Septiembre, infancia y calor: los colegios como refugios climáticos de los barrios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrea Nóblega Carriquiry, Profesora Asociada. Facultad de Economía y Empresa. UOC – Universitat Oberta de Catalunya, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Un patio escolar como a refugio climático naturalizado. Isabel Ruiz Mallén.

Las olas de calor han dejado de ser eventos puntuales del verano; ahora también se extienden a los meses de primavera y otoño, afectando a la vida en nuestras ciudades. Las superficies grises de asfalto y hormigón retienen y acentúan el calor, aumentando la incomodidad térmica de la población, aunque no afecta a todo el mundo por igual.

El Observatorio del Clima Europeo señala a la población infantil de barrios socioeconómicamente desfavorecidos como uno de los colectivos más vulnerables al aumento de las temperaturas. Es aquí donde hay que concentrar los esfuerzos para crear ciudades más equitativas y resilientes al calor.

Los niños y niñas son más vulnerables

La vulnerabilidad de la población infantil al calor extremo es mayor que la de los adultos. Principalmente, por dos razones.

De un lado, como señala el informe de UNICEF (2023) y corrobora el pediatra Ferran Campillo, el sistema termorregulador de los niños y niñas todavía es demasiado inmaduro para adaptarse de manera eficaz al calor extremo. Su tasa de sudoración es menor que la de los adultos y, por tanto, tienen menos capacidad para reducir la temperatura de su cuerpo. También producen más calor por kilogramo de peso, con una relación entre su superficie y su masa corporal más elevada. El riesgo de deshidratación en la infancia es, en consecuencia, mucho mayor.

Por otro lado, la infancia todavía no ha desarrollado plenamente las habilidades ni adquirido los conocimientos necesarios para protegerse del calor, y a menudo tampoco tiene la capacidad de disponer de los recursos necesarios para hacerlo. Un grupo de niños y niñas puede estar jugando a pleno sol sin pensar en beber agua o descansar a la sombra; o pueden tener la intención de hacerlo, pero no encontrar una fuente de agua potable o un árbol que les dé cobijo. Esta situación es, desgraciadamente, cotidiana en los patios escolares y en muchas zonas de juego del espacio público que no están adaptadas como refugios climáticos.

Cuando el calor no da tregua

En los barrios socioeconómicamente más desfavorecidos, esta vulnerabilidad adquiere una dimensión acumulativa, que se conoce como el ciclo de estrés térmico: sienten calor durante todo el día. Muchos niños y niñas de estos entornos sufren las altas temperaturas durante la noche en viviendas mal aisladas o climatizadas de forma deficiente, lo que dificulta su descanso. Durante el día, acuden a escuelas poco acondicionadas, donde los patios pavimentados actúan como auténticos hornos urbanos, superando los 35 °C. Por la tarde, la falta de zonas verdes en sus barrios les impide encontrar refugios climáticos exteriores.

Este ciclo no solo genera malestar físico. La evidencia demuestra que la fatiga cognitiva derivada de la exposición continuada al calor afecta al bienestar emocional, la atención y el rendimiento académico: a más días de calor intenso, menor ritmo de aprendizaje.

Hacia una adaptación climática basada en la naturaleza

Ante este escenario, las medidas tradicionales suelen ser reactivas e incrementales, como instalar sistemas de aire acondicionado que aumentan el consumo energético y generan más calor hacia el exterior. Al aire libre, se utilizan toldos o cubiertas temporales de plástico u otros materiales que a menudo acaban actuando como invernaderos en lugar de reducir la temperatura.

Para conseguir una verdadera adaptación transformadora, hay que reconfigurar los espacios y las infraestructuras urbanas desde la raíz de la vulnerabilidad. Aquí es donde entran en juego las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN), entendidas como acciones que protegen los ecosistemas y amortiguan los impactos climáticos a la vez que generan beneficios sociales y medioambientales: más vegetación, sombra natural, suelo permeable o fuentes de agua.

Transformar los patios de hormigón en “patios vivos” o refugios climáticos y pacificar los entornos escolares con elementos naturales como las SbN permite reducir las temperaturas locales y crear entornos saludables y lúdicos.

Escuchar a los barrios, el profesorado y la infancia

Sin embargo, plantar vegetación o renaturalizar patios son soluciones que no garantizan por sí mismas resultados justos. Las SbN solo alcanzan su verdadero potencial transformador cuando incorporan explícitamente tres dimensiones clave de la equidad social:

  1. La distribución de espacios verdes en la ciudad o “equidad distributiva”, entendiendo que los beneficios deben llegar allí donde más se necesitan. Normalmente, las zonas verdes se concentran en los barrios de mayor renta (luxury effect). Una planificación justa debe priorizar la renaturalización de entornos y espacios escolares situados en los distritos con mayores índices de vulnerabilidad socioeconómica y menor cobertura vegetal.
¿Cómo adaptamos las ciudades al calor extremo? Tres proyectos de la UOC que van en esta dirección.
  1. Una gobernanza inclusiva del verde urbano o “equidad procedimental”, entendiendo que la toma de decisiones no debe ser un proceso exclusivamente tecnocrático. Diseñar y transformar un entorno o patio escolar requiere una gobernanza participativa e inclusiva, que involucre a la comunidad educativa en todas las fases del proyecto.

  2. El reconocimiento y la incorporación de la voz de la infancia en el diseño del verde urbano o “equidad de reconocimiento”, asumiendo que la infancia no debe ser vista simplemente como un sujeto pasivo al que proteger del calor, sino como un actor social con vivencias, necesidades y saberes propios. Reconocer cómo experimentan el calor implica integrar activamente sus perspectivas en la cocreación de los nuevos entornos renaturalizados.

Los colegios como motor de equidad urbana

Renaturalizar los patios de los centros educativos públicos transciende la mera regulación térmica y los límites físicos de los colegios. Los patios vivos se convierten en extensiones del aula donde realizar actividades educativas al aire libre y fomentar el juego libre e inclusivo durante y después del horario escolar. Cuando estos espacios se abren a la ciudadanía los fines de semana, refuerzan la cohesión comunitaria, ejerciendo como refugios climáticos para el barrio.

Transformar la ciudad a través de sus colegios no es una opción estética ni un lujo, sino una urgencia de salud pública y de justicia ambiental que garantiza el derecho a la ciudad y al bien común desde la infancia.

The Conversation

Isabel Ruiz Mallén ha recibido fondos del programa Horizon 2020 de la Unión Europea (101003758) y la Agencia Española de Investigación (PCI2022-132958, MCIN/AEI/10.13039/501100011033).

Andrea Nóblega Carriquiry no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Septiembre, infancia y calor: los colegios como refugios climáticos de los barrios – https://theconversation.com/septiembre-infancia-y-calor-los-colegios-como-refugios-climaticos-de-los-barrios-291311

Un nuevo mapa para un viejo problema: cómo representamos el hambre mundial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Soriano del Castillo, Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València

Rui Elena/Shutterstock

Durante siglos hemos aprendido cómo es el mundo mirando mapas que, en realidad, nunca han mostrado el planeta exactamente tal cual es. El 4 de septiembre de 2026, la Asamblea General de Naciones Unidas abordó esta cuestión al considerar la iniciativa “Correct the Map”, destinada a promover una representación cartográfica más equilibrada del planeta, especialmente de África. La propuesta cuestiona el predominio de la proyección de Mercator y favorece alternativas que respetan mejor la superficie relativa de los continentes, como “Equal Earth”.

Mapamundi
Mapamundi con la proyección Equal Earth, recomendada por la ONU.
Equal Earth, CC BY

Puede parecer una discusión exclusivamente cartográfica, pero cambiar el mapa también invita a preguntarnos: ¿influye el modo de dibujar el mundo en la manera en que percibimos problemas globales como el hambre?

África nunca fue tan pequeña

La proyección de Mercator nació en el siglo XVI y resultó extraordinariamente útil para la navegación. El problema aparece cuando la utilizamos como representación general del planeta.

Mapamundi
Mapamundi con la proyección de Mercator.
Wikimedia Commons, CC BY

Al trasladar una esfera a una superficie plana necesariamente tenemos que distorsionar alguna propiedad. Mercator conserva especialmente bien los ángulos y las direcciones, pero deforma las superficies cuanto más nos alejamos del ecuador. Como consecuencia, territorios situados en latitudes septentrionales parecen gigantescos, mientras que las regiones próximas al ecuador aparecen proporcionalmente menores. África es uno de los ejemplos más evidentes.

Esto no significa que los mapas hayan provocado las desigualdades internacionales ni que cambiar de proyección vaya a modificar las relaciones de poder, pero sin duda estas representaciones son instrumentos de comunicación. Y aquello que ocupa más espacio ante nuestros ojos puede adquirir, consciente o inconscientemente, mayor presencia en nuestra representación mental del mundo.

Aquí entra en escena el hambre.

El mapa mundial del hambre es muy diferente

Según la edición de 2026 de The State of Food Security and Nutrition in the World, en 2025 aproximadamente 645 millones de personas padecieron hambre, lo que representaba el 7,8 % de la población mundial. La cifra descendió por tercer año consecutivo, aunque esta mejora global esconde enormes diferencias regionales y la persistencia de numerosos puntos críticos de inseguridad alimentaria, especialmente en contextos marcados por conflictos, desplazamientos, crisis económicas y fenómenos climáticos extremos.

En África, alrededor de 309 millones de personas estaban subalimentadas, aproximadamente el 20 % de sus habitantes, frente a unos 292 millones en Asia. Además, el 56,6 % de la población africana experimentó inseguridad alimentaria moderada o grave. Las proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) apuntan, además, a que en 2030 África podría concentrar alrededor del 56 % de todas las personas que padezcan hambre en el mundo.

Por eso resulta interesante preguntarnos qué ocurre cuando estos datos se representan sobre un mapa. Si coloreamos los países según su prevalencia de hambre utilizando el atlas de Mercator, los números siguen siendo absolutamente correctos. Pero la superficie visual sobre la que aparecen esos números no es neutral: África queda reducida respecto a regiones septentrionales. Usar una proyección de área equivalente corregiría buena parte de esa desproporción.

Pero entonces surge otra paradoja.

Ni siquiera un mapa territorialmente correcto muestra necesariamente bien el hambre

Equal Earth puede representar mucho mejor el tamaño relativo de los continentes, pero el hambre no afecta a kilómetros cuadrados. Afecta a personas.

Imaginemos dos países. Uno es enorme y tiene diez millones de habitantes, y el otro es pequeño y alberga cien millones. Aunque ambos presentasen idéntica prevalencia de inseguridad alimentaria, un mapa basado exclusivamente en superficie territorial otorgaría mucho más espacio visual al primero.

Mapa de Europa
Cartograma elaborado para representar comparativamente la densidad de población en los países de la Unión Europea.
Wikimedia Commons, CC BY

Por tanto, para comprender realmente la geografía del hambre necesitamos distinguir al menos tres mapas del mundo. Mientras que el primero representa el territorio y el segundo la población, el tercero debería reflejar el número de personas que padecen hambre o inseguridad alimentaria. Los tres podrían tener formas sorprendentemente diferentes.

Existen para ello los llamados cartogramas, mapas temáticos en los que el tamaño de las regiones geográficas aumenta o disminuye en función de una variable estadística determinada, como la población, la renta o cualquier otra magnitud de interés.

Quizá sea ese el verdadero “mapa del hambre”.

¿Puede un mapa influir incluso en nuestras decisiones?

La ciencia ha mostrado que la forma de presentar una misma información cartográfica puede influir en nuestra percepción e incluso inclinar la balanza en determinadas decisiones.

Podríamos comprobar si algo similar ocurre con el hambre mostrando a distintos grupos los mismos datos de inseguridad alimentaria mediante tres representaciones: Mercator, Equal Earth y un cartograma ponderado por el número de personas afectadas. Después se les podría preguntar qué regiones consideran prioritarias o cómo distribuirían recursos destinados a combatir el hambre. Si las respuestas cambiasen únicamente por la representación utilizada, podríamos estar ante un sesgo cartográfico en la percepción de la seguridad alimentaria mundial. Aún no sabemos si ese efecto existe específicamente en este contexto y habría que demostrarlo experimentalmente.

Los mapas son potentes instrumentos de comunicación, pero no fotografías neutrales del planeta: toda proyección implica decidir qué propiedades conservar y cuáles distorsionar.

El nuevo mapa no cambia dónde está el hambre, pero quizá sí cómo somos capaces de verla.

The Conversation

José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Un nuevo mapa para un viejo problema: cómo representamos el hambre mundial – https://theconversation.com/un-nuevo-mapa-para-un-viejo-problema-como-representamos-el-hambre-mundial-291380

El planeta negro TrES-2b, un mundo de eterna oscuridad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

El planeta más oscuro, TrES-2, localizado en el campo de visión del telescopio espacial Kepler. NASA/Ames/JPL-Caltech, CC BY

¿Puede existir un planeta tan oscuro que parezca desaparecer en el espacio? Aunque ningún planeta conocido absorbe literalmente toda la luz que recibe, algunos se acercan sorprendentemente a ese límite. Y entre ellos destaca TrES-2b.

TrES-2b, situado a unos 750 años luz de la Tierra, es un gigante gaseoso de tamaño similar a Júpiter que ostenta un récord sorprendente: es el planeta más oscuro jamás descubierto. Aunque supera los 1 100 °C y emite un tenue resplandor rojizo, su atmósfera, rica en vapor de sodio, óxido de titanio y posiblemente partículas de hollín, absorbe casi toda la luz que recibe, haciéndolo más negro que el carbón.

Su estudio ha revelado hasta qué punto la atmósfera de un planeta puede modificar su apariencia y ha abierto una ventana a algunos de los ambientes más extremos conocidos fuera del Sistema Solar.

El fin del brillo

Durante mucho tiempo, los astrónomos asumieron que los planetas gigantes gaseosos serían relativamente brillantes. Al fin y al cabo, en nuestro Sistema Solar, Júpiter y Saturno reflejan una parte apreciable de la luz solar gracias a las nubes presentes en sus atmósferas. Sin embargo, el descubrimiento de exoplanetas ha demostrado que la naturaleza puede producir mundos muy diferentes.

TrES-2b fue descubierto en 2006 mediante el método del tránsito, que detecta la disminución de brillo de una estrella cuando un planeta pasa por delante de ella.




Leer más:
¿Se ha descubierto la primera “luna” fuera del sistema solar?


Las observaciones realizadas posteriormente revelaron una característica inesperada: el planeta reflejaba una cantidad extraordinariamente pequeña de luz visible. De hecho, es tan oscuro que refleja menos del 1 % de la radiación que recibe.

La explicación más probable de este fenómeno combina varios factores. En primer lugar, las altísimas temperaturas de TrES-2b impiden la formación de nubes brillantes que podrían reflejar la luz estelar. Además, la atmósfera contiene átomos de sodio y potasio gaseosos, y otras moléculas capaces de absorber eficazmente la radiación visible. Sin superficies sólidas ni nubes reflectantes, gran parte de la luz penetra en las capas profundas de la atmósfera y queda atrapada en forma de calor.

Este resultado sorprendió a la comunidad científica porque incluso muchos de los cuerpos más oscuros conocidos presentan una reflectividad superior. En términos visuales, TrES-2b sería más oscuro que el carbón y comparable a algunos de los materiales artificiales más absorbentes desarrollados por el ser humano.

El albedo: medir la oscuridad de un mundo

La propiedad que permite cuantificar cuánta luz refleja un objeto se denomina albedo. Un albedo de 1 corresponde a un cuerpo que refleja toda la luz, mientras que un albedo de 0 indicaría que toda la luz incidente es absorbida.

Los planetas cubiertos por nubes brillantes suelen presentar albedos elevados. Venus, por ejemplo, refleja gran parte de la radiación solar gracias a su espesa capa de nubes de ácido sulfúrico. La Tierra también posee un albedo relativamente alto debido a las nubes, los océanos y las superficies heladas.

TrES-2b se sitúa en el extremo opuesto. Su albedo es tan bajo que apenas devuelve luz al espacio. Esta característica lo convierte en uno de los mejores ejemplos conocidos de lo que popularmente podría denominarse un “planeta negro”.

Sin embargo, conviene matizar que no es completamente invisible. Debido a las enormes temperaturas que alcanza, el planeta emite una tenue luz rojiza generada por su propio calor. Es decir, aunque absorbe casi toda la luz que recibe de su estrella, también brilla ligeramente por la energía acumulada en su atmósfera.




Leer más:
Descubierto un nuevo exoplaneta de mañanas nubladas y tardes despejadas


Absorción térmica extrema

La oscuridad de TrES-2b no es solo una curiosidad visual. También tiene consecuencias importantes para su clima.

Cuando un planeta refleja poca luz, absorbe una mayor proporción de la energía procedente de su estrella. Este fenómeno favorece una absorción térmica extrema, elevando la temperatura atmosférica hasta valores superiores a los mil grados Celsius.

La energía absorbida modifica la química de la atmósfera, altera los patrones de circulación y puede dificultar aún más la formación de nubes reflectantes. Los investigadores creen que podría existir un “mecanismo de retroalimentación”: la ausencia de nubes reduce el albedo; el bajo albedo incrementa la absorción de energía; y las altas temperaturas dificultan de nuevo la aparición de nubes.

El resultado es una atmósfera extraordinariamente caliente y oscura, muy distinta de cualquier entorno planetario presente en nuestro Sistema Solar.

Más allá de TrES-2b

Los planetas negros permiten estudiar cómo interactúan la radiación, la química atmosférica y la dinámica climática en condiciones extremas. También ayudan a mejorar los modelos utilizados para interpretar las observaciones de exoplanetas lejanos.

A medida que los telescopios actuales y futuros sean más precisos, es probable que aparezcan nuevos ejemplos de planetas extremadamente oscuros. Y podremos detectarlos, aunque parezcan desaparecer confundiéndose en la oscuridad del universo.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El planeta negro TrES-2b, un mundo de eterna oscuridad – https://theconversation.com/el-planeta-negro-tres-2b-un-mundo-de-eterna-oscuridad-284671

Los cuatro motivos que explican los desastrosos resultados de España en el último informe PISA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Solano Altaba, Profesora de la Facultad de Humanidades y CC. Comunicación Universidad CEU San Pablo, Universidad CEU San Pablo

Rido / Shutterstock

España ha caído a mínimos históricos en las tres competencias que evalúa el trianual Informe PISA elaborado por la OCDE: matemáticas, ciencias y comprensión lectora. Además, queda por debajo de la media y las puntuaciones descienden aún más que otros países. Y eso sin tener en cuenta que el sesgo es siempre positivo, como revela el que hayan expulsado a Cataluña de la medición porque se ha demostrado que excluía de las pruebas a un número elevado no autorizado de estudiantes.

Estos desastrosos resultados parecen responder a varios motivos: un sistema educativo que no fomenta el esfuerzo, la irrupción de las pantallas con la consecuente pérdida de atención y la reciente aparición de la IA, en la que muchos estudiantes delegan el proceso que les permitiría aprender.

Un batacazo sin paliativos

Los datos indican que un alumno de 15 años en 2025 lee como uno de 13 en 2022. Los estudiantes españoles están a curso y medio de los ingleses. Y la brecha con los países vecinos no para de agrandarse. En España tenemos muchos menos alumnos excelentes que los sistemas más competitivos (sólo un 4 %), a la vez que arrastramos muchos más alumnos mediocres con bajo rendimiento (un 24 %).

¿Cómo se ha llegado hasta esta situación? El camino es tan complejo que sería un error poner el foco de atención en un único factor. Además, los informes PISA no son perfectos y no siempre sirven para corregir el rumbo de las políticas educativas de los estados participantes.

Con todo y con eso, la marcada tendencia bajista de todos los indicadores muestra la urgencia de plantear soluciones para evitar toparnos con toda una generación perdida que llegará al mercado laboral en menos de una década.

En este cóctel molotov del desastre educativo, destacan cuatro elementos sobre los que podemos intervenir para evitar una catástrofe mayor que se extienda en el tiempo: aumentar el grado de exigencia, fomentar el valor del esfuerzo, recuperar el foco de atención y poner límites al mal uso de la inteligencia artificial.

La exigencia como derecho

Cuando se habla del derecho a la educación, se circunscribe en demasiadas ocasiones a la controvertida polémica alrededor de la libertad de elección de centro educativo o al debate sobre el presupuesto destinado a esta área, con consecuencias como la ratio de alumnos por profesor. Pero el origen de ese derecho es el del derecho a aprender, a saber más, a mejorar, a tener más oportunidades profesionales, a estar mejor preparados para la vida adulta. Y para que se cumpla este compromiso constitucional, es imprescindible garantizar ese aprendizaje.

La única manera de consolidar ese proceso formativo es con exigencia. Porque está demostrado que la manera de aprender requiere del esfuerzo cognitivo (Damasio, 2021): análisis, síntesis, repetición, práctica a través de distintos formatos, validación de los contenidos con pruebas de evaluación… Y este proceso no es fácil ni cómodo para el estudiante, que suele preferir cualquier otra actividad lúdica o más sencilla de llevar a cabo (Kahneman, 2013). Como bien explica Gregorio Luri en uno de sus más famosos libros, la escuela no es un parque de atracciones (Luri, 2022).

El problema se agrava si, como ha sucedido en España, se tratan de tapar las elevadas tasas de fracaso escolar con leyes educativas que fomentan la promoción de curso incluso sin haber alcanzado las competencias necesarias en todas las materias. Es decir, se admite que el sistema no será capaz de preparar de manera al menos suficiente a todos los alumnos, pero para evitar que se queden atrapados en las aulas de la educación obligatoria, se les va dejando pasar de curso sin que aprendan lo que tienen que saber.

Esa bajada sustancial del nivel de exigencia no es nueva en nuestras leyes educativas, pero está más acusada en la vigente, la Lomloe. Y la consecuencia no sólo ha sido el aumento del número de estudiantes con bajo rendimiento, sino una percepción generalizada de todos los alumnos de que no hace falta esforzarse demasiado para promocionar. Para no dejar a nadie atrás se ha frenado al conjunto.

Recuperar el foco de atención

Los resultados del último Informe PISA, con datos evaluados de 2025, se esperaban con enorme interés porque se entendía que los de 2022 estaban distorsionados por el efecto de la pandemia. La realidad ha sido tremenda y, por extendida entre muchos países, fuertemente corroborada: hemos ido a peor. Uno de los motivos es que las diferentes condiciones de vida de los alumnos durante los confinamientos hicieron bajar los niveles de exigencia. Otro es la coincidencia de la covid-19 con la apresurada y poco meditada digitalización de las aulas en todas las etapas educativas.

No se puede demonizar el uso de la tecnología en el aula, muy necesaria en determinadas circunstancias e imprescindible para garantizar la correcta formación de los estudiantes en destrezas y habilidades que les serán exigidas en el entorno laboral. Pero tampoco se puede caer en el error de negar que aquella digitalización sin límites abrió la puerta a que niños y adolescentes sin suficiente control aún de sus impulsos tuvieran delante de ellos una variadísima oferta de entretenimiento (IAB, 2026) que distrajo su atención (Solano-Altaba, 2025).

Además, son ya abundantes los estudios científicos que demuestran que nos encontramos ante un verdadero problema de salud pública (Martínez-González, 2023) causado por el riesgo de adicción que produce el uso de pantallas y, en particular, de redes sociales.




Leer más:
Razones para retrasar el uso del móvil: la ruptura del proceso de socialización


El problema de las pantallas va más allá del momento de su uso puntual, que puede llegar a controlarse bien prohibiendo la presencia de dispositivos, bien limitando su uso con determinadas técnicas. Pero mientras haya ciertas horas de uso, aunque sea para mero entretenimiento, el problema de la atención seguirá ahí. La razón fundamental es que va deteriorando nuestra capacidad para prestar atención de manera sostenida a tareas que producen pocos picos de dopamina (Hari, 2023). Si los alumnos utilizan para estudiar, las posibilidades de dejar de prestar atención son elevadas (Fournier, y otros, 2026). Además de que puede generar problemas de salud mental (Haidt, 2024), especialmente entre niños y adolescentes, que afecten a su capacidad de aprendizaje.

La delegación cognitiva es peligrosa

Hay un último elemento fundamental que se ha colado ya, aunque con poca concreción estadística, en los últimos resultados del Informe PISA: la irrupción de la IA como herramienta habitual en las rutinas de estudio y trabajo de los alumnos. Un reciente estudio con una amplia muestra representativa, midió el desempeño de estudiantes que usaban IA frente a los que no la usaban. En la entrega de tareas puntuales, aquellos que usaban IA puntuaban por encima de sus compañeros. Sin embargo, fracasaban a la hora de completar los exámenes de final de curso. Es decir, cuando se trabaja con IA, el aprendizaje no es significativo.

En cierto modo, la IA sobreprotege porque hace fácil lo difícil y resuelve problemas complejos sin esfuerzo y con resultados muy satisfactorios. Los estudiantes que la utilizan corren el riesgo de perder la confianza en sus propias capacidades, ver mermada su autoestima y generar una profunda dependencia. Además, no logran desarrollar pensamiento crítico porque no tienen con qué contrastar los resultados aportados por la IA y quedan al albur de las decisiones tomadas por algoritmos que escapan a su control.

El cóctel molotov del desastre educativo está en plena ebullición. De nosotros depende solventar el problema generado a la generación que ahora está estudiando y evitar que se repita en las venideras.

Trabajos citados
Damasio, A. (2021). Sentir y saber. Barcelona: Destino.
Fournier, H., Fournel, A., Osiurak, F., Koenig, O., Pâris, F., Gaujoux, V., & Ringeval, F. (2026). Attention hijacked: How social media notifications disrupt cognitive processing. Computers in Human Behavior(179), 108926. doi:https://doi.org/10.1016/j.chb.2026.108926
Haidt, J. (2024). La generación ansiosa. Bilbao: Deusto.
Hari, J. (2023). El valor de la atención. Madrid: Península.
IAB. (2026). Estudio de Redes Sociales 2026. Madrid: IAB. Obtenido de https://iabspain.es/estudio/estudio-redes-sociales-2026-iab-spain/
Kahneman, D. (2013). Pensar rápido, pensar despacio. Madrid: Debolsillo.
Luri, G. (2022). La escuela no es un parque de atracciones. Barcelona: Ariel.
Martínez-González, M. Á. (2023). Salmones, hormonas y pantallas. Madrid: Planeta.
Solano-Altaba, M. (2025). Pantallas, qué remedio. Madrid: Palabra.

The Conversation

María Solano Altaba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Los cuatro motivos que explican los desastrosos resultados de España en el último informe PISA – https://theconversation.com/los-cuatro-motivos-que-explican-los-desastrosos-resultados-de-espana-en-el-ultimo-informe-pisa-291487

Por qué la ausencia de las Torres Gemelas también es una seña de identidad del ‘skyline’ neoyorquino

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elizabeth Musgrave, Associate Professor of Architecture, Bond University


Joe Sohm/Visions of America/Universal Images Group via Getty Images

A las 10:28 de la mañana del 11 de septiembre de 2001, el perfil urbano de Nueva York cambió de forma repentina y dramática. El mundo observaba con horror cómo en las pantallas de televisión se derrumbaban la Torre Norte del World Trade Center y, luego, la Torre Sur. El ataque provocó la muerte de casi 3 000 personas y la devastación de todo un barrio.

Los resilientes neoyorquinos respondieron a este impactante suceso y a sus consecuencias con entereza, e iniciaron rápidamente los procesos necesarios para establecer monumentos conmemorativos y planificar y construir nuevas torres.

El hecho de que las estructuras que sustituirían a las Torres Gemelas fueran tan esperadas pone de manifiesto el profundo vacío que estas dejaron y la importancia del perfil urbano como depositario de una memoria cívica colectiva.

La configuración del perfil urbano

La imagen del perfil de Nueva York –tanto antes como después del 11-S– es inmediatamente reconocible y memorable por la densidad de sus altísimos rascacielos. Sin embargo, este perfil presenta una visión idealizada de la ciudad, alejada de la crudeza que se vive a pie de calle.

Para quienes consideran la ciudad su hogar, las imágenes del horizonte de Nueva York despiertan recuerdos profundamente arraigados.

Para otros, el horizonte evoca historias contadas a través de la literatura, los musicales y el cine: formas de arte que consolidan su lugar en nuestra conciencia colectiva.

Existe una coherencia en estas narrativas y en los significados que encarnan. El hecho de que tanta gente llegue a conclusiones similares es una muestra de la fuerza de la identidad neoyorquina.

En 1853, Elisha Otis inventó un dispositivo de seguridad para ascensores que hacía que estos se detuviesen automáticamente si se rompían las cadenas o cuerdas que los accionaban. Este invento impulsó una competición por la altura, ya que animó a propietarios y arquitectos a construir más allá de los seis pisos habituales. Se inició así una trayectoria ascendente que simbolizaba el progreso, el éxito empresarial y el estatus.

Uno de los primeros ejemplos de esta batalla tuvo lugar a partir de la década de 1870 entre propietarios de periódicos ubicados en la llamada “Newspaper Row”, la “hilera de la prensa”. El edificio del Tribune (1875), de once plantas con una torre del reloj y una aguja que alcanzaba los 79 metros, fue superado poco después por el World Building (1890), que alojaba el ya desaparecido diario The New York World. Este tenía doce plantas con una cúpula clásica sobre un tambor extruido que elevaba su altura hasta los 110 m.

Fotografía en blanco y negro
La ‘Newspaper Row’ de Manhattan fotografiada en 1895, en la que se aprecian el Ayuntamiento, el edificio del New York World, el edificio del Tribune y el edificio del Times.
Geo. P. Hall & Son/The New York Historical/Getty Images

Apenas 20 años después, la construcción de estructuras de acero permitió que el glamuroso edificio Woolworth’s (1911-1913), diseñado por Cass Gilbert en estilo neogótico, alcanzara unos asombrosos 241 metros.

El Chrysler (1931), de 319 m, con una aguja y adornos art déco inspirados en el automóvil del mismo nombre, fue superado muy poco después por el Empire State Building (1930-1931), con una azotea a 380 m y una antena que llegaba hasta los 443 m.

La trayectoria ascendente del perfil urbano de Nueva York quedó plasmada desde finales del siglo XIX gracias al rápido desarrollo de la fotografía, especialmente a través de las panorámicas. Estas imágenes, junto con el auge del turismo transatlántico, contribuyeron a difundir la mitología de Nueva York.

Fotografía en blanco y negro del perfil urbano.
Midtown Manhattan fotografiado en 1938, con el Empire State Building (a la izquierda) y el Edificio Chrysler.
Archivo del NY Daily News a través de Getty Images

Los nuevos símbolos

En 1962, Minoru Yamasaki fue elegido arquitecto del World Trade Center y presentó la maqueta de unas Torres Gemelas de 110 plantas en 1964. La más alta, la Torre Norte, alcanzaría los 417 m, o 527 m incluyendo la antena.

Sin embargo, estas relucientes torres, técnicamente innovadoras, fueron objeto de burlas por parte de muchos arquitectos de la época. En 1966, el New York Times informó de que se argumentaba que “esos gigantes de tejado plano destruirían la belleza del romántico perfil urbano del bajo Manhattan con sus agujas”.

Sin embargo, cuando se terminaron de construir en 1970-1971, su minimalismo y pureza y su coherente concepción estructural les confirieron una elegancia esbelta.

Vista de las torres de Manhattan, con el Empire State Building en primer plano y las Torres Gemelas al fondo.
El horizonte de la ciudad de Nueva York con el recién terminado World Trade Center en 1974.
Jean-Erick Pasquier/Gamma-Rapho vía Getty Images

Rápidamente se convirtieron en el par de edificios más reconocibles de un área considerada el centro de las finanzas mundiales.

Eran los escenarios utilizados en películas y series para situar la acción en el tiempo y el espacio, y llegaron incluso a sustituir al Empire State Building como el edificio al que Kong se retira en el remake de 1976 de King Kong.

Al atacar las Torres Gemelas, los terroristas de Al Qaeda eligieron lo que consideraban el símbolo más emblemático del “imperio del mal” que, según ellos, era Estados Unidos. Para los neoyorquinos, la destrucción de las Torres Gemelas supuso un ataque a su integridad e identidad.

Afrontar la pérdida

La pérdida de las Torres Gemelas fue catastrófica, pero la respuesta fue inmediata. Para los líderes cívicos y empresariales era de suma importancia que Nueva York recuperara su posición como hogar del edificio más alto de Estados Unidos. El One World Trade Center, diseñado por David Childs, de Skidmore Owings & Merrill, cumplió este requisito.

Inaugurado en 2014, el One WTC es un prisma biselado que alcanza una altura de 541 m –o 1 776 pies, en conmemoración de la firma de la Declaración de Independencia–. Sin embargo, los críticos arquitectónicos la han considerado una obra poco notable.

Personas difuminadas caminan por un paseo fluvial.
El Bajo Manhattan visto desde el río Hudson en agosto de 2026, con el One World Trade Center elevándose sobre la ciudad.
Mario Tama/Getty Images

En 2031, al One WTC se sumará, en el horizonte, el Two WTC, diseñado por Norman Foster, de Foster and Partners, y actualmente en construcción.

Cabe destacar que ni el One ni el Two WTC se encuentran en los emplazamientos de las antiguas Torres Gemelas. Los huecos en el espacio donde se alzaban permanecen vacíos, y sus huellas están ocupadas por el Memorial del 11-S: dos piscinas alimentadas por cortinas de agua de 9 m de altura, que fluyen hacia un vacío central que simboliza “la ausencia hecha visible”.

Un niño contempla el estanque conmemorativo de la torre sur
El Memorial del 11-S, fotografiado en agosto de 2026, se extiende hacia abajo en el lugar donde antaño se alzaban las Torres Gemelas.
Angela Weiss/Getty Images

Nuevos recuerdos

Veinticinco años después, la terrible violencia del 11-S se ha incorporado a la mitología de Nueva York. Las imágenes del horizonte de la ciudad establecen ahora una distinción entre el “antes” y el “después”.

Una imagen anterior al 11-S evoca recuerdos de aquel terrible suceso, pero también, posiblemente, nostalgia por lo que parece una época más sencilla, antes de que los teléfonos móviles y las redes sociales se generalizaran, y antes de la “guerra contra el terrorismo” que parece no tener fin.

El tiempo dirá si las nuevas torres se convierten en iconos. Sea como sea, el horizonte de Nueva York perdura. Aunque cambia continuamente sigue manteniendo su relevancia como faro del progreso y almacenando relaciones que profundizan en la memoria cultural compartida.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Arte + Humanidades Claudia Lorenzo.


The Conversation

Elizabeth Musgrave no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Por qué la ausencia de las Torres Gemelas también es una seña de identidad del ‘skyline’ neoyorquino – https://theconversation.com/por-que-la-ausencia-de-las-torres-gemelas-tambien-es-una-sena-de-identidad-del-skyline-neoyorquino-291411

« L’évolution de l’électorat rend possible la victoire de Marine Le Pen à la présidentielle »

Source: The Conversation – France in French (3) – By Jean-Yves Dormagen, Professeur de Science politique, Université de Montpellier


L’ESSENTIEL

  • À huit mois du scrutin, les sondages donnent Marine Le Pen victorieuse en 2027, quel que soit son adversaire au second tour.

  • Pour Jean-Yves Dormagen, politiste et fondateur de l’institut Cluster 17, le front républicain est désactivé.

  • La dynamique des partis d’extrême droite touche tous les pays occidentaux. Que montrent les études de sociologie électorale pour comprendre ce phénomène ?


The Conversation : Les derniers sondages publiés donnent Marine Le Pen gagnante au second tour de la présidentielle de 2027, quel que soit le candidat qui l’affronte. Est-ce nouveau ?

Jean-Yves Dormagen : Oui, c’est la première fois dans l’histoire électorale française que le Rassemblement national est donné gagnant dans les sondages. La question de départ de la campagne est donc nouvelle : Marine Le Pen peut-elle perdre ? Si le rapport de force actuel se confirme, elle sera élue présidente de la République. En 2022, Emmanuel Macron semblait difficilement battable, nous avons changé de nature d’élection.

Bien évidemment, les sondages ne donnent pas la vérité du second tour qui aura lieu le 2 mai 2027. En huit mois, le contexte va changer, une campagne aura lieu. Il peut se passer beaucoup de choses et la perception des candidats peut évoluer. Ces sondages n’indiquent que l’état de l’opinion aujourd’hui, mais ils permettent de poser en quelque sorte les termes de l’équation électorale, et il est important de se rendre compte de ce qui a évolué.

Le RN était, jusqu’à présent, l’objet d’un veto majoritaire. Quel que soit le candidat opposé au Rassemblement national, une majorité d’électeurs exerçait par principe un vote de barrage contre le RN. Aujourd’hui, ce barrage n’existe plus selon nos études : le front républicain n’est plus actif.


Enquête Cluster 17-Terra Nova, réalisée en ligne du 22 au 24 juillet 2026, auprès d’un échantillon de 1 506 personnes représentatif de la population française. L’échantillon a été constitué selon la méthode des quotas (sexe, âge, catégorie socioprofessionnelle, taille de commune et région). Les données ont fait l’objet d’un redressement sociodémographique et politique, Fourni par l’auteur

Pourtant, beaucoup ont du mal à croire à cette possible victoire…

J.-Y. D. : La victoire de Marine Le Pen est difficile à croire pour certains analystes ou citoyens. Sans doute déjà parce qu’ils n’ont pas envie d’y croire, pour se rassurer, et parce que le FN, puis le RN a toujours perdu la présidentielle depuis plus de quarante ans.

Il y a toujours cette idée que, au dernier moment, s’exercera un vote de barrage, et qu’une majorité d’électeurs le rejettera. J’entends cela très régulièrement. Mais ce raisonnement relève plus de la pensée magique que de la réalité des chiffres désormais.


Enquête Cluster 17, 22–24 juillet 2026, N = 1 506 ; calculs de l’auteur ; le rejet combiné associe la note 0 et la candidature déclarée impossible. Méthodologie et résultats complets : note Terra Nova du 2 septembre 2026, Fourni par l’auteur

En effet, dans les études que nous produisons régulièrement, on constate une évolution qui peut se révéler décisive : Marine Le Pen est désormais moins rejetée que tous ses concurrents. Ce rejet est certes très proche, mais il est moindre que ceux d’Édouard Philippe, de Raphaël Glucksmann ou de Gabriel Attal ; Jean-Luc Mélenchon, lui, est plus rejeté que les autres. En gros, un électeur sur deux déclare qu’il est impossible de voter pour elle, mais un peu plus d’un électeur sur deux déclare qu’il est impossible de voter pour l’un de ses concurrents.

Ainsi, les candidats macronistes font l’objet d’un rejet très fort, non seulement des électeurs de droite nationaliste, mais aussi d’une partie de l’électorat traditionnel de la droite et, bien sûr, d’une partie significative de la gauche. Dans tous ces électorats, les reports de voix pour Édouard Philippe ou Gabriel Attal sont très mauvais face à Marine Le Pen.

De l’autre côté du spectre, beaucoup d’électeurs de gauche modérée déclarent voter blanc ou nul si Jean-Luc Mélenchon arrive au second tour face à Marine Le Pen. Quand on teste un second tour entre Raphaël Glucksmann et Marine Le Pen, plus de la moitié des électeurs de Jean-Luc Mélenchon déclarent s’abstenir.


Enquête Cluster 17, 22–24 juillet 2026, N = 1 506 ; calculs de l’auteur ; chaque ligne somme à 100 ; le non-vote inclut abstention, vote blanc et vote nul. Méthodologie et résultats complets : note Terra Nova du 2 septembre 2026, Fourni par l’auteur

Tous ces rejets croisés rendent la victoire du RN très crédible. C’est donc l’évolution de ces niveaux de rejet et, plus globalement, des reports de voix entre électorats qu’il faudra suivre, car c’est la clé de cette présidentielle.

Comment explique-t-on la progression spectaculaire du RN ces dernières années ?

J.-Y. D. : L’électorat de droite traditionnel s’est droitisé, et c’est lui qui alimente l’essentiel de la progression du RN depuis quatre ans. Sur le terrain des valeurs, sur les questions migratoires, d’autorité, d’identité, il s’est rapproché du Rassemblement national. Globalement, les études montrent une société française qui se radicalise et se polarise. Il y a une droitisation de la droite et une gauchisation de la gauche.

À partir de 2022, le RN a franchi un palier et ses gains électoraux se sont faits essentiellement sur des électeurs qui, jusque-là, votaient pour Les Républicains, ceux qui, en 2007 ou en 2012, avaient voté pour Nicolas Sarkozy.

Le durcissement des électeurs conservateurs a ainsi rencontré la stratégie de normalisation du Rassemblement national : des électeurs de plus en plus conservateurs ont rencontré une offre qui cherchait à les séduire à travers la « stratégie de la cravate ».


Lecture : trois attentes arrivant le plus souvent en première position dans chaque électorat. Les autres réponses ne sont pas affichées.
Source : enquête Cluster 17, 22–24 juillet 2026, N = 1 506 ; calculs de l’auteur à partir de la première attente classée. Méthodologie et résultats complets : note Terra Nova du 2 septembre 2026
, Fourni par l’auteur

Cette dynamique est en partie amplifiée par les médias Bolloré, les réseaux sociaux, mais de nombreux autres facteurs jouent. À gauche, on observe le même phénomène avec une fraction de l’électorat qui est de plus en plus en progressiste sur les valeurs et les questions d’identité. Mais Jean-Luc Mélenchon n’a pas adopté une stratégie de normalisation : il a au contraire choisi de cliver, au prix d’un fort rejet des électorats voisins ou plus éloignés.

L’extrême droite est également très dynamique aux États-Unis, en Allemagne et dans de nombreux pays occidentaux. Quels facteurs structurants l’expliquent ?

J.-Y. D. : Les thèmes qui sont mis en avant par les partis d’extrême droite, en Europe ou aux États-Unis, sont proches, alors que les contextes diffèrent. L’élection de Donald Trump en 2016 se fait principalement sur des enjeux identitaires et raciaux.

Une question posée aux électeurs résumait quasiment l’équation électorale à l’époque : « Considérez-vous que les Noirs sont plus pauvres parce qu’ils sont stigmatisés ou parce qu’ils ne travaillent pas assez ? » Selon la réponse, on pouvait à peu près prédire un vote démocrate ou républicain… J’ai fait des analyses statistiques sur les États-Unis en 2024 et, contrairement à ce qui a été avancé, le pouvoir d’achat a très peu joué sur le vote. Les questions liées aux groupes raciaux et à l’opinion portée sur ces groupes furent de loin les plus explicatives du vote.

Les électeurs de Trump s’identifient comme blancs et considèrent que les Blancs sont menacés, moins bien traités, défavorisés, etc. En France, on retrouve cette logique, avec des catégories et des expressions différentes. Chez nous, le rapport à l’islam et aux frontières fonctionne un peu comme un équivalent des clivages raciaux aux États-Unis. On observe les mêmes logiques avec l’AfD qui défend une Allemagne des origines, ou en Grande-Bretagne. En Argentine, le vote pour Javier Milei est, lui aussi, un vote ultraconservateur fortement corrélé, par exemple, au rejet des droits des populations autochtones…

In fine, des groupes minoritaires, perçus comme marginaux, porteurs de dangers ou de menaces, cristallisent des projections identitaires. Aujourd’hui, le narratif dominant est de dire que ces minorités sont « injustement privilégiées », les électorats conservateurs refusant de « payer pour les autres », les Noirs aux États-Unis, ou les immigrés « profitant des aides sociales » en France. D’où le succès du thème du « grand remplacement », qui présente l’autre comme un envahisseur. C’est l’autre qui vient « coloniser », imposer ses normes, ses pratiques, ses règles, ses choix, dans une inversion du paradigme colonial.

Mais quel est le carburant de cette crispation identitaire ? Est-ce la conséquence d’une mondialisation libérale qui a fragilisé les vieux pays industriels ?

J.-Y. D. : Je suis prudent avec un certain nombre d’explications économiques. Quand on analyse le vote pour les partis conservateurs, en Europe comme aux États-Unis, on a du mal à identifier des facteurs socio-économiques bien marqués, de type revenu, chômage, accès à la propriété privée. Cela ne colle pas avec les enquêtes, car toutes les tranches de revenus ou presque sont représentées dans ces électorats. La seule donnée sociologique qui fonctionne plutôt bien, c’est le diplôme : les électorats qui votent à l’extrême droite sont moins diplômés en moyenne. Ce qui s’explique par le fait que les études et le capital culturel augmentent les probabilités d’être progressiste sur le plan des valeurs.

Je pense qu’il faut plutôt chercher du côté des transformations vécues par les sociétés occidentales depuis deux générations. Transformations techniques, transformations de l’organisation sociale, urbanisation, changement des populations, des normes sociales, des modes de vie. Les transformations de la famille, la normalisation de l’homosexualité ou de l’homoparentalité, l’émergence de société multiculturelle modifient profondément les sociétés.
La poussée conservatrice et ultraconservatrice est alimentée par une réaction à tous ces changements. Elle est nourrie par une dynamique que l’on peut justement qualifier de réactionnaire. D’ailleurs, elle se réfère en général à un passé très largement idéalisé, comme dans le clip de campagne d’Éric Zemmour en 2022, où l’on voyait des images de la France des années 1960, avec un couple traditionnel blanc et sa poussette. Le « C’était mieux avant » est omniprésent dans tous ces mouvements, il est le ciment de ces coalitions.

Quelles conditions permettraient malgré tout à l’un des concurrents de Marine Le Pen de l’emporter en mai 2027 ?

J.-Y. D. : Marine Le Pen peut encore perdre. Mais elle ne perdra probablement pas par la simple réactivation automatique d’un front républicain déjà constitué. À ce stade, ce front n’existe plus comme une majorité prête à l’emploi.

Sa première vulnérabilité tient au cadrage de la campagne. Les thèmes de l’immigration, de l’identité et de l’autorité unifient son électorat. Une campagne davantage centrée sur l’Europe, la guerre, la crédibilité économique, les retraites ou le fonctionnement des institutions ferait apparaître des divisions plus fortes entre le cœur souverainiste et rupturiste de son camp et les électeurs plus attachés à la stabilité qu’elle doit conquérir pour gagner.

La deuxième condition serait l’émergence d’un concurrent crédible à droite, ou d’un adversaire capable de rassembler simultanément une partie de la gauche, le centre et la droite traditionnelle. Aucun des candidats testés ne réalise aujourd’hui cette synthèse. Mais le duel mesuré à 52-48 montre qu’un rapport de force serré peut être inversé par quelques points de mobilisation ou de transfert.

Enfin, la normalisation du RN reste incomplète. Marine Le Pen n’est plus davantage rejetée que ses concurrents, mais elle demeure associée, dans une partie de l’électorat, au risque institutionnel et autoritaire. Une campagne qui réactiverait fortement ce doute sur sa capacité à gouverner pourrait reconstruire un vote de moindre mal contre elle. Sa victoire est aujourd’hui crédible ; elle n’est pas acquise.


Propos recueillis par David Bornstein.

The Conversation

Jean-Yves Dormagen est le président et fondateur de l’institut d’étude de l’opinion Cluster 17

– ref. « L’évolution de l’électorat rend possible la victoire de Marine Le Pen à la présidentielle » – https://theconversation.com/levolution-de-lelectorat-rend-possible-la-victoire-de-marine-le-pen-a-la-presidentielle-291401

Les agences privées de garde d’enfants : entre promesses aux parents et réalité du marché

Source: The Conversation – France (in French) – By Hélène Malarmey, Docteure en sociologie, Conservatoire national des arts et métiers (CNAM)


L’ESSENTIEL

  • Face à la pénurie de modes de garde, de nombreuses agences privées proposent leurs services aux familles.

  • Ces entreprises mettent en scène leur expertise dans le recrutement de professionnels de la petite enfance.

  • Les conditions d’emploi proposées interrogent les lacunes du service public en matière de garde périscolaire.


Avec la rentrée scolaire, la question du recrutement des adultes qui gardent les enfants est au cœur des préoccupations. En complément, voire en substitution, de l’accueil collectif dans les établissements scolaires, les parents se voient proposer depuis quelques décennies les services d’agences spécialisées.

Ces entreprises privées recrutent et embauchent des gardes d’enfants qui récupèrent les enfants après l’école et restent au domicile familial jusqu’au retour des parents.

En déboursant entre 19 et 25 euros pour une heure de prestation, la clientèle achète l’assurance de se voir affecter une professionnelle de la garde d’enfants, tout en bénéficiant des aides publiques disponibles pour alléger la facture en fin de mois (les aides de la CAF pour les familles avec au moins un enfant de moins de 6 ans et la réduction ou crédit d’impôt de 50 % de la prestation payée).

L’enquête menée dans le cadre d’une thèse de sociologie sur la sous-traitance des activités domestiques éclaire les ressorts du recrutement des gardes d’enfants.

En agence, la promesse d’une sélection rigoureuse ?

Les agences surfent sur les inquiétudes des parents à confier les clés de leur maison et leur enfant à une inconnue. Très visibles dans l’espace public grâce à d’importantes campagnes d’affichages publicitaires, elles cherchent à se distinguer des acteurs associatifs et publics historiquement présents sur le marché en communicant sur leur professionnalisme.

Pour mettre en confiance les parents, les agences déploient un registre de légitimation de leur service de garde. La construction des sites Internet, des supports publicitaires et du discours commercial des recruteuses visent à éclairer leur expertise sur le marché : elles sauraient identifier les besoins des parents, mais aussi les indices qui distinguent la bonne professionnelle de la mauvaise et connaîtraient les canaux de recrutement d’une main-d’œuvre difficile à trouver.

Régulièrement en contact téléphonique avec la clientèle, les recruteuses valorisent autant leurs propres diplômes et expériences auprès des enfants que celles des intervenantes. La mise en scène de leur expertise est un gage de plus face à une clientèle en quête du service « sur-mesure » promis et d’une forte flexibilité dans l’organisation des prestations.

Une clientèle exigeante

Constituée essentiellement de couples aisés avec de jeunes enfants, la clientèle cherche à assouplir l’articulation entre sa vie professionnelle et personnelle. Les parents-clients exercent à des postes à responsabilité, avec des horaires de travail extensifs ou décalés qui rendent ardue la jonction entre la sortie d’école et la fin de leur journée de travail. Les mères, en particulier, sont confrontées à la double injonction d’être disponibles pour leurs enfants et de faire carrière, alors même qu’elles subissent une inégale répartition des tâches domestiques et parentales au sein de leur couple.

Elles trouvent auprès des agences une manière de ne pas entraver leur carrière et d’arrêter de « courir partout » entre la fin du travail et le moment de récupérer les enfants à l’école. Elles peuvent ainsi épargner leur temps de travail mais aussi optimiser le temps passé en famille dans le but de tendre vers le modèle de parent actif mais disponible pour ses enfants.

L’intervenante recherchée doit alors s’inscrire dans un prolongement du rôle parental. Cette variable d’ajustement, disponible toute l’année scolaire, doit être capable de préparer les enfants pour le retour de leurs parents au domicile en réalisant toutes les tâches pratiques indispensables (récupérer les enfants à l’école, donner le goûter, faire les devoirs, la douche, le repas, etc.). De cette manière, les mères garantissent la réalisation de moments familiaux préservés des contraintes gestionnaires. La sélection repose également sur un fort contrôle social du profil de l’intervenante et de sa conformité aux valeurs éducatives et morales de la famille.

Une mise en relation sous contrainte

Face à ces fortes attentes, l’enquête montre que les agences sont rarement capables d’offrir le « sur-mesure » qu’elles promettent à la clientèle. Les recruteuses sont en effet contraintes par le vivier de candidates dont elles disposent, au profil souvent en décalage avec les attentes parentales : la main-d’œuvre disponible est peu qualifiée dans le domaine de la petite enfance et exerce souvent de manière temporaire, à défaut ou en parallèle d’un autre emploi.

Les profils les plus recherchés par les parents – l’étudiante de bonne famille capable de stimuler les compétences scolaires et sociales des enfants, ou la professionnelle diplômée détenant les compétences professionnelles pour veiller au soin des très jeunes enfants – postulent rarement en agence. Celles embauchées n’y restent que quelques mois, le temps de trouver une opportunité professionnelle plus avantageuse, souvent en emploi direct.

Le vivier des agences se compose plutôt de retraitées de classe populaire ou employées à temps partiel en recherche d’un complément de salaire, ou encore d’apprenties aux métiers de la petite enfance – qui ne sont pas encore diplômées mais constituent une main-d’œuvre très bon marché et malléable.

Des conditions d’emploi peu attractives

Être embauchée en agence suppose la contraction d’un contrat de travail en CDD ou CDI, à temps très partiel et à faible rémunération. Dans une des agences sur laquelle repose l’enquête, caractérisée par une activité importante, la main-d’œuvre réalise en moyenne des prestations de 10 heures de garde par semaine, entre 16h et 19h, du lundi au vendredi. Payées au SMIC horaire, les intervenantes touchent entre 300 et 400 euros en moyenne par mois.

À la faible amplitude horaire, qui rend difficile de vivre uniquement du revenu de cet emploi, s’ajoutent des conditions de travail peu avantageuses : des trajets parfois aussi longs que la durée de la prestation, l’important travail relationnel auprès de l’agence afin de capter des missions en plus et l’incertitude quant au montant de la rémunération du mois.

Ces conditions s’expliquent par la spécificité des prestations, qui se concentrent au même moment de la journée et sont souvent annulées lors des vacances scolaires, alors que les contrats de travail sont rarement annualisés.

Forcer l’appariement

Malgré le décalage structurel entre les attentes parentales et le profil social des intervenantes, les agences sont également contraintes par un objectif de rentabilité intrinsèque à leur activité. Pour assurer la réalisation des prestations, les recruteuses manœuvrent dans le sens d’une réduction de l’offre de service et d’une diminution des exigences des parents.

D’une part, elles n’hésitent pas à écarter les demandes de parents trop spécifiques, pour lesquelles la main-d’œuvre est plus difficile à trouver : des horaires atypiques ou de faible amplitude, une localisation géographique éloignée du vivier de main-d’œuvre, l’exigence d’un permis de conduire, un profil anglophone… La promesse d’un service sur-mesure s’efface au profit de demandes plus standardisées.

D’autre part, les recruteuses opèrent un travail argumentaire en vue d’orienter la demande des parents dans le sens de leurs propres intérêts économiques et managériaux. En accompagnant les parents à renoncer à l’intervenante idéale et à faire le deuil de leurs attentes, elles les réajustent à la baisse afin de faire converger la demande en fonction de la main-d’œuvre disponible.

Cette stratégie leur permet de concentrer leurs efforts sur les prestations qui ont le plus de chance d’être pourvues. Les parents qui n’ont d’autres solutions de garde se résignent plus facilement à un matching imparfait, d’autant que les recruteuses « dramatisent » l’état du marché du travail, en évoquant la « pénurie » de main-d’œuvre qui frappe le secteur.

Une solution par défaut

L’enquête met en évidence trois résultats concernant la garde périscolaire. Premièrement, elle est un besoin indispensable aux parents qui travaillent, et notamment aux mères qui peinent à articuler leurs contraintes professionnelles et familiales. Deuxièmement, de mauvaises conditions d’emploi ne permettent pas de répondre à une demande pérenne (sur toute l’année scolaire). Troisièmement, les entreprises privées de garde d’enfants constituent une solution à défaut de mieux pour combler les lacunes du service public en matière de garde périscolaire.

Persévérer dans la marchandisation des services aux particuliers, en offrant des prestations à très faible amplitude horaire, très peu rémunératrices et sans possibilité de valoriser les métiers de l’enfance, ne vont pas dans l’intérêt collectif.

Ces résultats montrent l’urgence de repenser un service public du périscolaire, afin de sortir ces emplois de l’économie lucrative dans laquelle ils sont fragmentés et de penser la continuité des besoins quotidiens des familles et des enfants (école, crèche, cantine, etc.).

The Conversation

Hélène Malarmey ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Les agences privées de garde d’enfants : entre promesses aux parents et réalité du marché – https://theconversation.com/les-agences-privees-de-garde-denfants-entre-promesses-aux-parents-et-realite-du-marche-290801

Les coulées de boues meurtrières du Népal pourraient-elles advenir en France ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Severine Bernardie, ingénieure de recherche en Risque de glissement de terrain, BRGM


L’ESSENTIEL

  • Le changement climatique ne peut que favoriser les crues et les coulées de boue.

  • L’Europe en a déjà connu, mais d’ampleur nettement moins spectaculaire que celles survenues au Népal, le 26 août 2026.

  • Des travaux de recherche permettent de cartographier les endroits à surveiller, d’anticiper les risques et de minimiser les dégâts.


Ces images ont déjà fait le tour du monde. Celles de ces monumentales vagues de boue qui ont tué, le 26 août 2026, au moins un millier de personnes au Népal et en Chine. Elles ont, à juste titre, effrayé, mais également suscité de nombreuses questions comme celle de savoir si de telles catastrophes pourraient survenir en France.

Des précédents en Europe

Des événements de ce genre ont déjà été constatés en Europe, même s’ils n’ont jamais égalé à ce jour l’ampleur de ce que nous avons pu constater au Népal. On peut certes déjà noter que dans l’Himalaya, les volumes mobilisables de glace et de roches sont très conséquents, mais il faudra des analyses approfondies pour expliquer l’envergure de la catastrophe du 26 août 2026.

Cependant, même dans un contexte européen qui n’a pas les mêmes conditions géomorphologiques qu’au Népal, un certain nombre d’événements d’origine glacière ou périglacière se sont déjà produits.

Le 28 mai 2025, par exemple, en Suisse, le glacier du Birch s’est effondré, ce qui a provoqué des coulées de lave torrentielle qui ont presque entièrement détruit le village de Blatten, situé à plus de 1500 m d’altitude. Fort heureusement, des premiers éboulements en amont avaient déjà alerté les autorités qui ont donc pu monitorer en continu leur évolution et évacuer l’intégralité du village quelques jours avant l’effondrement. Cet événement a malgré tout fortement marqué les esprits, même si le volume de glaces et de roches mobilisés restait cependant de 10 à 20 fois moins important que ce qui a été charrié au Népal.

Blatten, le village suisse rayé de la carte.

Avant cela, le 21 juin 2024, en Isère, une gigantesque coulée de boue et de sédiments rocheux dévastait le village de La Bérarde. La centaine d’habitants avait alors pu être évacuée en urgence par hélicoptère, mais depuis, aucun n’a pu retourner chez eux.

Catastrophe de la Bérarde : une étude scientifique pour anticiper les risques liés au réchauffement.

On trouve également des épisodes bien plus anciens de ce genre de phénomène, comme en 1892. Une vague destructrice avait alors dévasté la vallée alpine de Saint-Gervais et provoqué 175 morts.

Derrière tous ces événements, on note des similitudes : un phénomène soudain, un apport d’eau très conséquent associé à une coulée de débris générant une très grande énergie et des dégâts potentiels très importants.

Des scénarios divers

Les mécanismes qui provoquent ce genre d’événements peuvent donc être multiples.

Les risques d’origine glaciaire ou périglaciaire (ROGP) sont liés à la présence actuelle ou passée de glace et trouvent leur origine à haute altitude. Les principaux phénomènes pouvant les déclencher sont les suivants :

  • les déstabilisations de glaciers, qui déclenchent une avalanche de glace et de débris. Au Népal, nous avons vraisemblablement assisté à l’effondrement d’un glacier accompagné de l’effondrement de matériaux rocheux. L’énergie dégagée lors de l’avalanche a pu faire fondre de grandes quantités de glace à l’origine des crues que l’on a pu voir sur diverses vidéos ;

  • les poches d’eau intraglaciaires, qui se forment à l’intérieur des glaciers. Leur libération brutale peut entraîner des crues torrentielles conséquentes. Elles constituent un danger très important, car non visibles depuis la surface ;

  • les lacs glaciaires, qui se forment généralement lorsque les glaciers reculent. L’instabilité potentielle des berges du lac peut mener à des vidanges rapides ;

  • les glaciers rocheux constitués d’un mélange de glace et de débris rocheux. Le réchauffement climatique conduit à une accélération de leurs vitesses d’écoulement et dans certains cas à des effondrements pouvant fournir des débris rocheux mobilisables ;

  • le pergélisol (ou permafrost). Cette glace qui permet de cimenter les roches peut, en commençant à fondre, induire une détérioration des comportements géotechniques des roches et ainsi favoriser des effondrements et chutes de blocs. C’est ce phénomène qui a été observé à l’été 2026 dans le massif du Mont-Blanc à l’aiguille du midi, et plus largement dans le massif alpin.

L’accélération de la fonte des glaciers et du permafrost rendent plus probable la survenue de ce genre d’événements. S’il est pour l’instant trop tôt pour confirmer ou non l’effet du changement climatique sur cet événement, une chose reste certaine : les conditions climatiques inédites auxquelles nous sommes confrontées ne peuvent que favoriser ce genre d’événement.

Comment anticiper ces événements ?

Pour anticiper ces phénomènes, la première chose à faire est de mieux connaître les zones à risque. En France, le « Plan de prévention des risques d’origine glaciaire et périglaciaire » a été lancé dans cette optique sous l’égide du Ministère de la transition écologique. Il réunit des chercheurs et des opérateurs (le service de restauration des terrains en montagne de l’Office national des forêts, Météo-France, l’Inrae, le Conservatoire d’espaces naturels, des laboratoires du CNRS…).

Les objectifs de ce programme sont de :

  • renforcer la recherche autour de la prévention des risques d’origines glaciaire et périglaciaire ;

  • caractériser les aléas et identifier les zones à risque, notamment les lacs de montagne à risque ;

  • gérer les sites à risque ; la prévision de ces événements peut passer par le suivi dans le temps de diverses informations, tels que le niveau des poches d’eau intraglacières ou des lacs glaciaires, la surveillance par image satellitaire, la mise en place de capteurs de déplacement.

  • partager l’information et développer la culture du risque.

Comment minimiser les risques et les dégâts ?

Diverses actions peuvent alors être mises en œuvre en amont pour réduire les risques.

La vidange régulière de lacs de montagne d’origine glaciaire ou de poches d’eau peut être effectuée dans les zones à risque, de façon à éviter la rupture soudaine de ces retenues d’eau. Ces actions ont été menées notamment sur le glacier de Tête-Rousse à Saint-Gervais, ou bien encore sur le lac glaciaire du Grand Marchet à Pralognan-la-Vanoise.

On peut également citer les solutions fondées sur la nature, telles que les forêts, les ouvrages bois qui peuvent protéger les territoires contre les chutes de blocs.

Enfin, la gravité des dégâts dépend de l’aménagement du territoire et de l’urbanisation. Ainsi, de tels événements se sont par exemple produits en Alaska, mais dans des zones inhabitées. Ils ont ainsi été beaucoup moins médiatisés du fait de leur gravité très minime pour l’humain.

The Conversation

Séverine Bernardie a reçu des financements de L’ANR.

– ref. Les coulées de boues meurtrières du Népal pourraient-elles advenir en France ? – https://theconversation.com/les-coulees-de-boues-meurtrieres-du-nepal-pourraient-elles-advenir-en-france-291097

Souveraineté de l’Europe spatiale : des écosystèmes performants pour la transformation numérique des start-up et des PME

Source: The Conversation – France (in French) – By Ulrike Mayrhofer, Professeur des Universités à l’IAE Nice et au Laboratoire GRM, Université Côte d’Azur


L’ESSENTIEL

  • L’avenir de l’industrie spatiale passe par les technologies innovantes des start-up et des PME du secteur.

  • La France et l’Italie ont deux approches différentes pour stimuler l’écosystème d’innovation. Chacune possède des points forts.

  • Un rapprochement stimulerait l’ensemble. Une première étape en vue d’une Europe du spatial ?


L’organisation du Sommet international sur l’espace à Paris, les 9 et 10 septembre, soulève la question de la souveraineté de l’industrie spatiale européenne face au leadership incontesté des États-Unis et aux avancées spatiales de la Chine. En 2025, les investissements publics dans le secteur spatial s’élèvent à 119 milliards d’euros contre 11,7 milliards d’euros pour les investissements privés. L’Europe représente respectivement 11 % des investissements publics (13,5 milliards d’euros) et 12 % des investissements privés du secteur spatial mondial (1,4 milliard d’euros).

Longtemps dominée par les acteurs institutionnels et les grands groupes, l’industrie spatiale européenne est aujourd’hui marquée par le rôle croissant des start-up et des petites et moyennes entreprises (PME), notamment dans le domaine de l’économie du « New Space ». Inspirées du modèle américain, ces entreprises s’appuient sur l’agilité, l’innovation technologique et la réduction des coûts d’accès à l’espace. Elles mobilisent les technologies numériques pour se positionner sur des marchés de niche à forte valeur ajoutée.




À lire aussi :
Des géants de l’armement aux start-up du logiciel : le secteur de la défense en pleine transformation


Malgré les efforts entrepris par les gouvernements pour construire une industrie spatiale européenne, les écosystèmes nationaux restent fragmentés. Un écosystème spatial peut être défini comme une structure regroupant différentes organisations qui collaborent pour créer de la valeur dans l’industrie spatiale : grands groupes, start-up et PME, institutions publiques, universités, centres de recherche, investisseurs et organismes de soutien.

La France et l’Italie, deux puissances de l’industrie spatiale européenne

C’est dans ce contexte que nous avons réalisé une étude sur les écosystèmes français et italien de l’industrie spatiale et leur impact sur la transformation numérique des start-up et des PME du secteur. Notre étude comparative s’appuie sur 21 entretiens semi-directifs menés avec des dirigeants de start-up et de PME et des experts du secteur. Notre analyse montre que la France et l’Italie partagent un solide héritage spatial et une participation significative aux programmes de l’Agence spatiale européenne (European Space Agency, ESA). Dans les deux pays, les institutions publiques apportent un fort soutien à la recherche, au développement industriel et à la transformation numérique.

Les deux filières sont de taille relativement comparable. En 2024, la filière spatiale a réalisé un chiffre d’affaires de 4,76 milliards d’euros en France et de 4,5 milliards d’euros en Italie.

L’émergence de l’économie du « New Space » accroît l’importance des start-up et des PME. En témoignent les associations comme Alliance NewSpace France qui regroupe près de 60 start-up et PME. Les entreprises de petite taille dépendent fortement de leur écosystème national pour développer leurs capacités numériques. Les écosystèmes spatiaux nationaux présentent des forces, mais aussi des fragilités qui sont liées à leurs configurations organisationnelles.

La coordination centralisée de l’écosystème spatial français

L’écosystème spatial français apparaît plus centralisé et coordonné : le Centre national d’études spatiales (Cnes), le plan d’investissement France 2030, la Stratégie nationale spatiale 2040, Bpifrance, la French Tech et les pôles de compétitivité comme Aerospace Valley et SAFE forment un système relativement intégré en matière de politique industrielle, de soutien à la transformation numérique et de financement.

Les start-up et les PME françaises peuvent ainsi s’appuyer sur des programmes nationaux, des pôles de compétitivité et des instruments financiers. Elles sont cependant confrontées à une proximité moins forte avec les grands groupes et une collaboration insuffisante entre acteurs publics et privés. Ces caractéristiques freinent leur accès aux chaînes d’approvisionnement de même que l’industrialisation et la croissance de leurs activités.

Les districts régionaux de l’écosystème spatial italien

À l’inverse, l’écosystème spatial italien présente une structure plus décentralisée où l’Agenzia Spaziale Italiana (ASI) fait figure de référence nationale, tandis que les districts régionaux comme dans le Piémont, le Latium et les Pouilles jouent un rôle prépondérant dans le développement des structures entrepreneuriales, des capacités technologiques et numériques et des relations collaboratives. Les incubateurs implantés dans les districts régionaux favorisent l’émergence de nouvelles entreprises dans le domaine spatial.

Les start-up et les PME italiennes sont intégrées dans des réseaux territoriaux et des chaînes de valeur spécialisées, tout en entretenant des liens étroits avec les grandes entreprises, les universités et les centres de recherche. Elles font toutefois face à des contraintes liées à la fragmentation territoriale et à l’accès aux capitaux privés. Ces caractéristiques pèsent sur les possibilités de croissance de leurs activités.

La transformation numérique des start-up et des PME

Les différences constatées entre les deux écosystèmes sont susceptibles d’influencer la manière dont les start-up et les PME peuvent développer leurs capacités numériques dans chaque pays.

L’approche des capacités dynamiques, développée par l’économiste David J. Teece, permet de comprendre comment les entreprises construisent leurs capacités dynamiques numériques afin de renforcer leur compétitivité dans le secteur spatial. Ce cadre théorique explique que les capacités dynamiques se développent en trois étapes :

(1) l’identification (sensing), qui désigne la manière dont les entreprises découvrent, interprètent et appréhendent les opportunités et les menaces liées à l’évolution technologique, aux attentes des clients et à la concurrence ;

(2) la mobilisation (seizing), qui définit la façon dont les entreprises mobilisent des ressources pour exploiter ces opportunités, notamment par le biais d’investissements, de l’élaboration de business models et du déploiement de capacités technologiques créatrices de valeur ;

(3) la reconfiguration (reconfiguring), qui renvoie à la manière dont les entreprises renouvellent, réalignent et recombinent leurs actifs, structures et systèmes face à l’évolution de leur environnement.

Les résultats de notre étude montrent que les écosystèmes spatiaux jouent un rôle central dans le développement des capacités dynamiques numériques des entreprises françaises et italiennes.

Complémentarité des deux écosystèmes nationaux

Nos investigations mettent en relief les complémentarités entre les deux écosystèmes dans la transformation numérique des start-up et des PME, qui se manifeste par un accroissement significatif des investissements dans les technologies avancées et innovantes.

Le dessous des cartes, Arte, 2025.

L’écosystème français facilite les étapes d’identification de nouvelles opportunités et de mobilisation des ressources nécessaires au développement de capacités numériques. En effet, la coordination centralisée des politiques industrielles et numériques et des instruments financiers permet aux entreprises françaises d’accéder plus facilement aux informations stratégiques et technologiques. Il leur est aussi relativement plus aisé de lever les fonds nécessaires pour exploiter les opportunités identifiées.

À l’inverse, l’écosystème italien favorise les processus d’apprentissage, d’adaptation et de reconfiguration des capacités numériques. L’intégration dans les districts régionaux et la collaboration avec les grandes entreprises, les universités et les centres de recherche permettent aux entreprises italiennes de reconfigurer plus rapidement leurs ressources pour répondre aux évolutions sectorielles et technologiques.

Contributions potentielles à la souveraineté d’une Europe spatiale

Notre analyse révèle que les écosystèmes français et italien présentent des complémentarités potentiellement importantes pour la construction de l’Europe spatiale. La collaboration étroite entre les deux pays au sein de l’ESA et la joint-venture Thales Alenia Space, qui associe Thales et Leonardo, illustrent la dynamique transfrontalière engagée.

Une coopération renforcée entre les acteurs publics et privés des deux écosystèmes pourrait consolider la capacité des entreprises à développer des technologies innovantes, à accéder à de nouveaux marchés et à construire des chaînes d’approvisionnement plus intégrées. Les synergies réalisées devraient contribuer à la réussite de la transformation numérique des start-up et des PME, qui jouent un rôle clé dans la compétitivité et la souveraineté de l’industrie spatiale européenne !


Cet article a été co-écrit avec Salma Lalam, diplômée du master 2 Recherche et conseil en management, et Gabriele Trani, étudiant en Executive Doctorate of Business Administration (EDBA), IAE Nice, Université Côte d’Azur.

The Conversation

Ulrike Mayrhofer ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Souveraineté de l’Europe spatiale : des écosystèmes performants pour la transformation numérique des start-up et des PME – https://theconversation.com/souverainete-de-leurope-spatiale-des-ecosystemes-performants-pour-la-transformation-numerique-des-start-up-et-des-pme-291062

Qu’est-ce que le « bear market » pour les cryptomonnaies ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Taher Hamza, Professeur en Finance, EM Normandie


L’ESSENTIEL

  • Après un record à plus de 126 000 dollars (environ 108 500 euros) en octobre 2025, le bitcoin a perdu plus de la moitié de sa valeur au premier semestre 2026.

  • Ces périodes prolongées de baisse des prix, ou bear market, sont symptomatiques d’une remise en question des croyances dans les cryptomonnaies.

  • Les bear market agissent comme des filtres en supprimant certains acteurs et en en renforçant d’autres.


En attaquant, un ours (bear en anglais) frappe avec ses pattes de haut en bas, à l’opposé du taureau (bull en anglais), qui propulse ses cornes vers le haut. En finance, le bear market consiste en une baisse des prix ; le bull market en une hausse des prix.

Depuis le record historique du bitcoin à plus de 126 000 dollars en octobre 2025, le marché des cryptomonnaies a connu une nouvelle phase de forte baisse. Au premier semestre 2026, cet « or numérique » a perdu plus de la moitié de sa valeur.

Ces épisodes racontent une tout autre histoire. Ils constituent un moment privilégié pour comprendre ce que valent réellement les promesses qui ont accompagné l’essor des cryptomonnaies. Dès 2008, le bitcoin est présenté comme un système de paiement électronique permettant d’échanger directement, sans passer par une institution financière. Par la suite, d’autres promesses se sont ajoutées : réserve de valeur comparable à un « or numérique », finance décentralisée ou encore nouveaux usages de la blockchain.

Comme d’autres innovations financières et technologiques avant elles, les cryptomonnaies sont mises à l’épreuve lorsque l’enthousiasme des débuts laisse place au doute.

Dans une étude, nous nous demandions ce que nous apprennent les crises sur les cryptomonnaies elles-mêmes, notamment en phase de bear market. Et ces monnaies numériques trouveront-elles des usages durables et s’imposeront-elles dans le système financier ?

Promesses espérées

Un bear market consiste en une phase durable de baisse des prix après un sommet.

Le mécanisme est le suivant : après une forte hausse, les premiers doutes apparaissent et certains investisseurs vendent. Si la baisse se prolonge, d’autres réduisent à leur tour leurs positions. Dans les cryptomonnaies, le recours à l’endettement peut amplifier ce mouvement. Lorsque les prix baissent fortement, certaines positions sont automatiquement liquidées, ce qui entraîne de nouvelles ventes.

Le bitcoin a connu plusieurs phases de bear market depuis sa création.
Boursorama

Cette définition ne dit pas l’essentiel. Lorsque les cours reculent fortement, les investisseurs ne réévaluent pas seulement la valeur des cryptomonnaies, mais les promesses espérées dans cette nouvelle forme de monnaie ou la création d’une finance décentralisée.

La baisse rapide des prix est la partie visible d’un bear market. La véritable évolution est souvent invisible ; les convictions des investisseurs qui avaient alimenté la hausse évoluent, elles, beaucoup plus lentement.

Usages durables des cryptomonnaies

Une correction désigne conventionnellement une baisse d’au moins 10 % de la valeur d’un actif depuis un récent sommet, tandis qu’une baisse de 20 % ou davantage est généralement qualifiée de bear market.

Ces seuils, largement utilisés par les professionnels des marchés, constituent des conventions plutôt que des frontières économiques précises. Au-delà de son ampleur, celui-ci remet en question les scénarios qui avaient nourri l’enthousiasme initial des investisseurs.




À lire aussi :
Le bitcoin a-t-il atteint son pic le 20 janvier 2025 ?


La valeur d’un actif dépend des anticipations des investisseurs. Pour une innovation comme les cryptomonnaies, dont les usages futurs restent incertains, ces anticipations jouent un rôle fondamental. Pendant les phases de hausse, leurs promesses attirent de nouveaux investisseurs, les capitaux affluent et la progression des prix renforce la confiance. Pendant les phases de baisse, c’est l’inverse.

« Crypto-hiver » de 2022

Le « crypto-hiver » de 2022 en offre une illustration saisissante. Aux États-Unis, la Réserve fédérale (FED) relève son principal taux directeur de 0-0,25 % à 4,25-4,50 % au cours de l’année, rendant les placements risqués, et de facto les cryptomonnaies, moins attractifs. En mai, TerraUSD, un stablecoin censé maintenir sa parité avec le dollar, s’effondre.

En novembre, FTX, l’une des principales plateformes d’échange, fait faillite. Ces épisodes révèlent la fragilité de certains acteurs et modèles de l’écosystème. Sur l’ensemble de l’année 2022, le marché des cryptoactifs perd 60 % de sa valorisation et le bitcoin 66 % de sa valeur.

Que les meilleures gagnent

Pourquoi les bear markets sont-ils souvent plus violents que sur les marchés d’actions ?

Le marché financier fonctionne vingt-quatre heures sur vingt-quatre et le recours à l’endettement peut amplifier les mouvements. En 2022, ces mécanismes ont favorisé un véritable effet domino dans l’écosystème : l’effondrement de Terra/Luna a été suivi par les difficultés ou les défaillances de Three Arrows Capital, Celsius, BlockFi, puis FTX.




À lire aussi :
Où placer les stablecoins parmi les cryptoactifs ?


Certains usages ont perduré. Les stablecoins, conçus pour maintenir une valeur relativement stable par rapport à une monnaie comme le dollar, ont continué à être utilisés pour échanger des cryptoactifs ou comme support aux opérations de prêt et d’emprunt dans la finance décentralisée. Leur part dans la capitalisation totale du marché des cryptoactifs est ainsi passée d’environ 7 % à près de 20 % en 2022.

Ce qui résiste n’est donc pas nécessairement ce qui avait été promis à l’origine. Le bitcoin reste peu utilisé comme moyen de paiement, tandis que les stablecoins ont trouvé une fonction plus concrète au sein même de l’écosystème crypto. En ce sens, un bear market agit comme un filtre. Il révèle les acteurs qui résistent, mais aussi les usages qui survivent lorsque l’optimisme s’efface.

Règles renforcées

Les bear markets transforment également les marchés financiers. En janvier 2024, les autorités états-uniennes ont autorisé onze produits financiers permettant de s’exposer directement au bitcoin, notamment ceux de BlackRock et Fidelity. Les investisseurs peuvent ainsi y investir sans acheter ni conserver eux-mêmes la cryptomonnaie.

En Europe, le règlement Mica transforme également le marché. Depuis la fin de la période transitoire, le 1er juillet 2026, les plateformes qui veulent proposer leurs services dans l’Union européenne doivent disposer d’une autorisation conforme à Mica. Elles sont soumises à des exigences de gouvernance, de transparence et de protection des clients.

Au final, les bull markets racontent les espoirs des investisseurs. Les bear markets racontent la réalité des marchés.

Quand surviendra la prochaine phase baissière ? Il est impossible de la dater avec certitude. Mais lorsqu’elle arrivera, l’enjeu sera peut-être moins de savoir jusqu’où les cryptomonnaies peuvent chuter que d’observer quelles fonctions, quels acteurs et quels modèles résisteront à une nouvelle mise à l’épreuve.

The Conversation

Taher Hamza ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Qu’est-ce que le « bear market » pour les cryptomonnaies ? – https://theconversation.com/quest-ce-que-le-bear-market-pour-les-cryptomonnaies-287122