¿Un silencio vale más que mil palabras? A menudo mejoramos el debate público si callamos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Neftalí Villanueva Fernández, Profesor Titular de Lógica y Filosofía de la Ciencia, Universidad de Granada

Tero Vesalainen/Shutterstock

El silencio tiene mala prensa. En la vida pública, halagos y reproches suelen asociarse con lo que alguien ha dicho. Cuando el silencio aparece en escena, lo hace a menudo bajo fórmulas de derrota: “lo dejó sin palabras”, “no supo qué responder”, “se quedó sin argumentos”. Estas expresiones caracterizan momentos en los que alguien, frente a la fragilidad de sus razones, es incapaz de articular una respuesta.

Sin embargo, hay ocasiones en que el silencio tiene otros efectos. Especialmente en ámbitos públicos, puede cumplir distintas funciones. Permite romper con las expectativas de quienes nos interpelan o comunicarnos de maneras inesperadas para no caer en el juego polarizador. La filosofía del lenguaje ha estudiado algunos de estos casos en los últimos años.

La trampa del sí o no

En un juicio por violación interrogan a la víctima. El abogado defensor le pide responder “sí” o “no” a las preguntas que le va a hacer. Después, reproduce el vídeo de la agresión delante del jurado. Se ve cómo la víctima comienza resistiéndose furiosamente, cómo el acusado la sujeta con brusquedad, forzándola, hasta que deja de resistirse y se queda inmóvil hasta el final.

El abogado defensor pregunta: “¿acaso no es cierto que, pasados unos minutos, dejó usted de mostrar cualquier signo de resistencia?”. La víctima permanece en silencio. Si contesta “sí”, parece admitir que acabó consintiendo. Si contesta que “no”, después de que el jurado vea el vídeo, queda como una mentirosa. En casos como este, analizados por el filósofo Alex Davies, la víctima solo tiene dos opciones: callar o hablar sabiendo que sus palabras serán usadas en su contra.

Silencios elocuentes y no diálogo

Este es un caso de silenciamiento. Pero hay otros silencios que no operan como reacciones condicionadas ante un intento de dominación, sino elecciones comunicativas deliberadas. Las también filósofas Alessandra Tanesini y Anna Klieber han estudiado estos “silencios elocuentes”, que comunican rechazo, distancia o desaprobación ante, por ejemplo, un comentario de mal gusto.

Ahora bien, quienes guardan silencio no siempre pretenden “decir” algo. A veces el silencio se emplea estratégicamente para evitar que, al responder, determinados temas ganen espacio en la esfera pública.

Un caso tuvo lugar en la Asamblea de Ceuta, cuando varios partidos políticos acordaron una política de no diálogo con una formación que frecuentemente hace declaraciones racistas. Otro ejemplo: La OMS refuerza sus políticas de vacunación con campañas formativas dirigidas al personal sanitario, en lugar de convertir a los grupos antivacunas en interlocutores.

Naturalización de la ideología y politización de la ciencia

En la publicación Strategic silence and politicized speech, mostramos la efectividad del silencio estratégico en dos contextos muy concretos, que representan dos formas de propaganda: la naturalización de la ideología y la politización de la ciencia.

En los casos de naturalización de la ideología, actitudes o prejuicios que antes se percibían como sesgos ideológicos empiezan a presentarse como hechos, explicables a través de la ciencia. Ciertas explicaciones biológicas o evolutivas de las brechas de género en disciplinas académicas, ámbitos profesionales o posiciones de autoridad son ejemplos de este fenómeno. La discriminación por razones de género adquiere así apariencia científica.

En los casos de politización de la ciencia ocurre lo contrario: el trabajo de quienes investigan cuestiones empíricas, sociales o naturales, se presenta como una contribución a una agenda política. Las discusiones sobre el aumento de las temperaturas de la Tierra debido a la acción humana son un ejemplo claro. En lugar de discutir la evidencia, los modelos o las medidas adecuadas, se desplaza el foco hacia supuestos intereses ideológicos.

Al defendernos de la naturalización de la ideología o de la politización de la ciencia incurrimos en “desacuerdos cruzados”: situaciones donde las partes parecen discutir sobre lo mismo, pero dan muestras claras de concebir la disputa en términos distintos. Tú y yo discrepamos sobre algo, pero para ti es una cuestión factual, que se resuelve atendiendo exclusivamente a los hechos, mientras que para mí atañe a qué valores queremos potenciar como sociedad.

Los desacuerdos cruzados favorecen la polarización. Cada intervención añade razones a favor de lo que ya defendemos. Quienes ya nos apoyan refuerzan lo que nos separa de los otros. Y, con el tiempo, los argumentos ajenos dejan de verse como razones que merecen atención: pasan a funcionar como señales de pertenencia.

Cuando el aumento de la polarización no nos favorece, puede merecer la pena permanecer en silencio o, al menos, no responder en los términos esperados. Eso no siempre significa callar por completo. A veces consiste en negarse a discutir la provocación tal como ha sido planteada.

“También trabajamos para ti”

La respuesta de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) tras la dana en su cuenta oficial de X ofrece un ejemplo ilustrativo. Cuando una usuaria acusó a la AEMET de no tener credibilidad y de ser “sicarios del sistema” que defienden la “estafa” del cambio climático antropogénico, la Agencia evitó polemizar, respondiendo simplemente: “Cuando veas un aviso rojo de la AEMET, ponte a salvo. A pesar de todo, también trabajamos para ti”.

El silencio estratégico no sustituye a la crítica ni exonera de responder cuando la respuesta sea necesaria. Pero no estamos obligados a responder siempre. Saber cuándo callarse no supone abandonar la deliberación pública. A menudo es la mejor forma de cuidarla.

The Conversation

Neftalí Villanueva Fernández recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Andrea Rodríguez Gómez recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y de la Universidad de Granada.

José Luis Liñán recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y de la Universidad de Granada.

ref. ¿Un silencio vale más que mil palabras? A menudo mejoramos el debate público si callamos – https://theconversation.com/un-silencio-vale-mas-que-mil-palabras-a-menudo-mejoramos-el-debate-publico-si-callamos-283706

¿Abusamos de la melatonina? Lo que dice la ciencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By M Teresa Grande Rodríguez, Profesora de farmacología y toxicología., Universidad Francisco de Vitoria

STEKLO/Shutterstock

Hace unos años, la melatonina era un recurso “de viaje”, algo que se utilizaba para sobrevivir al jet lag tras un vuelo largo. Hoy ha pasado a formar parte de la rutina de muchas casas: adultos que la toman para dormir mejor y, cada vez más, niños a los que se les administra para que logren conciliar el sueño con facilidad.

Cuando una ayuda puntual se convierte en hábito cotidiano, surge una pregunta incómoda: ¿la usamos de forma razonable o estamos abusando de ella?

La melatonina no es un somnífero

En realidad, la melatonina no es un somnífero, sino una señal biológica que regula los ritmos corporales internos. Para entender qué hace realmente, hay que mirar más allá del suplemento.

La melatonina es una hormona que produce nuestro propio organismo; concretamente en la glándula pineal, una pequeña estructura situada en el cerebro. Su función no es inducir el sueño de forma directa, sino actuar como una señal temporal que informa al organismo de que ha llegado la noche. Su producción aumenta con la oscuridad y disminuye con la luz, especialmente con la luz artificial de las pantallas. De este modo, ayuda a coordinar el ritmo circadiano, el sistema que organiza los ciclos de sueño y vigilia a lo largo de las 24 horas del día.

Melatonina natural vs suplemento

La melatonina que produce nuestro cuerpo y la que se administra como suplemento o medicamento son la misma molécula. Pero su comportamiento no es equivalente. La secreción natural sigue un patrón progresivo y finamente ajustado al ciclo luz-oscuridad, mientras que la administración exógena introduce una dosis concreta en un momento determinado, independientemente del estado del reloj biológico de cada persona.

Además, no todos los productos son iguales. La melatonina puede encontrarse tanto en forma de suplemento como de medicamento, con diferencias en la dosis, la formulación, los controles de calidad y las indicaciones para las que ha sido evaluada. Mientras que los medicamentos están destinados a situaciones concretas y cuentan con una evidencia clínica específica, los suplementos se han popularizado de forma más amplia, en muchos casos como solución rápida ante cualquier dificultad para dormir y por iniciativa propia.

La evidencia respalda su uso frente al jet lag

La evidencia científica respalda el uso de la melatonina en determinadas circunstancias, como el jet lag o algunos trastornos del ritmo circadiano. Sin embargo, su uso se ha extendido más allá de estas indicaciones tanto en adultos con dificultades ocasionales para dormir como en población pediátrica, donde su administración debería ser especialmente cuidadosa y siempre contextualizada.

Este punto es relevante: en niños el sueño está estrechamente ligado a procesos de desarrollo, hábitos y rutinas, por lo que la intervención farmacológica no debería sustituir la valoración de las causas subyacentes del problema*.

Aunque la melatonina parece ser segura cuando se utiliza durante periodos cortos de tiempo, todavía sabemos poco sobre las consecuencias de tomarla durante años en etapas tan importantes como la infancia y la adolescencia. Los estudios realizados hasta ahora son, en general, tranquilizadores, pero los expertos coinciden en que todavía faltan datos para conocer con certeza sus efectos a largo plazo

Revisar los hábitos diarios

A menudo, la melatonina se percibe como una señal de “apagado” del cerebro, como si actuara directamente sobre el sueño. Sin embargo, esta idea simplificada (y errónea) ha contribuido a sobrestimar su efecto inmediato. La realidad es que no actúa como un interruptor, sino como un sincronizador. Dicho de otro modo, prepara al organismo, pero no garantiza por sí sola que el sueño aparezca.

Por ello, en lugar de considerarla una solución universal o un recurso inocuo, conviene entender la melatonina como una herramienta útil en contextos concretos, pero no exenta de matices ni capaz de sustituir a una buena higiene del sueño. ¿Por qué recurrimos a ella con tanta frecuencia? Quizás porque obviamos que el sueño no depende de una única molécula, sino de un sistema complejo muy condicionado por nuestros hábitos diarios.

Antes de buscar soluciones externas, convendría empezar revisando lo más básico: la exposición a la luz por la noche (que debemos evitar), los horarios irregulares, el uso de pantallas antes de dormir y la falta de rutinas estables. En definitiva, cambiar “la pastilla” por una buena higiene de sueño.

The Conversation

M Teresa Grande participa como investigadora en proyectos de investigación competitivos financiados por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España, relacionados con farmacología y neurociencias. Esta financiación no ha influido en el contenido del presente artículo.

ref. ¿Abusamos de la melatonina? Lo que dice la ciencia – https://theconversation.com/abusamos-de-la-melatonina-lo-que-dice-la-ciencia-284592

SpaceX en bolsa: ¿cuánto vale una compañía cuyo negocio depende de expectativas a muy largo plazo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Jareño Cebrián, Catedrático de Universidad, Área de Economía Financiera, Departamento de Análisis Económico y Finanzas, Universidad de Castilla-La Mancha

_Criptobros_ escuchan en Times Square el discurso de Elon Musk la jornada de salida a bolsa de SpaceX. rblfmr/Shutterstock

Si durante gran parte del siglo XX el espacio fue principalmente una cuestión geopolítica, en el siglo XXI está convirtiéndose en una cuestión económica, impulsada por el crecimiento de la inversión privada y la aparición de nuevos proyectos comerciales.

La llegada de SpaceX a los mercados públicos simboliza esa transición: el paso de la exploración espacial financiada por los Estados a un ecosistema donde el capital privado busca rentabilidad en actividades que hace apenas unas décadas parecían ciencia ficción.

Space X en bolsa

La salida a bolsa de SpaceX, materializada el 12 de junio de 2026 en el Nasdaq con la etiqueta (ticker) SPCX, ha sido un acontecimiento financiero histórico al convertir a Elon Musk en la primera persona billonaria del mundo. Ese día su fortuna personal superó (con creces) el millón de millones de dólares.

La compañía debutó con un precio de 135 dólares por acción, levantando aproximadamente 75 000 millones de dólares y alcanzando una valoración cercana a los 1,77 billones, la mayor oferta pública inicial de acciones (IPO, por sus siglas en inglés) registrada hasta la fecha.

La magnitud de la operación quedó patente ya el primer día: la acción cerró cerca de un 20 % por encima del precio de colocación, elevando temporalmente la valoración por encima de los dos billones de dólares. Por delante de Tesla y con un volumen de negociación superior a los 500 millones de títulos, el segundo mayor registrado en un debut del Nasdaq tras la salida a bolsa de Facebook, en 2012.

De empresa espacial a infraestructura global

Durante años, SpaceX fue percibida principalmente como una empresa de lanzamientos espaciales. Su actividad consistía en poner en órbita satélites, transportar carga para clientes comerciales y gubernamentales y llevar astronautas al espacio en sus cohetes Falcon. Esa imagen sigue siendo importante, pero ya no describe por completo lo que es la compañía.

En el momento de su salida a bolsa, los datos financieros publicados en el formulario S-1 mostraron una realidad más compleja: la empresa generó 18 700 millones de dólares en ingresos en 2025, pero también registró pérdidas netas cercanas a 4 900 millones, reflejando la enorme intensidad inversora del proyecto.

Con el tiempo, SpaceX ha evolucionado hacia un grupo tecnológico con intereses en varios sectores estratégicos. Además de proporcionar acceso al espacio gracias a sus sistemas de lanzamiento reutilizables, que dominan cerca del 90 % del mercado mundial de lanzamientos comerciales, ha desarrollado Starlink, una red global de internet por satélite que le permite competir en el mercado de las telecomunicaciones.

También participa en programas de defensa y de transporte espacial de nueva generación, y trabaja en tecnologías que podrían ser fundamentales para futuras actividades económicas en órbita.

Por eso, muchos inversores consideran que SpaceX es mucho más que una empresa de cohetes. Cuando compran sus acciones, no están apostando únicamente por el negocio de los lanzamientos espaciales, sino por una compañía que aspira a convertirse en una pieza clave de la infraestructura tecnológica y de comunicaciones del siglo XXI.

El precedente de las grandes plataformas tecnológicas

La valoración de SpaceX resulta difícil de entender si se analiza únicamente mediante indicadores tradicionales como ingresos, beneficios o flujo de caja.

Con ingresos de 18 700 millones de dólares y valoraciones de entre 1,7 y 2 billones, la compañía cotiza con múltiplos extremadamente elevados sobre ventas, algo que ha generado críticas entre analistas financieros. Para explicarnos, si una empresa factura 1 pero está valorada en 5 su múltiplo de valoración es de 5. A mayor múltiplo mayor valoración de la empresa, señal de que el mercado tiene altas expectativas de crecimiento sobre la compañía (o de que la está sobrevalorando).

Ahora SpaceX aspira, y en base a eso la valoran, a crear mercados completamente nuevos: desde la conectividad global hasta la economía orbital, pasando por la infraestructura de datos en el espacio. Algo parecido ocurrió con Amazon y Tesla, empresas por entonces emergentes, que los analistas creyeron sobrevaloradas porque las medían con herramientas diseñadas para sectores maduros.

Starlink: el activo que explica gran parte de la valoración

Aunque la atención mediática suele concentrarse en los cohetes y en los planes de colonización de Marte, muchos analistas consideran que el verdadero motor económico de SpaceX es Starlink, empresa proveedora de acceso a internet de banda ancha vía satélite.

Los datos revelados en el proceso de salida a bolsa son especialmente ilustrativos:

  • En 2026, tiene más de 10,3 millones de usuarios en más de 160 países.

  • Ingresó aproximadamente 11 400 millones de dólares en 2025.

  • Su negocio aporta cerca del 60 % del total de los ingresos del grupo.

  • Tiene un margen operativo (lo que le queda a la empresa después de cubrir sus gastos) de cerca del 38 %, elevado para el sector.

En términos económicos, Starlink posee una característica especialmente atractiva: genera ingresos recurrentes. Mientras que un lanzamiento espacial es una operación puntual, una suscripción mensual crea un flujo de ingresos mucho más estable y predecible. Por eso, para muchos inversores, SpaceX se parece menos a una empresa aeroespacial y más a una gran compañía global de telecomunicaciones con una enorme ventaja tecnológica.

El riesgo de valorar sueños

Sin embargo, la historia económica también ofrece numerosas advertencias.

Las expectativas pueden convertirse en burbujas cuando los mercados empiezan a asumir que cualquier escenario optimista terminará materializándose. En este caso, algunos análisis independientes sitúan el valor razonable de SpaceX muy por debajo de su precio inicial, incluso de entre 700 000 y 800 000 millones de dólares, lo que subraya las enormes expectativas y el grado de incertidumbre incorporado en la valoración de la compañía.

Cuando una valoración se basa en décadas de crecimiento futuro, cualquier retraso tecnológico, regulatorio o comercial –por ejemplo, en el desarrollo de la nave Starship o de nuevas generaciones de satélites– puede generar fuertes correcciones en su precio en bolsa.

El riesgo no es que SpaceX fracase. El riesgo es que tenga éxito y, aun así, no alcance las expectativas extraordinarias incorporadas en su precio.

Más allá de SpaceX

La importancia de esta salida a bolsa va mucho más allá de una empresa concreta. Representa el creciente interés de los mercados por tecnologías vinculadas al espacio, la inteligencia artificial, las comunicaciones avanzadas y las infraestructuras críticas. De hecho, el propio folleto de la compañía identifica mercados potenciales gigantescos, incluyendo conectividad global, inteligencia artificial e incluso economías futuras fuera del planeta.

Quizá la mejor forma de entender esta salida a bolsa sea aceptar que los mercados no están valorando la empresa de hoy. Están intentando poner precio a una hipótesis: que durante las próximas décadas, una parte significativa de las comunicaciones, la logística, la observación terrestre e incluso la actividad económica fuera del planeta dependerán de infraestructuras desarrolladas por SpaceX.

Valor a largo plazo

La dificultad de estimar cuánto vale realmente una compañía cuyo negocio depende de expectativas a muy largo plazo se hizo visible desde las primeras jornadas de cotización. Según datos de Investing, la acción pasó de los 135 dólares de la colocación inicial a un máximo intradía de 225,64 dólares apenas tres sesiones después, impulsada por las compras. Entre el 12 y el 16 de junio se negociaron más de 1 100 millones de acciones.

Sin embargo, tras ese despegue fulgurante comenzó una corrección que llevó el precio hasta los 174,50 dólares al cierre del 18 de junio. Más que un cambio en los fundamentos de la compañía, esta volatilidad refleja el proceso de descubrimiento de precio característico de empresas cuya valoración depende en gran medida de escenarios futuros todavía inciertos.

La reacción del mercado ilustra la tensión que subyace tras la IPO. Por un lado, existe una corriente de inversores convencida de que SpaceX puede convertirse en una de las empresas más importantes del siglo XXI por su presencia dominante en sectores como las telecomunicaciones por satélite, el acceso al espacio o las futuras infraestructuras orbitales. Por otro, persisten dudas razonables sobre si los ingresos y beneficios que la compañía generará en los próximos años justificarán unas valoraciones que ya toman en cuenta (descuentan, en la jerga financiera) buena parte de ese potencial.

Como ocurre a menudo con las grandes revoluciones tecnológicas, el verdadero debate no gira en torno a los resultados presentes, sino sobre quién tendrá razón al diseñar el futuro.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. SpaceX en bolsa: ¿cuánto vale una compañía cuyo negocio depende de expectativas a muy largo plazo? – https://theconversation.com/spacex-en-bolsa-cuanto-vale-una-compania-cuyo-negocio-depende-de-expectativas-a-muy-largo-plazo-285344

¿Son todos los dispositivos digitales igual de adictivos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Solano Altaba, Profesora de la Facultad de Humanidades y CC. Comunicación Universidad CEU San Pablo, Universidad CEU San Pablo

ilustracion telos son todos los dispositivos digitales igual de adictivos DEAGREEZ / ISTOCK, CC BY

Hace más de una década que se publicó el Manifiesto Onlife. Ser humano en una era hiperconectada. El documento, promovido por la Comisión Europea, analiza la penetración social de las tecnologías de la información y comunicación y su impacto en la vida de las personas.

Con la premisa de que la tecnología ha dejado de ser una herramienta externa que utilizamos en determinados momentos para ciertos fines, y se ha integrado en nuestras vidas como un elemento más de nuestra naturaleza humana (de ahí que hablemos de onlife una vida que transcurre entre lo offline y lo online simultáneamente), el manifiesto constata la transformación de los marcos de referencia tradicionales en estos cuatro aspectos:

  • El desvanecimiento de los límites entre lo real y lo virtual.

  • El desvanecimiento de los límites entre ser humano, máquina y naturaleza.

  • El paso de la escasez a la sobreabundancia informativa.

  • El paso de dar prioridad a las cosas a dar prioridad a la interacción.

Esta transformación se ha producido en tan poco tiempo y a tanta velocidad que carecemos de conceptos claros que nos permitan definir el nuevo mundo hiperconectado en el que vivimos. Ha desaparecido el mundo de las cosas, de las realidades sólidas, de los consensos. Extensas parcelas de nuestras vidas han escapado de nuestro control. Nuestros datos y muchas de nuestras pertenencias han dejado de estar aquí para ser codificadas y almacenadas en un búnker de algún desierto.

De Platón a Ortega y Gasset

José Ortega y Gasset anticipó este “nuevo y gigantesco problema” en Meditación de la técnica, publicado por primera vez en 1933, al afirmar que “desde hace mucho tiempo, la técnica se ha insertado entre las condiciones ineludibles de la vida humana de suerte tal que el hombre actual no podría, aunque quisiera, vivir sin ella”. Ortega define la técnica como una “sobrenaturaleza” que el hombre ha creado y en la cual vive, sea consciente o no de ello.

Obviamente, el filósofo español no conoció la tecnología digital, pero sí la transformación vertiginosa de su tiempo provocada por los avances científicos de la segunda revolución industrial. Cuando, a causa de una revolución (industrial o digital) los marcos referenciales del mundo conocido se desvanecen, es comprensible que el ser humano se sienta perdido y desconfíe de un provenir que es incapaz de concretar.

En Platón contra las máquinas. La tecnología y sus enemigos desde la escritura hasta la inteligencia artificial (2026), Marcos Alonso, profesor de bioética en la Universidad Complutense e investigador en filosofía de la tecnología, busca la genealogía de una tecnofobia inherente al ser humano. Se pregunta el autor por qué el concepto de artificial o artificioso tiene una connotación negativa, si tantas creaciones (artificiales) han mejorado sustancial y objetivamente la vida de las personas. Su propósito es “desenterrar el prejuicio contra lo artificial”, prejuicio del que –para ser honestos– tampoco se libra este artículo.

Dispositivos ubicuos

Entre las realidades artificiosas que componen nuestra vida onlife sobresalen los dispositivos digitales. Los datos no dejan lugar para la discusión: solo hay un 0,6 % de hogares en España sin teléfono móvil. Poco menos de 100 000 en algo más de 17 millones. El 97,4 % de las viviendas dispone de acceso a internet. 78 de cada cien casas tienen un ordenador portátil o de sobremesa. Y en el 56,5 %, hay una tablet.

Esta tecnología ha irrumpido de tal manera en nuestras vidas que ya son menos de la mitad de los domicilios los que tienen teléfono fijo en su casa. Con internet es más que suficiente. Ya no hay prácticamente brechas por nivel de ingresos ni por lugar de población y la brecha de edad se estrecha cada año. Así que la tecnología llegó y se quedó sin que nos diéramos cuenta de cuáles eran los efectos no deseados que nos esperaban a la vuelta de la esquina.

Estas cifras nos pueden asustar en un entorno en el que, por fin, hemos tomado conciencia de que hay un grave problema de salud mental –no sólo en los jóvenes, sino en toda la sociedad– vinculado con el uso de las tecnologías. Los riesgos son enormes y, como sociedad, nos enfrentamos al reto de no dejar a toda una generación “huérfana” de alfabetización digital, que naufraga, más que navegar, por el descontrolado tsunami de contenido cargado de dopamina que tiene al alcance de un clic.




Leer más:
De la brecha de acceso a la brecha de regulación: la nueva desigualdad digital global


Pero ¿son todas las tecnologías iguales? ¿Da igual usar una pantalla que otra? ¿Todos los dispositivos generan el mismo uso abusivo? ¿Es un problema exclusivo de niños, adolescentes y jóvenes? ¿Los adultos también sucumbimos a los riesgos de las nuevas tecnologías? Vamos dispositivo a dispositivo para comprender los riesgos y así ponerles límite.

Ordenadores (sobremesa y portátiles)

Fue nuestra primera aproximación a la tecnología. Los que llegamos del mundo analógico, tenemos los ordenadores asociados al trabajo porque fue la solución a las opciones no digitales, como la máquina de escribir y el cuaderno.

Sin embargo, las generaciones más jóvenes ya lo utilizaron mucho para los videojuegos y, en los primeros compases, antes de la aparición de los móviles, para navegar y acceder a las redes sociales. Aunque hay ligeras variaciones entre los llamados ordenadores de sobremesa y los portátiles (laptops), los riesgos que entrañan son muy similares.

Riesgos:

  • La multitarea. Fue una de las soluciones tecnológicas que irrumpieron como el gran reclamo del entorno digital. Con el mismo dispositivo, se podían hacer varias cosas, incluso a la vez. Se podía saltar de un programa a otro, trabajar en un tratamiento de textos, consultar internet, volver al documento, enviarlo por correo electrónico…

    Pero el fenómeno multitarea es más complejo de lo que en un primer momento nos vendieron. En realidad, ahora sabemos que el cerebro no puede saltar de una actividad a otra manteniendo todo el tiempo el mismo flujo de concentración. Tenemos la sensación de que somos capaces de hacerlo, pero la realidad es que el cerebro emplea un tiempo relevante, aunque sean milésimas de segundo, en retomar la concentración en la nueva actividad. La acumulación de pequeños cortes en el flujo de concentración perjudica a nuestra capacidad de actuación. Tenemos la sensación de haber trabajado mucho y a gran velocidad, pero sin haber concluido nada de la manera adecuada. Eso genera enorme frustración. Al mismo tiempo, nos hemos acostumbrado al nivel de estrés que provoca saltar de una aplicación a otra y nos cuesta retomar el foco.

  • El déficit de atención. La atención es difícil de conseguir. Muchas de las tareas que llevamos a cabo y de la información que recibimos casi no requieren nuestra atención porque utilizamos un sistema primario eficaz pero poco profundo. Sin embargo, cuando necesitamos completar una tarea con mayor foco, nos cuesta más poner el ritmo.

    Los equipos informáticos están preparados precisamente para hacer varias tareas a la vez y avisarnos cuando una tarea requiere nuestra atención, como por ejemplo la llegada de un correo electrónico o la urgencia por instalar una actualización de software. Esto rompe nuestro flujo de atención.

  • El atracón de series. Aunque los ordenadores no se usan tanto para el ocio como otros dispositivos, los jóvenes se han acostumbrado a ver series de televisión en la cama con su portátil. Eso provoca que se queden enganchados en lo que se llama un consumo abusivo de series, en forma de atracón o binge consumption, en su terminología en inglés. Si una persona está trabajando en el portátil y tiene la tentación de descansar con una serie, es difícil resistirse si la tiene al alcance de un clic.

  • La adicción a los juegos. Aunque en los últimos años las consolas son el soporte más habitual para los juegos por su alta definición de gráficos, aún hay algunos que se juegan en ordenador de sobremesa. El salto de una actividad a otra tiene características similares a las que se produce en el contexto del consumo de series.

‘Tablets’

Las tablets preocupan especialmente por la introducción de su uso a edades muy tempranas para el entretenimiento de los niños con vídeos, música y algunos juegos infantiles y la adopción de sistemas digitales en entornos escolares en los que se utilizan como herramienta de trabajo.

El mayor problema que plantean estos dispositivos respecto a los ordenadores es que su uso está muy equilibrado entre el entretenimiento y la productividad ya sea en entornos escolares, ya en laborales. El gran desarrollo tecnológico de las tablets ha permitido que lleven a cabo funciones muy similares a un ordenador, pero aportan la facilidad para llevarlos, el poco peso y la comodidad de manejarlos en cualquier circunstancia.

Riesgos:

  • La multitarea. De hecho, la configuración de navegación de una tablet tiene por objetivo facilitar el salto de una aplicación a otra con sólo un movimiento de dedos. El fenómeno es aún más intenso que en los ordenadores. Además, está hecha para atraer y capturar nuestra atención siempre que sea posible, de modo que nos llena de avisos y notificaciones que rompen nuestro pensamiento de flujo. Eso nos genera una sensación de estrés tanto a adultos como a jóvenes y adolescentes.

  • Pérdida de la conexión mano/ojo/cerebro. Cada vez se utilizan más para tomar notas, ya sea en reuniones de trabajo, ya en las aulas de los estudiantes. Sin embargo, las últimas investigaciones demuestran que al escribir a mano se producen enlaces neuronales más relevantes que al escribir a máquina. De modo que si se usa la tablet en la toma de apuntes con lápiz digital no se perderá tanto enlace como si se usa con teclado.

  • Sensación falsa de digitalización. A los usuarios más jóvenes, la irrupción de las tablets les da una cierta sensación de conocer muy bien el entorno tecnológico de los adultos. Pero la realidad es que se desenvuelven sólo en un puñado de aplicaciones limitadas que no suelen ser las habituales en entornos profesionales. La alfabetización digital es menos adecuada en estos casos.

  • Consumo de series. De la misma manera que se ha descrito antes con el caso de los portátiles, las tablets son muy utilizadas para ver series, en especial por los jóvenes, de modo que se debilita la frontera entre trabajo y ocio en el mismo dispositivo y es más sencillo que se fomente la pérdida de atención.

Una persona de espaldas utilizado una tablet.
Las tablets pueden dar una falsa sensación de alfabetización digital, cuando en realidad su uso no requiere ningún conocimiento del entorno digital.
Pexels

Móviles

Llegamos al dispositivo que más controversias ha generado. Si bien en un origen, utilizado para llamar o escribir mensajes, tenía una funcionalidad eminentemente productiva o relacional, la aparición de los smartphones transformó por completo su naturaleza.

Demonizar un aparato que tiene una inserción cercana al 100 % de la población, tanto adulta como adolescente, sería prescindir de los muchos aspectos en los que las aplicaciones disponibles hacen más sencillo nuestro día a día. Desde conocer el pronóstico del tiempo y leer el periódico hasta contestar un correo electrónico y hacer la compra online.

Pero tampoco es adecuado obviar el hecho de que otra parte de las aplicaciones tiene su estrategia económica en el tiempo que pasamos en ellas, bien porque nos ofrecen publicidad, bien porque recaban datos de nosotros que les permiten obtener perfiles más completos de los consumidores y usuarios. Basta pensar en las redes sociales con sus vídeos cortos muy adictivos o en los juegos de pantalla infinita. De aquí que no podamos obviar la facilidad.

De hecho, las cifras muestran que el móvil es principalmente usado para ver vídeos por un 91,1 % de los usuarios; para redes sociales, un 88,1 %; para consumo “televisivo” (series, películas, programas), un 85,5 %. Sólo la lectura de la prensa, con un 81,2 %, se cuela entre las actividades que no son de entretenimiento.

Riesgos:

  • Uso preferencial para el entretenimiento. Si bien hay algunas aplicaciones de productividad en el móvil, se usa más para la comunicación y para el asueto, el descanso en el trabajo. Nuestro cerebro no lo percibe como una herramienta de trabajo, una obligación. Y eso provoca que estemos menos atentos ante el posible uso inadecuado que estemos haciendo de él. Y el problema radica en que buena parte de sus aplicaciones de entretenimiento están creadas precisamente para fomentar su uso y favorecer la permanencia cuanto más tiempo mejor.

  • Redes sociales creadas para el móvil. El fenómeno de las redes sociales es el que más problemas está generando dentro de los usos abusivos o adictivos de los móviles. No sólo por el número de horas que los usuarios pasan en redes, sino también por las consecuencias para su salud mental por el tipo de contenido que ven. Las redes sociales están creadas para generar un impulso de dopamina que lleva a repetir constantemente la acción de buscar nuevos contenidos.

  • Solucionismo tecnológico. Este término se refiere a supuestas soluciones que nos ofrece la tecnología, pero que ya estaban resueltas de otra manera y que, sin embargo, nos impulsan a hacer más uso de un dispositivo, de modo que propician nuestra adicción.

Este fenómeno se percibe de manera extraordinaria en los móviles, pues buena parte de las acciones que nos permiten llevar a cabo ya estaban resueltas antes, como despertarse, ver vídeos, escuchar música o leer libros. Pero la sencillez de manejo nos lleva a usarlo todo el tiempo, en particular en momentos en los que no tenemos plena atención y es más fácil caer en un uso abusivo.

Cualquier dispositivo digital es una puerta abierta a herramientas que ayudan a gestionar el día a día, ya sea en el entorno laboral, académico o de entretenimiento. Pero por esa misma puerta se cuelan algunos riesgos que nos pueden ocasionar no pocos problemas si no estamos alerta y aprendemos a gestionar adecuadamente nuestro tiempo.


Una versión de este artículo fue publicada originalmente en la revista Telos de Fundación Telefónica.

The Conversation

María Solano Altaba recibe fondos del proyecto AlgorLit Ref.:PID2022-140183OB-I00. Conocimientos, actitudes y opiniones de la población española sobre algoritmos de internet y diseño de alfabetizaciones algorítmicas críticas.

Ignacio Blanco-Alfonso recibe fondos de Comunidad de Madrid. Proyecto interdisciplinar de innovación tecnológica aplicada a la investigación, difusión y transferencia del legado de José Ortega y Gasset. Referencia: PHS-2024/PH-HUM-57.

ref. ¿Son todos los dispositivos digitales igual de adictivos? – https://theconversation.com/son-todos-los-dispositivos-digitales-igual-de-adictivos-269250

¿Qué tipos de interacciones sociales nos hacen sentir menos solos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aurelio Fernández, Investigador postdoctoral en el Instituto Cultura y Sociedad, Universidad de Navarra

Dos amigas conversan frente a un bello atardecer. monshtein/Shutterstocl

La vida cotidiana está llena de interacciones sociales, pero no todas contribuyen por igual a nuestro bienestar. En lugar de centrarnos en aumentar su cantidad, hay pruebas que indican que es más importante mejorar su calidad y comprender en qué condiciones resultan más beneficiosas.

En un mundo hiperconectado, lo más importante no es estar siempre disponible, sino saber elegir cuándo, cómo y con quién interactuar. Muchas personas, especialmente entre los más jóvenes, dicen sentirse solas. Esta aparente contradicción refleja la paradoja de la soledad: estamos más conectados que nunca, pero los niveles de soledad van en aumento.

La clave para entender esta paradoja no está en fijarnos en cuántas veces interactuamos o en cómo interactuar más, sino en cómo son esas interacciones.

No es la cantidad, es la calidad

Tradicionalmente se ha asumido que socializar más siempre es mejor. Sin embargo, las investigaciones recientes sobre interacciones cotidianas, basadas en metodologías más precisas, muestran una realidad más matizada: no todas las interacciones tienen el mismo impacto en nuestro bienestar. Lo que realmente marca la diferencia es la calidad. Es decir, no solo importa que una interacción sea agradable, auténtica y significativa: también cuenta cómo valoramos a las personas con quienes interactuamos y si nos sentimos genuinamente valorados por ellas.

Los estudios basados en métodos de muestreo de experiencias, que analizan las interacciones cotidianas en tiempo real durante varios días, muestran que las interacciones de mayor calidad se asocian de manera consistente con un mayor bienestar momentáneo y menores índices de soledad. Incluso requieren menos esfuerzo y se relacionan con mayores niveles de energía. Esto sugiere que una conversación breve (incluso una charla de pasillo), pero genuina, puede aportar más que horas de intercambio superficial. De hecho, estas últimas pueden resultar agotadoras sin dejar apenas huella.

Entonces, ¿de qué depende la calidad de una interacción social? Por supuesto, un factor importante a tener en cuenta es la modalidad, es decir, si la interacción tiene lugar cara a cara o mediada por la tecnología. Pero no solo.

Junto con la modalidad, hay otros factores de peso como el propósito de la interacción (si se trata de una interacción “ligera”, de mantenimiento, o más bien de una interacción “pesada”, que supone un mayor desgaste), el lugar y las condiciones ambientales (¿dónde se produce la interacción, en un espacio cerrado o al aire libre?, ¿hay más gente alrededor?, ¿hay mucho ruido?, etc.) y el grado de familiaridad con el interlocutor.

De hecho, los estudios mencionados demuestran que hay determinadas circunstancias en las que puede ser más beneficioso para la calidad de la interacción el que esta se produzca mediada por alguna tecnología. Por ejemplo, cuando, dada la especial sensibilidad del propósito de la interacción, se requiere un mayor control sobre la comunicación: poder pensar lo que se dice, elegir cuándo responder y gestionar mejor la autoexpresión.

En particular, en el caso de las interacciones negativas, como los conflictos o las quejas, la evidencia indica que es mejor manejarlas a través de medios indirectos o tecnológicos. ¿Por qué? En las interacciones cara a cara percibimos los gestos, las expresiones faciales, el tono de voz, la postura, etc. Estas señales pueden intensificar los conflictos porque amplifican emociones como el enojo, la frustración o la ansiedad. En cambio, cuando nos relacionamos a través de la tecnología, las señales sociales están limitadas o ausentes, lo que ayuda a que el conflicto sea menos intenso emocionalmente y más fácil de gestionar.

No todos vivimos las interacciones de igual manera

Otro aspecto fundamental a tener en cuenta es que las interacciones no afectan a todas las personas por igual. Factores individuales como la ansiedad social desempeñan un papel importante.

Las personas con mayor ansiedad social tienden a experimentar más dificultad en las situaciones sociales, pero esto no tiene por qué ser así en todos los casos. El contexto puede cambiar por completo la experiencia. Nuestra investigación demuestra que las personas con ansiedad social también pueden disfrutar de interacciones reconfortantes y beneficiosas, siempre y cuando estas se adapten a sus necesidades específicas. Por ejemplo, cuando socializan en grupos pequeños, interactúan con personas conocidas o se comunican a través de medios digitales. Estos contextos les ofrecen un mayor control y reducen la presión de la evaluación social, lo que facilita que las interacciones sean más positivas y menos agotadoras.

Todo esto indica que no existe una única forma “correcta” de socializar. Lo importante es encontrar el ajuste adecuado entre la persona y la situación.

Aprender a distinguir lo que nos hace bien

En un entorno saturado de estímulos sociales, desarrollar una mayor conciencia de nuestras interacciones diarias puede marcar la diferencia. Algunas preguntas útiles que podemos hacernos son: ¿he sido capaz de valorar a la otra persona durante esta interacción?, ¿me he sentido valorado por ella?, ¿realmente estoy conectando con alguien, o simplemente estoy ocupando el tiempo?

En este contexto, conviene recordar que estar solo no es lo mismo que sentirse solo. La evidencia demuestra que el tiempo sin interacciones sociales puede cumplir funciones importantes: permite recuperar energía, reflexionar y regular las emociones. De hecho, el bienestar diario depende en buena parte de cómo equilibramos nuestra necesidad de interacción con los momentos de desconexión social.

Porque, en definitiva, no se trata de estar más conectados, sino de conectar mejor.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Qué tipos de interacciones sociales nos hacen sentir menos solos? – https://theconversation.com/que-tipos-de-interacciones-sociales-nos-hacen-sentir-menos-solos-282624

Las barreras invisibles de la regularización de migrantes: el caso de las trabajadoras internas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Judith Muñoz Saavedra, Profesora Facultad Educación, Universitat de Barcelona

Pressmaster/Shutterstock

La regularización extraordinaria de personas migrantes ha sido promovida por organizaciones migrantes y colectivos feministas como una medida histórica de justicia social. Más allá del acceso a un permiso de residencia y trabajo, la iniciativa representa para muchas personas la posibilidad de salir de la invisibilidad administrativa y ejercer derechos básicos en condiciones de mayor seguridad.

Para las organizaciones feministas, además, esta regularización tiene una dimensión específica de justicia de género. Las mujeres migrantes se concentran en sectores especialmente precarizados, como el empleo doméstico y los cuidados. Según el informe Trabajo invisible y cuerpos rotos, este sector emplea a cerca de 565 000 personas en España, de las cuales el 87 % son mujeres y aproximadamente un 32 % trabaja en la economía informal.

En este contexto, la falta de documentación incrementa la dependencia económica, la exposición a abusos y las dificultades para acceder a la protección social.

Sin embargo, cuando faltan pocas semanas para el cierre del proceso de regularización, previsto para el 30 de junio, algunos datos invitan a preguntarse quiénes están logrando acceder y quiénes corren el riesgo de quedarse fuera. La asociación Mujeres Pa’lante, entidad de referencia en el acompañamiento a mujeres migrantes en Barcelona y L’Hospitalet, ha realizado hasta la fecha 6 185 atenciones vinculadas al proceso. De las personas atendidas, solo el 18,7 % corresponde a mujeres y apenas 70 son trabajadoras internas, una cifra que equivale a cerca del 1 % del total de atenciones.

Aunque estos datos son provisionales, resultan especialmente significativos porque proceden de una entidad especializada en acompañar mujeres migrantes. Según las profesionales de la asociación, estas cifras no reflejan una falta de interés por parte de las mujeres, y de las trabajadoras internas en particular, sino la existencia de barreras específicas que dificultan su acceso al proceso.

Falta de recursos para desplazarse e informarse

Las trabajadoras internas constituyen uno de los colectivos más invisibles dentro del mercado laboral español. Viven en el domicilio de la persona empleadora, disponen de escaso tiempo libre y, en muchos casos, carecen de recursos propios para informarse, desplazarse o realizar trámites administrativos. Su aislamiento dificulta el acceso a recursos comunitarios, servicios públicos y redes de apoyo.

Las investigaciones sobre migraciones y cuidados lleva décadas mostrando cómo las mujeres migrantes ocupan una posición central en las denominadas cadenas globales de cuidados. En España, una parte importante de la atención a personas mayores y dependientes descansa sobre su trabajo. Sin embargo, las trabajadoras internas continúan enfrentándose a condiciones laborales marcadas por la precariedad, la dependencia y un limitado reconocimiento social.

La situación resulta especialmente paradójica porque España ha avanzado en el reconocimiento de los derechos de las trabajadoras del hogar mediante la ratificación del Convenio 189 de la OIT, en vigor desde 2024. Este instrumento reconoce su derecho a condiciones laborales dignas, protección frente a abusos y acceso efectivo a derechos laborales y sociales.

La experiencia de las trabajadoras internas muestra, sin embargo, que el reconocimiento formal de derechos no siempre se traduce en posibilidades reales de ejercerlos. Tener derecho a regularizarse no significa necesariamente poder hacerlo. Cuando una persona depende del domicilio empleador para vivir, dispone de un único día libre a la semana o encuentra dificultades para empadronarse y desplazarse, cualquier trámite administrativo se convierte en un desafío adicional.

Adaptar mecanismos a sus condiciones de vida

Aquí emerge una paradoja que merece atención. Una medida diseñada para reducir la vulnerabilidad puede dejar fuera precisamente a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad si no incorpora una perspectiva interseccional y mecanismos adaptados a sus condiciones de vida.

Por eso, la cuestión no es únicamente cuántas personas lograrán regularizar su situación. También debemos preguntarnos quiénes están quedando fuera y qué obstáculos están limitando su acceso.

Si queremos que la regularización tenga un verdadero impacto en términos de igualdad y justicia de género, resulta necesario que la administración adopte medidas urgentes. No basta con publicar información en páginas web o difundir campañas generales. Es necesario desplegar estrategias capaces de llegar a las trabajadoras internas allí donde se encuentran.

Esto implica reforzar la colaboración con entidades comunitarias, habilitar dispositivos de atención en fines de semana, facilitar el acompañamiento presencial y desarrollar campañas dirigidas también a los hogares empleadores. Significa, en definitiva, reconocer que no todas las personas parten de las mismas condiciones para ejercer sus derechos.

Las cifras de Mujeres Pa’lante constituyen una señal de alerta. Cuando un colectivo tan relevante como las trabajadoras internas apenas está presente en el proceso, conviene preguntarse si el problema reside en las personas o en las barreras que dificultan el acceso a sus derechos.

La regularización extraordinaria representa una oportunidad histórica para avanzar hacia una sociedad más inclusiva. Pero si estas mujeres continúan encontrando obstáculos para acceder a la medida, corremos el riesgo de seguir dejando atrás a quienes nos cuidan.

The Conversation

Beatriz Cantero Riveros es miembro de Mujeres Pa’lante.

Judith Muñoz Saavedra no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las barreras invisibles de la regularización de migrantes: el caso de las trabajadoras internas – https://theconversation.com/las-barreras-invisibles-de-la-regularizacion-de-migrantes-el-caso-de-las-trabajadoras-internas-284794

Lo que revelan los tatuajes de los jugadores del Mundial sobre sus seres queridos, su vida y sus creencias religiosas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gustavo Morello, Professor of Sociology, Boston College

Los tatuajes en las piernas del centrocampista argentino Leandro Paredes. Marcelo Endelli/Getty Images

Con la Copa Mundial de la FIFA 2026 en juego, los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales se han llenado de imágenes de los jugadores. Muchas de ellas muestran sus tatuajes.

El arte corporal se ha ido integrando cada vez más en el fútbol internacional, aunque su prevalencia puede variar según la región geográfica. Una investigación sobre los deportistas que participaron en la Copa del Mundo de 2018 reveló que los jugadores latinoamericanos eran los que más tatuajes tenían, seguidos por los de Oceanía y Europa. Los jugadores africanos y asiáticos son los menos tatuados.

Llevo estudiando los tatuajes y sus funciones espirituales y religiosas desde 2018. Suponen una inversión de tiempo y dinero; suelen simbolizar algo importante en la vida de la persona. Para los deportistas profesionales, sin embargo, adquieren otro nivel de significado.

Estos deportistas operan en entornos controlados en los que lo que hacen y expresan con sus cuerpos está muy regulado. Un deportista no puede esquiar, montar en bicicleta, entrenar o tomarse vacaciones libremente sin tener en cuenta las obligaciones contractuales con las empresas y otros inversores. La mayoría de los profesionales que compiten en la Copa del Mundo también han firmado acuerdos de patrocinio que regulan lo que pueden publicar en sus redes sociales.

En este contexto, los tatuajes siguen siendo uno de los pocos espacios de libertad personal. Como hemos descubierto en una nueva investigación, quienes se los hacen están eligiendo revelar lo que es importante y sagrado para ellos.

Descifrando el código

Los sociólogos Sam Belkin y Dale Sheptak sostienen que los tatuajes suelen ser una forma de que los deportistas expresen su humanidad en entornos en los que pueden ser objeto de expectativas irreales o ser tratados como un activo. Belkin y Sheptak escriben que los tatuajes visibles son un tipo de “comunicación no verbal” que permite a los jugadores ser sinceros sobre sus sentimientos personales y lo que les importa.

Mis colegas y yo analizamos los tatuajes de la selección masculina argentina que ganó la última Copa del Mundo en Catar en 2022. Examinamos unas 200 fotografías y descubrimos que 20 de los 26 jugadores de la plantilla tenían un total de 226 tatuajes.

Se aprecia un gran tatuaje de un tigre en la espalda desnuda de uno de los futbolistas, mientras que el tatuaje del brazo de otro jugador se ve cuando levantan la mano derecha tras la victoria.
El argentino Rodrigo De Paul, a la izquierda, y Lionel Messi en el estadio Lusail de la ciudad de Lusail, Catar, el 9 de diciembre de 2022, con sus tatuajes a la vista.
Simon Bruty/Anychance/Getty Images

Analizamos los datos demográficos del equipo y los diseños y la ubicación de los dibujos en los cuerpos de los jugadores. También tuvimos en cuenta las entrevistas en las que algunos de ellos habían hablado de sus vidas y, en algunos casos, de las historias detrás de sus tatuajes. Al situar estas imágenes en el contexto más amplio de sus trayectorias profesionales y de la cultura religiosa y popular, pudimos comprender mejor lo que el arte corporal significaba para ellos.

La mayoría de los jugadores expresaban sus creencias religiosas en su piel: el 75 % de ellos –15 de 20– lucían figuras religiosas relacionadas con el catolicismo, como la Virgen María, Jesús y los santos. Algunos también tenían tatuajes de palomas asociadas al Espíritu Santo y de iglesias.

También observamos diversidad religiosa. Había tatuajes de Buda, santos populares y objetos espirituales. Un jugador tenía un tatuaje de un atrapasueños –un aro de sauce hecho a mano con una red tejida que se asemeja a una telaraña, que suele colgarse sobre la cama para ofrecer protección–; otro mosttraba la palabra “energía”.

El 75 % de los jugadores tenía tatuajes que representaban lo que habían logrado en sus carreras. Algunos de los símbolos que utilizaban eran trofeos, camisetas y números. Por lo general, los números que se tatuaban se correspondían con los números de las camisetas que vestían.




Leer más:
¿Por qué nos tatuamos?


El 80 % –16 jugadores– lucía dibujos que representaban lo que amaban. Estos tatuajes incluyen diseños de números –normalmente las fechas de nacimiento de sus hijos–, nombres de seres queridos o los ojos o los labios de su pareja.

Algunos hacían referencia a su familia extensa, incluyendo a padres, abuelos, personas que les ayudaron a criarse e incluso mascotas.

La ubicación también era importante. Alrededor del 60 % de los tatuajes se encontraban en los brazos y la cabeza, lugares que eran fácilmente visibles cuando jugaban en el campo.

Pero el diseño también determinaba su ubicación: los símbolos religiosos solían colocarse en todo el hombro o el bíceps, o en la parte superior o inferior de la pierna. Los tatuajes relacionados con la carrera profesional solían situarse en la pierna dominante del jugador. Los de animales solían colocarse en la espalda, y no eran visibles durante los partidos.

No todos los tatuajes son iguales

Muchos estudiosos del fútbol han examinado su relación con la política y han explorado cómo se ha manifestado en este deporte. Diego Maradona, por ejemplo, se tatuó al revolucionario marxista y líder guerrillero argentino Che Guevara en el brazo derecho y al revolucionario cubano Fidel Castro en la pantorrilla, expresando así su visión política revolucionaria. Nuestro equipo de investigación no encontró tatuajes políticos entre los jugadores actuales.

El género también es importante en este ámbito. Las jugadoras suelen ser objeto de un mayor escrutinio que sus homólogos masculinos. Cuando la capitana de la selección femenina de Argentina, Yamila Rodríguez, reveló sus tatuajes de Cristiano Ronaldo, se enfrentó a intensas críticas por parte de los aficionados y los medios de comunicación por haber elegido a la superestrella portuguesa en lugar del argentino Lionel Messi para su tatuaje. La experiencia de Rodríguez pone de relieve que los cuerpos de las mujeres son objeto de juicios personales de una forma que no ocurre con los de los hombres.




Leer más:
Llorar es cosa de hombres, pero solo en el estadio: el Mundial de fútbol como escuela de emociones


Las piernas de cuatro jugadores en un campo de fútbol, dos de ellas cubiertas de tatuajes.
Un tatuaje del jugador portugués Cristiano Ronaldo en la pierna de la capitana de la selección femenina de Argentina, Yamila Rodríguez, antes de un partido contra Uruguay en Montevideo, Uruguay, el 28 de octubre de 2025.
Eitan Abramovich/AFP vía Getty Images

Este Mundial, con su alcance global sin precedentes, ofrece una oportunidad única para observar los valores, las creencias y las relaciones que los jugadores eligen mostrar en sus cuerpos. En cierto modo, los tatuajes pueden verse como una pequeña ventana a su alma.

The Conversation

Gustavo Morello no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Lo que revelan los tatuajes de los jugadores del Mundial sobre sus seres queridos, su vida y sus creencias religiosas – https://theconversation.com/lo-que-revelan-los-tatuajes-de-los-jugadores-del-mundial-sobre-sus-seres-queridos-su-vida-y-sus-creencias-religiosas-285304

El idioma “virus” existe: cómo se comunican entre sí para infectar bacterias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Marina Moreno, Chair professor, Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV – CSIC)

Virus bacteriófagos (en azul) infectando a una bacteria. Lightspring/Shutterstock

Durante mucho tiempo, los virus han sido vistos como entes simples y egoístas: partículas inertes que solo “despiertan” al invadir una célula, a la que convierten en una fábrica de copias de sí mismos antes de destruirla. Esta visión es tan influyente que, a día de hoy, el consenso mayoritario es que los virus no pueden considerarse realmente seres vivos. Sin embargo, ciertas observaciones sobre el comportamiento de bacteriófagos o fagos, los virus que infectan bacterias, hacen que esa imagen pueda quedarse obsoleta.

Investigaciones recientes han demostrado que estos virus no actúan siempre de forma individual ni automática, sino que pueden comunicarse entre sí y tomar decisiones colectivas. Lo más sorprendente es que, en algunos casos, esa comunicación ocurre incluso entre virus que infectan bacterias de especies distintas.

Este hallazgo no solo tiene profundas implicaciones para la ecología microbiana, la evolución de los virus y el desarrollo de nuevas estrategias para combatir bacterias resistentes a antibióticos, sino que confiere capacidades “sociales” a estos entes biológicos.

Grupo de bacteriófagos de cola infectando una bacteria.
Graham Beards / Wikimedia Commons., CC BY-SA

Los organismos más abundantes del planeta

Aunque suelen pasar desapercibidos, los bacteriófagos son los organismos más abundantes de la Tierra. Se estima que existen alrededor de 10³¹ partículas virales en la biosfera, una cifra que supera en diez veces el número total de bacterias.

Cada día, infectan y destruyen enormes cantidades de bacterias en los océanos, los suelos y también en nuestro propio cuerpo. Cuando un fago infecta uno de estos microorganismos, puede seguir dos rutas principales: el ciclo lítico y el ciclo lisogénico.

En el ciclo lítico, el virus se replica rápidamente y acaba destruyendo la célula bacteriana, mientras libera nuevas partículas virales. En el ciclo lisogénico, en cambio, el genoma del fago se integra en el de la bacteria y permanece latente, replicándose discretamente junto con ella durante generaciones.

Durante décadas, se pensó que esta “elección” dependía únicamente del estado interno de la bacteria o del azar. Hoy sabemos que, al menos en algunos fagos, esa decisión puede ser influida por señales producidas por otros virus.

Un lenguaje químico entre virus

En 2017, un estudio mostró que algunos bacteriófagos utilizan un sistema de comunicación molecular para evaluar su entorno. Este sistema, denominado arbitrium (que en latín significa “decisión”), les permite saber cuántas infecciones han ocurrido recientemente en una población bacteriana.

El mecanismo es sorprendentemente sencillo. Cuando un fago infecta una bacteria, induce la producción de un pequeño péptido (proteína de entre 5 y 10 aminoácidos) que se libera al medio. A medida que más bacterias son infectadas, la concentración de ese péptido aumenta. Los fagos que llegan después “leen” esa señal química y, en función de su nivel, deciden si conviene seguir destruyendo bacterias o pasar a un estado latente.

En otras palabras, los fagos no actúan a ciegas: recogen información del entorno (más péptido implica que ha habido más infecciones y, por lo tanto, menos posibilidades de encontrar bacterias receptoras) y ajustan su comportamiento en consecuencia.

Virus con comportamientos colectivos

Lo que hace este fenómeno aún más fascinante es que la comunicación no siempre se limita a fagos idénticos como se propuso inicialmente. Investigaciones posteriores desarrolladas en nuestros laboratorios han mostrado que algunos péptidos de arbitrium pueden ser reconocidos por fagos emparentados, pero que infectan especies bacterianas distintas. Ello permite una forma de comunicación entre virus diferentes que comparten el mismo nicho ecológico.

Esto significa que un fago puede tomar decisiones basándose no solo en la presencia de sus propios “parientes”, sino también en la actividad de otros virus competidores o cooperadores. Así, en lugar de actuar como entidades aisladas, parecen formar parte de redes de comunicación viral que reflejan la presión global sobre una comunidad bacteriana.

Desde un punto de vista evolutivo, esta capacidad tiene todo el sentido. Si muchos virus (aunque no sean idénticos) están infectando bacterias cercanas, seguir destruyendo indiscriminadamente al huésped puede agotar el recurso disponible. Optar por la latencia puede ser, en ese contexto, una estrategia más eficiente de supervivencia a largo plazo.

Este tipo de comportamiento es idéntico a los sistemas de quorum sensing o –percepción de cuórum– que utilizan muchas bacterias y otros organismos para coordinar acciones en función de la densidad poblacional. Sin embargo, encontrar algo similar en virus resulta especialmente llamativo, ya que tradicionalmente se pensaba que carecían de la capacidad para “tomar decisiones”.

Una nueva mirada sobre los virus

Que los fagos intercambien información, incluso entre especies distintas, desafía la idea de los virus como simples programas genéticos que se ejecutan sin control. En su lugar, empezamos a verlos como agentes capaces de percibir su entorno, integrar señales y modular su estrategia replicativa más allá del individuo.

Es decir, lejos de ser meros actores pasivos, los bacteriófagos emergen como entidades con sorprendentes capacidades sociales que les permiten comunicarse, coordinarse y adaptarse colectivamente. Que puedan hacerlo incluso cruzando las fronteras entre especies añade una complejidad inesperada a nuestro entendimiento del mundo viral.

Este cambio de perspectiva nos recuerda algo fundamental: hasta en los sistemas aparentemente más simples de la biosfera, la comunicación importa. A veces, los organismos más silenciosos tienen las conversaciones más interesantes (y a veces, quienes menos esperamos que “hablen” tienen mucho que decir).

Implicaciones más allá del laboratorio

Estos descubrimientos no son solo una curiosidad científica. La comunicación entre fagos influye en la dinámica de las poblaciones bacterianas y, por tanto, en procesos ecológicos clave como los ciclos del carbono y del nitrógeno.

Además, tiene implicaciones importantes para la terapia con fagos, una alternativa prometedora frente a las bacterias resistentes a antibióticos. Comprender cómo y cuándo esos virus deciden destruir bacterias o permanecer latentes podría ayudar a diseñar tratamientos médicos o procesos biotecnológicos más predecibles y seguros.

Mientras, a los científicos nos obliga a replantearnos cómo entendemos la “inteligencia” y la toma de decisiones en sistemas biológicos aparentemente simples.

The Conversation

Alberto marina Moreno recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2022-137201NB-I00), Generalitat Valencia (CIPROM/2023/30) y Comunidad Económica Europea (TalkingPhages-101118890) a través de convocatorias publicas competitivas. El es miembro de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular, de la Sociedad Española de Microbiología, la Red FAGOMA e INPEC.

ref. El idioma “virus” existe: cómo se comunican entre sí para infectar bacterias – https://theconversation.com/el-idioma-virus-existe-como-se-comunican-entre-si-para-infectar-bacterias-284885

Por qué la reapertura del estrecho de Ormuz amenaza la transición energética europea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Alrededor del 20% del petróleo y el 20% del gas natural licuado mundial circulan por el estrecho de Ormuz. Somkanae sawatdinak/Shutterstock

El 14 de junio de 2026, Estados Unidos e Irán firmaron un memorando de entendimiento que promete despejar el estrecho de Ormuz. Los mercados lo celebraron de inmediato: el precio del petróleo cayó, el gas licuado se abarató y los titulares anunciaron alivio para las facturas. Todo parecen buenas noticias. El problema es que, en política energética, las buenas noticias a corto plazo son con frecuencia malas noticias a largo plazo.

Por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente el 20 % del petróleo mundial y alrededor del 20 % del comercio global de gas natural licuado (GNL). Cuando las tensiones con Irán escalaron a partir de marzo de 2026 y el tráfico se contrajo de forma severa, ese dato dejó de ser una abstracción estadística y se convirtió en precios de la energía disparados, y, por ende, en costes industriales más altos y en facturas domésticas que apretaron los presupuestos familiares de Cádiz a Tallin.

Las consecuencias para España fueron relativamente limitadas: apenas el 2 % de su gas transita por ese estrecho, y su suministro descansa sobre Argelia –que sostuvo el 33 % del total en 2026– y sobre Estados Unidos, por vía marítima.

En el suministro físico, España hizo los deberes; en la transición estructural, queda trabajo pendiente: el gas y el petróleo cotizan en mercados globales: cuando Ormuz tose, el recibo de la luz estornuda en Parla, en Sevilla y en Bruselas por igual.

La UE sigue recurriendo al gas natural licuado

Durante los meses de tensión, la Unión Europea reaccionó con una velocidad sorprendente. Las aprobaciones de parques solares se aceleraron, las licitaciones eólicas aumentaron y varios Estados miembros adelantaron compromisos de electrificación industrial. Eso es real y merece reconocimiento.

Sin embargo, si se mira dónde fue la mayor parte del gasto energético de emergencia, la foto es menos alentadora. El paquete AccelerateEU – Energy Union, presentado por la Comisión Europea en abril de este año, reconoció un gasto adicional de 24 000 millones de euros en combustibles fósiles desde el inicio de la crisis.

Según estimaciones derivadas del informe, la gran mayoría de ese gasto se destinó a sustituir el GNL del golfo Pérsico por GNL de otros orígenes –Estados Unidos, Catar, Australia– y no a electrificación estructural. Europa pagó una enorme cantidad de dinero para seguir dependiendo del gas, solo que de otros vendedores y a precios de mercado elevados por la escasez global. Cambiar de proveedor no es lo mismo que cambiar de modelo.




Leer más:
Cómo ha cambiado el mercado del petróleo y el gas tras 100 días de cierre del estrecho de Ormuz


Si el petróleo es barato, la transición energética se ralentiza

La presión política para acelerar la transición energética no viene de los discursos climáticos ni de los acuerdos internacionales. Viene, principalmente, del precio de la energía en el momento en que el ciudadano paga su factura. Cuando la energía duele en el bolsillo, los gobiernos actúan. Cuando resulta barata, la urgencia se evapora.

Los incentivos políticos para invertir en renovables, reformar los mercados eléctricos o aislar térmicamente los edificios son mucho más débiles cuando el barril cotiza a 70 dólares que cuando lo hace a 110. La reapertura de Ormuz no elimina el riesgo geopolítico estructural –Irán seguirá siendo Irán, el estrecho seguirá existiendo–, pero sí elimina la percepción inmediata de ese riesgo, que es exactamente lo que mueve las decisiones presupuestarias y legislativas.

La historia respalda esta lógica. Tras el shock petrolero de 1973, los países industrializados lanzaron ambiciosos programas de eficiencia energética y diversificación. Cuando los precios cayeron en los años ochenta, la mayor parte de esos programas se abandonó silenciosamente. Europa llegó a 2022 con una dependencia del gas ruso que ningún análisis de riesgo serio habría aceptado.




Leer más:
La dependencia energética, el talón de Aquiles de Europa


La literatura académica documenta este patrón de forma sistemática: las políticas energéticas se desmantelan más fácilmente cuando desaparece la relevancia del problema para el ciudadano. El ciclo amenaza con repetirse.

La ventana de oportunidad no se abre cuando la energía es cara. Se abre cuando todavía duele el recuerdo de que lo fue y la presión política sigue activa. Ese es exactamente el momento en que nos encontramos hoy.

El destino está claro, pero la velocidad es variable

Hay un punto de partida jurídico sólido: en diciembre de 2025, el Parlamento Europeo y el Consejo alcanzaron un acuerdo sobre la Ley Europea del Clima, que fija legalmente el objetivo de reducir las emisiones netas en un 90 % para 2040.

Ese objetivo final es vinculante y no está en discusión. Lo que sí depende de la voluntad política de cada ciclo presupuestario es todo lo que hay entre hoy y ese horizonte: la velocidad de transposición de la Directiva de Energías Renovables, los fondos asignados cada año a electrificación industrial, la agilidad en la concesión de permisos para renovables, el ritmo de reforma de las redes de distribución. Son instrumentos de ejecución discrecionales, y es precisamente ahí donde la caída del precio del petróleo hace daño: no borra el objetivo, pero sí enfría la urgencia de los pasos intermedios que permiten alcanzarlo.




Leer más:
La guerra en Irán marca el precio de la factura energética global y muestra a Europa el camino hacia la transición energética


Tres medidas concretas podrían reforzar ese blindaje:

  • La primera medida es respetar y ejecutar los plazos legales de la Ley Europea del Clima y la Directiva de Energías Renovables (RED III), cuya transposición completa sigue pendiente en varios Estados miembros, entre ellos España: un objetivo legalmente vinculante no puede quedar supeditado a la voluntad política del momento.

  • La segunda es crear mecanismos de financiación anticíclicos –fondos que se nutren cuando los precios fósiles son altos e invierten en transición precisamente cuando bajan–, un papel que el Pacto de Industria Limpia podría asumir si se eleva de comunicación política a reglamento vinculante.

  • La tercera es anclar la narrativa pública de la transición energética al riesgo estructural de largo plazo –no al precio del barril de cada temporada–, de modo que la visibilidad política del problema no desaparezca con cada alivio coyuntural.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué la reapertura del estrecho de Ormuz amenaza la transición energética europea – https://theconversation.com/por-que-la-reapertura-del-estrecho-de-ormuz-amenaza-la-transicion-energetica-europea-285386

La sardinilla capturada de forma artesanal, un manjar tan saludable como sostenible

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gumersindo Feijoo Costa, Catedrático de Ingeniería Química. Centro de Investigación Interdisciplinar en Tecnologías Ambientales – CRETUS, Universidade de Santiago de Compostela

Acuarela de unas sardinas. Joan Rieradevall

El refranero gallego es muy prolífico para con la sardina y, de forma específica, con la sardina pequeña (denominada “xouba” o “parrocha” en gallego). Uno de los refranes más populares en Galicia ya apela a la calidad gastronómica de este pescado azul, señalando que las piezas de menor tamaño son más sabrosas y apreciadas: “A sardiña e a xouba, canto máis pequena, máis louba” (“la sardina y la sardinilla, cuanto más pequeña, más se alaba”.

No es casualidad que estas sardinas, tanto en fresco como en conserva, hayan sido ensalzadas por escritores (Julio Camba, Álvaro Cunqueiro, Emilia Pardo Bazán o Camilo José Cela), periodistas (Carlos Herrera o Pepe Domingo Castaño) y cocineros (Gordon Ramsay, José Andrés o Lucía Freitas).

Portada del cómic Asterix en lusitania.
Portada del cómic Asterix en Lusitania.
Asterix.com

Ya en el Imperio romano la captura de sardina fue una actividad pesquera fundamental, orientada principalmente a la elaboración del garum, una salsa de pescado fermentada muy apreciada por los patricios romanos.

A nivel divulgativo este hecho quedó bien reflejado en el cómic de Astérix en Lusitania, publicado en 2025. Para la captura de la sardina se utilizaban redes de enmalle, redes de cerco y nasas de mimbre en zonas costeras. Las sardinas saladas y las salsas derivadas se almacenaban y transportaban en ánforas selladas por todo el Mediterráneo.

La sardina pequeña: nutritiva y funcional

Existe actualmente una gran tendencia a buscar alimentos funcionales para su incorporación a las dietas; esto es, aquellos alimentos que además de su valor nutricional tradicional contienen componentes biológicamente activos que ofrecen beneficios específicos para la salud.

La sardina cumple todas estas características para entrar en el pódium
de los alimentos funcionales. Así, es una fuente portentosa del ácido graso omega-3, un compuesto clave por su actividad biológica, por ejemplo, a nivel estructural (es un componente de las membranas celulares), metabólica (reduce la formación de triglicéridos en el hígado) y cardiovascular (mejora la función de los vasos sanguíneos y disminuye la formación de coágulos). También es una fuente de minerales como el yodo y el hierro (actúan en la formación de hemoglobina y la regulación tiroidea), el calcio (es clave en la estructura ósea, o en su forma iónica, Ca⁺², participa en múltiples reacciones metabólicas como mensajero intracelular) y el selenio (con actividad antioxidante).




Leer más:
Los numerosos beneficios para la salud que nos ofrece el pescado a un bajo coste climático


Un esquema con la composición nutricional de la sardina y su nombre en diferentes idiomas
La sardina es uno de los pescados azules claves en las dietas atlántica y mediterránea.
Gumersindo Feijoo a partir de datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, CC BY

El arte de pesca “xeito

El xeito es un arte de pesca tradicional gallego que consiste en un enmalle de deriva que está constituido por una red rectangular (dividida en “paños”) extendida entre dos cabos o trallas: uno superior, con boyas, que permite regular la profundidad de la red; y otro inferior, con plomos, que permite que los paños estén completamente extendidos.

Un elemento característico de este arte de pesca es que la red debe permanecer siempre atada al barco. La captura se produce cuando el pescado trata de cruzar la red, quedando atrapado en la malla.

Se trata de un método utilizado por los barcos pequeños –de entre 5 y 10 metros de eslora– que, en Galicia, trabajan fundamentalmente dentro de las rías. Es una técnica muy selectiva, tanto por la malla como por la baja resistencia mecánica de la red, por lo que solamente quedan atrapadas la sardina, el boquerón y el jurel. El resto escapa fácilmente atravesando la malla o rompiendo la red.

Hay que aclarar que se trata de sardinas pequeñas, pero que entran dentro del tamaño mínimo legal de este pescado (Sardina pilchardus) en España y el resto de la Unión Europea, que se sitúa en 11 centímetros. La pesca con el xeito es muy selectiva, por el tamaño de la malla, y no se coge nada de menor tamaño.

Además, la sardina pequeña capturada con el arte de xeito en Galicia tiene un límite de cuota que la Xunta revisa para garantizar el control del stock y evitar el agotamiento prematuro del caladero. Este 2026 está en un tope de 80 kilogramos por tripulante a bordo y 80 kilogramos adicionales por embarcación y día.




Leer más:
Cuidar la salud y el medio ambiente: dos razones para incluir pescado azul en nuestra dieta


Esquema que muestra un barco al que está unido una red que cae hasta el fondo del mar
Esquema del arte de pesca xeito.
Gumersindo Feijoo

Impacto ambiental

La técnica artesanal del xeito es tremendamente respetuosa con el medio ambiente: no tiene descartes, esto es, no se captura nada que se devuelva al mar, vivo o muerto, por no ser comercialmente viable o por regulaciones normativas.

Su huella de carbono es muy baja, con valores aproximados de 105 g de CO₂ equivalente para una ración de 125 g de xouba. Es aproximadamente lo que emite un solo coche de gasolina o diésel de bajas emisiones al recorrer 1 km. El impacto se debe fundamentalmente al consumo de combustible del barco en el trayecto puerto-caladero-puerto.

Por otro lado, su huella hídrica es insignificante: el consumo directo o indirecto de agua es prácticamente nulo.

La xouba capturada mediante el xeito es un manjar sostenible al alcance de todos, que ayuda a una armonía saludable entre el hombre y el océano, fruto de una tradición y soberanía alimentaria de los pueblos costeros.

The Conversation

Gumersindo Feijoo Costa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La sardinilla capturada de forma artesanal, un manjar tan saludable como sostenible – https://theconversation.com/la-sardinilla-capturada-de-forma-artesanal-un-manjar-tan-saludable-como-sostenible-285390