El 29-N, entre Ceuta y la vivienda: las dos batallas que decidirán las elecciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Luis Manfredi, Professor International Studies & Journalism, Universidad de Castilla-La Mancha

Pedro Sánchez, durante su convocatoria para anunciar el adelanto electoral. Pool Moncloa/Fernando Calvo y Sandra Armada

España irá a elecciones. El presidente del Gibierno, Pedro Sánchez, ha anunciado la convocatoria de generales para el próximo 29 de noviembre. Será su sexta ocasión como candidato. La decisión abre una nueva fase de incertidumbre política en un país que ha convertido la excepcionalidad en rutina y la negociación permanente –¡entre socios parlamentarios!– en condición de gobierno.

Buscando la estabilidad política

Tras tres años marcados por coaliciones, pactos territoriales y un Parlamento inoperativo, los electores decidirán no solo quién gobierna, sino también qué modelo de estabilidad política desean para la próxima legislatura.

Los dos contendientes principales presentan trayectorias políticas y personales muy diferentes. El candidato Sánchez (PSOE) ha transformado su bajo perfil orgánico en una suerte de líder carismático de la socialdemocracia europea con aspiración internacional. Las entrevistas en medios internacionales, los constantes viajes y su propia proyección han contribuido a figurar en el –cada vez más– reducido club de líderes progresistas del planeta.

La retórica internacional ensalza sus cualidades (buena presencia, respuesta dinámica, eslóganes), aunque sea a costa de cierto desinterés por las instituciones y los procedimientos domésticos.

En cambio, el candidato Alberto Núñez Feijóo (PP) ha construido su imagen sobre la sobriedad, la experiencia en la gestión pública y la paciencia. No representa un arquetipo de carisma en tiempos de TikTok, sino el aprovechamiento de la ola del cambio. Tras ocho años, el gobierno socialista sufre el desgaste silencioso y una cierta negatividad acumulada. Así, el candidato popular transmite seguridad al electorado, aunque no apasione.

La campaña se interpretará como un plebiscito sobre el liderazgo de Sánchez, pero también como una prueba sobre la capacidad del sistema político español para producir gobiernos estables en un entorno cada vez más polarizado.

La campaña anticipa dos ejes discursivos: Ceuta y la vivienda. El primero se alinea con la tendencia europea de colocar seguridad y migraciones en un mismo plano. Señala cuáles son los problemas de las fronteras y la identidad nacional, así como las limitaciones del proyecto europeo. En Suecia, Italia, Francia, Chequia o Eslovaquia el votante confirma que está preocupado y aspira a retomar el control de no se sabe bien qué. La vis identitaria ha abandonado las claves del ciclo anterior para abrir otras bajo el sintagma de la “prioridad nacional”.

En cambio, la cuestión de la vivienda es el epítome de las grandes transformaciones sociales asociadas al neoliberalismo. Es un problema de escasez, de salarios, de fondos buitres, de corrupción y de toda una serie de males. Más aún, es un problema transversal en la triple G (género, generación y geografía): las mujeres viven la brecha salarial, los jóvenes precarizados no pueden ahorrar porque destinan entre el 30 y 40 % de su nómina a alquileres y la geografía señala zonas tensionadas, turistificadas y sin vivienda social.

Las elecciones ahondarán la fractura social persistente entre identidad y migraciones frente a políticas sociales. Veremos cuál moviliza y agrupa escaños suficientes.

La cita llegará en un contexto internacional complejo, marcado por la desaceleración económica europea, las tensiones comerciales globales y la creciente presión sobre el gasto en defensa y seguridad.

Para los mercados, las empresas y los socios europeos, la cuestión principal no será únicamente quién gane las elecciones, sino qué capacidad tendrá el próximo Gobierno para ofrecer previsibilidad en un momento de elevada volatilidad internacional.

Una buena situación económica en España

No se anticipa un gran debate sobre la situación macroeconómica de España, ya que los análisis reflejan una situación saneada. Sin embargo, en el plano doméstico, el buen comportamiento no se traduce en mejores salarios, reducción en los costes de la energía y –otra vez– la vivienda. La riqueza que no se redistribuye por otra vía que por los impuestos genera desafección en el sistema y alimenta el voto contra el gobierno actual y sus políticas.

En el ámbito diplomático, el presidente Sánchez procurará sacar rédito de su posición internacional, sea como amigo de Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, sea como una voz sólida de la socialdemocracia europea y la ayuda a Ucrania. La proyección de la política exterior puede atraer a cierto electorado, pero moviliza la cuestión de Ceuta y Marruecos, a la derecha, y el Sáhara, a la izquierda. Es una decisión arriesgada cuando uno emplea la lupa doméstica.

Como cierre, hay dos grandes incógnitas en el escenario. ¿A quién beneficia la polarización en un sistema que piensa en modo bipartidista? Las encuestas de los tres últimos años ofrecen datos, sumas y coaliciones posibles, pero el electorado será soberano en noviembre.

Quizás Vox aproveche el “momento europeo” y supere los 70 diputados marcando la agenda política.

En la izquierda, la acumulación de nombres, viejos y nuevos, indica más desorientación que renovación de las ideas. Solo Podemos permanece fiel a su ortodoxia, cuyo precio es un número de escaños limitado.

La segunda cuestión pendiente es la erosión institucional, sea el acoso al Poder Judicial, la falta de presupuestos generales, la conversión de TVE en una cadena de infoentretenimiento o la mala práctica de la llamada ley de nietos. Preocupa sobremanera esta última en la medida en que arroja dudas sobre el censo, la espina dorsal de unas elecciones libres y competitivas.

Sea cual sea el resultado de noviembre, convendría a los dos grandes partidos que impulsaran la gobernanza del país para recuperar la confianza social en el nuevo escenario internacional.

Un escenario lleno de incógnitas

Hay más incógnitas que certezas, pero el nuevo ciclo responderá a una pregunta central: si Pedro Sánchez conserva la capacidad de articular mayorías o si el país busca un relevo al frente del Ejecutivo. Después de años de polarización, la cita electoral se convertirá también en un examen sobre los límites y la resistencia de su liderazgo. Porque el resultado no solo determinará quién ocupará La Moncloa. También servirá para medir hasta qué punto los españoles siguen apostando por la política de bloques o reclaman una nueva fórmula de gobernabilidad.

En un contexto de creciente incertidumbre internacional, con migraciones y seguridad en el centro del debate europeo, la estabilidad volverá a convertirse en un activo electoral de primer orden.

The Conversation

Juan Luis Manfredi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El 29-N, entre Ceuta y la vivienda: las dos batallas que decidirán las elecciones – https://theconversation.com/el-29-n-entre-ceuta-y-la-vivienda-las-dos-batallas-que-decidiran-las-elecciones-293567

El conocimiento financiero avanza en España, pero con desigualdades

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricia Bachiller, Catedrática de Finanzas, Universidad de Zaragoza

Pixel-Shot/Shutterstock

A lo largo de la vida todos tomamos decisiones relacionadas con el dinero. Algunas son habituales: organizar el presupuesto familiar, decidir cuánto ahorrar cada mes, elegir dónde guardar nuestros ahorros. Otras son menos frecuentes, pero tienen un impacto mucho mayor: contratar una hipoteca, planificar la jubilación o decidir cómo invertir los ahorros acumulados durante años.

Para tomar estas decisiones conviene contar con unos conocimientos financieros básicos. Por ejemplo, saber y entender que:

  • El dinero pierde valor con el tiempo debido a la inflación.

  • El tipo de interés permite comparar el valor del dinero en distintos momentos.

  • El interés compuesto puede hacer crecer los ahorros a largo plazo.

  • Las inversiones con mayores ganancias suelen implicar mayores riesgos.

  • Diversificar la inversión en varios activos en lugar de concentrarse en uno solo ayuda a reducir los riesgos financieros (el conocido consejo de “no poner todos los huevos en la misma cesta”).

Aunque estos conceptos parezcan sencillos, muchas personas tienen dificultades para comprenderlos y aplicarlos correctamente. Como consecuencia, pueden aparecer problemas de endeudamiento, una planificación insuficiente del ahorro o dificultades para acceder a determinados productos financieros.

Educar para evitar la exclusión financiera

La digitalización ha cambiado profundamente la relación entre los ciudadanos y las entidades financieras. Muchas operaciones que antes se hacían con la ayuda de un profesional se realizan ahora desde una aplicación móvil o una plataforma digital. Esto obliga a los usuarios a asumir una mayor responsabilidad en la gestión de sus propias finanzas. Aquellas personas que no se adapten a estos cambios corren el riesgo de sufrir exclusión financiera.

Por este motivo, organismos internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Banco Mundial o la Comisión Europea llevan años promoviendo programas de educación financiera. En España, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores impulsan desde 2008 planes de educación financiera. Entre ellos destaca el programa Finanzas para Todos, cuyo objetivo es mejorar los conocimientos financieros de la población.

¿Qué saben los españoles sobre finanzas? ¿Han mejorado sus conocimientos en los últimos años? ¿Existen grupos especialmente vulnerables? ¿Son conscientes de lo que saben y de lo que ignoran cuando toman decisiones sobre su dinero?

Estas son algunas de las cuestiones que analizamos en el estudio El papel de la educación financiera como herramienta de inclusión social, utilizando los datos de la Encuesta de Competencias Financieras realizadas por el Banco de España en 2016 y en 2021 como parte del Plan Estadístico Nacional. Este cuestionario evalúa la educación financiera de la población española de 18 a 79 años (8 554 entrevistas en 2016 y 7 764 en 2021) a partir de los siguientes puntos:

  • Comprensión de conceptos financieros básicos (inflación, interés compuesto y diversificación del riesgo).

  • Familiaridad con instrumentos de ahorro, seguros y deuda.

  • Propiedad, adquisición y uso de productos financieros.

Luces y sombras en los conocimientos financieros

Los resultados ofrecen una visión moderadamente positiva del conocimiento financiero de los españoles que, en general, muestran un nivel aceptable. Además, varias de las competencias analizadas mejoraron entre 2016 y 2021, lo que hace pensar que las iniciativas públicas podrían haber contribuido a esta mejora.

Las preguntas relacionadas con conceptos sencillos y presentes en la vida diaria, como la inflación o el interés básico, obtienen altas tasas de respuestas correctas. Sin embargo, cuando esos conocimientos se hacen más complejos (como el interés compuesto o la diversificación del riesgo), el rendimiento de los encuestados disminuye. Y los errores son más frecuentes todavía cuando se aplican en situaciones reales y deben hacerse cálculos o razonamientos matemáticos.

La cuestión es, por tanto, conocer los conceptos y saber aplicarlos para tomar decisiones sobre el ahorro, la inversión o la planificación financiera.

Otro resultado interesante es que los españoles tienden a infravalorar sus conocimientos. Esta cautela puede tener ventajas porque quienes creen (falsamente) tener un nivel alto de educación financiera son más propensos al riesgo, asumen (erróneamente) que pueden gestionar productos complejos por sí mismos y desdeñan la educación financiera. No obstante, la sensación de desconocimiento y el temor a equivocarse puede llevar a algunas personas a adoptar estrategias demasiado conservadoras.

El estudio muestra que los conocimientos financieros no se distribuyen por igual entre la población. Las diferencias más importantes aparecen según el género, la edad y el nivel de ingresos.

Diferencias de género, edad e ingresos

Los hombres obtienen, de media, mejores resultados que las mujeres en la mayoría de las preguntas analizadas. Esta diferencia, que coincide con la observada en otros estudios internacionales, hace a las mujeres un grupo vulnerable en términos de educación financiera. Esta brecha se hace más problemática para las mujeres mayores o con niveles educativos más bajos, que tienden a tener una comprensión más limitada de conceptos clave.

Por ello, las mujeres, especialmente las de mayor edad, constituyen uno de los grupos que deberían recibir una atención prioritaria en las políticas de educación financiera.

La edad también marca diferencias. Los jóvenes obtienen mejores resultados en las cuestiones teóricas (tipos de interés y conceptos financieros) y muestran una mayor autoconfianza en su educación financiera que los adultos mayores. Sin embargo, también tienden a sobreestimarla y, por tanto, a tomar decisiones más arriesgadas.

En contraste, los adultos mayores tienden a ser más cautelosos y sentirse menos seguros de su conocimiento financiero –posiblemente por haber tenido menos oportunidades educativas–, pero destacan en cuestiones vinculadas con la inflación, probablemente porque hayan vivido épocas de fuertes subidas de precios.

Estos resultados ponen de manifiesto que los conocimientos financieros se adquieren con la educación y también con la experiencia.

Los ingresos son otro factor clave. Los hogares con mayores recursos muestran mejores niveles de conocimiento financiero que aquellos con menores ingresos. Esta situación resulta especialmente preocupante porque quienes disponen de menos recursos son, precisamente, quienes más necesitan tomar decisiones financieras acertadas para evitar situaciones de vulnerabilidad económica.

Por ejemplo, las personas con menor educación financiera tienen más riesgo de incurrir en deudas costosas y menos probabilidades de ahorrar e invertir adecuadamente, lo que limita su capacidad para acumular riqueza y mejorar sus niveles de ingresos.

Implicaciones sociales

La educación financiera favorece la inclusión social. Hoy muchas decisiones económicas se toman de forma autónoma desde un teléfono móvil o un ordenador. Por eso, entender conceptos financieros básicos es casi tan importante como saber leer, escribir o utilizar las nuevas tecnologías.

Dado que las competencias financieras evolucionan con los cambios económicos y tecnológicos, los programas de educación financiera deben actualizarse a las necesidades de cada momento. Además, para aumentar su impacto, los programas de educación financiera deberían combinar la parte teórica con otras habilidades fundamentales, especialmente las matemáticas. Comprender los conceptos es importante, pero también lo es saber aplicarlos correctamente.

Fortalecer las competencias financieras y matemáticas de la población, prestando atención especial a los colectivos más vulnerables, contribuye a mejorar el bienestar individual y ayuda a construir una sociedad más inclusiva, más resiliente y mejor preparada para afrontar los retos económicos del futuro.

The Conversation

Patricia Bachiller recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación, adscrita al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y del Gobierno de Aragón a través del grupo de investigación GESPUBLICA.

Emilio Martín Vallespín recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación, adscrita al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y del Gobierno de Aragón a través del grupo de investigación GESPUBLICA

– ref. El conocimiento financiero avanza en España, pero con desigualdades – https://theconversation.com/el-conocimiento-financiero-avanza-en-espana-pero-con-desigualdades-283721

Cómo las lluvias intensas pueden provocar que las aguas urbanas contaminadas lleguen a ríos y playas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisenda Ballesté, Profesora agregada en Microbiologia, Universitat de Barcelona

Lluvias intensas en Barcelona, 29 de septiembre de 2026. Edu Mangas/Shutterstock

Cuando llueve, el agua refresca el aire, limpia las calles y se escurre por los sumideros hacia la red de alcantarillado. Nos despertamos en una ciudad más limpia y con un aire más respirable, pero bajo el suelo que pisamos la situación es muy distinta.

Una vez en el alcantarillado, el agua de lluvia se encuentra con las aguas residuales procedentes de nuestros hogares. Allí se mezcla con el agua de la ducha, de los grifos de la cocina y del lavabo, así como con la procedente de los inodoros. Esta agua transporta materia fecal y sus bacterias, y todo aquello que se haya arrojado al desagüe: toallitas, productos de limpieza, etc.

Si todo funciona correctamente, las aguas residuales circulan por la red de saneamiento hasta llegar a las estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR). Normalmente, de ellas sale un agua mucho más limpia que se vierte a los ríos o al mar a través de unas tuberías conocidas como “emisarios”.

Como describía el cantautor valenciano Raimon, “en mi país la lluvia no sabe llover: o llueve poco o llueve demasiado; si llueve poco es la sequía, si llueve demasiado es la catástrofe”. Y, por desgracia, tenemos varios casos recientes. Por ejemplo, en la playa de Nueva Icaria en Barcelona hubo varios episodios en verano del año pasado y en las costas valencianas tras la dana de octubre de 2024. Aunque aquel episodio fue excepcional por su magnitud y las vidas que se llevó, las lluvias extremas forman parte de un escenario climático cada vez más habitual.

Cuando las depuradoras no pueden asumir tanta agua

El agua llega al alcantarillado y de allí a las EDAR. Pero las depuradoras se han diseñado para asumir un caudal dependiente del número de habitantes. No pueden asumir caudales muy superiores sin riesgo de desbordamiento o de que el sistema de tratamiento deje de funcionar correctamente. Para evitar que colapsen, las redes de saneamiento disponen de puntos de alivio conocidos como descargas de sistemas unitarios (DSU), que pueden situarse en ríos, arroyos o en el mar. En Barcelona, por ejemplo, la mayoría descargan al mar, pero también al río Besós.

El agua de lluvia mezclada con agua residual sin tratar se vierte al medio a través de estos puntos. Esta agua arrastra la materia orgánica, bacterias fecales y residuos que se arrojan al inodoro. Pero también desplaza contaminantes urbanos como metales pesados, aceites e hidrocarburos de los vehículos. De este modo, estos contaminantes terminan llegando a los torrentes y al océano.

Estos vertidos no suelen representar un grave problema para la salud pública, pero sí degradan la calidad del agua y obligan al cierre de playas o a restringir usos recreativos tras episodios de lluvia intensa.

Playas con bandera roja por contaminación

En España, la calidad microbiológica de las aguas de baño está regulada por el Real Decreto 1341/2007. Esta normativa utiliza la bacteria Escherichia coli y los enterococos como indicadores de contaminación fecal. En función de su abundancia, las aguas se clasifican como excelentes, buenas, suficientes o insuficientes. Aunque la mayoría de las playas presentan una calidad excelente, tras episodios de lluvia intensa muchas amanecen con bandera roja. Lo que significa la prohibición temporal del baño hasta que los niveles de contaminación vuelven a la normalidad.

Los datos de calidad del agua son públicos y pueden consultarse en tiempo real en el Sistema de Información Nacional de Aguas de Baño (Náyade) y en los informes anuales elaborados por el Ministerio de Sanidad. Sin embargo, una limitación es que fuera de la temporada de baño no se realiza un seguimiento de la calidad del agua. Tampoco se contempla el análisis de otros contaminantes que pueden tener efectos a largo plazo sobre la salud y los ecosistemas, como los plásticos o compuestos químicos.

Ciudades mejor preparadas para las lluvias intensas

Muchos municipios llevan años adoptando medidas para reducir los vertidos y disminuir la escorrentía que arrastra contaminantes desde las calles hasta el mar. En los nuevos desarrollos urbanísticos es habitual implantar redes separativas que recogen por conductos independientes las aguas residuales y las pluviales. Esta medida es eficaz, aunque difícil de aplicar en ciudades con redes de saneamiento ya consolidadas.

En urbes como Barcelona, Sevilla, Madrid o Alicante se han construido depósitos de retención de aguas pluviales, conocidos como tanques de tormenta. Estos depósitos almacenan temporalmente el agua hasta que las depuradoras pueden asumir su tratamiento. Barcelona dispone actualmente de 11 depósitos anti-DSU que evitan que unas 900 toneladas de materia en suspensión lleguen cada año al mar.




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Otra estrategia consiste en implantar sistemas urbanos de drenaje sostenible. Estas soluciones buscan aumentar la infraestructura verde mediante jardines inundables, cubiertas vegetales, pavimentos permeables o zanjas de infiltración. De este modo se reduce la cantidad de agua que llega al alcantarillado durante las tormentas. Parte de la lluvia se infiltra en el subsuelo, recarga los acuíferos y puede aprovecharse para el riego o el baldeo de las calles.

Es de esperar que en los próximos años disminuyan los vertidos gracias a la nueva directiva europea sobre aguas residuales urbanas. Esta directiva exige la elaboración de planes de gestión y el seguimiento de estos vertidos para conocer cuándo se producen y qué volumen vierten. La norma también contempla medidas destinadas a reducir su impacto, como la construcción de tanques de tormenta, la instalación de rejillas o tamices para retener sólidos y la adopción de mejoras urbanísticas que disminuyan la escorrentía.

Durante décadas hemos intentado evacuar el agua de lluvia lo más rápido posible. Hoy sabemos que, a menudo, es preferible retenerla, infiltrarla y aprovecharla. Parte de la solución a los problemas podría consistir, precisamente, en permitir que el agua de la lluvia vuelva a comportarse como lo haría en la naturaleza.

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Elisenda Ballesté recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el programa europeo Interreg POCTEFA para actividades de investigación.

– ref. Cómo las lluvias intensas pueden provocar que las aguas urbanas contaminadas lleguen a ríos y playas – https://theconversation.com/como-las-lluvias-intensas-pueden-provocar-que-las-aguas-urbanas-contaminadas-lleguen-a-rios-y-playas-293122

Micorrizas: los hongos aliados de las plantas que combaten plagas y captan agua y nutrientes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mariano Angel Valdivia Dávila, Ciencias agrícolas y biotecnología, Universidad de Guadalajara

New Africa/Shutterstock

La degradación ambiental y los efectos adversos del cambio climático representan una seria amenaza para la seguridad alimentaria mundial. Con el fin de amortiguar estos impactos, la agricultura sostenible busca reducir el uso de productos químicos e impulsar los procesos ecológicos naturales. En este contexto, los hongos micorrícicos se han ganado el apelativo de “internet de las plantas” porque se entrelazan con las raíces de los cultivos, asociándose con ellas en un intercambio mutuo. Esta red compartida propicia una de las simbiosis mutualistas más antiguas e importantes de la naturaleza.

Las micorrizas trabajan en conjunto con una serie de microorganismos (bacterias, hongos y arqueas) que habitan no solo en la raíz, sino sobre las hojas e incluso dentro de ellas. Desempeñan una función esencial en el crecimiento vegetal y la salud del suelo. En esta red biótica, los hongos micorrízicos arbusculares destacan por su habilidad para optimizar el rendimiento y la sostenibilidad de los ecosistemas.

¿Qué son las micorrizas?

Las micorrizas son un tipo de hongos que forman asociaciones mutualistas con las raíces de las plantas en, al menos, el 80 por ciento de las especies terrestres. Aunque se presume que este tipo de hongos ha existido desde hace más de 400 millones de años, su plena identificación se produjo a finales del siglo XIX por el botánico y micólogo alemán Albert Bernhard Frank. Este acuñó el término micorriza, del griego mykes, hongo, y rhiza, raíz, en el año de 1885.

Gracias a las investigaciones sobre la interacción de los hongos con las raíces de las plantas, se han descrito dos grandes grupos de micorrizas. Por un lado, se encuentran las ectomicorrizas. En este tipo de hongos, las hifas fúngicas (delgados filamentos tubulares) no penetran las paredes celulares de la raíz. En su lugar, forman una cubierta externa alrededor de esta y una malla intercelular entre las células corticales. Dicha trama, conocida como [“red de Hartig”], sirve para el intercambio de sustancias, como carbohidratos y nutrientes. Son comunes en árboles de bosques templados (pino, encino, abedul).

Por otro lado, se hallan las endomicorrizas. A diferencia de las ectomicorrizas, las hifas del hongo sí penetran las células de la corteza de la raíz, pero sin romper la membrana plasmática o celular. Este tipo de hongo es el más común en la naturaleza, alcanzado una colonización de hasta el 80 por ciento de las plantas terrestres. Dentro de la raíz forman una estructura llamadas arbúsculo, que funciona como el sitio de intercambio entre el hongo y la planta.

Aportes a la planta y al suelo

Como parte de la asociación planta-hongo micorrízico se desarrollan mecanismos de ayuda mutua. Las especies vegetales proporcionan carbohidratos simples al hongo para su alimentación y el hongo, gracias a su red de hifas fúngicas, incrementa significativamente el área de absorción radicular de la planta, facilitando la captación de agua y nutrientes clave con baja movilidad, principalmente nitrógeno y fósforo.

Adicionalmente, la colonización por hongos micorrízicos arbusculares aumenta la tolerancia de las plantas ante el estrés abiótico (sequía, temperaturas extremas, salinidad, contaminación por metales pesados) y biótico (ataque de microorganismos patógenos). Esto se logra desencadenando ajustes osmóticos y estimulando la producción de enzimas antioxidantes que actúan como primera línea de defensa contra el ataque de plagas o enfermedades. Además, estos hongos pueden estimular la producción de hormonas de crecimiento en las plantas y aumentar la eficiencia de la fotosíntesis.

También liberan una sustancia llamada glomalina, que sirve como cementante. Es decir, ayuda a agrupar arcillas y materia orgánica para formar agregados (terrones), que favorecen la retención de humedad, el desarrollo de microorganismos y, en general, mejoran la estructura del suelo.

Entorno agrícola

En la agricultura, los biofertilizanes a base de hongos micorrízicos son utilizados en una amplia variedad de cultivos. Estos incluyen cereales, granos, leguminosas, hortalizas y árboles frutales.

La intensificación de prácticas agrícolas convencionales (labranza excesiva, monocultivo y aplicación continua de fertilizantes sintéticos) reduce la diversidad fúngica. Géneros como Glomus y Acaulospora son los que se han podido adaptar mejor a las condiciones adversas de la agricultura moderna. Pero más allá de estas adaptaciones concretas, existe la necesidad de migrar a una agricultura más sostenible propiciando una mayor diversidad de plantas micorrizadas y encontrando en ello un vector para avanzar.

Investigación sobre el Agave tequilana

Uno de los cultivos que cuentan con denominación de origen en México es el Agave tequilana, utilizado para la elaboración de la bebida tradicional del tequila. Este cultivo, con un periodo de desarrollo muy largo de entre 6 y 8 años, se ha extendido por grandes superficies. Ello ha provocado una pronunciada degradación de los suelos donde se desarrolla debido a la gran cantidad de agroquímicos que se utilizan en su producción.

Las investigaciones realizadas para determinar los tipos de hongos micorrízicos que se asocian a estos cultivos han revelado que los géneros anteriormente referidos, Glomus y Acaulospora, tienen un carácter dominante por su capacidad de adaptación.

En una investigación propia, que analizó diferentes predios cultivados con Agave tequilana, se localizaron entre 16 y 18 morfoespecies distintas de hongos micorrízicos. En cada una de ellas se observó que existía colonización de raíces, con porcentajes que oscilaban entre el 40 y el 60 por ciento de los casos.

Faltan más estudios por realizar y nuevos predios por investigar, pero podemos concluir parcialmente que, pese a las adversas condiciones de campo en las que se desarrollan este tipo de monocultivos, los hongos micorrízicos pueden ser una alternativa viable. Con ellos se reduciría el uso agroquímicos y la producción del Agave del tequila ganaría en sostenibilidad.

The Conversation

Mariano Angel Valdivia Dávila no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Micorrizas: los hongos aliados de las plantas que combaten plagas y captan agua y nutrientes – https://theconversation.com/micorrizas-los-hongos-aliados-de-las-plantas-que-combaten-plagas-y-captan-agua-y-nutrientes-289687

Le reboisement des rives peut-il sauver les rivières à saumon du réchauffement climatique ?

Source: The Conversation – in French – By Eva Enders, professeure d’écologie de poisson, Institut national de la recherche scientifique (INRS)

Chaque été, de plus en plus de rivières du Québec atteignent des températures qui menacent le saumon atlantique (Salmo salar). Pour cette espèce emblématique de nos cours d’eau, quelques degrés de plus peuvent faire la différence entre un habitat favorable et un milieu devenu hostile. Dans un contexte de changements climatiques, la question n’est plus seulement de prédire le réchauffement des rivières, mais de savoir où intervenir pour les protéger.


Une solution possible est le reboisement des bandes riveraines. Les arbres qui bordent les cours d’eau créent de l’ombre, ce qui limite l’exposition au soleil et maintient des températures plus fraîches.




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Mais comment déterminer les secteurs où le reboisement sera réellement efficace ?

Notre étude, réalisée sur la rivière Dartmouth en Gaspésie, un important cours d’eau de la région reconnu pour sa population de saumon atlantique et sa pêche récréative, apporte un nouvel outil pour répondre à cette question.

Quand la température de l’eau devient un problème

La température de l’eau d’une rivière dépend de plusieurs facteurs : la température de l’air, le débit ou les apports d’eau souterraine. Cependant, le rayonnement solaire demeure l’une des principales sources d’énergie responsables du réchauffement des rivières durant l’été.

Dans les secteurs où la végétation riveraine a été dégradée par les activités humaines, davantage de rayons solaires atteignent la surface de l’eau. Les conséquences sont particulièrement importantes pour le saumon atlantique, une espèce adaptée aux eaux froides. Bien que sa croissance et ses performances soient généralement optimales à des températures inférieures à 20 °C, des signes de stress physiologique apparaissent lorsque l’eau dépasse les 20 à 23 °C. Au-delà ces seuils critiques, ce stress peut affecter la croissance, l’alimentation et la reproduction du saumon atlantique.

La protection des refuges thermiques est donc devenue un enjeu majeur de conservation.

Cartographier les zones d’ombres grâce au LiDAR

Pour mieux comprendre l’effet de la végétation riveraine sur le réchauffement de l’eau de la rivière Dartmouth, notre équipe de recherche au Centre Eau Terre Environnement de l’INRS a lancé un projet financé par la Fondation pour la conservation du saumon atlantique.

Le but de cette étude consistait à évaluer le rôle de la végétation riveraine dans la création d’ombre et le contrôle de l’exposition solaire, deux facteurs déterminants de la qualité de l’habitat du saumon atlantique.

Nous avons utilisé une technologie de télédétection, appelée LiDAR (Light Detection and Ranging), qui permet de produire une représentation tridimensionnelle très détaillée du relief et de la végétation environnante. L’analyse a été réalisée à une résolution de seulement un mètre, ce qui a permis d’identifier très précisément les portions du cours d’eau les plus exposées.

En combinant les données LiDAR à des outils de modélisation spatiale, nous avons simulé la quantité de rayonnement solaire atteignant la surface de la rivière Dartmouth. Nous avons ensuite comparé ces résultats à des données de température.

L’ombrage varie d’un endroit à l’autre de la rivière

Les résultats ont montré que les portions larges et peu ombragées reçoivent davantage d’énergie solaire, alors que les zones encaissées ou bordées d’une végétation dense sont naturellement protégées.

Pour aller plus loin, nous avons calculé un indicateur appelé « rayonnement unitaire », qui représente la quantité d’énergie solaire reçue dans un certain volume d’eau. Cette mesure permet d’identifier les secteurs les plus vulnérables au réchauffement.

Nous avons observé que certains tronçons étroits, peu profonds et faiblement ombragés recevaient jusqu’à 25 fois plus d’énergie que d’autres secteurs de la rivière. Ces zones apparaissent particulièrement sensibles aux vagues de chaleur estivales.

Que se passerait-il si on reboisait les rives ?

Nous avons ensuite simulé un scénario de restauration où une bande riveraine d’une largeur de 30 mètres serait reconstituée avec une cime d’arbres d’au moins 12 mètres de hauteur. Cette simulation a été appliquée uniquement aux secteurs dégradés de la rivière, là où la perte de végétation riveraine limitait l’ombrage naturel. Elle représente donc un scénario réaliste de reboisement susceptible d’être mis en œuvre dans le cadre de projets de restauration des habitats du saumon.




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Les résultats sont encourageants.

Le reboisement entraîne une diminution généralisée du rayonnement solaire absorbé par l’eau. Dans certains secteurs, les réductions atteignent près de 40 %. Cette diminution favorise le maintien d’eaux plus fraîches, ce qui est particulièrement bénéfique pour le saumon atlantique.

Notre étude a permis d’identifier certains tronçons qui mènent à un potentiel beaucoup plus élevé de réduction du rayonnement solaire. Ce sont justement ces endroits qui méritent d’être priorisés lors des interventions de restauration.


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Mieux cibler les investissements

Les ressources économiques consacrées au reboisement sont limitées. Dans un réseau hydrographique comptant des centaines de kilomètres de rivières, il est impossible d’intervenir partout. Notre étude propose une méthode de priorisation spatiale permettant d’identifier les secteurs où chaque dollar investi en restauration pourrait produire les réductions thermiques les plus importantes.

Sur la rivière Dartmouth, ces secteurs prioritaires se concentrent principalement dans les portions en amont ainsi que dans certains tributaires, là où la rivière connecte à un autre cours d’eau, particulièrement exposé.

Cette approche pourrait être appliquée à d’autres bassins versants du Québec afin de soutenir les organismes de conservation, les gestionnaires de rivières et les décideurs publics dans leurs efforts d’adaptation aux changements climatiques. L’Écosse utilise déjà des outils comparables pour cibler les tronçons de rivière où la plantation d’arbres offre le plus grand potentiel de refroidissement de l’eau et de protection du saumon atlantique face au réchauffement climatique.

Une stratégie d’adaptation prometteuse

Le reboisement riverain est une des solutions concrètes qui peuvent être mises en œuvre localement comme mesure d’adaptation dès aujourd’hui. En restaurant les arbres qui bordent les rivières, il est possible de créer davantage d’ombre, de protéger les refuges thermiques et d’augmenter la résilience des habitats du saumon atlantique face aux étés de plus en plus chauds.

Dans un contexte où chaque degré compte, les arbres pourraient bien devenir des alliés essentiels pour l’avenir des rivières à saumon du Québec.


Nous tenons à souligner la contribution de Mathias Cabal, étudiant à la maîtrise, ainsi que des professeurs Normand Bergeron et André St-Hilaire du Centre Eau Terre Environnement de l’INRS et de Carole-Anne Gillis du Gespe’gewa’gi Institute of Natural Understanding (GINU). Leur expertise, leur collaboration et leur implication ont été essentielles à la réalisation de ce projet de recherche.

La Conversation Canada

Eva Enders est membre du Groupe de recherche interuniversitaire en limnologie (GRIL), Ressources aquatiques Québec (RAQ), du Centre interuniversitaire sur la recherche du saumon atlantique (CIRSA) et du Atlantic Salmon Research Joint Venture (ASRJV). Cette recherche était soutenue par la Fondation pour la conservation du saumon atlantique (FCAS) et par le programme Alliance du Conseil de recherches en sciences naturelles et en génie du Canada (CRSNG).

Nour El Houda Bejaoui est membre du Groupe de recherche interuniversitaire en limnologie (GRIL). Elle a reçu des financements de la Fondation de la conservation du saumon atlantique.

– ref. Le reboisement des rives peut-il sauver les rivières à saumon du réchauffement climatique ? – https://theconversation.com/le-reboisement-des-rives-peut-il-sauver-les-rivieres-a-saumon-du-rechauffement-climatique-290897

¿Por qué seguimos yendo a conciertos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo Sánchez Ungidos, Profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Universidad de Castilla-La Mancha

Shakira en una imagen de sus conciertos en Macondo Park, en Madrid. RTVE

Desde el 18 de septiembre hasta el 11 de octubre calculamos que alrededor de 600 000 personas asistirán en Madrid a Las mujeres ya no lloran, la residencia artística de Shakira en Europa.

Nos gustan los conciertos. Nunca antes había sido tan fácil escuchar cualquier tema inmediatamente ni habíamos podido acceder a las canciones de nuestros artistas favoritos desde cualquier lugar. Sin embargo, seguimos haciendo cola durante horas y pagando bastante dinero por una entrada para estar, para ser allí.

La pregunta que sobrevuela ese instante es sencilla y algo incómoda: ¿qué nos da un concierto? Y la respuesta no está solo en la música. Está también en el cuerpo, en las personas que nos rodean y en la sensación de que, durante un tiempo limitado, estamos participando en algo que no puede repetirse exactamente.

Somos parte de un mismo ritual.

Macondo no es un pueblo: es un espejo

El concierto altera nuestra relación habitual con el tiempo. Durante unas horas organizamos la experiencia alrededor de ese otro trabajo que es reconocernos en lo que ocurre. El cuerpo entra en otro ritmo. Nos movemos, sudamos, gritamos y escuchamos rodeados de otros cuerpos.

El sociólogo Simon Frith ha explicado que la música puede existir de distintas maneras. Hay una música que se guarda en el cuerpo y en los instrumentos, y que vuelve a existir cuando alguien la interpreta. Otra forma de música parece tener una existencia más estable: la canción que conocemos, la versión que tenemos en la cabeza y con la que comparamos cada interpretación.

El concierto reúne las dos experiencias. La canción conocida se reencarna delante de nosotros. No escuchamos simplemente algo que ya poseíamos; vemos cómo sucede aquí y ahora. Solo la corporalidad de la experiencia da un sentido y una función a una estructura ya automatizada. La entrada, la espera, la aparición, los momentos de intensidad y el final cobran significación gracias a la presencia del artista y de nosotros como público.

Probablemente uno de los momentos más esperados en la última gira de Oasis: la interpretación de ‘Wonderwall’, tal vez no tanto para escucharla como para cantarla a voz en grito frente a los Gallagher.

Por eso importan tanto los pequeños rituales. Por eso los cantantes actuales cuidan tanto la puesta en escena. El escenario de Shakira, el Macondo Park, se ha convertido en un talismán identitario y en un proyecto cultural. Igualmente, Bad Bunny en su gira montó una escena puertorriqueña (la “casita”) en medio de un estadio en el que perreaban 60 000 personas. Ese contraste funciona como un pequeño rito (la simbología puertorriqueña) dentro del rito grande (la comunidad de cualquier ciudad de la gira).

La fórmula del rito no falla. Todos los cantantes y sus públicos pasamos por ellos. Lady Gaga convierte sus shows en liturgias visuales. La puesta en escena de la última Rosalía se ha llegado a comparar con una ceremonia sagrada, capaz de convertir un escenario en una especie de templo temporal. Y Aitana, con su Cuarto Azul, hace posible que el centro del espectáculo se condense en un espacio íntimo y doméstico.

Lo decisivo es que participamos con el cuerpo. El concierto exige nuestra presencia. Podemos poseer la música en cualquier parte, pero seguimos queriendo estar allí donde ocurre.

Antes de cantar juntos ya hemos sufrido por una entrada

El rito no comienza cuando el artista pronuncia su primera palabra en vivo, sino el día de la venta de entradas en las plataformas digitales. Miles de personas se conectan a la misma hora, actualizan la página y comprueban su posición en la cola virtual mientras el corazón se acelera, como si estuvieran ante las puertas de un templo.

Esa espera tiene sus propias normas. Buscamos a nuestros coprotagonistas. Sabemos que estamos entrando en un espacio comunitario y aceptamos, casi sin pensarlo, unas reglas que no aplican del mismo modo en nuestra vida cotidiana.

Todo ello produce una identidad que no podemos construir completamente a solas. Pensemos algunos ejemplos para concierto: las “friendship bracelets” (pulseras de la amistad) de Taylor Swift, los modelos mayoritariamente rosas para Karol G y las pelucas moradas en el caso de Shakira (que remiten al videoclip de “Las de la intuición”). En todos el objeto importa menos que el reconocimiento mutuo que permite.

Una camiseta, una forma de bailar, un gesto durante una canción, como un corazón coreano, o incluso la manera de ocupar una pista pueden decir “yo pertenezco aquí”, “yo soy esto”, “no me quiero ir de aquí”. Cada concierto produce temporalmente a ese público.

Imagen del resumen de la residencia de Bad Bunny en Puerto Rico en 2025.

El valor especial que atribuimos a la presencia invita a preguntarnos qué sucede cuando esa música se hace presente ante nosotros.

Sabemos que la música seguirá existiendo cuando salgamos del estadio, pero sentimos que Shakira, Bad Bunny, Taylor Swfit, Rosalía o Aitana solo pueden ocurrir mientras estamos allí. E incluso allí pensamos que los conocemos mejor, casi personalmente, aunque sus palabras sean parte de un relato. A ese vacío que experimentamos antes de que la pérdida física (o el distanciamiento) ocurra lo llamamos pre(au)sencia inevitable.

Al igual que el concierto no empieza con la primera canción, tampoco termina necesariamente con la última. El rito sigue en las conversaciones a la salida, las fotografías en los photocall, las publicaciones en redes sociales, los mensajes enviados a quienes no pudieron asistir y la historia que repetiremos durante años: dónde estábamos, con quién fuimos, qué canción sonó, qué ocurrió en aquel momento.

De la presencia al aullido

Vivimos el concierto con otros, incorporamos el cuerpo y nos reconocemos en quienes reaccionan como nosotros. Antes, durante y después del concierto, dejamos de ser únicamente individuos que consumen canciones y nos convertimos en miembros de una colectividad.

Que en plena era digital sigamos necesitando este tipo de ceremonia dice mucho sobre nosotros. Quizá, cuanto más fácil es escuchar canciones sin salir de casa, más nos hace falta, de vez en cuando, (des)aparecer entre la multitud y aullar bajo los focos, como Shakira. ¡Aúúúúúúú!


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The Conversation

Guillermo Sánchez Ungidos es miembro del proyecto de investigación M+PoeMAS, “Mucho más que poemas. Poesía para más gente y poéticas de la canción”, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (PID2024-158927NB-I00).

José Ángel Baños Saldaña es miembro del proyecto de investigación M+PoeMAS, “Mucho más que poemas. Poesía para más gente y poéticas de la canción”, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (PID2024-158927NB-I00).

– ref. ¿Por qué seguimos yendo a conciertos? – https://theconversation.com/por-que-seguimos-yendo-a-conciertos-285561

¿Es la inteligencia artificial el recurso definitivo para aprender idiomas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcos Cánovas, Profesor titular. Departamento de Traducción, Interpretación y Lenguas Aplicadas, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

Digineer Station/Shutterstock

La interacción de las personas con las plataformas de inteligencia artificial generativa y, en concreto, con los modelos extensos de lenguaje (LLM, del inglés large language models) se produce, como es bien sabido, por medio del lenguaje natural, es decir, usando nuestro idioma.

Por la parte humana, se dan indicaciones (o prompts) que incluyen preguntas y órdenes para ejecutar. Por ejemplo, se pueden pedir datos sobre un tema o que se genere determinada programación informática. También se pueden plantear consultas sobre situaciones personales de cualquier tipo.

Las plataformas de IA proporcionan respuestas verbales con razonamientos. Con una herramienta de este tipo, se puede entrar fácilmente en una dinámica conversacional verosímil.




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Aprendizaje de lenguas

A partir de aquí, las prestaciones de la inteligencia artificial ofrecen muchas posibilidades para el aprendizaje de lenguas. Por medio de los LLM se puede, por ejemplo:

  • Interactuar con la plataforma en una lengua extranjera, tanto de forma oral como escrita.

  • Establecer secuencias formativas y unidades didácticas personalizadas, en función del nivel, los objetivos de aprendizaje, las preferencias del alumnado y el progreso verificado.

  • Desarrollar tareas de comprensión y expresión oral y escrita, o tareas de práctica gramatical, vinculadas al itinerario formativo propuesto, con la retroacción correspondiente.

  • Solicitar a la máquina la corrección comentada de errores en actividades realizadas, tanto si las ha preparado la IA como si no.

  • Pedir pruebas de nivel o de evaluación y las correcciones después de completarlas.

  • Generar una pareja lingüística de expresión “humana” con la que conversar.

  • Simular situaciones comunicativas corrientes, como pedir o dar indicaciones para llegar a algún sitio, tomar un medio de transporte o ir de compras, entre muchas otras. El aprendiz puede escoger su rol para estos contextos imaginados.

En definitiva, la variedad de interacciones con un chatbot de IA generativa guarda semejanza con la interacción con un interlocutor humano.

¿Gratis o de pago?

Además de usar un modelo general, como Chat GPT o Claude, podemos recurrir a plataformas especializadas en la enseñanza de idiomas, que suelen ser de pago. Ofrecen unidades de aprendizaje estructuradas, actividades adaptadas de gramática o práctica de vocabulario, juegos de rol, simulación de situaciones interactivas y generación de avatares, entre otras posibilidades. Las aplicaciones móviles resultan particularmente atractivas, porque el dispositivo, por sus características, se orienta al audio.

Todo ello cualquier día y a cualquier hora, sin temor a recibir un juicio negativo por parte de nadie. Y por un precio que, de entrada, no resulta caro o es aparentemente gratuito (recordemos que siempre “pagamos” con nuestros datos recopilados por las aplicaciones).




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Los efectos no deseados de la inteligencia artificial

Este es el panorama que se despliega a nuestra vista. Pero la perspectiva no está completa. Las investigaciones de los últimos años indican que, si los procesos cognitivos complejos, entre ellos los que tienen que ver con el lenguaje, se apoyan sistemáticamente en el uso de la inteligencia artificial, el aprendizaje profundo, en lo que respecta, por ejemplo, a la práctica de la lectura y la escritura, queda limitado. Al mismo tiempo, se desarrolla un proceso de dependencia cognitiva continuada.

Dicho de otra manera y ya convertido en obviedad: si usamos la inteligencia artificial para que lea y escriba por nosotros, nos volvemos más perezosos y aprendemos menos. Sobre todo, en lo que se refiere a la formación orientada a resolver problemas complejos. Aquí podemos incluir el aprendizaje de idiomas, si evitamos encargos de clase como, por ejemplo, la redacción de textos (los generamos con IA) o la lectura de libros (usamos la IA para obtener las respuestas a una actividad de control de la lectura).

El factor humano

Hay que considerar, además, el papel de las personas. Con respecto al uso de la IA en la enseñanza, es común oír que los docentes son necesarios, por ejemplo, para estructurar los cursos o para acompañar el aprendizaje de los estudiantes, porque las máquinas requieren de una supervisión humana para que el resultado operativo sea óptimo.

Esto era así hasta hace poco tiempo. Los modelos de inteligencia artificial más recientes y, específicamente, ChatGPT-6 Astra, se acercan al concepto de inteligencia artificial general, que es aquella que supera a la inteligencia humana en todo tipo de tareas. Estamos entrando en otro paradigma en que, aparentemente, ya no harán falta personas para organizar la dirección y supervisión de los procesos, entre ellos el aprendizaje de lenguas.

Así pues, ¿se puede decir que ya no es necesario el acompañamiento humano para aprender un idioma? La respuesta, creemos, es que sí se necesita. Las máquinas, desde un punto de vista instrumental, lo pueden hacer muy bien. Sin embargo, desde la perspectiva comunicativa y social, la interacción con personas reales es otra cosa.




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Hablar con una máquina

A partir de aquí, entramos en un terreno más especulativo, pero que merece un recorrido. El escritor y filósofo francés Éric Sadin nos advierte sobre lo que representa trasladar la comunicación persona-persona a la comunicación persona-IA.

Las producciones de la IA están deliberadamente “humanizadas” y constituyen para el público receptor modelos de expresión y también de pensamiento. Sin embargo, son fruto de procesos distintos de los de la mente humana. Las cadenas lingüísticas que produce la inteligencia artificial proceden de bases de datos gigantescas que se han apropiado de innumerables muestras de lenguaje. Sobre estos datos, se aplican algoritmos que, de una manera predictiva a partir del material disponible, producen combinaciones de palabras como respuesta a los enunciados de las personas.

El lenguaje humano no funciona igual. El uso cotidiano de una lengua comporta experiencias comunicativas de todo tipo, con informaciones que pueden ser contradictorias o sesgadas, pero que se derivan de las voces múltiples que intervienen. La inteligencia artificial ofrece, por el contrario, diálogos monocordes (en el sentido de que dependen de las instrucciones que hayamos dado a la máquina), con sesgos integrados en sistemas manipulables.

Limitar nuestro lenguaje

La inteligencia artificial no debería ser el único medio para aprender un idioma. Su uso indiscriminado nos puede hacer más limitados en el aprendizaje. También nos acostumbrará a la interacción con una máquina que simula humanidad, con las implicaciones lingüísticas, cognitivas y sociales que se pueden derivar de ello.

Es necesario un diseño altamente responsable de los cursos, un buen conocimiento de cómo manejar las herramientas y un marco ético que incluya al alumnado y al profesorado. La inteligencia artificial es como la música del flautista de Hamelín: presenta el reto, nada fácil, de disfrutarla sin que nos lleve de cabeza al río.

The Conversation

Marcos Cánovas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Es la inteligencia artificial el recurso definitivo para aprender idiomas? – https://theconversation.com/es-la-inteligencia-artificial-el-recurso-definitivo-para-aprender-idiomas-290448

Pourquoi le goût est une expérience sensorielle au cœur de notre santé physique, de notre bien-être et de notre vie sociale

Source: The Conversation – in French – By Reisya Rizki Riantiningtyas, Research scientist, Institut Lyfe; Université Claude Bernard Lyon 1


L’ESSENTIEL

  • On parle de goût pour évoquer la flaveur, qui correspond à l’ensemble des sensations que nous ressentons quand nous mangeons.

  • Des recherches sont menées dans des situations où le goût est altéré pour évaluer son impact sur la qualité de vie.

  • Ces études mettent au jour des liens inattendus entre flaveur, santé mentale et vie sociale.


Imaginez-vous devant votre plat préféré… mais, à la première bouchée, il a le goût d’un carton humide. Beaucoup d’entre nous ont vécu une expérience semblable pendant la pandémie de Covid-19. Heureusement, pour la plupart, cette perte ou altération du goût n’a été que temporaire.

Mais pour des millions de personnes, les changements de goût, d’odeur ou de texture des aliments peuvent durer des mois, voire des années, en raison du vieillissement, de maladies chroniques ou de certains traitements médicaux.

La flaveur, véritable orchestre sensoriel

Cette expérience pourtant familière met en lumière une idée reçue. Ce que nous appelons couramment le « goût » est en réalité la flaveur, c’est-à-dire l’ensemble des sensations que notre cerveau combine lorsque nous mangeons. Les cinq saveurs de base – le sucré, le salé, l’acide, l’amer et l’umami – ne représentent qu’une petite partie de ce que nous percevons réellement.




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Notre cerveau intègre aussi les odeurs et les arômes, la texture et la température des aliments, ainsi que des sensations comme le piquant du piment ou la fraîcheur de la menthe. La flaveur ressemble ainsi à un véritable orchestre sensoriel : c’est seulement lorsque tous ces « instruments » jouent ensemble que nous éprouvons pleinement le plaisir de manger. L’apparence d’un plat, les sons qui nous entourent pendant le repas influencent également notre perception d’un aliment.

Cette façon de comprendre la flaveur change notre regard sur la nutrition. Manger ne consiste pas seulement à apporter des calories et des nutriments à notre organisme. C’est à la fois un processus biologique, une expérience émotionnelle et un rituel social. Les sens qui nous permettent d’apprécier les aliments contribuent aussi à réguler notre santé, d’une manière que la recherche commence seulement à mieux comprendre.

L’alimentation influence physiologie et bien-être

Sur le plan physique, nos sens jouent le rôle d’une véritable boussole biologique. Avant même de goûter un aliment, leur apparence et odeur stimulent l’appétit et préparent notre système digestif. Elles orientent nos choix alimentaires, nous aident à distinguer les aliments bénéfiques de ceux qui pourraient être nocifs et influencent les quantités que nous mangeons.

Lorsque ces signaux sensoriels sont modifiés, notre comportement alimentaire change souvent lui aussi. Avec le temps, cela peut avoir des conséquences sur la qualité de notre alimentation, notre état nutritionnel et, plus largement, notre santé.

Mais notre relation à l’alimentation va bien au-delà de la physiologie. Elle est également intimement liée à notre bien-être mental. Nous avons tous déjà perdu l’appétit en période de stress, de deuil ou d’anxiété. À l’inverse, beaucoup se tournent vers le chocolat ou d’autres aliments réconfortants après une journée difficile. Ces comportements ne sont pas seulement dictés par la faim : ils reflètent les liens étroits qui existent entre nos émotions et nos perceptions sensorielles.

Des recherches montrent ainsi comment des troubles persistants du goût et de l’odorat peuvent être associés à une diminution de la qualité de vie, à des symptômes anxieux ou dépressifs, ainsi qu’à une perte de plaisir dans les activités du quotidien.

Manger aussi pour nourrir les relations sociales

L’alimentation nourrit aussi notre vie sociale. Dans toutes les cultures, les repas sont des moments de partage, de célébration et de rencontre. Manger ensemble favorise les échanges, renforce notre identité culturelle et nourrit notre sentiment d’appartenance. Cette dimension sociale apparaît souvent avec encore plus d’évidence lorsqu’elle disparaît.

Les personnes souffrant de troubles du goût ou de l’odorat expliquent fréquemment qu’elles évitent les restaurants ou qu’elles se sentent à l’écart lors des repas de famille, parce que manger n’est plus un plaisir. Une simple altération sensorielle peut ainsi avoir des conséquences qui dépassent largement la nutrition et favoriser la solitude ou l’isolement social.

Cancers, vieillissement… quand le goût est altéré

Ces effets, à la fois physiques, psychologiques et sociaux, sont particulièrement visibles chez les personnes atteintes de maladies chroniques. Pendant et après un traitement contre le cancer, par exemple, de nombreux patients décrivent un goût métallique, une amertume inhabituelle ou l’impression que les aliments sont devenus fades.

Des changements comparables, mais généralement plus progressifs, peuvent également apparaître avec l’avancée en âge. Il est important de souligner que ces altérations ne concernent pas uniquement le goût. L’odorat est souvent touché, tout comme la perception des sensations dans la bouche, qui nous permet de ressentir la texture, la température ou encore le piquant, l’astringence ou la fraîcheur des aliments. Lorsque cet orchestre sensoriel se désaccorde, les conséquences dépassent largement la simple perte du plaisir de manger.

Quand les plats que l’on aimait ne procurent plus de plaisir, manger devient une contrainte plutôt qu’un moment agréable. Il devient alors plus difficile de maintenir une alimentation suffisante et équilibrée. Si ces modifications favorisent parfois une diminution des apports alimentaires, elles peuvent aussi conduire certaines personnes à rechercher des aliments plus intenses sur le plan sensoriel.

Cette compensation pourrait contribuer à des excès alimentaires et jouer un rôle dans le développement de l’obésité. En parallèle, le réconfort émotionnel et le plaisir du partage qui accompagnent habituellement les repas peuvent eux aussi disparaître.

C’est pourquoi les altérations sensorielles ne devraient pas être considérées comme de simples effets secondaires sans importance. Elles influencent non seulement ce que nous mangeons, mais aussi notre ressenti et notre participation à la vie quotidienne.

Manger, une des expériences sensorielles les plus riches

Pendant longtemps, la nutrition s’est principalement intéressée aux nutriments, aux calories et aux recommandations alimentaires. Aujourd’hui, une question complémentaire émerge : comment nos expériences sensorielles influencent-elles ce que nous mangeons, pourquoi nous le mangeons et en quelles quantités ?

Cette approche nous invite à considérer l’alimentation non plus seulement comme un carburant pour le corps, mais comme une véritable expérience. Un repas parfaitement équilibré sur le plan nutritionnel n’apporte aucun bénéfice s’il reste dans l’assiette parce qu’il n’est plus agréable à manger. À l’inverse, retrouver le plaisir de manger pourrait améliorer non seulement les apports nutritionnels, mais aussi le bien-être émotionnel et la vie sociale.

Pour les personnes traitées pour un cancer, les personnes âgées confrontées à un déclin sensoriel, mais aussi pour chacun d’entre nous souhaitant adopter une alimentation saine, durable et satisfaisante, prendre en compte l’expérience sensorielle des aliments pourrait devenir tout aussi important que leur composition nutritionnelle.

Au fond, la vraie question n’est peut-être pas seulement : que devrions-nous manger ? C’est aussi : comment vivons-nous l’expérience de ce que nous mangeons ? La réponse nous rappelle que la flaveur est le point de rencontre entre notre corps, notre cerveau et nos relations avec les autres.

Après tout, manger ne sert pas seulement à se nourrir. C’est l’une des expériences sensorielles les plus riches que nous partageons.


Cet article est publié dans le cadre de la Fête de la science (qui a lieu du 2 au 12 octobre 2026), dont The Conversation France est partenaire. Cette nouvelle édition porte sur la thématique « Saveurs savantes ». Retrouvez tous les événements de votre région sur le site Fetedelascience.fr.

The Conversation

Reisya Rizki Riantiningtyas est membre de la Société Française d’Analyse Sensorielle (SFAS) et de l’European Sensory Science Society (E3S). Par le passé, elle a reçu des financements de l’Association Nationale Recherche Technologie (ANRT) et de Danone Research & Innovation, dans le cadre de sa thèse. Aujourd’hui, elle ne reçoit des financements que de la Ligue contre le cancer.

– ref. Pourquoi le goût est une expérience sensorielle au cœur de notre santé physique, de notre bien-être et de notre vie sociale – https://theconversation.com/pourquoi-le-gout-est-une-experience-sensorielle-au-coeur-de-notre-sante-physique-de-notre-bien-etre-et-de-notre-vie-sociale-293036

Au Kenya, choisir son poisson devient un véritable dilemme sanitaire

Source: The Conversation – in French – By Kira Lancker, Assistant Professor – Department of Food and Resource Economics, AXA Research Fund; University of Copenhagen


L’ESSENTIEL

  • Le poisson apporte des nutriments essentiels, mais peut aussi contenir des contaminants liés à la pollution. Les consommateurs doivent donc arbitrer entre ces deux dimensions.

  • Les consommateurs accordent davantage d’importance aux risques qu’aux bénéfices : une étude menée autour du lac Victoria, en Afrique de l’Est, montre que les avertissements sur les contaminants influencent plus fortement les choix que les informations nutritionnelles.

  • Une meilleure information ne suffit pas à elle seule : les consommateurs kényans ne réagissent pas tous de la même manière aux étiquettes, ce qui pourrait accentuer certaines inégalités. Pour réduire les risques, il faut aussi s’attaquer à la pollution des écosystèmes aquatiques.


Sur les marchés installés au bord du lac Victoria, le plus grand lac d’Afrique par sa superficie, choisir le poisson que l’on va manger est un geste quotidien. Un client peut opter pour un tilapia en fonction de sa fraîcheur, de sa taille, de son prix et de son origine – d’élevage ou non –, comme le font les consommateurs sur les marchés et dans les supermarchés du monde entier. Qu’il s’agisse de tilapia grillé ou d’un filet de saumon, le poisson est une source essentielle de graisses bénéfiques pour la santé, notamment d’oméga-3, indispensables à la santé cardiovasculaire. Mais ces nutriments sont invisibles. Impossible de voir ce que contient réellement le poisson exposé sur l’étal du marché.

Les risques sont tout aussi invisibles : à mesure que la pollution des eaux augmente, les poissons sont davantage susceptibles de contenir des substances nocives, comme des métaux lourds ou des pesticides. Le poisson est donc un produit « à double tranchant » : un même tilapia peut apporter des nutriments essentiels tout en présentant un risque pour la santé. Ce qui place les consommateurs face à un dilemme et à un arbitrage difficile.

Les vendeurs ont de plus en plus recours aux étiquettes et aux recommandations nutritionnelles pour aider les consommateurs à « voir à l’intérieur du poisson », et à prendre en compte à la fois les bénéfices nutritionnels et les risques de contamination. Mais même si nous connaissions précisément les concentrations de chaque nutriment et de chaque toxine, comment arbitrer entre ces deux dimensions ? Laquelle compte le plus ? Cette complexité est difficile à communiquer efficacement.

Un premier problème tient au fait que, selon le profil de chacun et la quantité de nutriments ou de contaminants déjà ingérée, les bénéfices potentiels d’un apport nutritionnel ou les risques liés à l’ingestion de contaminants peuvent varier.

Autre difficulté : notre manière d’arbitrer entre ces deux aspects peut évoluer tout au long de la vie. À certains moments, nos choix seront guidés par nos propres motivations ; à d’autres, nous penserons à nos enfants, ou bien une grossesse ou un problème de santé entrera en ligne de compte. L’équilibre entre bénéfices et risques évolue donc en fonction de ces situations, et de bien d’autres encore.

L’expérience passée montre à quel point cet équilibre peut être difficile à trouver. Aux États-Unis, une mise en garde concernant le mercure présent dans le poisson, destinée aux femmes enceintes, a également conduit de nombreux autres consommateurs, qui n’étaient pourtant pas exposés à ce risque, à réduire leur propre consommation de poisson, se privant ainsi de bénéfices nutritionnels importants.

Pour mieux comprendre comment les informations figurant sur les étiquettes influencent les choix des consommateurs face à ces arbitrages, notre équipe internationale de chercheurs a mené une expérience auprès de consommateurs de poisson dans des communautés vivant autour du lac Victoria, au Kenya.

Les marchés aux poissons du Kenya : un microcosme représentatif d’un défi mondial

Dans l’ouest du Kenya, le poisson constitue à la fois une source importante de revenus et un aliment régulièrement consommé : 93 % des participants à notre étude avaient mangé du poisson au cours de la semaine précédente. C’est donc un cadre idéal pour étudier des décisions prises dans des conditions réelles.

À cela s’ajoute le fait que le lac subit une forte pression. Comme dans de nombreux milieux aquatiques à travers le monde, les eaux de ruissellement provenant des exploitations agricoles et les eaux usées favorisent la prolifération de « blooms » algaux nocifs, d’épaisses nappes vertes qui s’étendent à la surface de l’eau. À la suite de ces proliférations, des bactéries produisent des toxines appelées microcystines.

Les microcystines sont nocives pour l’être humain lorsqu’elles sont absorbées en quantités trop importantes par l’eau potable ou les tissus des poissons. L’Organisation mondiale de la santé (OMS) a défini des valeurs d’ingestion maximale pour l’une de ces toxines cyanobactériennes, la microcystine-LR, avec un seuil plus strict pour les enfants.

Dans notre expérience, les participants devaient choisir entre différentes options d’achat de poisson hypothétiques. Chaque option était accompagnée d’étiquettes simples indiquant le niveau de nutriments — les graisses bénéfiques pour la santé — et le niveau de toxines : faible, moyen ou élevé.

Nous avons ainsi pu analyser la manière dont les participants arbitrent entre ces deux dimensions lorsque les bénéfices et les risques sont connus et clairement présentés.

Ce que nous avons découvert

À l’échelle individuelle, nos résultats sont rassurants. La plupart des consommateurs prennent soigneusement en compte à la fois les informations sur les nutriments et celles sur les toxines. Mais ils réagissent plus fortement aux avertissements concernant les risques qu’aux informations sur les bénéfices.

Autrement dit, le risque de dommage pèse davantage que le bénéfice potentiel. C’est un point important. Si les avertissements sur les risques prennent une place trop importante, les consommateurs pourraient finir par éviter complètement le poisson. Cela souligne l’importance, lorsqu’il s’agit de produits qui combinent bénéfices et risques comme le poisson, d’accompagner les informations sur les risques d’informations sur les bénéfices. Une approche nuancée et équilibrée est préférable à une réaction de rejet massif, qui pourrait conduire à se priver de nutriments essentiels.

Notre étude montre également que les réactions des participants ne se résument pas à une simple « équation nutriments-contaminants ». Elle indique que les consommateurs ne considèrent pas les nutriments et les contaminants comme deux facteurs distincts qui pourraient simplement se compenser mutuellement. Si un poisson est riche en nutriments, cela n’annule pas le risque associé à des niveaux de contamination plus élevés.

Les deux dimensions sont plutôt évaluées ensemble : plus les risques sont élevés, moins les bénéfices pèsent dans la décision. Cela semble rationnel, puisqu’une alimentation équilibrée se caractérise par un bon niveau dans ces deux dimensions. Cela suggère également que les deux types d’étiquettes pourraient se compléter plutôt que se faire concurrence pour une attention limitée.

Une inégalité invisible

Si de nombreux participants ont fait des choix nuancés, tous n’ont pas réagi de la même manière.

Certains consommateurs ont prêté une grande attention aux nutriments comme aux contaminants. D’autres ont beaucoup moins réagi à l’un ou l’autre de ces types d’informations. Ces consommateurs moins réceptifs étaient plus susceptibles d’avoir des revenus plus faibles, un niveau d’éducation moins élevé ou une moins bonne connaissance des risques environnementaux. Or ces catégories de population sont souvent déjà plus vulnérables et en moins bonne santé.

Cela soulève une question plus générale à l’échelle de la société.

Si les consommateurs les plus réceptifs à l’information commencent à éviter certains poissons, le prix de ces poissons pourrait baisser, sous l’effet d’une diminution de la demande. Ces poissons moins chers pourraient alors devenir plus accessibles – et donc plus attrayants – pour les consommateurs qui sont moins sensibles à l’information. Dans ce cas, les risques sanitaires pourraient se concentrer parmi les populations déjà défavorisées.

En d’autres termes, une meilleure information ne conduit pas nécessairement à de meilleurs résultats pour tout le monde. L’ampleur de ce phénomène dans la réalité reste à déterminer et devra faire l’objet de recherches supplémentaires.

Que peut-on faire ?

Aider les consommateurs à arbitrer entre ces différents facteurs commence par déterminer si des informations fiables leur sont fournies, et de quelle manière elles le sont.

Les chercheurs s’efforcent d’identifier une relation systématique entre les caractéristiques observables des poissons – comme leur espèce ou leur taille – et leur teneur en nutriments ou en contaminants. Même si un étiquetage propre à chaque poisson restera probablement hors de portée, de telles relations systématiques pourraient servir de base à des recommandations simples pour aider les consommateurs dans leurs choix.

Dans l’ensemble, de nombreux consommateurs font preuve de choix nuancés, que l’on peut parfaitement justifier sur le plan rationnel, lorsque les bénéfices et les risques sont présentés côte à côte.

Nos résultats invitent à faire confiance aux consommateurs pour prendre des décisions nuancées, adaptées à leurs besoins et à leurs préoccupations propres. Mais ils soulignent également que les campagnes d’information nutritionnelle doivent s’attacher à communiquer sur les deux aspects du problème, et rester attentives aux risques susceptibles de se répartir de manière inégale au sein de la population.

Mais la responsabilité ne doit pas reposer uniquement sur les consommateurs et sur les organismes chargés de superviser l’étiquetage.

Les arbitrages difficiles auxquels les consommateurs sont confrontés sur les marchés trouvent leur origine dans les problèmes de pollution environnementale. La pollution dégrade la qualité du poisson en tant qu’aliment et impose aux consommateurs des choix toujours plus difficiles. Réduire la pollution environnementale est donc essentiel ; non seulement pour les écosystèmes, mais aussi pour la sécurité alimentaire.


Cet article a été coécrit avec Christopher B. Barrett (Charles-H.-Dyson School of Applied Economics and Management, Cornell University), Kathryn J. Fiorella (Department of Public & Ecosystem Health, Cornell University), Christopher M. Aura (Kenya Marine and Fisheries Research Institute, Kisumu), Hezron Awandu (Kenya Marine and Fisheries Research Institute, Kisumu), Fonda J. Awuor (Kenya Marine and Fisheries Research Institute, Kisumu) et Patrick Otuo (Kenya Marine and Fisheries Research Institute, Kisumu).


Le mécénat scientifique d’AXA fait désormais partie du Fonds Axa pour le progrès humain, qui regroupe les engagements philanthropiques du Groupe et des mutuelles d’assurance Axa dans les domaines de la science, de la nature, de la solidarité et de la culture. Avant 2025, ce mécénat scientifique global était assuré par le Fonds Axa pour la recherche, qui a soutenu plus de 750 projets à travers le monde depuis sa création en 2007. Pour en savoir plus, rendez-vous sur Fonds Axa pour le progrès humain.

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Ce projet a été financé par une subvention du Fonds Atkinson Venture et par une subvention NSF CNH2 (NSF BCS n° 2009658). La contribution de Lancker a été en partie financée par la bourse « Valuing nature » d’AXA XL.

– ref. Au Kenya, choisir son poisson devient un véritable dilemme sanitaire – https://theconversation.com/au-kenya-choisir-son-poisson-devient-un-veritable-dilemme-sanitaire-292614

La retraite des personnes âgées immigrées : un droit menacé ?

Source: The Conversation – in French – By Hannah Bramekamp, Doctorante en sociologie, à l’URMIS, Université Côte d’Azur


L’ESSENTIEL

  • Une enquête auprès d’anciens travailleurs et travailleuses migrantes, désormais à la retraite, montre que leur accès aux droits sociaux se dégrade.

  • La dématérialisation des démarches administratives a accentué leur exclusion et les contrôles administratifs se multiplient.

  • Le conditionnement de prestations au titre de séjour s’apparente à une forme de « préférence nationale ».


Les discours politiques contestant la légitimité des personnes immigrées (et plus largement des bénéficiaires de prestations sociales) à accéder à leurs droits ne cessent de gagner du terrain dans l’espace public et médiatique. À partir d’une recherche sur les parcours d’accès aux droits d’ancien·nes travailleurs et travailleuses migrant·es de l’Est parisien, cet article retrace la façon dont ces profonds changements affectent les parcours de vie et touchent directement aux principes fondamentaux de l’État social.

Ces discours ne sont pas nouveaux, mais ils s’inscrivent depuis vingt-cinq ans dans une tendance de durcissement des politiques sociales et migratoires, remettant en cause progressivement les droits sociaux et au séjour des étranger·es.
Ainsi, l’accès à de nombreuses prestations (allocations familiales, pensions d’invalidité, de solidarité aux personnes âgées, prime d’activité, RSA) a été progressivement conditionné à des exigences croissantes de durée de séjour régulier sur le territoire français. Ces critères ciblent directement les personnes dont les trajectoires sont marquées par des allers-retours entre la France et d’autres pays.

Le cas des personnes âgées immigrées, qui ont travaillé durant de nombreuses années en France, est emblématique de ces transformations. Que deviennent ces personnes, une fois arrivées à l’âge de la retraite et comment cela affecte-t-il leur accès aux droits sociaux ?

Nous nous sommes particulièrement intéressées au cas de l’allocation de solidarité aux personnes âgées (Aspa), une prestation sociale servant de complément aux faibles pensions de retraite, jusqu’à 1 043,59 euros brut mensuels. Pour les personnes âgées immigrées qui perçoivent en moyenne une pension inférieure d’un quart à celle du reste de la population, cette allocation est centrale.

La retraite, un moment d’accroissement des inégalités sociales

Les personnes immigrées connaissent généralement des conditions de travail et d’emploi moins favorables que la population non immigrée : métiers faiblement rémunérés, plus pénibles et exposés aux accidents et aux maladies professionnelles, carrières hachées, statuts moins protecteurs. Ces inégalités, en grande partie dues aux discriminations sur le marché de l’emploi, se répercutent jusqu’au passage à la retraite. Ce moment représente un risque accru de perte d’autonomie, d’isolement social et de ruptures de droits.

C’est particulièrement le cas des travailleurs migrants, majoritairement des hommes arrivés d’Afrique du Nord et de l’Ouest dans les années 1970-1980. Longtemps considérés comme une main-d’œuvre « provisoire », ils se sont finalement durablement installés en France. Or, une fois à la retraite, ces personnes immigrées se trouvent prises dans la tension qu’entretient historiquement l’État à leur égard : tantôt désirées lors des besoins de main-d’œuvre, tantôt rejetées une fois ces besoins satisfaits. La reconnaissance complète de leurs droits s’avère souvent complexe.

En raison des inégalités sociales et structurelles auxquelles elles sont confrontées dans la société française, ces personnes, aujourd’hui âgées, sont davantage dépendantes des prestations sociales pour compléter leurs faibles retraites.

Des inégalités aggravées par la numérisation et la fermeture des services publics

Contrairement à ce qu’affirment nombre de discours médiatiques et politiques, le premier problème concernant les droits sociaux n’est pas celui de la fraude. Depuis les années 1990, plusieurs recherches et rapports ont montré l’ampleur du non-accès aux droits en France, c’est-à-dire des situations où les personnes ne perçoivent pas une prestation sociale à laquelle elles sont éligibles. Par exemple, pour l’Aspa, ce taux s’élevait à 50 % en 2016 et est encore plus important pour les femmes et les personnes les plus âgées. Depuis, les critères d’accès à cette allocation ont été durcis.

Les populations immigrées cumulent souvent un ensemble de difficultés (barrières linguistiques, discrimination sur le marché du travail, précarité administrative) dans leur parcours d’accès aux droits. Si la dématérialisation des démarches administratives a été portée par différents gouvernements dans un objectif de « simplification » et de « lutte contre le non-recours », de nombreuses études constatent l’effet contraire.

La Défenseure des droits pointe que près d’un tiers des Français·es ne s’estime pas compétent·e pour effectuer des démarches administratives en ligne. La « fracture numérique » affecte tout particulièrement les personnes déjà exposées aux inégalités sociales, que ce soit pour des raisons individuelles ou des freins d’ordre structurels, comme la ruralité, la précarité et les populations allophones ou/et illettrées.

La plupart des personnes vivant en résidence sociale ou foyer de travailleurs migrants ont de grandes difficultés à naviguer entre les différentes interfaces numériques pour de multiples raisons : problème de vue, téléphone peu performant et non-accès à un ordinateur, manque d’habitude, appréhension à l’usage des outils numériques, etc.

Attente prolongée et précarité accrue

La fermeture de guichets, la dématérialisation des échanges, la multiplication des pièces demandées et les difficultés à joindre un·e interlocuteur·ice contribuent à prolonger les délais des demandes d’accès aux droits. Nombre des personnes rencontrées attendent parfois plusieurs années le versement de leurs allocations sans certitude quant aux montants qu’elles obtiendront.

Privées de ressources suffisantes durant l’instruction de leur dossier, ces personnes déjà fragilisées doivent recourir à l’entraide familiale, associative ou communautaire pour faire face aux dépenses quotidiennes.

Conditionnalité des droits et renforcement de la « préférence nationale »

Pour ces personnes, il ne s’agit plus seulement de remplir des critères d’éligibilité (d’âge ou de revenu, par exemple), mais de démontrer leur ancrage résidentiel et social continu en France.

De nombreux rapports et enquêtes ont souligné que conditionner des aides sociales à une durée de résidence et de présence minimale en France peut s’assimiler à une forme de discrimination et de « préférence nationale ». Pour les ressortissant·es non membres de l’Union européenne, l’accès à l’Aspa suppose par exemple la détention d’un titre de séjour de dix ans minimum, en plus d’une « résidence stable » en France.

Malgré les dénonciations des associations et des syndicats, en 2023, la durée exigée de résidence pour percevoir l’Aspa est passée de six à neuf mois, touchant en premier les personnes ayant des attaches en dehors de France.

La numérisation au service de l’augmentation des contrôles

Ces changements interviennent dans un contexte marqué par une logique de soupçon à l’égard de toute personne associée à la figure de « l’immigré ». Dans le cas de l’Aspa, les usager·es doivent démontrer la durée de leur résidence en France, en fournissant un ensemble de preuves numérisées de leur situation : copies des visas du passeport, relevés bancaires ou téléphoniques. Vérifié au moment de la demande de l’Aspa, ce critère est ensuite régulièrement contrôlé.

Or, pour les personnes âgées immigrées, déjà largement affectées par la fracture numérique, il est souvent difficile de répondre à cette exigence d’apporter des preuves digitales. Si plusieurs recherches ont montré que la numérisation des services publics a entraîné un renforcement du contrôle des personnes précarisées, ce mouvement est particulièrement marqué envers les populations immigrées.

Les professionnel·les du social rencontré·es dans notre enquête rapportent une augmentation « systématique des contrôles » qui surviennent sous forme physique (un agent se présente au lieu de résidence), postale (par courrier) ou numérique (message dans un espace numérique). Ces contrôles seraient plus importants encore en résidence sociale et dans les anciens foyers de travailleurs migrants. Selon les témoignages, certaines administrations (CNAV, CAF, impôts) semblent croiser les données de dossiers individuels,
mais depuis peu, cette pratique se serait étendue à la douane pour vérifier les entrées et sorties du territoire français.

Durant les allers-retours avec l’administration, qui peuvent parfois durer plusieurs mois, le versement de l’allocation est suspendu.

Quand les réformes produisent un non-recours aux prestations sociales

Face à la conditionnalité durcie et à l’augmentation des contrôles, nous relevons trois grandes tendances. La première, la plus importante, consiste à renoncer aux prestations sociales auxquelles ces personnes âgées immigrées sont pourtant éligibles pour pouvoir quitter le territoire comme elles le souhaitent.

La seconde tendance, moins observée, consiste à renoncer à retourner dans son pays d’origine par crainte de perdre ses droits et ses prestations sociales. Ce renoncement subi est très souvent coûteux pour les personnes qui se trouvent ainsi éloignées de leurs familles. Certains auraient aimé faire venir leurs proches. Or, les restrictions croissantes des critères du regroupement familial et de la naturalisation rendent cette démarche très difficile.

Enfin, la troisième tendance est minoritaire, elle correspond aux personnes qui continuent à faire « la navette » entre leur pays d’origine et la France. Percevant des prestations sociales souvent inférieures, elles tentent alors de concilier projets familiaux et personnels, tout en jonglant avec les contraintes administratives et économiques.

Vers une remise en cause de l’universalité des droits

Il y a déjà plus de dix ans, un rapport pointait la « figure du double perdant », qui caractérise la situation des personnes âgées immigrées, particulièrement les ancien·nes travailleurs et travailleuses migrant·es. Une fois à l’âge de la retraite, ils et elles font face à une double discrimination : sur le marché du travail et en tant qu’assuré·e social·e.

Ces difficultés sont aujourd’hui largement aggravées par un triple mouvement : du durcissement des politiques migratoires dans un contexte de montée sans précédent de l’extrême droite et de discours d’exclusion ; de la fragilisation de l’État social ; et de la numérisation des services publics.

Ces réformes successives des conditions d’accès aux droits, en parallèle des réglementations toujours plus restrictives du droit au séjour, contribuent à accroître le nombre d’étranger·es exclu·es des dispositifs d’aide et à dégrader significativement leurs conditions de vie. Si la moitié des personnes éligibles ne recevaient déjà pas l’Aspa avant le durcissement des critères d’accès en 2023, comment ne pas imaginer qu’elles sont encore plus nombreuses aujourd’hui ?

Loin de n’être que d’ordre technique, ces changements traduisent un basculement politique profond. Renforçant les inégalités sociales et structurelles, ils remettent peu à peu en cause les principes d’égalité et d’universalité des droits au fondement de l’État social en France.


Une sélection de témoignages, collectés dans le cadre d’une recherche menée par l’association Grdr Migration-Citoyenneté-Développement en 2024-2025, est accessible sur le podcast « Les chemins épineux de l’accès aux droits des personnes âgées immigrées ».

The Conversation

Hannah Bramekamp travaille en tant que doctorante chargée de recherche et développement, dans le cadre de sa thèse en Convention industrielle de formation par la recherche (CIFRE) à l’association Grdr Migrations, Citoyenneté, Solidarités.
Cet article s’appuie sur les résultats d’une recherche-action portée par l’association Grdr Migrations, Citoyenneté, Solidarités, qui œuvre pour l’accès aux droits des personnes âgées immigrées en France. Le projet a bénéficié du soutien du Fond Asile Migration Intégration (FAMI) de l’Union Européenne, de la Fondation des solidarités urbaines (FESU) et de la fondation MACIF.

Cet article s’appuie sur les résultats d’une recherche-action portée par l’association Grdr, Migrations, Citoyenneté, Solidarités, qui œuvre pour l’accès aux droits des personnes âgées immigrées en France. Le projet a bénéficié du soutien de l’Union européenne (FAMI), de la Fondation des solidarités urbaines (FESU) et de la fondation MACIF.

– ref. La retraite des personnes âgées immigrées : un droit menacé ? – https://theconversation.com/la-retraite-des-personnes-agees-immigrees-un-droit-menace-289315