Claves de la alergia al cacahuete y últimos avances en su tratamiento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Rodríguez del Río, Adjunto especialista de área en Alergia, Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús (FIBHNJS); Servicio Madrileño de Salud

New Africa/Shutterstock

Los frutos secos destacan por su alto valor nutricional y la presencia de grasas saludables, proteínas, fibras y oligoelementos. Además, su precio, relativamente accesible, ha favorecido su uso en la industria alimentaria y ha generalizado su consumo.

Y, sin embargo, son una causa relevante y creciente de alergia alimentaria tanto en población infantil como adulta. Por ejemplo, su prevalencia se triplicó en niños entre 1997 y 2008 (del 0,4 % al 1,4 %) en Estados Unidos. A continuación veremos qué peculiaridades tiene este tipo de alergia tan extendida, especialmente la hipersensibilidad al cacahuete.

Una reacción aberrante

En primer lugar, debemos recordar que la alergia es una reacción inflamatoria aberrante del cuerpo al exponerse a proteínas externas que el organismo debería tolerar, pero reconoce como nocivas. Sus manifestaciones clínicas pueden ser graves, incluso con trazas mínimas de alimento.

Un estudio realizado en España reveló que el 51 % de los niños experimentan sus primeros síntomas antes de cumplir los seis años. Los principales frutos secos implicados en el debut de la alergia infantil varían según la edad: en menores de 6 años predominan el cacahuete (34,9 %) y la nuez (32,2 %) de manera muy pareja, seguidos por el anacardo (12,5 %), mientras que en mayores de 6 años prevalece claramente la nuez (43 %) sobre el cacahuete (18,7 %).

Las manifestaciones clínicas suelen aparecer entre pocos minutos y dos horas tras la ingesta, variando desde síntomas leves como picor oral o urticaria, hasta cuadros como la anafilaxia. Esta última es una grave reacción multiorgánica y potencialmente mortal, causada por una liberación celular masiva de mediadores (sustancias como la histamina, que disparan la inflamación).

Aunque es difícil predecir la cantidad de alimento que desencadenará la reacción o la intensidad de los síntomas, parece que padecer asma mal controlada, no recibir el tratamiento adecuado o la presencia de “cofactores” (condicionantes transitorios de la tolerancia como el ejercicio físico, una infección aguda o la toma de ciertos fármacos) pueden facilitar la aparición de reacciones más graves.

Además, a diferencia de otras alergias alimentarias, la hipersensibilidad a estos alimentos tiende a ser persistente. Según la evidencia actual, se estima que la alergia al cacahuete de inicio temprano se resuelve hacia los seis o diez años de vida en el 30 % de los niños. No obstante, hay que aclarar que estos datos tienen su origen en población australiana, y es difícil asegurar su validez en otros entornos.

Una prueba cutánea muy positiva, tener dermatitis atópica temprana grave o presentar alergia a más de dos frutos secos no relacionados se consideran marcadores de cronicidad.

Del diagnóstico al tratamiento

Para diagnosticar la alergia al cacahuete es imprescindible recoger los detalles de las reacciones previas en la historia clínica, y complementar el estudio con la identificación del anticuerpo responsable (inmunoglobulina E específica, IgE) mediante pruebas cutáneas (prick test) o en sangre.

El diagnóstico molecular ofrece mayor precisión al identificar las proteínas que originan los síntomas. Su uso contribuye a afinar el diagnóstico y ayuda a predecir gravedad e interrelaciones con posibles alergias a otros frutos secos, alimentos vegetales o incluso pólenes.

Como último paso, puede realizarse una prueba de provocación oral controlada. Esta supone administrar el alérgeno (el alimento causante) al paciente en cantidades crecientes bajo supervisión médica en un entorno controlado, para confirmar o descartar la alergia y evaluar su evolución.

Con respecto a la prevención, la introducción del cacahuete de forma temprana (entre los 4 y 11 meses de edad), así como el mantenimiento de su consumo de forma consistente en pacientes de alto riesgo no alérgicos, disminuye notablemente las probabilidades de desarrollar alergia.

Y si finalmente se establece la alergia, la primera medida es evitar rigurosamente el alérgeno. Esto exige revisar el etiquetado de alimentos y conlleva limitaciones dietéticas y sociales que a menudo merman la calidad de vida de niños y cuidadores.

Es necesario un seguimiento especializado para obtener un diagnóstico preciso y recibir adiestramiento en el reconocimiento y tratamiento precoz de reacciones accidentales. En caso de consumo del alimento y reacción leve, debe administrase antihistamínico, mientras que en casos moderados o graves, el uso de adrenalina es imprescindible. Considerando que solo entre el 25 y el 30 % de los pacientes emplea los autoinyectores de adrenalina cuando son necesarios, su educación y la de sus familias juega un papel crucial.

Terapias prometedoras

Los avances terapéuticos recientes han convertido a la inmunoterapia oral en una alternativa real de tratamiento para la alergia al cacahuete. Este procedimiento, actualmente aplicable solo a casos seleccionados, consiste en exponer al paciente a dosis mínimas y crecientes del fruto seco para inducir tolerancia inmunológica específica.

Además de la ruta oral, se están investigando tratamientos por vía sublingual, epicutánea (parches en la piel) y subcutánea, con resultados prometedores. Asimismo, el uso de omalizumab (anticuerpo monoclonal que bloquea la cascada inflamatoria dependiente de la IgE), solo o como adyuvante de la inmunoterapia, facilita la tolerancia al cacahuete en la mayoría de los niños tratados.

La toma de decisiones requiere un consenso entre el alergólogo y el paciente y/o su familia, adaptándose a su realidad clínica y sus preferencias. Para ello, la información veraz y contrastada facilitada por las asociaciones de pacientes representa una valiosa fuente de conocimiento adicional con una perspectiva orientada al paciente. En España, la Asociación de Personas con Alergia a Alimentos y Látex (AEPNAA) lidera el apoyo y la representación integral de las personas con alergias alimentarias.

The Conversation

Pablo Rodríguez del Río recibe fondos de investigación de Instituto de Salud Carlos III, DBV, FAES, Novartis

Itziar Eusebio Cartagena recibe fondos del instituto de investigación Carlos III (ISCII)

Cristina Peñalver Cabello y Marta Sanuy Garabatos no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. Claves de la alergia al cacahuete y últimos avances en su tratamiento – https://theconversation.com/claves-de-la-alergia-al-cacahuete-y-ultimos-avances-en-su-tratamiento-281892