Así se está extendiendo el cultivo del aguacate por España a pesar de sus consecuencias ambientales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaime Martínez Valderrama, Científico Titular, Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA – CSIC)

Aguacates en una plantación en Vélez-Málaga, Málaga, España. Anarociogf/Shutterstock

Como ocurre con otros alimentos rodeados de un aura casi milagrosa, la fiebre por el aguacate parece imparable. Son innegables sus propiedades nutritivas y su asociación con la categoría de los llamados “superalimentos”, definidos por la RAE como aquellos “a los que se les suponen propiedades beneficiosas para la salud añadidas a su valor nutritivo”.

Los denominados “superalimentos”un término más publicitario que científico–, caracterizados por su elevado contenido en antioxidantes, fibra, vitaminas y minerales, no solo se consumen por sus supuestos beneficios para la salud. Además, suelen percibirse como productos “naturales”, asociados a prácticas de manejo tradicionales desarrolladas y perfeccionadas por comunidades indígenas a lo largo de siglos o, al menos, sostenibles. Pero esto no siempre es así.

Incentivos que se traducen en la intensificación del cultivo

Las modas alimentarias generan nuevas demandas de consumo que, en un mundo tan conectado y tecnificado, se traducen rápidamente en la expansión de los cultivos más demandados. En España, la superficie dedicada al aguacate ha aumentado un 62 % en la última década, superando ya las 24 000 hectáreas. Además, este cultivo ha desbordado su ámbito tradicional –la Costa Tropical granadina y la Costa del Sol malagueña, donde aún se concentra el núcleo principal con unas 16 500 hectáreas– para extenderse hacia nuevos territorios.

Las Islas Canarias, pioneras y especialmente aptas para este cultivo, albergan alrededor de 1 400 hectáreas. A ellas se suman otras provincias andaluzas, como Cádiz (1 800 hectáreas), y la Comunidad Valenciana (4 200 hectáreas), donde el aguacate está sustituyendo progresivamente a los cítricos, hoy menos rentables pese a sus conocidas propiedades. Allí encuentra condiciones favorables, como la proximidad al mar –que reduce el riesgo de heladas– y determinadas áreas montañosas.

El crecimiento del consumo en España es igualmente notable: según el Panel de Consumo Alimentario en los hogares, pasó de 0,66 en 2010 a 2 kg en 2024 por habitante y año. Para satisfacer esta demanda, el mercado español depende en gran medida de las importaciones, que alcanzaron las 262 000 toneladas en 2024, de acuerdo con DATACOMEX.

Ello no impide que una parte importante de la producción nacional se destine a la exportación. Como ocurre con frecuencia en el mercado agroalimentario global, resulta perfectamente compatible –según la lógica de los mercados– exportar cerca de 140 000 toneladas de aguacate y, al mismo tiempo, importar producto procedente de lugares tan lejanos como Perú, origen del 66 % de los aguacates importados por España.




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Otros alimentos nutritivos, incluidos los de origen animal

Más allá de estos alimentos de corte exótico, lo cierto es que en el ámbito mediterráneo tenemos la suerte de contar con diversos alimentos con destacadas propiedades nutricionales, como el innegociable aceite de oliva o las humildes almendras. Como vemos, parece que este tipo de alimentos han de ser necesariamente vegetales, dado que muchas corrientes nutricionales y ambientales han proscrito la proteína animal.

En este sentido es necesario reivindicar uno de los alimentos más completos: el huevo. Su perfecto equilibrio proteico es utilizado como el estándar de referencia para evaluar la calidad de las proteínas de otros alimentos debido a su alto valor biológico y perfil completo de aminoácidos. Además, es una fuente de colina, crucial para el desarrollo cognitivo y la salud cerebral y tiene un alto poder saciante, con solo 70-80 kcal por unidad. Hay otros “superalimentos” de origen animal. El yogur, por ejemplo, es un aliado para mantener en forma nuestra microbiota, pieza fundamental de nuestra salud.

Aunque el consumo de carne en exceso está desaconsejado, lo cierto es que la proteína animal fue clave en nuestra evolución como especie. La inteligencia se sustenta en un cerebro que demanda mucha energía y requiere alimentos con alta densidad de nutrientes, como la carne. Esta fue la que permitió a nuestra especie acortar la longitud del intestino, reducir el tamaño de las mandíbulas y dedicar tiempo y energía a algo más que masticar y digerir fibras vegetales. Aún hoy sigue siendo un componente esencial de la alimentación humana. Un estudio reciente señala que la mayoría de los alimentos más ricos en micronutrientes esenciales –como hierro, zinc, ácido fólico, vitamina A, calcio y vitamina B12, cuyas deficiencias siguen siendo muy frecuentes a escala global– son de origen animal.

La cara B de productos que no son tan naturales

La realidad de los alimentos de moda –una lista cada vez más extensa y cambiante que que se actualiza constantemente– dista mucho de ser tan atractiva como sugiere la publicidad. Muchos de los beneficios para la salud que se les atribuyen carecen de un respaldo científico sólido, especialmente cuando se analizan a partir de ensayos controlados de intervención en humanos.

Desde el punto de vista ambiental, su expansión fuera de sus dominios naturales está generando impactos considerables. Cuando un cultivo como el aguacate abandona los ambientes tropicales, caracterizados por lluvias abundantes y relativamente regulares, para implantarse en regiones áridas, surgen elevadas necesidades de riego que ponen en riesgo el equilibrio hídrico de esos territorios.

El deterioro y descenso de las masas de agua subterránea en muchas de estas zonas productoras constituye una clara evidencia de ello. A este agotamiento del recurso hídrico se suman otros procesos de degradación, como la salinización de los suelos y la erosión derivada de la transformación de laderas abruptas, desprovistas de su cubierta vegetal para albergar nuevas plantaciones.




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Incluso en sus regiones de origen, donde estos cultivos están mejor adaptados a las condiciones ambientales, los impactos ecológicos son muy significativos al sobrepasar la disponibilidad de espacio y recursos.

Así, cuando la rentabilidad a corto plazo se convierte en el principal criterio de producción, tienden a imponerse el monocultivo –con la consiguiente pérdida de diversidad genética–, el uso intensivo de agroquímicos, la degradación progresiva del suelo y la tala indiscriminada de bosques para ampliar la superficie cultivada.

Una dieta variada y no basada en los alimentos de moda

Cada cierto tiempo surgen alimentos presentados casi como soluciones milagrosas capaces de resolver todos nuestros problemas de salud. Incorporarlos a la dieta puede ser positivo y enriquecedor, pero convertirlos en el eje exclusivo de la alimentación resulta contraproducente. Un enfoque nutricional más equilibrado pasa por mantener una dieta variada –tanto en el día a día como a lo largo de las estaciones–, basada en productos frescos y de temporada, evitando los ultraprocesados.

Desde el punto de vista ambiental, más importante que el producto en sí es comprender –aunque a menudo no resulte sencillo– cómo se produce ese alimento. No es comparable la carne procedente de macrogranjas con la obtenida de rebaños móviles que aprovechan distintos recursos pastables. Del mismo modo, no es equivalente consumir un aguacate cultivado en una pequeña explotación familiar con riego de apoyo que otro procedente de grandes monocultivos implantados sobre áreas previamente deforestadas.

The Conversation

Jaime Martínez Valderrama no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así se está extendiendo el cultivo del aguacate por España a pesar de sus consecuencias ambientales – https://theconversation.com/asi-se-esta-extendiendo-el-cultivo-del-aguacate-por-espana-a-pesar-de-sus-consecuencias-ambientales-280939

¿Cuántas veces hacemos compras online innecesarias? Es que no compramos ropa, compramos felicidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Cuesta-Valiño, Catedrático de Marketing e Investigación de Mercados, Universidad de Alcalá

Dejan Sarec/Shutterstock

El comercio electrónico ya forma parte de nuestras rutinas y, para muchas personas, la compra online ha dejado de ser una alternativa para convertirse en su opción preferida de compra. La comodidad, la rapidez y el acceso inmediato a un catálogo casi infinito de prendas explican en gran medida este crecimiento. Pero, detrás de ese aparente “clic y listo”, hay algo más: ¿qué es lo que realmente nos empuja a querer comprar en una tienda de moda online?

En una investigación reciente, que hemos publicado en Journal of Consumer Behaviour, analizamos cómo la usabilidad del comercio electrónico, la satisfacción del usuario y la felicidad del consumidor son factores que explican por qué decidimos comprar moda online, y qué hace que queramos volver a hacerlo.

Una web que funcione y nos haga felices

Los resultados son claros: no compramos solo porque la web funcione bien. Compramos online porque eso nos hace sentir bien. Esta premisa cambia por completo la manera en que las marcas deben diseñar sus plataformas digitales: la experiencia digital ya no es solo funcional, también es emocional.

Al analizar el comercio electrónico, muchos estudios se centran en variables técnicas como la velocidad de carga, la facilidad de uso, la eficiencia en las búsquedas o la claridad en la información. Todos estos factores siguen siendo fundamentales, por supuesto. Pero nuestro estudio demuestra que no son suficientes para explicar por qué un consumidor decide, finalmente, comprar online un producto.

En otras palabras, que una web funcione bien no garantiza que queramos comprar en ella. Lo que sí lo hace es un componente menos evidente: la felicidad del consumidor. Este concepto no habla solo de estar “contento”, sino de dos formas distintas de bienestar.

  1. El placer inmediato: la satisfacción de encontrar una prenda que nos gusta, aprovechar una oferta o recibir el pedido en casa, que es lo que se conoce como felicidad hedónica.

  2. La felicidad eudaimónica: la sensación, más profunda y duradera, de satisfacción personal que aparece cuando compramos de acuerdo con nuestros valores y sentimos que estamos tomando decisiones acertadas y responsables.

Lo innovador de nuestro estudio es mostrar que ambos tipos de felicidad explican una parte muy importante de la intención de compra. Para las tiendas online, esto significa que deben preocuparse no solo por el funcionamiento de la web, sino por cómo hace sentir a los consumidores durante todo el proceso de compra.

La usabilidad importa por lo que genera

Los datos muestran que la usabilidad de la web no solo influye directamente en la intención de compra, sino también de forma indirecta al propiciar la satisfacción del usuario. Es decir, si la web es fácil de usar, intuitiva y rápida, la experiencia será fluida y esa fluidez genera satisfacción. La satisfacción es un primer paso hacia la felicidad del consumidor. Y la felicidad, a su vez, impulsa la intención de compra.

En otras palabras, la usabilidad actúa como una puerta de entrada a una experiencia más emocional. Cuando algo funciona bien no solo se evitan frustraciones a los usuarios sino que se sientan las bases para que el proceso sea agradable, incluso placentero.

¿Qué hace realmente feliz al consumidor online?

En nuestro estudio hicimos entrevistas para saber qué aspectos concretos del proceso de compra están detrás de esa felicidad del consumidor. Y dimos con cuatro elementos.

  1. El placer de encontrar algo perfecto: los entrevistados describieron la sensación de satisfacción inmediata que da descubrir una prenda ideal, un descuento inesperado o un artículo difícil de encontrar. Esos “pequeños momentos de alegría” impulsan la compra al generar felicidad hedónica.

  2. La sensación de control: elegir, comparar, personalizar y decidir genera la percepción de estar haciendo una compra inteligente, bien pensada. Esa satisfacción refuerza la fidelidad.

  3. La reducción de la incertidumbre: servicios como probadores virtuales, guías de tallas coherentes o una atención al cliente personalizada generan seguridad, lo que incrementa la satisfacción y la intención de compra.

  4. La alineación con valores personales: la coherencia entre la compra y los valores del consumidor –por ejemplo, sostenibilidad, transparencia o responsabilidad social– refuerza la conexión emocional con la marca y genera felicidad eudaimónica.

Satisfacción: el puente entre la técnica y la emoción

Los datos demuestran que la satisfacción del consumidor actúa como un eslabón clave: una web usable aumenta la satisfacción, una mayor satisfacción incrementa la felicidad, y la felicidad mejora la intención de compra.

En este sentido, la satisfacción deja de ser un simple indicador de “experiencia positiva” y se convierte en un elemento estructural en el proceso emocional del consumidor.

No se compran productos, sino experiencias que generan felicidad

El estudio ofrece varias conclusiones prácticas que deberían transformar la estrategia digital de las empresas de moda.

Por un lado, que la usabilidad no es un lujo, sino una necesidad. Los consumidores abandonan rápidamente una web lenta, confusa o poco intuitiva. Pero, además, una mala usabilidad rompe la cadena emocional que lleva a la compra.

En segundo lugar, la felicidad es un objetivo de negocio. Las marcas deben diseñar experiencias que generen placer inmediato y, al mismo tiempo, fomentar sensaciones de realización personal.

Por otra parte, la personalización es tecnología pero también empatía. Los consumidores valoran que la web les entienda, lo que incluye recomendaciones adaptadas, mensajes útiles, información relevante y procesos claros.

La sostenibilidad importa y mucho. Muchos compradores buscan coherencia entre sus valores y su comportamiento de consumo. Iniciativas de reducción de impacto ambiental se relacionan con mayores niveles de satisfacción y felicidad.

Por último, la confianza digital es un requisito emocional. La transparencia, la calidad de la información y la seguridad durante la compra fortalecen la intención de volver a comprar.

Un futuro más humano para el comercio electrónico

Si las empresas quieren competir en un entorno saturado, no basta con invertir en tecnología. Deben comprender cómo se sienten las personas cuando compran. Y eso implica repensar el diseño, la comunicación, la narrativa de marca y la propia experiencia de usuario.

Entender esto no solo ayuda a las empresas a vender más. También nos ayuda, como consumidores, a ser más conscientes de por qué compramos. Y de si realmente queremos hacerlo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Cuántas veces hacemos compras online innecesarias? Es que no compramos ropa, compramos felicidad – https://theconversation.com/cuantas-veces-hacemos-compras-online-innecesarias-es-que-no-compramos-ropa-compramos-felicidad-281959

Por qué entender la IA será tan importante como aprender a leer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bárbara Castillo Abdul, Docente e Investigadora Senior, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Durante años, la alfabetización mediática ha sido considerada una competencia esencial para desenvolverse en entornos digitales. Consiste en aprender a identificar fuentes fiables, a contrastar información o detectar contenidos engañosos.

Sin embargo, en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial en los procesos de acceso, producción y circulación del conocimiento, el ecosistema informativo se ha transformado y las competencias citadas no son suficientes.

Tradicionalmente, los usuarios interactuaban con contenidos relativamente identificables, producidos por emisores reconocibles y bajo lógicas editoriales más o menos transparentes. Hoy, esa relación ha cambiado de forma sustancial. Cada vez con mayor frecuencia, los usuarios no acceden a información que deben interpretar, sino que interactúan con sistemas que la sintetizan, reorganizan y generan en tiempo real.

¿Por qué responde ChatGPT lo que responde?

Por ejemplo, hace algunos años una persona que quería informarse sobre vacunas, salud mental o alimentación saludable podía leer noticias en distintos medios digitales, consultar artículos científicos o comparar la opinión de expertos. El pensamiento crítico consistía en evaluar quién producía la información, desde qué medio se difundía y con qué intención.

Hoy, ese mismo usuario puede preguntarle directamente a ChatGPT o a otro sistema de inteligencia artificial: “¿Las vacunas son seguras?”, “¿Cómo sé si tengo ansiedad?” o “¿Qué dieta es mejor para mí?”. En pocos segundos recibe una respuesta clara, estructurada y aparentemente fiable. Sin embargo, muchas veces desconoce qué fuentes utilizó el sistema, qué información priorizó, qué datos omitió o qué sesgos pueden influir en la respuesta generada.

La diferencia es profunda: antes, el pensamiento crítico se dirigía principalmente al contenido; ahora también debe dirigirse al sistema que produce y organiza el conocimiento. De hecho, investigaciones recientes advierten que la creciente dependencia de sistemas de inteligencia artificial puede modificar la forma en que las personas evalúan información y toman decisiones, especialmente en ámbitos sensibles como la salud y el bienestar.

Un uso acrítico de la IA

Sabemos que el uso de la IA mejora la eficiencia en la producción de contenidos, pero también tiende a desplazar el juicio crítico hacia la confianza en el sistema, especialmente cuando los resultados se presentan de forma coherente y verosímil.

Este fenómeno se extiende más allá del ámbito educativo: la rápida adopción de estas tecnologías está transformando las dinámicas de acceso a la información, generando nuevos desafíos en términos de transparencia, equidad y gobernanza del conocimiento.

Entender la mediación algorítmica

La inteligencia artificial no solo facilita el acceso a la información, sino que interviene activamente en su construcción. Este cambio no es menor. Supone el paso de un modelo basado en la interpretación de contenidos a otro en el que la mediación algorítmica ocupa un lugar central. En este contexto, la fuente puede volverse más difusa, la autoría menos visible y la lógica de producción del conocimiento más opaca para los usuarios.

Por eso, la comprensión de los sistemas algorítmicos resulta tan relevante como la evaluación de los contenidos, y la alfabetización digital y mediática debe incluir la alfabetización en inteligencia artificial, un campo emergente que integra dimensiones técnicas, críticas y éticas.

¿Qué es la alfabetización en inteligencia artificial?

Dicha alfabetización va más allá de saber utilizar herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot. No se trata únicamente de aprender a escribir mejores instrucciones o de obtener respuestas más rápidas, sino de comprender cómo estos sistemas producen información, qué límites tienen y qué implicaciones sociales, éticas y cognitivas pueden generar.

En términos prácticos, una persona alfabetizada en IA debería ser capaz de comprender, al menos de forma básica, cómo funcionan los sistemas algorítmicos, qué papel desempeñan los datos en la generación de respuestas, por qué pueden aparecer sesgos o errores y cómo la automatización influye en la manera en que interpretamos la realidad y tomamos decisiones.




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Nuevas competencias críticas

Esto implica desarrollar nuevas competencias críticas: cuestionar la aparente neutralidad de las respuestas generadas por IA, identificar cuándo una respuesta requiere verificación adicional, reconocer los riesgos de delegar excesivamente el pensamiento en sistemas automatizados y comprender que estas tecnologías no “piensan”, sino que producen resultados a partir de patrones y probabilidades.

Ahora mismo existe una brecha entre estas transformaciones y las prácticas educativas. Mientras se persigue que los estudiantes sean capaces de analizar contenidos y desarrollar competencias de alfabetización mediática e informacional, tal y como promueven organismos como la UNESCO y marcos educativos vinculados a la competencia digital, no siempre se les está proporcionando herramientas para comprender los procesos mediante los cuales esos contenidos son generados.




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Cómo se construye el conocimiento

Lo que está en juego ya no es únicamente una competencia digital, sino la capacidad de las sociedades para comprender quién organiza, prioriza y legitima el conocimiento en entornos cada vez más automatizados.

Los individuos pueden creer que toman decisiones plenamente informadas cuando, en realidad, dependen de sistemas cuya lógica interna no conocen. Esto no solo afecta la forma en que consumimos información, sino también la capacidad de las sociedades para participar críticamente en ámbitos como la salud, la política o la comunicación pública.




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Para que los ciudadanos alcancen esta alfabetización en IA, el aprendizaje debería comenzar progresivamente desde la escuela e integrarse de manera transversal en distintas etapas educativas y programas de formación ciudadana, no solo desde áreas tecnológicas, sino también desde materias vinculadas a la comunicación, la ética, las ciencias sociales y la ciudadanía digital.

La población adulta también necesita espacios de formación y divulgación que permitan comprender críticamente el funcionamiento de estas tecnologías, especialmente en ámbitos sensibles como la salud, la información política o la educación.

La responsabilidad no recae únicamente en los sistemas educativos. Gobiernos, universidades, medios de comunicación, plataformas tecnológicas y organismos internacionales también tienen un papel clave en el desarrollo de una ciudadanía capaz de interactuar críticamente con la inteligencia artificial. En un contexto donde los algoritmos participan cada vez más en la organización de aquello que vemos, pensamos y creemos saber, entender cómo funcionan deja de ser una competencia especializada para convertirse en una necesidad democrática.

The Conversation

Bárbara Castillo Abdul no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué entender la IA será tan importante como aprender a leer – https://theconversation.com/por-que-entender-la-ia-sera-tan-importante-como-aprender-a-leer-281933

Más allá del debate sobre la conquista: una olvidada “recíproca amistad científica” entre España y México

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Miguel Nepote González, Coordinador de Proyectos Especiales del Museo de Ciencias Ambientales, Universidad de Guadalajara

Mariano Bárcena (1842-1899), principal gestor de la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Wikimedia Commons, CC BY

En la historia compartida entre España y México existe un episodio que hemos olvidado casi por completo, pero que ilustra lo que pensaba el escritor serbio Milorad Pavic: “el pasado siempre está a punto de ocurrir”. En la Ciudad de México se inauguró, a finales de 1894, la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Su principal gestor, Mariano Bárcena, aseguró que con ese proyecto se establecía un “lazo de recíproca amistad científica” entre España y México.

España y México: conversación intermitente

En febrero de 2019, el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, envió una carta al rey de España, Felipe VI, donde proponía:

“que el Reino de España exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados y que ambos países acuerden y redacten un relato compartido, público y socializado de su historia común, a fin de iniciar en nuestras relaciones una nueva etapa”.

A partir de entonces, la comunicación oficial entre ambos países se mantuvo en una especie de pausa. Hasta inicios de 2026, cuando la actual presidenta de México, Claudia Sheinbaum, envió una nueva misiva al monarca para invitarlo a viajar a México durante la Copa Mundial de Fútbol. Finalmente, Felipe VI aceptó asistir al partido de España contra Uruguay, que tendrá lugar a finales de junio en la ciudad de Guadalajara.

Un pasado común por descubrir

Es posible localizar un ejemplo tangible de esos “vínculos” en el surgimiento de una institución fundada en Madrid, por real decreto, el 25 de febrero de 1847. Se trata de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España, que reunió a buena parte de los personajes de mayor talento intelectual de aquella nación: Cipriano Segundo Montesino y Estrada, pionero de la ingeniería industrial en España; el matemático, dramaturgo y político José Echegaray y Eizaguirre, primer español en ganar un Premio Nobel; el fascinante físico experimental Blas Cabrera y Felipe, quien fue amigo de Albert Einstein; o el incombustible Santiago Ramón y Cajal, quien fue elegido como miembro a finales de 1895 y tomó posesión el 5 de diciembre de 1897.

Ocurrió justamente en la época en que miembros de dicha Academia, como el ingeniero en minas Daniel Francisco de Paula Cortázar y Larrubia y el matemático y astrónomo Miguel Merino y Melchor, establecieron una amistad con un personaje nacido en México y que había llegado a Madrid hacia 1886: Vicente Riva Palacio. Este general militar, abogado, poeta, historiador, cuentista, político y novelista entonces iniciaba la carrera de diplomático, luego de haber sido nombrado “enviado extraordinario y ministro plenitpotenciario” de México en Madrid, para construir puentes que unieran a estas dos naciones.

“Lazo de recíproca amistad científica”

En el México del siglo XIX, Riva Palacio había sido el artífice de la creación de sus instituciones científicas de mayor importancia: el Observatorio Meteorológico Central (1876) y el Observatorio Astronómico Nacional (1878). En ambas había contado con la inteligencia de los ingenieros Mariano Bárcena y Ángel Anguiano.

En Madrid, Riva Palacio participó en una reunión con representantes de los pueblos hispanoamericanos para la celebración del cuarto centenario del descubrimiento de América. En el transcurso de este evento, el enviado propuso la fundación, en México, de una extensión de la Real Academia de Ciencias Exactas española.

El proyecto se lo encargó a Mariano Bárcena, quien habría de recordar en su discurso durante la inauguración de la Academia, que así fue como “surgió la idea de establecer en América algunos centros científicos, que puestos en relación constante con los de España, produjesen bienes recíprocos y cooperasen al adelanto de los pueblos que reconocían el mismo origen”.

En el Archivo histórico de la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco Juan José Arreola es posible encontrar huellas de la historia olvidada de la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Se inauguró el 24 de noviembre de 1894 con una ceremonia donde Mariano Bárcena reconoció y agradeció “la grandeza de España”, identificando que:

“las ciencias son fuentes perennes de bienestar y los lazos más indisolubles de fraternidad entre las naciones que las cultivan. En efecto, nada puede ser dirigido con acierto sin el auxilio de las ciencias exactas; porque los números tienen que ordenarlo todo, y son la base indispensable de cualquier problema, aun social o económico”.

Ciencia hispanoamericana, olvidado pasado compartido

Sus socios se reunían cada quince días para organizar conferencias públicas. Seguían un estricto turno de lectura y desarrollaron un amplio espectro de asuntos, desde las patentes de invención o la importancia del cálculo de probabilidades, hasta el levantamiento exacto de la Carta de la República Mexicana.

Esta olvidada Academia sobrevivió poco más de diez años y mantuvo un par de publicaciones periódicas: Anuario y Anales. En ellas se publicaron mas de cincuenta investigaciones de distintos ámbitos, desde los estudios geográficos hasta la medicina, pasando por la astronomía, geología, química, física y múltiples ingenierías.

Y entre la fantástica miscelánea de asuntos, hay uno que merece destacarse. En la charla pública del 7 de septiembre de 1896, el ingeniero Manuel Fernández propuso la creación de la Universidad de México. El objetivo no era otro que procurar los conocimientos científicos que se necesitaban en el país para modificar su dependencia exterior en materia científica.

Una dependencia compartida con España, en opinión del físico e historiador José Manuel Sánchez Ron, quien en su libro El país de los sueños perdidos, dedicado a la historia de la ciencia en España, afirma: “en Hispanoamérica somos, sobre todo, consumidores-importadores de ciencia y tecnología, pero no creadores”.

La innovadora idea de fundar una gran universidad mexicana tardaría aún más de 10 años en materializarse. Concretamente, hasta que el filósofo, abogado y escritor Justo Sierra presentó la Ley Constitutiva de la Escuela Nacional de Altos Estudios. Y, poco después, el proyecto para fundar la Universidad Nacional, precedente inmediato de la actual Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Recordar la olvidada existencia de la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales es una invitación a no borrar la historia de colaboración científica que ha unido a España y México. Sus resultados, como asegura Sánchez Ron en su colosal obra, nos permiten descubrir que “lo mejor de la contribución española a la ciencia universal se hizo en América”.

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Juan Miguel Nepote González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Más allá del debate sobre la conquista: una olvidada “recíproca amistad científica” entre España y México – https://theconversation.com/mas-alla-del-debate-sobre-la-conquista-una-olvidada-reciproca-amistad-cientifica-entre-espana-y-mexico-241542

Viajando envejecemos más despacio, según un nuevo estudio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Esteban Ruiz, Profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

DavideAngelini/Shutterstock

No cabe duda de que viajar nos supone un esfuerzo y un cambio considerable en nuestra rutina diaria, con el desorden que conlleva. Pero es curiosa esa sensación tan agradable de llegar a casa así, como descansados, después de un viaje de ocio, y sentir que venimos con las pilas cargadas.

Cuando hacemos turismo, regresamos con más energía, dormimos mejor y tenemos la impresión de que algo en nosotros se ha “reordenado”, en lugar de desordenarse. Pero ¿es solo una sensación o viajar puede influir realmente en nuestra salud?

Un grupo de investigación australiano ha propuesto que las experiencias agradables que vivimos cuando viajamos contribuyen a un envejecimiento más saludable, ya que ayudan al organismo a mantener un estado fisiológico más equilibrado. Curiosamente, lo justifican recurriendo a un concepto cuando menos llamativo: la entropía.

¿Entropía y salud?

En física, la entropía describe la tendencia natural de los sistemas al desorden. Trasladando la idea a nuestro cuerpo, los investigadores australianos plantean que la salud corresponde a un estado “ordenado”, mientras que el envejecimiento y la enfermedad reflejan una pérdida progresiva de organización.

Según esta propuesta, las experiencias positivas como viajar, caminar, interactuar con otras personas o exponerse a entornos nuevos podrían ayudar al organismo a mantener su equilibrio interno. La hipótesis es sugerente y conecta con algo que bien sabemos y es que el envejecimiento saludable no sólo depende de nuestra genética, sino también de los hábitos cotidianos y de los cambios que introduzcamos en nuestra rutina.

Viajar y envejecimiento saludable

Más allá de la entropía, la evidencia científica sí muestra que determinadas formas de viajar pueden aportar beneficios reales, especialmente en personas mayores.

Tras analizar 66 estudios diferentes, una revisión sistemática publicada hace unos meses concluía que el turismo puede favorecer el bienestar, la satisfacción vital y la calidad de vida de las personas mayores. Los efectos positivos aparecen asociados a la actividad física, la interacción social, la estimulación cognitiva, el contacto con la naturaleza y la ruptura de la rutina.

Puesto que muchos viajes implican caminar más, orientarse por lugares desconocidos, conversar con personas nuevas y salir temporalmente de hábitos sedentarios, no es de extrañar que con ello se activen procesos físicos y mentales importantes para un envejecimiento saludable.

Como los propios autores indican en su trabajo, el concepto de envejecimiento saludable, promovido por la Organización Mundial de la Salud, pone el foco en mantener durante el mayor tiempo posible las capacidades físicas, cognitivas y sociales. En otras palabras, no se trata solo de vivir más años sino de mantener autonomía, relaciones sociales y calidad de vida.

El problema de la “entropía”

En relación con la entropía, conviene no exagerar las conclusiones. El principal problema del marco teórico basado en la entropía es que mezcla niveles físicos, biológicos, psicológicos y sociales bajo una misma idea de “desorden”, pero sin explicar claramente cómo se conecta ese concepto entre ellos.

En otras palabras: la idea funciona bien como metáfora, pero todavía no como teoría demostrada. Los propios autores reconocen que faltan estudios experimentales sólidos y que gran parte de la investigación actual se basa en encuestas o aproximaciones conceptuales y en una narrativa descriptiva.

Y, más aún, no existe, al menos por ahora, una medición objetiva que permita afirmar que viajar “reduce la entropía” del organismo en sentido científico. El riesgo es caer en una especie de pescadilla que se muerde la cola, en el sentido de que si algo mejora la salud, entonces se dice que “reduce la entropía”. Y si empeora, que la aumenta.

Beneficios y riesgos

Tal vez no necesitemos recurrir a conceptos grandilocuentes para entender por qué viajar puede hacernos bien, pues se sabe que envejecer de forma saludable depende en gran medida de mantener el cuerpo y la mente activos, reducir el aislamiento social, manejar el estrés y conservar la curiosidad por el entorno.

Sin lugar a dudas, muchos viajes, especialmente aquellos que combinan movimiento, descanso y conexión social, reúnen precisamente esos ingredientes. Pero también existen riesgos y eso no significa que cualquier escapada sea automáticamente terapéutica.

Estos mismos trabajos que nos hablan de los beneficios terapéuticos de viajar también nos recuerdan que viajar implica riesgos como infecciones, accidentes, agotamiento o experiencias negativas.

Viajar nos pone las pilas

La neurociencia reciente puede ayudarnos a entender cómo viajar nos pone las pilas. Una posible explicación es que los nuevos estímulos que recibimos durante el viaje activan el sistema de recompensa cerebral.

Un estudio, basado en la activación en nuestro cerebro del sistema de recompensa, nos dice que cuando algo es nuevo lo preferimos aunque ya conozcamos opciones más cómodas y familiares.

Por ejemplo, imagine que todos los días desayuna el mismo cereal, pero un día ve un cereal nuevo en la tienda y, aunque sabe que el suyo es bueno, es probable que sienta curiosidad y quiera probar el nuevo solo porque es diferente.

Cuando viajamos, nuestro cerebro experimenta esto constantemente. En lugar de ver solo nuestra casa y lo conocido, disfrutamos de espacios nuevos; en lugar de escuchar solo los sonidos de nuestro barrio, nos relacionamos en otros idiomas; en lugar de comer siempre lo mismo, probamos platos realmente nuevos y diferentes.

La novedad activa dos mecanismos cerebrales cruciales, que trabajan conjuntamente y que representan vías distintas que mejoran experiencias novedosas.

Por un lado, induce la liberación de dopamina en el hipocampo, lo que promueve la memoria. Esto significa que no solo recordamos mejor las experiencias de viaje, sino que el proceso mismo de crear estas memorias nos genera una sensación de vitalidad. Además, las neuronas noradrenérgicas de la región cerebral llamada locus cerúleo liberan noradrenalina en el hipocampo al mismo tiempo, potenciando aún más la retención.

Como escribió el viajero Ibn Battuta, “viajar te deja sin palabras y después te convierte en narrador de historias”. Visto así, cada escapada no detiene el paso del tiempo, pero puede ayudarnos a que ese tiempo merezca un poco más la pena.

The Conversation

Francisco José Esteban Ruiz recibe fondos para investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) bajo el proyecto PID-156228NB-I00, y de la Consejería de Salud y Consumo, Junta de Andalucía (PIP-0113-2024).

ref. Viajando envejecemos más despacio, según un nuevo estudio – https://theconversation.com/viajando-envejecemos-mas-despacio-segun-un-nuevo-estudio-282206

Las embarazadas pueden (y deben) ir al dentista

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amparo Perez Silva, Odontopediatra, Universidad de Murcia

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Todas las mujeres embarazadas saben perfectamente que deben estar atentas a su salud y a la de su bebé mediante el control prenatal obstétrico. Acudir a las revisiones médicas, seguir las indicaciones del profesional sanitario y cuidar la alimentación son hábitos que la mayoría de las gestantes incorporan desde el inicio del embarazo. Sin embargo, muchas desconocen la importancia de complementar este seguimiento con un adecuado control prenatal odontológico, un aspecto clave que a menudo se pasa por alto.

Durante el embarazo se producen múltiples cambios fisiológicos que también afectan a la boca, aumentando la probabilidad de desarrollar problemas bucodentales. Estas alteraciones no solo influyen en el bienestar de las gestantes, sino que también pueden repercutir en el desarrollo del bebé.

Falsos mitos

Es frecuente escuchar que la gestación debilita los dientes, que estos pierden calcio para cedérselo al bebé o que no se pueden realizar tratamientos dentales mientras estamos embarazas. Ninguna de estas afirmaciones es correcta. Sin embargo, son creencias que hacen que muchas mujeres eviten acudir al dentista en una etapa en la que el cuidado odontológico es fundamental.

En general, las embarazadas reciben menos atención odontológica que las no gestantes. En España, un estudio reciente señala que solo el 15 % de las mujeres embarazadas acude a revisiones dentales durante el embarazo. A esto se suma, en ocasiones, el miedo o la falta de experiencia de algunos odontólogos a la hora de tratar a pacientes gestantes.

Es importante recordar que el embarazo no es una enfermedad, sino una etapa natural que requiere cuidados específicos. Los cambios hormonales, especialmente el aumento de estrógenos, modifican la saliva y los tejidos de la boca, favoreciendo el crecimiento de bacterias. Esto puede hacer que las encías se vuelvan más sensibles, que sangren con facilidad o se inflamen. Si a esto le añadimos un mayor consumo de azúcares o cambios en la alimentación, algo bastante habitual durante el embarazo, el riesgo de desarrollar caries se dispara.

Además, los vómitos frecuentes, especialmente durante el primer trimestre, pueden desgastar el esmalte dental debido a la acción de los ácidos gástricos.

Cambios hormonales que afectan a las encías

Entre un 60 % y un 70 % de las mujeres presentan encías inflamadas, enrojecidas o que sangran con facilidad durante la gestación. Esto se debe a los cambios hormonales propios del embarazo, que aumentan la respuesta inflamatoria de los tejidos gingivales.

La gingivitis debe ser tratada, pues existe el riesgo de que evolucione a periodontitis, una enfermedad más grave que afecta a los tejidos que sostienen los dientes. Algunos estudios han relacionado estos problemas con complicaciones como el parto prematuro, el bajo peso del bebé e incluso la preeclampsia, lo que refuerza la importancia de la prevención y el tratamiento precoz.

¿Acceso gratuito a la atención dental durante la gestación?

Organismos como la Organización Mundial de la Salud y la Comisión Europea recomiendan integrar la salud bucodental en el seguimiento del embarazo. Esto implica fomentar revisiones dentales durante la gestación y promover la colaboración entre matronas, dentistas y ginecólogos. Sin embargo, en la práctica existen diferencias importantes en el acceso a estos servicios en función del país donde vivimos.

Si nos fijamos en Europa, en el Reino Unido la atención dental es gratuita durante el embarazo y hasta 12 meses después del parto, lo que facilita el acceso de las mujeres a estos cuidados. En Francia y Alemania se fomenta la prevención mediante revisiones, aunque con algunas limitaciones en los tratamientos. Italia cuenta con programas regionales con cobertura variable, mientras que los países nórdicos destacan por su enfoque educativo y preventivo. En Portugal, existen programas que permiten a las embarazadas acceder gratuitamente a determinados tratamientos odontológicos.

En España no existe un programa nacional único dirigido específicamente a embarazadas. La atención bucodental durante la gestación depende de cada comunidad autónoma, lo que origina diferencias territoriales en el acceso a la prevención y a la educación en salud oral. Esta falta de homogeneidad puede dificultar la coordinación entre matronas, médicos de familia y ginecólogos, y limita en algunos casos la derivación sistemática al dentista durante el embarazo.

¿Las mujeres embarazadas pueden ir al dentista?

No solo pueden, sino que deben. El tratamiento dental durante el embarazo es seguro. El segundo trimestre suele ser el momento más adecuado para realizar tratamientos, ya que las náuseas suelen haber disminuido y resulta más cómodo permanecer en el sillón del dentista.

No obstante, si aparece dolor, infección o cualquier urgencia en otro momento del embarazo, las gestantes deben acudir al dentista de inmediato. Retrasar el tratamiento puede empeorar el problema y tener consecuencias mayores como dificultar la alimentación, algo fundamental en esta etapa. Una buena nutrición es clave para el correcto desarrollo del bebé, y cualquier problema que interfiera con ella debe ser resuelto cuanto antes.

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Amparo Perez Silva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las embarazadas pueden (y deben) ir al dentista – https://theconversation.com/las-embarazadas-pueden-y-deben-ir-al-dentista-281549

Innovar en el campo también es cosa de mujeres, pero ellas lo hacen de otra manera

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Almudena Gómez-Ramos, Profesor Titular de Economía, Sociología y Política Agraria, Universidad de Valladolid

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El sector agrario atraviesa una profunda transformación impulsada por los ajustes que exige el mercado, el impacto del cambio climático y las crecientes demandas ambientales procedentes de Europa. En este contexto, la innovación ya no es una opción, sino una condición imprescindible para la supervivencia. Quienes no logran adaptarse corren el riesgo de quedar fuera, como ya está ocurriendo con numerosas explotaciones que desaparecen o son absorbidas por otras de mayor tamaño.

En España, menos de tres de cada diez explotaciones agrarias están dirigidas por mujeres y, en promedio, son más pequeñas y menos rentables. Aun así, muchas agricultoras y ganaderas lideran transformaciones clave en el medio rural mediante la innovación, la diversificación y nuevas formas de producir y comercializar, aunque a menudo su papel siga siendo poco visible.

Durante décadas, el trabajo de las mujeres en la agricultura y la ganadería ha quedado diluido en el ámbito familiar, como si fuera una prolongación natural de los cuidados y no una actividad económica con identidad propia. No es que no participaran: es que su contribución rara vez se reconocía como tal. Esa invisibilidad histórica sigue proyectando su sombra en el presente. Persisten esos roles asignados y una falta de autovaloración de su trabajo y de lo que este implica.

Y es ahí donde reside la paradoja: aunque las mujeres siguen siendo minoría en la titularidad de las explotaciones, están protagonizando una parte significativa de los procesos de innovación que están transformando el sector agrario.

Algo está cambiando en el campo

Hoy, muchas agricultoras y ganaderas no solo participan en la actividad agraria, sino que están impulsando formas distintas de innovar. Porque innovar en el campo no consiste únicamente en incorporar maquinaria más avanzada o adoptar nuevas tecnologías –aunque ellas también lo hacen–. Es, cada vez más, repensar el modelo productivo, explorar nuevas formas de comercialización, diversificar actividades o reconstruir vínculos con el territorio.

En este terreno, las mujeres están ampliando los límites de lo que entendemos por innovación. Junto a las mejoras técnicas, es frecuente encontrar iniciativas que combinan producción y transformación. También apuestan por la venta directa o los circuitos cortos, incorporan el agroturismo o generan redes de colaboración entre productoras. Son estrategias que no solo buscan rentabilidad económica, sino también sostenibilidad, arraigo territorial y calidad de vida.

Este enfoque más amplio no es casual. Responde, en muchos casos, a una manera distinta de entender la explotación agraria: no solo como una unidad productiva, sino como un proyecto vital. La innovación, así, deja de ser una decisión puntual para convertirse en un proceso continuo de adaptación, aprendizaje y conexión con el entorno.

En este punto, conviene preguntarse si estamos entendiendo la innovación con mirada adecuada. Muchas iniciativas impulsadas por mujeres no se reconocen porque no encajan en indicadores centrados en la tecnología o la productividad, lo que evidencia la necesidad de ampliar cómo se define y mide la innovación agraria. Además, estas innovaciones suelen basarse en la colaboración, el intercambio de conocimiento y la cooperación entre actores. Reconocerlas y valorarlas resulta esencial para promover un modelo agrario más territorial, cohesionado y sostenible para las comunidades rurales.

El potencial transformador convive con una realidad llena de obstáculos

Las mujeres siguen siendo minoría en la titularidad de las explotaciones, especialmente en las de mayor tamaño y rentabilidad. También tienen menor acceso a las ayudas de la PAC (Política Agraria Común), en parte asociadas con estructuras productivas que históricamente las han excluido. La mayor parte de las ayudas que reciben las explotaciones en Europa están vinculadas a la superficie cultivada, lo cual perpetúa la brecha de género respecto al importe medio recibido.

A ello se suman barreras menos visibles, pero igualmente decisivas. La falta de tiempo derivada de la sobrecarga de cuidados, la escasez de servicios en el medio rural o la ausencia de referentes femeninos en posiciones de liderazgo limitan sus oportunidades de emprender y consolidar proyectos innovadores. En muchos casos, no se trata de falta de capacidad o de iniciativa, sino de un entorno que no está diseñado para ellas.

El territorio tampoco ayuda. En amplias zonas rurales, la despoblación, el envejecimiento y la falta de infraestructuras dificultan el acceso a formación, mercados o redes de apoyo. La conectividad digital, clave para muchos procesos innovadores, sigue siendo insuficiente en algunos espacios. Innovar, en estas condiciones, exige un esfuerzo añadido.

En los últimos años se han incorporado desde la PAC medidas orientadas a favorecer la participación de las mujeres en el sector primario. Pero la mayor parte de estas intervenciones siguen operando bajo una lógica aparentemente neutral que, en la práctica, reproduce desigualdades. No basta con incluir a las mujeres como beneficiarias: es necesario revisar las reglas del juego. De lo contrario, las políticas actúan sobre los síntomas de la desigualdad, pero no sobre las causas que la generan.

Porque la cuestión de fondo no es solo cuántas mujeres hay en el sector, sino en qué condiciones participan, qué capacidad de decisión tienen y si el propio sistema les está permitiendo –o impidiendo– ser verdaderas agentes de transformación.

Ante esta coyuntura, las agricultoras reclaman políticas más adaptadas al territorio, menos burocracia y mayor presencia en los espacios de decisión. También demandan medidas concretas para reducir la incertidumbre en el sector agrario, mejorar el acceso a la tierra y al asesoramiento, facilitar la conciliación, reforzar las infraestructuras rurales y simplificar los marcos normativos.

Ha llegado el momento de cambiar la mirada

No se trata solo de incorporar más mujeres al campo, sino de reconocer su papel clave en la transformación del medio rural. Muchas respuestas a desafíos como la sostenibilidad, la cohesión territorial o el relevo generacional pasan por las formas de innovación que ellas impulsan. El futuro agrario depende también del modelo de desarrollo que se quiera promover. En un modelo vinculado al territorio, las mujeres ya están marcando el camino.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Innovar en el campo también es cosa de mujeres, pero ellas lo hacen de otra manera – https://theconversation.com/innovar-en-el-campo-tambien-es-cosa-de-mujeres-pero-ellas-lo-hacen-de-otra-manera-282096

¿Habla un ‘buen’ español Bad Bunny?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lourdes Moreno Cazalla, Doctora en Comunicación. Autora del estudio para el Observatorio Nebrija del Español "El boom de la música urbana latina y la expansión del español a nivel global", Universidad Nebrija

Ahora mismo, hablar de música en español a nivel internacional es hablar de Bad Bunny. agustin.photo/Shutterstock

Para la Real Academia Española, un “piquete” es algo que pincha, una herida pequeña o un grupo de huelguistas que bloquea el acceso a una fábrica. Es una palabra asociada a daño o conflicto.

Sin embargo, cuando Bad Bunny entona en “NUEVAYoL” aquello de “Tú tiene’ piquete, mami, yo también”, no está hablando de sindicatos ni de cicatrices. Está apelando a algo invisible, casi metafísico, una mezcla de autoconfianza, de actitud y estilo, una forma muy específica de caminar por el mundo.

“Piquete” tiene ese significado en jerga boricua, una de las características lingüísticas de la música del cantante. Otra es que el puertorriqueño carga con otra objeción recurrente, que “no se le entiende”.

El artista que ha llevado el español a más escenarios globales que ningún otro en la historia reciente es, al mismo tiempo, uno de los más criticados por su forma de hablarlo. Objeciones como “no sabe hablar”, “deforma el idioma”, “no vocalizase repiten en redes con una regularidad que dice más sobre qué versión del español consideramos legítima para representarnos en el mundo que sobre la lengua del artista.

‘Las termino con la L, con la R suenan mal’

Estos comentarios apuntan a una disputa que enfrenta el hasta hace un tiempo entendido como español normativo, codificado, académico, con el español que se habla en las esquinas de Vega Baja (Puerto Rico), en los mensajes de voz de cualquier ciudad latinoamericana, en los barrios de Estados Unidos o en las comunidades autónomas de España. Es desde este último desde el que se expresa Bad Bunny.

Desde sus primeros éxitos, parte de las críticas se centraron en la propia variedad lingüística que utiliza. Su forma de hablar con rasgos característicos del español caribeño, como la aspiración o pérdida de consonantes finales, el léxico coloquial puertorriqueño, el uso del spanglish o fenómenos como el lambdacismo –la sustitución de la /r/ por la /l/ en determinadas posiciones– han sido frecuentemente señalados como ejemplos de un supuesto “mal español”.

‘La gente tiene que dejal de sel tan estúpido y pensal que conocen la vida de lo’ famoso’‘, canta Bad Bunny en ‘Nadie sabe’.

Sin embargo, lo que antes se percibía como local o marginal hoy circula a escala global. Millones de personas consumen, repiten y reconocen expresiones, pronunciaciones y estructuras propias del español boricua. No necesariamente porque comprendan todos sus matices, sino porque forman parte de una identidad cultural reconocible.

Según los datos del informe “Del artista al sistema: Bad Bunny y la circulación global del español en la música digital” que hemos publicado en el Observatorio Nebrija del Español, tras la Super Bowl canciones como “NUEVAYoL” registraron búsquedas en Shazam desde países como Alemania, Italia, Francia y Reino Unido. Es decir, oyentes en mercados no hispanohablantes y que no entienden completamente el idioma lo consumen y lo buscan activamente.

Bad Bunny ha logrado invertir, para amplios sectores de la audiencia global, los prejuicios sobre el género urbano latino.

‘Baby, tú lo hace’ como si supiera’

Y si ese mismo efecto arrastra consigo al español ¿se puede aceptar la música y rechazar el acento?

La investigadora Sheila Rodríguez Madera es especialista en estudios socioculturales sobre Puerto Rico y coautora de The Bad Bunny Enigma (2024). Su argumento es que el cantante “no huye de esa condición; la performativiza. Se mueve dentro de estructuras coloniales –la industria cultural global, el mercado norteamericano–, pero las subvierte desde adentro, afirmando su acento, su jerga y su mirada local. Esa tensión lo vuelve figura de resistencia simbólica: visibiliza la precariedad y el despojo energético (por ejemplo en ‘El apagón”), mientras desplaza los límites de lo posible dentro del espectáculo”.

Su decisión de cantar y hablar en español puertorriqueño en el prime time estadounidense, en los Grammy, en los Oscar, en el show del medio tiempo de la Super Bowl, no es una renuncia a adaptarse al mercado anglosajón. Todo lo contrario: es la evidencia de que su música no necesita traducirse.

Durante décadas, muchos artistas latinos tuvieron que publicar en inglés o en spanglish para desarrollar su expansión internacional. Con un catálogo cien por cien en español, el puertorriqueño emplea el inglés mezclado con el español en sus intervenciones públicas para hacerse entender, y en sus letras incorpora jerga y expresiones como “janguear” (del inglés “to hang around”, ‘pasar el rato’).

Bad Bunny en el Tiny Desk de la radio pública estadounidense, NPR.

Esta idea, reformulada por la lingüista cubanoestadounidense Ofelia García en 2014, se refiere a la práctica de los hablantes bilingües o multilingües que movilizan un repertorio lingüístico único y fluido, sin tratar sus lenguas como compartimentos estancos. No se reduce a un cambio de código, sino que es una forma de habitar la lengua que refleja biografías complejas, identidades fronterizas, historias de migración y resistencia. La propuesta de Bad Bunny puede leerse desde ahí, porque no traduce su lenguaje para adaptarse al mercado global, sino que desplaza las condiciones de inteligibilidad de ese mercado.

‘Ahora todos quieren ser latinos, pero les falta sazón’

En ese contexto el 18 de febrero de 2026, la Academia Puertorriqueña de las Letras reconocía a Bad Bunny por su “aportación a la difusión global de la lengua española”. Y era explícita en sus razones:

“el proyecto cultural de Martínez Ocasio ha ayudado a superar prejuicios hacia las formas comunicativas propias de las hablas populares, urbanas, juveniles o en contacto con otras lenguas. Pese a la marcada localidad de las referencias y formas lingüísticas empleadas en sus composiciones, su mensaje ha logrado trascender fronteras geográficas, nacionales, generacionales e ideológicas”.

La Academia no ha reconocido al boricua a pesar de su forma de hablar. Lo ha hecho precisamente por ello.

Si la misión de una lengua es comunicar y generar comunidad, el impacto de Benito Martínez Ocasio es incuestionable. Ha conseguido que términos como “bellaquera”, “chambear” o “piquete” sean entendidos de Madrid a Tokio, y que el oyente global lo acepte.




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No obstante, como señala en nuestro estudio la doctora en Estudios Culturales Nathaly Gómez Gómez, “no basta que el mercado se abra a que escuchen español, sino habría que preguntarse de qué español estamos hablando, desde qué territorios, bajo qué estéticas, qué cuerpos vuelven a ser los dominantes”. Su argumento es que la expansión puede consolidar una hegemonía caribeña y puertorriqueña dentro del español, dejando fuera otras diversidades latinoamericanas. “Más que ampliar una pluralidad, el sistema puede terminar incentivando otras versiones de lo mismo y reforzando una idea hegemónica de lo latino”.

El “caso Bad Bunny” obliga tanto a revisar la neutralidad en la expansión del español como a superar el elitismo lingüístico. Los datos y la evidencia cultural en el ecosistema digital apuntan a que el español que suena a nivel global no es el estándar: la variante más escuchada del planeta pertenece a una isla de tres millones de habitantes. Esto no es un síntoma de decadencia o de marginalidad, sino una prueba de la extraordinaria salud y elasticidad de nuestro idioma. Al final, el español tiene hoy el “piquete” que la calle le otorga.


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Lourdes Moreno Cazalla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Habla un ‘buen’ español Bad Bunny? – https://theconversation.com/habla-un-buen-espanol-bad-bunny-283037

¿Están ofreciendo más educación sexual las marcas que la escuela?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Cuesta-Martínez, Personal Investigador Predoctoral en Formación, Universitat Jaume I

MAYA LAB/Shutterstock

La educación sexual sigue siendo una asignatura pendiente en nuestra sociedad, algo sorprendente cuando apenas hemos superado el primer cuarto del siglo XXI. Nos lo recuerdan constantemente los medios de comunicación, aunque en su cobertura mediática no traten de compensar la demanda informativa de las generaciones más jóvenes.

Avisan del desafío social, también, las instituciones con sus datos y sus inquietantes resultados: en su último informe, el Ministerio de Sanidad alerta que el 35,7 % de infecciones por clamidia y el 22,6 % de infecciones gonocócicas se atribuyen a jóvenes menores de 25 años.

Hábitos nocivos, como la disminución en uso de preservativos o el extendido consumo de pornografía entre menores, muestran la elevada carencia que presenta la formación en sexualidad de nuestros días. Y, si bien desde 2009 los organismos internacionales como UNESCO o la sección europea de la Organización Mundial de la Salud alertaron de la tendencia, la educación sexual no se incluyó de forma transversal en España hasta la Ley Orgánica 3/2020.

Una implantación tardía, en plena digitalización y en la que no todos los jóvenes reciben la preparación necesaria para tomar decisiones informadas y responsables sobre su sexualidad.

Frente a este problema social, instituciones, centros educativos y docentes, medios de comunicación y también marcas, procuran un ejercicio de pedagogía para tratar de paliar la generalizada falta de concienciación y conocimiento en la temática entre las nuevas generaciones. Y de ellas, cabe destacar el papel de marcas como Durex y Platanomelón, que aúnan en sus propósitos el bienestar sexual.

Aquí “hay tema”

Tanto la filial española de la marca multinacional en salud e higiene sexual Durex como la start up de tienda en línea de juguetes eróticos Platanomelón compartieron una estrategia similar en sus perfiles de TikTok: producir y publicar vídeos cortos en los que resolver dudas o arrojar luz sobre la sexualidad entre las audiencias jóvenes.

De tal modo, ambas marcas apostaron por ocupar los espacios de silencio, asumiendo como parte de sus propósitos la tarea de concienciar y educar. Una nueva conexión con las generaciones Z y Alfa a través del compromiso que repercute positivamente en la satisfacción y la lealtad hacia la marca.

En los dos perfiles se adoptaron enfoques editoriales propios de los medios de comunicación con la finalidad de convertirse en voces autorizadas y referentes de la educación sexual en el ámbito digital. Esta pretensión mediática llegó, en el caso de Durex, a dotar de identidad propia al proyecto: Hay tema, un consultorio online en el que personas expertas resuelven las dudas sexuales planteadas por la comunidad en comentarios o en sus mensajes directos. Una fórmula que llamaba a la acción e interacción a quienes siguen el contenido, interpelándoles e implicándoles directamente en la propia selección temática.

Nuevos códigos para nuevos públicos

Con tal de lograr una mayor efectividad y alcance mediante sus publicaciones, tanto Durex como Platanomelón han llegado a la misma conclusión a la hora de plantear sus respectivas estrategias de contenido. Si querían conectar con las audiencias jóvenes, debían producir los mensajes adaptándose a los códigos y narrativas más extendidas en las redes sociales.

En el caso de TikTok, vídeos de corta duración y con las tipologías de contenido más populares en la plataforma (como los vídeos explicativos, los fragmentos de podcast o los cuestionarios a pie de calle). En muchos casos también se recurre a influencers y caras conocidas de la creación de contenido por su cercanía al público joven.

Los vídeos publicados por ambas marcas vinculadas a la sexualidad pueden dividirse en cuatro categorías principales, siendo la orientada a resolver dudas y desmentir falsas creencias la más consumida (con un promedio de 1,64 millones de visitas por vídeo).

En cambio, cabe destacar cómo se logra una mayor interacción en otras categorías (revelando el interés genuino de la audiencia por la cuestión): las publicaciones con más likes suelen ofrecer curiosidades poco conocidas (facts sobre la vulva, tipos de erección, etc.), mientras que las más guardadas orientan a la audiencia sobre prácticas y técnicas sexuales poco habituales o dificultosas.

En definitiva, las iniciativas de Durex y Platanomelón revelan que, cuando existe sensibilidad para detectar vacíos informativos y capacidad para conectar con las necesidades de la ciudadanía, las marcas pueden desempeñar un papel más amplio del que tradicionalmente les atribuimos.

En el terreno de la educación sexual, han sabido ocupar un espacio que las instituciones no siempre han logrado cubrir, ofreciendo claridad, cercanía y accesibilidad allí donde muchos jóvenes no encontraban respuestas.

Quizá este fenómeno nos invite a pensar en cómo, en otros ámbitos, el sector privado también puede contribuir cuando identifica oportunidades sociales desatendidas.

Y quizá nos recuerde, al mismo tiempo, que la construcción de un entorno más informado y más igualitario depende de una combinación de miradas, esfuerzos y agentes capaces de sumar desde lugares distintos.

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Carlos Cuesta-Martínez está subvencionado por la Conselleria d’Educació, Cultura, Universitats i Ocupació de la Generalitat Valenciana.

Daniel Zomeño Jiménez, María Pallarés Renau y Victoria Tur-Viñes no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. ¿Están ofreciendo más educación sexual las marcas que la escuela? – https://theconversation.com/estan-ofreciendo-mas-educacion-sexual-las-marcas-que-la-escuela-270548

Conversar no es solo hablar por turnos: cómo nuestras mentes construyen un terreno común

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Marín Serrano, Profesor Titular de Universidad. Psicología del Lenguaje. Psicología del Pensamiento, Universidad de Murcia

Don Quijote y Sancho Panza avanzan por los caminos de La Mancha mientras mantienen una larga conversación. En su diálogo se corrigen, se malinterpretan, se acompañan y se influyen, y en ese proceso cada uno transita por la mente del otro.

– O yo me engaño, o esta ha de ser la más famosa aventura que se haya visto, porque aquellos bultos negros que allí parecen deben de ser y son sin duda algunos encantadores que llevan hurtada alguna princesa en aquel coche, y es menester deshacer este tuerto a todo mi poderío.

– Peor será esto que los molinos de viento –dijo Sancho–. Mire, señor, que aquellos son frailes de San Benito, y el coche debe de ser de alguna gente pasajera. Mire que digo que mire bien lo que hace, no sea el diablo que le engañe.

–Ya te he dicho, Sancho —respondió don Quijote—, que sabes poco de achaque de aventuras: lo que yo digo es verdad, y ahora lo verás.

Cervantes convirtió esa larga conversación que se desarrolla entre Don Quijote y Sancho en uno de los grandes escenarios de la literatura, pero también en una magnífica intuición validada por la psicología actual: conversar es construir un espacio común entre dos mentes distintas.

En el pasaje citado, la referencia a “los molinos de viento” funciona como un indicador a un episodio pasado ubicado en el “common ground” o “terreno común”, que es como definen los expertos aquello que los interlocutores comparten: conocimientos, recuerdos, supuestos, experiencias, normas, expectativas y formas de interpretar una situación.

Sancho presupone que ambos comparten la memoria evocada, aunque no compartan su interpretación. El common ground puede incluir también el conocimiento mutuo de un desacuerdo: Sancho presupone que Don Quijote interpretará caballerescamente la escena, mientras que Don Quijote asume que Sancho le corregirá desde su realidad ordinaria y práctica.

Más que intercambiar información

La psicolingüística contemporánea ha mostrado que una conversación es mucho más que hablar por turnos. Mientras escuchamos a nuestro interlocutor, anticipamos lo que va a decir, valoramos sus intenciones, recordamos lo ya dicho, calibramos el tono emocional de sus expresiones y vamos preparando nuestra respuesta. Todo eso sucede a una velocidad extraordinaria.

La conversación fluida exige que la comprensión y la producción se superpongan parcialmente: no esperamos a que el otro termine, vamos proyectando posibilidades mientras escuchamos para ir elaborando nuestra respuesta.

En el núcleo de este proceso está el citado concepto del common ground o terreno común. Curiosamente, los expertos advierten que para que funcione ese territorio compartido no basta con que exista (es decir, que se compartan conocimientos, creencias o experiencias y expectativas), sino que se debe reconocer mutuamente, se debe ser consciente de que existe.

Por eso, gracias a ese saber y entender común, muchas conversaciones pueden ser económicas, alusivas y sorprendentemente eficaces entre amigos o familiares: una frase mínima puede activar una historia completa. En cambio, entre desconocidos hay que explicar más, precisar más, construir desde un terreno raso.

Malentendidos y ajustes

El common ground explica también la alta frecuencia de los malentendidos. Ese contexto que suponemos compartido en ocasiones no lo es. Asumimos como evidente una ironía, una alusión o una intención, para luego chocar con la realidad de la incomprensión o estupor ajeno.

La salud conversacional depende en gran medida de la reparación de esas descoordinaciones: preguntar, aclarar, reformular, volver atrás, decir: “no, no quería decir eso”. La conversación no es un mecanismo perfecto, es una práctica frágil que se sostiene mediante ajustes continuos.

Imaginar la mente del otro

Por eso adaptamos nuestras palabras al interlocutor: elegimos ejemplos, nivel de detalle, tono y grado de confianza según quién nos escucha. Esta adaptación, conocida como audience design (“diseño para la audiencia”), exige representarnos la mente del otro. Conversar implica preguntarse qué sabe, qué ignora, qué puede inferir. Decidir qué le puede resultar claro, ofensivo, ambiguo o innecesario.

Cuando dos personas conversan, tienden a establecer, mantener y actualizar permanentemente el terreno común. A esto contribuye también el alineamiento lingüístico: pactos implícitos con nuestro interlocutor para utilizar etiquetas que reduzcan el esfuerzo referencial.




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Por ejemplo, en una conversación cotidiana podemos preguntar por una camisa que andamos buscando y nos cuesta describir: “una que es de color beige claro, con un bolsillo y los puños…”, hasta que damos con una clave de reconocimiento: “la que llevé a la boda de Julia”. A partir de ese momento, la referencia conversacional a la camisa buscada se resume en “la camisa de la boda de Julia” o quizás simplemente “la camisa de la boda”.

Ese alineamiento reduce el esfuerzo comunicativo, pero también tiene una dimensión afectiva: repetir una palabra del otro, adoptar su ritmo o aceptar su forma de nombrar algo puede ser también una manera sutil de mostrar atención, cercanía o complicidad.

Es interesante mencionar que también existe algo parecido, pero en la propia mente, en el proceso de escritura: cuando escribimos lo que pensamos, estamos de alguna manera alineándonos con nosotros mismos.

¿Y en un segundo idioma?

Cuando la conversación se produce en una segunda lengua, el alineamiento tiende a ser menos automático y más dependiente de factores como el nivel de competencia lingüística o el esfuerzo cognitivo.

Por ejemplo, en una interacción entre un hablante nativo y un estudiante de segunda lengua, el estudiante suele repetir partes de lo oído. Cuando escucha “a blank sheet of paper” (un folio de papel en blanco), el estudiante puede responder “a blank piece of paper” (un trozo de papel en blanco), alineándose en parte, pero evitando la expresión menos segura para él: mientras que la palabra sheet para referirse a un folio de papel puede ser menos conocida, el recurso a la palabra “piece”, trozo, es más accesible.




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En ocasiones, el hablante de segundo idioma evita alinearse cuando está inseguro de una forma lingüística. Por ejemplo, si su interlocutor usa “they gave you one as a gift” (te dieron uno de regalo), el estudiante puede comprender la estructura pero responder “they gave one to me as a gift” (me dieron a mí uno de regalo), manteniendo su propia construcción más controlada con la partícula “to” para especificar el complemento indirecto, aunque en inglés no sea imprescindible.

En estos casos, el alineamiento no desaparece, pero se vuelve selectivo: el hablante ajusta unas partes del enunciado mientras conserva otras que le resultan más accesibles o seguras.

Miradas opuestas, territorio compartido

Las conversaciones de Don Quijote y Sancho no eliminan la distancia entre ambos. Don Quijote no cesa en su mirada caballeresca del mundo, ni Sancho abandona su prudente saber popular. Pero el diálogo abre entre ellos una zona intermedia y compartida donde esos mundos pueden conocerse sin confundirse. Su encuentro se produce en el terreno común: un espacio verbal donde las diferencias no desaparecen, pero se tornan habitables.

El common ground no es solo un mecanismo cognitivo útil para interpretar frases. Es una de las bases de nuestras relaciones personales y sociales. Las amistades, las familias, las parejas, los grupos profesionales y las comunidades políticas dependen de historias compartidas, palabras comunes, referencias reconocibles y modos relativamente estables de entender lo que se dice.

Cuando ese terreno se empobrece, la conversación se vuelve más costosa, más defensiva y propensa al malentendido. Cuando se cultiva, permite la confianza, la cooperación, la pertenencia y el reconocimiento mutuo.

En una época marcada por la comunicación fragmentaria y la sustitución de la conversación natural por intercambios editados, breves o polarizados, conviene recordar que hablar con otros no es solo transmitir información.

Conversar es crear un espacio para que una mente pueda acercarse a otra. Tal vez ahí resida una de las funciones más profundas de la conversación: construir el suelo común sobre el que puede sostenerse el camino de nuestra vida compartida.

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Javier Marín Serrano recibe fondos del ministerio de ciencia, investigación y universidades y la fundación Séneca (Comunidad Autónoma de la Región Murciana) a través de la financiación de las ayudas a la realización de proyectos de investigación.

Olena Vasylets no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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