‘Un monstruo viene a verme’ a la escuela: tres historias para aprender mejor

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Alan Chávez Meléndez, Profesor de Metodología de la Investigación y Capital Humano, Universidad de Guadalajara

¿Qué tiene que ver un monstruo hecho de tejo con aprender a aprender? Más de lo que parece. Un monstruo viene a verme, la película del director español J.A. Bayona, está basada en la novela homónima de Patrick Ness, quien también escribió el guion cinematográfico. Esta historia no es solo un éxito de crítica: tiene presencia activa en las aulas.

Portada del libro de Patrick Ness con prólogo J.A. Bayona.
CC BY

El Ministerio de Educación de Chile lo incluye en su currículum nacional como lectura recomendada para séptimo básico. En España, la obra ha sido adaptada al teatro y forma parte de la programación oficial para centros de Educación Secundaria en el curso 2025-2026. En varios centros educativos españoles se trabaja como lectura en el aula con guías didácticas específicas.

Que una obra literaria transite así, del texto al cine y de ahí al aula, no es casualidad: hay algo en esta historia que los docentes reconocen como pedagógicamente valioso. Juntos, libro y película, ofrecen un retrato preciso sobre las competencias emocionales en situaciones de adversidad, y por qué esas competencias son fundamentales para el aprendizaje significativo.

Las emociones no interrumpen el aprendizaje, sino que lo hacen posible

Durante décadas, la educación trató las emociones como un obstáculo: algo que había que controlar para poder aprender bien. Hoy sabemos que es al revés.

La investigación en psicología educativa muestra que las competencias emocionales, como la capacidad de escucha, la empatía, la autorregulación o la autocompasión, no son habilidades blandas secundarias. Son condiciones necesarias para que ocurra un aprendizaje profundo y duradero.

Conor, el protagonista del libro y de la película, lo aprende de la manera más difícil: acompañando a su madre en un proceso de enfermedad terminal, mientras enfrenta el acoso escolar y la ausencia de su padre. A las 00:07 horas, un monstruo arbóreo hecho de tejo comienza a visitarlo para contarle tres historias. Cada una activa en él una competencia emocional distinta.

Primera historia: la empatía como herramienta de pensamiento crítico

La primera historia del monstruo presenta un reino donde nada es lo que parece. El príncipe que se presenta como víctima no lo es del todo. La bruja malvada tampoco responde a su rol.

Conor siente decepción y confusión. Pero esa incomodidad emocional es exactamente lo que lo empuja a mirar más profundo, a suspender el juicio y a comprender que la realidad es más compleja de lo que aparenta.

Eso es empatía cognitiva, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, incluso cuando ese otro nos resulta difícil de entender. Y es también la base del pensamiento crítico: no podemos analizar bien aquello que nos negamos a comprender.

En el aula, esta competencia se traduce en algo concreto: el estudiante que desarrolla empatía cognitiva es capaz de leer un texto con el que no está de acuerdo sin descartarlo de inmediato. Puede escuchar una perspectiva diferente sin cerrarse y sostener la incomodidad de no saber antes de juzgar. Esa capacidad de espera activa es, en el fondo, lo que distingue a quien aprende de quien solo confirma lo que ya cree.

Segunda historia: autorregulación emocional, no supresión

La segunda historia lleva a Conor a destruir la habitación de su abuela en un arrebato de ira. Lo sorprendente no es el arrebato, sino lo que viene después: no hay castigo externo. Solo la emoción misma, con todo su peso.

Ahí está la lección. La autorregulación emocional no significa no sentir. Significa atravesar la emoción con conciencia, sin destruirse ni destruir a otros innecesariamente.

La investigadora Susan David llama a esto agilidad emocional. Consiste en la capacidad de moverse a través de las emociones difíciles con intención, en lugar de ser arrastrado por ellas o de suprimirlas. Quien desarrolla esta competencia aprende más, porque puede sostener la incomodidad que el aprendizaje genuino siempre implica.

Aplicado al aprendizaje, esto significa que un estudiante con autorregulación emocional puede enfrentar una materia difícil sin bloquearse, recibir una crítica sin desmoronarse o tolerar la frustración de no entender algo de inmediato sin abandonar. No porque no sienta esas emociones, sino porque ha aprendido a no dejar que lo gobiernen. Esa diferencia entre reaccionar y responder es una de las habilidades más valiosas que puede desarrollar cualquier persona en formación.

Tercera historia: autocompasión como condición para aprender de los errores

La tercera historia es la más breve y la más poderosa. Un hombre quería ser visto. Cuando al fin lo ven, descubre que ser visto no es lo mismo que ser comprendido.

Conor aprende que detrás de su ira hay una tristeza enorme. Y tras esa tristeza, una verdad que ha evitado enfrentar: desea que el sufrimiento de su madre termine, aunque eso signifique perderla.

Nombrar esa verdad, sin juzgarse por sentirla, es un acto de autocompasión. Y la autocompasión es una competencia crítica para el aprendizaje, porque aprender implica equivocarse, y equivocarse duele. Sin autocompasión, el error se convierte en vergüenza, y la vergüenza paraliza.

En contextos educativos, la falta de autocompasión tiene consecuencias muy concretas: estudiantes que no participan por miedo a equivocarse, que abandonan cuando no logran resultados rápidos o que interiorizan el error como señal de incapacidad. La autocompasión no es condescendencia con uno mismo; es la condición que permite levantarse del error con curiosidad en lugar de con vergüenza, y seguir aprendiendo.

¿Qué nos queda a nosotros?

No necesitamos enfrentar la muerte de un ser querido para desarrollar estas competencias. Pero sí necesitamos espacios, dentro y fuera del aula, donde sea posible sentir, nombrar y atravesar las emociones sin que eso se considere una debilidad.

La empatía, la autorregulación y la autocompasión no se enseñan memorizando definiciones. Se desarrollan en la experiencia, en el vínculo, en el acompañamiento. Y también, a veces, frente a un libro o una pantalla, si estamos dispuestos a no apartar la mirada.

Como el monstruo le dice a Conor: las historias más importantes son las que más nos cuesta contar. Lo mismo aplica para las emociones que más nos cuesta sentir. Y también para los aprendizajes que más nos transforman.

The Conversation

Jorge Alan Chávez Meléndez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ‘Un monstruo viene a verme’ a la escuela: tres historias para aprender mejor – https://theconversation.com/un-monstruo-viene-a-verme-a-la-escuela-tres-historias-para-aprender-mejor-282823

Cuando una especie se mezcla con otra hasta el borde de la desaparición, ¿intervenimos o dejamos actuar a la evolución?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Liétor Gallego, Investigador postdoctoral especializado en comunicación, divulgación y transferencia del conocimiento científico, Universidad de Jaén

Caracol del género _Iberus_ (concretamente, de la especie _I. gualtieranus alonensis_). Didaccc/Shutterstock

En biología, se conoce como hibridación al cruce entre individuos de especies o linajes distintos que da lugar, por lo general, a descendientes con características de ambos progenitores. Un ejemplo que todos conocemos es la mula, descendiente de la mezcla entre una yegua y un burro.

Durante mucho tiempo, el fenómeno biológico de la hibridación se consideró un proceso raro y evolutivamente marginal, casi anecdótico, tanto en vertebrados como en invertebrados.

Repasemos algunos ejemplos:

  • En mamíferos, la mezcla entre lobo y perro puede reducir la diversidad genética y comprometer la conservación de poblaciones silvestres

  • En aves, cambios ambientales recientes están favoreciendo cruces entre especies antes aisladas.

  • En peces, la elección errónea de pareja puede incluso generar nuevas líneas evolutivas.

  • En anfibios, se han detectado poblaciones introducidas de origen híbrido que logran establecerse.

  • En reptiles, se han descrito híbridos entre especies venenosas que despiertan tanto inquietud como interés.

  • En insectos, mariposas como Heliconius muestran cómo la hibridación puede dar lugar a nuevas especies

  • En moluscos, casos como la nacra (Pinna nobilis) mediterránea evidencian que la hibridación también puede influir en la dinámica y conservación de especies marinas.

Existe, además, un tipo de hibridación más complejo, que va un paso más allá: la hibridación con introgresión, donde los híbridos vuelven a cruzarse con una de las especies parentales, de modo que algunos de sus genes acaban integrándose de forma estable en ella a lo largo de las generaciones. No se trata solo de un cruce puntual, sino de la incorporación progresiva de genes de una especie en otra, lo que puede modificar sus características, facilitar la capacidad de colonizar nuevos entornos o diluir la identidad genética de las poblaciones originales.

En el caso de los invertebrados, el desarrollo de herramientas genéticas y genómicas ha revelado que el intercambio de genes entre especies es más frecuente de lo que se pensaba y que, en determinadas circunstancias, puede incluso conferir ventajas adaptativas a los híbridos. Aun así, la hibridación no suele considerarse un motor principal de especiación –el proceso por el cual una especie ancestral se divide en dos o más distintas–, sino más bien un mecanismo complementario dentro de un marco evolutivo más amplio.




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Caracoles españoles cuestionan la visión clásica de la hibridación

Entre los caracoles, la hibridación y la introgresión entre especies cercanas están bien documentadas, aunque generalmente se consideran procesos secundarios: rara vez originan nuevas especies y actúan más bien como mecanismos que introducen variación genética dentro de las ya existentes. Son la estructura poblacional, la ecología y el aislamiento geográfico los que actúan como principales motores evolutivos.

Sin embargo, este esquema encuentra una excepción más que notable en el género Iberus, endémico del sureste ibérico, donde la hibridación no parece ser un fenómeno puntual, sino recurrente: hasta 38 presuntos tipos de híbridos han sido descritos en Redescubriendo el género Iberus, un proyecto de ciencia ciudadana, estudio resultante de más de dos décadas de trabajo de un equipo de investigadores de Jaén. Este patrón sugiere que la hibridación como fuerza evolutiva en los gasterópodos terrestres podría haber sido subestimada.

Uno de los ejemplos más clásicos de hibridación dentro del género se encuentra en el entorno de la ermita del Cristo de la Sierra, en la sierra de Abdalajís (Málaga), donde conviven Iberus cobosi e Iberus marmoratus. El marcado contraste entre ambas especies explica que este fenómeno llamara ya la atención de los investigadores del siglo pasado. Mientras que la primera muestra una concha angulosa, con una quilla bien definida y una estriación muy evidente, la segunda presenta formas redondeadas y superficies lisas. Entre ambos extremos aparecen los híbridos, que parecen situarse en un punto intermedio: con una quilla suavizada, estrías menos densas y una concha menos achatada, decorada con marmoraciones más sutiles.

Más grave de lo que parecía

Desde finales del siglo pasado hasta hoy, se puede observar cómo la introgresión de I. marmoratus avanza de forma sostenida por la ladera norte del extremo oriental de la sierra de Abdalajís, ganando terreno a I. cobosi.

Tradicionalmente, este proceso se reconocía por la presencia de ejemplares claramente intermedios. Sin embargo, hallazgos recientes han cambiado de forma notable esta visión. Por un lado, se han identificado individuos con aspecto inequívoco de I. cobosi que presentan marcadores mitocondriales propios de I. marmoratus (Figura 3A). Por otro, aparecen fenotipos aparentemente puros que incorporan las bandas características de I. marmoratus (Figura 3B). A ello se suma el descubrimiento de ejemplares con labio rosado, un rasgo común en I. marmoratus pero nunca antes descrito en I. cobosi (Figura 3C).

En conjunto, estas evidencias muestran que el morfotipo (conjunto de rasgos morfológicos característicos de la concha) clásico del híbrido cobosi × marmoratus representa solo una de las múltiples formas que puede adoptar la introgresión. Existen otras variantes más crípticas (morfológicamente indistinguibles de las formas puras y solo identificables mediante análisis genéticos), en las que la concha conserva el aspecto típico de I. cobosi y solo varían detalles sutiles de la ornamentación. Anteriormente, estas se atribuían a variabilidad intraespecífica (entre organismos de la misma especie), pero en realidad reflejan una introgresión acumulada a lo largo de generaciones.




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¿Una extinción inminente?

Posiblemente, hoy en día resulte muy difícil encontrar ejemplares genéticamente puros de I. cobosi en su área clásica de distribución. Existe, no obstante, otra población situada unos 700 metros cornisa arriba hacia el oeste en la sierra de Abdalajís que merece una exploración detallada en busca de ese genotipo original. Hasta ahora, no se han detectado en ella señales de introgresión con I. marmoratus, aunque sí con otra especie: I. polymorphicus.

A falta de prospecciones más exhaustivas en otros enclaves de la sierra –especialmente en su vertiente sur–, todo apunta a que la presencia de linajes genéticamente puros del endemismo es, como mínimo, muy reducida.

Es un escenario que podría estar anunciando la posible extinción de I. cobosi y que plantea un dilema de conservación nada trivial: si este proceso de “desespeciación” debe ser gestionado activamente o asumido como parte de la dinámica evolutiva natural. Entre las posibles estrategias, podría considerarse la localización y preservación de los últimos núcleos genéticamente puros, su cría en cautividad y eventual reintroducción en áreas libres de especies del mismo género.

Pero no es la única opción. También cabría plantear la protección estricta de microhábitats refugio, la creación de barreras ecológicas que limiten el contacto entre especies, el seguimiento genético a largo plazo de las poblaciones o incluso la gestión pasiva, aceptando la introgresión como un proceso evolutivo en curso.

No obstante, esta decisión, que no sólo afecta a estos caracoles sino a todas las especies del planeta, trasciende lo puramente biológico y se adentra en el terreno de la filosofía y la ética. ¿Preservar una especie tal y como la conocimos, o aceptar y acompañar su transformación en un mundo en constante cambio?

The Conversation

José Liétor Gallego no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cuando una especie se mezcla con otra hasta el borde de la desaparición, ¿intervenimos o dejamos actuar a la evolución? – https://theconversation.com/cuando-una-especie-se-mezcla-con-otra-hasta-el-borde-de-la-desaparicion-intervenimos-o-dejamos-actuar-a-la-evolucion-280002

Recogida de basura puerta a puerta: ¿por qué muchos ayuntamientos la eligen si es tan polémica?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Artacho Ramírez, Director de Centro de Investigación en Dirección de Proyectos, Innovación y Sostenibilidad (PRINS) de la UPV, Universitat Politècnica de València

A-photographyy/Shutterstock

La gestión de residuos municipales es un problema muy complejo que suele representar más del 30 % del presupuesto total de los servicios de un ayuntamiento. La tasa de basuras que hemos tenido hasta ahora en España apenas cubría el 60 % del coste real del servicio.

Para corregir ese desfase financiero y cumplir con la normativa europea, la ley de de residuos y suelos contaminados exigía a los ayuntamientos aplicar una tasa de residuos específica, diferenciada y no deficitaria. El objetivo: permitir la implantación de sistemas de “pago por generación” antes de abril de 2025. Estos requisitos no se están cumpliendo y no hay visos de que se cumplan a corto plazo.

Esta misma ley establecía como objetivo reciclar el 55 % de los residuos municipales en 2025, el 60 % en 2030 y el 65 % en 2035, limitando para este último año la cantidad de residuos que acaban en el vertedero al 10 % del total. Lamentablemente, estamos lejos de cumplirlo, pues en España sólo se recicla, de media, el 38 % y el 50 % de los residuos municipales acaban en el vertedero.

Para mejorar estas cifras e intentar cumplir la legislación, muchas Administraciones están intentando hacer sus deberes mediante la implantación del sistema de recogida puerta a puerta, aunque no cuentan con el apoyo mayoritario de la ciudadanía.

En España, las comunidades que han abierto camino en la recogida puerta a puerta son Cataluña, País Vasco y Navarra, auténticos laboratorios donde este sistema empezó a demostrar su eficacia. Cataluña es hoy la región con mayor implantación, superando los 300 municipios, mientras que territorios como la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares destacan por su rápida evolución hacia este modelo más sostenible y participativo.

Entre los municipios donde este esquema funciona de forma integral destacan Artà en Mallorca, Besalú en Girona y Usúrbil en el País Vasco, todos ellos con resultados muy altos de reciclaje. En cambio, otros municipios aplican el sistema solo en algunas fracciones o zonas, como Banyoles y Castelló d’Empúries en Girona, o Maó en Menorca, donde el puerta a puerta convive con otros modelos de recogida.

Ninguna gran ciudad española lo aplica, pero existen ejemplos europeos emblemáticos como Milán y Bruselas.

Las ventajas del puerta a puerta

Estudios científicos recientes demuestran que, con el sistema puerta a puerta, se consiguen varios objetivos:

  • Mayor separación y reciclaje. Por ejemplo, en la República Checa, la adopción de este sistema incrementó las tasas de separación en un 40 % frente al uso de contenedores. En Suecia, los hogares con este sistema separaron el doble de residuos que aquellos que usaban contenedores. Y en la ciudad alemana de Colonia, la transición al sistema puerta a puerta aumentó el reciclaje de plásticos en un 19 %.

  • Mayor pureza de los materiales. Un estudio en Italia demostró que el porcentaje de materiales reciclables que acaban erróneamente en la “fracción resto” (basura mezclada que va al vertedero) es significativamente mayor con el sistema de contenedores que con el puerta a puerta. Esto demuestra una eficiencia mayor de la segregación en origen que asegura un reciclaje de mayor calidad.

  • Eliminación de microvertederos. El esquema puerta a puerta mitiga el problema de la existencia de basura dispersa y la creación de focos de insalubridad o “microvertederos”, que frecuentemente se forman por el mal uso o desbordamiento de los contenedores en vía pública.

Así, parece ser el sistema ideal para cumplir con las exigencias europeas y alcanzar los objetivos de reciclaje, reducir la presencia de impropios (residuos depositados en el contenedor equivocado) y disminuir la fracción resto enviada al vertedero.

Además, cuando se implemente el pago por generación, el sistema puerta a puerta es perfecto para garantizar la trazabilidad necesaria, con el objetivo de conocer exactamente qué cantidad y calidad de residuos genera cada hogar.




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Nuevos reciclajes

Finalmente, la citada ley amplió el catálogo de residuos que deben separarse en origen. Además del papel, plástico y vidrio, la normativa obliga a la separación de los biorresiduos y puso como límite diciembre de 2024 para recoger de forma separada los residuos textiles, aceites de cocina usados, residuos domésticos peligrosos y residuos voluminosos.

La recogida puerta a puerta facilita la gestión logística de estos nuevos flujos, evitando la necesidad de sembrar las aceras con innumerables contenedores distintos para cada tipo de residuo.




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Impacto ambiental

Un estudio reciente de análisis de ciclo de vida, que contempla los impactos de distintos modos de recogida y de los tratamientos finales (reciclaje, compostaje y vertedero), demuestra que el sistema puerta a puerta es más ecológico que el uso de contenedores.

El sistema reduce la huella de carbono total, incluyendo la reducción de emisiones a largo plazo de los vertederos, cuya vida útil se alarga al reducirse drásticamente la fracción resto a eliminar.




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Económicamente, ¿le cuesta más al ayuntamiento?

A nivel económico, investigaciones recientes demuestran que, aunque los costes de personal y logísticos son mayores con este sistema, el ayuntamiento recupera esa inversión por dos vías: deja de pagar las elevadas tasas y penalizaciones europeas por enterrar residuos mezclados en el vertedero y genera ingresos al vender materiales reciclables muy puros a las plantas de tratamiento.

Con todo, el sistema cuadra las cuentas y protege el medio ambiente sin exigir un aumento de los impuestos municipales.

Si además se emplea la técnica de fusión (agrupando los residuos de algunos hogares contiguos), la rentabilidad económica y ambiental del sistema se dispara: concentrando los cubos de cinco familias, los costes disminuyen en un 46 % y las emisiones de CO₂ un 27 %.

Los vecinos como agentes clave

También es clave destacar que el sistema crea empleo local, gana espacio público y mejora su estética, ofreciendo un entorno mucho más limpio y saludable.

A pesar de las ventajas en materia social y de sostenibilidad, el éxito del sistema depende de que los vecinos acepten el cambio.

Los cambios no se logran solo con imposiciones legales; se requiere un delicado equilibrio entre apoyo normativo, coordinación municipal y compromiso comunitario.

Para evitar la resistencia vecinal y lograr que se adopten las nuevas rutinas, los expertos recomiendan que las instituciones sigan algunas pautas:

  • Comunicación directa, personal y puerta a puerta: para que la gente cambie sus hábitos, la información no puede ser abstracta. En EE. UU., una campaña de información puerta a puerta logró que el 50 % de los vecinos adoptaran las nuevas pautas de reciclaje en solo cuatro semanas, frente a un escaso 5 % de adopción en zonas donde la información se ofreció a través de medios municipales pasivos.

  • Reducción de barreras logísticas (fácil y gratuito): las instituciones deben eliminar cualquier obstáculo práctico y logístico. Esto implica la distribución gratuita de cubos adecuados y bolsas compostables para la fracción orgánica directamente a los hogares.

  • Transparencia y demostración de eficacia: la reticencia vecinal a menudo nace del escepticismo sobre si el esfuerzo realmente vale la pena. Las autoridades deben fortalecer la confianza publicando informes periódicos, visuales y accesibles que muestren los resultados cuantitativos de la separación: cuántas toneladas se han salvado del vertedero, cuánto dinero público se ha ahorrado y cómo la materia orgánica se ha transformado en compost de alta calidad para la agricultura local.

  • Implementación de incentivos tangibles: combinar el nuevo sistema de recogida con mecanismos de recompensa transforma una obligación molesta en un beneficio. Las instituciones pueden implementar sistemas de “recompensa” con los que los vecinos ganen puntos por separar correctamente, canjeables por descuentos en comercios locales, productos sostenibles o rebajas en sus impuestos municipales.

  • Fomento de normas sociales mediante la educación: el reciclaje debe percibirse como una norma socialmente esperada y valorada por la comunidad. Para lograrlo, los ayuntamientos deben promover programas de educación ambiental en las escuelas, convirtiendo a los niños en embajadores del reciclaje en sus propias familias.

La conclusión es que el sistema puerta a puerta nos ayudaría a estar a la altura de las sociedades más avanzadas en materia de residuos si se consiguiera el compromiso de todos.

The Conversation

Miguel Ángel Artacho Ramírez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Cuando la tecnología nos hace sentir torpes, quizá el problema no seamos nosotros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ainhoa Apraiz Iriarte, Docente e investigadora en Innovación en Diseño Industrial, con especialización en Diseño de Interacción y Aceptación Tecnológica en Robótica., Mondragon Unibertsitatea, Mondragon Unibertsitatea

A veces, interactuar con una máquina no resulta algo fácil de resolver a la primera. Roberto Hund / Pexels. , CC BY-SA

Todos hemos usado alguna vez una tecnología que nos hizo sentir torpes. Puede ser la web de una administración pública en la que no queda claro cuál es el siguiente paso, una máquina de autoservicio en el supermercado que forma cola porque varias personas miran la interfaz sin saber dónde pulsar, una aplicación móvil que cambia de diseño y esconde la función que más utilizábamos…

Cuando esto ocurre, la frustración es inmediata. Tendemos a suspirar, a asumir que el sistema funciona correctamente y a decirnos en voz baja: definitivamente, la tecnología no es lo mío.

Si alguna de estas escenas resulta familiar, tenga en cuenta que el problema no siempre está en nuestra supuesta falta de habilidad. Puede que la aplicación funcionara bien durante el desarrollo, pero no en las condiciones reales de uso ni con las personas que finalmente tenían que utilizarla.

Y esto no es solo una cuestión de comodidad. Cuando una aplicación, una máquina o un trámite digital no se entienden, pueden convertirse en una barrera para acceder a servicios, completar gestiones o ejercer derechos. Así, un diseño deficiente puede convertirse en una barrera de exclusión social.

Y es ahí es donde entran las pruebas de usabilidad.

Por qué no basta con que una tecnología “funcione”

Existe una confusión frecuente en el desarrollo tecnológico. Que una herramienta funcione no significa solo que el código no falle. Tampoco basta con que el sistema complete una operación: debe permitir que una persona real pueda usarla con claridad y eficiencia cuando la necesita.

En este sentido, aunque muchas herramientas se consideran terminadas cuando cumplen los requisitos técnicos y superan todos los controles internos, pueden fallar después, cuando alguien intenta usarlas en una situación real, con prisa, con interrupciones o bajo presión.

Y es que la tecnología no se usa en el vacío. La utilizamos personas que no siempre tenemos el mismo nivel de atención, memoria, tiempo o paciencia. También llegamos con expectativas previas sobre cómo deberíamos interactuar con una interfaz.

Qué son las pruebas de usabilidad

Para analizar esto, disciplinas como la interacción persona-ordenador (IPO) utilizan las pruebas o tests de usabilidad, que no consisten solo en preguntar si gustan los botones o si la pantalla es bonita.

Un test de usabilidad tampoco busca saber si alguien es hábil, sino comprobar si el sistema permite completar una tarea sin dudas, errores ni esfuerzos innecesarios.

En las pruebas, no pedimos a quien participa que nos explique cómo cree que utilizaría una herramienta. Le proponemos una tarea concreta; por ejemplo: “compra un billete de autobús para mañana a las 10:00 aplicando este código de descuento”. A partir de ese momento, el equipo investigador observa el proceso, procurando intervenir lo mínimo posible.

La persona empieza. Busca el botón. Se detiene. Vuelve atrás. Lee dos veces la misma frase. Pregunta si lo ha hecho bien. Ahí es donde se revela la realidad del diseño. Lo importante no es solo si se llega al final, sino qué ocurre por el camino.

Escena de un test de usabilidad: un investigador observa desde una cámara Gesell mientras una persona participante realiza una tarea con el apoyo de una facilitadora.
Escena de un test de usabilidad: un investigador observa desde una cámara Gesell mientras una persona participante realiza una tarea con el apoyo de una facilitadora.
DBZ – Mondragon Unibertsitatea.

Qué medimos: el resultado, el camino y el esfuerzo

Para analizar la experiencia de forma objetiva, registramos datos organizados en diferentes niveles. Primero evaluamos el resultado: si la persona consigue completar la tarea solicitada o si se ve obligada a desistir.

Segundo, tenemos en cuenta el proceso: medimos cuánto tarda, dónde se pierde, qué errores comete o cuántos pasos y rodeos necesita antes de encontrar la opción correcta. Por ejemplo, si varios usuarios se detienen en el mismo punto o interpretan mal la misma palabra, ya no hablamos de torpeza individual. Lo que estamos viendo es una señal de que el diseño está dificultando la comprensión.

Por último, analizamos el esfuerzo, la carga cognitiva, la seguridad percibida y la aparición de frustración o fatiga mental.

Reconocer estos patrones es lo que permite corregir las herramientas antes de que lleguen al público general.

Nuestro estudio: medir lo que ocurre durante una tarea

Desde el proyecto NO-STRESS, llevamos esta lógica a entornos industriales. Empezamos diseñando el protocolo científico y, un año más tarde, liberamos un banco de datos sobre estrés y desempeño en tareas de fabricación.

En el estudio, analizamos tareas habituales de fabricación, como la preparación de kits de piezas, el control de calidad, el ensamblaje y la monitorización de producto. No nos limitamos a verificar si la tarea se completaba. Combinamos tiempos, errores, movimiento corporal y percepción de estrés.

La idea era comprobar que el resultado final de una tarea no cuenta toda la historia. Una actividad puede completarse correctamente y, aun así, exigir demasiada atención o resultar más cansada de lo esperado.

Diseñar para personas no es hacer las cosas bonitas

El diseño centrado en las personas no constituye un lujo estético; representa una necesidad funcional, económica y social:

  • En los servicios públicos digitales, un diseño deficiente se convierte en una barrera de exclusión social que afecta con mayor gravedad a los colectivos más vulnerables, como las personas mayores.

  • En el entorno laboral, una mala herramienta multiplica tareas duplicadas, clics innecesarios y frustración.

  • En la vida cotidiana, un diseño inadecuado convierte acciones sencillas –pedir una cita, pagar en una máquina o modificar una reserva– en pequeñas fuentes de frustración.

Muchas veces, el problema empieza antes de tocar el botón: en una instrucción ambigua, un texto saturado o un flujo ilógico. Así que la próxima vez que una pantalla nos haga sentir torpes, preguntémonos quién la probó, con quiénes y en qué condiciones. Porque una tecnología no funciona de verdad hasta que funciona para las personas que tienen que usarla.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cuando la tecnología nos hace sentir torpes, quizá el problema no seamos nosotros – https://theconversation.com/cuando-la-tecnologia-nos-hace-sentir-torpes-quiza-el-problema-no-seamos-nosotros-284110

Masculinidades y adicciones: ¿por qué a ellos les cuesta más pedir ayuda?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen María Galvez Sánchez, Professor. Faculty of Psychology and Speech Therapy. Universidad de Murcia, Universidad de Murcia

Andrii Zastrozhnov/Shutterstock

Las adicciones son un problema de salud pública muy importante y cada vez aumenta más su presencia en la sociedad. La Organización Mundial de la Salud informa de que cada año 2,6 millones de personas mueren a causa del consumo de alcohol, mientras que 600 000 lo hacen por las drogas.

Estos fallecimientos muestran un marcado componente de género, ya que los hombres son los más afectados. A ellos corresponden 2 millones de las muertes relacionadas con el alcohol y 400 000 de las motivadas por sustancias psicoactivas.

Pero ¿por qué esa brecha? La investigación demuestra que existen diferencias en la forma en que hombres y mujeres actúan al buscar ayuda para problemas de salud, incluidas las adicciones. Ellas tienden a pedir ayuda con mayor frecuencia, en parte debido a las normas tradicionales de género establecidas por la sociedad, que también influyen en las creencias y comportamientos de los varones con respecto a la búsqueda de apoyo.

Ser hombre suele asociarse a ser fuerte, independiente y resolver todo solo. Esto puede dar lugar a que los hombres piensen que pedir ayuda es una muestra de debilidad y falta de autosuficiencia, y lo eviten.

Las barreras que les impiden pedir ayuda

Existen otras barreras que dificultan que los hombres busquen ayuda para resolver sus adicciones. Entre las más comunes se encuentran el estigma público, los prejuicios sociales y la discriminación. Estos son especialmente fuertes en casos de adicción al alcohol y al juego, no tanto en cuanto al consumo de tabaco.

Las creencias negativas sobre la utilidad de los tratamientos y el miedo a ser juzgados también actúan como barreras. Estas barreras están muy relacionadas con la forma en que la sociedad considera que debe ser un hombre. Ya que predomina la idea de que los hombres tienen que ser autosuficientes, resolver todo por ellos mismos, y no mostrar debilidad.

El proceso de búsqueda de ayuda es diferente según el tipo de adicción. Sin embargo, todas las adicciones comparten el impacto de las normas de género y el estigma social como factores que dificultan pedir ayuda.

Para trabajar eficazmente con las adicciones en hombres, es importante integrar una perspectiva de género en el diagnóstico, la prevención y el tratamiento, con enfoques personalizados y adaptados a sus necesidades específicas.

Existen otras formas de “ser hombre”

Comprender qué es la masculinidad hegemónica ayuda a entender por qué a muchos hombres les cuesta pedir ayuda. La masculinidad hegemónica es la forma en la que la sociedad define cómo deber ser un hombre. La sociedad establece normas que asocian la masculinidad con la fuerza, la independencia y ocultación de las emociones. Estas normas pueden hacer que los hombres eviten buscar ayuda para que nos los consideren débiles.

Sin embargo, existen otras formas de “ser hombre”. La masculinidad igualitaria propone una forma diferente de estar en el mundo basada en la equidad de género, el respeto mutuo y la eliminación de las diferencias de poder. Este enfoque promueve en los hombres la empatía, la colaboración y la expresión emocional.

En este contexto, la masculinidad no se define por la superioridad, sino por la igualdad y el respeto en las relaciones humanas. La masculinidad igualitaria es una herramienta importante para eliminar las barreras en la búsqueda de ayuda, especialmente en contextos de adicción, y ayudar a promover sociedades más inclusivas y justas.

Saber pedir ayuda es necesario porque permite a las personas enfrentar sus desafíos con apoyo profesional y social, aumentando las posibilidades de superar las dificultades y mejorar la calidad de vida. Por el contrario, no pedir ayuda a tiempo retrasa el diagnóstico, el tratamiento y la recuperación. Pedir ayuda también puede eliminar el estigma y la soledad que muchas veces acompañan a los problemas de adicción. Nadie debería enfrentar sus problemas en soledad.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Masculinidades y adicciones: ¿por qué a ellos les cuesta más pedir ayuda? – https://theconversation.com/masculinidades-y-adicciones-por-que-a-ellos-les-cuesta-mas-pedir-ayuda-281613

Escuchar cómo habla una persona puede cambiar su diagnóstico (y su vida)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Varo Varo, Catedrática de Lingüística General en la UCA, investigadora del Instituto de Lingüística Aplicada (ILA). Semántica léxica, déficits semánticos y perfiles lingüísticos en trastornos ddel neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas, Universidad de Cádiz

Anton Vierietin/Shutterstock

Hay familias que llevan años en lo que los especialistas llaman un limbo diagnóstico: saben que “algo” ocurre, pero ninguna prueba lo confirma con suficiente claridad. A veces se trata de un hijo que, superando los umbrales mínimos en las pruebas estandarizadas, tiene “algo” que no encaja. Otras es un mayor en el que “algo” ha cambiado, pero de una forma difícil de explicar. En estos contextos, deberíamos prestar más atención al lenguaje.

Puesto que tendemos a pensar en el lenguaje como un instrumento de comunicación social, los problemas de lenguaje son entendidos como aquellos que interfieren con esa función comunicativa. En estos casos, la intervención consiste, fundamentalmente, en restaurarla o, al menos, compensarla.

Este enfoque funcional relega a un segundo plano el hecho de que en el lenguaje también se proyectan los principales mecanismos de la cognición: la memoria, la atención, la categorización, la función ejecutiva, e incluso la emoción.

De hecho, el análisis lingüístico no solo nos informa sobre las competencias relacionadas con lenguaje sino, de manera especial, sobre la arquitectura cognitiva de cada persona.

Cuando el lenguaje se deteriora

Cuando el lenguaje se deteriora o se desarrolla de forma atípica no lo hace al azar: sigue patrones que reflejan la peculiar organización de los sistemas cognitivos subyacentes.

La neuropsicología cognitiva distingue dos sistemas de memoria con sustratos cerebrales diferenciados.

Por un lado, la memoria declarativa actúa como un almacén mental para hechos y palabras. De ella dependen tanto el vocabulario como la capacidad para captar la intención de un mensaje en su contexto social.

Por otro lado, la memoria procedimental se encarga de las habilidades y secuencias automatizadas. Este sistema gestiona la arquitectura estructural del lenguaje, desde la combinación de sonidos hasta la formación de palabras y la construcción de oraciones.

A partir de esta distinción, la mirada clínica permite interpretar perfiles lingüísticos que, a primera vista, resultan desconcertantes.

Corta pero no es un cuchillo

Imaginemos un paciente que, cuando habla, construye oraciones gramaticalmente válidas pero vacías de contenido semántico. Por ejemplo, dice: “necesito algo para cortar… no es un cuchillo… algo que corta” para referirse a un serrucho. Se trata de una disociación entre fonología y gramática frente al léxico que puede alertar de que hay una demencia semántica.

Este patrón tan específico puede indicar la atrofia de una zona del cerebro llamada neocórtex temporal izquierdo, región cerebral que funciona como el centro logístico de nuestros conceptos y conocimientos.

Torpeza en el discurso y torpeza motora

La disociación puede encontrarse también en dirección contraria. Pensemos en una niña de diez años con una alteración genética poco habitual con un discurso lento, que tiende a acumular comienzos oracionales (“Ella…es que… es que… es que ella quería…”), con largas pausas y excesivas autocorrecciones. Es el rastro de una mente que sabe lo que quiere decir, pero que lucha contra la maquinaria que se ocupa de unir las piezas.

Su comprensión y su vocabulario son excelentes, incluso es capaz de producir expresiones como “Va al cole guapa vestida”, donde el orden está alterado pero el sentido es nítido. O puede construir frases como “Conmigo se lleva bien de generosa”, que muestran cómo su mente ha fusionado dos estructuras distintas en el intento de ensamblar el mensaje.

Este perfil, que suele acompañarse de torpeza motora y dificultades atencionales, muestra que el problema no está en el conocimiento del mundo o el almacén de conceptos, sino en la maquinaria encargada de secuenciar y automatizar las reglas del lenguaje.

El diagnóstico del lingüista

¿Cómo puede la lingüística ayudar en estos casos? La clave no está en analizar el habla espontánea en situaciones reales, en las que la mente debe gestionar el lenguaje, a la vez que la atención y la memoria. No se trata simplemente de hacer un inventario de errores –como quien cuenta piezas rotas–, sino de interpretar esos fallos como un mapa coherente. Al observar qué piezas fallan y cuáles resisten, el lingüista puede realizar un diagnóstico funcional: una explicación detallada de cómo está organizado el cerebro de esa persona.

Así, el lenguaje deja de ser el problema para convertirse en la herramienta que nos dice exactamente dónde necesita apoyo la paciente.

Desde trastornos del neurodesarrollo hasta enfermedades neurodegenerativas

Esto vale tanto para los trastornos del neurodesarrollo (en niños) como para las enfermedades neurodegenerativas en sus fases iniciales (en mayores). En ambos, casos, los cambios en el lenguaje suelen preceder a la confirmación diagnóstica por otras vías. Y se puede llevar a cabo sin procedimientos invasivos y con un impacto directo sobre la calidad de vida cotidiana.

Hay veces en que falla la fluidez verbal en la categorización semántica, es decir, al organizar y clasificar los significados. Por ejemplo, cuando una persona, al tratar de decir “tenedor”, es incapaz de decidir entre la palabra correcta y opciones como “cuchara” y “cuchillo”, que se encuentran semánticamente cercanas.

Si alguien pierde la especificidad del contenido de forma progresiva, por ejemplo pasando de decir “canario” a “pájaro”, hasta finalmente referirse a él como “animal” o “bicho”, hablamos de un deterioro de la memoria semántica a largo plazo.

La importancia de identificar lo que está preservado

La terapia más eficaz no es la que intenta reconstruir lo que se ha perdido o nunca se desarrolló de manera típica, sino la que identifica lo que está preservado y lo convierte en apoyo para lo que ya está comprometido.

En el adulto con demencia semántica en fase temprana, las rutas fonológica y gramatical intactas sostienen todavía durante un tiempo la comunicación que el vaciamiento semántico –esa pérdida progresiva de los conceptos y los nombres de las cosas que deja el lenguaje como una estructura hueca– irá erosionando.

En la niña con la alteración genética, su excelente capacidad para entender la intención del otro, respetar los turnos de palabra y usar el contexto para hacerse entender nos permiten construir estrategias de comunicación funcional eficaces.

Aprender a leer esos patrones, en lugar de simplemente catalogar déficits por niveles lingüísticos, es lo que convierte el análisis del lenguaje en un instrumento de diagnóstico cognitivo temprano.

The Conversation

Carmen Varo Varo recibe fondos de: Proyecto: «Estudio neurocognitivo longitudinal y transversal de las capacidades acústico-perceptivas y la función lingüística en niños prematuros», Proyecto de Excelencia (Modalidad Reto Consolidado): «Estudio psicolingüístico longitudinal de niños con cromosomopatías de baja prevalencia» y Proyecto de Investigación (Responsabilidad Social): «Herramientas para la evaluación y rehabilitación del lenguaje en niños con cromosomopatías de baja prevalencia».

– ref. Escuchar cómo habla una persona puede cambiar su diagnóstico (y su vida) – https://theconversation.com/escuchar-como-habla-una-persona-puede-cambiar-su-diagnostico-y-su-vida-277159

¿Puede el uso de IA en el aprendizaje desarrollar virtudes intelectuales como la prudencia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Héctor Reyes Martín, Profesor de Física y Neurociencias en la Escuela Politécnica, Universidad Francisco de Vitoria

SeventyFour/Shutterstock

En el contexto universitario actual, en el que predominan la inmediatez y la obtención de resultados, a menudo facilitados por la inteligencia artificial generativa, ¿es posible educar en otros valores?

Lo que en primera instancia puede parecer una carga (incorporar y gestionar esta herramienta tecnológica en la enseñanza) podría convertirse en un reto positivo y llevar los aprendizajes más allá de aspectos curriculares. ¿Cómo? Usándola para educar en virtudes intelectuales (la prudencia, la paciencia, la autoestima, la resiliencia ante la dificultad o la perseverancia) y de esta manera animar a los estudiantes a crecer como personas más allá del rendimiento académico.

Medir el aprendizaje con IA

Con este objetivo, en nuestro grupo de investigación en Física y Neurociencia hemos elaborado dos guías detalladas, una sobre una asignatura concreta y la otra sobre el uso de la inteligencia artificial. Hemos podido comprobar que su uso combinado ayuda a los estudiantes a controlar el proceso de aprendizaje y de esta manera usar la inteligencia artificial con prudencia y autocontrol.

La primera guía explica cómo estudiar los contenidos curriculares del aprendizaje de la física, ayudando a personalizar el proceso de aprendizaje del alumnado de una manera más interactiva que un libro de texto convencional.




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Por ejemplo, en la guía advertimos a los estudiantes de que, para pasar del mundo de la intuición al conocimiento formal de la física, se necesita tiempo y tesón. Nuestro cerebro ha evolucionado para hacerse una idea rápida de cómo es el mundo en el que estamos de la manera más eficaz posible, lo cual a veces dificulta alcanzar un conocimiento técnico de las cosas.

Dejar que en el aula broten los prejuicios o ideas intuitivas permite, además de entrenar la escucha respetuosa, entender cómo nuestra percepción de la realidad es tantas veces errónea.

Usar la IA con pautas específicas

La otra guía pauta el uso de la inteligencia artificial en el aprendizaje: se proponen tiempos de estudio en el que su uso se hace absolutamente recomendable, mientras que en determinadas circunstancias estará limitado o incluso prohibido. Las preguntas que el alumnado debe hacerse son: ¿Te ayuda o te sustituye? ¿Su uso te permite aprender, o simplemente terminar un ejercicio o proyecto de investigación?

En este manual se propone cómo afrontar un problema de modo autónomo. La IA tiene un papel en cada una de las fases, desde comprender el enunciado, hasta resolverlo matemáticamente y discutir los resultados, pasando por asociar los contenidos con otros que se han estudiado antes. Por ejemplo, puede ayudar a localizar las dificultades matemáticas en lugar de resolver el ejercicio; nos ofrece pistas sobre los principios físicos retomando la teoría o corrige una redacción realizada por el estudiante sobre cómo se resuelve el problema, puliendo la verbalización y la precisión que se requiere en el aprendizaje.

Aprendemos a usar la guía en clase, en los tiempos de actividades colaborativas. La idea es que el alumnado pueda emplearla también de modo autónomo en su estudio personal.

Por qué funciona

Un cuestionario validado por expertos de diferentes áreas (físicos, ingenieros y educadores) nos ha permitido medir el nivel de seguimiento de las dos guías en cada estudiante, qué nivel de autocontrol y prudencia muestran en el uso de las nuevas herramientas digitales.

Al alumnado se le pregunta si compara sus razonamientos con los que puede plantear la IAG, si valoran el uso de este recurso como una ayuda o una forma rápida de completar una tarea, incluso si usan la IAG para que la tecnología detecte sus errores y les ayude a localizarlos, sin mostrar explícitamente cuáles son.




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El alumnado genera un juicio, no solo sobre su aprendizaje, sino también sobre su propia persona. Este cuestionario se puede rellenar una única vez cada curso o en distintos momentos del año. Lo importante es que tiene validez psicométrica, por lo que es fiable como herramienta de seguimiento.

Pero, como en cualquier prueba psicométrica, se puede mentir. Lo que ofrece ciertas garantías es el hecho de que el alumnado sabe que la propuesta es un bien para ellos, por lo que se implican positivamente. Por otro lado, la estadística ayuda mucho: si todos mintieran, los resultados serían altamente incoherentes.

Autocontrol y pensamiento crítico

Así hemos comprobado cómo el uso adecuado de las dos guías mejora la autorregulación, el control que el alumnado tiene sobre su proceso de aprendizaje. También hemos visto que los estudiantes con mayor autorregulación tienen más capacidad de comprensión de lo que se está estudiando, mejorando así su razonamiento físico-matemático. En definitiva, mejora la forma de estudiar del alumnado, les ayuda a conocerse mejor y a afrontar el reto del estudio, no solo con herramientas cognitivas adecuadas, sino también con nuevas habilidades personales, a través del crecimiento en virtudes.

Este método de trabajo combinando instrucción humana y apoyo de la tecnología de manera controlada y crítica ayuda a aprender tanto de uno mismo como de la materia que se está estudiando, y a entender cómo las virtudes intelectuales que hemos mencionado al principio (la prudencia, la paciencia, la perseverancia) nos pueden hacer no solo mejores estudiantes, sino personas más capaces y más preparadas para la vida.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Puede el uso de IA en el aprendizaje desarrollar virtudes intelectuales como la prudencia? – https://theconversation.com/puede-el-uso-de-ia-en-el-aprendizaje-desarrollar-virtudes-intelectuales-como-la-prudencia-275627

¿Vale lo que cuesta?: lo que no se ve tras el precio de una taza de café

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emma Juaneda Ayensa, Universidad de La Rioja

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“¿Me pone un café?”. Una de las acciones más cotidianas de nuestra vida se ha encarecido notablemente en los últimos años y, aunque muchos consumidores perciben esta subida, pocos se preguntan qué hay detrás del precio de una taza.

El café es uno de los productos agrícolas más globalizados del mundo y su precio depende de una cadena que va del cafetal a la cafetería (o a nuestra cafetera). Por eso, cuando pagamos una taza no solo pagamos el café que bebemos.

¿Robusta o arábica?

Empecemos por subrayar que no todo el café es igual. En el mercado global predominan dos grandes variedades: arábica y robusta. El arábica, más valorado por su perfil aromático, domina los segmentos de mayor calidad. El robusta, más económico, se utiliza sobre todo en mezclas comerciales, expreso y café soluble. A ello se suma la diferencia entre el café convencional (el del “café con leche en vaso”) y el de especialidad en el que origen, trazabilidad y calidad sensorial justifican precios superiores.

Tampoco el aumento de precios les afecta del mismo modo. Desde 2021, buena parte del aumento internacional de precios ha estado vinculado precisamente a fenómenos climáticos adversos que han reducido la oferta de café, especialmente el arábica. Sin embargo, el clima no lo explica todo: el precio responde también a qué interpretan los mercados internacionales que puede ocurrir en los próximos meses.

El café en los mercados financieros

Como otras materias primas, el café también cotiza en mercados internacionales mediante contratos de futuros. Es decir, no solo se negocia el café disponible hoy, sino las expectativas sobre oferta, costes y riesgos futuros. De hecho, en 2026 las perspectivas de una cosecha brasileña más abundante han moderado las cotizaciones de los futuros a la baja. Sin embargo, ese ajuste no se traslada de inmediato al consumidor (y no siempre llega a hacerlo).

Otro factor clave ha sido el aumento de los costes agrícolas, agravado por tensiones geopolíticas y el encarecimiento de fertilizantes. La Organización Internacional del Café advierte de que esta situación afecta especialmente a los pequeños productores, que tienen márgenes muy reducidos.

De la mata a la mesa

A todo esto se suma el componente logístico. El café se produce principalmente en
América Latina, África y Asia, pero se consume mayoritariamente en Europa y Estados Unidos. La pandemia, el encarecimiento energético y los cuellos de botella han disparado los costes de transporte. Además, la cadena de valor del café no termina en el tostador, ni en el supermercado. En las últimas dos décadas, una parte creciente del valor económico del sector cafetero se ha desplazado hacia “la experiencia de consumo”, transformando esta bebida cotidiana en un producto cultural, social y aspiracional.

A nivel global han proliferado las cafeterías especializadas, impulsando un modelo de negocio en el que el consumidor no paga por el café sino por el entorno y la experiencia sensorial. Este modelo es la evolución natural de la revolución en el consumo de café que supuso la aparición y crecimiento de cadenas de cafeterías como Starbucks, Costa Coffee o Tim Hortons.

Paralelamente, el sector ha vivido un fenómeno aparentemente opuesto, pero igualmente transformador: la industrialización de la experiencia del café en el hogar. Grandes compañías como Nestlé han transformado el consumo de café mediante el desarrollo de cápsulas monodosis de uso doméstico.

En ambos modelos, una parte creciente del valor económico se desplaza desde el grano hacia la facilidad de acceso, la tecnología, la marca y la experiencia. Es así como el café atraviesa una larga cadena antes de llegar a la taza, y cada eslabón añade costes, transforma el producto y captura parte del margen económico.

Sin grano no hay café

Hay una realidad que conviene no perder de vista: que el precio internacional del café suba no implica necesariamente mayores beneficios para sus productores. Mientras que las grandes empresas pueden diversificar sus riesgos, negociar precios a gran escala y aplicar instrumentos financieros para protegerse de las fluctuaciones en los precios, los mayores riesgos siguen recayendo sobre la base de la cadena de valor cafetera.

Millones de pequeños caficultores –muchos en economías en desarrollo con fragilidad institucional, baja productividad y limitada capacidad de negociación– afrontan la incertidumbre climática, la volatilidad de precios y un incremento constante en los costes, con escasos márgenes financieros.

La asimetría es evidente: quienes más dependen del café suelen ser quienes menos herramientas tienen para protegerse. En este contexto han cobrado fuerza las cooperativas, asociaciones de productores y esquemas de comercio justo que buscan reducir la intermediación, mejorar el poder negociador de los agricultores y favorecer una distribución más equilibrada del valor generado.

Porque, aunque una cafetería de especialidad o una cápsula premium expliquen parte del precio final, conviene recordar que sin productores, sin cafetales y sin granos, simplemente no hay café.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Vale lo que cuesta?: lo que no se ve tras el precio de una taza de café – https://theconversation.com/vale-lo-que-cuesta-lo-que-no-se-ve-tras-el-precio-de-una-taza-de-cafe-282982

Modéliser les territoires pour mieux décider ? Les promesses et les limites des jumeaux numériques pour l’environnement

Source: The Conversation – France in French (2) – By Sébastien Dupraz, Coordinateur de programme, BRGM

Les jumeaux numériques environnementaux permettent de mieux comprendre les ressources naturelles, un objectif au cœur du programme ARD JUNON, soutenu par la Région Centre-Val de Loire. Ces outils centralisent des données de terrain, des modèles et des analyses. Didier Depoorter/BRGM, Fourni par l’auteur

Faut-il adapter les pratiques agricoles face à des ressources en eau de plus en plus incertaines ? Peut-on renforcer la résilience des territoires face aux risques d’inondation ou de pollution de l’air ? Comment anticiper les effets d’aménagements sur les sols, l’eau ou la biodiversité ?

Les réponses à ces questions reposent aujourd’hui sur des données fragmentaires et des arbitrages complexes entre acteurs du territoire. Mais une nouvelle approche émerge : l’usage de jumeaux numériques environnementaux, qui permet de représenter numériquement et automatiquement la réalité physique sur de longues périodes. Déjà utilisés dans l’industrie pour les véhicules ou les machines, ces formes de modélisation sont désormais appliquées à de nombreux autres objets : bâtiments, villes, organes humains, processus de fabrication… Elles assurent leur suivi de façon intégrée et continue, tout au long de leur cycle de vie, avec une promesse : mieux comprendre pour mieux décider.


Dans l’environnement au sens large (urbain, agricole, naturel, industriel) et dans un contexte de changement climatique où la gestion des ressources naturelles et énergétiques est devenue critique, ces approches suscitent un intérêt croissant auprès des acteurs publics et industriels.

En France, par exemple, l’État a annoncé mi-avril 2026 un investissement de 25 millions d’euros dans le cadre du plan France 2030 pour développer des jumeaux numériques des territoires, destinés à mieux anticiper leurs évolutions et éclairer les décisions des collectivités. Mais leur déploiement soulève encore plusieurs défis, techniques comme sociaux.

Décider au quotidien et sur le long terme

Une fois déployés sur un territoire, les jumeaux numériques permettent d’adapter les flux et les pratiques en fonction de la disponibilité des ressources et des risques.

Ils facilitent par exemple la détection de certains dysfonctionnements. Parmi ceux-ci, il y a la détection des fuites de réseaux d’eau, la gestion de zones problématiques comme les îlots de chaleurs pour lesquels des villes comme Enschede (Pays-Bas) ont développé des jumeaux thermiques dédiés, ou bien le suivi de pollutions locales notamment liées à la qualité de l’air. A contrario, ils peuvent également mettre en évidence des systèmes aux impacts positifs, comme des zones humides qui jouent un rôle clé dans le maintien de la biodiversité et favorisent la filtration et l’infiltration des eaux.

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Le programme JUNON vise à fournir un jumeau numérique à la Région Centre-Val de Loire, qui permettra de concevoir des services numériques pour améliorer le suivi et la compréhension de l’environnement ainsi que la gestion des ressources naturelles.
Néologis, Fourni par l’auteur

Mais leur intérêt ne se limite pas au suivi en temps réel. Les jumeaux numériques permettent aussi de tester différents scénarios et de planifier de futurs aménagements selon différentes problématiques. Les projets d’urbanisation, de paysagisme et de restauration environnementale peuvent ainsi se décliner afin d’estimer leurs impacts respectifs et de rationaliser les choix des collectivités.

Il devient par exemple possible de comparer l’impact de la création d’un bois ou d’une zone agricole, à l’aménagement d’une rive, à la création d’un parking, d’une autoroute ou bien d’un parc photovoltaïque. Quels seront leurs impacts respectifs par rapport aux émissions de CO₂, aux dépenses énergétiques, à la disponibilité de la ressource eau et à la qualité de l’air ? Ces impacts varient-ils selon les localisations ? Actuellement, plusieurs villes européennes et dans le monde construisent déjà leur plan d’urbanisme en fonction de ces paramètres grâce aux jumeaux numériques.

En objectivant ces effets, les jumeaux numériques contribuent à éclairer les décisions. Ils peuvent aider à apaiser des débats souvent sensibles entre acteurs du territoire, afin d’améliorer le dialogue social et le partage des ressources et des espaces communs. Mais si cette capacité à mieux comprendre et anticiper suscite un fort intérêt, elle se heurte encore à plusieurs obstacles.

Des outils encore difficiles à s’approprier

Le développement des jumeaux numériques repose en grande partie sur les progrès récents de l’intelligence artificielle (IA). Les techniques de machine learning permettent désormais de suivre et d’analyser en continu de grandes quantités de données et d’en tirer des capacités de prédiction inédites.

Cependant, pour de nombreux acteurs (personnels techniques, élus ou grand public), cette impulsion technologique constitue une rupture qui reste difficile à appréhender, tant dans sa mise en œuvre que dans l’interprétation des résultats. Peut-on se fier à un modèle pour orienter des décisions concrètes ? Comment comprendre les hypothèses et les calculs derrière les simulations ? L’enjeu ne se limite pas à un simple rejet : un manque de compréhension partagée peut conduire à des visions divergentes entre acteurs, et fragiliser des projets de jumeaux souvent longs et coûteux.

Dans ce contexte, l’accompagnement est essentiel. Retours d’expérience sur d’autres jumeaux numériques territoriaux, formations et démarches de médiation facilitent l’appropriation progressive de ces outils.

Gourmands en données

Les jumeaux numériques dépendent des données auxquelles ils ont accès. Pour représenter et suivre en temps réel des environnements complexes et étendus, ils ont besoin de volumes d’informations très importants et de dispositifs de mesure souvent onéreux. C’est le cas par exemple de certaines sondes de mesure sur la qualité des eaux, à la fois coûteuses à l’achat et à l’entretien, qui doit être régulier.

Certaines variables sont difficiles à mesurer de façon automatique, comme la biodiversité qui repose encore largement sur des observations de terrain. La fréquence et l’étendue des mesures sont limitées car elles doivent être réalisées par des spécialistes pour faire le décompte long et laborieux des différentes espèces présentes. De même, certains polluants émergents, comme les PFAS ou certains pesticides, ne sont toujours pas mesurables en dehors des laboratoires.

Pour pallier ces limites de métrologie, les jumeaux numériques s’appuient souvent sur des « proxys ». Il s’agit de variables plus faciles à mesurer, utilisées comme indicateurs indirects d’un phénomène car elles présentent une forte corrélation avec la variable cible. Par exemple, la hauteur d’eau mesurée par satellite (altimétrie ou images optiques) est utilisée comme proxy pour estimer le débit des rivières dans les zones non instrumentées, car les stations hydrométriques au sol sont rares et coûteuses.

D’autres proxys reposent sur des observations indirectes dans le temps. L’analyse d’images satellitaires permet ainsi d’identifier les périodes de développement des cultures (levées végétales), et donc de déduire la nature des semis. Cette information est essentielle pour estimer les besoins en eau, anticiper les périodes d’irrigation ou évaluer les pressions exercées sur la ressource.

Ces approches ont un potentiel important, mais elles ont aussi leurs limites. Les proxys peuvent encoder des approximations non validées, des biais de données, ou des relations non causales. Identifier les bons indicateurs et comprendre leurs limites constitue donc un enjeu majeur pour la fiabilité des jumeaux numériques.

Des jumeaux parfois redondants et peu coordonnés

Bien que ces technologies soient encore en développement à l’échelle des territoires, de nombreux projets émergent déjà, portés par des acteurs variés : collectivités, agences publiques, entreprises, bureaux d’études…

Or, ces initiatives sont souvent développées de manière indépendante. Il n’est pas rare que plusieurs jumeaux numériques mobilisent des flux de données similaires ou proposent des fonctionnalités proches, sans véritable mutualisation. Par exemple, un jumeau numérique régional simulant une crue centennale du Danube ne peut pas anticiper correctement les risques s’il est isolé : il nécessite les données du jumeau climatique global (précipitations en amont, fonte des neiges alpines) pour produire des simulations fiables. Sans cette interconnexion, les systèmes d’alerte des villes seraient basés sur des scénarios incomplets, sous-estimant potentiellement les risques. Le silotage des jumeaux territoriaux peut entraîner des redondances, des coûts supplémentaires et un usage moins efficient des ressources. Pour aller vers plus de frugalité, des initiatives telles que les projets LDT4SSC (Local Digital Twins for Smart and Sustainable Communities) visent à créer une fédération européenne de jumeaux numériques locaux interconnectés. L’un des enjeux majeurs consiste donc à rendre ces systèmes interopérables, c’est-à-dire capables de communiquer entre eux et de partager des données et des résultats.

Cette interopérabilité s’exerce à deux niveaux. D’une part, celui des données utilisées et générées : celles-ci doivent être accessibles, compréhensibles et réutilisables par différents acteurs. L’utilisation de principes comme les standards FAIR (Findable, Accessible, Interoperable, Reusable) permet de faciliter leur partage.

D’autre part, celui des méthodes et des outils. Aujourd’hui, les solutions sont encore largement hétérogènes. Le développement de standards communs (définir par exemple des procédures de communication ou protocoles d’échange, des architectures et des formats) qui permettraient de faciliter leur articulation et leur évolution est au cœur de nombreuses études. Une standardisation des jumeaux numériques pourrait rendre ces structures plus compatibles.

Les jumeaux numériques apparaissent désormais comme des outils de plus en plus omniprésents dans la gestion de nos territoires. Ils sont porteurs de solutions innovantes, mais supposent de nombreux défis qui devront être abordés collectivement.

The Conversation

Sébastien Dupraz a reçu des financements de la Région Centre-Val de Loire, de l’Etat Français et de l’Europe dans le cadre de ses activités liées aux Jumeaux Numériques Environnementaux.

– ref. Modéliser les territoires pour mieux décider ? Les promesses et les limites des jumeaux numériques pour l’environnement – https://theconversation.com/modeliser-les-territoires-pour-mieux-decider-les-promesses-et-les-limites-des-jumeaux-numeriques-pour-lenvironnement-283732

Le régime présidentiel de Donald Trump et la théorie de l’exécutif unitaire

Source: The Conversation – France in French (3) – By Jacob Maillet, Docteur en études anglophones, spécialité en civilisation américaine et politique des Etats-Unis, Université Paris Cité

La référence à la théorie de l’« exécutif unitaire » – une interprétation de la Constitution qui consiste à conférer au président des États-Unis un pouvoir très étendu – permet à Donald Trump de gouverner à sa guise, ou presque, notamment en prenant le contrôle des agences normalement indépendantes, de révoquer certains de leurs responsables ou encore d’exercer une influence accrue sur le ministère de la justice. En soi, la théorie n’est pas absurde ; mais entre les mains d’un homme tel que le locataire actuel de la Maison-Blanche, elle suscite les plus grandes craintes.


Depuis son retour à la Maison-Blanche, le 20 janvier 2025, Donald Trump n’a cessé de chercher à étendre ses prérogatives. Les actions entreprises en ce sens suscitent des déclarations toujours plus alarmantes sur l’avenir de la démocratie états-unienne, le chef de l’État étant soupçonné de vouloir tout simplement supprimer les élections, ou d’envisager sérieusement d’effectuer un troisième mandat présidentiel, alors même que cela serait contraire à la Constitution.

La dérive présidentialiste actuelle se manifeste de diverses façons : Trump « gouverne par décrets » en contournant le Congrès, incarne une forme de « présidence impériale », politise l’appareil judiciaire et alimente en permanence la polarisation culturelle et médiatique.

Tout cela se justifie en partie par l’invocation de la théorie de l’exécutif unitaire, promue par des penseurs proches du chef de l’État, à commencer par ceux de l’Heritage Foundation : une lecture de la Constitution qui vise à réduire largement les contrepoids au pouvoir présidentiel.

Perspective historique

Cette théorie de l’« exécutif unitaire » n’a, en elle-même, rien d’absurde, car la présidence états-unienne a toujours été un objet mal défini.

Dans le premier chapitre de son ouvrage de référence sur la question, paru en 1957, le juriste Edward S. Corwin (1878-1963) commençait d’ailleurs par rappeler que le pouvoir exécutif était « indéfini quant à la fonction […] et plastique quant à la méthode », et que l’article 2 de la Constitution (celui qui définit le pouvoir exécutif) était « le plus grossièrement esquissé ».

C’est pourquoi les constitutionnalistes s’interrogent régulièrement sur les intentions des « Pères fondateurs », en particulier en examinant le contenu des articles des Federalist Papers, rédigés par plusieurs de ces Pères fondateurs afin de convaincre les Américains de ratifier la Constitution après sa rédaction. Comme on peut s’y attendre, les auteurs ne s’entendaient pas toujours sur ces questions.

Alexander Hamilton était notoirement en faveur d’un exécutif « vigoureux », là où Thomas Jefferson émettait plus de réserves. Pour autant, dans la pratique, Jefferson, président de 1801 à 1809, contribua tout autant que ses opposants politiques à étendre les pouvoirs présidentiels, notamment lors de l’achat de la Louisiane auprès de la France en 1803, ou à travers son envoi de la marine contre les États barbaresques avant d’obtenir l’accord du Congrès. Dès les premières années de l’existence des États-Unis, la théorie et la pratique n’étaient donc pas toujours alignées.

C’est pour cette raison que l’on examine souvent la pratique historique, comme l’ont fait en 2008 deux éminents juristes conservateurs, Steve Calabresi et John Yoo. Il apparaît que les présidents ont, dans leur grande majorité, interprété leurs prérogatives de manière relativement étendue – y compris lorsqu’ils avaient dénoncé cette pratique avant leur accession au pouvoir. La nécessité de tenir compte de cette propension du président à maximiser son pouvoir personnel est d’ailleurs au cœur de la théorie de l’équilibre des pouvoirs (checks & balances), selon laquelle, comme le veut la célèbre formule de James Madison (président de 1809 à 1817), « l’ambition doit contrecarrer l’ambition ».

De manière comparable, les Pères fondateurs savaient que les crises – et la guerre en particulier – profiteraient à l’exécutif. C’est précisément cette importance des tensions internationales que l’historien Arthur M. Shlesinger Jr. souligna en 1973 par la formule de « présidence impériale », pour décrire les abus de pouvoir auxquels les locataires de la Maison-Blanche pouvaient se livrer en se prévalant de situations exceptionnelles en politique étrangère.

On l’aura compris : la question de l’exécutif unitaire s’inscrit dans celle, plus large, des prérogatives respectives des différentes branches du gouvernement fédéral.

La théorie aujourd’hui

La question est demeurée sujet à débat au fil du temps, la Cour suprême pouvant être vue comme passant d’un extrême à l’autre : le jugement Myers v. US (1926) entérine le droit de limogeage du président (power of removal), tandis que celui d’Humphrey’s Executor v. US (1935) le restreint en considérant qu’une agence comme la Commission fédérale sur le commerce (Federal Trade Commission), créée par une loi du Congrès, n’a pas une fonction exécutive ou politique.

La théorie telle qu’on la connaît commence à émerger lors des débats relatifs au « privilège exécutif » sous la présidence de Richard Nixon, en particulier à l’occasion des affaires United States v. Nixon (1974) et Nixon v. Fitzgerald (1982), alors que le président était confronté à une menace de destitution à la suite du scandale du Watergate. Il s’agit d’un moment historique du débat sur la présidence, qui augure la polarisation politique que l’on connaît aujourd’hui et que l’on attribue souvent à Newt Gingrich et, dans une moindre mesure, à Pat Buchanan.




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La théorie prend vraiment forme lors de la « révolution conservatrice » menée par Ronald Reagan dans les années 1980, qui se comprend mieux comme une « contre-révolution » répondant au progressisme des décennies précédentes, notamment manifesté par les lois sur les droits civiques adoptées dans les années 1960 (Civil Rights Act et Voting Rights Act) ou sur la protection de l’avortement à travers l’arrêt de la Cour suprême Roe v. Wade en 1973. Le gouvernement Reagan cherche alors à limiter la capacité des agences fédérales à mettre en place la discrimination positive (affirmative action), à laquelle il préfère des politiques « aveugles à la couleur de peau » (colorblind), et déclare à l’occasion de ces disputes que l’indépendance présumée de certaines commissions n’est que « baliverne » (hogwash). Il est d’ailleurs frappant de constater à quel point les politiques du gouvernement Reagan préfigurent les attaques du gouvernement Trump et de la Cour Roberts (la Cour suprême actuelle, composée de six conservateurs, dont le juge suprême John Roberts, et de trois progressistes) contre les succès du mouvement pour les droits civiques.

Il faut néanmoins préciser que, bien que la théorie reste populaire chez les conservateurs, une version moins extrême mais comparable a été développée par les progressistes sous le nom d’« administration présidentielle » à la suite de la présidence Clinton, notamment en 2001 par la juriste Elena Kagan, qui allait devenir en 2010 juge à la Cour suprême. On ne peut donc imputer la popularité de ces idées au seul « Project 2025 » de l’Heritage Foundation, dernière version d’une série de documents visant à aider les présidents républicains à mettre en place des politiques conservatrices – un projet dans lequel l’Union américaine pour les droits civiques (American Civil Liberties Union) a vu un programme menaçant d’éroder les droits et libertés civiques des citoyens.




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On s’attend à présent à ce que la Cour suprême effectue un revirement de jurisprudence par la décision Trump v. Slaughter, portant sur le limogeage par Trump, en 2025, d’une membre (démocrate) de la Commission fédérale sur le commerce, Rebecca Slaughter. Pour l’instant, l’arrêt Humphrey’s Executor v. US (1935) fait encore jurisprudence : il indique que le président ne peut limoger les membres de cette Commission sans faute grave. Mais la première décision de la Cour suprême sur cette affaire, prise « en urgence » – une pratique qui fait d’ailleurs débat –, montre déjà que les juges conservateurs de la Cour ont l’intention de donner au président le pouvoir de limoger les membres de toutes les agences fédérales.

La théorie… et son application

La théorie de l’exécutif unitaire s’inscrit dans un contexte et des évolutions plus larges. Calabresi et Yoo ont explicitement limité ses contours à la gestion des agences fédérales, en excluant les questions liées à la politique étrangère ou traitant directement des droits civiques. On peut d’ailleurs noter que Yoo a déjà pris ses distances avec les politiques de la première administration Trump, ce qui montre que même les théoriciens de l’exécutif unitaire ne sont pas insensibles aux abus du président.

Il faut dire que le gouvernement Trump a utilisé la théorie pour s’attaquer à certaines agences avec une brutalité extrême, par l’intermédiaire du Département d’efficacité gouvernementale (Department of Government Efficiency, DOGE), dirigé par Elon Musk jusqu’à mai 2025. Par de nombreux décrets, il a réduit les effectifs, drastiquement réduit les embauches, et affirmé son contrôle sur les fonctionnaires fédéraux, désormais soumis à des statuts visant à s’assurer leur obéissance. Le démantèlement du ministère de l’éducation par décret ou la fermeture de l’Agence pour l’aide au développement international (United States Agency for International Development, USAID) par le DOGE ont certainement été parmi les applications les plus choquantes de la théorie.

Il reste néanmoins que cette dernière ne représente qu’un outil conceptuel parmi d’autres dans lesquels l’administration Trump II peut puiser pour accroître le pouvoir du président. Si elle semble effrayante, c’est parce qu’elle est combinée à de nombreuses autres évolutions : une polarisation culturelle et politique qui mène à des évolutions historiques telles que la fin du droit constitutionnel à l’avortement par l’arrêt Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization (2022) ; une érosion croissante des contre-pouvoirs ; et un présidentialisme qui doit beaucoup à la personnalité histrionique de Donald Trump.

The Conversation

Jacob Maillet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Le régime présidentiel de Donald Trump et la théorie de l’exécutif unitaire – https://theconversation.com/le-regime-presidentiel-de-donald-trump-et-la-theorie-de-lexecutif-unitaire-284226