Perú se debate entre la polarización y el voto de rechazo: ajustadísimo resultado en las elecciones presidenciales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Beatriz Fernández, Profesora de Comunicación Política en la UNAV, el IESA y Pforzheim, Universidad de Navarra

Después de una campaña con un récord histórico de 35 candidatos presidenciales y tras meses discutiendo sobre fragmentación política, volatilidad electoral y crisis de representación, el país dio un giro de 360 grados y llegó en la segunda vuelta exactamente al mismo lugar donde estuvo hace cinco años: una contienda entre Keiko Fujimori y el heredero político de Pedro Castillo, Roberto Sánchez.

“¿Por quién va a votar, señor?”, preguntábamos a los taxistas con los que nos topábamos. “Por el menos malo”, solía ser la respuesta.

Aunque en la primera vuelta de 2021 competían 18 candidatos y esta vez fueron 35, el desenlace es extraordinariamente parecido. En ambos casos, siete de cada diez peruanos votaron en primera vuelta por opciones distintas de las que finalmente llegaron al balotaje.

Tras la votación, las encuestas a pie de urna daban ganadora a Keiko, mientras el conteo rápido otorgaba la victoria a Sánchez. La Oficina Nacional de Procesos Electorales ONPE señalaba en la mañana del lunes, al 93 % escrutado, que Keiko obtenía un 50.091 % y Sánchez un 49.909 %.

Empate virtual

Las informaciones disponibles antes de la jornada electoral apuntaban ya a ese empate virtual. Las encuestas simuladas, que suelen hacerse en vísperas de una elección, circulaban pródigamente por canales de WhatsApp, pese a la veda electoral. Las plataformas digitales y los mensajes de persona a persona amplificaron la difusión.

El silencio electoral y la etiqueta de “confidencial, no difundir” no hacía sino incrementar la capacidad viral de los mensajes. Recibimos seis encuestas distintas simuladas que daban el mismo resultado: una ínfima ventaja para Keiko. La diferencia entre ambos candidatos era mínima, y siempre dentro de los márgenes técnicos de error.

Keiko aventajaría a su rival en Lima, mientras Roberto Sánchez encontraría sus principales apoyos en las zonas rurales e indígenas. Era, nuevamente, un mapa electoral reconocible.

Al día siguiente el vaticinio se hizo resultado: en las encuestas de salida o exit polls, que comenzaron a circular al cerrar las mesas, Keiko ganaba por un punto; mientras que, en el conteo rápido, unas horas después, la diferencia se invertía a favor de Sánchez. La ventaja de los 0,5 puntos porcentuales se hacía realidad, todo dentro de la posibilidad del error estadístico.

Lima es de Keiko, las zonas rurales de Sánchez

La geografía política peruana parece mucho más estable que sus candidaturas. Keiko ha obtenido el 66 % de los votos en Lima, que concentra un tercio de los electores del país, mientras Sánchez ha mantenido el dominio en el sur del país, especialmente en las zonas rurales, donde el 56 % ha votado por él.

La experiencia es un grado y Keiko salió la noche electoral a decir que esperaría el recuento final. Sánchez fue por el mismo camino. Ambas sedes de fin de campaña albergaban a unos pocos seguidores, desencajados en la sede de Fuerza Popular (Fujimori) y poco convencidos en la sede de Juntos por el Perú (Sánchez). No era una noche de fiesta electoral, era la confirmación de que el Perú se había partido en dos nuevamente y se volvía a debatir entre la incertidumbre y la ingobernabilidad.

Más opciones, mayor polarización

Cuantas más alternativas ofrece el sistema, más termina reduciendo la decisión final a una confrontación entre polos. La hiperfragmentación no está produciendo mayor pluralismo. Al contrario, está produciendo polarización.

Durante la campaña de abril, describíamos al sistema político peruano como un entorno caótico, donde pequeñas variaciones podían alterar significativamente los resultados finales.




Leer más:
El ‘déjà vu’ electoral peruano: 35 candidatos, volatilidad y el eterno voto del mal menor


La extrema cercanía entre los candidatos que disputaban el segundo lugar confirmó esa intuición. Entre varios aspirantes apenas existían diferencias marginales. Entre el segundo y el quinto hubo apenas dos puntos de diferencia, un cuádruple empate entre quienes aspiraban al segundo lugar.

La segunda vuelta vuelve a simplificar el abanico de la realidad política peruana en un dilema binario. Como en 2021, Perú no es una sociedad particularmente polarizada cuando se observa el posicionamiento ideológico de sus ciudadanos. Como ocurre en buena parte de América Latina, la mayoría de los electores se ubica cerca del centro. Sin embargo, las reglas de competencia terminan empujando la elección hacia opciones que muchos ciudadanos perciben como extremas.

La polarización no surge desde abajo, sino que se incentiva por la propia dinámica institucional. Por ello, la campaña de segunda vuelta parece organizada principalmente alrededor de los rechazos. Los apoyos de los candidatos eliminados importan, pero difícilmente se transfieren de manera automática. Los votos pertenecen a los ciudadanos y no a los dirigentes políticos.

Lo decisivo parece ser otra cosa: el miedo. Quienes perciben en Sánchez la continuidad del “castillismo” encontrarán incentivos para votar por Keiko Fujimori. Quienes identifican en el “fujimorismo” una amenaza para la calidad democrática harán el recorrido contrario.

Votar al mal menor

Antes del debate electoral las encuestas mostraban un 26 % de voto indeciso. Después del debate, ante una imagen de un Roberto Sánchez crecido y ganador, había bajado al 13 %, según la empresa de estudios de mercado y opinión pública CPI. Contrariamente a lo que se pudiera pensar, ese voto no iba a favor de Sánchez. El miedo había movilizado a los indecisos para que se inclinaran por Keiko: era mejor una candidata por la que no sentían simpatía, que una reedición de un Gobierno de corte populista de izquierdas.

El miedo al discurso de expropiaciones de casas, nacionalizaciones de empresas y a la intervención cambiaria –Perú tiene una de las monedas más estables de la región– dio paso al voto de la resignación: votar a Keiko, votar al mal menor. Así, una vez más, el voto a la contra adquiere más relevancia que el voto a favor.

Tomando el pulso gracias a los taxistas

En Lima, donde un 66 % de electores han votado por Fujimori, hicimos nuestro ejercicio particular de opinión pública, con los receptores de las opiniones de miles de personas que se atreven a atravesar sus caóticas calles: los taxistas.

Durante nuestra semana de observación electoral en el Perú, los taxis, Uber o Cabify se convirtieron en nuestro marco muestral.

Preguntados 14 conductores por su intención de voto, seis dijeron que votarían por Keiko. Aunque los mismos seis coincidían en que no les gustaba, todos ellos señalaban que no había otra opción. Otros cuatro manifestaron que no votaban porque eran de fuera, pero que, si pudieran hacerlo, se inclinarían también por Keiko. La razón: al ser venezolanos, reconocían en Sánchez el discurso de Hugo Chávez al inicio de su régimen. Dos no quisieron decir su voto y dos dijeron claramente que su opción era el partido de Roberto Sánchez.

En resumen, ninguno era apasionado de Keiko como su candidata, pero diez señalaban que había que votarle. Ella ha sido, en Lima, la opción para frenar a Sánchez.

Pérdida de confianza institucional

A la decisión defensiva, que intenta evitar la peor opción, se suma un elemento que diferencia esta elección de la de hace cinco años: la confianza institucional. Las controversias asociadas al desarrollo y escrutinio de la primera vuelta han debilitado la credibilidad del árbitro electoral precisamente cuando la competencia parece más cerrada.

El temor al fraude ha propiciado que los partidos y las instituciones hayan hecho un esfuerzo por la transparencia. A diferencia de las elecciones de 2021, los dos partidos han contado esta vez con un total de 100 000 personeros (testigos electorales de los partidos) para 90 223 mesas de sufragios. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha situado a 28 771 fiscalizadores para que estén presentes en las mesas y reporten las incidencia. También se han desplegado voceros en medios de comunicación y se ha presentado una web abierta a toda la ciudadanía, con información actualizada cada cinco minutos.

La jornada electoral ha trascendido sin novedades ni incidencias relevantes. El recuento de votos ha sido rápido, por la facilidad que supone la participación de solo dos candidatos. El traslado de actas y cédulas electorales ha resultado seguro. Sin embargo, las autoridades contenían la respiración para que en las elecciones no reapareciera el fantasma del fraude.

La consecuencia inevitable de un proceso polarizado ha sido un escenario de máxima incertidumbre. Una elección extremadamente ajustada, entre candidatos con elevados niveles de rechazo, en un contexto de confianza institucional disminuida.

Déjà vu peruano

El problema, sin embargo, trasciende a los candidatos. Después de 35 postulaciones presidenciales, una campaña hiperfragmentada y varios lustros de crisis política, el sistema vuelve a desembocar en el mismo dilema. La pregunta no es quién ganará la elección, sino por qué las reglas siguen produciendo sistemáticamente resultados similares.

Quizás el verdadero déjà vu peruano no es tanto la presencia recurrente de determinados candidatos, como la persistencia de un sistema que convierte la diversidad de opciones en una elección entre temores.

Y mientras eso ocurra, el país seguirá atrapado entre la fragmentación de la primera vuelta y la polarización de la segunda, reproduciendo, una y otra vez, la misma melodía electoral.

The Conversation

Las autoras han sido observadoras internacionales de la elección peruana, como parte de la misión del Observatorio Complutense de Desinformación

observadora intrenacional

ref. Perú se debate entre la polarización y el voto de rechazo: ajustadísimo resultado en las elecciones presidenciales – https://theconversation.com/peru-se-debate-entre-la-polarizacion-y-el-voto-de-rechazo-ajustadisimo-resultado-en-las-elecciones-presidenciales-284687

No publico fotos de mi hija en redes, pero sí lo hacen sus amigos: ¿qué dice la normativa?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrea Cantos Martínez, Profesora de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad de Castilla-La Mancha

Inside Creative House/Shutterstock

Muchos padres y madres toman decisiones deliberadas para que la imagen de sus hijos no circule en internet. Por ejemplo, no abren cuentas a su nombre ni publican fotografías en sus perfiles.

Esa cautela, sin embargo, choca frontalmente con la realidad: los compañeros de sus hijos llevan móvil desde edades cada vez más tempranas y comparten espontáneamente en Instagram, TikTok o grupos de WhatsApp cualquier momento del día. El niño o la niña que no aparece en las redes de sus padres acaba apareciendo, inevitablemente, en las de sus amigos.

Los datos ilustran la magnitud del fenómeno en España. Según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación en los Hogares del INE, en 2025 el 67,9 % de los menores de 10 a 15 años utilizaba teléfono móvil, porcentaje que asciende al 93,9 % a los 15 años.

El estudio Infancia, adolescencia y bienestar digital (Red.es, UNICEF España, 2025), elaborado a partir de 93 153 encuestas, eleva al 92,5 % el porcentaje de adolescentes registrados en al menos una red social. España, lideró en 2025 el tiempo diario que los menores dedican a las redes sociales –una hora y 17 minutos de media–, según el séptimo informe anual de Qustodio.

Este fenómeno, al que cabe denominar sharenting horizontal –para diferenciarlo del sharenting vertical protagonizado por los propios progenitores–, plantea una pregunta de fondo: si un menor publica en sus redes la fotografía de otro menor sin consentimiento de los padres del fotografiado, ¿qué derechos se vulneran, quién responde y cómo puede reaccionar quien es perjudicado?

El marco normativo: una protección reforzada

El primer dato jurídico relevante es que los menores son titulares de los derechos al honor, a la intimidad y a la propia imagen garantizados por el artículo 18 de la Constitución Española, con una protección especial y cualificada, según palabras del propio Tribunal Supremo. Esta protección se articula sobre tres pilares.

  1. El primero es la Ley Orgánica 1/1982, que considera intromisión ilegítima la publicación de la imagen de una persona sin consentimiento del titular o, cuando es un menor sin madurez suficiente, de sus representantes legales.

  2. El segundo es la Ley Orgánica 1/1996 de Protección Jurídica del Menor, cuyo artículo 4.3 protege al menor siempresas que la publicación pueda implicar menoscabo de su honra o ir contra sus intereses. Incluso cuando consta su propio consentimiento.

  3. El tercero es el Reglamento General de Protección de Datos –RGPD– y la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y Garantía de los Derechos Digitales –LOPDGDD–: publicar una fotografía identificable de un menor es un tratamiento de datos personales, y por debajo de los 14 años el consentimiento corresponde a quienes ostenten la patria potestad.

A estos pilares internos se suma un marco normativo internacional: el artículo 16 de la Convención sobre los Derechos del Niño prohíbe las injerencias arbitrarias en la vida privada del niño, y la Observación General n.º 25 (2021) del Comité de los Derechos del Niño extiende expresamente esos derechos al entorno digital.

En el horizonte español, el Proyecto de Ley Orgánica para la protección de menores en entornos digitales –aún en tramitación parlamentaria con notorio retraso– elevará a 16 años la edad mínima para crear perfiles en redes sociales y tipificará nuevas conductas digitales lesivas.

¿Quién responde? Vías civil y penal

En la vía civil, los progenitores del menor fotografiado pueden ejercitar la acción de tutela prevista en el artículo 9 de la LO 1/1982 para solicitar la retirada del contenido, la declaración de intromisión ilegítima y una indemnización por daños morales.

Cuando es un menor quien difunde la imagen, el artículo 1903 del Código Civil hace responsables directos a sus padres por culpa in vigilando e in educando. Una sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid de septiembre del pasado año exigió el consentimiento conjunto de ambos progenitores para publicar imágenes de un menor y ordenó la retirada de las fotografías ya publicadas.

La vía penal solo resulta pertinente si el menor difusor tiene entre 14 y 18 años –por debajo es inimputable conforme a la LO 5/2000– y los hechos encajan en un tipo concreto. Los más relevantes son el artículo 197 del Código Penal (apoderamiento de imágenes sin consentimiento para vulnerar la intimidad) y el artículo 197.7 del Código Penal (difusión no consentida de imágenes obtenidas en un contexto de privacidad, el llamado delito de sexting). En ambos casos, los padres del menor infractor responden solidariamente de los daños causados.

Lo que dicen los tribunales

La Sala Primera del Tribunal Supremo ha construido un test de dos preguntas para resolver conflictos entre libertad de información y derechos del menor (STS 1068/2024; STS 426/2022): ¿tenía la publicación relevancia pública suficiente? ¿Fue la afectación proporcional y necesaria?

La notoriedad pública de los padres, recuerda el Supremo, no equivale a una patente de corso y en ningún caso se transfiere a los hijos menores. En una sentencia de 2023, el tribunal reiteró que los menores ostentan esa protección “de manera especial y cualificada”: cuanto menor es la justificación informativa de la publicación –y en el sharenting horizontal entre compañeros de clase dicha justificación es, por regla general, inexistente–, mayor es el peso que debe asignarse al interés del menor fotografiado.

A escala europea, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó la fotografía de un recién nacido publicada sin consentimiento parental y el Tribunal de Justicia de la UE estableció que difundir datos personales en internet a un grupo indeterminado de personas excluye la excepción doméstica del Reglamento General de Protección de Datos. La doctrina del derecho al olvido de Google Spain (C-131/12, 2014) permite, además, exigir la desindexación de contenidos dañinos cuando la retirada directa no es posible.

Qué pueden hacer los progenitores: pasos prácticos

Conforme a la Agencia Española de Protección de Datos y la jurisprudencia analizada se traza una hoja de ruta gradual (sin ser las únicas soluciones posibles):

  1. Solicitud extrajudicial dirigida al menor difusor y a sus progenitores, pidiendo la retirada inmediata del contenido. Conviene documentarla por escrito y conservar capturas de pantalla fechadas.

  2. Notificación a la plataforma (Instagram, TikTok, WhatsApp…) mediante los formularios de denuncia por uso indebido de imagen de menor. Las plataformas están obligadas por el Reglamento General de Protección de Datos y la Ley 34/2002 de Servicios de la Sociedad de la Información a actuar diligentemente ante conocimiento efectivo del contenido ilegítimo.

  3. Reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos, que puede ordenar la supresión del contenido. Si la difusión alcanza a un grupo indeterminado de personas, la excepción doméstica del Reglamento General de Protección de Datos no opera.

  4. Acción civil de tutela al honor o intimidad, con posibilidad de solicitar medidas cautelares y una indemnización por daños morales, dirigida conjuntamente contra el menor difusor y sus progenitores.

  5. Denuncia cuando el contenido revele aspectos íntimos del menor fotografiado y el difusor tenga entre 14 y 18 años (artículos 197 y 197.7 del Código Penal).

  6. Ejercicio del derecho al olvido frente a los motores de búsqueda, conforme a la doctrina Google Spain, cuando el contenido se haya replicado más allá de la plataforma original.

El menú de respuestas existe: hay que saber activarlo

La protección reforzada del menor no es una aspiración: es un principio jurídico operativo que ha calado en el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el Tribunal de Justicia de la UE y que se proyecta sobre cualquier sujeto que publique la imagen de un menor sin consentimiento de sus representantes legales, con independencia de que el medio sea un medio de comunicación, a través de un progenitor o un compañero de clase.

La especificidad del sharenting horizontal reside en que añade un eslabón inesperado a la cadena de responsables: los padres del menor que publica también responden, por culpa in vigilando e in educando. Como hemos analizado en un trabajo anterior sobre la protección jurídica en casos de autoficción, el juicio de ponderación exige atender a todos los factores relevantes: contexto, identificabilidad, finalidad y potencial de daño.

Conviene recordarlo –y difundirlo entre padres, madres y educadores– antes de que el móvil del hijo documente sin más consecuencias aparentes la vida cotidiana de otros niños que nunca dieron su permiso.

The Conversation

En mi ejercicio como abogada asesoro a empresas y particulares, pero no podrían beneficiarse del artículo en ningún caso.

ref. No publico fotos de mi hija en redes, pero sí lo hacen sus amigos: ¿qué dice la normativa? – https://theconversation.com/no-publico-fotos-de-mi-hija-en-redes-pero-si-lo-hacen-sus-amigos-que-dice-la-normativa-282334

Josefina Molina, mucho más que una directora esencial para la historia del cine español

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sonia García López, Profesora titular del Departamento de Comunicación, Universidad Carlos III

Entrega de medallas Junta de Andalucía en 2012. Junta de Andalucía/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El 30 de mayo falleció en Madrid, a los 89 años, Josefina Molina. Las principales instituciones cinematográficas y medios de comunicación del país la han celebrado como revolucionaria cineasta, autora visionaria y referente indiscutible del feminismo en el cine español.

Nació en Córdoba en 1936, en plena Guerra Civil, y estudió Dirección en la Escuela Oficial de Cinematografía (EOC) durante la década de 1960. Simultaneó su labor como directora cinematográfica, realizadora de televisión y dramaturga a lo largo de más de 30 años. Hoy es recordada por su deslumbrante trabajo en el documental Función de noche (1981), la serie Teresa de Jesús (1983) y la adaptación teatral de la obra de Miguel Delibes Cinco horas con Mario (1979).

Sin embargo, lo cierto es que durante muchos años –la mayor parte de los que permaneció en activo– su trabajo no gozó del reconocimiento que hubiera merecido. Recibió el Goya de Honor en 2012 y el Premio Nacional de Cinematografía en 2019, siendo, en ambos casos, la primera mujer en recibir esos galardones en sus 25 y 40 años de historia, respectivamente.

Josefina Molina recibe el Goya de Honor 2012.

Por otro lado, Molina fue, junto con Cecilia Bartolomé, una de las dos primeras mujeres que consiguieron graduarse en Dirección en la EOC, en 1969. Esto ocurría más de tres décadas después de la fundación del que fuera el primer centro oficial de enseñanza del cine en España. Bartolomé y Molina constituyen, junto a Pilar Miró –graduada en la especialidad de Guion en 1967–, la primera generación de mujeres cineastas que dirigieron películas tras la dictadura franquista. Parece este, por tanto, un buen momento para examinar el lugar que ocupa Josefina Molina en el canon del cine español.

Un lenguaje visual para todo

Si Josefina Molina pudo conquistar un pequeño gran lugar como directora en las historias del cine español, fue, fundamentalmente, gracias a los cinco largometrajes que dirigió entre 1973 y 1993: Vera, un cuento cruel (1973), Función de noche (1981), Esquilache (1988), Lo más natural (1990) y La Lola se va a los puertos (1993).

Pero conviene interrogar y ampliar ese corte de 20 años que suele acotar su obra. Porque la totalidad de los trabajos que realizó Molina como directora se extiende, en realidad, desde 1964 a 1999 y se eleva a más de 70 producciones. Entre ellas, se incluyen películas estudiantiles, cortometrajes y largometrajes –documentales y de ficción–, realizados en 16 mm, en 35 mm y en vídeo y emitidos, principalmente, en la primera y la segunda cadena de Televisión Española.

Solo en los últimos diez años, investigadoras como Natalia Martínez Pérez han comenzado a prestar atención y poner en valor los trabajos televisivos de Josefina Molina. Que esta producción sea virtualmente desconocida ni siquiera se justifica desde la óptica de las historias tradicionales del cine. Sobre todo, si tenemos en cuenta que directores como Alfred Hitchcock, Ingmar Bergman o Roberto Rossellini trabajaron con asiduidad e innovaron en la televisión a través de formatos sobre los que Rossellini, entre otros, teorizó ampliamente.

La propia Josefina Molina confesaba en sus memorias, publicadas por la Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI) el año 2000, no haber entendido nunca “esas disquisiciones sobre el lenguaje específicamente televisivo o lenguaje cinematográfico”. Ya por entonces, Molina ponía de manifiesto algo que hoy es, a todas luces, evidente: que el cine está producido en gran medida por las cadenas de televisión, y que la pequeña pantalla ha dado cabida a todo tipo de películas.

Experimentación televisiva

Josefina Molina no solo cuenta con un apasionante recorrido en el ámbito de la adaptación literaria para televisión y el teatro televisivo, en el contexto de programas como Hora once, Teatro de siempre o Estudio 1. También se desempeñó en la realización de series de ficción para televisión con trabajos como Aire frío (1974), El camino (1977), Teresa de Jesús (1983) y Entre naranjos (1997).

Una mujer vestida de monja.
Concha Velasco en un fotograma de la serie Teresa de Jesús, dirigida por Josefina Molina.
RTVE

El camino, adaptación de la novela homónima de Miguel Delibes, recibió el premio a la Mejor Dirección en el XV Festival Internacional de Televisión de Praga. Teresa de Jesús –coproducida por la Radiotelevisione Italiana (RAI)– recibió el Premio Italia y fue elegida “Serie del Año” en la 29 SEMINCI, y Entre naranjos ganó el premio a la Mejor Dirección de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión.

La importancia de muchos de los trabajos realizados por Josefina Molina para televisión no difiere demasiado de sus obras cinematográficas en lo que concierne a valores técnicos y estéticos, innovación y reconocimiento. De hecho, la experimentación que Molina puso en práctica en sus creaciones televisivas le sirvió también para innovar en el campo cinematográfico, y viceversa.

Documentalista desde el inicio

Por otro lado, cabe destacar las contribuciones de la cineasta al campo del documental a través de programas como Aquí España y Fiesta, para los que realizó, en 35 mm, los reportajes Écija (1967), Almagro (1968) y Feria en Córdoba (1968).

Cartel de Función de noche.
Cartel de Función de noche, un documental con formato innovador.
Sabre Films

El interés de la cineasta por la forma documental –con tan reveladores resultados en Función de noche– resulta notorio desde su primer trabajo cinematográfico. Se trata de la práctica de 16 mm que realizó en la EOC durante el curso de 1963-1964, titulada Cárcel de mujeres o Documental.

Existe poca o nula documentación sobre este insólito cortometraje, pero llama poderosamente la atención el hecho de que Molina lograse adentrarse con su equipo en la sección de maternología de una prisión. Allí la cineasta en ciernes observó la vida de las reclusas realizando labores de costura, cocina y limpieza, amamantando a sus bebés o asistiendo a misa, siempre bajo la implacable supervisión de sus carceleras. Quizá sea este uno de los pocos registros, si no el único, que han quedado de la vida de las mujeres en prisión durante la dictadura franquista.

La extrañeza de una mujer tras la cámara

La invisibilidad de estos trabajos ha sido paliada solo en parte gracias a la posibilidad de acceder a algunos de ellos a través de las plataformas Platfo y RTVE Play o de perfiles de usuarios de YouTube. La dificultad de acceder a estas obras seguramente haya tenido que ver con el “olvido” del que han sido objeto durante tan largo tiempo.

Retrato en blanco y negro de una mujer con un jersey de cuello alto.
La actriz y directora de cine Ana Mariscal, en un retrato de 1952.
Wikimedia Commons, CC BY-SA

Pero no es ese el único motivo. Un año antes de que Josefina Molina se graduase como directora en la EOC, había dejado de dirigir Ana Mariscal, la única cineasta que, a lo largo de más de una década, había conseguido sacar adelante largometrajes en la España franquista, consolidando una filmografía de 11 películas.

Molina y Mariscal, que solo se conocieron ocasionalmente, se encontraban en los antípodas desde un punto de vista ideológico, especialmente con respecto a la dictadura. Sin embargo, cuando en 2002 Victoria Fonseca publicó la primera monografía sobre Ana Mariscal, Josefina Molina firmó el prólogo. En él reivindicaba “la solidaridad y el respeto que debemos hacia las que vinieron antes que nosotras y sentaron el precedente para que cuando llegáramos otras generaciones fuera un poco menos extraño y admisible para la sociedad vernos allí”. Molina reconocía haberse beneficiado, “si no de su trabajo o de su experiencia, sí de que ver a una mujer tras la cámara no resultara tan extraño”.

Aunque parece haber llegado el momento en que ver a una mujer tras la cámara ya no resulta tan raro, todavía queda mucho camino por recorrer. Así lo evidencian los informes de CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales) que Josefina Molina contribuyó a fundar hace ahora veinte años. Recordémosla, por tanto, también, en su lucha incansable por reivindicar a las mujeres cineastas.

The Conversation

Sonia García López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Josefina Molina, mucho más que una directora esencial para la historia del cine español – https://theconversation.com/josefina-molina-mucho-mas-que-una-directora-esencial-para-la-historia-del-cine-espanol-284678

La paradoja de la cronofobia: el miedo al paso del tiempo nos hace envejecer más

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Romero-Castillo, Profesor de Psicobiología e investigador en Neurociencia Cognitiva, Universidad de Málaga

Dentro de las múltiples formas de angustia temporal, aquello que denominamos “cronofobia”, una de sus expresiones más frecuentes y estudiadas es la ansiedad ante el envejecimiento. Studio Romantic/Shutterstock

Nadie sabe vivir; todo el mundo improvisa. En esta carrera, cuando aparece la fatiga, hay que parar a respirar. Entonces, al observar analíticamente el camino, descubrimos obstáculos. Temores. Y entre ellos, seguramente aparecerá el tiempo. Pero ahora sabemos que deberíamos intentar no reparar demasiado en él: paradójicamente, el miedo al paso del tiempo nos hace envejecer más.

Cuando el patriarcado y el edadismo se dan la mano

La llamada “cronofobia” no es una etiqueta clínica, sino más bien un concepto de la cultura popular. Esa “inquietud con respecto al tiempo” se explora en muchas obras artísticas desde la década de los 60, como cuenta la historiadora del arte Pamela Lee en su libro Cronofobia (2006). Sin embargo, este concepto ha trascendido el arte y ha evolucionado para hacer referencia al miedo al paso del tiempo.

O, mejor, al “miedo al tiempo”, porque el atributo del tiempo es pasar, como señala el periodista Sergio Fanjul en otro libro reciente dedicado al tema. Y dentro de las múltiples formas de angustia temporal, una de sus expresiones más frecuentes y estudiadas es la ansiedad ante el envejecimiento.

La persistencia de la memoria (Salvador Dalí, 1931) no trata específicamente sobre la cronofobia, sino que explora la relatividad del tiempo. A pesar de ello, podría ser una buena metáfora visual del concepto.

Esta ansiedad proviene del declive físico, la pérdida del atractivo y de la salud reproductiva. Como puede intuirse, es un factor de estrés psicológico particularmente acusado entre las mujeres, ya que afrontan más presiones socioculturales. La preocupación por evaluar persistentemente la identidad corporal eleva los sistemas de respuesta al estrés a lo largo del tiempo.

A estas presiones de género se añade una narrativa edadista instalada en la sociedad: los cuerpos envejecidos de las mujeres están biológica y socialmente devaluados. Esta imposición de “mantener la juventud” fomenta la autovigilancia crónica y aumenta el malestar psicológico a buena parte del género femenino debido al incansable trabajo por encajar en perfiles artificiales… o por luchar contra ellos.

Cómo se acelera el reloj biológico

Está bien establecido que cualquier malestar psicosocial contribuye al envejecimiento biológico a través de la epigenética. Así se conoce al proceso por el que se activan o desactivan genes a consecuencia del entorno, pero sin que se altere la secuencia de ADN.

Por ejemplo, la exposición a factores estresantes crónicos en la infancia es un factor de riesgo conocido para la aparición de depresión en la adolescencia (a través de una reacción química, llamada metilación, que experimentan ciertos genes relacionados con el estrés). Es decir, mantener en el tiempo un estado de alerta ansiosa potencia el desgaste biológico.

Heráclito de Éfeso, filósofo presocrático del siglo V a.e.c., defendía que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, porque ni el río ni la persona serán nunca exactamente iguales. Así, la base de su filosofía fue el inicio de una de las bases del universo: lo único que permanece constante es el cambio. Muchos años después, el actor Bruce Lee pareció recoger aquella idea cuando dijo ‘Be water my friend’, una invitación filosófica a valorar la adaptabilidad y coexistir con la constancia del flujo.
Wikipedia, CC BY

Recientemente, un estudio con 726 mujeres ha revelado que el estrés relacionado con el envejecimiento, en particular el temor al deterioro de la salud, es un factor relevante asociado con un envejecimiento epigenético acelerado. La tasa de desgaste fisiológico ha quedado probada mediante un biomarcador llamado DunedinPACE.

Esto es, las preocupaciones no son meramente cognitivas o emocionales, sino que se experimentan somáticamente, creando un círculo vicioso donde la idea de envejecimiento aumenta la conciencia corporal. Esta conciencia intensificada refuerza un estado de angustia psicológica, que a su vez puede desencadenar una activación fisiológica sostenida a través de, entre otros mecanismos, la activación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HPA) y la señalización inflamatoria.

Con el tiempo, este círculo de angustia psicológica y activación fisiológica puede dejar huellas biológicas duraderas (mediante cambios acumulativos en la metilación del ADN) y acelerar el envejecimiento. En conjunto, estos hallazgos respaldan la idea de que la forma en que vivimos subjetivamente los efectos del tiempo en nuestro cuerpo no solo afecta a nuestra salud mental, sino también al propio funcionamiento biológico del organismo.

Más obstáculos que provocan fatiga

Pero el miedo al tiempo también puede surgir por la percepción de un futuro amenazante: crisis climática, viviendas inaccesibles, aumento constante de los precios de productos básicos, salarios precarios… Es decir, la relación con el tiempo no trata solo de una experiencia íntima, sino también social y política.

En este sentido, la presencia de ideologías que pretenden limitar derechos civiles, coartar las libertades o abolir avances sociales previamente consolidados también genera incertidumbre ante lo que puede venir. Especialmente, en colectivos más vulnerables.

Estos obstáculos estructurales contribuyen a engendrar una sensación de futuro abolido que podría exacerbar el miedo al tiempo, favoreciendo la angustia e influyendo sobre los relojes biológicos del envejecimiento.

Desacelerar para encontrar el equilibrio

Entonces, ¿cómo vivir sin desvivirnos? Aunque no haya una respuesta única, quizás la más precisa sea afrontar los obstáculos a un tic-tac propio, mientras se disfruta del placer consciente del aquí y el ahora. Así, ajustando el ritmo, se distribuye mejor el peso entre la obligación y la autonomía. Entre lo prescindible y lo esencial. Entre el deber y el ser.

Ahora bien, buscar espacios de desaceleración no implica ignorar las causas estructurales del malestar, sino impedir que colonicen nuestra experiencia del tiempo. En una sociedad atravesada por la precariedad, la hiperproductividad, las prisas y la incertidumbre constante, parar a respirar se convierte en una forma de resistencia psicológica y emocional.

Y, por encima de todo, hay que vivir sin perder de vista lo más importante del camino: somos el tiempo que nos queda.

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Jorge Romero-Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La paradoja de la cronofobia: el miedo al paso del tiempo nos hace envejecer más – https://theconversation.com/la-paradoja-de-la-cronofobia-el-miedo-al-paso-del-tiempo-nos-hace-envejecer-mas-277881

Los contaminantes persistentes en el agua de consumo, un problema difícil de eliminar que puede afectar a nuestra salud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Yolanda Pérez Cortés, Profesora de Química Inorgánica en la Universidad Rey Juan Carlos e Investigadora asocidada en IMDEA Energía, IMDEA ENERGÍA

Tatjana Meininger/Shutterstock

Si lee la etiqueta de productos de uso cotidiano como lubricantes, pesticidas y utensilios de cocina antiadherentes encontrará unas siglas en común: PFAS. Que significa sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS). Se trata de un grupo de compuestos químicos creados por el ser humano que se caracterizan por repeler el agua, la grasa y la suciedad.

Existen miles de sustancias PFAS diferentes, más de 4 000 identificadas para ser exactos. Todas ellas tienen en común una estructura química muy resistente, formada por átomos de carbono y flúor unidos por enlaces extremadamente fuertes. Esta gran estabilidad hace que estos compuestos no se degraden fácilmente con el paso del tiempo. Como consecuencia, estas sustancias persisten en el medio ambiente y pueden acumularse en el suelo, el agua e incluso en los seres vivos.

Efectos en la salud humana

En la actualidad numerosos estudios científicos han analizado el impacto potencial de las sustancias PFAS en el cuerpo humano. Los resultados indican que la exposición a estos compuestos puede provocar efectos adversos para la salud como hepatotoxicidad, inmunotoxicidad, aumento del riesgo de cáncer, reducción de la fertilidad y enfermedades tiroideas, entre otros.

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) ha clasificado el ácido perfluorooctanoico (PFOA) como carcinógeno para los seres humanos y el sulfonato de perfluorooctano (PFOS) como posible carcinógeno.

La principal fuente de exposición humana de estas sustancias es el agua de consumo, en la que algunos PFAS pueden llegar a tener una vida media de hasta 92 años.

Por todos estos motivos, la Unión Europea en su directiva sobre la calidad del agua destinada al consumo humano ha establecido el límite de todas las sustancias PFAS en 0,50 μg/L y la suma de 20 sustancias PFAS específicas en 0,1 μg/L.

En 2024, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) anunció una nueva regulación sobre el agua potable que establece límites máximos para cinco sustancias PFAS en el agua de consumo humano. En particular, las concentraciones de PFOA y PFOS se han fijado en 4 ng/L, mientras el ácido perfluorohexano sulfónico (PFHxS), el ácido perfluorononanoico (PFNA) y el ácido dímero del óxido de hexafluoropropileno (GenX) se han limitado a 10 ng/L. Además, se prevé que en el futuro esta legislación continúe endureciéndose.




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¿Pueden eliminarse estas sustancias del agua?

Existen distintas estrategias para eliminar las sustancias PFAS del agua de consumo, como el uso de resinas de intercambio iónico o nanofiltración. Sin embargo, muchos de estos métodos no son lo suficientemente eficaces o resultan costosos, por lo que es necesario desarrollar nuevas soluciones.

Una de ellas es la eliminación de PFAS mediante su adsorción –adherencia a la superficie– en materiales porosos. Este método resulta de especial interés debido a su alta eficiencia, bajo coste y potencial escalabilidad.

En particular, los carbones activos destacan como materiales porosos con una elevada superficie específica y una gran capacidad de adsorción, lo que les hace ser excelentes candidatos para eliminar contaminantes en el agua. Estos adsorbentes convencionales de bajo coste han demostrado ser muy eficientes para la eliminación de las sustancias PFAS de cadena larga (sustancias que contienen más de 6 átomos de carbono), pero resultan poco eficientes frente a PFAS de cadena corta (con menos de 6 átomos de carbono).

Por este motivo, es necesario desarrollar nuevos materiales que permitan eliminar de forma más eficaz y sostenible este tipo de contaminantes del agua que bebemos. Investigadores de la Fundación IMDEA Energía, en colaboración con Canal de Isabel II, hemos comenzado a trabajar en un proyecto conjunto para desarrollar un sistema capaz de eliminar de manera rápida y eficaz las sustancias PFAS del agua potable.

Este sistema se basa en el uso de materiales porosos avanzados, diseñados para atrapar estos contaminantes y que puedan integrarse fácilmente en los procesos habituales de potabilización del agua. El objetivo final es garantizar que el agua de consumo humano alcance niveles de PFAS seguros para la salud.

The Conversation

Yolanda Pérez Cortés recibe fondos de las ayudas para doctorados industriales de la Comunidad de Madrid (IND2024/AMB-34307).

Guillermo Morón Navarrete recibe fondos de ayudas para doctorados industriales de la Comunidad de Madrid (IND2024/AMB-34307). El trabaja para Canal de Isabel II como doctorado industrial.

Patricia Horcajada Cortés recibe recibe fondos de ayuda para doctorados industriales de la Comunidad de Madrid (IND2024/AMB-34307), y del proyecto “CMOFs4Water-CM” (TEC-2024/ECO-332 Comunidad de Madrid)

ref. Los contaminantes persistentes en el agua de consumo, un problema difícil de eliminar que puede afectar a nuestra salud – https://theconversation.com/los-contaminantes-persistentes-en-el-agua-de-consumo-un-problema-dificil-de-eliminar-que-puede-afectar-a-nuestra-salud-277392

¿Se puede tener dislexia en un idioma y en otro no?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Diego Paniagua Martín, Lingüista clínico | Experto en Competencia Lingüística y disCapacidad, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

stockfour/Shutterstock

Marcos, un adolescente bilingüe que crece entre dos idiomas y dos formas distintas de enfrentarse a la lectura, sigue el ritmo con relativa normalidad en clase de Lengua y Literatura: lee despacio y comete algunos errores, pero comprende los textos y participa sin demasiadas dificultades. En Inglés, sin embargo, duda ante palabras frecuentes, pierde el hilo de la lectura y tarda mucho más que sus compañeros en escribir o descifrar frases aparentemente sencillas. Además, cuando le piden que lea en voz alta, baja la mirada incluso antes de que llegue su turno.

Este tipo de situaciones desconcierta a muchas familias y docentes. ¿Cómo puede alguien desenvolverse relativamente bien en un idioma y experimentar importantes dificultades en otro? ¿Puede la dislexia manifestarse de forma diferente según el idioma?

Lejos de ser anecdóticas, ambas preguntas aparecen cada vez con más frecuencia en contextos bilingües y multilingües. Plantean una cuestión central para la investigación actual: hasta qué punto las dificultades asociadas a la dislexia dependen no solo del cerebro que lee, sino también del sistema de escritura que ese cerebro intenta descifrar.

¿Idiomas que hacen más visible la dislexia?

La idea de que una persona pueda presentar dislexia en inglés, pero no en español, puede parecer contradictoria. Sin embargo, la evidencia científica actual apunta a que las dificultades asociadas a ese trastorno del aprendizaje pueden hacerse mucho más visibles en unos idiomas que en otros. Aunque la dislexia tiene una base neurobiológica –es decir, relacionada con la forma en que el cerebro procesa el lenguaje escrito–, sus manifestaciones también pueden variar según las características del sistema de escritura de cada lengua.

Esto es así porque no todos los idiomas presentan el mismo grado de regularidad en la relación entre letras y sonidos: justamente esta relación es la que el aprendizaje de la lectura automatiza. En inglés, por ejemplo, los mismos grupos de letras pueden sonar de formas muy diferentes (drought o brought no se pronuncian de la misma manera, al igual que mint, lint y hint se pronuncian de modo diferente a pint), lo que puede aumentar la complejidad del aprendizaje lector.




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Relación con la escritura

Estas diferencias no solo afectan a la lectura, sino también a la forma en que se aprende a escribir. La neurocientífica Taeko Wydell ha señalado que en sistemas de escritura como el japonés, en los que el aprendizaje combina repetición motora y pronunciación oral de los caracteres, algunas dificultades pueden manifestarse de manera diferente.

En este sentido, casos documentados de estudiantes bilingües que presentan dificultades en inglés, pero no en japonés, han contribuido precisamente a cuestionar la idea de una dislexia idéntica en todos los idiomas.

Idiomas transparentes y no tan transparentes

En la misma línea, un estudio reciente con adultos bilingües en galés e inglés con dislexia demostró que mostraban un perfil lector diferente al de los hablantes monolingües en inglés. Los participantes bilingües presentaban menores dificultades en tareas relacionadas con el procesamiento fonológico y la lectura de pseudopalabras (palabras inventadas utilizadas para evaluar el procesamiento de los sonidos del lenguaje), probablemente porque el galés posee una ortografía mucho más consistente, o transparente, que el inglés.

Como hallazgo principal, los autores concluyeron que aprender a leer simultáneamente en una lengua consistente, o transparente, y en otra inconsistente, o no tan transparente, puede modificar las estrategias lectoescritoras y alterar la forma en que se manifiestan las dificultades asociadas a la dislexia.




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De hecho, revisiones científicas actuales señalan que algunas dificultades, como la velocidad de acceso a los sonidos del lenguaje o ciertas alteraciones en la fluidez lectora, tienden a mantenerse relativamente estables entre idiomas. Sin embargo, otras dificultades dependen mucho más de las características ortográficas de cada uno, lo que explica que estas diferencias puedan resultar más visibles en unos sistemas de escritura que en otros.

Cuando la dislexia pasa desapercibida

En idiomas consistentes como el español (es decir, en los que los sonidos de las letras y sus combinaciones se mantienen casi siempre regulares), muchas personas consiguen leer con relativa exactitud desde edades tempranas. Sin embargo, esa aparente normalidad puede resultar engañosa.

Aunque la lectura les exige más tiempo, más concentración y un mayor desgaste cognitivo, desde fuera puede parecer funcional. Sin embargo, tal y como se lleva documentando desde hace años en numerosas investigaciones, esto no significa que el problema desaparezca sino que, a menudo, logran compensar parcialmente estas dificultades durante años, lo cual explica que algunos alumnos obtengan buenos resultados académicos y, aun así, experimenten una enorme fatiga lectora.




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No obstante, la situación cambia cuando estos estudiantes se enfrentan a ortografías más inconsistentes. Diversos estudios con personas bilingües indican que las dificultades tienden a hacerse más evidentes en idiomas ortográficamente más irregulares. Esto ocasiona que comiencen a aparecer errores que antes parecían inexistentes y que lleguen a desarrollar estrategias compensatorias diferentes dependiendo de las características ortográficas de cada uno.

Por ello, no es extraño que algunos casos de dislexia se detecten precisamente durante el aprendizaje de un segundo o tercer idioma dado que, en realidad, no “aparece” de repente sino que, simplemente, determinadas características lingüísticas hacen mucho más visibles dificultades previas.

Idiomas que esconden frente a idiomas que revelan

Llegados hasta aquí podemos reconocer que la pregunta inicial encerraba una idea engañosa: pensar que la dislexia pertenece a un idioma concreto.

La dislexia tiene una base neurobiológica relacionada con el procesamiento del lenguaje, pero sus manifestaciones dependen también de las características del sistema de escritura al que se enfrenta cada lector. Por eso, una persona puede parecer un lector competente en español y experimentar importantes dificultades en inglés. No porque sea disléxico solo en inglés, sino porque algunos idiomas actúan como una lupa sobre dificultades que hasta ese momento permanecían parcialmente ocultas, mientras que otros consiguen disimularlas durante años.

Y quizá esa sea una de las ideas más importantes que aporta la investigación actual: comprender la dislexia no implica únicamente entender cómo funciona el cerebro lector, sino también cómo este interactúa con los distintos idiomas que este aprende a descifrar.

En definitiva, entender cómo interactúan el cerebro y el lenguaje escrito en cada idioma no solo ayudará a desmontar futuros y pasados mitos, sino también a mejorar la respuesta educativa en aulas cada vez más diversas lingüísticamente.

The Conversation

Diego Paniagua Martín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Se puede tener dislexia en un idioma y en otro no? – https://theconversation.com/se-puede-tener-dislexia-en-un-idioma-y-en-otro-no-280828

La frontera de los 150: por qué no podemos tener un millón de amigos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

Dragana Gordic/Shutterstock

¿Es mejor tener mil amigos que poder contar con diez?

La respuesta parece sencilla, pero no lo es tanto. Vivimos rodeados de contactos, seguidores, grupos de WhatsApp y redes profesionales que prometen ampliar nuestras relaciones hasta límites impensables hasta hace apenas unas décadas. Pero mientras la tecnología multiplica nuestras conexiones, nuestra capacidad para construir vínculos significativos parece mantenerse obstinadamente estable.

Un millón de amigos

En 1975, el cantante brasileño Roberto Carlos popularizó una canción cuyo estribillo expresaba un deseo aparentemente inocente: “Yo quiero tener un millón de amigos”. Pero la ciencia tenía otros planes.

Tres décadas después, las redes sociales parecen haber hecho realidad aquel sueño. Hay usuarios con miles de contactos en LinkedIn, decenas de miles de seguidores en Instagram y grupos de WhatsApp que harían palidecer a cualquier guía telefónica.

Sin embargo, ese mismo año, un antropólogo británico llamado Rubin Dunbar llegó a una conclusión bastante menos optimista. Según sus cálculos, los seres humanos apenas podemos mantener unas 150 relaciones sociales estables y significativas. No 15 000, no 1 500, sino apenas 150.

La propuesta resultó tan provocadora como influyente. Hoy se conoce simplemente como el número de Dunbar y, aunque ha generado debates durante más de tres décadas, sigue siendo una de las teorías más fascinantes para comprender cómo nos relacionamos en una época obsesionada con la conectividad.




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El cerebro tiene más límites de los que nos gustaría admitir

La idea surgió mientras Dunbar estudiaba primates. Observó que las especies que vivían en grupos sociales más complejos tendían a poseer un neocórtex (la región cerebral asociada a funciones cognitivas avanzadas) más desarrollado. A partir de esa relación entre tamaño cerebral y tamaño de grupo estimó que los seres humanos podían gestionar aproximadamente 150 relaciones estables.

Pero el hallazgo no se limita a una cifra redonda. Las investigaciones posteriores sugieren que nuestras relaciones se organizan en capas. En el núcleo aparecen unas cinco personas especialmente cercanas. Después unas quince amistades íntimas. Más tarde unas cincuenta relaciones significativas. Y, finalmente, un círculo de alrededor de 150 personas con las que mantenemos vínculos sociables estables.

En otras palabras: nuestro cerebro funciona más como una cebolla que como una lista de contactos.

Dunbar 1, redes sociales 0

Las redes sociales intentaron derrotar a Dunbar. Y Dunbar ganó

La llegada de internet parecía destinada a enterrar su teoría. Si podíamos comunicarnos instantáneamente con miles de personas, ¿por qué seguir limitados a 150 relaciones? La respuesta es sencilla: la tecnología puede multiplicar los contactos, pero no el tiempo.

Diversos estudios realizados sobre Facebook, telefonía móvil y otras plataformas digitales muestran que seguimos organizando nuestras relaciones en estructuras similares a las descritas por Dunbar. Las redes sociales amplían el alcance de nuestras conexiones, pero apenas modifican el número de personas con las que mantenemos vínculos realmente significativos.

Podemos almacenar diez mil nombres en el teléfono. Lo que no podemos hacer es preocuparnos genuinamente por diez mil personas.

Lo que el número de Dunbar explica sobre las organizaciones

La teoría también ayuda a comprender fenómenos aparentemente alejados de la amistad. Empresas, unidades militares, comunidades religiosas e incluso pueblos tradicionales suelen organizarse en tamaños que recuerdan a los 150 individuos.

Uno de los ejemplos más conocidos procede del mundo empresarial. En un momento dado, Bill Gore, fundador de W.L. Gore & Associates, la empresa creadora del tejido técnico Gore-Tex, observó que ya no conocía personalmente a la mayoría de las personas que trabajaban en una de sus fábricas. Por ello, decidió introducir una medida muy poco habitual para una compañía en plena expansión. En lugar de construir instalaciones cada vez más grandes, estableció que cada planta no superaría los 150 trabajadores. Cuando el negocio necesitaba crecer, se construía una nueva planta, a menudo junto a la anterior.

La lógica era sencilla: mantener un tamaño que permitiera a las personas conocerse, confiar unas en otras y colaborar de forma natural. Décadas después, la compañía cuenta con miles de empleados repartidos por todo el mundo, pero sigue organizando muchas de sus unidades siguiendo este principio.

La decisión de Gore fue anterior a la popularización del número de Dunbar, pero coincidía con sus conclusiones. Lo que el empresario había percibido intuitivamente en el día a día de su organización, la investigación científica terminaría explicándolo años después: cuando los grupos crecen más allá de ciertos límites, la cooperación espontánea comienza a deteriorarse y la confianza debe ser sustituida progresivamente por normas, procedimientos y estructuras jerárquicas.

Visto desde esta perspectiva, muchas reuniones podrían interpretarse como el precio que pagamos por superar nuestros límites biológicos.

La IA tampoco podrá cambiar eso

La revisión más reciente de la hipótesis del cerebro social, publicada por el propio Dunbar en 2024, concluye que la evidencia acumulada durante tres décadas continúa respaldando la existencia de restricciones cognitivas en el tamaño de nuestras redes sociales.

Por supuesto, la cifra exacta seguirá siendo objeto de discusión. Algunas investigaciones recientes han cuestionado que el límite sea exactamente 150 personas. Sin embargo, incluso los críticos coinciden en algo fundamental: nuestra capacidad para mantener relaciones profundas es limitada.

Quizás esa sea la lección más relevante en una época dominada por algoritmos, redes sociales e inteligencia artificial. Podemos aumentar exponencialmente nuestra capacidad para enviar mensajes, compartir contenidos o acumular contactos. Lo que no parece haber cambiado desde la prehistoria es nuestra capacidad para construir confianza.

Y la confianza, por fortuna o por desgracia, sigue sin tener botón de “añadir amigo”.

The Conversation

Fernando Díez Ruiz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La frontera de los 150: por qué no podemos tener un millón de amigos – https://theconversation.com/la-frontera-de-los-150-por-que-no-podemos-tener-un-millon-de-amigos-284199

Cómo reconocer el verdadero vinagre balsámico de Módena

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Remedios Castro Mejías, Profesora de Quimica Analítica, Universidad de Cádiz

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El vinagre ha dejado de ser un simple aderezo para convertirse en un producto valorado por sus propiedades organolépticas –su olor, su sabor–, así como por su carácter saludable. Pero no es oro todo lo que reluce y, muchas veces, las estanterías de los supermercados se llenan de supuestos “vinagres balsámicos” que no son tales.

El término “balsámico” hace referencia a aquello que posee las propiedades de un bálsamo: es decir, que tiene un efecto calmante, curativo o suavizante. Es un término asociado a ciertos vinagres por, entre otras razones, su textura densa –tipo jarabe– y su alta aromaticidad; de tal modo que, en ocasiones, recuerdan a antiguos ungüentos medicinales.

Proceso de elaboración del Aceto Balsamico Tradizionale

Región de Emilia Romaña, en Italia.
Wikimedia Commons., CC BY-SA

Como apuntábamos, el vinagre balsámico es un condimento oscuro, espeso y muy aromático procedente de la región italiana de Emilia-Romaña, principalmente de las ciudades de Módena y Reggio Emilia. Una de sus principales características es su equilibrio entre sabores dulces y agrios, lo que lo hace muy atractivo al paladar y amplía su empleo gastronómico, en platos como ensaladas, carnes e incluso postres.

Cuando hablamos de vinagres balsámicos italianos, nos encontramos con dos tipos, muy diferentes tanto en calidad como en precio y uso culinario recomendado.

En primer lugar tenemos el Aceto Balsamico Tradizionale, el de mayor calidad. Reconocido como producto de una región especifica en 1986 (Ley n. 93 de 1986 de la República de Italia), también cuenta con certificado de Denominación de Origen Protegida (DOP), otorgado por la Comisión Europea, desde el año 2000.

Su único ingrediente es el mosto de uva cocido, esto es, sometido a alta temperatura para que se evapore el agua y concentre todo su sabor, aroma y contenido azucarado.

Barricas de distintas maderas

En su elaboración, normalmente se parte de un tipo de uva, la variedad Trebbiano, que se concentra por calentamiento hasta dar un mosto muy espeso y con alto contenido en azúcar (el volumen se reduce hasta un tercio del de partida).

Bajo estas condiciones, solo levaduras capaces de soportar altos contenidos azucarados (levaduras osmófilas) pueden convertir el azúcar en alcohol. Este a su vez es transformado en el ácido ácetico que caracteriza al vinagre por bacterias acéticas, habitualmente del género Gluconoacetobacter.

Todo ello ocurre de forma muy muy lenta, mientras el producto envejece en lo que se denomina una “batería de barriles”. No es más que un conjunto de barriles de distinta capacidad y diferentes tipos de maderas: roble, castaño, cerezo, fresno, morera, etc.

Los barriles se ordenan de mayor a menor capacidad y el vinagre en envejecimiento va pasando desde los más grandes a los más pequeños a lo largo de periodos de tiempo que alcanzan al menos los 12 años (Aceto Balsamico Tradizionale Affinato) o los 25 (Aceto Balsamico Tradizionale Extravecchio).

Cada año, se extraen del barril más pequeño –aquel que contiene el vinagre de más envejecido– como máximo unos dos litros, que es el que se comercializa.

Durante este largo tiempo, el vinagre se concentra, pues la madera es porosa y se enriquece con todo aquello que esta aporta; principalmente, compuestos fenólicos, furfurales y aromas. Estos le confieren su color oscuro y su alto valor aromático, junto a unas mejoradas propiedades saludables.

Estos vinagres de alta calidad –y, por ello, de alto precio– habitualmente se usan en muy pequeñas cantidades en selectas carnes y postres.

Batería típica para los vinagres balsámicos tradicionales.
Remedios Castro.

La versión más comercial: Aceto Balsamico di Modena

En segundo lugar, el Aceto Balsamico di Modena es la versión comercial y económica que encontramos habitualmente en el supermercado. En su elaboración se emplea mosto de uva cocido mezclado con vinagre de vino, lo cual abarata costes: al no perder volumen de materia prima por concentración, puede obtenerse más volumen de producto final.

También les diferencia que únicamente permanecen en barrica entre 60 días y 3 años y que para ello se emplea un solo tipo de madera (lo que se llama un “envejecimiento estático”).

Menos tiempo en barrica, menos enriquecimiento en aromas y compuestos saludables, menos calidad y con ello, menos precio. Son vinagres menos densos, menos oscuros, más ácidos y, dado su menor precio, pueden usarse de forma más habitual para todo tipo de platos.

Los balsámicos sin garantía oficial

Junto a estos vinagres de calidad, reconocidos bajo sellos oficiales, cada día nos encontramos con más y más presuntos vinagres balsámicos sin sello y sin garantía oficial de elaboración y calidad.

Bajo el nombre de “vinagre balsámico”, habitualmente encontramos todo tipo de líquidos avinagrados, procedentes de vinos comunes, que intentan imitar las cualidades organolépticas de los de calidad superior mediante la adición de almidón u otros espesantes y caramelo.

Estos productos no han sido envejecidos en madera, por lo que realmente no experimentan el enriquecimiento en compuestos aromáticos y biosaludables. Su calidad es claramente inferior.

Sello del vinagre balsámico tradicional.

Atención a las etiquetas

¿Y cómo podemos distinguir unos de otros?

  • La materia prima en los de mayor calidad es mosto de uva y no vinagre de vino. Si el primer ingrediente no es mosto, será un producto de peor calidad, más ácido y de aroma menos complejo.

  • Fíjese bien en los ingredientes: los de mayor calidad no contienen caramelo (E150), azúcares añadidos o espesantes, sustancias que no aparecen en su etiquetado.

Sello del vinagre balsámico de Módena.

Ambos son indicativos de su calidad; la diferencia es que la DOP exige que tanto la producción como la elaboración se realicen íntegramente en la región y dependan exclusivamente de ella, mientras que la IGP es más flexible y requiere solo que una fase del proceso se realice allí –la materia prima puede provenir de fuera–.

Por tanto, si queremos un vinagre balsámico de calidad para todos los días, el Aceto Balsámico di Modena con distintivo azul y amarillo nos hará disfrutar del plato. En caso de que nos encontremos ante una ocasión especial, los Aceto Balsamico Tradizionale, con distintivo rojo y amarillo, contribuirán a hacer de la ocasión un momento inolvidable. Y recuerde: si busca un producto saludable y de calidad, evite aquellos que no ostenten estos logos.

The Conversation

Remedios Castro Mejías no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo reconocer el verdadero vinagre balsámico de Módena – https://theconversation.com/como-reconocer-el-verdadero-vinagre-balsamico-de-modena-284046

Necesidad, conveniencia o compromiso: tres maneras de llegar a ser profesor de instituto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iratxe Antonio-Agirre, Associate Professor in the Department of Developmental and Educational Psychology, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Rido / Pixel – Shot / Vidi Studio / Shutterstock

Laura, Joaquín y Carlos quieren ser docentes de educación secundaria. Los tres se han conocido en las clases del máster que los habilitará para ejercer esta profesión, después de haber obtenido cada uno el grado en Filología, Matemáticas y Educación Física, respectivamente. Más allá de las disciplinas en las que se han especializado y sobre las que enseñarán pronto a chicos y chicas de 12 a 16 años, hay muchas diferencias entre ellos.

Laura eligió el grado sabiendo que quería ser profesora. Joaquín estudió Matemáticas porque le encantan, pero al finalizar la carrera se dio cuenta de que una de las mejores salidas profesionales (por facilidad de acceso y por condiciones laborales) era la enseñanza. Carlos, apasionado del entrenamiento personal, aspira a poner en marcha un negocio más adelante, pero considera que dar clases de Educación Física durante unos años en un instituto le permitirá tener una estabilidad económica y el tiempo suficiente para alcanzar esa meta.

Cada uno de ellos representa un perfil de futuro docente, según nuestro estudio reciente realizado entre 76 estudiantes del Máster de Profesorado en Educación Secundaria de Mondragon Unibertsitatea. Hemos llamado a estos perfiles “desvinculado”, “sociocomunitario” e “instrumental”: estas tres categorías nos sirven para analizar sus motivaciones e ideas sobre lo que implica ser docente, algo clave en la calidad de su futura labor profesional.

Entender las razones que llevan a los futuros docentes a elegir esta profesión, en un momento en el que la docencia se enfrenta a una transformación profunda, nos puede ayudar a desarrollar medidas que frenen las preocupantes tasas de malestar psicológico y físico y de abandono. Sobre todo, nos puede llevar a diseñar una formación más ajustada y eficaz.

Tres maneras de llegar a la docencia

El primer perfil (Joaquín) corresponde a una identidad desvinculada. Concibe la docencia como una opción profesional más que vocacional. Mantiene una visión crítica del sistema educativo, pero sin percibirse como agente de cambio. Se trata de profesionales que le dan más importancia a la teoría que al impacto social de lo que enseñan. Este perfil se vincula con un menor compromiso y mayor abandono de la profesión docente. En nuestro estudio este perfil estaba formado mayoritariamente por hombres de 26 a 35 años, sobre todo de las áreas de Tecnología y Ciencias Sociales, aunque esto no significa que siempre sea así.

El segundo perfil (Laura) pertenece a la identidad sociocomunitaria. Se relaciona con prácticas docentes más efectivas y centradas en gestionar el aula, adaptar metodologías, atender a la diversidad y promover la inclusión. Sentirse competente hace que disfruten más de su trabajo como docentes y que apuesten por una enseñanza orientada a la transformación social. Lo integran, en su mayoría, mujeres de 26 a 45 años con estudios de Lenguas y Humanidades. Pero como decimos, esto no quiere decir que este perfil no pueda encontrarse en docentes de cualquier otra materia.

El tercer perfil (Carlos) responde a una identidad instrumental. Valora la docencia como medio para alcanzar metas personales, estabilidad y desarrollo profesional. Está formado por hombres y mujeres en proporciones similares que buscan estabilidad, pero consolidan su vocación al sentirse competentes y conectar con el alumnado. Son jóvenes menores de 25 años, mayoritariamente de Humanidades y Educación Física.

Una formación homogénea para perfiles diversos

En España, el pasaporte oficial para dar clases en secundaria es el Máster de Formación del Profesorado. Se trata de un programa intensivo de un curso académico cuyo objetivo es convertir a cualquier graduado en docente. Consiste en una mezcla de teoría psicopedagógica, lecciones para aprender a enseñar su propia disciplina y prácticas en un centro educativo.

El problema radica en que, a menudo, se aplica un molde de talla única a una realidad multicolor. Esto hace que tengan que pasar por el mismo embudo profesionales con perfiles muy distintos, sin tener en cuenta la diversidad de formas de entender y vivir la profesión docente.

Sin embargo, sabemos que los programas formativos más efectivos son aquellos que conectan con las características y motivaciones del profesorado en formación. Cuando esto no ocurre, existe el riesgo de generar desmotivación, desaprovechar potencial o incluso favorecer el abandono temprano de la profesión.




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Una formación más individualizada

Transformar el máster no implica dinamitar su estructura actual, sino flexibilizarla. El punto de partida ideal es una evaluación inicial que nos desvele qué mueve a cada estudiante a querer dar clase. Con esa información sobre la mesa resulta mucho más fácil dirigir las tutorías o el enfoque de sus proyectos para responder a sus características particulares, dejando intacto un núcleo común diseñado para fortalecer a toda la clase por igual.

En la práctica, cada perfil necesita un enfoque personalizado. Para el perfil desvinculado, el reto es descubrir el impacto social de su trabajo. Esto se logra ofreciéndole experiencias prácticas como el aprendizaje-servicio en entornos reales y mentorías con profesorado experimentado. Un alumno como Joaquín quizá no sienta la misma vocación inicial, pero puede inspirarse al ver el compromiso de otros profesores y profesoras en activo.

Si hablamos del perfil sociocomunitario, este requiere de un escudo protector. Una alumna como Laura llega con una clara vocación e implicación, pero pueden padecer desgaste emocional. Su formación práctica debe incluir estrategias de apoyo para lograr protegerse del temido burnout antes de que sea tarde.

Por último, en el perfil instrumental, la estrategia cambia. Un estudiante como Carlos, aunque domina su materia académica, necesita profundizar en la pedagogía. Su paso por el máster debería priorizar la creación de portafolios reflexivos y una evaluación que le demuestre que enseñar es mucho más que impartir un temario. Este acompañamiento es vital para ayudarle a sentir una mayor vinculación con la tarea y que el estudiantado pueda beneficiarse de un profesor que sea capaz de llegar a las necesidades educativas de todo el aula.

Si cada persona que decide formarse para ser docente de secundaria no lo hace por los mismos motivos, ni tiene la misma percepción sobre la labor docente, la formación del profesorado tampoco debería ser la misma para todos y todas. Conocer sus motivaciones y ofrecer itinerarios más flexibles puede mejorar su preparación y ayudar al sistema educativo a responder a los retos actuales.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Necesidad, conveniencia o compromiso: tres maneras de llegar a ser profesor de instituto – https://theconversation.com/necesidad-conveniencia-o-compromiso-tres-maneras-de-llegar-a-ser-profesor-de-instituto-279629

La creatividad y la innovación en los barrios como motor de desarrollo de las ciudades

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josep-Maria Arauzo-Carod, Professor of Economics, Chair of ECO-SOS and Vice-chair of IU-RESCAT, Universitat Rovira i Virgili

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Cuando pensamos en innovación, solemos imaginar laboratorios y grandes empresas tecnológicas. Pero nuestra investigación sugiere que hay algo más en juego.

Una parte decisiva de la innovación ocurre en la calle. Ocurre cuando dos personas se encuentran por casualidad y comparten una cerveza. Ocurre en la cafetería del barrio, en el metro de camino al trabajo o en el transcurso de una breve conversación en la sala de espera del dentista.

En un artículo publicado en Growth and Change hemos analizado cómo se difunden la creatividad y la capacidad innovadora entre las personas que viven y trabajan en la misma ciudad y qué efecto tiene esa difusión sobre la creación de nuevas empresas.

Madrid como laboratorio

Para responder a estas preguntas utilizamos datos de casi tres millones de trabajadores afiliados a la Seguridad Social en la región metropolitana de Madrid en 2016. Dispusimos de información sobre dónde trabajaban y dónde vivían y con esos datos construimos un modelo de contagio social. La lógica es sencilla: igual que un virus se propaga entre personas que están cerca, el conocimiento y la creatividad también se transmiten entre quienes comparten espacios e interactúan cara-a-cara.

El modelo simula cómo los trabajadores creativos y los trabajadores en sectores de alta intensidad de conocimiento contagian a quienes les rodean, tanto en su lugar de trabajo como en la zona donde viven. Después analizamos si esos patrones de difusión estaban asociados con una mayor creación de empresas en cada zona.

El resultado principal es que la creatividad pesa más de lo que suele reconocerse. Tanto la creatividad como la capacidad innovadora se asocian positivamente con la creación de empresas, pero cuando se analizan conjuntamente la asociación de la creatividad resulta más robusta.

Dicho de otra forma: los trabajadores de las industrias culturales y creativas tienen un impacto sobre la economía local que va más allá de lo que generan directamente dentro de sus propias empresas. Su presencia transforma el ambiente del barrio y genera condiciones favorables para que otros innoven.

Este hallazgo matiza la idea extendida de que la innovación depende únicamente de los ingenieros o científicos. Los arquitectos, diseñadores, artistas o programadores de videojuegos también contribuyen a impulsarla. Y lo hacen de una manera que no es fácil de medir, pero que nuestro modelo permite capturar.

No toda la ciudad funciona igual

Sin embargo, el contagio no se da de forma homogénea por toda la región metropolitana. Aquí es donde el análisis espacial aporta una dimensión nueva y valiosa. La creatividad se difunde de manera más general y menos selectiva. Alcanza los barrios centrales de Madrid, pero también otros núcleos del área metropolitana como Alcobendas o Alcalá de Henares. Fluye allí donde hay interacción social, mezcla de usos y densidad de vida urbana.

La innovación tecnológica, en cambio, viaja por canales más especializados. Se concentra en torno al distrito de negocios de AZCA, en los parques empresariales y tecnológicos, como el de Tres Cantos, o cerca de los campus universitarios de ciencias. Su propagación es más selectiva y depende de infraestructuras específicas.

Un dato llamativo: el entorno del Museo del Prado registra niveles de contagio creativo más bajos de lo esperado. La explicación es urbanística: la amplitud de la trama urbana alrededor de los grandes museos y parques históricos puede suponer una barrera física y reducir la interacción entre personas.

¿Qué implica esto para las políticas urbanas?

Para su desarrollo, las ciudades suelen apostar por los mismos instrumentos: parques tecnológicos, inversión en I+D, atracción de empresas de alta tecnología. Aunque estas políticas tienen sentido, nuestros resultados apuntan a que no son suficientes.

Las políticas culturales también son políticas de innovación. Invertir en barrios creativos, en espacios de uso mixto y en vida cultural de proximidad tiene un retorno económico concreto y medible. Lo que ocurre en los barrios importa, no solo lo que pasa en los laboratorios.

Además, la innovación no es solo cosa del centro: el talento creativo también está presente en la periferia. Políticas que faciliten la conectividad y la interacción en esas zonas podrían desbloquear un potencial infrautilizado.

En conclusión

La diferenciación entre capacidad innovadora y capacidad creativa tiene implicaciones en el diseño de políticas públicas.

Para aprovechar el potencial de la capacidad innovadora, las políticas públicas
deberían seguir centrándose en la inversión pública en I+D y en infraestructuras regionales, así como en la formación de trabajadores con competencias en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) que resulten útiles para las nuevas empresas.

Al mismo tiempo, deben atender a las actividades sociales y culturales que puedan tener lugar en barrios residenciales, más allá de los centros de negocios tradicionales. Estas actividades también contribuyen a la capacidad de innovación y a la transferencia de creatividad, potenciando así la actividad económica de las ciudades.

La creatividad no se transfiere de forma automática ni por inversión directa. Se contagia en el entorno urbano (calles, barrios, gentes). Entender esta lógica es el primer paso para diseñar ciudades que innoven de verdad.

The Conversation

Federico Pablo Martí recibe fondos del programa de actividades de I+D con referencia PHS-2024/PH-HUM-530 (DiTeCaM-CM) financiado por la Comunidad de Madrid a través de la Dirección General de Investigación e Innovación Tecnológica.

Simón Sánchez-Moral recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades
Proyectos CSO2016‐74888‐C4‐4‐R y PID2020‐112734RB‐C33, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033

Josep-Maria Arauzo-Carod no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La creatividad y la innovación en los barrios como motor de desarrollo de las ciudades – https://theconversation.com/la-creatividad-y-la-innovacion-en-los-barrios-como-motor-de-desarrollo-de-las-ciudades-283544