Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

Una de las frases más escuchadas en un aula podría ser: “¿Esto entra en el examen?”. La mayor preocupación de los estudiantes, desde el día “uno”, son las notas. Pero mientras los docentes y las clases se orientan a dar el contenido que “entra” en el examen, pocas veces se dedica tiempo a enseñar cómo aprenderlo.
Esto deja a muchos estudiantes perdidos, dedicando horas a tareas poco útiles o sencillamente contraproducentes. ¿Cuántas veces hemos sentido, o hemos oído aquello de “es que no me entra”? ¿Por qué a veces por más que lo intentemos no podemos aprendernos algo? La capacidad de concentración, por desgracia, no se enciende con un interruptor ni depende solo de la voluntad.
Noelia Valle, experta y divulgadora de la Universidad Francisco de Vitoria, lo explica con el siguiente ejemplo: “Imagine intentar llenar una botella de agua con una manguera de bomberos a máxima potencia. La mayor parte del agua se derramaría y la botella seguiría medio vacía. Algo muy similar ocurre en nuestro cerebro cuando intentamos aprender por acumulación y por eso todos nos hemos descubierto alguna vez leyendo un texto una y otra vez sin ser capaz de retener nada.”
La frustración de hacer mal un examen, después de pasar muchas horas delante de unos apuntes o un libro, con la falsa impresión de haberlo “entendido” y aprendido todo, es una experiencia común a muchos estudiantes. Para enseñarles a estudiar, necesitamos entender cómo funciona el cerebro, cómo conseguimos acceder a contenido que hemos memorizado, de qué manera lograr que ese contenido no se olvide inmediatamente y esté accesible no sólo en el momento de “vomitarlo” en una hoja de examen, sino mucho después.
No se trata de pasar muchas horas delante de los apuntes. “El cerebro humano no aprende por acumulación, sino por integración”, nos explica esta investigadora y docente, en su interesantísimo artículo sobre la “carga cognitiva” y su papel en el funcionamiento de la memoria de trabajo, verdadera clave del éxito académico. Los docentes tienen un papel fundamental tanto en el material que presentan a sus alumnos como en la manera de ofrecérselo.
Otro fallo común es la “ilusión de conocimiento”: ese exceso de confianza que nos convence de que nos sabemos algo porque lo hemos escuchado en clase o lo hemos leído y lo hemos entendido. ¿A quién no le ha pasado alguna vez? ¿Y quién no ha escuchado a un docente desesperarse porque sus alumnos lo miran explicar pero no apuntan nada? “Total, está en los apuntes virtuales o en el libro”, ¿no?“ Pues no: tomar apuntes, especialmente a mano, es la base fundamental sobre la que construir ese estudio eficaz. No de cualquier forma, claro: la toma de apuntes también es una ciencia.
Otros factores influyen en la eficacia a la hora de estudiar: cuestiones fisiológicas (la disciplina, los descansos, la alimentación y el sueño) y emocionales: la sensación de autoeficiencia, la motivación, la perseverancia… Pero casi nada de esto se explica en clase. Dejamos que espontáneamente los estudiantes vayan descubriendo qué métodos les funcionan mejor, con el resultado que a menudo hasta en la educación superior muchos están todavía dedicando horas y horas a “hincar los codos” cuando podrían usar su cerebro de manera más eficiente.
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– ref. La conversación docente: enseñar a estudiar eficazmente – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-ensenar-a-estudiar-eficazmente-273824
