¿Puede una bebida deportiva casera ser tan efectiva como una comercial?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Pérez-López, Profesor Titular de Universidad. Ejercicio físico, Nutrición y Metabolismo, Universidad de Alcalá

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En carreras populares, entrenamientos de ciclismo y partidos de cualquier deporte bajo el sol, puede observarse una escena habitual. Alguien abre una botella fluorescente y bebe de ella para hidratarse mientras se recupera del esfuerzo. Sin embargo, cada vez son más las personas que plantean una alternativa a estas bebidas deportivas comerciales: prepararla en casa con agua, zumo de fruta y una pizca de sal.

Ante esta situación, la pregunta surge: ¿realmente necesitamos una bebida deportiva comercial para rendir mejor o es posible obtener beneficios similares con una preparación casera? Ni la primera es mágica, ni el zumo con sal que preparamos nosotros es siempre suficiente. La clave está en un pequeño transportador que trabaja en nuestro intestino.

La ciencia de la hidratación deportiva muestra que lo importante no es tanto la marca, sino la fisiología que hay detrás de la formulación.

Qué hace realmente una bebida deportiva

Una bebida deportiva no es simplemente agua con sabor. Está diseñada para cumplir tres funciones clave durante el ejercicio prolongado o intenso:

  1. Rehidratar, compensando la pérdida de líquidos por el sudor.

  2. Reponer electrolitos, especialmente sodio.

  3. Aportar energía, principalmente en forma de carbohidratos.

Las recomendaciones fisiológicas más citadas para actividades prolongadas sugieren que una bebida eficaz debería contener aproximadamente:

• Entre 5 y 10 % de carbohidratos.

• Entre 20 y 30 mmol/L de sodio.

• Entre 2 y 5 mmol/L de potasio.

Estas proporciones no son arbitrarias. Están pensadas para favorecer la absorción intestinal de agua y nutrientes y evitar tanto la deshidratación como la saturación digestiva.

Qué ocurre en el cuerpo durante el ejercicio

Cuando realizamos ejercicio físico intenso o prolongado ocurren tres procesos importantes. Por un lado, perdemos agua a través del sudor, pero también perdemos electrolitos, sobre todo sodio. Además consumimos glucógeno muscular, una de las principales reservas de energía rápida.

Si estas pérdidas no se compensan puede aparecer la fatiga de manera prematura, disminuir el rendimiento, experimentar calambres o mayor estrés cardiovascular.

Por ello, las bebidas deportivas combinan líquidos, electrolitos y carbohidratos. De este modo intentan restaurar simultáneamente estos tres componentes.

El secreto está en el intestino

Parte clave de la eficacia de estas bebidas tiene que ver con algo que ocurre en el intestino delgado. Allí existe un mecanismo llamado cotransportador sodio-glucosa (SGLT1), que transporta al mismo tiempo sodio y glucosa hacia el interior del organismo. Al hacerlo, arrastra agua con ellos. En otras palabras, la presencia conjunta de sodio y glucosa facilita una absorción de líquidos más rápida y eficiente.

Este principio fisiológico explica por qué muchas bebidas deportivas contienen simultáneamente carbohidratos y sodio. La combinación favorece la rehidratación y ayuda a mantener el equilibrio de líquidos durante el ejercicio físico intenso o prolongado.

Sin embargo, la absorción intestinal de carbohidratos no depende únicamente de este mecanismo. En el intestino también existen otros transportadores, como GLUT5, que permiten absorber fructosa, y GLUT2, implicado en el transporte de distintos azúcares hacia la sangre.

Gracias a la participación de varios transportadores, el intestino puede absorber cantidades relativamente elevadas de carbohidratos cuando se combinan diferentes tipos de azúcares. Por esta razón muchas bebidas deportivas modernas utilizan mezclas de glucosa, fructosa o maltodextrina.

Gran parte de las bebidas comerciales están formuladas según este principio fisiológico. En la práctica las bebidas diseñadas para ejercicio físico intenso o prolongado suelen contener entre 30 y 80 g de carbohidratos por litro (entre un 3 y un 8 %) y alrededor de entre 0,5 y 0,7 g de sodio por litro. Se trata de concentraciones que favorecen la absorción intestinal sin provocar molestias digestivas.

¿Qué dice la evidencia sobre las bebidas caseras?

Durante décadas, atletas, entrenadores y dietistas-nutricionistas han preparado bebidas caseras para intentar aproximarse a estas recomendaciones. Una receta típica es la que incluye 1 litro de agua, 60 gramos de azúcar o miel, ¼ de cucharadita de sal y zumo de fruta, para mejorar el sabor. Es decir, una combinación de agua, carbohidratos y sodio.

Sin embargo, algunos estudios sugieren que la precisión de la fórmula importa. En una investigación en la que se comparó una bebida deportiva comercial y una bebida popular y casera alemana llamada Apfelschorle (compuesta por agua con gas mezclada con zumo de manzana), la bebida casera se comportó de forma similar al agua en términos de rehidratación. Pero fue menos eficaz que la bebida deportiva comercial.

Esto se explica porque la Apfelschorle contiene principalmente fructosa –un azúcar que no activa el cotransportador SGLT1– y muy poco sodio. Esto demuestra que no basta con añadir zumo: la proporción exacta de carbohidratos y sodio influye en la absorción y en el rendimiento.

Más allá de la fórmula básica

Las bebidas comerciales modernas suelen incorporar elementos adicionales que pueden influir en su eficacia como aminóacidos y electrolitos, cafeína y otros estimulantes que mejoran el rendimiento. Ademas, su eficacia depende del tipo de carbohidratos (glucosa, fructosa, maltodextrina) y de su sabor y palatabilidad, ya que estos determinan cuánto se bebe voluntariamente.

Además, hay que tener en cuenta que las bebidas industriales se producen bajo estándares de seguridad alimentaria. En cambio, las bebidas caseras con azúcar pueden favorecer el crecimiento microbiano si se almacenan durante horas en ambientes calurosos o sin refrigeración.

El contexto lo cambia todo

No todos los tipos de ejercicio y entrenamiento requieren la misma estrategia de hidratación. De manera muy resumida y centrados en la duración de la actividad, podríamos establecer lo siguiente:

• Para menos de 60 minutos, el agua suele ser suficiente.

• Entre 60 y 120 minutos, los carbohidratos empiezan a ser útiles.

• Si se superan las 2 horas, la reposición precisa de carbohidratos y sodio se vuelve crítica.

También influyen otros factores como la temperatura ambiental, la tasa individual de sudoración, la adaptación al calor o el estado de hidratación previo.

De ahí la importancia de personalizar la hidratación deportiva.

Entonces, ¿merece la pena preparar una bebida casera o utilizo una bebida comercial?

La evidencia sugiere que una bebida casera bien formulada puede ofrecer beneficios similares a los de una comercial, siempre que contenga proporciones adecuadas de agua, carbohidratos y sodio.

Sin embargo, las bebidas comerciales presentan algunas ventajas: mayor precisión en la composición, pruebas experimentales más extensas y mayor estabilidad microbiológica.

Cómo hacer una bebida casera efectiva (si decide optar por ella)

Para que nuestra preparación casera sea realmente útil hay que tener en cuenta estos puntos:

  1. Las proporciones importan. Una fórmula de partida probada es: 1 litro de agua, entre 30 y 60 g de azúcar (según la duración del ejercicio) y entre 1 y 2 g de sal (aproximadamente ⅓ de cucharadita de postre). Esto da una concentración de carbohidratos de entre el 3 y el 6 % y unos entre 400 y 800 mg de sodio por litro. Es un rango similar al de muchas bebidas comerciales.

  2. Ojo con el zumo. Añadir zumo de fruta mejora el sabor, pero también aporta azúcares adicionales (principalmente fructosa). Si lo usamos hay que ajustar la cantidad de azúcar añadido para no superar el 8 % de carbohidratos totales. Concentraciones más altas pueden ralentizar la absorción de agua.

  3. La seguridad también cuenta. Las bebidas con azúcar son un medio de cultivo para bacterias. Es importante consumirlas en las 2 o 3 horas posteriores a su preparación o mantenlas refrigeradas. En competiciones largas con temperaturas elevadas hay que valorar si la comodidad y seguridad de una bebida comercial pueden ser una ventaja.

  4. Debemos entrenar también la hidratación. Igual que preparamos el cuerpo para la competición, pruebe la bebida casera en entrenamientos previos. El intestino también necesita adaptarse, y lo que funciona en reposo puede no sentar bien durante el ejercicio intenso o prolongado.

Cuando comprendemos cómo funciona el cuerpo podemos diseñar estrategias inteligentes, ya sea con una bebida comercial o con una mezcla casera bien calculada.

La fisiología no entiende de marcas. Una bebida casera bien formulada puede ser tan efectiva como una comercial. Pero mientras que la comercial ofrece precisión y comodidad, la casera exige entender nuestro cuerpo, medir los ingredientes y, sobre todo, entrenar también la estrategia de hidratación.

The Conversation

Alberto Pérez-López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Cómo conseguimos volar una cometa (y qué tiene eso que ver con los aviones)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Hoyas Calvo, Catedrático de Ingeniería Aeroespacial, Universitat Politècnica de València

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Casi todos hemos visto alguna vez una cometa volar, ya sea en una playa, en un parque o en una tarde de viento. Parece un simple juguete, pero detrás de esa imagen familiar hay una historia mucho más larga de lo que podría parecer.

Las cometas surgieron en China hace más de dos mil años, donde se utilizaron con fines militares y científicos antes de convertirse también en una forma de entretenimiento. Siglos después, figuras como Benjamin Franklin las emplearon para estudiar la electricidad y los fenómenos atmosféricos, en uno de los experimentos más conocidos de la historia.

Cometas para generar electricidad, impulsar barcos… y jugar

Hoy, lejos de haber quedado como una curiosidad del pasado, están encontrando nuevas aplicaciones. Se investiga cómo utilizar grandes cometas que vuelan a cientos de metros de altura para generar electricidad, y también cómo pueden ayudar a impulsar barcos aprovechando vientos más intensos y constantes en capas altas de la atmósfera.

Y, por supuesto, seguimos utilizándolas para algo mucho más simple: jugar. Basta acercarse a una playa en un día de viento para ver esta evolución en acción: niños corriendo con pequeñas cometas, deportistas deslizándose sobre el agua en kitesurf y, en ocasiones, grandes estructuras de tela que parecen criaturas suspendidas en el cielo durante exhibiciones.

El equilibrio de las fuerzas

Pero, más allá de su historia, hay una pregunta que sigue despertando curiosidad: ¿por qué vuela una cometa?

Una cometa se suspende en el aire gracias a un equilibrio de fuerzas. Por un lado, su peso tira hacia abajo. Por otro, el aire, al chocar con su superficie, genera una fuerza que no actúa en una única dirección, sino que puede descomponerse en dos: una componente vertical, la sustentación, que empuja hacia arriba, y otra horizontal, que tiende a arrastrar la cometa en la dirección del viento.

La cuerda que sujetamos juega un papel fundamental, ya que compensa esa fuerza horizontal y transmite parte de las fuerzas hacia nosotros, fijando la posición de la cometa en el aire. Cuando todo está bien ajustado, estas fuerzas se equilibran y la cometa se mantiene volando. No está completamente quieta, pero tampoco cae: se encuentra en un equilibrio dinámico que depende del viento y de cómo la controlamos.

El verdadero reto: estabilizarla en el aire

Sin embargo, que una cometa suba no es lo más difícil. El verdadero reto es que sea estable.

Si alguna vez ha sacado la mano por la ventanilla de un coche, habrá notado algo curioso: según cómo la incline, el aire puede empujarla hacia arriba, hacia abajo o hacer que gire. Además, seguro que nota que esa corriente no es estable, sino que cambia: aparecen las temidas turbulencias. Con las cometas ocurre exactamente lo mismo. No es solo cuestión de que el viento empuje, sino de cómo lo hace.

Para que una cometa vuele bien, todas las fuerzas tienen que estar en equilibrio: el viento empuja, el peso tira hacia abajo y la cuerda mantiene todo “conectado” con nosotros. Cuando ese equilibrio es correcto, la cometa se queda tranquila en el cielo. Pero si algo se desajusta, empieza a girar, a perder estabilidad… o simplemente cae.

El papel de la cola de la cometa

Aquí entra en juego un elemento que todos hemos visto, pero pocas veces nos preguntamos para qué sirve: la cola. Esa tira de tela que cuelga por detrás no está ahí solo para decorar. Su función es ayudar a que la cometa se mantenga correctamente orientada frente al viento, actuando como un pequeño estabilizador.

También es clave el punto donde se ata la cuerda. Un pequeño cambio en esa posición modifica el ángulo con el que la cometa recibe el viento. Si el ángulo es el adecuado, sube con facilidad; si no lo es, puede volverse inestable o perder la capacidad de volar.

Los modelos con dos cuerdas permiten un grado de control mucho mayor. Al manejar cada lado por separado, es posible modificar las fuerzas que actúan en la cometa, haciendo que gire, se incline o cambie de dirección.

Este desequilibrio controlado entre ambos lados es lo que permite realizar acrobacias, desde giros suaves hasta maniobras rápidas, de forma similar a cómo un avión utiliza sus superficies de control.

La ciencia de las cometas gigantes

En el caso de las cometas de gran tamaño, el desafío es distinto. No se trata solo de generar fuerza, sino de hacerlo de manera estable y predecible. Para ello, su diseño requiere un estudio cuidadoso de la aerodinámica, buscando que el aire fluya de forma ordenada y que la cometa mantenga su forma y orientación incluso en condiciones de viento cambiantes.

Sin embargo, el aire rara vez es completamente dócil. La turbulencia, los remolinos y los pequeños vórtices que se forman a su alrededor hacen que la cometa vibre, se tense y se relaje en un movimiento continuo.

Hay algo casi hipnótico en observar estas grandes superficies ondular en el cielo, como si el viento dibujara sobre ellas. Detrás de esa belleza hay una interacción compleja que todavía no comprendemos del todo, y que sigue desafiando a la física y a la ingeniería.

Muy cerca de los aviones

Y aquí aparece una conexión fascinante. El problema que resuelve una cometa, cómo mantenerse en el aire de forma estable, es exactamente el mismo que tuvieron que afrontar los pioneros de la aviación. Los primeros planeadores de los hermanos Wright pueden entenderse, en cierto modo, como cometas sofisticadas que, en lugar de estar atadas al suelo, eran controladas directamente por el piloto. Añadir un motor fue solo el siguiente paso.

Quizá por eso las cometas siguen llamándonos la atención: por la forma en que se mueven y parecen cobrar vida en el aire, como si el viento se hiciera visible. Al fin y al cabo, es el mismo juego de fuerzas que, de forma menos evidente, mantiene en vuelo a un avión.

The Conversation

Sergio Hoyas Calvo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo conseguimos volar una cometa (y qué tiene eso que ver con los aviones) – https://theconversation.com/como-conseguimos-volar-una-cometa-y-que-tiene-eso-que-ver-con-los-aviones-279794

Menores ‘googelizados’ desde la escuela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Rodriguez Prieto, Catedrático de Universidad. Filosofía del Derecho y Política., Universidad Pablo de Olavide

“Datafication”, una ilustración de K. Conrad. Kathryn Conrad / https://betterimagesofai.org , CC BY-SA

Recientemente, el Consejo de Transparencia y Protección de Datos de Andalucía abrió un procedimiento sancionador por infracción de la normativa de protección de datos personales contra la Junta de Andalucía, por vulneración de varios artículos del Reglamento de Protección de Datos en su acuerdo con Google Irlanda. Este convenio facilitó el uso de la plataforma educativa Google workplace for Education en los colegios. En el posterior informe sobre el estado de cumplimiento de la resolución, el Consejo señaló que la propia evaluación de impacto relativa a la protección de datos reconocía un riesgo “muy alto”.

Datos de estudiantes, en riesgo

Tras las medidas correctoras propuestas por el Consejo, el riesgo se rebajó a “aceptable”. No obstante, este organismo advirtió que dicha transformación del riesgo, aunque plausible, no quedaba suficientemente documentada.

El Consejo afirmó que el riesgo intrínseco del tratamiento de estos datos es muy alto por “la naturaleza del tratamiento, el volumen de interesados y la especial protección debida a los menores”.

Plataformas educativas de gigantes tecnológicos

Este tipo de acuerdos no son exclusivos de Andalucía. Desde la pandemia, se extendieron por otras comunidades autónomas. ¿Qué implican para los menores y la propia idea de educación?

En primer lugar, convendría resaltar que Google es una empresa que se debe a sus accionistas y opera desde el extranjero, con una infraestructura repartida por el mundo. Su negocio son los datos. Según Randall Stross, autor de Planet Google, lleva años recolectando diferentes categorías de información de forma masiva. En ocasiones, sin relación directa con su negocio.

Se trata de una compañía que ha sido condenada por prácticas monopolísticas en EE.UU. y multada repetidamente por la Unión Europea. La última vez fue hace tan solo seis meses por abuso de posición dominante.

La importancia del principio de precaución

Vivimos en un contexto global marcado por la conflictividad en las relaciones transatlánticas y el cuestionamiento activo por parte de destacados actores estadounidenses de los reglamentos europeos que regulan internet. Esta legislación, sin ser una panacea, establece algunos límites a estas grandes corporaciones y garantiza algunos derechos a los usuarios.

Todo ello debería bastar para observar una cierta cautela o la aplicación de un principio de precaución tecnológico, especialmente, en este caso donde están en juego bienes jurídicos básicos. Este principio sería similar al que se aplica a riesgos medioambientales o sanitarios.

Por otro lado, no existen soluciones aisladas a problemas estructurales. Y menos en internet, donde se despliegan relaciones de dominio. La opinión pública comienza a atisbar la complejidad del desafío tecnológico cuando las consecuencias del acceso de menores a redes sociales, la difusión del odio o de noticias falsas y el uso cuestionable, cuando no delictivo, de la IA generan alarma social.

La educación es uno de los pilares de nuestras sociedades y cobra todo el sentido permanecer vigilantes, cuando se trata de desmentir ficciones –como, por ejemplo, la inocuidad en términos medioambientales de internet– o reducir el halo mítico que aun conserva esta tecnología.

Los cambios que se realicen deben estar bien pensados y tendrían que estar sujetos a procesos de reflexión y deliberación colectiva serios y rigurosos.

Educación, un bien colectivo

La educación debería considerarse prioritariamente una necesidad social, sujeta al bien común, donde entes privados pueden tomar decisiones, pero sometidas siempre a la estricta garantía de los derechos fundamentales.

Educar es guiar. En una época de demasiados automatismos y escasas referencias al arte y el pensamiento que nos ha construido como personas, es necesario potenciar una inteligencia crítica. Nuestros estudiantes deberían tener un mayor conocimiento de las posibilidades que ofrece internet. Quizá debiera existir una asignatura en la que aprendieran sobre sus posibilidades y riesgos.

En este escenario, puede tener consecuencias no deseables normalizar en nuestros alumnos el ecosistema tecnológico de una gran corporación cuyo fin es ganar dinero. Ya lo decían nuestras abuelas: nadie da duros a 4 pesetas.

Existen alternativas transparentes, auditables y modificables de acuerdo con las necesidades de los centros. No se debieran descartar vías abiertas, colectivas y creativas, vinculadas al software libre y la transparencia, como ocurre con la plataforma educativa de código abierto Moodle.

Nadie nos preguntó qué internet queríamos. Ahora tampoco se plantea un debate serio sobre el uso de la inteligencia artificial, relativo a sus objetivos y sectores en que se aplica.

En la práctica, los valores que constituyen las democracias están crecientemente condicionados por decisiones tomadas por entes principalmente privados y con ánimo de lucro. ¿Deben los Estados sociales y democráticos de derecho “adaptarse” al cambio tecnológico? ¿O, más bien, debería ser al contrario?

*PENDIENTE DE QUE EL ARTÍCULO AL QUE ENLAZA EL ÚLTIMO LINK SE PUBLIQUE, PUES COMPLEMENTA MUY BIEN ESTE ARTÍCULO
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The Conversation

Rafael Rodriguez Prieto no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Menores ‘googelizados’ desde la escuela – https://theconversation.com/menores-googelizados-desde-la-escuela-276704

¿Adiós al “sueño americano” del turista? Por qué su visa ya no le garantiza la entrada en los aeropuertos de EE.UU.

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

Comprobación de documentos en el aeropuerto de San José (California, Estados Unidos). Matt Gush/Shutterstock

El prestigio de una nación no se mide solo por sus portaaviones, sino por la facilidad con la que el mundo desea visitarla, invertir en ella y emular su estilo de vida. Es lo que Joseph Nye, ilustre politólogo y profesor emérito de Harvard fallecido el año pasado, denominó soft power o poder blando.

Imagine que ha planeado sus vacaciones durante meses, tiene sus boletos, un hotel reservado y, lo más importante, una visa válida estampada en su pasaporte.

Llega al aeropuerto de Miami o Nueva York, pero al acercarse al mostrador no le recibe un oficial de aduanas estándar, sino un agente armado del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

De repente, las preguntas de rutina desaparecen y se encuentra en un interrogatorio sobre sus redes sociales, sus opiniones políticas o el contenido de su teléfono móvil.

Esta escena, que parece sacada de una distopía, se ha convertido en la nueva realidad de los aeropuertos estadounidenses en 2026.

La parálisis presupuestaria del gobierno federal ha provocado que el ICE tome el control total de los puntos de entrada, desplazando a la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA).

Cerca de 61 000 empleados del TSA han estado trabajando sin cobrar desde el cierre parcial del Gobierno, iniciado en octubre de 2025 y extendido el pasado 14 de febrero. Otros han buscado nuevas ocupaciones o, simplemente, han renunciado a su puesto.

El fin de la cortesía en la frontera

Hoy, el capital intangible de EE. UU. se está evaporando en las salas de migración de los aeropuertos estadounidenses. Las terminales aéreas han dejado de ser espacios de tránsito para convertirse en lugares de vigilancia ideológica y detención.

Estas medidas afectan a garantías civiles consolidadas, como el derecho al libre tránsito y el respeto a la dignidad del viajero. La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), una organización sin fines de lucro que ha marcado la evolución constitucional del país a través de sus demandas, reunió 410 000 firmas para pedir a los congresistas que el ICE no tomara el control de los aeropuertos.

El pasado 22 de marzo, ACLU publicó un comunicado que arranca con la siguiente declaración: “Nunca en nuestra historia, un presidente había desplegado agentes armados en los aeropuertos para inspirar temor a nuestras familias”.

También ha elaborado una práctica guía en línea para conocer los derechos y obligaciones del viajero a la hora de interactuar con las fuerzas de seguridad en los aeropuertos.

El nuevo escenario de los destinos aéreos de EE. UU. se basa en los recientes cambios en la Ley Laken Riley y las órdenes ejecutivas introducidas por la Presidencia en 2026. El actual marco legal establece que el visado ya no es un salvoconducto, sino un documento sujeto a una interpretación arbitraria sin precedentes.

México: El costo humano del “trámite de rutina”

Para el ciudadano mexicano, la relación con la frontera siempre ha sido compleja, pero nunca tan precaria para quienes cumplen con la ley.

Cientos de miles de profesionales, estudiantes y familias mexicanas dedican meses de espera y recursos considerables para obtener o renovar una visa. Para ellos, el visado era un contrato de confianza.

Sin embargo, bajo el nuevo despliegue del ICE, ese contrato ha sido denunciado unilateralmente. Reportes recientes indican que viajeros mexicanos con perfiles profesionales sólidos están siendo sometidos a rechazos sistemáticos basados en la discrecionalidad del agente de turno.

No se trata solo de una fila más larga; es la vulneración de derechos esenciales, como la privacidad de las comunicaciones y la presunción de buena fe.

La incertidumbre de no saber si verás a tu familia o llegarás a una junta de negocios, a pesar de tener los papeles en regla, está fracturando la integración social y económica de la región norteamericana.

El Mundial 2026: Una colisión inminente

Este endurecimiento fronterizo ocurre en el peor momento posible: la antesala de la Copa del Mundo de la FIFA 2026. Estados Unidos, que se comprometió a ser un anfitrión abierto, enfrenta ahora una contradicción flagrante. Millones de aficionados de países con diversas realidades políticas han invertido sus ahorros en boletos y traslados.

¿Cómo planea el gobierno de EE. UU. gestionar la llegada de esos aficionados de los cinco continentes bajo una consigna de rechazo y sospecha? La logística de ICE, centrada en la detención, es incompatible con un evento de esta magnitud.

El riesgo no es solo el caos en los aeropuertos de Dallas, Los Ángeles o Atlanta, sedes del mundial, sino la posibilidad de crisis diplomáticas en cadena cuando aficionados con entradas y visas sean devueltos a sus países por criterios ideológicos o falta de presupuesto para procesar su acceso al país.

El precio de la desconfianza

El derecho al libre tránsito y el respeto a la dignidad del viajero no son concesiones, son pilares de la convivencia internacional. Al permitir que una fuerza policial de control interno dicte las normas en los aeropuertos, Estados Unidos está sacrificando su activo más valioso: la admiración del mundo.

Como comunidad internacional, es imperativo exigir que se restablezcan las garantías mínimas para los visitantes. Mientras el visado sea un documento sin valor frente a la arbitrariedad de un agente de ICE, viajar a los Estados Unidos, ya sea por una escala técnica, un compromiso familiar o un evento deportivo, representa un riesgo jurídico que nadie debería estar obligado a correr.

El costo de esta medida no se contará solo en dólares perdidos en turismo, sino en la erosión de la autoridad moral de una nación que alguna vez se llamó a sí misma la puerta del mundo.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Adiós al “sueño americano” del turista? Por qué su visa ya no le garantiza la entrada en los aeropuertos de EE.UU. – https://theconversation.com/adios-al-sueno-americano-del-turista-por-que-su-visa-ya-no-le-garantiza-la-entrada-en-los-aeropuertos-de-ee-uu-279602

La UE quiere que la IA escanee nuestros mensajes privados en busca de abuso sexual infantil: ¿a qué precio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Meem Arafat Manab, Investigadora en ética y derecho de datos y IA, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

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Imagine un sistema que acierta el 90 % de las veces. Ahora imagine que el test al que alimenta a continuación acierta el 88 %. Cabría esperar que el resultado combinado estuviera en algún punto intermedio. No es así: es inferior a cualquiera de los dos por separado. Esto sucede porque los errores no se suman: se multiplican.

¿Qué sucede si aplicamos esta lógica a los miles de millones de mensajes privados que la Unión Europea permitía que las plataformas digitales escanearan, según el reglamento europeo, para prevenir el abuso sexual de menores? El número de inocentes erróneamente señalados como abusadores por esta propuesta bautizada como “Chat Control” no sería un “error de redondeo”. Sería mucho mayor.

Chat control, bloqueado por los pelos

La semana pasada, el Parlamento Europeo canceló la prórroga del Chat Control 1.0 por un solo voto. El experimento de cinco años que permitía –no obligaba– a las plataformas escanear mensajes privados en busca de material de abuso sexual infantil termina, por tanto, este mes de abril. Pero la batalla no.

Las negociaciones sobre el Chat Control 2.0, un reglamento permanente con requisitos técnicos mucho más ambiciosos, están en marcha entre la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Consejo de la UE, que representa a los gobiernos de los estados miembros. Se espera un acuerdo final para julio de 2026.


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Lo que el reglamento exige realmente

El Chat Control 1.0, el marco provisional que acaba de expirar, se basaba principalmente en la comparación de huellas digitales, conocida como hash-matching. Cada imagen genera una firma matemática única, y a continuación el sistema compara esa firma con una base de datos de material de abuso sexual infantil (CSAM) ya conocido. No siempre era eficaz, como documentan los propios informes de aplicación de la Comisión Europea, pero al menos tenía un objetivo definido.

Sin embargo, el Chat Control 2.0 es una propuesta radicalmente distinta. El reglamento permanente propuesto obligaría a las plataformas a detectar CSAM desconocido y comportamientos de grooming que nunca han sido identificado previamente, mediante clasificadores de inteligencia artificial.

Este nuevo reglamento, de aprobarse, mantendría el escaneo voluntario por parte de las plataformas digitales. Además, requisitos de verificación de edad que pondrían fin a la comunicación anónima. Los críticos, entre ellos el Parlamento Europeo en su propia evaluación de impacto, argumentan que este escenario empujaría a las plataformas hacia la vigilancia masiva.

Por qué la tecnología no puede hacer lo que la ley exige

En los sistemas de detección en cadena, cada clasificador –programa de inteligencia artificial entrenado para categorizar contenido automáticamente– tiene su propio margen de error. Si estos errores se encadenan, cada paso colapsa silenciosamente la confianza en los resultados.

El propio informe de aplicación de la Comisión Europea de 2025 reconoció tasas de error de entre el 13 y el 20 por ciento para las tecnologías de detección utilizadas con el Chat Control 1.0. Eso significa que una de cada cinco alertas recayó sobre alguien que no había hecho nada malo.

El problema de la detección del grooming es aún más revelador. El projecto Artemis de Microsoft, la herramienta más citada en los debates políticos europeos sobre esta materia, tiene una precisión declarada del 88 %. La propia Microsoft desaconseja basarse en esa cifra –señalando que se obtuvo a partir de una única técnica en inglés entrenada con un conjunto de datos reducido de casos conocidos– y que la tasa real de error podría ser mayor.

Así, no existe ninguna revisión independiente de la tecnología. Los expertos en detección de texto estiman que las tasas de error difícilmente bajan del 5 al 10 por ciento, dependiendo del tipo de material. Para mil millones de mensajes intercambiados diariamente, eso supone entre 50 y 100 millones de falsos positivos cada día.

El peligro de los falsos positivos

El problema va más allá de los números. Los sistemas de detección no pueden distinguir de forma fiable entre contenido legal e ilegal en casos ambiguos. Un niño en la bañera. Una fotografía médica. Desnudez artística. Una foto familiar de vacaciones. Todo potencialmente marcado como positivo.

La detección del grooming es aún más compleja: exige comprender el contexto, la intención, el subtexto y los matices culturales en decenas de idiomas. Thorn, una compañía que desarrolla las principales herramientas comerciales de inteligencia artificial para la protección de menores frente a abusos sexuales online, describe explícitamente como inadecuada la solución simplista de combinar clasificadores de pornografía y estimación de edad.

Estos no son problemas que una IA mejor vaya a resolver. Son intrínsecos por sí mismos a la tarea de clasificación de potenciales contenidos ilegales.

En mi experiencia como investigadora e ingeniera de IA
especializada en sistemas de detección de CSAM para el Centro Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) y la cooperativa Panacea, he sido testigo de que lo que tenemos ahora no es una tecnología lista para integrarse en un marco jurídico de aplicación coercitiva. Es una tecnología que aún intenta entender lo que tiene delante.

¿Incomprensión, o algo más?

Hay dos maneras de explicar por qué una legislación tan deficiente desde el punto de vista de las capacidades tecnolológicas sigue avanzando.

La primera es caritativa: los legisladores creen genuinamente que estas tasas de error son aceptables, y nadie en la sala les ha explicado que cada paso adicional en la cadena de clasificación multiplica, en lugar de promediar, el error acumulado. La complejidad técnica y la urgencia en torno a la protección de la infancia dificultan detenerse a hacer los cálculos.

La segunda es menos cómoda: la infraestructura de vigilancia que se está construyendo tiene valor, independientemente de si detecta CSAM de manera efectiva. Un marco que obliga a las plataformas a escanear comunicaciones privadas a gran escala, notificar a las fuerzas del orden y retener datos no deja de ser útil solo porque sus clasificadores de IA sean imprecisos. Se convierte en un instrumento distinto.

La pregunta queda abierta para todos: ¿por qué, después de años de objeciones consistentes por parte de criptógrafos, autoridades de protección de datos, el Supervisor Europeo de Protección de Datos y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos esta legislación sigue encontrando nuevas formas de sobrevivir?

Qué ocurre ahora

El Chat Control 1.0 ha muerto, por un margen de un solo voto. Pero las negociaciones a tres bandas sobre el Chat Control 2.0, entre la Comisión, el Parlamento y los gobiernos de los estados miembros, continúan. Las sesiones están previstas para el 4 de mayo y el 29 de junio, con un acuerdo final esperado para julio. Los estados miembros siguen insistiendo en capacidades de vigilancia que el Parlamento ha rechazado repetidamente. El Consejo no aceptó ni una sola de las demandas sustanciales del Parlamento durante las negociaciones que acaban de colapsar.

Eso sí, si el reglamento permanente se aprueba en una forma que exija detección basada en IA de forma masiva, no funcionará como se describe. Según sus críticos, producirá millones de falsas acusaciones, sobrecargará a las fuerzas del orden con ruido e inútiles alertas y desviará recursos de las investigaciones judicialmente autorizadas y dirigidas que realmente condenan a los perpetradores.

Alexander Hanff, superviviente de abusos sexuales y defensor de los derechos digitales, ha argumentado que la vigilancia masiva perjudica activamente a las víctimas, al destruir los espacios seguros de los que dependen.

De hecho, en este sentido, una víctima de abusos ha presentado una demanda a través de la organización alemana de libertades civiles GFF contra Meta por las prácticas de escaneo que el Chat Control 1.0 había hecho posibles. El demandante señala que no puede hablar libremente de su propia experiencia a través de estas plataformas sin riesgo de ser marcado por los mismos sistemas diseñados para protegerlo.

Por algo esta regulación no se conoce popularmente como la Ley de Protección de Menores en Línea: se ganó el sobrenombre de Chat Control. En una era en que el abuso infantil se hace cada vez más visible con la irrupción de la inteligencia artificial, sigue siendo válido preguntarse si nuestro objetivo es la protección de los menores o el control a secas.

The Conversation

Meem Arafat Manab no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La UE quiere que la IA escanee nuestros mensajes privados en busca de abuso sexual infantil: ¿a qué precio? – https://theconversation.com/la-ue-quiere-que-la-ia-escanee-nuestros-mensajes-privados-en-busca-de-abuso-sexual-infantil-a-que-precio-279122

Radiación espacial: a qué se arriesgan los astronautas de Artemis II y las misiones del futuro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfonso Blázquez Castro, Profesor Departamento de Biología UAM, Universidad Autónoma de Madrid

Tripulación de Artemis II, el 1 de abril de 2026. NASA Kennedy Space Center / NASA/John Kraus.

El 1 de abril de 2026, la misión Artemis II de la NASA emprendió el camino hacia la Luna. Un camino que los humanos no hemos transitado desde diciembre de 1972 con la misión Apolo 17.

Artemis II, que supone el primer paso en la colonización permanente de nuestro satélite, acarrea múltiples retos. Uno de los más relevantes es lidiar con la radiación espacial, compuesta de partículas cargadas de muy alta energía. Evitar o, al menos, minimizar sus efectos es esencial para el éxito de esta y futuras misiones.

Radiación ubicua en el espacio

El origen de esa radiación espacial es variable: procede del espacio galáctico e intergaláctico, pero también de nuestro propio Sol –por su actividad nuclear y electromagnética– y de partículas atrapadas por el campo magnético terrestre, en los denominados cinturones de Van Allen.

Aunque las características de las radiaciones galácticas y solares no son iguales, sus efectos sobre los seres vivos sí se pueden generalizar.

Los cinturones de Van Allen atrapan radiación procedente del espacio en torno a la Tierra. En rojo, el cinturón interior, compuesto principalmente por electrones. En azul, el cinturón exterior, compuesto por electrones energéticos, protones y núcleos más pesados.
Wikimedia Commons.

¿Cómo interactúa con el organismo humano?

Dichos efectos son negativos, muy parecidos a los que ocurren por la radiactividad de explosiones atómicas o accidentes en reactores nucleares. Su interacción con las células supone graves alteraciones de su función.

Por lo general, la radiación provoca roturas de las distintas moléculas de las células, bien directamente por su altísima energía, bien indirectamente porque esa energía se va disipando y genera especies químicas muy reactivas en altas concentraciones.

Estos cambios drásticos en las biomoléculas llevan a la pérdida de la función de las células. Lógicamente, es un daño que se puede traducir en trastornos graves o, incluso, la muerte de los astronautas. Estudios previos ya han puesto de manifiesto alteraciones de distintos sistemas, como el sistema nervioso central o el cardiovascular, en las personas expuestas.

Lo más temido: daña el ADN

La radiación puede alterar o romper el material genético, el ADN. Dado que esta molécula es la que aporta la información para todas las funciones de la célula, su alteración o destrucción supone un grave peligro.

A corto plazo, el daño puede provocar enfermedad o la muerte del individuo. A más largo plazo, puede suponer la pérdida crónica de distintas funciones o el desarrollo de cáncer.

La radiación espacial puede generar un daño directo al ADN, que provoca normalmente su rotura. O bien, un daño indirecto produciendo moléculas muy reactivas que después alteran o rompen el ADN.
A. Blazquez, modificado de OA/CC https://www.mdpi.com/1422-0067/18/12/2749.

La gravedad del impacto va a depender de distintos factores, como el tipo concreto de partícula ionizante, la energía de cada una de ellas o el tiempo de exposición.

¿Cuánta radiación puede asumir un astronauta?

Una característica que resume de forma general el daño potencial es la dosis absorbida. Una de las unidades empleadas es el sievert y su milésima parte, el milisievert. Por ejemplo, una dosis súbita de 5-6 sieverts suele provocar la muerte en pocos días. Para hacernos una idea, la dosis anual máxima para tripulaciones de vuelos comerciales se sitúa en 1-2 milisievert (0,001-0,002 sieverts).

En las misiones Apolo, los astronautas recibieron unas dosis de 0,5-3 milisievert cada día, con una duración de las misiones en torno a una semana. Es decir, dosis totales de unos 10-20 milisieverts.

Por ahora, el seguimiento de la salud de los astronautas que han participado en anteriores misiones a la Luna no parece indicar que presenten mayor incidencia de cáncer o mayor mortalidad. Pero es cierto que se expusieron durante tiempos relativamente cortos (algo más de 12 días en el caso de la misión más larga, el Apolo 17).

Aunque estas cantidades parecen asumibles, por el momento, no debemos perder de vista lo cambiante del ambiente espacial. Por ejemplo, si las misiones Apolo 16 y 17, que volaron en abril y diciembre de 1972, hubiesen tenido lugar en agosto de ese mismo año, la dosis de radiación hubiese sido letal debido a una erupción solar que tuvo lugar entonces. A menudo, tales erupciones ocurren con muy poca advertencia previa.

Mecanismos de protección

Desde luego, las distintas organizaciones involucradas en promover los vuelos espaciales investigan maneras para evitar o, al menos, reducir el impacto de la radiación sobre los astronautas. Dentro de las limitaciones obvias de peso y espacio, existen materiales que actúan de barreras para la radiación.

Ahora bien, al actuar sobre estos materiales se puede generar una radiación secundaria, también dañina, dentro de la cápsula. Se están estudiando mecanismos físicos, como generar campos electrostáticos o magnéticos, para desviar o frenar parte de la radiación.

Por último, se proponen estrategias de tipo nutricional o farmacéuticas para ayudar en la reparación correcta del daño al ADN y a las células. Una vez sobre la Luna, se baraja construir bases subterráneas para aprovechar la protección que suponen los primeros metros de suelo lunar.

Muchos son los retos a los que nos enfrentamos en la exploración espacial, incluso en los primeros pasos, como es establecer una base lunar. Uno de ellos será cómo evitar o disminuir de la mejor manera la radiación a la que los humanos estaremos expuestos en nuestro satélite, bien en su órbita o en su superficie. Las misiones Artemis nos proporcionarán, sin duda, respuestas a estos interrogantes.

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Alfonso Blázquez Castro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Radiación espacial: a qué se arriesgan los astronautas de Artemis II y las misiones del futuro – https://theconversation.com/radiacion-espacial-a-que-se-arriesgan-los-astronautas-de-artemis-ii-y-las-misiones-del-futuro-279790

Gafas inteligentes para navegar por internet solo con pensarlo… y nuestros neuroderechos, ¿qué?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pavel Sidorenko Bautista, Profesor Titular de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Unas de las primeras gafas inteligentes, las Google Glasses, lanzadas en 2013, permitían responder llamadas de teléfono tocando la patilla. Desde entonces, la IA ha hecho que puedan hacer muchas cosas más. Loic Le Meur., CC BY-SA

Imagine que va caminando con unas gafas de sol puestas. Una notificación brilla en la lente derecha. Sin usar el móvil ni hablar, con un movimiento desde la muñeca o la intención de mover un dedo, las gafas descartan el mensaje o permiten responderlo… quizá, mientras reproducen su canción favorita. El dispositivo entiende la orden solo con que la pensemos, antes de que los músculos terminen de contraerse.

No es ciencia ficción. Estamos pasando de una “internet de las cosas” a una “internet de los cuerpos”.Y en este escenario, las gafas inteligentes ponen sobre la mesa el debate sobre los derechos neurales o neuroderechos. Un ejemplo son las Ray-Ban Meta Display, que han evolucionado de ser simples cámaras en monturas a equipos sofisticados equipados con inteligencia artificial. Cuentan con una pantalla de “visualización cabeza-arriba” (Head Up Display o HUD) – un cristal transparente que presenta información al usuario, de tal forma que este no debe cambiar su punto de vista para verla–. Y su funcionamiento se integra con la Neural Band, una pulsera de Meta que detecta las señales eléctricas de nervios humanos.

“Conoce las gafas con IA de Meta y verás el mundo como nunca lo habías visto antes”, promete Meta.

Cuando la IA lee los nervios

La banda neuronal de Meta intercepta las señales del cerebro hacia la mano a través del sistema nervioso periférico. Mediante algoritmos de IA, decodifica la intención y la traduce en comandos digitales.

Su atractivo radica en controlar la realidad aumentada sin contacto, lograr productividad fluida o superar barreras de movilidad. Sin embargo, al abrir esta puerta entregamos datos neuronales que pueden revelar nuestras acciones, estados emocionales, niveles de estrés y fatiga, e, incluso, reacciones ante estímulos publicitarios.

Meta explica cómo usar su Neural Band.

¿Qué son los neuroderechos y por qué importan ahora?

Ante estas tecnologías para monitorizar la actividad cerebral, la comunidad científica –liderada por Rafael Yuste– ha propuesto un marco de Derechos Humanos, los neuroderechos, para proteger la privacidad mental y la integridad cerebral.

En este contexto, las gafas con IA y bandas neuronales como las de Meta comprometen los cinco neuroderechos fundamentales propuestos por la fundación NeuroRights Initiative:

-Privacidad mental: proteger los datos neuronales de ser utilizados sin consentimiento. Si la banda detecta reacciones ante anuncios, ¿es privado?

-Identidad personal: evitar que la tecnología altere el “yo”. Al conectar biología con algoritmos predictivos, la línea entre voluntad y sugerencia de IA se difumina.

-Libre albedrío: preservar decisiones sin manipulación. Un sistema que reconozca impulsos nerviosos podría inducir decisiones.

-Acceso equitativo: regular el aumento cognitivo para evitar brechas entre “humanos aumentados” y “naturales”.

-Protección contra sesgos: evitar discriminación por patrones neurobiológicos.

La IA multiplica los riesgos

El problema no reside solo en el equipo, sino en la inteligencia artificial que lo gobierna. Al combinar lo que ven las cámaras de las gafas (el mundo exterior) con lo que siente la persona (su mundo interior), la IA multimodal puede realizar inferencias profundas.

Si, por ejemplo, la IA detecta por la banda neuronal que la atención decae, puede modificar lo visto en las gafas para reenganchar, manipulando la dopamina.

Esto plantea el problema de la “caja negra”: la complejidad de los algoritmos impide que ocasionalmente sus creadores puedan explicar ciertas predicciones, dejando al usuario indefenso ante una eventual manipulación subliminal.

Más allá de Meta

Meta no está sola en esta carrera. El ecosistema tecnológico se divide entre enfoques no invasivos e invasivos, y todos suponen retos para los neuroderechos.

Apple, con sus Vision Pro, apuesta por el seguimiento ocular. Las pupilas son una ventana al sistema nervioso, que delatan interés o carga cognitiva.

Apple explica cómo hacer scroll con los ojos con su Apple Vision Pro.

Las empresas de interfaces mente-máquina Neuralink y Synchron representan la vertiente invasiva. Neuralink implanta chips en la corteza cerebral mediante cirugía robótica, mientras Synchron usa un “stent” por los vasos sanguíneos. Sus fines iniciales son médicos, pero su objetivo de simbiosis con la IA plantea riesgos éticos.

¿Será posible la telepatía gracias al chip Neuralink?

Por su parte, las compañías Snap y NextMind exploran interfaces que leen la corteza visual desde la nuca para seleccionar objetos digitales. En concreto, Snap desarrolla gafas inteligentes que se integran en su ecosistema de realidad aumentada.

¿Evolución o “mercancía neuronal”?

El futuro de estas tecnologías oscila entre dos escenarios. Uno optimista, donde la neurotecnología erradica enfermedades como alzhéimer, permite a personas con parálisis comunicarse y revoluciona la educación. Y el escenario distópico, donde impulsos nerviosos se convierten en mercancía, creando un “panóptico neuronal” que permite vigilar y penalizar estados internos del individuo.

La diferencia entre ambos futuros dependerá de la regulación. Chile ha sido pionero al reformar su Constitución para proteger la integridad mental. España, mediante su Carta de Derechos Digitales y Spain Neurotech, ha marcado una hoja de ruta ética. La Unión Europea, con su Ley de IA, prohíbe técnicas subliminales que alteren el comportamiento. Pero todo está en etapa incipiente frente al arrollador desarrollo tecnológico.

Las gafas que prometen liberar a las personas de las pantallas de los móviles, también son aquellas que obligan a pagar un precio asociado a la soberanía de de la propia mente. Como sociedad, debemos asegurar que la tecnología siga siendo una herramienta a explotar, y no a la inversa.

En paralelo, urge avanzar en estrategias y acciones que permitan alfabetizar digitalmente a la sociedad de forma más efectiva y rápida, con el fin de concienciar sobre este tipo de tecnología y sus riesgos.

La regulación es clave

El futuro de estas tecnologías parece desenvolverse entre dos escenarios. En uno optimista, donde la neurotecnología erradica enfermedades como el alzhéimer, permite a personas con parálisis comunicarse y revoluciona la educación adaptándose al ritmo de cada alumno. Y el escenario distópico, donde impulsos nerviosos humanos se convierten en una mercancía comercial, creando un “panóptico neuronal” que permite la vigilancia y penaliza eventualmente determinados estados internos del individuo en el trabajo o la escuela.

La diferencia entre ambos futuros dependerá de la regulación. Chile ha sido pionero mundial al reformar su Constitución para proteger la integridad mental. España, a través de su Carta de Derechos Digitales y la creación del Centro Nacional de Neurotecnología (Spain Neurotech), también ha marcado una hoja de ruta ética, aunque no vinculante. Por su parte, la Unión Europea, con su Ley de IA, prohíbe las técnicas subliminales que alteren el comportamiento, un freno directo a los abusos del neuromarketing. Pero todo esto está en etapa incipiente frente a un desarrollo tecnológico vertiginoso.

Las gafas que prometen liberar a las personas de las pantallas de los móviles, también son aquellas que obligan a pagar un precio asociado a la soberanía de de la propia mente. Como sociedad, debemos asegurar que la tecnología siga siendo una herramienta a explotar, y no a la inversa.

En paralelo, urge avanzar en estrategias y acciones que permitan alfabetizar digitalmente a la sociedad de forma más efectiva y rápida, con el fin de concienciar sobre este tipo de procesos.

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Pavel Sidorenko Bautista no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Gafas inteligentes para navegar por internet solo con pensarlo… y nuestros neuroderechos, ¿qué? – https://theconversation.com/gafas-inteligentes-para-navegar-por-internet-solo-con-pensarlo-y-nuestros-neuroderechos-que-275010

La historia demuestra que la Guardia Revolucionaria de Irán resistiría una invasión terrestre

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ibrahim Al-Marashi, Adjunct Professor, IE School of Humanities, IE University; California State University San Marcos

Saeediex/Shutterstock

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés) ejerce desde hace tiempo un poder considerable, a menudo subestimado, en Oriente Medio. Con unos 190 000 miembros, además de unos 450 000 reservistas en la milicia paramilitar Basij, el componente más numeroso de las Fuerzas Armadas de Irán controla también gran parte de la política, los servicios de inteligencia y la economía del país.

Tras un ataque aéreo israelí que acabó con la vida del líder supremo de la República Islámica, el ayatolá Alí Jameneí, el 28 de febrero, el presidente de EE. UU., Donald Trump, instó al IRGC a deponer las armas a cambio de inmunidad. Las fuerzas de la Guardia Revolucionaria Islámica rechazaron la oferta y, tras la muerte de muchos de sus líderes durante el último mes, no dan señales de rendirse.

A medida que las fuerzas terrestres estadounidenses se despliegan en Oriente Medio, es imprescindible comprender que –a pesar de un mes de bombardeos generalizados por parte de EE. UU. e Israel, de infraestructuras dañadas, fracturas internas y un liderazgo diezmado– es probable que el IRGC resista con tenacidad cualquier invasión del territorio iraní. Su historia demuestra por qué.




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De milicia a fuerza de primera línea

El IRGC surgió originalmente en la revolución de 1979 a partir de las milicias callejeras improvisadas formadas por estudiantes leales a la visión del ayatolá Ruhollah Jomeini de una República Islámica. Se opuso a las facciones que buscaban crear una república laica tras el derrocamiento de la monarquía, y aspiró a ser una guardia nacional para proteger al naciente gobierno revolucionario islámico.

También conocido como Pasdaran-e Enghelab (Guardianes de la Revolución), pronto se convirtió en una guardia pretoriana del líder supremo del país.

En sus primeros días, la fuerza impidió una contrarrevolución por parte del Artesh, el ejército permanente bajo el sah. El IRGC también libró batallas callejeras con fuerzas revolucionarias rivales, incluidos izquierdistas laicos y milicias islamistas rivales.

Con la invasión de Irak a Irán en 1980, el IRGC emergió como una fuerza de combate convencional de primera línea junto con el ejército nacional. Repelieron el ataque de Sadam Husein en 1982, aunque la guerra continuó durante otros seis años. Muchos de los actuales comandantes del IRGC eran jóvenes soldados u oficiales en aquella época, y vivieron en primera persona cómo Irak utilizó armas químicas contra ellos mientras Occidente permanecía en silencio.

dos soldados con máscaras antigás y rifles
Soldados iraníes con máscaras antigás durante la guerra entre Irán e Irak, 1985.
Mahmoud Badrfar

El IRGC también se convirtió en una fuerza de contrainsurgencia cuando Sadam Husein apoyó a los rebeldes kurdos iraníes en 1980. Ha reprimido diversas rebeliones étnicas internas, desde una revuelta kurda en el noroeste que comenzó en la década de 1980 hasta una insurgencia baluchí en el sureste en la década de 2000.

Por lo tanto, es probable que los recientes intentos de Trump de fomentar revueltas kurdas se topen con la ira de los comandantes del IRGC, que llevan décadas luchando contra estos grupos rebeldes étnicos.

Lecciones de los aliados

A través de sus grupos proxy (aliados) regionales, el IRGC ya cuenta con una amplia experiencia en guerras de desgaste prolongadas contra EE. UU. e Israel.

En 1982, el IRGC creó una fuerza expedicionaria extranjera, conocida como la Fuerza Quds. La Fuerza Quds, cuyo nombre proviene del árabe para Jerusalén, apoyó la creación de Hezbolá en el Líbano en respuesta a la invasión israelí de ese año para expulsar a la Organización para la Liberación de Palestina.

A partir de ese momento, el IRGC pudo enfrentarse a Israel a través de sus fuerzas proxy. Durante 18 años, Hezbolá utilizó tácticas como los coches bomba suicidas para desgastar a las fuerzas de ocupación israelíes, que se retiraron del sur del Líbano en 2000. La operación fue ampliamente considerada como un fracaso militar para Israel.

Un hombre coloca una medalla en la solapa de otro hombre
Qasem Soleimani (izquierda) fue el comandante de la Quds hasta su asesinato a manos de las fuerzas estadounidenses en 2020. Aquí aparece junto a Alí Jameneí (derecha) en 2019.
Khamenei.ir, CC BY-NC

Estas tácticas se repitieron tras la invasión estadounidense de Irak en 2003, cuando milicias chiitas respaldadas por Quds, como Kataib Hezbolá, atacaron al ejército estadounidense desplegado allí con artefactos explosivos improvisados. Estados Unidos se retiró de Irak en 2011, desesperado por salir de una “guerra eterna”.

Los grupos proxy de la Quds en el Líbano e Irak proporcionaron lecciones que el IRGC seguramente intentaría replicar en caso de una invasión estadounidense.

Muchas de estas tácticas fueron diseñadas para desgastar a una fuerza de ocupación, y no serán suficientes para frustrar una invasión terrestre inmediata y de alta intensidad. Pero si Estados Unidos no logra sus objetivos (actualmente poco claros), podría verse envuelto en otra ocupación prolongada y una guerra de baja intensidad. Si eso ocurre, las bien perfeccionadas tácticas de desgaste del IRGC se desplegarían ampliamente.




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Irán, Estados Unidos y el “eje del mal”

Tras décadas de tensiones bilaterales, los atentados del 11 de septiembre de 2001 obligaron a EE. UU. e Irán a formar una breve alianza contra los talibanes en Afganistán. El régimen iraní incluso tendió la mano a Estados Unidos a finales de 2001, ofreciendo ayuda a los pilotos derribados que aterrizaron en suelo iraní mientras combatían a su enemigo común.

Pero en enero de 2002, George W. Bush situó a Irán junto a Irak y Corea del Norte en el ahora infame “eje del mal”, convirtiéndolos en un objetivo de la guerra contra el terrorismo de EE. UU. Para Irán, esto supuso un cambio brusco en la percepción pública estadounidense.

Los esfuerzos de acercamiento del presidente reformista Mohammad Jatamí llegaron a su fin. Tres años más tarde, el régimen apoyó el ascenso de Mahmud Ahmadineyad, un radical que, junto con el líder supremo, invirtió tanto en la expansión del programa nuclear como en el IRGC. Desde entonces, el IRGC ha evolucionado para asumir múltiples funciones de seguridad en la República Islámica.

El único periodo posterior de distensión entre el IRGC y Estados Unidos se produjo cuando la Fuerza Quds luchó contra el Estado Islámico en 2014 en Irak, en colaboración con el apoyo aéreo estadounidense. Esta cooperación tuvo lugar durante la Administración Obama y, un año después, EE. UU. firmó un acuerdo nuclear con Irán del que Trump se retiró apenas dos años después, en 2017.

Cuando las bases del IRGC fueron atacadas por ataques terroristas del ISIS a principios de febrero de 2019, consideró que los ataques eran el resultado de acciones encubiertas de Estados Unidos. Culpó a este y a Israel, además de a un aumento de la subversión baluchí y kurda.

Según la narrativa del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, la guerra actual de la administración Trump forma parte de un esfuerzo sistémico estadounidense, desde la década de 1980, para atacar al IRGC a través de intermediarios o de la guerra económica con el fin de debilitar a la República Islámica. Para ellos, se trata de un conflicto que se prolonga desde la Revolución Iraní de 1979.




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El poder protector

El IRGC se ha visto, sin duda, debilitado por el último mes de ataques aéreos estadounidenses e israelíes. Pero su historia demuestra que sus oficiales tienen un sentido de identidad corporativa propia y que defenderán su poder institucional incluso si sus líderes son asesinados.

Un hombre saluda a una gran multitud en un estadio de atletismo
El IRGC también dirige la vasta milicia paramilitar Basij. Aquí, el ayatolá Alí Jameneí en la Gran Conferencia de miembros de Basij, estadio Azadi, octubre de 2018.
Por Khamenei.ir, CC BY-NC

Esto explica por qué, tras la muerte de Jameneí, el IRGC se unió en torno a su hijo Mojtaba para mantener intacto su poder. Mientras algunos iraníes celebraban y otros lamentaban la muerte de Jameneí, el IRGC presentó un frente unido en apoyo a su régimen. Si el sistema político de Irán se desmoronara, el IRGC perdería su estatus dentro del grupo.

El IRGC también ha evolucionado para funcionar como una red empresarial. Con participaciones en el sector servicios, que van desde los medios de comunicación hasta la construcción, controla al menos el 20 % de la economía. Dado que algunos líderes del IRGC se han beneficiado de prácticas corruptas en la gestión de estas redes, temerían tener que rendir cuentas y ser juzgados por un nuevo orden político, y no aceptarán la idea de rendirse.

Lo que representa esta red de privilegios es, en última instancia, un Estado oculto. El IRGC no es solo un ejército, sino también una institución militar separada, autónoma y vasta, que ha logrado conservar su poder tras el asesinato de Jameneí. Si nos basamos en los acontecimientos de la historia –y del conflicto hasta ahora–, luchará hasta el final antes que capitular.

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Ibrahim Al-Marashi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La historia demuestra que la Guardia Revolucionaria de Irán resistiría una invasión terrestre – https://theconversation.com/la-historia-demuestra-que-la-guardia-revolucionaria-de-iran-resistiria-una-invasion-terrestre-279981

Más allá del ligue: ¿qué buscamos en las aplicaciones de citas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isabel Vicario-Molina, Profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Salamanca

Tero Vesalainen/Shutterstock

Las aplicaciones de citas se han convertido en un medio habitual para conocer gente y comenzar nuevas relaciones. Muchas personas crean un perfil en estas plataformas en algún momento, y lo que hace una década se percibía como algo excepcional o incluso estigmatizado, hoy es una práctica común. Sin embargo, asumir que todo gira en torno al “ligue” simplifica demasiado lo que ocurre dentro de estas aplicaciones.

Las formas tradicionales de conocer gente han cambiado. Por eso, estas plataformas se han convertido en nuevos espacios de encuentro. Analizar quién las usa y con qué propósito ayuda a entender mejor cómo están cambiando la intimidad y la vida social.

En nuestro estudio analizamos el perfil y las motivaciones de uso de 667 personas usuarias en España. El objetivo era comprobar dos ideas muy extendidas: que estas aplicaciones son principalmente “para jóvenes” y que se utilizan, sobre todo, “para ligar”.

No solo jóvenes

Aunque las aplicaciones de citas suelen asociarse con la generación Z, nuestra investigación revela que su utilización se extiende a otras etapas de la vida. Si bien el grupo de 18 a 30 años tiene un peso importante, el sector más numeroso está compuesto por personas entre 31 y 50. Transiciones vitales, como rupturas, mudanzas o cambios laborales, pueden impulsar el uso de apps en la madurez. En esta etapa, la persona usuaria ya no experimenta: sabe exactamente qué tipo de vínculo busca.

También observamos cómo los mayores de 50 años se incorporan progresivamente a estos espacios. Lo hacen con preferencias muy definidas: Facebook Parejas es su opción favorita, seguida de cerca por Tinder.

Perfil socioeconómico y geográfico del uso

La heterosexualidad es mayoritaria en nuestra muestra. Las apps que más utilizan las personas heterosexuales son Tinder, Bumble y Badoo. No obstante, las aplicaciones de citas también son utilizadas por personas no heterosexuales, que prefieren Grindr –dirigida especialmente a homosexuales y bisexuales–, seguida de Tinder. Pueden ser entornos de contacto con personas de orientaciones afines y espacios en los que se percibe más seguridad.

El perfil socioeconómico también proporciona datos reveladores. En primer lugar, existe una correlación clara con el nivel educativo: la mayoría de las personas usuarias tiene estudios universitarios, una tendencia especialmente marcada entre las mujeres. En el aspecto económico, y aunque la mayoría se sitúa por encima del salario mínimo interprofesional, los hombres declaran ingresos más altos. Esta diferencia refleja las desigualdades estructurales y la brecha salarial en el mercado laboral.

La geografía también importa. El uso es más frecuente en entornos urbanos: en las ciudades no solo hay más opciones de match, sino que también es más fácil mantener el anonimato y la privacidad. En las zonas rurales, el control social todavía puede condicionar el uso de estas herramientas.

¿Qué buscamos realmente cuando abrimos una aplicación?

La conclusión más clara de nuestro estudio es que la principal motivación para usar estas plataformas es la búsqueda de relaciones. Independientemente del género, la orientación sexual o la edad, el deseo de conectar con otra persona sigue siendo el motor principal.

Sin embargo, el momento vital y las necesidades de las personas usuarias parecen diversificar las razones de uso. Muchas personas las utilizan para socializar, otras, para distraerse o entretenerse, y algunas para superar una ruptura. También aparece la curiosidad por la experiencia digital.

Al examinar las diferencias de género aparecen matices. Las mujeres señalan con mayor frecuencia la búsqueda de pareja y la curiosidad como los principales incentivos para crear un perfil. Por el contrario, los varones tienden a destacar en mayor medida aspectos vinculados a la validación personal o la interacción lúdica. Para ellos, son motivos importantes el coqueteo, el deseo de aumentar su experiencia sexual, el entretenimiento o, incluso, el desarrollo de habilidades sociales.

También hay diferencias por orientación sexual. Las personas homosexuales de nuestro estudio destacan en mayor medida tres motivos: encontrar contactos con orientaciones similares, explorar nuevas experiencias sexuales y buscar apoyo para superar rupturas sentimentales.

Estos resultados permiten una lectura más amplia: la búsqueda de contactos con orientaciones similares podría sugerir que estas plataformas son un entorno facilitador. Permiten segmentar la búsqueda, algo que no siempre es posible en el espacio físico. Además, la exploración sexual y el uso tras una ruptura indican que no son solo herramientas de ocio. También pueden ser espacios donde se explora la identidad y se busca apoyo emocional.

Motivaciones que evolucionan con la edad

La edad introduce matices en la forma de utilizar estas plataformas. Aunque la búsqueda de pareja es el eje central, las motivaciones complementarias cambian a lo largo del ciclo vital.

Entre las personas jóvenes (18-30 años) destacan el entretenimiento, la distracción y la aprobación social. En esta etapa, las plataformas pueden ser espacios de experimentación y validación donde la aprobación externa y el juego social tienen un papel importante.

Entre los 30 y los 50 años, las motivaciones se orientan más hacia la estabilidad afectiva. Muchas personas buscan vínculos duraderos o reconstruir su vida sentimental tras una ruptura. En este grupo también gana peso la presión social o del entorno, lo cual sugiere que, en esta etapa, la app deja de ser solo una actividad lúdica. Puede convertirse en un recurso de ajuste social, usado para acercarse a un modelo de vida en pareja y adaptarse a las expectativas familiares y sociales vigentes.

A partir de los 50, ganan peso la socialización y el sentimiento de pertenencia. En esta etapa, las apps pueden ayudar a ampliar la red de contactos y mitigar la soledad no deseada.

Más que tecnología: un fenómeno social

Las aplicaciones de citas ya no se entienden solo como un espacio para el “ligue” ocasional: se han convertido en escenarios donde se negocian identidades, expectativas vitales y formas de relacionarnos.

La diversidad de motivaciones muestra que tenemos necesidades relacionales distintas. En nuestra muestra, el gesto de abrir la app puede significar cosas distintas: juego y validación en la juventud, reconstrucción afectiva tras una ruptura en la adultez media y búsqueda de pertenencia y socialización a partir de los 50.

Cuando cambian los desafíos y las necesidades afectivas –según la edad, el género u orientación–, también lo hacen las motivaciones para usar estas apps.

Detrás de esos intereses aparecen fenómenos sociales como la soledad no deseada o el envejecimiento activo. Para algunas personas, estas aplicaciones son un recurso dentro de su estrategia de vida social. Sobre todo, ante el progresivo deterioro de los espacios físicos de encuentro.

Las aplicaciones no sustituyen necesariamente la interacción cara a cara. Más bien pueden complementarla cuando los espacios de encuentro son escasos, inaccesibles, o no se perciben como seguros.

En definitiva, reflejan nuevos escenarios de socialización que están redefiniendo cómo nos conocemos, interactuamos y establecemos relaciones con otras personas.

Estos datos provienen de un cuestionario online y describen a quienes decidieron participar. Por tanto, no equivalen a una fotografía representativa de la población. Aun así, nos permiten afinar la pregunta central: más allá de discutir si estas herramientas “funcionan”, importa analizar para qué las usamos. Y qué revela eso sobre las dificultades actuales para crear vínculos fuera de lo digital y cómo están cambiando las formas de relacionarse.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Más allá del ligue: ¿qué buscamos en las aplicaciones de citas? – https://theconversation.com/mas-alla-del-ligue-que-buscamos-en-las-aplicaciones-de-citas-278051

¿Qué mantiene viva la pasión por enseñar cuando todo empuja al desgaste?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Uceda Gutiérrez, Profesora de Psicobiología, Universidad Nebrija

Ratios elevadas, burocracia creciente, cambios normativos constantes, falta de tiempo para preparar bien las clases o atender al alumnado como merece. El malestar docente no es un fenómeno aislado, sino un problema estructural que acaba afectando a la calidad educativa en su conjunto. Así lo muestran los estudios e investigaciones realizadas, a través de diversos organismos, a docentes españoles, en los que resultan preocupantes los altos porcentajes vinculados a ansiedad, estrés laboral y conflictividad en el ámbito educativo.

A pesar de ello, en los mismos centros también hay docentes que, pese a la presión, mantienen una energía y una implicación admirables. Disfrutan del aula, innovan, se comprometen con su alumnado y encuentran sentido en lo que hacen.

¿Qué explica esta diferencia? Desde la psicología se apunta a un concepto clave: el engagement, vinculación o implicación docente.


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Más que aguantar

Esta implicación no equivale a “echarle ganas” ni a trabajar más horas. Se trata de un estado psicológico positivo y persistente relacionado con el trabajo, caracterizado por tres componentes: vigor (energía y capacidad para resistir las dificultades), dedicación (entusiasmo, sentido y orgullo profesional) y absorción (una implicación tan profunda que el tiempo parece pasar sin notarlo cuando se enseña).

Un docente que alcanza este grado de engagement con su labor no solo cumple el currículo: se siente conectado con su trabajo y con las personas a las que enseña. Esa conexión se asocia con una mayor calidad educativa, un mejor clima de aula y una huella más duradera en el alumnado.

Vinculación: la protección de los docentes

Esta cuestión es relevante en el sistema educativo español, donde el abandono temprano de la docencia es un fenómeno cada vez más frecuente entre el profesorado joven, como muestran diversos estudios recientes. En este escenario, sentirse implicado en la tarea docente actúa como un amortiguador frente al desgaste profesional.

El engagement y el burnout, es decir, el sentimiento de vinculación y el síndrome de estar quemado o desgaste laboral no son simplemente dos extremos de la misma línea. Reducir el estrés o la sobrecarga no garantiza que vuelva la ilusión. Podemos encontrar docentes que no están agotados, pero sí profundamente desmotivados; y otros que, aun cansados, siguen comprometidos con su alumnado y su profesión.

Por eso, muchas políticas centradas solo en “reducir el malestar” resultan insuficientes si no crean también condiciones para que el profesorado experimente entusiasmo y le dé sentido a su labor.

De dónde nace el compromiso docente

La investigación, especialmente la basada en la teoría de la autodeterminación, señala tres necesidades psicológicas básicas especialmente relevantes en los centros educativos.

La primera es la autonomía: sentir que existe un margen real para decidir cómo enseñar, cómo organizar el aula y cómo responder a las necesidades del alumnado.

La segunda es la competencia: percibirse eficaz ante los retos educativos, algo que depende tanto de la formación como del apoyo recibido en el centro.

La tercera es la relación: sentirse parte de una comunidad profesional y conectar con estudiantes, familias y colegas.

Cuando estas tres dimensiones se ven apoyadas, la vinculación del docente con su profesión aumenta incluso en contextos difíciles. Y aunque muchas de estas condiciones dependen de las administraciones educativas, los propios centros también disponen de margen de acción.




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Qué pueden hacer los centros educativos

Los centros educativos no son meros escenarios pasivos del desgaste docente, ya que pueden crear condiciones de trabajo saludables antes de que aparezca el malestar. Así, pueden mejorar la organización escolar y fortalecer liderazgos pedagógicos que confíen en el profesorado.

Cuando comienzan a aparecer señales de cansancio o desánimo, el centro también puede intervenir reforzando el apoyo psicosocial y el clima laboral; e incluso cuando el desgaste ya está instalado, puede ofrecer respuestas individualizadas, que reconozcan el problema y eviten que el profesorado tenga que afrontarlo en soledad.

Un trabajo con significado

Más allá de estas líneas generales, existen prácticas cotidianas con un impacto directo en la implicación laboral con la docencia. Reconectar con el sentido de la enseñanza dando valor a los pequeños logros diarios, a las trayectorias del alumnado y al impacto educativo que va más allá de las calificaciones, así como la utilización de metodologías activas, proyectos interdisciplinares o espacios reales para la creatividad devuelven al profesorado la sensación de estar realizando un trabajo con significado.

A ello se suma el valor del apoyo entre iguales. Las comunidades profesionales de aprendizaje, la observación entre docentes o, simplemente, disponer de tiempo para hablar de lo que ocurre en el aula fortalecen la identidad profesional y alimentan el compromiso con la tarea educativa.

Formar para no perder la vocación

Hay otro factor decisivo para sostener el compromiso docente: cómo se forma a quienes enseñan.

En España, tanto la formación inicial como la permanente siguen poniendo el foco en contenidos, evaluación o gestión del aula. Sin embargo, preparar para la docencia debería implicar aprender a cuidar la relación con el propio trabajo.

Incorporar esta sensación de vinculación como objetivo formativo supone trabajar habilidades como la regulación emocional, la construcción de un propósito profesional o el desarrollo de redes de apoyo. No se trata de responsabilizar al individuo de problemas estructurales, sino de dotarlo de recursos para no perder el vínculo con su vocación.




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Una cuestión política, no solo personal

Un sistema que sobrecarga al profesorado con tareas administrativas, limita su autonomía pedagógica o somete la docencia a una evaluación punitiva erosiona una de las principales fuentes de energía profesional. Por el contrario, políticas que reducen la burocracia, confían en el criterio docente, favorecen la estabilidad de los equipos y reconocen el buen trabajo crean las condiciones para que el compromiso pueda sostenerse en el tiempo.

En el debate educativo español se habla con frecuencia de resistir: a las reformas, a los recortes, al cansancio. El escenario en el que se instaura la vinculación propone un cambio de marco más ambicioso y también más incómodo. No basta con evitar que los docentes se quemen. Si queremos una educación de calidad, necesitamos crear las condiciones para que puedan volver a disfrutar enseñando.

Porque una escuela sostenida solo por la resistencia acaba agotándose. Una escuela sostenida por la implicación o engagement, en cambio, tiene futuro.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Qué mantiene viva la pasión por enseñar cuando todo empuja al desgaste? – https://theconversation.com/que-mantiene-viva-la-pasion-por-ensenar-cuando-todo-empuja-al-desgaste-273388