Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Jareño Cebrián, Catedrático de Universidad, Área de Economía Financiera, Departamento de Análisis Económico y Finanzas, Universidad de Castilla-La Mancha
La inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como el principal motor de los mercados financieros internacionales. Desde el lanzamiento explosivo de los modelos generativos (Gemini, ChatGPT…) hasta la vertiginosa carrera por construir infraestructuras cada vez más potentes, miles de millones de dólares han fluido hacia empresas tecnológicas, fabricantes de chips y centros de datos.
Sin embargo, tras meses de euforia desmedida, el comportamiento reciente de los parqués ha vuelto a poner bajo un riguroso escrutinio el futuro del sector global, haciendo emerger una pregunta que hace apenas un año parecía impensable: ¿estamos asistiendo al inicio de una fase de profunda incertidumbre en torno a la IA?
Esta duda no surge porque la tecnología haya dejado de ser prometedora, sino porque inversores y analistas han comenzado a exigir una estricta disciplina financiera, cuestionando cuándo las descomunales inversiones realizadas se traducirán en rendimientos suficientes para justificar las elevadas valoraciones bursátiles.
Esta metamorfosis en la percepción del riesgo y el paso a una narrativa dominada por la cautela analítica han desencadenado episodios de notable volatilidad y ventas generalizadas en las principales bolsas asiáticas, afectando directamente a las corporaciones que constituyen el corazón operativo de la cadena global de valor tecnológico.
Las causas del enfriamiento: del ‘hype’ al flujo de caja
Durante los últimos años, la IA ha impulsado una auténtica fiebre inversora con planes multimillonarios para construir centros de datos, desarrollar chips y entrenar modelos cada vez más sofisticados. Sin embargo, el mercado atraviesa un claro cambio de percepción: la euforia inicial está cediendo paso a una etapa mucho más exigente, en la que los inversores ya no premian las meras expectativas futuras, sino que reclaman evidencias concretas de rentabilidad y flujos de caja operativos que amorticen el enorme gasto de capital (capex). Según parte de la prensa económica, la simple sombra de una recalibración en los planes de inversión corporativos basta para sembrar la incertidumbre entre los suministradores de equipos.
A todo esto se suman las advertencias de los principales líderes de la industria sobre los riesgos del desarrollo acelerado de esta tecnología, lo que ha elevado la volatilidad en los parqués internacionales. Asimismo, el panorama operativo se complica por factores geopolíticos y normativos. En concreto, el endurecimiento de las restricciones comerciales entre Washington y Pekín para limitar el acceso a tecnologías de doble uso, junto al debate regulatorio global sobre la seguridad de la IA, introducen barreras que encarecen la operativa industrial. Todo ello, combinado con la volatilidad energética y las dudas sobre la trayectoria de los tipos de interés, ha acentuado la aversión global al riesgo en los valores de alto crecimiento.
Asia, el verdadero corazón de la revolución de la IA
Aunque Silicon Valley acapare el relato mediático, Asia constituye la infraestructura física imprescindible de la revolución de la IA. Empresas como la taiwanesa TSMC (líder en semiconductores para Nvidia) o las surcoreanas Samsung Electronics y SK Hynix (dominantes en memorias HBM para modelos masivos) sostienen el ecosistema. Diversos análisis estiman que los proveedores asiáticos concentran alrededor del 90 % de los costes de producción de procesadores de vanguardia, abarcando desde sistemas de refrigeración hasta el ensamblaje de servidores.
Esta altísima concentración explica la extrema sensibilidad de los parqués de Tokio, Seúl, Taipéi y Hong Kong ante cualquier duda global sobre la IA. Cuando el mercado cuestiona el ritmo de despliegue, las pérdidas se trasladan en cadena: desde gigantes de la inversión como SoftBank, castigado por su apalancamiento en centros de datos, hasta las grandes fundiciones, cuyas cotizaciones sufren por el temor a ajustes en los pedidos de sus clientes internacionales.
Las bolsas asiáticas siguen apostando por la IA
Pese a las dudas recientes, los mercados asiáticos continúan mostrando una notable confianza en el potencial de crecimiento de la inteligencia artificial.
La demanda mundial de chips avanzados sigue creciendo a gran velocidad y empresas como TSMC han reconocido públicamente que su capacidad de producción continúa siendo insuficiente para satisfacer toda la demanda prevista, y esta situación podría mantenerse al menos hasta 2027. Los mercados bursátiles reflejan claramente esta expectativa.

Fuente: elaboración propia a partir de datos de Bloomberg
El índice KOSPI (Corea del Sur) acumulaba una revalorización del 66,94 % y el Nikkei 225 (Japón) del 28,12 % a 18 de septiembre de 2026.
Fiel indicador
La evolución reciente de las bolsas asiáticas refleja mejor que cualquier otro indicador la importancia que ha adquirido la inteligencia artificial en la economía mundial. Aunque la volatilidad ha aumentado durante las últimas semanas, debido a las dudas sobre la rentabilidad futura de algunas inversiones en IA y a las crecientes tensiones tecnológicas entre Estados Unidos y China, los mercados más expuestos al sector continúan registrando ganancias extraordinarias.
Corea del Sur sigue liderando el comportamiento bursátil de las grandes economías desarrolladas gracias al peso de compañías como Samsung Electronics y SK Hynix. Por su parte, Taiwán mantiene una sólida trayectoria alcista apoyada en la posición dominante de TSMC, mientras que Japón continúa beneficiándose del crecimiento de la demanda de equipos industriales, automatización y componentes tecnológicos asociados al desarrollo de infraestructuras para IA.
¿Quién monetizará realmente la IA?
La incertidumbre actual no gira en torno a la utilidad real de la inteligencia artificial, sino al tiempo que tardará en generar rendimientos suficientes para justificar la carrera inversora. Solo en 2026, los grandes hiperescaladores (los grandes proveedores de servicios en la nube como Amazon Web Services, Microsoft Azure o Google Cloud Platform) prevén destinar más de 600 000 millones de dólares en gastos de capital (capex) para infraestructuras, centros de datos y redes eléctricas especializadas.
De hecho, la firma de inversiones Schroders calcula que la industria deberá crear billones de dólares anuales en valor para sus clientes durante la próxima década si quiere amortizar este despliegue masivo.
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Esta desproporción entre gasto e ingresos inmediatos está obligando al mercado a hacer una clara selección de ganadores. Mientras los fabricantes de chips y componentes sufren una acusada volatilidad por el miedo a cualquier tijeretazo en los pedidos corporativos, las grandes beneficiadas de la próxima fase podrían ser las empresas capaces de integrar la IA en sus procesos productivos, la banca, la salud o la industria, transformando el consumo técnico en incrementos tangibles de productividad y margen operativo.
China acelera la carrera tecnológica
La creciente rivalidad entre Estados Unidos y China añade otra capa de incertidumbre al sector. Las restricciones de Washington a la exportación de semiconductores avanzados han actuado como catalizador de la autosuficiencia china. Gigantes locales como Meituan o Huawei han logrado avances clave en el desarrollo y entrenamiento de modelos de IA mediante chips de diseño propio, reduciendo de forma progresiva su dependencia del hardware occidental.
Si esta estrategia de soberanía tecnológica se consolida, terminará por reconfigurar la estructura competitiva de la industria global de semiconductores, fragmentando el mercado y alterando el equilibrio de fuerzas entre los grandes actores internacionales.
¿Estamos ante una burbuja?
La historia económica aconseja prudencia antes de diagnosticar una burbuja. Las grandes revoluciones tecnológicas, desde el ferrocarril en el siglo XIX hasta la consolidación de internet a finales de los noventa, siempre han atravesado fases de euforia desmedida seguidas de severas correcciones. Las turbulencias recientes no certifican el fracaso de la inteligencia artificial, sino un proceso natural de disciplina de mercado para purgar la especulación, determinar qué valor económico generará realmente esta tecnología y dilucidar qué firmas capturarán ese margen operativo.
En esta ecuación, el peso de Asia resulta indiscutible. Taiwán, Corea del Sur y Japón concentran la infraestructura física esencial que sostiene el ecosistema global. Por ello, parqués como Taipéi, Seúl o Tokio se han convertido en el laboratorio financiero donde se evalúan diariamente los riesgos y oportunidades del sector, como han venido analizando los principales medios económicos de referencia.
Para anticipar el rumbo real de la inteligencia artificial, conviene mirar menos a las promesas de Silicon Valley y mucho más a los mercados asiáticos, convertidos hoy en el termómetro más preciso de la revolución digital.
_Es coautora de este artículo Patricia Abietar Jiménez, experta en educación financiera, funcionaria de carrera del cuerpo de maestros de Educación Primaria de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (JCCM), coordinadora de Formación y Transformación Digital y del Plan de Refuerzo en la Competencia Matemática.
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Francisco Jareño Cebrián no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Por qué las bolsas asiáticas están marcando el rumbo de la inteligencia artificial – https://theconversation.com/por-que-las-bolsas-asiaticas-estan-marcando-el-rumbo-de-la-inteligencia-artificial-292444

