Los músculos ‘hablan’ con todo el cuerpo: la revolución científica que cambia la visión del ejercicio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beatriz Carpallo Porcar, Fisioterapeuta. Personal docente e investigador en el grado de Fisioterapia en la Universidad San Jorge. Miembro del grupo de investigación iPhysio., Universidad San Jorge

La idea de que el músculo es un simple motor mecánico ha quedado obsoleta gracias a un hallazgo que ha cambiado la fisiología moderna: en realidad, funciona como un órgano endocrino capaz de influir en prácticamente todos los sistemas de nuestro cuerpo.

Durante la contracción muscular se liberan cientos de moléculas llamadas mioquinas, sustancias imprescindibles para que el organismo funcione de forma correcta. De ahí nació la idea de que “el ejercicio es medicina”. Sin embargo, este concepto también ha pasado de moda. En realidad, habría que ir más allá y decir que es tan necesario para nuestra salud como respirar o comer, mientras que el sedentarismo y la falta de movimiento constituyen una fuente de enfermedad.

Qué son las mioquinas

Las mioquinas actúan como hormonas que se comunican a través del torrente sanguíneo con distintos órganos como el cerebro, el tejido adiposo, el hígado, el hueso o el sistema inmune. Según una revisión de 2024, son la razón por la que el ejercicio sea beneficioso para el sistema inmunitario.

La mioquina más estudiada hasta el momento es la interleucina‑6 (IL‑6), que se libera durante ejercicios de alta intensidad o de resistencia aeróbica hasta 100 veces más que en reposo. También tienen importancia la irisina, clave para mantener el equilibrio de la grasa corporal, y el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), implicado en la neuroplasticidad y la función cognitiva.




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Y antes de centrarnos en los efectos de esta familia de moléculas, hay que tener en cuenta que el movimiento también estimula que otros órganos liberen las no menos importantes exerquinas. Por ejemplo, una revisión de 2022 revela su participación en la mejora cardiovascular, metabólica, inmune y neurológica. Si nos movemos poco y circulan pocas exerquinas por nuestro organismo, aumenta el riesgo de enfermedad y mortalidad por todas las causas.

Torrente de moléculas benefactoras

A continuación desglosamos cómo actúan las mioquinas en distintas partes de nuestro organismo:

  • Sistema inmune. Publicaciones recientes identifican al menos nueve mioquinas que influyen en el funcionamiento adecuado del sistema inmune. Entre ellas destacan la irisina, la decorina y las interleucinas IL-6, IL-7 o IL-15. Su liberación durante el ejercicio favorece la proliferación y diferenciación de las células de nuestras defensas, lo que potencia la “vigilancia inmunitaria”.

    Además, reducen la inflamación sistémica crónica, factor clave en la prevención de muchas enfermedades metabólicas y cardiovasculares. La IL‑6, por ejemplo, actúa como una señal antiinflamatoria capaz de modular la actividad de los linfocitos, los macrófagos y las células NK.

  • Sistema nervioso y neurocognitivo. El músculo ejerce una influencia directa sobre el cerebro a través de lo que se ha llamado “eje músculo‑cerebro”. La evidencia muestra que moléculas como BDNF, la irisina o la cathepsina B pueden estimular la formación de nuevas neuronas. También tienen efecto en la mejora del aprendizaje y la memoria y se asocian con la protección frente al deterioro cognitivo de enfermedades neurodegenerativas.

    Por ejemplo, la irisina se ha vinculado con un incremento de BDNF en el hipocampo, una región crucial para la memoria. A su vez, la cathepsina B contribuye a procesos de regeneración neuronal y mejora de la cognición.

    Este conjunto de señales químicas explica por qué las personas activas muestran menor riesgo de deterioro cognitivo y mejor salud emocional: el cerebro “escucha” lo que los músculos dicen cuando se contraen, y responde adaptándose y fortaleciéndose.

  • Metabolismo de la glucosa y las grasas. Durante el ejercicio, la IL‑6 desempeña un papel esencial al movilizar ácidos grasos desde el tejido adiposo, principalmente del visceral (el que se acumula en la cavidad abdominal y presenta mayor riesgo). Así favorece la quema de las grasas y contribuye al mantenimiento de los niveles de glucosa en sangre.

    También modula la sensibilidad a la insulina, facilitando que el músculo capte glucosa de manera más eficiente. Este mecanismo explica parte de los beneficios del ejercicio en la prevención de la diabetes tipo 2. En conjunto, el músculo actúa como un “termostato metabólico” que ajusta el gasto energético y establece cuándo movilizar, almacenar o utilizar energía en función de la actividad física.

  • Sistema cardiovascular. Aunque el ejercicio en pacientes cardíacos debe ser prescrito por un profesional sanitario como el cardiólogo o el fisioterapeuta, puede ser muy beneficioso para prevenir enfermedades cardiovasculares. La actividad física induce la liberación de exerquinas que favorecen la vasodilatación, mejoran la función vascular y reducen la rigidez arterial. Esto explica por qué las personas físicamente activas presentan menor riesgo de hipertensión, enfermedades coronarias y fallos cardíacos.

  • Huesos y osteoporosis. El músculo dialoga también con nuestro esqueleto. Varias mioquinas favorecen la formación y remodelación de los huesos, estimulando la actividad de los osteoblastos (células constructoras de hueso) y modulando la densidad mineral ósea. Es un complemento necesario a las cargas mecánicas del ejercicio para prevenir y combatir la osteoporosis.

  • Control tumoral y reducción del riesgo de cáncer. Un artículo publicado en The Lancet Oncology relaciona el sedentarismo como factor de riesgo en más de 10 tipos de cáncer. En parte se explica porque durante el ejercicio se liberan mioquinas que inhiben la proliferación de células cancerosas y reducen el daño en el ADN de las células potencialmente malignas.

    A esto se suma su capacidad de movilizar células del sistema inmune capaces de reconocer y destruir células tumorales en fases tempranas. Una sola sesión de ejercicio aumenta significativamente los niveles de mioquinas con potencial de suprimir el crecimiento de células cancerosas.

En conjunto, toda esta evidencia demuestra que el músculo funciona como un verdadero centro endocrino: cada contracción muscular envía señales que ajustan el equilibrio interno del organismo, lo que confirma que moverse es una necesidad biológica para que nuestros sistemas del cuerpo funcionen correctamente.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Enseñar la medicina a través del arte: la escultura anatómica en la universidad española

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Chloe Sharpe, Profesora e investigadora en Historia del Arte., UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Modelo que pertenece a una serie de cuatro piezas que muestran un parto. Escayola policromada, c.1863-78, de Juan Samsó. Museo de la Historia de la Medicina de Cataluña.

Imagine una persona que siente que le ha salido un bulto en el costado. Va al médico, angustiada, y este, al palpar, dice: “Eso no es un bulto, es una costilla flotante”. La anécdota es simpática para contar en la sobremesa (y bromear sobre la posible hipocondría del aludido) porque ha sido fácil para el especialista detectar el problema y tranquilizar al paciente. Sin embargo, esta sabiduría, que damos por hecha, se ha adquirido con el tiempo. Después de todo, esperamos que los médicos que nos diagnostican, tratan y operan hayan adquirido un profundo conocimiento del cuerpo humano y sus enfermedades.

Pero no siempre ha sido fácil acceder a ese aprendizaje. Antes de internet, del vídeo e incluso de la fotografía en color, ¿cómo se formaba esa experiencia? En cierto sentido… con arte.

Escultores para formar a médicos

Junto a las disecciones, los modelos anatómicos desempeñaron un papel fundamental en la enseñanza de la medicina: reproducían con gran fidelidad –en tres dimensiones, en color y a escala natural– el cuerpo humano y sus patologías.

Anfiteatro y colección de modelos anatómicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid
Anfiteatro y colección de modelos anatómicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid, postal, fotografía de Hauser y Menet, c. 1916.
Fundación Joaquín Díaz/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Durante los siglos XVIII y XIX fue habitual que las instituciones médicas reunieran colecciones anatómicas destinadas a museos didácticos. En España, esta práctica se formalizó mediante un Real Decreto de 1862, que obligó a las siete universidades –ocho a partir de 1876– a crear plazas públicas de escultores anatómicos y sus asistentes, encargados de producir estas piezas.

Sin embargo, pese a ser durante más de un siglo los únicos escultores con puesto estable en la universidad, su trabajo fue poco valorado y hoy permanece casi olvidado.

Los museos anatómicos creados en España en el siglo XVIII, vinculados a los reales colegios de cirugía, se inspiraron en modelos italianos como La Specola de Florencia, con sus célebres figuras en cera de Clemente Susini. Estas piezas privilegiaban la anatomía de un cuerpo a menudo idealizado y, en el caso de las venus anatómicas, con una dimensión erótica dirigida al espectador masculino.

Venus anatómica.
Venus anatómica hecha por Clemente Susini, cera, 1780-1782.
Museo di Palazzo Poggi, Bologna/Wikimedia Commons, CC BY

Con el fortalecimiento de las facultades de Medicina y sus museos, este enfoque cambió ligeramente. A mediados del siglo XIX, se consolidaron los conceptos binarios de subjetividad y objetividad y este último se convirtió en el ideal de la práctica médica; el realismo pasó a ser su principal aliado. En ese contexto, la escultura anatómica se orientó hacia la representación directa de la enfermedad, abarcando desde las patologías más comunes hasta las más excepcionales. Paralelamente, la cera fue sustituida progresivamente por la escayola, más económica y resistente.

Profesionales entre arte y medicina

El acceso a una plaza de escultor anatómico exigía una doble formación, artística y anatómica, y tribunales mixtos de Bellas Artes y Medicina. Era un perfil difícil de sostener en un puesto poco reconocido y mal remunerado. Como lamentaba el doctor Ángel Pulido en 1883, quien lo ocupaba “renuncia a ser pintor, escultor y médico, para convertirse en un ser híbrido, mezcla de todo a la vez” sin el prestigio ni de unos ni de otros.

Aun así, la precariedad del mundo artístico llevó a numerosos escultores a trabajar en facultades de Medicina. Muchos de ellos llegaron a destacar en el ámbito artístico, con premios en las exposiciones nacionales de Bellas Artes, obra adquirida por el Estado y presencia en museos como el Prado o el Museo Nacional de Arte de Cataluña, además de encargos para monumentos públicos. Sus nombres aparecen en archivos universitarios y, ocasionalmente, en las firmas de las piezas conservadas.

Así, el archivo de la Universidad Complutense de Madrid revela la presencia en la facultad madrileña de reconocidos escultores como Maximino Sala, Miguel de la Cruz, José Ortells o José Pérez (“Peresejo”). A ellos se suman artistas vinculados a Santiago de Compostela, como Juan Sanmartín y Francisco Asorey, o a Granada, con Francisco Morales. El caso más destacado es Barcelona, donde trabajaron Juan Samsó, Rosendo Nobas, Torquato Tasso, Dionisio Renart y Enric Monjo.

Sin embargo, esta faceta anatómica apenas figura en sus biografías, al considerarse marginal respecto al “verdadero” arte. Es el caso de Samsó, activo en la Facultad de Barcelona entre 1863 y 1878, que compaginó la producción de modelos anatómicos –tumores, malformaciones y partos– con una exitosa participación en exposiciones nacionales.

Nobas, su sucesor, creó La Cuádriga de la Aurora, un gran monumento publico bañado en oro, mientras fabricaba series en yeso pintado que mostraban el antes, durante y después de operaciones quirúrgicas. También dejó un singular testimonio del cruce entre arte y medicina en la sepultura de mármol del anatomista Jaime Farreras Framis. En ella, un esqueleto envuelto en un sudario aparece con un realismo sobrecogedor.

Escultura de un esqueleto cubierto con una tela.
Escultura de la tumba del doctor Jaime Farreras Framis realizada por Rosendo Nobas en mármol en torno a 1887.
Cementerio de Montjuïc, Barcelona/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Patrimonio olvidado

Basta con ojear los inventarios de los museos anatómicos del siglo XIX para comprobar que la mayor parte de las piezas se ha perdido, por extravío, deterioro o destrucción. Aunque el patrimonio conservado ha quedado, en general, en manos de las universidades, la mayoría de estos museos han sido desmantelados. Entre todos ellos, destaca el Museo de Anatomía Javier Puerta como un caso excepcional de supervivencia.

En Barcelona, las piezas conservadas acabaron en el Museo de la Historia de la Medicina de Cataluña, donde permanecen casi inaccesibles al público. El cierre inminente del Museo Olavide de modelos dermatológicos pone de manifiesto la fragilidad de este patrimonio.

Se trata, sin embargo, de un legado esencial para comprender cómo se concebían el cuerpo y la enfermedad en el siglo XIX. Y también, y no es menos importante, para completar la historia de la escultura en España.


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Chloe Sharpe no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Cuando el transhumanismo se convierte en eugenesia: el caso de Jeffrey Epstein

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Leandro Gaitán Mántaras, Doctor en Filosofía, Universidad de Navarra

La investigación científica en la mejora de la raza humana puede conllevar grandes dilemas éticos. Bhautik Patel / Unsplash., CC BY

El pasado 30 de enero de 2026, el Departamento de Justicia de EE. UU. autorizó la publicación de un archivo masivo: 3,5 millones de páginas, 180 000 fotos y 2 000 vídeos que, según la ONU (2026), “contienen evidencia inquietante y creíble de tráfico y esclavitud sexual de mujeres y niñas a gran escala, tortura, desaparición forzada, tratos inhumanos y degradantes, y asesinato”.

Estos delitos, añade el organismo, se cometieron en un contexto de supremacismo, misoginia extrema, mercantilización y deshumanización sistemática. Los archivos mencionan a figuras de alto perfil de la élite occidental –políticos, empresarios, científicos, celebridades– y sugieren la existencia de una red de complicidades que acentúa el carácter estructural y la gravedad institucional de los hechos.

Fascinado por el transhumanismo

Sin embargo, más allá de los titulares escandalosos, emerge un componente ideológico menos explorado pero decisivo: el profundo compromiso de Epstein con el pensamiento transhumanista y la investigación científica orientada a la “mejora humana” (human enhancement).

Foto policial de Jeffrey Epstein (2006).
Foto policial de Jeffrey Epstein (2006).
Wikimedia Commons, CC BY

Este escenario nos sitúa ante un interrogante ineludible: ¿puede una determinada forma de entender al ser humano contribuir a erosionar o eliminar los límites morales que lo protegen? Más concretamente, ¿hasta qué punto la cosmovisión transhumanista de Epstein pudo haber funcionado como marco legitimador de su conducta?

Según un artículo del New York Times publicado en 2019, Epstein mostró durante años una recurrente fascinación por el transhumanismo, entendido como el intento de mejorar la especie humana “mediante tecnologías como la ingeniería genética o la inteligencia artificial”. No se trataba de una curiosidad superficial: invirtió millones de dólares en investigación sobre la dinámica evolutiva, la cognición como computación, el moldeamiento de la conducta, las tecnologías de rejuvenecimiento y superlongevidad, y las interfaces hombre-máquina.

Entre 1998 y 2008, el magnate pederasta donó más de 9 millones de dólares a la Universidad de Harvard, incluyendo financiación clave para el Programa de Dinámica Evolutiva, según explica un informe reciente publicado en Nature. También donó, entre 2002 y 2017, más de 7,5 millones de dólares al MIT Media Lab –que investiga en muchas áreas muy distintas, una de ellas, cómo alargar la vida humana– y apoyó a organizaciones como Humanity+ (antes Asociación Transhumanista Mundial) y a investigadores vinculados al movimiento transhumanista.

A diferencia de la filantropía orientada a la búsqueda de estatus, reconocimiento social o expansión del prestigio personal, Epstein hacía sus donaciones muy discretamente y, en ocasiones, de manera completamente anónima.

Sus contribuciones, lejos de dispersarse, se concentraban en áreas científicas convergentes y con un perfil inequívocamente transhumanista. A esta estrategia de financiación se suman algunos proyectos personales que permiten vislumbrar con mayor claridad su visión del ser humano.

Una raza humana superior

En efecto, Epstein expresó su intención de utilizar su rancho de Nuevo México (una mansión de 3 000 hectáreas) como base para experimentos genéticos, incluyendo un plan para inseminar simultáneamente a veinte mujeres y “sembrar la raza humana” con su ADN. Se creía poseedor de una genética privilegiada y superior, según revelaba el citado artículo del New York Times.

También se interesó por la creación de un repositorio de material genético (Repository for Germinal Choice) de premios Nobel y por la criónica (congelación de cuerpos o cerebros humanos a temperaturas extremadamente bajas inmediatamente después de la muerte legal, con la esperanza de que la tecnología futura pueda reanimarlos), como modo de recuperar y prolongar la vida tras la muerte.

Asimismo, según relata el psicólogo Steven Pinker, Epstein criticó los esfuerzos por combatir el hambre y mejorar la asistencia sanitaria a los pobres argumentando que ello incrementaba el riesgo de superpoblación. Esa visión delata una transición peligrosa hacia la subordinación de la vida humana a criterios de eficiencia técnico-instrumental.

El ser humano como objeto

La cuestión no es, por supuesto, que el transhumanismo conduzca necesariamente a comportamientos criminales. Se trata de una corriente heterogénea con propuestas que van desde posiciones moderadas hasta planteamientos muy radicalizados. Sin embargo, en sus versiones más extremas, introduce la idea potencialmente problemática de que el ser humano, entendido como objeto de mejora, es susceptible de ser diseñado, modificado y, por tanto, manipulado.

Cuando esta lógica es llevada hasta sus últimas consecuencias, el riesgo no es solo técnico, sino antropológico y ético. El mejoramiento biotecnológico puede acabar funcionando como un criterio dominante que condiciona la manera de percibir y tratar a los demás.

Desde esta óptica, el otro ya no es considerado como un fin en sí mismo –dotado de una dignidad que le es inherente–, sino como herramienta u objeto técnico-artificial maleable y, eventualmente, descartable.

Este tipo de racionalidad centrada en el cálculo, la eficiencia y el control, fue analizada críticamente por pensadores como Aldous Huxley, Max Horkheimer, Theodor W. Adorno, y Herbert Marcuse. Dichos autores sostienen que, cuando ese modelo de racionalidad instrumental o técnica se absolutiza, puede terminar legitimando la subordinación de unas personas a los intereses de otras y desembocar en una ideología tecnocrática y totalitaria que no mira costos humanos.

Peligros de la eugenesia

Con todo, situar los hechos en este contexto ideológico no excluye la necesidad de cautela. Resulta fundamental no incurrir en reduccionismos, pues un caso como el de Epstein difícilmente puede explicarse mediante una sola causa. Factores de orden político, psicológico, social o biográfico pudieron haber desempeñado un papel decisivo en la configuración de su conducta.

Sin embargo, reconocer esta complejidad no impide señalar que determinados marcos de pensamiento pueden contribuir a imaginar –e, incluso, justificar– ciertas prácticas. Las denuncias contra Epstein y sus adláteres no describen únicamente delitos aislados de carácter sexual, sino la existencia de una estructura organizada en la que mujeres y niñas eran tratadas como recursos intercambiables, sometidas a una lógica de uso, selección y descarte.

Sin establecer una relación causal directa, la inquietante convergencia entre esta praxis y una concepción del ser humano como objeto de “mejora” invita, al menos, a una reflexión crítica.

El fenómeno Epstein deja, en este sentido, una advertencia: cuando la racionalidad instrumental se impone como criterio dominante para determinar el valor y el destino de las personas, se abre paso a su cosificación y, en consecuencia, a la legitimación de prácticas que atentan contra su dignidad.

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Leandro Gaitán Mántaras no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando el transhumanismo se convierte en eugenesia: el caso de Jeffrey Epstein – https://theconversation.com/cuando-el-transhumanismo-se-convierte-en-eugenesia-el-caso-de-jeffrey-epstein-281035

Récord estratosférico en maratón: así rompieron dos atletas una barrera que se creía insuperable

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mark Connick, Postdoctoral Research Fellow, School of Exercise & Nutrition Sciences, Queensland University of Technology

El 6 de mayo de 1954, el atleta británico Roger Bannister logró lo que se consideraba imposible en el atletismo: corrió una milla (1 609,34 metros) en menos de cuatro minutos.

Este hito fue celebrado en todo el mundo, y no solo por los aficionados al atletismo. En aquel momento se consideró un logro similar a la primera ascensión al Everest, que Sir Edmund Hillary y Tenzing Norgay habían coronado el año anterior.

Este domingo, el keniano Sabastian Sawe y el etíope Yomif Kejelcha lograron una hazaña comparable a la de Bannister hace casi 72 años: correr los 42 kilómetros de una maratón en menos de dos horas.

Analicemos este nuevo hito y averigüemos cómo pudieron conseguirlo.

¿Qué ocurrió en Londres?

Sawe batió el récord mundial masculino por unos asombrosos 65 segundos al ganar la prueba en 1 hora, 59 minutos y 30 segundos.

Kejelcha –quien, sorprendentemente, corría su primer maratón– también cruzó la línea de meta en menos de dos horas (1:59:41).

La carrera fue increíblemente rápida. Incluso el tercer clasificado, Jacob Kiplimo, de Uganda, batió el anterior récord mundial –establecido en 2023 por el keniano Kelvin Kiptum en Estados Unidos– por siete segundos (terminó en 2:00:28).

Sawe corrió cada vez más rápido a medida que avanzaba el maratón, completando la segunda mitad de la carrera en 59:01. Se distanció de Kejelcha tras unos 30 kilómetros y se escapó en solitario en los dos últimos kilómetros.

Tras la carrera, Sawe declaró:

Hoy he hecho historia en Londres y he demostrado a la próxima generación que nada es imposible. Todo es posible, es solo cuestión de tiempo.

El entrenamiento y la nutrición

El equipo del atleta keniano afirmó que entrenaba hasta 240 kilómetros a la semana y se alimentaba antes de la carrera con pan y miel. Es probable que ese volumen de práctica sea un factor importante para correr una maratón en menos de dos horas.

Correr hasta 240 kilómetros a la semana supera lo que la mayoría de los corredores pueden soportar. Pero un volumen de entrenamiento elevado, especialmente cuando gran parte de él se realiza a una intensidad relativamente baja, se asocia con mejores resultados en maratón.

La nutrición durante la prueba también estuvo bien planificada. Una maratón de dos horas se corre a una intensidad tan alta que la ingesta de carbohidratos se vuelve importante para mantener el rendimiento. El cuerpo los almacena en los músculos y el hígado, pero las reservas son limitadas.

Según su equipo de nutrición, Sawe tomó una bebida con carbohidratos y un gel antes de la salida, y luego consumió bebidas y más geles con el mismo nutriente durante toda la carrera. Según sus informes, su ingesta media fue de unos 115 gramos de carbohidratos por hora.

Aunque esto no es recomendable para el corredor aficionado, ayuda a mantener el suministro de energía y el ritmo en las últimas etapas de la prueba a la intensidad necesaria.

La fisiología

Aunque los datos de laboratorio de Sawe y Kejelcha no son públicos, la fisiología necesaria para correr un maratón rápidamente se debe a tres atributos principales:

  • Una capacidad excepcional para absorber y utilizar oxígeno durante la carrera.

  • La aptitud para mantener una alta proporción de esa capacidad durante periodos prolongados.

  • Una economía de esfuerzo formidable, lo que significa utilizar menos oxígeno a una velocidad determinada.

Los resultados excepcionales en maratón también dependen de la resistencia, que es la capacidad de evitar el deterioro de las citadas cualidades a lo largo de la carrera.

¿Y qué hay de las zapatillas?

Sawe y Kejelcha llevaban las zapatillas más ligeras de la historia: las Adios Pro Evo 3 de Adidas, que pesan menos de 100 gramos y pueden mejorar la economía de carrera en aproximadamente un 4 % en comparación con las zapatillas de competición convencionales.

Las Adios Pro Evo 3 combinan varias características comunes en este tipo de calzado de vanguadia: peso muy reducido, espuma gruesa y resistente y una estructura rígida a base de carbono en la entresuela. Según se informa, el grosor del talón es de 39 milímetros, justo por debajo del límite de 40 mm permitido por World Athletics.

Aunque la mayoría de los corredores se benefician de las superzapatillas, el efecto no es el mismo para todos los corredores. Los investigadores han sugerido que esto se debe a dos formas en las que el calzado interactúa con el atleta:

  • En primer lugar, la espuma y el elemento de refuerzo pueden afectar al rebote “elástico” del cuerpo cuando el pie toca y se despega del suelo.

  • En segundo lugar, pueden alterar la forma en que se mueve el corredor, incluyendo cómo funcionan el pie y el tobillo, cuánto tiempo permanece el pie en el suelo y el momento en que se produce el retorno de energía. Por lo tanto, una zapatilla puede ser capaz de almacenar y devolver más energía, pero el atleta aún tiene que interactuar con ella de manera eficaz.




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La ventaja exacta de las Adios Pro Evo 3 sobre otras zapatillas de alto rendimiento no se ha medido de forma independiente, pero es probable que incluso las pequeñas mejoras sean importantes en una maratón.

Tal vez las condiciones en la capital británica también contribuyeran a estos resultados. Si bien el recorrido de Londres se considera relativamente rápido (aunque no tanto como el de Berlín), las condiciones meteorológicas fueron casi ideales: entre 13 y 17 °C durante la carrera, lo que se sitúa en el extremo superior del óptimo teórico para correr una maratón, pero dentro del rango asociado al rendimiento de resistencia rápida.

Una tormenta perfecta

En 2017, se consideraba poco probable que se completara un maratón por debajo de las dos horas en varias generaciones.

La mejor explicación para lo que ocurrió el domingo en Londres es la convergencia de muchos factores, entre los que se incluyen una fisiología excepcional, años de entrenamiento de gran volumen, una biomecánica eficiente favorecida por el uso de calzado avanzado, una alimentación optimizada y unas condiciones meteorológicas favorables.

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Mark Connick no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Récord estratosférico en maratón: así rompieron dos atletas una barrera que se creía insuperable – https://theconversation.com/record-estratosferico-en-maraton-asi-rompieron-dos-atletas-una-barrera-que-se-creia-insuperable-281573

La conversación docente: patios más bonitos, recreos más largos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

Irina WS/Shutterstock

Una de las cosas que más pavor me producen aún a día de hoy es recibir un balonazo. Teniendo en cuenta que, excepto en la playa o en clase de pilates, hace años que no veo de cerca una pelota de ningún tipo, imagino que el trauma viene de mi infancia y del riesgo que corríamos los niños y niñas que jugábamos en el patio del colegio en los márgenes del campo de fútbol.

Mi colegio era público y se había construido en los años 70, en un barrio residencial de las afueras de Madrid, pero en aquellos años a nadie se le ocurrió reservar espacio en los planos para algún árbol o para que además de campo de fútbol (y de baloncesto en la parte “de los mayores”) hubiera sitio para otros juegos. El patio era un espacio cuadrado de cemento, con muros de ladrillo y ninguna concesión estética. Las dos canchas de baloncesto y las porterías de fútbol, además de los barrotes de las ventanas bajas, eran los únicos lugares disponibles para dar rienda suelta a nuestra natural necesidad de colgarnos y ponernos cabeza abajo o hacer volteretas.

¿Y qué más da todo esto?, se preguntarán. Lo verdaderamente importante es lo que aprendíamos en las aulas, ¿no? Pues no, no del todo. ¿A que no sabían que el tiempo de recreo se considera en muchas comunidades autónomas de España “tiempo lectivo”? Es decir, tiempo de aprendizaje también. Y como explica Sylvie Pérez Lima, psicopedagoga e investigadora en la Universitat Oberta de Catalunya, no es un aprendizaje en absoluto secundario. En el patio, durante el “recreo”, se aprenden muchísimas cosas y, lo que es más importante, se podrían aprender muchas más. Para ello hay que entender el papel de los docentes de una manera más activa y deliberada: los escolares deben tener espacio para la espontaneidad y el juego libre, pero los adultos deben facilitar, organizar y gestionar este juego no tanto para evitar conflictos o conductas disruptivas sino para aprovecharlas pedagógicamente.

De ahí la necesidad de que el espacio sea interesante, no solo agradable. Las expertas Cristina Varela Casal, María Begoña Paz García y África Martínez Barreiro, de la Universidade de Vigo, proponen varias maneras de transformar el patio en un lugar más acogedor.

No se trata solo de grandes proyectos: un mural colectivo, un huerto modesto, diferenciar áreas por colores, reservar espacios para momentos más pausados, que inviten a sentarse y conversar… cada escuela tiene posibilidades distintas, y sus alumnos son quienes mejor saben lo que se puede hacer y lo que echan en falta.

Cuando esta transformación se hace de manera colaborativa, teniendo en cuenta a estudiantes y docentes, y se presta además a la expresión plástica, la experiencia tiene otra ventaja: crea comunidad. Los estudiantes se sienten más unidos a su colegio, lo sienten más propio. Esto ayuda a reducir el acoso escolar y el absentismo. Porque no hay nada más motivador que sentir que uno no va al cole porque no le queda otra, sino porque es su lugar, y tiene un sitio en él.

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ref. La conversación docente: patios más bonitos, recreos más largos – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-patios-mas-bonitos-recreos-mas-largos-281483

La selección: la era de las alergias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Colado, Redactor jefe / Editor de Salud y Medicina, The Conversation

Igogosha/Shutterstock

Más allá de la charla de ascensor, la percepción generalizada de que “cada vez hay más alergias” se corresponde con una realidad fáctica. Si nos ceñimos a la población infantil, 795 000 menores sufren en España alguna modalidad, y los ingresos hospitalarios por reacciones alérgicas graves en niños se han multiplicado por siete en los últimos diez años. ¿Qué está pasando?

A esta compleja pregunta intentaban dar respuesta Alejandra Pera Rojas y Berta Ruiz-León, de la Universidad de Córdoba, en un artículo de The Conversation Júnior, la sección dedicada a satisfacer la curiosidad de nuestros lectores más jóvenes. Compleja porque múltiples factores pueden desencadenar las respuestas improcedentes del sistema inmunitario humano, al que cada vez le cuesta más diferenciar entre lo peligroso y lo inofensivo: los hábitos de vida en las ciudades (donde los niños pequeños fortalecen menos sus defensas exponiéndose a los gérmenes), la contaminación, el cambio climático…

Además, en los últimos años ha salido a la luz un nuevo sospechoso, presente en muchos de los problemas de salud que nos acechan: la microbiota. O mejor dicho, el deficiente estado de la comunidad de microorganismos que coloniza nuestro sistema digestivo. Como explicaba Narcisa Martínez Quiles, de la Universidad Complutense de Madrid, la tolerancia a los alérgenos –la ausencia de reacciones del sistema inmunitario a elementos que no constituyen un riesgo para la salud– depende en buena medida de adquirir una microbiota sana en la infancia. Por ejemplo, y según un estudio citado por la autora, la presencia de determinados grupos de bacterias difiere entre los niños que tienen asma y los que no la padecen.

Y si usted, lector, vive en el hemisferio norte, hay muchas probabilidades de que sea víctima de la alergia primaveral y maldiga con todas sus fuerzas la existencia del polen. Pero antes de hacerlo, piense que cumple una función ecológica esencial para la supervivencia de la humanidad. María Teresa Gómez Sagasti, de la Universidad del País Vasco, sacaba a colación, entre otros interesantes datos, que más del 75 % de los cultivos alimentarios del mundo dependen en cierta medida de la polinización.

Es verdad que las plantas están en la obligación de fabricar grandes cantidades de esas pequeñas estructuras reproductivas para maximizar las posibilidades de hacer match con su pareja ideal, pero el calentamiento global ha disparado su producción en especies muy alergénicas como las gramíneas, las ortigas o ciertos tipos de árboles. Pablo Hidalgo y Nuria Martín, de la Universidad de Huelva, lo ilustraban con el caso del plátano de sombra, cuya concentración de polen está aumentando en el sur de España a causa del ascenso de las temperaturas y las horas de insolación. “Aunque el futuro es incierto, estos cambios indican que nada será como antes”, sentenciaban los expertos.

Y aquí surge el dilema: ¿cómo impulsar el deseable aumento de las zonas verdes en las ciudades sin agravar el suplicio de sus habitantes alérgicos cada primavera? Sergio Fuentes Antón, de la Universidad de Salamanca, proponía que se planten especies como almendros, ciruelos de jardín, falsas acacias o pinos: no generan tantos problemas respiratorios, sus copas dan buena sombra y su floración decora toda la ciudad.

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ref. La selección: la era de las alergias – https://theconversation.com/la-seleccion-la-era-de-las-alergias-281292

Suplemento cultural: el mejor contrato social

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

Everett Collection/Shutterstock

Durante una época, la primera época imagino, leía sobre todo en busca de aventuras, de experiencias, de multiversos posibles. Pero esas aventuras me pasaban a mí. Adoraba Matilda porque hablaba de . Me gustaba Manolito Gafotas porque sus referencias eran las mías. Releía Mi amigo Luki-Live porque su protagonista empezaba a enamorarse como yo.

O eso pensaba.

En realidad, mientras creía vivir todas esas correrías desde mi silla lo que sucedía es que estaba utilizando las narraciones como vehículo para entender cómo eran los otros. Cómo eran aquellos niños que vivían en familias disfuncionales, como la de Matilda; aquellos niños que no podían irse de vacaciones, como Manolito, o aquellas adolescentes que no entendían muy bien qué significaba enamorarse, aunque su contraparte lo tuviese claro.

Los libros me cebaron de relatos para acabar llenándome de humanidad. Como dice Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, catedrático de Literatura Española y poeta, “el que escribe, escribe para que su historia no sea solo una confesión biográfica, sino algo que represente a la condición humana, y que el que la lea se sienta identificado con esa historia”. Con sus reflexiones sobre la literatura, la poesía, Federico García Lorca y el español arrancamos hoy.

Al hilo de lo que mencionaba García Montero, cuanto más variadas y eclécticas sean las voces que leemos, más podremos conocer a otros seres humanos y más podremos comprender sus alegrías, sus penas y sus miedos.

Cuando Svetlana Alexiévich se sentó frente a los supervivientes de Chernóbil, buscaba que sus testimonios resonasen a lo largo del tiempo, como así ha ocurrido en gran parte del mundo –aunque no en las zonas afectadas–. Y cuando Jennifer Nansubuga Makumbi se puso a narrar la historia de La primera mujer consiguió que la realidad de una joven ugandesa que busca luchar por su independencia derribase fronteras.

Es interesante dar un paso atrás y plantearse cuál es el valor real que tiene la literatura. ¿Lo definen los suplementos culturales? ¿Las listas de los más vendidos? ¿Los premios? ¿O está ese valor escondido en la complejidad y, a la vez, sencillez de conseguir ser otro simplemente por leer lo que le pasa?

Palabras cantadas

La semana pasada la sede madrileña del Instituto Cervantes inauguró una exposición de las letras que numerosos músicos de nuestro idioma esbozaron en libretas y acabaron convirtiéndose en composiciones musicales icónicas. La noticia me hizo pensar en el artículo de Javier Soto Zaragoza de hace unos días, en donde analiza si sería posible –e incluso justo– darle en algún momento el Premio Cervantes a un cantautor.

Tras leer su análisis una se pregunta: ¿puede considerarse un maestro de la literatura quien escribió: “Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel por mis venas va, ligero de equipaje sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje”? ¿O quien compuso “Si yo pudiera unirme a un vuelo de palomas y atravesando lomas dejar mi pueblo atrás, os juro por lo que fui que me iría de aquí. Pero los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio”?

Es decir, ¿merecerían ese reconocimiento Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat por su magistral pericia a la hora de moldear el lenguaje? Probablemente, como dice Soto Zaragoza, sí.

Algo más que libros

Es momento de libros, pero no solo. En las últimas semanas en The Conversation hemos tratado diversos temas porque eso es lo bonito del arte y las humanidades, que se trenzan constantemente con otros aspectos de la realidad.

Cuando escribo estas líneas, Torrente, presidente ha vendido más de 3 600 000 entradas en España. Algunas de ellas probablemente sean responsabilidad de Ana María Iglesias Botrán, que ha recomendado su visionado a los alumnos de su asignatura de Análisis del discurso. ¿Y por qué? Ella misma da nueve razones en su artículo.

Ahora que los vinilos vuelven a estar de moda, una pregunta que todos nos hacemos es… ¿merece la pena invertir en discos si tenemos todo el audio disponible en el ordenador? ¿Suenan mejor los vinilos? Los expertos se alejan de la disyuntiva entre mejor o peor para desglosar los diferentes formatos, con sus fortalezas y sus debilidades.

Y cerramos con algo de historia. Historia medieval, para más señas. Abel de Lorenzo Rodríguez describe en su investigación qué delitos se pagaban entonces con la pena de muerte y qué métodos se elegían para matar. Los hechos recogidos en las fuentes ayudan a conocer qué era cierto, qué es mito y de qué costumbres, afortunadamente, nos hemos alejado.

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El último atentado contra el presidente Trump evidencia el aumento de la violencia política en Estados Unidos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By James Piazza, Liberal Arts Professor of Political Science, Penn State

President Donald Trump speaks at the White House on April 25, 2026, after the cancellation of the annual White House Correspondents Association Dinner. Andrew Leyden/Getty Images)

Por tercera vez en tres años, Donald Trump ha sido objeto de un intento de atentado. Muchos hechos siguen sin estar claros después de que un hombre armado irrumpiera en el Washington Hilton el 25 de abril de 2026, durante la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca.

Mientras continúa la investigación sobre el tiroteo, Alfonso Serrano, editor de política y sociedad de The Conversation US, ha hablado con James Piazza, un experto en violencia política de la Universidad Estatal de Pensilvania.

No es la primera vez que Trump se enfrenta a la violencia política. ¿Qué destaca tras el último ataque?

Creo que los acontecimientos del 25 de abril ponen de relieve lo peligroso que es este momento político en Estados Unidos. Investigadores del Laboratorio de Investigación e Innovación sobre Polarización y Extremismo han documentado que la violencia política ha aumentado en Estados Unidos en los últimos años.

Me vienen a la mente varios ejemplos recientes: la insurrección del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de los Estados Unidos; múltiples intentos de asesinato del presidente Trump; los ataques mortales contra los legisladores de Minnesota Melissa Hortman y John Hoffman que causaron la muerte de Hortman y su marido; el intento de asesinato de Paul Pelosi;
el asesinato de Charlie Kirk. En mi estado natal, Pensilvania, el gobernador Josh Shapiro fue blanco de un ataque en la mansión del gobernador.

Decenas de coches de policía se alinean en una calle.
Las fuerzas del orden responden a un incidente en el Washington Hilton durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca el 25 de abril de 2026, en Washington.
AP Photo/Allison Robbert

¿Qué está impulsando esa aparente plaga de violencia política que azota al país?

Hay varios factores importantes que impulsan la violencia política en los Estados Unidos hoy en día, según mi propia investigación y la investigación de otros académicos. Estados Unidos se encuentra actualmente muy polarizado políticamente, lo que significa que los estadounidenses están profundamente divididos por motivos partidistas. Se miran con recelo y hostilidad, lo que genera un ambiente tenso y volátil para la política y la vida pública. Esto ha creado un entorno de “suma cero” en el que cada elección y cada contienda política se vive como un momento de “vida o muerte”.

Lo que más me llama la atención es la dimensión moral de la polarización en EE. UU.. Cada bando considera a los miembros del otro partido no solo como personas con una visión política diferente, sino más bien como malvados o inmorales. El entorno polarizado ha hecho que la violencia política se haya normalizado. También ha atenuado la reacción pública contra la violencia política cuando esta se produce.

La retórica política se ha vuelto mucho más divisiva y violenta por naturaleza, y eso va de la mano de la polarizacióna.

En particular, cuando los políticos utilizan una retórica demonizadora o deshumanizadora para atacar a sus oponentes –por ejemplo, utilizando palabras que describen a sus oponentes como subhumanosse fomenta el extremismo y contribuye a motivar a los extremistas a agredir físicamente a sus oponentes.

La desinformación también es un importante factor impulsor de la violencia política. Varias actos recientes de violencia política parecen motivados por teorías conspirativas y otras formas de desinformación, a menudo difundidas en las redes sociales, donde las personas suelen estar herméticamente aisladas de fuentes que cuestionen su visión del mundo. Esto facilita la radicalización y se ha demostrado que, en algunos casos, alimenta la violencia política.

Por último, creo que otro factor importante es el actual ataque a las normas democráticas y a las instituciones democráticas en Estados Unidos. La democracia estadounidense está sufriendo presiones sin precedentes en la era moderna. Esto ha tenido un efecto muy perjudicial en la confianza de los estadounidenses en el Gobierno, en las instituciones democráticas y en el propio valor del régimen democrático.

Mi trabajo muestra que las personas escépticas con respecto a la democracia son mucho más propensas a expresar apoyo o tolerancia hacia la violencia política.

Un hombre frente a un atril, de pie ante decenas de personas sentadas.
El presidente Donald Trump responde a preguntas en la Casa Blanca el 25 de abril de 2026, tras un tiroteo ocurrido en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca.
Mandel Ngan/AFP vía Getty Images

¿En qué se diferencia este momento de violencia política de otros periodos violentos de la historia de EE. UU.? ¿Nos encontramos en territorio desconocido?

Aunque EE. UU. está experimentando actualmente un repunte de la violencia política, lamentablemente no es algo sin precedentes. Un ejemplo sería el periodo de gran polarización de la década de 1850, en vísperas de la Guerra Civil. En aquella época, existía una marcada división entre los abolicionistas y los defensores de la esclavitud. Y culminó en asesinatos políticos, una agresión a un congresista abolicionista por parte de un congresista proesclavista y un sangriento conflicto civil en Kansas entre grupos armados pro y antiesclavistas.

A principios del siglo XX, justo después de la Primera Guerra Mundial, se produjo otro aumento de la violencia política debido a cuestiones laborales y la violencia por parte de la segunda generación del Ku Klux Klan.

Por último, la década de 1960 también fue testigo de un periodo de intensa violencia política en torno a la oposición a la Guerra de Vietnam y a la reacción contra el Movimiento por los Derechos Civiles.

Aunque la violencia política actual presenta algunas características únicas –concretamente, la influencia de las redes sociales–, creo que podemos encontrar algunos paralelismos con esos primeros periodos de violencia política.

¿Alguna reflexión final?

Creo que es fundamental que tanto los políticos demócratas como los republicanos se unan para condenar este ataque y toda forma de violencia política. Los comentaristas políticos y las personas influyentes también pueden condenar este hecho y todo uso de la violencia política.

Las investigaciones demuestran ampliamente que lo que dicen las élites políticas tras este tipo de sucesos tiene un enorme efecto en las actitudes de los ciudadanos: deberían adoptar una retórica que no normalice este tipo de comportamiento.

Si el mensaje de todo el espectro político es unánime, será mucho más eficaz a la hora de reducir las actitudes que alimentan la violencia política.

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James Piazza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El último atentado contra el presidente Trump evidencia el aumento de la violencia política en Estados Unidos – https://theconversation.com/el-ultimo-atentado-contra-el-presidente-trump-evidencia-el-aumento-de-la-violencia-politica-en-estados-unidos-281533

¿Es realmente el uso tópico del etanol tan peligroso como para retirarlo del mercado?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dr. Borja Garrido Arias, Profesor Dpto. Ingeniería Mecánica, Escuela ICAI, Universidad Pontificia Comillas

Antonio Suarez Vega/Shutterstock

A principios de año, diversos medios publicaron la noticia de que la Unión Europea estaba planteándose clasificar el etanol –el alcohol etílico de nuestros botiquines y de los geles hidroalcohólicos– como sustancia peligrosa por posible riesgo cancerígeno.

Plantear semejante duda era importante, porque el uso del etanol como biocida tiene grandes implicaciones en el grado de exigencia que se pretender aplicar a sustancias como los biocidas, diseñados para destruir, neutralizar o controlar organismos nocivos (bacterias, virus, hongos, insectos) por medios químicos o biológicos.

¿Y cómo se regulan estos permisos?

La clasificación de los biocidas, productos muy presentes en nuestro día a día, abarca desde desinfectantes para el agua potable hasta productos químicos específicos para la limpieza de superficies que están en contacto con alimentos o incluso con animales en el ámbito veterinario. Y dado que equivocarse tanto en la aplicación como en la dosis puede suponer efectos irreversibles en el medio ambiente y los seres vivos, su papel en salud pública es clave. Eso explica por qué son el Ministerio de Sanidad y las Consejerías de Sanidad las responsables de autorizar y aportar los permisos de uso.

Los biocidas solamente puede estar en el mercado durante diez años. Transcurrido ese tiempo, sus fabricantes deben renovar o actualizar sus permisos cada cinco años.




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Pero, ¿qué hay del etanol?

En el 2025, los permisos de aplicación del etanol entraron en fase de renovación atendiendo a la legislación vigente.

La Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) es el organismo europeo encargado de controlar los expedientes científicos de los biocidas, coordinar la evaluación entre Estados miembros, así como de preparar el informe de evaluación se corresponde. Una vez aportado este documento y sus recomendaciones, es la Comisión Europea la encargada de renovar la autorización del biocida para, posteriormente, extrapolar la decisión a los distintos Estados miembros.

Pues bien, en 2025 la ECHA identificó un riesgo de carcinogenicidad del etanol. La información fue malinterpretada por muchos de los medios que difundieron la noticia, ya que su riesgo cancerígeno solo hacía referencia a la exposición digestiva, dentro de bebidas alcohólicas. Pero como desde la pandemia el uso de geles hidroalcohólicos ha estado muy extendido, la posible nueva clasificación del etanol tuvo un gran impacto mediático.




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Diferencia entre riesgo y peligro

Es importante aclarar que el concepto de riesgo está íntimamente relacionado con el peligro y la probabilidad de exposición. En el caso concreto del etanol, su exposición como biocida de uso tópico, ya sea para evitar la infección de heridas o eliminar los microorganismos de la piel, es muy baja.

De hecho, oficialmente, el Comité de Biocidas de la ECHA ha llegado a la conclusión que su uso podrá seguir realizándose a nivel tópico en higiene personal e industrial con seguridad.




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Aunque estamos a la espera de que la ECHA remita el dictamen a la Comisión Europea y de que, seguidamente, ésta decida la aprobación o no aprobación del etanol, lo más propable es que su uso vuelva a ser autorizado. Sobre todo en el caso de geles hidroalcohólicos y otros productos de higiene que tantos beneficios nos aportaron durante la pandemia.

La difusión de aquel informe preliminar con la posible clasificación del etanol como carcinógeno, referido como adelantábamos a su ingesta, ha generado una alarma social innecesaria. Por eso resulta importante estar bien informados y no precipitarse en las conclusiones.

Conocer los flujos de información, competencias y ámbito científico permite una reflexión crítica de los avances en la salud pública y en el avance científico.

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Declaro que mi actividad en el ámbito de la Prevención de Riesgos Laborales (PRL) e higiene industrial se realiza de forma indirecta, no existiendo conflicto de intereses. La información presentada en este artículo refleja conocimientos propios adquiridos en el ejercicio de mi actividad profesional en el campo de la ingeniería, así como mediante el estudio y la formación continua a lo largo de mi trayectoria académica y profesional.

ref. ¿Es realmente el uso tópico del etanol tan peligroso como para retirarlo del mercado? – https://theconversation.com/es-realmente-el-uso-topico-del-etanol-tan-peligroso-como-para-retirarlo-del-mercado-277795

¿Debería haber más horas de recreo? Depende de la infancia que queramos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sylvie Pérez Lima, Psicopedagoga. Psicóloga COPC 29739. Profesora tutora de los Estudios de Psicología y Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Irina WS/Shutterstock

La ampliación del tiempo de patio de 30 a 40 minutos en una escuela de Barcelona ha reabierto un debate recurrente: ¿hace falta más tiempo de juego en la escuela? Algunos maestros y familias lo piden, mientras otros se preguntan si esto perjudicará al aprendizaje.

Pero quizá la pregunta esté mal planteada. En primaria, el recreo no es una pausa fuera del aprendizaje. Por ejemplo, en España es, por normativa y concepción pedagógica, tiempo lectivo en muchas de las comunidades autónomas: Cataluña, Valencia, Castilla-La Mancha, Andalucía o La Rioja. En otras como Madrid, Aragón o Canarias no se considera docencia directa pero los docentes sí tienen la obligación de estar.

Así pues, en la mayoría de regiones españolas y en la etapa de primaria (entre los 6 y los 12 años), el tiempo de patio forma parte de las cinco horas lectivas diarias, porque durante el recreo se desarrolla también la educación con objetivos determinados: socializar, regularse, negociar, imaginar, construir vínculos y aprender a convivir.

Pero es que además, al implicar la presencia directa del adulto, ampliar el recreo no supone reducir el aprendizaje, sino priorizar un tipo determinado de aprendizaje.




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El patio, espacio educativo: más que movimiento

El debate se reduce a menudo a la necesidad de moverse. Sin duda, el movimiento es clave, especialmente en una infancia cada vez más sedentaria. Pero el recreo no puede convertirse sólo en una descarga corporal. Cuando el juego queda limitado al cuerpo y al movimiento, sin objetos, sin materiales y sin mediación, a menudo aparecen más conflictos, especialmente con los alumnos más vulnerables.

El juego libre necesita espacios regulados, no para dirigirlo, sino para hacerlo posible. Un patio educativo debería incluir espacios y momentos que favorezcan el juego simbólico en edades tempranas, pero también el juego con objetos (como pelotas, pequeñas bicicletas, combas, cuerdas de saltar…), espacios tranquilos o zonas de conversación, rincones que permitan la construcción o manipulación de arena, actividades que dejen que los alumnos puedan crear, y también, está claro, movimiento físico.




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Es importante tener presente que cuando hablamos de juego libre y espontáneo no queremos decir que no esté organizado. Es una organización que permite la libertad: zonas donde se permiten determinados tipos de juegos, rotación entre diferentes espacios del patio de la escuela, diferentes elementos para poder escoger para jugar, etc. El niño elige entre alternativas o circula entre diferentes propuestas organizadas según el día de la semana, por ejemplo.

Cuando ofrecemos espacio para correr sin más, el juego se reduce y pueden aparecer los conflictos que nos preocupan de los recreos; pero cuando existen materiales, adultos presentes, relaciones y posibilidades, el juego se expande.




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El déficit actual: juego y cuentos

El patio escolar, y el tiempo dedicado al recreo, nos permite reforzar el desarrollo emocional, social y cognitivo con alternativas válidas a las pantallas, que contribuyan a desarrollar habilidades cognitivas como la concentración y la imaginación.

Así, la cuestión de fondo no es tanto el cuántas horas pasan los niños en el patio cada semana, sino el tipo de actividades que deberían formar parte de la cotidianidad escolar, haya o no ampliación del recreo: el juego, el teatro y la lectura de cuentos.

Estas tres actividades comparten una función fundamental: activar la función simbólica. A través del juego, el niño representa la realidad; a través del teatro, la dramatiza, y a través del cuento, la imagina: las tres actividades potencian el crecimiento, ayudan en la comprensión de las emociones y de la propia imaginación a través de la imitación y de manera implícita.

Libres, pero con adultos

El docente no está aquí solo para controlar que las normas se cumplen o que no hay conductas disruptivas: su papel mediador es el que permite que las experiencias del recreo puedan ser expresadas y compartidas.

Cuando, por ejemplo, surgen conflictos (algo natural en cualquier juego con normas) el adulto no debería limitarse a decidir quién tiene razón o imponer una solución, sino ayudar a su tramitación. En lugar de resolver, puede intervenir poniendo palabras a lo ocurrido: “¿Qué ha pasado aquí?”, “¿Qué querías hacer tú?”, “¿Y tú cómo lo has vivido?”. A partir de ahí, acompaña a los alumnos a escucharse, a entender el punto de vista del otro y a buscar alternativas. No elimina el conflicto, pero lo convierte en una oportunidad de aprendizaje.




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Construyéndose a sí mismos

Al mismo tiempo, el adulto desempeña una función constituyente. Lo que dice (y también lo que no dice) contribuye a la imagen que el niño construye de sí mismo. No es lo mismo decir “siempre estás molestando” que “veo que hoy te está costando encontrar tu sitio en el juego, vamos a pensar cómo hacerlo”. En el primer caso, el niño queda fijado a una etiqueta; en el segundo, se le reconoce como alguien capaz de cambiar y encontrar una posición diferente.

Las palabras adultas, por tanto, no solo regulan la conducta, sino que ayudan a configurar un alumno capaz, reconocido y con lugar dentro del grupo. Este proceso se da en el aula, pero también –y especialmente– en los espacios de juego y tiempo compartido.

Parte del aprendizaje, y del horario

Una vez que entendemos que el juego, tanto libre como estructurado, no es únicamente “entretenimiento”, sino una de las principales bases del aprendizaje en primaria, podemos incorporarlo de forma intencional dentro de las horas lectivas.

Algunos centros ya están introduciendo estructuras de juego de manera cotidiana, en momentos estables de la jornada, ya sea al inicio o al final del día, que permiten a los alumnos entrar en la actividad escolar o cerrarla desde una posición más regulada.

Por ejemplo:

  • Estructuras de juego al inicio de la mañana, con propuestas breves que combinan juego simbólico, construcción o interacción guiada, y que ayudan a activar la atención, favorecer la entrada al aula y anticipar el trabajo posterior.

  • Espacios de juego al final de la jornada, que permiten elaborar lo vivido durante el día, reducir la tensión acumulada y cerrar la experiencia escolar desde el vínculo y la interacción.

  • Rituales de cuentos diarios.

  • Momentos de expresión artística regular.

  • Tiempo de dramatización, expresión corporal y artística, vías fundamentales de desarrollo cognitivo, emocional y social.

Además, a través de estas actividades, los aprendizajes vinculan a los alumnos con la escuela y entre ellos.

El papel de las narraciones

Los cuentos leídos en común y la puesta en escena de obras teatrales entrenan la escucha que se necesita para mejorar en nuestras capacidades básicas de expresión oral y escrita. El niño más pequeño aprende a seguir una historia, anticipar, interpretar y dar significado: bases fundamentales del lenguaje.

Pero su valor no se limita a las primeras edades. En los alumnos más mayores, estas prácticas permiten algo aún más complejo: sostener la atención, comprender puntos de vista diferentes, elaborar conflictos y construir pensamiento propio. A través del relato y la dramatización, los estudiantes no solo entienden historias, sino que aprenden a interpretar la realidad, a posicionarse y a dar sentido a lo que viven.

Escuchar una historia compartida o participar en una representación implica entrar en un tiempo común, aceptar reglas, esperar, imaginar y conectar con los otros. Son, por tanto, experiencias que no solo desarrollan el lenguaje, sino también la capacidad de pensar, convivir y construir una identidad propia en relación con los otros.

¿Ampliar el recreo… o la mirada?

Ampliar el tiempo de ocio puede ser una medida positiva, pero especialmente si va acompañada de una reflexión pedagógica sobre lo que aporta y cómo se puede facilitar y aprovechar.

No se trata sólo de añadir minutos, sino de repensar el papel del juego, del relato y de la expresión en la escuela. El debate, en el fondo, es sobre hasta qué punto dejamos a los niños ser niños a lo largo de su educación formal.

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Sylvie Pérez Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Debería haber más horas de recreo? Depende de la infancia que queramos – https://theconversation.com/deberia-haber-mas-horas-de-recreo-depende-de-la-infancia-que-queramos-280930