¿’Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo’? Los refranes que ya no se cumplen debido al cambio climático

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Navas Martín, Investigador en la Unidad de Referencia en Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente, Instituto de Salud Carlos III

Agricultores cosechando almendras en Valdeverdeja, Toledo (España). Jesús de Fuensanta/Shutterstock

“En abril, aguas mil”. “Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. “Por los Santos, la nieve en los altos”. Durante siglos, generaciones enteras en España han aprendido a interpretar el tiempo atmosférico a través de frases como estas. No son simples adornos del lenguaje rural. Representan pequeños saberes populares construidos a partir de la observación de agricultores, pastores y comunidades que dependían directamente del clima para organizar su vida cotidiana.

Cada refrán funciona, además, como un acto comunicativo cuyo sentido depende no solo de su significado literal, sino también del contexto, de la situación en la que se emplea y de la intención de quien lo utiliza.

Hoy, sin embargo, muchas de estas expresiones producen una sensación extraña. Siguen siendo familiares, pero cada vez parecen describir peor la realidad que observamos. El calor llega antes, las noches cálidas se prolongan, las nevadas son menos previsibles y los ritmos estacionales resultan menos reconocibles. No se trata solo de que haga más calor, sino de que cambian los patrones climáticos sobre los que se construyó buena parte de esa sabiduría popular. El último informe de síntesis del IPCC apunta precisamente en esa dirección, al señalar cambios en distintos fenómenos climáticos, entre ellos el aumento de las temperaturas extremas y de los episodios de lluvia intensa. El refranero sigue siendo el mismo; el clima, en cambio, está dejando de serlo.

Esta aparente contradicción plantea una cuestión poco explorada. El cambio climático no solo altera los ecosistemas, la disponibilidad de agua, los cultivos y la salud. También modifica los referentes culturales mediante los cuales las sociedades han interpretado históricamente la naturaleza.

Una forma de transmitir información ambiental

Antes de que existieran observatorios meteorológicos, modelos climáticos o aplicaciones móviles, las comunidades humanas necesitaban anticipar el comportamiento del tiempo. Había que saber cuándo sembrar, cuándo recoger, cuándo guardar el ganado, cuándo esperar lluvias o cuándo protegerse del frío.

Los refranes constituyeron una forma eficaz de almacenar y transmitir información ambiental, sobre todo las relacionadas con el clima. Su fuerza residía en dos características: condensaban regularidades observadas durante largos periodos y las transformaban en fórmulas socialmente reconocibles, fáciles de recordar y de transmitir entre generaciones.

Desde una perspectiva contemporánea, podríamos considerarlos una forma de conocimiento empírico colectivo. No pretendían describir con exactitud lo que ocurriría cada año, sino señalar tendencias suficientemente frecuentes como para resultar útiles.




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En abril, aguas mil

Cuando se decía “en abril, aguas mil”, no se afirmaba que todos los días de abril fueran lluviosos. Se expresaba una expectativa climática compartida según la cual abril debía ser, en términos generales, un mes asociado a lluvias primaverales beneficiosas para el campo.

El problema es que los datos recientes muestran una realidad mucho más irregular. Abril de 2023 fue, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el abril más cálido y seco desde el inicio de la serie en 1961, con solo el 22 % de la precipitación normal. Y abril de 2024 volvió a ser muy cálido y muy seco, con precipitaciones que apenas alcanzaron la mitad de su valor normal en la península. En cambio, abril de 2025 fue húmedo en el conjunto de la España peninsular, aunque las lluvias se repartieron de forma muy desigual. En algunas zonas del oeste peninsular, Galicia, Aragón, Extremadura o Canarias el mes fue húmedo o muy húmedo, mientras que áreas del litoral mediterráneo, Baleares y el interior de Murcia registraron un abril seco o muy seco. Además, una parte de las precipitaciones más abundantes se concentró en días concretos. Por eso, el refrán no envejece solo porque algunos abriles sean más secos, sino porque la lluvia pierde regularidad. Puede faltar en unos territorios y concentrarse con más intensidad en otros momentos y lugares.

Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo

Algo parecido ocurre con “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. El Centro Virtual Cervantes recuerda que ese “cuarenta de mayo” equivale al 9 de junio y que el refrán recomienda permanecer abrigado hasta asegurarse de que ha desaparecido el frío. El refrán presupone una primavera que podía conservar rasgos frescos hasta comienzos de junio. Sin embargo, episodios recientes de calor muestran que las temperaturas propias del verano aparecen cada vez antes en el calendario. Mayo de 2022 fue extremadamente cálido, el más cálido del siglo XXI, y junio de ese mismo año registró una de las olas de calor más tempranas de la serie.

No significa que nunca vuelva a hacer frío en mayo o a comienzos de junio. Significa que la expectativa cultural que sostenía el refrán pierde parte de su capacidad descriptiva.




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El refrán como saber popular

Los refranes forman parte de lo que solemos llamar saber popular. No proceden de laboratorios ni de tratados científicos, sino de la experiencia práctica de comunidades que han convivido durante generaciones con un territorio concreto.

Desde la sociología del conocimiento, el refranero puede entenderse como un saber situado. No nació en abstracto, sino en sociedades agrarias donde la vida cotidiana estaba mucho más expuesta al clima que la actual. Su autoridad no procedía de una institución científica, sino de la repetición, la utilidad y el reconocimiento colectivo. Donde hoy recurrimos a series temporales, registros instrumentales o modelos climáticos, muchas comunidades rurales acumulaban experiencia en forma de refranes útiles para la vida cotidiana.

Los refranes muestran, por tanto, que el conocimiento no siempre circula en forma de teoría escrita. También puede transmitirse como frase breve, consejo, advertencia o sentencia. Esa forma de saber tiene su propia lógica. No busca exactitud, sino orientación; no describe el mundo tal como es, sino tal como tiende a comportarse.

Por eso los refranes no son solo frases pintorescas. Son creaciones culturales. Organizan la experiencia, construyen sentido común y transmiten una determinada forma de mirar la naturaleza. Al repetirse generación tras generación, ciertas observaciones dejan de parecer opiniones particulares y se convierten en evidencias compartidas.

Cuando el clima cambia más rápido que el saber popular

Los datos recientes no permiten afirmar que cada refrán haya dejado de cumplirse en todos los lugares y todos los años. Esa no sería una buena lectura científica. Más bien muestran algo más sutil. Muchos refranes fueron construidos sobre regularidades climáticas que hoy están cambiando.

El refranero no debería leerse como una superstición superada por la ciencia ni como una fuente exacta de predicción. Su valor está en mostrar cómo las sociedades han construido sentido a partir de la observación prolongada del entorno.

Por eso, cuando un refrán climático envejece, no solo pierde utilidad una frase. Se desajusta una forma heredada de interpretar el tiempo y organizar la experiencia cotidiana.

Los viejos refranes siguen teniendo valor como patrimonio lingüístico, memoria rural y testimonio de una España que organizaba buena parte de su vida alrededor de los ritmos del campo. Pero también pueden funcionar hoy como indicadores culturales del cambio climático. Nos recuerdan que lo que está cambiando no es únicamente el clima, sino también el saber popular que durante siglos dio sentido a muchos refranes.

Tal vez por eso, cada vez que escuchamos “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo” en una primavera de temperaturas veraniegas, no estamos solo ante una frase antigua. Estamos ante la huella de un clima anterior, conservada en el lenguaje.

The Conversation

Miguel Ángel Navas Martín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿’Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo’? Los refranes que ya no se cumplen debido al cambio climático – https://theconversation.com/hasta-el-cuarenta-de-mayo-no-te-quites-el-sayo-los-refranes-que-ya-no-se-cumplen-debido-al-cambio-climatico-284457

Sadí de Buen, los gambusinos y el mito de la erradicación de la malaria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Clavero Pineda, Científico titular CSIC, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Ilustración de una hembra de _Gambusia holbrooki_. Miguel Clavero

A finales del siglo XIX se descubrió que la malaria era transmitida por mosquitos y las campañas de salud pública se centraron en reducir sus poblaciones, atacando la fase larvaria acuática de estos insectos. Comenzó una desecación masiva de cuerpos de agua, y pronto aparecieron las primeras propuestas de usar peces depredadores de mosquitos como medida adicional. Los primeros trabajos mostraron interés por unos pequeños peces que hasta entonces habían pasado desapercibidos: las gambusias.

La mayor parte de las más de 40 especies del género Gambusia habitan islas del Caribe y territorios aledaños. El nombre científico del género deriva del término cubano “gambusino”, variación del gamusino castellano, un animal imaginario que en Cuba tomó forma de pez diminuto.

Dos especies nativas de Estados Unidos, la oriental (G. holbrooki) y la occidental (G. affinis), tienen amplias áreas de distribución, que incluyen los lugares de trabajo de los primeros investigadores que proponían el uso de peces en el control de mosquitos. Esta casualidad las convirtió en estrellas de la lucha contra la malaria.

Esos primeros investigadores sabían que las gambusias no eran especialistas en el consumo de larvas de mosquitos. También se conocía que las zonas de mayor incidencia de malaria en EE. UU. coincidían con áreas de presencia de gambusias. Todos estos “peros” se perdieron rápidamente en la vorágine de la promoción entusiasta. Para 1915 se había acuñado un nuevo nombre para las dos especies estadounidenses: pez mosquito (mosquitofish). Este término publicitario fijaba las exageraciones sobre su efectividad.

Las primeras introducciones de gambusias se producen a principios del siglo XX. En 1920 había en EE. UU. numerosos centros de cría que las distribuían gratuitamente, un modelo que se replicaría en muchos lugares, España incluida.

Los de Buen y los gambusinos

Sadí de Buen fue uno de los seis hijos de Odón de Buen, fundador del Instituto Español de Oceanografía, y Rafaela Lozano Rey, hermana de Luis Lozano Rey, el estudioso de los peces más importante de España. Sadí cursó medicina, se formó en parasitología y se interesó por la malaria y los mosquitos que la transmiten. Todo en plena explosión de entusiasmo global en torno a las gambusias.

A principios del siglo XX, la malaria hacía estragos en muchas zonas de España, particularmente en Extremadura, el Bajo Guadalquivir y el litoral mediterráneo. En 1921, la oficina de pesquerías de EE. UU. organizó el envío de varios cientos de gambusias orientales desde Carolina del Norte hacia Europa. La información sobre ese transporte es confusa, pero parece que el destino de los peces era Italia. En cualquier caso, buena parte de los animales murieron en el camino, y los supervivientes acabaron en acuarios del Instituto Español de Oceanografía, en Madrid, a cargo de Fernando de Buen, hermano de Sadí.

En julio de 1921 los hermanos De Buen liberaron en Talayuela, Cáceres, “unas pocas parejas de gambusias”. Se estableció allí una abundante población desde la que los De Buen emprendieron la siembra en todo el país con el apoyo del Servicio Nacional Antipalúdico.

En apenas 25 años había gambusias en casi todo el país, incluyendo Canarias y Baleares, y se animaba a continuar expandiéndolas aún más. Pero los De Buen no llegaron a verlo. Sadí fue asesinado en septiembre de 1936, en los comienzos de la Guerra Civil, tras ser detenido en Córdoba por las fuerzas sublevadas contra la República. La mayor parte del resto de la familia tomó el camino del exilio y se asentó en México.

Hay libros, artículos y programas de radio que cuentan cómo Sadí de Buen y sus gambusias estuvieron a punto de erradicar la malaria, pero el golpismo franquista lo impidió. En este relato falla el papel de la gambusia.

El mito de la gambusia sanadora

Tras más de 120 años de uso de la gambusia en el control de mosquitos, no hay evidencias claras de la eficacia de esta estrategia. Las gambusias acaban con los insectos en ambientes controlados en laboratorios o pequeños cuerpos de agua, pero en el medio natural la cosa no funciona tan bien porque es más compleja. Las hembras de mosquito pueden detectar peces y seleccionar lugares sin ellos para realizar sus puestas, mientras las larvas pueden prosperar en microhábitats en los que la depredación es menos eficiente.

De lo que no hay ninguna duda es de los enormes impactos ambientales generados por las gambusias, que afectan a numerosos organismos acuáticos y a sus ecosistemas. En España ha sido la causa principal del declive de tres pequeños peces, parientes lejanos de la propia gambusia y hoy muy amenazados: el samaruc (Valencia hispanica), el fartet (Apricaphanius iberus) y el salinete (Apricaphanius baeticus). No existen en ningún otro lugar del mundo.

Esos impactos se intuyeron desde el principio. En 1922, Sadí de Buen llevó algunas gambusias a una reunión de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Su tío Luis Lozano Rey llamó allí la atención sobre el poco interés que se había prestado a la fauna ibérica de peces, especialmente al fartet y al samaruc, para cumplir el papel que se asignaba a la gambusia. Fernando de Buen hizo convivir en acuarios a gambusias y fartets durante dos semanas y observó daños graves en estos últimos. En 1929 escribió un artículo sobre la “invasión de nuestras aguas dulces” por las gambusias que él mismo había cuidado y liberado, advirtiendo de sus impactos negativos.

Tanto en España como en el resto del mundo, la gambusia se había convertido en una estrella indiscutible; su expansión fue imparable. A la vez que se distribuían por España, las gambusias de los De Buen se enviaron a Italia y de allí pasaron a otros países europeos y al Magreb. Mientras, desde EE. UU. se seguían mandando ejemplares a otros países. Esta expansión ha continuado hasta la actualidad. Hoy los mosquitofish son uno de los peces más ampliamente distribuidos en el mundo.

Arruinar una buena historia

No cabe ninguna duda sobre el mérito científico y civil de Sadí de Buen y sus colaboradores. Tampoco sobre el papel que su labor tuvo en la reducción y erradicación de la malaria en España. Y menos aún sobre la barbarie de su asesinato. Sin embargo, el mensaje erróneo sobre la gambusia es perjudicial en la actualidad y podría serlo más aún en el futuro.

Sadí de Buen.
Anónimo – Fundación Pablo Iglesias

Por un lado, aceptar el papel de la gambusia en el enorme éxito que fue la erradicación de la malaria lleva a relativizar sus consecuencias ecológicas, que pueden verse como un mal menor. La realidad es que los impactos de la invasión fueron, son y seguirán siendo enormes. No hay beneficios tangibles que puedan compensarlos.

Por otro, aún hoy se usan gambusias para combatir enfermedades transmitidas por mosquitos. Algunas de estas están extendiéndose a áreas de las que habían desparecido o nunca habían ocurrido, por efecto del cambio climático y otros factores. Mantener el mito de la gambusia como enemigo infalible de los mosquitos puede fomentar nuevas olas de invasión que llevarían asociadas nuevas pérdidas de biodiversidad.

Homenajeemos a Sadí de Buen tanto como podamos, pero abandonando el mito de sus gambusinos sanadores.

The Conversation

Miguel Clavero Pineda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Sadí de Buen, los gambusinos y el mito de la erradicación de la malaria – https://theconversation.com/sadi-de-buen-los-gambusinos-y-el-mito-de-la-erradicacion-de-la-malaria-283720

« Backrooms » : pourquoi l’angoissant labyrinthe du film ressemble à la vie moderne

Source: The Conversation – in French – By James Cronin, Professor in Marketing and Consumer Culture Studies, Lancaster University

Chiwetel Ejiofor est le personnage de Clark, dans Backrooms. (A24)

Dans « Backrooms : les arrière-salles », le plus récent film d’horreur de la société de production A24, Chiwetel Ejiofor incarne Clark, un architecte raté qui glisse accidentellement hors de la réalité. Il se retrouve piégé dans un labyrinthe sans fin composé de pièces aux murs jaunes, (les « Backrooms »), peuplé de bruits inquiétants et désincarnés, où prédomine le vrombissement des néons.

Le film se veut l’adaptation d’une de ces légendes urbaines effrayantes très populaires sur Internet : l’existence de « backrooms », d’immenses et interminables labyrinthes situés dans une réalité alternative, d’une taille invraisemblable, dont l’architecture oppressante et étrangère, apparaît néanmoins étrangement familière.

De fait, le film fait écho à la source bien réelle d’angoisses très profondes dans notre monde moderne : l’expérience vécue par ceux qui tentent de survivre dans une économie qui ne tient pas les promesses qu’elle avait fait miroiter.

Les spectateurs ne se retrouveront jamais (espérons-le) piégés dans le sinistre labyrinthe du film. Mais ils comprendront peut-être l’expérience de Clark, qui doit faire face aux promesses non tenues, au déclin de ses aspirations, à la précarité, à l’isolement social et à la crainte constante de devenir obsolète.

Beaucoup comprendront aussi — même s’ils ne s’y identifient pas complètemement — le ressentiment lancinant de Clark, son sentiment d’être privé de ce qu’il mérite, sa frustration croissante, et son amertume envers les autres, qu’il blâme pour son isolement et son manque de progrès. La réflexion, plus profonde, que le film fait émerger, c’est que le cauchemar de Clark a sans doute débuté bien avant qu’il ne se retrouve dans les « backrooms ».

Bande annonce de Backrooms : les arrière-salles.

Piégés bien avant

Clark s’éloigne de plus en plus éloigné de la vie qu’il espérait mener. Au lieu de concevoir des gratte-ciel, il dirige un magasin de meubles à rabais, perdu au cœur d’un centre commercial. Son entreprise est en déclin. Les clients sont rares, les factures s’accumulent et Clark, complètement fauché, dort sur un des lits en démonstration dans son magasin, avant de reprendre ses interminables journées de travail. Sa vie lui semble de plus en plus confinée et restreinte.

Pendant des décennies, l’éducation, le travail acharné et l’ambition nous ont été présentés comme le chemin presque assuré vers une carrière stable, un travail porteur de sens et une ascension sociale. Maintenant cependant, on retrouve de plus en plus de personnes hautement qualifiées, mais sous-employées, incapables de se payer un logement et exclues des professions pour lesquelles elles ont été formées.

La tragédie de Clark reflète l’expérience qui a été décrite par le théoricien social Steve Redhead comme le « claustropolitanisme » : le sentiment d’être des « citoyens enfermés » — otages de circonstances auxquelles ils ne peuvent rien changer, de rêves compromis avant même de pouvoir être poursuivis, et d’un avenir qui semble seulement pouvoir être pire que le présent.

Devoir mettre de côté ses ambitions personnelles pour accepter des emplois peu épanouissants et endurer des conditions de travail difficiles sont des réalités de plus en plus courantes dans l’économie actuelle, encombrée, où les pressions sont intenses. Pour Redhead, ils sont symptomatiques de « la condition culturelle contemporaine, où, plus que jamais, nous nous sentons piégés : on aurait envie d’arrêter la planète pour pouvoir en descendre ».

Déjà privé de liens sociaux stables, Clark éprouve un ressentiment croissant face à sa mobilité économique limitée, ce qui le freine encore davantage et alimente les tensions entre lui et son entourage.

Il finit par entraîner avec lui les employés de son magasin, payés eux aussi un salaire de misère dans les mystérieuses « backrooms », les mettant en danger et les traitant comme s’ils étaient largement sacrifiables. Quand son ex-femme veut quitter son travail pour poursuivre des études supérieures, il lui en veut, avec le sentiment cuisant et malsain d’être privé de ce qui devrait lui revenir. Il utilise sa thérapeute (jouée par Renate Reinsve) comme souffre-douleur, déversant sur elle ses propres émotions,sans égard aux difficultés qu’elle affronte de son côté.

Ce dernier aspect reflète d’ailleurs une caractéristique importante de l’expérience « claustropolitaine ». Dans le contexte actuel d’insécurité économique croissante, d’atomisation sociale, d’impression de perte des choix, d’une vie quotidienne marquée par l’incertitude existentielle et le sentiment général de perte de contrôle, la frustration est souvent détournée de ses véritables causes structurelles et projetés sur des groupes vulnérables.

Le plus grand danger qui menace Clark provient de sa colère mal placée, qui vient dévorer quiconque essaie l’aider. Dans ce cauchemar où le monde semble se refermer sur lui, Clark apparaît à la fois comme une victime et un bourreau.

La véritable horreur des backrooms

La prémisse de « Backrooms : les arrière-salles » nous offre l’occasion de réfléchir aux angoisses personnelles et économiques bien tangibles dans nos vies — des angoisses qui s’expriment par une impression générale d’enfermement, où les sensations de mouvement et d’immobilité se succèdent de façon irrégulière. Dans le film, les personnages se déplacent sans cesse, dans une monotonie cauchemardesque, mais ne vont nulle part.

Ils dérivent, avec avec un désespoir variable, à travers un labyrinthe de couloirs qui s’étendent à l’infini, sous le bourdonnement répétitif des néons au-dessus de leurs têtes, mais ne trouvent jamais rien de mieux. Il ressentent une envie irrépressible de tout fuir, mais toutes les issues sont bouchées — tout comme les options s’avèrent bloquées dans une économie « claustropolitaine ».

Peut-être encore plus que la légende Internet dont il s’inspire, « Backrooms : les arrière-salles » soulève des réflexions pertinentes sur notre société marquée par l’insécurité, les opportunités limitées et les possibilités qui s’amenuisent. Avec, comme message ultime, le fait que le labyrinthe le plus effrayant est peut-être celui dans lequel nous vivons déjà.

La Conversation Canada

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. « Backrooms » : pourquoi l’angoissant labyrinthe du film ressemble à la vie moderne – https://theconversation.com/backrooms-pourquoi-langoissant-labyrinthe-du-film-ressemble-a-la-vie-moderne-284382

El sabotaje de cables submarinos salta al tablero de la guerra híbrida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ulf Thoene, PhD, Profesor Asociado de Ética Empresarial y Organizacional, Negocios Internacionales y Geopolítica, Universidad de La Sabana

Representación de los cables submarinos de fibra óptica que transportan el tráfico internacional de datos. Vismar UK/Shutterstock

Aunque comúnmente se concibe internet como una “nube” intangible, la red global posee una infraestructura física fundamental. En el lecho oceánico se encuentra una compleja red de cables submarinos de fibra óptica que transporta más del 99 % del tráfico internacional de datos.

Esta infraestructura sostiene comunicaciones personales y nuestros servicios financieros, comercio electrónico, operaciones logísticas, plataformas digitales, centros de datos, servicios en la nube y hoy, también, la inteligencia artificial. Hablar del control de estos cables submarinos es hablar de soberanía digital, posición geopolítica de los Estados y seguridad nacional.

En manos de las grandes empresas estadounidenses

Actualmente, la gestión de estos cables no recae únicamente en consorcios tradicionales. Los grandes proveedores globales de nube (hiperescaladores), como Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure o Google Cloud, usan la infraestructura, la controlan y financian. Las cinco principales empresas digitales aumentaron su participación de menos del 10 % de la capacidad utilizada antes de 2012 al 69 % en 2021. Asimismo, poseen y utilizan más del 60 % de la capacidad internacional total. Con esto, adquieren un poder estructural sobre la información, afectando la seguridad y la soberanía económica de los Estados.

El escenario geopolítico subacuático

Esta concentración de poder se desarrolla en un contexto internacional de guerra híbrida (estrategia de conflicto que combina el uso de la fuerza militar convencional con métodos no convencionales para desestabilizar a un Estado) y la disminución del multilateralismo. Los cables submarinos constituyen activos críticos vulnerables tanto a amenazas físicas como cibernéticas.

El Comité Internacional de Protección de Cables estima que se producen entre 150 y 200 averías globales anualmente , la mayoría de ellas accidentales. Sin embargo, la atención estratégica se ha desplazado hacia el riesgo de sabotaje estatal.

Incidentes recientes en el mar Báltico, como los daños al gasoducto Balticconnector en 2023 y el corte del cable BCS East-West Interlink en 2024, demuestran que el entorno marítimo es propicio para agresiones en la denominada “zona gris”. Frente a estas amenazas, la gobernanza internacional presenta deficiencias. Informes de UNIDIR subrayan que la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) es actualmente insuficiente para abordar integralmente la ciberseguridad y las cadenas de suministro.

Además, existen desacuerdos en la OTAN: mientras los Estados bálticos solicitan ampliar la jurisdicción de los países costeros, potencias como Estados Unidos, Francia y el Reino Unido se oponen a restringir la libertad de navegación para proteger sus propias industrias de instalación de cables.

Fuera del eje de las democracias

Para el Sur Global y bloques emergentes como los BRICS, la concentración de cables en manos de gigantes tecnológicos bajo jurisdicción estadounidense no es una garantía de seguridad, sino un vector de dependencia económica y potencial espionaje digital.

Esta desconfianza ha acelerado la fragmentación de la infraestructura física del internet. A través de la bautizada Ruta de la Seda Digital, China financia y despliega activamente sus propias redes submarinas de fibra óptica mediante firmas nacionales, buscando eludir los puntos de control tradicionales occidentales. De este modo, el lecho oceánico deja de ser un simple teatro de defensa para Occidente y se convierte en un tablero de ajedrez multipolar, donde se libra una carrera por construir arquitecturas físicas de red ideológicamente segregadas.

En un contexto de tensiones, la infraestructura digital devuelve centralidad al territorio en la organización del poder global. Esta dimensión obliga a identificar qué países ocupan posiciones estratégicas dentro de la arquitectura física de Internet.

Países estratégicos

España, Egipto, Singapur, Yibuti, Brasil, Chile, Sudáfrica, Australia y algunos Estados insulares no son relevantes únicamente por su conectividad nacional, sino por su función como nodos, corredores o puntos de vulnerabilidad dentro de redes transregionales.

La ubicación geográfica de España, en concreto, representa un activo estratégico de gran relevancia. Su posición geográfica entre el Atlántico, el Mediterráneo, Europa, África y América Latina la convierte en un punto privilegiado para la interconexión de cables submarinos, centros de datos, servicios en la nube, flujos internacionales de información y la protección de las infraestructuras físicas que sustentan la conectividad transatlántica.

Esta misma lógica se observa en América Latina, donde la estrategia de Chile para diversificar su conectividad geopolítica mediante el cable Humboldt, la primera ruta directa entre Sudamérica y Oceanía en colaboración equitativa con Google, y el papel de Brasil en el establecimiento de centros neurálgicos de conectividad como Fortaleza, ilustran cómo el Sur Global busca gestionar la influencia de las infraestructuras privadas.

Dos condiciones geográficas incrementan o reducen la vulnerabilidad de la conectividad digital: la concentración o dispersión de los puntos de aterrizaje de cables submarinos y la cantidad de caminos que existen después en tierra para mover los datos. Si hay pocos caminos, se incrementa el riesgo; si hay varias rutas alternativas, aumenta la resiliencia. Si el tráfico intercontinental se concentra en pocos puntos vulnerables o si las conexiones terrestres presentan rutas poco diversificadas, la seguridad de todo el continente se ve comprometida.

La soberanía digital no puede restringirse a debates abstractos sobre el control normativo de las plataformas. Según las directrices más recientes de la Declaración ITU-ICPC de 2025, la gobernanza efectiva depende de tres capacidades operativas: identificar con precisión los activos críticos, mantener una diversidad geográfica en los puntos de amarre y disponer de protocolos de reparación ágiles.

Reconocer la competencia subacuática y regular la dependencia respecto al poder de infraestructura de Amazon, Google, Meta y Microsoft constituye un paso fundamental para evitar que la infraestructura física de internet se convierta en una vulnerabilidad crítica para las democracias.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El sabotaje de cables submarinos salta al tablero de la guerra híbrida – https://theconversation.com/el-sabotaje-de-cables-submarinos-salta-al-tablero-de-la-guerra-hibrida-283531

‘Chatbots’ que trabajan para la inclusión de personas con discapacidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amparo Casado Melo, Profesora de Educación y Necesidades Especiales, Universidad Pontificia de Salamanca

Presentarse a una entrevista de trabajo, iniciar una conversación o responder con seguridad a una pregunta parecen situaciones sencillas. Pero no lo son para todo el mundo. Para muchas personas con discapacidad intelectual, estos momentos implican barreras de comprensión, comunicación, memoria, autonomía o confianza.

La inclusión no depende solo de abrir una puerta: a veces, también exige preparar a la persona para cruzarla con seguridad.

Comunicación más allá de las barreras físicas

La discapacidad intelectual implica dificultades importantes para aprender, razonar y desenvolverse en la vida diaria. Estas afectan a las habilidades conceptuales, sociales y prácticas. Además, deben entenderse teniendo en cuenta el entorno de la persona, su cultura, su forma de comunicación y los apoyos que recibe.

Por eso, hablar de inclusión no es solo eliminar barreras físicas, sino también las dificultades de relación y de comprensión. Para que sea real, es necesario ofrecer oportunidades, apoyos y entornos accesibles. En este sentido, las habilidades sociales y el empleo son fundamentales para que la persona pueda ser más autónoma.

En una situación social, tener una conversación, expresar una preferencia, pedir ayuda o reconocer cómo comportarse son habilidades básicas que influyen directamente en la autoestima de la persona y en su participación en la comunidad.

También lo hace el acceso al empleo, que puede mejorar la autonomía, las relaciones sociales y el sentimiento de pertenencia.

Pero estas habilidades no siempre se aprenden de forma espontánea. En muchos casos, necesitan entrenamiento, repetición, compresión, acompañamiento y un lenguaje sencillo. Aquí es donde la tecnología puede convertirse en una aliada, siempre que esté diseñada desde las necesidades reales de las personas. No se trata de usar tecnología porque sea novedosa, sino de que sea útil, comprensible y cercana.

El móvil como espacio familiar de aprendizaje

Muchas personas con discapacidad intelectual utilizan teléfonos móviles y aplicaciones para mandar mensajes. Ese uso cotidiano abre una posibilidad interesante, porque la persona está familiarizada con un entorno parecido a WhatsApp. Al usar una herramienta educativa basada en la conversación, el aprendizaje puede resultar más fácil; la persona es capaz de seleccionar las opciones que se presentan en su teléfono y desarrolla habilidades en su uso.

Ejemplo de conversación en el chat de Inclu-si Lab.

En este contexto, un chatbot permite practicar mediante preguntas y respuestas. El usuario recibe indicaciones de forma inmediata y puede repetir una situación tantas veces como sea necesario. Además, si el lenguaje es sencillo, la interfaz es clara y se ofrecen refuerzos positivos. Al mismo tiempo, se reduce la ansiedad y se favorece el aprendizaje.

La clave no está solo en la inteligencia artificial, sino también en el diseño inclusivo: lectura fácil, interacción por voz o texto, mensajes comprensibles y una experiencia parecida a una conversación real, como se indica en la guía de Plena inclusión.

Dos ejemplos: CapacitaBOT e INCLU-SÍ LAB

Uno de nuestros desarrollos en esta línea es CapacitaBOT, una aplicación móvil para entrenar habilidades sociales mediante conversaciones guiadas, lenguaje sencillo y refuerzo positivo. Su objetivo es ayudar a personas con discapacidad intelectual para que aprendan a empezar, mantener y terminar conversaciones.

Está diseñada como una aplicación Android sencilla, con interacción por voz, a través de la plataforma IBM Watson y puede considerarse un recurso educativo inclusivo, especialmente útil para practicar situaciones próximas a la vida real.

Capacitabot es una aplicación para dispositivos Android diseñada para reforzar habilidades sociales en personas con discapacidad intelectual.

Otro ejemplo diseñado por nuestro equipo es la aplicación INCLU-SÍ LAB, centrada en la inclusión laboral. Su finalidad es entrenar a personas con discapacidad intelectual para afrontar una entrevista de trabajo y, de esta manera, mejorar sus habilidades comunicativas y su autonomía. El sistema permite practicar preguntas habituales de una entrevista, organizar información personal y recibir apoyo durante el proceso. Puede utilizarse desde el ordenador o el móvil, de forma escrita u oral.

INCLU-SÍ LAB es innovadora desde el punto de vista tecnológico porque incorpora técnicas de inteligencia artificial que facilitan y enriquecen el autoaprendizaje de la propia herramienta, así como de sus usuarios.

Una IA que acompaña, no sustituye

La inteligencia artificial puede ponerse al servicio de las personas y favorecer la inclusión, sin sustituir a los profesionales, los educadores o a las familias.

Como complemento a los apoyos existentes, un chatbot puede ofrecer un espacio seguro para practicar, equivocarse, volver a intentarlo y ganar confianza. Puede ayudar a que una persona esté mejor preparada para mantener una conversación, hacer una entrevista o estrenarse en una situación social nueva.

El reto es seguir investigando y mejorar las aplicaciones existentes, pero hacerlo contando con la participación de las propias personas destinatarias. Además, debemos garantizar que la IA no genere nuevas barreras.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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¿Quién sube a la Casita de Bad Bunny? Cuerpos y validación juvenil en redes sociales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricia Lafuente Pérez, Profesora e Investigadora Área Comunicación, Universidad Villanueva

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La Casita de Bad Bunny ha generado un intenso debate estos días. No solo por la presencia casi exclusiva de famosos y gente VIP, sino también porque durante el concierto algunos ojeadores reclutaban entre el público a chicas jóvenes con cuerpos delgados y tonificados para compartir escenario con el cantante puertorriqueño.

Para muchos esta práctica demuestra cómo el cuerpo sigue siendo un criterio de selección y éxito social, especialmente para las mujeres. Sin embargo, lo visto en esta gira no ha sido excepcional. Privilegiar a ciertas personas por su cuerpo ocurre cada día en multitud de contextos, como una entrevista de trabajo, y también en las redes sociales.

Imagen corporal en la adolescencia

Aunque la imagen corporal nos afecta a todos en cómo nos vemos y nos ven, en el caso de los adolescentes es un factor especialmente relevante. La adolescencia es una etapa en la que el sentimiento de pertenencia y aceptación por parte del grupo tienen una enorme importancia. En este contexto, como el cuerpo es algo visible y está expuesto constantemente al juicio ajeno se convierte en un elemento crucial para la autopercepción y evaluación social de los adolescentes.

Los jóvenes pertenecientes a las generaciones Z y Alfa pasan gran parte de su tiempo de ocio en las redes sociales y precisamente en estos entornos digitales las normas sobre qué cuerpos merecen ser o no mostrados se aprenden a través de la exposición continuada a contenidos y a señales de aprobación social como los likes y comentarios.




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Idealización del cuerpo y reglas de comportamiento

Las plataformas como TikTok e Instagram, las más consumidas por la mayoría de los adolescentes, priorizan contenidos visuales en los que se muestran representaciones idealizadas del cuerpo. Además, permiten observar en tiempo real cómo otros menores de similar edad reaccionan, positiva o negativamente, ante ciertos contenidos en los que se enseña el cuerpo.

Esto es precisamente lo que muestra una encuesta realizada a más de 1 000 adolescentes españoles de entre 12 y 17 años. Los resultados de este estudio revelan que los menores han hecho suyas ciertas “reglas de comportamiento” respecto al aspecto físico.

Por ejemplo, el 17 % de los chicos cree que algunos tipos de cuerpo deberían limitar su exposición en redes sociales, frente al 10,8 % de las chicas. Además, uno de cada diez considera directamente que hay ciertos cuerpos que no deberían mostrarse en las redes sociales.

¿Quién puede y quién no exponerse?

Estas ideas no son anécdotas, son el reflejo de una lógica que se refuerza día a día a través de likes y que demuestra cómo chicos y chicas han interiorizado que hay ciertos cuerpos deben exponerse en público pero otros no.

Aunque más de dos tercios de los adolescentes sienten incomodidad cuando ven críticas dirigidas a la imagen de otras personas, cifra que sube al 72,7 % entre las chicas, la reacción más extendida no es la indignación, sino el temor.

Como las chicas seleccionadas en la Casita de Bad Bunny, los adolescentes saben que en redes sociales el aspecto físico está bajo un constante escrutinio, de ahí que casi un 40 % reconozca temer que le ataquen si comparte una fotografía (el 46,4 % entre las chicas) y uno de cada cuatro declare tener miedo a subir fotos donde se vea alguna parte de su cuerpo.




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¿Hay diferencias por edad y género?

Otra conclusión que debe invitar a la reflexión es que la aceptación de las reglas del juego sobre qué debe exponerse o no en redes sociales no se diluye con los años. Al contrario, se consolida con el paso del tiempo. La aceptación de que mostrarse implica asumir las críticas aumenta de manera paralela a la edad de los menores encuestados: del 22,9 % entre los adolescentes de 12-13 años al 25,8 % entre los de 16-17. Igual ocurre con la percepción de que hay cuerpos que no deberían enseñarse en entornos digitales: aumenta en el tramo de más edad.

En cuanto al género, también hay diferencias. Los chicos consideran que comentar el aspecto físico de alguien en tono de broma no tiene importancia y encuentra más divertidas las chanzas sobre el cuerpo que las chicas.




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Clasificar, juzgar y excluir en función del aspecto

Lo que la Casita de Bad Bunny ha hecho visible, al menos por unos días, es que se sigue asociando el éxito a ciertas características corporales. Esta práctica se extiende al ámbito de las redes y aunque clasificar, juzgar y excluir en función de la imagen corporal no se haya inventado en el entorno digital, ahora se vive de manera más frecuente e intensa.

Las redes sociales han provocado que lo que antes ocurría en espacios más acotados o privados se convierta en algo permanente, público y cuantificable.

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Este artículo nace de los resultados al amparo del proyecto de investigación “Odios juveniles. La alfabetización digital de los adolescentes ante la incidencia de la gordofobia en redes sociales”, financiado por la Universidad Villanueva.

ref. ¿Quién sube a la Casita de Bad Bunny? Cuerpos y validación juvenil en redes sociales – https://theconversation.com/quien-sube-a-la-casita-de-bad-bunny-cuerpos-y-validacion-juvenil-en-redes-sociales-284363

Naufraga el megaproyecto de Royal Caribbean en México, pero los tribunales no han dicho su última palabra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

El amanecer en Mahahual, Quintana Roo (México), prometía un futuro dorado frente al mar Caribe cuando se anunció la construcción de un gigantesco parque acuático con una inversión de 1 000 millones de dólares para 107 hectáreas. Tras la cancelación del proyecto por la presión conservacionista, este pequeño pueblo pesquero cercano a la frontera con Belice, en el que solo residen 2 600 personas, vive hoy un debate que trasciende sus fronteras.

El proyecto Perfect Day México de Royal Caribbean se presentaba como un milagro económico. La inversión anunciada por la compañía de turismo de cruceros se iba a destinar específicamente al desarrollo del parque temático y a la mejora de la infraestructura vial de “Nuevo Mahahual”. Las 107 hectáreas sobre las que se iba a construir forman parte de la zona terrestre colindante con la infraestructura portuaria existente en el sur de Quintana Roo, de acuerdo con la narrativa oficial

En su origen, el plan simbolizaba un México que abrazaba la modernidad sin temores gracias a la inversión extranjera. La llegada de la transnacional se percibía como un acto de justicia financiera y parte de los residentes locales la recibían con esperanza.

Sin embargo, el espejismo chocó pronto contra los límites de un ecosistema frágil. Organizaciones como Greenpeace, Salvemos Mahahual y Change.org movilizaron a la población civil afectada.

Valor ecológico

Mahahual es el corazón de la Costa Maya, una región en el sur de Quintana Roo que destaca por su aislamiento y pureza biológica. A diferencia de la explotada Riviera Maya, este destino representa una de las últimas reservas de selva baja y manglares vírgenes que actúan como barrera natural y refugio de biodiversidad.

Su relevancia ambiental es crítica, ya que su litoral forma parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano. Se trata del segundo arrecife de barrera más extenso del planeta, que incluye territorio de México, Belice, Guatemala y Honduras. Un ecosistema de frágil equilibrio que depende de la conservación de sus costas para sobrevivir.

Un choque de escalas brutal

Mahahual es una comunidad pequeña con apenas 2 600 residentes fijos actualmente. El proyecto pretendía recibir hasta 21,000 turistas diarios en sus instalaciones costeras. Esta fórmula buscaba replicar el éxito de CocoCay en las Bahamas.

La desproporción y escala del proyecto desplazan las necesidades locales, como han venido denunciando miembros de la comunidad.

Mahahual tiene un muelle internacional denominado Puerto Costa Maya que, desde 2009, está concesionado para el arribo de hasta tres cruceros diarios. Estos pagan un impuesto de 5 dólares por pasajero al municipio. A pesar de los ingresos, los locales sufren carencias en servicios básicos como el agua y la electricidad.

Además, en México, la vida comunitaria implica identidad colectiva y un arraigo territorial profundo. La relación espiritual de los pescadores con el mar trasciende el valor inmobiliario.

Imponer un proyecto de esta magnitud rompe el tejido comunitario y atenta contra la cohesión social. La invasión de extraños transforma espacios de convivencia en zonas de tránsito comercial. Para la empresa, el territorio representa rendimiento; para el local, es familia.

El eco de un malestar global

La crisis de Mahahual refleja un fenómeno de saturación turística en todo el mundo. Ciudades como Venecia o Santorini ya imponen restricciones severas a los megacruceros. Venecia prohibió grandes naves en su laguna para proteger su patrimonio histórico. También implementaron tasas de acceso para desincentivar el excursionismo masivo sin beneficios.

Mientras estas y otras ciudades, como Ámsterdam o Barcelona, legislan su soberanía y regulan el modelo crucerista, Mahahual se asoma al abismo de la turistización desde la lucha por la conservación. Aquí se disputa la supervivencia de un ecosistema virgen amenazado por el impacto del “turismo de enclave”.

También enfrenta lo que expertos denominan una compleja “gentrificación hídrica o por agua”. Esta implica el desarrollo de frentes marítimos que revalorizan el suelo urbano para atraer a residentes de mayor poder adquisitivo. Una lógica que expulsa a las familias locales que ya no pueden pagar el coste de la vivienda.

Loreto, en el mexicano estado de Baja California Sur, afronta una encrucijada similar, que, por ahora, se está saldando con otro frenazo al turismo de cruceros. La presión social logró que las medidas de protección del Parque Nacional Bahía de Loreto y el Programa de Acción de Protección de la Ballena Azul continúen vigentes tras la cancelación del decreto presidencial que apostaba por cruceros y omitía el sitio de crianza de las ballenas.

El modelo de cruceros genera una reconfiguración socioterritorial que resulta sumamente violenta. En Monterey, California, las comunidades también luchan por proteger sus santuarios marinos.

La burbuja del circuito cerrado

En todos estos ámbitos litorales, el crucero masivo intenta colonizar pueblos de baja densidad. El beneficio económico se concentra en las navieras mediante circuitos de consumo cerrados. El costo real se externaliza hacia la población en forma de inflación. Los servicios públicos colapsan mientras la identidad comunitaria se pierde bajo el cemento.

El turismo de enclave visualiza al destino como una burbuja hermética móvil. El pueblo se convierte en escenografía observada desde la cubierta del barco. Se desvía agua potable para el turista mientras los locales sufren apagones.

El suelo kárstico de Quintana Roo no soporta la demanda hídrica de tal magnitud y los datos de SITUR-Q –indicadores oficiales– confirman que las ganancias no permean en la economía local.

El giro político y el riesgo legal

En este 2026, el Gobierno de México ha dado un giro político inesperado. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México (Semarnat) cataloga ahora el proyecto de Mahahual como un riesgo para la soberanía ecosistémica. En la misma línea, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) clausuró obras por destrucción de manglares y compactación de selva baja.

Este cambio de postura responde a la presión social y a la crisis climática. Defender a la transnacional ante un desastre ecológico acarreaba un costo político impagable. Pero la cancelación del proyecto no significa una retirada pacífica de la empresa.

Royal Caribbean podría usar el Capítulo 14 del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) contra el Estado mexicano. La compañía alega “inseguridad jurídica” y podría reclamar indemnizaciones multimillonarias ante tribunales de arbitraje internacional. México queda vulnerable: proteger el arrecife hoy podría comprometer presupuestos futuros.

Por el momento, la compañía ha retirado el proyecto para que no figure como legalmente denegado, lo que deja abierta la puerta a futuras negociaciones para una propuesta modificada. El Gobierno estudia reforzar la protección ambiental para cerrar el capítulo.

Tres incógnitas para el futuro

La inversión prometida en 2024 es hoy un riesgo inminente de litigio. La amenaza al Sistema Arrecifal Mesoamericano eclipsó cualquier promesa de empleo temporal. El desarrollo se vuelve una carga si ignora los límites biofísicos naturales. Quedan en el aire tres preguntas:

¿Es posible un turismo de gran escala que no sea puramente extractivo? El naufragio de este “Día Perfecto” obliga a repensar el derecho al territorio.

¿Hasta qué punto los tratados comerciales (T-MEC) limitan la capacidad de un país para proteger sus propios recursos naturales?

¿Qué pasará con Mahahual, ahora que el gigante se retira dejando tras de sí una infraestructura a medias y una comunidad fracturada?


En este artículo ha colaborado Marian Gutiérrez De Anda, alumna de Negocios Internacionales de la Universidad de Guadalajara.


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Juan Martín Flores Almendárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Naufraga el megaproyecto de Royal Caribbean en México, pero los tribunales no han dicho su última palabra – https://theconversation.com/naufraga-el-megaproyecto-de-royal-caribbean-en-mexico-pero-los-tribunales-no-han-dicho-su-ultima-palabra-283742

El talento infantil en el deporte no se descubre: se entrena (también en el cerebro)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maite Aurrekoetxea Casaus, Profesora Doctora en Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Deusto

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Ronaldinho no empezó siendo Ronaldinho. Antes de convertirse en uno de los futbolistas más admirados de la historia fue un niño que jugaba en campos pequeños, improvisaba, repetía gestos, probaba regates que veía en partidos de la NBA ¿NBA?. Parecía ver el juego antes que los demás. Con apenas nueve años, en partidos infantiles, podía marcar seis goles y hacer que la grada se volviera loca. Desde fuera parecía talento puro. Pero la pregunta más interesante no es si nació con talento, sino qué condiciones hicieron posible que ese talento creciera.

Cuando un menor destaca se mira el resultado: los goles, la velocidad, la facilidad aparente. Sin embargo, detrás de todo esto suele haber muchas horas de juego, aprendizaje, contexto, confianza, repetición y libertad para crear. Ahí aparece la idea clave: el talento deportivo no solo se detecta, también se construye.

El talento también se hace

Durante la infancia y la adolescencia el cerebro mantiene una enorme capacidad de transformación. Es lo que la neurociencia llama neuroplasticidad: la posibilidad de reorganizar conexiones neuronales en respuesta a lo que vivimos y practicamos.

Eso significa que cuando un niño o una niña entrena no solo fortalece músculos o mejora la resistencia. También modifica circuitos cerebrales relacionados con la coordinación, la atención, la memoria y la toma de decisiones.

Con el entrenamiento físico se asocian cambios estructurales y funcionales en el cerebro, especialmente en áreas vinculadas al control cognitivo y motor.

Dicho de forma sencilla: la práctica deja huella en el cerebro.

¿Por qué el talento parece natural?

A menudo confundimos talento con facilidad inicial. Vemos a un menor que destaca y pensamos que nació con algo especial. En parte puede haber predisposiciones biológicas, pero también influyen otros factores. La lista es larga e incluye experiencias previas, juego libre acumulado, confianza, calidad del entrenamiento, maduración física o simplemente haber tenido más oportunidades.

Desde el estudio del desarrollo del talento se lleva años advirtiendo de que el rendimiento temprano no siempre predice el éxito posterior. Muchos sistemas de selección detectan mejor quién sobresale hoy que quién tiene mayor margen de crecimiento mañana..

Se necesita considerar el desarrollo longitudinal, desde la maduración hasta las múltiples dimensiones del rendimiento. Por eso, lo que parece talento espontáneo muchas veces es talento ya trabajado, aunque no lo hayamos visto.

El deporte también entrena la mente

Moverse bien no depende solo del cuerpo. También requiere recordar patrones, anticipar jugadas, controlar impulsos, cambiar de estrategia y mantener la atención bajo presión.

La práctica deportiva en menores y adolescentes mejora funciones ejecutivas como la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y el control inhibitorio. Es decir, entrenar también enseña al cerebro a pensar mejor en movimiento.

La actividad física regular se asocia con mejoras cognitivas y académicas en población escolar. Esto refuerza la idea de que moverse también beneficia al aprendizaje.

El error de las pruebas rápidas

Muchos sistemas deportivos siguen funcionando como si el talento pudiera detectarse en una mañana de pruebas. Se mide quién corre más rápido, quién salta más o quién rinde mejor ese día. El problema es que esas pruebas suelen captar el presente, no la evolución futura del deportista.

Un menor que madura antes puede parecer extraordinario a los diez años y normalizarse después. Otro que hoy pasa desapercibido puede explotar más tarde si encuentra el entorno adecuado.

Este fenómeno está relacionado con el llamado “efecto de la edad relativa”: en los sistemas deportivos organizados por año de nacimiento, quienes nacen cerca del inicio del periodo de selección suelen estar sobrerrepresentados en categorías competitivas, porque el talento infantil rara vez llega etiquetado.

¿Cómo se construye el talento?

Si el cerebro cambia con la práctica, entonces la pregunta importante no es quién destaca primero, sino qué entornos ayudan a crecer mejor. Serán aquellos donde haya variedad de experiencias motrices, entrenamiento progresivo, retroalimentación de calidad, descanso suficiente y apoyo emocional.

En fútbol, por ejemplo, se ha propuesto un modelo de “muestreo especializado”: practicar el deporte principal sin renunciar a otras experiencias motrices que enriquecen el aprendizaje y reducen la rigidez temprana de la trayectoria.

También importa algo menos visible: que el menor disfrute. Sin disfrute, la motivación cae. Y sin motivación, el aprendizaje se frena.

Entender el talento para familias y profesionales

Entender el talento como algo que podemos construir cambia muchas cosas. Reduce la ansiedad de pensar que todo se decide a los ocho años. Invita a mirar procesos en lugar de resultados inmediatos. Y recuerda que acompañar bien puede ser más decisivo que seleccionar pronto.

A veces llamamos talento a lo que en realidad es oportunidad bien acompañada. Aunque la pregunta quizá, no sea: “¿Tiene talento?”. Quizá sea otra: “¿Estamos creando el entorno adecuado para que pueda desarrollarlo?”

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El talento infantil en el deporte no se descubre: se entrena (también en el cerebro) – https://theconversation.com/el-talento-infantil-en-el-deporte-no-se-descubre-se-entrena-tambien-en-el-cerebro-282304

De peregrinar a Roma a las misas en estadios: cómo ha cambiado la devoción hacia el papa a lo largo de la historia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna Peirats, Catedrática de Humanidades, Universidad Católica de Valencia

El papa León XIV ante los fieles que le esperan semanalmente en el Vaticano. Marco Iacobucci Epp/Shutterstock

El 7 de junio cientos de miles de personas se reunirán en la madrileña plaza de Cibeles para ver a León XIV celebrar la misa coincidiendo con la festividad del Corpus Christi. Es la primera visita a España que realiza este papa.

Hoy la escena no sorprende a nadie, pero durante siglos quien quería acercarse al sumo pontífice debía peregrinar hasta la tumba de Pedro. Para entender este contraste conviene remontarse a los orígenes.

‘Sobre esta piedra edificaré mi iglesia’

En los primeros siglos del cristianismo, el centro de la veneración era la figura de san Pedro, y Roma cobró importancia porque la tradición situaba allí su martirio y su sepultura. La basílica que Constantino mandó construir sobre la tumba del santo, en el siglo IV, convirtió este lugar en una de las grandes metas de peregrinación de la cristiandad.

Los papas de esos siglos solo salían de Roma en circunstancias excepcionales. El caso más conocido es el de León I Magno: en el año 452 fue al encuentro de Atila, mientras los hunos avanzaban por el norte de Italia, y logró frenar su marcha sobre la ciudad. La leyenda añadió un detalle, que Rafael inmortalizó en un fresco del Vaticano: tras el papa se habrían aparecido los apóstoles Pedro y Pablo, espada en mano.

Pintura en la que se retrata el encuentro entre León el Grande y Atila con dos personas a caballo detrás del papa.
El encuentro entre León el Grande y Atila según Rafael.
Art Renewal Center/Wikimedia Commons

Por eso el nombre elegido por León XIV recuerda una de las imágenes más antiguas del papado, la del pontífice que protege a su pueblo ante el peligro.

Los papas viajaban para gobernar, bien para negociar con los reyes, reformar la Iglesia o movilizar a la cristiandad, como hizo Urbano II al predicar la Primera Cruzada en 1095. La devoción, en cambio, circulaba en sentido contrario: los fieles acudían a Roma.

El primer Jubileo, proclamado por Bonifacio VIII en 1300, atrajo a la ciudad a cientos de miles de peregrinos con la promesa del perdón de los pecados. Pero el papa seguía siendo, para la inmensa mayoría, una figura distante.

Durante los siglos siguientes el patrón apenas varió.

Prisionero del Vaticano

La veneración al papa se intensificó en el siglo XIX. El 20 de septiembre de 1870, las tropas del reino de Italia invadieron Roma y pusieron fin a más de mil años de soberanía pontificia. Pío IX se recluyó en el Vaticano, se declaró “prisionero” y murió ocho años después sin haber vuelto a salir.

Hombre vestido de blanco en una ilustración con un libro dorado en la mano.
Estampa del papa Pío IX.
Bibliothèque nationale de France

En esos mismos años, el Concilio Vaticano I, bajo su pontificado, proclamó el dogma de la infalibilidad pontificia. El papa había perdido un Estado, pero ganaba una autoridad espiritual más concentrada, y se fomentó una veneración nueva hacia su persona. La prensa católica difundió su rostro y las estampas con su imagen se multiplicaron en los hogares católicos.

Su sucesor, León XIII, llevó esa autoridad a un terreno nuevo. Con la encíclica Rerum novarum (1891) sentó las bases de la doctrina social de la Iglesia. Esa autoridad reforzada pronto encontró un altavoz inédito, porque antes de que el papa viajara por el mundo, viajó su voz.

El 12 de febrero de 1931, Pío XI inauguró Radio Vaticano, construida por Guglielmo Marconi, con el primer mensaje radiofónico de un pontífice. Por primera vez, sus palabras podían escucharse simultáneamente en todo el planeta.

Pío XII llevó esa posibilidad más lejos: su mensaje del 24 de agosto de 1939, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial (“nada se pierde con la paz; todo se puede perder con la guerra”), dio alcance mundial a la palabra, y en 1949 fue el primer papa que apareció en televisión.

La voz y el rostro ya cruzaban fronteras, pero el papa seguía en Roma. Faltaba un último paso: salir al encuentro de los fieles.

Más allá de Roma

Un hombre con un vestido blanco y un abrigo encima extiende los brazos rodeado de gente en un balcón.
El papa Pablo VI en el balcón del monasterio franciscano del monte Tabor, con vistas al valle del Jezreel y a las montañas de Gilboa.
David Eldan/ National Photo Collection of Israel

Ese paso lo dio Pablo VI. En enero de 1964 viajó a Tierra Santa, en el primer viaje internacional de un papa en avión. Al año siguiente voló a Nueva York, donde pronunció un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y celebró misa en un estadio. Visitó los cinco continentes, por lo que recibió el apodo de “papa peregrino”.

Juan Pablo II convirtió esa idea en el eje de su pontificado y fue el primer papa de las multitudes. Recorrió más de 1 200 000 kilómetros (casi treinta vueltas al mundo) en 104 viajes internacionales a 129 países, y España lo recibió en cinco ocasiones. En 1985 instituyó las Jornadas Mundiales de la Juventud, que congregaron enormes muchedumbres: en Manila, en 1995, una sola misa reunió a varios millones de personas. En las plazas se coreaba un cántico que ningún papa había escuchado antes con esa intensidad, y aún permanece en la memoria colectiva: “Juan Pablo II, te quiere todo el mundo”.

Su funeral, en 2005, concentró en Roma a más de cuatro millones de peregrinos y a delegaciones de más de ochenta países.

Esa devoción de masas dio lugar a una comparación que ha acompañado a los papas más recientes: la de la estrella de rock. El crítico Terry Eagleton describió a Juan Pablo II, en la London Review of Books, como una especie de “estrella de rock espiritual”. La comparación explica la dimensión mediática del fenómeno, pero deja fuera un elemento esencial: el papado se sustenta sobre una tradición y una memoria forjadas durante casi dos mil años.

Del sepulcro de Pedro a la pantalla del ‘smartphone’

Después se produjo otro cambio, esta vez sin estadios: las redes sociales. Benedicto XVI abrió en Twitter la cuenta @Pontifex en diciembre de 2012 y fue el primer papa digital.

Antes había visitado España en tres ocasiones: Valencia en 2006; Santiago de Compostela y Barcelona en 2010; Madrid en 2011. En la capital presidió una Jornada Mundial de la Juventud que reunió a más de un millón de jóvenes, con actos en la misma plaza de Cibeles que ahora acogerá a León XIV.

Cuando Francisco estrenó su cuenta de Instagram, en marzo de 2016, alcanzó el millón de seguidores en doce horas. Un año antes la revista Vogue ya lo había descrito como una estrella de rock de internet. Era la misma comparación de la era de Juan Pablo II, ahora trasladada del estadio al teléfono móvil.

Con las redes sociales, la relación con el papa Francisco se volvió cotidiana: ya no hacía falta peregrinar a Roma ni esperar a verlo por televisión, porque el papa podía aparecer cada día en la pantalla del smartphone de cualquier fiel, convertido en noticia, vídeo o meme.

En 2020 sus mensajes alcanzaron 27 000 millones de vistas. En plena crisis sanitaria global, el 27 de marzo de 2020, Francisco impartió desde Roma la bendición Urbi et Orbi, bajo la lluvia y prácticamente aislado. El rito fue retransmitido por televisión, internet y radio. El papa solo, sin la presencia física de fieles en la plaza de San Pedro, acompañaba a millones de personas de todo el mundo a través de las pantallas.

León XIV hereda esta faceta de papa de la era tecnológica. Su elección, el 8 de mayo de 2025, fue la primera de la era de TikTok, y su estreno en Instagram repitió el fenómeno de Francisco: superó el millón de seguidores en menos de un día. Hoy, sumando las cuentas pontificias, reúne decenas de millones.

La historia de la devoción a los papas es también la historia de sus formas de hacerse presentes ante los fieles. Cuando León XIV celebre la misa en Cibeles, la escena reunirá varias etapas de esa historia: la peregrinación medieval, la liturgia multitudinaria del siglo XX y la difusión digital del siglo XXI.

Ha cambiado de forma, medio y lenguaje, pero la devoción conserva un impulso muy antiguo: el deseo de ver de cerca al sucesor de Pedro.

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Anna Peirats no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De peregrinar a Roma a las misas en estadios: cómo ha cambiado la devoción hacia el papa a lo largo de la historia – https://theconversation.com/de-peregrinar-a-roma-a-las-misas-en-estadios-como-ha-cambiado-la-devocion-hacia-el-papa-a-lo-largo-de-la-historia-284034

La frontière entre éveil et sommeil est bien plus floue que l’on ne le pensait : on peut rêver en étant éveillé

Source: The Conversation – in French – By Nicolas Decat, Doctorant, Sorbonne Université

Ce soir, en fermant les yeux dans votre lit, il vous arrivera quelque chose d’étrange. Vous passerez d’une pensée ordinaire à un rêve. Vous ne sauriez dire quand exactement. On imagine que la frontière est nette : éveillé, on pense ; endormi, on rêve. Pourtant, dans notre étude, publiée dans Cell Reports, nous montrons que cette frontière n’existe pas vraiment. On peut rêver avant de s’endormir, et planifier sa journée de demain en plein sommeil.


Pensez à ce que signifie être éveillé. Là, maintenant, en lisant ces lignes : des bruits vous parviennent, une lumière vous éclaire, un tissu touche votre peau. Vous êtes ancré dans le monde. Dormir, c’est un peu l’opposé. Vous êtes immobile, coupé de l’extérieur et habité par des expériences construites de l’intérieur : les rêves.

Entre les deux, il y a un laps de temps. On ne bascule pas d’un état à l’autre comme on éteint une lumière. C’est une transition graduelle où l’activité cérébrale ralentit, les muscles se relâchent, la respiration s’approfondit. Et l’esprit, lui, ne disparaît pas, il prend d’autres formes : des pensées liées à la journée écoulée ou à celle de demain, des images fugaces, quelques bribes de musique, des fragments de rêves… Les chercheurs appellent ça les « hypnagogies ».

Le problème, c’est que ces expériences sont fugaces et changeantes, difficiles à rapporter, encore plus à classifier. Comment passe-t-on de « Qu’est-ce que je mange demain » à « Je suis assis dans un train qui roule sous l’eau » ? Jusqu’ici, les chercheurs tentaient de les ranger dans des cases en fonction de ce qu’elles sont (« Celle-ci semble bizarre, donc c’est un rêve ») ou selon le moment où elles apparaissent (« J’exclus tout ce qui arrive à l’éveil »). Résultat : on savait qu’une multitude d’expériences traversent l’esprit pendant l’endormissement, mais sans être sûrs desquelles ni de quand ou comment le cerveau les fabrique. C’est exactement ce qu’on a voulu comprendre.

Laisser les données parler

Pour y voir plus clair, il fallait abandonner les catégories toutes faites et laisser les données parler. Nous avons enregistré l’activité cérébrale de 103 participants pendant qu’ils faisaient la sieste au laboratoire, par électroencéphalographie ou EEG : des électrodes sont placées sur la tête pour capter les signaux neuronaux et permettent de distinguer l’éveil (ondes rapides alpha) du sommeil léger (ondes plus lentes, thêta et sigma, avec de soudaines ondes très lentes et de brèves bouffées d’activité intense).

À plusieurs reprises, nous les avons interrompus avec un son pour leur poser une question toute simple : « Qu’est-ce qui vous traversait l’esprit juste avant l’alarme ? » Puis on leur a demandé de noter leur expérience sur quatre dimensions : à quel point elle était bizarre (et non ordinaire), fluide et continue (ou, au contraire, fragmentée), spontanée (sans contrôle volontaire), ainsi que leur impression d’être éveillés ou endormis.

Au total, nous avons récolté 375 expériences à l’endormissement. Plutôt que de décider nous-mêmes ce qui relevait du rêve ou de la pensée d’éveil, nous avons confié les expériences à un algorithme de Machine Learning. Sa tâche était de regrouper ces expériences en « états mentaux » sans qu’on lui dise à l’avance ce qu’ils devaient être.

En prenant en compte les notes des participants sur les quatre dimensions simultanément, l’algorithme cherchait des groupes d’expériences qui se ressemblent – un peu comme s’il cherchait des « familles » sur une carte à quatre coordonnées. Grossièrement : des fragments de souvenirs (« Une image de mon père m’est venue à l’esprit »), des pensées liées à l’environnement (« J’écoutais les bruits de la rue »), des imageries oniriques (« Je voyais des petits extraterrestres »), et des réflexions volontaires (« Je pensais à ce que j’allais faire demain »).

La question suivante s’imposait d’elle-même : à quel moment chacun de ces états surgit-il, entre l’éveil et le sommeil ?

Rêver éveillé, réfléchir en dormant

C’est là que les résultats deviennent surprenants. On s’attendait à un scénario simple : les pensées rationnelles à l’éveil, les imageries bizarres dans le sommeil. Et certains schémas allaient dans ce sens : en s’enfonçant dans le sommeil, l’état mental lié à l’environnement et celui lié aux réflexions volontaires se raréfiaient.

Mais voilà le cœur de notre découverte : les quatre états apparaissaient partout – à l’éveil, aux premiers instants de l’endormissement (stade N1) et dans un sommeil plus installé (stade N2). Ce qui nous traverse l’esprit n’est pas dicté par le fait d’être éveillé ou endormi.

En pratique, certains cas se sont révélés franchement paradoxaux. Une participante, parfaitement éveillée (ondes alpha sur l’EEG, signature de l’éveil) rapportait : « Des fourmis grimpaient sur moi avec des mots croisés en arrière-plan. » Un participant endormi en stade N2 (soudaines ondes amples sur le tracé, marqueur classique du sommeil) disait simplement : « Je pensais au travail. » On rêve avant de dormir, on réfléchit en dormant.

Il restait un point à élucider : le cerveau ne fonctionne pas de la même façon à l’éveil et dans le sommeil ; pendant le sommeil, il ralentit, il se synchronise. Alors comment une expérience onirique peut-elle survenir à la fois à l’éveil et au sommeil ? Pour le comprendre, nous avons zoomé : des fenêtres de temps plus courtes pour capter les changements rapides des ondes cérébrales, 64 électrodes pour couvrir le cortex de façon précise, des métriques de signal plus fines que celles utilisées traditionnellement.

Nous avons trouvé des signatures cérébrales des états mentaux. L’imagerie onirique, par exemple, s’accompagnait d’une communication plus faible entre régions cérébrales, comme si ces zones du cerveau parvenaient moins à dialoguer. Le point clé : ces signatures étaient les mêmes, que la personne soit techniquement éveillée ou endormie. Autrement dit, le cerveau peut produire le même type d’expérience mentale indépendamment de l’état de vigilance.

Et vous, qu’est-ce qu’il vous passe par la tête en vous endormant ?

Ces résultats ouvrent une question tout aussi intéressante. Ces expériences mentales, est-ce que tout le monde les traverse ? Dans le même ordre ? Et est-ce que cela dit quelque chose de qui nous sommes ?

Pour le savoir, nous avons conçu Drifting Minds, un questionnaire en ligne d’une vingtaine de minutes qui explore vos expériences mentales à l’endormissement. Plus de 4 500 personnes sur les cinq continents y ont déjà participé. L’objectif est d’identifier des profils d’endormissement dans la population et de voir si s’ils dépendent de l’âge, du sexe, de la culture, mais aussi s’ils sont liés à des traits comme la créativité, l’anxiété, la capacité d’imagerie mentale ou la qualité du sommeil.

À la fin du questionnaire, vous découvrez votre propre profil d’endormissement et pouvez vous comparer aux autres. Participez ici !

Ce que nous cherchons, au fond, c’est à comprendre ce que le cerveau génère dans cet entre-deux. Et ce que cela raconte de nous. Ce soir, en fermant les yeux, vous traverserez une fois de plus ce couloir étrange. Prêtez-y attention : qu’est-ce qui vous passe par la tête juste avant de sombrer ?

The Conversation

Delphine Oudiette a reçu des financements du programme Horizon Europe de l’Union Européenne (ERC consolidator grant).

Nicolas Decat ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. La frontière entre éveil et sommeil est bien plus floue que l’on ne le pensait : on peut rêver en étant éveillé – https://theconversation.com/la-frontiere-entre-eveil-et-sommeil-est-bien-plus-floue-que-lon-ne-le-pensait-on-peut-rever-en-etant-eveille-283845