El laboratorio escolar: un lugar fundamental para evaluar la competencia científica de niños y niñas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Alonso González, Profesor Educación, UNIE Universidad

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Un estudiante puede memorizar la ley de Ohm, resolver una ecuación y obtener una buena nota. Pero ¿sabe elegir el material adecuado, montar un circuito, medir sin alterar el sistema, detectar un dato extraño y explicar qué ha ocurrido? Para averiguarlo no basta con otro ejercicio escrito: hay que observarlo mientras trabaja.

Recuperar el laboratorio escolar no consiste, por tanto, en volver a una enseñanza del pasado: es una vía fundamental para enseñar y evaluar de forma más completa la competencia científica real.

Competencias invisibles

Más allá de conocer conceptos, la competencia científica consiste en ser capaz de formular preguntas, proponer hipótesis, diseñar procedimientos, controlar variables, registrar datos, interpretar resultados y construir conclusiones basadas en pruebas.

Es verdad que estas capacidades pueden aparecer en un examen. Por ejemplo, podemos pedir al alumnado que ordene los pasos de una investigación o que interprete una gráfica. Sin embargo, una prueba escrita ofrece una imagen incompleta, ya que no permite comprobar bien cómo toma decisiones ante un montaje que falla, cómo corrige una medición, cómo utiliza los instrumentos o cómo modifica una explicación cuando los datos contradicen su idea inicial.

La competencia científica se demuestra cuando somos capaces de conectar teoría y pruebas, formular hipótesis, mantener registros, controlar el experimento y justificar las conclusiones. Si queremos evaluarlas de forma completa, conviene observar también al estudiante mientras las pone en práctica, no solo preguntar qué haría el estudiante en una situación imaginada.




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Evaluar el diseño, ejecución y reacciones a un experimento

El laboratorio puede convertirse en un espacio privilegiado de evaluación. Mientras un grupo investiga por qué cambia el periodo de un péndulo, separa los pigmentos de una hoja o analiza la acidez de distintas muestras, el docente puede recoger evidencias que una prueba convencional deja fuera.

No se trata de calificar si “el experimento ha salido bien”. En ciencia, un resultado inesperado también puede generar aprendizaje. Lo importante es observar cómo se ha planteado el problema, si el procedimiento permite responderlo, cómo se han tomado las medidas, qué decisiones se han adoptado y hasta qué punto las conclusiones están respaldadas por los datos.




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Para ello pueden combinarse una rúbrica de observación, el cuaderno de laboratorio, las tablas y gráficas obtenidas, una breve conversación con el grupo y una explicación individual final. Así se evita que la nota dependa solo del informe más bonito o del alumno que escribe mejor. También se obtiene una evaluación más rica de la autonomía, la colaboración, la seguridad y la capacidad de argumentar.

No todos los experimentos son iguales

Defender el laboratorio no significa aceptar cualquier práctica. Una actividad en la que el alumnado sigue una receta, copia una tabla y obtiene el resultado que ya aparece en el libro puede servir para aprender una técnica. Pero difícilmente permite comprender cómo se construye el conocimiento científico.

Las revisiones recientes sobre el trabajo de laboratorio muestran que sus resultados dependen de la finalidad de la actividad, del grado de indagación y de la intervención del profesor. Manipular materiales debe ir acompañado de preguntas, predicciones, discusión y análisis. Las manos tienen que trabajar, pero también la mente.

Esto tampoco implica dejar al alumnado solo ante un problema completamente abierto. La indagación guiada suele ser una alternativa más razonable: el docente plantea un reto, proporciona apoyos y reduce progresivamente la ayuda. Un estudio reciente con estudiantes de secundaria encontró mejoras en destrezas como observar, medir, clasificar, interpretar datos, formular hipótesis y experimentar mediante actividades de laboratorio basadas en este enfoque.

Pensar como científicos

La experimentación no es el único origen ni el único método de la ciencia. La ciencia también avanza mediante la observación, la modelización, la comparación, el debate y la revisión de explicaciones. Pero el laboratorio reúne muchas de estas prácticas en una situación concreta: obliga a pasar de una idea a una decisión, de una medida a una interpretación y de una afirmación a una prueba.

Esa experiencia enseña algo que un resultado cerrado suele ocultar: los datos contienen incertidumbre, los instrumentos tienen límites y los errores no siempre son fracasos. Aprender ciencias supone comprender conceptos, pero también entender cómo sabemos lo que afirmamos saber.




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¿Cuánta ciencia sabe un estudiante?

Recuperar el laboratorio exige tiempo, materiales, formación docente, grupos manejables y una evaluación que valore realmente lo que allí sucede. Si las pruebas decisivas solo premian la memorización y la resolución de ejercicios, el trabajo experimental seguirá ocupando un lugar secundario.

Para saber si un estudiante sabe hacer ciencia, aunque sea a escala escolar, hay que darle la oportunidad de preguntar, medir, equivocarse, revisar sus ideas y defender una conclusión basada en pruebas. Más allá de los notables o sobresalientes en los exámenes, lo cierto es que no podemos afirmar que evaluamos la competencia científica de manera completa si nunca observamos al alumnado investigar. Por eso resulta tan recomendable recuperar los laboratorios escolares y enseñar a chicos y chicas a manejarse en ellos con criterio y seguridad.

The Conversation

Luis Alonso González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El laboratorio escolar: un lugar fundamental para evaluar la competencia científica de niños y niñas – https://theconversation.com/el-laboratorio-escolar-un-lugar-fundamental-para-evaluar-la-competencia-cientifica-de-ninos-y-ninas-288003