no motores que, con frecuencia, aparecen mucho antes de que se diagnostique la enfermedad, deteriorando silenciosamente la calidad de vida del paciente. El párkinson huele (pérdida de olfato), se sueña (trastornos de la fase REM) y se siente en el cuerpo (estreñimiento) y en la mente (depresión, ansiedad).

Es el párkinson que no se ve, que no tiembla y cuyos síntomas se camuflan bajo el peso del estrés o de la edad. Una realidad doblemente invisible para las mujeres, ya que las deja en una sombra aún más profunda al ignorar las diferencias biológicas entre sexos, dificultando su diagnóstico y tratamiento. Hablamos, en definitiva, del “párkinson invisible”.

Antes de seguir, debo aclarar que no es una denominación médica ni un diagnóstico reconocido, sino un término utilizado en este artículo para describir aquellos aspectos de la enfermedad que no se asocian, tradicionalmente, a ella.

Señales de aviso en olfato, intestino y sueño

El cerebro no se despierta un día con párkinson. La neurociencia moderna ha descrito una fase prodrómica, un periodo de hasta 20 años en el cual la enfermedad ya está en marcha sin que el paciente lo sospeche. Durante ese tiempo, una proteína clave, la alfa-sinucleína, comienza a plegarse de forma anómala y a acumularse en el tejido nervioso. En las etapas iniciales, este proceso parece originarse en regiones como el bulbo olfatorio y el sistema nervioso entérico (el intestino). Así se entiende que muchos pacientes experimenten, mucho antes del diagnóstico, pérdida de olfato o estreñimiento crónico.

Otro de los predictores es el trastorno de conducta del sueño REM. Soñar que abrimos la ventana y comenzamos a volar, suspendidos sobre el paisaje, puede resultar fascinante. Sin embargo, si durante el sueño abrimos de verdad la ventana y nos lanzamos a volar, las consecuencias serían muy graves. Por eso, en condiciones normales, nuestro cuerpo se paraliza durante los sueños para no “actuarlos”.

En el párkinson invisible, este mecanismo falla, y los pacientes gritan, dan puñetazos o patadas mientras duermen. Las investigaciones indican que una amplia mayoría de quienes padecen trastornos de conducta del sueño REM acabará desarrollando una enfermedad neurodegenerativa.

A medida que la afección progresa, los síntomas no motores no solo persisten, sino que se multiplican: dolor, ansiedad, depresión, fatiga, alteraciones cognitivas, disfunción autonómica o problemas sexuales. Paradójicamente, son estas manifestaciones “invisibles” las que con más frecuencia deterioran el bienestar diario de los pacientes y sus familias.

La brecha de género: el factor protector de estrógeno

La prevalencia del párkinson se sitúa, aproximadamente, en 1,5 hombres por cada mujer. Esto no significa que afecte menos a las mujeres. Significa, en muchos casos, que las entendemos peor. Pero esta diferencia numérica no es casual, tiene una base fisiológica.

La evidencia científica sugiere que los estrógenos ejercen un papel neuroprotector sobre las neuronas dopaminérgicas, reduce la inflamación cerebral y ayuda a mantener estables los niveles de dopamina. Esto explica por qué las mujeres reciben el diagnóstico más tarde que los hombres y presentan, inicialmente, síntomas motores menos evidentes.

Sin embargo, esa coraza es un arma de doble filo. El problema es que la protección no es constante, puesto que las mujeres se enfrentan a fluctuaciones hormonales (menstruación, embarazo, menopausia). Incluso al recibir tratamiento, esos cambios pueden producir que la medicación pierda eficacia de forma súbita, exacerbando los síntomas.

Debido a un menor peso corporal, las mujeres presentan concentraciones plasmáticas del fármaco más elevadas y variables a lo largo del día, aumentando su riesgo de sufrir movimientos involuntarios (disquinesias). Esta fluctuación las hace más sensibles a pequeños cambios de dosis, lo que complica el ajuste terapéutico y multiplica los periodos OFF (cuando la medicación deja de hacer efecto).

Además, al no encajar siempre en el estereotipo masculino del temblor, muchas pacientes pasan años de peregrinaje médico antes de obtener un diagnóstico correcto. En última instancia, esta brecha evidencia que los tratamientos actuales todavía no están optimizados para el perfil biológico femenino.

Cambiar la mirada para actuar antes

Es necesario cambiar el paradigma. Hablar de párkinson invisible es cambiar el foco de atención.

Implica entender que no es sólo un trastorno motor, sino una enfermedad compleja, sistémica, que afecta al sueño, al estado de ánimo, al sistema digestivo, al sistema cardiovascular y a la vida íntima de quienes la padecen.

Implica escuchar más y mejor. Preguntar por aquello que no se ve y dar espacio a síntomas que no encajan en la imagen clásica de la enfermedad.

Implica desterrar el mito de que el párkinson es un territorio exclusivamente masculino y aceptar que, mientras sigamos buscando el mismo síntoma en todos los pacientes, seguiremos dejando a las mujeres en la penumbra.

En definitiva, comprender la fase invisible y las diferencias de sexo es vital. No solo por el avance de la medicina de precisión, sino por todas aquellas personas que, como mi madre, vivieron años de desconcierto. Ella no siempre temblaba, pero habitaba ese mundo invisible de noches inquietas y días de una fatiga que las palabras no alcanzan a describir.

Escribo esto por ella y por todas las mujeres que, en silencio, lidian con una enfermedad que la sociedad aún no ha aprendido a mirar de frente. Reconocer el párkinson invisible es el primer paso para que nadie más tenga que caminarlo a oscuras. Porque lo que no se nombra, no se diagnostica. Y lo que no se diagnostica, no se trata.


Este artículo fue publicado previamente por la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).


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José A. Morales García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Ella no siempre temblaba: los otros síntomas del ‘párkinson invisible’ – https://theconversation.com/ella-no-siempre-temblaba-los-otros-sintomas-del-parkinson-invisible-280221

Centros de deportación de la UE: ¿qué son y cómo afectarán a los derechos de los migrantes y los solicitantes de asilo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Teresa Gil Bazo, Profesora Titular de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales y Cátedra Jean Monnet en Estudios Europeos, Universidad de Navarra

Fotosr52/Shutterstock

La UE está creando un nuevo sistema que facilitará la repatriación de los migrantes en situación irregular a sus países de origen. La legislación, conocida como el reglamento de retornos, incluye medidas que permiten detener a más personas –incluidos niños y familias– durante períodos de tiempo más prolongados.

Esto supone un cambio importante en la política migratoria europea, ya que hasta ahora los Estados miembros de la UE solo podían detener a migrantes en situación irregular como último recurso y en circunstancias específicas. Ni siquiera todos los Estados contaban con políticas de detención y, cuando las tenían, los centros de detención se encontraban casi siempre dentro de la UE. Esto permitía supervisar de cerca las garantías jurídicas.

Sin embargo, una votación reciente ha allanado el camino para que el nuevo reglamento cree “centros de retorno” en terceros países fuera de la UE. La Comisión Europea presenta estos centros de detención extraterritoriales como una “solución innovadora” para la gestión de la migración, con garantías de que velarán por los “derechos fundamentales”.

En la práctica, será muy difícil supervisar posibles violaciones de los derechos humanos y hacer cumplir las normas europeas en los centros de retorno fuera de Europa. El Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Michael O’Flaherty, ha advertido de que podrían correr el riesgo de crear “agujeros negros de derechos humanos”.

El reglamento de retornos fue propuesto por la Comisión Europea en marzo de 2025. Su enfoque general fue acordado por el Consejo de Ministros en diciembre de 2025, y fue respaldado por el Parlamento Europeo el 26 de marzo.

El proceso legislativo se encuentra ahora en las últimas fases de negociación. Se espera que el reglamento de retornos, incluidas las disposiciones legales relativas a los centros de retorno, se adopte antes del verano para sustituir a la directiva de retornos de 2008.

¿Qué incluye la propuesta?

Los intentos de establecer centros de deportación se remontan a la década de 1980, aunque ninguno tuvo éxito. Uno de los más destacados fue la propuesta de 2003 del Reino Unido al Consejo Europeo para establecer centros regionales para la gestión de la migración irregular. Fue muy criticada y no obtuvo el apoyo de los otros 13 Estados miembros de la UE en aquel momento.

Más recientemente, en 2024, Italia estableció centros de detención de migrantes en Albania. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha citado estos centros como modelo para la gestión de la migración a escala de la UE.

El proyecto de reglamento de retornos, recientemente aprobado, permite establecer centros de retorno en terceros países con los que la UE haya celebrado un acuerdo.

Dichos acuerdos solo pueden establecerse con un “tercer país” designado en el que se respeten las leyes internacionales de los derechos humanos. Esto incluye el principio de no devolución, que impide que se envíe a personas a territorios donde su vida o su integridad física corran peligro.

Sin embargo, mis investigaciones sostienen que, para que un acuerdo con un tercer país cumpla plenamente con las obligaciones de los Estados en virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, debe garantizar siempre la totalidad de los derechos de los refugiados. Entre ellos se incluyen el derecho de asilo, así como los derechos socioeconómicos garantizados por la Convención sobre los Refugiados. Esto también implica proporcionar acceso a la educación pública, el empleo, la vivienda, la seguridad social y los tribunales.

Ninguno de estos derechos está garantizado explícitamente en el proyecto de reglamento de retornos. El envío de refugiados a países fuera de la UE conlleva el riesgo de que nunca se les conceda la totalidad de los derechos que les corresponden en virtud de la Convención sobre los Refugiados.




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Cómo la ley hace posibles los centros de retorno

Los centros de deportación son posibles gracias al efecto combinado del nuevo reglamento de retornos y otros instrumentos del Pacto sobre Migración y Asilo de 2024.

En particular, el concepto de “tercer país seguro” del Reglamento de Procedimientos de Asilo de 2024 se ha ampliado mediante un nuevo reglamento adoptado en febrero de 2026.

Este concepto permite a los Estados miembros rechazar de plano las solicitudes de asilo, sin examinar el fondo de la solicitud, basándose en que el solicitante estaría a salvo de peligro o persecución en un “tercer país seguro” fuera de la UE. Se trata de países que tienen un acuerdo con la UE (o con sus Estados miembros), en el que se comprometen a examinar las solicitudes de asilo presentadas por personas rechazadas por la UE.

Sin embargo, incluso cuando un solicitante no cumple los criterios para ser considerado refugiado o persona que, por otros motivos, necesita protección internacional, las leyes internacionales de los derechos humanos pueden seguir imponiendo obligaciones de no devolución a los Estados miembros de la UE.

Si bien las personas tienen derecho a recurrir la decisión de que un país es “seguro” para ellas, el nuevo reglamento implica que podrían no tener derecho a permanecer en el territorio del Estado miembro en cuestión mientras el tribunal examina dicho recurso.

Al enviar a los solicitantes al extranjero, a países no pertenecientes a la UE, las nuevas normas podrían hacer prácticamente imposible el ejercicio de los derechos garantizados por la UE. Esto incluye el derecho de asilo y el derecho a un recurso efectivo, que abarca expresamente la posibilidad de recibir asesoramiento, defensa y representación ante los tribunales.




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¿Qué supondrá la nueva ley para los migrantes?

El sistema diseñado por la UE dará lugar a que tanto personas individuales como familias con niños sean deportadas a países con los que no tienen vínculos. Serán objeto de detención fuera de la UE, en condiciones que serán difíciles de supervisar.

Los niños son motivo de especial preocupación. Los propios datos de la UE muestran que miles de menores, incluidos los que viajan con sus familias, desaparecen tras llegar a Europa. Se teme que muchos sean explotados y sufran abusos con fines sexuales o laborales.




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Si estos problemas surgen dentro de las fronteras de Europa –donde la detención de inmigrantes se rige por las normas del Estado de derecho desarrolladas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el Tribunal de Justicia de la UE–, sin duda serán mucho más difíciles de controlar fuera de la UE.

Con este nuevo sistema, Europa se aleja de su papel histórico como defensora y artífice del régimen internacional de protección de los derechos humanos a principios del siglo XX. En un momento en que el mundo registra más víctimas de conflictos, violaciones de los derechos humanos y persecuciones que nunca, dicho régimen es ahora especialmente necesario.

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María Teresa Gil Bazo ha recibido financiación para investigación y consultoría de la UE y de la ONU. En 2024, la Comisión Europea le concedió la Cátedra Jean Monnet sobre Asilo y Migración en la UE, y en 2015 fue nombrada experta externa de la Agencia de Asilo de la UE (antes EASO), con un mandato de cinco años.

– ref. Centros de deportación de la UE: ¿qué son y cómo afectarán a los derechos de los migrantes y los solicitantes de asilo? – https://theconversation.com/centros-de-deportacion-de-la-ue-que-son-y-como-afectaran-a-los-derechos-de-los-migrantes-y-los-solicitantes-de-asilo-279809

La historia de Juan o cómo aprende y evoluciona una persona con esquizofrenia a lo largo de su vida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Ortiz-Gil, Lecturer, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

PeopleImages.com – Yuri A/Shutterstock

Imaginemos que Juan, una persona ficticia, tiene esquizofrenia y manifiesta las características más frecuentes de este trastorno. De inmediato podemos pensar que en algunos momentos oye voces que le animan a hacerse daño y que le menosprecian.

Tampoco nos extrañará que pueda considerar, sin motivo, que la gente está en su contra o que sus vecinos se han conjurado para espiarlo.

Sin embargo, probablemente no tendremos en cuenta que, como persona adulta y con poco más de 20 años, sus capacidades de razonamiento, para recuperar recuerdos y para controlar sus reacciones, así como la velocidad a la que funciona su mente están afectadas de forma importante.

Asimismo, Juan puede tener dificultades en la gestión emocional y en las relaciones sociales, como por ejemplo en la interpretación de las emociones que muestran otras personas. Todo esto condicionará cómo gestiona su hogar o quizá le generen muchas dificultades para mantener un empleo estable.

Los antecedentes

En la familia de Juan ya hay antecedentes de personas con problemas importantes de salud mental.

El tío de su padre era el “loco del pueblo” cuando su familia vivía en un pueblecito de comarca valenciana de La Costera. Asimismo, ingresaron al hermano de su padre en el antiguo manicomio de Bètera durante un episodio en el que experimentó una alegría desmesurada e hizo una gran fiesta con sus amistades, durante la que gastó los pocos ahorros que tenía.

El parto de Juan, en febrero de 1970, fue difícil. La infancia y adolescencia de Juan también lo fueron. Su familia migró del pequeño pueblo de La Costera a la localidad de Mislata, porque el trabajo en el campo no daba suficiente dinero a su padre y a su madre para criar a Julia, la hermana mayor de Juan, y al propio Juan. La situación económica en Mislata no mejoró demasiado y el padre pasaba el poco tiempo libre que tenía en el bar, jugando al dominó y bebiendo cerveza.

El Juan niño y adolescente

Juan fue un niño solitario y con dificultades escolares, cada vez más importantes conforme avanzaban los cursos. Asimismo, tenía ideas y conductas extrañas, como hablar con las piedras hasta los 12 años porque tenían “alma”. En todo esto se parecía a su hermana Julia.

Pero a Juan, sobre todo, le costaba memorizar los contenidos académicos. A duras penas, consiguió sacarse el título de técnico de Farmacia y el carné de conducir.

El joven Juan

Con 19 años, prácticamente había perdido el contacto con los amigos del instituto y no tenía nuevos. Pasaba una parte importante de su tiempo libre en su habitación, fumando tabaco y cannabis.

Cada vez estaba más ansioso y no tuvo una inserción laboral exitosa. Comenzó a trabajar en diferentes tiendas y farmacias. Fue despedido de varias de ellas, lo que le causó mucha frustración.

Primer episodio psicótico

A los 21 años, un día comenzó a oír voces que le insultaban y le animaban a hacerse daño porque era “lo que se merecía”. No salió de la habitación hasta que, dos días después, su padre, muy preocupado por lo que había vivido con su tío y su hermano, contactó con el médico de familia.

Fue ingresado de manera involuntaria en la unidad de agudos de psiquiatría del Hospital de la Fe (València), de donde salió con una disminución significativa de las voces y del malestar asociado.

La familia también lo encontró, a raíz de este episodio, más despistado y más torpe mentalmente, así como más lento, problemas que ha mantenido el resto de su vida con épocas mejores y peores.

Juan durante la etapa adulta

No volvió a trabajar ni a conducir. Y dos años después del primer ingreso decidió dejar la medicación, porque el psiquiatra no le hacía caso y porque no tenía ningún motivo para medicarse.

Esto llevó a otro ingreso involuntario, del que volvió a casa más estabilizado y con la indicación a la familia de que debían encargarse de que Juan tomara la medicación cada día. Con la toma regular de los fármacos, los nuevos episodios psicóticos se han ido espaciando y las voces cada vez aparecen menos.

Sigue teniendo una leve desconfianza y la lentitud va en aumento, aunque en general sus habilidades mentales se mantienen estables. Sin embargo, cada vez le cuesta más ponerse a hacer actividades cotidianas, como mantener su habitación ordenada y participar en las tareas domésticas.

Asimismo, tiene tendencia al sedentarismo, continúa fumando y su dieta no es la ideal.

Por otra parte, acude con regularidad al servicio donde realiza la rehabilitación de las funciones cognitivas y de las tareas del día a día, así como actividades de socialización, yoga y otras.

Desde los 45 años, Juan vive en un piso tutelado coordinado por una asociación de atención a personas con trastornos mentales. Este cambio de residencia se produce a raíz de que su padre sufriera un ictus con importantes repercusiones motoras y cognitivas.

El posible Juan anciano

Los monitores del piso detectan que a los 65 años Juan está cada vez más despistado y presenta más olvidos.

Los especialistas de neurología y neuropsicología descartan que padezca alguna demencia primaria asociada, como la enfermedad de Alzheimer. De hecho, la posterior mejoría en la memoria muestra que este descenso sería parte del curso fluctuante en las capacidades mentales que suele darse en la esquizofrenia.

Y una mañana de 2040, encuentran a Juan muerto en su cama, con 70 años. La autopsia certifica la causa: un ataque al corazón. De hecho, las personas con esquizofrenia tienen una esperanza de vida de 10 o más años más corta que la población general, sobre todo por los factores de riesgo cardiovascular.

La vida ficticia de Juan nos muestra que los problemas cognitivos (memoria, velocidad mental, capacidad de autocontrol, organización…), emocionales y relacionales están presentes durante toda la vida de todas o casi todas las personas con esquizofrenia.

Por eso, estos problemas deberían ser objetivos fundamentales del tratamiento dentro de un abordaje integral con enfoque biopsicosocial, con el fin de que la persona tenga una vida lo más autónoma posible y con la mayor calidad.

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Esta es una adaptación de la ponencia realizada en el XVII Congreso Nacional de Neuropsicología/I Congreso internacional de Neuropsicología, que organizó la Federación de Asociaciones Españolas en València del 5 al 7 de marzo de 2026.

– ref. La historia de Juan o cómo aprende y evoluciona una persona con esquizofrenia a lo largo de su vida – https://theconversation.com/la-historia-de-juan-o-como-aprende-y-evoluciona-una-persona-con-esquizofrenia-a-lo-largo-de-su-vida-278114

Cromatografía, un detective imprescindible en el laboratorio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Culleré Varea, Profesora titular de la Facultad de Ciencias de la Salud., Universidad San Jorge

shutterstock New Africa/Shutterstock

¿Alguna vez se han preguntado cómo los investigadores revelan la presencia de una toxina en un determinado alimento, cómo la policía resuelve un crimen a partir de una muestra de sangre, o cómo se determina si los niveles de esteroides encontrados en un deportista superan los límites permitidos? La respuesta, en la mayoría de los casos, reside en un conjunto de técnicas que se engloban bajo el paraguas de la cromatografía. Es un método que está muy presente en los laboratorios, para garantizar la seguridad alimentaria, asegurar la calidad del agua y aire y la pureza de medicamentos, entre otros muchos fines.

Poder de separación

Dentro de la cromatografía, nos podemos encontrar desde estrategias muy sencillas que se pueden practicar en experimentos domésticos con niños, hasta técnicas que precisan instrumentos muy sofisticados y cientos de miles de euros, que solo pueden estar en laboratorios especializados y necesitan personal técnico de alta cualificación para su manejo.

Todas tienen en común que son capaces de “separar e identificar” los muchísimos compuestos químicos (cientos o, incluso, miles) que presenta cualquier tipo de muestra. Si contamos con equipos de los “sofisticados”, estos nos permiten también saber cuál es la concentración en la que están presentes cada uno de estos compuestos.

Cómo funciona para separar compuestos

Vamos a hacer un símil con una carrera de obstáculos. Cada atleta lleva su propia velocidad y le costará más o menos tiempo superar cada obstáculo. En cromatografía, cada uno de los “atletas” se corresponde con las “moléculas o compuestos químicos” de una mezcla y el “circuito”, con la “fase estacionaria”. Los atletas son empujados por el circuito por un “fluido”, que es lo que equivale a la “fase móvil”.

La clave es que cada una de las moléculas interactúa de forma diferente con la fase estacionaria. Unas se quedan más retenidas y otras menos, viajando a velocidades muy diferentes, lo que se traduce en una separación según dichas velocidades. En la carrera, el atleta que llega primero a la meta es el que se ha visto menos paralizado por los obstáculos, mientras que el último se ha “retenido” más en el camino.

Azafrán, perfumes y obras de arte

La gran versatilidad de esta técnica hace que sea protagonista en análisis de control de calidad, que se llevan a cabo día a día en diferentes áreas, como medioambiente, alimentación, medicina, farmacia,… Sin embargo, son mucho más llamativos los fraudes que se destapan gracias a ella.

Por ejemplo, se pueden descubrir fraudes alimentarios, relacionados con productos muy valiosos, como puede ser la trufa negra (Tuber melanosporum). En el mercado, existen gran variedad de productos –como muchos aceites trufados– que aseguran contener este tipo de trufa, muy valorada a nivel gastronómico por su potente y peculiar aroma, sin embargo solo contienen un compuesto químico cuyo olor es muy parecido.

Asimismo, se puede demostrar si el azafrán, otro producto de gran valor culinario, es auténtico o ha sido adulterado, o si una leche ha sido “rellenada” con proteínas vegetales o melamina, que pretende simular más proteína. También sirve para detectar si un café es 100 % arábica o no, demostrar la variedad de uva de un determinado vino o su procedencia, o el origen de miel, aceites… De igual forma, se puede conocer el origen de un determinado pez (salvaje o de piscifactoría).

En el campo de los perfumes, permite detectar falsificaciones, analizando el perfil químico de muestras sospechosas y por comparación con las reales.

En arte, puede desvelar falsificaciones, determinando si los materiales usados coinciden con la época supuesta en la que se pintó la obra, así como autentificar papiros, pergaminos y manuscritos.

En todos estos casos, la cromatografía permite analizar “huellas químicas” que contienen una información muy valiosa y delatan cualquier intento de timo.

En la escena del crimen

También son muy llamativas sus aplicaciones forenses. Además, la cromatografía permite detectar drogas en fluidos corporales como orina, sangre o muestras capilares. Así, se emplea para determinar la causa de una muerte por ingesta de alcohol, envenenamiento o drogas.

Por otro lado, se usa para identificar drogas de diseño o determinar la pureza de sustancias ilegales incautadas por las autoridades.

En la misma línea, es muy útil en investigaciones de incendios provocados, pues en la mayoría de estos casos se inician con aceleradores como la gasolina o el keroseno.

Una herramienta útil en todos los campos

Si intentáramos abordar todas las posibles aplicaciones de la cromatografía, no acabaríamos nunca, ya que son muchísimas, y cada cual más interesante. Pero hay otra más que nos llama poderosamente la atención y merece la pena subrayar: en un estudio publicado este año aborda cómo la técnica ha servido para detectar el cortisol en muestras de cabello en estudiantes, usándolo como biomarcador de estrés crónico. Muestra de que la cromatografía podría una herramienta de gran valor, incluso, en el ámbito de la psicología y la salud mental.

The Conversation

Laura Culleré Varea no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cromatografía, un detective imprescindible en el laboratorio – https://theconversation.com/cromatografia-un-detective-imprescindible-en-el-laboratorio-270315