Adolescencia, paciencia y rendimiento académico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Brañas-Garza, Catedrático de Fundamentos del Análisis Económico, Universidad Loyola Andalucía

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La capacidad de posponer la gratificación, lo que comúnmente llamamos paciencia, está presente desde la infancia y mejora con la edad, aunque experimenta cambios relevantes durante la adolescencia. Gracias a la maduración y sofisticación de los mecanismos de toma de decisiones y planificación, los adolescentes comienzan a ser capaces de soportar esperas más largas, es decir, posponer la gratificación inmediata a cambio de un beneficio mayor en el futuro.

Tener más o menos paciencia en la adolescencia tiene su importancia: tanto los resultados escolares como los hábitos más saludables –menor consumo de alcohol y tabaco, menor IMC y mejor comportamiento en el colegio– están relacionados con la orientación al futuro. Es decir, con la capacidad de realizar acciones cuyos beneficios no son inmediatos.

Así como las personas pacientes esperan a que la fruta esté madura –frente a quienes la recogen antes de tiempo–, los estudiantes más pacientes tienden a obtener mejores resultados, hacen más deporte o ahorran (y sacrifican consumo presente) para tener resultados que llegarán más tarde.

La paciencia es un rasgo de la personalidad que puede evaluarse científicamente. La evidencia nos dice que hay personas con una paciencia innata, o que al menos traen parte de esta característica “de serie”; pero también que evoluciona con la edad y que puede modificarse mediante intervenciones en etapas tempranas.

A través del consorcio de investigación TeensLab hemos recabado datos de más de 5 000 adolescentes en 25 centros escolares españoles.
Hemos analizado si la paciencia cambia a lo largo de la adolescencia y cómo influye en los resultados académicos.




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¿De qué depende la paciencia?

¿Qué explica entonces que algunos adolescentes sean más pacientes que otros? Nuestros resultados apuntan claramente en dos direcciones.

La primera tiene que ver con el control cognitivo –que no es lo mismo que el razonamiento abstracto o la inteligencia fluida– y que nos muestra cómo la gente se enfrenta a problemas de decisión. Los estudiantes con mayor capacidad de reflexión y razonamiento tienden a ser más pacientes. Esto sugiere que la paciencia no es únicamente una cuestión de carácter, sino que está estrechamente vinculada a cómo procesamos la información y tomamos decisiones.

La segunda tiene que ver con el entorno social. Observamos que los estudiantes pacientes tienden a rodearse de otros estudiantes también pacientes. Es decir, la paciencia “se agrupa” en redes de amistad. Aunque no podemos determinar si los adolescentes se influyen entre sí o, simplemente, si eligen amigos similares, lo que es evidente es que el entorno cercano importa mucho.

Curiosamente, nuestros datos dicen que los estudiantes más pacientes están en las clases más grandes y no en las más pequeñas.

¿Hay diferencias entre chicos y chicas?

No hemos encontrado diferencias relevantes en los niveles de paciencia entre ambos grupos, especialmente en las primeras etapas de la adolescencia.

A medida que los estudiantes crecen, sí aparecen algunos matices: las chicas tienden a tomar decisiones algo más “sofisticadas”, combinando opciones presentes y futuras en lugar de elegir siempre lo inmediato o siempre lo futuro. Pero esto no implica que sean más pacientes que los chicos, sino que su forma de decidir se vuelve más compleja.

¿La paciencia influye en las notas?

La respuesta es sí, aunque con matices. Encontramos que los estudiantes más pacientes tienden a obtener mejores resultados académicos. La relación no es enorme, pero sí consistente: aquellos que valoran más el futuro frente al presente (son más pacientes) parecen estar más dispuestos a invertir esfuerzo ahora para obtener a los resultados a medio plazo.

Esto encaja bien con la intuición: estudiar es, en gran medida, una inversión. Requiere esfuerzo hoy para obtener beneficios mañana. Los estudiantes más pacientes están mejor preparados para hacer ese tipo de sacrificios.

Ahora bien, nuestros resultados también sugieren que esta relación está en parte mediada por el control cognitivo. Es decir, la misma capacidad que facilita una mejor toma de decisiones –una mejor planificación temporal del esfuerzo debida a una menor impaciencia– también puede estar detrás de un mejor rendimiento académico, es decir, mejor asimilación de conceptos debida a mayor reflexión.

Implicaciones para la educación

¿Qué podemos aprender de todo esto? La primera lección es que la paciencia no es un rasgo fijo e inmutable: está relacionada con habilidades cognitivas que pueden desarrollarse y con entornos sociales que pueden moldearse.

Esto abre la puerta a pensar que la educación puede servir no sólo como una forma de transmitir conocimientos, sino también como una herramienta para formar preferencias. Educar a los estudiantes para posponer gratificaciones, para controlar la necesidad de resultados inmediatos, puede generarles mejores resultados a lo largo de la vida; por ejemplo, menor consumo de tabaco, alcohol y otras drogas. Hay evidencia de que intervenciones sobre atención, la autorregulación y la capacidad de reflexión mejoran la paciencia a edades muy tempranas.




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La segunda lección es que los compañeros importan. Las redes de amistad dentro del aula están asociadas a patrones similares de comportamiento, lo que abre la puerta a que ciertas intervenciones educativas puedan generar efectos indirectos, aunque identificar estos mecanismos de forma causal sigue siendo un reto. Por ejemplo, programas de autocontrol y cambios en la composición de los grupos o actuaciones sobre alumnos influyentes.

Mediciones con impacto académico

Por último, nuestros resultados indican que medir la paciencia de los estudiantes podría aportar información valiosa. Dado que existen herramientas sencillas para hacerlo, incorporar este tipo de mediciones podría ayudar a entender mejor las diferencias en el rendimiento académico y a diseñar políticas educativas más eficaces.

En definitiva, si queremos mejorar los resultados educativos, quizá deberíamos ir más allá de los conocimientos y enseñar también a tomar decisiones. Educar la toma de decisiones, especialmente cómo equilibrar beneficios presentes y futuros, no sólo influye en el rendimiento académico, sino que es una herramienta esencial para toda la vida.

The Conversation

Pablo Brañas-Garza recibe fondos de Ministerio de Economía y Competitividad (PID2021-126892NB-100), Excelencia-Junta (PY-18-FR-0007), Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID-0I008/2020) and the European Union’s Horizon Europe Research and Innovation Programme under Grant Agreement number 101095175 (SUSTAINWELL project).

ref. Adolescencia, paciencia y rendimiento académico – https://theconversation.com/adolescencia-paciencia-y-rendimiento-academico-279027

Alto el fuego en Irán: por qué los precios de la energía no volverán al 28 de febrero

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

Miha Creative/Shutterstock

El 8 de abril de 2026, Estados Unidos e Irán aceptaron un alto el fuego de dos semanas mediado por Pakistán. La pausa llegó a apenas dos horas de que expirara el ultimátum de Trump para destruir centrales eléctricas y puentes iraníes. Es una buena noticia, pero conviene no engañarse: aunque los combates cesen, sus consecuencias no van a deshacerse.

Tras cinco semanas de guerra, el mundo energético, militar y geopolítico que existía antes del 28 de febrero ya no existe. Y no va a volver.

40 instalaciones energéticas dañadas en nueve países

La dimensión de los daños físicos es el primer motivo para el pesimismo. El director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, calificó la situación como la mayor crisis de seguridad energética de la historia, equiparando su impacto al de las dos crisis petroleras de los años 70 y la crisis del gas de 2022 juntas. Al menos 40 activos energéticos en nueve países han sufrido daños graves.

La lista es demoledora. En Irán, las instalaciones de South Pars y la isla de Jarg han sido bombardeadas. En Arabia Saudí, la planta de Ras Tanura –con 550 000 barriles diarios de capacidad– fue alcanzada por drones. En los Emiratos Árabes Unidos, la refinería de Ruwais (una de las mayores del mundo), el campo de gas de Shah y el puerto de Fujairah han sufrido daños. En Catar, el complejo de Ras Laffan, responsable de aproximadamente el 20 % del gas natural licuado (GNL) mundial, fue atacado con misiles en varias oleadas. Y en Kuwait, las refinerías de Mina Al Ahmadi y Mina Abdullah fueron golpeadas, junto con plantas de desalinización y electricidad. De hecho, Kuwait declaró “fuerza mayor” (exime de responsabilidad por incumplimiento, cubriendo eventos como desastres naturales, guerras o actos gubernamentales) y redujo su producción a consumo doméstico.

Y aquí viene el punto clave: estas instalaciones no se reparan pulsando un botón. Los cierres forzados de producción provocan corrosión y daños estructurales que requieren reparaciones previas al reinicio. Como señaló un investigador de la Universidad de Columbia, el proceso puede ser lento y costoso. El centro de investigación Brookings fue más directo: los ataques iraníes a Ras Laffan, Yanbu y Fujairah estaban diseñados precisamente para prolongar la escasez más allá de la reapertura del estrecho de Ormuz. Las instalaciones dañadas tardarán meses o años en repararse.

El petróleo: de 65 a 128 dólares y sin vuelta rápida

Antes de la guerra, el barril de Brent cotizaba entre 64 y 70 dólares. El 2 de abril alcanzó los 128 dólares, un alza del 93 %. Tras el anuncio del alto el fuego, está bajando un 15 %. Los 90 dólares por barril suponen un alza del 30 % con respecto al nivel previo a la guerra.

La Administración de Información Energética de EE. UU. (EIA) publicó el 7 de abril su previsión actualizada: no espera una normalización por debajo de 76 dólares el barril hasta 2027. La guerra ha provocado que Arabia Saudita, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Catar y Bahréin redujeran de forma conjunta alrededor de 7,5 millones de barriles diarios de producción de crudo en marzo, según la EIA. Se espera que esta histórica interrupción del suministro empeore antes de mejorar, aumentando a 9,1 millones de barriles diarios en abril.

Es la mayor interrupción de suministro en la historia del mercado petrolero, según la AIE. Esa reducción equivale a la producción combinada de Kuwait, Catar, Emiratos y Bahréin desapareciendo del mercado de un día para otro.

Sin vuelta atrás

¿Por qué no volverán los precios al nivel anterior? Por cinco razones estructurales:

  1. La AIE liberó 400 millones de barriles de reservas estratégicas; rellenarlos absorberá producción durante meses.

  2. El mercado ha visto que Ormuz puede cerrarse, una percepción que se traduce en una prima de riesgo permanente.

  3. Los seguros marítimos para cruzar el estrecho se multiplicaron por 50 o más, y según los aseguradores no bajarán hasta que haya una suspensión verificada de hostilidades.

  4. Con más de 40 instalaciones dañadas, la oferta física tardará en recuperarse.

  5. La inversión en rutas alternativas (oleoductos terrestres, terminales fuera de Ormuz) costará un dinero que repercutirá en el precio del barril.

Ormuz: de canal rutinario a punto de riesgo permanente

El estrecho de Ormuz transportaba el 20 % del petróleo mundial. Desde el 2 de marzo, los tránsitos diarios cayeron de 138 buques a cifras de un solo dígito. Unos 2 000 buques y más de 20 000 marineros quedaron varados. Irán creó un canal alternativo al norte de la isla de Larak, cobrando dos millones de dólares por tránsito en yuanes.

El coste de asegurar un petrolero para cruzar el estrecho pasó de una fracción de porcentaje del valor del buque a entre el 3,5 % y el 10 %. Para un superpetrolero de 100 millones de dólares, eso significa entre 3,5 y 10 millones por viaje, frente a unos 200 000 dólares antes de la guerra.

¿Se fiarán los países de que no vuelva a ocurrir? Difícilmente. La consecuencia será una reestructuración permanente: más oleoductos terrestres, más reservas estratégicas regionales, más inversión en defensa aérea propia por parte de los estados del Golfo. Todo eso cuesta dinero. Y ese dinero acabará en el precio de la energía.

Arsenales agotados: años para recuperarse

El coste militar directo de la guerra para Estados Unidos se estima en unos 28 000 millones de dólares en 39 días. El Pentágono ha solicitado 200 000 millones adicionales al Congreso. Pero el problema no es solo el dinero: es el agotamiento de las reservas de armamento.

En los primeros días se consumió aproximadamente el 10 % del inventario de misiles de crucero y el 25 % de los interceptores THAAD (siglas en inglés de Defensa de Área de Gran Altitud Terminal). La producción anual de misiles Patriot PAC-3 es de solo 172 unidades. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), la producción de 2026 no cubrirá el consumo, y las municiones desviadas al teatro iraní crean riesgos en otros frentes como Ucrania y el Pacífico occidental. Reponer inventarios llevará años, no meses.

Un dato revela la asimetría del conflicto: el coste de interceptar un dron iraní con un misil estadounidense es 106 veces mayor que el coste del propio dron.

Más allá de la energía: fertilizantes, alimentos y la señal a China

El impacto no se limita al petróleo. El Golfo produce alrededor del 12 % de los fertilizantes nitrogenados mundiales. Con las plantas de gas paradas, esa producción está interrumpida. El impacto en la cosecha 2026-2027 y en los precios de alimentos podría ser severo, especialmente para países importadores netos.

Y hay una dimensión estratégica que no debería pasar desapercibida: si Estados Unidos ha agotado arsenales críticos en Irán, ¿qué señal envía eso a Pekín respecto al estrecho de Taiwán? El CSIS lo advirtió explícitamente.

Para Europa, y para España en particular, la vulnerabilidad es clara. La dependencia del GNL catarí (con Ras Laffan dañado), la subida del precio del gas en el mercado TTF (mercado de referencia del gas en Europa) y la inflación energética importada golpean a una economía que apostó por el gas como energía de transición. Esa transición se ha encarecido dramáticamente.

Y para Irán (90 millones de personas), la inflación alimentaria interanual alcanzó el 112,5 % en marzo de 2026. La reconstrucción con sanciones, industria destruida y liderazgo decapitado será un factor geoeconómico durante décadas.

El mundo del 27 de febrero ya no existe

Este alto el fuego –si se consolida– pondrá fin a los combates. Pero no deshará sus consecuencias. El estrecho de Ormuz ha dejado de ser un canal rutinario para convertirse en un punto de riesgo permanente. Los arsenales occidentales necesitarán años para reponerse. Los estados del Golfo invertirán masivamente en defensa y rutas alternativas. Y países como China, India y los europeos acelerarán su búsqueda de independencia energética, no por idealismo verde, sino porque han visto lo que puede pasar cuando no la tienes.

El 28 de febrero de 2026 no fue solo el día en que comenzó una guerra. Fue el día en que acabó la ilusión de que el petróleo siempre fluye.

The Conversation

Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Alto el fuego en Irán: por qué los precios de la energía no volverán al 28 de febrero – https://theconversation.com/alto-el-fuego-en-iran-por-que-los-precios-de-la-energia-no-volveran-al-28-de-febrero-280225

El petróleo sigue mandando: la guerra en Irán y la vulnerabilidad energética de España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

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Que el precio del petróleo se dispare no es solo una noticia económica. Es un recordatorio de que, en pleno siglo XXI, el mundo sigue funcionando con combustibles del siglo pasado. La guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán, iniciada el 28 de febrero de 2026, no ha creado esta dependencia, pero la ha puesto al descubierto de manera brutal. El cierre efectivo del estrecho de Ormuz –por donde transita aproximadamente el 20 % del crudo mundial– ha provocado la mayor interrupción del suministro petrolero de la historia, según la Agencia Internacional de la Energía.

En cuestión de semanas, el Brent se disparó desde los 73 dólares el barril hasta superar los 112 dólares, reavivando la inflación, encareciendo los vuelos y recordando que el modelo energético español sigue profundamente ligado a los fósiles.

El acuerdo de alto el fuego anunciado hoy, 8 de abril, ha provocado una reducción del precio del petróleo del orden del 10 % cuando escribo esto, pero las consecuencias de la guerra van a permanecer durante mucho tiempo.

Más renovables… pero todavía un mundo fósil

Durante la última década, España ha invertido con fuerza en energías renovables. Según Red Eléctrica, las fuentes renovables generaron el 55,5 % de la electricidad en 2025, con la eólica liderando (21,6 %), seguida de la nuclear (19,1 %) y la solar fotovoltaica (18,4 %).

Los fósiles representaron apenas una quinta parte de la generación eléctrica. Son cifras impresionantes: España supera ampliamente la media europea y el Gobierno apunta a un 81 % renovable en 2030.

Sin embargo, esta revolución eléctrica convive con una realidad muy distinta: a nivel mundial, los combustibles fósiles aún representan aproximadamente el 80 % del consumo energético total. Y España no es excepción cuando se mira más allá del enchufe.

Éxito eléctrico, vulnerabilidad estructural

La paradoja española se entiende con un dato clave: la electricidad supone apenas un 22 y un 26 % del consumo energético final del país. El 75 % restante corresponde al transporte, la industria y la calefacción, sectores donde el petróleo y el gas siguen siendo predominantes. En el consumo primario de energía, el petróleo representa el 42 % y el gas natural el 20 %, según datos del INE.

Además, España importa prácticamente el 100 % del petróleo que consume: 1,3 millones de barriles diarios en 2024, según la OPEC, lo que la convierte en uno de los países europeos más expuestos a shocks de suministro.

Turismo y aviación: el eslabón oculto

La vulnerabilidad de España se amplifica por su principal motor económico: el turismo. En 2025, España recibió 96,8 millones de turistas internacionales –un récord histórico– que generaron 134 700 millones de euros en gasto, según el INE. El sector representó el 12,6 % del PIB y el 12,3 % del empleo.

El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC por sus siglas en inglés) estima que el impacto total (directo, indirecto e inducido) alcanzó los 260 000 millones de euros, equivalente al 16 % de la economía.

Más del 80 % de esos turistas llegan en avión, y cada vuelo requiere queroseno, cuyo precio se liga directamente al crudo. El combustible supone entre el 25 y el 35 % de los costes operativos de una aerolínea.

Por otra parte, la Asociación Mundial de Transporte por Carretera (IRU) señala que, desde el inicio del conflicto, el precio del diésel ha subido en España un 27 % y el queroseno que compran las aerolíneas casi se ha duplicado. Además, el cierre de espacios aéreos sobre Oriente Medio obliga a las compañías a desviar rutas, añadiendo horas de vuelo y gasto extra de combustible.

Cómo se transmite el shock: el efecto cascada

El mecanismo de transmisión es directo y medible. Primero, sube el precio del crudo y del queroseno. Luego, las aerolíneas trasladan el incremento a los billetes y la demanda reacciona, especialmente los viajeros sensibles al precio: familias, jubilados y turistas de mercados con monedas débiles. Finalmente, el shock energético se traduce en menos noches en el lugar de destino, menos gasto en hostelería y menos actividad económica.

En otras palabras, España no solo importa energía: importa turistas que dependen de esa energía. El petróleo se convierte así en un riesgo macroeconómico concreto y tangible, que conecta la geopolítica del Golfo Pérsico con los bares de la costa mediterránea.

La paradoja de la transición energética

La guerra en Irán demuestra una realidad incómoda: aunque España lidere la transición eléctrica europea, todavía no ha logrado reducir significativamente su exposición a los combustibles fósiles en sectores estratégicos. El país ha conseguido avances extraordinarios en electricidad renovable, pero sigue siendo vulnerable en transporte, logística y turismo, los sectores donde el petróleo sigue siendo irremplazable a corto plazo.

Esta paradoja explica por qué un país con alta penetración de renovables puede sentir de manera intensa los efectos de un shock petrolero. La electrificación del parque automovilístico apenas alcanza el 5 % y la aviación comercial con combustibles sintéticos o hidrógeno está todavía en fase experimental. El objetivo del Gobierno para 2050 –97 % de renovables en el mix total– exige transformar sectores que hoy consumen el grueso de los hidrocarburos.

Conclusión: la prueba de estrés

La transición energética no consiste únicamente en generar electricidad limpia. Para que España reduzca su exposición a los shocks internacionales es necesario transformar los sectores donde el petróleo sigue siendo crucial: transporte, aviación, logística y turismo.

El conflicto en Irán no es un shock aislado: es una prueba de estrés que revela que el turismo, principal motor económico de España, sigue funcionando en gran medida con queroseno. Mientras el estrecho de Ormuz permanezca cerrado y el Brent por encima de los 100 dólares, la factura la pagará una economía cuyo talón de Aquiles sigue siendo, paradójicamente, invisible desde el enchufe de casa.

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Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El petróleo sigue mandando: la guerra en Irán y la vulnerabilidad energética de España – https://theconversation.com/el-petroleo-sigue-mandando-la-guerra-en-iran-y-la-vulnerabilidad-energetica-de-espana-280119

El alto el fuego acordado por Estados Unidos e Israel con Irán pone fin temporalmente a una guerra costosa, pero ¿podrá durar la paz?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amin Saikal, Emeritus Professor of Middle Eastern Studies, Australian National University; The University of Western Australia; Victoria University

La aceptación por parte del presidente Donald Trump de una propuesta pakistaní para un alto el fuego de dos semanas en la guerra con Irán ha supuesto un suspiro de alivio para la comunidad internacional.

Apenas unas horas antes, muchos se habían alarmado ante las amenazas de Trump de bombardear a Irán hasta devolverlo a “la edad de piedra” y destruir su “civilización”.

El alto el fuego ofrece un respiro para negociar un “acuerdo definitivo sobre la paz a largo plazo con Irán y la paz en Oriente Medio”, según Trump. Sin embargo, el camino hacia un acuerdo definitivo será complejo y accidentado, aunque no insuperable.

Subestimar al enemigo

Tras seis semanas de escalada bélica y retórica, que comenzaron con los ataques conjuntos de EE. UU. e Israel contra Irán y la contundente respuesta de este último, los tres combatientes no solo se han infligido graves golpes mutuamente. La región y el mundo también han sufrido una crisis masiva del petróleo, el gas licuado y la inflación, ya que Teherán cerró el estrecho de Ormuz.

Esto no entraba en las previsiones de Trump. Inicialmente, anticipó que el poderío militar combinado de EE. UU. e Israel se impondría rápidamente. Esto obligaría a Teherán, que había reprimido las protestas públicas generalizadas a principios de año, a capitular y, de este modo, abriría el camino a un cambio de régimen favorable.

Pero el Gobierno iraní demostró ser más resistente y capaz de lo previsto. Actuó de forma estratégica al atacar activos estadounidenses en todo el golfo Pérsico e Israel, además de cerrar el estrecho.

Mientras tanto, Trump no pudo solicitar el apoyo activo de los aliados de EE. UU. para sus esfuerzos bélicos conjuntos con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Netanyahu está acusado por la Corte Penal Internacional de crímenes de guerra en Gaza.

No se consultó a los aliados, y estos no consideraron que participar en una guerra contraria al derecho internacional y a la Carta de las Naciones Unidas redundara en beneficio de sus intereses nacionales.

Un coste de miles de millones

Además, los adversarios globales de Estados Unidos, Rusia y China –ambos con acuerdos de cooperación estratégica con Irán–, se opusieron vehementemente a la guerra. Se unieron a decenas de otros países de todo el mundo para pedir una desescalada y medidas para evitar más repercusiones económicas.

El conflicto se amplió. Israel desató una campaña para ocupar el sur del Líbano en respuesta a los ataques del grupo paramilitar libanés Hezbolá, alineado con Irán.

Los costes de la guerra se dispararon entonces para todas las partes. Solo para EE.  UU., ascendió a al menos 1 000 millones de dólares cada día. Esto aumentó sustancialmente la deuda federal, que se acercaba a los 40 billones de dólares.

La situación se convirtió en una carrera entre misiles ofensivos y misiles interceptores; solo sería cuestión de quién se quedara sin munición primero.

Recientemente, los medios informaron de que a Israel se le estaban agotando los interceptores y que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se enfrentaban a una escasez de efectivos.

Impopular en EE. UU.

Por otro lado, a pesar de la decapitación de su liderazgo por parte de EE. UU. e Israel, la supremacía aérea y el bombardeo de miles de objetivos militares y no militares, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica mantuvo una capacidad de represalia sostenida. Consiguió lanzar docenas de misiles y drones a diario contra objetivos en el Golfo e Israel.

Y lo que es más importante, la guerra resultó cada vez más impopular en Estados Unidos. A medida que la población sentía sus efectos en el aumento del coste de la vida y en las gasolineras, alrededor del 61 % de los ciudadanos se opuso al conflicto. La popularidad de Trump se desplomó en las encuestas de opinión.

En vista de estas variables, Trump no podía cumplir su promesa de intensificar la Operación Furia Épica hasta el punto de borrar del mapa un país tan grande como Irán.

Las características culturales y patrióticas iraníes, así como la devoción de muchos ciudadanos del país por el rama chií del islam, actuaron como un freno frente a la agresión exterior, al igual que en ocasiones anteriores de su historia.

Un largo camino por delante

Esto no quiere decir que negociar y alcanzar un acuerdo integral para una paz duradera entre EE. UU. e Irán vaya a ser fácil.

Pero una parte crucial de la aceptación del alto el fuego por parte de Trump, que nos da una idea de su forma de pensar, es la siguiente:

Hemos recibido una propuesta de 10 puntos de Irán (en respuesta a la propuesta de 15 puntos de EE. UU.), y creemos que es una base viable sobre la que negociar. Casi todos los diversos puntos de desacuerdo del pasado han sido acordados entre Estados Unidos e Irán, pero un periodo de dos semanas permitirá que el acuerdo se finalice y se consuma.

Los diez puntos incluyen el cese de las hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano, si bien Israel ha afirmado desde entonces que el Líbano no está incluido en el alto el fuego.

Algunos de los otros elementos clave son:

  • Estados Unidos debe comprometerse fundamentalmente a garantizar la no agresión.

  • Irán seguirá controlando el estrecho de Ormuz.

  • Se retirarán las sanciones primarias y secundarias contra Irán.

  • Y se aceptará derecho de Irán a enriquecer uranio para su programa nuclear (con fines pacíficos).

Ahora le corresponde a Trump meter en vereda a Netanyahu, quien ha trabajado arduamente durante mucho tiempo no solo para destruir al Gobierno iraní, sino también para reducir el papel del Teherán como actor regional.

Si esto ocurre y todas las partes negocian de buena fe, hay motivos para el optimismo. Podríamos asistir al amanecer de un orden regional de posguerra basado más en un acuerdo de seguridad colectiva que en la supremacía regional de un actor sobre otro.

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Amin Saikal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Los olivares guardan el secreto para fabricar envases biodegradables activos que mantienen frescos los alimentos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lourdes Casas Cardoso, Catedrática de Universidad, Universidad de Cádiz

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¿Sabía que casi un tercio de la comida termina en la basura? Muchos productos se estropean antes de llegar a nuestras manos. Este desperdicio impacta gravemente al planeta y a la economía por la pérdida de recursos que conlleva.

No basta con cultivar más frutas y verduras cada año. Debemos aprender a utilizar mejor los recursos que ya tenemos. Una solución innovadora consiste en utilizar los desechos del campo para crear envases activos. Estos ayudan a que los alimentos duren más tiempo, reduciendo así el desperdicio de comida.

El gran reto de conservar los recursos

El plástico derivado del petróleo todavía domina el mercado del envasado. Entre sus ventajas destaca que es un material muy barato y fácil de fabricar en masa. Sin embargo, da lugar a gran cantidad de residuos que dañan la naturaleza.

Tirar comida también supone desperdiciar el agua usada en el riego, la energía empleada en el transporte y el esfuerzo de los agricultores. El coste ambiental de producir alimentos que nadie consume es altísimo y reducir estas pérdidas es ahora una prioridad mundial. Además, necesitamos alternativas al plástico que no contaminen los océanos ni los suelos. Ante este gran reto, los materiales naturales aparecen como la mejor respuesta.




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De las hojas del olivo al hogar

Los restos de la poda del olivo suelen considerarse simples desechos. Tras la cosecha, miles de toneladas de hojas quedan sin reutilizar. En una investigación reciente hemos propuesto dar una segunda vida a este material vegetal.

Las hojas del olivo albergan sustancias antioxidantes y antimicrobianas que evitan que los alimentos se alteren. Es por ello que estos componentes son ideales para proteger la carne, las frutas y las verduras. Mediante técnicas específicas, es posible extraerlos e incluirlos en los materiales de envasado, dotando al nuevo material de sus beneficios.

Un escudo activo y natural

Una vez obtenidos, los extractos se incorporan a una película biodegradable hecha con fuentes naturales, como el almidón de maíz o ácido poliláctico, para dar lugar a un envase. La lámina libera gradualmente los compuestos activos, que retrasan los cambios que dañan los alimentos y prolongan su frescura.

Así, los envases activos no solo protegen físicamente los alimentos sino que, además, los mantienen en buen estado mientras permanecen envasados.

Al ser biodegradable, el material se descompone de forma natural una vez lo desechamos. Así se reduce el impacto ambiental y se aprovechan mejor los residuos agrícolas.

Un método seguro y sin necesidad de disolventes

Para introducir los extractos en el envase se usa una técnica limpia: dióxido de carbono sometido a una presión muy alta. En este estado especial, el fluido se comporta como si fuera un líquido y un gas a la vez.

Este fluido penetra en el material natural y lo impregna de los compuestos activos. No hace falta usar disolventes químicos que puedan ser peligrosos o tóxicos, por lo que es un método muy seguro para la salud de las personas.

Al terminar el proceso, el gas recupera su forma original sin dejar ningún tipo de residuo extraño en el envase final. Esta tecnología permite controlar con exactitud la calidad de cada pieza fabricada.

Una tecnología viable para producción industrial

Demostrar que el envase funciona en laboratorio no basta. Por eso utilizamos una planta piloto para fabricar láminas más grandes, similares a las que requiere la industria para producir envases a gran escala. Esto permite comprobar que la distribución del extracto es uniforme y que la calidad se mantiene.

El color verde del extracto sirve como indicador visual. Así, podemos detectar zonas con menor concentración y ajustamos el proceso, logrando una distribución homogénea de las sustancias activas. Esto asegura que cada parte del envase cumpla su función protectora.

De esta forma, la tecnología pasa de ser experimental a viable para producción industrial.

El camino hacia la economía circular

Este avance impulsa un modelo de economía circular donde nada se pierde y todo se transforma: los restos de una cosecha ayudan a proteger la cosecha siguiente. Así se cierra un ciclo que imita a la propia naturaleza.

De esta forma, se reduce la necesidad de utilizar nuevas materias primas y se genera menos basura en las ciudades y en los campos. Es un ejemplo claro de cómo la ciencia mejora nuestra vida diaria.

Las empresas que adopten estos envases serán mucho más competitivas y modernas. Estas generarán menos impactos negativos en el medio ambiente y responderán a clientes que valoran cada vez más los productos sostenibles. Es una inversión con beneficios para la sociedad y para el futuro.




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Beneficios para todos

El consumidor final es el gran beneficiado de esta tecnología verde. Al comprar los productos en envases activos, los alimentos durarán mucho más tiempo frescos. Esto ayuda a organizar mejor las compras y a ahorrar dinero.

También ganamos en salud al consumir alimentos con menos aditivos químicos. La protección viene de la propia naturaleza, en este caso de las hojas de olivo.




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El futuro de la alimentación empieza con estos pequeños cambios en el campo. Cada envase biodegradable es un paso hacia un mundo mucho más limpio y que genera menos basura.

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Lourdes Casas Cardoso recibe fondos de MCIN/AEI/10.13039/501100011033 and European Union NextGenerationEU/PRTR, Proyecto: “TED2021–131822B-I00”; Los resultados también forman parte del PROYEX CEL_00920 (Convocatoria 2021) financiado por el Programa de Ayudas a Proyectos de Investigación de Excelencia, en régimen de concurrencia competitiva, dirigido a Entidades Calificadas como Agentes del Sistema Andaluz del Conocimiento, en el ámbito del Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación (PAIDI, 2020).

Cristina Cejudo Bastante recibe fondos del Programa Operativo del FEDER para Andalucía 2021-2027 y la Consejería de Universidades, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía (FEDER-UCA-2024-A1-07).

Lidia Verano Naranjo y Noelia Daiana Machado no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Los olivares guardan el secreto para fabricar envases biodegradables activos que mantienen frescos los alimentos – https://theconversation.com/los-olivares-guardan-el-secreto-para-fabricar-envases-biodegradables-activos-que-mantienen-frescos-los-alimentos-278920

La ciencia de Artemis II: experimentos a bordo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), Universidad de Navarra

La astronauta de la NASA Christina Koch, fotografiada el pasado 3 de abril en la nave Orión. NASA

Durante el histórico viaje de Artemis II, que el pasado lunes sobrevoló la Luna y regresará a la Tierra el viernes 10 de abril, se están llevando a cabo varios experimentos científicos que tienen como protagonistas a los propios astronautas.

Monitorizados en el espacio

Uno de los más importantes, denominado ARCHeR (arquero), consiste en analizar cómo afecta el viaje espacial a los patrones de sueño, la actividad y el estrés. Para monitorizarlo, los tripulantes llevan una pulsera (actígrafo) que registrará los movimientos, actividad y patrones sueño-vigilia durante toda la travesía.

Además, se recopilarán datos y encuestas de desempeño conductual antes y después de la misión. Los resultados serán utilizados para comprender cómo afectan el aislamiento y el estrés de un viaje espacial en la mente, el sueño y la tensión emocional de los astronautas.

Otro tipo de experimentos tienen que ver con biomarcadores inmunitarios, es decir, el estudio de cómo el espacio puede afectar a nuestro sistema de defensa. Para ello, los tripulantes han tomado muestras de su saliva y sangre antes de subirse a la nave Orión y lo harán después. Durante el viaje, también recogerán saliva seca que se depositará en un papel especial en pequeños cuadernillos de bolsillo, ya que el equipo necesario para conservar muestras húmedas en el espacio –incluida la refrigeración– no estará disponible debido a las limitaciones de volumen.

El astronauta de la NASA Randy Bresnik se prepara para recoger una muestra de saliva seca a bordo de la Estación Espacial Internacional.
NASA

Con estos datos se espera comprender mejor cómo las hormonas del estrés, los virus y las células pueden verse afectados por las condiciones de vuelo. Se quiere estudiar, por ejemplo, cómo se reactivan los virus latentes en el cuerpo de los astronautas en el espacio (algo que ya se había comprobado en vuelos anteriores, pero aún no se conocen los detalles de este fenómeno).

Órganos en chips

También se quiere estudiar cómo afecta la radiación cósmica y la microgravedad a la salud de los astronautas. Para ello se realizará un experimento denominado AVATAR (A Virtual Astronaut Tissue Analog Response, “Respuesta de Tejidos Análogos de un Astronauta Virtual”), cuyos resultados podrían tener beneficios de gran alcance y contribuir al avance de la medicina personalizada del futuro.




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Cuando los astronautas regresen de Marte, probablemente se romperán la cadera


Para ello, se han recogido muestras de células de la médula ósea cada tripulante y se han cultivado en un chip del tamaño de una memoria USB (llamado organ-on-a-chip, “órgano en un chip”). Así ha podido obtrenerse una pequeña médula ósea artificial con las características de cada uno de ellos, a modo de réplicas o avatares. Estos dispositivos se expondrán a la radiación durante el vuelo y los resultados se compararán con réplicas similares una vez que vuelvan de la misión. Mediante técnicas de secuenciación de ARN compararán cómo ha influido el viaje espacial en la expresión de los genes de dichas células.

El chip que se está usando en el experimento AVATAR.
Emulate/NASA

Al ser la médula ósea responsable de producir glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas, constituye una muestra ideal para diagnosticar enfermedades y evaluar la respuesta del sistema inmunitario a los tratamientos. Esta es la primera vez que estos chips de órganos personalizados, adaptados a la tripulación de astronautas, viajan más allá de la órbita terrestre. Un objetivo clave de esta investigación es validar si dichos dispositivos pueden servir como herramientas precisas para medir y predecir las respuestas humanas al estrés de manera personalizada.

Adicionalmente, la tripulación ha proporcionado muestras biológicas, incluyendo sangre, orina y saliva, para evaluar su estado nutricional, salud cardiovascular y función inmunológica desde aproximadamente seis meses antes del viaje hasta un mes después de su regreso. También participarán en pruebas y estudios para evaluar el equilibrio, la función vestibular, el rendimiento muscular y los cambios en su microbioma, así como la salud ocular y cerebral.

Durante su estancia en el espacio, la recopilación de datos incluye una evaluación de los síntomas del mareo, y tras el aterrizaje, se realizarán pruebas adicionales de movimientos de cabeza, ojos y cuerpo, entre otras tareas de rendimiento funcional.

Experimentos del tamaño de una caja de zapatos

Además de todo esto, a bordo de Artemis II viajan al espacio cinco experimentos en forma de CubeSats de varias agencias internacionales (Alemania, Corea del Sur, Arabia Saudita y Argentina): demostraciones tecnológicas y experimentos científicos del tamaño de una caja de zapatos. Son los siguientes:

  • ATENEA recopila datos sobre las dosis de radiación en función de diversos métodos de blindaje, mide el espectro de radiación alrededor de la Tierra, obtiene datos GPS para ayudar a optimizar el diseño de futuras misiones y validará un enlace de comunicaciones de largo alcance.

  • TACHELES recoge mediciones sobre los efectos del entorno espacial en los componentes eléctricos de los vehículos lunares.

  • K-RadCube utiliza un dosímetro con material similar a un tejido humano, con el fin de medir la radiación espacial y evaluar los efectos biológicos a diversas altitudes.

  • SHMS mide aspectos del clima espacial a diversas distancias de la Tierra.

Todos estos experimentos servirán para proteger mucho mejor a los astronautas que viajen a la Luna en el futuro. Por ejemplo, se podrían buscar medidas para atajar sus problemas de sueño o trajes que protejan mejor de la radiación.

En definitiva, los resultados servirán para futuras intervenciones, tecnologías y estudios que ayuden a predecir la adaptabilidad de las tripulaciones en una misión a la Luna o incluso a Marte.


Una versión de este articulo ha sido publicada en el blog microBIO del autor.


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Ignacio López-Goñi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La ciencia de Artemis II: experimentos a bordo – https://theconversation.com/la-ciencia-de-artemis-ii-experimentos-a-bordo-280063

También la digitalización y la brecha digital influyen en el derecho a la vivienda

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisa Brey, Profesora en sociología y opinión pública, experta en migraciones y vida urbana, Universidad Complutense de Madrid

New Africa/Shutterstock

La brecha digital se une a las dinámicas excluyentes del mercado de la vivienda (proliferación de alquileres de corta estancia, retirada de viviendas del mercado alquiler) y a la escasez de iniciativas públicas. Como resultado, se refuerzan las dificultades de acceso a la vivienda, especialmente para las personas más vulnerables.

Así lo hemos comprobado en un estudio reciente, realizado en tres ciudades del sur de Europa: Madrid, Bolonia y Atenas.

Esta digitalización coloca a algunos grupos sociales en una situación de especial ventaja (nativos digitales, turistas o nómadas digitales) mientras otros (personas mayores o en situación de pobreza, por ejemplo) se ven especialmente excluidos.

Qué entendemos por digitalización en el sector vivienda

La digitalización se observa en tres niveles. El primero opera en el mercado inmobiliario en su conjunto, y está vinculado al auge del capitalismo digital. Un indicador es el aumento de los propietarios corporativos que gestionan el alquiler de sus propiedades anónimamente, con datos, y a través de intermediarios.

La lógica de datos rompe el vínculo entre propietarios e inquilinos, centrándose en maximizar beneficios y minimizar riesgos. Esto permite una gestión impersonal de los desahucios y discrimina a los inquilinos más vulnerables. Además, las plataformas digitales fomentan los aumentos en los precios de compra y alquiler.

El segundo nivel se refiere al uso de las redes por parte de movimientos sociales para dar visibilidad a las necesidades de vivienda. En España, ha sido relevante la acción en plataformas digitales de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y, más recientemente, de los Sindicatos de inquilinas e inquilinos.

El tercer nivel se refiere a la promoción de plataformas digitales por las autoridades públicas. El objetivo es ampliar el acceso a la información y la transparencia de las iniciativas públicas.

La digitalización beneficia a unos, no a todos

Según las entrevistas hechas en Madrid, Bolonia y Atenas, la brecha digital modula el impacto de la digitalización en el derecho a la vivienda. Este impacto depende de los grupos de población y el tipo de plataforma digital.

Las personas mayores, los migrantes, las personas sin hogar, los refugiados y los inquilinos se encuentran en una situación más vulnerable en la era digital. Por el contrario, propietarios e inquilinos a corto plazo (como los turistas o los nómadas digitales) pueden estar más protegidos.

La situación de los jóvenes es ambigua. En general, se ven menos afectados por la brecha digital, pero se encuentran en una situación vulnerable para acceder a una vivienda asequible y digna.

La generación de alquiler (generation rent), menores de 40 años que no pueden permitirse comprar una vivienda, que emergió como consecuencia a largo plazo de la crisis de 2008, agravado por la pandemia de covid-19, se ha consolidado como una generación de inquilinos. Para ellos, el régimen de tenencia tiene consecuencias vitales más allá de la vivienda: se retrasa la salida del hogar familiar y se pospone la formación de una familia propia, lo que a su vez provoca un desplome de la natalidad.

En los tres países que estudiamos es clara la posición de fuerza de las personas con mayores conocimientos digitales en el acceso a la vivienda. Tienen más poder para acceder a la información y negociar las condiciones del alojamiento. Un posible factor de protección ante la brecha digital sería unirse a movimientos sociales y organizaciones de defensa a través de la participación digital y analógica, dadas las consecuencias reales que tiene la brecha digital en el derecho a la vivienda.

En cuanto al tipo de plataformas digitales utilizadas por los ciudadanos, las plataformas austeras –que funcionan como intermediarias entre quien ofrece y quien recibe el servicio (por ejemplo, Idealista o Airbnb)–, benefician a los propietarios, especialmente si se trata de fondos de inversión transnacionales. Las redes sociales pueden convertirse en plataformas digitales de networking, defensa y diálogo. Ofrecen así mayor visibilidad al derecho a una vivienda digna.

Familiaridad versus brecha digital

En España, la digitalización puede facilitar el acceso a la vivienda a determinados grupos de población. Por ejemplo, los jóvenes, gracias a su familiaridad con el mundo digital y los anuncios en línea pueden encontrar compañeros de piso más rápidamente.

Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería (WhatsApp, Telegram y similares) son otros canales informales de acceso a la vivienda para jóvenes y otros grupos vulnerables. Allí pueden encontrar y compartir recursos de forma pública, o con un grupo limitado de personas de su confianza.

La brecha digital afecta al acceso a la vivienda de distintos modos. Interfiere al solicitar vivienda pública y ayudas económicas o al registrarse en el censo. Incide en otros procesos del ámbito privado, como el pago del alquiler y los servicios a través de oficinas electrónicas.

Más allá de la disponibilidad de dispositivos electrónicos, también el acceso a una conexión a internet adecuada es parte fundamental de la integración en la sociedad actual, junto con tener competencias digitales básicas.

Son notables los problemas que enfrentan las personas vulnerables cuando realizan tareas burocráticas complejas en los sitios web del gobierno. El acceso se ve agravado por la falta de conocimiento sobre dónde buscar la información. La brecha digital aumenta las dificultades para acceder a la información sobre la oferta de vivienda, ya que gran parte de ella se publica en listados en línea.

Retos de futuro

En materia de digitalización y vivienda, algunos temas merecen mayor atención. Es el caso de la gobernanza democrática (en el plano digital) de los sistemas de vivienda: la igualdad de acceso a la información digital sobre los programas de vivienda pública, el papel del Estado en la alfabetización digital, la política de vivienda asequible y la regulación de los mercados inmobiliarios, incluidos los alquileres a corto y medio plazo.

Estos nuevos conocimientos permitirán a las sociedades estar mejor preparadas para prevenir las crisis de vivienda y reconocer, proteger y cumplir el derecho a la vivienda para todos y por todos en la era digital.

The Conversation

Elisa Brey recibió fondos de UNA Europa, en 2022, como investigadora principal del proyecto “Digitalized exclusion, public opinion, and the right to housing in Europe” (Referencia: SF21D2). En el proyecto, liderado desde la Universidad Complutense de Madrid, colaboraron la Universidad de Bolonia (Giulia Ganugi & Sara Chinaglia) y KU Leuven (Angeliki Paidakaki & Maria Geldimi).

Ainhoa Ezquiaga Bravo recibió fondos de UNA Europa, en 2022, como colaboradora externa en el proyecto “Digitalized exclusion, public opinion, and the right to housing in Europe” (Referencia: SF21D2). En el proyecto, liderado desde la Universidad Complutense de Madrid, colaboraron la Universidad de Bolonia y KU Leuven.

ref. También la digitalización y la brecha digital influyen en el derecho a la vivienda – https://theconversation.com/tambien-la-digitalizacion-y-la-brecha-digital-influyen-en-el-derecho-a-la-vivienda-274488

Ampersand: dos mil años de historia en un solo trazo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maximiliano Pascual Gómez Rodríguez, Profesor asociado de Diseño, Universidad de Murcia

Pelikanz/Shutterstock

Lo encontramos encima de la tecla del número 6, en un gran número de logotipos –desde firmas de abogados hasta marcas de ropa– y lo garabateamos en muchas ocasiones sin pensar –y como podemos– cuando tomamos notas.

El símbolo & nos resulta tan familiar que casi nunca nos preguntamos qué es exactamente. Pero no es un signo arbitrario ni una invención moderna, sino una ligadura tipográfica con casi dos mil años de historia documentada. En su forma actual todavía guarda los trazos de las dos letras latinas que le dieron origen.

Cuando la velocidad crea un símbolo

Para entender el origen del ampersand hay que situarse en la Roma del siglo I y recordar un dato básico de latín: que la conjunción “y” se escribía et. Los escribas romanos, y más tarde los copistas medievales, trabajaban con materiales costosos y lentos. El pergamino requería un proceso laborioso de preparación y el trabajo manuscrito consumía horas. Para ganar tiempo y espacio, desarrollaron las ligaduras, es decir, la fusión gráfica de dos o más letras en un solo trazo.

Cuando se escribía et con rapidez, la curva inferior de la “e” tendía a conectarse de forma natural con el trazo vertical de la “t”. El resultado era un signo nuevo que representaba las dos letras juntas. El ejemplo más antiguo conocido de esta ligadura procede de Pompeya y es anterior al año 79, fecha en que la erupción del Vesubio sepultó la ciudad. Si se observa una tipografía clásica como Garamond o Baskerville en su versión cursiva, la “e” y la “t” todavía son reconocibles a simple vista dentro del símbolo.

Evolución del símbolo &. De izquierda a derecha: antigua cursiva romana, del año 131; dos cursivas romana nueva, mediados del siglo IV; uncial, de un manuscrito, antes del 509; uncial, de un manuscrito, siglo VII; y minúscula carolingia, 810.
Evolución del símbolo &. De izquierda a derecha: antigua cursiva romana, del año 131; dos cursivas romana nueva, mediados del siglo IV; uncial, de un manuscrito, antes del 509; uncial, de un manuscrito, siglo VII; y minúscula carolingia, 810.
Wikimedia Commons, CC BY-SA

Jan Tschichold, uno de los tipógrafos más influyentes del siglo XX, documentó en su obra The Ampersand: its origin and development (1957) la evolución del símbolo a lo largo de los siglos, desde esa primera forma pompeyana hasta las variantes en uso a finales del XIX. Su catálogo muestra que, aunque la ligadura básica se mantuvo reconocible, cada período histórico y cada tradición caligráfica produjo versiones propias, algunas muy alejadas formalmente de las dos letras originales.

Del abecedario a la lengua cotidiana

Si el símbolo tiene origen latino, ¿por qué su nombre es tan marcadamente anglosajón? La respuesta está en las aulas británicas del siglo XIX.

Hasta mediados de ese siglo, el símbolo & se consideraba la letra número 27 del alfabeto inglés y se recitaba al final del abecedario junto a la “z”. El problema era que nombrar el símbolo resultaba confuso, porque decir “and” para referirse al signo significaba pronunciar “and and”, que sonaba redundante y cacofónico.

Para aclarar que se hablaba del símbolo en sí mismo y no de la conjunción, se recurría a la fórmula latina per se, que significa “por sí mismo”. La recitación completa sonaba así: “X, Y, Z, and per se and”. Pronunciada con rapidez y de corrido, esa cadena de sílabas fue contrayéndose por el uso hasta producir una nueva palabra: ampersand.

De la escritura carolingia a la pantalla

A lo largo de los siglos, el diseño del ampersand fue cambiando al ritmo de las transformaciones en los sistemas de escritura. En el período carolingio adoptó formas más redondeadas, acordes con la caligrafía minúscula que se estandarizaba en los scriptoriums de la época. Durante el Renacimiento, los maestros tipógrafos lo refinaron hasta las versiones que hoy asociamos con las fuentes clásicas. Cada período dejó su impronta en el símbolo sin borrar del todo la anterior.

La transición al entorno digital no fue del todo sencilla para el ampersand. Los lenguajes de programación web asignaron al carácter “&” una función técnica dentro de su propia sintaxis, lo que durante años provocó que el símbolo apareciera mal representado en páginas web cuando los programadores no lo trataban de forma especial. Resultaba curioso que un signo nacido para agilizar la escritura se convirtiera, en determinados contextos informáticos, en una fuente de errores.

Con el tiempo, las herramientas de edición digital aprendieron a gestionarlo de forma automática y el problema desapareció para la mayoría de los usuarios.


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Por qué el ampersand nunca ha quedado obsoleto

El ampersand pertenece a una categoría escasa de signos que los lingüistas llaman logogramas, símbolos que representan directamente una palabra o concepto en lugar de un sonido. En ese sentido se comporta de forma distinta a las letras del alfabeto, pues no se pronuncia deletreando, sino que se lee directamente como “y” en español, “and” en inglés o “et” en francés o italiano, según el idioma del texto al que aparezca.

Lo que hace singular al ampersand no es solo su antigüedad, sino su continuidad. A diferencia de otros signos medievales que cayeron en desuso, nunca dejó de emplearse. Sobrevivió a la imprenta de tipos móviles, a la máquina de escribir y a los primeros teclados digitales. Hoy aparece en nombres de empresa, en titulares de prensa o en el código de programación. En ese recorrido de dos mil años hay algo que va más allá de la utilidad, y es la capacidad de un trazo sencillo para condensar, en cada época, una forma de entender la escritura como gesto vivo.

The Conversation

Maximiliano Pascual Gómez Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ampersand: dos mil años de historia en un solo trazo – https://theconversation.com/ampersand-dos-mil-anos-de-historia-en-un-solo-trazo-277700

Volver a pisar la Luna: Artemis III y la promesa del primer gran salto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

Representación artística del sistema de aterrizaje tripulado (HLS) de la nave Starship de SpaceX en la Luna. La NASA está colaborando con SpaceX en el desarrollo del HLS de la nave Starship para transportar a los astronautas desde la órbita lunar hasta la superficie lunar y de vuelta, en el marco de las misiones Artemis III y Artemis IV.
Space X., CC BY

La vuelta a la Luna ya no se parece al relato lineal de las misiones Apolo. Hoy es un problema de sistema, de arquitectura y de permanencia.

En febrero de 2026, NASA actualizó su programa Artemis con una idea clave: aumentar la cadencia de misiones (incluyendo una adicional en 2027) y aspirar más adelante a, por lo menos, un alunizaje por año. En ese rediseño, la segunda misión tripulada, Artemis III, prevista para mediados de 2027, dejará de ser el primer aterrizaje –como se había previsto en un principio– y pasará a convertirse en una misión de demostración en órbita terrestre. Mientras, Artemis IV asumirá el regreso humano a la superficie lunar, previsto para finales de la década.

Este cambio no es un retroceso, sino una señal de madurez. Explorar la Luna hoy no consiste en repetir un hito, sino en construir una capacidad sostenida.

La misión invisible que lo hace posible

A primera vista, Artemis III puede parecer menos espectacular que un alunizaje. Sin embargo, es una de las misiones más críticas del programa. Su objetivo es validar el funcionamiento conjunto de todos los elementos clave: el lanzamiento con el cohete SLS, el viaje en la nave Orión y, sobre todo, el encuentro y acoplamiento con naves comerciales en órbita.

Ese “ensayo general” es fundamental. Las futuras misiones dependerán de una coreografía precisa entre vehículos desarrollados por distintos actores. Si algo falla en esa cadena (acoplamientos, transferencias de tripulación, comunicaciones…), el sistema completo se resiente. Artemis III sirve, por tanto, para probar que esa arquitectura compleja funciona antes de arriesgar un descenso a la superficie lunar.

Tecnologías que cambian las reglas del juego

El programa Artemis introduce una diferencia esencial respecto a Apolo: ya no depende de un único sistema cerrado, sino de una red de tecnologías interconectadas.

El cohete SLS proporciona la potencia necesaria para salir de la órbita terrestre con tripulación. La nave Orión permite transportar astronautas en el espacio profundo con sistemas avanzados de soporte vital. A esto se suman los sistemas de tierra y control de misión, diseñados para hacer que cada vuelo sea repetible y escalable.

Nave Orión.
NASA., CC BY

Pero el cambio más profundo está en la integración con la industria privada. Los sistemas de aterrizaje humano (aún en desarrollo) serán construidos por empresas, no directamente por la NASA. Esto marca una transición hacia un modelo híbrido: la agencia define los objetivos científicos y de seguridad, mientras que el sector privado aporta flexibilidad e innovación tecnológica.

El polo sur lunar: ciencia y estrategia

El destino elegido para las futuras misiones no es casual. El polo sur lunar concentra algunos de los lugares más interesantes del satélite: regiones en sombra permanente que podrían albergar hielo de agua, materiales extremadamente antiguos y registros de la historia temprana del sistema solar.

Polo sur de la Luna y los cráteres de su entorno.
NASA.

El interés es doble. Por un lado, científico: estudiar la evolución de la Luna, los impactos y la actividad solar primitiva. Por otro, estratégico: si existe agua utilizable, podría convertirse en recurso clave para sostener misiones humanas, produciendo oxígeno o, incluso, combustible.

Artemis no solo pretende llegar allí, sino que hace posible trabajar sobre el terreno: desplegar instrumentos, utilizar rovers y operar con trajes diseñados para largas actividades extravehiculares.

Gateway y la Luna como infraestructura

Otro de los pilares del programa es Gateway, una pequeña estación espacial en órbita lunar. Su función no será únicamente servir como punto de paso, sino como nodo logístico y científico.

Elementos de Gateway.
NASA.

Gateway permitirá coordinar misiones, almacenar suministros y facilitar operaciones más complejas. En lugar de misiones aisladas, la exploración se convierte en una red de tránsito: una infraestructura que conecta la Tierra, la órbita lunar y la superficie.

Este enfoque marca un cambio conceptual profundo. La Luna deja de ser un destino puntual para convertirse en un entorno operativo.

Más allá de la Luna: el camino hacia Marte

El verdadero objetivo de Artemis no termina en la Luna. NASA lo enmarca dentro de su estrategia “Moon to Mars: utilizar el entorno lunar como banco de pruebas para misiones aún más ambiciosas.

Vivir y trabajar en la Luna implica resolver problemas que también aparecerán en Marte: radiación, aislamiento, autonomía operativa, uso de recursos locales y fiabilidad de sistemas a largo plazo. Cada misión Artemis aporta datos y experiencia en estos ámbitos.

El primer gran salto… antes de darlo

Artemis III, en su nueva definición, puede parecer una etapa intermedia. Pero es, en realidad, el punto en el que la exploración espacial cambia de naturaleza. Ya no se trata de demostrar que podemos llegar, sino de demostrar que podemos volver, repetir y mantenernos.

Si tiene éxito, la humanidad estará más cerca de convertir la presencia en la Luna en algo habitual. Y ese será, quizás, el verdadero gran salto: no volver a pisarla una vez más, sino aprender a no dejar de hacerlo.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Volver a pisar la Luna: Artemis III y la promesa del primer gran salto – https://theconversation.com/volver-a-pisar-la-luna-artemis-iii-y-la-promesa-del-primer-gran-salto-279877

¿Puede una bebida deportiva casera ser tan efectiva como una comercial?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Pérez-López, Profesor Titular de Universidad. Ejercicio físico, Nutrición y Metabolismo, Universidad de Alcalá

PeopleImages/Shutterstock

En carreras populares, entrenamientos de ciclismo y partidos de cualquier deporte bajo el sol, puede observarse una escena habitual. Alguien abre una botella fluorescente y bebe de ella para hidratarse mientras se recupera del esfuerzo. Sin embargo, cada vez son más las personas que plantean una alternativa a estas bebidas deportivas comerciales: prepararla en casa con agua, zumo de fruta y una pizca de sal.

Ante esta situación, la pregunta surge: ¿realmente necesitamos una bebida deportiva comercial para rendir mejor o es posible obtener beneficios similares con una preparación casera? Ni la primera es mágica, ni el zumo con sal que preparamos nosotros es siempre suficiente. La clave está en un pequeño transportador que trabaja en nuestro intestino.

La ciencia de la hidratación deportiva muestra que lo importante no es tanto la marca, sino la fisiología que hay detrás de la formulación.

Qué hace realmente una bebida deportiva

Una bebida deportiva no es simplemente agua con sabor. Está diseñada para cumplir tres funciones clave durante el ejercicio prolongado o intenso:

  1. Rehidratar, compensando la pérdida de líquidos por el sudor.

  2. Reponer electrolitos, especialmente sodio.

  3. Aportar energía, principalmente en forma de carbohidratos.

Las recomendaciones fisiológicas más citadas para actividades prolongadas sugieren que una bebida eficaz debería contener aproximadamente:

• Entre 5 y 10 % de carbohidratos.

• Entre 20 y 30 mmol/L de sodio.

• Entre 2 y 5 mmol/L de potasio.

Estas proporciones no son arbitrarias. Están pensadas para favorecer la absorción intestinal de agua y nutrientes y evitar tanto la deshidratación como la saturación digestiva.

Qué ocurre en el cuerpo durante el ejercicio

Cuando realizamos ejercicio físico intenso o prolongado ocurren tres procesos importantes. Por un lado, perdemos agua a través del sudor, pero también perdemos electrolitos, sobre todo sodio. Además consumimos glucógeno muscular, una de las principales reservas de energía rápida.

Si estas pérdidas no se compensan puede aparecer la fatiga de manera prematura, disminuir el rendimiento, experimentar calambres o mayor estrés cardiovascular.

Por ello, las bebidas deportivas combinan líquidos, electrolitos y carbohidratos. De este modo intentan restaurar simultáneamente estos tres componentes.

El secreto está en el intestino

Parte clave de la eficacia de estas bebidas tiene que ver con algo que ocurre en el intestino delgado. Allí existe un mecanismo llamado cotransportador sodio-glucosa (SGLT1), que transporta al mismo tiempo sodio y glucosa hacia el interior del organismo. Al hacerlo, arrastra agua con ellos. En otras palabras, la presencia conjunta de sodio y glucosa facilita una absorción de líquidos más rápida y eficiente.

Este principio fisiológico explica por qué muchas bebidas deportivas contienen simultáneamente carbohidratos y sodio. La combinación favorece la rehidratación y ayuda a mantener el equilibrio de líquidos durante el ejercicio físico intenso o prolongado.

Sin embargo, la absorción intestinal de carbohidratos no depende únicamente de este mecanismo. En el intestino también existen otros transportadores, como GLUT5, que permiten absorber fructosa, y GLUT2, implicado en el transporte de distintos azúcares hacia la sangre.

Gracias a la participación de varios transportadores, el intestino puede absorber cantidades relativamente elevadas de carbohidratos cuando se combinan diferentes tipos de azúcares. Por esta razón muchas bebidas deportivas modernas utilizan mezclas de glucosa, fructosa o maltodextrina.

Gran parte de las bebidas comerciales están formuladas según este principio fisiológico. En la práctica las bebidas diseñadas para ejercicio físico intenso o prolongado suelen contener entre 30 y 80 g de carbohidratos por litro (entre un 3 y un 8 %) y alrededor de entre 0,5 y 0,7 g de sodio por litro. Se trata de concentraciones que favorecen la absorción intestinal sin provocar molestias digestivas.

¿Qué dice la evidencia sobre las bebidas caseras?

Durante décadas, atletas, entrenadores y dietistas-nutricionistas han preparado bebidas caseras para intentar aproximarse a estas recomendaciones. Una receta típica es la que incluye 1 litro de agua, 60 gramos de azúcar o miel, ¼ de cucharadita de sal y zumo de fruta, para mejorar el sabor. Es decir, una combinación de agua, carbohidratos y sodio.

Sin embargo, algunos estudios sugieren que la precisión de la fórmula importa. En una investigación en la que se comparó una bebida deportiva comercial y una bebida popular y casera alemana llamada Apfelschorle (compuesta por agua con gas mezclada con zumo de manzana), la bebida casera se comportó de forma similar al agua en términos de rehidratación. Pero fue menos eficaz que la bebida deportiva comercial.

Esto se explica porque la Apfelschorle contiene principalmente fructosa –un azúcar que no activa el cotransportador SGLT1– y muy poco sodio. Esto demuestra que no basta con añadir zumo: la proporción exacta de carbohidratos y sodio influye en la absorción y en el rendimiento.

Más allá de la fórmula básica

Las bebidas comerciales modernas suelen incorporar elementos adicionales que pueden influir en su eficacia como aminóacidos y electrolitos, cafeína y otros estimulantes que mejoran el rendimiento. Ademas, su eficacia depende del tipo de carbohidratos (glucosa, fructosa, maltodextrina) y de su sabor y palatabilidad, ya que estos determinan cuánto se bebe voluntariamente.

Además, hay que tener en cuenta que las bebidas industriales se producen bajo estándares de seguridad alimentaria. En cambio, las bebidas caseras con azúcar pueden favorecer el crecimiento microbiano si se almacenan durante horas en ambientes calurosos o sin refrigeración.

El contexto lo cambia todo

No todos los tipos de ejercicio y entrenamiento requieren la misma estrategia de hidratación. De manera muy resumida y centrados en la duración de la actividad, podríamos establecer lo siguiente:

• Para menos de 60 minutos, el agua suele ser suficiente.

• Entre 60 y 120 minutos, los carbohidratos empiezan a ser útiles.

• Si se superan las 2 horas, la reposición precisa de carbohidratos y sodio se vuelve crítica.

También influyen otros factores como la temperatura ambiental, la tasa individual de sudoración, la adaptación al calor o el estado de hidratación previo.

De ahí la importancia de personalizar la hidratación deportiva.

Entonces, ¿merece la pena preparar una bebida casera o utilizo una bebida comercial?

La evidencia sugiere que una bebida casera bien formulada puede ofrecer beneficios similares a los de una comercial, siempre que contenga proporciones adecuadas de agua, carbohidratos y sodio.

Sin embargo, las bebidas comerciales presentan algunas ventajas: mayor precisión en la composición, pruebas experimentales más extensas y mayor estabilidad microbiológica.

Cómo hacer una bebida casera efectiva (si decide optar por ella)

Para que nuestra preparación casera sea realmente útil hay que tener en cuenta estos puntos:

  1. Las proporciones importan. Una fórmula de partida probada es: 1 litro de agua, entre 30 y 60 g de azúcar (según la duración del ejercicio) y entre 1 y 2 g de sal (aproximadamente ⅓ de cucharadita de postre). Esto da una concentración de carbohidratos de entre el 3 y el 6 % y unos entre 400 y 800 mg de sodio por litro. Es un rango similar al de muchas bebidas comerciales.

  2. Ojo con el zumo. Añadir zumo de fruta mejora el sabor, pero también aporta azúcares adicionales (principalmente fructosa). Si lo usamos hay que ajustar la cantidad de azúcar añadido para no superar el 8 % de carbohidratos totales. Concentraciones más altas pueden ralentizar la absorción de agua.

  3. La seguridad también cuenta. Las bebidas con azúcar son un medio de cultivo para bacterias. Es importante consumirlas en las 2 o 3 horas posteriores a su preparación o mantenlas refrigeradas. En competiciones largas con temperaturas elevadas hay que valorar si la comodidad y seguridad de una bebida comercial pueden ser una ventaja.

  4. Debemos entrenar también la hidratación. Igual que preparamos el cuerpo para la competición, pruebe la bebida casera en entrenamientos previos. El intestino también necesita adaptarse, y lo que funciona en reposo puede no sentar bien durante el ejercicio intenso o prolongado.

Cuando comprendemos cómo funciona el cuerpo podemos diseñar estrategias inteligentes, ya sea con una bebida comercial o con una mezcla casera bien calculada.

La fisiología no entiende de marcas. Una bebida casera bien formulada puede ser tan efectiva como una comercial. Pero mientras que la comercial ofrece precisión y comodidad, la casera exige entender nuestro cuerpo, medir los ingredientes y, sobre todo, entrenar también la estrategia de hidratación.

The Conversation

Alberto Pérez-López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Puede una bebida deportiva casera ser tan efectiva como una comercial? – https://theconversation.com/puede-una-bebida-deportiva-casera-ser-tan-efectiva-como-una-comercial-278638