Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Mariscal, Profesora del Área de Lingüística General y miembro del Instituto de Investigación en Lingüística Aplicada (ILA), Universidad de Cádiz
En los últimos días, estamos siendo testigos de un incremento sustancial de los casos de gripe A en España. Los medios de comunicación hablan ya de una “epidemia”, de una “explosión” de casos de gripe y de una alerta sanitaria por el “avance” de la “supergripe”. Todo ello es atribuido a una “ola”, causada por una variante más contagiosa que “dispara” el número de personas afectadas.
Estos recursos tan sugerentes y sensacionalistas actúan a modo de “gancho”, para motivar a los lectores a querer saber más sobre el tema, aunque para ello haya que apelar al miedo, con metáforas (“explosión”, “ola”, “se dispara”), intensificadores (“supergripe”) y la personificación del virus mediante su “avance” sin tregua.
Frente al alarmismo que esos titulares podrían despertar en la población, el Ministerio de Sanidad y Política Social español prefiere optar por mensajes que informen a la ciudadanía sobre la epidemia de gripe, pero sin provocar el pánico colectivo.
Un mensaje de tranquilidad
Lo primero que destaca cuando visualizamos su página web es el uso de la cita “la pasé como una gripe normal”, en la que se trata de restar gravedad a la nueva variante. Esta minimización de los riesgos se ve reforzada, además, con la afirmación de que “muchas personas ya han pasado la gripe A sin problemas”, con el objetivo de tranquilizar a la sociedad por medio de la técnica denominada “prueba social”, que se apoya en que la mayoría de la gente acaba curándose.
Los estudios realizados sobre la efectividad del miedo en las campañas sanitarias insisten en que no solo resulta fundamental controlar el nivel de intensidad de este sobre la audiencia, sino también acompañar los mensajes de las recomendaciones necesarias y reducir el temor provocado previamente. En este caso, el Ministerio de Sanidad recomienda la vacunación “si no la has pasado y perteneces a un grupo de riesgo”, dirigiéndose directamente a la ciudadanía y hablándole de “tú” para favorecer el acercamiento emocional.
Se trata, en todo caso, de enunciados con una estructura bastante simple y léxico no especializado, salvo cuando se enumeran las “condiciones clínicas especiales” que han de reunir los grupos de población considerados prioritarios. Este lenguaje sencillo se complementa con otros recursos no verbales, como la utilización del color rojo para destacar las ideas más importantes, la presentación de la información en epígrafes en negrita y la inclusión de un apartado de “preguntas frecuentes”, clasificadas según su temática.
Explicaciones para todos los públicos
En primer lugar, se proporciona una definición de la gripe en general, redactada sin la presencia de tecnicismos, para permitir que sea entendida por una audiencia mucho más amplia. Nos indican, por ejemplo, que esta enfermedad “afecta desde la antigüedad a las personas y a otras especies animales” y “causa epidemias cada año, principalmente durante los meses de invierno”, con lo que se tiende a dar normalidad al incremento de casos en estas fechas.
Para que la gente entienda por qué esta vez la gripe es algo diferente a la de años anteriores, se aclara que surge “por distintos tipos de virus que, además, pueden combinarse entre ellos” y eso puede dar lugar a nuevas variantes.
Aunque, por un lado, se enfatiza su gran capacidad de contagio (“la gripe es muy contagiosa”), por otro, se vuelve a tranquilizar a la población explicándole que “se comporta como una gripe cualquiera”. Con esto, pretenden que el ciudadano entienda que no se enfrenta a un nuevo virus, como ocurrió con el coronavirus, sino simplemente a una variante de aquel. Esta técnica de persuasión se apoya en la idea implícita de que si antes nos hemos curado, ahora también, y que “si usted tiene gripe, en la mayoría de las ocasiones podrá cuidarse en el domicilio”.
En lugar de órdenes, el texto ofrece recomendaciones, como se observa en el epígrafe Necesitas informarte, donde por medio de comparaciones conocemos que, con esta nueva variante del virus, “se contagia mucha más gente de lo habitual” porque aún “no tenemos defensas” contra él.
No es la gripe española
Los contrastes continúan con la comparativa entre la gripe actual y la de 1918 (conocida como “gripe española”) y recalcan la diferencia entre esta última, que “produjo muchas muertes”, y la actual, ya que en el pasado “no se disponía de los sistemas de salud con los que ahora contamos”.
Si bien con estas comparaciones el Gobierno intenta restarle gravedad a la enfermedad, también insiste, por medio de expectativas negativas de futuro, en que no debemos confiarnos, sino tomar precauciones, vacunarnos y evitar contagiar a otras personas, para que no acabe convirtiéndose en una pandemia.
Como ya sucedió durante la covid-19, con este discurso el Ministerio de Sanidad español, más que apelar al alarmismo y al miedo de la población, se propone persuadirla. El objetivo es convencernos de que nos comportemos como una sociedad responsable, donde los ciudadanos no solo se protejan a sí mismos, sino a quienes los rodean.
Una difícil decisión para los Gobiernos
La comunicación estratégica basada en el miedo suele ser utilizada en las campañas de publicidad social a modo de prevención y constituye una estrategia de persuasión institucional ampliamente utilizada por los Gobiernos para modificar las conductas insalubres de la población, aunque puede variar según cada país.
Si comparamos la información del Ministerio de Sanidad español con la del Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido, se aprecia un mayor empleo de la apelación al miedo por parte del Gobierno británico. Por ejemplo, este advierte sobre una “supergripe” (super flu), que ha aumentado en un 50 % las hospitalizaciones en tan solo una semana, con un promedio de 2 660 pacientes al día. De hecho, se llega incluso a afirmar que cada día el número de pacientes atendidos por gripe podría llenar más de tres hospitales.
Estas diferencias entre países no hacen más que demostrar lo difícil que resulta para los Gobiernos desarrollar campañas de salud que informen al ciudadano sobre las crisis sanitarias sin causar alarma social, puesto que actualmente no existe unanimidad entre los expertos acerca de la efectividad del uso del miedo en el ámbito sanitario.
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Alicia Mariscal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. El gran dilema de los Gobiernos ante la epidemia de gripe: ¿informar o alertar a la población? – https://theconversation.com/el-gran-dilema-de-los-gobiernos-ante-la-epidemia-de-gripe-informar-o-alertar-a-la-poblacion-272296

