Las brisas marinas del Mediterráneo ya no refrescan como antes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Shalenys Bedoya Valestt, Investigadora predoctoral, climatología, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Vista del mar Mediterráneo desde la catedral de Palma de Mallorca. Al Carrera/Shutterstock

Quienes viven a orillas del Mediterráneo conocen bien la sensación. Es mediodía en pleno mes de julio, el asfalto quema y el aire parece estancado. De repente, las hojas de los árboles empiezan a moverse. Se ha despertado la brisa. Ese viento fresco que llega del mar ha sido, durante siglos, nuestro aire acondicionado natural, un alivio indispensable para soportar los rigores del verano. Pero algo está cambiando. Cada vez lo sentimos menos.

No es solo una percepción. Los datos lo confirman: la ventilación natural del Mediterráneo se está debilitando.

En nuestro estudio, publicado recientemente en Scientific Reports, aportamos evidencias a escala regional de que, en un clima cada vez más cálido, las brisas marinas se están volviendo más débiles y más frecuentes en la cuenca del Mediterráneo occidental. Para ello, hemos analizado los datos correspondientes a 41 años (1981–2021) procedentes de 39 estaciones meteorológicas en Francia, Italia, España y el norte de África.

Cuatro décadas de cambios

En nuestro trabajo, hemos observado dos patrones claros:

  • Un debilitamiento en la intensidad: desde la década de 1980, la velocidad (intensidad) de la brisa marina ha disminuido casi un 11 % de media, especialmente durante los meses de primavera y verano.

  • Un probable cambio en su estacionalidad: por el contrario, la frecuencia de aparición de las brisas ha aumentado, sobre todo en invierno, con un incremento de aproximadamente un 10 % por década.

El calentamiento regional debilita la brisa del Mediterráneo

En España, la situación es aún más pronunciada. En las Islas Baleares y la costa mediterránea peninsular, este viento ha perdido en torno a un 17 % de su fuerza. Ciudades como Barcelona, Palma de Mallorca y Castellón presentan brisas marinas incluso un 25 % más débiles que en la década de los ochenta.

Podríamos pensar que lo lógico sería que ocurriese lo contrario. Sabemos que la región mediterránea ha experimentado un calentamiento sin precedentes y es considerada un “punto caliente” del cambio climático con cada vez más episodios extremos de calor. Actualmente, el mar y la tierra se calienta entre un 20 % y un 40 % más rápido que el resto del planeta.

Dado que la tierra se calienta más deprisa que el océano, se están produciendo cambios significativos en la dinámica atmosférica y oceánica. Como resultado, la diferencia de temperatura entre la tierra y el mar se está intensificando. Este contraste térmico es el principal desencadenante de las brisas marinas en todo el mundo.

Por tanto, cabría pensar que un mayor contraste térmico resultase en vientos más fuertes. Sin embargo, en el caso de la brisa, la respuesta no está en la superficie, sino en las capas altas de la atmósfera.

El efecto tapadera durante las olas de calor

El calentamiento global está alterando la distribución de las masas de aire a gran escala, como por ejemplo en la corriente en chorro (vientos que circulan a gran velocidad y altitud). Esto favorece que los sistemas de alta presión (dorsales anticiclónicas) se queden estacionarios sobre el Mediterráneo con mayor asiduidad. Estos sistemas no sólo aportan una gran estabilidad atmosférica, sino que, además, atraen masas de aire tropical continental muy cálido sobre la región, generando olas de calor cada vez más frecuentes e intensas.

Ese aire más cálido se sitúa en las capas medias de la atmósfera, creando una barrera atmosférica que suprime cualquier movimiento vertical del aire cerca del suelo. Como la brisa necesita que el aire caliente de la tierra ascienda libremente para que el aire fresco que viene del mar sea impulsado hacia la costa, al tener esa “tapadera” encima, la circulación se comprime verticalmente (se aplana), reduciendo la velocidad del viento a nivel del suelo.

Esquema ilustrativo del efecto tapadera durante las olas de calor
Esquema del efecto tapadera durante las olas de calor. La subsidencia (hundimiento) de masas de aire cálido sobre la capa límite planetaria (la zona inferior de la atmósfera más cercana al suelo) actúa como una barrera estable (tapadera) que achata y debilita la circulación de la brisa.
Shalenys Bedoya Valestt, CC BY-NC-SA

Los datos muestran que, durante las olas de calor atmosféricas, la brisa es un 8 % más débil en Baleares y cerca de un 5 % en la Península, en comparación al resto de días estivales. Estos hallazgos nos deben preocupar ahora más que nunca, ya que el debilitamiento de la brisa marina está impulsado precisamente por los mismos eventos extremos que debería aliviar: olas de calor cada vez más intensas, prolongadas y frecuentes.




Leer más:
Veranos eternos en el Mediterráneo: ¿cómo prepararnos?


Gráfico de barras de la velocidad de la brisa marina en verano en situación de ola de calor y sin ola de calor en diferentes regiones
Velocidad de la brisa marina en verano y el debilitamiento que ejercen las olas de calor sobre su intensidad.
Shalenys Bedoya-Valestt, CC BY-SA

Cambio en la estacionalidad

Las brisas marinas son vientos locales generalmente asociados a los meses del verano. Sin embargo, en la región mediterránea también pueden ocurrir en invierno, aunque en menor frecuencia.

Nuestros resultados sugieren que la mayor ocurrencia invernal de brisa que estamos teniendo puede ser una respuesta en cascada a la dinámica atmosférica. Concretamente a la expansión del anticiclón de las Azores (un gran y persistente sistema de alta presión sobre el océano Atlántico) y a una tendencia hacia fases positivas de la Oscilación del Atlántico Norte o NAO+ (un patrón de presión atmosférica que favorece un tiempo seco y estable en el Mediterráneo). Esto se traduce en una mayor frecuencia de anticiclones invernales sobre el Mediterráneo occidental.

Los cielos despejados y los vientos de fondo débiles resultantes crean las condiciones adecuadas para desencadenar brisas marinas durante los meses más fríos. Por otro lado, algunas estaciones meteorológicas detectaron menos días de brisa en verano. Podríamos estar observando un posible desplazamiento en la estacionalidad de las brisas desde el pico del verano hacia el invierno.

Impactos en la sociedad

Los cambios en las brisas marinas conllevan riesgos significativos para los entornos costeros y de interior, así como para las sociedades que los habitan:

  • Mayores extremos térmicos: a medida que las brisas de verano se debilitan y se desplazan al invierno, su efecto de enfriamiento natural disminuye justo cuando más se necesita: durante las olas de calor severas. Estos vientos locales son ahora demasiado débiles para penetrar y enfriar las zonas de interior. Esto amenaza con exacerbar el estrés térmico urbano y aumentar los riesgos para la salud pública.

  • Peor calidad del aire: mientras que los vientos fuertes dispersan la contaminación atmosférica, unas brisas más débiles y frecuentes pueden atrapar y recircular los contaminantes a lo largo de la costa y el interior durante días, empeorando la exposición de ciudades densamente pobladas.

  • Efectos en las precipitaciones: los cambios en estos vientos pueden afectar el transporte de humedad, influyendo en la convección profunda de verano (la responsable de las tormentas severas). Además, otros estudios sugieren que los cambios antropogénicos en el uso del suelo han dejado a las brisas con menos agua disponible para transportar hacia el interior. Por lo tanto, unas brisas más débiles que transportan menos vapor de agua podrían fracasar a la hora de desencadenar las tormentas estivales, necesarias para mantener el ciclo hidrológico en regiones que ya de por sí son secas y áridas.

Nuestros hallazgos señalan las brisas marinas como un elemento crítico, pero históricamente poco explorado, del cambio climático regional. A medida que el Mediterráneo se sigue calentando, depender únicamente de modelos climáticos globales a gran escala (que a menudo tienen dificultades para capturar vientos costeros tan localizados) no es suficiente.

Al analizar las observaciones regionales a largo plazo, obtenemos una imagen mucho más clara de cómo están cambiando las brisas marinas. Esta comprensión es necesaria para evaluar correctamente los riesgos asociados al cambio climático y proporcionar una base realista para las estrategias de mitigación y adaptación en la costa mediterránea.

The Conversation

Shalenys Bedoya Valestt recibe fondos del programa Santiago Grisolía financiado por la Generalitat Valenciana para la realización de tesis doctorales (GVA-CIGRIS/2021/131).

César Azorín Molina dirige esta investigación financiada por la Generalitat Valenciana mediante el programa PROMETEO para Grupos de Investigación de Excelencia (GVA-CIPROM/2023/38). El trabajo también recibe fondos del programa ThinkInAzul apoyado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU) con financiación europea NextGenerationEU (PRTR-C17.I1) y de la Generalitat Valenciana (THINKINAZUL/2021/018); del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) y la Comisión Europea (NextGenerationEU) a través de la Plataforma Temática Interdisciplinar Clima del CSIC (PTI-Clima); así como del proyecto RED-CLIMA 2 (LINCGLOBAL – CSIC, LINCG24042). Además, este estudio cuenta con el respaldo de la Unidad Asociada CSIC-Universidad de Vigo: Grupo de Física de la Atmósfera y del Océano.

ref. Las brisas marinas del Mediterráneo ya no refrescan como antes – https://theconversation.com/las-brisas-marinas-del-mediterraneo-ya-no-refrescan-como-antes-287795

¿Cuál es el mayor reto científico que aún no hemos podido resolver?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By M Rut Jiménez Liso, Catedrática de Universidad del área de Didáctica de las Ciencias Experimentales, Universidad de Almería

Saber de dónde surge la consciencia es uno de los grandes interrogantes por resolver. SvetaZi/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Rodrigo Alonso Martín, de 16 años, desde el IES José Martín Recuerda, Motril (Granada).


Podríamos irnos a las grandes preguntas de la ciencia, cuya respuesta todavía no tenemos del todo, como de dónde surge el universo, si hay o ha habido vida en otros planetas, qué es y qué caracteriza a la materia oscura, cómo surgió la vida a partir de materia inerte o cómo conseguir revertir el calentamiento global.

Sin embargo, si nos quedamos en estos grandes interrogantes, podríamos tener sensación de estar ante algo inalcanzable y utópico, mientras que la pregunta inicial y la actividad científica va de retos y de su equilibrio con la habilidad de quienes los resuelven.

El truco está en cómo plantear el problema

Como si se tratara de un videojuego, si el reto supera mucho a la habilidad de quien juega, sentirá ansiedad o frustración. Por el contrario, si la habilidad supera al reto aparece el aburrimiento. En ambos casos, existe el riesgo de abandonar el juego, que solo “engancha” cuando están equilibrados reto y habilidad. Es lo que se conoce como teoría del flujo, propuesta por el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi.

Pues bien, con la actividad científica pasa igual: necesitamos simplificar los problemas que tratamos de resolver para equilibrar el reto con nuestras habilidades. Por tanto, el mayor reto no son las grandes preguntas sino cómo las abordamos y cómo nos vamos aproximando a la complejidad.

A veces, conocemos información sobre un agujero negro lejano, pero nos cuesta mucho trabajo entender qué le pasa a una molécula dentro de un cazo de agua hirviendo, porque nos falta comprender el proceso complejo y verlo en su conjunto con todas las variables que influyen.

Grandes revoluciones científicas

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, se produjo la gran revolución química con la superación de la teoría del flogisto –teoría científica obsoleta basada en una sustancia hipotética que representa la inflamabilidad– a favor de la conservación de la masa y el concepto de elemento químico.

De igual manera, podemos identificar el comienzo del siglo XX como la última gran revolución física, con la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, o sus finales como la revolución del ADN y la biotecnología.

¿Y ahora? Todo apunta a que este siglo XXI ha inaugurado la era de la neurociencia y de la inteligencia artificial, con nuevos interrogantes: ¿cómo surge la conciencia? ¿Es posible lograr una inteligencia artificial general, como la humana?

Terreno abonado para los bulos

Esas revoluciones pueden producir mucha incertidumbre entre la ciudadanía. No es fácil vivir inmersos en la complejidad y, en vez de dividir el problema y convertirlo en algo alcanzable (equilibrio reto-habilidad), hay quienes se apartan y toman atajos rápidos y fáciles. Así ganan fuerza los bulos que inundan nuestras redes sociales y las conversaciones familiares.

Por ejemplo, ante la observación de que el suelo que se extiende a mi alrededor es plano, puedo sacar la conclusión de que la Tierra es plana. La actividad científica consiste, precisamente, en plantearse un reto: ¿cómo puedo demostrarlo –o desmentirlo–?

En este caso, quizá, podría abordarse respondiendo a un problema concreto, por ejemplo, un barco que sale del puerto de Almería ¿se hace cada vez más pequeño hasta que ningún teleobjetivo puede verlo? Ahora viene el juego de lo sencillo: ¿qué razonamiento puede explicar eso y otros fenómenos relacionados?

El juego de hacer ciencia

Este juego de investigar y hacer ciencia “engancha” a multitud de personas (investigadoras, docentes, estudiantes), no tanto por los grandes descubrimientos que vayamos a producir sino porque “el asombro está en el proceso” –como dice la investigadora Megan Powell Cuzzolino–.

Para ello, cuando enseñamos ciencia, quizá sea mejor no hacer espóiler ni empezar por el final de la película, sino vivir todo el proceso, con preguntas que encierran realidades cercanas para despertar el interés científico. Por ejemplo, si queremos estudiar las cualidades de la vida, podemos plantearnos preguntas como: ¿un garbanzo es un ser vivo?, ¿y una rama recién cortada?, ¿cómo podemos comprobarlo? Para enfrentarnos también nosotros al reto de querer investigarlo y explicarlo.

De esta manera, conocemos las reglas del juego para construir (y evaluar) el conocimiento científico. Y también es el antídoto para impedir que cada vez más personas generen y difundan bulos que ponen en peligro la salud de las personas, los ecosistemas y el planeta, así como los sistemas democráticos.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

M Rut Jiménez Liso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El norte de África como frontera del mundo: los secretos de ‘lo maravilloso’ en el Magreb medieval

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina Franco Vázquez, Doctora en Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Salamanca

Mapa del mundo cartografiado por Al-Idrisi en 1154. Wikimedia Commons

Entre los siglos IX y XIII, los geógrafos del imperio arabo-islámico describieron el norte de África como un territorio donde lo cotidiano convivía con lo extraordinario. Sus obras no solo hablaban de ciudades, montañas o rutas comerciales. También recogían historias sobre aguas milagrosas, animales imposibles, cuevas misteriosas y paisajes cargados de simbolismo.

Lejos de ser simples supersticiones, estos relatos cumplían una función muy concreta.

El Magreb, un territorio situado en los confines

Durante buena parte de la Edad Media, el Magreb –el territorio que se extendía aproximadamente desde el actual Marruecos hasta Libia– ocupó una posición periférica dentro del Dār al-Islām, el mundo islámico. Desde la perspectiva de los geógrafos que escribían en Bagdad, Damasco o El Cairo, se trataba del extremo occidental del Imperio, una región alejada de los principales centros políticos e intelectuales.

Mapa medieval de la península ibérica, representada como un círculo, y de la costa norte africana.
Mapa del Magreb según al-Istakhrī, alrededor del 934.
Bibliotheeck der Rijksuniversiteit/Wikimedia Commons

Esa condición de frontera marcó profundamente su imagen. Uno de los mejores ejemplos de la imagen marginal del Magreb se encuentra en el texto de Ibn ʿAbd al-Ḥakam del siglo IX Futūḥ Ifrīqīya wa-l-Andalus (“Conquista de Ifrīqīya y al-Andalus”). En él se compara el Imperio arabo-islámico con un pájaro: la cabeza sería La Meca, Medina y Yemen; el pecho, el Šām –actuales Siria, Líbano, Jordania, Palestina– y Miṣr –Egipto–; el ala derecha, Irak y las naciones que están detrás de él; el ala izquierda, Sind –aproximadamente, la actual Pakistán– y, detrás de él, el Hind –India, Pakistán y Bangladés–. La cola sería el Magreb.

El texto termina especificando que la cola es la peor parte del ave, lo que da a entender la poca importancia que se le daba a este territorio dentro del Imperio.

No obstante, casi 300 años después, a principios del siglo XIV, el Kitāb mafāḫr al-barbar (“Libro de las gestas de los bereberes”) recoge un texto muy similar en el que el Mašriq –actuales Irak, Siria, Líbano, Jordania, Palestina– sería la cabeza del ave; Yemen, un ala; Šām, la otra ala; Irak, el pecho; y el Magreb, la cola. Pero, aclara, se trata de la cola de un pavo real; es decir, lo mejor de este animal.

Nos encontramos, por tanto, ante un Magreb que ha dejado de ser un espacio que las obras mencionan de pasada para empezar a tener su propia historiografía y autores, enmarcados en un contexto arabo-islámico, que resitúan este territorio y su población.

Este cambio coincide con el desarrollo de textos geográficos escritos por autores del propio Occidente islámico. Gracias a ellos, el Magreb empieza a describirse con mucho más detalle y comienzan a incorporarse tradiciones locales que hasta entonces apenas habían aparecido en las obras geográficas.

Cuando la geografía también contaba maravillas

A diferencia de lo que entendemos hoy por textos o mapas geográficos, sus documentos no pretendían separar estrictamente los hechos comprobables de las creencias populares. El objetivo era reunir todo el conocimiento disponible sobre un territorio.

Por eso, junto a las descripciones de ciudades, montañas o ríos encontramos historias transmitidas por comerciantes, viajeros y habitantes locales. Estas narraciones recibían el nombre de ʿaǧāʾib, “maravillas”, y no se consideraban necesariamente falsas. Eran fenómenos que escapaban a la experiencia habitual y despertaban asombro.

El cosmógrafo persa al-Qazwīnī, uno de los grandes estudiosos de este tipo de relatos en el siglo XIII, explicaba que algo resultaba maravilloso cuando quien lo observaba no era capaz de comprender su causa. Lo extraordinario, por tanto, no dependía solo del fenómeno, sino también del conocimiento de quien lo contemplaba. Lo que hoy explicaríamos mediante la ciencia podía interpretarse entonces como una manifestación del orden creado por Dios.

Un mapa del mundo habitado, extraído de la obra de cosmografía Ajā’ib al-makhlūqāt wa-gharā’ib al-mawjūdāt (‘Maravillas de las cosas creadas y aspectos milagrosos de las cosas existentes’), de Zakariya al-Qazwīnī, en una copia del siglo XVI.
U.S. National Library of Medicine

Cuevas, montañas y mares donde todo parecía posible

No todos los lugares eran igualmente propicios para albergar estas historias. Las maravillas se concentraban sobre todo en espacios de frontera: montañas, cuevas, islas, desiertos y costas.

La cordillera del Atlas aparecía como un escenario donde podían esconderse serpientes gigantes o grutas con cadáveres incorruptos convertidos en talismanes protectores. Algunas fuentes poseían propiedades curativas y determinadas piedras se utilizaban para aliviar enfermedades.

El mar era otro gran escenario de lo oculto. El Mediterráneo se describía como un lugar peligroso, habitado por criaturas monstruosas que amenazaban a los navegantes. El Atlántico representaba prácticamente el final del mundo conocido en la época. Según algunos autores, solo era posible navegar con seguridad cerca de la costa; más allá se extendía un océano repleto de islas inexploradas cuyo número únicamente Dios sabía.

Resulta llamativo que muchos de estos relatos aparezcan precisamente en torno a ciudades, puertos y rutas comerciales. Lejos de surgir en lugares completamente aislados, las maravillas circulaban allí donde coincidían viajeros, mercaderes y peregrinos. Eran espacios privilegiados para el intercambio de noticias… y también de leyendas.

Mucho más que historias fantásticas

Podría pensarse que estos relatos solo buscaban entretener. Sin embargo, cumplían funciones mucho más complejas.

Algunos actuaban como advertencias. Las fuentes envenenadas, las islas malditas o las montañas infestadas de criaturas peligrosas servían para señalar los riesgos de determinados lugares. Otros transmitían conocimientos considerados útiles, como la existencia de aguas medicinales o minerales con propiedades curativas.

Mapa medieval del norte del continente africano.
Mapa de al-Maghrib al-Aqsa y al-Maghrib al-Awsat (Magreb lejano y Magreb central) en la copia manuscrita más antigua que se conserva de la Tabula Rogeriana del cartógrafo y geógrafo Al-Idrisi.
Gallica

Además, estas historias ayudaban a conservar un patrimonio oral que difícilmente habría llegado hasta nosotros por otros medios. Los geógrafos no solo cartografiaban el territorio; también recogían la memoria colectiva de quienes lo habitaban.

Lo que estos relatos nos cuentan hoy

Aunque hoy sepamos que aquellos dragones y monstruos marinos nunca existieron, las historias que los describen siguen siendo extraordinariamente valiosas. No porque nos informen sobre la fauna del Mediterráneo medieval, sino porque nos permiten comprender cómo las sociedades del pasado interpretaban el mundo que las rodeaba.

Para los geógrafos medievales, un mapa no era únicamente una representación física del territorio. También era una forma de ordenar lo desconocido. En ese sentido, las maravillas funcionaban como una herramienta para delimitar los márgenes del mundo y explicar aquello para lo que todavía no existía una respuesta.

Quizá esa sea la mayor enseñanza de estos relatos. Nos recuerdan que la necesidad de dar sentido a lo ignorado no ha desaparecido. Simplemente han cambiado las herramientas con las que intentamos hacerlo.


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The Conversation

Cristina Franco Vázquez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El norte de África como frontera del mundo: los secretos de ‘lo maravilloso’ en el Magreb medieval – https://theconversation.com/el-norte-de-africa-como-frontera-del-mundo-los-secretos-de-lo-maravilloso-en-el-magreb-medieval-285013

¿Cómo cuidar de un cúbit? Guía para mantener vivo al bebé más frágil del universo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ramón Aguado, Doctor en Física Teórica que trabaja en materiales cuánticos en el Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM) como Investigador Científico, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Javier Arias/Telos

“Cuida bien al niño / Cuida bien su mente / Dale el sol de Enero / Dale un vientre blanco / Dale tibia leche de tu cuerpo / Todas las hojas son del viento / ya que él las mueve hasta en la muerte / Todas las hojas son del viento / menos la luz del sol”

Cuando Luis Alberto Spinetta, poeta y figura emblemática del rock argentino, interpretaba estos versos en 1973, dedicados a la Muchacha de ojos de papel de otro de sus grandes himnos, probablemente no anticipaba que había escrito, de manera inadvertida, una bella metáfora sobre el desafío central de la computación cuántica al que nos enfrentamos medio siglo después.

Hoja quieta en la rama. Hoja en el viento. Dos formas de estar en el mundo, separadas por un soplo. Un haiku de dos estados: una anclada al árbol, otra danzando en la incertidumbre. Así son los cúbits, la unidad básica de información en computación cuántica. Así es la coherencia cuántica.

La fragilidad del cúbit

El bebé de la canción no es común. Puede ocupar dos habitaciones simultáneamente, manifestar emociones opuestas a la vez y existir en un estado de posibilidades hasta que se observa. Es tan sensible que una mínima variación de temperatura, un rayo de luz o incluso la observación pueden provocar su colapso.

Este bebé es un cúbit. La historia de la computación cuántica es, en esencia, la de quienes buscan preservar estos sistemas el tiempo suficiente para que desplieguen su potencial. Técnicamente, esta propiedad se denomina coherencia cuántica: el intervalo durante el cual el cúbit mantiene su naturaleza cuántica antes de que la decoherencia lo transforme en un bit clásico. Es el momento previo a que la hoja caiga y toque definitivamente el suelo.

Cada laboratorio ha desarrollado su propia guardería altamente tecnológica donde cuidar de estos frágiles bebés: un entorno de protección para los cúbits, con logros y desafíos propios.

Las guarderías de los cúbits son de muchos tipos. Desde el frío extremo de los superconductores hasta el silencio del silicio. Desde los susurros láser de los iones hasta la danza reconfigurable de los átomos neutros. Y por supuesto los cúbits topológicos, casi imposibles de destruir a modo de horrocruxes.

Los bebés nacidos del frío: cúbits superconductores

En Google e IBM, las guarderías adoptan una forma singular: refrigeradores de dilución que descienden del techo como suntuosas lámparas de araña en antiguos palacios. Dentro, a 20 milikelvin, más frío que el espacio interestelar y cercano al cero absoluto, reposan bebés en cunas muy especiales.

Estas cunas superconductoras, basadas en circuitos de aluminio, niobio o tántalo, funcionan como átomos artificiales, con niveles de energía cuantizados bien definidos.

Gracias a pioneros como John Clarke, Michel Devoret y John Martinis (galardonados con el Premio Nobel de Física 2025), quienes en los años 80 demostraron que un circuito puede comportarse como un átomo, somos capaces de desdibujar la frontera entre el mundo cuántico microscópico y el mundo clásico macroscópico.

Estos cúbits superconductores son los más veloces. Realizan operaciones lógicas en decenas de nanosegundos. Sin embargo, presentan un inconveniente: son susceptibles al ruido. Al estar compuestos por miles de millones de átomos, cualquier defecto en el material, cualquier fluctuación del campo electromagnético o vibración puede inducir la pérdida de coherencia cuántica. Incluso la radiación infrarroja, las pequeñas trazas radiactivas en los materiales del edificio o los rayos cósmicos que nos atraviesan constantemente impactan contra los cúbits, generando cascadas de partículas que degradan el estado superconductor y hacen que pierdan su coherencia en milisegundos.

En 2019, el procesador Sycamore de Google mantuvo la coherencia de 53 cúbits el tiempo suficiente para lograr la denominada supremacía (o ventaja) cuántica: completar en 200 segundos una tarea que requeriría 10 000 años en los superordenadores más avanzados. Aunque estos resultados fueron cuestionados posteriormente, ejemplifican la intensa competencia en computación cuántica y su potencial. Actualmente, laboratorios de todo el mundo investigan nuevos materiales, perfeccionan técnicas de nanofabricación y desarrollan filtros más eficaces. Por ahora, la decoherencia sigue siendo el principal obstáculo.

Recientemente, Amazon Web Services (AWS) ha introducido una variante fascinante: los cat qubits (“cúbits gato”), bautizados así por el famoso gato de Schrödinger, ese felino imaginario que está vivo y muerto a la vez. Estos cúbits están diseñados para suprimir ciertos tipos de errores de forma natural, actuando como si el gato cuántico tuviera una doble vida protegida. Integrados en su nuevo chip Ocelot, los cat qubits reducen hasta en un 90 % los recursos necesarios para corregir errores, y por tanto las necesidades de escalado masivo, allanando el camino hacia ordenadores cuánticos tolerantes a fallos que podrían llegar años antes de lo previsto.

La guardería del susurro: iones atrapados

Cambiemos de escenario. En laboratorios repletos de espejos y láseres, los bebés son iones de iterbio, calcio o berilio, suspendidos en el vacío mediante trampas de Paul, campos eléctricos que los mantienen sin contacto con superficies sólidas y que crean lo que denominamos como redes de iones atrapados.

Si los superconductores son velocistas, los iones atrapados son fondistas: mantienen la coherencia durante segundos o incluso minutos. Sin embargo, requieren manipulación extremadamente delicada mediante láseres, con pulsos precisos que alteran su estado sin perturbarlos. Estas técnicas son lentas, operando en escalas de microsegundos, lo que limita ciertas operaciones. El calor puede excitar sus vibraciones colectivas (fonones), destruyendo la coherencia, por lo que se emplea enfriamiento láser en un equilibrio delicado. Además, la alineación de los láseres es compleja y se requieren condiciones de ultraalto vacío.

Estos sistemas presentan fidelidades superiores al 99,9 %, lo que los convierte en algunos de los cúbits mejor controlados. Sin embargo, el número de cúbits en los sistemas más avanzados apenas supera la treintena.

El santuario de silicio: cúbits de espín

En salas blancas de Intel o de Delft, donde los técnicos visten a modo de astronautas, los bebés son de silicio. Son electrones atrapados en puntos cuánticos, pequeñas islas semiconductoras en las que electrodos diminutos los controlan. La idea es tan bella como simple: si manipulamos su espín, esa propiedad intrínseca del electrón que actúa como un pequeño imán, tendremos un cúbit.

La ventaja del silicio es su silencio. Purificándolo para eliminar el isótopo ²⁹Si, cuyos núcleos son pequeños imanes aleatorios que generan ruido magnético, obtenemos un entorno casi perfecto. Y lo extraordinario: estos bebés se fabrican con las mismas técnicas que los microchips de nuestros ordenadores, con lo cual podríamos aprovechar décadas de desarrollo de la industria CMOS para imprimir cúbits de espín en grandes obleas de silicio, con la misma tecnología con la que se fabrican los microprocesadores con billones de transistores que tenemos en nuestros dispositivos.

Esta promesa de escalabilidad comienza a cosechar sus primeros frutos: recientemente se han demostrado fidelidades superiores al 99% en cúbits fabricados en obleas industriales.

Sin embargo, operar cúbits de silicio presenta desafíos: pequeñas variaciones en el material provocan que cada espín electrónico responda de manera ligeramente distinta, lo que exige calibraciones individuales. Además, el ruido de carga en las interfaces entre el silicio y sus óxidos puede afectar negativamente la coherencia.

La guardería que se reconfigura: átomos neutros

Cambiemos una vez más de escenario. Dejemos las salas blancas del silicio y viajemos a Boston, a los laboratorios de QuEra, o a California, donde Atom Computing y Microsoft están construyendo una nueva guardería.

Aquí los bebés son átomos neutros de rubidio, cesio, iterbio o estroncio, atrapados con pinzas ópticas: láseres tan enfocados que pueden sostener un solo átomo en su punto focal. Como los átomos no tienen carga eléctrica, son aún más tranquilos que los iones. Pueden mantener la coherencia durante segundos.

Pero lo realmente especial es que se pueden reordenar. Usando matrices de pinzas ópticas generadas con moduladores espaciales de luz, es posible mover los átomos como piezas de ajedrez, acercando a los que necesitan interactuar entre sí. Es la única plataforma en la que la conectividad no está dictada por un cableado fijo, sino que puede reprogramarse sobre la marcha. ¿Cómo se logra que interactúen? Los átomos se excitan a estados de Rydberg: estados en los que el electrón se aleja tanto del núcleo que el átomo se hincha como un globo, hasta hacerse mil veces más grande. En ese estado, los átomos se ven y pueden hablar entre sí.

Estos cúbits enfrentan un desafío fundamental: pueden desaparecer debido a colisiones con gas residual, calentamiento o durante la medición, lo cual provoca que un átomo abandone su pinza óptica. Mientras que en otras plataformas la pérdida de un cúbit detendría el cálculo, en la guardería de átomos neutros han aprendido a hacer algo asombroso: reponer los bebés perdidos sin despertar a los demás. En 2025, un equipo de Atom Computing y Microsoft demostró un sistema que detecta qué átomos faltan y los repone desde un reservorio cercano: una especie de cinta transportadora óptica que repone bebés, a modo de escena de dibujos animados, manteniendo la coherencia por encima del 95 %.

La guardería de luz: cúbits fotónicos

Existe una guardería radicalmente diferente, donde los bebés son de luz. Fotones que viajan por fibras ópticas a temperatura ambiente, sin necesidad de frío extremo ni de vacío. Son las hojas que el viento no puede tumbar: viajan ligeras, imperturbables y pueden recorrer kilómetros sin perder su coherencia. Pero tienen un problema: los fotones apenas interactúan entre sí. Es como tener hojas que nunca se rozan. ¿Cómo hacer que se comuniquen?

La solución tradicional ha sido la interferencia probabilística, pero recientemente se ha dado un paso de gigante con la demostración, por parte de la compañía canadiense Xanadu, de la generación, en un chip fotónico integrado de nitruro de silicio, de estados que distribuyen la información cuántica entre múltiples fotones, con una estructura que permite detectar y corregir errores de forma natural, sin necesidad de agrupar muchos cúbits físicos. Es como si cada bebé de luz llevara incorporado su propio sistema de protección.

Estos estados, denominados GKP, permiten operaciones lógicas deterministas a temperatura ambiente y son ideales para la interconexión de múltiples chips mediante fibra óptica. Aunque es necesario reducir las pérdidas ópticas para lograr tolerancia a fallos completa, este avance señala un camino claro hacia ordenadores cuánticos fotónicos escalables, modulares y aptos para centros de datos.

La guardería soñada: cúbits topológicos

Y luego está la guardería que algunos llevamos años tratando de entender, incluyendo grandes laboratorios como los de Microsoft: la guardería de los cúbits topológicos. Una idea que parece de novela.

Recordemos a Voldemort, el villano de la saga de Harry Potter. Para volverse inmortal, esconde su alma en varios objetos, los horrocruxes, y los dispersa por el mundo. Mientras esos objetos permanezcan intactos, Voldemort no puede morir. Para destruirlo, habría que encontrar y destruir todos y cada uno de ellos.

Los cúbits topológicos funcionan igual. La información no se guarda en un solo lugar, sino troceando un electrón en dos mitades, los modos de Majorana, y separándolas. Cada mitad, por separado, no tiene la información completa; es la relación entre ambas la que codifica el cúbit. Para destruirla, el entorno tendría que afectar ambas mitades simultáneamente. Cualquier perturbación local solo ve una mitad y no puede dañarla.

Pero estos modos no aparecen en un único material. Nacen en la frontera, en la región de contacto entre un semiconductor, como el arseniuro de indio, y un superconductor. Es en esa delgada línea donde el semiconductor se encuentra con el superconductor, donde la física permite que un electrón se parta en dos mitades separadas. Por eso estos cúbits son híbridos por naturaleza, criaturas que no serían posibles sin la combinación de ambos mundos.

Paradójicamente, esta imposibilidad de acceder a la información de forma local ha generado una de las controversias más intensas de la física moderna. Durante años, múltiples experimentos han mostrado señales que podrían interpretarse como modos de Majorana, pero también podrían explicarse por otros fenómenos más mundanos. La comunidad científica ha debatido acaloradamente si esas señales eran los primeros pasos de un bebé topológico o si eran simplemente sombras proyectadas en las paredes de la guardería.

Posiblemente hayamos contribuido a cerrar esta controversia para siempre. En colaboración con QuTech Delft hemos demostrado recientemente que es posible observar el estado de una cuna con Majoranas durante más de un milisegundo. Utilizando una técnica llamada capacitancia cuántica, logramos mecerla y detectar en tiempo real si está “llena” o “vacía”, sin destruir la información.


Este artículo se publicó originalmente en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.


The Conversation

Ramón Aguado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cómo cuidar de un cúbit? Guía para mantener vivo al bebé más frágil del universo – https://theconversation.com/como-cuidar-de-un-cubit-guia-para-mantener-vivo-al-bebe-mas-fragil-del-universo-288138

Osos, hienas, neandertales y 25 nuevos fósiles de ‘Homo antecessor’: últimas noticias desde Atapuerca

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marina Lozano Ruiz, Profesora del grado de antropología, Universitat Rovira i Virgili; Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES)

Investigadores recuperando un resto humano de _Homo antecessor_ en la campaña de 2026. Marina Lozano/IPHES-CERCA

Excelentes noticias para la paleontología: la campaña de excavación número 48 en los yacimientos de la sierra de Atapuerca (Burgos), llevada a cabo entre el 21 de junio y el 22 de julio, ha deparado hallazgos muy interesantes que nos ayudarán a conocer mejor a nuestros antepasados.

Más de 200 investigadores, investigadoras y estudiantes han participado excavando en diez yacimientos diferentes: Penal, Gran Dolina, Galería, Cueva Fantasma, Sima del Elefante, Galería de las Estatuas, Portalón, Sima de los Huesos y Cueva de El Mirador.

Y no hay que olvidar al equipo que lava los sedimentos que extraemos de esos yacimientos en el río Arlanzón. Allí recuperan los huesos de los animales más pequeños, como roedores, reptiles y anfibios.

Restos de fauna y neandertales

En primer lugar, en el yacimiento de Penal se han encontrado herramientas líticas que se corresponderían con las halladas en el nivel TD6 de Gran Dolina, lo que implicaría que dicho nivel es mucho más extenso de lo que se había pensado hasta el momento. En los niveles TD3 y TD4, la base de Gran Dolina, han aparecido marcas de zarpazos de dos especies de osos que vivieron hace aproximadamente un millón de años.

En la Sima del Elefante hemos recuperado las herramientas líticas –hechas con sílex, cuarcita y cuarzo– más antiguas. Así podremos saber algo más sobre la vida de los grupos humanos en la sierra hace más de 1,3 millones de años. Además, hay que destacar el hallazgo del esqueleto prácticamente completo de un lince.

El yacimiento de Galería ha proporcionado también abundantes restos de fauna, principalmente bisontes y caballos, y de útiles de piedra, entre las que destaca un bifaz de cuarcita. Todo esto confirma que esta cueva habría funcionado como lugar de aprovisionamiento de carne hace unos 300 000 años.

En cuanto a la Cueva Fantasma, el hallazgo de varios útiles de piedra indican que los neandertales habrían ocupado parte de este yacimiento. Otra zona habría sido un cubil de hienas, como prueban los numerosos coprolitos (excrementos fósiles) de dichos carnívoros que hemos encontrado.

Pero la presencia de neandertales en la sierra de Atapuerca no es exclusiva de la Cueva Fantasma, ya que tanto en el exterior como en el interior de Galería de las Estatuas hemos podido identificar evidencias de que también estuvieron en este emplazamiento.

Por lo que respecta a los yacimientos más modernos, en una zona de la Cueva de El Mirador se ha llegado por primera vez a niveles del Paleolítico superior (entre hace unos 35 000 y 10 000 años), aunque no se ha podido precisar, de momento, su antigüedad exacta. Este período está muy poco representado en la sierra de Atapuerca, lo que abrirá nuevas líneas de investigación.

Los tesoros de Gran Dolina

De manera deliberada he dejado para el final los hallazgos del nivel TD6 de Gran Dolina. En parte porque es el yacimiento en el que trabajo desde hace treinta años, y en parte porque ha proporcionado los hallazgos más destacados de esta campaña.

Desde 2023 hemos vuelto a excavar el citado nivel, conocido por proporcionar restos humanos de Homo antecessor, especie que vivió en Atapuerca hace unos 850 000 años y se caracteriza por tener rasgos únicos, como una dentición muy primitiva y una cara muy moderna. En campañas anteriores estuvimos excavando el primer subnivel, TD6-1, que era una letrina de hienas donde encontramos ¡más de 1 600 coprolitos! También aparecieron herramientas líticas, restos de herbívoros e, incluso, algunos restos de Homo antecessor.

Sin embargo, no ha sido hasta esta campaña cuando hemos empezado a destapar el subnivel TD6-2. Como ya se había excavado en otras zonas, sabíamos que alberga un campamento con presencia de restos de la fauna que cazaban aquellos humanos, como ciervos, caballos, bisontes y rinocerontes. Además, hemos encontrado las herramientas líticas de sílex, cuarcita, caliza y arenisca con las que descuartizaban las presas.

Un metacarpo de Homo antecessor recuperado en el nivel TD6 de Gran Dolina.
Marina Lozano/IPHES-CERCA

Aunque, sin duda, lo más destacado es que hemos recuperado 25 nuevos restos óseos y dentales pertenecientes a Homo antecessor. Entre esos vestigios destacan tres dientes, vértebras, huesos de pies y manos, un cúbito bastante completo y fragmentos de otros huesos largos, como húmero y tibia. Con estos nuevos fósiles la cantidad de restos de esta especie ya supera los 200.

Nuevos indicios de canibalismo

A pesar de que acaban de aparecer y en los próximos meses vamos a estudiarlos y analizarlos con todo detalle, ya podemos adelantar alguna información. En primer lugar, sigue confirmándose que los restos de esta especie presentan evidencias de canibalismo. Los huesos están fracturados de manera intencionada, tienen marcas de corte y están mordidos por otros humanos.

Hasta fechas recientes, otra de las peculiaridades de este conjunto de Homo antecessor era que estaba formado por individuos infantiles y juveniles. El más joven tendría unos 2 o 3 años y el mayor, 17.

Un incisivo inferior de Homo antecessor en el nivel TD6-2 de Gran Dolina.
Marina Lozano/IPHES-CERCA

La ausencia de adultos era sorprendente, y en base a esto se formuló la hipótesis de que el canibalismo era el resultado de un conflicto entre dos grupos rivales. Uno de ellos habría atacado a los individuos más jóvenes del otro grupo.

No obstante, los dientes que hemos sacado a la luz desde la campaña de 2024 nos indican la presencia de varias personas adultas, de 20 a 26 años. El número de estos individuos se eleva de 8 a entre 12 y 15.

Basándonos en estas evidencias preliminares, tenemos que afrontar el reto de replantearnos algunas de nuestras hipótesis anteriores. Y mientras analizamos estos nuevos restos, ya empezamos a pensar en qué vamos a encontrar en la campaña de 2027.

The Conversation

Marina Lozano Ruiz recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades por el proyecto PID2024-156477NB-C31

ref. Osos, hienas, neandertales y 25 nuevos fósiles de ‘Homo antecessor’: últimas noticias desde Atapuerca – https://theconversation.com/osos-hienas-neandertales-y-25-nuevos-fosiles-de-homo-antecessor-ultimas-noticias-desde-atapuerca-287240

¿Puede existir hoy un códice maya? El taller indígena que reinventa el libro en plena era digital

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Hortensia Mínguez García, Profesora Titular. Departamento de Dibujo. Área de Gráfica., Universitat Politècnica de València

Mientras gran parte del mundo debate sobre inteligencia artificial, libros electrónicos y pantallas, en una comunidad indígena de Chiapas (México) un grupo de artesanos sigue fabricando libros con fibras naturales, tintes vegetales, flores secas y papel amate hecho a mano.

Sus publicaciones no salen de grandes imprentas industriales. Se producen lentamente, en procesos colectivos donde participan varias generaciones de mujeres y hombres mayas que hierven cortezas, reciclan fibras orgánicas, imprimen serigrafías y transcriben cantos, conjuros y relatos transmitidos oralmente durante siglos.

El proyecto se llama Taller Leñateros y, aunque comenzó en 1975 en San Cristóbal de las Casas, hoy es reconocido internacionalmente como uno de los modelos editoriales artesanales más singulares de América Latina.

Pero quizá lo más sorprendente no sean sus técnicas de producción. Lo verdaderamente fascinante es que muchos especialistas consideran algunas de sus publicaciones como herederas contemporáneas del códice maya.

Un caso de estudio es el libro Conjuros y Ebriedades (1997). Este representa un hito en la historia editorial contemporánea por ser considerado el último códice maya. Elaborado íntegramente a mano por 150 personas, reúne conjuros, cantos y relatos de tradición oral en lenguas tzotzil y tzeltal, traducidos y materializados mediante técnicas artesanales como la serigrafía y el papel hecho a mano.

Mujeres artesanas y fundadoras del Taller Leñateros: Micaela Díaz, María Tzu, Luz Gómez, Sebastiana Jiménez y Rosa Hernández, durante la realización de Conjuros y ebriedades.
Fotografía: Cortesía del taller a través de Javier Silverio.

Los libros que sobrevivieron a la conquista

Antes de la llegada de los europeos, los pueblos mayas desarrollaron complejos sistemas de escritura y conocimiento que registraban en códices elaborados sobre papel amate (elaborado a partir de la corteza del jonote, un árbol endémico de Mesoamérica) o pieles animales. En ellos se conservaban calendarios, observaciones astronómicas, rituales religiosos, genealogías y formas de entender el mundo.

Sin embargo, gran parte de estos códices fueron destruidos durante la colonización. El fraile Diego de Landa y otros misioneros consideraron aquellos libros como objetos paganos y ordenaron su quema, ocasionando lo que se considera uno de los episodios más trágicos de la memoria histórica de Mesoamérica. Hoy apenas sobreviven cuatro códices mayas reconocidos oficialmente: el Dresde, el Madrid, el París y el Grolier.

La destrucción no fue solamente material. Eliminar aquellos libros suponía también borrar memorias, símbolos, conocimientos y formas de transmisión cultural. Quizá por eso resulta tan significativo que, siglos después, una comunidad indígena decidiera volver al libro como herramienta de resistencia cultural.

Un taller nacido de la oralidad

El Taller Leñateros surgió gracias a la iniciativa de la artista y poeta Ámbar Past junto a un grupo de mujeres tzotziles y tzeltales de los Altos de Chiapas. Muchas de ellas eran campesinas, artesanas o vendedoras ambulantes. Algunas ni siquiera sabían leer o escribir. Pero sí conservaban algo fundamental: una enorme tradición oral.

Canciones, rezos, recetas, mitologías, conjuros, relatos y conocimientos sobre tintes naturales seguían transmitiéndose de generación en generación. El taller comenzó precisamente recuperando saberes ancestrales relacionados con la extracción de colorantes vegetales y la fabricación artesanal de papel, hasta constituirse como una Sociedad de Responsabilidad Limitada, impulsada por el artista zapoteco Javier Silverio décadas más tarde.

Poco a poco, aquellas prácticas derivaron en la creación de libros-objeto realizados completamente a mano.

Portada e interior del libro Conjuros y Ebriedades del Taller Leñateros.
Imagen: Cortesía por Javier Silverio. Edición: Hortensia Mínguez

Lo interesante es que el libro nunca fue entendido únicamente como un producto artístico o comercial. Funcionaba también como archivo de memoria colectiva, herramienta educativa y espacio de convivencia comunitaria.




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En un momento histórico marcado por la globalización cultural y la homogeneización de los consumos, el Taller Leñateros utilizó la edición artesanal para proteger lenguas indígenas, preservar imaginarios colectivos y transmitir conocimientos tradicionales haciendo convivir y reforzar los lazos intergeneracionalmente.

Ponencia de la autora de este artículo sobre el Taller Leñateros.

Libros hechos con flores, cebollas y mazorcas

Las publicaciones del taller son difíciles de clasificar. Algunas tienen forma de códice; otras incorporan textiles, grabados o serigrafías. Muchas están impresas sobre papeles reciclados elaborados con flores secas, hojas, fibras de agave, cortezas o desechos agrícolas.

En uno de sus textos, los propios integrantes describen así el proceso:
“Trituramos las fibras en un molino que gira gracias a la fuerza de una bicicleta. Tendemos el papel al sol y, mientras se seca, imprimimos poemas en hojas de roble y pétalos de pensamiento”.

La escena parece casi imposible en pleno siglo XXI. Y, sin embargo, precisamente ahí reside parte de su relevancia contemporánea. Mientras gran parte de la producción cultural global funciona bajo lógicas de rapidez, automatización y consumo acelerado, el Taller Leñateros apuesta por procesos lentos, manuales y profundamente vinculados al territorio.

Alicia trabajando en el Taller Leñateros
Alicia trabajando en el Taller Leñateros.
Imagen facilitada por Javier Silverio. Fotografía de Isabel Mateos

¿El futuro del libro será artesanal?

Durante años se anunció que el libro físico desaparecería frente a las pantallas. Pero ocurrió algo inesperado: el objeto libro no solo sobrevivió, sino que empezó a transformarse.

En la actualidad existe un creciente interés por las ediciones artesanales, los libros de artista, las publicaciones experimentales y las formas híbridas de lectura. Quizá porque, en un entorno saturado de imágenes digitales, muchas personas vuelven a valorar aquello que puede tocarse, olerse y experimentarse físicamente.

En ese contexto, proyectos como el Taller Leñateros parecen adelantarse a algunas preguntas fundamentales del presente:

  • ¿Qué entendemos realmente por libro?

  • ¿Puede un libro seguir funcionando como espacio de memoria colectiva?

  • ¿Es posible producir cultura fuera de los modelos industriales dominantes?

  • Y, sobre todo, ¿qué ocurre cuando una comunidad utiliza el arte y la edición para resistir el olvido?

Lejos de representar una nostalgia del pasado, el Taller Leñateros demuestra que tradición e innovación no son conceptos opuestos. Sus libros mezclan técnicas ancestrales con serigrafía contemporánea, edición experimental y circulación internacional.

Tal vez por eso sus publicaciones resultan tan actuales: porque nos recuerdan que el futuro cultural no siempre depende de la tecnología más avanzada, sino también de la capacidad de las comunidades para conservar, reinventar y compartir sus propias formas de conocimiento.


‘In memoriam’ de Javier Silverio


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Hortensia Mínguez García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Puede existir hoy un códice maya? El taller indígena que reinventa el libro en plena era digital – https://theconversation.com/puede-existir-hoy-un-codice-maya-el-taller-indigena-que-reinventa-el-libro-en-plena-era-digital-284809

Cómo la minería ilegal de oro ha provocado un repunte de la malaria en la Amazonía

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniela de Angeli Dutra, Lecturer in Zoology, Bangor University

Los precios del oro se encuentran en máximos históricos, y esto nos preocupa. Pero como ecólogos especializados en enfermedades, no es la inestabilidad económica lo que nos alarma, sino el hecho de que un aumento de la minería de este metal precioso podría tener un impacto devastador en la salud humana.

Nuestro equipo de investigadores de la Universidad de Stanford, la Universidad Federal de Mato Grosso y la Universidad Federal de Minas Gerais, en Brasil, ha determinado y cuantificado los efectos de la minería ilegal de oro en el reciente repunte de malaria en el territorio yanomami de la Amazonía brasileña, que sumió a esta población indígena aislada en una devastadora crisis sanitaria a principios de la década de 2020.

Un impulso gubernamental a la extracción

Cuando Jair Bolsonaro asumió la presidencia de Brasil en 2019, convirtió la desregulación medioambiental en un pilar fundamental de su programa, alegando que las protecciones medioambientales y de las tierras indígenas obstaculizaban el desarrollo económico del país. También transfirió la competencia en materia de demarcación de tierras indígenas de la Fundación Nacional del Indígena (FUNAI) al Ministerio de Agricultura.

Además, promulgó decretos destinados a desregular las actividades mineras a pequeña escala en la región amazónica. Los decretos no hacían distinción entre la minería regulada (y, por lo tanto, legal) fuera del territorio indígena y la minería dentro de las tierras indígenas, que es universalmente ilegal. Así, los mineros ilegales inundaron el territorio yanomami.

En enero de 2023, cuando Lula da Silva se aseguró la presidencia como sucesor de Bolsonaro, el número de mineros de oro ilegales en el territorio yanomami –el territorio indígena más grande de la Amazonía– había aumentado hasta los 20 000, lo que supone aproximadamente dos tercios de la población local yanomami.




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La malaria y la crisis sanitaria de los yanomami

Semanas después de que Lula da Silva asumiera el cargo, el medio de comunicación independiente Sumaúma publicó un reportaje en el que se citaban cifras impactantes sobre enfermedades y desnutrición entre los yanomami. Acompañado de imágenes del sufrimiento del pueblo yanomami, el informe motivó al presidente a declarar una crisis humanitaria.

El doctor Andre Siqueira, investigador del instituto Oswaldo Cruz (Fiocruz) y miembro del equipo de médicos enviado al territorio tras la declaración de la crisis, aseguró: “Las condiciones de la población eran devastadoras”. Casi todas las personas a las que se les hicieron pruebas dieron positivo en malaria.

Cómo la minería contribuye a la transmisión de la malaria

El reportaje de Sumaúma y el Instituto Sociaombiental informe en el que se basaba, relacionaban la afluencia de mineros de oro ilegales durante la Administración de Bolsonaro con la crisis sanitaria de los yanomami y la proliferación de la malaria.

Como investigadores que nos centramos en cómo las tendencias en el uso del suelo contribuyen a la propagación de parásitos, sospechábamos que la minería de oro y la malaria no eran factores independientes que contribuyeran a la misma crisis, sino parte de un sistema de causa y efecto que está devastando el territorio y a su población.

La minería ilegal de oro puede impulsar la malaria de múltiples maneras. En primer lugar, cuando los mineros talan bosques y abren brechas a lo largo de las riberas de los ríos para acceder a los yacimientos de oro, crean los focos de reproducción ideales para la especie de mosquito que transmite la malaria en la Amazonía.

En segundo lugar, cuando los mineros se desplazan al territorio, posiblemente desde zonas de alta incidencia de la malaria en toda Sudamérica, pueden llevar el parásito al territorio y aumentar su transmisión.

Por último, los mineros de oro a pequeña escala suelen utilizar mercurio para extraer partículas de oro de forma barata y sencilla. Este mercurio se vierte en los cursos de agua de toda la región, envenenando a las personas que dependen de los ríos para obtener agua y pescar, lo que debilita su sistema inmunológico y las hace más susceptibles a la infección por malaria.

Un análisis exhaustivo de los datos sobre las condiciones sanitarias y ambientales en la Amazonía recopilados por el Ministerio de Salud de Brasil nos permitieron no solo establecer con certeza la relación que los pueblos indígenas sospechaban desde hacía tiempo, sino también cuantificarla, haciéndola concreta y susceptible de actuación.

Nos sorprendieron los resultados. La relación era mucho más fuerte de lo que sospechábamos. Descubrimos que cada aumento del 0,03 % en la actividad minera provocaba un aumento del 20-46 % en los casos de malaria entre uno y dos años después, lo que se tradujo en un aumento del 300 % de la malaria en el territorio yanomami entre 2016 y 2023.

Comprender la asociación entre la minería de oro y la malaria que subyace a la crisis sanitaria de los yanomami es solo una pieza del rompecabezas. Esperamos que esta investigación sirva como herramienta para empoderar a las comunidades indígenas con información sobre su salud y para orientar las políticas que protejan tanto la salud humana como el medio ambiente. Nuestros datos indican que la prevención de la minería ilegal en las tierras indígenas puede proteger su salud y otros importantes patrimonios naturales y culturales.




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Mejorar el acceso a la atención sanitaria

El Gobierno de Lula está llevando a cabo importantes iniciativas para expulsar a los mineros de oro ilegales y establecer centros de salud en el territorio yanomami. Aunque las hospitalizaciones por malaria han disminuido ligeramente desde 2023, las tasas de malaria entre los yanomami siguen siendo elevadas debido al efecto retardado que identificamos en nuestra investigación y a la dificultad de acceso a diagnósticos y tratamientos oportunos en regiones remotas.

Los investigadores están dando pasos importantes para cerrar esta brecha de accesibilidad. Un equipo internacional ha desarrollado “malakits”, que permiten a los miembros de la comunidad sin formación médica formal diagnosticar y tratar la malaria in situ. Estos esfuerzos revisten una importancia fundamental, dado que los efectos retardados de la minería ilegal de oro seguirán provocando una elevada incidencia de la malaria a menos que las comunidades tengan un amplio acceso al tratamiento.

También es importante garantizar los derechos plenos sobre la tierra de las poblaciones indígenas y empoderarlas para que defiendan sus territorios. Se ha demostrado que esta es una de las formas más eficaces de luchar contra la deforestación y proteger los ecosistemas.

Abordar la crisis de la malaria requiere diversificar la economía rural amazónica con miras a la sostenibilidad, de modo que las personas tengan opciones más allá de la minería y la tala. Brasil está dando pasos hacia este objetivo con el reciente lanzamiento de un plan nacional de desarrollo de la bioeconomía.

Los consumidores informados pueden dar prioridad a la compra de oro reciclado o abstenerse por completo de comprar oro para enviar un mensaje de que la extracción ilegal de oro no compensa el coste humano que conlleva. Al igual que con la campaña de los diamantes de sangre a principios de la década de 2000, el cambio real puede venir de la difusión de la información sobre el coste humano y medioambiental de la minería ilegal y de la exigencia de cadenas de suministro éticas.

Los llamamientos para proteger la región amazónica suelen hacerse en términos medioambientales. Queremos defender que salvar a la población de la Amazonía es también un imperativo de salud global. Proteger la selva, invertir en los derechos territoriales de los pueblos indígenas, fomentar oportunidades económicas saludables para las comunidades rurales y cuestionar el papel del oro en nuestra economía global forman parte de la prevención de la propagación continuada de una de las enfermedades infecciosas más mortíferas del mundo.

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Daniela de Angeli Dutra contaba con la financiación de una beca del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos concedida a la profesora Erin Mordecai.

Riley Casagrande no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo la minería ilegal de oro ha provocado un repunte de la malaria en la Amazonía – https://theconversation.com/como-la-mineria-ilegal-de-oro-ha-provocado-un-repunte-de-la-malaria-en-la-amazonia-282991

El talento latinoamericano emigra hacia España y vacía de capital humano a muchos países de la región

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, Doctor en Educación y Maestro en Enseñanza de la Ciencia; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

koldo_studio/Shutterstock

América Latina vive una paradoja demográfica muy particular. Muchos gobiernos miden el éxito económico mediante el flujo de remesas. Sin embargo, la región pierde hoy a sus mejores profesionales. Una hemorragia de capital intelectual y financiero que está transformando la fisonomía de sus clases medias profesionales.

Los jóvenes cualificados que migran, pertenecientes a las generaciones mileniales (de entre 30 y 45 años aproximadamente) y centeniales (de 16 a 30), no buscan solo la supervivencia económica. Estos trabajadores persiguen estabilidad institucional y seguridad jurídica, además de anhelar mejores oportunidades de desarrollo profesional en entornos más estables. Se trata de las generaciones que poseen mayor nivel formativo de la historia regional y su movilidad representa una gran transferencia de talento.

España es el principal destino europeo para este valioso grupo de jóvenes, ya que la afinidad lingüística y la cercanía cultural facilitan mucho su adaptación. Esto evita las barreras de idioma presentes en otros países.

En el pasado, Norteamérica era el principal imán migratorio, pero el sueño americano ha perdido su brillo original. El modelo de bienestar europeo resulta ahora mucho más atractivo.

Factores del cambio de rumbo

Este desplazamiento de interés responde a cuatro factores determinantes que separan a las generaciones actuales de sus predecesoras:

  1. La seguridad como bien público. El éxito en Norteamérica se medía por la capacidad de consumo y la acumulación de capital. España ofrece, en cambio, la recuperación del espacio público.

  2. El arbitraje cultural y la barrera del idioma. A diferencia de sus padres o abuelos, que aceptaban procesos de asimilación cultural forzada en entornos anglosajones, los mileniales y centeniales valoran la identidad. España permite una integración orgánica.

  3. El marco legal. Mientras que las políticas migratorias en Estados Unidos se han vuelto cada vez más restrictivas y punitivas, España ha diseñado alfombras rojas para el talento y el capital. Sirva como ejemplo el programa ATRAE (Ayudas para incentivar la incorporación de talento consolidado) de la Agencia Estatal de Investigación, dotado con 40 millones de euros.

  4. La conciliación vida-trabajo. España representa el equilibrio: una economía conectada con la Unión Europea, pero con un ritmo de vida que permite el disfrute del patrimonio y la cultura. Es el paso del “vivir para trabajar” al “trabajar para vivir”.

La exportación del activo más valioso

La tradicional fuga de cerebros ha cambiado de forma. Según el Instituto Nacional de Estadística de España (INE), hay un crecimiento sin precedentes de profesionales graduados que emigran a grandes urbes españolas. Los flujos de profesionales extranjeros se concentran principalmente en Madrid y Barcelona, por las oportunidades corporativas, y en Valencia, Málaga y Alicante, por un equilibrio entre calidad de vida y auge tecnológico. Este fenómeno forma parte de los sistemas globales de migración, para los que la seguridad y la cultura actúan como potentes atractores.

Esto es crucial en momentos de inestabilidad regional. Para los mileniales y la generación Z, España es un refugio sin barreras. El nuevo visado para teletrabajadores, contemplado en la Ley de Empresas Emergentes, facilita enormemente este proceso. Los profesionales ya no necesitan un contrato de trabajo local. Ingenieros o consultores de Latinoamérica pueden mudarse fácilmente, realizando una elección geográfica que les permite ganar en dólares o euros y vivir en un entorno de primer mundo.

Inseguridad sistémica: El factor de empuje

¿Por qué emigra un joven con buena educación? La respuesta está en la debilidad de las instituciones y la inestabilidad del sistema, que expulsa de forma directa al talento. En América Latina, la incertidumbre afecta la vida diaria. La violencia y la inflación constante frenan el desarrollo, mientras que los títulos universitarios ya no garantizan el ascenso social.

Los jóvenes enfrentan mercados de trabajo muy estresantes. La conciliación entre vida y empleo es casi inexistente y faltan políticas que protejan el bienestar de los trabajadores.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala la vulnerabilidad regional. Los niveles de satisfacción ante las crisis son bajos. La tranquilidad social europea ofrece algo invaluable: la normalidad.

La seguridad en España permite una mayor libertad económica. El dinero ya no se gasta en blindaje personal, como sucede en diversas ciudades latinoamericanas desarrolladas pero inseguras, entre ellas Monterrey (México) o Sao Paulo (Brasil). Esos recursos se destinan ahora a nuevos emprendimientos.

El capital que no vuelve y el vacío de la nación

La emigración de profesionales altamente cualificados genera costos significativos para los países latinoamericanos al reducir el retorno de la inversión realizada en capital humano, debilitar la capacidad de innovación y disminuir la base fiscal futura.

Este proceso suele acompañarse de la internacionalización del patrimonio privado, evidenciada por el creciente interés de las family offices (gestoras de patrimonios personales o familiares) latinoamericanas en el mercado inmobiliario español como mecanismo de diversificación y protección frente a la volatilidad económica regional.

En el caso de México, la modernización del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM) refuerza esta dinámica al ampliar la cooperación en servicios y facilitar la movilidad de profesionales cualificados, fortaleciendo el atractivo de España.

Propósito de valor más allá de la gentrificación

Bajo este paraguas diplomático, el perfil cualificado de Latinoamérica –y de México en particular– es percibido en España como un activo estratégico para la economía del conocimiento europea.

No se trata de una llegada pasiva de rentistas. Estos profesionales se integran plenamente en el mercado laboral y aportan conocimiento especializado a sectores clave del país.

Las autoridades españolas diferencian bien estos perfiles migratorios. Aprecian a quienes pagan impuestos y dinamizan la innovación. Su éxito real depende de su integración en la sociedad.

Si bien el Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM) facilita el acceso institucional, la inserción y legitimidad social de estos migrantes depende, principalmente, de su capacidad para generar conocimiento, integrarse al entorno productivo y participar en la vida económica y cultural del país receptor.

Un debate de conciencias sobre el derecho al futuro

Este movimiento de jóvenes profesionales no es solo económico. Refleja el deseo de vivir en sociedades más justas. Los jóvenes buscan instituciones sólidas que premien el esfuerzo. La partida no ocurre por desinterés hacia su patria, sino que representa una respuesta lógica para asegurar el bienestar propio.

El fenómeno expone las debilidades de los gobiernos latinoamericanos, que son incapaces de retener a las mentes más brillantes. Es una señal que alerta sobre la crisis del actual contrato social en muchos de estos países.

España se beneficia al recibir este valioso capital humano. Mientras tanto, América Latina enfrenta un desafío urgente de retención y un problema de confianza democrática, derivada de la falta de oportunidades y de seguridad.

Es urgente abrir un debate profundo sobre esta realidad. Debemos reconstruir la confianza en nuestras propias naciones. Si no actuamos, el talento seguirá buscando su futuro fuera.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El talento latinoamericano emigra hacia España y vacía de capital humano a muchos países de la región – https://theconversation.com/el-talento-latinoamericano-emigra-hacia-espana-y-vacia-de-capital-humano-a-muchos-paises-de-la-region-282819

La Antártida como laboratorio de paz: España impulsa una estación científica internacional

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén López Tárraga, Assistant researcher, Universidad de Salamanca

Una expedición llega a la base Esperanza, estación científica de Argentina en la Antártida. LouieLea/Shutterstock

Mientras las noticias diarias constatan una fragmentación geopolítica global y el levantamiento de nuevos muros científicos e industriales, existe un lugar del mundo donde la inercia es otra. En el polo sur del planeta, las delegaciones internacionales continúan reuniéndose anualmente bajo el amparo de la Secretaría del Tratado Antártico, como ocurrió recientemente en la 48.ª Reunión Consultiva del Tratado Antártico en Hiroshima, Japón. El objetivo es salvaguardar un territorio que, según las normas que la rigen, es una reserva natural consagrada a la paz y a la investigación.

Sin embargo, tras las bambalinas de este oasis multilateral, la operatividad cotidiana afronta sus propios dilemas en el siglo XXI. Históricamente, la inmensa mayoría de las infraestructuras de investigación permanente en el continente blanco han permanecido bajo una propiedad y operación estrictamente nacionales. Cada bandera iza su soberanía científica sobre sus propios módulos residenciales y laboratorios.

Para romper esta inercia, España ha decidido dar un paso estratégico al frente en el tablero polar. A través del documento informativo de trabajo Estudio conceptual sobre una Estación Antártica Internacional: una posible vía para fomentar la cooperación, el Gobierno español ha puesto sobre la mesa un estudio conceptual que analiza la viabilidad institucional, científica y logística de crear una Estación Antártica Internacional (IAS, por sus siglas en inglés) gestionada conjuntamente.

No es una iniciativa aislada. Coincide con la publicación del documento de la Comisión Europea A European Framework for Science Diplomacy. España colidera este nuevo ecosistema de política exterior coordinando sus grupos de trabajo. La propuesta plantea una pregunta clave: en un entorno tan extremo, ¿debemos pasar de la cooperación coordinada a una auténtica cooperación integrada?

Compartir el barco, pero no la casa: la paradoja logística

Hasta la fecha, la solidaridad en los hielos antárticos funciona de forma excelente, pero externa. Los programas nacionales cooperan ampliamente compartiendo redes de transporte, buques oceanográficos, servicios técnicos o logística en las ciudades portuarias que sirven como puerta de entrada al continente. Lo hacen movidos por incentivos tangibles de coste, seguridad, fiabilidad y minimización del impacto ambiental.

No obstante, cuando se trata de activos fijos, las bases compartidas son una absoluta anomalía. La estación Concordia, operada conjuntamente por Francia e Italia, destaca como uno de los poquísimos ejemplos que demuestran que la cogestión es posible. Pero la realidad imperante sigue siendo la de infraestructuras concebidas como compartimentos estancos individuales.

La propuesta de una Estación Antártica Internacional no pretende duplicar las instalaciones ya consolidadas ni desplazar las dinámicas actuales en las que un país invita a científicos de otras latitudes a pasar una temporada en su base. El verdadero reto radica en demostrar si una base de titularidad multinacional puede aportar un valor cooperativo e investigador añadido que justifique los enormes retos técnicos y de gestión que implica.

Las tres columnas que sostienen una base multinacional

Para que el concepto de esta base resulte operativamente creíble, científicamente justificado e institucionalmente viable, el informe remitido por España contempla tres requisitos interconectados:

1. Ciencia de frontera a gran escala. Una base duradera no se justifica con proyectos cortos o fragmentados. Debe acoger misiones científicas globales a largo plazo. Por ejemplo, estudiar el cambio climático continental o las redes de observación por satélite. Estos desafíos superan el presupuesto y la capacidad de un solo país.

2. Infraestructura de provisión colectiva. El estudio demuestra que la base debe centrar su actividad en tareas colectivas. Esto incluye laboratorios comunes de alta tecnología y servicios de telecomunicaciones integrados. También exige aplicar normas idénticas de seguridad y formación para todo el personal técnico.

3. Gobernanza por consenso. La estación internacional no necesita nuevas leyes ni tratados complicados que frenen el proyecto, ya que el sistema actual funciona bien mediante las normas existentes. La gestión se basará en proteger el medioambiente y repartir los costes de forma justa entre los países.

La diplomacia científica como clave geopolítica

Es en este diseño donde la propuesta antártica española encaja con el espíritu del nuevo Marco Europeo de Diplomacia Científica. Las directrices de la Comisión Europea recuerdan que, en el panorama contemporáneo, la ciencia y la innovación ya no se limitan a la producción de conocimiento puro: se han convertido en una “divisa geopolítica” indispensable.

La diplomacia científica actúa como un puente de confianza capaz de mantener abiertos canales de comunicación cuando las relaciones diplomáticas tradicionales sufren tensiones. Además, es la herramienta idónea para asegurar la gobernanza justa de los bienes comunes globales (global commons), es decir, espacios compartidos por la humanidad como el espacio exterior, los océanos o las áreas polares.

Históricamente, grandes infraestructuras como, por ejemplo, la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), en Suiza, han demostrado que se puede sentar a cooperar en un laboratorio a naciones que mantienen profundas rivalidades fuera de él. Una Estación Antártica Internacional bajo el paraguas del Tratado Antártico nacería con esa misma vocación: un faro de multilateralismo y paz en una de las fronteras más sensibles de la Tierra.

La soberanía del mañana

El estudio liderado por España no plantea una utopía imposible. Su texto defiende un avance paso a paso a partir de las costumbres actuales. La idea podría comenzar con un proyecto piloto pequeño y de bajo riesgo. Cualquier avance futuro requerirá dialogar con los científicos de todo el mundo y calcular con transparencia el impacto ambiental sobre el hielo.

Con este paso, España se sitúa al frente de la política polar. El país demuestra una visión clara para los retos de este siglo. En el tablero internacional, el liderazgo ya no depende de plantar una bandera solitaria. El éxito futuro radica en la capacidad de investigar juntos bajo un mismo techo. Una cuestión que, sin duda, se verá reflejada en la primera Estrategia Polar Española, que será publicada próximamente.

The Conversation

Ana Belén López Tárraga no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La Antártida como laboratorio de paz: España impulsa una estación científica internacional – https://theconversation.com/la-antartida-como-laboratorio-de-paz-espana-impulsa-una-estacion-cientifica-internacional-285763

Cuando la Luna escribe el guion: el eclipse en la historia del cine

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfonso Méndiz Noguero, Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad y rector, Universitat Internacional de Catalunya

Imagen promocional de _Apocalypto_, de Mel Gibson, en la que un eclipse juega un papel importante en la historia. Icon Entertainment

El 12 de agosto de 2026 asistiremos a un eclipse excepcional: será el primero que atraviese la península en más de un siglo y coincidirá, además, con el pico de las Perseidas y una alineación de planetas. Sin embargo, todos los eclipses tienen algo de excepcional y de mágico, y así lo vemos reflejado a lo largo de la historia del cine.

El Séptimo Arte descubrió desde muy pronto el potencial narrativo de este fenómeno astronómico. Los eclipses solares han servido a los guionistas para provocar asombro, anunciar apocalipsis, desencadenar amenazas o aportar un extraordinario realismo visual. Su presencia en la pantalla constituye una pequeña pero fascinante historia paralela a la historia del cine.

Del espectáculo astronómico a la fantasía cinematográfica

Las primeras representaciones del eclipse aparecen en el cine mudo, cuando la propia imagen en movimiento era todavía una novedad. Un ejemplo paradigmático es El eclipse: El cortejo entre el Sol y la Luna (1907), de Georges Méliès. Considerada la primera película de ficción que describe un eclipse solar, transforma una explicación astronómica en una fantasía humorística donde el Sol y la Luna adquieren rasgos humanos y protagonizan un peculiar cortejo romántico.

Imagen en movimiento de un sol con cara humana escondiéndose detrás de una luna también con cara humana.
Un momento de El eclipse: El cortejo entre el Sol y la Luna.
Wikimedia Commons

Pocos años después, el eclipse pasó a formar parte del imaginario visual del expresionismo alemán. En Los Nibelungos (1924), de Fritz Lang, los cielos oscurecidos y las atmósferas crepusculares evocan simbólicamente la idea del eclipse como presagio de tragedia. El propio Lang volvería a explorar la fascinación por los fenómenos celestes en La mujer en la Luna (1929), donde la aventura espacial incorpora imágenes fantasmagóricas que conectan la oscuridad con la leyenda y la fascinación.

Camelot bajo la sombra de la Luna

Ningún ámbito cinematográfico ha explotado tanto el eclipse como las adaptaciones de la novela de Mark Twain Un yanqui en la corte del rey Arturo. En ellas, el fenómeno deja de ser un espectáculo natural para convertirse en una herramienta de poder o un modo de escapar de una situación apurada.

La primera adaptación relevante fue A Connecticut Yankee in King Arthur’s Court (1921), dirigida por Emmett J. Flynn en Estados Unidos. Su protagonista utiliza el conocimiento de un eclipse inminente para convencer a la corte del rey Arturo de que posee poderes mágicos. La oscuridad del cielo se convierte así en una demostración de autoridad basada en el contraste entre la ciencia que él posee y la superstición de quienes le escuchan.

El recurso reapareció en la adaptación de 1931 de David Butler, y alcanzó su versión más popular en la comedia musical de 1949. Dirigida por Tay Garnett y protagonizada por Bing Crosby, la película utiliza el eclipse para establecer un momento decisivo en la narración. También la animación cinematográfica ha creado su propia versión en Bugs Bunny in King Arthur’s Court (1978), producción estadounidense de Warner Bros., donde el conejo más famoso del cine emplea el mismo truco para impresionar a los habitantes de Camelot.

Transformaciones, destinos y metáforas

Con el paso de las décadas, el eclipse dejó de representar únicamente el choque entre conocimiento y superstición para convertirse en símbolo de transformación vital.

En Lady Halcón (1985), de Richard Donner, se cuenta la historia de dos amantes que se ven separados por la luz y la oscuridad. Maldecidos por un obispo, ella se convierte en un halcón de día y él en un lobo de noche. Nunca pueden verse, hasta que un mágico eclipse de Sol consigue que los dos puedan encontrarse simultáneamente bajo forma humana. El fenómeno astronómico funciona aquí como una interrupción temporal de las leyes que gobiernan su condena.

En un ventanuco en la pared se ve cómo la luna cubre parcialmente el sol.
El eclipse de Lady Halcón.
20th Century Fox

Otras películas emplean también el eclipse como marco emocional. El drama Eclipse (1994), dirigido por Jeremy Podeswa, sitúa su historia en las semanas previas a un eclipse solar para reforzar la introspección de sus personajes. Algo similar ocurre en Judy Berlin (1999), de Eric Mendelsohn, donde un eclipse prolongado altera la rutina de una comunidad y empuja a sus habitantes a revisar sus vidas.

Más recientemente, Apocalypto (2006), dirigida por Mel Gibson, utiliza un eclipse durante una ceremonia de sacrificio humano. La repentina oscuridad es interpretada por los sacerdotes mayas como una señal divina y cambia el destino del protagonista. En otro registro, La saga Crepúsculo: Eclipse (2010), de David Slade, convierte el eclipse en metáfora del triángulo amoroso entre los tres personajes protagonistas: Bella, Edward y Jacob.

Oscuridad, monstruos y amenazas cósmicas

El eclipse también ha demostrado ser un eficaz generador de miedo. En La tienda de los horrores (1986), dirigida por Frank Oz, una planta extraterrestre aparece en la Tierra coincidiendo con un eclipse extraordinario, dotando al fenómeno de resonancias sobrenaturales.

La ciencia ficción recurrió igualmente a este recurso. En Pitch Black (2000), de David Twohy, un eclipse libera criaturas letales que permanecían ocultas por la luz de varios soles. Pero la película más emblemática de este apartado es, sin duda, Lara Croft: Tomb Raider (2001), dirigida por Simon West. En ella, una alineación planetaria asociada a un eclipse de Sol desencadena la búsqueda de un artefacto capaz de controlar el tiempo. Durante la casi totalidad del metraje, la idea del eclipse está presente en la narración y en la mente de los personajes.

Finalmente, en Hellboy (2004), del mexicano Guillermo del Toro, la llegada del demonio a la Tierra debido a un conjuro nazi se convierte en ocasión de salvar al mundo y de abrir un portal al infierno, justamente gracias a un eclipse solar.

Crímenes bajo un cielo oscurecido

La capacidad del eclipse para alterar la percepción de la realidad lo ha convertido también en aliado de relatos criminales y sobrenaturales. En Dolores Claiborne (1995), de Taylor Hackford y basada en la novela de Stephen King, un eclipse solar sirve de telón de fondo para un misterio familiar y un antiguo crimen.

Una mujer mira hacia arriba en un contrapicado mientras, tras ella, la luna tapa al sol.
Kathy Bates en una escena de Dolores Clairbone.
Warner Bros.

En España, Verónica (2017), dirigida por Paco Plaza, sitúa el célebre eclipse del 11 de julio de 1991 en el centro de una historia de terror inspirada en el llamado “caso de Vallecas”, en el que una adolescente murió tras haber participado en una sesión de ouija. El fenómeno astronómico actúa simultáneamente como detonante y culminación de los sucesos paranormales.

Cuando el eclipse ocurrió de verdad

Finalmente, la utilización más espectacular de un eclipse en la historia del cine no tuvo lugar en una ficción sobre el tema. En Barrabás (1961), historia del criminal que fue indultado por Poncio Pilatos en lugar de Jesucristo, el director Richard Fleischer decidió rodar la escena de la crucifixión durante un eclipse solar auténtico, pues el Evangelio dice que “el Sol se oscureció desde el mediodía hasta las tres”.

La filmación tuvo lugar el 15 de febrero de 1961 cerca de Roccastrada, en la Toscana italiana. El director de fotografía Aldo Tonti dispuso las cámaras para registrar los escasos minutos de semioscuridad disponibles. No hubo posibilidad de repetir tomas ni de corregir errores; la secuencia se rodó con varias cámaras, sin efectos especiales. El resultado proporcionó una intensidad visual imposible de recrear artificialmente en aquella época.

Ese fue un caso excepcional, pero la atracción del eclipse sigue viva para los cineastas. Más de un siglo después de Méliès, el cine sigue encontrando en él una fuente incomparable de misterio, fascinación y amenaza.


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The Conversation

Alfonso Méndiz Noguero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando la Luna escribe el guion: el eclipse en la historia del cine – https://theconversation.com/cuando-la-luna-escribe-el-guion-el-eclipse-en-la-historia-del-cine-285450