¿Cuántas veces hacemos compras online innecesarias? Es que no compramos ropa, compramos felicidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Cuesta-Valiño, Catedrático de Marketing e Investigación de Mercados, Universidad de Alcalá

Dejan Sarec/Shutterstock

El comercio electrónico ya forma parte de nuestras rutinas y, para muchas personas, la compra online ha dejado de ser una alternativa para convertirse en su opción preferida de compra. La comodidad, la rapidez y el acceso inmediato a un catálogo casi infinito de prendas explican en gran medida este crecimiento. Pero, detrás de ese aparente “clic y listo”, hay algo más: ¿qué es lo que realmente nos empuja a querer comprar en una tienda de moda online?

En una investigación reciente, que hemos publicado en Journal of Consumer Behaviour, analizamos cómo la usabilidad del comercio electrónico, la satisfacción del usuario y la felicidad del consumidor son factores que explican por qué decidimos comprar moda online, y qué hace que queramos volver a hacerlo.

Una web que funcione y nos haga felices

Los resultados son claros: no compramos solo porque la web funcione bien. Compramos online porque eso nos hace sentir bien. Esta premisa cambia por completo la manera en que las marcas deben diseñar sus plataformas digitales: la experiencia digital ya no es solo funcional, también es emocional.

Al analizar el comercio electrónico, muchos estudios se centran en variables técnicas como la velocidad de carga, la facilidad de uso, la eficiencia en las búsquedas o la claridad en la información. Todos estos factores siguen siendo fundamentales, por supuesto. Pero nuestro estudio demuestra que no son suficientes para explicar por qué un consumidor decide, finalmente, comprar online un producto.

En otras palabras, que una web funcione bien no garantiza que queramos comprar en ella. Lo que sí lo hace es un componente menos evidente: la felicidad del consumidor. Este concepto no habla solo de estar “contento”, sino de dos formas distintas de bienestar.

  1. El placer inmediato: la satisfacción de encontrar una prenda que nos gusta, aprovechar una oferta o recibir el pedido en casa, que es lo que se conoce como felicidad hedónica.

  2. La felicidad eudaimónica: la sensación, más profunda y duradera, de satisfacción personal que aparece cuando compramos de acuerdo con nuestros valores y sentimos que estamos tomando decisiones acertadas y responsables.

Lo innovador de nuestro estudio es mostrar que ambos tipos de felicidad explican una parte muy importante de la intención de compra. Para las tiendas online, esto significa que deben preocuparse no solo por el funcionamiento de la web, sino por cómo hace sentir a los consumidores durante todo el proceso de compra.

La usabilidad importa por lo que genera

Los datos muestran que la usabilidad de la web no solo influye directamente en la intención de compra, sino también de forma indirecta al propiciar la satisfacción del usuario. Es decir, si la web es fácil de usar, intuitiva y rápida, la experiencia será fluida y esa fluidez genera satisfacción. La satisfacción es un primer paso hacia la felicidad del consumidor. Y la felicidad, a su vez, impulsa la intención de compra.

En otras palabras, la usabilidad actúa como una puerta de entrada a una experiencia más emocional. Cuando algo funciona bien no solo se evitan frustraciones a los usuarios sino que se sientan las bases para que el proceso sea agradable, incluso placentero.

¿Qué hace realmente feliz al consumidor online?

En nuestro estudio hicimos entrevistas para saber qué aspectos concretos del proceso de compra están detrás de esa felicidad del consumidor. Y dimos con cuatro elementos.

  1. El placer de encontrar algo perfecto: los entrevistados describieron la sensación de satisfacción inmediata que da descubrir una prenda ideal, un descuento inesperado o un artículo difícil de encontrar. Esos “pequeños momentos de alegría” impulsan la compra al generar felicidad hedónica.

  2. La sensación de control: elegir, comparar, personalizar y decidir genera la percepción de estar haciendo una compra inteligente, bien pensada. Esa satisfacción refuerza la fidelidad.

  3. La reducción de la incertidumbre: servicios como probadores virtuales, guías de tallas coherentes o una atención al cliente personalizada generan seguridad, lo que incrementa la satisfacción y la intención de compra.

  4. La alineación con valores personales: la coherencia entre la compra y los valores del consumidor –por ejemplo, sostenibilidad, transparencia o responsabilidad social– refuerza la conexión emocional con la marca y genera felicidad eudaimónica.

Satisfacción: el puente entre la técnica y la emoción

Los datos demuestran que la satisfacción del consumidor actúa como un eslabón clave: una web usable aumenta la satisfacción, una mayor satisfacción incrementa la felicidad, y la felicidad mejora la intención de compra.

En este sentido, la satisfacción deja de ser un simple indicador de “experiencia positiva” y se convierte en un elemento estructural en el proceso emocional del consumidor.

No se compran productos, sino experiencias que generan felicidad

El estudio ofrece varias conclusiones prácticas que deberían transformar la estrategia digital de las empresas de moda.

Por un lado, que la usabilidad no es un lujo, sino una necesidad. Los consumidores abandonan rápidamente una web lenta, confusa o poco intuitiva. Pero, además, una mala usabilidad rompe la cadena emocional que lleva a la compra.

En segundo lugar, la felicidad es un objetivo de negocio. Las marcas deben diseñar experiencias que generen placer inmediato y, al mismo tiempo, fomentar sensaciones de realización personal.

Por otra parte, la personalización es tecnología pero también empatía. Los consumidores valoran que la web les entienda, lo que incluye recomendaciones adaptadas, mensajes útiles, información relevante y procesos claros.

La sostenibilidad importa y mucho. Muchos compradores buscan coherencia entre sus valores y su comportamiento de consumo. Iniciativas de reducción de impacto ambiental se relacionan con mayores niveles de satisfacción y felicidad.

Por último, la confianza digital es un requisito emocional. La transparencia, la calidad de la información y la seguridad durante la compra fortalecen la intención de volver a comprar.

Un futuro más humano para el comercio electrónico

Si las empresas quieren competir en un entorno saturado, no basta con invertir en tecnología. Deben comprender cómo se sienten las personas cuando compran. Y eso implica repensar el diseño, la comunicación, la narrativa de marca y la propia experiencia de usuario.

Entender esto no solo ayuda a las empresas a vender más. También nos ayuda, como consumidores, a ser más conscientes de por qué compramos. Y de si realmente queremos hacerlo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Cuántas veces hacemos compras online innecesarias? Es que no compramos ropa, compramos felicidad – https://theconversation.com/cuantas-veces-hacemos-compras-online-innecesarias-es-que-no-compramos-ropa-compramos-felicidad-281959

Así se está extendiendo el cultivo del aguacate por España a pesar de sus consecuencias ambientales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaime Martínez Valderrama, Científico Titular, Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA – CSIC)

Aguacates en una plantación en Vélez-Málaga, Málaga, España. Anarociogf/Shutterstock

Como ocurre con otros alimentos rodeados de un aura casi milagrosa, la fiebre por el aguacate parece imparable. Son innegables sus propiedades nutritivas y su asociación con la categoría de los llamados “superalimentos”, definidos por la RAE como aquellos “a los que se les suponen propiedades beneficiosas para la salud añadidas a su valor nutritivo”.

Los denominados “superalimentos”un término más publicitario que científico–, caracterizados por su elevado contenido en antioxidantes, fibra, vitaminas y minerales, no solo se consumen por sus supuestos beneficios para la salud. Además, suelen percibirse como productos “naturales”, asociados a prácticas de manejo tradicionales desarrolladas y perfeccionadas por comunidades indígenas a lo largo de siglos o, al menos, sostenibles. Pero esto no siempre es así.

Incentivos que se traducen en la intensificación del cultivo

Las modas alimentarias generan nuevas demandas de consumo que, en un mundo tan conectado y tecnificado, se traducen rápidamente en la expansión de los cultivos más demandados. En España, la superficie dedicada al aguacate ha aumentado un 62 % en la última década, superando ya las 24 000 hectáreas. Además, este cultivo ha desbordado su ámbito tradicional –la Costa Tropical granadina y la Costa del Sol malagueña, donde aún se concentra el núcleo principal con unas 16 500 hectáreas– para extenderse hacia nuevos territorios.

Las Islas Canarias, pioneras y especialmente aptas para este cultivo, albergan alrededor de 1 400 hectáreas. A ellas se suman otras provincias andaluzas, como Cádiz (1 800 hectáreas), y la Comunidad Valenciana (4 200 hectáreas), donde el aguacate está sustituyendo progresivamente a los cítricos, hoy menos rentables pese a sus conocidas propiedades. Allí encuentra condiciones favorables, como la proximidad al mar –que reduce el riesgo de heladas– y determinadas áreas montañosas.

El crecimiento del consumo en España es igualmente notable: según el Panel de Consumo Alimentario en los hogares, pasó de 0,66 en 2010 a 2 kg en 2024 por habitante y año. Para satisfacer esta demanda, el mercado español depende en gran medida de las importaciones, que alcanzaron las 262 000 toneladas en 2024, de acuerdo con DATACOMEX.

Ello no impide que una parte importante de la producción nacional se destine a la exportación. Como ocurre con frecuencia en el mercado agroalimentario global, resulta perfectamente compatible –según la lógica de los mercados– exportar cerca de 140 000 toneladas de aguacate y, al mismo tiempo, importar producto procedente de lugares tan lejanos como Perú, origen del 66 % de los aguacates importados por España.




Leer más:
Las cualidades (¿afrodisiacas?) de la fruta de moda, el aguacate


Otros alimentos nutritivos, incluidos los de origen animal

Más allá de estos alimentos de corte exótico, lo cierto es que en el ámbito mediterráneo tenemos la suerte de contar con diversos alimentos con destacadas propiedades nutricionales, como el innegociable aceite de oliva o las humildes almendras. Como vemos, parece que este tipo de alimentos han de ser necesariamente vegetales, dado que muchas corrientes nutricionales y ambientales han proscrito la proteína animal.

En este sentido es necesario reivindicar uno de los alimentos más completos: el huevo. Su perfecto equilibrio proteico es utilizado como el estándar de referencia para evaluar la calidad de las proteínas de otros alimentos debido a su alto valor biológico y perfil completo de aminoácidos. Además, es una fuente de colina, crucial para el desarrollo cognitivo y la salud cerebral y tiene un alto poder saciante, con solo 70-80 kcal por unidad. Hay otros “superalimentos” de origen animal. El yogur, por ejemplo, es un aliado para mantener en forma nuestra microbiota, pieza fundamental de nuestra salud.

Aunque el consumo de carne en exceso está desaconsejado, lo cierto es que la proteína animal fue clave en nuestra evolución como especie. La inteligencia se sustenta en un cerebro que demanda mucha energía y requiere alimentos con alta densidad de nutrientes, como la carne. Esta fue la que permitió a nuestra especie acortar la longitud del intestino, reducir el tamaño de las mandíbulas y dedicar tiempo y energía a algo más que masticar y digerir fibras vegetales. Aún hoy sigue siendo un componente esencial de la alimentación humana. Un estudio reciente señala que la mayoría de los alimentos más ricos en micronutrientes esenciales –como hierro, zinc, ácido fólico, vitamina A, calcio y vitamina B12, cuyas deficiencias siguen siendo muy frecuentes a escala global– son de origen animal.

La cara B de productos que no son tan naturales

La realidad de los alimentos de moda –una lista cada vez más extensa y cambiante que que se actualiza constantemente– dista mucho de ser tan atractiva como sugiere la publicidad. Muchos de los beneficios para la salud que se les atribuyen carecen de un respaldo científico sólido, especialmente cuando se analizan a partir de ensayos controlados de intervención en humanos.

Desde el punto de vista ambiental, su expansión fuera de sus dominios naturales está generando impactos considerables. Cuando un cultivo como el aguacate abandona los ambientes tropicales, caracterizados por lluvias abundantes y relativamente regulares, para implantarse en regiones áridas, surgen elevadas necesidades de riego que ponen en riesgo el equilibrio hídrico de esos territorios.

El deterioro y descenso de las masas de agua subterránea en muchas de estas zonas productoras constituye una clara evidencia de ello. A este agotamiento del recurso hídrico se suman otros procesos de degradación, como la salinización de los suelos y la erosión derivada de la transformación de laderas abruptas, desprovistas de su cubierta vegetal para albergar nuevas plantaciones.




Leer más:
La espiral de la agricultura insostenible: de los milagros económicos a la precariedad socioambiental


Incluso en sus regiones de origen, donde estos cultivos están mejor adaptados a las condiciones ambientales, los impactos ecológicos son muy significativos al sobrepasar la disponibilidad de espacio y recursos.

Así, cuando la rentabilidad a corto plazo se convierte en el principal criterio de producción, tienden a imponerse el monocultivo –con la consiguiente pérdida de diversidad genética–, el uso intensivo de agroquímicos, la degradación progresiva del suelo y la tala indiscriminada de bosques para ampliar la superficie cultivada.

Una dieta variada y no basada en los alimentos de moda

Cada cierto tiempo surgen alimentos presentados casi como soluciones milagrosas capaces de resolver todos nuestros problemas de salud. Incorporarlos a la dieta puede ser positivo y enriquecedor, pero convertirlos en el eje exclusivo de la alimentación resulta contraproducente. Un enfoque nutricional más equilibrado pasa por mantener una dieta variada –tanto en el día a día como a lo largo de las estaciones–, basada en productos frescos y de temporada, evitando los ultraprocesados.

Desde el punto de vista ambiental, más importante que el producto en sí es comprender –aunque a menudo no resulte sencillo– cómo se produce ese alimento. No es comparable la carne procedente de macrogranjas con la obtenida de rebaños móviles que aprovechan distintos recursos pastables. Del mismo modo, no es equivalente consumir un aguacate cultivado en una pequeña explotación familiar con riego de apoyo que otro procedente de grandes monocultivos implantados sobre áreas previamente deforestadas.

The Conversation

Jaime Martínez Valderrama no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así se está extendiendo el cultivo del aguacate por España a pesar de sus consecuencias ambientales – https://theconversation.com/asi-se-esta-extendiendo-el-cultivo-del-aguacate-por-espana-a-pesar-de-sus-consecuencias-ambientales-280939

When AI giants go public, will ordinary investors know if they are along for the ride?

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Sara Ali, Research Fellow and Academic Database Advisor, Auckland University of Technology

NurPhoto/Getty Images

We’ve heard a lot about the artificial intelligence (AI) boom and how enormous amounts of money are being poured into companies building ever more powerful technologies.

That boom is now taking a new turn as major AI players edge closer to becoming publicly-traded companies.

According to reports, OpenAI is preparing to file confidentially for a public listing that could value the ChatGPT maker at hundreds of billions of dollars.
Rivals including Anthropic (Claude) and Elon Musk’s SpaceX – which just absorbed xAI (Grok) – are also moving toward the stock market.

What many people may not realise, however, is that, through retirement funds, pensions and other managed investments, they could end up owning shares in these giants – whether they choose to or not.

And while people might have moral concerns with the AI companies they’re tied to, the greater issue at play is about money, risk and who ends up holding it.

Where AI’s billions go

Building a cutting-edge AI system requires vast numbers of specialised computer chips, running nonstop in data centres that consume enough electricity to power a small city.

OpenAI plans to spend around US$50 billion on computing power in 2026 alone. In 2017, that same company spent roughly US$30 million, a 1,600-fold increase in less than a decade. OpenAI is targeting roughly US$600 billion in compute spending – or that in areas such as processing power, data storage and cloud infrastructure – through to 2030.

It’s not just OpenAI. The big technology companies are collectively expected to invest around US$650 billion in AI infrastructure in 2026. That’s roughly one-third of Australia’s annual GDP – or two-and-a-half times New Zealand’s – being committed to one technology bet in a single year.

All these expenses must be covered before the companies earn consistent profits. This is why they keep raising money – and why the question of where that money will eventually come from is enormously important.

In 2025, total investment in AI companies reached US$217 billion. Then, in just the first three months of 2026, private AI companies raised a further US$226 billion, surpassing the entire 2025 total in a single quarter.

Much of this was concentrated in three transactions: US$122 billion for OpenAI, US$30 billion for Anthropic and US$7.5 billion for xAI.

Together, these three deals alone accounted for 71% of all AI funding that quarter. Mega-rounds above US$100 million now make up 94% of all AI investment by value.

The funding has mostly come from large institutions: venture capital firms, sovereign wealth funds, and technology giants that can afford to take the risk. The gains and the losses stay within a small, specialist group.

When the AI sector goes public

Once a company is publicly listed, anyone can buy its shares.

More importantly, large index-tracking funds – widely used in Australia’s Super system and New Zealand’s KiwiSaver funds – automatically gain exposure to companies once they become large enough to enter the indices those funds follow.

In other words, they don’t get to decide whether it looks like a good investment; the index simply decides for them.

That matters for ethical investors, too. The thought of AI raises concerns about privacy, labour, misinformation and security. But unlike tobacco or gambling, it may prove difficult to exclude because it is being increasingly woven into the world’s largest listed companies.

There is, therefore, a case for asking whether these companies should trigger an opt-out mechanism for fund managers and regulators before the listings arrive.

Neither OpenAI, Anthropic, nor xAI has formally announced a stock market listing, and timelines remain uncertain. When that shift comes, the risk also shifts. The investors who funded the early stages of this race knew what they were getting into.

The people who will end up holding the shares through their pension funds or index trackers may not.

Index providers are rewriting the rules

Here is where the picture becomes more complex. Major index providers are changing their rules so newly listed mega-cap AI companies can enter key benchmarks much faster.

Nasdaq has already adopted a fast-track rule that allows a newly listed mega-cap company to join the Nasdaq-100 after just 15 trading days. S&P Dow Jones Indices is consulting on similar changes that would reduce the waiting period and waive profitability requirements for mega-caps.

These changes are reshaping the index system to funnel passive money into AI giants almost as soon as they list – and before most investors have had time to decide whether they belong in their portfolios at all.

So, what can ordinary investors do?

As they likely won’t be making the call themselves on whether to invest in an AI stock market float, they can put questions to the fund managers doing so on their behalf.

Those might be questions about whether the company is becoming more efficient, what their customer retention looks like, or how their leadership holds up under pressure.

OpenAI’s 2023 board crisis showed how unusual governance structures can create sudden instability.

There is no doubt the AI revolution is real and is changing economies in the same way it is changing our everyday lives.

But whether the AI boom will create lasting value for ordinary investors – or mainly provide an exit for early-stage insiders – is a question fund managers and regulators cannot afford to leave unanswered.

Before the listings arrive, they need to decide: should ordinary investors be automatically swept into the AI gamble, or should they have a choice?

The Conversation

Sara Ali does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. When AI giants go public, will ordinary investors know if they are along for the ride? – https://theconversation.com/when-ai-giants-go-public-will-ordinary-investors-know-if-they-are-along-for-the-ride-282963

We analysed the TikTok history of 142 men. Here’s what it taught us about the manosphere

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Krista Fisher, Research Fellow, Centre for Youth Mental Health, The University of Melbourne

Sarazh Izmailov/Pexels, The Conversation, CC BY-SA

Interest in the manosphere has recently surged yet again, with the recent Louis Theroux documentary catapulting the term “manosphere” back to the forefront of our cultural psyche.

The term has become a catchall for the most inflammatory content and communities in young men’s digital worlds. Alarm bells are ringing, but our understanding of what the manosphere actually is – where it begins and ends – has more questions than answers.

As concern grows, so does the ambiguity around how to define the manosphere and how young men actually experience it. Our policy responses, interventions and public discourse assume it’s one thing, one ideology, populated by one type of young man: a singular algorithmic journey from loneliness to radicalisation. It isn’t, and overlooking the complexity and nuance misses large parts of the problem.

So what is it instead? Our new research answers this question.

Simulations vs reality

Addressing ambiguity matters, whether you’re a researcher trying to measure the full spectrum of harm being experienced, or part of a community trying to talk about it with sons, brothers and friends. You cannot diagnose a problem without truly understanding it, and that means going into these online ecosystems to explore their bounds.

Previous research has included the use of dummy accounts to simulate internet use. These have been criticised by social media companies, who say the simulations don’t reflect the real experiences of users on their apps.

In response, our new research looked at the real TikTok viewing histories of 142 young men across Australia, the United States and the United Kingdom. We watched what they watched, 2,000 videos over the past month, and built a framework to map the full spectrum of masculinity content that young men encounter online.

It’s the first time academic research has used real user data in this space. It means we can respond to what young men and boys are actually seeing, rather than simulations of user experiences and what we think they’re seeing.

Almost half of the videos we analysed (44%) contained masculinity-related themes. Masculinity content fell into three distinct categories. Understanding these categories, how they escalate and who’s watching it makes tailored intervention possible, from policymakers to support services, and even the platforms themselves.




Read more:
How boys get sucked into the manosphere


Beginning the journey

The journey can start somewhere ordinary. Three videos. Same young man. Same day. Same algorithm.

In the first video, a young, buff man located in a gym, demonstrating to his audience the correct technique when completing the “perfect lying tricep extension”.

We called this tier “cultural touchpoints”. It includes gym, sport, fashion and dating tips content. It made up 38% of what young men in our study watched, making it the most common type of content.

On the surface, none of it raises alarm. But it quietly sets a norm. One type of male body, one set of male interests, one way of moving through the world.

Travelling deeper

In the second video, a shirtless young man delivers a motivational-style speech about gym and discipline. He argues that physical commitment produces results in other areas of life, such as earning admiration from his girlfriend and becoming a “superhero” to his future children.

We called this tier “masculine status” content. It constituted 6% of the videos we analysed.

Outwardly, it looks like self-improvement, motivational and informative content with messages of discipline, ambition, levelling up as a man.

Underneath, the rigid moulds become clear: muscularity, emotional suppression, financial abundance, the “high-value” male archetype.

Women are framed as rewards to be earned. The content is ideologically hardened, but also easy to miss.

The destination

In the third video, a male creator sarcastically warns his audience against peptides. He then proceeds to list the side-effects of “getting leaner, shredded and getting more bitches”, while showing the vials to the audience.

We called this tier “degrading health” content. It made up less than 1% of content.

Most of it violates TikTok’s own community guidelines prohibiting the promotion of peptide hormones, testosterone boosters, and content that demeans, endangers or advocates for self-harm.

This category includes overt misogyny and graphic depictions of violence against women.

It’s infrequent, but not isolated. This content sits at the end of a journey that began with a tricep extension tutorial.

Three videos. Three very different messages about masculinity and health. This is how the manosphere finds young men: through platforms they’re already on, creators they already follow and in a cultural language they appreciate.

Cultural touchpoints lay the foundation that make messages of misogyny, risk-taking, violence and hate not just palatable, but reasonable. Ideological shifts happen because it feels like much of the same.

Exploiting insecurities

The manosphere doesn’t create these pressures – it finds genuine unmet needs and exploits them for profit and views. Often girls, women and other minority groups are at the receiving end of that harm, as well as the boys and men themselves.

Our broader framework, in which these classifications are a part, gives researchers, regulators, and platforms a tool to identify and intervene across the full spectrum of young men’s digital lives, not just at the extremes.

Current moderation and regulation approaches are reactive. Content is removed once platform guidelines are violated, but often that comes too late, after thousands if not millions of users have already seen it.

This research makes early and tailored intervention possible, disrupting the masculinity content pipeline at different points along the spectrum, before young men reach the most extreme end.

For example, tech companies could embed this classification framework into the design of recommender systems to ensure an age appropriate user experience. Cultural touchpoint content may be appropriate for a 16-year-old, but masculine status and degrading health videos may not be, and thus should not be recommended to them. Our work provides a defensible evidenced standard for appropriate moderation and digital platform design.

Lastly, it helps create a shared language and collective understanding of the manosphere. We can talk about masculinity content in a way that aligns with young men’s actual digital experiences, and to build solutions that fit the problem.

The manosphere has spent years speaking directly to young men’s fears and insecurities, building narratives that are fluent, persuasive and hard to counter. We need to be just as fluent, delivering effective responses and alternative narratives grounded in what young men actually see, watch and feel.

This research is the first attempt to do that. Now we need to use these insights to expand our evidence on the manosphere’s harm, develop tailored solutions, call for platform reform and develop community resources to help protect the men and boys exposed to this content online.

The Conversation

Krista Fisher is affiliated with the Movember Institute of Men’s Health. Krista Fisher had support from the Polarization & Extremism Research & Innovation Lab (PERIL) and Diverting Hate when conducting this research.

Emily Lewis is affiliated with the Movember Institute of Men’s Health.

Zac Seidler has been awarded an National Health and Medical Research Council Investigator Grant. He is also the Global Director of Research with the Movember Institute of Men’s Health. He advises government on men’s suicide, masculinities, violence prevention and social media policy.

Cynthia Miller-Idriss and Ruben Benakovic do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. We analysed the TikTok history of 142 men. Here’s what it taught us about the manosphere – https://theconversation.com/we-analysed-the-tiktok-history-of-142-men-heres-what-it-taught-us-about-the-manosphere-282156

Nearly everything we use online is owned by big tech. There’s a better way forward

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Ashwin Nagappa, Postdoctoral Research Fellow, ARC Centre of Excellence for Automated Decision-Making and Society, Queensland University of Technology

Pachon in Motion/Pexels

Globally, users of digital media are increasingly locked into a handful of operating systems, app stores, and communication platforms. Most of us must choose between Apple, Windows, or Android. All of these are owned by American tech giants.

Much of private and government IT infrastructure – websites, mobile banking, nearly anything online you can think of – uses cloud services, such as Amazon Web Services, Cloudflare or Microsoft Azure. They might have locations worldwide, but these are also US companies.

Mobile phones, laptops, smartwatches and more are mostly made by American or Chinese companies. And it’s getting worse as tech companies embed artificial intelligence (AI) assistants directly into everyday devices, such as Google’s Gemini or Microsoft’s Copilot. They’re doing this in ways designed to further entrench users within particular ecosystems.

When a single cyber security update brought down Windows computers the world over in 2024, it was a stark reminder nobody should put all their IT eggs in one basket.

But what might that actually look like? The “digital sovereignty” movement in the European Union (EU) can show us the way. European countries are gradually breaking up with American tech giants and pushing for local AI development, all in the name of achieving digital autonomy.

What exactly is ‘digital sovereignty’?

A state’s sovereignty means to be able to govern itself. Extend that to the digital era, and we arrive at a concept that’s difficult to pin down, but broadly means being in charge of your own digital infrastructure.

Let’s take the European digital sovereignty strategy. It provides a roadmap for creating, owning and governing computer hardware, AI, software, and social media within the EU. Any tech providers would have to comply with core EU values of human dignity, freedom, democracy, equality, the rule of law, and respect for human rights.

The ultimate goal here is digital autonomy. It means reducing reliance on systems vulnerable to growing geopolitical and economic risks. If you make your own devices and host your data locally, you’re not at the mercy of multinational corporations whose interests may not align with your own.

Several prominent EU institutions have already ditched the Microsoft Office suite for official communication. Instead, they use European software such as Office EU or free open-source alternatives.

The EU is also making progress on Gaia-X, a local alternative to global cloud providers.

But these efforts come with major challenges. Large tech companies such as Alphabet (Google), Microsoft and Amazon are not watching idly. By promising local governments and organisations greater control, they’re tapping into the digital sovereignty discussion.

Researchers call this “sovereignty-as-a-service”. Through it, big tech is shaping digital sovereignty on terms that are favourable to them.

Alternatives already exist

Europe’s digital sovereignty strategy is a long-term, multi-country initiative that involves major financial, industrial and policy changes. Outside of the EU, countries including India, Brazil, Nigeria and South Africa are also pursuing digital sovereignty plans.

But for everyday users, much of it comes down to turning to viable alternatives to dominant tech platforms. Many already exist.

Decentralised social media ecosystems allow independently operated communities to communicate across shared protocols without being controlled by a single corporation. One such example is the Fediverse, which includes platforms like micro-blogging site Mastodon and video sharing site PeerTube.




Read more:
Decentralised social media offers an alternative to big tech platforms like X and Meta. How does it work? Podcast


Similarly, the AT protocol, which powers micro-blogging sites Bluesky and Eurosky, aims to separate social networking from platform ownership. It enables users to move identities, content and communities between services more freely.

Open-source office suites such as LibreOffice have provided alternatives to Microsoft Office for more than two decades.

It’s also increasingly possible to run AI systems locally on personal devices or private networks. This reduces reliance on cloud-based AI services controlled by big tech.

In other words, many of the technical foundations for greater digital autonomy already exist. The challenge lies with adoption and coordination. When Twitter was bought by Elon Musk, many users fragmented to other sites – from Mastodon and Threads to Bluesky and others. If your friends are all on different social media sites, which do you choose?




Read more:
Have you heard of the open source internet? The antidote to a capitalist web already exists


What can Australia learn from this?

Australia is in a similar position to the EU. We’re heavily reliant on foreign-owned digital infrastructure. We’re also increasingly exposed to the geopolitical tensions surrounding it.

Australia could take a leaf out of the EU’s book and develop its own roadmap for digital sovereignty. This would have to operate at both the policy and public levels.

Australia’s digital policy shouldn’t be dictated by large platforms or external geopolitical actors. There’s also a pressing need to promote local innovation for the future, such as investing in quantum computing.

Publicly funded organisations have already demonstrated Australia can invent globally significant technology. After all, Australia’s national science agency, the CSIRO, patented the technology that led to wifi. Universities and publicly funded institutions should be at the core of future tech innovation as well.

Most importantly, Australia is home to First Nations communities. Their governance systems have long operated through decentralised, relational, and autonomous forms of organisation.

Groups such as Maiam nayri Wingara and the HASS and Indigenous Research Data Commons have already developed internationally significant frameworks for Indigenous data sovereignty. These cover data governance, stewardship, collective benefit, and the rights of communities to control data about their peoples, lands and cultures.

We can learn from these. Respecting Indigenous sovereignty may also open a pathway for all Australians to rethink what our shared digital futures can look like.

The Conversation

Ashwin Nagappa receives funding from the Australian Research Council. He is a recipient of the 2024 AXA Post-Doctoral Fellowship (for the theme ‘Navigating misinformation and trust erosion in the digital age’).

Daniel Angus receives funding from the Australian Research Council through Linkage Project LP190101051 ‘Young Australians and the Promotion of Alcohol on Social Media’. He is a Chief Investigator with the ARC Centre of Excellence for Automated Decision Making & Society.

ref. Nearly everything we use online is owned by big tech. There’s a better way forward – https://theconversation.com/nearly-everything-we-use-online-is-owned-by-big-tech-theres-a-better-way-forward-282969

Health authorities are racing to contain Ebola in the DRC and Uganda. Here’s what’s making it so challenging

Source: The Conversation – Global Perspectives – By C Raina MacIntyre, Professor of Global Biosecurity, NHMRC L3 Research Fellow, Head, Biosecurity Program, Kirby Institute, UNSW Sydney

The Democratic Republic of Congo (DRC) is grappling with a rising Ebola epidemic, with almost 600 cases detected so far and more than 130 deaths.

Ebola is a rare virus that initially causes a fever, fatigue, muscle pain, then vomiting and diarrhoea. It can then progress to the hemorrhagic stage, with internal bleeding – which presents as blood in vomit and faeces – as well as bleeding as from parts of the body including the nose, gums, vagina and needle punctures.

Ebola primarily spreads through contact with bodily fluids such as blood, faeces and vomit. It can be contracted from contaminated surfaces or contact with bodies of those who have died, but can also spread by other routes including without contact.

This current outbreak, caused by the rare Bundibugyo strain, was first confirmed as Ebola on May 15. It was already estimated to have 246 cases at the time of this confirmation.

As surveillance efforts stepped up, it became clear the outbreak was more than double that size, with spread to Uganda.

So what are health authorities doing to get the virus under control and why is it such a challenge?

And what can health authorities in Africa, as well as the rest of the world, learn from previous outbreaks?

How did so many people get sick so quickly?

Ebola has a long incubation period of two to three weeks or longer. This means the number of infected people has likely been growing since at least March or April.

Our epidemic early warning system, Epiwatch, saw signals of unknown illness in the DRC on April 13, with reports of hemorrhagic fever noted even earlier on March 13.

The delay in diagnosing Ebola may have been due to initial testing targeting the more common Zaire strain of Ebola. Tests must be specific to Bundibugyo.

The DRC is also experiencing other serious outbreaks including mpox and measles, as well as malnutrition and chronic malaria.

These underlying factors can make epidemics more severe and harder to detect.




Read more:
WHO has declared mpox a global health emergency. What happens next?


How big did previous outbreaks get?

The worst Ebola epidemic in history was over 28,000 cases in the 2014 West African epidemic. More than 11,000 people died from this Zaire strain, as vaccines were not yet available at the peak of the epidemic.

In the DRC, the last epidemic of 64 cases was in late 2025. The largest epidemic in the DRC was in 2018-2019 with more than 3,000 cases. These were both the Zaire strain.

There have only been two other Bundibugyo outbreaks. The first, in 2007 with 149 cases, was in the Bundibugyo District of western Uganda, near the DRC border. The second, in 2012, was in the DRC, with 57 cases. The current Bundibugyo epidemic is already the largest in history.

While Bundibugyo is not as lethal as the Zaire strain, it can kill 30–50% of infected people. The fatality rate in this epidemic appears close to 30%, with 139 deaths reported from almost 600 cases.

Unlike the Zaire strain, for which there are treatments and vaccines, there are no approved drugs or vaccines for the Bundibugyo strain.

However, the World Health Organization has sponsored clinical trials of a monoclonal antibody and the antiviral remdesivir, a drug which is also used for COVID.

We may see higher fatality rates unless non-pharmaceutical measures ramp up.

How can it be stopped?

The epidemic can be stopped by coordinated surveillance and containment. This is by identifying cases, isolating them so they cannot infect others, tracing their contacts and quarantining them.

In 2014, these measures alone controlled the Ebola epidemic at a time when no treatments or vaccines were available. This means health system capacity is the key to epidemic control.

There were not enough beds for Ebola patients in the 2014 epidemic, so health authorities built tent hospitals to help bring the epidemic under control. This could be considered if hospitals are overwhelmed.

The DRC has limited capacity to diagnose Ebola, so it’s important to scale up surveillance and testing. A clinical case definition (such as “fever and bleeding means a probable case”) can be used if testing is not available.

Simple surveillance systems – such as open-source intelligence, where community chatter and local news reports can provide signals of epidemics – can help. So can providing incentives for communities to report suspected cases.

It’s also essential to communicate and work with communities and community leaders from the ground up. In the 2014 epidemic, locals murdered eight Ebola workers who provided health education, showing how important trust and community relationships are.

Health workers, close contacts and funeral attendants need extra precautions

Ebola is predominantly spread by contact with blood and bodily fluids. Those most at risk are close contacts of patients with Ebola, health workers and people attending funerals, which often involves touching the body.

At least four health workers have been infected, including one American missionary doctor.

Given the high fatality rate, health workers should be provided the highest level of personal protection.




Read more:
How are nurses becoming infected with Ebola?


What can other countries do?

Ebola is a concern for all of us, because travel can result in infections occurring in any country. During the 2014 West African epidemic, cases also occurred outside the main affected countries, the largest number in Nigeria.

Failure to initially diagnose a case in Texas resulted in four other people becoming infected, including health workers.

Whether facing hantavirus or Ebola, emergency departments need tools to improve their awareness of and ability to prevent hospital outbreaks.

Busy staff in emergency triage may send someone with a fever back to the waiting room for hours, not realising they have travelled recently and may have a serious infectious disease. In South Korea, a person with the deadly Middle Eastern Respiratory Syndrome (MERS) virus was in the emergency department for many hours, and a huge outbreak resulted.

One useful tool for hospitals is a decision-support system used during triage that prompts staff to ask for a patient’s travel history and provides data on disease outbreaks in the country of travel. This means patients with deadly infections may be isolated before they can infect others.

Another concern is that if the outbreak becomes much larger, there may be survivors who still harbour the virus for many months or longer after recovery. They could continue to infect others after this epidemic is over if they come into contact with bodily fluids such as semen, amniotic fluid or breast milk, as well as fluids from the placenta or eye.

The WHO declaring a public health emergency of international concern helps, as it activates a range of additional measures and resources for outbreak control.




Read more:
Ebola survivors struggle to return to normal lives: what I found out in Sierra Leone and Liberia


The Conversation

C Raina MacIntyre is the founder of EPIWATCH Global Pty Ltd which tracks global epidemics. She receives funding from NHMRC Investigator Grant 2016907 and NHMRC Centre for Research Excellence GNT2006595.

Ashley Quigley, Mohana Priya Kunasekaran, and Noor Jahan Begum Bari do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Health authorities are racing to contain Ebola in the DRC and Uganda. Here’s what’s making it so challenging – https://theconversation.com/health-authorities-are-racing-to-contain-ebola-in-the-drc-and-uganda-heres-whats-making-it-so-challenging-283276

Más allá del debate sobre la conquista: una olvidada “recíproca amistad científica” entre España y México

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Miguel Nepote González, Coordinador de Proyectos Especiales del Museo de Ciencias Ambientales, Universidad de Guadalajara

Mariano Bárcena (1842-1899), principal gestor de la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Wikimedia Commons, CC BY

En la historia compartida entre España y México existe un episodio que hemos olvidado casi por completo, pero que ilustra lo que pensaba el escritor serbio Milorad Pavic: “el pasado siempre está a punto de ocurrir”. En la Ciudad de México se inauguró, a finales de 1894, la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Su principal gestor, Mariano Bárcena, aseguró que con ese proyecto se establecía un “lazo de recíproca amistad científica” entre España y México.

España y México: conversación intermitente

En febrero de 2019, el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, envió una carta al rey de España, Felipe VI, donde proponía:

“que el Reino de España exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados y que ambos países acuerden y redacten un relato compartido, público y socializado de su historia común, a fin de iniciar en nuestras relaciones una nueva etapa”.

A partir de entonces, la comunicación oficial entre ambos países se mantuvo en una especie de pausa. Hasta inicios de 2026, cuando la actual presidenta de México, Claudia Sheinbaum, envió una nueva misiva al monarca para invitarlo a viajar a México durante la Copa Mundial de Fútbol. Finalmente, Felipe VI aceptó asistir al partido de España contra Uruguay, que tendrá lugar a finales de junio en la ciudad de Guadalajara.

Un pasado común por descubrir

Es posible localizar un ejemplo tangible de esos “vínculos” en el surgimiento de una institución fundada en Madrid, por real decreto, el 25 de febrero de 1847. Se trata de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España, que reunió a buena parte de los personajes de mayor talento intelectual de aquella nación: Cipriano Segundo Montesino y Estrada, pionero de la ingeniería industrial en España; el matemático, dramaturgo y político José Echegaray y Eizaguirre, primer español en ganar un Premio Nobel; el fascinante físico experimental Blas Cabrera y Felipe, quien fue amigo de Albert Einstein; o el incombustible Santiago Ramón y Cajal, quien fue elegido como miembro a finales de 1895 y tomó posesión el 5 de diciembre de 1897.

Ocurrió justamente en la época en que miembros de dicha Academia, como el ingeniero en minas Daniel Francisco de Paula Cortázar y Larrubia y el matemático y astrónomo Miguel Merino y Melchor, establecieron una amistad con un personaje nacido en México y que había llegado a Madrid hacia 1886: Vicente Riva Palacio. Este general militar, abogado, poeta, historiador, cuentista, político y novelista entonces iniciaba la carrera de diplomático, luego de haber sido nombrado “enviado extraordinario y ministro plenitpotenciario” de México en Madrid, para construir puentes que unieran a estas dos naciones.

“Lazo de recíproca amistad científica”

En el México del siglo XIX, Riva Palacio había sido el artífice de la creación de sus instituciones científicas de mayor importancia: el Observatorio Meteorológico Central (1876) y el Observatorio Astronómico Nacional (1878). En ambas había contado con la inteligencia de los ingenieros Mariano Bárcena y Ángel Anguiano.

En Madrid, Riva Palacio participó en una reunión con representantes de los pueblos hispanoamericanos para la celebración del cuarto centenario del descubrimiento de América. En el transcurso de este evento, el enviado propuso la fundación, en México, de una extensión de la Real Academia de Ciencias Exactas española.

El proyecto se lo encargó a Mariano Bárcena, quien habría de recordar en su discurso durante la inauguración de la Academia, que así fue como “surgió la idea de establecer en América algunos centros científicos, que puestos en relación constante con los de España, produjesen bienes recíprocos y cooperasen al adelanto de los pueblos que reconocían el mismo origen”.

En el Archivo histórico de la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco Juan José Arreola es posible encontrar huellas de la historia olvidada de la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Se inauguró el 24 de noviembre de 1894 con una ceremonia donde Mariano Bárcena reconoció y agradeció “la grandeza de España”, identificando que:

“las ciencias son fuentes perennes de bienestar y los lazos más indisolubles de fraternidad entre las naciones que las cultivan. En efecto, nada puede ser dirigido con acierto sin el auxilio de las ciencias exactas; porque los números tienen que ordenarlo todo, y son la base indispensable de cualquier problema, aun social o económico”.

Ciencia hispanoamericana, olvidado pasado compartido

Sus socios se reunían cada quince días para organizar conferencias públicas. Seguían un estricto turno de lectura y desarrollaron un amplio espectro de asuntos, desde las patentes de invención o la importancia del cálculo de probabilidades, hasta el levantamiento exacto de la Carta de la República Mexicana.

Esta olvidada Academia sobrevivió poco más de diez años y mantuvo un par de publicaciones periódicas: Anuario y Anales. En ellas se publicaron mas de cincuenta investigaciones de distintos ámbitos, desde los estudios geográficos hasta la medicina, pasando por la astronomía, geología, química, física y múltiples ingenierías.

Y entre la fantástica miscelánea de asuntos, hay uno que merece destacarse. En la charla pública del 7 de septiembre de 1896, el ingeniero Manuel Fernández propuso la creación de la Universidad de México. El objetivo no era otro que procurar los conocimientos científicos que se necesitaban en el país para modificar su dependencia exterior en materia científica.

Una dependencia compartida con España, en opinión del físico e historiador José Manuel Sánchez Ron, quien en su libro El país de los sueños perdidos, dedicado a la historia de la ciencia en España, afirma: “en Hispanoamérica somos, sobre todo, consumidores-importadores de ciencia y tecnología, pero no creadores”.

La innovadora idea de fundar una gran universidad mexicana tardaría aún más de 10 años en materializarse. Concretamente, hasta que el filósofo, abogado y escritor Justo Sierra presentó la Ley Constitutiva de la Escuela Nacional de Altos Estudios. Y, poco después, el proyecto para fundar la Universidad Nacional, precedente inmediato de la actual Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Recordar la olvidada existencia de la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales es una invitación a no borrar la historia de colaboración científica que ha unido a España y México. Sus resultados, como asegura Sánchez Ron en su colosal obra, nos permiten descubrir que “lo mejor de la contribución española a la ciencia universal se hizo en América”.

The Conversation

Juan Miguel Nepote González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Más allá del debate sobre la conquista: una olvidada “recíproca amistad científica” entre España y México – https://theconversation.com/mas-alla-del-debate-sobre-la-conquista-una-olvidada-reciproca-amistad-cientifica-entre-espana-y-mexico-241542

Por qué entender la IA será tan importante como aprender a leer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bárbara Castillo Abdul, Docente e Investigadora Senior, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Durante años, la alfabetización mediática ha sido considerada una competencia esencial para desenvolverse en entornos digitales. Consiste en aprender a identificar fuentes fiables, a contrastar información o detectar contenidos engañosos.

Sin embargo, en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial en los procesos de acceso, producción y circulación del conocimiento, el ecosistema informativo se ha transformado y las competencias citadas no son suficientes.

Tradicionalmente, los usuarios interactuaban con contenidos relativamente identificables, producidos por emisores reconocibles y bajo lógicas editoriales más o menos transparentes. Hoy, esa relación ha cambiado de forma sustancial. Cada vez con mayor frecuencia, los usuarios no acceden a información que deben interpretar, sino que interactúan con sistemas que la sintetizan, reorganizan y generan en tiempo real.

¿Por qué responde ChatGPT lo que responde?

Por ejemplo, hace algunos años una persona que quería informarse sobre vacunas, salud mental o alimentación saludable podía leer noticias en distintos medios digitales, consultar artículos científicos o comparar la opinión de expertos. El pensamiento crítico consistía en evaluar quién producía la información, desde qué medio se difundía y con qué intención.

Hoy, ese mismo usuario puede preguntarle directamente a ChatGPT o a otro sistema de inteligencia artificial: “¿Las vacunas son seguras?”, “¿Cómo sé si tengo ansiedad?” o “¿Qué dieta es mejor para mí?”. En pocos segundos recibe una respuesta clara, estructurada y aparentemente fiable. Sin embargo, muchas veces desconoce qué fuentes utilizó el sistema, qué información priorizó, qué datos omitió o qué sesgos pueden influir en la respuesta generada.

La diferencia es profunda: antes, el pensamiento crítico se dirigía principalmente al contenido; ahora también debe dirigirse al sistema que produce y organiza el conocimiento. De hecho, investigaciones recientes advierten que la creciente dependencia de sistemas de inteligencia artificial puede modificar la forma en que las personas evalúan información y toman decisiones, especialmente en ámbitos sensibles como la salud y el bienestar.

Un uso acrítico de la IA

Sabemos que el uso de la IA mejora la eficiencia en la producción de contenidos, pero también tiende a desplazar el juicio crítico hacia la confianza en el sistema, especialmente cuando los resultados se presentan de forma coherente y verosímil.

Este fenómeno se extiende más allá del ámbito educativo: la rápida adopción de estas tecnologías está transformando las dinámicas de acceso a la información, generando nuevos desafíos en términos de transparencia, equidad y gobernanza del conocimiento.

Entender la mediación algorítmica

La inteligencia artificial no solo facilita el acceso a la información, sino que interviene activamente en su construcción. Este cambio no es menor. Supone el paso de un modelo basado en la interpretación de contenidos a otro en el que la mediación algorítmica ocupa un lugar central. En este contexto, la fuente puede volverse más difusa, la autoría menos visible y la lógica de producción del conocimiento más opaca para los usuarios.

Por eso, la comprensión de los sistemas algorítmicos resulta tan relevante como la evaluación de los contenidos, y la alfabetización digital y mediática debe incluir la alfabetización en inteligencia artificial, un campo emergente que integra dimensiones técnicas, críticas y éticas.

¿Qué es la alfabetización en inteligencia artificial?

Dicha alfabetización va más allá de saber utilizar herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot. No se trata únicamente de aprender a escribir mejores instrucciones o de obtener respuestas más rápidas, sino de comprender cómo estos sistemas producen información, qué límites tienen y qué implicaciones sociales, éticas y cognitivas pueden generar.

En términos prácticos, una persona alfabetizada en IA debería ser capaz de comprender, al menos de forma básica, cómo funcionan los sistemas algorítmicos, qué papel desempeñan los datos en la generación de respuestas, por qué pueden aparecer sesgos o errores y cómo la automatización influye en la manera en que interpretamos la realidad y tomamos decisiones.




Leer más:
La economía de la mentira: la desinformación generada por IA puede frenar el crecimiento real y socavar la cohesión social


Nuevas competencias críticas

Esto implica desarrollar nuevas competencias críticas: cuestionar la aparente neutralidad de las respuestas generadas por IA, identificar cuándo una respuesta requiere verificación adicional, reconocer los riesgos de delegar excesivamente el pensamiento en sistemas automatizados y comprender que estas tecnologías no “piensan”, sino que producen resultados a partir de patrones y probabilidades.

Ahora mismo existe una brecha entre estas transformaciones y las prácticas educativas. Mientras se persigue que los estudiantes sean capaces de analizar contenidos y desarrollar competencias de alfabetización mediática e informacional, tal y como promueven organismos como la UNESCO y marcos educativos vinculados a la competencia digital, no siempre se les está proporcionando herramientas para comprender los procesos mediante los cuales esos contenidos son generados.




Leer más:
¿Cómo saber si un estudiante ha aprendido, aunque use inteligencia artificial?


Cómo se construye el conocimiento

Lo que está en juego ya no es únicamente una competencia digital, sino la capacidad de las sociedades para comprender quién organiza, prioriza y legitima el conocimiento en entornos cada vez más automatizados.

Los individuos pueden creer que toman decisiones plenamente informadas cuando, en realidad, dependen de sistemas cuya lógica interna no conocen. Esto no solo afecta la forma en que consumimos información, sino también la capacidad de las sociedades para participar críticamente en ámbitos como la salud, la política o la comunicación pública.




Leer más:
La ilusión de libertad en internet: 8 maneras en las que la red moldea nuestras decisiones


Para que los ciudadanos alcancen esta alfabetización en IA, el aprendizaje debería comenzar progresivamente desde la escuela e integrarse de manera transversal en distintas etapas educativas y programas de formación ciudadana, no solo desde áreas tecnológicas, sino también desde materias vinculadas a la comunicación, la ética, las ciencias sociales y la ciudadanía digital.

La población adulta también necesita espacios de formación y divulgación que permitan comprender críticamente el funcionamiento de estas tecnologías, especialmente en ámbitos sensibles como la salud, la información política o la educación.

La responsabilidad no recae únicamente en los sistemas educativos. Gobiernos, universidades, medios de comunicación, plataformas tecnológicas y organismos internacionales también tienen un papel clave en el desarrollo de una ciudadanía capaz de interactuar críticamente con la inteligencia artificial. En un contexto donde los algoritmos participan cada vez más en la organización de aquello que vemos, pensamos y creemos saber, entender cómo funcionan deja de ser una competencia especializada para convertirse en una necesidad democrática.

The Conversation

Bárbara Castillo Abdul no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué entender la IA será tan importante como aprender a leer – https://theconversation.com/por-que-entender-la-ia-sera-tan-importante-como-aprender-a-leer-281933

Viajando envejecemos más despacio, según un nuevo estudio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Esteban Ruiz, Profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

DavideAngelini/Shutterstock

No cabe duda de que viajar nos supone un esfuerzo y un cambio considerable en nuestra rutina diaria, con el desorden que conlleva. Pero es curiosa esa sensación tan agradable de llegar a casa así, como descansados, después de un viaje de ocio, y sentir que venimos con las pilas cargadas.

Cuando hacemos turismo, regresamos con más energía, dormimos mejor y tenemos la impresión de que algo en nosotros se ha “reordenado”, en lugar de desordenarse. Pero ¿es solo una sensación o viajar puede influir realmente en nuestra salud?

Un grupo de investigación australiano ha propuesto que las experiencias agradables que vivimos cuando viajamos contribuyen a un envejecimiento más saludable, ya que ayudan al organismo a mantener un estado fisiológico más equilibrado. Curiosamente, lo justifican recurriendo a un concepto cuando menos llamativo: la entropía.

¿Entropía y salud?

En física, la entropía describe la tendencia natural de los sistemas al desorden. Trasladando la idea a nuestro cuerpo, los investigadores australianos plantean que la salud corresponde a un estado “ordenado”, mientras que el envejecimiento y la enfermedad reflejan una pérdida progresiva de organización.

Según esta propuesta, las experiencias positivas como viajar, caminar, interactuar con otras personas o exponerse a entornos nuevos podrían ayudar al organismo a mantener su equilibrio interno. La hipótesis es sugerente y conecta con algo que bien sabemos y es que el envejecimiento saludable no sólo depende de nuestra genética, sino también de los hábitos cotidianos y de los cambios que introduzcamos en nuestra rutina.

Viajar y envejecimiento saludable

Más allá de la entropía, la evidencia científica sí muestra que determinadas formas de viajar pueden aportar beneficios reales, especialmente en personas mayores.

Tras analizar 66 estudios diferentes, una revisión sistemática publicada hace unos meses concluía que el turismo puede favorecer el bienestar, la satisfacción vital y la calidad de vida de las personas mayores. Los efectos positivos aparecen asociados a la actividad física, la interacción social, la estimulación cognitiva, el contacto con la naturaleza y la ruptura de la rutina.

Puesto que muchos viajes implican caminar más, orientarse por lugares desconocidos, conversar con personas nuevas y salir temporalmente de hábitos sedentarios, no es de extrañar que con ello se activen procesos físicos y mentales importantes para un envejecimiento saludable.

Como los propios autores indican en su trabajo, el concepto de envejecimiento saludable, promovido por la Organización Mundial de la Salud, pone el foco en mantener durante el mayor tiempo posible las capacidades físicas, cognitivas y sociales. En otras palabras, no se trata solo de vivir más años sino de mantener autonomía, relaciones sociales y calidad de vida.

El problema de la “entropía”

En relación con la entropía, conviene no exagerar las conclusiones. El principal problema del marco teórico basado en la entropía es que mezcla niveles físicos, biológicos, psicológicos y sociales bajo una misma idea de “desorden”, pero sin explicar claramente cómo se conecta ese concepto entre ellos.

En otras palabras: la idea funciona bien como metáfora, pero todavía no como teoría demostrada. Los propios autores reconocen que faltan estudios experimentales sólidos y que gran parte de la investigación actual se basa en encuestas o aproximaciones conceptuales y en una narrativa descriptiva.

Y, más aún, no existe, al menos por ahora, una medición objetiva que permita afirmar que viajar “reduce la entropía” del organismo en sentido científico. El riesgo es caer en una especie de pescadilla que se muerde la cola, en el sentido de que si algo mejora la salud, entonces se dice que “reduce la entropía”. Y si empeora, que la aumenta.

Beneficios y riesgos

Tal vez no necesitemos recurrir a conceptos grandilocuentes para entender por qué viajar puede hacernos bien, pues se sabe que envejecer de forma saludable depende en gran medida de mantener el cuerpo y la mente activos, reducir el aislamiento social, manejar el estrés y conservar la curiosidad por el entorno.

Sin lugar a dudas, muchos viajes, especialmente aquellos que combinan movimiento, descanso y conexión social, reúnen precisamente esos ingredientes. Pero también existen riesgos y eso no significa que cualquier escapada sea automáticamente terapéutica.

Estos mismos trabajos que nos hablan de los beneficios terapéuticos de viajar también nos recuerdan que viajar implica riesgos como infecciones, accidentes, agotamiento o experiencias negativas.

Viajar nos pone las pilas

La neurociencia reciente puede ayudarnos a entender cómo viajar nos pone las pilas. Una posible explicación es que los nuevos estímulos que recibimos durante el viaje activan el sistema de recompensa cerebral.

Un estudio, basado en la activación en nuestro cerebro del sistema de recompensa, nos dice que cuando algo es nuevo lo preferimos aunque ya conozcamos opciones más cómodas y familiares.

Por ejemplo, imagine que todos los días desayuna el mismo cereal, pero un día ve un cereal nuevo en la tienda y, aunque sabe que el suyo es bueno, es probable que sienta curiosidad y quiera probar el nuevo solo porque es diferente.

Cuando viajamos, nuestro cerebro experimenta esto constantemente. En lugar de ver solo nuestra casa y lo conocido, disfrutamos de espacios nuevos; en lugar de escuchar solo los sonidos de nuestro barrio, nos relacionamos en otros idiomas; en lugar de comer siempre lo mismo, probamos platos realmente nuevos y diferentes.

La novedad activa dos mecanismos cerebrales cruciales, que trabajan conjuntamente y que representan vías distintas que mejoran experiencias novedosas.

Por un lado, induce la liberación de dopamina en el hipocampo, lo que promueve la memoria. Esto significa que no solo recordamos mejor las experiencias de viaje, sino que el proceso mismo de crear estas memorias nos genera una sensación de vitalidad. Además, las neuronas noradrenérgicas de la región cerebral llamada locus cerúleo liberan noradrenalina en el hipocampo al mismo tiempo, potenciando aún más la retención.

Como escribió el viajero Ibn Battuta, “viajar te deja sin palabras y después te convierte en narrador de historias”. Visto así, cada escapada no detiene el paso del tiempo, pero puede ayudarnos a que ese tiempo merezca un poco más la pena.

The Conversation

Francisco José Esteban Ruiz recibe fondos para investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) bajo el proyecto PID-156228NB-I00, y de la Consejería de Salud y Consumo, Junta de Andalucía (PIP-0113-2024).

ref. Viajando envejecemos más despacio, según un nuevo estudio – https://theconversation.com/viajando-envejecemos-mas-despacio-segun-un-nuevo-estudio-282206

Las embarazadas pueden (y deben) ir al dentista

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amparo Perez Silva, Odontopediatra, Universidad de Murcia

Andrey_Popov/Shutterstock

Todas las mujeres embarazadas saben perfectamente que deben estar atentas a su salud y a la de su bebé mediante el control prenatal obstétrico. Acudir a las revisiones médicas, seguir las indicaciones del profesional sanitario y cuidar la alimentación son hábitos que la mayoría de las gestantes incorporan desde el inicio del embarazo. Sin embargo, muchas desconocen la importancia de complementar este seguimiento con un adecuado control prenatal odontológico, un aspecto clave que a menudo se pasa por alto.

Durante el embarazo se producen múltiples cambios fisiológicos que también afectan a la boca, aumentando la probabilidad de desarrollar problemas bucodentales. Estas alteraciones no solo influyen en el bienestar de las gestantes, sino que también pueden repercutir en el desarrollo del bebé.

Falsos mitos

Es frecuente escuchar que la gestación debilita los dientes, que estos pierden calcio para cedérselo al bebé o que no se pueden realizar tratamientos dentales mientras estamos embarazas. Ninguna de estas afirmaciones es correcta. Sin embargo, son creencias que hacen que muchas mujeres eviten acudir al dentista en una etapa en la que el cuidado odontológico es fundamental.

En general, las embarazadas reciben menos atención odontológica que las no gestantes. En España, un estudio reciente señala que solo el 15 % de las mujeres embarazadas acude a revisiones dentales durante el embarazo. A esto se suma, en ocasiones, el miedo o la falta de experiencia de algunos odontólogos a la hora de tratar a pacientes gestantes.

Es importante recordar que el embarazo no es una enfermedad, sino una etapa natural que requiere cuidados específicos. Los cambios hormonales, especialmente el aumento de estrógenos, modifican la saliva y los tejidos de la boca, favoreciendo el crecimiento de bacterias. Esto puede hacer que las encías se vuelvan más sensibles, que sangren con facilidad o se inflamen. Si a esto le añadimos un mayor consumo de azúcares o cambios en la alimentación, algo bastante habitual durante el embarazo, el riesgo de desarrollar caries se dispara.

Además, los vómitos frecuentes, especialmente durante el primer trimestre, pueden desgastar el esmalte dental debido a la acción de los ácidos gástricos.

Cambios hormonales que afectan a las encías

Entre un 60 % y un 70 % de las mujeres presentan encías inflamadas, enrojecidas o que sangran con facilidad durante la gestación. Esto se debe a los cambios hormonales propios del embarazo, que aumentan la respuesta inflamatoria de los tejidos gingivales.

La gingivitis debe ser tratada, pues existe el riesgo de que evolucione a periodontitis, una enfermedad más grave que afecta a los tejidos que sostienen los dientes. Algunos estudios han relacionado estos problemas con complicaciones como el parto prematuro, el bajo peso del bebé e incluso la preeclampsia, lo que refuerza la importancia de la prevención y el tratamiento precoz.

¿Acceso gratuito a la atención dental durante la gestación?

Organismos como la Organización Mundial de la Salud y la Comisión Europea recomiendan integrar la salud bucodental en el seguimiento del embarazo. Esto implica fomentar revisiones dentales durante la gestación y promover la colaboración entre matronas, dentistas y ginecólogos. Sin embargo, en la práctica existen diferencias importantes en el acceso a estos servicios en función del país donde vivimos.

Si nos fijamos en Europa, en el Reino Unido la atención dental es gratuita durante el embarazo y hasta 12 meses después del parto, lo que facilita el acceso de las mujeres a estos cuidados. En Francia y Alemania se fomenta la prevención mediante revisiones, aunque con algunas limitaciones en los tratamientos. Italia cuenta con programas regionales con cobertura variable, mientras que los países nórdicos destacan por su enfoque educativo y preventivo. En Portugal, existen programas que permiten a las embarazadas acceder gratuitamente a determinados tratamientos odontológicos.

En España no existe un programa nacional único dirigido específicamente a embarazadas. La atención bucodental durante la gestación depende de cada comunidad autónoma, lo que origina diferencias territoriales en el acceso a la prevención y a la educación en salud oral. Esta falta de homogeneidad puede dificultar la coordinación entre matronas, médicos de familia y ginecólogos, y limita en algunos casos la derivación sistemática al dentista durante el embarazo.

¿Las mujeres embarazadas pueden ir al dentista?

No solo pueden, sino que deben. El tratamiento dental durante el embarazo es seguro. El segundo trimestre suele ser el momento más adecuado para realizar tratamientos, ya que las náuseas suelen haber disminuido y resulta más cómodo permanecer en el sillón del dentista.

No obstante, si aparece dolor, infección o cualquier urgencia en otro momento del embarazo, las gestantes deben acudir al dentista de inmediato. Retrasar el tratamiento puede empeorar el problema y tener consecuencias mayores como dificultar la alimentación, algo fundamental en esta etapa. Una buena nutrición es clave para el correcto desarrollo del bebé, y cualquier problema que interfiera con ella debe ser resuelto cuanto antes.

The Conversation

Amparo Perez Silva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las embarazadas pueden (y deben) ir al dentista – https://theconversation.com/las-embarazadas-pueden-y-deben-ir-al-dentista-281549