La IA generativa, explicada para niños

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Robert Clarisó Viladrosa, Profesor agregado. Investigador principal del grupo "Systems, Software and Models Lab" en el Centro de Investigación en Tecnologías Éticas y Conectividad para la Humanidad (UOC-TECH), UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Jess Rodriguez/Shutterstock

A diferencia de la fuerza o la rapidez, la inteligencia es una cualidad difícil de definir o de medir. Normalmente hablamos de inteligencia como la habilidad para resolver problemas, utilizar información, razonar o aprender de la experiencia.

La especie humana ha creado herramientas para resolver muchos tipos de problemas: una lanza para cazar, recipientes para almacenar comida… Pero ¿qué pasa con los problemas más difíciles, los que requieren inteligencia para ser resueltos? También construimos herramientas para ayudarnos en estas tareas complejas. Las herramientas que intentan imitar las capacidades de la inteligencia humana se conocen como inteligencia artificial (IA).

Dentro de una IA

La IA se aplica a muchos tipos de problemas, desde jugar al ajedrez o decidir cuándo un correo electrónico es spam hasta detectar un incendio en una fotografía aérea. Cada problema requiere usar una técnica diferente.

Para resolver problemas complejos, muchas veces recurrimos a las matemáticas y la estadística para encontrar la mejor solución. Pero también tenemos otra posibilidad: inspirarnos en cómo problemas parecidos se resuelven en la naturaleza.

Este es el caso de las redes neuronales. En los humanos y los animales, el cerebro es el órgano que recibe información de los sentidos y la procesa para tomar decisiones y reaccionar de forma apropiada. Si el cerebro es lo que que nos hace inteligentes, ¿no es razonable que la IA pueda imitar al cerebro?

El cerebro está formado por una red de células llamadas neuronas. Estas neuronas están conectadas entre sí y se comunican enviando señales eléctricas a sus vecinas. Algunas IAs copian este modelo de funcionamiento y están formadas por una red que conecta a muchos componentes sencillos que equivalen a las neuronas. Cada componente o “neurona” recibe un número como entrada, hace un cálculo sencillo y envía el resultado a sus “neuronas” vecinas. A lo largo de la red, los cálculos sencillos de cada una de ellas se acaban combinando entre sí para producir el resultado. De esta forma, una decisión o cálculo complejo se realiza combinando muchos cálculos simples.

¿Qué es la IA generativa?

La IA generativa (IAG) es una rama de la IA que intenta generar contenidos según los requisitos indicados por el usuario. Herramientas como ChatGPT, Claude o DeepSeek pueden escribir texto, programar, crear imágenes o generar vídeos según les pidamos.

Todos los sistemas de IA generativa actuales consisten en una red neuronal de gran tamaño, con miles de millones de “neuronas” y conexiones entre ellas. La red tiene varias capas de “neuronas”, cada una conectada con la siguiente.




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Esta red neuronal recibe como entrada una secuencia de palabras e intenta predecir qué palabra vendrá después. Si le damos como entrada una pregunta, nos devolverá la primera palabra de una posible respuesta. Repitiendo el proceso, añadiendo la palabra anterior cada vez, la red irá escribiendo una respuesta completa de palabra en palabra.

Por ejemplo, si recibe como entrada la secuencia de palabras “¿Cómo te llamas?”, la red neuronal habrá aprendido que las respuestas a este tipo de preguntas empiezan con la palabra “Me”. Si la secuencia es “¿Cómo te llamas? Me”, propondrá como siguiente palabra “llamo”, la siguiente podría ser “ChatGPT” y luego quizás la palabra especial “FIN” para terminar su respuesta. De esta forma habrá construido la respuesta “Me llamo ChatGPT”, palabra a palabra.

¿Cómo sabe la IAG qué palabra tiene que generar?

Cuando hablamos de una red neuronal, detrás siempre hay un cálculo matemático. Para empezar, cada palabra se traduce a un conjunto de números. No se eligen unos números cualquiera: su valor intenta representar el significado de la palabra y su relación con otras palabras similares.

Por ejemplo, imagina que al color blanco le asignamos el valor “1”, al negro el color “0”. En ese caso, al gris le podríamos asignar “0.5”, para describir algo a medio camino entre blanco y negro. Si en vez de un solo número asignamos una lista de números a la misma palabra, podríamos “medir” múltiples aspectos del significado de esa palabra: el color, el tamaño, el gusto, si da miedo o no…




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Esta lista de números se envía como entrada a las “neuronas” de la capa inicial. Cada neurona calculará un valor (un número) usando una fórmula matemática que combina los valores de sus entradas, y se lo enviará a la sus “neuronas” vecinas de la capa siguiente. Repitiendo este cálculo en cada capa, avanzaremos por la red hasta llegar a la capa de salida. Allí deberemos tomar la lista de números obtenidos como salida e invertir el primer paso de nuestro proceso: pasar de una lista de números a una palabra. ¡Ya está! Ya tenemos la primera palabra de nuestra respuesta.

Entrenando una red neuronal

¿Cómo sabe cada “neurona” qué valor tiene que calcular? La fórmula matemática de cada una tiene parámetros llamados pesos. Podemos entender el peso cómo la importancia que cada neurona da a los resultados que le entregan sus vecinas. De la misma manera que nosotros confiamos más en lo que nos dicen nuestros padres que en lo que nos dice un desconocido, los pesos son el nivel de confianza que cada neurona otorga a las neuronas que tiene a su alrededor.

El secreto de la red neuronal está en el proceso llamado entrenamiento, durante el que se deciden los pesos de las conexiones entre neuronas. Para entrenar una red, usamos la enorme cantidad de texto disponible en libros, internet, etc. Le damos a la red un fragmento de un texto y, si no predice correctamente qué palabra viene a continuación, se ajustan los pesos para proponer la palabra correcta.




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Al principio del entrenamiento, la red falla continuamente. Pero repitiendo el proceso con trillones de secuencias de texto, los pesos de la red acaban captando patrones existentes en el texto. Así, la red sabe que después de la frase “no por mucho madrugar” siempre sigue “amanece más temprano”, sin necesidad habérselo explicado.

Por lo tanto, estos son los tres ingredientes clave detrás de la IA generativa: un diseño inspirado por el cerebro, muchos datos y… matemáticas.

The Conversation

Robert Clarisó Viladrosa recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y FEDER a través del proyecto PID2023-147592OB-I00 (SE4GenAI, MCIU /AEI /10.13039/501100011033 / FEDER, UE).

ref. La IA generativa, explicada para niños – https://theconversation.com/la-ia-generativa-explicada-para-ninos-283510

Genes y gentes: por qué la genética no avala el concepto de raza en nuestra especie

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Rodríguez Palenzuela, Catedrático de Bioquímica, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Nisa, la mujer botsuana protagonista del libro _Nisa: La vida y las palabras de una mujer_. Lisa Gray, CC Wikimedia Commons, CC BY

Hacia 1971, en un rincón perdido del norte de Botsuana, una mujer de unos cincuenta años le contó su vida a la antropóloga estadounidense Marjorie Shostak. Se llamaba Nisa. Había nacido en el desierto del Kalahari, en un pueblo de cazadores y recolectores que vivía como sus antepasados desde hacía miles de años. Hablaba una lengua llena de chasquidos que casi nadie fuera de allí entendía. No sabía leer, no había visto una ciudad. Difícil imaginar a alguien más lejano de un lector de España.

Shostak grabó durante meses esas confidencias y las reunió en Nisa (1981), un clásico de la etnografía que dio voz directa a la entrevistada. Y, sin embargo, lo que ahí cuenta nos toca de cerca: recuerda su primer parto, sola en el monte, tumbada en una choza, esperando con miedo a que le subiera la leche mientras la bebé lloraba de hambre. Recuerda que la casaron siendo casi una niña, y cómo se rebelaba y huía de un marido que aún le parecía un extraño. Habla del deseo, de los amantes que tuvo a escondidas, de los celos entre esposas. Habla de los hijos que enterró, uno tras otro, y del agujero que dejaron. Habla del cuerpo que envejece y de la rabia de verlo fallar. No hay una sola de esas escenas que no reconozcamos. Son las de cualquiera: nuestra madre, nuestra abuela, nosotros mismos.

Ahora el dato, que quizá nos sorprenda. Esa mujer cuya vida conmueve pertenece a uno de los linajes humanos que primero se separaron del tronco común: los pueblos khoisan del sur de África. Figuran entre las poblaciones humanas con mayor diversidad genética del planeta, y la distancia que separa su genoma del de un europeo está entre las más grandes que existen dentro de nuestra especie. Entre Nisa y nosotros media, en términos genéticos, casi todo el ancho del árbol humano. Y, aun así, nada de lo suyo nos resulta ajeno.

La paradoja tiene explicación, somos una especie joven y homogénea. Todos descendemos de una misma antecesora africana de hace cien o doscientos mil años, la llamada “Eva mitocondrial”, y hace unos cincuenta o setenta mil años un grupo reducido salió de África y pobló el resto del mundo, con apenas una pizca de la variabilidad total. En ese breve lapso, hablando en términos evolutivos, no ha dado tiempo a cambiar gran cosa.

Para hacernos una idea: una sola comunidad de chimpancés guarda en su ADN mitocondrial más variación que toda la especie humana junta. Esa “máxima” distancia humana que separa a Nisa de un madrileño es, vista de lejos, minúscula.




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Casi toda la diferencia se encuentra dentro del grupo

La mayor parte de la variación genética humana está dentro de cada grupo, no entre los conjuntos que, por error, llamamos razas. Dos vecinos de un mismo pueblo africano pueden diferir más entre sí, en un gen cualquiera tomado al azar, que uno de ellos y un japonés. Y no es una impresión: un estudio con 377 marcadores en más de mil personas de 52 poblaciones halló que entre el 93 y el 95 % de la variación está dentro de las poblaciones, y solo del 3 al 5 % entre los grandes grupos continentales. De hecho, las poblaciones africanas guardan más diversidad que todo el resto del mundo junto.

¿Por qué caemos entonces en la trampa de la diferencia con tanta facilidad? Porque la mayor parte de la variabilidad genética está oculta. El color de la piel y del pelo depende de un puñado de genes y responde rápido al sol y a la latitud: bastan unos cientos de generaciones para cambiarlo. Es muy llamativo y pesa poquísimo. Dividir a los humanos en razas equivale a ordenar una biblioteca por el color de las tapas de los libros: cómodo pero burdo. Confundimos una capa de pintura con una diferencia de fondo.




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Lo que nos revela las genealogías

Conviene una matización para no pasarse de frenada. Que no haya razas no quiere decir que no existan genealogías. Cada persona arrastra una historia real y rastreable: de dónde venían sus antepasados, qué caminos los trajeron hasta aquí. Esa información la genética sí sabe leerla. Pero una genealogía dice de dónde venimos, mientras que una raza pretende decir qué somos. La primera es un hecho; la segunda, una casilla inventada.

Y una última advertencia. Que la raza no exista en la biología no convierte el racismo en un fantasma. No tiene base genética, pero sí una realidad social enorme: ordena vidas, salud y oportunidades. El error no está en ver sus efectos, sino en buscar su causa en los genes. En 2018 y 2019, las grandes sociedades de antropología y de genética humana –la Asociación Americana de Antropólogos Biológicos y la Sociedad Americana de Genética Humana– lo dejaron por escrito: los humanos no se dividen en grupos genéticos raciales, y no hay base biológica para tal cosa.

Lo evidencia el testimonio de Nisa, que enterró a sus hijos y temió a la vejez igual que nosotros. Lo que compartimos –el miedo, el deseo, el duelo, las ganas de seguir viva– pesa muchísimo más que lo poco que nos separa. La raza como término, al final, dice muy poco de nuestra biología y demasiado de nuestra mirada.

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Pablo Rodríguez Palenzuela no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Genes y gentes: por qué la genética no avala el concepto de raza en nuestra especie – https://theconversation.com/genes-y-gentes-por-que-la-genetica-no-avala-el-concepto-de-raza-en-nuestra-especie-284499

De la Sección Femenina a Rosalía: el resurgir del folclore tradicional

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Almansa Moreno, Catedrático de Historia del Arte del Departamento de Patrimonio Histórico, Universidad de Jaén

Escenario con danzantes gaditanos bailando sevillanas, posiblemente durante la celebración del XVII Concurso de Coros y Danzas de la Sección Femenina. Juan Miguel Pando Barrero. Archivo Pando, IPCE, Ministerio de Cultura y Deporte

¿De dónde procede el folclore español?

A pesar de que es muy antiguo, habría que decir que parte de su recuperación (o de su utilización) no se remonta más allá del siglo XX. Cuando acabó la guerra civil española, y con el fin de reorganizar el Estado, Franco tomó el control político de distintos organismos e instituciones. De esa forma se procedió al adoctrinamiento de la sociedad de acuerdo con sus designios y directrices.

La Sección Femenina

Todo empezó con la Sección Femenina. Fundada en 1934, y dirigida hasta el fin de su existencia por Pilar Primo de Rivera, fue una agrupación centrada en actividades para las mujeres que estaba bajo el control de la Falange Española.

Surgió con un carácter asistencial, cultural, educativo y deportivo, y tomaba como referencia las figuras de Isabel la Católica y santa Teresa de Jesús, consideradas como modelos de conducta y símbolos de su acción.

La agrupación se organizaba de forma jerarquizada en varias regidurías nacionales. Entre ellas estaba la de Cultura, que se encargaba de visitar las poblaciones rurales, acompañándose de equipos de instructoras dedicadas a enseñar cocina, economía doméstica, costura, puericultura, formación del espíritu nacional, etc.

De forma paralela, se realizaba un censo de la población y de su situación sanitaria, recopilando recetas autóctonas, canciones y bailes propios de cada región.

Buscar la autenticidad

A partir de 1940 se perfiló la constitución de la sección de Coros y Danzas, con el objetivo de recuperar y difundir la música, canciones, romances y bailes populares de todas las regiones de España. Según Pilar Primo de Rivera, había “que buscar por encima de todo la autenticidad” sin desarraigar “lo propio de cada región; así los catalanes cantan en catalán, los vascos en vasco, los gallegos en gallego, en reconocimiento de sus valores específicos”.

Se anotaban por tanto la música y la letra de las canciones, la coreografía y los pases de bailes y también las tradiciones festivas a las que se vinculaban, así como una descripción fidedigna de la indumentaria e instrumentos musicales.

Para esta labor contaban con magnetófonos, descripciones escritas, fotografías y, sobre todo, los testimonios orales de los mayores del lugar, elaborando hasta un millar de fichas. Posteriormente se enseñaba este material en las escuelas y de ahí surgían los diferentes grupos de danzas y bailes regionales.

Con el tiempo se celebraron competiciones para dar a conocer la labor de sus participantes a nivel nacional. El I Concurso Nacional de Coros y Danzas de España tuvo lugar en el Teatro de la Zarzuela (Madrid) en 1942 y en él participaron 33 grupos. Estos habían sido seleccionados entre diferentes pueblos y ciudades de la geografía española, y se había valorado la autenticidad de trajes, música, letras, pasos e indumentarias.

En esta cobertura especial de NO-DO sobre la visita oficial de Eva Perón en España, se documenta el homenaje que los Coros y Danzas le rinden a la primera dama argentina.

Fue tal su éxito que muchos se emitieron por la televisión pública, y se convirtieron en un importante reclamo turístico. Los participantes incluso realizaron diversas giras por Europa, EE. UU. y Latinoamérica. Se calcula que hacia el final del franquismo habían participado hasta 700 grupos en estos concursos.

¿Cómo vestir a los bailarines?

Durante el Desarrollismo (1959-1975) algunos pueblos y ciudades se apropiaron de determinados bailes, debido a la costumbre de nombrarlos como parte o herencia de un lugar concreto. Al buscar una indumentaria adecuada y representativa, los trajes regionales se diseñaron a partir de la recopilación selectiva de trajes locales.

Para su elaboración se acudió a los estudios sobre indumentaria tradicional del antropólogo español Luis de Hoyos Sáinz, que aportaban documentación fotográfica, patrones y dibujos de las prendas, muestras de tejidos y materiales, terminología propia, etc.

También se tomaron otras fuentes gráficas como referentes: los grabados de trajes de Juan de la Cruz Cano y Olmedilla (1777), los lienzos de la serie Visión de España pintados por Joaquín Sorolla para la Hispanic Society de New York (1911), o la serie fotográfica España. Tipos y Trajes de José Ortiz Echagüe (1930).

Imagen de una mujer vestida con traje tradicional y mantilla.
Imagen del traje de charra hecha entre 1910 y 1950.
Archivo Ruiz Vernacci, IPCE, Ministerio de Cultura y Deporte

Muchos trajes locales acabaron transformados en símbolos provinciales debido a su riqueza, personalidad y especificidad. Así ocurrió con el de charra (que se convirtió en típico de Salamanca), con el rústico atuendo de las labradoras de las zonas altas de la provincia de Guadalajara (que se dulcificó en el inventado traje de alcarreña), o con el de flamenca (que pasó de las clases humildes sevillanas a identificarse con toda Andalucía, e incluso con España a nivel internacional).

Igualmente, se adaptó un gran número de prendas para facilitar los movimientos de bailes, aliviándose el peso excesivo de la ropa. También la moda ejerció su influencia, como se hizo patente en el acortamiento de las sayas durante los 60 y 70 (aunque se mantuvo siempre el recatamiento y la modestia “propias” de la mujer española).

Al igual que se había hecho con los cancioneros y recetas de cocina tradicional, en estos años se editaron algunas publicaciones sobre los trajes (e incluso series de sellos y postales) en donde quedaba codificado el perteneciente a cada región.

El folclore en la actualidad

Como hemos visto, el patrimonio inmaterial español, o al menos parte de él, se instrumentalizó con un uso político y simbólico del régimen franquista, tanto a nivel nacional como internacional.

Con la instauración de la democracia y la desaparición de la Sección Femenina (1977) fue difícil mantener el folclore popular debido a su vinculación con la dictadura, y se llegó a olvidar que estas cuestiones tenían un pasado anterior. A pesar de ello se siguieron celebrando algunas de las antiguas competiciones, aunque los bailes, coreografías y vestimentas encajaban más con los cambios sociales.

Actualmente asistimos a una recuperación de folclore como elemento identitario y tradicional frente a un mundo globalizado. Junto a la existencia de legislación y organismos específicos para ello, este patrimonio inmaterial se recrea anualmente en ferias y romerías. También proliferan las academias de baile, renovación de los trajes típicos, etc.

Además, músicos como Rodrigo Cuevas, Karmento o Rosalía y diseñadores de moda como Moisés Nieto y Palomo Spain se están apropiando del folclore local, reivindicando su riqueza e identidad propia.

Videoclip de la canción de Rodrigo Cuevas ‘Allá arribita’ incluida en su álbum ‘Manual de romería’, en la que se hace referencia a la tonada asturiana, lírica y musicalmente.

En conclusión, el folclore no es el pasado sino un hilo conductor. Recuperarlo no es mirar atrás con melancolía, sino recoger el testigo de una sabiduría acumulada durante siglos para responder a las preguntas del presente.

Su futuro no está en las vitrinas sino en la calle, en los escenarios, en las pantallas y en la boca de la gente. Su existencia está asegurada siempre y cuando nos atrevamos a hacer lo que nuestros antepasados hicieron: adaptarlo para que siga sirviendo para vivir.


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The Conversation

Este artículo se enmarca dentro del proyecto “Literatura y arte como elementos conformadores de la identidad desde el siglo XVIII a la actualidad: fronteras, simbiosis y cambio cultural” (Programa Operativo FEDER de Andalucía 2014-2020), dirigido por Laura Luque Rodrigo y Yolanda Caballero Aceituno (Universidad de Jaén).

ref. De la Sección Femenina a Rosalía: el resurgir del folclore tradicional – https://theconversation.com/de-la-seccion-femenina-a-rosalia-el-resurgir-del-folclore-tradicional-278275

¿Un silencio vale más que mil palabras? A menudo mejoramos el debate público si callamos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Neftalí Villanueva Fernández, Profesor Titular de Lógica y Filosofía de la Ciencia, Universidad de Granada

Tero Vesalainen/Shutterstock

El silencio tiene mala prensa. En la vida pública, halagos y reproches suelen asociarse con lo que alguien ha dicho. Cuando el silencio aparece en escena, lo hace a menudo bajo fórmulas de derrota: “lo dejó sin palabras”, “no supo qué responder”, “se quedó sin argumentos”. Estas expresiones caracterizan momentos en los que alguien, frente a la fragilidad de sus razones, es incapaz de articular una respuesta.

Sin embargo, hay ocasiones en que el silencio tiene otros efectos. Especialmente en ámbitos públicos, puede cumplir distintas funciones. Permite romper con las expectativas de quienes nos interpelan o comunicarnos de maneras inesperadas para no caer en el juego polarizador. La filosofía del lenguaje ha estudiado algunos de estos casos en los últimos años.

La trampa del sí o no

En un juicio por violación interrogan a la víctima. El abogado defensor le pide responder “sí” o “no” a las preguntas que le va a hacer. Después, reproduce el vídeo de la agresión delante del jurado. Se ve cómo la víctima comienza resistiéndose furiosamente, cómo el acusado la sujeta con brusquedad, forzándola, hasta que deja de resistirse y se queda inmóvil hasta el final.

El abogado defensor pregunta: “¿acaso no es cierto que, pasados unos minutos, dejó usted de mostrar cualquier signo de resistencia?”. La víctima permanece en silencio. Si contesta “sí”, parece admitir que acabó consintiendo. Si contesta que “no”, después de que el jurado vea el vídeo, queda como una mentirosa. En casos como este, analizados por el filósofo Alex Davies, la víctima solo tiene dos opciones: callar o hablar sabiendo que sus palabras serán usadas en su contra.

Silencios elocuentes y no diálogo

Este es un caso de silenciamiento. Pero hay otros silencios que no operan como reacciones condicionadas ante un intento de dominación, sino elecciones comunicativas deliberadas. Las también filósofas Alessandra Tanesini y Anna Klieber han estudiado estos “silencios elocuentes”, que comunican rechazo, distancia o desaprobación ante, por ejemplo, un comentario de mal gusto.

Ahora bien, quienes guardan silencio no siempre pretenden “decir” algo. A veces el silencio se emplea estratégicamente para evitar que, al responder, determinados temas ganen espacio en la esfera pública.

Un caso tuvo lugar en la Asamblea de Ceuta, cuando varios partidos políticos acordaron una política de no diálogo con una formación que frecuentemente hace declaraciones racistas. Otro ejemplo: La OMS refuerza sus políticas de vacunación con campañas formativas dirigidas al personal sanitario, en lugar de convertir a los grupos antivacunas en interlocutores.

Naturalización de la ideología y politización de la ciencia

En la publicación Strategic silence and politicized speech, mostramos la efectividad del silencio estratégico en dos contextos muy concretos, que representan dos formas de propaganda: la naturalización de la ideología y la politización de la ciencia.

En los casos de naturalización de la ideología, actitudes o prejuicios que antes se percibían como sesgos ideológicos empiezan a presentarse como hechos, explicables a través de la ciencia. Ciertas explicaciones biológicas o evolutivas de las brechas de género en disciplinas académicas, ámbitos profesionales o posiciones de autoridad son ejemplos de este fenómeno. La discriminación por razones de género adquiere así apariencia científica.

En los casos de politización de la ciencia ocurre lo contrario: el trabajo de quienes investigan cuestiones empíricas, sociales o naturales, se presenta como una contribución a una agenda política. Las discusiones sobre el aumento de las temperaturas de la Tierra debido a la acción humana son un ejemplo claro. En lugar de discutir la evidencia, los modelos o las medidas adecuadas, se desplaza el foco hacia supuestos intereses ideológicos.

Al defendernos de la naturalización de la ideología o de la politización de la ciencia incurrimos en “desacuerdos cruzados”: situaciones donde las partes parecen discutir sobre lo mismo, pero dan muestras claras de concebir la disputa en términos distintos. Tú y yo discrepamos sobre algo, pero para ti es una cuestión factual, que se resuelve atendiendo exclusivamente a los hechos, mientras que para mí atañe a qué valores queremos potenciar como sociedad.

Los desacuerdos cruzados favorecen la polarización. Cada intervención añade razones a favor de lo que ya defendemos. Quienes ya nos apoyan refuerzan lo que nos separa de los otros. Y, con el tiempo, los argumentos ajenos dejan de verse como razones que merecen atención: pasan a funcionar como señales de pertenencia.

Cuando el aumento de la polarización no nos favorece, puede merecer la pena permanecer en silencio o, al menos, no responder en los términos esperados. Eso no siempre significa callar por completo. A veces consiste en negarse a discutir la provocación tal como ha sido planteada.

“También trabajamos para ti”

La respuesta de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) tras la dana en su cuenta oficial de X ofrece un ejemplo ilustrativo. Cuando una usuaria acusó a la AEMET de no tener credibilidad y de ser “sicarios del sistema” que defienden la “estafa” del cambio climático antropogénico, la Agencia evitó polemizar, respondiendo simplemente: “Cuando veas un aviso rojo de la AEMET, ponte a salvo. A pesar de todo, también trabajamos para ti”.

El silencio estratégico no sustituye a la crítica ni exonera de responder cuando la respuesta sea necesaria. Pero no estamos obligados a responder siempre. Saber cuándo callarse no supone abandonar la deliberación pública. A menudo es la mejor forma de cuidarla.

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Neftalí Villanueva Fernández recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Andrea Rodríguez Gómez recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y de la Universidad de Granada.

José Luis Liñán recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y de la Universidad de Granada.

ref. ¿Un silencio vale más que mil palabras? A menudo mejoramos el debate público si callamos – https://theconversation.com/un-silencio-vale-mas-que-mil-palabras-a-menudo-mejoramos-el-debate-publico-si-callamos-283706

Au parquet, l’urgence permanente : comment la course au chiffre transforme la justice

Source: The Conversation – in French – By Vincent Sizaire, Maître de conférence associé, membre du centre de droit pénal et de criminologie, Université Paris Nanterre

Au-delà de la simple question des moyens, la justice pénale subit aujourd’hui les dérives d’un modèle d’organisation entièrement axé sur la productivité. Depuis le milieu des années 1990, la pression gouvernementale pousse les procureurs à traiter les dossiers à marche forcée, substituant une approche comptable à l’examen approfondi des affaires. Réduits à décider dans l’urgence, parfois sur la seule foi d’un compte-rendu téléphonique de l’enquêteur, les magistrats du parquet manquent du temps nécessaire pour appréhender correctement la gravité de chaque situation. Une course au rendement dont l’affaire Lyhanna révèle les dramatiques limites.


Comme de coutume dans les affaires de crime, la médiatisation de l’enlèvement, du viol et de l’assassinat d’une enfant de 11 ans dans le Gers a donné lieu à son lot de « solutions » toutes prêtes que nombre de commentateurs, sans rien connaître du dossier, croient utile de livrer en pareille occasion. Toutefois, la médiatisation de cette tragédie aura également eu le mérite de mettre en lumière la dimension systémique des dysfonctionnements ayant favorisé un tel crime, dont le suspect était visé par de précédentes plaintes restées sans suite depuis plusieurs mois, voire plusieurs années. Plus qu’à l’accoutumée, plusieurs médias ont ainsi rappelé le contexte de disette budgétaire et du manque considérable de moyens dont souffrent depuis plusieurs décennies les enquêteurs et les procureurs censés en diriger l’action, en particulier dans de petites juridictions, comme le tribunal judiciaire d’Auch.

Au-delà de la question – centrale – des moyens, cette affaire met aussi tragiquement en évidence les limites et les effets pervers du productivisme répressif qui caractérise, depuis une trentaine d’années, l’activité des magistrats du parquet.

La pression à traiter plus de dossiers, plus vite

Depuis le milieu des années 1990, s’appuyant sur certaines initiatives mises en œuvre localement, s’est généralisé au sein des juridictions ce qu’il est convenu d’appeler le traitement « en temps réel » des procédures pénales : une nouvelle architecture se donnant pour ambition de superviser en direct le travail des enquêteurs et de permettre aux magistrats de prendre dès la fin de l’enquête une décision sur l’action publique – c’est-à-dire de décider si la personne mise en cause doit être ou non poursuivie et, le cas échéant, devant quelle juridiction. Concrètement, au lieu d’attendre la transmission du dossier par les services de police ou de gendarmerie, les parquetiers prennent désormais leur décision à l’issue d’un simple échange téléphonique avec le directeur d’enquête.

Officiellement promue pour accélérer le cours des procédures et renforcer le contrôle de l’autorité judiciaire sur la police, la généralisation de cette nouvelle façon de faire visait surtout à étendre aux juridictions les prescriptions du « New Public Management », doctrine néolibérale prétendant appliquer aux acteurs publics les modes de gestion des grandes entreprises commerciales pour améliorer leur efficacité. Elle permettait aussi d’aligner le mode d’intervention des procureurs sur celui d’une institution policière déjà très largement façonnée par la politique du chiffre, c’est-à-dire la propension à évaluer l’action de services sur des critères exclusivement quantitatifs et statistiques (nombre de constats, nombre d’interpellations, taux d’élucidation).

Dès le début des années 2000, les effets de cette nouvelle orientation se sont fait sentir. Si le cours de la répression s’est effectivement accéléré, avec un raccourcissement du délai entre la commission des faits et leur jugement (17,5 mois en 2001, 12 mois en 2017), l’essor concomitant d’une approche de plus en plus productiviste dans le traitement des affaires pénales a, paradoxalement, altéré le contrôle effectif des magistrats du parquet sur la conduite des procédures.

Dans un contexte se caractérisant tant par la création continuelle de nouvelles infractions pénales que par la volonté politique d’apporter une réponse prioritairement, voire exclusivement, répressive à des comportements déviants qui donnaient lieu auparavant à une réponse éducative ou sociale, le « traitement en temps réel » des procédures sert surtout aux procureurs à ne pas être complètement submergés.

Pour traiter l’ensemble des affaires qui leur sont soumises dans les plus courts délais, ils n’ont d’autres choix que de substituer à l’étude approfondie des dossiers une approche purement comptable, où il s’agit moins de déterminer l’orientation la plus adaptée à chaque situation que de gérer dans l’urgence les flux et les stocks d’affaires en cours, au risque de confondre justice et précipitation. On privilégiera ainsi le recours à la comparution immédiate ou au plaider coupable pour « sortir » le dossier au plus vite, bien davantage que parce qu’il s’agit de la réponse la plus pertinente par rapport aux faits.

Les magistrats du parquet sont d’autant plus incités à développer une approche purement comptable de leur office que le gouvernement – sous l’autorité duquel ils demeurent placés – leur demande continuellement d’améliorer leur taux de réponse pénale, c’est-à-dire la proportion de poursuites ou de mesures alternatives (médiation, injonction à réparer le dommage) mises en œuvre par rapport aux faits dont ils sont saisis ; autrement dit, d’augmenter toujours plus la réponse pénale, peu important les moyens qui leur sont alloués.

Pressés de prendre de très nombreuses décisions dans l’urgence, le plus souvent dans des infractions flagrantes, que d’innombrables circulaires leur demandent de poursuivre en priorité et au plus vite (vols dans les transports, petit trafic de stupéfiants, outrages et rébellions, etc.), les magistrats du parquet – qui doivent par ailleurs siéger lors d’audiences parfois très longues – sont confrontés à l’extrême difficulté de trouver le temps d’analyser correctement les dossiers plus complexes dont ils sont, par ailleurs, saisis. Ils en sont alors réduits à demander qu’on leur communique la procédure ou qu’on les rappelle, avant d’être à nouveau happés par le flux des affaires.

Des procédures simplifiées qui alimentent l’engorgement

Participent de cette même logique productiviste l’adoption et la montée en puissance de modes de poursuite « simplifiés » : généralisation de la comparution immédiate à la quasi-totalité des délits en 2002, création de la comparution sur reconnaissance préalable de culpabilité (CRPC) en 2004, extension de l’ordonnance pénale aux délits les plus courants en 2011 (procédure permettant de condamner une personne sans audience préalable).

Loin de simplifier la tâche des magistrats, ces réformes ont eu pour principal effet d’augmenter considérablement le nombre de procédures correctionnelles, passées de 383 000 en 2002 à 572 000 en 2023. Et si le nombre d’audiences correctionnelles classiques a effectivement baissé (passant de 275 000 en 2008 à 133 000 en 2023), il est permis de se demander si, avec 126 000 procédures de CRPC et 214 000 procédures d’ordonnance pénale pour la même année 2023, la tâche des juridictions s’en est trouvée allégée pour autant…

La question des moyens étant toujours escamotée, se met ainsi en place un cercle vicieux où la « simplification » de la procédure sert de motif à l’augmentation des poursuites, générant un flux de procédures qui nourrit en retour les appels à la « simplification », à l’image du projet de loi relatif au plaider coupable en matière criminelle. Et pour les procureurs, une mission qui se réduit toujours davantage à travailler en mode dégradé pour sortir les procédures au plus vite avant que d’autres ne viennent gonfler le stock.

Quand les procureurs n’ont plus le temps de contrôler les enquêtes

Cette relative perte de sens se double d’un amoindrissement significatif de la capacité des magistrats à contrôler l’activité des services de police. Travaillant à flux tendu, prenant le plus souvent leur décision dans l’urgence, sur la foi du seul compte-rendu téléphonique qui leur est fait par l’enquêteur, ils ne sont que très rarement en mesure d’accéder à une connaissance suffisante du dossier pour s’assurer que la qualification des faits est la bonne – et, notamment, que l’on a pris la mesure de leur gravité –, que l’ensemble des investigations ont été faites ou, encore, que les garanties procédurales ont bien été respectées. Et lorsqu’ils choisissent de se faire communiquer le dossier pour l’étudier à tête reposée, c’est alors le temps qui leur fait défaut pour l’analyser utilement.

En 2023, un rapport d’inspection confidentiel alertait ainsi sur l’incapacité structurelle des services à traiter en temps utile les dossiers de violences sexuelles.

À l’évidence, un tel contexte est de nature à favoriser des dysfonctionnements aux conséquences potentiellement tragiques dans le traitement des procédures. C’est pourquoi, plutôt qu’une énième chasse au bouc émissaire, c’est l’écosystème répressif dans son ensemble qu’il faut repenser si, réellement, on souhaite apporter une réponse efficace et adaptée aux formes les plus graves de criminalité.

The Conversation

Vincent Sizaire est magistrat

ref. Au parquet, l’urgence permanente : comment la course au chiffre transforme la justice – https://theconversation.com/au-parquet-lurgence-permanente-comment-la-course-au-chiffre-transforme-la-justice-285496

« This is a final chance to change » : vers un tournant politique majeur au Royaume-Uni ?

Source: The Conversation – in French – By Alma-Pierre Bonnet, Senior Lecturer in British Studies, Université Jean Moulin Lyon 3

Andy Burnham, maire de l’immense agglomération du Grand Manchester, est en bonne position pour remplacer à court terme Keir Starmer au poste de premier ministre du Royaume-Uni. Dans un contexte marqué par la progression du parti d’extrême droite Reform UK, l’avenir du Parti travailliste, l’équilibre du système politique britannique et les relations avec l’Europe pourraient dépendre de l’issue de la lutte qui s’annonce au sommet du Labour.


Comme attendu, le très populaire maire travailliste du comté métropolitain du Grand Manchester (2,8 millions d’habitants), Andy Burnham, a remporté ce 18 juin l’élection législative partielle de la circonscription de Makerfield (située dans le Grand Manchester). Le voici donc député, condition sine qua non pour qu’il puisse prendre part à une élection interne au Labour afin de prendre la tête du parti et donc de remplacer au 10, Downing Street le premier ministre actuel, Keir Starmer.

Burnham, 56 ans, ne fait d’ailleurs plus mystère de cette ambition, qui était depuis un bon moment déjà un secret de Polichinelle. Son arrivée au pouvoir pourrait avoir des conséquences majeures pour son parti, pour son pays et même pour l’Europe en général. Tour d’horizon.

Le nécessaire renouvellement d’un parti à bout de souffle

Il y a deux ans seulement, le Parti travailliste remportait les élections législatives après un raz-de-marée électoral, ce que les Britanniques appellent a landslide victory. Certains experts ont toutefois rapidement qualifié cette victoire écrasante de « loveless » (sans amour), y voyant avant tout l’expression d’un rejet massif de 14 ans de règne conservateur, plutôt qu’une love story avec le chef travailliste Keir Starmer.

À vrai dire, même avant son accession à Downing Street, on reprochait déjà à Starmer un certain manque de charisme et de vision. Il voulait incarner le changement, tout en symbolisant la stabilité dont le pays a grandement besoin après le choc du Brexit.

Mais faute d’avoir su construire un véritable capital de sympathie auprès de l’opinion, et en raison de ses nombreux changements de position — plus d’une douzaine, notamment sur le remboursement des prêts étudiants, l’identité numérique et certaines prestations sociales —, ainsi que de son incapacité perçue à fixer un cap clair et à prendre des décisions fortes, il figure désormais parmi les premiers ministres les plus impopulaires de ces dernières années et est même la cible d’attaques internes virulentes.

La déroute récente aux élections locales de mai n’a rien arrangé, bien au contraire, puisque c’est aujourd’hui bien de sa succession dont il est question.

Mais remettre en cause la légitimité du chef — et a fortiori le remplacer en cours de mandat — n’est pas chose aisée au sein du parti travailliste. Contrairement au parti conservateur, où le nom de ceux qui souhaitent se séparer du chef reste secret, les challengers travaillistes doivent fournir au secrétaire général (proche du chef en place) la liste complète et nominative de leurs soutiens au Parlement (il faut au moins 20 % des députés, soit 81 aujourd’hui). Le chef, lui, n’a pas à suivre ces règles et peut se présenter directement à sa propre succession. C’est ensuite l’ensemble de l’organisation travailliste, des députés aux militants, qui votent par ordre de préférence — et à ce jeu-là, un nom ressort avec insistance.

The King of the North

Bien que certains avaient déjà fait part de leur volonté de défier Starmer, aucune élection n’était possible tant que le maire du Grand Manchester ne pouvait pas être candidat.

Andy Burnham est aujourd’hui la personnalité politique travailliste la plus populaire dans son parti ainsi qu’auprès du grand public. Il devait toutefois attendre de remporter une élection partielle, puisque seul un député peut prétendre diriger le parti. C’est maintenant chose faite.

Quid de la réaction de Keir Starmer ? Va-t-il laisser sa place sans coup férir ou se battre jusqu’au bout ? La tendance serait à l’annonce d’un retrait de Starmer, possiblement dès le lundi 22 juin, pour laisser la place à Burnham.

Contrairement à Starmer, Burnham peut se targuer d’une réputation flatteuse, notamment dans le Nord de l’Angleterre. À Manchester, il a encouragé la création de Bee Network, un réseau de transports publics entièrement intégré, ce qui a réduit les coûts et amélioré la connectivité de la ville.

Des bus aux couleurs des abeilles du « Bee Network » photographiés à Manchester en juin 2025.
S5a-0043/Flickr, CC BY-NC

Sous sa direction, le centre ville a aussi connu un essor économique phénoménal, grâce à de nombreux investissements, même si la périphérie n’en a pas toujours bénéficié. De plus, s’il a occupé des postes à responsabilité sous Gordon Brown (premier ministre de 2007 à 2010), voilà plus de neuf ans qu’il n’a pas foulé les bancs de Westminster en tant que député et il est donc difficilement associable aux difficultés récentes du Parti travailliste.

Malgré un bilan honorable en tant que maire, une popularité rare au Royaume-Uni, et une voie toute tracée vers Downing Street, ce n’est que le début du chemin (de croix ?) pour Burnham.

Proposer une nouvelle histoire aux Britanniques

Lors de la campagne de Makerfield, Burnham a été la cible de très dures attaques de la part des autres candidats : il lui était reproché d’utiliser l’élection comme un tremplin pour son propre intérêt et de ne guère se soucier des habitants de la circonscription. Ces arguments (opportunisme, ambitions personnelles et mépris de classe puisqu’il aurait instrumentalisé les espoirs des habitants d’une circonscription modeste et pauvre pour atteindre le pouvoir suprême) ont joué un rôle moteur dans le vote du Brexit et contribuent, aujourd’hui encore, au climat de défiance qui prévaut outre-Manche à l’égard d’une classe politique supposément déconnectée. Robert Keynion, le candidat de Reform UK, le parti de droite radicale dirigé par Nigel Farage, a ainsi asséné sur BBC Radio Manchester que même s’il perdait, il aurait au moins prouvé qu’il était « un gars issu de la classe ouvrière qui a fait un bras d’honneur à l’establishment ».

Le Brexit a rendu visible une polarisation sous-jacente et profonde de la société britannique tout en élargissant la fenêtre d’Overton concernant l’immigration, la question identitaire et le rejet du multiculturalisme en général, et permis l’expression d’une rhétorique populiste décomplexée. Les émeutes qui ont émaillé ces dernières années (2024, 2025 et encore la semaine dernière à Belfast) en sont l’expression la plus visible, tout comme la montée fulgurante de Reform UK. Même s’il devient premier ministre, Burnham devra faire face aux mêmes problèmes que Starmer. Alors, devra-t-il pour autant s’inspirer des recettes populistes, en privilégiant les émotions à la raison et les solutions de facilité à court terme à un débat profond sur la situation du pays ?

Stephen Coleman, de l’université de Leeds, suggère qu’il devra présenter une alternative au populisme de Reform UK, en proposant une conception plus directe et bienveillante de l’État tout en reconnaissant que ce dernier n’a pas répondu aux attentes du peuple. Pour ce faire, il faudra remplacer le langage technocratique des élites politiques pour établir un lien plus direct avec le peuple. Ce n’est que comme cela qu’il pourra proposer une nouvelle vision inclusive et positive du vivre ensemble britannique.

Un parti, voire un système politique, à la croisée des chemins ?

Les enjeux sont de taille, et pas seulement pour Burnham.

Sur le plan local, le parti a réussi à garder un bastion historique. À l’échelle nationale, il doit maintenant proposer une alternative crédible à Reform UK sous peine de disparaître, ou d’être relégué à une position mineure, comme le Parti conservateur (actuellement, les Tories disposent de 117 sièges à la Chambre des Communes, contre 403 pour les Travaillistes et seulement 8 pour Reform UK, lequel pourrait, selon les sondages, multiplier ce chiffre par 30 aux prochaines législatives).

À l’international enfin, le changement qui se profile au sein du Labour sera scruté avec attention. La direction future du pays, notamment concernant l’Europe, est en jeu dans la mesure où Reform UK est farouchement opposé à l’Union européenne, alors que Wes Streeting, candidat potentiel de la droite du Labour, souhaite retourner dans l’UE immédiatement (un Breturn en quelque sorte) et que Burnham (généralement classé à gauche de Starmer, lui-même au centre gauche du Labour) veut lui aussi se rapprocher de l’Europe, mais à plus long terme.

Burnham bénéficie de plusieurs éléments qui pourraient lui rendre la tâche moins ingrate. Premièrement, sa victoire écrasante renforce sa crédibilité et montre qu’il est légitime pour faire face à Reform UK. Ensuite, il y a la percée de Restore Britain, parti radical né d’une scission avec Reform UK dont il diminue l’impact et siphonne les voix en proposant une approche encore plus extrême (rémigration, référendum sur la peine capitale), avec le soutien d’Elon Musk. La situation est assez ironique dans la mesure où les partis successifs de Nigel Farage (UKIP, Brexit Party puis Reform UK) avaient eux aussi su grappiller des voix sur la droite du Parti conservateur, en traitant de sujets traditionnellement chers aux Tories (immigration, Europe) mais jugés toxiques par les dirigeants de ce parti durant la reconstruction des années 2005-2010 sous David Cameron.

De plus, la partielle de Makerfield a montré l’importance du vote tactique contre Reform UK, une sorte de « front républicain » à la britannique. Enfin, le timing est idéal, avec l’« anniversaire » du Brexit dont les conséquences désastreuses encouragent certains leaders politiques à militer pour un rapprochement avec l’Europe encore plus marqué.

Andy Burnham a donc un travail colossal à accomplir, notamment en termes de communication, afin de capitaliser sur son image de champion local et proposer un nouveau chapitre pour un pays à la croisée des chemins.

The Conversation

Alma-Pierre Bonnet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. « This is a final chance to change » : vers un tournant politique majeur au Royaume-Uni ? – https://theconversation.com/this-is-a-final-chance-to-change-vers-un-tournant-politique-majeur-au-royaume-uni-285723

¿Abusamos de la melatonina? Lo que dice la ciencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By M Teresa Grande Rodríguez, Profesora de farmacología y toxicología., Universidad Francisco de Vitoria

STEKLO/Shutterstock

Hace unos años, la melatonina era un recurso “de viaje”, algo que se utilizaba para sobrevivir al jet lag tras un vuelo largo. Hoy ha pasado a formar parte de la rutina de muchas casas: adultos que la toman para dormir mejor y, cada vez más, niños a los que se les administra para que logren conciliar el sueño con facilidad.

Cuando una ayuda puntual se convierte en hábito cotidiano, surge una pregunta incómoda: ¿la usamos de forma razonable o estamos abusando de ella?

La melatonina no es un somnífero

En realidad, la melatonina no es un somnífero, sino una señal biológica que regula los ritmos corporales internos. Para entender qué hace realmente, hay que mirar más allá del suplemento.

La melatonina es una hormona que produce nuestro propio organismo; concretamente en la glándula pineal, una pequeña estructura situada en el cerebro. Su función no es inducir el sueño de forma directa, sino actuar como una señal temporal que informa al organismo de que ha llegado la noche. Su producción aumenta con la oscuridad y disminuye con la luz, especialmente con la luz artificial de las pantallas. De este modo, ayuda a coordinar el ritmo circadiano, el sistema que organiza los ciclos de sueño y vigilia a lo largo de las 24 horas del día.

Melatonina natural vs suplemento

La melatonina que produce nuestro cuerpo y la que se administra como suplemento o medicamento son la misma molécula. Pero su comportamiento no es equivalente. La secreción natural sigue un patrón progresivo y finamente ajustado al ciclo luz-oscuridad, mientras que la administración exógena introduce una dosis concreta en un momento determinado, independientemente del estado del reloj biológico de cada persona.

Además, no todos los productos son iguales. La melatonina puede encontrarse tanto en forma de suplemento como de medicamento, con diferencias en la dosis, la formulación, los controles de calidad y las indicaciones para las que ha sido evaluada. Mientras que los medicamentos están destinados a situaciones concretas y cuentan con una evidencia clínica específica, los suplementos se han popularizado de forma más amplia, en muchos casos como solución rápida ante cualquier dificultad para dormir y por iniciativa propia.

La evidencia respalda su uso frente al jet lag

La evidencia científica respalda el uso de la melatonina en determinadas circunstancias, como el jet lag o algunos trastornos del ritmo circadiano. Sin embargo, su uso se ha extendido más allá de estas indicaciones tanto en adultos con dificultades ocasionales para dormir como en población pediátrica, donde su administración debería ser especialmente cuidadosa y siempre contextualizada.

Este punto es relevante: en niños el sueño está estrechamente ligado a procesos de desarrollo, hábitos y rutinas, por lo que la intervención farmacológica no debería sustituir la valoración de las causas subyacentes del problema*.

Aunque la melatonina parece ser segura cuando se utiliza durante periodos cortos de tiempo, todavía sabemos poco sobre las consecuencias de tomarla durante años en etapas tan importantes como la infancia y la adolescencia. Los estudios realizados hasta ahora son, en general, tranquilizadores, pero los expertos coinciden en que todavía faltan datos para conocer con certeza sus efectos a largo plazo

Revisar los hábitos diarios

A menudo, la melatonina se percibe como una señal de “apagado” del cerebro, como si actuara directamente sobre el sueño. Sin embargo, esta idea simplificada (y errónea) ha contribuido a sobrestimar su efecto inmediato. La realidad es que no actúa como un interruptor, sino como un sincronizador. Dicho de otro modo, prepara al organismo, pero no garantiza por sí sola que el sueño aparezca.

Por ello, en lugar de considerarla una solución universal o un recurso inocuo, conviene entender la melatonina como una herramienta útil en contextos concretos, pero no exenta de matices ni capaz de sustituir a una buena higiene del sueño. ¿Por qué recurrimos a ella con tanta frecuencia? Quizás porque obviamos que el sueño no depende de una única molécula, sino de un sistema complejo muy condicionado por nuestros hábitos diarios.

Antes de buscar soluciones externas, convendría empezar revisando lo más básico: la exposición a la luz por la noche (que debemos evitar), los horarios irregulares, el uso de pantallas antes de dormir y la falta de rutinas estables. En definitiva, cambiar “la pastilla” por una buena higiene de sueño.

The Conversation

M Teresa Grande participa como investigadora en proyectos de investigación competitivos financiados por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España, relacionados con farmacología y neurociencias. Esta financiación no ha influido en el contenido del presente artículo.

ref. ¿Abusamos de la melatonina? Lo que dice la ciencia – https://theconversation.com/abusamos-de-la-melatonina-lo-que-dice-la-ciencia-284592

Quelle éducation au vivant à l’heure de l’anthropocène ?

Source: The Conversation – in French – By Faouzia Kalali, Maître de conférences, HDR, Didactique des sciences, Université de Rouen Normandie

À l’école, les savoirs organisés en disciplines décomposent le vivant au risque d’en atténuer les dynamiques relationnelles qui le structurent. Pourtant, les crises écologiques rappellent que le vivant se déploie dans un tissu d’interdépendances que les frontières disciplinaires peinent parfois à saisir.


Pourquoi continue-t-on à enseigner séparément des notions comme l’organisme, le sol ou le climat, alors que les crises écologiques révèlent leur interdépendance ? Ce décalage tient en partie à une organisation des savoirs héritée d’une tradition analytique et d’une logique de transposition didactique, qui vise à isoler et stabiliser les phénomènes pour rendre possible leur enseignement, au risque d’en atténuer les dynamiques relationnelles.

Les limites de l’éducation au vivant ne relèvent donc pas uniquement de choix pédagogiques : elles tiennent aussi à une conception encore largement fragmentée du vivant, appréhendé selon une logique d’entités stabilisées mises en relation, plutôt que comme un tissu de relations dynamiques constitutives.

Une crise écologique… mais aussi une crise des savoirs

L’entrée dans l’anthropocène marque un tournant : les activités humaines modifient désormais les grands équilibres de la planète.

Dans le prolongement des travaux de Wladimir Vernadsky, cette transformation peut être comprise comme un forçage des systèmes terrestres par les activités humaines. Mais cette crise n’est pas uniquement environnementale, elle est aussi une crise des savoirs. Nos manières de connaître structurent notre compréhension du monde, orientent nos façons d’agir et participent ainsi aux transformations écologiques contemporaines.

Dans cette perspective, le philosophe Bruno Latour insiste sur la nécessité de repenser les conditions d’habitabilité d’un monde terrestre devenu instable, tandis que Boaventura de Sousa Santos invite à dépasser l’idée même d’un monde unique pour penser un plurivers fondé sur la reconnaissance de la pluralité des savoirs et des mondes de connaissance légitimes, dans le cadre des épistémologies du Sud.

Or, l’école reste largement structurée autour de savoirs pensés pour un monde stable et prévisible – un monde qui n’est plus le nôtre. Elle entretient ainsi une conception de la connaissance comme mise en ordre du réel, au détriment de l’attention portée à l’instabilité, aux transformations et aux interdépendances qui caractérisent le(s) vivant(s) aujourd’hui.

Une école en décalage avec les enjeux contemporains

Les attentes sociales ont profondément évolué. Face aux crises écologiques, les citoyens – et en particulier les élèves – recherchent du sens, des repères et des capacités à agir. Pourtant, les savoirs scolaires apparaissent souvent déconnectés de ces enjeux.

L’éducation au vivant reste majoritairement structurée par une approche mécaniste qui repose sur un principe de décomposition des objets d’étude afin d’en faciliter l’appropriation. Elle a longtemps constitué un outil puissant de connaissance du monde biologique. Elle implique toutefois un mode de stabilisation des savoirs : pour être enseignés, les phénomènes sont isolés, simplifiés et découpés en objets distincts afin de les rendre intelligibles.

Ce geste de réduction n’est pas problématique en soi ; il le devient lorsqu’il tend à invisibiliser les relations dynamiques qui constituent le vivant. Au regard des enjeux écologiques contemporains, cette limite apparaît avec une particulière netteté. Les phénomènes environnementaux ne peuvent être réduits à des objets isolés : ils s’inscrivent dans des systèmes complexes, faits d’interactions entre espèces, milieux et temporalités multiples.

Ce décalage ne renvoie donc pas seulement à un retard des contenus scolaires, mais à une tension plus profonde entre deux régimes de pensée du vivant.

Le vivant : des sciences en pleine transformation

Le problème qui nous occupe s’inscrit dans un contexte plus large de transformations profondes des sciences du vivant et des sciences de la Terre. Dans le cadre de l’anthropocène, ces disciplines ont progressivement déplacé leur regard : le vivant n’y est plus seulement appréhendé comme un ensemble d’objets isolés, mais comme un tissu d’interdépendances dynamiques, inscrit dans des écosystèmes complexes et multiscalaires.

Cette évolution ne correspond pas à un simple enrichissement des connaissances, mais à un véritable changement de cadre de pensée. Les sciences du vivant accordent désormais une place centrale aux interactions, aux rétroactions et aux processus d’émergence, ce qui rend plus difficile toute séparation stricte entre organismes, milieux et temporalités. Elles s’inscrivent ainsi dans une pensée écologique, attentive aux ruptures et aux discontinuités.

Depuis les travaux de Jacob von Uexküll, qui montrait que chaque organisme construit son propre monde (son « Umwelt »), jusqu’à ceux de Marc-André Selosse sur les symbioses, le vivant est de plus en plus envisagé comme un tissu de relations. Dans une perspective complémentaire, les recherches de Vinciane Despret contribuent également à déplacer le regard, en montrant que les relations entre humains et non-humains participent à la construction même des mondes vivants.

Ces évolutions dessinent une reconfiguration profonde des sciences du vivant et de l’environnement, désormais à la fois relationnelles, situées, orientées vers l’action et traversées par des enjeux politiques. On n’est plus dans une science principalement descriptive : il s’agit d’une science engagée dans la compréhension et l’accompagnement de transformations concrètes des institutions, des politiques publiques et des comportements.

Dans cette perspective, la production de savoirs devient elle-même objet de réflexion critique, interrogeant ses conditions de production, ses effets et ses cadres de légitimation. Se met ainsi en place une hybridation croissante entre sciences et sociétés, où les données scientifiques s’articulent aux enjeux sociaux et aux conflits d’acteurs – comme l’illustrent les questions énergétiques, situées à l’intersection des dimensions techniques, politiques et de justice sociale.

Pourtant, cette approche relationnelle et interactionniste du vivant reste largement absente des classes, où les curricula privilégient encore des démarches analytiques, centrées sur des objets plutôt que sur des systèmes.

Écologiser les savoirs : apprendre à penser les relations

Face à ce constat, une transformation s’impose : écologiser les savoirs. Il s’agit d’introduire dans les curricula une pensée systémique et complexe du vivant. Comprendre un écosystème ne consiste pas seulement à en identifier les composants, mais à saisir les relations qui les structurent.

Concrètement, cela implique de travailler sur des systèmes plutôt que sur des éléments isolés, d’articuler les différentes échelles – du micro au planétaire – et d’intégrer l’incertitude ainsi que les dynamiques propres aux phénomènes étudiés.

Décoloniser les savoirs : reconnaître leur pluralité

Mais cette transformation ne peut être uniquement scientifique ; elle est aussi politique. Décoloniser les savoirs ne consiste pas à rejeter la science, mais à la réinscrire dans un dialogue avec d’autres formes de connaissance. C’est reconnaître que tout savoir est situé, produit dans des contextes sociaux, culturels et historiques.

Les travaux de Boaventura Sousa Santos montrent ainsi que la science moderne a longtemps imposé une hiérarchie des connaissances, reléguant d’autres savoirs – locaux, autochtones ou expérientiels – à l’invisibilité. Or, comprendre le vivant suppose précisément de reconnaître cette pluralité des manières de connaître.

Un curriculum pertinent pour un monde incertain

Dans un monde marqué par l’incertitude, un curriculum pertinent ne peut plus se réduire à une simple liste de connaissances. Il doit être pensé à partir de trois formes complémentaires de pertinence.

La première est une pertinence sociale : elle consiste à relier les savoirs aux enjeux contemporains et à la demande de sens. Cela suppose de les enrichir par des controverses, des débats publics et des situations concrètes de conflits d’intérêts entre différentes parties prenantes, afin de former des élèves capables de comprendre le monde et d’y agir.

La deuxième est une pertinence scientifique et écologique : elle suppose d’assumer la complexité du vivant plutôt que de la simplifier artificiellement. Cela passe par le développement d’approches interdisciplinaires, l’intégration de l’incertitude et l’apprentissage d’une pensée systémique.

La troisième est une pertinence politique : elle repose sur la reconnaissance de la pluralité des savoirs et sur une exigence de justice environnementale. Dans cette perspective, l’enseignement des sciences devient un enjeu démocratique, étroitement lié à la capacité des citoyens à participer aux choix collectifs.

The Conversation

Faouzia Kalali est MCF HDR à l ‘université de Rouen Normandie. Actuellement Emérite.

Jean-Marc Lange a reçu des financements de l’ANR.

ref. Quelle éducation au vivant à l’heure de l’anthropocène ? – https://theconversation.com/quelle-education-au-vivant-a-lheure-de-lanthropocene-281654

Les fan-zones, fan ou pas fan ?

Source: The Conversation – in French – By Nico Didry, Maître de conférences en ethnomarketing, Stratégies Economiques du Sport et du Tourisme, CREG, Université Grenoble Alpes (UGA)

Une fan-zone ne ressemble pas forcément à ça ! Ici, la fan-zone au pied de la tour Eiffel, le 26 juin 2016, pendant le match opposant l’Allemagne à la Slovaquie lors de l’Euro 2016. Nasreddine Nas’h/Wikimédia , CC BY

Un terme est devenu le corollaire des grands événements sportifs internationaux, il s’agit de celui de « fan-zone », de plus en plus employé par une diversité d’acteurs – presse, organisateurs, collectivités, bars, supporters –, mais pour parler de contextes bien différents. Il en existe en effet plusieurs types : un petit décryptage s’impose.


La notion de « fan-zone », anglicisme désignant un espace réservé aux supporters, est assez récente. Elle est apparue dans les années 1990, lors des grands prix de Formule 1 (avec l’objectif d’améliorer l’expérience spectateur) et de l’Euro de football 1992 en Suède (avec une visée sécuritaire dans un contexte de hooliganisme). En 2008, lors de l’Euro, les fan-zones ont été intégrées à une stratégie de sécurité plus large, où le « plaisir » est devenu un principe d’organisation pour maintenir l’ordre et réduire les comportements violents.

Le terme a été fréquemment utilisé dans le champ public à partir de 2010 avec une explosion en 2016, lors de l’Euro de football organisé en France, puis de la Coupe du monde en 2018. Son utilisation est donc fortement liée à des événements sportifs en particulier.

Un concept développé par les organisateurs de grands événements sportifs internationaux

L’expression « fan-zone » fait son entrée dans le dictionnaire en 2018. Sa définition correspond à ce qui a été mis en place lors de l’Euro 2016 : « Espace privilégié et sécurisé réservé à des supporters ou à des admirateurs d’événements ». Notons que toutes les définitions proposées par des dictionnaires diffèrent sensiblement.

Les différents travaux scientifiques permettent de définir quatre objectifs inhérents à la mise en place de ces fan-zones par les organisateurs et/ou collectivités d’accueil des grands événements sportifs internationaux (GESI). Le premier est celui de la sécurité, ces espaces étant conçus pour canaliser les foules et gérer les flux humains. Le second est celui du marketing, autant pour les collectivités d’accueil pour générer de l’attractivité et optimiser la présence de l’événement dans leur stratégie de communication, que pour les organisateurs, qui enrichissent ainsi l’expérience spectateur en l’étendant avant et après la rencontre sportive. Le troisième objectif peut être commercial pour les organisateurs en générant des recettes supplémentaires (merchandising, boissons…). Enfin, le quatrième objectif peut être social, en permettant aux personnes sans billet de profiter de l’événement à moindre coût, mais aussi en fédérant une frange plus large de la population autour de l’événement.

D’une manière générale, les fan-zones mises en place par les organisateurs de GESI sont envisagées comme un outil dans la gestion d’un mega-event sportif. Elles sont des éléments du processus de sécurisation, marchandisation et festivalisation à l’œuvre dans ces grandes manifestations sportives.

Appropriation par les fans

Sur Wikipédia, « une fan-zone est un espace privilégié réservé à des supporteurs ou à des admirateurs lors d’événements. Cette zone est au plus près du spectacle » : ici, il n’est pas question de sécurité, ce qui révèle l’évolution et l’élargissement de l’emploi actuel de la notion de fan-zone.

En effet, notre étude montre une appropriation récente par les supporteurs de ce terme de « fan-zone » pour définir d’autres formes de rassemblements que ceux développés par les organisateurs.

En 2023, pour son dernier Tour de France, Thibaut Pinot a vécu une étape mémorable dans le massif des Vosges.

La terminologie est adoptée par les supporteurs pour nommer ce qu’ils mettent en place de manière autonome pour regarder le spectacle sportif et est liée aux rassemblements dits « improvisés » des supporteurs sur les bords de route (le fameux « virage Pinot » sur le Tour de France 2023, par exemple) et sur les trails (la fan-zone de l’influenceur-traileur Clemquicourt à Vallorcine sur l’Ultra-Trail du Mont-Blanc 2025). La fan-zone s’affranchit de son caractère institutionnel.

Vers la marchandisation des fan-zones

La forte augmentation de l’utilisation de l’expression « fan-zone » vient aussi du fait que ce concept est marchandisé par de nombreux acteurs économiques : les agences événementielles développent un produit « Fan-Zone » tout compris, qu’elles vendent aux collectivités sur le modèle classique d’un espace sécurisé avec écran géant, restauration et services en option. Les sociétés de location de matériel événementiel (barnums, écrans, sonorisation, etc..) proposent des tutoriels, tels que « Créez votre fan-zone évènementielle avec tout le matériel nécessaire » ou « Organisez une fan-zone avec… ».

Les bars surfent aussi sur cette dynamique et s’approprient le terme fan-zone pour marketer ce qu’ils faisaient déjà avant, à savoir retransmettre les compétitions sur leurs écrans ou des écrans spécialement disposés pour les grands événements. Les structures de loisirs mettent en place des « fan-zones kids » réservées à leurs adhérents.

Il existe même un site Internet indépendant recensant (moyennant finances) toutes les fan-zones en France à l’occasion de la Coupe du monde de football 2026 (on y retrouve les fan-zones des collectivités, mais aussi les bars, des stades, des centres culturels…).

Enfin les marques proposent, elles aussi, lors des évènements des espaces immersifs et qu’elles appellent « fan experience ».

Alors comment la définir ?

Cette multiplicité des emplois de « fan-zone » engendre un flou terminologique qui apparaît clairement dans les entretiens de notre enquête qualitative. En effet, les répondants ont eu du mal à définir ce qu’est une fan-zone de manière précise lorsque la question leur était posée.

La première image qu’ils en avaient en tête était celle, plutôt classique, d’un espace simple avec écran géant pour regarder le match ou la compétition en position debout. Ainsi, le Club France des Jeux olympiques et paralympiques de Paris 2024, proposant de nombreux services additionnels (animations, etc.), n’était pas considéré de manière instinctive comme une fan-zone pour la majorité des répondants (même ceux qui y étaient allés) alors que l’organisation avait clairement communiqué sur le statut de fan-zone (« le Club France est la plus grande fan-zone des jeux » et que cette terminologie a été largement relayée dans les médias.

Notre étude révèle ainsi la difficulté de trouver une définition précise et commune de « fan-zone ». En effet, d’une part, les définitions de ce terme hors du contexte académique sont assez variées et font état d’un certain flou dans l’explicitation du concept ; d’autre part, on ne retrouve pas dans la littérature scientifique de définition précise ni de conceptualisation de la notion de fan-zone. Cela s’explique par le fait que les recherches sur les fan-zones sont accolées à des GESI, et donc appréhendent la notion telle qu’elle a été pensée par les organisateurs. Or, le terme, tel qu’employé actuellement, recouvre un plus large spectre, comme nous l’avons vu plus haut.

Nous proposons donc d’envisager le concept de fan-zone au sens large, c’est-à-dire comme des espaces où des personnes peuvent se rassembler physiquement pour vivre les méga-événements sportifs, afin de n’exclure aucune pratique ou expérience et d’ouvrir le champ à une réflexion sur de nouvelles formes de fan zones.

Typologie des fan-zones de GESI

La fan-zone regroupe donc plusieurs types d’organisations avec des formes et de configurations structurelles différentes. Notre étude a permis d’en dresser une typologie permettant de clarifier cette notion (Cf. Tableau).

Typologie des fan-zones.
Nico Didry, Fourni par l’auteur

Cette typologie place dans un premier temps les fan-zones en deux catégories : (1) les fan-zones institutionnelles dont la caractéristique principale est leur statut officiel. Ce sont celles mises en place par l’organisateur de l’événement ou la collectivité qui l’accueille. (2) Les fan-zones informelles, c’est-à-dire à contrario ni mises en place ni gérées par l’organisateur de l’événement. Elles sont organisées ou improvisées en fonction de l’opportunité offerte par l’intérêt de l’événement.

La segmentation des fan-zones institutionnelles a été réalisée en fonction de la distance (continuum proximité-éloignement) par rapport au site de la compétition. Quant à la segmentation des fan-zones informelles, elle a été construite en fonction du statut des initiateurs de celle-ci.

Vous voilà désormais équipés pour la Coupe du monde 2026 : si on vous propose un rendez-vous dans la fan-zone, assurez-vous d’avoir bien compris de quel genre d’espace il est question !

The Conversation

Nico Didry a été lauréat d’une bourse de recherche du Centre d’Etudes Olympiques Français

ref. Les fan-zones, fan ou pas fan ? – https://theconversation.com/les-fan-zones-fan-ou-pas-fan-285497

Éteindre des incendies par le sens, un hommage à Karl Weick

Source: The Conversation – in French – By Isabelle Barth, Secrétaire général, The Conversation France, Université de Strasbourg

Comment un incendie dans le Montana a-t-il conduit un sociologue à mettre en exergue le rôle du sens de l’action ? C’est un des apports de Karl Weick qui vient de disparaître à l’âge de 89 ans. Ses travaux illustrent à quel point le sens peut être un contre-feu efficace. Ou comment, à l’inverse, un ordre dont le sens n’est pas compris peut être inopérant.

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Karl Weick, un grand sociologue américain des organisations, vient de nous quitter à l’âge de 89 ans. Raconter ses incendies, c’est ma façon de lui rendre hommage. S’il a mis au jour beaucoup de concepts et décrypté beaucoup de phénomènes, celui qui domine est celui de sens ! Pour une biographie en bonne et due forme, il est facile de consulter d’autres sites, tant il était connu et reconnu.

Nous sommes le 5 août 1949, dans le Montana, au cœur des États-Unis. Il fait très chaud, très sec, et un incendie se déclare au lieu-dit Mann Gulch. Ce feu est rapidement identifié par les experts comme un « feu de ravin », un feu de 24 heures, dont on peut venir à bout si on suit les bons processus. Une brigade de pompiers volants est parachutée sur le lieu. Soit 15 pompiers commandés par Wagner Dodge.

Des instructions non observées

Une fois au sol, Dodge se rend compte très vite que l’incendie n’a rien à voir avec ce qui était annoncé et que les pompiers sur place sont tous en grand danger. Il donne donc deux ordres à ses hommes :

  • Courir se mettre à l’abri et, pour aller le plus vite possible, il leur ordonne d’abandonner tout leur très lourd matériel : « Drop your tools! » ;

  • Allumer un feu pour faire contre-feu à l’incendie qui ravage tout sur son passage.

Paniqués, les pompiers ne suivent pourtant pas les consignes. Seulement deux auront la vie sauve, les 13 autres mourront, dévorés par les flammes.




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Karl Weick proposera l’analyse suivante de cette tragédie : les ordres donnés n’avaient aucun sens pour des pompiers professionnels. Ils ne correspondaient pas à leurs pratiques de lutte contre les incendies. En conséquence, ils ont perdu tous leurs repères, surtout dans l’urgence absolue où ils ne pouvaient pas échanger entre eux. Fuir le feu, ne plus avoir de matériel, et allumer un feu, c’est exactement l’extrême opposé de ce qui fait le métier de pompier.

L’incendie de Notre-Dame

On retrouve la duplication de cet enjeu du sens dans un autre incendie, celui de Notre-Dame de Paris, le 16 avril 2019. Quand le général Gallet apprend que Notre-Dame de Paris est en proie aux flammes, il se trouve dans les embarras parisiens. Quand il arrive sur les lieux, l’incendie fait rage et les personnes sur place sont dans un profond désarroi, tellement l’attaque est forte et subite.

Il va alors redonner du sens en posant deux actes :

  • diviser le poste de commande en deux, avec une partie destinée à combattre l’incendie et l’autre à communiquer avec les parties prenantes (politiques, médias, grand public) qui se pressent aux portes ;
  • demander des cartes de Notre-Dame de Paris « en feu » en recueillant toutes les informations des personnes en prise avec l’incendie.

L’analyse qu’il déploie à l’origine de ces décisions est de « donner du sens pour que cesse le chaos ».

Créer du sens, un processus collectif

Revenons à Karl Weick. Ce dernier définissait la construction du sens comme « un processus collectif au travers duquel les membres de l’organisation produisent des interprétations plausibles des situations, leur permettant de (re)créer un ordre et d’agir collectivement. Comme le montre Karl Weick, lors de modifications de l’environnement, le cadre de référence n’est plus nécessairement opérant.

Deux scénarios sont alors possibles :

  • on se voile la face et on continue « comme avant » ;

  • on s’interroge et on cherche à reconstruire du sens dans ce nouveau contexte. C’est-à-dire que, par des échanges, des discussions, des constructions… on élabore de nouveaux cadres de références. Ces interactions sont essentielles car les cadres de références peuvent varier en fonction des métiers et des catégories de la même organisation.

Attention : l’objectif n’est pas d’avoir une pensée unique mais que les différentes interprétations convergent suffisamment pour assurer la continuité de l’action collective. Dans ce processus d’évolution des interprétations, le briefing ou le dialogue ne précèdent pas l’action mais se font dans l’action : c’est l’« enactment », un terme traduit en français par énaction.

L’héritage de Karl Weick

Le travail de Karl Weick est passionnant et édifiant à plusieurs niveaux :

  • comment d’un incendie surgit un concept qui devient central à la compréhension des organisations ?

  • l’importance de nommer un phénomène familier mais seulement ressenti. Car c’est à cela que servent les concepts : à aider à penser et avancer ;

  • élaborer une connaissance actionnable qui accompagne les organisations ;

  • Comprendre que toute organisation est une dynamique qui ne peut se penser qu’en mouvement et en interaction, l’« organising ».

Xerfi 2016.

Construire du sens, donner du sens, avoir du sens, révéler le sens, voilà bien des objectifs vitaux à l’époque du grand « chamboule-tout ».

Indispensable vision stratégique

Le premier constat est que la perte de sens est à l’origine de tellement de maux typiques de notre époque : perte de repères, désengagement, risques psycho -sociaux, dégradation de la santé mentale… qui ne conduisent pas tous à des drames absolus mais qui, à leur paroxysme, peuvent conduire à l’incendie intérieur qu’est le burn out (littéralement se griller, exploser), voire à la mort (le suicide).

Le sens peut être vu comme une direction et c’est déjà bien d’avoir un cap et de chercher à le garder. Pour cela, la vision stratégique et la capacité stratégique à la définir sont un préalable incontournable.

Le sens, c’est aussi et surtout, la compréhension par chacun des acteurs de l’organisation de ce qu’on lui demande. C’est la réponse à « pourquoi le ferais–je ? » et à « quel impact à mon geste professionnel ? »

Le comment à la place du pourquoi

Or, notre société a remplacé le pourquoi par le comment, mettant les réponses avant les questions. Et les organisations, par la sophistication de leur process, outils, organigrammes… ont définitivement invisibilisé bon nombre de collaborateurs qui ne se voient plus que comme des « maillons » d’une chaîne dont ils n’identifient ni le début ni la fin.

Le sens, c’est aussi l’adéquation à ses valeurs personnelles, et la cohérence avec ce qu’on perçoit de son identité professionnelle. Le rôle d’un leader, c’est bien cette capacité à donner du sens pour engager les personnes, les faire converger vers le même but et préserver leur dignité d’être humain.

On l’oublie trop souvent : le travail doit donner de la dignité. Avoir du sens, donner du sens y contribue. Merci, monsieur Karl Weick, de l’avoir mis de façon si brillante en évidence.

The Conversation

Isabelle Barth ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Éteindre des incendies par le sens, un hommage à Karl Weick – https://theconversation.com/eteindre-des-incendies-par-le-sens-un-hommage-a-karl-weick-285259