El jueves, 25 de junio, celebramos los 8 años de la edición en español de The Conversation con una mesa redonda sobre periodismo riguroso, conocimiento experto y comunicación en tiempos de desinformación. El evento, al que nos encantaría que nos acompañaran, se celebrará en el Espacio Fundación Telefónica. Participan en la mesa redonda Ángeles Caballero, Aitana Castaño y Martín Barreiro; modera Claudia Lorenzo, editora de Arte y Humanidades de The Conversation.
Desde que The Conversation arrancó, una frase ha guiado el trabajo de sus editores: «Rigor académico, oficio periodístico».
El objetivo de la plataforma ha sido siempre acercar el conocimiento experto al público general, facilitando que cada persona pueda formarse su propio criterio acerca del mundo que la rodea. En un contexto como el actual, donde la desinformación circula con rapidez y los bulos encuentran cada vez más espacio, este propósito resulta más relevante que nunca.
La mesa redonda
En este encuentro, y a través de una mesa redonda con voces destacadas del periodismo y la divulgación, pondremos en valor la importancia de un periodismo serio y comprometido, así como de una información basada en hechos, fuentes contrastadas y evidencias. Un espacio para reflexionar sobre cómo comunicar con rigor en tiempos de incertidumbre y ruido informativo. Para ello, contaremos con la participación de Ángeles Caballero y Aitana Castaño, periodistas, y de Martín Barreiro, meteorólogo; esta conversación estará moderada por la editora de Arte y Humanidades de The Conversation, Claudia Lorenzo.
Ángeles Caballero colabora actualmente en El País, donde realiza crónica política, social y entrevistas; en el programa Hora 25 y el pódcast La cena de los idiotés de la Cadena SER; y en La Sexta y TVE. Es autora de los libros Los parques de atracciones también cierran y Orfidal y Caballero, ambos de la editorial Arpa. Durante veinte años se dedicó a la prensa económica en diferentes cabeceras, además de colaborar para medios como El Confidencial, Vanity Fair y Onda Cero, y compaginó su tarea como directora de nuevo negocio de la agencia de comunicación Trescom con la fundación de la revista digital Ctxt.
Aitana Castaño ha sido redactora de La Nueva España, La Voz de Asturias y los informativos de RTPA (Radiotelevisión del Principado de Asturias), y jefa editorial de La Cuenca del Nalón. Ha colaborado para publicaciones sobre minería, las cuencas mineras, el movimiento obrero o el periodismo en Asturias y Galicia. Desde el año 2023 forma parte del «Comando Norte», en el programa Hoy por Hoy de la Cadena SER. Además, ha codirigido el pódcast Dalle mio nena, y ha publicado en la editorial Pez de Plata los libros Los niños de humo, Carboneras, Rastros de ceniza y Las madrinas.
Claudia Lorenzo Rubiera (moderadora) es la editora de Arte y Humanidades en The Conversation. Periodista y escritora, está especializada en información cultural y cinematográfica en medios como Kinótico, Jotdown, Vanity Fair, SModa, GQ Spain o Atlántica XXII. También ha trabajado en comunicación de eventos culturales y en programas de televisión, y ha coescrito el libro divulgativo El cine en 100 preguntas.
Martín Barreiro es meteorólogo, físico y divulgador científico. Desarrolla su labor en RTVE, donde acerca la información meteorológica y climática al gran público con un enfoque riguroso y accesible. Además, colabora en el programa Directo al Grano a través de la sección «Antes de Marte», dedicada a cuestiones ambientales, científicas y de sostenibilidad. Ha trabajado en investigación y comunicación meteorológica en distintos medios e instituciones y es coautor del libro El Extraordinario Planeta A. Su trayectoria combina ciencia, comunicación y divulgación para fomentar una mejor comprensión de los desafíos climáticos y ambientales de nuestro tiempo.
El fuego es uno de los fenómenos naturales más fascinantes y, probablemente, uno de los más decisivos de la historia de la humanidad. Mucho antes de la aparición de la agricultura, las ciudades o la escritura, nuestros antepasados aprendieron a controlar una fuerza natural que transformaría profundamente la relación con su entorno. Este dominio no fue inmediato ni trivial: implicó observación, experimentación y la transmisión de conocimientos a lo largo de generaciones.
El fuego proporcionó calor en ambientes fríos, permitió habitar regiones antes inaccesibles y ofreció protección ante los depredadores. Sin embargo, uno de sus impactos más significativos fue la transformación de los alimentos. La cocción supone un cambio físico y químico que modifica la estructura de proteínas y carbohidratos, y facilita la digestión. Este proceso reduce el esfuerzo metabólico necesario para obtener energía y aumenta su disponibilidad. Diversas hipótesis sugieren que este incremento de energía pudo contribuir al desarrollo de cerebros más grandes y complejos en la evolución humana.
Además, el fuego tuvo una dimensión profundamente social. Las hogueras, que estos días son también protagonistas de la celebración de San Juan, se convirtieron en puntos de reunión donde no solo se compartía alimento, sino también conocimiento, lenguaje y cultura. Alrededor del fuego probablemente nacieron muchas formas de narración y transmisión oral que constituyen el origen de la cultura humana. En este sentido, el fuego no solo transformó la materia, sino también la vida social.
El triángulo del fuego o ingredientes de una hoguera
Desde una perspectiva científica, el fuego es la manifestación visible de un conjunto de reacciones químicas conocidas como reacciones de combustión. Implican la oxidación rápida de un combustible, generalmente rico en carbono e hidrógeno, en presencia de un comburente, normalmente oxígeno molécula (O₂). Durante este proceso se libera, por un lado, energía en forma de calor y radiación electromagnética. Por otro, diversos productos gaseosos. Dependiendo de la naturaleza del combustible, también se pueden generar residuos sólidos: las cenizas.
Para que una combustión se produzca, es necesario reunir tres factores fundamentales: combustible, comburente y energía de activación. Este modelo se conoce como el “triángulo del fuego”. Si uno de estos elementos no está presente o se elimina durante el proceso, o no se puede iniciar la combustión o se extingue. Este principio es la base de las estrategias modernas de prevención y extinción de incendios.
Aunque el concepto general de combustión es relativamente sencillo, su desarrollo real implica procesos extremadamente complejos a escala molecular.
Por qué dentro del Artemis las llamas serían esféricas
La llama es una región del espacio donde tienen lugar, simultáneamente, múltiples procesos físicos y químicos. No es un objeto sólido ni una sustancia, sino un sistema dinámico en el que se combinan reacciones químicas, transferencia de calor, movimiento de gases y emisión de radiaciones.
En su interior se pueden distinguir diferentes zonas: primero, una zona de precalentamiento, donde el combustible se calienta y comienza a descomponerse. Segundo, una zona de reacción, donde se producen las reacciones químicas más intensas. Y, por último, una zona de postcombustió, donde se estabilizan los productos finales.
En condiciones normales de gravedad, los gases calientes ascienden a causa de su menor densidad y generan la forma alargada característica de la llama. En cambio, en condiciones de microgravedad, la ausencia de convección provoca que las llamas adopten formas esféricas, dominadas por procesos de difusión.
El origen de las llamas verdes y violetas
Una de las propiedades más llamativas del fuego es su capacidad para emitir luz, que puede hacer que una habitación se ilumine de tonos rojos, azules o naranjas. La luz visible se corresponde con una fracción muy pequeña del espectro electromagnético, con longitudes de onda de entre aproximadamente 400 y 700 nanómetros. La emisión de luz puede tener dos orígenes principales:
La excitación electrónica. A altas temperaturas, los electrones de los átomos y las moléculas pueden absorber energía y excitarse. Cuando vuelven a un estado de menor energía, la liberan en forma de fotones. La energía de los fotones determina el color de la luz emitida.
La incandescencia. En las combustiones incompletas se forman partículas sólidas de carbono (hollín) que pueden calentarse hasta emitir radiación térmica continua, un fenómeno conocido como incandescencia. Este proceso es el responsable de los tonos amarillos y anaranjados de muchas llamas.
Por tanto, el color de una llama depende tanto de la temperatura como de las especies químicas presentes:
Es rojo a 600–800 °C, temperaturas relativamente bajas.
Es amarillo y naranja a 800–1200 °C, cuando se da una combustión incompleta y se produce la formación de hollín.
Es azul a 1 300–1 600 °C, temperaturas a las que se produce una combustión eficiente, con una mezcla adecuada de combustible y oxígeno.
Además, algunos elementos químicos pueden emitir colores característicos cuando se excitan térmicamente: por ejemplo, el sodio produce un amarillo intenso; el potasio, el fuego de color violeta, y el cobre, una llama de color verde.
Cómo construir una hoguera eficiente
Cuando encendemos la madera, el proceso no comienza directamente con la combustión. Antes tiene lugar la pirólisis, una descomposición térmica de los componentes de la madera, como la celulosa o la lignina.
Durante la pirólisis, se liberan gases inflamables que, al reaccionar con el oxígeno, producen la llama. A medida que avanza el proceso, se liberan gases volátiles que alimentan la combustión, se forma un residuo sólido rico en carbono (brasas) y, finalmente, queda la ceniza, formada por óxidos, carbonatos, fosfatos, etc.
Las brasas pueden continuar liberando calor durante mucho tiempo a causa de reacciones de oxidación más lentas.
Pero ¿de qué depende la eficiencia de una combustión? O, dicho de otra manera, ¿cómo hacer una buena hoguera? Primero, es imprescindible seleccionar combustible seco. Tenemos que empezar con materiales finos hasta favorecer la circulación de aire. Cuando el fuego ya está hecho, tenemos que alimentarlo progresivamente y aprovechar las brasas.
Intentamos hacer fuego, pero solo sale humo
El humo es una mezcla visible de gases y partículas sólidas o líquidas en suspensión en el aire (aerosoles). Se forma, principalmente, cuando la combustión es incompleta, es decir, cuando no hay suficiente oxígeno o cuando la mezcla de reactivos no es adecuada.
En condiciones ideales, los productos de la combustión son dióxido de carbono y vapor de agua, ambos incoloros. A pesar de ello, en condiciones reales, pueden generarse también: partículas de carbono (hollín), responsables del humo negro; monóxido de carbono, un gas tóxico; o hidrocarburos no quemados o compuestos como el formaldehido (HCHO).
El humo blanco, por su parte, suele estar asociado a la condensación del vapor de agua en pequeñas gotas que dispersan la luz.
Comprender el fuego
El fuego es una manifestación extraordinaria de la química y la física en acción. Desde su descubrimiento, por parte de nuestros antepasados, hasta sus aplicaciones modernas, ha sido un elemento central en la evolución humana.
Cada llama es el resultado de una compleja red de procesos microscópicos en los que la materia se transforma en energía. Comprender el fuego nos permite no solo utilizarlo de manera más eficiente y segura, sino también apreciar la sofisticación de un fenómeno que, a pesar de ser tan cotidiano, esconde una enorme complejidad.
Juan José Borrás Almenar no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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Yo ya tenía pesadillas con los espacios liminales antes de que Backrooms los pusiese de moda –de hecho, sigo sintiendo escalofríos cada vez que pienso en los pasillos del hotel de El resplandor–. Supe de la existencia de aquella película antes de su estreno, a partir del éxito que estaba teniendo en el mercado estadounidense. Ha sido un triunfo económico para la productora A24, que se ha hecho de oro con la ópera prima de un director de 20 años, pero su interés va mucho más de la gran pantalla. Backrooms, como analiza Sofía Esteban Moreno, habla del mundo actual y de cómo nos relacionamos con el espacio, tanto real –los lugares que habitamos y aquellos por los que pasamos– como virtual.
La única película que consiguió desbancarla del primer puesto de la taquilla española ha sido otra no precisamente hecha por un chaval sino por un cineasta consolidado de casi 80: Steven Spielberg. El día de la revelación se ha convertido en un exitazo para los estudios de Hollywood y, aunque habla de extraterrestres –un tema que obsesiona a su autor–, lo cierto es que realmente busca infundir confianza en la humanidad. Es un totum revolutum de ideas que, no obstante, ofrece una mirada optimista sobre el presente y el futuro.
Y aunque no se ha estrenado todavía, y no se sabe en qué quedará, la Odisea de Christopher Nolan está fomentando la conversación… y la ira de algunos críticos, “puristas” –según entienden ellos– de la versión de Homero. La recriminación que personalmente me hace más gracia es la de que Menelao sea interpretado por un calvo. Pero hay quejas de todos los colores, racistas, homófobas, sexistas y, por supuesto, protestas a secas, sin ningún adjetivo.
Sin embargo, ¿tiene sentido enfadarse con Nolan por haber hecho lo que le ha dado la gana con la Odisea de Homero cuando el propio Homero hizo lo que le dio la gana con los eventos históricos en los que se apoyó al componer el poema?
Lo que leemos y lo que somos
Si viésemos a alguien leyendo El manifiesto comunista, ¿qué pensaríamos de su ideología política? Si nos topásemos en el metro con una persona enfrascada en la Biblia, ¿creeríamos que es muy piadosa?
Solemos asumir que lo que leemos define quiénes somos y cómo pensamos, pero explica Alberto Escalante que no tiene por qué ser así. La identidad personal y la identidad lectora son dos conceptos que se construyen sobre cimientos diferentes. Leer algo no implica estar de acuerdo con las opiniones de su autor o sus tesis literarias; implica, sencillamente, tener curiosidad.
Por eso, ¿qué hubiesen pensado sus conciudadanos al ver, en el verano de 1885, a una mujer en Oviedo leyendo La Regenta, de reciente publicación? ¿Hubiesen creído que lo hacía para ver si salía retratada como infiel, para registrar los chismes o porque, sencillamente, admiraba la prosa de Clarín?
Grafitis de hace siglos
Hace un par de semanas hablaba de JR, del arte urbano y de los grafiteros que buscan firmar las paredes de la ciudad.
Aunque la del grafiti es una cosa muy seria que se remonta al primer arte rupestre, hoy no vamos a irnos tan lejos, sino que nos detenemos en un periodo más cercano de la historia: la Edad Media. En esa época, monjes y seglares se dedicaban a grafitear paredes, columnas y templos con objetivos diferentes pero una intención que sigue en pie: dejar un mensaje permanente.
Algunos adioses
En estas últimas semanas han fallecido dos artistas que, además de dejar obras para la posteridad, abrieron camino, cada uno en su disciplina. Ambos consiguieron ser mucho más de lo que el mundo tenía destinado para ellos.
En España, Josefina Molina, trabajó con el lenguaje audiovisual en todos los medios que tuvo a su disposición y dejó huella en ellos. Además, fue una de las mujeres que abrió camino en la industria del cine para su género y una de las fundadoras de la Asociación de mujeres cineastas y de medios audiovisuales (CIMA).
En el Reino Unido, por su parte, un chaval del norte de Inglaterra, David Hockney, se infiltró entre las élites artísticas a golpe de alegría, ternura y placer. Hockney no ocultó su pasado de provincias ni su homosexualidad, pero la celebración de la vida que transmitió a través del arte ayudó a situar esas características en otro plano.
100 años sin Gaudí
Hablando de adioses, se nos han juntado tantos eventos en España en una semana que casi no hemos reparado en ellos, o no lo suficiente. Uno fue el centenario del fallecimiento de Antoni Gaudí, que coincidió con la misa que el papa Leon XIV dio en la Sagrada Familia y el espectacular despliegue artístico que se vivió en la basílica.
Pero hay Gaudí más allá de esa construcción, y quisimos preguntarle a diferentes expertos en arte, arquitectura e ingeniería si el talento del catalán era para tanto o si se nos ha ido de las manos la adoración hacia su genio. La respuesta de todos es unánime, pero merece la pena cada uno de los argumentos.
El ganador de las elecciones presidenciales de Colombia, Abelardo de la Espriella, celebró su victoria en un vehículo blindado por las calles de Barranquilla.RTVE
Las elecciones presidenciales en Colombia de este pasado domingo 21 de junio han constatado algunas de las tendencias que vienen desarrollándose en América Latina en los últimos tiempos. La victoria ajustada (49,6 % frente al 48% 7) del candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella (autodenominado El tigre) frente al candidato de izquierda y continuista del gobierno de Gustavo Petro, Iván Cepeda, nos permite identificar algunos rasgos comunes en la región.
En primer lugar, la importancia de las redes sociales en las campañas electorales. El candidato De la Espriella se construyó en las redes, con discursos simples y fuerte proyección mediática, siguiendo la estela de presidentes como Javier Milei en Argentina.
Por el contrario, el candidato Cepeda representaba una izquierda programática, de discurso leído, preciso pero tedioso, que no conecta con el votante actual que sigue la campaña en redes y recibe los mensajes que busca. Es interesante recordar cómo desde el referéndum del Brexit en 2016, la utilización por parte de Cambridge Analytica del uso de algoritmos para instrumentalizar la segmentación del voto se ha convertido ya en rutina.
Un doble de Bukele
En segundo lugar, la priorización de la agenda de seguridad, que lleva a votaciones más emocionales que racionales. Incluso por encima del desempeño económico, el auge de las organizaciones criminales transnacionales, unido a la “securitización” de la migración, han puesto el foco en la provisión de seguridad.
De la Espriella no solo ha replicado la imagen de Nayib Bukele, presidente de El Salvador (influencer con gorra y barba recortada), sino también su política de mano dura contra el crimen. Esta agenda será especialmente complicada de acometer en Colombia: no se trata solo de maras como en El Salvador, sino de un conflicto que ha transitado desde guerrillas y paramilitares a bandas criminales y donde las capacidades del Estado para controlar su territorio y su población (lo que Max Weber entendería como el monopolio de la violencia) está permanentemente desafiado por actores paraestatales que buscan legitimarse.
Esta apuesta por la seguridad es la que explica, en parte, que la candidata del otrora todopoderoso Álvaro Uribe, Paloma Valencia, quedara relegada en los sondeos y no pasara a la segunda vuelta.
Voto de castigo
En tercer lugar, la desafección con el gobierno en curso. Las expectativas frustradas, unido a escenarios decepcionantes en lo socioeconómico, motivan siempre un sentimiento creciente de voto de castigo. En el caso colombiano, frente a las promesas del gobierno de Gustavo Petro de paz total, redistribución de riqueza y reformas estructurales, se pasa al descontento, que aúpa a outsiders que se presentan como antisistema, como es el caso de De la Espriella.
Esto también explica por qué Iván Cepeda intentó a lo largo de la segunda vuelta de las elecciones “despegarse” de la gestión de Gustavo Petro y no fungir como el candidato continuista del gobierno en curso.
En cuarto lugar, estos elementos se aglutinan en lo que hemos venido en llamar polarización, que no es lo mismo que la fragmentación (en el caso peruano, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta, no sumaban ni el 20 %). En el caso colombiano, Cepeda y De la Espriella habían sumado el 85 % del voto en la primera vuelta electoral del 31 de mayo. Lo que sí desapareció fue el centro-izquierda de Sergio Fajardo y la derecha tradicional de Paloma Valencia, que solo sumaron un 10 %, demostrando que cuando uno vota visceralmente, parece que prefiere los extremos claramente diferenciados y no el centro donde caben los matices.
¿Quién quiere ser amigo de Trump?
Y en quinto lugar, y abriendo el foco más allá de la región, el rol del presidente de EE. UU., Donald Trump. Aunque su apoyo en Europa parece que pudiera empezar a ser tóxico, como se ha constatado en la Hungría de Orbán y en los roces con la presidenta italiana Meloni, su influencia en el hemisferio occidental es inequívoca.
La aplicación de la llamada “doctrina Donroe” el 3 de enero de 2026 con la captura (ilegal) de Nicolás Maduro en Venezuela ha servido para mandar un aviso a navegantes de cara a “disciplinar” la región. En el actual contexto geopolítico de tensiones entre Estados Unidos y China, el mensaje desde Washington es que el no alineamiento con la potencia del norte puede implicar una injerencia externa de distintas intensidades: desde meros insultos en redes sociales hasta intervenciones militares, pasando por la aplicación de aranceles discrecionalmente a modo de diplomacia transaccional.
En suma, ser respaldado por el presidente Trump parece que dota de cierta inmunidad frente a reacciones furiosas (aunque Claudia Sheinbaum en México y Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil no solo consiguieron minimizar los daños, sino incluso sacar rédito político a nivel doméstico), e incluso “otorga” apoyo directo, como el respaldo económico en el caso de la Argentina de Milei.
En definitiva y, aprovechando que estamos en tiempos del Mundial, la política hace ya tiempo que se ve con una fidelidad identitaria similar a la que genera el fútbol, deseando incluso la victoria partidaria por penalti injusto en el descuento). Ya está lejos esa visión más estratégica y racional propia del ajedrez que se solía atribuir también a la geopolítica.
La política latinoamericana vive, en fin, tiempos turbulentos, donde los partidos a veces se disputan en terrenos de juego inclinados hacia una portería, donde hay que ganar al adversario por cualquier vía, donde el público jalea con fervor pero tampoco perdona ningún error y, además, a veces arbitra un hombre de negro con la piel un poco anaranjada.
Sergio Caballero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
En las últimas décadas, nuestra relación con el plástico ha pasado de la admiración por su versatilidad a la alarma por su ubicuidad. Hoy sabemos que los microplásticos (partículas de menos de 5 milímetros) están en todas partes, desde las cumbres de las montañas hasta las profundas fosas oceánicas. Sin embargo, la ciencia ha descubierto una amenaza aún más insidiosa: estas partículas no viajan solas, sino que actúan como caballos de Troya biológicos para los patógenos y genes de resistencia a los antibióticos, creando un ecosistema flotante conocido como la plastisfera.
¿Qué es la plastisfera y por qué es peligrosa?
La plastisfera describe las diversas comunidades microbianas que colonizan la superficie de los microplásticos. A diferencia de los materiales naturales, el plástico ofrece un andamiaje sólido y persistente que permite a los microorganismos sobrevivir en condiciones extremas y viajar largas distancias.
El peligro reside en que estas partículas funcionan como hotspots o puntos calientes de intercambio genético. Al estar tan próximas entre sí dentro de biopelículas pegajosas, las bacterias intercambian “secretos” de supervivencia mediante la transferencia horizontal de genes. Entre estos secretos se encuentran los genes de resistencia a los antibióticos, que permiten a las bacterias volverse invencibles frente a los medicamentos actuales.
Ante esta crisis silenciosa, la Unión Europea ha aprobado recientemente la Directiva (UE) 2024/3019 sobre el tratamiento de las aguas residuales urbanas. Esta normativa marca un hito, ya que actualiza leyes que tenían más de tres décadas para adaptarse a los nuevos desafíos ambientales, como los microcontaminantes y la resistencia antimicrobiana.
La nueva ley reconoce que las depuradoras convencionales no fueron diseñadas para eliminar estas partículas diminutas ni la carga genética que transportan. Por ello, introduce la obligatoriedad de implementar tratamientos más avanzados y rigurosos de forma progresiva hasta el año 2045.
En este nuevo escenario legislativo, la tecnología de membranas, y específicamente los biorreactores de membrana (MBR, por sus siglas en inglés), se posiciona como la herramienta clave para cumplir con los estándares de la Unión Europea.
A diferencia de los tratamientos de agua residual convencional, los MBR combinan el tratamiento biológico con una barrera física de filtración muy fina. Las membranas de ultrafiltración poseen poros tan diminutos que pueden interceptar no solo los micronanoplásticos y las bacterias resistentes, sino incluso fragmentos de ADN libre que contienen genes de resistencia.
En nuestro estudio, publicado en la revista científica Separation and Purification Technology, hemos evaluado la capacidad de los sistemas MBR para eliminar mezclas complejas de micro y nanoplásticos, con resultados que confirman su alta eficacia. Estos sistemas han demostrado ser capaces de eliminar hasta el 99,99 % de estas partículas, reduciendo los microplásticos a niveles prácticamente indetectables y dejando los nanoplásticos (mucho más pequeños y difíciles de retener) únicamente en trazas mínimas, detectadas tras la aplicación de metodologías analíticas altamente específicas.
Además, hemos comprobado la resiliencia del sistema. La acumulación prolongada de estos plásticos no afectó al rendimiento biológico, manteniéndose una eliminación eficaz de materia orgánica y otros contaminantes. De hecho, la presencia de partículas de mayor tamaño puede incluso mitigar el ensuciamiento de las membranas mediante un efecto de limpieza física. Estos hallazgos se están haciendo dentro del marco del proyecto nacional EMERGING.
En conjunto, estos resultados demuestran que los sistemas MBR son más eficaces que los procesos convencionales para eliminar este tipo de contaminantes invisibles, con reducciones más drásticas de contaminantes biológicos que garantizan una salida de agua de mayor calidad. Al actuar como una barrera efectiva, las membranas interrumpen el ciclo de dispersión de la plastisfera y evitan la propagación de vectores de resistencia al medio ambiente.
Esta tecnología contribuye así a la protección de los recursos hídricos, lo que la convierte en una solución clave para la reutilización del agua en un contexto de creciente escasez hídrica.
Serena Molina Martínez recibe fondos del proyecto EMERGING (PID2022-143233OB-I00 financiado por MICIU/AEI /10.13039/501100011033 y por FEDER, UE). Ella trabaja para el instituto IMDEA Agua.
Junkal Landaburu Aguirre recibe fondos del proyecto EMERGING (PID2022-143233OB-I00 financiado por MICIU/AEI /10.13039/501100011033 y por FEDER, UE). Ella trabaja para el instituto IMDEA Agua.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Céspedes Ventura, Profesor Asociado del Departamento de Didáctica y Organización Escolar de la Facultad de Educación, Universidad de Murcia
Miguel tiene cuatro años. Son las ocho de la mañana. Está en el aseo con su madre preparándose para ir al colegio. Se queda mirando fijamente el grifo y pregunta: “¿Adónde va el agua del lavabo?”. No será la única pregunta que haga ese día. A esa edad, preguntar forma parte de su manera de estar en el mundo. Sin embargo, unos años después, ese mismo niño permanece en silencio en el aula.
¿Por qué los niños preguntan tanto cuando son pequeños, y qué sucede durante su paso por la educación obligatoria para que, poco a poco, dejen de hacerlo?
Cuando la escuela llega, las preguntas se van
La evidencia sobre este fenómeno es sólida. Uno de los trabajos más conocidos es el de la psicóloga Susan Engel, autora del libro The Hungry Mind. En un estudio, su equipo introdujo cámaras en aulas durante tres meses para analizar cuántos episodios de curiosidad, entendidos como preguntas destinadas a aprender algo nuevo o conductas exploratorias con objetos y materiales, aparecían durante la jornada escolar. En educación infantil registraron entre dos y cinco episodios cada dos horas. En quinto de primaria, la cifra descendía hasta el rango de cero a dos.
Muchos niños pasan buena parte de su jornada escolar sin formular una sola pregunta auténtica. Para Engel, esto no es casual. A medida que avanza la escolarización, la escuela prioriza contenidos, ritmos y evaluación. En ese contexto, preguntar empieza a percibirse más como una interrupción que como una oportunidad de aprendizaje.
No hay conocimiento sin pregunta previa
Paulo Freire y Antonio Faundez defendieron esta idea a mediados de los ochenta en Por una pedagogía de la pregunta. Allí criticaban una educación construida sobre respuestas. Respuestas a preguntas que el alumno nunca se había hecho: justo lo contrario de lo que ocurre cuando un niño pregunta adónde va el agua del lavabo.
Investigaciones recientes han mostrado que los niños pequeños no preguntan para prolongar la conversación, sino para entender el mundo. Cuando el adulto ofrece una explicación satisfactoria, el niño suele quedar conforme. Cuando no la recibe, insiste, reformula o vuelve a preguntar. El aprendizaje comienza con una pregunta, y aprender a formularlas bien no es un recurso retórico ni una moda pedagógica, sino una de las bases más solidas de la psicología y la pedagogía contemporáneas.
Qué dice la evidencia en el aula
Los interrogantes formulados en clase activan destrezas cognitivas concretas en los niños, como la explicación, la inferencia y el análisis. No es un simple recurso para mantener la atención o controlar la dinámica del grupo, sino una herramienta intelectual capaz de movilizar el razonamiento.
Linda Elder y Richard Paul, referentes internacionales en pensamiento crítico, llegan a conclusiones similares en El arte de formular preguntas esenciales. Sostienen que enseñar no consiste únicamente en transmitir respuestas, sino en plantear problemas y dirigir el razonamiento mediante preguntas.
Esta idea se remonta a la mayéutica de Sócrates, basada en preguntar para ayudar al otro a descubrir y construir su propio pensamiento. Responder bien obliga a detenerse y pensar. Formular una buena pregunta implica curiosidad, análisis y capacidad de reflexión. Y, como cualquier otra habilidad intelectual, necesita entrenamiento y práctica.
El ‘protopensamiento’: tres pasos que se pierden
El filósofo español José Carlos Ruiz ha llevado esta idea al terreno educativo en ensayos como El arte de pensar y El arte de pensar para niños. Ruiz denomina “protopensamiento” al origen del pensamiento crítico y sostiene que nace del asombro, la curiosidad y el cuestionamiento. Los tres aparecen conectados y pueden trabajarse en el aula.
Imaginemos que un niño ve una imagen de un parque lleno de basura y se pregunta: “¿Por qué la gente ensucia algo que también usa?”. Ahí todavía no hay un pensamiento filosófico adulto, sistemático y elaborado, pero sí aparecen sus bases: observación, atención, extrañeza, criterio moral, pregunta y apertura al debate.
Para Ruiz, el asombro debe cultivarse en la vida cotidiana. Así surge la curiosidad y, después, la pregunta que obliga a pensar. El autor observó en la práctica, en talleres escolares de filosofía para niños, que el asombro podía recuperarse y que la calidad de las preguntas mejoraba de forma notable. Se puede trabajar en el aula y obtener resultados.
Un ejemplo podría ser “La caja del asombro”, en la que el docente mete un objeto cotidiano: una llave, una piedra, una foto antigua o una cuchara. El alumnado no debe decir qué es, sino formular preguntas del tipo “¿Quién las habrá usado?”, “¿Por qué las cosas tienen dueño?”, “¿Qué pasaría si nadie tuviera llaves?”. De lo concreto se pasa al pensamiento.
Qué podemos hacer desde la escuela
Preguntar debe convertirse en un contenido educativo en sí mismo. La pregunta no puede quedar reducida a una herramienta de evaluación o a un mecanismo para comprobar si el alumno ha retenido los contenidos trabajados en el aula. Formular interrogantes exige análisis, atención y pensamiento, y por eso necesita enseñarse y practicarse.
Para ello debemos enseñar qué es una buena pregunta. Existen taxonomías y modelos, como los que desarrollan en sus trabajos Richard Paul y Linda Elder, además de numerosos recursos prácticos que el profesorado puede incorporar al aula con relativa facilidad.
Por ejemplo, en una actividad de lectura, no basta con preguntar al alumnado “¿Te ha gustado el texto?”. Esa pregunta puede tener valor expresivo, pero no desarrolla por sí misma pensamiento crítico. El docente puede enseñar a formular preguntas más potentes: “¿Cuál es la idea principal del autor?”, “¿Qué información utiliza para defenderla?”, “¿Hay otro punto de vista posible?” o “¿Qué consecuencias tendría aceptar esta idea?”.
Del mismo modo, ante un debate de aula, el alumnado puede aprender a distinguir entre preguntas de respuesta factual, de preferencia personal y de juicio razonado. Esta enseñanza explícita convierte la interrogación en una herramienta de pensamiento y no solo en una dinámica participativa.
La necesidad de comprender como base del aprendizaje
Enseñar a hacer preguntas y animar a seguir haciéndoselas es por lo tanto un contenido educativo: el aprendizaje profundo comienza cuando aparece una necesidad auténtica de comprender, y esa necesidad suele expresarse en forma de pregunta.
Para lograrlo, no hacen falta grandes reformas educativas, sino que docentes y familias volvamos a preguntarnos por lo cotidiano y convirtamos lo normal en objeto de pensamiento. No se trata de definir grandes temas filosóficos, sino mirar el patio, una norma, una discusión, una pantalla, una fila, una mentira, un castigo… y preguntarse: ¿por qué esto es así? ¿Podría ser de otra manera? ¿Es justo? ¿Qué damos por supuesto?
En ejemplo claro sería un niño que dice “Siempre eligen primero al mismo en el fútbol”. Preguntarse en lo cotidiano sería no dejarlo solo como queja, sino abrir pensamiento: ¿qué significa elegir justamente? ¿Es justo elegir siempre por habilidad? ¿Cómo se siente quien queda para el final?
La filosofía no empieza con conceptos abstractos, sino mirando con extrañeza lo que hacemos todos los días. Ahí aparece el asombro, la curiosidad y, finalmente, la pregunta que obliga a pensar, como cuando Miguel pregunta adónde va el agua del lavabo.
Raúl Céspedes Ventura no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Gasolinera CUPEX junto al edificio de la embajada estadounidense en La Habana, cerrada por falta de suministro ProSportFoto.co.uk/Shutterstock
Cuba acaba de aprobar el mayor paquete de reformas económicas en al menos quince años. Según la cobertura de Granma, órgano del Comité Central del Partido Comunista, y la nota de prensa de la propia Asamblea Nacional, el primer ministro Manuel Marrero Cruz presentó ante la Tercera Sesión Extraordinaria del Parlamento, en su X Legislatura, un documento con 176 transformaciones agrupadas en 23 ejes. Es el resultado de un cribado de 390 propuestas iniciales –de las que se aceptó el 66,7 %– y de 69 recomendaciones incorporadas por el Buró Político (el órgano superior de dirección del Partido Comunista Cubano, PCC). El pleno lo ratificó el 19 de junio.
El tiempo transcurrido entre la presentación del documento y su aprobación ha sido de apenas una semana. La velocidad del proceso ha resultado excepcional para los estándares políticos de la isla. El contenido, en cambio, mantiene la continuidad con varias medidas ya ensayadas en etapas anteriores.
De 1993 a 2026
Desde la disolución de la URSS, en diciembre de 1991, Cuba ha puesto en marcha reformas basadas en la misma fórmula. La primera apertura, entre 1993 y 1995, legalizó el trabajo por cuenta propia –el autoempleo en una lista cerrada de oficios– y despenalizó la tenencia de dólares, reconociendo de facto la economía informal en divisas que ya circulaba en la isla. Ese mismo periodo trajo también la legalización de los mercados agropecuarios libres, donde los precios dejaron de ser fijados por el Estado.
A partir de los Lineamientos de la Política Económica y Social, aprobados en el VI Congreso del Partido (2011), se amplió el usufructo de tierras estatales sin uso –de 40 a 67 hectáreas, con derecho a construir vivienda en la parcela–; se crearon las cooperativas no agropecuarias, una nueva figura jurídica para gestionar servicios y comercio (transporte, gastronomía, mercados) al margen de las cooperativas agrícolas ya existentes; y se abrió la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, un polo industrial-portuario con régimen fiscal preferencial y trámites de aprobación más rápidos para la inversión extranjera.
Una nueva Ley de Inversión Extranjera, en 2014, amplió las modalidades de asociación con capital foráneo. El propio texto de 2011 definía también el límite de esa apertura: establecía que el sistema de planificación socialista seguiría siendo la vía principal para dirigir la economía nacional. Una década después, la Tarea Ordenamiento de 2021 eliminó la dualidad monetaria vigente desde 1994 –el peso cubano junto al peso convertible (CUC)– y fijó un tipo de cambio único, lo que implicó una devaluación y un repunte inflacionario.
Lo que sí es nuevo esta vez
Ahora, en 2026, lo distinto no es tanto el repertorio de instrumentos, ya ensayados antes (pero parcialmente), como su simultaneidad y su alcance. El salario mínimo estatal sube un 53 % (de 2 100 a 3 210 pesos), y el Estado retira gradualmente unos 92 500 millones de pesos anuales en subsidios al sistema empresarial, la mitad de ellos destinados solo a la tarifa eléctrica. El usufructo agrícola pasa de plazos fijos a tiempo indeterminado, sin exigir ya la residencia en la parcela. Termina el monopolio estatal sobre la venta de combustibles y se libera buena parte de la larga lista de actividades antes vedadas al sector privado.
El cambio de mayor calado institucional, sin embargo, es jurídico: las empresas estatales podrán convertirse en sociedades por acciones, con el Estado fijando su participación sector por sector y reservándose la mayoría solo en los considerados estratégicos. Particulares y capital extranjero podrán comprar esas acciones. Por primera vez se toman medidas que involucran tanto a la empresa estatal, los subsidios, el salario mínimo y la propiedad accionarial, en lugar de una pieza a la vez como en etapas anteriores.
Lo que se sabe de experiencias anteriores en economías en transición muestra que ese tipo de simultaneidad tiene un coste organizativo propio: pierden valor las rutinas y capacidades acumuladas por las empresas bajo el sistema previo antes de que exista el nuevo, lo que puede deprimir el desempeño durante la propia transición.
El diseño separa explícitamente la titularidad del activo, que sigue siendo estatal, de su gestión, que se cede a terceros mediante derechos de usufructo y superficie, o por participación accionarial. La fórmula recuerda al mecanismo que usó China a partir de 1978, manteniendo la propiedad colectiva nominal de la tierra mientras transfería el control productivo a las familias campesinas.
Una isla, no una metáfora
En este mecanismo se observa algo común a estos casos: cómo un sistema de planificación centralizada ha podido sostenerse durante más de sesenta años dentro de una economía mundial organizada en torno al capital privado.
La continuidad institucional cubana no se explica por una sola causa, sino por una secuencia de sostenes externos que se han ido sustituyendo unos a otros: la ayuda soviética hasta 1991, y después el petróleo venezolano, las remesas y el turismo. Un análisis reciente de la economía de Cuba describe este proceso como socialismo periférico: la pérdida de los acuerdos comerciales preferenciales y el acceso al crédito que ofrecía la URSS obligó a una introducción gradual de mecanismos de mercado, sin que las relaciones más recientes con China o Venezuela hayan logrado recrear aquellas condiciones.
Cada vez que uno de esos puntales se debilita llega una nueva fase de actualización del modelo, que recompone el equilibrio sin alterar su arquitectura de fondo. Lo distintivo de 2026 es que varios sostenes flaquean a la vez, mientras Washington ha intensificado las sanciones –con nuevas medidas coercitivas en vigor desde junio que penalizan a empresas extranjeras con negocios en la isla y que aplican restricciones adicionales al suministro de combustible– y ha condicionado explícitamente cualquier mejora en la relación bilateral a la profundidad de los cambios.
Que el paquete se aprobara apenas una semana después de haber sido presentado no debe confundirse con el ritmo real del cambio institucional que lo sostiene. El patrón que recorre todo este artículo remite al concepto de path dependence: una vez que un sistema adopta una trayectoria, las decisiones posteriores tienden a construirse sobre ella en lugar de partir de cero, incluso cuando el objetivo es corregir sus propios resultados.
Desde los años noventa, Cuba ha seguido un mismo patrón: cada etapa de apertura se acumula sobre la anterior, sin que el país se haya desviado del camino trazado en 1993 para paliar los efectos del Periodo Especial, la gran crisis iniciada tras la caída de la URSS y el fin de las ayudas soviéticas.
Que el paquete de 2026 sea la cuarta etapa de esa secuencia, y no la primera, es en sí mismo un indicio de que persiste una necesidad de resolver un estancamiento que ninguna de las etapas previas ha despejado por completo. Las propias palabras de del presidente cubano Miguel Díaz-Canel al cerrar la Tercera Sesión Extraordinaria de la Asamblea Nacional parecen confirmarlo: “No hemos partido de cero”.
Iker Saitua no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iván Fernández Suárez, Profesor en el máster en Prevención de Riesgos Laborales. Consultor PRL para Fraternidad Muprespa. Grupo de investigación TR3S-i, Trabajo Líquido y Riesgos Emergentes en las Sociedad de la Información., UNIR – Universidad Internacional de La Rioja
Ahora mismo podemos saber de todo (los buscadores o la inteligencia artificial nos lo dicen), aprender a hacer de todo (plataformas de vídeo nos ofrecen tutoriales) o comprar cualquier cosa con un solo clic.
Estos cambios han modificado nuestras vidas en todos los planos. Nuestra forma de trabajar, la forma en la que nos comunicamos y nuestros hábitos de ocio y descanso.
Pero todo cambio tiene consecuencias y el tecnoestrés es una de las principales en el ámbito de la salud mental, causado por el uso (intensivo) de las tecnologías.
Qué es el tecnoestrés
Primero debemos entender el estrés, que no es más que un desajuste entre las exigencias (demandas) a las que estamos sometidos y nuestras capacidades para afrontarlas.
Aunque lo hemos demonizado, no siempre tiene efectos negativos. De hecho, los momentos más felices de nuestras vidas (una boda, un nacimiento, el primer trabajo) son momentos con niveles máximos de estrés, que nos ayuda a afrontar las exigencias de esos momentos. El problema surge cuando nos supera y en lugar de ayudarnos a ser más efectivos, nos perjudica.
Las tecnologías han supuesto una ayuda tan importante que se han vuelto imprescindibles. Esto provoca que no podamos separarnos de ellas, muchas veces sin necesidad. Y es precisamente esa sobreutilización la que está generando el mayor impacto sobre nuestra salud.
Efectos sobre la salud
El impacto del tecnoestrés no es inmediato, sino acumulativo. Se va instalando en nuestro organismo poco a poco, a través de pequeñas situaciones cotidianas como consultar el correo, enviar un whatsapp o entrar en una red social. Este continuo goteo de notificación y necesidades digitales adquiridas provocan una acumulación elevada de tiempo de conexión digital.
Dentro de los efectos más habituales, aparece la saturación mental. De la misma forma que nuestro cuerpo se extenúa ante una exigencia física prolongada, la mente muestra síntomas de agotamiento. Nuestra atención vive bajo una exigencia constante y los recursos son limitados.
Creemos que podemos gestionarlo todo, pero el cerebro humano no está diseñado para una multitarea constante.
Es ahí, cuando superamos nuestros límites, cuando aparecen los efectos sobre la salud. Síntomas como dificultades para conciliar el sueño, ansiedad, irritabilidad o fatiga mental se pueden combinar con manifestaciones somáticas.
Así, la tensión emocional puede provocar dolores musculares o cefaleas, así como problemas digestivos y alimenticios, circulatorios, de piel, etc.
El tecnoestrés es un factor precursor de enfermedades crónicas no transmisibles, como cáncer, diabetes, dolencias respiratorias y cardiovasculares o trastornos mentales. La Organización Mundial de la Salud ya las reconoce como una pandemia, pues se han convertido en la primera causa de muerte en el mundo.
Curiosamente, han tenido un aumento exponencial en los últimos años, coincidiendo con la explosión de la tecnología. Y es que el estrés crónico se considera un factor de riesgo para muchas enfermedades.
Estrategias para mantenerlo a raya
De todos modos, la tecnología no es el problema, sino cómo nos relacionamos con ella. Es un arma de doble filo, nos ayuda en todos los ámbitos de nuestra vida, pero su abuso genera riesgos.
La primera estrategia para utilizarla de forma adecuada es hacer una utilización consciente, huir del uso automático. Muchas veces, nuestro cerebro busca esa recompensa inmediata y, sin darnos cuenta, por inercia, ya estamos haciendo scroll.
He aquí algunas preguntas que nos pueden ayudar a identificar si tenemos un uso adecuado de las tecnologías:
¿Recuerda la última vez que pasó 48 horas sin consultar el teléfono móvil?
¿Cuántas horas al día pasa mirando una pantalla (tableta, smartphone, ordenador, televisión…), incluyendo ocio y trabajo? Más de 6 horas, ya es un síntoma de sobrecarga.
¿Lo primero que hace al levantarse y lo último antes de dormir es verificar sus notificaciones o correos electrónicos?
Revise en el móvil, en la pestaña de bienestar digital, el promedio diario de horas que lo utiliza. ¿Es mucho más de lo que tenía en mente?
De igual forma que el cuerpo necesita descanso cuando llevamos a cabo una actividad física intensa, la mente necesita reponerse. El plano físico nos advierte rápidamente del cansancio, nos marca los límites. Sin embargo, nuestra mente no es tan clara con los síntomas.
En este sentido, es muy importante identificar dos variables sencillas, pero a veces inadvertidas por las prisas de la vida cotidiana. En primer lugar, los estresores: todas aquellas situaciones que provocan que nos desgastemos mentalmente (personas, situaciones cotidianas, exigencias de nuestro trabajo, familia, redes sociales…).
Se trata de saber qué episodios de nuestras vidas elevan nuestra ansiedad resulta crítico para poder prepararnos y anticiparnos a la sobrecarga.
En segundo lugar, es aconsejable identificar e incorporar como rutina actividades que permitan reducir el nivel de estrés. Este aspecto requiere un autoanálisis individual: ¿qué tipo de actividades consiguen generar descanso mental?
La clave para responder a este interrogante es plantearnos qué actividades favorecen una desconexión total de nuestros pensamientos y logran captar la suficiente atención como para olvidar lo que nos preocupa y detener el runrún mental.
El deporte (especialmente de equipo), la lectura, el baile, la relación con algunas personas que nos aportan calma o tocar un instrumento son ejemplos de actividades que requieren la suficiente concentración como para permitirnos descansar de nosotros mismos.
Este tipo de acciones permiten la autorregulación digital y evitan que nos dejemos llevar por la atracción de las nuevas tecnologías. Asimismo, establecer pausas efectivas se asocia con una disminución del uso problemático del smartphone y una mejora en la regulación emocional.
En definitiva, ser conscientes de nuestro uso de las tecnologías es el primer paso para conseguir una higiene digital adecuada. Si, además, somos capaces de atender al estado de nuestra mente y ayudarla a descansar, lograremos mantener a raya el tecnoestrés, una de las enfermedades del presente y, sin duda, del futuro.
Iván Fernández Suárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Marín Hernando, Prehistoria, Evolución Humana, Zooarqueología, Tafonomía, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia
A diferencia de otras especies de megafauna, como el mamut, el papel del rinoceronte en las estrategias de subsistencia de los grupos humanos prehistóricos y las relaciones que mantuvieron con estos animales a lo largo del Paleolítico siguen siendo poco conocidos. No solo servían como fuente de alimento: también eran personajes representados en el arte rupestre, como las famosas pinturas de la cueva de Chauvet (Ardèche, Francia), de hace más de 30 000 años.
El uso de huesos de grandes herbívoros como herramientas para retocar y afilar utensilios de piedra está bien documentado en Europa desde las primeras fases del Paleolítico. Los dientes de rinoceronte también son restos comunes en yacimientos paleolíticos de Europa y Asia, pero pocos estudios habían sugerido, hasta ahora, que grupos humanos prehistóricos pudieran haberlos recolectado y utilizado deliberadamente.
Ubicación de los yacimientos arqueológicos y paleontológicos estudiados en este trabajo. Mapa creado con QGIS 3.40.6, datos del mapa base ESRI (Environmental Systems Research Institute). Sanz-Royo et al., 2026.
Fracturas y marcas inusuales
Hace más de 200 000 años, en yacimientos como Payre, en el sureste de Francia, y Panxian Dadong, en China, los arqueólogos recuperaron cientos de dientes de rinoceronte, algunos de ellos con fracturas recurrentes y marcas superficiales no convencionales.
Estas observaciones impulsaron la investigación del proyecto RINO para indagar si más dientes de rinoceronte se habían utilizado como herramientas en otros conjuntos ricos en esta clase de restos del mismo período en toda Europa. ¿Podría esto representar un comportamiento neandertal hasta ahora desconocido?
Estamos ante la primera investigación interdisciplinaria exhaustiva sobre el tema, que combina el análisis de restos fósiles con experimentos arqueológicos realizados en dientes de rinoceronte modernos. Esto ofrece una oportunidad única para comparar las huellas producidas experimentalmente hoy con las conservadas en el registro arqueológico.
Planteamiento de la investigación
Como parte del proyecto RINO, revisamos doce yacimientos arqueológicos en función de su contexto, de las evidencias de actividad humana y de la abundancia de dientes de rinoceronte presentes en sus conjuntos faunísticos. En dos de ellos, encontramos dientes modificados de rinoceronte: en la cueva de El Castillo (España) y en Pech-de-l’Azé II (Francia).
En estos yacimientos del Paleolítico medio se analizaron un total de 281 dientes pertenecientes al rinoceronte de estepa –[Stephanorhinus hemitoechus]–(https://en.wikipedia.org/wiki/Narrow-nosed_rhinoceros) y al rinoceronte de Merck –Stephanorhinus kirchbergensis–. Esta última especie representa el mayor rinoceronte fósil conocido en Europa para este período.
Ilustración del Stephanorhinus hemitoechus, que vivió en el Pleistoceno europeo. Wikimedia Commons., CC BY
Con el fin de establecer un marco comparativo que permitiera distinguir las alteraciones naturales de las modificaciones potencialmente realizadas por los seres humanos, también se incluyeron restos dentales procedentes de yacimientos arqueo-paleontológicos de Europa occidental y colecciones osteológicas de rinocerontes modernos.
En total, examinamos 168 dientes de rinoceronte procedentes de cuatro yacimientos arqueo-paleontológicos del Pleistoceno: Wasserbillig (Luxemburgo), Oetrange (Luxemburgo), Cova del Rinoceront (España) y Les Plumettes (Saône-et-Loire, Francia). Además, se analizaron 236 dientes procedentes de la colección comparativa conservada en la Galería de Anatomía Comparada del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) de París.
Se realizaron, asimismo, análisis de microdesgaste dental en dientes fósiles de rinoceronte con el objetivo de determinar si las marcas observadas podían ser el resultado de la masticación y de las actividades normales de alimentación, y no de la intervención humana.
Científicos ensayando con dientes actuales
Un componente fundamental del proyecto estuvo dedicado a la arqueología experimental. Mediante el uso de molares y premolares de rinoceronte como herramientas de percusión en experimentos controlados realizados por arqueólogos experimentados, el equipo de investigación buscó crear una colección de referencia exhaustiva de huellas producidas experimentalmente e identificar las posibles funciones y la comodidad de uso de estas herramientas.
Ejemplo de las actividades realizadas en los experimentos arqueológicos y los productos asociados. A–C: actividades percusivas reproducidas en este trabajo: A) retoque de cuarzo; B) talla de sílex; C) diente como yunque con lasca de cuarzo. D–E: Materiales líticos utilizados en este trabajo: D) lasca de sílex retocada con un diente de rinoceronte y lascas de retoque; E) lasca de cuarzo retocada con un diente de rinoceronte. Sanz-Royo et al., 2026.
El programa experimental se llevó a cabo con 18 dientes de rinoceronte moderno. Estos se utilizaron en actividades de percusión, que incluyeron el retoque, la talla y el uso como yunque sobre útiles líticos de cuarzo y sílex. El objetivo era documentar las huellas producidas por la acción humana y compararlas con las observadas en el registro arqueológico.
Voluntarios forzosos, al dentista del zoo
Uno de los mayores desafíos para hacerlo fue obtener dientes de rinoceronte moderno para los experimentos. Tras una búsqueda exhaustiva y con la ayuda de Alexis Lécu (veterinario del MNHN), tres parques zoológicos aceptaron proporcionar dientes: Peaugres Zoo (Ardèche), Sigean African Reserve (Aude) y Montpellier Zoo (Hérault).
Además, se desarrollaron una serie de experimentos –en el Laboratorio de Tafonomía de Madrid (laboratorio LeaT)– destinados a reproducir en el laboratorio procesos naturales, como la abrasión y la compactación sedimentaria, a los que los dientes pueden verse sometidos durante su fosilización.
Los resultados revelaron que las marcas identificadas en El Castillo y Pech-de-l’Azé II eran similares a las producidas durante las experimentaciones arqueológicas. Además, el análisis de microdesgaste confirmó que estas huellas se formaron después de la muerte de los animales, ya que no se detectaron señales de alimentación en las marcas.
Uso de dientes como herramientas de percusión
Por lo tanto, podemos concluir que las huellas identificadas en dientes de rinoceronte procedentes de El Castillo y Pech-de-l’Azé II son producto de la actividad humana. Los dientes habrían sido utilizados por los neandertales como herramientas de percusión en la fabricación de útiles líticos (sílex y cuarzo).
Sus características morfológicas –tamaño, peso, facilidad de manipulación, superficie oclusal plana y resistencia a la fractura– podrían haberlos hecho especialmente adecuados para usos técnicos.
Por otra parte, a partir del grado de desgaste observado en los dientes, parece que los neandertales mostraban preferencia por los de rinocerontes de mayor edad. Es posible sus superficies dentales más planas podrían haberlos hecho más adecuados como herramientas. Además, se pudieron centrar en individuos más viejos porque podían ser presas más fáciles o porque accedían a ellos una vez muertos, como carroñeros.
Incógnitas por resolver
Este estudio amplía nuestra comprensión del comportamiento neandertal, sus decisiones técnicas y la diversidad de materias primas que recolectaban y utilizaban, al tiempo que aporta nuevas evidencias sobre la explotación de recursos animales. Pero, simultáneamente, el descubrimiento también plantea numerosas cuestiones nuevas que, por el momento, siguen sin resolverse.
¿Qué aporta este descubrimiento a nuestra comprensión de los neandertales y su relación con su entorno? ¿Cuáles fueron sus estrategias de obtención (caza, carroñeo, captura) y explotación del rinoceronte? ¿Fueron las mismas para todas las especies de rinocerontes que había en estos periodos en Europa? ¿Influyeron sus características morfológicas, conductuales y ecológicas, así como su disponibilidad en los distintos hábitats, en estos comportamientos?
En la actualidad, tampoco está claro si se trató de un comportamiento general o específico de los grupos neandertales del oeste de Europa.
Consideramos poco probable que el uso de dientes de rinoceronte como materia prima fuera un comportamiento limitado en el tiempo y en el espacio. Este descubrimiento abre nuevas perspectivas sobre la amplitud, la función y la posible dimensión simbólica de esta práctica. Por esta razón, se continuará con una revisión general de los restos dentales de rinoceronte procedentes de diferentes yacimientos paleolíticos a la luz de estas nuevas observaciones.
Queremos agradecer al proyecto RINO (Universidad de la Sorbona y Museo Nacional de Historia Natural) y al IRN TaphEN (CNRS) por su apoyo financiero. También estamos agradecidos a todas las personas que nos concedieron acceso a colecciones arqueológicas y paleontológicas, así como a los laboratorios que nos acogieron. Finalmente, expresamos nuestro sincero agradecimiento a los zoológicos de Peaugres, Sigean y Montpellier (Francia) por proporcionar los dientes de rinoceronte utilizados en los experimentos, con un agradecimiento especial a Alexis Lécu, veterinario del MNHN, por su inestimable ayuda en esta investigación.
Alicia Sanz Royo recibe fondos de Sorbonne Université, Muséum national d’Histoire naturelle, IRN Taphen (CNRS), y la Universidad de Aberdeen.
En la noche de San Juan convergen el ciclo solar, la celebración cristiana, los saberes de la medicina popular y un amplio conjunto de creencias y prácticas mágicas. Tal vez esta mezcla sea la que hace que siga viva en la actualidad.
La fecha no es casual. En torno al 21 de junio tiene lugar el solsticio de verano, cuando la luz alcanza su plenitud en el hemisferio norte. Desde ese instante los días comienzan a menguar.
El cristianismo incorporó esa fecha a su calendario al celebrar la natividad de san Juan Bautista el 24 de junio, seis meses antes de la Navidad. En el Evangelio de Juan, el Bautista afirma: “Conviene que él crezca y que yo disminuya”. San Agustín interpretó estas palabras en clave cósmica: Juan nace cuando la luz empieza a decrecer; Cristo, cuando los días vuelven a crecer.
La significación cristiana de la fecha no borró antiguas celebraciones estacionales ligadas a la luz, el fuego y la renovación de la naturaleza. Su huella puede rastrearse incluso en algunos motetes polifónicos del siglo XIII dedicados a san Juan Bautista, donde aparecen referencias a hogueras y fiestas comunitarias.
El liturgista parisino Jean Beleth describía ya en el siglo XII los fuegos de la víspera, mientras diversos sínodos condenaban supersticiones asociadas a esa misma noche.
Fuego y agua: la materia del rito
El fuego ocupó durante generaciones el centro de la fiesta. En torno a la hoguera se reunían familias y comunidades para afrontar la incertidumbre del año que comenzaba. Quemar y saltar las llamas significaba dejar atrás el mal.
Por eso los fuegos solsticiales han perdurado con tanta intensidad. En los Pirineos, estas fiestas, reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, conservan una imagen poderosa: la llama desciende desde la montaña hasta el corazón de la comunidad. En Alicante, las Hogueras de San Juan transforman esa herencia en una de las grandes fiestas del fuego del Mediterráneo.
Las Fallas de Isil de San Juan, en el Pirineo catalán, son conocidas por el descenso de troncos encendidos por la montaña hasta el centro del pueblo. Roc Garcia-Elias Cos/Wikimedia Commons, CC BY-SA
El agua constituye el otro gran símbolo de la noche, ya que podía sanar, proteger y renovar. Tampoco resulta casual que estas creencias quedaran vinculadas a Juan el Bautista, que bautizó a Cristo en el río Jordán y convirtió el agua en uno de los grandes símbolos de purificación del cristianismo.
Numerosas tradiciones atribuyeron a la madrugada de San Juan virtudes curativas, capacidad para favorecer la fertilidad o alejar el mal. En algunas zonas gallegas pervive el llamado rito de las nueve olas: las mujeres que deseaban concebir recibían sobre el cuerpo nueve embates del agua en la playa, convencidas de que este rito favorecía la maternidad.
Hierbas, curanderas y saber doméstico
Ningún aspecto refleja mejor la unión entre naturaleza y creencia que las hierbas. Se pensaba que determinadas plantas alcanzaban en esa madrugada su máxima eficacia. La hora de la recolección resultaba decisiva: debían cortarse antes de la salida del sol o permanecer toda la noche al sereno.
Ilustración de la hierba de San Juan (Hypericum perforatum). Otto Wilhelm Thomé
La verbena, la artemisa, la ruda, el romero, el hinojo, el saúco, el malvavisco y el nogal aparecen en distintas tradiciones como plantas protectoras. Entre todas ellas destaca el hipérico, conocido precisamente como hierba de San Juan. Sus flores amarillas evocan el sol, mientras que el tono rojizo que desprenden al ser presionadas favorece la asociación simbólica con la sangre del Bautista.
En la Edad Media se atribuyó al hipérico la capacidad para combatir maleficios y enfermedades. Por este motivo recibió el nombre de fuga daemonum, “huida de los demonios” y se colgaba en puertas, ventanas y establos como medida de amparo frente a fuerzas consideradas malignas.
En este contexto adquieren especial relevancia las curanderas y las ensalmadoras. Su saber reunía experiencia práctica, conocimiento de plantas, fórmulas religiosas y calendarios rituales. San Juan era una fecha privilegiada para que estas mujeres actuaran en beneficio de la comunidad.
Amor, brujería y literatura de la noche
Junto a la salud y la preservación del hogar, el amor también era protagonista.
Las llamadas “suertes de San Juan”, pequeños rituales de adivinación muy populares en la Europa tradicional, ocupaban un lugar destacado entre las prácticas de esa noche. Una clara de huevo vertida en un vaso de agua podía formar al amanecer figuras interpretadas como presagios del porvenir.
También se podían colocar papeles con nombres bajo la almohada para intentar descubrir la identidad del futuro enamorado. Las velas, espejos o recipientes de agua permitían formular preguntas sobre el destino sentimental.
Junto a estas prácticas existía una magia más activa. Los filtros amorosos, los nudos y los amarres pretendían atraer a la persona deseada, recuperar una relación perdida o favorecer una unión.
La vinculación de la noche de San Juan con la brujería era evidente. Se creía que a medianoche lo oculto podía manifestarse con mayor facilidad y determinadas acciones adquirían una eficacia extraordinaria.
A finales de la Edad Media, tratados como el Malleus Maleficarum, el más influyente manual europeo de persecución de la brujería, reforzaron la identificación entre determinadas prácticas populares y la figura de la bruja. Sin embargo, muchas de las acciones asociadas a la noche de San Juan pertenecían al ámbito de la religiosidad popular, la medicina doméstica y las creencias transmitidas dentro de las comunidades rurales.
La literatura conservó con especial intensidad esta tradición. En el romancero, la mañana de San Juan aparece como un momento propicio para la irrupción de lo extraordinario. Shakespeare transformó ese imaginario en hadas, bosques encantados y filtros amorosos en El sueño de una noche de verano. En ambos casos, la fecha funciona como un umbral narrativo: durante San Juan, el orden cotidiano parece perder consistencia y lo imposible se vuelve verosímil.
Una noche que todavía cambia
La vitalidad de esta fiesta sigue manifestándose a nivel mundial. Conviven celebraciones tan diversas como el Midsommar escandinavo, centrado en la celebración del solsticio, con las fiestas juninas de Brasil, que han trasladado al otro lado del Atlántico buena parte del imaginario sanjuanero.
Las tradiciones eslavas de Iván Kupala, equivalente oriental de la noche de San Juan, conservan uno de los símbolos más bellos de esta celebración. Según la leyenda, la flor del helecho brota una sola vez al año y concede riqueza o sabiduría a quien consigue encontrarla. Pero los helechos no florecen; precisamente por eso la historia resulta tan poderosa. La flor inexistente expresa la promesa más profunda de San Juan: la búsqueda de aquello que se sabe casi inalcanzable.
Cada 23 de junio creemos celebrar la llegada del verano. Sin embargo, bajo las hogueras, los baños nocturnos, las hierbas y los deseos sigue latiendo la convicción de que existen momentos privilegiados del calendario, capaces de poner en contacto el mundo visible con aquello que escapa a nuestra comprensión.
Quizá por eso la noche de San Juan continúa siendo una de las grandes noches simbólicas en todo el mundo.
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Anna Peirats no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.