Cómo afecta el exceso de pantallas antes de los cinco años al desarrollo del lenguaje

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge López Puga, Profesor del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico, Universidad de Granada

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Imaginemos esta escena cada vez más habitual: un padre lleva a su bebé en un carrito, mientras el niño mira vídeos en un teléfono móvil. Nadie se sorprende al verlo: las pantallas llevan décadas formando parte de la vida de los niños. Desde entonces, investigadores, educadores y familias se preguntan cómo influyen en su desarrollo. Hoy sabemos que limitar el tiempo de uso, elegir contenidos adecuados y compartir las pantallas con los menores puede favorecer experiencias más saludables.

En lo relativo al lenguaje, el papel que juegan las pantallas es básico porque las capacidades lingüísticas se desarrollan mediante la interacción. Cuando los niños hablan, preguntan, responden a preguntas o juegan, se crean oportunidades para que aprendan a comunicarse. Comprender cómo se relaciona el uso de dispositivos con este proceso es uno de los grandes desafíos para quienes estudian el desarrollo infantil.

El desarrollo del lenguaje y sus hitos

Por ello, realizamos un estudio que trata de responder precisamente a esa pregunta. A partir de una gran encuesta anual en Estados Unidos con datos de 16 914 niños y niñas de entre 1 y 5 años, hemos analizado la posible relación entre ciertas dificultades de comunicación y el tiempo de uso de pantallas.

El desarrollo del lenguaje comienza mucho antes de que los niños digan sus primeras palabras. Incluso antes de nacer, los bebés ya pueden percibir sonidos del entorno. Tras el nacimiento, cada mirada, cada gesto y cada conversación contribuyen a construir las bases de la comunicación.




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Después, con el paso de los años, los niños aprenden a reconocer sonidos, seguir instrucciones, señalar objetos y formar oraciones. Más tarde participan en conversaciones cada vez más ricas y complejas. Aunque este proceso es especialmente intenso durante la infancia, el lenguaje sigue transformándose durante toda la vida.

En nuestra investigación hemos analizado cómo se relacionan entre sí esas diferentes habilidades comunicativas y si tienden a aparecer aisladas o agrupadas. Este enfoque ya ha ayudado a comprender fenómenos complejos en psicología y medicina. Por ejemplo, ha permitido estudiar cómo ciertos síntomas se refuerzan mutuamente en trastornos como la depresión. Sin embargo, apenas se había utilizado para investigar el desarrollo del lenguaje infantil.

Aprender a hablar rodeados de pantallas

Comparamos niños que usaban pantallas durante menos de una hora al día, que es la recomendación actual para esa edad, con otros que superaban ese límite. Los resultados mostraron redes de dificultades del lenguaje más conectadas en los pequeños con mayor exposición a pantallas. Dicho con otras palabras, esas dificultades no solían aparecer de forma aislada. Cuando surgía una, era más probable que aparecieran otras relacionadas con ella.

La diferencia fue especialmente clara entre los 3 y los 5 años. En este grupo, los problemas con el lenguaje rara vez aparecían de forma aislada. Cuando un niño mostraba dificultades en una habilidad, era más probable que también las presentara en otras relacionadas con la comprensión, la expresión o el uso del lenguaje. Por ejemplo, a un niño le podía costar entender ciertas instrucciones y, al mismo tiempo, podía encontrar más complicado explicar lo que había hecho durante el día o contar una pequeña historia.

Nuestros resultados sugieren que la asociación entre este tipo de dificultades es más frecuente cuando el tiempo de pantalla supera el tiempo recomendado. Eso no demuestra que sea la causa de esos problemas, pero sí indica que existe una relación que debemos seguir analizando.

No basta con prohibir las pantallas

Sin embargo, no se trata de prohibir la tecnología ni de aceptarla sin más: se trata de crear condiciones que ayuden a los ñiños a desarrollarse mientras conviven con ella. Las oportunidades de interacción parecen ser una pieza clave. Los niños desarrollan el lenguaje cuando conversan, juegan, escuchan historias o comparten experiencias con otras personas. Por eso la pregunta no es solo cuánto tiempo pasan frente a las pantallas, sino también qué actividades dejan de realizar mientras las usan.




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Antonio Machado escribió en sus Proverbios y cantares: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Con el lenguaje ocurre algo parecido: se desarrolla usándolo. Aprendemos a hablar hablando, a escuchar escuchando y a comunicarnos comunicándonos.

Volvamos a la escena que describíamos al principio: un bebé va en su carrito mientras mira vídeos en un teléfono móvil. Este tiempo podría ser una oportunidad para conversar, nombrar objetos, hacer preguntas o contar qué ocurrió el día anterior. Por eso, merece la pena pararnos a reflexionar sobre cómo usamos las pantallas y qué oportunidades de interacción pueden estar sustituyendo en la vida cotidiana.

The Conversation

Jorge López Puga recibió fondos del Plan Propio de Investigación de la Universidad de Granada para realizar una estancia de investigación en el Nationoal Institute of Public Health (Southern Denmark University) donde se desarrolló el artículo científico al que hace referencia esta nota.

Ana María Ruiz-Ruano García recibió fondos del Plan Propio de Investigación de la Universidad de Granada para la realización de una estancia de investigación al National Institute of Public Health (Southern Denmark University) donde se desarrolló el artículo científico al que hace referencia esta noticia.

– ref. Cómo afecta el exceso de pantallas antes de los cinco años al desarrollo del lenguaje – https://theconversation.com/como-afecta-el-exceso-de-pantallas-antes-de-los-cinco-anos-al-desarrollo-del-lenguaje-294714