¿Cómo decide un dentista si recetar un antibiótico? Solo algunos países tienen guías clínicas de referencia para guiarles

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maruxa Zapata Cachafeiro, Profesora de Salud Pública, Universidade de Santiago de Compostela

Ungvar/Shutterstock

A todos nos suena eso de que hay que usar bien los antibióticos. Probablemente haya visto un anuncio o un cartel en su centro de salud alertando sobre su pérdida de efectividad. Actualmente, la resistencia de las bacterias a estos medicamentos son una de las principales amenazas para la salud mundial.

Todos hemos contribuido, en mayor o menor medida, a llegar a este punto. Como pacientes, muchos nos hemos saltado alguna dosis de antibiótico, no hemos completado el tratamiento o directamente nos hemos tomado las pastillas que nos habían sobrado de un tratamiento anterior. Otra parte importante de responsabilidad la tiene el sector sanitario, ya que muchas veces se prescriben de forma innecesaria o inadecuada.

La forma de atajarlo parece clara. Si los profesionales prescriben estos fármacos solo cuando son necesarios y los pacientes les hacemos caso, tendríamos esta parte del problema resuelto. Pero no es tan fácil. Por lo menos para los dentistas.

¿Qué pensaría si su dentista le hace una receta de antibiótico y el principio activo que indica es “depende”? Pues eso es lo que deberían prescribir en algunos casos si emplearan como fuente de información solamente las guías de práctica clínica a las que tienen acceso.

No todos los países tienen una guía de referencia

Estas guías son conjuntos de recomendaciones elaboradas por expertos y organismos como ministerios de salud, asociaciones profesionales de dentistas o la Organización Mundial de la Salud, para ayudar en la toma de decisión y que están basadas en una revisión sistemática de la evidencia científica disponible.

Sin embargo, según hemos descubierto en nuestro reciente estudio, en el que hemos analizado las guías de prescripción de antibióticos existentes a nivel internacional, no todas tienen la misma calidad ni son igual de fiables. Ni siquiera todos los países tienen una.

En primer lugar, hallamos que no todos los dentistas van a tener un documento de referencia: tan solo nueve países disponen de guías sobre prescripción de antibióticos para patologías orales. Además, únicamente 10 de las 17 analizadas pueden ser clasificadas como “recomendadas” si nos basamos en su calidad. Incluso dos guías se clasifican como “no recomendadas”.

Los dentistas de Bélgica, España, Escocia y Reino Unido son los más afortunados, ya que son los que tienen acceso a las guías de mayor calidad.

Por ejemplo, en España, el documento que cumplía los requisitos para ser considerado como guía de práctica clínica es la Guía Terapéutica Antimicrobiana del Área Aljarafe, creada desde la Consejería de Salud de Andalucía y actualizada desde el Plan Nacional de Resistencia a los antibióticos del Ministerio de Salud.

Otros organismos que tienen guías recomendadas son el Ministerio de Salud de Chile, el Real Colegio de Cirujanos de Inglaterra, la Organización Mundial para la Salud, el KCE Belgian Health Care Knowledge Centre, la Asociación Dental Americana y el Programa Escocés de Efectividad Clínica Dental.

¿Qué antibióticos recetan los dentistas?

No todos los aspectos son negativos: en general, en la mayoría de los casos las guías disponibles están de acuerdo en que el dentista debe prescribir como primera opción la amoxicilina (un derivado de la famosa penicilina de Fleming). Según los estudios, este es uno de los principios activos que más prescriben los dentistas, así que lo están haciendo bien.

Entre las guías también hay bastante concordancia en la duración de este tratamiento, aunque en algunas directamente no se hacía referencia al tiempo.

Sin embargo, la concordancia disminuye cuando analizamos los principios activos que se recomiendan para tratar enfermedades concretas. Y el problema es mucho mayor cuando el paciente es alérgico a la amoxicilina (algo relativamente frecuente, ya que hasta un 25 % de la población podría serlo). En ese caso, las recomendaciones se vuelven muy dispares. El 29 % de las guías recomendaba metronidazol, el 24 % azitromicina, el 24 % clindamicina, el 18 % cefalosporinas y 6 % doxiciclina. Y esas diferencias no están justificadas.

Cómo mejorar las guías

Estos documentos tienen además mucho margen de mejora en algunos aspectos concretos: el rigor de la evidencia, la forma de presentar la información y la aplicabilidad de las recomendaciones de prescripción de antibióticos.

Mejorar todos estos aspectos podría facilitar el uso de estas guías y ayudar a los dentistas a tomar las mejores decisiones. Además, será menos probable que se informen a través de otras fuentes que a priori podrían estar más sesgadas como, por ejemplo, la industria farmacéutica, ya que siempre tendrá detrás intereses comerciales.

El objetivo final está claro: necesitamos reducir el consumo de antibióticos innecesarios. No podemos quedarnos parados. El problema de las resistencias a los antibióticos ya no es una amenaza, es una realidad. En Europa mueren alrededor de un centenar de personas al día por resistencias a los antimicrobianos. Es urgente actuar de forma conjunta, y necesitamos que los profesionales sanitarios dispongan de fuentes fiables y prácticas que les permitan tener la seguridad de que están tomando la mejor decisión para sus pacientes.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Cómo decide un dentista si recetar un antibiótico? Solo algunos países tienen guías clínicas de referencia para guiarles – https://theconversation.com/como-decide-un-dentista-si-recetar-un-antibiotico-solo-algunos-paises-tienen-guias-clinicas-de-referencia-para-guiarles-266119