Cuando el miedo decide: creencias políticas y giro conservador en América Latina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Ledesma de la Fuente, Profesor de Filosofía, Universidad de La Rioja

Keiko Fujimori votaba el pasado 7 de junio en la segunda vuelta de las elecciones que le darían la presidencia de Perú. mbzfotos/Shutterstock

En las últimas citas electorales de América Latina se constata un giro conservador entre una parte del electorado. La victoria de José Antonio Kast en Chile y las ajustadas victorias de Keiko Fujimori en Perú y Abelardo de la Espriella en Colombia confirman el fortalecimiento de fuerzas que prometen restaurar el orden mediante el endurecimiento de las penas y el aumento del poder policial y militar.

Los reiterados mensajes populistas y referentes a la seguridad parecen configurar un nuevo sentido común de época. Según este, el acercamiento a Estados Unidos ofrece un rumbo adecuado para sus sociedades, cuando lo cierto es que ese país constituye el mayor polo de inestabilidad del mundo actual.

¿Es posible justificar esta creencia? ¿Existe alguna responsabilidad social por mantener convicciones políticas que no se encuentran asentadas en datos empíricos suficientes? Y, sobre todo, ¿qué ocurre cuando esas creencias se convierten en decisiones cuyas consecuencias recaen sobre otras personas?

El barco que no debió zarpar

En 1877, el filósofo británico William Kingdon Clifford planteó un problema semejante mediante la historia de un armador. El propietario dudaba del estado del barco que estaba a punto de zarpar: era antiguo, había recorrido muchas millas y quizá no resistiría otro embate con el mar. Una inspección a fondo, sin embargo, habría supuesto retrasar el viaje y asumir un coste considerable. En lugar de investigar, el armador prefirió silenciar sus dudas. Se convenció de que el barco ya había superado otras travesías y de que sus constructores eran competentes. Finalmente, permitió que partiese. La embarcación naufragó y no hubo supervivientes.

Para Clifford, el armador no era responsable simplemente por haber sostenido una creencia falsa, sino por haberla aceptado sin examinar las evidencias que tenía a su alcance. Tampoco era el resultado final lo que determinaba la moralidad de su conducta. Aunque el barco hubiese llegado a puerto, habría seguido actuando de forma irresponsable, ya que sustituyó la investigación por una convicción tranquilizadora y obligó a los pasajeros a soportar las consecuencias de su posible error. Como escribe el filósofo en La ética de la creencia: “creer algo basándose en una evidencia insuficiente es malo siempre, en cualquier lugar y para todo el mundo”.

La responsabilidad política de creer

La dimensión política de esta tesis resulta evidente. Las decisiones electorales no se limitan a expresar una identidad privada, pues contribuyen a determinar las condiciones bajo las cuales vivirán otras personas.

Quien apoya una política punitiva participa en una decisión que puede ampliar la violencia estatal, reducir garantías jurídicas o concentrar sus efectos sobre grupos sociales a los que, en muchas ocasiones, no pertenece. La pregunta de Clifford no sería si el electorado tenía derecho a votar por una determinada opción, sino si poseía razones suficientes para aceptar las premisas sobre las que descansaba su decisión.

¿Existen pruebas de que el aumento de las penas reduce por sí mismo la violencia? ¿Se han considerado los efectos sociales de la militarización? Cuando estas preguntas son sustituidas por apelaciones genéricas al miedo, al orden o a la autoridad, la creencia política comienza a parecerse a la del armador: ofrece tranquilidad inmediata a costa de trasladar el riesgo a otros.

La responsabilidad de esta situación no se puede distribuir por igual, pues son los dirigentes quienes explotan el miedo y los medios los que convierten la inseguridad en espectáculo. Pero el ciudadano que asiste a ello no es un sujeto pasivo ni está eximido de revisar las razones que orientan su voto.

James: el riesgo de esperar

Casi veinte años después, William James respondió a Clifford en La voluntad de creer. Aunque el ensayo fue formulado originalmente en relación con la creencia religiosa, su argumento posee un alcance mayor. James no sostiene que podamos creer cualquier cosa ni que la convicción personal deba imponerse sobre las evidencias. Su objeción es más precisa: existen situaciones en las que la razón no dispone de pruebas concluyentes y, sin embargo, la decisión no puede aplazarse.

James denomina “opción genuina” a aquella que reúne tres condiciones: debe ser viva, porque las alternativas han de presentarse como posibilidades reales para quien decide; obligada, porque abstenerse equivale en la práctica a escoger una de ellas; e importante, porque está en juego algo decisivo y quizá irreversible. En estas circunstancias, esperar una evidencia definitiva no siempre constituye una posición neutral.

Una elección política puede reunir esas condiciones. Las candidaturas son opciones efectivas, la votación tiene una fecha y sus resultados condicionarán la vida común. Se puede votar, abstenerse o mantener una posición escéptica, pero ninguna actitud permite situarse fuera de la decisión.

James distingue así dos exigencias que no necesariamente coinciden: debemos evitar aceptar una falsedad, pero también debemos intentar reconocer la verdad. Hay situaciones en las que esperar todos los datos disponibles significa permitir que continúe una injusticia o dejar que otros decidan.

Entre la credulidad y la inacción

El desacuerdo entre Clifford y James no enfrenta a un defensor de la razón con un apologista de la irracionalidad. Ambos se preguntan cómo debemos decidir cuando nuestro conocimiento es limitado, pero conceden prioridad a peligros distintos. Clifford teme que una creencia insuficientemente examinada provoque daños irreparables; James teme que el deseo de no equivocarnos nos impida actuar o transformar una situación.

El primero representa un imperativo crítico: evitar el error y exigir evidencias antes de aceptar una afirmación. El segundo acentúa un imperativo noético: asumir el riesgo de una decisión cuando esta puede permitirnos alcanzar una verdad o producir una realidad que de otro modo permanecería clausurada.

Retomando la cuestión inicial, parece que una convicción política no queda justificada por el hecho de ser mayoritaria o emocionalmente comprensible. La incertidumbre global actual empuja a muchos gobiernos a una hoja de ruta conservadora donde las políticas reaccionarias de construcción de un enemigo exterior o interior pueden suponer un poderoso reclamo electoral.

También sucede en España, aunque el peligro invocado no se corresponda con los datos disponibles ni con la situación real de la sociedad. Cuando el miedo sustituye al examen y los costes del error recaen sobre quienes no han elegido asumirlos, creer deja de ser un asunto privado y se convierte en una forma de ejercer poder sobre los demás.

El avance conservador en América Latina no solo enfrenta diferentes programas de gobierno, sino también distintas formas de interpretar la inseguridad, la autoridad y el papel de Estados Unidos en la región. Disputar ese nuevo sentido común exige someter las creencias a examen y hacer visibles las vidas sobre las que recaerán los posibles errores.

The Conversation

Álvaro Ledesma de la Fuente no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando el miedo decide: creencias políticas y giro conservador en América Latina – https://theconversation.com/cuando-el-miedo-decide-creencias-politicas-y-giro-conservador-en-america-latina-288584

¿Quién decide? Lo que creen padres e hijos sobre la compra y consumo de productos de cuidado corporal de los adolescentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Irarrázaval, Doctorando en Comunicación, Universidad de Navarra. Académico Facultad de Comunicación Universidad de los Andes, Chile., Universidad de Navarra

wetaker/shutterstock

Una chica pide a sus padres una crema facial porque la ha visto en un Get Ready With Me de TikTok (un vídeo en el que, mientras la persona se prepara para salir, muestra su rutina de maquillaje, peinado o elección de ropa). Un chico quiere empezar a tomar proteína tras apuntarse al gimnasio. Otra adolescente compara precios de maquillaje mientras enseña a sus padres dónde es más barato. Escenas como estas son cada vez más habituales en muchos hogares. El consumo adolescente no se limita a pedir cosas: implica negociar, opinar, decidir y, muchas veces, trasladar al entorno familiar tendencias y productos descubiertos en redes sociales.

Las rutinas de autocuidado como objeto de consumo

Antes, cuando se hablaba de consumo adolescente, solía ponerse el foco en la ropa, la tecnología, la comida rápida o los videojuegos. Pero algo ha cambiado: el cuerpo se ha convertido en uno de los grandes territorios de consumo juvenil. Ya no hablamos solo de higiene o salud, sino también de imagen, identidad, aceptación social o rendimiento físico.

Cremas faciales, maquillaje, suplementos, rutinas de skincare o productos fitness forman parte de un ecosistema atravesado por redes sociales, influencers y tendencias digitales que marcan qué cuerpos se valoran, qué hábitos se consideran deseables y qué productos parecen necesarios para encajar.

En un estudio de la Universidad Villanueva en el que también trabajamos investigadores de la Universidad de Navarra, analizamos el consumo adolescente de productos de cuidado del cuerpo en 1 088 familias en España. Participaron adolescentes de 12 a 17 años junto a uno de sus padres, madres o tutores. El objetivo era comparar cómo ambas generaciones perciben la compra de maquillaje y cosméticos, productos y servicios de gimnasio o fitness, y suplementos nutricionales como proteínas o vitaminas.

En otras palabras, queríamos contrastar lo que dicen los hijos con lo que creen sus padres.

Los hijos dicen que compran más de lo que sus padres creen

La primera diferencia aparece al preguntar por las compras. El 39,2 % de los adolescentes afirma comprar maquillaje o cosméticos, frente al 26,4 % de padres que reconoce esa práctica en su hijo o hija. En el caso de productos y servicios vinculados al gimnasio y el fitness, el 18 % de los menores dice comprarlos, mientras que solo el 10,1 % de los padres cree que sus hijos lo hacen. La distancia también aparece en los suplementos nutricionales: el 7,4 % de los adolescentes declara comprarlos, frente al 2,5 % de los padres.

Estos datos no significan que los adolescentes oculten sus compras. La vida cotidiana es un poco más compleja. A veces una crema, una app de entrenamiento o un producto recomendado por un amigo no se perciben como una “gran decisión de consumo”. Para el menor puede ser una compra pequeña. Para los padres, en cambio, puede activar preocupaciones más amplias: salud, imagen corporal, presión social, gasto o influencia que llega desde los pares (otros menores) o de creadores de contenido.

La pregunta no es solo quién paga. También importa quién decide, quién se entera y quién interpreta esa compra como algo relevante.

Supervisar no es lo mismo para unos y otros

El dato más llamativo del estudio aparece cuando se pregunta por la supervisión familiar. El 57,4 % de los adolescentes afirma que sus padres supervisan estas compras “a menudo” o “muy a menudo”. Sin embargo, solo el 36 % de los padres dice ejercer ese nivel de supervisión.

Esta diferencia ayuda a entender muchas conversaciones familiares. Para un adulto, supervisar puede significar poner una norma clara como “esto no lo compras”, “hasta los 16 años no”, “primero lo hablamos” o “yo te acompaño”. Para un adolescente, en cambio, una simple pregunta puede sentirse como control: “¿Cuánto cuesta?”, “¿para qué lo quieres?”, “¿dónde lo viste?”, “¿quién te lo recomendó?”.

Ahí está el punto en discordia. El hijo siente que lo supervisan, el padre o la madre cree que apenas interviene. Ambos pueden estar diciendo la verdad, porque cada uno entiende la supervisión de manera distinta.

La supervisión familiar no siempre se expresa en grandes prohibiciones. A menudo aparece en preguntas, comentarios o advertencias cotidianas que los adultos consideran normales, pero que los hijos pueden interpretar como control.

La edad marca la frontera del desacuerdo

La brecha se vuelve más visible cuando se pregunta a qué edad deberían poder comprar estos productos. El 23,5 % de los adolescentes cree que deberían estar disponibles a cualquier edad. Solo el 4 % de los padres piensa lo mismo. Además, el 19,1 % de los menores permitiría comprarlos desde los 12 años. Los padres, en cambio, tienden a establecer límites más altos: el 42,5 % fija la edad mínima en los 16 años y el 41,2 % en los 18.

Esta diferencia no es menor. Para los adolescentes, acceder antes a estos productos puede expresar autonomía, madurez o pertenencia al grupo. Para los adultos, retrasar el acceso puede ser una forma de protección.

En el fondo, la discusión no trata solo de maquillaje, gimnasio o suplementos. Trata de confianza: “¿Está preparado mi hijo para decidir?”, “¿Conoce los riesgos?”, “¿Compra por interés propio o por presión externa?”, “¿Entiende lo que consume o solo sigue una tendencia?”.

Más que prohibir, hablar mejor

Los progenitores perciben muchos más riesgos que sus hijos. El 86,5 % cree que algunos de estos productos pueden dañar la salud física, frente al 33,5 % de los adolescentes. La diferencia es aún mayor respecto a la salud mental: el 65,6 % de los adultos ve riesgos, frente al 10,7 % de los menores. Además, el 77 % de los padres considera que los adolescentes no tienen suficiente criterio para comprar o consumir estos productos de forma responsable, mientras que el 42,6 % de los menores comparte esa visión.

Estos datos no invitan a demonizar el consumo adolescente. Tampoco a presentar a padres y madres como exagerados. Más bien muestran que muchas familias necesitan entablar conversaciones más concretas sobre la autopercepción y el consumo de productos para el cuidado del cuerpo.

No basta con preguntar “¿te lo compras o no?”. Conviene hablar de qué producto es, quién lo recomienda, qué promesa hay detrás y qué riesgos tiene para la salud. También importa distinguir entre categorías. No es lo mismo una crema hidratante que un suplemento nutricional, ni una app de entrenamiento que un producto asociado a ideales corporales.

La nueva negociación familiar sobre el consumo adolescente no pasa solo por decir sí o no. Pasa por entender qué significa para un menor comprar productos para su cuerpo y qué temores despierta esa decisión en los adultos.

The Conversation

Estudio realizado con la Beca Leonardo de Investigación Científica y Creación Cultural 2024 de la Fundación BBVA. La Fundación BBVA no se responsabiliza de las opiniones, comentarios y contenidos incluidos en el proyecto y/o los resultados obtenidos del mismo, los cuales son total y absoluta responsabilidad de sus autores.

José Irarrázaval y Samuel Negredo no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. ¿Quién decide? Lo que creen padres e hijos sobre la compra y consumo de productos de cuidado corporal de los adolescentes – https://theconversation.com/quien-decide-lo-que-creen-padres-e-hijos-sobre-la-compra-y-consumo-de-productos-de-cuidado-corporal-de-los-adolescentes-283828

Cómo hacer las mejores fotos del eclipse en España sin dañar la cámara (ni la vista)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Vicente-Mullor, Profesor e investigador en Fotografía e imagen, Universitat Politècnica de València

El eclipse se puede fotografiar fuadstephan/Shutterstock

El 12 de agosto de 2026, España será uno de los mejores lugares del mundo para contemplar un fenómeno astronómico extraordinario: un eclipse total de Sol. Para quienes estén dentro de la franja de totalidad del eclipse, durante unos minutos, la Luna se interpondrá exactamente entre la Tierra y el Sol.

El cielo se oscurecerá hasta producir un crepúsculo inesperado en pleno día, transformando el paisaje en una escena difícil de olvidar. El cielo revelará un espectáculo que rara vez se tiene la oportunidad de ver en directo. Para millones de personas será una experiencia única. Y, como ocurre con cualquier acontecimiento excepcional, muchos querrán conservar ese instante en forma de fotografía.

Pero aquí conviene hacer una primera advertencia importante: fotografiar un eclipse solar no tiene nada que ver con hacer una foto de vacaciones o un atardecer. Requiere cierta preparación, conocer las limitaciones de nuestros equipos y, sobre todo, tomar las medidas de seguridad adecuadas. De lo contrario, no solo podemos obtener imágenes decepcionantes, sino también dañar la cámara o, lo que es más importante, nuestros ojos.

La fotografía del eclipse empieza mucho antes del eclipse

Uno de los errores más frecuentes es pensar que todo se reduce a estar en el lugar adecuado el día señalado. En realidad, las mejores fotografías suelen ser el resultado de una preparación previa cuidadosa. El primer paso es tan simple como decisivo: lo primero es conocer con exactitud cuándo y dónde será visible el eclipse desde nuestro punto de observación. Consultar los mapas de la trayectoria y los horarios específicos para cada localidad permitirá organizar la jornada con tranquilidad y llegar con tiempo suficiente para instalar el equipo.

Pero hay un segundo aspecto igual de importante: practicar. El día del eclipse no es el mejor momento para aprender a utilizar nuevos ajustes o descubrir cómo funciona el enfoque manual. Las semanas previas ofrecen una excelente oportunidad para realizar pruebas, experimentar con diferentes configuraciones y comprender cómo responden la exposición y el enfoque ante una fuente de luz tan intensa como el sol.

Cámaras, móviles y la cuestión del aumento

Los teléfonos móviles actuales pueden producir imágenes sorprendentemente buenas, especialmente si incorporan zoom óptico. Conviene, sin embargo, evitar el zoom digital, ya que simplemente amplía los píxeles y reduce considerablemente la calidad de la imagen.

Si no se dispone de un teléfono con zoom óptico existen alternativas interesantes. Una de ellas consiste en fotografiar a través del ocular de un telescopio equipado con filtro solar. También pueden utilizarse lentes ópticas de aumento diseñadas específicamente para teléfonos móviles. Son recursos sencillos, pero pueden marcar una gran diferencia en el resultado final.

El trípode: el elemento que lo cambia todo

El sol ocupará una parte muy pequeña del encuadre, por lo que será necesario ampliar la imagen para apreciar los detalles del eclipse. Y cuanto más se amplía, más evidente se vuelve cualquier vibración. En estas circunstancias, cualquier pequeño movimiento se multiplica.

Por ello, un trípode estable se convierte en uno de los accesorios más importantes de toda la sesión fotográfica. Ya sea para una cámara o para un teléfono móvil, disponer de un soporte firme marcará la diferencia entre una imagen nítida y una fotografía borrosa.

Los filtros solares: imprescindibles, no opcionales

Si hay un elemento que no puede faltar es el filtro solar. Su función es doble: proteger el equipo fotográfico y proteger nuestros ojos, reduciendo la intensidad extrema de la luz solar. Para quienes utilicen teléfonos móviles, existe incluso la posibilidad de adaptar el material filtrante de unas gafas homologadas para eclipses y colocarlo cuidadosamente sobre las lentes de la cámara, teniendo cuidado de que no haya zonas por las que pueda entrar la luz directa.

Durante todas las fases parciales del eclipse, el filtro solar debe permanecer colocado delante del objetivo. Solo durante la totalidad del eclipse —cuando el disco solar quede completamente oculto por la Luna— puede retirarse temporalmente para fotografiar la corona solar. En cuanto reaparezca el primer destello de luz solar, el filtro debe colocarse de nuevo inmediatamente.

Un pequeño gesto que marca la diferencia

A veces los detalles más simples tienen un gran impacto. Al pulsar la pantalla del móvil o el botón de disparo de una cámara se generan pequeñas vibraciones que pueden afectar a la nitidez de la fotografía. Por este motivo, resulta muy recomendable utilizar un disparador remoto Bluetooth o activar el temporizador de la cámara. De este modo, el equipo permanece completamente inmóvil en el instante de la captura y se evitan movimientos indeseados.

Cómo configurar la cámara para el eclipse

Lo primero que hay que hacer es fijar el encuadre sobre el sol. Es aconsejable bloquear el enfoque manteniendo pulsada la pantalla y ajustar manualmente la exposición para evitar que el disco solar aparezca completamente quemado y sin detalles.

Durante la fase de totalidad, cuando el sol quede completamente cubierto y pueda retirarse el filtro solar, los modos HDR o de fotografía computacional pueden ayudar a registrar simultáneamente detalles de distintas zonas de la corona solar.

Una alternativa interesante consiste en grabar vídeo en resolución 4K (siempre con el filtro) durante las fases del eclipse. Más tarde será posible extraer fotogramas individuales de alta calidad, ampliando las posibilidades de conseguir una buena imagen final.

No todo ocurre en el cielo

Existe una tendencia natural a concentrar toda la atención en el cielo. Sin embargo, algunos de los momentos más fascinantes del eclipse sucederán a nuestro alrededor. El eclipse transformará nuestro entorno.

A medida que la Luna va cubriendo el disco solar, la luz cambia de manera sorprendente. El paisaje cambia de tonalidad, las sombras adoptan formas inesperadas que transforman por completo el entorno y aparecen efectos curiosos, como las proyecciones naturales generadas por las hojas de los árboles, que dibujan en el suelo pequeñas versiones del eclipse.

Y una última consideración para terminar: no todo el mundo tiene por qué fotografiar el eclipse. Si no se tiene mucha seguridad en el manejo de la cámara o del teléfono, o si la idea de ajustar parámetros, filtros y trípodes resulta demasiado compleja, quizá la mejor opción sea simplemente disfrutar del fenómeno en directo.

El eclipse de 2026 será un acontecimiento tan breve como irrepetible, y vivirlo sin pantallas de por medio puede ser una experiencia igualmente valiosa. Además, muchos fotógrafos y profesionales de la astro fotografía captarán imágenes extraordinarias que documentarán el evento con una calidad difícil de igualar en un contexto doméstico.

The Conversation

Pedro Vicente-Mullor no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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De dónde sale el amarillo, color del sol y azote para supersticiosos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María José Ruiz García, Profesora Titular de Universidad de Química Inorgánica, Universidad de Castilla-La Mancha

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Dice el refrán que para gustos, colores. Sin embargo, los hay que gustan a casi todo el mundo, como es caso del azul, mientras que otros, como el amarillo, despiertan opiniones diversas.

Para algunas personas, el amarillo es un color divino, que evoca al sol y al oro. Para otras, atrae a la mala suerte –y si no que se lo pregunten a la gente de la farándula–.

En lo que sí estaremos todos de acuerdo es en que, en cualquier contexto, un jardín, una exposición de arte o una fiesta de gente elegante, el amarillo destaca entre los otros colores. Y eso tiene una explicación física y biológica.

Ropa de seguridad y señales de peligro

Las células de nuestra retina tienen un máximo de sensibilidad al brillo justo en la zona del espectro visible frontera entre el verde y el amarillo. Por eso utilizamos esta tonalidad en los chalecos reflectantes, la ropa de seguridad y las señales de peligro.

Pero esa capacidad de llamar la atención viene de mucho más atrás. La humanidad ha hecho uso de ella durante miles de años. Sin ir más lejos, en la cueva de Blombos, en Sudáfrica, se han hallado restos de ocre procesados de al menos cien mil años de antigüedad.

En la búsqueda del amarillo, sin embargo, Oriente y Occidente siguieron estrategias distintas. En los amarillos orientales predominaron los que procedían de lo vivo: el azafrán persa, la cúrcuma india y la gomaguta extraída de los árboles de la familia de las gutíferas, originarios del sudeste asiático. En los occidentales, en cambio, el predominio era mineral e iba del oropimente al cromo y al cadmio.

Actualmente predominan los pigmentos de síntesis en todo el mundo. Incluso el ocre, el pigmento milenario a base de óxido de hierro que se extraía de la tierra, se sintetiza hoy de manera industrial.

Para los muy quimiofóbicos diré que esto, lejos de ser un inconveniente, supone una enorme ventaja, puesto que la obtención industrial es más barata y permite obtener un pigmento que es más uniforme y cuyo color es más duradero.

Y alguien dirá: ya, pero seguro que es más tóxico porque es artificial. Pues siento desilusionarles porque la toxicidad no deriva del origen sino de la composición química. Y, como ya dijo Paracelso hace cientos de años, solo la dosis hace el veneno.

Arsénico en las tumbas de los faraones egipcios

Valgan como ejemplos dos pigmentos naturales: el oropimente y la gomaguta. El primero de ellos, de un color amarillo brillante semejante al del oro, vino de Oriente y durante años fue utilizado profusamente, por ejemplo en las tumbas de los faraones egipcios como la de Tutankamón. Este pigmento es un sulfuro de arsénico y, como su composición indica, resulta altamente venenoso. De hecho, su uso está prohibido en la actualidad. Si hoy en día un pintor quisiese reproducir ese dorado cálido y semitransparente sin arsénico, la industria le ofrece varias alternativas sintéticas de naturaleza orgánica.

Para el color opaco, mejor usar un compuesto inorgánico, el vanadato de bismuto, que además ofrece unas interesantes aplicaciones tecnológicas; concretamente, en catálisis, rompiendo agua con luz solar para generar hidrógeno que pueda servir como combustible limpio. Esta interesante propiedad tiene el mismo origen que su color: deriva de que el pigmento es fotoactivo, es decir, reacciona con la luz. Y lo que en una lata de pintura conviene controlar para que no se estropee, en la fotocatálisis es la propiedad más deseada.

En cuanto a nuestro otro amarillo, la gomaguta, de origen vegetal, también es tóxico y tiene un potente efecto diarréico que, dependiendo de la dosis, puede ser mortal. Esto provocó su retirada como pigmento. Pero el ácido gambógico, su ingrediente principal, encontró otra aplicación en la investigación oncológica, ya que produce apoptosis –muerte inducida o “suicidio”– en células tumorales.

La cúrcuma no es pigmento, sino colorante

Una historia bien distinta es la de la cúrcuma, que no es un pigmento, sino un colorante. Como la curcumina es soluble en agua, es muy apreciada para teñir de amarillo la comida. Para poder usarla en pintura hay que fijarla sobre un sustrato inerte para fabricar una laca, o aplicarla directamente como aguada o veladura transparente. Eso condiciona todos sus usos: sirve para teñir, velar y bañar, no para cubrir.

Junto con la gualda y raramente el azafrán, debido a su elevadísimo precio, se utilizaba para la iluminación de manuscritos tanto en Oriente como en Occidente. Se aplicaba sobre hojas de estaño o plata para simular el dorado, o bajo el pan de oro para potenciar su efecto.

La cúrcuma también es capaz de teñir el algodón sin necesidad de mordiente, lo que disparó su uso en la industria textil. Además, tiene la capacidad de cambiar con el pH y con la luz, un aparente “inconveniente” en los usos artísticos clásicos que a John Herschel le sirvió en el siglo XIX para inventar la antotipia. Este nombre hace alusion a una técnica fotográfica que consiste en impregnar un papel con una disolución del colorante, cubrirlo con un negativo y exponerlo a la luz. Así, las zonas expuestas se blanquean y se obtiene una imagen fotográfica.

Por cierto, que la cúrcuma no es tóxica –su inestabilidad le otorga una bajísima biodisponibilidad– pero tampoco es ese antiinflamatorio “bueno para todo” que muchos venden, ya que por el momento no existe evidencia científica sólida de sus propiedades beneficiosas. Aunque no dejemos de alabar su valor gastronómico.

The Conversation

María José Ruiz García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El problema no es que no se pueda ‘limpiar’ el monte para prevenir incendios, es que cuesta mucho dinero

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José A. Reque Kilchenmann, Profesor Titular de Selvicultura, Universidad de Valladolid

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La búsqueda de culpables ante el drama de catástrofes naturales y pandemias es probablemente tan antigua como la humanidad. Ya Nerón en la antigua Roma acusaba a los primeros cristianos de haber incendiado la ciudad.

La construcción de estigmas sociales no es ajena a los incendios forestales y varía con el paso del tiempo. Desde las teorías que buscan una explicación basada en tramas de recalificación urbanística, mafias madereras y de energías renovables y terrorismo incendiario, hasta la culpabilización de ciertas especies autóctonas como los pinos (especialmente si son repoblaciones), ocultan la compleja realidad asociada a los terribles incendios forestales que estamos viviendo en España.

Sin embargo, hay otras explicaciones más sensatas y basadas en evidencias para el drama estival del fuego. Entre otras: el modelo de combustible y su continuidad, el cese de los sistemas agrarios tradicionales y el cambio del paisaje, el abandono rural, la homogeneización del paisaje, la biomasa forestal, el efecto multiplicador del cambio climático, la interfaz urbano-forestal, la capacidad de extinción y la falta de prevención.

En relación a la necesidad de gestión, es común, también este verano, el bulo de que “los montes se queman porque no nos dejan limpiar”. Sin aclarar a quién se le impide limpiar y quién no deja actuar.

Existe consenso social en que como estrategia básica de prevención de incendios es necesario gestionar la estructura y configuración de la vegetación de nuestros montes: la selvicultura de prevención. Pero el debate sobre quién debe realizar esta gestión arde en conversaciones, tertulias y redes sociales.

¿Qué dicen las leyes sobre la gestión de la vegetación?

La ley básica de referencia en España es la Ley de Montes de 2003 y sus respectivas trasposiciones a la normativas autonómicas. En ningún punto de la citada ley se prohíben las actuaciones propias de la selvicultura de prevención de incendios (desbroces, clareos, podas, mantenimiento de áreas cortafuegos, silvopastoralismo,…), tanto en terrenos públicos como particulares.

Por el contrario, la ley obliga a las comunidades autónomas a elaborar planes anuales y estrategias activas de prevención de incendios. Al igual que con la caza o la pesca, se establecen regulaciones ligadas a las épocas de actuación relacionadas con alertas metereológicas, periodos críticos para fauna protegida, etc.

En la mayoría de comunidades autónomas, las autorizaciones de tratamientos de prevención de incendios en montes particulares se reducen a simples declaraciones responsables o trámites electrónicos a través de las oficinas forestales y agrarias comarcales o ayuntamientos.

Para la redacción del presente artículo se ha consultado a las jefaturas de medio ambiente de varias provincias de Castilla y León afectadas gravemente por incendios en 2025 sobre el número de solicitudes de particulares de desbroce rechazadas en el último año. La respuesta fue categórica: cero.

Por tanto, desbrozar, podar y recoger leñas y piñas son actividades permitidas. Quizás el impedimento es otro: el coste de las actuaciones de prevención de incendios.

Cómo tratar la vegetación para prevenir incendios

Desde un punto de vista académico de ingeniería forestal, las mal llamadas actuaciones de “limpia” (desbroces, poda, clareos…) se encuadran dentro del ámbito de la selvicultura de prevención de incendios. Su objetivo es reducir la posibilidad de inicio del incendio y asegurar que, en caso de producirse, afecte a la menor extensión posible, con facilidad para la extinción y con mejor oportunidad de regeneración posterior.

Los tratamientos característicos de la selvicultura de prevención de incendios se tipifican mayoritariamente como no autofinanciados (no generan beneficios para pagar la intervención). Buscan reducir la continuidad de combustible en zonas estratégicas de gestión y cuestan dinero, ¡mucho!, sobre todo si se consideran las extensísimas dimensiones de monte de las que estamos hablando y su situación actual.

Una carretera a cuyos lados se encuentra un robledal y una zona con hierba corta
Ejemplo de tratamientos de prevención de incendios en un robledal cantábrico. Se trata de un área cortafuegos de 70 metros paralelo a una carretera (lado izquierdo con tratamiento, lado derecho pendiente de tratamiento). Se ha aclarado comercialmente el robledal (aprovechamiento) y desbrozado el sotobosque interrumpiendo de esta forma la continuidad de combustible . El mantenimiento funcional de estas áreas requiere controlar la invasión de matorral mediante costosos desbroces repetidos cada 3/5 años. La inclusión de las áreas cortafuegos en los planes de gestión silvopastoral, fomentando en ellas el pastoreo, ayuda a controlar la recolonización del matorral, optimiza los costes y contribuye al desarrollo rural.
José Arturo Reque Kilchenmann

Desde un punto de vista únicamente de incendios forestales, el ideal sería que todo el monte presentara una estructura sin continuidad de combustible: árboles bien aclarados y podados, sin matorral, sin hierbas secas. En definitiva, un monte “ajardinado”. Pero ambientalmente esto es totalmente rechazable (en el monte hay mucho más que modelos de combustible). Y desde un punto de vista económico es inviable pensar que hay recursos para “ajardinar” todos los montes.

El verdadero drama de los incendios forestales no ha hecho más que comenzar. Por eso es imperioso definir una cuidadosa y planificada estrategia de dónde y cómo plantear los tratamientos selvícolas de prevención de incendios.

Se repite el mantra de que es infinitamente más barato invertir en prevención que en extinción, pero no podemos olvidar que la selvicultura de prevención de incendios es mayoritariamente muy costosa. La extensión de los montes en España, su ubicación, su actual estructura y usos y las previsiones climáticas nos fuerzan a aceptar muy fuertes inversiones públicas, planificadas técnicamente a medio y largo plazo con consenso, fuera de la confrontación política y del bulo.

Es también necesario asumir que el propietario particular de montes no tiene los medios para abordar la selvicultura de prevención. Por eso, la sociedad, en su conjunto, deberá contribuir en la financiación y apoyo de estos tratamientos.

El reto de la selvicultura de este segundo cuarto del siglo XXI será optimizar, regular y planificar estratégicamente la inversión de prevención de incendios e integrarla en la gestión del territorio; buscar la disminución de sus costes; fomentar las actividades de puesta en valor de los recursos forestales y sus aprovechamientos (selvicultura, silvopastoralismo, etc.), y trasladar a la sociedad información clara de los fundamentos de la base técnica y científica de las actuaciones de gestión forestal.

The Conversation

José A. Reque Kilchenmann no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El problema no es que no se pueda ‘limpiar’ el monte para prevenir incendios, es que cuesta mucho dinero – https://theconversation.com/el-problema-no-es-que-no-se-pueda-limpiar-el-monte-para-prevenir-incendios-es-que-cuesta-mucho-dinero-288670

Ceuta, Europa y la geopolítica: cuando la frontera se convierte en arma y el migrante en munición

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Velasco, Profesor de Investigación. Grupo "Filosofía Social y Política" (FISOPOL). Jefe del Departamento de Filosofía Teórica y Práctica, Instituto de Filosofía (IFS-CSIC)

RTVE

En el tablero de la geopolítica contemporánea, los migrantes han dejado de ser únicamente personas que buscan un futuro mejor para convertirse, en no pocas ocasiones, en instrumentos de presión utilizados no solo por actores estatales. La utilización de movimientos de población –propios o foráneos– como palanca estratégica revela una realidad incómoda: las crisis migratorias no son siempre fenómenos espontáneos. Detrás de los cruces masivos de fronteras hay decisiones políticas, cálculos diplomáticos y desigualdades globales que convierten el sufrimiento humano en moneda de cambio internacional.

En distintos puntos del mundo, ciertos movimientos de población, sobre todo cuando se producen de manera masiva y en un corto periodo de tiempo, han sido utilizados no tanto para conquistar territorio, sino para enviar mensajes políticos, forzar negociaciones o desestabilizar al vecino. Esta instrumentalización no es la única clave explicativa, pero ayuda a comprender por qué las fronteras, lejos de ser meras líneas de demarcación jurisdiccional, se transforman en escenarios de confrontación y negociación entre Estados.

Ceuta, un pulso local con relevancia global

En este contexto, Ceuta y Melilla ocupan un lugar singular. Son las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea con África y constituyen enclaves europeos en territorio marroquí sometidos a un régimen jurídico excepcional. Su particular configuración las convierte en espacios especialmente sensibles a las tensiones políticas y diplomáticas. Se trata de dos localidades rodeadas de algunos de los sistemas de vallados más sofisticados del mundo, con un control cotidiano de extrema dureza y fronteras físicamente muy cerradas.

También en el plano jurídico reina la confusión. Aunque en Marruecos circula la idea de que pisar suelo ceutí abre automáticamente la puerta a Europa, la normativa española y comunitaria es inequívoca. La entrada irregular en los enclaves no permite viajar a la Península sin controles documentales estrictos. Esta ambigüedad, alimentada a veces de manera interesada, facilita que los flujos migratorios se utilicen como mecanismo de presión en momentos de fricción bilateral.

Los episodios de mayo de 2021 y julio de 2026 ilustran esta dinámica con claridad. En 2021, unas 10 000 personas cruzaron la frontera en apenas 48 horas. Aquel ingreso masivo se produjo en un contexto de tensión diplomática por la acogida de Brahim Gali, líder del Frente Polisario, para ser atendido de coronavirus en un hospital de Logroño. El número de migrantes que entraron a Ceuta desde el 30 de julio de 2026 se eleva a 72 000. Desde esa fecha se han contabilizado 77 autopsias a cuerpos hallados en el mar. La ONG Caminando Fronteras cifra en 141 los fallecidos

Ambos casos muestran cómo la frontera puede convertirse en un instrumento de confrontación híbrida. No es un fenómeno aislado: Turquía lo hizo en 2015; Bielorrusia, en 2021; y Marruecos ha recurrido en varias ocasiones a estrategias similares.

El mal negocio de externalizar fronteras

El acuerdo UE–Turquía de 2016 es un ejemplo paradigmático de cómo la externalización del control fronterizo genera vulnerabilidades estratégicas. Ankara utilizó a los refugiados como palanca de negociación y logró generosas contrapartidas monetarias a cambio de frenar su flujo hacia la UE. Ese precedente ayudó a consolidar un sistema de extorsiones sistematizado. Los estados vecinos aprendieron que abrir o cerrar el grifo migratorio es una herramienta de negociación poderosa. Delegar el control crea puntos de presión que esos países saben explotar.

Detrás de estas maniobras geopolíticas se oculta un coste humano devastador, a menudo silenciado por los análisis geopolíticos. Las decisiones tomadas en despachos lejanos se traducen, en última instancia, en vidas perdidas. Los migrantes, aun cuando fueran conscientes de que son utilizados para intereses espurios, carecen de alternativas reales. La falta de oportunidades y de vías legales empuja a muchas personas migrantes a asumir riesgos extremos, convirtiéndolos en el eslabón más frágil de un sistema que los instrumentaliza.

La tragedia de este mismo verano revela la dimensión humana de estas estrategias y cuestiona que la cooperación económica sea suficiente para garantizar sólidas relaciones de apoyo entre estados.

España, atrapada en una bisagra geopolítica

Este escenario se inscribe en un marco europeo marcado por un giro sostenido hacia la securitización. Desde comienzos del siglo XXI, España ocupa una posición singular en la política migratoria de la Unión. Su condición de frontera exterior, ubicada además en la línea geopolítica y geoeconómica que separa el Norte y el Sur global, la sitúa en el punto de colisión de dos lógicas: la securitaria, que prioriza la vigilancia, la contención y la externalización; y la humanitaria, que insiste en que la migración es un fenómeno estructural que exige protección y derechos.

El fortalecimiento de Frontex (el organismo de la Unión Europea encargado de proteger sus fronteras exteriores) y la expansión de las políticas de externalización han desplazado el centro de gravedad de la acción comunitaria. La prioridad ya no es la solidaridad interna, sino evitar que los flujos lleguen a territorio europeo. Para España, esto implica una creciente dependencia operativa de las estructuras europeas y una presión política para alinearse con la narrativa del “control eficaz”, lo que reduce su margen de actuación autónoma.




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Ceuta y Melilla funcionan, en este sentido, como laboratorios a pequeña escala de la política fronteriza europea: allí se ensayan y se hacen visibles las tensiones entre control, externalización y derechos.

El posicionamiento de los socios europeos influye de manera decisiva en esta ecuación. Los Estados del norte y del este tienden a reforzar la securitización, mientras que los países del sur reclaman corresponsabilidad y mecanismos de reparto que reconozcan la carga diferencial que soportan las fronteras exteriores. España ocupa una posición bisagra: es frontera exterior y, por tanto, actor securitario; es país mediterráneo y, por tanto, actor solidario; es socio europeo y, por tanto, actor condicionado; y es potencia regional, lo que la convierte en actor negociador.

La tensión entre securitización y solidaridad no es un dilema pasajero, sino una estructura permanente de la política migratoria europea. En ella, España debe equilibrar la gestión de la frontera con la preservación de los principios democráticos y humanitarios que sustentan su acción exterior, consciente de que la forma en que responda a estos desafíos definirá no solo su relación con Marruecos, sino también la naturaleza del proyecto europeo en su conjunto.

The Conversation

Juan Carlos Velasco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá de sus funciones como Investigador Principal del Proyecto “Desigualdades, privilegios y justicia global – PRIVILEGIA” (PID2022-136448OB-I00), financiado por el Plan Estatal de I+D del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

ref. Ceuta, Europa y la geopolítica: cuando la frontera se convierte en arma y el migrante en munición – https://theconversation.com/ceuta-europa-y-la-geopolitica-cuando-la-frontera-se-convierte-en-arma-y-el-migrante-en-municion-289196

El problema de las partículas contaminantes en el aire de Andalucía, donde todavía se supera el límite europeo para 2030

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Pérez Vizcaíno, Investigador Predoctoral, Universidad de Huelva

Las personas nos preocupamos por aspectos como la calidad de los alimentos que consumimos o del agua que bebemos, pero ¿pensamos alguna vez en la calidad del aire que respiramos?

Además de gases, en el aire flotan numerosas partículas que inhalamos continuamente sin darnos cuenta. Debido a su pequeño tamaño, algunas son capaces de penetrar en los pulmones y alcanzar el torrente sanguíneo, relacionándose con enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Al conjunto de estas partículas se le conoce como material particulado atmosférico, comúnmente abreviado como APM o simplemente PM, por el término inglés atmospheric particulate matter.

Comparativa del diámetro de las fracciones PM10 y PM2.5 con el tamaño de un pelo humano y un grano de arena
Comparativa del diámetro de las fracciones PM10 y PM 2.5 (con diámetro igual o inferior a 10 y 2,5 micrómetros, respectivamente) del material particulado atmosférico con el de un cabello humano y un grano de arena fina de playa.
Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos

Europa endurece los límites de las PM10

El material particulado atmosférico es un indicador de la contaminación del aire, reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la mayor amenaza ambiental para la salud humana.

La preocupación por sus efectos dañinos llevó a la Unión Europea a regular los niveles de las PM10 –partículas con un diámetro aerodinámico igual o inferior a 10 micrómetros (µm)– por primera vez en 1999. Así, el valor límite de concentración media anual establecido fue de 40 microgramos por metro cúbico (µg/m³), que fue reafirmado en una directiva posterior publicada en 2008. Sin embargo, tras una recomendación de la OMS, este límite será reducido a 20 µg/m³ a partir de 2030 tras la entrada en vigor de la nueva normativa europea.

Durante las dos últimas décadas, se ha observado una tendencia sostenida a la disminución de las concentraciones medias anuales de las PM10 a nivel europeo. No obstante, se estima que, en distintas regiones del continente, como el sur de España, el norte de Italia o algunos países balcánicos, la probabilidad de incumplir el nuevo límite anual será alta.




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¿Dónde está el problema en Andalucía?

Con más de 8,7 millones de habitantes, Andalucía es la comunidad autónoma más poblada de España y la segunda con mayor superficie. Su gobierno autonómico cuenta con una extensa Red de Vigilancia y Control de la Calidad del Aire formada por casi un centenar de estaciones de medición distribuidas por el territorio andaluz. Estas estaciones están ubicadas en distintos tipos de entornos: urbanos, industriales, puntos calientes de tráfico y rurales.

En un estudio reciente, investigadores de la Universidad de Huelva y del IDAEA-CSIC seleccionamos 21 de esas estaciones y evaluamos las distintas fuentes naturales y antropogénicas de las PM10 entre 2021 y 2023. Los resultados mostraron que en Andalucía existen seis fuentes principales de PM10: crustal, marina, tráfico, regional, industrial y combustión. Cada una de ellas presentaba una composición química característica.

Mapa con la localización de las ocho capitales de provincia de Andalucía y de las 21 estaciones de medición
Mapa con la localización de las ocho capitales de provincia de Andalucía (círculos negros) y de las 21 estaciones de medición consideradas en el estudio. Las estaciones que superaron el límite anual de 20 µg/m3 se indican en rojo; aquellas próximas al límite, en amarillo; y aquellas claramente por debajo del límite, en verde.
Modificado de Pérez-Vizcaíno et al., 2026.

La fuente crustal se asocia a partículas generadas por la resuspensión de polvo y el transporte de material mineral (por ejemplo, calimas). La marina está relacionada con partículas originadas por la acción del viento y el oleaje. Y la fuente de tráfico está asociada a las emisiones del tubo de escape de los vehículos y el desgaste de frenos y neumáticos, y se caracteriza por contener elementos como el cromo, el cobre, el hierro, el cadmio, el zinc y el carbono elemental.




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La fuente regional se relaciona con la generación secundaria de partículas y el transporte desde larga distancia de diversos tipos de emisiones y la industrial está asociada a las emisiones de fundiciones, refinerías, centrales eléctricas y otras instalaciones. Los elementos que la caracterizan son el arsénico, el cadmio, el cobre, el níquel, el plomo y el zinc.

Finalmente, la fuente de combustión se relaciona con quemas agrícolas, calefacción doméstica y tráfico, y contiene principalmente potasio, rubidio, carbono orgánico y carbono elemental.

La principal fuente antropogénica fue la combustión, salvo en aquellas estaciones situadas en ciudades con una elevada densidad de tráfico rodado, donde este era el principal responsable de su emisión.

En nueve de las 21 estaciones, la suma de las concentraciones de las fuentes superó el límite de 20 µg/m³. Esto pone de manifiesto la necesidad de reducir las emisiones originadas por la actividad humana en las áreas donde se localizan.




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Propuestas de actuación de cara a 2030

Uno de los grandes desafíos para reducir la concentración de las PM10 es el tráfico, especialmente en ciudades con un importante volumen de vehículos como Sevilla y Granada. Las principales medidas para lograrlo pasan por fomentar el uso del transporte público, los desplazamientos a pie o en bicicleta, y la implementación de zonas de bajas emisiones eficaces.

La actividad industrial también desempeña un papel importante en algunas zonas andaluzas como la ría de Huelva o la bahía de Algeciras. La modernización de las instalaciones y el control de las emisiones a través de tecnologías de abatimiento permitirán reducir la concentración de esta fuente.

Otro foco importante son los procesos de combustión de biomasa y otros combustibles, tanto en el ámbito doméstico como industrial, en regiones de Andalucía como Jaén. La estrategia para reducir la generación de partículas pasa por utilizar sistemas de calefacción más eficientes y la imposición de mayores restricciones a determinadas quemas.

El siguiente paso para reducir los efectos perjudiciales de las PM10 será conocer su comportamiento durante las distintas horas del día. La instrumentación clásica no permite este análisis, ya que los datos proporcionados son de resolución diaria (un dato cada 24 horas). Por lo tanto, es necesario emplear equipos de alta resolución temporal que proporcionen medidas a nivel horario. Estudiar el material particulado atmosférico es importante porque, aunque no podamos verlo, forma parte del aire que respiramos continuamente.

The Conversation

Pablo Pérez Vizcaíno recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades-Agencia Estatal de Investigación (Referencia PRE2022-105241) asociados al proyecto de investigación para la formación durante el periodo predoctoral.

Ana María Sánchez de la Campa Verdona recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades-Agencia Estatal de Investigación asociados al proyecto PID2024-157355OB-I00 para apoyo financiero y técnico.

ref. El problema de las partículas contaminantes en el aire de Andalucía, donde todavía se supera el límite europeo para 2030 – https://theconversation.com/el-problema-de-las-particulas-contaminantes-en-el-aire-de-andalucia-donde-todavia-se-supera-el-limite-europeo-para-2030-283522

El día se hace noche: cómo disfrutar del eclipse aprendiendo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julio Ballesta Claver, Profesor Titular de didáctica de las ciencias experimentales, Universidad de Granada

El 12 de agosto de 2026, sobre las 20:30 horas, en muchos puntos de España y durante apenas un minuto y pico, ocurrirá un “apagón” natural. Se hará de golpe de noche. El Sol quedará perfectamente tapado: podremos observar un eclipse solar total.

Cuando ocurra, el Sol estará muy bajo en el cielo (se estará poniendo). Tendremos que mirar al oeste (usa la brújula de tu móvil) y buscar un lugar abierto que no haya edificios, árboles ni montañas delante. Pero habrá algo raro. Si nos ponemos a buscar en el cielo, no podremos encontrar la Luna.

¿Dónde se ha metido la Luna?

La Luna estará justo ante nuestros ojos. Su silueta oscura será la que cubra o “eclipse” totalmente al Sol, porque ella se colocará en medio, entre el Sol y la Tierra, y lo dejará todo a oscuras.

Pero ¿cómo puede la pequeña Luna tapar una estrella tan enorme en comparación? El Sol es unas 400 veces mayor que la Luna (en diámetro), pero la distancia entre la Tierra y el Sol también es unas 400 veces mayor que la distancia entre nuestro planeta y su satélite (al estar el Sol tan lejos, se ve pequeño). Por eso, vistos desde aquí, ambos ocupan el mismo tamaño en el cielo, estas diferencias se compensan y… ¡Ya tenemos eclipse! ¿Qué casualidad, no?

Podemos comprobarlo intentando cubrir una farola lejana por la noche con nuestro pulgar. El dedo es mucho más pequeño, pero, al encontrarse cerca de los ojos, puede ocultarla.

Algo que no pudieron ver nuestros abuelos

¿Por qué es tan especial este eclipse? Porque desde 1905 (¡¡más de 120 años!!) no hemos podido ver un oscurecimiento total del Sol en España.

En cambio, sí hemos visto eclipses parciales, aquellos en los que solo se oculta una parte (como si alguien le hubiera dado un “bocado” al Sol). Pero el 12 de agosto seremos espectadores de algo que no pudieron contemplar nuestros padres ni nuestros abuelos en España.

¿Quién se ha comido el Sol?

Imaginemos los hombres de la antigüedad, cuando apenas entendíamos cómo funcionaba el universo, encontrándose con esta situación. Al ver que el Sol desaparecía en pleno día, muchas culturas del pasado imaginaban que un animal gigantesco devoraba nuestra estrella. En relatos chinos era un dragón; en la mitología nórdica, un lobo; y en algunos pueblos andinos, un puma. La gente gritaba o golpeaba tambores para ahuyentarlo y aquello parecía funcionar porque, al rato, el Sol reaparecía.




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Más adelante, un matemático griego famoso, Tales de Mileto, se dio cuenta de que los eclipses podían predecirse: él calculó que se produciría uno en su tierra natal en algún día del año 585 antes de Jesucristo. Efectivamente llegó el día, justo en mitad de una batalla, en que el cielo se oscureció y de repente, los soldados, dejaron de luchar. Tales se dio cuenta de algo: el cielo cambia, pero no lo hace de forma caprichosa.

¿Cómo se predice un eclipse?

Hoy sabemos que la Luna tarda aproximadamente un mes en dar una vuelta alrededor de la Tierra. Entonces, cuando lo haga, ¿volverá a tapar el Sol? Según lo dicho sería que sí, porque vuelve, pero eso no ocurre. ¿La razón? Su órbita está un poco inclinada, unos 5° respecto al plano orbital en el que la Tierra gira alrededor del Sol. Por eso, casi siempre la Luna pasa un poco por encima o por debajo de ese plano que une el Sol y la Tierra, de manera que la sombra no llega hasta nosotros.

Pero hay dos momentos al año en que el Sol, la Luna y la Tierra quedan totalmente alineados en ese plano y ahí sí se produce un eclipse (como se ve en la siguiente imagen).

Entonces, ¿por qué esos dos eclipses al año no los vemos siempre en España? Porque esta alineación nunca sucede en el mismo sitio en la Tierra: va cambiando. Por eso, debemos aprovechar lo que va a pasar.

¿Cómo lo veremos en España?

Podemos jugar a ser astrónomos y predecir cuánto del Sol quedará cubierto por la Luna según donde nos encontremos a partir de la siguiente imagen del Instituto Geográfico Nacional. Veamos cómo funciona: supongamos que estamos en Almería. ¿Qué veremos allí, un eclipse total o parcial?

En el mapa, la línea blanca que pasa por Almería marca un 96 %. Eso significa que la Luna tapará el 96 % del disco solar, por lo que se observará un eclipse parcial. Aunque suene a “casi total”, no lo parecerá: ese 4 % de Sol que queda libre sigue dando mucha luz, así que el cielo se verá como un día nublado, no como un anochecer repentino.

¿Y si estamos en Teruel? ¡Estaremos de suerte! Allí veremos un eclipse total, el cual durará un minuto y treinta segundos. Las líneas amarillas del mapa indican ese tipo de eclipse y su duración.

¿Cuál es la mejor forma de verlo?

Mirar al Sol es un riesgo muy grande (no se debe hacer sin protección). Lo mejor es usar gafas o visores homologados, que cumplan la norma ISO 12312-2. Con ellos sólo veremos el eclipse: un círculo amarillo que se irá tapando (no veremos el cielo ni nada mas: son superoscuras). No se deben usar gafas de sol normales, radiografías o cristales oscuros porque no están preparados para ello.

Otra manera de verlo es utilizando unos prismáticos como proyector (atención, NUNCA mirando por ellos). La manera de hacerlo es la siguiente: tapando una de las lentes grandes con un tapón, y orientando la otra hacia el Sol. Si proyectamos hacia una cartulina blanca detrás del ocular (la lente pequeña, por donde normalmente miramos), veremos la imagen del Sol sobre la cartulina. ¡Y repetimos! Nunca hay que mirar directamente por los prismáticos hacia el Sol: concentran tanto la luz que pueden dañar la vista en pocos segundos.

¿Qué más pasará durante el eclipse de Sol?

Durante el eclipse, podremos fijarnos en:

  • ¿Qué pasará con la temperatura? Bajará varios grados de golpe, aunque, como este eclipse ocurre al atardecer, el cambio se notará menos que si pasara a mediodía.

  • Si estamos cerca de árboles, ¿que forma tienen las sombras de las hojas? Puede que veas medias lunas: los huecos entre las hojas actúan como miles de agujeritos y proyectan el Sol tal y como se ve en ese momento. ¡Una pasada! Este efecto solo ocurre cuando hay eclipse parcial y desaparece durante el tiempo del eclipse total.

  • ¿Qué ocurrirá con los animales? Muchos pájaros dejan de cantar y algunos animales se comportan como si fuera de noche, aunque el fenómeno dure solo unos minutos.

  • ¿Qué le pasará al viento? ¿Seguirá igual? No exactamente: el aire puede volverse algo más flojo y cambiar de dirección, un fenómeno real llamado “viento de eclipse”, causado por el enfriamiento repentino del suelo. Pero al ocurrir al atardecer se notará menos que en un eclipse a mediodía.

  • Y lo más curioso: ¿qué pasará con los colores del cielo? Si va todo bien, conforme avance veremos que se tiñe de naranjas y rojizos por los cuatro costados, dando un atardecer eclipsado. Pero muchísimo cuidado: no hay que mirar al Sol sin las gafas especiales aunque sea al atardecer, porque seguirá dañando a la vista.




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¿Y si se nos pasa el verlo?

El año que viene tendremos otro el 2 de agosto de 2027, el cual se podrá ver desde el extremo sur del país (Cádiz, Málaga, Ceuta y Melilla), pero en mucho menos territorio que ahora. ¡Mejor no perderse este!

Y si después de verlo nos quedamos con ganas de más, solo hay que esperar dos semanas para disfrutar de un eclipse de Luna: la noche del 27 al 28 de agosto. Este será visible en toda España y sin ningún peligro para la vista, pero eso será otra historia.

The Conversation

Julio Ballesta Claver no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El día se hace noche: cómo disfrutar del eclipse aprendiendo – https://theconversation.com/el-dia-se-hace-noche-como-disfrutar-del-eclipse-aprendiendo-288974

Las empresas con propósito favorecen el bienestar de sus trabajadores

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Paula Flórez Jiménez, Assistant professor, School of Economics & Business, Universidad de Navarra

Prostock-studio/Shutterstock

Hace ya seis años que la pandemia transformó profundamente y a nivel mundial la forma de trabajar de muchas personas. Con la expansión del teletrabajo y los entornos híbridos, las dinámicas sociales dentro de las organizaciones cambiaron y las relaciones interpersonales se debilitaron.

Si sabemos que la conexión social y el sentido de pertenencia en los equipos de trabajo son una fuente de bienestar social para las personas, inevitablemente surge la pregunta: ¿cómo fortalecer el bienestar de los equipos pese a este nuevo modelo de trabajo?

Investigadores de la Universidad de Navarra, la Universidad de La Sabana, la Universidad de Harvard y la Universidad de Castilla-La Mancha proponemos una respuesta clara: un propósito organizativo fuerte puede ser un motor para el bienestar social en el trabajo.




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Una fuerza viva

El propósito organizativo es la herramienta de cohesión generada por las organizaciones a partir de su identidad y de aquellos valores que considera significativos.

Un propósito organizativo fuerte es una guía para las acciones diarias de los miembros de la organización. Se caracteriza por tener tres rasgos esenciales:

  1. Se entiende: los empleados comprenden el propósito y pueden explicarlo con sus propias palabras. Por ejemplo, cuando se les pregunta cuál es el propósito de la organización, lo describen de forma clara y coherente, sin depender de frases memorizadas.

  2. Se interioriza: el propósito adquiere sentido para los empleados. Por ejemplo, estos manifiestan que éste conecta con sus valores y aspiraciones personales.

  3. Se vive: las personas perciben que su trabajo diario contribuye al propósito. Por ejemplo, al priorizar tareas y planificar proyectos, los empleados buscan que sus acciones reflejen el propósito de la organización y generen un impacto real.

Cuando estos tres elementos se alinean, el propósito deja de ser un discurso abstracto y se convierte en una palanca de cohesión capaz de unir equipos, incluso en entornos híbridos o remotos.

Cada vez más organizaciones están trabajando para trasladar su propósito a su cultura y prácticas diarias. Por ejemplo, ISS una de las empresas líderes de facility management define su propósito como “conectar personas y lugares para contribuir a un mundo mejor” y lo refleja en una cultura organizativa centrada en el trabajo inclusivo.

Del propósito al bienestar social como resultado

Los equipos en los que el propósito está más arraigado tienden a mostrar niveles más altos de colaboración y sentido de pertenencia, dos pilares básicos del bienestar de las personas. De hecho, el sentido de pertenencia fortalece los lazos interpersonales y el compromiso colectivo, y hace de puente entre el propósito de la organización y la colaboración de los trabajadores.

Además, el propósito se vuelve especialmente relevante en contextos donde otros mecanismos de cohesión social, como las interacciones interpersonales, son más difíciles. Por ejemplo, en grupos grandes o con distintas ubicaciones físicas.

Esta relación se hace más importante en el entorno laboral actual, donde el vínculo tradicional del espacio físico se ha debilitado. Así, el propósito ofrece una nueva forma de conexión. Más allá de “trabajar juntos”, se trata de “trabajar por algo (el propósito) que nos une”.




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Autonomía, competencia y relaciones interpersonales

La existencia de un propósito organizativo promueve el sentido de pertenencia porque satisface tres necesidades psicológicas básicas: autonomía, competencia y relación.

  1. Autonomía: cuando el propósito es claro permite que los empleados puedan conectarlo con sus propias experiencias, lo que fortalece su sentido de pertenencia a la organización.

  2. Competencia: cuando los empleados comprenden el propósito de la organización y sienten que su trabajo diario ayuda a desarrollarlo, se perciben como capaces, competentes y valiosos. Esa sensación refuerza su vínculo y su identificación con la organización.

  3. Relación: la autonomía y la sensación de capacidad generadas por un propósito fuerte fomentan la participación activa de los empleados y crean interacciones más significativas, lo que refuerza el sentido de comunidad dentro de la organización.

Si los valores personales coinciden con los de la organización, el propósito se percibe como verdaderamente significativo, alimentando el “nosotros” y reforzando la identificación con la empresa.




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Generar bienestar a través del propósito

Traducir el propósito de la organización en bienestar para las personas exige que haya:

  1. Claridad sobre el propósito organizativo. Los líderes deben comprender el propósito para poder comunicarlo. Además, las acciones de la empresa deben basarse en el propósito y explicarse a partir de él. Así, los empleados lo perciben en acciones concretas, no solo en palabras.

  2. Conexión personal con los valores. Las organizaciones deben formar a sus líderes para que sea capaces de comunicar a sus empleados el propósito de la organización, y de ayudarles a encontrar la conexión entre este y sus valores personales. También es útil crear espacios de diálogo (talleres, reuniones o cafés) para fortalecer la confianza mutua y reflexionar sobre lo que da sentido al trabajo.

  3. Contribución significativa al propósito. Las organizaciones deben ayudar a los empleados a identificar cómo contribuye su trabajo a los objetivos comunes. También es importante fomentar la autonomía, la iniciativa y la participación, para que los empleados puedan proponer nuevas formas de alinear sus tareas con el propósito corporativo. Además, las políticas de recursos humanos y los sistemas de evaluación deberían reconocer y premiar contribuciones alineadas con el propósito.

  4. Medición para la mejora. Evaluar la fuerza del propósito y el bienestar de los empleados asegura que estos aspectos reciban atención constante y se traduzcan en mejoras concretas para los equipos.




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Humanizar la productividad

El bienestar de los trabajadores, una responsabilidad ética de las organizaciones, fortalece la cultura organizativa y la hace más sólida y resiliente.

Un propósito organizativo fuerte no solo impulsa el rendimiento, sino que humaniza la productividad. Los equipos que lo viven experimentan sentido de pertenencia, colaboración y bienestar social, transformando su trabajo en un espacio donde las personas realmente quieren estar, crecer y aportar.

The Conversation

María Paula, además de ser profesora asistente en la Universidad de Navarra, es investigadora afiliada de EICEA, Universidad de la Sabana y SHINE Harvard.

Álvaro Lleó es Profesor Titular de la Universidad de Navarra, director del Purpose Strength Project e investigador asociado a SHINE Havard. Recibe fondos para esta investigación de la Cátedra ISS sobre desarrollo de organizaciones sostenibles de la Universidad de Navarra

Pablo Ruiz Palomino recibe fondos del Ministerio a través del proyecto PID2023-148301NB-I00 (MICIU/AEI/10.13039/501100011033) y de un proyecto de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (SBPLY/23/180225/000152, Agencia de Investigación e Innovación de Castilla-LaMancha).

ref. Las empresas con propósito favorecen el bienestar de sus trabajadores – https://theconversation.com/las-empresas-con-proposito-favorecen-el-bienestar-de-sus-trabajadores-266951

Los ojos de Copito de Nieve

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Montoliu, Investigador científico del CSIC, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

Copito de Nieve, en el zoo de Barcelona en 2003. aTarom/Wikimedia Commons

Ser prácticamente coetáneo de un animal singular imprime carácter. O al menos, yo lo he vivido así. Me estoy refiriendo a Copito de Nieve, el primer y único gorila albino conocido, que probablemente influyó en que eligiera el tema de investigación al que he dedicado más de 30 años de mi profesión: el albinismo.

Copito de Nieve fue descubierto por unos cazadores en Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) en 1966 y vendido a un primatólogo autodidacta que trabajaba en una plantación en Guinea: Jordi Sabaté Pi. Fue él quien decidió trasladarlo al Parque Zoológico de Barcelona, recinto que pisó por primera vez en noviembre de 1966, hace ahora 60 años.

¿Le miraba o me miraba él a mí?

La fecha de nacimiento de Copito se desconoce, porque nació en libertad, pero se calcula que debió venir al mundo en 1963 o 1964. Yo nací a finales de 1963 en Barcelona y recuerdo sucesivas visitas al zoo de mi ciudad natal, acompañado de mis padres, viendo cómo este gorila albino crecía y se convertía en un animal adulto, como yo. Y siempre tuve la misma sensación cuando me acercaba al cristal para verlo: esa inquietante percepción de no saber si tú estabas mirando al gorila, o más bien era el gorila quien te estaba mirando a ti. De no saber quién estaba en una jaula, si él o tú. Mirar a los ojos a un gran simio, como un gorila, es percatarte de que somos familia. Somos primates, nos parecemos mucho.

Lo llamábamos floquet de neu, en catalán, aunque su nombre original, en la lengua fang, era Nfumu Ngui, que quiere decir “gorila blanco”. El nombre por el que conocemos a este animal singular se lo pusieron unos periodistas norteamericanos de la revista National Geographic: Snowflake, que significa en inglés “copo de nieve”. Copito apareció en su portada en marzo de 1967.

Aunque mi memoria flaquea con las fechas, seguramente una de las últimas veces que lo vi en el zoo fue a finales de los 80. Tras terminar mi tesis doctoral en 1990 me fui a Alemania cinco años y poco tiempo después de mi regreso concursé y obtuve plaza en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Madrid, en el Centro Nacional de Biotecnología, donde inauguré mi laboratorio en 1997, hasta hoy.

¿Por qué tenía los ojos azules?

El albinismo en mamíferos no solamente cursa con una aparente falta total o parcial de pigmentación, sino que conlleva un déficit visual importante. Por ello, raramente los mamíferos con albinismo logran sobrevivir en la naturaleza. De no haber sido rescatado, Copito seguramente habría muerto tras poco tiempo en la selva.

En noviembre de 2003, los veterinarios del zoo de Barcelona decidieron poner fin a su sufrimiento y dolor producido por un cáncer de piel con metástasis que había desarrollado precisamente por carecer de pigmentación protectora en la piel y pelaje. Murió con unos 40 años de edad.

Yo me enteré de la muerte de Copito de Nieve en un avión, regresando de un congreso en Ámsterdam, al leer la noticia en un periódico, cuando se repartían gratuitamente entre el pasaje. Y, al poco de aterrizar, me faltó tiempo para contactar con el banco de tejidos animales de la Universidad Autònoma de Barcelona, el BTAC, que era donde acababan los restos de animales que fallecían o eran sacrificados en el zoo de Barcelona.

Mi intención era obtener los ojos de Copito para poder analizarlos. Porque los ojos del gorila no eran rojos (como quizá cabría esperar de su albinismo), sino azules. Y yo ya sabía que ese color era síntoma de la presencia de una cantidad limitada de pigmentación.

Los ojos azules son producto de un efecto óptico, una interferencia física llamada “efecto Tyndall” mediante la cual todos los colores del espectro lumínico atraviesan el iris poco pigmentado excepto las longitudes de onda más cortas. Estas corresponden al rango del azul, que son las que se reflejan y las que dan ese color virtual azulado. Curiosamente, el efecto Tyndall también explica por qué el cielo es azul.

En busca de la mutación

¿Por qué quería yo obtener a toda costa los ojos de Copito en 2003? Porque no sabíamos qué clase de albinismo tenía este gorila. No hay uno sino muchos tipos de albinismo (22 subtipos actualmente). La modalidad más común en las personas es el oculocutáneo de tipo 1 (OCA1), causado por mutaciones en el gen de la tirosinasa, la enzima que inicia la producción de melanina. Por eso se había asumido históricamente que Copito debía ser también OCA1. Sin embargo, cuando los expertos del laboratorio de Jaume Bertranpetit (Universitat Pompeu Fabra, UPF) secuenciaron el gen de la tirosinasa de Copito, no consiguieron encontrar mutación alguna en el gen.

Nosotros pensábamos que la mutación que debía afectar al gorila albino del zoo de Barcelona debía estar en alguna zona colindante del genoma, con una función reguladora que determina cómo debe expresarse el gen de la tirosinasa. Ya habíamos observado que, pese a estar alejadas del gen, este tipo de alteraciones afectaban a la pigmentación de ratones con albinismo. En esos casos aparecían señales de pigmentación limitada en los ojos de los animales, que era lo que intuíamos podía pasarle a Copito.

Tras el pertinente papeleo administrativo, recibimos los bloques de parafina con los ojos de Copito fijados que procedimos a analizar histológicamente. El ojo de un gorila tiene un tamaño (22 mm) similar al de un ojo humano (24 mm). Son tan grandes que apenas nos cabían las secciones completas en un solo cristal portaobjetos. Tuvimos que usar cristales de mayor tamaño.

Y, efectivamente, descubrimos pigmentación en la retina de los ojos de Copito, tanto en el coroides –la capa de tejido con células pigmentarias (melanocitos) que rodea la retina– como en la monocapa de células del epitelio pigmentario que conforma la base de la retina.

No había lugar a dudas: Copito tenía pigmentación en la retina de los ojos, lo cual explicaba su color azul. No podía ser un animal OCA1A clásico, sin rastro de pigmento. Si acaso debería ser del subtipo OCA1B, con algo de pigmento. Para ratificarlo había que encontrar la mutación responsable en la zona reguladora del gen de la tirosinasa.

Sin embargo, por más que lo intentamos, nunca conseguimos encontrar una mutación en zona reguladora que pudiera explicar esa pigmentación limitada. Tras algún tiempo y muchos intentos, devolvimos los bloques de ojos del gorila albino al BTAC. No siempre salen los proyectos científicos.

Misterio resuelto

La solución al problema vino de la mano del laboratorio de Tomás Marquès Bonet (Institut de Biologia Evolutiva-UPF/CSIC), quien aprovechó la fortaleza y el desarrollo de las técnicas de secuenciación masiva para obtener la secuencia completa del genoma de Copito. Al compararla con la de otros gorilas, no albinos, descubrió una mutación en el gen SLC45A2, causante del albinismo oculocutáneo de tipo 4 (OCA4). Por eso nosotros no encontrábamos la mutación de Copito en el gen de la tirosinasa.

Ese mismo gen es el que está mutado en los tigres albinos y en personas con albinismo OCA4, como la actriz y presentadora española Patty Bonet, que también tiene los ojos azules.

Esta historia la he relatado en alguno de mis libros, cuando he hablado de albinismo en animales. Existe mucha información adicional sobre el icónico Copito de Nieve, tanto en el Zoo de Barcelona, como en la biografía de Jordi Sabaté Pi que ha escrito Toni Pou.

Por cierto, el paradero y destino de los restos de Copito también han sido motivo de polémica, como descubrió el periodista Antonio Martínez Ron.

The Conversation

Lluis Montoliu ha investigado con tejidos de Copito de nieve. Los contenidos de esta publicación y las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor y este documento no debe considerar que representa una posición oficial del CSIC ni compromete al CSIC en ninguna responsabilidad de cualquier tipo.

ref. Los ojos de Copito de Nieve – https://theconversation.com/los-ojos-de-copito-de-nieve-289076