Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Carabias Galindo, Profesor Titular de Universidad. Área de Didáctica de la Expresión Musical., Universidad de Valladolid
La pérdida auditiva no es algo que ocurre solo cuando nos hacemos mayores. En los últimos años, gracias a la detección temprana y a la mejora en los diagnósticos, conocemos cada vez más casos de personas de todas las edades que tienen pérdida auditiva. Para hacernos una idea, se estima que entre 2 y 3 de cada 1 000 niños nacen ya con algún grado de pérdida auditiva, lo cual probablemente condicionará de alguna manera su vida.
Nuestros entornos cotidianos —especialmente los escolares— suelen ser ruidosos, lo que puede incrementar la fatiga y el esfuerzo para oír, dificultar la concentración y limitar el acceso al lenguaje y a otros estímulos sonoros, con todo lo que esto conlleva en el día a día.
Ayudas técnicas auditivas
Son muchas las personas que se benefician del uso de ayudas técnicas auditivas. Si bien los audífonos (para pérdida leve o moderada) y los implantes cocleares (para pérdida severa o profunda) mejoran la audición, presentan ciertas limitaciones técnicas por resolver. Estos obstáculos se hacen mayores en ambientes en los que hay ruido de fondo o reverberación, y cuando existe distancia entre la fuente sonora y el oyente.
A pesar de ello, las ayudas técnicas auditivas resultan fundamentales para que estas personas puedan llevar una vida lo más similar posible a la de una persona con oído sano.
En el caso de las pérdidas auditivas severas, el citado implante coclear se ha consolidado como una herramienta fundamental para el acceso al sonido y al lenguaje oral. Se trata de un dispositivo electrónico que se instala quirúrgicamente en la cabeza y que transforma los sonidos en señales eléctricas que nuestro cerebro es capaz de interpretar como sonido después de la rehabilitación.
A diferencia de un audífono tradicional, que amplifica el sonido, el implante coclear crea una señal auditiva a partir de los electrodos insertados en la cóclea, funcionando como un “oído biónico”.
Pero ¿cómo suena realmente? Los estudios sobre el tema se han enfocado en simular cómo se percibe el habla —que es para lo que están diseñados principalmente los implantes—, pero en nuestro día a día nos rodean multitud de sonidos que no son lenguaje hablado.
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¿Y qué pasa con la música?
Así, habitualmente, las personas con implante coclear manifiestan un menor grado de disfrute al escuchar música, debido, entre otros factores, a las dificultades para discriminar la altura y el timbre de los instrumentos. Estas limitaciones influyen directamente en la percepción de melodías complejas, siendo las composiciones simples y rítmicas las que suelen resultar más accesibles.
Nuestro equipo del Laboratorio de Audición, Lenguaje, y Exploración Sonora (ALES Lab) de la Universidad de Valladolid ha llevado a cabo una investigación centrada en analizar cómo perciben la música las personas usuarias de implante coclear y en explorar estrategias y procedimientos que permitan mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje musical en este colectivo.
Para ello nos basamos en trabajos previos centrados en la percepción del lenguaje en sujetos con implante coclear unilateral desarrollados por el equipo del Laboratorio de Investigación de Implantes Cocleares (CIRL) de la Universidad Estatal de Arizona. Este grupo científico comparó la percepción de un estímulo base escuchado a través del dispositivo —una frase corta con sentido— con versiones modificadas percibidas con el oído sano. El objetivo era establecer el grado de semejanza entre ambos estímulos y aproximarse a cómo “suena” el implante para el sujeto.
La capacidad de diferenciar una melodía modificada de la original
Partiendo de esta metodología, nuestro laboratorio se propuso trasladar dicho procedimiento al ámbito musical. Primero se compuso una melodía que compartiera características con los estímulos verbales utilizados en los estudios del CIRL: simple, de piano, con sentido musical (estructura de antecedente y consecuente), de corta duración y situada en un registro central equiparable al de la voz humana. La melodía se presentó en formato monofónico (que se reproduce a través de un único canal de sonido) para que el sujeto solo la escuchara a través del implante unilateral conectado por cable a la fuente sonora, evitando así la percepción residual a través del oído no estimulado.
Posteriormente, se aplicaron diversas modificaciones a la melodía original, como desafinación, ruido y efectos de modulación, entre otros. Estas modificaciones se utilizaron de forma aislada o combinada, procurando mantener siempre una intensidad sonora equivalente entre los estímulos originales y los modificados.
Con el fin de recoger datos con la mayor objetividad, se solicitó a los participantes que describieran verbalmente los estímulos modificados comparándolos con el original, lo que nos ofrecía aspectos que podían ser traducidos a cambios en parámetros concretos del sonido. Asimismo, se incorporó una valoración cuantitativa del grado de semejanza entre las versiones modificadas y la melodía original, de 0 (ninguna semejanza) a 10 (ninguna diferencia).
En las sesiones, los participantes tenían que valorar, comparándolas con la melodía original, hasta 55 melodías modificadas. Uno de los participantes, por ejemplo, puntuó 26 de las 55 melodías con una puntuación igual o superior a 5. En el siguiente vídeo se puede escuchar la melodía original y una melodía filtrada que un participante evaluó con un 8 sobre 10, y que describió con gran entusiasmo:
Aquí pueden consultarse los resultados completos de este estudio.
Ayudemos a que disfruten de la música
Los resultados de este estudio mostraron que, mientras que el habla puede percibirse bastante bien con un implante, la música sigue siendo mucho más difícil de percibir, pues se trata de sonidos mucho más complejos. Aunque una persona con implante puede entender palabras, eso no significa que escuche una canción y disfrute de ella como quienes tienen audición típica.
Esto tiene más importancia de lo que parece, ya que la calidad del sonido es una puerta de entrada a cómo percibimos el mundo y puede influir en el uso del implante, en el bienestar cotidiano y en la forma en que una persona se relaciona con su entorno. El avance de la tecnología, el uso diario del dispositivo y la rehabilitación de calidad son factores claves para que la percepción sea cada día mejor y el cerebro aprenda a interpretar los sonidos.
La simulación desarrollada en este proyecto pone de manifiesto las dificultades a las que se enfrentan las personas usuarias de implante coclear al escuchar música y trabajar con ella de manera activa. La percepción musical a través de este dispositivo depende de múltiples factores, tanto tecnológicos como individuales, lo que exige una aproximación empática y fundamentada por parte de los profesionales de la educación y de la música.
Desde una perspectiva aplicada, es fundamental generar entornos acústicos favorables, con bajo nivel de ruido y reverberación, utilizar equipos de sonido de calidad y reproducir la música a volúmenes moderados. Estas condiciones pueden contribuir de manera significativa a mejorar la percepción y el disfrute musical en los usuarios de implante coclear.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. ¿Cómo suena la música con un implante coclear? – https://theconversation.com/como-suena-la-musica-con-un-implante-coclear-287833
