Así nos protegen y pueden curarnos las células dendríticas, los ‘agentes de aduanas’ del organismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio J. Ruiz Alcaraz, Profesor de Inmunología de la Universidad de Murcia e investigador del Grupo de Inmunidad Innata del IMIB, Universidad de Murcia

Representación de una célula dendrítica. Kateryna Kon/Shutterstock

El sistema inmunitario humano depende de una coordinación exquisita entre distintos tipos de células para proteger al organismo frente a patógenos como virus o bacterias y, al mismo tiempo, no atacar a los tejidos propios. En este delicado contexto, las células dendríticas desempeñan un papel central, ya que actúan como el principal vínculo entre la inmunidad innata, que supone la primera línea defensiva –inmediata, pero no siempre eficaz–, y la inmunidad adaptativa, compuesta por un sistema de defensa más especializado.

Desde su hallazgo y la descripción de sus funciones, que supuso el premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2011 para el inmunólogo canadiense Ralph M. Steinman, estas células han sido reconocidas como iniciadoras clave de la respuesta inmunitaria específica. Así se denomina la activación de una serie de células (linfocitos T y B) capaces de atacar a cada patógeno de la forma más apropiada y de guardar memoria inmunitaria para recordarlo y activarse de forma rápida si la misma amenaza vuelve a aparecer.

Pero además de actuar como “agentes de aduanas” (es decir, controlando qué entra en nuestro organismo y dando la voz de alarma cuando hay peligro), las células dendríticas están implicadas en patologías autoinmunes, cáncer y procesos alérgicos. A ello hay que sumar que actualmente son el punto de partida para desarrollar nuevas estrategias terapéuticas.

Origen y desarrollo de las células dendríticas

Las células dendríticas se originan a partir de células madre de la médula ósea, de las que surgen poblaciones con una notable diversidad. A grandes rasgos, se distinguen las células dendríticas convencionales y las células dendríticas plasmocitoides, cada una con sus funciones definidas dentro de la respuesta inmunitaria.

Las convencionales están altamente especializadas en la presentación de las sustancias que el sistema inmunitario identifica como extrañas (antígenos) a los linfocitos T, iniciando así la reacción defensiva frente a los intrusos.




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En cambio, las células dendríticas plasmocitoides destacan por su capacidad para producir grandes cantidades de interferones de tipo I, proteínas capaces de combatir infecciones virales, lo que las convierte en un elemento crucial de nuestra inmunidad innata frente a los virus.

Además, cuando se produce inflamación pueden diferenciarse nuevas células dendríticas a partir de los llamados monocitos, que circulan por la sangre. Esto ilustra la plasticidad del sistema inmunitario para establecer la mejor respuesta posible.

Localización estratégica en el organismo

Las células dendríticas se distribuyen estratégicamente en tejidos que están en contacto directo con el entorno, actuando como sensores tempranos de peligro. Son especialmente abundantes en la piel, donde reciben el nombre de células de Langerhans, así como en las mucosas respiratorias, intestinales y genitourinarias.

En esas ubicaciones capturan antígenos procedentes de microorganismos, partículas ambientales o células dañadas. Tras la captación de la sustancia sospechosa, las células dendríticas migran hacia los órganos linfoides secundarios, como los ganglios linfáticos y el bazo. Allí presentan a los linfocitos T sus “informes aduaneros” sobre la presencia de elementos extraños, lo que desencadena la respuesta inmunitaria adaptativa.

Esta capacidad de desplazarse de un lugar a otro, unida a su localización estratégica, las convierte en auténticas “células centinela” que rastrean y protegen nuestras fronteras.

Patógenos “desenmascarados”

La función más característica de las células dendríticas es, como señalábamos antes, la presentación de antígenos. Tras capturarlos mediante distintos mecanismos, los procesan en su interior y los colocan en su superficie asociados a moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC).

El MHC es una proteína que actúa como un pasaporte para diferenciar entre moléculas propias (pasaporte correcto) y extrañas (pasaporte adulterado). Cuando los linfocitos T reconocen la documentación falsa, se generan respuestas inmunitarias específicas contra los patógenos “desenmascarados”.

Además de presentar antígenos, las células dendríticas proporcionan señales para activar a los linfocitos T y secretan citoquinas –pequeñas proteínas que actúan como señales de alarma– con el fin de determinar el tipo de respuesta defensiva más conveniente. Dependiendo de su estado de activación y del microambiente, pueden inducir respuestas proinflamatorias frente a patógenos o promover tolerancia inmunológica, un mecanismo esencial para prevenir la autoinmunidad y las reacciones alérgicas y favorecer la aceptación de trasplantes. Esta capacidad reguladora sitúa a las células dendríticas también como piezas clave del equilibrio inmunológico.

Implicación en enfermedades humanas

La alteración en la función de las células dendríticas se asocia con numerosas enfermedades. En el caso de dolencias autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico, la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide o la enfermedad inflamatoria intestinal, una activación inapropiada puede favorecer que se reconozcan como extraños los pasaportes propios y se desencadene un “fuego amigo” inmunitario.

En el caso de las alergias, las células dendríticas pueden promover una activación exagerada de linfocitos T frente a antígenos ambientales inofensivos (polen, polvo, ciertos alimentos, etc.). En lo referente al cáncer, los tumores suelen interferir en la maduración y función de las células dendríticas, propiciando su evasión del sistema inmunitario. De manera similar, la disfunción de estas células contribuye a que las respuestas inmunitarias contra los patógenos causantes de infecciones crónicas sean ineficaces.

Potencial terapéutico y aplicaciones futuras

El conocimiento detallado de la biología de las células dendríticas ha impulsado el desarrollo de terapias inmunológicas innovadoras. Una de las estrategias más prometedoras es el diseño de vacunas para combatir el cáncer. Según este enfoque, las células dendríticas del propio paciente se cargan con antígenos tumorales específicos y son reintroducidas para estimular una respuesta inmunitaria precisa contra las células cancerosas.

Paralelamente, se están investigando terapias que aprovechan la capacidad de nuestras protagonistas para inducir tolerancia, con aplicaciones potenciales en el tratamiento de enfermedades autoinmunes y en la prevención del rechazo en trasplantes. La idea es restaurar el equilibrio inmunitario sin necesidad de recurrir a una inmunosupresión generalizada del paciente, que puede desencadenar efectos colaterales como la aparición de infecciones oportunistas.

A medida que se profundiza en su estudio, las células dendríticas se consolidan como protagonistas clave en el desarrollo de la medicina del futuro.

The Conversation

Antonio J. Ruiz Alcaraz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así nos protegen y pueden curarnos las células dendríticas, los ‘agentes de aduanas’ del organismo – https://theconversation.com/asi-nos-protegen-y-pueden-curarnos-las-celulas-dendriticas-los-agentes-de-aduanas-del-organismo-276197

La autenticidad es una ventaja competitiva de la que Bad Bunny podría dar una lección a las empresas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica Pellejero, Profesor investigador en Organización de Empresas, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

El puertorriqueño Bad Buny saliendo de un partido de baloncesto celebrado en el Madison Square Garden, Nueva York. GlobeTrotPix/Shutterstock

Los escándalos corporativos, los discursos percibidos como artificiales y la desconfianza social debilitan la credibilidad de directivos y marcas. Si en los últimos años la legitimidad de algunas organizaciones se ha visto erosionada por crisis de reputación y confianza, al mismo tiempo, empleados y consumidores –y especialmente las generaciones más jóvenes– exigen a las empresas coherencia, transparencia y posicionamiento claro.

Ya no basta con declarar valores, se espera que se traduzcan en decisiones y comportamientos visibles. Así, la autenticidad ha dejado de ser un atributo deseable para convertirse en una ventaja competitiva para las organizaciones.




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Autoconciencia, transparencia y ética

En este contexto, gana fuerza el estilo de liderazgo auténtico, que se basa en la autoconciencia, la transparencia en las relaciones y una base ética sólida, y va más allá de un concepto atractivo. Diversos estudios sobre el tema muestran sus efectos reales en las organizaciones: alinear valores y acciones favorece la confianza y el compromiso, facilita el liderazgo en entornos complejos, y mejora el bienestar de los empleados y la sostenibilidad organizativa en contextos inciertos.




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Mientras las empresas invierten recursos en parecer auténticas, algunos referentes fuera del mundo corporativo lo consiguen sin aparente esfuerzo. No es una cuestión de comunicación sino de coherencia. Y, en ese terreno, el caso del músico puertorriqueño Bad Bunny ofrece una lección inesperada para el liderazgo auténtico en las organizaciones.

Bad Bunny: autenticidad sin estrategia aparente

La trayectoria de Bad Bunny es un buen ejemplo de autenticidad. Lejos de adaptarse a las normas dominantes de la industria musical, ha construido su propuesta desde una coherencia sostenida entre la identidad personal, el discurso público y las decisiones profesionales.

“Nunca he hecho una canción pensando: ‘Esto es para el mundo, esto es para captar al público gringo’, nunca. Hago canciones como si solo fueran a escucharlas los puertorriqueños”.

Al mantener el uso del español en un mercado global, adoptar una estética que desafía normas de género y posicionarse sin ambigüedades sobre cuestiones sociales, el artista no parece seguir una estrategia de autenticidad, simplemente actúa en coherencia con lo que es.

Bad Bunny ha redefinido el alcance global de la música latina sin renunciar a su identidad.

¿Qué implica esto para las organizaciones?

Desde la perspectiva organizativa, el caso del puertorriqueño puede leerse como una forma de liderazgo basada en valores, donde la coherencia no es solo una cuestión ética, sino también un activo estratégico.

Este modelo obliga a replantear la autenticidad como recurso competitivo para las organizaciones. La confianza que generan los líderes coherentes no es un intangible difuso: tiene efectos directos sobre el compromiso y el desempeño. Así lo señaló, en 2015, la experta en liderazgo Herminia Ibarra al desarrollar el concepto de paradoja de la autenticidad. Esto es, que los avances profesionales exigen salir de la zona de confort y, a la vez, desencadenan un fuerte impulso para proteger la identidad propia. Según Ibarra, estos momentos son un aprendizaje para el liderazgo eficaz pues permiten evolucionar y crear un estilo personal que se ajuste a las necesidades cambiantes de las organizaciones.

En segundo lugar, pone el foco en la cultura organizativa. Cuando los valores, las prácticas y la comunicación están alineados, la organización gana legitimidad. En sectores como el turismo o los servicios –donde la experiencia depende en gran medida de la percepción del cliente– esa coherencia se traduce en propuestas que se perciben como más reales, tal y como plantearon los expertos en diseño organizacional B. Joseph Pine II y James H. Gilmore al hablar sobre la economía de la experiencia.

Al mismo tiempo, el propio modelo de liderazgo está cambiando. El perfil del líder distante pierde terreno frente a figuras más visibles, cercanas y capaces de posicionarse en cuestiones sociales. Este giro refleja una transformación más amplia en las expectativas sobre las organizaciones. En este contexto, diferenciarse no siempre implica adaptarse, sino reforzar lo propio, algo especialmente relevante para marcas territoriales y destinos turísticos, como subraya la Organización Mundial del Turismo.

El riesgo de intentar “gestionar” la autenticidad

Sin embargo, aquí aparece un riesgo importante. A medida que la autenticidad gana protagonismo, algunas organizaciones intentan gestionarla como si fuera una técnica más. El resultado suele ser el contrario al buscado y aparecen discursos artificiales que erosionan la confianza. Así, cuanto más se intenta proyectar autenticidad como parte de la estrategia empresarial, mayor es el riesgo de ser percibido como inauténtico.

Además, la autenticidad no está exenta de tensiones. Puede entrar en conflicto con objetivos como la eficiencia, el control o la coherencia estratégica. No es un recurso que pueda imponerse ni diseñarse de forma instrumental. Requiere coherencia sostenida en el tiempo, incluso cuando implica asumir costes.

El auge de referentes como Bad Bunny no responde a una moda pasajera sino a un cambio más profundo. En un contexto de creciente desconfianza se buscan comportamientos más coherentes y la legitimidad del liderazgo ya no depende solo de la posición jerárquica, sino de la consistencia entre lo que se dice y lo que se hace.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La autenticidad es una ventaja competitiva de la que Bad Bunny podría dar una lección a las empresas – https://theconversation.com/la-autenticidad-es-una-ventaja-competitiva-de-la-que-bad-bunny-podria-dar-una-leccion-a-las-empresas-282983

¿Estamos a las puertas de un fenómeno El Niño muy intenso? Estos podrían ser sus efectos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Martín Vide, Catedrático de Geografía Física, Universitat de Barcelona

El desbordamiento de un río causado por las fuertes lluvias del fenómeno de El Niño destruyó hogares y vías ferroviarias en el distrito de Chaclacayo, Lima, Perú, el 19 de marzo de 2017. Joseph Moreno M/Shutterstock

El Niño es un fenómeno climático recurrente con efectos en todo el planeta, con una fase fría (denominada La Niña), una neutra y una cálida (El Niño, propiamente). En la primavera boreal de 2026 estamos en una fase neutra, tras una Niña no muy pronunciada, pero los modelos de predicción a unos meses vista nos anuncian, con alta probabilidad, que a mediados de año entraremos en una fase Niño. Este Niño podría convertirse hacia finales de año en uno muy intenso. Se ha llegado a hablar, expresivamente, de un super-El Niño. Pero ¿qué efectos podría tener? ¿Se ha producido algún evento similar en el pasado?

Un gif que muestra colores rojos, naranjas y amarillos que indican altas temperaturas en el océano Pacífico
Variación de la temperatura superficial del océano Pacífico tropical entre febrero y mayo de 2026.
NOAA

Una corriente “anómala” en el Pacífico

A partir de la vivencia de los pescadores peruanos del siglo XIX se difundió la existencia de una corriente marina cálida “anómala” que, de vez en cuando, bañaba sus costas. La llamaban El Niño, por su llegada en fechas próximas a las de la Navidad.

Estas aguas cálidas procedentes del Pacífico ecuatorial sustituían de vez en cuando a las habituales aguas frías de las costas de Ecuador al sur de Guayaquil, Perú y el norte de Chile. Aguas normalmente con una temperatura bastante baja debido a la corriente fría de Humboldt, que, de sur a norte, recorre esta fachada sudamericana, y al afloramiento de aguas frías profundas.

Como ejemplo, Antofagasta (Chile), junto al Pacífico, y Río de Janeiro (Brasil), en el Atlántico, se sitúan prácticamente en el mismo paralelo, el trópico de Capricornio. Sin embargo, las temperaturas medias de sus aguas marinas son muy diferentes: unos 18 ºC en la ciudad chilena y 24 ºC en la carioca. Para aquellos pescadores peruanos, la llegada de la corriente cálida de El Niño suponía la desaparición de los peces más abundantes y apreciados; en particular, la anchoveta, que necesita aguas frías ricas en plancton.




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¿Un fenómeno oceánico o atmosférico?

En la década de los años 20 del siglo pasado, Gilbert Walker, un físico y climatólogo británico, hizo un descubrimiento atmosférico sorprendente. Sin disponer de satélites artificiales, ordenadores, internet, etc., al analizar muchos datos de presión atmosférica, se dio cuenta de que cuando aumentaba en el Pacífico suramericano, disminuía en el norte de Australia e Indonesia, y al revés. Es decir, ambas regiones planetarias, separadas por miles de kilómetros, estaban “conectadas” en cuanto al comportamiento de la presión atmosférica. Eso es lo que hoy llamamos una teleconexión, una conexión a distancia.

Posteriormente, en honor a Walker, este fenómeno de “balanceo” coordinado de la presión atmosférica en el Pacifico sur se denominó Oscilación del Sur. Pero ¿qué tiene que ver El Niño, como corriente marina, con la Oscilación del Sur, un fenómeno atmosférico?

El Niño, además de producir un impacto negativo en la industria pesquera peruana, da lugar a precipitaciones, a veces torrenciales, en las tierras áridas peruanas y del norte de Chile. Precisamente, en esta región chilena se localiza el desierto más extremo del mundo en cuanto a ausencia de lluvia: el desierto de Atacama. En 1957-1958 ocurrió un Niño muy intenso, con precipitaciones torrenciales en Perú y otros países, y una grave sequía en la India y el sureste asiático, lo que impulsó la investigación sobre el fenómeno.




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En la década de los 60, Jacob Bjerknes, de una familia de meteorólogos nórdicos, explicó que el calentamiento del Pacífico sudamericano por El Niño estaba vinculado a la Oscilación del Sur, relacionando así íntimamente el océano y la atmósfera. Cuando el anticiclón tropical del Pacífico sur, con su régimen de vientos alisios asociado, que circulan de Suramérica hacia Australia e Indonesia, se debilitan, las aguas del Pacífico ecuatorial se calientan y comienzan a desplazarse hacia Centroamérica. Allí se bifurcan, sobre todo hacia el sur, por la costa de parte de Ecuador, Perú y Chile: así se genera El Niño.

Bjerknes demostró que la atmósfera y el océano están acoplados, que lo que ocurre en una de las componentes del sistema climático tiene repercusión en la otra. Al juntar las denominaciones de la componente oceánica y la atmosférica surge la expresión El Niño-Oscilación del Sur (ENOS o ENSO, por sus siglas en inglés).

Un mapa global de 2016 que muestra las zonas de temperatura superficial del mar que son más altas (rojo) o más bajas (azul) de lo normal.
Este mapa muestra las zonas de temperatura superficial del mar que son más altas (rojo) o más bajas (azul) de lo normal. La gran ‘lengua’ roja que se extiende al oeste de Sudamérica forma parte del patrón característico de calentamiento asociado a El Niño. Este mapa concreto de la NOAA, de 2016, muestra uno de los El Niño más fuertes de los que se tiene constancia.
NOAA

El episodio más grave del siglo XX

En 1982-83 se produjo El Niño más intenso del siglo XX, con episodios meteorológicos extremos en bastantes regiones del mundo. Entre ellos cabe citar inundaciones en los países del Pacífico americano citados y en el sur de Estados Unidos, sequías en el nordeste del Brasil y en Indonesia, y un invierno muy suave en las latitudes medias de Europa, Asia y Norteamérica.

A partir de ese momento se observó que, de vez en cuando, las temperaturas del Pacífico ecuatorial mostraban una anomalía negativa, es decir, eran más bajas de lo normal. Al tiempo, el anticiclón del Pacífico sur se reforzaba, junto con los vientos alisios. Tal situación era la opuesta a la de El Niño y se denominó La Niña.

En resumen, El Niño comporta aguas cálidas e inestabilidad y La Niña, más frías de lo normal y una estabilidad reforzada, en los países andinos citados. Se vio que conformaban en el tiempo ciclos recurrentes, pero sin periodicidad fija.

El último Niño intenso del siglo XX ocurrió en 1997-98, con graves inundaciones en California, lo que, por tratarse de una región estadounidense, tuvo de inmediato un gran eco en los medios de comunicación.

Inundación
El fenómeno El Niño puede causar graves sequías en algunas zonas del planeta y fuertes precipitaciones en otras.
NOAA

¿Qué podría comportar un El Niño muy intenso?

Un super-El Niño produciría sin duda, si no en 2026, sí en 2027, una temperatura media global elevada, unas décimas de grado adicionales a la temperatura que le correspondería en el momento actual de calentamiento global. También se darían precipitaciones abundantes en los países andinos citados, el área argentina del Mar del Plata, el este de África y parte del sur de Estados Unidos, y sequías graves en el sudeste asiático, parte de Australia y el nordeste de Brasil.

En la cuenca del Mediterráneo, la señal de El Niño o de La Niña es débil, por la singularidad geográfica de la región, pero, aun así, durante un El Niño muy intenso cabría esperar temperaturas más altas de lo normal y, quizá, una mayor probabilidad de episodios pluviométricos extremos.

En todo caso, lo que parecía una circunstancia exclusiva de las aguas donde faenaban los pescadores peruanos, hoy sabemos que es un fenómeno de acoplamiento de la atmósfera y el océano de alcance global, con repercusiones que pueden llegar a ser catastróficas en regiones alejadas de su origen.

The Conversation

Javier Martín Vide no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Estamos a las puertas de un fenómeno El Niño muy intenso? Estos podrían ser sus efectos – https://theconversation.com/estamos-a-las-puertas-de-un-fenomeno-el-nino-muy-intenso-estos-podrian-ser-sus-efectos-283408

Las toallitas: suaves para la piel, tóxicas para el ambiente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Rodríguez-Chueca, Profesor Titular de Universidad, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Marmar studio/Shutterstock

Cada día, se retiran toneladas de residuos sólidos de bombas, colectores y estaciones de tratamiento de aguas residuales. Una parte importante de esta basura está formada por toallitas húmedas. Lo que para millones de personas es un simple gesto cotidiano, tirarlas por el inodoro, se ha convertido en uno de los grandes problemas invisibles del saneamiento urbano.

En conjunto, el impacto económico de las toallitas húmedas en España supera los 230 millones de euros al año. Solo el Canal de Isabel II retira en la Comunidad de Madrid más de 30 000 toneladas anuales de residuos sólidos, con un coste cercano a los 13 millones de euros. Pero el problema no termina en las alcantarillas: muchas de estas toallitas acaban llegando a ríos y mares a través de vertidos y desbordamientos, dejando imágenes cada vez más frecuentes en riberas y playas, lo que genera un impacto considerable sobre la fauna.

Los hitos de la higiene personal

El papel higiénico es un producto tan cotidiano que apenas pensamos en él, salvo cuando escasea en situaciones excepcionales, como ocurrió durante la pandemia de covid-19. Sin embargo, su aparición supuso una auténtica revolución en la higiene personal y en la vida urbana moderna.

Antes de su expansión, la población utilizaba lo que tenía más a mano: hojas, paja, trapos, periódicos, esponjas o, simplemente, agua. El papel higiénico industrial comenzó a comercializarse a mediados del siglo XIX, popularizándose en el siglo XX con la llegada de los baños interiores y las redes modernas de alcantarillado. Este hecho transformó hábitos cotidianos, infraestructuras urbanas y estándares de higiene.

Su éxito no se debía únicamente a la comodidad. La verdadera innovación estaba en el comportamiento del material. El papel higiénico debía ser lo suficientemente resistente para usarse, pero también lo bastante frágil para deshacerse rápidamente al entrar en contacto con el agua. El saneamiento moderno se construyó, en parte, sobre esa fragilidad deliberada.

Aquella revolución también tuvo costes ambientales importantes asociados al consumo masivo de papel, agua y recursos forestales. Pero, a diferencia de otros productos higiénicos posteriores, el papel higiénico estaba diseñado para integrarse razonablemente bien en las infraestructuras de saneamiento.




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¿La segunda revolución higiénica?

Las toallitas húmedas aparecieron comercialmente a finales de los años cincuenta. En un primer momento se utilizaron para la limpieza de manos en restaurantes o durante viajes. Posteriormente, se popularizaron para la higiene infantil. Y ya en las primeras décadas del siglo XXI, comenzaron a comercializarse de forma masiva para uso adulto en el baño.

Las toallitas tomaron el relevo del papel higiénico por un dechado de virtudes: suavidad, limpieza, frescura y cuidado de la piel. La publicidad las presentó como una evolución más cómoda y sofisticada de la higiene cotidiana. Sin embargo, no heredaban el comportamiento material del papel higiénico, y ahí reside gran parte del problema.

Las toallitas no desaparecen

Aunque las primeras generaciones de toallitas húmedas incorporaban una proporción importante de fibras sintéticas, actualmente muchas están fabricadas con viscosa, pulpa de celulosa o algodón. Se trata de materiales potencialmente biodegradables, pero biodegradable no significa necesariamente “desintegrable” en condiciones reales del saneamiento urbano.

La clave está en el diseño. Mientras que el papel higiénico está pensado para perder resistencia rápidamente en contacto con el agua, las toallitas están diseñadas justo para lo contrario: mantener su integridad mientras se utilizan. Deben resistir humedad y fricción sin romperse.

En el hogar esto suele pasar desapercibido. La toallita desaparece aparentemente sin problemas al tirar de la cisterna. Pero durante su recorrido por tuberías y colectores, esa mayor resistencia mecánica favorece que se enreden con otras fibras y residuos, formando acumulaciones que terminan provocando averías y atascos.

Además, incluso cuando están fabricadas con fibras vegetales, su degradación ambiental puede prolongarse durante años. En condiciones secas, algunas pueden tardar décadas en descomponerse completamente, frente a los pocos meses que suele necesitar el papel higiénico.

El impacto económico es enorme. En España, el mantenimiento y limpieza asociados a este problema cuestan cientos de millones de euros cada año. Pero además, muchas toallitas terminan llegando a ríos y mares, donde pueden ser ingeridas por fauna acuática o acumularse en las riberas convirtiéndose en un residuo visible y persistente.

La paradoja dermatológica

La popularidad de las toallitas húmedas se apoya en una idea muy concreta: son más suaves y cuidadosas con la piel que el papel higiénico convencional. Y, en parte, es cierto. La humedad reduce la fricción y puede resultar beneficiosa en situaciones puntuales, como irritaciones o determinadas afecciones dermatológicas.

Sin embargo, eso no significa que su uso intensivo esté exento de riesgos. Muchas toallitas contienen conservantes, fragancias, tensoactivos, lociones o compuestos antibacterianos que pueden alterar la barrera cutánea o provocar dermatitis y alergias en personas sensibles.

Por ello, numerosos dermatólogos recomiendan moderación, especialmente con productos perfumados o destinados a un uso muy frecuente. La sensación de frescura o limpieza absoluta no siempre equivale a una mejora real para la salud de la piel.




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La lógica del usar y tirar

Las toallitas húmedas no son una anomalía. Son el resultado lógico de una sociedad acostumbrada a la comodidad del usar y tirar. Del mismo modo que ocurre con pañales, compresas, cápsulas monodosis o numerosos productos desechables, la comodidad inmediata suele ocultar costes ambientales e infraestructurales que permanecen fuera de la vista del consumidos.

En España, la normativa prohíbe arrojar estos productos al inodoro, incluso cuando algunos se comercializan como “desechables por el váter”. Su destino correcto es el contenedor de la fracción resto. Además, en los últimos años se han endurecido las obligaciones de etiquetado y se han multiplicado las campañas de concienciación impulsadas por administraciones públicas y empresas gestoras del agua.

Sin embargo, el problema persiste. En parte, porque existe una contradicción difícil de resolver: el valor comercial de las toallitas reside precisamente en aquello que las hace problemáticas para el saneamiento. Son resistentes, duraderas y eficaces mientras están mojadas.

Quizá el futuro de la higiene pase por soluciones distintas, desde productos realmente desintegrables hasta tecnologías ya habituales en otros países como los inodoros con agua integrados en muchos hogares japoneses. Tal vez, esa sea la tercera revolución higiénica.

Mientras tanto, el reto sigue siendo el mismo: entender que incluso los gestos más cotidianos tienen consecuencias materiales. Y que aquello que desaparece de nuestra vista no desaparece necesariamente del entorno.

The Conversation

Jorge Rodríguez-Chueca recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades para la financiación de proyectos de investigación relacionados con el tratamiento de las aguas.

ref. Las toallitas: suaves para la piel, tóxicas para el ambiente – https://theconversation.com/las-toallitas-suaves-para-la-piel-toxicas-para-el-ambiente-282679

¿Llegó la hora de ‘jubilar’ al test de Cooper en Educación Física?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aroa Otero Rodríguez, Investigadora en el departamento de Psicología Evolutiva y Comunicación, Universidade de Vigo

WoodysPhotos/Shutterstock

Es probable que muchos lectores recuerden haber tenido que realizar una prueba en sus clases de educación física en el instituto que era, para muchos de nosotros, temida y odiada a partes iguales: el llamado “test de Cooper”. Consiste en correr sin parar durante 12 minutos, y tomarse el pulso antes y después para compararlo.

Esta prueba, diseñada en EE UU para el ámbito militar, se usa desde 1968 para evaluar la condición física cardiorrespiratoria, es decir, la capacidad que tiene nuestro cuerpo para transportar y utilizar oxígeno mientras caminamos o corremos. Una persona con buena condición cardiorespiratoria puede correr o caminar largas distancias con menos fatiga, mientras que una persona con una baja condición puede quedarse sin aire fácilmente incluso con esfuerzos moderados.




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La condición física cardiorrespiratoria se considera un indicador clave tanto de la salud física y mental como del rendimiento académico en preadolescentes y adolescentes. Sin embargo, no está tan claro que el test de Cooper sea la mejor herramienta para predecir la condición física cardiorrespiratoria en preadolescentes y adolescentes.

En un metanálisis revisé, junto a mis colegas, veinte estudios al respecto de la idoneidad de esta prueba para adolescentes. Y he podido comprobar que las investigaciones no tienen bases sólidas: la mayoría están hechas con escasos participantes, falta preparación previa y los métodos están poco estandarizados.

Falta de precisión

Por ejemplo, casi no se ha estudiado el “error” de la prueba ni cuánto puede variar un resultado de forma natural. No se conoce con precisión cuánto puede cambiar el resultado del test de Cooper simplemente por factores normales del día a día, como el cansancio, la motivación, el clima o el estado físico momentáneo de la persona. Por ello, resulta difícil saber si una mejora en el resultado se debe realmente a un aumento de la condición física o simplemente a una variación normal de la prueba. Tampoco existen pautas claras sobre cómo puede una persona mejorar su rendimiento en la prueba.

Aunque medir pulsaciones antes y después de correr 12 minutos sí que nos da información sobre la capacidad aeróbica (la capacidad de nuestro cuerpo para usar oxígeno al hacer ejercicio), no permite hacer predicciones exactas de la condición física real como la medida en un laboratorio.




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Además, existen otros factores que tienen un impacto en sus resultados y que no están relacionados con la salud cardiorrespiratoria. Por ejemplo, algo muy determinante en adolescentes: la motivación. En el contexto de una clase de educación física y ante todo el resto de compañeros muchos adolescentes pueden no esforzarse al máximo. En cuanto a niños menores de 12 años, ni siquiera hay estudios que determinen su idoneidad.

Alternativas más eficientes

Existen otras alternativas al test de Cooper para evaluar la capacidad cardiorrespiratoria de forma más adecuada según la edad o el nivel de condición física. Por ejemplo, el test Course Navette: una prueba de carrera de ida y vuelta de 20 metros al ritmo de señales sonoras que aumentan progresivamente la velocidad.

O la batería de pruebas ALPHA-Fitness, validadas en el ámbito europeo y diseñadas para contextos escolares, que incluye el test de 20 metros y otros indicadores de salud física. Para personas con menor condición física o en etapas preadolescentes, el test de Rockport o test de la milla (caminar 1 609 km lo más rápido posible) representa una opción menos exigente y más segura, ya que no requiere esfuerzos máximos.

¿Cuál es su utilidad?

Pero ¿para qué sirve determinar el nivel de resistencia o la salud cardiorrespiratoria en la clase de Educación Física?

Los resultados de este tipo de pruebas no son, lógicamente, evaluables en el sentido tradicional. La resistencia y su mejora depende de factores como el descanso, la alimentación, el nivel de actividad física diaria, la genética o la motivación hacia el ejercicio.

La evaluación debería valorar otros aspectos igual o más importantes que la resistencia o la condición cardiorrespiratoria: la participación, la constancia, la actitud, el interés por mejorar o el progreso individual respecto al punto de partida. No se trata de premiar solo al alumnado con mejores capacidades físicas, sino de promover una relación positiva y saludable con la actividad física.

Impacto sobre la salud

Usar el nivel de resistencia como referencia de partida permite ajustar las actividades y la programación no solo según el curso, sino según el alumno o alumna en cuestión. Por ejemplo, si se organizan juegos de equipo, relevos o circuitos, se debería ajustar el nivel de exigencia según el resultado del test.

Poner a un grupo de adolescentes a correr durante 12 minutos sin preparación previa ni continuidad posterior tiene un impacto muy limitado sobre la salud. Una única prueba no mejora la resistencia ni crea hábitos saludables por sí sola.

Para que exista un beneficio real, este tipo de actividades debería formar parte de un trabajo continuado, adaptado a la edad y acompañado de una explicación sobre por qué el ejercicio físico es importante para la salud y el bienestar.

The Conversation

Aroa Otero Rodríguez es miembro de Partido Popular.

ref. ¿Llegó la hora de ‘jubilar’ al test de Cooper en Educación Física? – https://theconversation.com/llego-la-hora-de-jubilar-al-test-de-cooper-en-educacion-fisica-282428

¿Por qué (no) nos gustan las adaptaciones literarias al cine?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Ángel Baños Saldaña, Profesor de Literatura Española, Universidad de Castilla-La Mancha

Jacob Elordi y Margot Robbie protagonizan la última adaptación de _Cumbres borrascosas_. Warner Bros

A lo largo del último año hemos sido testigos del estreno de algunas adaptaciones literarias al cine que están dando mucho que hablar. Nos referimos a películas como Hamnet, Los miserables. El origen o Cumbres borrascosas. También a series como La casa de los espíritus.

Cuando se produce una adaptación, la polémica está servida. Antes de que aparezca, algunos lectores ya difunden su veredicto: “El libro es mejor”. Los rituales comparativos también pertenecen al bando contrario, aunque son menos frecuentes: “La película supera el libro”.

Y esto seguirá pasando a lo largo de 2026. Nos encontramos a la espera de lanzamientos como La Odisea, Sentido y sensibilidad o, una vez más, otra versión de Los miserables.

¿Por qué nos atraen y, a la vez, nos generan tanta desconfianza las adaptaciones? Muchas veces estamos predispuestos a la negación, pero, aun así, vamos al cine. La respuesta tiene menos que ver con la calidad objetiva de las películas y más con nuestras expectativas como lectores-espectadores (“lectoespectadores”).

El mito de la fidelidad

Debemos admitir que existe una obsesión por la fidelidad. El público evalúa las películas a partir del “respeto” hacia el libro. Así, una adaptación funciona bien si reproduce escenas, mantiene diálogos intactos o configura a los personajes igual.

Este punto de partida, también adoptado por la crítica normalmente, se apoya en una idea implícita de dependencia. El libro es un producto valioso y el cine una versión empobrecida.

Pensemos en las discusiones en torno a la figura de Heathcliff en Cumbres borrascosas. Estas proceden de la elección de un actor blanco, Jacob Elordi, para interpretar a un personaje etnizado (“un gitano de piel oscura” en el libro). Pero… ¿acaso trata la película de incidir en la marginación racial? ¿O pretende alcanzar otro objetivo?

Es cierto que a las adaptaciones, teóricamente, las denominamos “objetos semióticos secundarios”. Sin embargo, la palabra secundario no significa “menos importante” ni “condicionado”.




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El tráiler de la nueva ‘Cumbres borrascosas’: un minuto y medio de pura controversia


Si la película Cumbres borrascosas ha generado malestar por sus transformaciones, sucede lo contrario con Hamnet, donde la técnica del guion y de la dirección han recibido elogios. Se han valorado favorablemente la incorporación de una trama lineal, la concesión de mayor protagonismo a Shakespeare o el manejo de la intensidad emocional.

En cualquiera de los dos casos, las comparaciones se vuelven injustas: literatura y cine son artes diferentes que, además, emplean lenguajes y técnicas distintos. Pretender una fidelidad absoluta no solo es imposible, sino conceptualmente erróneo. Una adaptación “literal” sería, paradójicamente, una mala película.

El cine como relectura cultural

Las adaptaciones cinematográficas escogen una obra, reinterpretan su contenido y lo adecuan al público receptor. Por lo tanto, no solo se recupera la historia del libro, sino que esta se recontextualiza culturalmente.

La creatividad humana es hija de su tiempo. Se hace casi imposible realizar una película sobre un clásico sin incorporar, más o menos intencionalmente, los valores y el estilo de vida del presente. “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”, escribió Italo Calvino.

Cartel de una mujer de piel oscura presentada como la protagonista de La sirenita.
El aspecto físico de la protagonista de la última versión de La sirenita fue origen de críticas para quienes defendían que la protagonista del cuento era caucásica.
Disney

Más que no gustarnos, algunas adaptaciones nos incomodan. No se trata de que traicionen el libro, sino de que lo hacen hablar en otro registro. Las adaptaciones pueden funcionar como un instrumento político que deconstruye los discursos que configuran nuestra manera de pensar.

A este respecto, recordemos las tensiones en torno a la versión de La Sirenita protagonizada por Halle Bailey. Cuando se publicó el tráiler, los espectadores más puristas no simpatizaron con la transformación racial de la figura nórdica del cuento de Andersen. ¿Hubiesen cambiado de opinión sobre el resultado si no se hubiera modificado el color de piel del personaje?

También son las adaptaciones un espejo de la realidad y un termómetro cultural. Volvamos a Cumbres borrascosas y a la elección de Jacob Elordi para Heathcliff. La adaptación se desentiende del trauma social y racial decimonónico. Su reinterpretación del contenido discurre por el camino de una atracción sexual tóxica, fatalista e incompatible a largo plazo. De ahí la elección de dos iconos atractivos, Elordi (Nate Jacobs en Euphoria) y Robbie (Barbie en la película homónima de 2023).

Tampoco deben dejarse de mencionar otros temas que se refuerzan en la película, como las imposiciones de la gestación, la falta de decisión autónoma o las rivalidades estructurales que impiden la sororidad.

La difusión y nuestro horizonte de expectativas

Decíamos que las adaptaciones son “objetos semióticos secundarios” porque implican la difusión de un patrimonio pretérito. En nuestro caso, además, exigen un cambio de medio: pasamos del libro a la pantalla.

Esta transformación motiva la competición entre nuestro imaginario como lectores y las propias imágenes de la película. Afecta, por tanto, a nuestro horizonte de expectativas.

¿Pueden encarnar los actores hollywoodienses a los protagonistas griegos de La Odisea? Esta es la pregunta que se hacen muchos espectadores que dudan de los roles de Matt Damon como Odiseo o Zendaya como Atenea.

Otro tipo de expectativas participan del conservadurismo ideológico. La posibilidad de que el actor trans Elliot Page interprete a Aquiles ha armado revuelo. Hay quienes bautizan a la película como La Wokisea, es decir, La Odisea woke.

Tanto nos condiciona el horizonte de expectativas que, en muchos casos, para que una adaptación funcione necesita que el espectador no reconozca el libro de partida. Basta como ejemplo el éxito de Blade Runner (1982), que viene del libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick.

¿Qué hacer ante las adaptaciones?

La respuesta es sencilla: aprender a dialogar con ellas. Hemos comprobado que las miramos con un criterio equivocado. No se trata de pedirles que sustituyan el libro; cuando les exijamos una lectura propia, las disfrutaremos de verdad.

Las adaptaciones no borran las novelas. Al contrario, las releen y nos las acercan. Nos invitan a explorar nuevas perspectivas y a razonar de otro modo. Y sirven, sobre todo, para explicar el pasado a través de las transformaciones del presente.

Ese es su logro: hacer pensar, incomodar, decirnos que la historia se repite pero siempre con nuevos matices.


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The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué (no) nos gustan las adaptaciones literarias al cine? – https://theconversation.com/por-que-no-nos-gustan-las-adaptaciones-literarias-al-cine-278172

Angine de Poitrine: por qué el cerebro disfruta con la música que no entiende del todo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

Actuación del dúo Angine de Poitrine. CLICHEK/Angine de Poitrine

Abrimos un vídeo casi por accidente. En pantalla aparecen dos figuras enmascaradas, con una estética entre lo artesanal, lo absurdo y lo inquietante. Empiezan a tocar. La guitarra no suena como esperamos. Algunas notas parecen estar “entre” las notas que conocemos. La batería avanza con precisión, pero no siempre por los caminos previsibles. La primera reacción puede ser de desconcierto. La segunda, de curiosidad. Y, sin darnos demasiada cuenta, seguimos mirando.

Algo así explica parte del fenómeno reciente de Angine de Poitrine, dúo experimental de Quebec que se ha hecho especialmente visible por su combinación de rock matemático, máscaras de papel maché, humor surrealista y uso de guitarras microtonales. Su actuación en KEXP ha contribuido a convertirlos en una rareza viral: no solo por cómo suenan, sino por la dificultad de encajarlos en una categoría conocida.

Angine de Poitrine en KEXP.

Desde la psicología, el caso es muy interesante porque obliga a preguntarse algo más amplio: ¿por qué puede gustarnos una música que, al principio, no sabemos interpretar?

El cerebro no escucha: predice

Escuchar música no es recibir sonidos de forma pasiva. El cerebro anticipa. Espera que una melodía continúe en una dirección, que una tensión armónica se resuelva, que un ritmo cierre en determinado punto. Buena parte del placer musical surge de ese delicado juego entre confirmación y sorpresa.

Cuando todo es demasiado previsible, la música puede volverse plana. Cuando todo es demasiado imprevisible, puede resultar caótica. Entre ambos extremos aparece una zona especialmente fértil: la música que desafía nuestras expectativas, pero no las destruye por completo. Estudios sobre predictibilidad, incertidumbre y placer musical han mostrado que tendemos a preferir niveles intermedios de complejidad predictiva: suficiente orden para orientarnos, suficiente sorpresa para mantenernos atentos.

Angine de Poitrine trabaja precisamente en ese territorio. Sus canciones pueden parecer extrañas, pero no son puro desorden. Hay repetición, pulso, patrones, energía corporal. La batería ofrece una estructura reconocible mientras la guitarra introduce una sensación de inestabilidad. El resultado es una mezcla psicológicamente eficaz: el oyente no entiende del todo lo que ocurre, pero tampoco se pierde por completo.

Microtonos: cuando una nota parece estar fuera de sitio

El uso de microtonos merece una atención especial. En la música occidental más habitual, estamos acostumbrados a dividir la octava en doce semitonos. El piano, la guitarra estándar o gran parte del pop se mueven dentro de ese marco. La música microtonal, en cambio, utiliza intervalos más pequeños o diferentes a los que ese sistema nos ha enseñado a esperar.

Por eso, para muchos oyentes, una guitarra microtonal puede sonar inicialmente “desafinada”. Pero esa impresión no significa necesariamente que lo esté. Significa que el cerebro compara lo que escucha con sus esquemas previos. Si una nota cae en un lugar que nuestro sistema auditivo-cultural no espera, la interpretamos como rareza, tensión o error.

Portada del álbum _Vol. II_ de Angine de Poitrine.
Portada del álbum Vol. II de Angine de Poitrine.
Angine de Poitrine

La investigación sobre aprendizaje de intervalos microtonales desconocidos muestra que los oyentes occidentales sin formación específica pueden empezar a familiarizarse con escalas no habituales mediante exposición. Es decir, lo que al principio parece extraño puede volverse progresivamente inteligible. El gusto musical no es solo una preferencia espontánea: también es aprendizaje perceptivo.

Otros trabajos sobre acordes microtonales poco familiares sugieren que la respuesta afectiva ante estos sonidos depende tanto de propiedades acústicas internas como de regularidades aprendidas por exposición cultural. Dicho de otro modo: no escuchamos solo con el oído, sino también con la historia musical que llevamos incorporada.

La incomodidad también puede ser estética

La clave no está en que Angine de Poitrine elimine la incomodidad, sino en que la convierte en parte de la experiencia. Esto conecta con una idea central en psicología de la música: el placer no surge únicamente de lo agradable, suave o familiar. También puede surgir de la tensión, de la ambigüedad y de la resolución parcial de una expectativa.

La música activa circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, la anticipación y la emoción. Revisiones neurocientíficas sobre placer musical y predicción han propuesto que el disfrute aparece cuando el cerebro detecta patrones, genera expectativas y experimenta desviaciones significativas respecto a ellas. No nos emociona solo lo que suena bonito; nos emociona lo que nos obliga a reorganizar lo que esperábamos oír.

De ahí que una propuesta aparentemente difícil pueda volverse adictiva. La primera escucha produce extrañeza. La segunda permite reconocer un patrón. La tercera convierte lo raro en familiar. En ese recorrido, el cerebro obtiene una pequeña recompensa: ha domesticado parcialmente el caos.

Ver cambia lo que oímos

Angine de Poitrine no es solo sonido. Es imagen, gesto, teatro, personaje. Las máscaras, la estética absurda y la corporalidad de la interpretación influyen en la forma en que escuchamos. La investigación sobre la percepción musical como experiencia multisensorial ha mostrado que los elementos visuales de una actuación no son un simple adorno: pueden modificar la interpretación emocional, estructural y estética de lo que oímos.

Dibujo de una persona con una careta blanca con lunares negros y otra con careta negra y lunares blancos.
El aspecto de sus integrantes forma parte de su atractivo.
Angine de Poitrine

No es lo mismo escuchar una pieza microtonal sin contexto que verla ejecutada por dos figuras que parecen salidas de un ritual cómico y artesanal. La información visual puede funcionar como una clave de lectura: esto no es un error, es un juego; no es torpeza, es intención; no es ruido, es lenguaje. De hecho, varios estudios han mostrado que la información visual influye en la evaluación de una interpretación musical y que los gestos del intérprete también cambian lo que percibimos.

En un ecosistema saturado de música pulida, recomendaciones algorítmicas y experiencias cada vez más mediadas por pantallas, esa dimensión física y performativa también importa. Angine de Poitrine parece ofrecer algo difícil de simular del todo: presencia, rareza manual, imperfección significativa. La sensación de “esto está ocurriendo” forma parte del atractivo, especialmente en un contexto donde la experiencia musical en directo sigue asociándose a autenticidad, identidad y conexión social.

Lo raro como refugio frente a lo previsible

Quizá el éxito de Angine de Poitrine tenga que ver con una paradoja contemporánea. Nunca hemos tenido acceso a tanta música y, sin embargo, muchas experiencias culturales parecen cada vez más optimizadas para no incomodar. Las plataformas aprenden nuestras preferencias y nos devuelven variaciones de lo que ya nos gustaba. La sorpresa queda administrada en pequeñas dosis.

Por eso, cuando aparece algo que rompe la plantilla sin renunciar al ritmo, al virtuosismo y al humor, el cerebro presta atención. No porque entienda inmediatamente el código, sino porque detecta una oportunidad de exploración.

Angine de Poitrine no demuestra que todo lo extraño acabe gustando. La rareza por sí sola no basta. Lo que funciona es la combinación entre desviación y estructura, entre microtonos y groove, entre máscara y precisión, entre desconcierto y placer corporal.

En el fondo, quizá no es que disfrutemos de esta música a pesar de no entenderla del todo. Tal vez la disfrutamos porque nos obliga a escuchar de otra manera.


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Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Angine de Poitrine: por qué el cerebro disfruta con la música que no entiende del todo – https://theconversation.com/angine-de-poitrine-por-que-el-cerebro-disfruta-con-la-musica-que-no-entiende-del-todo-283033

¿Está empobreciendo la IA el lenguaje periodístico (y de la sociedad)?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Xosé López-García, Periodismo digital, comunicación digital, Universidade de Santiago de Compostela

markus winkler k Am hKISLM unsplash Markus Winkler / Unsplash., CC BY

¿Qué ocurre con el lenguaje público cuando una parte creciente de los textos que circulan en la prensa, internet y las redes comienza a ser escrita por máquinas? La cuestión no afecta solo al periodismo como actividad profesional. También puede afectar la riqueza de la lengua que usamos para comprender, describir y debatir la realidad.

Históricamente, la prensa ha sido uno de los espacios donde la lengua pública se expande y enriquece. No es el único motor del cambio lingüístico, por supuesto, pero sí uno de los ámbitos donde las sociedades ponen a circular palabras, giros y formas de nombrar hechos emergentes. Distintos trabajos sobre lenguaje periodístico y neologismos muestran justamente que los periódicos han funcionado como espacios de creación y difusión de vocabulario nuevo, especialmente, cuando deben dar cuenta de acontecimientos, tecnologías o transformaciones sociales para públicos amplios.

Ese papel puede debilitarse si una parte importante de la escritura periodística se delega en sistemas generativos. Los grandes modelos de lenguaje se basan, de manera general, en la predicción del siguiente token o palabra probable dentro de una secuencia. Por eso, producen textos fluidos y plausibles, pero también tienden a privilegiar regularidades estadísticas, patrones frecuentes y formulaciones ya estabilizadas. En sí mismo, esto no implica una degradación automática del lenguaje. El problema aparece cuando esa lógica se vuelve dominante en la escritura pública.

Entrenamiento de la IA con textos producidos por otras IA

El riesgo se vuelve más serio cuando esos sistemas empiezan a entrenarse con textos producidos por otras IA. Eso es lo que varias investigaciones recientes han descrito como una dinámica de model collapse o “colapso del modelo”: un proceso degenerativo en el que los datos generados por un modelo contaminan el entrenamiento de generaciones posteriores.

Traducido al plano del lenguaje, esto significa que si los sistemas aprenden cada vez más de textos sintéticos y si esos textos comienzan además a llenar la web y el espacio público, el ecosistema verbal disponible para futuros entrenamientos se estrecha. Más texto artificial significa menos contacto con la variación social efectiva del lenguaje humano, lo que puede significar un deterioro de la lengua en diferentes ámbitos.

Reproducción y amplificación de sesgos

Para empezar, cuando disminuye la variación de los datos y predominan patrones ya consolidados, los sesgos presentes en el material de entrenamiento pueden reforzarse en lugar de corregirse. La literatura reciente sobre evolución de modelos de lenguaje y sesgo advierte precisamente que los procesos recursivos pueden amplificar prejuicios existentes en vez de diversificar perspectivas.

Por otro lado, la escritura empieza a sonar cada vez más parecida a sí misma: se repiten estructuras sintácticas, tonos medios, secuencias formularias y maneras previsibles de desarrollar los párrafos. Esto importa particularmente en el periodismo, porque la prensa no solo transmite información: también media entre registros especializados y públicos amplios, selecciona énfasis, traduce vocabularios y ensaya formulaciones. Cuando la prosa pública se vuelve demasiado uniforme, disminuye esa capacidad de ajuste fino frente a la novedad.

Erosión de la innovación lingüística

Así, se reducen las palabras raras o específicas, las construcciones menos frecuentes y algunos matices pragmáticos, como la ironía, la ambigüedad o ciertas modulaciones del punto de vista. El aumento del texto sintético en el entrenamiento se asocia con degradación de desempeño y con una cobertura más pobre de la distribución del lenguaje humano. En términos simples: el sistema conserva mejor el centro que los bordes.

Y es que muchas innovaciones nacen como desvíos inestables, usos raros o soluciones locales para nombrar algo nuevo. Si el sistema favorece siempre lo más probable, esas formas emergentes tienen menos espacio para circular y consolidarse. Este punto no debe entenderse como una oposición abstracta entre “humano” y “máquina”, sino como una diferencia entre una lengua expuesta a la contingencia social y una prosa generada a partir de regularidades ya aprendidas.

Deterioro del ecosistema lingüístico público

No se trata solo de tener menos palabras distintas, sino también menos capacidad de establecer distinciones finas. Cuando el lenguaje se vuelve más vago, más repetitivo o más predecible, también se empobrecen las herramientas con que una sociedad describe problemas, matiza posiciones y debate en el espacio público.

En un nivel más amplio, el problema ya no es solo qué le pasa a un modelo, sino qué le pasa al ecosistema lingüístico público. Si la web se llena de textos sintéticos, los propios lectores, periodistas e instituciones pasarán a convivir con un lenguaje público menos diverso. Algunos trabajos recientes hablan incluso de “contaminación” del ecosistema web por datos sintéticos y muestran que el modo en que se mezclan datos reales y artificiales es decisivo para evitar deterioros mayores.

¿Está todo perdido?

Conviene, eso sí, no exagerar. La investigación no sostiene que cualquier uso de IA produzca inevitablemente colapso o degradación. Algunos estudios muestran que, cuando los datos sintéticos se mezclan con los datos reales en vez de reemplazarlos por completo, el colapso no se comporta del mismo modo y el error puede permanecer acotado. Es decir, el problema no está en usar IA de forma puntual ni en mezclar prudentemente datos sintéticos y humanos, sino en reemplazar masivamente la escritura humana y luego reciclar ese reemplazo como si fuera lenguaje vivo.

Con la incorporación de la IA a las rutinas de producción periodística, el periodismo gana en eficiencia. Pero ¿qué pierde una sociedad cuando el lenguaje que circula públicamente se vuelve más uniforme, más predecible y menos abierto a lo nuevo? Si la prensa renuncia, aunque sea en parte, a su función de escribir, traducir, nombrar y ensayar formulaciones nuevas, no solo cambian las rutinas de trabajo. También, se debilita uno de los espacios donde la lengua pública históricamente más ha podido enriquecerse, renovarse y expandir sus posibilidades.

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ref. ¿Está empobreciendo la IA el lenguaje periodístico (y de la sociedad)? – https://theconversation.com/esta-empobreciendo-la-ia-el-lenguaje-periodistico-y-de-la-sociedad-280765

Tres claves para cuidar la microbiota… y dormir mejor

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Uceda Gutiérrez, Profesora de Psicobiología, Universidad Nebrija

La alimentación contribuye a tener una microbiota equilibrada y, en consecuencia, a mejorar la calidad del sueño. Oleksandra Naumenko/Shutterstock

Un tercio de nuestra vida transcurre durmiendo, y no es casualidad: el sueño sostiene buena parte de nuestra salud. Incluso ciertos animales a los que esa fase diaria de descanso parece “complicarles la vida”, como algunos mamíferos acuáticos que necesitan salir a respirar o aves que pueden pasar hasta 10 días sin pisar tierra firme, duermen con adaptaciones sorprendentes.

Mientras dormimos, las decenas de billones de microorganismos que nos habitan, conocidos como microbiota, siguen sus propios ritmos. Para que nos hagamos una idea, esta colonia microcoscópica, compuesta principalmente de bacterias, puede alcanzar un peso de medio kilo. Junto con su hospedador, forma la unidad biológica que llamamos holobionte.

La microbiota no es, pues, un simple pasajero, sino que constituye con cada persona una unidad funcional que influye en procesos clave como la digestión, la inmunidad y, como veremos, el sueño.

Nuestra relación con los microorganismos que albergamos es profundamente interdependiente. No solo les ofrecemos un lugar donde vivir, sino que también dependemos de ellos para mantener numerosas funciones biológicas. Este delicado equilibrio se asocia cada vez más con la salud, el bienestar y, posiblemente, con la longevidad.

Una relación en ambos sentidos

Como ocurre con muchos procesos fisiológicos, la relación entre microbiota y sueño es bidireccional. Es decir, nuestra composición microbiana puede influir en cómo dormimos, pero el descanso nocturno también es necesario para mantener una microbiota diversa y equilibrada.

Cuando esta es saludable produce, entre otras sustancias, ácidos grasos de cadena corta como el butirato. Sus moléculas se asocian con una menor inflamación y con un mejor funcionamiento de distintas vías neuroendocrinas, incluido el eje hipotálamo–hipófisis–adrenal, que regula la respuesta al estrés. Un buen desempeño de este sistema puede contribuir a reducir los niveles nocturnos de cortisol, favoreciendo un sueño más profundo y menos despertares durante la noche.




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Por qué cuando nos hacemos mayores el sueño se vuelve más ligero y cómo repercute en la salud


Además, la microbiota está vinculada a la producción de neurotransmisores como la serotonina, relacionada con los estados de ánimo positivo.

Hábitos para conciliar mejor el sueño

Es esencial recordar que no existe una microbiota perfecta, ya que cada persona tiene un ecosistema microbiano propio. Lo importante es mantener un equilibrio funcional y, de existir una alteración, recordar que las mejoras suelen consolidarse mediante cambios graduales en el estilo de vida. Para ello, a continuación proporcionamos tres consejos que ayudan a mejorar la relación entre sueño y microbiota:

1. Llene el plato de fibra. Un factor determinante es la alimentación: una microbiota bien nutrida favorece un organismo menos inflamado y un descanso de mayor calidad. Verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y alimentos fermentados como yogur, kéfir o col fermentada alimentan a las bacterias beneficiosas del intestino.

En este sentido, la dieta mediterránea, uno de nuestros grandes patrimonios culturales y gastronómicos, constituye un patrón alimentario especialmente favorable para la diversidad microbiana. Y hay que tener en cuenta que reducir el consumo de alimentos ultraprocesados también contribuye a mantener ese equilibrio.

2. Respete sus horarios. La exposición a la luz natural, especialmente por la mañana, es otro factor clave. La luz actúa como una señal fundamental para sincronizar nuestro ritmo circadiano. Reducir la exposición a luz artificial intensa por la noche puede mejorar la calidad del sueño y ayudar a mantener estos ritmos biológicos en equilibrio.

Dormir lo suficiente y con buena calidad no es solo una forma de descansar, es también una manera de mantener en armonía el ecosistema microscópico que nos acompaña toda la vida. Y ese equilibrio puede tener un impacto profundo en nuestra salud física y mental.

La restricción de sueño durante solo unos pocos días puede alterar la composición de la microbiota, aumentar los marcadores inflamatorios y favorecer un aumento de la permeabilidad intestinal. Incluso puede modificar la respuesta del organismo a la glucosa al día siguiente o la capacidad cognitiva del individuo.

3. Muévase cada día y gestione su estrés El ejercicio regular se asocia con mayor diversidad microbiana y con un sueño más reparador. No hace falta entrenar intensamente: caminar, montar en bici o nadar ya suma beneficios.

Y, por último, aunque quizá sea lo más difícil en nuestras sociedades actuales, es importante gestionar adecuadamente el estrés. Prácticas como la respiración consciente, el yoga, la meditación o el mindfulness pueden contribuir a reducirlo. También lo hacen actividades tan sencillas como mantener relaciones sociales de calidad o dar un paseo en contacto con la naturaleza.

Reducir el estrés no solo beneficia a nuestra salud mental, sino también a la salud de la microbiota y, por consiguiente, a la calidad de nuestro descanso.

The Conversation

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ref. Tres claves para cuidar la microbiota… y dormir mejor – https://theconversation.com/tres-claves-para-cuidar-la-microbiota-y-dormir-mejor-276191

Cuántos (buenos) amigos tenemos influye en cómo percibimos nuestro cuerpo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amar D’Adamo, PhD Candidate, Universidad Carlos III

La satisfacción con el propio cuerpo podría estar relacionada con la solidez de nuestro círculo de amistades. Priscilla du Preez / Unsplash., CC BY-SA

Muy posiblemente, usted sabe cuánto mide, cuánto pesa, su talla o cómo se mueve. Sin embargo, numerosos experimentos muestran que esta percepción no es siempre igual. De hecho, se ha demostrado que se puede cambiar a través de estímulos externos. En la conocida ilusión de la mano de goma, por ejemplo, una persona puede llegar a sentir como propia una mano artificial, si ve que la acarician al mismo tiempo que se acaricia su mano real (que permanece oculta).

Estas ilusiones corporales no son simples curiosidades. Nos ayudan a entender cómo el cerebro combina señales visuales, táctiles, auditivas y motoras para construir una representación del cuerpo. Lo que muestran es que esa representación no está grabada de una vez para siempre: se actualiza continuamente a partir de la información sensorial disponible.

Cómo nos afecta el sonido de nuestros pasos

En este contexto, en nuestro grupo hemos trabajado mucho con la llamada “ilusión de los pasos”.

El experimento muestra cómo el sonido de nuestros pasos influye en cómo nos sentimos.

Se trata de un experimento con un planteamiento sencillo: los participantes caminan mientras escuchan en tiempo real el sonido de sus propios pasos, pero ese sonido se modifica. Si se refuerzan las frecuencias bajas, los pasos suenan más graves y se asocian con un cuerpo más pesado. Si se refuerzan las frecuencias altas, los pasos suenan más ligeros.

A continuación, se pregunta a las personas sobre cómo perciben su cuerpo y si observan cambios en cómo sienten su peso corporal, su tamaño y su forma de caminar. También se les pregunta por algunos aspectos emocionales asociados al movimiento.

Desde un punto de vista práctico, estos experimentos involucran la combinación de varias tecnologías, tanto de tratamiento de las señales acústicas como sensores y electrónica de recogida de datos. Estas nos permiten manipular los sonidos, así como recoger medidas de la marcha y de la actividad muscular, que se complementan con una serie de cuestionarios. También medimos con sensores señales relacionadas con nuestras respuestas emocionales y fisiológicas –como, por ejemplo, las del corazón–.

Sandalias que llevan los participantes en el estudio para el experimento de sus datos, que permiten enviar el sonido de sus pasos para ser modificado y reenviado al sujeto así como registrar otros datos fisiológicos.
i_mBODY Lab.

Cómo influye el tamaño de nuestra red social

Como dato adicional, en nuestro estudio nos preguntamos si era posible que la respuesta de los sujetos a los estímulos dependiera de su red de apoyo social. Para ello, incluimos en nuestra recogida de datos un cuestionario estándar con el que caracterizamos también la red de apoyo social de cada uno de los 105 participantes en el experimento.

No se trataba de contar conocidos o contactos en redes sociales, sino de identificar a las personas a las que acudirían en distintas situaciones de apoyo emocional o práctico. A partir de esa información, medimos cuántas personas formaban parte de esa red y en cuántos grupos o ámbitos sociales se organizaba.

Más amigos, mayor satisfacción corporal

Nuestros resultados mostraron claramente una relación entre apoyo social e imagen corporal. Las personas con redes de apoyo más grandes muestran mayor satisfacción con su imagen corporal y menos síntomas asociados a trastornos de la conducta alimentaria.

Esto no prueba que una red social amplia cause directamente una mejor imagen corporal, pero sí sugiere que el bienestar corporal no depende solo de factores individuales, sino también del contexto social.

Cuando analizamos la ilusión de los pasos, vimos que, en participantes con redes de apoyo más pequeñas, el efecto del sonido seguía el patrón esperado. Los pasos graves tendían a hacer que se sintieran más pesados y los pasos agudos tendían a hacer que se sintieran más ligeros.

En cambio, en personas con redes de apoyo más grandes o más diversificadas, este efecto se reducía o se modificaba.

Es decir, las personas con menos apoyo social eran más moldeables, cambiando más su percepción del peso corporal. Las personas con redes más amplias parecían menos susceptibles a esa manipulación.

Menos vulnerables al exterior

Una interpretación posible es que las relaciones sociales actúen como una especie de estabilizador de la imagen corporal. Una red de apoyo amplia puede ofrecer más experiencias de aceptación, más diversidad de referentes y más oportunidades de contrastar normas sociales sobre el cuerpo. Esto podría hacer que la representación corporal dependa menos de señales externas puntuales.

Esta interpretación es especialmente relevante porque el peso corporal no es una dimensión neutra. Está cargado de normas sociales, estigmas, expectativas de género y comparaciones. Por eso estudiar una ilusión relacionada con el peso permite conectar la percepción corporal con un terreno claramente social.

Nuestro estudio no demuestra que aumentar el apoyo social sea por sí solo una intervención contra los problemas de imagen corporal. Tampoco permite establecer una relación causal directa entre red social y percepción del cuerpo. Lo que sí plantea es que la percepción corporal no puede entenderse como un fenómeno puramente privado o individual.

El cuerpo que sentimos se construye con señales sensoriales, pero también en un entorno social. Nuestros vínculos, nuestras comparaciones, nuestras experiencias de aceptación y las normas culturales que nos rodean pueden influir en cómo interpretamos las señales que proceden del cuerpo.

Posibles aplicaciones prácticas

En este contexto, es importante notar que estos estudios se podrían aplicar en personas con distintos problemas, como es el caso de los trastornos alimentarios, por ejemplo, con el diseño de dispositivos electrónicos directamente relacionados con una percepción distorsionada del propio cuerpo.

Otra aplicación interesante es contrarrestar sensaciones de pesadez que se observan en diversas condiciones de salud, como la depresión, algo que estamos estudiando en el proyecto SENSEBEAT. También podrían ser útiles para actuar en casos de estigma asociado al peso.

En cualquier caso, tales intervenciones deben tener en cuenta el factor social. Como hemos visto, a la hora de juzgarnos a nosotros mismos ante el espejo, no es lo mismo que nuestra red social de apoyo sea raquítica o que esté bien alimentada.

The Conversation

Amar D’Adamo recibe fondos del Consejo Europeo de Investigación (ERC) bajo el programa de investigación e innovación Horizon 2020 de la Unión Europea (acuerdo de subvención n.º 101002711; proyecto BODYinTRANSIT).

Ana Tajadura Jiménez recibe fondos del Consejo Europeo de Investigación (ERC) bajo el programa de investigación e innovación Horizon 2020 de la Unión Europea (acuerdo de subvención n.º 101002711; proyecto BODYinTRANSIT).

Angel Sánchez Sánchez recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigacion, Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y de la Fundacion BBVA. Es co-director del Laboratorio de Economía del Comportamiento de la Fundación COTEC.

Lize De Coster recibe fondos del programa CONEX-Plus (n.º 801538), financiado por la Universidad Carlos III de Madrid y la Comisión Europea a través de la Acción COFUND Marie Sklodowska-Curie (H2020-MSCA-COFUND-2017-GA801538).

ref. Cuántos (buenos) amigos tenemos influye en cómo percibimos nuestro cuerpo – https://theconversation.com/cuantos-buenos-amigos-tenemos-influye-en-como-percibimos-nuestro-cuerpo-282874