Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel López Zamora, Profesor de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Málaga
Enseñar a leer a un niño con dislexia no requiere una técnica nueva. Requiere enseñarle de forma explícita qué sonido tiene cada letra, empezar pronto y dedicarle muchas horas. Así lo indica el análisis conjunto de 40 años de estudios con más de 6 000 escolares: sus resultados coinciden en muchas investigaciones distintas, no en una sola.
La dislexia es una dificultad para reconocer palabras escritas con rapidez y precisión. Tiene origen en el cerebro y un fuerte componente hereditario. No depende de la inteligencia ni del esfuerzo, y dura toda la vida.
En español, las letras suenan casi siempre igual. Por eso los niños con dislexia dejan pronto de fallar al leer, pero siguen leyendo muy despacio: en estos casos, la velocidad es la gran diana del tratamiento.
Qué enseñar
La mejor noticia que se desprende de estas conclusiones es que la intervención en la dislexia no requiere una técnica revolucionaria, sino algo que siempre ha funcionado y se puede seguir haciendo. Lo que más influye no es el nombre del programa, ni que sea multisensorial, neuroeducativo o gamificado. Es la dosis: a más horas de clase, más avance.
Y el formato también cuenta. Las sesiones rinden más una a una o en grupos muy pequeños, con un plan ordenado y sostenido en el tiempo.
En escritura ocurre algo parecido: enseñar la correspondencia entre sonidos y letras y las reglas de ortografía da buenos resultados. También funciona trabajar las piezas con las que se forman las palabras: raíces, prefijos y sufijos. Memorizar palabras sueltas, en cambio, apenas ayuda.
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Cómo enseñar
Hay dos maneras de enseñar a leer. Mientras que los métodos globales parten de palabras con significado y esperan que el niño descubra solo cómo funcionan las letras, los métodos fonéticos hacen lo contrario: enseñan qué sonido corresponde a cada letra, una a una. Es lo que los especialistas llaman decodificación, es decir, asociar cada grafema con su fonema, y constituye la base para unir letras y formar palabras. El enfoque fonético resulta especialmente natural en lenguas transparentes como el español, donde cada letra suena casi siempre igual.
Ante estos dos métodos, la evidencia es contundente. En 2000, el National Reading Panel de Estados Unidos, un comité de expertos encargado por el Congreso, publicó la mayor revisión realizada hasta entonces sobre cómo enseñar a leer en inglés, que se ha convertido en la gran referencia sobre este tema. Su análisis de la enseñanza fonética concluyó que el método fonético supera con diferencia a los métodos globales y a los que no enseñan los sonidos de forma sistemática.
Además, el informe advierte de los peligros del método global, que ha tenido gran peso en las escuelas estadounidenses. Como los niños empiezan trabajando con palabras y no con sonidos, este método puede esconder los fallos y problemas del niño con dislexia, retrasar su diagnóstico y hacer perder un tiempo indispensable en su intervención. Por otra parte, la decodificación debe enseñarse de forma explícita dentro de un programa que trabaje también el vocabulario para maximizar sus resultados.
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Cuándo empezar
Cuanto antes, mejor: la enseñanza explícita de la decodificación funciona más al iniciarse el aprendizaje de la lectura, y la intervención en la dislexia debe comenzar en cuanto se detectan las dificultades.
No se trata de adelantar la edad a la que se empieza a leer, sino de no retrasar esta enseñanza. El análisis del panel estadounidense muestra que la enseñanza fonética es casi el doble de eficaz en los primeros cursos que más tarde. Aun así, no hay garantías para todos.
Cuando hace falta más apoyo
Incluso con los mejores métodos y técnicas, entre un 2 % y un 6 % de los niños sigue sin leer con soltura. Para ellos se ha desarrollado el modelo de respuesta a la intervención (RTI). Su idea central es no esperar a que el niño acumule años de fracaso para reconocer que tiene un problema. En lugar de eso, se comprueba desde el principio cómo responde a una buena enseñanza.
Para ello, se evalúa a toda la clase, se refuerza en grupo pequeño a quien lo necesita y se intensifica la ayuda si no avanza. Así, la decisión de dar más apoyo llega a tiempo y se basa en cómo aprende el niño, no en cuánto ha fallado.
Conviene señalar que estos alumnos mejoran, pero rara vez alcanzan a sus compañeros. Y aunque cuanto antes es mejor, no es tarde si se diagnostica en secundaria: los adolescentes también mejoran, sobre todo con vocabulario y comprensión.
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Pantallas
La tecnología se empieza a usar para la intervención en lectoescritura, pero su aplicación es desigual. Por ejemplo, las aplicaciones de lectura están ahora mismo de moda, pero dan resultados modestos.
Además, hay que tener en cuenta que lo que se lee en pantalla no se entiende igual de bien que lo que se lee en papel, como demostró un estudio con 170 000 participantes.
Con juegos y programas de intervención como GraphoGame y con los libros infantiles digitales sucede lo mismo: las pantallas solo ayudan cuando hay un adulto al lado. Y como dato curioso, los videojuegos de acción parecen ayudar a los niños con dislexia entrenando su memoria y atención, aunque falta investigar más.
En resumen, la tecnología ayuda, pero no sustituye al maestro, al logopeda ni al libro de papel.
Mitos
La dislexia no es un problema de la vista. Un estudio con casi 6 000 niños no halló relación entre los defectos oculares y la dificultad para leer. Tampoco funcionan las gafas ni las láminas de colores, como las del método Irlen, ni las tipografías para disléxicos. Lo que sí ayuda algo es separar más las letras, aunque no es un tratamiento.
En clase circulan otras ideas sin respaldo. Adaptar la enseñanza al estilo visual, auditivo o manual de cada alumno no tiene apoyo experimental. Y dejar que el niño trabaje por su cuenta fomentando su autonomía funciona peor con quien aún está aprendiendo, que es justo el caso de un niño o niña con dislexia. Nada de esto se acerca a la eficacia de enseñar la decodificación de forma explícita.
El mensaje para familias y maestros es sencillo: detectar pronto, enseñar de forma explícita e intensa y trabajar en grupos pequeños.
Y cuidar dos cosas más: la velocidad lectora y las ganas de leer. La tecnología, como complemento y con un adulto cerca. Lo nuevo suena bien, pero lo que más ayuda a leer sigue siendo leer, con buena guía y durante el tiempo necesario.
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Miguel López Zamora no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Dislexia: lo que de verdad funciona – https://theconversation.com/dislexia-lo-que-de-verdad-funciona-283601

