Sabor, salud, conexión social, creatividad… En busca de la receta de la felicidad gastronómica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sofía Blanco Moreno, Profesor ayudante doctor, Área de Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de León

Barra de un bar de San Sebastián (España). MikeDotta/Shutterstock

Comer es mucho más que alimentarse. El sabor, los aromas, la presentación de un plato, la compañía o incluso la historia que hay detrás de una receta pueden transformar una comida cotidiana en una experiencia memorable. ¿Podemos entonces hablar de una “gastronomía de la felicidad”? Y, en caso afirmativo, ¿podemos utilizarla para diseñar nuevas experiencias gastronómicas y turísticas?

Pocas actividades cotidianas movilizan tantos sentidos, recuerdos y emociones como comer. Un determinado aroma puede devolvernos a la cocina de nuestra infancia; un plato compartido puede convertirse en el centro de una celebración; y una receta tradicional puede conectarnos con la historia y la identidad de un territorio.

Por eso, cuando elegimos un restaurante ya no valoramos únicamente si la comida es buena o si el precio es adecuado. También importan la presentación del plato, el ambiente, el trato recibido, la originalidad de la propuesta y, cada vez más, cuestiones como el origen de los ingredientes, la sostenibilidad o su relación con unos hábitos de vida saludables.

Esta transformación ha abierto la puerta a un concepto todavía emergente, al que ya hemos hecho referencia al principio de este artículo: la gastronomía de la felicidad.

La felicidad no es un ingrediente

Hablar de gastronomía de la felicidad no significa que exista un alimento capaz de hacernos felices automáticamente. La relación entre alimentación y bienestar es bastante más compleja. Algunos nutrientes intervienen en procesos fisiológicos relacionados con el funcionamiento cerebral. El triptófano, por ejemplo, es un aminoácido esencial necesario para la síntesis de serotonina. También se estudia el papel de los patrones dietéticos, la microbiota intestinal y otros mecanismos en la relación entre alimentación y salud mental.

Pero reducir la felicidad que experimentamos al comer a una reacción química sería olvidar buena parte de lo que ocurre alrededor de la mesa.

Comemos con todos los sentidos. La investigación ha mostrado que elementos visuales como el color, la forma o la presentación pueden influir en nuestra percepción del sabor, aunque los efectos dependen del contexto. Y comer es, además, un acto social. Las personas que comen acompañadas con mayor frecuencia muestran, en diversos estudios observacionales, mayores niveles de satisfacción vital y vinculación.

Por tanto, un plato feliz no tendría por qué ser simplemente aquel que incorpora determinados ingredientes, sino aquel capaz de integrar nutrición, placer, creatividad, experiencia, sostenibilidad y conexión social.

Esta es precisamente la idea que inspira la gastronomía de la felicidad: aplicar los principios del happiness management (gestión de la felicidad) al ámbito de la restauración para pensar el bienestar como parte de la propuesta de valor gastronómica.

¿Cómo sabemos si un plato es feliz?

Aquí aparece un problema: la felicidad es fácil de mencionar, pero bastante más difícil de medir. Por ello, existe un marco conceptual que intenta traducir esta idea en elementos evaluables: el Índice de Alimentos Felices (IAF). Se trata de un modelo registrado como propiedad intelectual que se basa en tres grandes dimensiones:.

  • Valor intrínseco del plato: se pregunta por el propio plato: ¿tiene una composición nutricional adecuada?, ¿resulta visualmente atractivo?, ¿es creativo?

  • Valor empresarial: ¿existe una relación razonable entre precio y valor?, ¿el plato encaja con la identidad del establecimiento?, ¿su elaboración y presentación aportan algo diferencial?

  • Valor social y de bienestar: ¿utiliza productos de proximidad o temporada?, ¿incorpora prácticas responsables?, ¿es coherente con unos hábitos alimentarios saludables?

El modelo integra ocho indicadores y otorga mayor peso a las características intrínsecas del plato.

La cuestión relevante no es, por tanto, encontrar el ingrediente secreto de la felicidad. Es preguntarse qué combinación de elementos puede hacer que una experiencia gastronómica contribuya al bienestar de quien la disfruta y, al mismo tiempo, genere valor para el restaurante y su entorno.

Por ahora, este índice es una propuesta conceptual y no una escala empíricamente validada. Precisamente, su siguiente reto será comprobarlo en restaurantes reales, incorporar la percepción de consumidores y profesionales y determinar si sus indicadores y ponderaciones funcionan como esperamos.

Del concepto a las calles: la “Ruta de la Tapa Feliz”

Pero ¿cómo trasladamos todas estas ideas a algo que cualquier persona pueda experimentar?

Una posible respuesta es la “Ruta de la Tapa Feliz”, una iniciativa de la Red Universitaria de la Felicidad, que convierte un itinerario gastronómico en algo más que un concurso para elegir la tapa más sabrosa. Actualmente participan en esta red 30 investigadores doctores de 20 universidades de 8 países diferentes (Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, España, Reino Unido y México).

La iniciativa plantea implicar a establecimientos hosteleros, administraciones públicas, profesionales del sector, investigadores y ciudadanía. Los restaurantes diseñarían sus propias tapas incorporando creatividad, calidad, productos locales y elementos vinculados al bienestar, mientras los participantes recorrerían los establecimientos y valorarían las propuestas.

Así, además del sabor, pueden entrar en juego la calidad de los ingredientes, la presentación, la presencia de productos locales o la calidad del servicio. La propuesta contempla que la evaluación combine la valoración de un comité científico-profesional y la de las personas participantes en la ruta.

Pero hay otro elemento especialmente interesante: medir la experiencia. La ruta prevé recoger información sobre el bienestar percibido de quienes participan, e incluso sobre la experiencia de los trabajadores implicados en la elaboración y el servicio de las tapas. Esto permitiría transformar una actividad promocional en un pequeño laboratorio ciudadano de gastronomía, emociones y bienestar.

Una ruta gastronómica también puede construir destino

Una iniciativa así no tendría únicamente implicaciones para los restaurantes.
Las rutas gastronómicas llevan a las personas a recorrer una localidad, descubrir nuevos establecimientos, probar productos locales y asociar sabores con lugares concretos. Por eso, también pueden convertirse en herramientas de promoción territorial.

En este caso, la propuesta persigue dinamizar la economía local, reforzar la colaboración entre restauradores, administraciones y ciudadanía, visibilizar la gastronomía del territorio e identificar el destino con experiencias positivas y de bienestar.

Y aquí quizá aparece la dimensión más interesante de la gastronomía de la felicidad: pasar de preguntarnos si una comida nos hace felices a preguntarnos cómo diseñar ecosistemas gastronómicos que generen bienestar.

Eso significa pensar en el consumidor, pero también en quien cocina y sirve. De hecho, la investigación en happiness management aplicada a la gastronomía ha mostrado que factores organizativos como el apoyo recibido o la calidad de las relaciones laborales también son relevantes para el bienestar de los chefs.

Entonces, ¿existe realmente la tapa feliz?

Todavía no podemos establecer científicamente una receta universal de la felicidad gastronómica. Probablemente nunca exista: aquello que para una persona evoca bienestar puede dejar indiferente a otra.

Y quizá ahí esté precisamente lo interesante. La felicidad gastronómica no está escondida en un ingrediente. Puede encontrarse en la combinación de un plato bien elaborado, una presentación atractiva, una historia que contar, productos vinculados al territorio, un servicio agradable y, sobre todo, una experiencia que merece ser recordada.

Una tapa no puede prometer hacernos felices. Pero sí puede intentar crear las condiciones para que disfrutemos un poco más.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Sabor, salud, conexión social, creatividad… En busca de la receta de la felicidad gastronómica – https://theconversation.com/sabor-salud-conexion-social-creatividad-en-busca-de-la-receta-de-la-felicidad-gastronomica-290127

De fumar en la cabina al control biométrico: así ha cambiado la seguridad en los aviones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pere Suau-Sanchez, Catedrático de Gestión del Transporte Aéreo, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

A mediados de los años noventa, cuando aún era un chavalín, volé desde Barcelona al aeropuerto de Londres-Heathrow sentado en la cabina de mando de un avión de Iberia. El comandante, que estaba en la puerta dando la bienvenida al pasaje, me invitó a pasar. Dentro estaba el copiloto, que me recibió ofreciéndome un cigarrillo, que rechacé. Hice todo el vuelo sentado en el transportín de la cabina de mando y solo salí para comer.

Aquel viaje me marcó para siempre, y probablemente explica a qué dedico mi investigación hoy. Pero en 2026 es también un relato imposible. Por el tabaco y porque hoy en día nadie ajeno a la tripulación cruza la puerta de la cabina de mando, que está blindada y su acceso está reglado.

La seguridad aérea ha evolucionado y se ha endurecido, como reacción a eventos dramáticos que son historia de la aviación.

Antes de 2001, secuestros y los primeros filtros

Existe la creencia de que la seguridad en los aeropuertos nació el 11 de septiembre de 2001, con los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York. No hay nada más alejado de la realidad.

En los años sesenta y principios de los setenta, ante la ausencia de controles de seguridad en los aeropuertos se produjo una oleada de secuestros de aviones por parte de grupos terroristas. Como resultado, las máquinas de rayos X para equipaje de mano y los arcos detectores de metales para personas se convirtieron en requisito obligatorio a partir de 1973 en Estados Unidos. Más tarde, y después de la tragedia de Lockerbie (1988) cuando una maleta facturada explotó en la bodega del vuelo 103 de Pan Am, se impuso la conciliación de equipajes, es decir, las maletas no volaban si el pasajero no embarcaba.

Así, las medidas de seguridad hasta ese momento fueron implementándose para dar respuesta a una amenaza que se centraba en los secuestros y en controlar la entrada de objetos peligrosos. En los secuestros, el avión era básicamente un vehículo de negociación y el enfoque de tripulaciones y pasajeros era la cooperación pasiva y la no confrontación para avanzar con la negociación durante el secuestro.

Las consecuencias del 11-S para la seguridad aérea

Los ataques a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 orientaron la seguridad aérea hacia nuevos aspectos.

En primer lugar, la puerta de la cabina de mando se blindó y pasó a estar gobernada por un protocolo de apertura. Por otro lado, el principio de cooperación aplicada hasta entonces en los secuestros dejó de ser el principal enfoque de la tripulación de cabina. El uso de la fuerza militar con aviones de combate ha pasado a ser una práctica más común.

En segundo lugar, dos meses después de los atentados, el gobierno federal de Estados Unidos asumió el control de la seguridad de los aeropuertos con la creación de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés). En Europa se respondió con el Reglamento (CE) 2320/2002, que estableció la obligación de realizar inspecciones de seguridad a todos los pasajeros y equipaje de la bodega, así como reguló el acceso a las zonas restringidas de seguridad de los aeropuertos.

El principal objetivo era, por primera vez, armonizar las normas de seguridad básicas.

Después de 2001, más capas de seguridad

Aunque el 11-S significó cambios regulatorios estructurales, el enfoque reactivo de la seguridad aérea ha seguido manteniéndose. Cada nuevo intento de atentado ha comportado una nueva capa de seguridad. De esta manera, empezamos a sacarnos los zapatos en el control de seguridad después de que, en diciembre de 2001, Richard Reid subiera en París a un vuelo de American Airlines con una mezcla de explosivos en la suela hueca de sus zapatos.

Más tarde, en 2006, después de frustrarse otro intento de atentado aéreo, este en Reino Unido con explosivos líquidos, nació la regla de los botes con una capacidad máxima de 100 ml guardados en bolsas transparentes en el equipaje de mano.

Con todos estos cambios, en 2008 se decidió renovar el reglamento europeo de 2002 y sustituirlo con el Reglamento (CE) 300/2008, para modernizarlo y cubrir de forma más precisa varios aspectos de la seguridad en vuelo y los controles en tierra.

Poco después, en 2009, hubo otro intento de atentado aéreo. Los explosivos iban ocultos en la ropa interior del terrorista, en un vuelo de Northwest Airlines entre Ámsterdam y Detroit. Tras el incidente, se inició el despliegue de los escáneres corporales, comenzando en 2010 en Estados Unidos, coordinado por la TSA, y en 2011 en Europa, mediante el Reglamento (UE) 1141/2011.

Ahora: seguridad preventiva y reducir la fricción

En los últimos años el enfoque ha pasado de reactivo a preventivo. Desde 2016, se requiere información anticipada de los pasajeros para construir un registro de nombres y una lista de exclusión. Por otro lado, desde abril de este año está en funcionamiento el Sistema de Entradas y Salidas (EES) que requiere un registro biométrico de los pasajeros que entren en el espacio Schengen. Además, en un futuro próximo también será necesario enviar un formulario digital, el ETIAS (similar al ESTA de EE. UU.), antes del viaje.

Otro aspecto que está cambiando es que se comienza a reconocer que las múltiples medidas de seguridad que se han ido tomando generan molestias a los pasajeros. Además, ante el creciente número de viajeros aéreos, se hace necesario reducir la fricción (cualquier obstáculo o retraso que interrumpa, ralentice o empeore la experiencia del viajero) y los tiempos de procesamiento (la duración de cada uno de los trámites y controles que deben realizar los pasajeros). De esta manera, por primera vez en unas cuantas décadas, con los escáneres de tomografía computarizada de los equipajes de mano se retira una medida de seguridad aérea. Estos escáneres permiten detectar explosivos líquidos por lo que ya no se hace necesario sacar botellas ni ordenadores del equipaje de mano. Aunque el despliegue está siendo lento, cada vez más aeropuertos ofrecen este avance para la experiencia del pasajero.

El futuro que dibuja la industria es un viaje seguro y con menores fricciones. Esto permite absorber más pasajeros y también tenerlos más contentos, lo que se traduce en más ventas en las tiendas del aeropuerto una vez cruzado el control de seguridad.

Satisfechos pero vigilados

Sin embargo, menos fricción no significa menos seguridad o que no se puedan producir otros incidentes. Por un lado, la reducción de las fricciones en la experiencia del pasajero conllevará mayor uso de los datos personales y de la identidad biométrica. Compartir más información, incluso antes de llegar al aeropuerto, puede garantizar al pasajero tener puertas francas, pero representa un importantes reto desde el punto de vista de la privacidad.

Por otro lado, existen muchos otros tipos de ataques al sector aéreo, como los ataques con drones de 2018 al aeropuerto de Londres-Gatwick, o el más reciente, este verano, en el aeropuerto de Leipzig, en Alemania. Por no hablar de los ciberataques a grandes aeropuertos.

Aquel copiloto que me ofreció un cigarrillo en una cabina de mando pertenece a un mundo impensable ahora y que ya no volverá. Pero el actual, con seguridad anticipada, automatizada e invisible, también requiere de debates sobre cuánto saben de mí el sistema y las empresas, y quién audita todo el proceso.

The Conversation

Pere Suau-Sanchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. De fumar en la cabina al control biométrico: así ha cambiado la seguridad en los aviones – https://theconversation.com/de-fumar-en-la-cabina-al-control-biometrico-asi-ha-cambiado-la-seguridad-en-los-aviones-291495

La conservación en tiempos del cambio climático: cuando las especies invasoras pueden ser beneficiosas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Olvido Perea García, Profesor Distinguido especializado en investigaciones de Biología y Psicología Evolutiva, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

La ilustración _Indio que recoge la Cochinilla con una colita de Venado_ (1777), de José Antonio de Alzate y Ramírez, documenta la extracción de cochinilla de la chumbera por parte de indígenas para la producción colonial de carmín. José Antonio de Alzate y Ramírez /Newberry Library, Vault Ayer MS 1031

Que una especie invasora desaparezca de un ecosistema debería entenderse como una
victoria para la conservación. Al fin y al cabo, su eliminación implica la supervivencia de otras. Pero ¿y si existieran especies locales que llevan décadas, y hasta siglos, aprovechando las funciones que esa invasora desempeña?

Este es el dilema que plantean las chumberas, conocidas como tuneras en Canarias y como nopales en gran parte de América.

Llegadas de ese continente hace siglos, hoy figuran en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y, sin embargo, algunas poblaciones han terminado formando parte de nuestros paisajes, ecosistemas, economía y cultura, como visibiliza la obra del pintor Manuel García Jiménez.

Cuatro pinturas de Manuel García Jiménez que muestran paisajes rurales con chumberas
Las chumberas son un motivo recurrente en la obra de Manuel García Jiménez, ‘el campesino’, reflejo de su arraigo en el paisaje cultural de La Axarquía malagueña.
Manuel García Jiménez/Perea-García y Medina-Lorenzo (2026), CC BY-NC-ND

Su llegada de América

El género de suculentas Opuntia llegó a territorios españoles pronto en la historia del contacto europeo con América. Durante siglos proporcionaron alimento y forraje, sirvieron como barrera natural y sostuvieron la industria del carmín (un codiciado tinte) al albergar a la cochinilla Dactylopius coccus, especialmente en Canarias. En Andalucía y Murcia, los chumbos permanecieron como alimento popular y las chumberas pasaron a formar parte de la identidad del paisaje.

Pero si son invasoras, ¿no habría que eliminarlas?




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Se nos adelantó la cochinilla

Las chumberas ya han casi desaparecido de la España peninsular. Otra especie de cochinilla diferente a la que se usa para extraer carmín, D. opuntiae, se introdujo en Murcia en 2007 y en pocos años sus poblaciones se desplomaron por gran parte de la Península. Esto se debe a que D. opuntiae, a diferencia de la cochinilla de la que se extrae el carmín, termina matando los matorrales de las chumberas.

Una chumbera con parches blancos de _D. opuntiae_
Las chumberas afectadas por D. opuntiae se marchitan, cubiertas por parches de seda, antes de desaparecer por completo.
Mariano Ropero

La reacción local distó de ser celebratoria. Durante años, la prensa recogió pérdidas económicas entre familias que dependían de las chumberas y desprendimientos donde ayudaban a estabilizar el suelo. ¿Por qué la pérdida de una planta invasora no supuso necesariamente una mejoría? Esta pregunta obliga a pensar más allá de nuestras ideas más simples acerca de la conservación.

Una invasora puede competir con plantas autóctonas, alterar relaciones entre flora y fauna y perjudicar a especies endémicas con poblaciones pequeñas. En estos casos, controlar Opuntia puede ser la mejor opción. Pero sus efectos difieren considerablemente entre poblaciones.

Extirpar una especie perjudica a otras

La flora y fauna no entienden de nacionalidades, sino que se relacionan con otras especies según las funciones que desempeñan. En Nueva Tabarca, Alicante, varios escarabajos tenebriónidos encuentran alimento y refugio bajo Opuntia. Uno de ellos, Asida ricoi cobosi, solo fue encontrado en zonas cubiertas de esta chumbera. Los investigadores que lo detectaron advirtieron que eliminar estas plantas podría perjudicar a estas poblaciones de escarabajos y afectar posteriormente a la red trófica.

Un caso todavía más claro aparece en Sicilia. En plantaciones abandonadas de Opuntia ficus-indica, se ha documentado una regeneración natural de especies leñosas mediterráneas considerablemente mayor que en olivares abandonados o terrenos abiertos. En zonas amenazadas por la desertificación, las chumberas podrían así facilitar la recuperación de la vegetación.

En Canarias, un estudio mostró que las semillas de tunos seguían pudiendo germinar tras pasar por el aparato digestivo del lagarto tizón, endémico de Canarias, mientras que las de la cebolla almorrana menor, también endémica de las islas, podían verse perjudicadas. Esta interacción podría favorecer la expansión de las chumberas a costa de la hortaliza.

En un trabajo recientemente publicado en Discover Ecology nuestro equipo propuso, precisamente, evaluar cómo cada población afecta a la red de interacciones entre animales, plantas, terreno y personas. Sin embargo, la clasificación uniforme como “invasora” dificulta que esa evaluación se traduzca en una gestión igualmente flexible.




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Beneficios de las chumberas en zonas áridas degradadas

Restaurar un ecosistema suele implicar tomar como referencia un estado anterior a su degradación. Si pudiéramos eliminar las Opuntia y restaurar comunidades autóctonas capaces de desempeñar las mismas funciones, el problema sería relativamente sencillo. Pero retirar una especie no garantiza recuperar aquello que había antes.

Con la aridificación debida al cambio climático y la actividad humana, algunas comunidades vegetales usadas como referencia para la restauración pueden resultar cada vez más difíciles de mantener. La paradoja resulta especialmente visible en lugares como la Axarquía malagueña. La comarca es uno de los principales polos europeos de producción de aguacate y mango. Y entre los años 2019 y 2024 sufrió una crisis hídrica extrema.

Mientras las chumberas han padecido un fuerte declive, la comarca ha apostado por cultivos mucho más exigentes en agua, como el aguacate, justo cuando la escasez hídrica exige usos del suelo resistentes a la sequía.

En esas condiciones, algunas chumberas pueden mantener cobertura vegetal, reducir la erosión y proporcionar biomasa con una demanda hídrica reducida. Y brindan todo ello mientras proveen beneficios económicos importantes. Por ejemplo, la demanda del carmín de la cochinilla sigue en auge, y se espera que suba aún más tras la prohibición de la Administración de Alimentos y Fármacos de EE. UU. de usar colorantes rojos sintéticos.

Además, regiones como la Axarquía no representan un paisaje prístino. Los paisajes mediterráneos del sur y sureste peninsular llevan milenios moldeados por la actividad humana, mucho antes de que las chumberas llegaran a Europa. Es posible que estas plantas estén realizando funciones que otras plantas no podrían cumplir en estos paisajes ya degradados.

Por eso, el ejemplo de las chumberas nos enseña que, quizás, haya llegado el momento de aceptar que no podemos volver al origen, y tampoco sea lo que debamos hacer. En el mundo que nos queda, en constante cambio, quienes nos invadieron pueden convertirse en las mejores aliadas.

The Conversation

Juan Olvido Perea García es Profesor Distinguido en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria gracias a fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

– ref. La conservación en tiempos del cambio climático: cuando las especies invasoras pueden ser beneficiosas – https://theconversation.com/la-conservacion-en-tiempos-del-cambio-climatico-cuando-las-especies-invasoras-pueden-ser-beneficiosas-288784

Medir la desigualdad sin contar la pobreza distorsiona el retrato de la realidad económica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Xavier Perafita Basart, Profesor, Universitat de Girona

SORN340 Studio/Shutterstock

¿Cómo se mide la desigualdad económica de un país o de una ciudad? La herramienta más utilizada a nivel mundial es el índice de Gini, un indicador que resume en una sola cifra cómo se distribuye la renta entre la población. Sin embargo, dos territorios pueden tener el mismo índice de Gini y afrontar realidades sociales muy distintas. Incorporar la tasa de pobreza en el cálculo del índice puede aportar una visión más completa de la desigualdad territorial.

Cómo se calcula el índice de Gini

El cálculo del índice de Gini parte de una idea sencilla: si toda la población tuviera exactamente los mismos ingresos estaríamos ante una situación de igualdad perfecta. Esa situación ideal puede representarse como una línea recta. Sin embargo, en la realidad, la distribución de la renta se desvía de esa línea: algunas personas concentran una parte mayor de los ingresos y otras una parte menor.

El índice de Gini mide, precisamente, cuánto se aleja esa distribución real (que conocemos como la curva de Lorenz) de la igualdad perfecta. El resultado se expresa entre 0 y 1 (aunque también 0 a 100): cuanto más alto es el valor, mayor es la desigualdad. Un valor de 0 significaría que todos disponen de la misma renta. Un valor de 1 (o 100), que una sola persona concentra toda la renta.

En azul claro, la figura formada por la línea diagonal representa una situación de igualdad perfecta (toda la población con los mismos ingresos). En azul, la curva de Lorenz que muestra cómo se distribuye realmente la renta. Cuanto mayor es el área entre ambas líneas (A), mayor es la desigualdad y, por tanto, más elevado es el índice de Gini.
Elaboración propia, CC BY

El índice de Gini permite a los gobiernos, los organismos internacionales y los medios de comunicación comparar la desigualdad en países y regiones. España, por ejemplo, presenta un índice relativamente elevado dentro de Europa: 31,2 en 2024.

El problema de medir la desigualdad con una sola cifra

El índice de Gini tiene una gran ventaja: es sencillo de calcular e interpretar. Sin embargo, esta capacidad de síntesis es también una de sus principales limitaciones.

Vamos a explicarlo. Imaginemos dos regiones con un índice de Gini prácticamente idéntico. A simple vista, podríamos pensar que ambas presentan niveles similares de desigualdad. Sin embargo, la realidad puede ser muy distinta: en una de ellas una parte importante de la población puede vivir en situación de pobreza, mientras que en la otra la mayoría de los residentes puede que disponga de ingresos relativamente elevados. Aunque ambas compartan un valor de Gini similar, sus necesidades sociales, y las prioridades de las políticas públicas, serían muy diferentes.

Esta limitación resulta especialmente relevante cuando analizamos la desigualdad a escala municipal. Los municipios pequeños suelen presentar estimaciones más inestables: unos pocos hogares con rentas extremas pueden alterar mucho el resultado.

Se trata de un problema estadístico bien conocido, ya que en áreas pequeñas el índice es especialmente sensible a valores extremos y pequeñas variaciones en la distribución de la renta. De hecho, esta fue una de las motivaciones de nuestro trabajo. Al analizar el índice de Gini a escala municipal observamos un patrón inesperado: municipios con mayor renta aparecían sistemáticamente como más desiguales que municipios de renta mucho más baja.

Incorporar la tasa de pobreza cambia el mapa

Para superar esta limitación, planteamos una adaptación del índice de Gini que incorpora la pobreza local en su cálculo, el índice de Gini normalizado. De este modo, en lugar de interpretar la desigualdad de cada municipio de forma aislada, la relacionamos con una referencia común para toda España.

Concretamente, utilizamos la proporción de población que vive por debajo del umbral de pobreza y analizamos si el nivel de desigualdad observado es superior o inferior al que cabría esperar dado ese contexto. En otras palabras, no evaluamos los municipios de forma aislada, sino en relación con un contexto socioeconómico común para toda España.

Para mejorar la precisión de las estimaciones, especialmente en municipios pequeños donde los resultados suelen ser más inestables, utilizamos modelos estadísticos que combinan datos georreferenciados con información previa y distribuciones de probabilidad para aprovechar también la información disponible de municipios cercanos (modelos bayesianos espaciales).

Aplicamos este método a 8 043 municipios españoles utilizando datos del Atlas de Distribución de la Renta de los Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2022. Con el índice de Gini original, el mapa de España aparece relativamente homogéneo con diferencias entre municipios, pero sin un patrón territorial claro. Con el índice normalizado, en cambio, surge un patrón mucho más definido: Andalucía, Extremadura y Murcia muestran niveles de desigualdad más altos de lo esperado para su nivel de pobreza, mientras que Cataluña, País Vasco, Madrid y Baleares presentan niveles más bajos de lo esperado.

Es decir, algunas regiones que aparentemente parecían muy desiguales dejan de serlo cuando se tiene en cuenta su estructura socioeconómica, mientras que otras emergen como territorios especialmente vulnerables.

Distribución geográfica en España del índice de Gini: original (A) y normalizado (B) en 2022.
Elaboración propia, CC BY

En general, el índice original identifica las grandes ciudades como las zonas más desiguales, pero, al ajustar por pobreza, el patrón se invierte: los municipios rurales y de baja densidad presentan una desigualdad relativamente mayor que la de las grandes ciudades. Los valores para los municipios analizados pueden consultarse en la web del proyecto.

Qué implica esto para las políticas públicas

La principal ventaja de este método es que no requiere datos difíciles de obtener. Se basa en dos indicadores ampliamente disponibles: el índice de Gini y la tasa de pobreza. Esto facilita su aplicación en otros países y a diferentes escalas territoriales, desde barrios y provincias hasta comunidades autónomas o comparaciones internacionales.

La desigualdad no depende únicamente de cómo se distribuyen los ingresos, sino también del contexto económico en el que esa distribución se produce. Incorporar la pobreza a su medición permite identificar territorios que pasan desapercibidos con los indicadores tradicionales, y ofrece una imagen más completa de las diferencias sociales existentes entre municipios. Este análisis más completo de la desigualdad relativa puede apoyar políticas redistributivas, la planificación de servicios públicos o el diseño de estrategias frente a la despoblación.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Medir la desigualdad sin contar la pobreza distorsiona el retrato de la realidad económica – https://theconversation.com/medir-la-desigualdad-sin-contar-la-pobreza-distorsiona-el-retrato-de-la-realidad-economica-286535

¿Están las universidades chinas mejor preparadas para la inteligencia artificial?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía Espinosa-Campos, Investigadora predoctoral contratada FPU en lengua china, Universidad de Granada

Entrada sur de la Universidad de Comunicación de China, en Pekín. Liblib/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Mientras en Europa y EE. UU. debatimos sobre cómo adaptar tareas, enseñanzas, métodos de evaluación e incluso la composición de los planes de estudio al aterrizaje disruptor de la inteligencia artificial en la universidad, China, un país con más de 1 400 millones de habitantes y unas 1 365 universidades autorizadas a impartir grados, ha tomado medidas drásticas e inmediatas: entre 2021 y 2025 (ya antes de la irrupción de los chatbots de IA), las autoridades chinas pusieron en marcha 10 200 nuevos programas de grado y cancelaron o suspendieron la admisión en otros 12 200.

Pese a algunos titulares erróneos (que apuntaban a la creación de 22 400 carreras diferentes o a la eliminación del 30 % de los programas universitarios), lo cierto es que se trata de un ajuste del 30 % del sistema universitario, pues de un total de 62 800 programas (grados contabilizados de manera independiente por cada universidad que los imparte), 22 400 fueron o creados o eliminados (o dejaron de admitir alumnos).

Un ejemplo concreto: en agosto de 2025, la Universidad de Comunicación de China hizo pública la lista de las siete titulaciones que proponía suprimir. Es una universidad pública de Pekín especializada en periodismo, cine y medios. A diferencia de España, donde estos estudios suelen formar parte de una universidad generalista, el centro del país asiático está dedicado casi por entero a esos campos. Se suprimieron los programas de Comercio Internacional, Sociología, Estadística Aplicada, Contabilidad, Educación Político-Ideológica, Información Optoelectrónica y Automatización.

Aunque Traducción y Fotografía, otros dos programas existentes, no figuraban en aquella lista, sí formaron parte de una reorganización más amplia: el primero dejó de admitir alumnos y el segundo se integró en Rodaje y Producción Audiovisual, pues según las autoridades ya no se sostenía como una carrera completa.

El sistema universitario chino

El Ministerio de Educación chino cuenta cada grado en cada universidad que lo imparte. Si una carrera se ofrece en 50 universidades, suma 50 programas. Si una deja de admitir alumnos, registra una baja aunque las otras 49 mantengan la titulación.

Por ejemplo, Traducción dejó de admitir alumnos en la Universidad de Comunicación de China, pero sigue impartiéndose en 314 universidades según el último recuento disponible, de abril de 2025. Lo mismo ocurre con los programas de Economía, Sociología o Ingeniería suprimidos en ese centro: continúan disponibles en muchos otros.

Cancelar un grado y suspender la admisión tampoco son lo mismo. En el primer caso, el programa se elimina. En el segundo, deja de aceptar nuevos alumnos, pero continúa mientras terminan quienes ya están matriculados.

Las cifras del quinquenio agrupan ambas decisiones porque el ministerio no publicó el desglose completo. La revisión de 2024 sí permite separarlas:

Una reforma anterior a ChatGPT

La reforma empezó antes de la inteligencia artificial generativa, aunque la expansión de estas herramientas ha acelerado el proceso y lo ha hecho más visible.

En 2023, ya con ChatGPT en marcha, pero no como respuesta a ello, cinco ministerios fijaron el objetivo de reajustar cerca del 20 % de los programas antes de 2025 para adaptarlos a las nuevas tecnologías y a las necesidades regionales. Lo que hasta entonces eran ajustes puntuales pasó a ser un objetivo cuantificado que las universidades debían cumplir.

Un sistema muy dinámico

En China no son inusuales este tipo de medidas. El catálogo nacional de titulaciones se ha revisado en varias ocasiones en el pasado: en 1987, 1993, 1998 y 2012, es decir, aproximadamente una vez por década. Pero se ha acelerado desde 2020: a partir de ese año, se está actualizando todos los años.

Esta permanente revisión quedó establecida en el plan 2025-2027, aprobado por el Grupo Dirigente Central de Trabajo Educativo, un órgano del Partido situado por encima del Ministerio de Educación. Este órgano trabaja con una base de datos nacional que permite comparar los titulados disponibles con las necesidades de cada sector, señala programas con poca matrícula y acelera la autorización para la creación de nuevos grados estratégicos.

Las razones de los cambios

Tras estos cambios en los planes de estudios las autoridades esgrimen tres razones. La primera es laboral. China prevé 12,7 millones de titulados en 2026. En abril de ese año, el desempleo entre los jóvenes de 16 a 24 años que ya no estudiaban era del 16,3 %. El empleo es un factor fundamental en la revisión de la oferta universitaria, especialmente porque un estudio estimó que casi una cuarta parte de los titulados universitarios recientes trabajaba fuera de su especialidad.

La segunda es demográfica. En 2025 nacieron 7,92 millones de niños y la población disminuyó en 3,39 millones. El número de graduados actuales es el más elevado de la historia del país, pero las promociones posteriores serán mucho menores. Y con menos estudiantes, mantener programas sin demanda laboral resulta más difícil de justificar.

La tercera es estratégica. En China, la universidad se vincula a la política industrial del Estado. Se trata de un modelo educativo que combina una fuerte dirección estatal y una autonomía universitaria limitada. El Estado no financia todo el sistema, ya que una cuarta parte de las universidades son privadas y las públicas se sostienen también con matrículas y contratos de investigación, pero sí controla la autorización de nuevos grados, y esa es la palanca que utiliza para orientar qué titulaciones deben crecer.




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Vía verde para crear titulaciones

Así, el Ministerio de Educación abrió una “vía verde” para autorizar carreras prioritarias sin esperar al calendario ordinario, gracias a la cual se estrenó en 2025 en seis universidades la titulación de Tecnología e Ingeniería de Baja Altitud, un sector que incluye drones, aeronaves ligeras y movilidad aérea.

Otras nueve universidades chinas abrieron en 2026 un grado en Inteligencia Incorporada: sistemas de IA integrados en robots y otras máquinas capaces de percibir su entorno y actuar. En 2024, Inteligencia Artificial fue el grado más implantado y llegó a 89 universidades.

¿Desaparecen las humanidades?

Curiosamente, y a pesar de lo que indicaron algunos medios cuando se anunciaron estos cambios, ninguna de las siete titulaciones suprimidas en aquella universidad pertenece a la rama de Artes y Humanidades, donde se enmarcan Filología, Literatura, Filosofía, Historia y Estudios Artísticos. Sí cayeron dos programas de Economía y Gestión, uno de Sociología, uno de Estadística, dos de Ingeniería y uno de Formación Ideológica. Entre ellos, Contabilidad, una de las carreras asociadas tradicionalmente al empleo seguro.

Los datos disponibles no muestran una sustitución general de las humanidades por la tecnología. El catálogo estatal incorporó en 2025 Estudios Regionales, Teatro Digital y Educación en Inteligencia Artificial. El plan también prevé reforzar las disciplinas básicas.




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¿Cambios profundos o nominales?

A menudo, los términos “inteligente” y “digital” se añaden a carreras existentes y modifican lo que se enseña. La Universidad de Comunicación de China abrió, por ejemplo, Arte de la Imagen Inteligente, donde rodaje y montaje conviven con programación y visión artificial.

En su plan figuran también estructuras de datos y aprendizaje automático: el oficio audiovisual permanece, pero el titulado sale sabiendo programar. Nombrar una carrera de este modo también implica decidir qué conocimientos se consideran útiles.

¿Funcionan estos cambios?

La capacidad de encontrar empleo de los titulados en grados de nueva creación como Inteligencia Artificial o Inteligencia Incorporada en 2026 no se puede conocer de momento: los primeros no se graduarán hasta 2028. Pero sí podemos valorar si el sistema chino es más ágil en sus reformas y por lo tanto responde de manera más rápida y más adecuadamente a las novedades tecnológicas.

En realidad, la rapidez para abrir titulaciones no es diferente en Europa. Sí lo es la capacidad de cerrarlas. Suprimir un grado con poca matrícula exige en el Viejo Continente acuerdos entre departamentos, universidades y agencias que rara vez prosperan, así que la oferta tiende a crecer y casi nunca a corregirse.

No obstante, no está claro que la demanda de empleo pueda preverse a cuatro años vista. Antes al contrario, se puede producir el “efecto telaraña”: responder a una escasez de trabajos actual puede producir en cuatro años, cuando los primeros egresados entran en el mercado laboral, una promoción excedente. Planificar haciendo pronósticos puede empeorar el desajuste con la demanda de empleo.




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¿Universidad o formación profesional?

Existen otras razones para observar esta agilidad con cautela. En primer lugar, el propio anuncio oficial de los cambios reconoce una limitación: crear una titulación no garantiza profesores preparados ni puestos de trabajo.

En segundo lugar, responder a un cambio real del mercado laboral tampoco debería llevarse al extremo de convertir la educación universitaria en una formación muy pegada al mercado con rápida caducidad: para esta formación más técnica existen los grados de formación profesional.

Finalmente, adaptarse no consiste en añadir “inteligente” al nombre de un grado, sino en decidir qué conocimientos deben durar y cuáles pueden cambiar en función de más factores que el de la demanda laboral en un momento concreto.

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Lucía Espinosa-Campos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Están las universidades chinas mejor preparadas para la inteligencia artificial? – https://theconversation.com/estan-las-universidades-chinas-mejor-preparadas-para-la-inteligencia-artificial-289073

La leche materna puede reducir la resistencia a antibióticos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maria Carmen Collado, Full Professor, Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA -CSIC)

almo Creative/Shutterstock

Durante los primeros meses de vida, el intestino infantil comienza a ser colonizado por miles de millones de microorganismos, un proceso que marcará la salud futura del bebé. Este periodo de la vida representa una ventana crítica del desarrollo, ya que, al mismo tiempo que se establece y madura la microbiota intestinal, también lo hacen el sistema inmunitario, el metabolismo y el neurodesarrollo. Factores como el tipo de parto, la alimentación o la exposición a antibioticos pueden modular estos procesos y dejar una huella duradera.

Bacterias resistentes a antibióticos en el microbioma

Entre los microorganismos colonizadores, aparecen las bacterias portadoras de genes de resistencia a los antibióticos. Estos genes presentes en la microbiota constituyen el resistoma.

Estas bacterias adquieren, así, la capacidad de sobrevivir a la acción de determinados medicamentos. Como consecuencia, las infecciones pueden ser más difíciles de tratar, se limitan las opciones terapéuticas y se favorece la persistencia y propagación de microorganismos resistentes, uno de los grandes retos de salud pública en las últimas décadas.

La buena noticia es que algunos factores tempranos pueden favorecer el desarrollo de un microbioma intestinal más saludable y limitar la presencia de genes de resistencia a los antibióticos. Entre ellos, destaca la leche materna, como hemos observado en dos estudios recientes en el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC).

María Carmen Collado, investigadora del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC), explica cómo los genes de resistencia a antibióticos pasan al microbioma del bebé.

La importancia de las bifidobacterias

El primero de estos trabajos, publicado en Nature Communications, asocia la lactancia materna exclusiva durante el primer mes de vida con una menor presencia y diversidad de genes de resistencia antimicrobiana en el intestino infantil. En el segundo, publicado esta semana en Cell Reports Medicine, damos un paso más, al identificar a los oligosacáridos de la leche humana o HMO (por sus siglas en inglés) como posibles actores de este efecto protector.

Para comprender mejor el proceso, analizamos muestras de leche materna y heces de 57 bebés de la cohorte MAMI, un proyecto de investigación desarrollado en la Comunitat Valenciana que estudia cómo distintos factores maternos y ambientales influyen en la microbiota y la salud infantil desde el nacimiento. Seguimos la evolución de la microbiota intestinal de estos bebés durante su primer año de vida y, posteriormente, validamos los principales resultados en una cohorte independiente de Países Bajos, formada por 199 bebés lactantes.

Las conclusiones mostraron una asociación clara entre lactancia exclusiva y un resistoma menos abundante y diverso. Parte de esta relación parece explicarse por el papel de las bifidobacterias, microorganismos característicos del intestino de los bebés alimentados con leche materna. En particular, algunas especies de [Bifidobacterium] están adaptadas para utilizar los HMO como fuente de energía, lo que favorece su crecimiento y su predominio en la microbiota intestinal infantil.

El efecto resulta especialmente interesante en los bebés nacidos por cesárea, un tipo de parto que puede modificar la colonización microbiana inicial. En el estudio, los bebés nacidos por cesárea que recibieron lactancia materna exclusiva durante el primer mes presentaron una carga de genes de resistencia comparable a la de bebés nacidos por vía vaginal y mucho menor que aquellos que no recibieron lactancia materna.

Por el contrario, una menor presencia de bifidobacterias se relacionó con mayor abundancia de microorganismos potencialmente patógenos portadores de genes de resistencia.

Componentes bioactivos en la leche materna

En nuestra siguiente investigación, comprobamos que la leche materna puede favorecer este ecosistema intestinal a través de los HMO, el tercer componente sólido más abundante de la leche humana. Estos oligosacáridos no son digeridos por el bebé, sino que sirven de alimento para determinados microorganismos intestinales, especialmente, las bifidobacterias.

En concreto, la presencia en la leche de dos HMO, la [2’-Fucosilactosa-2’FL] y la [6’-Sialilactosa-6’SL], se asoció con menor cantidad de determinados genes de resistencia a los antibióticos en el intestino infantil.

Por otra parte, la composición de HMO varía entre mujeres y depende, entre otras cosas, de la genética materna. Un elemento clave es el llamado estado secretor, determinado principalmente por el gen FUT2. Las [madres secretoras] –aquellas que expresan el gen FUT2– producen un perfil de HMO diferente, caracterizado por una mayor presencia de oligosacáridos fucosilados como la 2’FL.

Los bebés de madres secretoras presentaron, además, una mayor abundancia de Bifidobacterium. Así, observamos que la genética materna, la composición de la leche y el desarrollo de la microbiota intestinal del bebé funcionan como tres elementos correlacionados.

De la nutrición a la prevención

La relevancia de estos hallazgos va más allá de la lactancia. Comprender cómo se configura el resistoma desde el nacimiento podría ayudar a desarrollar nuevas estrategias preventivas basadas en la microbiota y en componentes específicos de la leche humana.

Sin embargo, aún quedan preguntas por responder: qué mecanismos explican el efecto de cada HMO, qué ocurre a largo plazo y hasta qué punto estos procesos pueden modularse mediante intervenciones nutricionales. Por lo pronto, nuestros resultados refuerzan una idea cada vez más clara: la leche materna no solo nutre al bebé, también contribuye a construir y guiar el ecosistema microbiano que se establece al comienzo de la vida.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. La leche materna puede reducir la resistencia a antibióticos – https://theconversation.com/la-leche-materna-puede-reducir-la-resistencia-a-antibioticos-291074

‘Grand Theft Auto VI’: por qué el mundo entero espera un videojuego

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo Fernández Rafael, Investigador Predoctoral en Ocio, Cultura y Comunicación, Universidad de Deusto

Lucia y Jason en una captura de pantalla de _Grand Theft Auto VI_. Rockstar Games

El 27 de agosto de 2026 ocurrió algo inédito: Netflix estrenó en exclusiva mundial el avance extendido de un videojuego. Durante seis horas Grand Theft Auto VI: An Extended Look estuvo únicamente disponible en esa plataforma y solo después de ese margen llegó a YouTube. El estreno más codiciado del audiovisual actual no es una película, sino un videojuego.

No es el único síntoma. Los analistas prevén más de 8 000 millones de dólares de ventas en su primer año, más que cualquier estreno de cine o de música de la historia. Su primer tráiler, en diciembre de 2023, tuvo 93 millones de visualizaciones en 24 horas y batió tres récords Guinness. El segundo, en mayo de 2025, alcanzó 475 millones de reproducciones en su primer día sumando todas las plataformas: el mayor estreno de un vídeo jamás registrado.

De un pequeño estudio escocés al mayor negocio del ocio

El primer Grand Theft Auto (1997) era un juego modesto, con vista desde arriba, creado por el estudio escocés DMA Design. Ya contenía la fórmula de la saga: una ciudad por la que moverse con libertad y una mirada gamberra sobre el crimen.

Pero fue GTA III (2001) el que cambió la historia del medio: su salto al 3D convirtió la ciudad en un espacio que se podía recorrer sin límites y fundó el género del “mundo abierto” (es decir, que el jugador puede moverse libremente por el mundo virtual) tal y como hoy lo conocemos. Para entonces el estudio ya pertenecía a la editora estadounidense Take-Two, que lo había comprado en 1999 y que en 2002 lo rebautizó como Rockstar North, el nombre con el que firma la saga desde entonces

Las dos entregas siguientes (que no computan en la numeración de los títulos) convirtieron la saga en una sátira de Estados Unidos. Vice City (2002) parodiaba el Miami de los ochenta de Corrupción en Miami y El precio del poder. San Andreas (2004) retrataba la California de los noventa, las bandas y la corrupción policial. Un estudio de la revista Games and Culture hecho con jóvenes jugadores de este último mostró que cada uno leía el juego según su propia realidad: lo que para unos era una caricatura exagerada, para otros era un retrato reconocible de su barrio o entorno.

GTA IV (2008) llevó esa mirada a su punto más sombrío introduciendo una nueva localización, Liberty City –su particular Nueva York–, y al personaje de Niko Bellic, un inmigrante de la Europa del Este que descubre que el sueño americano es otra estafa.

GTA V (2013) completó la fórmula con tres protagonistas que eran sendos retratos de Estados Unidos: Michael, un criminal retirado que descubre el vacío que se oculta en un chalé con piscina; Franklin, un joven negro que intenta prosperar en un sistema amañado, y Trevor, quien canaliza la violencia sin filtro que la sociedad americana prefiere no mirar. Con 230 millones de copias vendidas y más de 9 000 millones de dólares de ingresos, está considerado el producto de entretenimiento más rentable de la historia, por encima de cualquier película, disco o libro.

Por qué las expectativas son tan altas

El mundo entero espera con ansia la nueva entrega. La primera razón es la duración de la espera. Entre GTA V y GTA VI habrán pasado trece años, la mayor distancia entre dos entregas de la saga. Toda una generación de jugadores nunca ha vivido el estreno de un GTA.

La paradoja es que esa espera no vació el “mundo GTA” de jugadores, sino que lo llenó. GTA Online, la versión multijugador de GTA V, mantuvo activa (y pagando) a una comunidad de millones de personas durante más de una década. Es lo que la investigación llama un “tercer lugar”: un espacio de encuentro informal, como el bar o la plaza, donde se crean lazos sociales.

A ello se suma la estrategia de Rockstar, que ha dosificado la información: tres tráilers en tres años y silencio casi total entre ellos. Los retrasos (primero de 2025 a mayo de 2026 y después al 19 de noviembre de este año) se justificaron bajo la exigencia de calidad. La reputación de un estudio que nunca ha decepcionado en una entrega principal hizo el resto. En un entorno saturado de información, la escasez genera expectación.

Hay, por último, una novedad histórica. GTA VI vuelve a situarse en Vice City, la Florida ficticia de la saga, con una pareja protagonista al estilo Bonnie y Clyde: Jason Duval y Lucia Caminos. Lucia, una mujer latina, es la primera protagonista femenina de una entrega principal desde el juego original de 1997.

Dibujo de una mujer en chándal y con auriculares, sentada en una máquina de pesas.
Lucia Caminos, protagonista de Grand Theft Auto VI.
Rockstar Games

Es un cambio relevante en una saga tradicionalmente masculina: un análisis de 31 años de personajes femeninos en videojuegos concluyó que las mujeres siguen relegadas, en su mayoría, a papeles secundarios. Que la saga más vendida del medio ponga ahora a una de ellas en el centro refleja cómo ha cambiado su público.

Qué se juega la industria

GTA VI funcionará como termómetro del sector. Saldrá a un precio récord para la saga: 79,99 euros la edición estándar y 99,99 la Ultimate, que incluye la misma historia, pero añade vehículos, armas, ropa y algunas actividades extra. Ambas serán una prueba de cuánto está dispuesto a pagar el mercado.

Pero el experimento más arriesgado es otro: no habrá versión en disco. La edición “física” será una caja con un código de descarga dentro. La decisión ha enfrentado a jugadores y compañía: impide revender o prestar el juego e introduce restricciones como el bloqueo regional en PlayStation 5. Esto significa que el código solo puede canjearse en una cuenta de la misma región en la que se compró, lo que impide importarlo de otro país. Es decir, un jugador que lo compre en España y lo canjee en España, podrá jugar después en todas partes. Pero si lo compra en España e intenta canjearlo en Estados Unidos, el sistema no le dejará.

Si el juego más esperado de la década prescinde del formato físico y triunfa igualmente, el resto de la industria podría seguir el mismo camino.

Y un último apunte sobre el momento que vivimos. Mientras buena parte de la industria presume de incorporar inteligencia artificial generativa, Take-Two, la empresa propietaria de Rockstar, alardea de lo contrario. Su consejero delegado, Strauss Zelnick, ha declarado que la IA generativa “no tiene ninguna participación” en GTA VI: sus mundos son artesanales, construidos “edificio a edificio, calle a calle, barrio a barrio”.

En plena era del contenido generativo, el mayor lanzamiento de la historia del entretenimiento se vende como un producto hecho a mano.


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The Conversation

Ricardo Fernández Rafael no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ‘Grand Theft Auto VI’: por qué el mundo entero espera un videojuego – https://theconversation.com/grand-theft-auto-vi-por-que-el-mundo-entero-espera-un-videojuego-290682

L’intelligence artificielle en quête de récit

Source: The Conversation – in French – By Frédéric Fréry, Professeur de stratégie, CentraleSupélec, ESCP Business School


L’ESSENTIEL

  • Le succès ou le rejet d’une technologie ne dépend pas que de ses qualités intrinsèques. La qualité du récit qui l’accompagne importe.

  • Après l’engouement pour ChatGPT, les récits autour de l’IA commencent à créer des peurs, de l’angoisse, de la défiance.

  • Ces discours, performatifs et quasi exclusivement états-uniens, masquent certaines questions essentielles.


Depuis les travaux fondateurs de l’économiste autrichien Joseph Schumpeter, la recherche en management de l’innovation souligne que ce qui distingue une invention d’une innovation, c’est sa diffusion. Or, cette diffusion dépend notamment de l’acceptabilité sociale de l’invention et de la manière dont ses usages sont perçus. Sans cette acceptabilité, l’invention risque d’être cantonnée aux expérimentations des scientifiques et aux spéculations des investisseurs. Cependant, pour obtenir l’adhésion, une innovation doit être portée par un récit capable de susciter l’intérêt, si ce n’est l’enthousiasme. L’intelligence artificielle illustre tout à fait ce phénomène : alors que son récit se cherche, son acceptabilité semble de plus en plus contestée.

En juillet 2026, le Monde diplomatique a consacré sa une à un titre volontairement provocateur : « Tout le monde déteste l’IA ». À l’émerveillement initial suscité par ChatGPT succède en effet une contestation portant sur les emplois, la consommation d’électricité et d’eau des centres de données, la vie privée et le pouvoir des entreprises technologiques. L’IA apparaît comme un « Moloch numérique » dont les coûts seraient supportés par la collectivité, tandis que ses bénéfices ne profiteraient qu’à une poignée d’oligarques.

En mai 2026, lorsqu’Eric Schmidt, l’ancien directeur général de Google, a expliqué à près de 10 000 diplômés de l’Université de l’Arizona que l’intelligence artificielle toucherait toutes les professions, des huées se sont élevées dans le public. Depuis, des discours consacrés à l’intelligence artificielle ont été sifflés dans plusieurs autres universités américaines. Selon une enquête de la Harvard Kennedy School, citée par l’Associated Press, environ 70 % des étudiants américains considèrent désormais l’IA comme une menace pour leurs perspectives professionnelles.

Des récits qui suscitent l’hostilité ?

Comment une technologie présentée par ses concepteurs comme porteuse d’une prospérité sans précédent en est-elle venue à susciter une telle hostilité ? Une partie de la réponse tient évidemment aux effets réels ou anticipés de l’IA sur l’emploi, l’éducation, l’information et l’environnement. Cependant, une autre réside dans les récits qui l’accompagnent.

On peut ainsi estimer que quatre grands récits – ou, plus exactement, quatre combinaisons de récits – structurent aujourd’hui le discours sur l’intelligence artificielle. Ces récits qui ne sont ni exclusifs ni parfaitement cohérents. Une même entreprise ou un même dirigeant peut en combiner plusieurs, parfois contradictoires.




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Récit n°1 : « L’IA va nous sauver… si elle ne nous détruit pas »

Le premier grand récit de l’intelligence artificielle est celui d’un pari civilisationnel : l’IA pourrait ouvrir une ère d’abondance et de progrès sans précédent, mais elle pourrait aussi provoquer des catastrophes majeures, voire échapper au contrôle humain.

Dans un texte publié en septembre 2024, Sam Altman, directeur général d’OpenAI, présente l’IA comme le moteur d’un progrès matériel et scientifique exceptionnel. Elle pourrait accélérer la recherche médicale, contribuer à résoudre des problèmes complexes et donner à chacun des capacités jusqu’ici réservées à quelques spécialistes.

En octobre 2024, Dario Amodei, directeur général d’Anthropic, développe une vision comparable. Il imagine des millions de copies d’une intelligence comparable à celle des meilleurs chercheurs, capables de comprimer plusieurs décennies de progrès scientifique en quelques années : médecine, neurosciences, santé mentale, dérèglement climatique ou lutte contre la pauvreté. Cependant, Dario Amodei accompagne cette promesse d’un discours alarmiste. Les mêmes modèles pourraient faciliter des cyberattaques, aider à la conception d’armes biologiques ou, comme la science-fiction nous l’annonce depuis des décennies (de 2001, l’Odyssée de l’espace à Matrix ou Terminator), devenir suffisamment autonomes pour échapper à notre contrôle.

Elon Musk : toujours plus loin

Elon Musk pousse cette logique beaucoup plus loin. En juillet 2026, dans un entretien accordé à The Economist, il compare notre situation future à celle des chimpanzés face aux humains : lorsque l’écart d’intelligence devient trop important, il devient difficile d’imaginer que les moins intelligents restent aux commandes. Selon lui, il existe un risque compris entre 10 % et 20 % que l’IA et les robots provoquent une catastrophe.

Cependant, il considère que même si un bouton d’arrêt existait, il ne faudrait pas l’actionner, car il est convaincu que le résultat le plus probable sera une « incroyable abondance pour tous » : l’IA et la robotique rendront progressivement le travail facultatif, permettront un revenu universel élevé et finiront même par rendre l’argent superflu. C’est le récit de « l’apocalypse heureuse » : la catastrophe est possible, les humains ne resteront probablement pas maîtres des systèmes, mais l’accélération doit tout de même se poursuivre, car elle est à la fois irrésistible et potentiellement merveilleuse.

Récit n°2 : « La démystification de la superintelligence »

Le chercheur Yann LeCun, ancien directeur de la recherche de Meta, défend pour sa part un contre-récit rationaliste. En février 2024, dans un entretien accordé au magazine Time, il a souligné que les grands modèles de langage ne disposent ni d’une compréhension robuste du monde physique, ni de véritables capacités de raisonnement et de planification comparables à celles des humains. Il juge peu crédible le scénario dans lequel une intelligence artificielle serait capable de prendre le contrôle du monde. Il défend également l’ouverture des modèles. Selon lui, de même qu’une démocratie a besoin d’une presse pluraliste, elle aurait besoin d’une pluralité de modèles et d’assistants.

Cette position n’est pas dépourvue d’intérêts industriels : elle a longtemps été cohérente avec la stratégie de Meta en faveur de modèles plus ouverts et reste compatible avec l’approche des « modèles mondes » défendue par Yann LeCun. Cependant, elle a le mérite de replacer le débat dans le domaine de l’ingénierie plutôt que dans celui de la prophétie. Les risques ne proviennent pas nécessairement d’une machine qui déciderait de dominer l’humanité, mais des propriétés que les ingénieurs lui donnent, des usages qu’autorisent les entreprises et des institutions chargées de l’encadrer.

France 24 – 2026.

Récit n°3 : « L’IA va nous augmenter, pas nous remplacer »

Microsoft a privilégié un récit apparemment plus modeste, celui du « copilote », selon lequel l’IA générative accompagne l’être humain plutôt qu’elle ne le remplace. Elle résume les réunions, prépare des documents, analyse des données et prend en charge les tâches répétitives. Il s’agit de donner davantage de capacité d’action aux salariés, de libérer leur créativité et d’améliorer leur productivité. La métaphore est habile : dans un avion, le copilote assiste le pilote sans lui retirer symboliquement les commandes.

Cependant, Microsoft ne parle pas seulement de copilotes, mais d’agents capables d’utiliser les données d’une organisation et de réaliser des séquences d’actions. Ce déplacement lexical est révélateur. Le copilote augmente le travail humain, alors que l’agent peut s’y substituer. Le récit de l’augmentation tend ainsi à reléguer au second plan les questions de pouvoir, de qualification et de partage des gains de productivité.

Récit n°4 : « La superintelligence pour tous »

Le 28 juillet 2026, Mark Zuckerberg est lui aussi entré dans la bataille des récits sur l’IA avec une tribune publiée dans le Wall Street Journal. Le PDG de Meta y affirme que la question décisive n’est plus de savoir si la superintelligence existera, mais qui pourra y accéder. Son récit est celui de la « superintelligence personnelle » : chacun pourrait disposer d’un assistant dépassant les capacités humaines, adapté à ses besoins et à ses valeurs. Il s’agit non seulement d’une vision technologique, mais aussi d’une tentative de rendre la rupture de l’IA de nouveau désirable. Sans renoncer à la promesse de la superintelligence, ce récit cherche à la rendre plus acceptable en promettant de la distribuer à chacun.

Cependant, cette démocratisation de l’usage ne garantit pas la démocratisation du pouvoir. Ce récit est cohérent avec les intérêts d’une plateforme mondiale comme Meta : des milliards de personnes peuvent utiliser un assistant personnel tout en restant dépendantes d’une poignée d’entreprises qui possèdent les centres de données, définissent les modèles et contrôlent les données nécessaires à leur apprentissage.

Quand les récits produisent leurs propres conséquences

Ces quatre récits n’expliquent pas à eux seuls l’apparent rejet de l’IA, également nourri par des expériences concrètes (menaces sur l’emploi, transformations imposées, erreurs, centres de données, consommation d’énergie, etc.), mais ils donnent une cohérence à ces inquiétudes. De plus, la focalisation sur l’asservissement ou l’extinction de l’humanité relègue au second plan des enjeux immédiats et bien réels : partage des gains, droits d’auteur, responsabilité, décision humaine, préservation des compétences et coûts environnementaux.

Par ailleurs, ces récits sont performatifs : ils ne décrivent pas seulement un avenir possible, ils contribuent à le produire en orientant les investissements, les comportements et les réglementations. Le récit de la perte de contrôle en fournit un exemple particulièrement frappant. En juillet 2026, l’AI Kill Switch Act a été présenté à la Chambre des représentants américaine. Cette proposition de loi imposerait aux développeurs des systèmes d’IA de conserver la capacité technique de les arrêter. Elle donnerait également au département de la Sécurité intérieure une autorité d’urgence pour ordonner l’arrêt d’un système susceptible de provoquer un dommage catastrophique. Ce projet de loi apparaît comme une traduction politique presque littérale du récit catastrophiste de la perte de contrôle.

Le récit du risque existentiel produit d’ailleurs un effet paradoxal, en renforçant les entreprises qu’il prétend encadrer. En effet, les principaux acteurs de l’IA apparaissent à la fois comme trop dangereux pour être laissés sans surveillance et trop stratégiques pour être réellement freinés. Le débat s’enferme alors entre deux options : laisser les principales entreprises se contrôler entre elles ou donner aux gouvernements le pouvoir exceptionnel d’arrêter leurs systèmes. Dans les deux cas, les citoyens restent largement spectateurs d’une transformation présentée comme inévitable.

Au-delà des récits

Chacun des quatre récits est marqué par une volonté plus ou moins affichée de préserver les intérêts des acteurs établis. En matière d’IA, les capitaux engagés sont tellement astronomiques que si les convictions peuvent être sincères, elles restent nécessairement compatibles avec les objectifs de ceux qui les défendent. Aucun récit industriel n’est totalement désintéressé et la vision affichée par une entreprise ne fait que refléter ses choix stratégiques.

De fait, le problème n’est peut-être pas de trouver le « bon » récit de l’intelligence artificielle, mais de cesser de présenter comme inéluctables des choix techniques, économiques et politiques. Il faut d’abord cesser de personnifier l’IA. Ces systèmes sont conçus, financés et déployés par des organisations humaines. Dire que l’IA veut, décide ou menace, tend à dissimuler ceux qui fixent ses objectifs, choisissent ses usages et en tirent les bénéfices.

Il faut aussi rappeler que le rythme de développement, l’ouverture des modèles, leurs domaines d’utilisation, la répartition des gains et les protections accordées aux individus ne sont pas des phénomènes naturels, mais des décisions qui doivent rester soumises au débat politique.




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Des récits états-uniens ou chinois

Enfin, les prophéties doivent céder la place à des questions concrètes : que souhaitons-nous automatiser ? Où maintenir une décision humaine ? Qui contrôle les infrastructures et les données, répond des erreurs et garantit des recours ? Comment mesurer les effets sur l’emploi, les compétences, l’environnement et les inégalités ? Comme le rappelle le pape Léon XIV dans l’encyclique Magnifica Humanitas, publiée en mai 2026, les innovations ne sont jamais neutres : l’enjeu est de savoir qui les déploie, selon quelles règles et au bénéfice de qui.

Il convient aussi de prendre conscience du caractère très américano-centré des quatre récits que nous avons présentés. Le discours officiel chinois offre, par exemple, un contraste révélateur : il ne décrit pas l’annonce d’une superintelligence salvatrice ou apocalyptique, mais l’intégration méthodique de l’IA dans l’économie réelle, au travers d’une politique industrielle volontariste et sous le contrôle de l’État. Ce modèle soulève d’autres questions, notamment sur la centralisation politique, la surveillance et la liberté d’expression, mais il rappelle que l’imaginaire américain de l’IA n’est pas le seul possible.

L’IA doit donc être considérée comme une technologie puissante mais gouvernable, dont les bénéfices doivent être démontrés plutôt que prophétisés. Ses promoteurs ne peuvent la présenter indéfiniment comme incontrôlable, inévitable et bénéfique : une technologie dépourvue de volant ne peut durablement être vendue comme un copilote.

The Conversation

Frédéric Fréry ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. L’intelligence artificielle en quête de récit – https://theconversation.com/lintelligence-artificielle-en-quete-de-recit-290957

Des organoïdes cérébraux complexes pour mieux comprendre les cancers du cerveau

Source: The Conversation – in French – By Michele Bertacchi, Chercheur Inserm, Institut de Biologie Valrose, Université Côte d’Azur, Université Côte d’Azur


L’ESSENTIEL

  • Les organoïdes sont des ébauches d’organes qui en reproduisent certaines caractéristiques.

  • Une équipe de recherche travaille sur des organoïdes cérébraux pour étudier le comportement de cellules de glioblastome (cancer du cerveau).

  • Améliorer ces modèles cérébraux pose des questions éthiques : pourraient-ils devenir des « mini-cerveaux » ?


Longtemps, les processus régissant le développement embryonnaire humain aux stades fœtaux précoces ont été difficilement accessibles, pour des raisons techniques et éthiques. Les chercheurs ont donc dû se tourner vers des modèles expérimentaux comme les animaux, utiles certes, mais parfois éloignés de la physiologie humaine. Une révolution a toutefois profondément transformé la biologie du développement ces dernières décennies : l’avènement des organoïdes. Il s’agit d’ébauches d’organes – du grec organon (« organe ») et – oïde (« qui ressemble à ») – c’est-à-dire de structures tridimensionnelles miniaturisées, dérivées de cellules souches pluripotentes cultivées en laboratoire, capables de reproduire certaines caractéristiques structurales et fonctionnelles d’organes humains (intestin, cerveau, rétine, foie, rein, pancréas, poumon et estomac notamment).

Dans le cas du cerveau, les organoïdes cérébraux sont des agrégats 3D de tissu neuronal, au sein desquels des cellules progénitrices génèrent des neurones. Ces neurones se différencient, se disposent en couches rudimentaires et établissent des connexions, formant des réseaux simplifiés. Ces derniers présentent une activité électrique spontanée qui rappelle, dans certaines limites, celle observée au cours du développement cérébral humain précoce (premier trimestre). Il s’agit donc d’une stratégie remarquable pour explorer des fenêtres du développement humain autrement inaccessibles.

Observer le développement cérébral dans une boîte de Petri

Lorsque j’ai rejoint le laboratoire du Dr Michèle Studer à l’Institut de Biologie Valrose (IBV) de l’Université Côte d’Azur, j’ai commencé à développer et utiliser cette approche pour étudier le développement du cerveau. C’est un outil extraordinaire, qui permet de modéliser in vitro, dans une boîte de Petri, des étapes du développement cérébral. Dans le cas de manipulations génétiques, il permet de comprendre comment ces processus précoces, particulièrement délicats, sont perturbés dans des pathologies conduisant à des troubles du neurodéveloppement, comme les troubles du spectre de l’autisme, la déficience intellectuelle ou certaines formes d’épilepsie. Plus simples et accessibles qu’un cerveau humain, ces systèmes facilitent le travail expérimental. Par exemple, pour étudier le rôle d’un gène impliqué dans le développement cérébral, il suffit de comparer des organoïdes dérivés de cellules souches non modifiées, utilisés comme témoins, avec des organoïdes dérivés de cellules souches génétiquement modifiées, par exemple par mutation ou invalidation du gène.

Cependant, une limite apparaît rapidement : ces organoïdes restent très simplifiés par rapport à un cerveau humain. Or, si la simplification est utile, elle ne doit pas occulter des propriétés essentielles de l’organe étudié. La communauté scientifique s’est rendu compte d’un aspect fondamental : les maladies du neurodéveloppement n’affectent presque jamais qu’un seul type cellulaire ou qu’une seule région du cerveau. Elles impliquent souvent plusieurs types cellulaires, plusieurs régions, et les interactions entre ces cellules. C’est dans ce contexte qu’a émergé une nouvelle approche : augmenter la complexité des organoïdes afin de mieux refléter l’organisation du cerveau in vivo.

Augmenter la complexité des organoïdes

Une stratégie consiste à générer séparément des organoïdes avec des identités régionales distinctes – par exemple, correspondants aux parties dorsale et ventrale du cerveau – puis à les fusionner. Ces systèmes, appelés « assembloïdes », reproduisent notamment la migration naturelle de neurones inhibiteurs de la région ventrale vers la région dorsale, où ils s’intègrent aux circuits neuronaux. Ce type de modèle permet ainsi d’étudier, de manière simplifiée, des phénomènes clés du développement, comme la migration neuronale et l’équilibre entre excitation et inhibition, souvent altérés dans des troubles neurodéveloppementaux tels que certaines épilepsies d’origine génétique. Des systèmes encore plus complexes ont été développés, combinant plusieurs régions du système nerveux et même des tissus périphériques. Par exemple, des circuits multiétapes reliant des structures de type cérébral, moelle épinière et muscle ont été reconstitués, permettant d’observer des contractions musculaires en réponse à une stimulation neuronale.

D’autres approches consistent à utiliser des morphogènes, molécules qui reproduisent les signaux chimiques guidant l’organisation du cerveau pendant le développement embryonnaire. Ces signaux fournissent aux cellules des « coordonnées spatiales », leur indiquant où se positionner et comment s’organiser, permettant ainsi un contrôle accru de l’organisation et de la « régionalisation » des organoïdes, c’est-à-dire la formation de plusieurs régions au sein d’un même organoïde, sans qu’il soit nécessaire de les développer séparément puis de les fusionner. Ces modèles restent très simplifiés, mais se rapprochent progressivement de la complexité des systèmes biologiques réels.

Au-delà des neurones, le cerveau comprend une grande diversité de types cellulaires. Parmi eux, les cellules endothéliales forment les vaisseaux sanguins qui irriguent le tissu cérébral et contribuent à la barrière hématoencéphalique, une interface essentielle qui régule les échanges entre le sang et le cerveau et protège ce dernier des agressions extérieures. Les interactions entre neurones et vaisseaux jouent un rôle majeur dans de nombreuses pathologies. Par exemple, dans le glioblastome, les cellules tumorales peuvent migrer le long des vaisseaux sanguins et altérer l’intégrité de la barrière hématoencéphalique. Nous avons récemment développé des organoïdes cérébraux enrichis en cellules endothéliales, permettant de reproduire des structures proches de capillaires au sein du tissu neuronal. Bien qu’il n’y ait pas de circulation sanguine dans ces modèles, la présence de structures vasculaires augmente significativement la complexité et l’hétérogénéité cellulaire, ouvrant la voie à l’étude de nouvelles interactions biologiques.

Mieux comprendre le glioblastome

En collaboration avec le laboratoire du Dr Thierry Virolle, directeur de recherche au sein du même Institut, ces organoïdes ont été utilisés pour étudier le comportement de cellules de glioblastome, notamment leur migration préférentielle vers des structures neuronales ou vasculaires selon leurs caractéristiques. En augmentant la complexité du système, nous avons pu mieux comprendre les dynamiques d’invasion tumorale, notamment en identifiant des interrupteurs moléculaires capables de rediriger les cellules de glioblastome vers différents types cellulaires. En définitive, les organoïdes complexes représentent une nouvelle génération de modèles biologiques, se rapprochant davantage de l’organisation réelle des organes qu’ils reproduisent.

Mais jusqu’où peut-on pousser cette complexité ? Cette question est aujourd’hui au cœur des réflexions du domaine, notamment sur le plan éthique. Les organoïdes constituent déjà une alternative en accord avec les principes éthiques, précieuse face à l’expérimentation animale, tout en étant plus représentatifs de la physiologie humaine. Cependant, à mesure qu’ils deviennent plus complexes et atteignent des niveaux de maturation plus avancés – comparables à certains stades plus tardifs du développement fœtal, notamment au deuxième trimestre – de nouvelles interrogations émergent. S’agit-il toujours de simples modèles expérimentaux, ou de systèmes biologiques dotés de propriétés plus avancées ? Les organoïdes cérébraux complexes seront-ils un jour capables de développer des formes d’activité assimilables à celles d’un cerveau humain miniaturisé ? Si cette perspective reste encore éloignée pour les organoïdes actuels, elle commence néanmoins à être sérieusement discutée au sein de la communauté scientifique.

The Conversation

Michele Bertacchi a reçu un financement du Centre français des 3R – GIS FC3R (Inserm).

Michèle Studer a reçu des financements de l’Institut National du Cancer – INCA (PLBIO-2022) et de la Fondation pour la Recherche Médicale (FRM) en tant que FRM Equipe.

– ref. Des organoïdes cérébraux complexes pour mieux comprendre les cancers du cerveau – https://theconversation.com/des-organo-des-cerebraux-complexes-pour-mieux-comprendre-les-cancers-du-cerveau-286707

Élections législatives en Suède : un vote sur la normalisation de l’extrême droite ?

Source: The Conversation – in French – By Marius Perrin, Doctorant en politique comparée, Sciences Po


L’ESSENTIEL

  • Depuis 2022, les Démocrates de Suède (SD, classés à l’extrême droite) soutiennent le gouvernement de droite en place, exerçant une influence majeure sur la politique migratoire, pénale et climatique du gouvernement de coalition.

  • Le virage à droite n’a toutefois pas produit de dynamique électorale durable : les partis de la coalition actuelle sont devancés dans les sondages par ceux de la gauche et du centre.

  • Les élections du 13 septembre pourraient donc ouvrir une période d’incertitude politique, l’opposition étant elle-même profondément divisée.


Le 13 septembre, les Suédois éliront leur Parlement, le Riksdag, ainsi que leurs conseils municipaux et régionaux. Il y a quatre ans, les élections de 2022 avaient semblé marquer un tournant décisif vers la droite de la vie politique du pays. Le long isolement du principal parti d’extrême droite, les Démocrates de Suède, avait alors pris fin à la faveur d’une coopération sans précédent avec la droite traditionnelle : sans participer directement au gouvernement, les SD le soutenaient au sein d’une coalition formalisée.

Au cours des quatre années écoulées, la coalition est restée remarquablement stable et a mis en œuvre une grande partie de son programme. Les élections de 2026 permettront de déterminer si le virage à droite de ces quatre dernières années représente un réalignement politique durable ou si, malgré son impact sur les politiques publiques, il n’a pas permis de gagner un soutien durable des électeurs.

De l’isolement politique à la cheville ouvrière de la droite

Fondés en 1988 au cœur de l’extrême droite suédoise, les Démocrates de Suède (SD) ont longtemps occupé une position marginale, exclus par un cordon sanitaire de toute collaboration politique. Cette trajectoire s’est infléchie avec l’arrivée à leur tête de Jimmie Åkesson en 2005 et le lancement d’une stratégie de normalisation.

Les SD ont franchi le seuil des 4 % nécessaires pour entrer au Parlement en 2010 et ont par la suite progressé à chaque élection nationale, jusqu’en 2022 quand ils sont devenus le deuxième parti de Suède avec 20,5 % des suffrages (derrière le parti social-démocrate, 30,3 %), devançant de peu Les Modérés (Moderata samlingspartiet ou Moderaterna – libéral-conservateur, 19,1 %).

Le système électoral proportionnel rendant les majorités parlementaires dépendantes d’alliances inter-partisanes, la montée des SD a profondément déstabilisé l’équilibre entre les traditionnels blocs de gauche et de droite. L’absence de majorité stable pour chacun des blocs a conduit à la formation d’accords inter-blocs complexes imposant de lourdes concessions, comme l’accord de janvier 2019 (januariavtalet), particulièrement délicat pour le gouvernement social-démocrate au pouvoir de 2014 à 2022 en raison notamment des clauses sur la libéralisation du marché locatif imposées par ses partenaires libéraux.

En 2022, maintenir l’isolement des SD était ainsi devenu de plus en plus difficile pour une droite qui ne pouvait plus envisager de revenir au pouvoir sans leur soutien. À la suite des élections, le Modéré Ulf Kristersson a formé un gouvernement comprenant Modérés, Chrétiens-Démocrates (KD, 5,3 %) et Libéraux (L, 4,6 %), et s’appuyant sur les SD. Cette coalition a été formalisée à travers l’accord programmatique dit de Tidö (Tidöavtalet). Tout en restant en dehors du gouvernement, les SD ont acquis une influence considérable sur son programme et un accès direct à la chancellerie.

Résultats des élections législatives en Suède de 2002 à 2022.
Fourni par l’auteur

Le gouvernement de Tidö : une rupture majeure dans l’histoire politique suédoise

La caractéristique la plus frappante de l’expérience Tidö est peut-être sa stabilité. Malgré une majorité parlementaire extrêmement faible de seulement trois mandats en comptant ceux des SD (sur 349 sièges au total) et le regroupement de partis aux profondes divergences idéologiques, la coalition a survécu à l’intégralité de la mandature, ce qui a permis au gouvernement de mettre en œuvre une grande partie de son programme. En 2025, ce dernier a ainsi indiqué que les ministères préparaient davantage de propositions législatives pour examen que durant toute autre année depuis 2000.

L’immigration et la justice pénale ont occupé une place centrale dans cette activité législative, ce que de nombreuses voix du monde juridique et universitaire ont dénoncé comme une rupture (par exemple, dans Aftonbladet ou dans Dagens Nyheter). Face à l’inquiétude croissante suscitée par le crime organisé, le gouvernement a renforcé les pouvoirs de la police et durci les sanctions pénales, tout en restreignant considérablement l’immigration et les conditions d’obtention de permis de séjour.

On peut citer comme exemples de telles mesures la prime de « remigration » (återvandringsbidrag) incitant les personnes migrantes résidant légalement sur le territoire à quitter le pays en échange d’une compensation financière, ou encore l’abaissement de la majorité pénale à 14 ans.

Le gouvernement a également largement abandonné les ambitions climatiques du pays, ce qui a conduit à une hausse des émissions de gaz à effet de serre en 2024. Ces réformes reflètent certes l’influence grandissante des SD, mais aussi un glissement plus large, au sein de la droite suédoise, vers des positions autrefois associées principalement à l’extrême droite.

Cependant, ce changement de cap ne se limite pas aux partis de Tidö. Les sociaux-démocrates (Sveriges Socialdemokratiska Arbetareparti ou SAP), dirigés par Magdalena Andersson, ont largement soutenu l’approche du gouvernement en matière d’immigration et de justice pénale, votant en faveur de 65 % de ses propositions sur l’immigration. Cette position nettement plus stricte se reflète dans le programme du parti social-démocrate, refondé en 2025 et notamment inspiré du voisin danois, connu pour sa radicalité en matière de politique migratoire. Ces quatre dernières années ont donc révélé le consensus grandissant entre les trois principaux partis suédois autour de ces questions.

Un virage à droite impopulaire ?

Pourtant, ni la mise en œuvre d’une grande partie du programme, ni ce consensus politique émergent ne semblent trouver d’écho auprès des citoyens, les partis de Tidö se retrouvant devancés par l’opposition dans pratiquement tous les sondages depuis 2023.

Les Libéraux, dont les sièges au Parlement sont essentiels à la coalition actuelle, ont constamment enregistré des intentions de vote inférieures au seuil des 4 % et pourraient donc perdre leur représentation parlementaire pour la première fois depuis leur fondation en 1934. Les Modérés et les Démocrates de Suède enregistrent aussi des intentions de vote légèrement inférieures aux résultats de 2022.

La faiblesse des partis de l’alliance interroge sur le virage à droite amorcé en 2022. Est-il allé plus loin que ce que les électeurs suédois étaient prêts à accepter ? Kristersson s’est désormais engagé, en cas de victoire, à former un gouvernement qui, pour la première fois, inclura les SD. Pourtant, près d’un électeur sur cinq du Parti modéré reste opposé à l’entrée des SD au gouvernement.

Des résistances similaires semblent émerger face à la politique migratoire actuelle. Cela s’est manifesté lors de la controverse sur les « expulsions d’adolescents » (tonårsutvisningar), concernant des jeunes ayant grandi en Suède et menacés d’expulsion à leur majorité. Une vaste campagne d’opposition a suscité une attention considérable et a fini par amener le gouvernement – ainsi que les sociaux-démocrates, qui avaient initialement soutenu cette politique – à faire marche arrière.

La politique étrangère est en revanche pratiquement absente de cette campagne, alors que les trois plus grands partis se sont rangés derrière la proposition d’adhésion du pays à l’Otan lancée, dans un revirement historique, par les sociaux-démocrates en 2022.

Remporter l’élection pourrait s’avérer plus facile que de gouverner

Une défaite de la coalition ne déboucherait pas nécessairement sur une alternative gouvernementale claire.

Les quatre partis d’opposition, allant du centre à la gauche, sont restés unis dans leur rejet des SD sans pour autant s’accorder sur un programme ou un gouvernement commun. Le Parti du centre, l’un des plus libéraux en matière de politique économique, refuse de soutenir un gouvernement incluant le Parti de gauche (Vänsterpartiet), héritier du parti communiste, tandis que ce dernier a affirmé qu’il n’accepterait plus de soutenir un gouvernement sans y participer lui-même. En outre, le parti a été confronté à une série de polémiques impliquant des candidats accusés d’antisémitisme ou de soutien au terrorisme, entraînant l’exclusion de plusieurs d’entre eux.

Ces controverses récentes ont permis à la droite de présenter une potentielle coalition que dirigerait Magdalena Andersson comme radicale et instable. Le recul des sociaux-démocrates dans les sondages ces derniers jours semble confirmer les difficultés de la gauche – même si l’on observe des divisions de plus en plus flagrantes ces dernières semaines au sein de la droite elle-même.

Une symétrie frappante s’est ainsi installée dans la campagne. Le SAP et ses alliés qualifient la coalition sortante de « gouvernement SD », en insistant sur l’influence de l’extrême droite, tandis que les partis de Tidö cherchent, à l’inverse, à axer le scrutin sur l’influence que le Parti de gauche exercerait sur un éventuel gouvernement Andersson.

Il pourrait donc être très difficile de former un gouvernement cohérent après le 13 septembre, alors que la gauche n’a plus obtenu de majorité en Suède depuis 2006.

Parallèlement, le système traditionnel fondé sur deux blocs se fragmente aussi au niveau local. Depuis 2022, près de la moitié des 290 communes suédoises sont dirigées par des coalitions dépassant les clivages traditionnels, parfois dans le but d’écarter les SD. Toutefois, la politique locale est aussi devenue un terrain de normalisation pour le parti : les SD ont intégré des coalitions dans 39 communes à la suite du scrutin de 2022.

Les élections du 13 septembre ne détermineront donc pas seulement qui gouvernera la Suède ; elles permettront également de mesurer l’ampleur de la transformation du paysage politique national et d’évaluer la pérennité de cette mutation.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Élections législatives en Suède : un vote sur la normalisation de l’extrême droite ? – https://theconversation.com/elections-legislatives-en-suede-un-vote-sur-la-normalisation-de-lextreme-droite-291067