Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo José Navarro del Toro, Research Professor at the University of Guadalajara – Centro Universitario de Los Altos, Universidad de Guadalajara, Universidad de Guadalajara
En el ecosistema académico actual, la transición de estudiante a profesional ya no depende únicamente de un título colgado en la pared.
La economía del conocimiento considera a las ideas como la moneda de cambio más valiosa. Para un estudiante o investigador novel, aprender a protegerlas no es solo un trámite burocrático, sino una estrategia de supervivencia y crecimiento económico.
El escudo legal: entender el terreno en México
Para navegar en el mundo de la innovación en México, es imperativo conocer las dos columnas que sostienen la propiedad intelectual (PI). Por un lado, la Ley Federal de Derecho de Autor protege la “forma” de las ideas: textos, software, bases de datos y obras artísticas. Por otro lado, la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial resguarda la “función”: patentes, modelos de utilidad, diseños industriales y secretos industriales.
La distinción es vital. Mientras que cualquier tesis está protegida automáticamente por el derecho de autor desde que alguien la escribe, el dispositivo o proceso innovador que se propone en ella requiere un registro ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) para tener valor comercial exclusivo.
¿De quién es lo que se crea en el laboratorio?
Una de las preguntas más frecuentes entre los estudiantes es la titularidad: ¿es mi idea o es de la universidad? En el contexto mexicano, la respuesta suele encontrarse en el concepto de “obra por encargo” o invenciones bajo relación laboral/académica.
Generalmente, las universidades son las titulares de los derechos patrimoniales (la explotación económica), ya que proporcionan la infraestructura, los fondos y la guía académica. Sin embargo, el estudiante siempre conservará los derechos morales, es decir, el reconocimiento perpetuo de que él es el autor o inventor. No obstante, cada institución tiene su propia normatividad.
Fuente de ingresos y guía para el emprendimiento
Aprender a proteger ideas debe verse como una hoja de ruta hacia el emprendimiento. Las universidades cuentan con Oficinas de Transferencia de Tecnología (OTT), cuya misión es llevar la ciencia del laboratorio al mercado.
Para el investigador novel, el incentivo no es solo el prestigio. La legislación y los reglamentos internos suelen garantizar una participación en las regalías. Si la universidad licencia una patente creada por usted a una empresa privada, una parte proporcional de esos ingresos (que puede variar entre el 30 % y el 50 % según la institución) debe ir directamente al bolsillo de los inventores. Esto convierte a la investigación en una fuente real de ingresos.
El dilema: ¿publicar o patentar?
Este es el punto de fricción clásico en la academia. El investigador necesita publicar en revistas de alto impacto para su currículum y el Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras (SNII), pero la empresa privada o la OTT necesita mantener la novedad para patentar. En México, existe una solución legal: el periodo de gracia.
De acuerdo con la LFPPI, un inventor puede divulgar su creación (en un congreso o artículo) y todavía tiene 12 meses para presentar la solicitud de patente sin perder la novedad. Sin embargo, la estrategia de oro consiste en ingresar primero la solicitud de patente ante el IMPI y, al día siguiente, se envía el artículo a publicación. Así se aseguran ambos objetivos sin riesgo de perder la protección.
“Aerotorso”: Un caso de éxito real en México
Un ejemplo brillante de la estrategia “patentar antes de publicar” es el de Julio Mendoza Mendoza, estudiante de doctorado del Centro de Investigación en Computación del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Durante su posgrado, Julio ideó y desarrolló el “Aerotorso”, un concepto innovador que consiste en acoplar brazos y manos robóticas a drones, permitiéndoles emular el movimiento humano en el aire para funcionar como grúas flotantes o herramientas para cirugía remota.
El diseño fue presentado con éxito en diversos foros y congresos de ingeniería. Pero, al tratarse de un concepto nuevo, necesitaba sustento teórico. Por ello, Julio Mendoza presentó y justificó el concepto del “Aerotorso” en el Coloquio de Robótica, Mecatrónica e Ingeniería Espacial, organizado por el IPN y la Agencia Espacial Mexicana, y en otros foros académicos relevantes. El siguiente paso consistió en publicar artículos científicos en revistas especializadas.
El reto de la inteligencia artificial
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) ha generado nuevas aristas. ¿Quién es el autor si la IA redactó parte del código o del texto? Para proteger estos activos, la documentación es clave. Los estudiantes deben aprender a generar bitácoras de prompts (conjunto de instrucciones dadas a un modelo) y procesos de edición.
La protección legal hoy se inclina hacia la demostración de la “intervención humana sustancial”, es decir, la curaduría, la estructura y la validación que el humano da al resultado de la máquina. Además, la ética académica es más vigilada que nunca. La presentación de contenidos generados por IA como propios sin la debida atribución puede ser considerada una falta de integridad o incluso falsificación, con sanciones que van desde la anulación de trabajos hasta la suspensión académica.
Una responsabilidad profesional
Proteger las ideas antes de graduarse no es un acto de egoísmo intelectual, sino de responsabilidad profesional. Conocer el marco legal mexicano o de otros países, entender los reglamentos de cada universidad y saber gestionar el uso de herramientas como la IA permitirá al investigador novel regresar no solo con un diploma, sino con un portafolio de activos que pueden transformar su carrera académica en un motor de innovación real y remunerada.
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Guillermo José Navarro del Toro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. ¿De quién es lo que los estudiantes crean en la universidad? La tesis como activo para investigadores noveles – https://theconversation.com/de-quien-es-lo-que-los-estudiantes-crean-en-la-universidad-la-tesis-como-activo-para-investigadores-noveles-286933

