La maternidad que heredamos: palabras, silencios y juicios que pasan de generación en generación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricia Catalá Mesón, Profesora Titular de Universidad del Area de Psicología Social, Universidad Rey Juan Carlos

Jurij Krupiak/Shutterstock

En cada conversación sobre maternidad hay algo más que consejos o anécdotas. Hay una herencia emocional que pasa de generación en generación, a veces en palabras, otras en gestos y muchas veces en silencios. Heredamos no solo maneras de cuidar, sino también formas de callar, de resistir, de amar y de temer. Las experiencias de maternidad se heredan, pero también los silencios.

En psicología perinatal sabemos que la experiencia de la maternidad no se limita al vínculo con el bebé: es también una transformación identitaria y emocional. Estudios sobre apego intergeneracional y memoria transgeneracional muestran cómo las vivencias, los miedos y las creencias de las generaciones anteriores influyen en la manera en que las mujeres viven su propia maternidad. Cada mujer, consciente o no, negocia entre lo heredado y lo elegido.

Durante los últimos años, como investigadora en este campo, he escuchado a cientos de mujeres hablar de su embarazo, su parto y su posparto. En esas conversaciones aparecen risas, cansancio, ternura, culpa y una tensión sutil. La que se da entre mujeres que se quieren, pero que a veces no saben cómo entenderse.

Tías, suegras o abuelas que “observan”

Muchas madres recientes me cuentan que se sienten observadas por las mujeres de su entorno: madres, tías, suegras, abuelas… Mujeres que también cuidaron Y que hicieron lo que pudieron con lo que tenían. Pero a menudo sus consejos suenan más a juicio que a apoyo.

En entrevistas de investigación y conversaciones clínicas, estas observaciones aparecen con frecuencia formuladas en expresiones como:

“Antes comíamos de todo en el embarazo y no pasaba nada”. “Antes bañábamos a los niños todos los días”. “Antes no había tantas tonterías con la comida”. “Nosotras no teníamos tiempo para esas cosas”. “Con tanto leer en internet, se os olvida el instinto”…

Formulaciones aparentemente cotidianas que no siempre se dicen con mala intención, pero que duelen. Duelen porque detrás hay una idea: que la forma en que hoy se vive la maternidad debe justificarse, defenderse o explicarse. Como si cada decisión tuviera que demostrar que es la correcta.

Maternidad intensiva: en busca de madres infalibles

La socióloga Sharon Hays definió hace tres décadas este fenómeno como “maternidad intensiva”, una forma de crianza en la que se espera que las madres sean emocionalmente disponibles, informadas y casi infalibles. Esa exigencia cultural se mezcla con los juicios intergeneracionales y refuerza la sensación de estar siempre siendo evaluada.

Lo paradójico es que antes también existían redes de apoyo, pero muchas de ellas eran silenciosas. Mujeres que acompañaban, que sostenían, pero que también callaban. Callaban el miedo, el dolor, la tristeza. Callaban porque no había espacio para hablar de la maternidad desde la vulnerabilidad. Y quizá por eso, cuando hoy las madres expresan su necesidad de espacio o de calma, esas generaciones pasadas no siempre saben cómo acompañarlas sin repetir el patrón del consejo o la corrección.

Algunas madres me cuentan que han tenido que pedir que no haya familiares en la sala de espera del paritorio o que las primeras visitas esperen unos días. No porque no quieran compañía, sino porque necesitan intimidad, silencio y reconocimiento. Pero esa petición, a menudo, se vive como rechazo. “Nosotras también parimos y no nos quejamos”, responden algunas. Y sí, ellas también lo hicieron, pero lo hicieron muchas veces sin ser escuchadas, sin poder elegir, sin poder parar.

La maternidad actual, en cambio, busca un lugar donde cuerpo y palabra se encuentren. Donde cada decisión (comer o no ciertos alimentos, elegir epidural o parto natural, amamantar o no, destetar o seguir) pueda hacerse desde la libertad, no desde el miedo al juicio. Porque la maternidad no es una competencia entre generaciones, sino un diálogo que aún está aprendiendo a hablar.

Frases que dejan huella

Incluso la lactancia, que debería ser un espacio íntimo y sereno, se convierte a menudo en tema de debate. “Tu leche no le llena y por eso llora tanto”. “Dale un biberón que así duerme mejor”. “Ya es mayor para seguir mamando”.

Son frases que parecen pequeñas, pero dejan huella. Minan la confianza, generan culpa y cuestionan el vínculo. Detrás de cada decisión hay una mujer que siente, duda y sostiene con su cuerpo y su mente. Que busca hacerlo bien, aunque a veces el entorno solo sepa decirle cómo debería hacerlo.

Hoy, desde la psicología, sabemos que la validación emocional y la escucha activa son factores protectores frente a la depresión posparto y el aislamiento materno. Acompañar sin juzgar no solo alivia: también previene sufrimiento psicológico y fortalece el bienestar del vínculo madre-bebé.

Quizá ha llegado el momento de romper esa cadena de juicios heredados. De sustituir el “antes se hacía así” por un “cuéntame cómo lo haces tú”. De pasar del consejo automático a la escucha auténtica. Acompañar no es enseñar, es estar. Es ofrecer presencia sin imponer, empatía sin corrección. Es aceptar que cada mujer, cada historia y cada época tienen su propio lenguaje.

Las investigaciones sobre transmisión emocional intergeneracional sugieren que los silencios también se heredan: no solo a través de relatos explícitos sobre la maternidad, sino también mediante una transmisión emocional implícita, hecha de gestos, climas afectivos y emociones no dichas.

Las heridas que una generación no pudo nombrar, la siguiente a menudo las siente sin saber por qué. Por eso cuando una mujer pide calma, busca silencio o defiende su manera de cuidar, no está rechazando a nadie. Está intentando escucharse. Está aprendiendo a cuidar desde un lugar más consciente, más propio y más en paz.

Agradecer la historia que nos trajo hasta aquí, con sus luces y sus sombras, es una manera de reconciliarnos. De honrar a las que nos precedieron sin cargar con sus silencios. De entender que no necesitamos tener razón para acompañarnos, solo respeto para mirarnos sin juicio.

Porque en cada generación hay una mujer que cuida, que sostiene y que aprende a hacerlo de nuevo, a su manera. Y cada vez que una de nosotras se atreve a hablar (a poner palabras donde antes hubo silencio), está tejiendo un puente entre pasado y futuro. Un puente hecho de escucha, ternura y presencia.

The Conversation

Este artículo se deriva del proyecto I-MARTERNA, financiado por la Comunidad de Madrid y la Universidad Rey Juan Carlos en el marco del convenio para la promoción de la investigación y transferencia de tecnología 2023–2026 (Código: 2023/00423/017, Línea A: Doctores emergentes).

ref. La maternidad que heredamos: palabras, silencios y juicios que pasan de generación en generación – https://theconversation.com/la-maternidad-que-heredamos-palabras-silencios-y-juicios-que-pasan-de-generacion-en-generacion-268420